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LA PRODUCCIÓN PERIODÍSTICA DE LOS ESTUDIANTES COMO PROYECTO EXTENSIONISTA EN LA RED: PROPUESTA DE COMUNICACIÓN EDUCATIVA

LA PRODUCCIÓN PERIODÍSTICA DE LOS ESTUDIANTES COMO PROYECTO EXTENSIONISTA EN LA RED: PROPUESTA DE COMUNICACIÓN EDUCATIVA

Este trabajo obtuvo Premio Relevante de la Universidad de La Habana y del Ministerio de Educación Superior y participó como ponencia en Universidad 2012.

Dra. IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ,
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana, y del
Instituto Internacional de
Periodismo José Martí.
Editora de mesadetrabajo.
islalsur@yahoo.es

Introducción

Una de las más importantes antropólogas norteamericanas, Margaret Mead, ya septuagenaria, escribió que la experiencia de las nuevas generaciones no cabe en la experiencia lineal de la palabra impresa (1971). Y el semiólogo español-colombiano, Jesús Martín-Barbero, dijo en La Habana que los jóvenes necesitan otro tipo de lenguaje: el hipertexto, donde culturas sonoras, culturas visuales, culturas gestuales, tonos, ritmos, acentos, cuentan tanto como la gramática y la sintaxis. Ese, precisó, es el principal desafío de la sociedad del conocimiento; poner a comunicar la universidad con su entorno de incertidumbres y certezas  (b, a, 2009).

Acá está, en síntesis, el nudo gordiano de los profesores que hoy enfrentan la docencia de la teoría, los estilos y géneros periodísticos desde la perspectiva del periodismo impreso y cuyas asignaturas constituyen la plataforma del deber ser del periodismo. Asignaturas que, impartidas en el primer año de la carrera, suponen no solo dotar de herramientas para el saber hacer del futuro profesional, sino también, gestar en él la ética y la responsabilidad social del mensaje difundido y, por tanto, expuesto al debate y la confrontación. Una actitud que presupone tanto los límites del aula como la extensión que se produce hacia lo público.

¿Cómo hacer para que los textos de exámenes no queden en el entorno estrecho del estudiante y su profesor, después de tantas horas entregadas a la investigación, a la construcción y pulimento del mensaje? ¿Qué curso orgánico, sistémico y socializador dar a sus trabajos cuando faltan las publicaciones impresas propias de las escuelas de Periodismo? ¿Cómo lograr una propuesta de comunicación educativa que va construyéndose en la medida que se imparten las clases y aún perdura después de ellas? ¿Cómo dejar una huella creativa del paso por la Universidad?

A contrapelo, si el alumno tiene acceso a la red, puede ubicar su mensaje desde la individualidad creadora, no siempre ajustada a necesidades más generalistas, no siempre por los senderos que traza el periodismo como catalizador de las urgencias de su entorno y de su sociedad, de manera que ésta se sienta validada por él. Pero hacen falta mecanismos integradores, socializadores.

¿Qué concebir ante una realidad como la red, incluyente de todas las plataformas mediáticas y muchas veces desconcertante en su grandeza y alcance, pero que debemos aprovechar también para colaborar en el empeño de que la letra impresa perviva y venza crisis discursivas que, en rigor, más tienen que ver con las miserias del lenguaje y modos de expresión que con las omnipotentes nuevas tecnologías? Lejos de rechazar estas últimas, parece sabio asumirlas en beneficio de una relación que puede ser un acercamiento fructífero a los tiempos de ellos –los estudiantes- y nuestros –los profesores- y, sobre todo, una relación que trascienda las aulas y se convierta en labor extensionista con un profundo sentido de su rol de comunicación educativa.

Si partimos de que las nuevas tecnologías nos posibilitan crear desde sus estructuras y desde nuestros intereses, es justo reconocer que podemos construir otros sensoriums que aporten miradas de configuración colectiva, desarrolladora y de aprendizaje académico en un ciclo que completa al aula a partir de su concepto integrador de lo interior que se expande hacia el exterior.

