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Ensayar el Ensayo

Ensayar el Ensayo

MSc. Hugo Rius,

Profesor Titular Adjunto de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y periodista de Prensa Latina. 

Pretender, a estas alturas, aprisionar cualquier género periodístico en una celda estructural severa y rígida, equivale a cerrar los ojos ante el devenir mismo de los discursos textuales, e ignorar por completo las hibrideces y fusiones que se dan en todas las producciones comunicativas, una verdad que ya pinta canas.

Tal intento de reflexión viene a cuento tras mi reciente experiencia en el abordaje del ensayo periodístico con alumnos del cuarto curso, siguiendo el programa que para ello elaboró la doctora Miriam Rodríguez Betancourt.

Lo primero que me saltó a la vista fue una advertencia introductoria para guiar a los estudiantes, que me pareció de golpe una de sus acostumbradas ingeniosidades verbales: "vamos a ensayar el ensayo".

Pero una lectura a fondo nos remitió a la esencia epistemológica del  ensayo. Esto es, ensayar ideas, conceptos y realidades, intentar, probar, y por supuesto, correr los riesgos de atrapar como si de una "anguila enjabonada" en alta mar se tratara, un género tan escurridizo y elusivo, de lo que puede resultar en  joya deslumbrante o infeliz catauro de diletantismo y superficiales lugares comunes. Algo así como la encrucijada entre  lo sublime o lo ridículo, en una tenue franja fronteriza.

Lo aleccionador de la experiencia docente, en la que al decir de Paulo Freire se debe ser educador-educando, fue la sorprendente calidad de los trabajos finales presentados, verdaderos ensayos del ensayo, que revelaron dos aspectos a retener: la apropiación e incorporación de muchos saberes adquiridos a lo largo de los años de permanencia en la Facultad y la disposición y disponibilidad articulados de acometer el ejercicio libre e independiente del pensamiento reflexivo en plasmación estética.

Semejantes resultados, al menos a mí, me conducen de la mano a otras conclusiones:

1.- El legítimo afán de discurrir en profundidad y altura en torno a los aconteceres de interés público, permanece incrustado en el corazón del periodismo, tanto para veteranos de la profesión como para los jóvenes aspirantes.

2.- La avalancha del periodismo digital, tan atractivo y sucinto, rápido y personalizado, hipotéticamente consustancial a las generaciones más nuevas,  no parece todavía capaz de sepultar ni el valor ni el papel de los medios impresos donde el ensayo periodístico, con todas sus elusividades, mantiene su vigencia y su presencia.

¿Será que le ocurrirá lo mismo que al libro, al que Umberto Eco comparó una vez  con el recurrente y todavía irremplazable sacacorchos?

Acaso la semejanza tenga que ver con que nos encontremos ante esas cosas que utilizamos orgánica y convenientemente sin detenernos a desmenuzarlas a fondo, porque una de las dificultades que encara el ensayo periodístico radica precisamente en el poco estudio que se la ha dedicado.

Sin embargo se trata de un género del que se nutrió la prehistoria del periodismo,  y ya a finales del siglo XVIII el ensayo y la crítica constituían modelos reconocidos de opinión. 

Natividad Abril Vargas, en Periodismo de Opinión (1999:51) señala que para esa época, entre los avisos y noticias y la correspondencia informativa, de un lado, y el panfleto y la polémica que abogan por una causa, de otro, nace una tercera corriente, que es el ensayo.

Existe una aceptación general de que fue el francés Michel de Montaigne (1580) quien con sus Essais lo inventó, y según el escritor peruano, Bryce Echenique, también se coincide en que el ensayo "no es, pero no en lo que es", para indicar el terreno movedizo en el que puede ubicarse.

"Montaigne lo definió como una alternativa a la prosa científica y lo convirtió en género literario, pero nada quedó definitivamente establecido acerca de sus rasgos, estructura y procedimientos", opina Echenique en "El género más misterioso del mundo" (1993).

Lo cierto es que los ensayistas que vendrían después encontraron en el naciente periodismo impreso un efectivo recipiente alternativo al libro, y por mucho que notables enciclopedistas franceses, Voltaire, Diderot, entre otros, que abonaron el camino hacia la Revolución Francesa,  contemplaron al periodismo con cierto aristocrático desprecio, tuvieron que recurrir a esas "advenedizas" páginas del periódico para dar a conocer buena parte de su pensamiento iluminador.

De esa presencia habitual del ensayista en la prensa, y las inevitables mediaciones tecnológicas, económicas y políticas,  puede colegirse que el ensayo periodístico ha sido un heredero del ensayo literario, científico y filosófico desarrollado por los universalmente  reconocidos exegetas del género original.

En este proceso de entrecruzamientos de influencias y mudanzas de pieles, se asigna un  destacado papel histórico en el periodismo europeo, al periódico londinense "The Spectator", y sus ensayistas Addison y Steele, quienes en el criterio de Abril descubrirán la técnica del "tono igual" que consiste en mantener un solo nivel de tono y actitud respecto al público lector a lo largo de toda la composición.

En otro momento de su obra  (ibid.: 52) sostiene: "En Inglaterra, la calidad alcanzada en las revistas del siglo XVII  y el cultivo del ensayo literario de tono familiar, en el cual se pueden tocar todos los temas con sentido del humor, propicia la existencia de un público que más tarde se mostrará como modelo del periodismo de calidad. The Times, que fue fundado en 1785, con el título de Daily Universal Register. En 1855 se decía: el país está gobernado por "The Times".

Al tiempo que en el siglo XIX el desarrollo de la ciencia y la técnica y sus cruciales  invenciones e innovaciones productivas, consolidaron la masividad del periodismo, significativamente el ensayo se convirtió en una pieza infaltable y prestigiosa en todo periódico y revista que se pretendieran serios e influyentes.

En la primera década de la centuria se fundaron dos revistas inglesas de importancia  en la historia de la cultura y los destinos del ensayo: la Edimburgh  (1802) y la Quartely Review (1809).

La tendencia del periodismo moderno a consagrar sitiales al ensayo no corrió sin embargo pareja suerte entre las distintas sociedades europeas,  ya que por ejemplo, en  España, que en gran medida constituye una génesis del periodismo latinoamericano,  el siglo XIX no tuvo la boga ensayística de Inglaterra.

No será hasta el surgimiento de la llamada generación del 98 -Gavinet, Unamuno, Cossío, Azorín, y Ortega y Gaset, para mencionar sólo algunos, a quienes "les duele España- que el ensayo español alcanza un tardío pero brillante apogeo.

Si la imperiosa necesidad de "revisar los valores de la hispanidad", como se había planteado aquella pléyade de escritores, conducía insoslayablemente al ejercicio del ensayo,  todo parece indicar, casi como una regularidad mediática, que a grandes crisis, corresponde una fluida reacción del pensamiento crítico.

En cuanto a los dominios españoles en tierras de América, y pese al consustancial retraso opresivo predominante, el periodismo nació marcado por peculiares intentos de ensayar el ensayo, con todas las limitaciones de entornos políticos y culturales del caso.

Pero también la América Latina liberada del yugo español  tuvo su siglo XIX ensayístico,  que lo rebasó en el tiempo,  ante las dramáticas realidades del "nuevo mundo", caracterizada por búsqueda de identidades culturales, antagónicos polos sociales,  deformaciones económicas post coloniales, pobreza, dependencias externas, pugnas políticas, regionales y étnicas y forjamiento de valores.

Medardo Vitier sostiene en "Del ensayo americano" (1945), como muy considerable la función del ensayo como tipo de prosa en que se exponen y discuten las cuestiones vitales latinoamericanas, e indica tres mensajes: el de la cultura, el de los problemas y el de la emoción.

Identifica tres caminos:

1.- Los de pura erudición  (puntos concernientes a la conquista y la colonización)

2.- Los de filiación, ya que fomenta los vínculos latinoamericanos.

3.- Los de problemas, de urgencias inmediatas. Por ejemplo, la cuestión del indio, la inmigración y la fusión racial.

Según valora, "casi todo lo refleja el ensayo. Acude solícita esta forma de la prosa a esclarecer buen número de cuestiones. No nos da tanto las soluciones, como la conciencia de la realidad".

Más adelante apunta que "un patho de ansiedad penetra las páginas de no pocos ensayistas y se fomenta la solidaridad del pensamiento preocupado".

La antología que nos ofrece el autor es muy variopinta en honduras, temas, angulados, propósitos y estilos,  pero tienen en común una intención de enfoque americanista, diluido unas veces, explícitos otras.

Menciona al ecuatoriano Juan Montalvo (1835-1889), un clásico hispanoamericano que dirige su mirada hacia lo ético y lo estético, como lo demuestra en "Los siete tratados", en el que interpreta la belleza y la nobleza, entre otras cualidades, mientras que el puertorriqueño Eugenio María Hostos (1839-1903) se destaca por sus Ensayos Didácticos".

Por su parte el uruguayo José Enrique Rodó (1872-1917) marcó sin duda un momento deslumbrante con su "Ariel", y aunque con el tiempo perdió vigencia, nadie discute que inició un movimiento de ideas, con una realización estética de fina calidad. Se dirige a la juventud, transmitiendo valores del humanismo, obviando en cambio las concretas realidades hispanoamericanas.

A diferencia, Francisco García Calderón produce "La creación de un continente", que a juicio del antologista ilustra una etapa del ensayo sobre cosas de América Latina, en un "libro que debe leerse y releerse".

Pero sin la menor vacilación afirmo que de los muchos y notables ensayistas latinoamericanos de entre siglos, quien dejó la obra de mayor alcance modélico, tanto por el método investigativo y expositivo como por su fuerza argumental fue el peruano José Carlos Mariátegui, con Siete ensayos sobre la realidad peruana.

Lo hace con criterio marxista para abordar la economía peruana, el problema del indio, la tierra, la enseñanza, el factor religioso, el regionalismo y el centralismo, la literatura.

A Vitier le impresiona  el particular porque emplea un  estilo de muy directo movimiento, es claro; la doctrina muy meditada; la dialéctica, vigorosa.

Lejos de poder agotar una pródiga lista de ensayistas latinoamericanos clásicos, y menos en los límites de las presentas notas, tengo que referirme al menos al dominicano Pedro Henríques Ureña, todo un maestro de portentosa obra, al mexicano José Vasconcelos,  cuya tesis La raza cósmica mereció comentarios en todas las latitudes del continente, al igual que a su compatriota Alfonso Reyes, erudito, crítico y ensayista de gran calibre..

Tampoco es posible exponer la producción ensayística cubana del mencionado período, que con tanto acierto Salvador Bueno ha rastreado, valorado y enmarcado, y que constituye una fuente insoslayable para estudiar el modo y la circunstancia históricas de plantearse el ensayo de raigambre nacional.

Si analizamos el desarrollo del pensamiento político y las ideas filosóficas y sociales cubanos a partir del siglo XIX, cualesquiera que sean sus vertientes,  verificaremos  que sus principales expositores recurrieron a discursos de aliento ensayístico, y siempre que se dieron las condiciones propicias lo plasmaron en la prensa.

Aún con los frenos y ataduras del despotismo reinante en "la primada", una de las contadas colonias a la que se aferraba la decadente metrópoli,  intelectuales del reformismo aprovecharon los efímeros períodos de aireamiento para esbozar sus ideas de cambios en los controlados medios de prensa.

La situación fue bien distinta para los pensadores más comprometidos con el progreso y la independencia,  quienes las más de las veces sólo encontraron espacio en los periódicos y revistas que les abrieron sus puertas en el exilio.

Pero ahí están sus ensayos reflexivos, denunciadores y emergentes, como legados del modo y la circunstancias cubanos de ejercer el elusivo género.  Ya sean los escritos del Padre Félix Varela o lo que constituye parte de la obra cumbre de José Martí, referencias imprescindibles para analizar nuestro periodismo,  por sólo citar lo más paradigmático del ejercicio ensayístico.

Permanece también el legado denunciador de Juan Gualberto Gómez y Manuel Sanguily, en el desgarrador tiempo de la república frustrada, neocolonial bajo el dominio del imperialismo estadounidense, donde había "mucha tela que cortar". 