Para esto sirve también, a nuestro juicio, un blog docente o edublog. Es una plaza que permite, ante la insuficiencia de espacio en las publicaciones tradicionales de papel, contar con un medio que socialice los trabajos de los estudiantes, de manera que tengan el fin público que caracteriza a las producciones periodísticas y el fin de comunicación educativa que debe vestir a los procesos docentes. Así, los trabajos que se entregan en las asignaturas correspondientes a los estilos y géneros periodísticos, trascienden la revisión del profesor, que deja de ser el único destinatario y juez, pues los materiales ahora están asequibles a un público que puede seleccionar, objetar, valorar, discernir o confraternizar acerca de la propuesta comunicativa que lee. 

Metodología

LA PRODUCCIÓN PERIODÍSTICA DE LOS ESTUDIANTES COMO PROYECTO EXTENSIONISTA EN LA RED: PROPUESTA DE COMUNICACIÓN EDUCATIVA, es un estudio cualitativo, de caso múltiple e inclusivo que abarca el espacio de la carrera de Periodismo, en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. El proceso investigativo comprende seis cursos académicos: 2006-2007, 2007-2008, 2008-2009, 2009-2010, 2010-2011 y 2011-2012, en el escenario de las materias de Periodismo Impreso, impartidas en el primer año de la carrera.

Se acerca la investigación al modelo educativo constructivista que perfila el conocimiento como una construcción del ser humano y se realiza a partir de los esquemas previos que ya posee. Según la pedagogía constructivista, el docente se conduce como intermediario, proveyendo de las herramientas precisas para que sea el estudiante quien cimiente su aprendizaje. Por tanto, es imprescindible la habilidad del docente para establecer los conocimientos del estudiante y posibilitar un espacio de libertad y correspondencia en el desarrollo educativo.

Esta investigación también se encuadra desde la comunicación educativa, en tanto privilegia los sentidos de desarrollo integral armónico de los estudiantes, a partir de potenciar sus habilidades, capacidades y valores. Si Carlos Marx (sf) destacó que “la verdadera riqueza espiritual del individuo depende íntegramente de las riquezas de sus verdaderas relaciones", éstas se fomentan y concretizan en el transcurso creativo de su comunicación con el resto de los actores sociales que tienen incidencia en él.

Si la comunicación en los centros docentes se ha distinguido en no pocas ocasiones por su ritmo y tempo autoritario, unidireccional y no participativo, hoy la comunicación profesor-estudiante requiere trascender la dinámica de transmisión de información y evaluación de una sola vía, para alcanzar los derroteros dinámicos y aportadores del diálogo, el concierto formativo y el comprometimiento de los alumnos en función de su preparación integral, tal como plantean autores como González (1995), Soto (sf) y Ojalvo (2002), al destacar la educación como proceso de interacción y desarrollo de orientaciones valorativas.

Y, especialmente, como define Leontiev (1985), al señalar que la comunicación educativa tiene tres significativos efectos en el transcurso de la enseñanza-aprendizaje: la creación de un clima psicológico que favorezca el aprendizaje; la optimización de la actividad de estudio; y las relaciones entre profesores y alumnos y en el colectivo de estudiantes.

La investigación fue posible a partir del reconocimiento de la profesora y sus estudiantes de la necesidad de un soporte mediático que les posibilitara publicar los trabajos en formatos cercanos a los de la prensa impresa tradicional.

La decisión de crear un edublog trajo como consecuencia el cambio de relaciones entre profesora y alumnos ante la entrega de sus trabajos finales de las asignaturas. Se pasó de exámenes en el aula o de conocimiento bilateral y sin retroalimentación colectiva, a trabajos concebidos con las dinámicas del periodismo real, y con una dimensión pública, de manera que se fomentara la evaluación colectiva y repercutiera en una comunicación verdaderamente educativa.   