Más tarde serán Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Raúl Roa y Juan Marinello, de la eclosionante y crucial generación del 30 quienes encontrarán en el ensayo periodístico una manera de comunicar ideas, esclarecer y movilizar para cambiar la sociedad.

En otros planos de la profundización, defensa y protección de la cultura nacional se inscriben los aportes ensayísticos de Ramiro Guerra (Azúcar y Población en las Antillas).  Enrique José Varona,  Chacón y Calvo, Fernando Ortiz y los intelectuales nucleados en la revista Orígenes,  como José Lezama Lima, y Cintio Vitier, martiano por excelencia, que todavía sigue sentando cátedra.

Otros nombres infaltables son los de Jorge Mañach, Carlos Rafael Rodríguez, José A. Portuondo, Emilio Rogi de Leuchsenring,  José Luciano Franco, Samuel Feijoo, Mirta Aguirre y Sergio Aguirre.

A lo largo del siglo pasado, el ensayo disfrutó de una presencia bastante estable en periódicos y revistas cubanos,  de manos de periodistas que llegaron a hacerse célebres, aunque fuere por una cuestionable celebridad, vista a la siempre vista juiciosa  y ponderada del tiempo, y de los que queda aprender de acertados modos de atacar temas, y más aún pendiente una investigación abarcadora.

Sin embargo en las últimas cuatro y revolucionarias décadas la trayectoria del ensayo periodístico experimentó altas y bajas y fluctuaciones, atemperada por distintos grados de  circunstancias y urgencias políticas, que requieren por igual de estudios a fondo y periodización.

También primaron criterios profesionales tendientes a un mayor uso de otros géneros, y a reducir la aparición del ensayo, entonces más bien refugiado en las revistas, y sobre todo en las revistas especializadas.

Respecto a esto último pudiera haber un equívoco conceptual en  la creencia bastante generalizada de que el ensayo periodístico requiere de una extensión que no puede proporcionarle la tensa disputa espacial de la composición del diarismo.  En contraposición es posible encontrar en páginas de periódicos,  y con más frecuencia de la que se supondría, brillantes ensayos de mucha densidad con las mismas líneas que un ordinario comentario de actualidad.  Un ejemplo palpable, al alcance de los estudiantes, es el que proporciona Jorge Luis Borges, "Sobre los clásicos", en apenas ocho párrafos.

Más que la extensión, lo decisivo parece ser la selección del asunto, que de antemano tanga garantizado el interés del público,  la profundidad  con la que el autor lo meditó y lo expuso, la honestidad y coherencia de los argumentos presentados, el sentido de cercanía con el auditorio, sin concesiones de vuelo estético,  y la potencialidad de involucrar a los lectores en el planteamiento,  al menos para hacerlos pensar al respecto,  porque nunca sería recomendable suministrar fórmulas, recetas y sentencias terminantes, autocráticas, como si los receptores constituyeran masas amorfas e incapaces de construir sus propias lecturas. El ensayo tiene que ser ante todo un acto de respeto.

Algo visiblemente paradójico en este género del periodismo consiste en que a pesar de su resistente vigencia, venciendo la prueba del tiempo y la irrupción de la cibernaútica, aún suscita multiplicidad de puntos de vista a la hora de definirlo, tal vez por aquello de Echenique de que es "el género más misterioso del mundo",  y porque siguiéndole el juego sería más afín ensayar definiciones del ensayo.

Opiniones autorizadas son tan disímiles como la de Natividad Abril que lo reduce a "un trabajo de divulgación científica, expuesto brevemente y de manera esquemática como si fuera un tratado condensado" o en el otro extremo, Calvo Hernández quien sostiene que el ensayo "no debe comunicar sólo una idea, ni generalizar una noción, sino establecer la comunicación humana del autor con el lector en el plano afectivo, intelectual y espiritual, además de la necesaria emoción estética".

Otras definiciones:

-El ensayo es un trabajo científico literario que podría ser considerado como el bosquejo de un libro, de un tratado. En el ensayo se estudia didácticamente un tema cultural, sin agotarlo, indicando, señalando sólo los aspectos fundamentales del problema (Martin Vivaldi, Géneros Periodísticos).

-Desenvolvimiento de una tesis doctrinal, a menudo inconclusa con tendencia interpretativa o de investigación, con absoluta libertad temática, rigor crítico, lírica entonación y propósito orientador  (Humberto Cuenca. Imagen Literaria del Periodismo).

-Disertación científica sin prueba explícita (Ortega y Gasset).

-El ensayo es interpretación, pero a la vez creación (Earle Herrera. El reportaje, el ensayo).

-Parece conciliar la poesía y la filosofía, tiende un extraño puente entre el mundo de las imágenes y el de los conceptos, proviene un poco al hombre entre las oscuras vueltas del laberinto y quiere ayudarles a buscar el agujero de salida  (Mariano Picón Salas).

-Composición en prosa: su naturaleza es interpretativa, pero muy flexible en cuanto a métodos y estilo; sus temas, variadísimos, los trata el autor desde un punto de vista personal: la extensión aunque varía, permite por lo común que el escrito se lea de una vez;  revela, en fin, las modalidades subjetivas del autor (Medardo Vitier. Del ensayo americano, 1945).

-El ensayo es un juicio, pero lo esencial en él, lo que decide su valor, no es la sentencia (como en el sistema) sino el proceso mismo de juzgar (Georgy Luckacs. El alma y las formas y la teoría de la novela).

Entre los enfrascados en definir el ensayo periodístico aún se debate sobre si pudiera considerarse un género autónomo o bien una modalidad del artículo de opinión, también denominado artículo de fondo, puesto que posee características propias a la vez que se sirve de estructuras bastante comunes a los otros tipos de artículos.

El doctor Antonio López Hidalgo, profesor de periodismo de la Universidad de Sevilla se remite al término "artículo" como el que acoge a todos los textos periodísticos de opinión, con independencia de sus funciones, técnicas y estilos, y al margen por supuesto, de que estén o no sometidos a la actualidad informativa del día. Dice que todos son textos retóricos, argumentativos y persuasivos, trabajan sobre ideas y pertenecen a los géneros de opinión.

Abril Vargas señala que bajo la misma denominación de "artículos" se agrupan el editorial, el suelto, el comentario, la columna - que son los textos más vinculados con la noticia-, la tribuna libre, el ensayo, la crítica, el artículo costumbrista, el artículo de humor y  el artículo retrospectivo. A lo que añade el perfil y la necrología.

En cambio Martín Vivaldi, y otros autores se inclinan en cierta forma a  reconocerlo como un  sutil cruce de periodismo y literatura,  lo que resulta muy pertinente con la reconocida tendencia a las hibridices y fusiones de los géneros comunicativos.

La doctora Rodríguez Betancourt considera el ensayo periodístico como un ensayo de carácter doctrinal con predominio de tema socio-político, y que se refiere a aspectos que interesan a la gente, principalmente de actualidad, breves, y aunque con lenguaje conceptual tiende a lo informativo, y privilegia la claridad porque va utilizar para su difusión un medio masivo.

Lo caracteriza por el empleo de argumentación, expresa juicios, razones, prevalece la reflexión y se escribe en primera persona del singular.

Sostiene que a diferencia de los otros artículos de opinión, el ensayo es eminentemente expresivo, ya que el ensayista expone en una sola pieza, ideas, pensamientos y emociones.  No se contenta con informar, sino que busca despertar en el público un sentimiento: de ahí su naturaleza subjetiva.

López Hidalgo cree reconocer varias modalidades del ensayo periodístico:

El ensayo doctrinal, sobre cuestiones filosóficas, culturales, políticas, artísticas, literarias, es decir cuestiones ideológicas.

El ensayo científico, que en ocasiones se refiere a temas de divulgación relacionados con el mundo de la Naturaleza.

El ensayo personal y el ensayo formal, que distingue a uno de otro, porque el primero de ellos tiene un carácter confesional, tal como lo concibe Michel de Montaigne y el segundo es más extenso y ambicioso.

Abril Vargas extiende sus clasificaciones hacia lo que llama ensayos puro, poético y crítico, según trate respectivamente asuntos filosóficos, históricos y literarios, responda a conclusiones de trabajos científicos o de investigación, o por prevalecer lo poético sobre lo conceptual.

El ensayo periodístico tiene defensores y detractores.  Para unos se trata de un vehículo de comunicación ideológica y científica cada vez más importante, la punta de lanza del periodismo, según aprecia Earle Herrera.  Para otros un intento que peca de excesiva ligereza, ya que las limitaciones del espacio en los periódicos impide a veces que se profundicen los temas y caiga en la superficialidad.

Coincido decididamente con los que estiman que el ensayo es necesario para aprehender y  modificar la realidad cotidiana, porque propicia una reflexión sobre la vida y la sociedad.

Un buen ensayo puede contribuir a iluminar una perspectiva ante las continuas paradojas y perplejidades de un mundo cambiante de apariencia caótica, cuyo curso puede ser el del equilibrio sobre bases sociales justas, si todos los interesados se involucran y aportan su valioso granito de arena.

Tales razones serán más que suficientes para concederle carta de identidad propia al ensayo periodístico, para seguir ensayando el ensayo, para atrapar y domar a la esquiva y resbaladiza anguila.

 

   

ALTA TENSIÓN: CONTRA VIENTO Y MAREA

ALTA TENSIÓN: CONTRA VIENTO Y MAREA

Lic. Mónica Lugones Muro,

 Jefa de la Carrera de Periodismo de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, profesora Asistente de Teoría de la Comunicación y Metodología de la Investigación.  

 

No puede negarse que el proceso de producción periodística en la actualidad se hace en un plazo de tiempo muy corto, lo que obliga a consultar mayoritariamente las fuentes oficiales. Corresponde a los directivos de los medios hacer ver (comprender), pero con la práctica, que el periodismo de investigación -cuando se hace bien hecho- no es para lastimar a nadie en particular. Aunque si bien no es raro que pueda producir un conflicto entre el medio que publica el trabajo y los actores sociales a los que no les conviene divulgar cierta información pues, como apunta Héctor Borrat (2005) el hecho de que un medio divulgue una investigación, esta constituye un evidente triunfo sobre ese actor social, y además es una celebración pública por la significación y repercusión social de la misma.

En el contexto cubano actual, consideramos que entre los aspectos en los que realmente hay que meditar y reflexionar entre todos -no pueden faltar los directivos de la prensa-, se encuentran la sagacidad y preparación de los reporteros. Tampoco puede faltar, si llegara la hora, el respaldo y la defensa a sus periodistas y proporcionar con ello a este tipo de actividad la confianza, la entrega, la incondicionalidad y el sentido de pertenencia que deben acompañar.

Es necesario asumir con conocimiento de causas y consecuencias los desafíos del periodismo de investigación en el contexto cubano (local y nacional), siempre y cuando el trabajo en cuestión ofrezca tanto conclusiones inapelables, como técnicas científicas, ya probadas. Se trata también de establecer un hábito con respecto a esta modalidad, que no se comprende porque solo se practica cuando "se pone de moda"; de establecer desafíos que evidentemente el periodismo cubano ha relegado por muchos años, y que sería muy conveniente asumir para el beneficio de todos, y sobre todo para la credibilidad y el respeto de quienes leen, escuchan o miran nuestros medios de prensa.

El contexto político, económico y social cubano difiere del de otros países. Temas sobran (históricos, actuales: corrupción, ecología; judiciales; económico; institucional; social, etcétera), aunque también nos referimos a otras investigaciones que profundizan en hechos o situaciones del pasado cuyo reconocimiento puede repercutir directamente en una situación actual.

Según Gil y Ricardo (2000), las primeras manifestaciones de la investigación periodística en Cuba comenzaron a reflejarse en los trabajos que se publicaban en las secciones policíacas (1) de los periódicos que dejaron páginas brillantes en la historia de esta profesión. Los periodistas que cubrían estos hechos se convertían en verdaderos investigadores, y corrían el mismo peligro que cualquier policía; además, era muy raro que registraran un suceso sin que el reportero aportara pruebas para el esclarecimiento de lo ocurrido. En sus investigaciones, los reporteros contribuyeron a obtener importantes informaciones, sentenciar a los verdaderos culpables y solucionar actividades delictivas de gran repercusión nacional. La publicación de las secciones policíacas tenía como objeto presentar cuidadosamente los sucesos. En muchas ocasiones, problemas que eran ignorados se solucionaron gracias a la investigación del reportero y la insistencia de los periódicos. Esta modalidad del periodismo se desarrolló durante décadas en Cuba y siempre fue la prensa escrita el lugar que abrigó a estos reporteros.