Dados los resultados de esta experiencia pedagógica, demostrados durante seis cursos académicos y en permanente construcción, se considera que la investigación posee relevancia científica-social, transparencia y coherencia en los procederes teórico-metodológicos, y novedad en la temática abordada y las metodologías aplicadas. 

Objetivo de la investigación

Isla al Sur comenzó a publicarse en octubre de 2006, por lo que puede mostrar ya, modestamente, el trabajo de seis años de experiencias en un modelo que contribuye a la visibilidad docente extracurricular y de extensión de los trabajos prácticos de los estudiantes de Periodismo, en el área impresa, aunque es posible aplicarlo en cualquier materia y carrera, siempre adecuándolo a las características de las mismas y a los propósitos que delinee cada profesor. En síntesis, es un trabajo que busca la excelencia mediante el perfeccionamiento continuo, participante e integrador.

El presente trabajo, a partir de este modelo todavía en construcción que es Isla al Sur, tiene como objetivos fundamentales:

1.- Reflexionar sobre la conveniencia del trabajo extensionista, partiendo de propuestas del profesor, de manera que el proceso docente-formativo rebase los límites del aula y en el exterior promueva el debate y el crecimiento cognoscitivo de los estudiantes en una comunicación educativa fehaciente.

2.- Aprovechar los recursos que posibilitan las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones para legitimar la transversalidad de los diferentes soportes mediáticos y la capacidad de adaptación que debe imponerse para buscar vías integradoras de las materias que se imparten.

3.- Contribuir, partiendo de la experiencia práctica, a que los proyectos extensionistas no sean solo responsabilidad de las instancias universitarias a nivel macro, sino que sean posibles desde el aula, desde el profesor.

4.- Desarrollar propuestas que responsabilicen al docente y a los estudiantes en un proyecto participativo y creador; promotor del reconocimiento y autoreconocimiento ante la realización de cada tarea. 

Desarrollo

Isla al Sur, una experiencia de extensión (http://islalsur.blogia.com)

Desde que esta profesora decidió abrir su puerta personal hacia el ciberespacio -a la que llama Isla al Sur en evocación perpetua a esta tierra imperfecta y querida en la que vive-, de vez en cuando los desvelos la acosan y las madrugadas se extienden insertando este o aquel material, imaginando la alegría de los estudiantes cuando abran la página y estén ahí sus trabajos periodísticos, escritos con tinta joven, con visiones del hoy y el ahora cubanos. Pero ha de ser sincera: ningún dolor de cabeza ha sido tan fuerte como para menguar sus satisfacciones como docente.

Y de eso precisamente se trata. De transmitir, con la modestia de un sueño que crece, sus experiencias como bloguera desde octubre del 2006. Su público-meta posee características muy particulares: es emisor y destinatario. Son los futuros periodistas que a la vuelta de cinco escasos años estarán en los medios de comunicación como hacedores de noticias. Pero son, ya desde el primer curso académico de la carrera de Periodismo de la Facultad de Comunicación, entes constructores de ellas en un proceso de formación, preparación y superación permanentes.

Y son, es lo fundamental, principales protagonistas del blog, sus reporteros, los encargados de que esa página permanezca en la red con materiales de actualidad informativa, interpretativa y opinática. Isla al Sur es "su" periódico.

El blog valida el concepto de taller extramuros y a él se puede acceder en cualquier momento para tomar experiencias ajenas y compararlas con las propias, y para también decidir ser parte de un proyecto común e integrador de las materias. En este caso, tributan todas las de Periodismo Impreso, más Agencias, Redacción, Fotografía y las que abordan especialmente aspectos teóricos. A ello suma otros trabajos propuestos desde los saberes e intereses particulares de sus autores que son los estudiantes, sus profesores, periodistas, en una amplia lista de registros.

Y ratifica, por sobre todo, la propuesta de comunicación educativa, que “favorece el aprendizaje, optimiza el intercambio y recreación de los significados, además de contribuir al desarrollo de la personalidad de los participantes”, tal y como apuntan Villalonga y González (sf). 