Con el inicio del proceso de rectificación de errores y tendencias negativas a que convocó a la prensa a participar en esa lucha, como elemento insoslayable, lo que implicaba una rectificación en la política informativa. En 1986 se efectuó el V Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, donde se presentó como fundamentos para las deliberaciones, el documento titulado "El periodismo en Cuba: situación actual y perspectivas", el cual había sido previamente sometido a consideración de la membresía.

Sobre los contenidos se plantea: luchar por informar al pueblo sobre los temas que le conciernen de manera directa y que en ocasiones no son divulgados, quedando espacios vacíos en el espectro informativo; oponerse al tratamiento apologético, superficial y triunfalista de los temas socioeconómicos; mostrar su complejidad, el uso adecuado de la réplica, y la polémica con carácter constructivo. Durante toda la década del 80, ocurrieron en Cuba cambios en las concepciones hacia el papel de la prensa y su función social. Revisiones acerca de lo que se hacía en materia de periodismo e información al pueblo. Estos análisis hechos por el Partido y por la Unión de Periodistas de Cuba, propiciaron la necesidad de transformación y apertura de la información. Esta coyuntura favoreció que en la prensa nacional vieran la luz trabajos que marcarían pautas en el periodismo investigativo cubano.

Aunque la radio y la televisión no se caracterizan por hacer este tipo de periodismo, hay que decir que la televisión cubana ha trasmitido reportajes en él enmarcados.  Sin embargo, en la historia de la radio cubana no queda registrado ningún dato o constancia de protagonismo relacionado con la existencia de este trabajo en emisoras nacionales o provinciales.

La coyuntura nacional antes mencionada fue la que propició la salida al aire de un programa con las características de Alta Tensión.

Cuba difiere de todos los demás contextos. Aquí se desestiman los hechos sensacionalistas así como esta forma de tratamiento, se ciñe a hechos interés o repercusión social, defiende la invulnerabilidad ante cualquier hecho que ponga en riesgo la seguridad del estado, excluye procedimientos indagatorios que no procedan acorde con la ética y principios de nuestra moral o que atenten contra la integridad ciudadana o intimidad de las personas. El enfoque y resultados deberán estar avalados científicamente, además elude toda forma de hipercriticismo y que solamente como un rasgo ocasional puede verse contrapuesto a los intereses de los medios en relación con la fuente. A la prensa cubana, le urge la necesidad de extender los por qué y los para qué, de intentar bajar a la sima, y es el periodismo de investigación el que más lejos puede llegar. Existe, como dice Jesús Martín Barbero, un "desde el otro lado" desde donde crece una demanda por este periodismo y al cual no estamos gratificando a partir de nuestras funciones como periodistas. No obstante, las opiniones y los argumentos tienen que llegar con la urgencia y necesidad requerida, pero para lograr esto hay que definir un periodismo de investigación de, desde y para Cuba.

Y es aquí donde suele considerarse a la prensa en cada una de las provincias como el lugar más idóneo, aunque no el único, ni tan siquiera el más general, porque podríamos cuestionarnos el alcance como elemento de alto impacto en la sociedad. De todas formas, es saludable que en cada uno de los territorios de Cuba pudiera hacerse con sistematicidad, con conocimiento del género y de las técnicas de investigación aplicadas a este.

Roger Ricardo Luis (2), periodista e investigador cubano, en entrevista realizada destacó al propósito del ejercicio del periodismo de investigación en la Cuba de estos tiempos. El periodista vive agobiado con las penurias que depara el cada día. Esta situación le consume una parte importante del tiempo; por lo tanto, prima de manera inconsciente el facilismo.

El Tercer Congreso del Partido aprobó en 1986, su programa en el que se expresaba que había que trabajar por un periodismo analítico, militante y creador, incrementar los contactos con los ciudadanos, así como estudiar y aplicar las diversas formas de participación donde el público pueda expresar sus opiniones y establecer debates. La (re) construcción de la realidad -de nuestra realidad- se realiza en los medios de comunicación, y lleva implícita inevitablemente todo nuestro saber, elaborado y vuelto a elaborar a partir de preceptos y condicionantes políticas y culturales que fundamentan la historia y atestigua el futuro. Por esta razón inmensa, por el papel determinante de los medios en la formación y conformación de la nación cubana, nuestro periodismo podrá carecer de vastos recursos materiales o humanos, pero nunca obviar la cotidianidad, abordada de manera seria, profunda y reflexiva.

Terminaba el año 1993 y Jorge Gómez, director de programas de la radio villaclareña, le propuso a Abel Falcón, reportero radial, y a Xiomara Rodríguez, reportera del periódico provincial, un programa que se escucharía por primera vez al año siguiente y se convertiría en el único de su tipo en Cuba, y en el más reconocido por cada una de las personas que lo escuchan.

Muchos programas en nuestra radio no tienen como invitados a funcionarios a pesar de tratar temas estatales: ahí están entonces organizaciones no gubernamentales, especialistas en determinado tema, etcétera. Como programa de este tipo, con participación popular, no hubo ningún antecedente en la radio villaclareña.

Jorge Gómez quería que su proyecto lo integrara un equipo de periodistas jóvenes, que no estuvieran viciados con el periodismo que se hace, que fueran arriesgados y que asumieran los proyectos sin ningún tipo de tabú, y se pensó entonces en varios jóvenes que tenían esas características. Pero al final quedaron los que están: Xiomara Rodríguez y Abel Falcón, dos periodistas cuyos caracteres difieren uno del otro, pero que han logrado formar un equipo de intrépidos reporteros, complementando uno con su moderación las vehemencias del otro, e imprimiendo el último sus energías desbordantes a todos.

Alta Tensión nace en coyunturas importantes: apenas despenalizado el dólar con los consecuentes problemas que de ello se derivaba como las diferencias sociales en cuanto al poder adquisitivo, sobre todo, y la supresión del mercado agropecuario. Fueron esos momentos los que acompañaron a Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer secretario del Partido en la provincia y alentador del programa, pero también a sus realizadores. El programa no empezó tratando temas complicados. En sus inicios no fue lo que es ahora, aunque siempre trató temas polémicos. Al principio hubo cierto apoyo de la emisora pero siempre existieron incomprensiones por parte de todo el mundo. Confirman los realizadores que al principio, Alta Tensión resultaba un programa "tan indeseable" que el Departamento Informativo no lo asumía, y resumen la situación expresando que "los primeros meses fueron terribles".

A Alexis Melgarejo Falero (3) le parece que la magia de ese programa contribuyó a aclarar muchas cosas en Villa Clara, a proponer nuevas metas, a hacer un periodismo más contemporáneo de investigación, participación, y por sobre todas las cosas, muy valiente.

Desde el punto de vista de las rutinas productivas de Alta Tensión, se destaca que los realizadores siempre proponen los temas y los colegian, pero también le han pedido a la audiencia sugerencias, de este modo confeccionan una agenda con los temas de más actualidad.

A partir de este punto hacen una rigurosa selección; después, con toda madurez, cuentan una historia para iniciar el programa aunque no se dan todos los matices, ni se dicen todas las cosas. Una historia para provocar el análisis, el debate, y esperar a que el teléfono suene.

Como tendencia, en nuestro periodismo, cuando enfrentamos un trabajo periodístico lo decimos todo y no damos espacio al otro para que también diga. Y Alta Tensión siempre ha dado esa oportunidad: que el oyente diga las palabras más sabias y las verdades mayores. Afirman sus realizadores que si se dan todos los elementos en el trabajo, nadie llama, y esa es una diferencia esencial entre Alta Tensión y el periodismo diario que se hace.

Existen inevitablemente para Alta Tensión, dos épocas en su existencia, una antes del derrumbe de la emisora provincial y otra con posterioridad a este.

Antes, al programa se había sumado mucho auditorio. En un inicio los oyentes eran aquellos a los que hacia referencia Harold Lasswell en sus estudios (4) y ellos no aspiraban eso, querían reflexión, interpretación, análisis acerca del por qué de los fenómenos.

Con el tiempo y la repercusión de los temas abordados empezaron a incorporarse radioyentes con una mayor preparación como profesores, psicólogos, un auditorio universitario, gente joven, ese logro fue consecuencia de años de trabajo y dedicación. Así fueron reajustando el tiempo porque se dieron cuenta de que los oyentes tenían mucha necesidad de hablar, y eso también provocó que los trabajos periodísticos se tuvieran que reducir: ya no podían hacer las series de antes.

Después del derrumbe ni tan siquiera tienen espacio para hacer trabajos reducidos, en dos bloques, porque montar un reportaje al estilo de Alta Tensión en las condiciones actuales resulta prácticamente imposible porque requiere de recursos técnicos que permitan proporcionar las sutilezas e intencionalidades propias del estilo del programa.

Los dos realizadores entrevistados coincidieron en apuntar que existen temas muy buenos y otros no tanto, momentos de altas y bajas y programas de coyunturas: "nos hemos autocensurado en determinados momentos, hemos tenido que hacer concesiones, porque si no, no sobrevives, porque quien te diga lo contrario está equivocado, pero nos hemos arriesgado a hablar de cosas que otros programas no han hecho".

Alta Tensión es un programa de denuncia, de periodismo de investigación, así debe ser el periodismo siempre. Intentar acercarse a lo que un día se idealiza en la universidad. 

El éxito que han conseguido se basa en el conocimiento que tienen del público, saber decir de la manera más sencilla una idea con argumentos, ejemplos y explicaciones. Todo el proceso de concebir y producir  Alta Tensión es agónico antes y después, pero durante el programa lo disfrutan, el programa ha cambiado como han cambiado ellos también. Están convencidos que hay que reclamar más ese periodismo de investigación, de exigir más fuentes, no casarse sólo con lo que dice un entrevistado.

Como resultados de esta investigación es posible advertir que en el caso del periodismo de investigación que se realice en nuestro país, será determinante tener en cuenta las particularidades del contexto cubano, desde los aspectos relacionados con su desarrollo histórico-cultural hasta las circunstancias sociopolíticas y económicas que correspondan al momento, habida cuenta de las singularidades de nuestra situación incluido, en primer término, el diferendo histórico con Estados Unidos.

Con una tradición y papel regente de la prensa escrita en el ejercicio del periodismo de investigación, es indispensable que los restantes medios de comunicación asuman sus responsabilidades periodísticas desde la práctica del periodismo de investigación. La tipicidad de cada uno de ellos va a determinar, por supuesto, el modo de abordar cada tema, pero esta tipicidad no necesariamente tiene que convertirse en el elemento excluyente.

Alta Tensión surgió para cambiar el periodismo que se hacía en la radio de Villa Clara, para acercarse a los problemas que enfrentaba el pueblo, para investigar sobre los temas más acuciantes de la realidad social, política y económica del país, para hacer un periodismo serio y donde la diversidad de opiniones y fuentes se encontraran para dar soluciones y/o respuestas a los reclamos de la sociedad.

El programa no se ha limitado a la cultura de la denuncia, sino que también diagnostica con la mayor exactitud posible los problemas que van a ser investigados, que escucha las voces de los directamente afectados, ampliando el trabajo de campo para la recolección de informaciones, sentimientos, ideas y alternativas. Se trata de un espacio que analiza e informa sobre experiencias exitosas de intervención pública en las áreas relevantes para la comprensión de los desafíos y para la promoción de la equidad. Supervisa las responsabilidades por parte de los distintos segmentos de la sociedad, y cuestiona las omisiones.

Alta Tensión se realiza siempre con una estructura y método uniformes.

La selección de los temas se hace a partir de propuestas de los oyentes (aspecto este que pudiera considerarse válido partiendo del hecho de que son las personas que viven en nuestra sociedad las que se ven más afectadas en la mayoría de las ocasiones, y por lo tanto las que necesitan las explicaciones, respuestas y soluciones), de algún sector interesado o por determinación de los realizadores. El aspecto en el cual se va a centrar el programa lo deciden los creadores, luego del conocimiento y acercamiento al asunto.

El trabajo de mesa, previo a la investigación, incluye los siguientes pasos: se plantean el problema a investigar, los objetivos, las hipótesis y a quiénes acudir para las mejores respuestas e historias. Determinan la estrategia a seguir para encauzar la investigación de la forma más viable y eficiente.

La investigación la realizan los dos periodistas accediendo a la mayor cantidad de fuentes de información posibles para la realización de los trabajos (la contrastación de fuentes es, para estos periodistas tan importante como su vida, ahí les va la credibilidad, la seriedad y profundidad con que trabajan). Y otras fuentes quedan como invitadas para responder en el estudio, aclarar y explicar lo publicado en los reportajes y/o entrevistas, así como dar respuesta a las preguntas e inquietudes de los oyentes. Al terminar este paso se confecciona un guión general.

Como norma, los reportajes y entrevistas son materiales en los que se utilizan todos los recursos del medio radial y una edición (que en la mayoría de los casos es asumida por los propios realizadores en busca de la intencionalidad, siendo esta realmente la que más aporta al logro de los efectos que se desean).

Estos trabajos periodísticos siempre quedan abiertos para propiciar el análisis y el debate, que será complementado en el estudio.

La forma de hacer las entrevistas tanto para los trabajos como a los invitados en el estudio, tiene una peculiaridad: las preguntas siempre son incisivas, en busca de lo que pueda ocultarse y sea importante; en busca de emociones intensas válidas para muchos temas; en busca de poner en evidencia los hechos, de desequilibrar a los entrevistados y hacerlos ir por donde los realizadores necesitan, con la finalidad de aclarar hechos, conductas y expresiones.

Los reportajes, por su parte, apoyados en las entrevistas y por la descripción o narración, buscan ofrecer la mayor contrastación de fuentes, los más diversos ángulos sobre un tema, las más vivas historias que reflejen la realidad de lo que se está abordando, y de esa forma mostrar la diversidad de pensamientos, puntos de vista y concepciones de nuestra sociedad. El abordaje en  Alta Tensión de temas de interés y trascendencia social, como corresponde a las exigencias del periodismo de investigación, tratados con amenidad y exhaustividad, corroboran que el reportaje es el género mas eficaz y utilizado por este tipo de periodismo.

La música (la producción musical a cargo del director del programa siempre se utiliza en función expresiva, logrando un efecto impactante en los oyentes y un complemento casi perfecto para lograr los objetivos planteados), al mismo tiempo que separa acontecimientos y partes, comenta lo escuchado, contribuye a suscitar un clima emocional. Crea una atmósfera. No solo acentúa el clima emocional de las situaciones sino también el carácter de los protagonistas.

Después de esta etapa y como consecuencia de ella, viene el momento más gratificante: la solución de los problemas, ya sea parcial o total, y el agradecimiento social por el trabajo de este equipo periodístico. También, el momento más desagradable: la indiferencia e inoperancia de quienes deben resolver las dificultades.

A partir del análisis realizado y como consecuencia de este, se pueden destacar particularidades y aportes del periodismo de investigación que hacen los periodistas de este programa. Resulta conveniente, pues, que queden expuestos aquí como parte de los resultados obtenidos.

Todo el trabajo que generan estos periodistas está encaminado a abordar temáticas que preocupan a la sociedad villaclareña y por extensión a los cubanos, propiciar la solución de los problemas que se denuncian, a promover reflexiones que permitan accionar y transformar la realidad. Utilizan la contrastación de fuentes, emplean un lenguaje claro, accesible, y evitan la utilización de tecnicismos, con el propósito de aclarar a la opinión pública cada detalle y/o preocupación sobre un tema. Para la investigación periodística emplean las técnicas de investigación científicas.

Los expertos que entrevistamos demostraron un conocimiento del programa, de sus avatares y logros, de sus características, y lo consideraron como el único programa en la radio cubana que realiza periodismo investigativo.

Además, precisó que  Alta Tensión ha logrado incursionar en temas sumamente complejos de la realidad villaclareña y nacional. Si existe la objetividad periodística- algo que parece más un mito que una realidad,  Alta Tensión está muy cerca de ella.

Por su parte, Ariel Terrero (5), señaló que uno de los elementos que más le llaman la atención de ese programa es la manera inteligente en que ha afrontado las características de un medio como la radio. Por lo general, este suele ser un soporte poco apreciado por colegas latinoamericanos con los que ha conversado, a la hora de desarrollar el periodismo de investigación. Entre otros argumentos, hablan de lo desfavorable que resulta la inmediatez y volatilidad de la radio para un periodismo que usualmente se propone profundizar en temas de gran impacto social.

En otro orden, Roger Ricardo Luis se refirió a que los esfuerzos del periodismo de investigación en Cuba siguen siendo islas dentro de la isla: Alta Tensión, es un ejemplo, donde al menos existe sistematicidad en el ejercicio del periodismo de investigación.

Resulta evidente la coincidencia de criterios entre expertos y autoridades acerca de la importancia, consecuencia y calidad del programa Alta Tensión como manifestación del periodismo de investigación en Cuba.

Después de indagar en la historia, definiciones, características del periodismo de investigación en el mundo y en Cuba, de nuestras condiciones para ejercerlo o no y del desarrollo del programa  Alta Tensión y su repercusión, de las experiencias de sus creadores en la realización cotidiana, en sus satisfacciones y descontentos, en las opiniones contrarias o a favor, de quienes disfrutan del talento de sus realizadores o los vituperan, y de los resultados derivados del análisis investigativo, podemos concluir que el periodismo de investigación en Cuba, aunque ha tenido históricamente aportes importantes, antes y después de la Revolución, carece de sistematicidad y generalización en la prensa cubana.

El periodismo de investigación constituye una modalidad factible de aplicarse y sistematizarse en el periodismo cubano, adaptado a las condiciones concretas de nuestra sociedad, por las posibilidades que supone su ejercicio en el tratamiento de temas sensibles a la sociedad y de alerta a las autoridades competentes para la solución o respuesta a los problemas.

El programa Alta Tensión representa un exponente singular del periodismo de investigación que se realiza en Cuba, porque cumple con los parámetros más reconocidos en esta modalidad periodística.

El programa ha contribuido a activar soluciones a problemas concretos del ámbito social de la provincia. Ha demostrado que para el ejercicio del periodismo de investigación en el nivel local, resulta indispensable contar con algunos recursos materiales, pero, principalmente, con voluntad de hacer, pasión por el periodismo, preparación profesional y sensibilidad.

La elaboración del programa, basado fundamentalmente en el reportaje, ratifica que este género es uno de los más idóneos que se pueden utilizar en el periodismo de investigación, como muchos estudiosos del tema afirman.

Durante todos estos años, Alta Tensión ha desarrollado un quehacer periodístico caracterizado por la investigación, el carisma de sus realizadores y por el tratamiento de temas actuales, que en muchas ocasiones están velados para las audiencias, incluso para la prensa de la provincia permanecen invisibles. Lo distingue la participación activa de los oyentes y la presencia en el estudio de funcionarios para dar respuestas al pueblo.

Acotaciones:

(1) Con la intervención norteamericana, comenzaron a introducirse en Cuba algunos elementos de la fórmula de éxito aplicados en los Estados Unidos por la corriente sensacionalista. Los periódicos hicieron gala de un lenguaje sencillo y directo, titulares llamativos, y el culto a la inmediatez se impuso en detrimento de la tendencia editorialista de los periódicos solemnes, sesudos y doctrinales que habían predominado durante la colonia. La crónica roja y las noticias de interés humano ganaron un lugar privilegiado.

(2) Periodista, profesor, investigador y subdirector del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

(3) Presidente de la Asamblea Provincial del poder popular en Villa Clara durante el período de 1994-2005.

(4) Para la Teoría Hipodérmica, el concepto de sociedad de masas es indispensable en sus análisis. El individuo, receptor de los mensajes era considerado como un ente sin historia, inteligencia, capacidad y contacto social.

(5) Periodista y jefe del equipo de investigaciones de la Revista Bohemia. 

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Gil, Eloisa y Roger Ricardo Luis (2000) La verdad útil, Tesis de Maestría, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana, La Habana, Cuba.

A SIMPLE VISTA

A SIMPLE VISTA

Lic. Karen Hernández Rodríguez,

Investigadora del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica, profesora de la Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana. 

El homo sapiens, aquel para nosotros primer "hombre primitivo, se interesó pronto en plasmar su percepción del mundo que lo circundaba; una intención muy ambiciosa: captar la acción, el desplazamiento, la dinámica triunfal de la vida en movimiento (hoy lo "vemos" a través de las imágenes prodigiosamente conservadas en lugares de "culto": la cueva de Lascaux como primer gran museo pictórico). Desde allá nos llegó la necesidad de dar cuenta visualmente de lo que sucede a nuestro alrededor. Todo con un profundo carácter narrativo... la posibilidad de contar a través de la sucesión constante de imágenes.

Así encontramos a lo largo de los años, diferentes maneras de construir historias: mosaicos, pergaminos, la pintura (la Capilla Sextina es una de las secuencias pictóricas más cinematográficas de la historia del arte mundial), la fotografía y más tarde -prácticamente introduciendo el siglo XX- el invento del cinematógrafo por los hermanos Lumière, quienes en ese momento no podían predecir el impacto de su descubrimiento para los siglos venideros, y lo tildaron solamente como un "artefacto de feria".

Es a partir de ese momento que se sella la influencia que tendrá la imagen sobre la construcción de la realidad, tal cual la conocemos los seres humanos hoy. Antes ya habíamos compartido "el ver para creer" de William Randolph Hearst que sellara la guerra hispano-cubano-norteamericana, y demostrara que una imagen, ciertamente, vale más que mil palabras. Ahora se nos prometió que desde salas oscuras, cercanas a nuestras casas, contemplaríamos el mundo sin perdernos un detalle. El ojo se transformó en el sentido que nos permitiría conocer la verdad.

Los cincuenta, también del siglo XX, fueron los años en que se hizo real la maravilla de que el hombre se introdujera dentro de una pequeña caja y pudiera contemplarse cada día más lejos, mejor, más profundo; ver al otro lado de su cotidianidad, descubrir e incluso creer participar en su vida, en sus palabras, en aquello que a cientos de kilómetros ocurría, en las bombas, las protestas, la música, las risas. Pero el mundo no se detuvo allí.

Hoy: cine, televisión, video, DVD, publicidad, Internet, son palabras que se suceden en nuestro diario existir. El ser humano, tal como lo conciben los grandes discursos etnocentristas, occidental-primer mundista-letrado, no se piensa sin la posibilidad que brinda el mundo audiovisual.  Cual Alicia en el país de Maravillas, el tiempo es una abstracción mediática, construida por un emisor desde lejos, desde fuera, desde siempre.

Estos grandes emisores detentan el poder supremo de definir la realidad, la verdad, los buenos y los malos. Las herramientas para lograrlo se han perfeccionado, se han digitalizado, se han miniaturizado y se han abaratado. Los discursos se han homogeneizado y los canales se han multiplicado y expandido. Friends (1) es la percepción de la amistad vendida a escala global, como se vende Coca-Cola.

El lenguaje audiovisual se ha entronizado, entonces, como el lenguaje preferencial de la comunicación. Sus códigos son compartidos y aprehendidos en el mundo entero, sin distinción de idioma o cultura. Las pautas para su lectura se "legalizan", a la vez que esta misma lectura o recepción se fragmenta, enajena y banaliza. Historias que se repiten, imágenes que se espectacularizan, tendencias artísticas que intentan romper con todo ello declarando la muerte del propio arte, de sus autores y sus ideas. El panorama asoma convulso, inacabado, dramático y visualmente caótico, maquillado, verosímil.

Acotación:

(1)Soup-Opera norteamericana con récord de ventas en todo el mundo.

 


 

 

 

 

 

DEL PERIODISMO AL CIBERPERIODISMO

DEL PERIODISMO AL CIBERPERIODISMO

Ramón Salaverría,

Tomado del libro Redacción Periodística en Internet. 