La experiencia no tiene límites para ningún profesor de cualquier carrera. O, al menos, no deben ser límites infranqueables. Requiere, sí, de adecuaciones a las materias que se imparten. Contar con una página académica permite al docente realizar una gestión comunicativa de doble vía con los estudiantes, en tanto se produce una retroalimentación desde lo interno (el aula) y desde lo externo (el blog); encauza a los jóvenes hacia la lectura actualizada, pues ahí están sus experiencias y las de sus compañeros y ellos quieren medirse, compararse, ser entes competitivos y capaces. Se convierte el espacio en una tribuna de ideas para nuevas creaciones, y contribuye a formar y consolidar en los jóvenes el sentido de identidad y responsabilidad como autores que publicitan sus trabajos y de ellos dan cuenta cierta como fuente generadora.

A todo lo anterior se suma que ayuda a la contextualización de lo que, en la materia que se imparte, están abordando, profundizando, construyendo, el resto de los compañeros. Este último aspecto nos parece muy interesante como canalizador de reflexiones en un proyecto abierto, colaborativo y desarrollador, en el que el conocimiento se cimienta ininterrumpidamente. Es un espacio de punto de partida para el debate.

En la tarea es vital el rol del profesor como mediador en el proceso de comunicación, expansión, socialización y construcción del conocimiento en los estudiantes. Él es un punto de equilibrio, una mirada madura, aguda y estratégica en el progreso docente. En este aspecto, además, es necesario que el profesor valide su condición de autor en las mismas materias de las que pide excelencia a sus estudiantes.

Así, el docente no solo adquiere mayor relevancia profesional ante su alumnado, sino también, se convierte en un modelo referencial para los futuros periodistas. Es, además, un reconocimiento para los estudiantes, pues pueden compartir un espacio en que todos tendrán un objetivo común: la calidad de las propuestas, el sentido de responsabilidad, pertenencia y ética, y la confiabilidad de lo que se expone, garante de credibilidad.

Todo puede sintetizarse en un aprendizaje desarrollador que transita entre lo individual y lo colectivo o, en su máxima expresión: aprendizaje colaborativo, directo y emprendedor. Un laboratorio en la red pública que privilegia la flexibilidad, la actualización, la revisión permanente y la construcción del conocimiento desde lo personal a lo social e integrador.  
Pero el blog docente tiene aún un mayor alcance en el tiempo: es una base de textos teóricos y prácticos de actualidad para los alumnos que inician la carrera, cual especie de bibliografía realizada por jóvenes de su misma edad, igual experiencia, similar preparación cultural. Ellos en ese contexto pueden encontrar los trabajos que realizaron quienes les antecedieron y, por tanto, promueve la sana competencia de querer ser mejores porque ya saben de qué bases parten.

El blog, entonces, propone un cambio de paradigma en la enseñanza de los géneros periodísticos. Es decir, un cambio que se sostiene en más entrega de productos comunicativos que serán publicados, lo cual debe suponer para el estudiante una mayor responsabilidad, y contribuye a consolidar en él, desde la Academia, los valores éticos y profesionales del periodismo.

Conclusiones

Aprender aprendiendo

La doctora Marilyn Ferguson expresaba que en la educación transpersonal se incita al aprendiz a que se mantenga despierto y autónomo, a que cuestione y explore todos los rincones y rendijas de la experiencia consciente, a que indague el sentido de todo, a que pruebe los límites de lo externo y compruebe las fronteras y profundidades de su propio ser (1985).

Bajo esa mirada, el alumno de Periodismo debe ser consciente, desde el primer año, del cómo aprender, del cómo expresar y del cómo construir mensajes que serán información pública; es decir, reconocer las razones de este aprendizaje y diferenciarlo de cualquier otro, y distinguir las habilidades que está adquiriendo como futuro periodista, investido ya de la máxima responsabilidad social en la medida en que los destinatarios aprueban la veracidad y honestidad profesional de sus mensajes.