¿Ciberperiodismo? Quizás el término le sorprenda. Es probable que incluso le produzca reparo o, más aún, aversión. ¿Para qué manchar un término de tanta solera como "periodismo" con el prefijo "ciber", que suena a novela de ciencia-ficción o a cafetería con ordenadores? ¿Qué tiene esto que ver con la profesión de informar?

Mucho, como trataré de mostrar en este libro. Ahora bien, confieso de entrada que a mí mismo me resulta todavía incómodo emplear el término ciberperiodismo y recurro a veces a otras etiquetas que en los últimos años se han utilizado para designar la nueva vertiente del periodismo. Me refiero a expresiones como periodismo "online", periodismo electrónico, periodismo en red, periodismo multimedia y, sobre todo, periodismo digital, la que mayor éxito ha alcanzado.

Aunque suponga nadar contracorriente, cada vez somos más, sin embargo, quienes pensamos que el término ciberperiodismo es el más pertinente a todos, por razones de precisión, concisión y respeto a la lengua española que más adelante detallaré.

Pero antes debemos preguntarnos por la necesidad de un neologismo. ¿Acaso el término "periodismo" no basta por sí solo para designar la labor de los medios y los periodistas en las redes interactivas?

Parece que no. De lo contrario, tantos profesionales y académicos no se habrían visto en la necesidad de adjetivar al sustantivo periodismo con términos como los que se han mencionado más arriba. De que esta nueva forma de informar sea periodismo no parece haber dudas, salvo para algunos (Martínez Albertos, 1997: 37); y tampoco parece que existan dudas de que se trata de una nueva forma de periodismo, con características propias, que la distinguen del periodismo practicado hasta finales del siglo XX por la prensa, la radio y la televisión. No es más de lo mismo.

Quizás el problema para otorgar definitivamente carta de naturaleza al ciberperiodismo sea precisamente su todavía corta vida. Es mucho el trecho recorrido en poco tiempo por los cibermedios, pero todavía quedan metas muy importantes por alcanzar (Salaverría, 2005). De entrada, romper con el olvido, cuando no menosprecio, que recibe el ejercicio del periodismo en medios digitales por parte de periodistas de otros soportes.

En su libro Periodismo en la Red, publicado en la nada lejana fecha de 2002, Jaime Estévez reconocía que por entonces, aun en el caso de los medios que disponían de redacciones unidas en un mismo lugar, se seguía manteniendo una división entre los periodistas del papel y de Internet. "Lo que no he visto es ningún caso -detallaba Estévez- son periodistas "de papel" que se preocupen por incorporar enlaces (links) a las fuentes de las noticias, de adjuntar en soporte electrónico la documentación que se les ha facilitado en una rueda de prensa o auto judicial, o d preocuparse, en definitiva, por adecuar sus informaciones al uso que de ellas pueda hacerse cuando hayan sido procesadas para Internet" (Estévez, 2002: 178). Con cautelas similares se expresaban por las mismas fechas autores como Javier Díaz Noci para quien los medios de Internet no estaban por entonces "al final de ningún camino, sino al comienzo de algo que algún día puede llegar" (Díaz Noci, 2002: 203)- y Concha Edo:

Ni se ha llegado a crear un medio nuevo, ni existe un lenguaje nuevo que saque todo el partido posible al hipertexto o a la interactividad, ni se cuente todavía demasiado con las intervenciones de los lectores, ni se ofrece -en este caso, por las limitaciones que marca la tecnología- material audiovisual de calidad. Y aunque sí es cierto que las noticias se dan, como exige el espacio cibernético, en tiempo real, todavía no existen los nuevos medios, los medios multimedia (Edo, 2002: 110).

Muchas cosas sin conseguir todavía. Quizás demasiadas, ciertamente, como para que se hable de la consolidación de un nuevo periodismo en los comienzos del siglo XXII. Pero recordemos que la trayectoria histórica de los cibermedios es muy corta todavía: los primeros medios en la Web datan de 1994 (Carlson, 2003: 49-50; Beckett, 1994). Así que, ya que al escribir estas líneas los cibermedios alcanzan poco más de una década de evolución, el balance que cabe hacer es mucho más optimista: son muchísimas las cosas que se han alcanzado ya. Tantas como para que podamos hablar, con plena certeza, del definitivo advenimiento -si bien no consolidación- de un nuevo modo de periodismo: el ciberperiodismo.

Se trata de una nueva modalidad profesional del periodismo en general porque modifica los tres procesos básicos en los que se basa esta profesión: la investigación, la producción y la difusión. El empleo por parte de los periodistas de las redes interactivas y de sus fondos documentales digitalizados han supuesto una revolución en los métodos de investigación y acceso a las fuentes. En segundo lugar, los procesos y formas de producción de los contenidos periodísticos también han experimentado profundos cambios gracias a las herramientas digitales. Por último, en lo que se refiere a la difusión, la especificidad del ciberperiodismo se ve avalada por la aparición de nuevos medios que emplean las plataformas digitales, y muy especialmente Internet, para publicar sus contenidos aprovechando las nuevas posibilidades hipertextuales, interactivas y multimedia.

Nadie discute, por ejemplo, que los periodismos en prensa, radio o televisión tienen identidades diferentes, a pesar de compartir elementos comunes. Son manifestaciones distintas del periodismo, en virtud de su diferente soporte. Y es precisamente el soporte el que determina los procesos editoriales y lenguajes de cada tipo de periodismo. Por eso la consolidación de una nueva plataforma de difusión, representada por las redes interactivas y en particular por Internet supone un argumento clave a la hora de saludar la aparición de una nueva forma de periodismo. Así como el papel, las ondas radiofónicas y la televisión alumbraron en su día formas de expresión específicas, los ordenadores y las redes -el ciberespacio, en definitiva -han descubierto un campo propio para una nueva forma de periodismo.

 

 

 

PATRIA: a tiempo y en tiempo

PATRIA: a tiempo y en tiempo

Lic. Randy Saborit Mora,

Profesor de la Facultad de Comunicación

de la Universidad de La Habana. 

PATRIA: nombre y concepto. Así, sin apellidos, bautizó el Apóstol aquel periódico escrito para siglos desde la modesta oficina de 120 Front Street en Nueva York. El PATRIA martiano armonizó propaganda y publicidad para convertirse en un semanario que hizo periodismo de intencionalidad propagandística con todos y para todos los cubanos que sintieran que solo el amor y la unión podían hacer posible que en Cuba, después de una guerra justa, se pudiera construir la república de la patria.

El Señor Director, como  identificaban los lectores al Maestro, era el guía de los apasionados patriotas cubanos y puertorriqueños en la emigración. Después del 14 de marzo de 1892  cuando nacía una criatura impresa cada sábado se pensaba en gestar la próxima. En momentos de sueños por conquistar había que estar  bien despiertos. Había que aliarse al tiempo. A tiempo y en tiempo, con verbo seguro, orientó el PATRIA a su público.

Cada acontecimiento del contexto probó al semanario en el periodismo y la política, como se demuestra de manera singular con  el empleo  acertado de  periódicos-fuente para  mostrar en voz de influyentes diarios neoyorquinos -el Herald, el Sun o el World-  lo que era eje temático de su orientación editorial. Aquel semanario dio eficaz tratamiento periodístico a diversos temas de singular relevancia para el futuro de PATRIA, la de papel y la que  habría que conquistar para volver a estar  En  Casa (1). Martí, con probada clarividencia política y destreza periodística pautaba la orientación editorial de un  periódico fundado para juntar y amar (2) sin intenciones de lucro.

A acabar la obra del Diez de Octubre. Con todos, para el bien de todos. Ese será el lema de mi vida. Ese será el del periódico. Esto confiesa el Apóstol en carta a Serafín Bello, el 12 de octubre de 1889. En esas palabras se resume la esencia  de la agenda editorial del PATRIA que nacería dos años y medio más tarde. Sin embargo, una confesión política de tan alto compromiso nunca aparecerá en el  cabezal de la publicación. Solo si se leemos con atención cada línea sentiremos que el plural espíritu del con todos  era lo que levantaba aquellas cuatro planas.

Desde el primer número PATRIA hace explícito en el décimo párrafo de Nuestras Ideas, texto que sintetiza buena parte de los principios editoriales del semanario: Para todos será el beneficio de la revolución a que hayan contribuido todos, y por una ley que no está en mano de hombre evitar, los que se excluyan de la revolución, por arrogancia de señorío o por reparos sociales, serán en los que choque con el derecho humano, excluidos del honor e influjo de ella. El honor veda al hombre pedir su parte en el triunfo que se niega a contribuir. (O.C, 1, 320).

Con todos, para el bien de todos no fue un pensamiento que se  le escapara al Maestro en una carta o en un discurso,  ni tampoco fue obra del azar divino hacerlo explícito en Nuestras Ideas, el programático editorial del número primero. Cuando Martí escribía o hablaba sabía el alcance político del concepto esculpido como frase elegante y bella. El Delegado programaba el mañana desde el presente,  de ahí la coherencia política entre las ideas que  sembró a tiempo y en tiempo por diversos puntos de la emigración.

A partir de 1889 Martí hace explícito en sus epístolas la urgencia de un periódico para impedir a tiempo los peligros que se hacían más evidentes después de la Conferencia Americana. Aunque la falta de presupuesto retardó la salida del impreso, surgió en un momento oportuno y necesario, posterior a la aprobación de las  Bases del Partido en el Cayo y Tampa en enero de 1892, y en medio del disenso con Enrique Collazo, que ratificó al Apóstol como guía del movimiento independentista.

Tres de los cuatro editoriales del  número primero, que sintetizan el programa político y periodístico del semanario, emplean la primera persona del plural desde el título para implicar a los que recibían el mensaje: A Nuestra PrensaA Nuestros LectoresNuestras Ideas. Acerca de la repercusión de este último Martí escribiría después del 14 de marzo de 1892:... ¿Y del periódico? Ya ve que no puede darse por constituido hasta que no he querido usar para apremiar, ni darle color de padre maestro. Le pedí artículo. Acá se saben de memoria "Nuestras Ideas". Tengo, para que regale, unos doscientos discursos, o 150, que le van con el próximo número... (E, III, 64). Fue práctica de PATRIA  hacer plurales sus lineamientos políticos ante cada suceso del contexto.

Las ideas que el semanario calificó como nuestras desde el primer número coinciden con las expresadas en los Discursos del Diez de Octubre celebrados entre 1887 y 1891; así como las de  Con todos, y para el bien de todos del propio año. Desde el periódico se reflexionaba sobre los mismos tópicos, apoyados en fuentes diversas, para demostrar al lector la capacidad de los cubanos para hacer la guerra y constituir la república, lo inútil del dominio colonial español en la Isla, así como la inviabilidad de las reformas autonomistas y de las propuestas anexionistas como solución a  los problemas de Cuba.

Las Bases del PRC, los Clubs Revolucionarios, y el Directorio del Partido fueron secciones fijas desde las que PATRIA fijaría conceptos  políticos. Su ubicación en primera plana semana tras semana evidencia la relevancia que otorgaba el semanario a hacer público el programa por el que se regía el partido, así como el  creciente número  de clubs que lo fueron asumiendo.

Desde el primer número PATRIA hace pública las Bases del Partido Revolucionario Cubano, sobre las que se sostiene el programa político. El semanario las prioriza todas las semanas, salvo contadas excepciones, en  la columna izquierda de la primera plana; el espacio más privilegiado del periódico teniendo en cuenta que se lee de izquierda a derecha. Además, la portada es el espacio más visible a los lectores: Ni una línea se escapa: empiezo por las Bases del Partido Revolucionario Cubano, y continúo leyendo hasta llegar al último renglón, que encierra, por cierto, pensamiento magnífico. (3)

Es curioso como cada uno de los  nueve artículos de las Bases comienza con el sintagma nominal El Partido Revolucionario Cubano...., después siguen los verbos, (reunirá, se constituye, cuidará), es decir la  acción. Cualquier lector  medianamente astuto, pudiera establecer vínculos políticos entre el periódico y el Partido Revolucionario Cubano. Sin embargo, PATRIA en el sumario de las Bases es clara y oportuna cuando acota: propuestas por encargo de la emigración de Tampa y por los Clubs cubanos  y puertorriqueños de New York, que este periódico acata y mantiene. Tal acotación es sustituida posterior a la proclamación del PRC: propuestas por encargo de la emigración de Cayo Hueso, y proclamadas unánimemente por las Emigraciones Cubanas y Puertorriqueñas, el 10 de de abril de 1892. No se adultera la realidad, así había acontecido; pero todo a su debido tiempo.

PATRIA no es el órgano del PRC. PATRIA es uno de los periódicos del PRC, no es el único periódico cubano en Nueva York. El Porvenir circula en la misma ciudad y no ha dejado de salir (4), aclara la Dra. Ana Cairo Ballester.

Las  Bases del Partido Revolucionario que asumía el periódico pudo  ser el  pretexto para que Enrique Trujillo insinuara que PATRIA era órgano del aún no proclamado PRC. En el segundo número el semanario responde de manera elegante y precisa a la observación  de Trujillo, el independentista que entre el 3  y el 7  de febrero de 1892 -¡cinco días¡- preside el Club José Martí creado en Nueva York (5). La pequeña nota precisa:

La aparición de PATRIA  como órgano presunto de un partido que está  aún en creación, sería un acto de premura pernicioso y punible (...) El partido, una vez creado, hallaría medio  de que cundan Ias ideas beneficiosas al país. PATRIA no  necesita,  sino el triunfo de la virtud en los corazones cubanos. PATRIA reitera su estimación de todo lo que hay de generoso en los conceptos entusiastas con que El Porvenir comenta sus ideales. (6)

En ese segundo número el periódico aclara lo anterior y  por primera vez no se publican las Bases, suceso notable si se tiene en cuenta que hasta junio de 1895  eso ocurriría de manera excepcional. Puede ser que PATRIA hubiera querido demostrar que sin Bases también podía publicarse, lo interesante es cómo el semanario aprovecha el espacio para ubicar un tópico de máxima relevancia según sus propósitos editoriales, La Agitación Autonomista, que en  uno de los  párrafos se lee:

La política es una resolución de ecuaciones. Y la solución falla cuando la ecuación ha sido mal propuesta. Si la revolución tuviese por objeto mudar de manos el poder habitual en Cuba, o cambiar las formas más que las esencias, caería naturalmente la obra revolucionaria (...) La guerra se ha de hacer para evitar las guerras. (7) Después de leer esto, ¿quién pudiera afirmar que no se publicaron las Bases del PRC en el segundo número del 19 de marzo de 1892?

PATRIA elabora tesis en cada trabajo periodístico que va publicando; en un artículo por ejemplo: La política es el deber de hijo que el hombre cumple con el seno de la madre; la política es el arte de hacer felices a los hombres (O.C, I, 335). También desde una crónica que finalizaba con lo que  se leía en la papeleta de suscripción de un emigrado: Nombre: Manuel Montero; Nacionalidad: Cuba; Religión: Yara. (8)

La constitución de uno de un órgano democrático debía partir del consenso, nunca de la imposición: El Partido no puede darse por constituido hasta que no lo hayan aceptado la mayoría de los clubs de las emigraciones. La aceptación provisoria por los presidentes de los clubs, aunque casi decisiva, y más con lo de la noche de adiós, no puede tenerse como oficial hasta que los clubs no lo ratifiquen. (9) (O.C, 1, 352).

En varios  textos periodísticos, desde el primer número,  se menciona al partido revolucionario cubano, y una semana antes de su proclamación se conceptualiza en un editorial bajo el título homónimo: Y lo primero que se ha de decir, es que los cubanos independientes, y los puertorriqueños que se les hermanan, abominarían  la palabra  partido si  significase mero bando o secta, o reducto donde unos criollos se defendiesen de otros: y a la palabra partido se amparan, para decir que se unen en esfuerzo ordenado, con disciplina franca y fin común, los cubanos que han entendido ya que, para vencer a un adversario deshecho, lo único que necesitan es unirse.

Proclamar el partido no era una opción para los emigrados. Debía contarse con una organización que posibilitara al cubano ensayarse como ciudadano, con deberes y derechos. Con capacidad para elegir y opinar. En Cuba los contrarios a la independencia estaban nucleados en partidos:...Ya hoy mismo pueden los cubanos enemigos de la revolución, los cubanos autonomistas, decir como han dicho en su última asamblea que ellos son la única fuerza organizada que vela por el país, y hay que pasar por la vergüenza de no contestarles, porque nosotros no nos hemos organizado aún, y es verdad que ellos son la única fuerza organizada. (O.C,1, 348).

PATRIA en el número correspondiente al 10 de abril de 1892 publica textos e imágenes del relevante hecho histórico que fue Guáimaro. Los grabados de Céspedes y Agramonte  aparecieron en la segunda página del número mencionado, pero ¿por falta de relevancia periodística? En portada aparecían las Bases y cada uno de los artículos de la Constitución  de Guáimaro, la primera de la República en Armas. ¿Qué debía tener más prioridad?

Aunque el semanario no estuvo en el lugar del suceso, sus líneas llevan al lector hacia el escenario de aquel pueblo camagüeyano. ¿Qué hizo PATRIA para tener la primicia el día de la proclamación del Partido? Se auxilió, como en muchas otras ocasiones,  de una mano amiga y de otro periódico fundador: Está en pie su promesa de dejarme copiar, por mi mano o por mano segura el "acta" famosa del 10 de abril. Y aquí le envío al mensajero para que si es posible me le dé autoridad de copiar esta tarde, o sino, me le fije hora en que, bien solo, bien conmigo, a eso de las seis o las siete, -porque a las 7y 1/4 ya soy esclavo,-pudiera ir a copiarle la parte que se refiere en ese número de El Cubano Libre a la proclamación. (10) (OC, 1, 362)

De la cantidad de ejemplares que publicaba el semanario se tiene constancia por una carta de Martí a Serafín Bello: Por todo lo del periódico, hosanna y aleluya. Ya Agramonte sabe, y tira 1.500. Como Vd., creo necesaria a reimpresión del primer número. Del discurso, que me costó un platal por la prisa, no veo cómo (...) No se gasta dinero inútil. No recojan dinero para cosas no estrictamente necesarias. Recojan almas. (11) (O.C, 1, 373-374).

El periódico nunca hizo explícito en el machón  el cargo de director. Sin embargo,  los lectores que sí suponían  de su existencia dirigían sus cartas a ese responsable, aunque se especificara que debían enviarse a los distintos administradores que tuvo el rotativo. El Delegado firmaba los documentos oficiales que se publicaban, pero nunca sus textos periodísticos, solo cuando se trataba del prólogo de un libro. El Maestro dirigía la redacción del semanario desde su oficina neoyorquina, en un viaje de trabajo o desde la guerra.

Tres temas fundamentales priorizó PATRIA en sus páginas, es lo que denominamos trilogía temática: unidad-guerra-república. El partido era el núcleo político de unidad factual desde el que se ensayaba la futura república que solo podía alcanzarse apelando al medio guerra. A nada de eso escapa el periódico que se especializó en propagar esperanza y serenidad, en tiempos de Nortes peligrosos y  de república por fundar.

La unidad convertida en Partido Revolucionario Cubano era el vehículo  de aquel presente para emplear el  medio guerra en un futuro inmediato y dar república a la patria  después de  lograda la independencia. Ninguna de las   anteriores líneas temáticas escapará a PATRIA - nombre de letras mayúsculas siempre impreso en el periódico-, que dio alto significado a ese concepto abarcador.  

PATRIA fue un ejército de dieciséis columnas: en la vanguardia las Bases del Partido Revolucionario Cubano, y en la retaguardia los anuncios que financiaban el próximo combate verbal.  PATRIA  fue un soldado que se armó de palabras.

PATRIA y publicidad: convergencia en el horizonte editorial

Martínez Albertos (1991: 20)  sostiene que el anuncio o publicidad comercial tiene como fin una marcada línea entre los consumidores en un régimen de mercado competitivo. El  decir de los textos  periodísticos es diferente al de los anuncios publicitarios, sin embargo el significado de esa manera peculiar de comunicación debe considerarse cuando se analiza un periódico en su conjunto.

PATRIA se desenvolvió en un contexto, cuna del célebre periodismo norteamericano, donde era usual que los diarios tuvieran su sección de anuncios. La publicidad ocupaba en aquel semanario una de sus cuatro planas, es decir la cuarta parte de toda la superficie impresa del periódico. Desde la sección de anuncios no solo se publicitaba un producto que era vendido por un precio determinado, también se propagaban ideas y símbolos.

Los mensajes publicitarios guardaban estrecha correspondencia con la  orientación  editorial de PATRIA. Constituyó un indispensable instrumento de sostén económico, y sirvió, además, para fijar y propagar ideas independentistas, mediante  imágenes simbólicas o no. Existen concepciones modernas en publicidad que guardan cierta relación con los métodos  empleados en aquel periódico.

Varios autores coinciden en que la publicidad es toda transmisión de información impersonal y remunerada efectuada a través de un medio de comunicación, dirigida a un público objetivo, en la que se identifica el emisor, con una finalidad determinada, que de forma inmediata o no, trata de estimular la demanda de un producto o de cambiar la opinión o el comportamiento del consumidor.  (Romay, 2003: 36)

Después que la publicidad ha conquistado millones de bolsillos se han definido algunos principios esenciales que deben guiar la creación publicitaria. Un anuncio debe ser sintético y efectivo para que brinde una razón al receptor de comprar determinado producto; debe captar la mente del comunicador (y al mismo tiempo) transmitir un mensaje de venta. (Joannis, 1986:13).

Reconocidos teóricos en el campo de la Publicidad como Henrry Joannis (1986:13) declaran como principio básico: comunicar algo que hará comprar el producto.  No es simplemente proporcionar satisfacción, se trata de un método que organice un pensamiento creativo eficaz  a partir de  diversos criterios.

Para ilustrar de manera escueta el modo de hacer publicidad en  PATRIA refiramos que daba especial significado a la reiteración de conceptos y símbolos, frecuentemente el semanario promocionaba una tríada de materiales para el consumo intelectual: dos libros y un sello simbólico. Si el lector se animaba a tener en su casa Los Poetas de la Guerra, Patriotismo y la Divisa Cubana, invertía en su crecimiento espiritual 1.75 dólares, al tiempo que el Partido incrementaba los fondos para la guerra necesaria  que se preparaba.

Para Wells (1996:11)  la buena publicidad se caracteriza por que el  mensaje esté redactado de tal manera que exprese los intereses primordiales de la audiencia. El éxito depende del grado de eficacia con que logra sus metas, incrementar las ventas o  cambiar las actitudes.

Los recursos gráficos fueron empleados por PATRIA con escasa regularidad por el costo económico que implicaban, sin embargo cada grabado, foto o ilustración que priorizaba el semanario en sus páginas representaba a los héroes de la guerra del 68 o a los futuros protagonistas de la del 95; lugares históricos o  personalidades de la  emigración.

El uso de imágenes significativas, precisa Joannis (1986:20), es otra parte importante de la publicidad. Su impacto es realizado por las excelentes fotografías, la alusión a los personajes famosos y  las situaciones dramáticas. Es un tipo de publicidad que se denomina casi literalmente, publicidad  mediante imágenes.

Lo que distinguía a PATRIA era que la "fama" se alcanzaba en la guerra, bajo la lluvia y las balas. En aquel periódico, paralelo al interés de venta, necesario en los tiempos de  recaudaciones decisivas que se vivía, estaba el propósito de propagar ideas. Conservaba un matiz ideológico porque lo usual era que se promocionaran libros históricos y sellos conmemorativos. Los anuncios publicitarios enfatizaban en la capacidad profesional y laboral  de  la comunidad cubana y puertorriqueña, ya se ejercieran en instituciones escolares, fábricas de tabacos o  negocios hoteleros.

PATRIA fue una empresa periodística espiritual, no mercantil.  Compitió por  su contenido, pero no por su publicidad, ni las grandes tiradas o las muchas páginas. Con las cuatro que mantuvo propagó la necesidad  de la guerra en Cuba y Puerto Rico sin ser demasiado explícita en tácticas militares, pero sumamente clara en fundamentos ideológicos.