Aprender aprendiendo desde la comunicación educativa, ese es el modelo de formación integral que más se adecua a las exigencias docentes de la investigadora. Un modelo que plantea cambios de actitud tanto en los estudiantes como en los docentes, pues estos últimos pasan de ser dueños absolutos de la verdad constituida, a “escuchar”, interpretar y asumir lo que pasa por los ojos, las mentes y las vivencias de los alumnos, construyendo ambos nuevos horizontes en el hacer de la profesión. Es un paradigma constructivista.

En el blog se sintetiza la posibilidad de irse transformando y de crecer mutuamente en la medida que de ambas partes se asumen procesos creativos y espontáneos que ubican la docencia no desde la división que presupone al maestro y su experiencia frente al alumno y su afán de aprender, sino que es el escenario donde confluyen todos a mostrar y demostrar sus capacidades y las maneras de dar solución a cada encomienda.

Y aún más, el edublog privilegia la concepción de taller extramuros, cual laboratorio en la red pública que se distingue por la flexibilidad, la actualización, la revisión permanente y la construcción del conocimiento desde lo personal a lo social e integrador.  

Quienes deseen dar una mirada a Isla al Sur, podrán encontrar trabajos que hablan de temas tan variados que, de algún modo, van de lo humano a lo divino, de lo divino a lo humano. Es una mirada a la sociedad, a la trama que les concierne, con la frescura de los 18 años y la valentía de quienes asumen la vida desde todo lo posible.

Como ejemplos de este quehacer, en seis años de creado en el blog tienen espacio varios libros de entrevistas que como examen final del género realizaron los estudiantes de varios cursos. El primero data del aniversario 280 de la Universidad de La Habana. Con él se propuso demostrar que desde la Academia se puede ser realizador de productos comunicativos que tengan incidencia en el área que nos desenvolvemos, que tributen a ella de una manera que perdure en el tiempo. Es así que se realizaron más de 120 entrevistas a profesores, investigadores y trabajadores destacadísimos de la casa de altos estudios, algunos, incluso, con una trayectoria que trasciende los límites nacionales y, sin embargo, poco divulgados por la prensa tradicional. Así surgió el texto Nosotros, los del 280.

Después se concibió Premios Nacionales de Periodismo, tras la necesidad de agrupar en un cuerpo único a todos los periodistas cubanos que por la obra de la vida han sido merecedores de la más alta distinción que otorga su organización gremial; es un homenaje de quienes se forman a sus maestros. El otro ejemplo es Rostros del Varona, concebido en el aniversario 45 de la fundación del instituto pedagógico cubano paradigma y que agrupa a casi 100 docentes e investigadores de valía.

A estas acciones concretas se añade la compilación de nueve cuadernos teóricos-prácticos, fruto de los trabajos de investigación que deben realizar en cada período docente. En ellos se resume una amplia bibliografía, un material de referencia útil para quienes les suceden y para quienes realizan sus tesis de licenciatura, pues no solo dan cuenta de textos tradicionalmente consultados, sino también que se registran las voces de los periodistas cubanos que hoy desde las salas de redacción se preocupan por los fundamentos teóricos.

El blog igualmente reserva un espacio para los colegas. En él da cuenta del trabajo profesional, además de sus saberes teóricos, aficiones, de sus libros... Un espacio para mirarlos en su dimensión humana. También se han sumado a la publicación varios periodistas, quienes, incluso, envían sus trabajos desde el exterior, y para quienes fue necesario crear el temario Cortesía para Isla al Sur.

También en ese hacer de comunicación educativa y extensionista, Isla al Sur ha servido como fuente de trabajos para varias publicaciones que replican temas de su interés y perfiles. En particular, Cubaperiodistas, la web de la Unión de Periodistas de Cuba, reprodujo el libro Premios Nacionales de Periodismo. 