Periodismo con intencionalidad propagandística

El vocablo propaganda se deriva del término latino propagare, y significa propagar, difundir, esparcir ideas. Martí conocedor de la raíz de las palabras para poder usarlas correctamente dominaba el significado de esta. El Maestro se dedicó a conquistar almas y sembrar ideas en la emigración, incluso más allá, a través de cartas, discursos o periódicos.

La orientación editorial  de un periódico hay que entenderla a partir de la intencionalidad que se persigue con géneros, los estilos, las fuentes. El contenido de un  texto periodístico adquiere mayor o menor significación para el público lector, según la forma en que se escriba o el espacio que ocupe dentro del periódico. PATRIA demostró desde sus planas que dedicaba especial atención a la concordancia significado-significante, aunque ese no fuera la denominación de entonces. Ilustremos con  un ejemplo: no es lo mismo esparcir: Nuestras Ideas desde un editorial de primera plana que desde una crónica en tercera. Tampoco es casual que sea este y no otro,  el único texto de todos los publicados por el semanario que cada párrafo comience con letra capital.

Los editoriales, artículos, comentarios responden a un estilo editorializante, según lo definido por  estudiosos del periodismo como Juan Gargurevich. Ese estilo formador de opinión tiene un fin propagandístico obviamente, y de adoctrinamiento que lo diferencia en cierta medida del estilo informativo, al que responden las notas y crónicas informativas.

La orientación editorial del periódico PATRIA entre el 14 de marzo de 1892 y el 25 de junio de 1895 estuvo caracterizada por el predominio del estilo editorializante debido a   que la extensión de los editoriales ocupaban un espacio considerable dentro de las páginas del semanario, y porque los artículos, comentarios, y  cartas de los lectores -géneros que responden al mencionado estilo formador de opinión- eran empleados con mayor regularidad que las informaciones.

Un cambio apreciable tuvo el estilo del semanario al comenzar la guerra, pues se logró un equilibrio entre lo editorializante y lo informativo. Informar sobre lo que acontecía en la Isla pasó a ser de máxima prioridad. En tiempos bélicos las  Noticias de la GuerraÚltima Hora o Noticias desde España pasaron a ser secciones fijas que ocupaban de manera regular más de una plana, incluso podían publicarse en el espacio habitual de los anuncios publicitarios. La sección De Cuba Libre publicaba las cartas que Martí enviaba desde la manigua, verdaderas crónicas de su paso por la guerra, además varios de los documentos políticos y militares que suscribió junto a Gómez.

PATRIA facilitaba  la retroalimentación a  través  de las cartas de los lectores, las cuales servían para reforzar ideas claves de su orientación editorial desde la voz de los receptores del mensaje. Esa selección, y el espacio en que se publiquen, responden a propósitos editoriales bien definidos.

Por fin el periódico entra en prensa, y bien pronto ese verbo de la libertad irá a decir por todas partes cómo piensa el pueblo antillano en la emigración decorosa, se leía en Los Viernes de PATRIA del 10 de septiembre de 1892. Ese día  de la semana se vivía la tensión del cierre para presentarse irresistible a todos sus lectores en la mañana del sábado. Sus redactores estudiaban en conjunto y en detalle cada plana para adivinar cuál sería el artículo o suelto que produciría mayor efecto. Es de PATRIA emplear el término "efecto", mucho antes de que se teorizara sobre ese aspecto en el campo  de la comunicación. También una lectora confesó:

Pocas veces he pasado una hora tan deliciosa como la que empleé ayer leyendo las varias secciones del interesante semanario que con tanto acierto dirige nuestro amigo Martí. ¡Con qué gusto y fruición  volvía a leer algunas de sus bellísimas frases, de esas que él solo puede expresar, y que pudiéramos  llamar Martinianas, se quedaban en mi oído  como un eco de dulces armonías! Pero, déjame, contarte, amiga mía, el efecto mágico que en mi ánimo produjo la lectura del último número de PATRIA. (12)

El empleo de las fuentes también es imprescindible para dar mayor relevancia a lo que se expone. No tenía la misma fuerza comunicativa que PATRIA opinara sobre la necesidad de la independencia en Cuba, a que lo expresaran influyentes periódicos norteamericanos, como El Herald, El Sun, o El World de Nueva York. El semanario previo a la  conmemoración del Diez de abril de 1894 resume en un pequeño editorial de primera plana que esa fecha merecía ser recordada por la Constitución de la República que nació en Guáimaro, y en ese mismo número se cita al periódico Cuba de Tampa, el cual desde la página cuatro refiere que ese también era el día de la Proclamación del Partido Revolucionario Cubano. Sin comentarios.

El  periodismo del  siglo XIX  es definido como ideológico, según el criterio de estudiosos como José Luis Martínez Albertos y Natividad Abril, por la intencionalidad de adoctrinamiento que seguía ese tipo de prensa que se hacía en la parte euroccidental del mundo. PATRIA fue un periódico decimonónico que no escapó a esa influencia.

Martí decía: Sí, hace falta un periódico, pero no para ser vendido, sino regalado a propios y extraños, a todo el mundo, a fin de que se haga fácil la propaganda revolucionaria. Así hablaba el Maestro cada vez conversaba con sus amigos sobre la necesidad de fundar un medio de prensa. Eso lo recoge Rafael Serra en La Doctrina de Martí, publicación que dirigiría después de la muerte del Apóstol.

Diversos autores aseguran que  el periodismo, genéricamente hablando, es una de las formas que la antigua retórica habría adquirido en la época moderna. Los géneros de opinión por lo tanto, van a ser nominados como los más apropiados para ejercer y desarrollar las funciones retóricas. (Abril, 1999: 84). La calidad estética de los textos periodísticos de PATRIA responde a la maestría con que Martí, y  otros redactores, en menor medida,   manejaban  los recursos retóricos.  

El arte del periodismo avanza como arte de la retórica aristotélica de la argumentación y la persuasión. La Periodística, es por tanto la Retórica moderna, porque se organiza un texto que aspira a producir efectos persuasivos entre los diversos tipos de público (Casasús, 1993 citado por  Abril, 1999: 76).

La orientación editorial del periódico PATRIA sintetizó la concepción martiana  de la unidad política para nuclear al pueblo cubano, de la Isla y de la emigración; al blanco y al negro; al propietario y al desposeído; al instruido y al analfabeto; al hombre y a la mujer; así como  la necesidad de la guerra de independencia, a tiempo y en tiempo,  para la fundación de una república "con todos y para el bien de todos".

Desde PATRIA se hizo periodismo de altura política y terrenal elocuencia. Periodismo del que conmueve y convence; del que enamora y arrastra. Periodismo de desvelo y contra cierre. Periodismo. Todavía hoy, es admirable aquel modo peculiar de decir las cosas en su esencia. Desde PATRIA se hizo periodismo con intencionalidad propagandística, no propaganda con intencionalidad periodística.

Acotaciones:

(1) Sección que con frecuencia se publicaba en  PATRIA para dar noticias sobre la vida social de los  que  permanecían en la casa temporal de la emigración,  la vida social de los ricos y de los pobres definiría el periódico desde el primer número.

(2) Editorial Nuestras Ideas  publicado en el primer número de PATRIA, el 14 de marzo de 1892.

(3) Se publica bajo el título De las damas cubanas  en el número 9 del 7 de mayo de 1892.

(4)  Dra. Ana Cairo Ballester en entrevista concedida al autor, el lunes 27 de marzo de 2006.

(5) Precisión que la Dra. Diana Abad Muñoz  en su libro De La Guerra Grande al PRC.

(6) PATRIA: "no órgano": PATRIA número 2, 19 de marzo de 1892.

(7) La Agitación Autonomista: PATRIA  número 2, 19 de marzo de 1892.

(8) Su religión: PATRIA número2, 19 de marzo de 1892.

(9) Carta   de Martí a Serafín Bello, 24 de marzo de 1892.

(10) Carta de Martí a Néstor Ponce de León: abril de 1892.

(11) Carta de Martí a Serafín Bello, abril de 1892.

(12) Bajo el título De las Damas Cubanas, PATRIA publicó en el número 9 correspondiente al 7 de mayo de 1892  la carta de una amiga "X" de alguien muy cercano a él.

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LA NOTA

LA NOTA

Doctora Miriam Rodríguez Betancourt,

Profesora Consultante de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana  

Un libro, aun un libro escrito para la docencia, puede pecar de soberbia si establece distancias con los lectores o impone el criterio profesoral desde la posición decisoria que la autoría presupone. 

De este peligro latente supo desprenderse Iraida Calzadilla; soy testigo de su preocupación por escribir un texto abierto, por sugerir más que por dictaminar, estando consciente, además, de que ningún género podía ser más proclive a la camisa de fuerza que la nota informativa. Así que ese es un mérito de su trabajo, y no es poco mérito en verdad cuando se recuerdan tantos manuales, folletos y similares cuya obsesión radica, justamente, en negar participación al receptor obligado a aceptar definiciones y modos de hacer canonizados por la experiencia al uso y el peso muerto, pero actuante, de la tradición. 

Para lograr tal acierto, la autora no regatea, sin embargo, en ofrecer un amplio panorama de criterios de expertos y estudiosos del género objeto de su investigación, que incluye la referencia indispensable al concepto de construcción de la noticia en tanto producto y resultado de las rutinas productivas y las ideologías profesionales del ámbito mediático. 

Al recorrido teórico-conceptual correspondiente a la nota informativa o información, exhaustivo pues abarca también el proceso de titulación, lo complementan las ejemplificaciones no solo abundantes sino claras y diversas, y siempre en el nivel de proposición al que aludíamos. Por último, se presenta una relación bibliográfica que servirá a los estudiantes y a los lectores interesados que quieran ampliar, comparar y hasta disentir. 

Iraida ha pensado, sobre todo, en la práctica de la prensa cubana no a partir de lo que debe hacerse según reza la teoría, sino de lo que se hace (bien) en nuestros medios escritos; de ahí que los ejemplos muestren autenticidad y faciliten lo que se quiere ilustrar. 

Lo dicho sería suficiente para ponderar las cualidades de La Nota, para destacar su utilidad como libro por los valores didácticos que en él se aprecian, para celebrar su aparición en un panorama bibliográfico pobre sobre géneros periodísticos, especialmente de autores cubanos. Pero acerca de esta obra falta por resaltar otros méritos. 

Uno de ellos —si me llevo por la justicia yo diría que el primero y mayor— el abordar con rigor el estudio de un género olvidado, subestimado, algunas veces vilipendiado y, paradójicamente, imprescindible, como es la nota informativa. Esa nota informativa que da cuenta de lo que acontece sin intervención aparente del periodista, sin el brillo y el esplendor que a otros géneros acompaña, fiel relatora de cualquier suceso, trascendente y trivial; tan simple, tan del pan ganar… y con la que, en tantas ocasiones, avezados periodistas estrellas no dan pie con bola. 

La otra virtud, que también tiene que ver con la ética y la justicia: la de registrar minuciosamente, y mencionar con igual precisión, los textos, folletos, artículos, e incluso intervenciones en foros y seminarios, de periodistas y profesores cubanos relacionados con los géneros. Ese es un acto de reconocimiento y de gratitud que honra, en primer término, a la autora, y que al mismo tiempo, como seguramente fue propósito de ella, revela nuestra orfandad teórica y, por consiguiente, cuánto debíamos hacer por incrementar la producción sobre materias periodísticas tanto desde la academia como desde las redacciones. 

Entre nosotros, los que respetamos la nota informativa y reconocemos la utilidad de una obra que ayuda a redactarla bien, siempre será bienvenido un libro como este de la periodista y profesora Iraida Calzadilla, escrito con la misma pasión y modestia con que ha entregado centenares de informaciones al diarismo cubano.    

¿Periodismo versus literatura?

¿Periodismo versus literatura?

Lic. Eduardo Montes de Oca,

periodista de la Revista Bohemia. 

La determinación del sexo de los ángeles –sin que ni uno de ellos bajara de su nube a mostrar sus partes pudendas- y la épica batalla mental por adivinar cuántos de esos seres alados alcanzan a copar la cabeza de un alfiler eran objetos privilegiados en las torrentosas discusiones de Bizancio; de ahí que, hoy, discusión bizantina sea aquella que no conduce a puerto seguro, la baldía, la que huelga. 