Producir y socializar desde la Academia

El blog docente Isla al Sur ha juntado y hecho posibles durante estos seis cursos varios proyectos creativos concebidos bilateralmente entre la profesora y sus alumnos. Ha demostrado que desde la formación universitaria, también se pueden fraguar productos comunicativos con incidencias en las áreas donde se ejecutan y que retribuyen en un valor social indudable.  

A continuación quedan expuestos los resultados más significativos:

--El edublog Isla al Sur es una herramienta docente que ha permitido publicar decenas de trabajos de los estudiantes de Periodismo, y de los diplomados que para la especialidad ofrece la Unión de Periodistas de Cuba y el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, tanto en Ciudad de La Habana como en diversas provincias.

--Al proyecto se han unido estudiantes de años superiores de la carrera y otros de Comunicación Social, así como alumnos de cuatro sedes universitarias municipales, quienes han participado con sus trabajos de examen en la asignatura de Fundamentos del Periodismo, con artículos de diversas temáticas.

--El espacio sitúa en la red cuatro libros producidos como examen final de los estudiantes en la materia que concierne a la entrevista periodística. Ellos son: Nosotros, los del 280, Premios Nacionales de Periodismo, Rostros del Varona y Entre colegas.

--También publica el libro Cuba Curiosa, a partir de notas informativas realizadas como examen final y que dan cuenta de aspectos pocos conocidos y muy particulares de la Isla.

--En on-line están disponibles nueve cuadernos teóricos-prácticos, fruto de los trabajos de investigación de los estudiantes en las asignaturas que comprende el periodismo impreso: Recorrido histórico del periodismo, La entrevista periodística, Notas interpretativas, El reportaje interpretativo, Objetividad e Imparcialidad, Cuestiones del periodismo, La información periodística, Periodismo Retrospectivo y Acercamiento a la noticia. 

--El blog es una base de trabajos para los medios de prensa, que pueden publicarlos tanto en su edición en papel como digital.

--En el 2010 recibió el Premio Zaparico,  destinado a blogs o páginas web que se destacan por su forma y contenido. Se otorgan cinco premios anuales.

--En 2011 recibió Premio Relevante de la Universidad de La Habana y se le consideró innovación.

--También fue Premio Relevante del Ministerio de Educación Superior y participó la ponencia en Universidad 2012.

--Como espacio extensionista, vale destacar que el blog recibe más de seis mil visitas mensuales. Según reportes recientes ofrecidos por Google Analytics, los países con más índices de entrada son México, España, Colombia, Venezuela, Argentina, Perú, Cuba, Chile, Estados Unidos y Ecuador. Las ciudades con más accesos son La Habana, Lima, Caracas, Bogotá, Ciudad de México, Madrid, Santiago de Chile, Buenos Aires, Quito y Barcelona.

Recomendaciones

--La labor extensionista desde las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones no pueden ser asumidas con miradas estrechas y marginadas a los modos mediáticos tradicionales. Ellas deben ser objeto de una reapropiación por parte de cada disciplina, de manera que sean aprovechados sus mejores y más convenientes aportes para cada interés específico de profesores y alumnos, inmersos en procesos integradores y desarrolladores de comunicación educativa.

--Los jóvenes poseen hoy otros modos de comunicación y memoria colectiva; es preciso, entonces, que las universidades destaquen su rol de laboratorios de nuevas experiencias, de otras vías y métodos para la docencia y el aprendizaje, acordes con los apremios de un estudiantado que se reconforma en la medida que se transforma su entorno, y constituyen ellos la continuidad de sus predecesores.

--Hoy los nuevos retos de las universidades están también en involucrarse en la comprensión de una sociedad que es cada vez más heterogénea y diversa, y debe formar a un profesional capaz de insertase a ella desde el conocimiento profundo e incluyente.

--Internet es un medio que vehicula los intereses como docentes. Por eso hoy es necesario emplearlo también en la labor expansiva del conocimiento fuera de las paredes del aula.