Y Bizancio se proyectó en el tiempo. Y un día su espíritu dialógico llegó a una liza donde lánguidos diletantes acusaban, acusan, al periodismo casi de palafrenero ante la literatura. Volatinero, frío, somero, de sentimiento descafeinado…

He ahí los términos con que “eximias” plumas lo han condenado a la hecatombe del descrédito. En arrebatada contrapartida, algún que otro portaestandarte del periodismo ha llamado “literatura” a la mera palabrería –se subraya con gesto adusto y ademán desdeñoso: “eso es literatura”-, airado porque ciertos pontífices de las letras se apartan con remilgos de damita encopetada del hecho noticioso y noticiable, concreto y objetivo que constituye el alimento del periodismo. 

Periodismo y literatura; periodismo o literatura. El cubano Luis Sexto se atreve a meter baza en un dilema harto espinoso, por la prolijidad de comentarios y comentaristas, y sale incólume y victorioso en el empeño. Ha puesto su pica en Flandes. Nos emociona y convierte en cómplices no sólo con sus conclusiones, sino con el modo como desgrana la argumentación en su libro Periodismo y Literatura: El arte de las alianzas, refundición del recién publicado Estrictamente personal: Notas de clases sobre el periodismo literario, enriquecida con un capítulo sobre el estilo y una selección de reportajes paradigmáticos, que califica de casi ejemplares. 

Las líneas que corren ante nuestra vista, debidas a la editorial Pablo de la Torriente Brau, llevan la impronta de la elección, el vocablo justo, la frase rítmica y una proverbial hondura de pensamiento. Excelente ensayo este que, con lenguaje pulcro, señorial, nos convence, y, con hechura vigorosa, nos persuade de la cercanía vital del periodismo y la literatura, y de que el periodismo literario viene a resultar síntesis de ese par dialéctico, literatura-tesis, periodismo-antítesis, o periodismo-tesis, literatura-antítesis, que algunos juran apreciar y hacen notar en encendidas polémicas. 

Sí, ante nosotros discurren pruebas fehacientes, conceptuosas, de que el periodismo suele pedir préstamos a la literatura, para devenir literatura otra, que bien podría llamarse periodismo literario.

Y aquí llega lo bueno, o lo mejor. Mientras algunos -¿muchos?- no osan trascender manuales útiles en su tiempo, tiempo ya ido, Sexto truena contra el exceso de sometimiento a las normas convencionales, el fanático culto a la despersonalización, apropiada siempre que no se pretenda absoluta, algo común para escribanos obcecados en camuflar la sequedad, la frialdad, la superficialidad de sus prosas bajo el manto cómodo de una frase de resonancia tartufesca mil veces reproducida: “Escribe lo más sencillo que se pueda, para que el pueblo te entienda”. Frase que juzga al pueblo ignaro por los siglos de los siglos. 

El autor rompe lanzas contra quienes ejercen el oficio como empleo, que no como vocación. Aquellos que se arrullan con una magra cultura, dos o tres reglas rumiadas y la consabida carencia de creatividad. Quien apure este estudio seguramente se reafirmará en que el periodismo literario no nació con Tom Wolfe y otros, eso sí, egregios representantes -¿acaso algo nuevo respira bajo el Sol?-.

El Norte suele considerarse ombligo y hontanar de lo humano y lo divino, diría el célebre filósofo Inmanuel von Perogrullo si asistiera a este convite.

En Martí, cerebro y miocardio incomparables, estaba ya el periodismo literario -como estuvo en Víctor Hugo y similares titanes de la literatura-, que quizás algún día podamos considerar periodismo otro. 

En tanto esperamos la novela, el libro de relatos, los de crónicas, que aguardan en las gavetas del escritorio de Luis, bien valdría una misa abrir las páginas de este ensayo, que nos dispensa el don inapreciable de la duda, porque, con esta obra de innúmeros quilates, el colega y académico ha buscado desencadenar la duda. Pero una duda cartesiana, asaz útil, que impele a los periodistas a reconsiderar lo hecho hasta ahora, y que unge a los lectores con el bálsamo benéfico de la esperanza. 

La esperanza de que el periodismo se siente sin complejos a la mesa del banquete platónico en la ancha, multiforme república de las letras. 

LA INFORMACIÓN INTEGRAL

LA INFORMACIÓN INTEGRAL

Lic. Heriberto Rosabal Espinosa,

periodista de la revista Bohemia. 

Muy lejos de la pretensión de competir con colegas experimentados en este tipo de análisis y debates, y solo con el interés de ayudar aunque sea propiciando que la crítica a mis palabras ayude a reflexionar sobre el tema de la información integral, expongo lo siguiente: 

Me preocupa, para empezar, el término integral, que es sinónimo de completo y tiene como significado «las partes que entran en la composición de un todo», según uno de los diccionarios más sencillos de nuestra lengua. Me preocupa, porque desde que tengo memoria como periodista he estado oyendo hablar de esa deseada integralidad: información integral, periodismo integral, periodista integral... Y si tanto se oye todavía hablar, debe ser porque aún eso no existe, o es muy poco. Y si así pasa, es porque mucho del propósito se convirtió en consigna y ahí está todavía, esperando que algo suceda. 

El diccionario define como integral lo que ya cité y en su libro Técnica periodística, José A. Benítez entiende esencialmente como información integral «aquella que destaca lo verdaderamente significativo de los hechos».

Añade Benítez que a esa información integral, «lógicamente, corresponde un periodista integral sobre el que recae la tarea de observar, de analizar los hechos, de interpretarlos, de seleccionarlos y de determinar sus valores y su significación.» [...] «El periodista integral, consecuentemente, debe tener el mínimo de conocimiento que le permita evaluar la importancia y trascendencia de los acontecimientos, en general, y un grado de especialización temática tal que le faculte para opinar y elaborar tesis sobre uno, en particular». 

Repasando esas definiciones se me ocurre que tal vez valga aplicarle a la información lo que a la contabilidad. Esta última —se acepta hace rato— si no es confiable, no es contabilidad. Parafraseando, pudiéramos decir entonces que la información, si no es integral, no es información, o no es la información que más nos interesa. 

A mi entender, el calificativo integral no debe asimilarse como sinónimo de algo tan completo que puede constituirse en imposible bajo la presión de nuestros cierres tensos, a veces poco menos que infartantes, como son todos los cierres de información periodística en el mundo. 

También a mi entender, la información integral no es sino la información bien hecha, como se debe, como estudiamos y examinamos en la Universidad, y como nos hemos reclamado una y otra vez en encuentros similares a este: la que trasciende el simple relato, y más aún la «relatoría», del hecho, poniendo de relieve su significado. 

Extendiendo esa apreciación más allá del límite de la nota informativa clásica, que puede quedarse en un lead o en un párrafo francés cuando hace falta, digamos que «poner de relieve lo significativo del hecho» pasa necesariamente por señalar el origen de este, sus causas y posibles repercusiones o consecuencias. 

Cuando no llega a ese punto, cuando no da ningún elemento contextual o algún detalle humano, mínimamente curioso o pintoresco; cuando no ofrece ningún antecedente, o no insinúa o deja deducir algún pronóstico; cuando no establece comparaciones, ni relaciona datos, ni vincula el hecho o la persona a los que se refiere, con otros hechos y personas con las que tienen algún vínculo de valor, puede ser información, pero no información integral que reporte al lector interesado mayor provecho. 

No creo que todos los días, en todas las páginas de todos nuestros periódicos, podamos lograr informaciones en las que concurran armoniosamente y haciendo gala del mejor estilo, todos esos elementos. Pero tampoco creo que esté bien lo que muchas veces nos parece que ocurre, o realmente ocurre: que prolifera la información en la que ninguno, o casi ninguno de esos elementos está presente. 

Pienso, por ejemplo, que no hay UBPC cañera del país que siembre caña para que alguno de nosotros escriba, y además publique, que la UBPC tal, de tal municipio, «sembró hasta la fecha tantas caballerías de caña, lo que representa tanto por ciento de su plan». Igual si se trata de papas o de toronjas, de litros de leche o de hectolitros de alcohol; de kilómetros de pedraplén o de toneladas de cemento. 

¿Qué significación tienen las tantas caballerías de caña sembradas o dejadas de sembrar por la UBPC tal? Visto el caso con sentido común, alguna deben tener, y si es obvio que la tienen, ¿por qué pasarla por alto? ¿Qué dirá el lector en tal caso?

Puede que diga lo mismo que cuando no termina de leer porque escribimos más de determinada reunión que de su contenido, como resultado de que realmente no hicimos el menor análisis de lo que en la reunión se expuso o se debatió. 

También pudo ser, dicho sea de paso, que ni la reunión ni lo que en ella se dijo merecieran un espacio en el periódico, ni tiempo del que casi siempre le falta al periodista. La integralidad del periodista, su formación, su cultura, etc., respecto a la cual suscribo como propio lo dicho por Benítez, tiene mucho que ver en todo esto, tanto como la integralidad de los editores y directores, y de quienes orientan a unos y a otros. 

Hasta aquí, nada de lo dicho vale para agenciarse méritos de descubridor. El análisis del tema puede ser tan recurrente como decir en julio y agosto de cada año que hace más calor que en julio y agosto del año anterior. La cuestión, por tanto, viene a ser la misma de siempre: ¿qué hacer? (no con el calor, por supuesto, sino con la información). 

La respuesta tampoco es nueva. Coincido con los que creen que el debate más útil sobre este tema no será nunca este de aquí y ahora —aunque este pueda sernos útil— sino el de cada día frente a la edición por hacer y ante la cobertura inmediata; de cara a la realidad singular, compleja y cambiante de un país que en el mundo generalmente provoca todas las reacciones, excepto indiferencia: Cuba. 

Y hablando del escenario primero de nuestro ejercicio profesional, su sola mención me hace pensar enseguida que cualquier pretensión de integralidad, de cualquiera de nosotros individualmente o de cualquiera de nuestros medios, no puede sustraerse de las contradicciones y los conflictos presentes en la vida que vivimos, que dejan su huella en la información, siempre que pasan por ella y también cuando no pasan. 

Me pregunto si la integralidad que nos proponemos admite la dilación o la omisión de determinados asuntos y temas, en la que a menudo incurrimos. 

Esta cuestión se ha discutido más de una vez entre nosotros, casi siempre a partir de algún caso particular cercano en el tiempo. En cada ocasión —de las que he podido ser testigo— se han diferenciado causas y causas: unas que rayan en el absurdo y otras justificadas por razones de sensibilidad política, económica o humana. No siempre ha habido satisfacción plena en esos intercambios y, de un modo u otro, el debate regresa.

Cualesquiera que sean sus causas, la dilación y la omisión favorecen la actitud pasiva ante la información. Es decir: «no busco oportunamente información sobre tal asunto o tema que presumo o considero delicado, sensible o conflictivo, porque no hay seña». O «no la busco porque seguramente no se puede publicar». 

Y esa pasividad, lentitud o carencia de reflejo reporteril —descartando al que es pasivo, lento y desprovisto de reflejo por naturaleza o por descuido manifiesto de sí mismo y de su trabajo— son contrarios a la integralidad que seguimos pretendiendo en la información y en el periodista. 

Este motivo, aclaro, no creo que sea el primero, ni el único, ni el principal responsable de que en el bosque de la información que transmitimos encontremos con frecuencia más árboles talados de los que razonablemente deberíamos encontrar para sentirnos más cerca de la integralidad. 

Ahora, por cierto, más que de integralidad se habla mucho de intencionalidad de la información, quizá como reflejo de una actitud inconsciente que, aferrada a un nuevo término, vuelve en busca de algo que ya antes buscamos y no hallamos: la integralidad misma. 

También se da con cierta frecuencia entre nosotros la revisión de la información como género, motivada por el hecho de que resulta el más difícil de premiar y a veces el menos premiado en concursos periodísticos. 

¿Por qué sucede eso? ¿No hay noticias en nuestros medios? ¿Todas las que se publican son de tan escaso mérito que no alcanzan el reconocimiento? ¿Es que les falta integralidad, o intencionalidad, si se prefiere? Si no hay noticias, entonces, ¿qué hay?