--Formar adecuadamente a los estudiantes constituye parte del deber ser como docentes de una profesión eminentemente ideológica. La confrontación colectiva de sus mensajes contribuirá a su cultura del debate, a su ética, a su honestidad intelectual desde los espacios de la Academia.

--Los modelos pedagógicos hace mucho tiempo traspasaron la linealidad del profesor como gurú del conocimiento. Hoy se imponen vías de retroalimentación, bilaterales, multilaterales, en espacios socializadores del conocimiento para llevarlo desde la individualidad, a la sabiduría colectiva y plural. El empleo de los edublogs contribuye a una pedagogía constructivista y a una comunicación educativa realmente efectivas.

Bibliografía

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CAMBIA LA TECNOLOGÍA: ¿CAMBIAMOS NOSOTROS?

CAMBIA LA TECNOLOGÍA: ¿CAMBIAMOS NOSOTROS?

Internet, como ninguna otra invención moderna, nos pone ante la terrible paradoja de nuestro tiempo: el desarrollo científico vuela, mientras la sociedad sigue viviendo su prehistoria humana. El gran reto de Internet no es tecnológico, sino político y filosófico. Una cuestión ética.

Lic. ROSA MIRIAM ELIZALDE,
Editora de Cubadebate.
Intervención en el Festival de la Prensa Escrita, 2002.

Internet despierta el estupor y la adoración, según la perspectiva desde la cual se mire, como lo hicieron en los sublimes años 60 la generación de Bob Dylan. «Acepto el caos, pero no estoy seguro de que el caos me acepte a mí», alerta una de sus canciones y esta frase, hija del asombro frente a un mundo que no se comprende —y que no nos comprende—, es una síntesis magnífica de la relación que se establece entre el ser humano y la red, la niña mimada de lo que se ha dado en llamar las nuevas tecnologías.
 
Demasiado se teoriza, sí, y hay quien se adelanta a la ciencia-ficción y nos dice que en cualquier momento la máquina nos apaga a nosotros, como ironiza Joseph Weizembaum, un sociólogo norteamericano experto en estas lides [1]. Alrededor de las nuevas tecnologías gravita una literatura de tipo milenarista que en lugar de brujas parlotea acerca de los chips, con la misma perspectiva cultural con la que hace 500 años se hablaba de hechicerías. Que tengamos en la boca permanentemente a Internet no significa que seamos modernos. Muchas veces, detrás de la manera en que se populariza esa herramienta todopoderosa en el ámbito de las comunicaciones y los negocios, lo que en realidad se está transmitiendo es un pensamiento conservador y refractario de esa nueva tecnología.
 
De hecho, la primera actitud de los profesionales de la prensa ante la digitalización —y no solo en Cuba— ha sido la de establecer una postura defensiva: tienen conciencia de una cierta marginación en un ámbito que, al principio, parecía exclusivo de especialistas de la computación y de adolescentes noctámbulos, sospechosos de ejercer la piratería informática. ¿Qué ha cambiado, en realidad? Mucho y nada.
 
Mucho, porque ha aparecido un canal que inaugura una modalidad comunicativa totalmente inédita: la interactividad. Se funden el  lector, el oyente, el televidente y, además, cada uno de ellos, en un mismo cuerpo, es también un ser «replicante». Es decir, la máquina permite que se complete todo el ciclo de la comunicación oral, escrita y visual a veces en fracciones de segundos. Por supuesto, se ha producido ante nuestras narices y en muy poco tiempo una verdadera revolución que amenaza con cambiar muchas cosas.

Pero poco ha cambiado, si lo miramos desde otro ámbito. Ernest Hemingway, por ejemplo, es un hombre de la Internet, a pesar de que murió en un año en que todavía nadie soñaba con ella. Cuando tiraba la máquina de escribir por la ventana del Toronto Star, porque un título se le resistía y vociferaba: «no quiero adjetivos, sino verbos; quiero hechos», nos estaba dictando la regla número uno del lenguaje en Internet, donde lo más importante no es la extensión, sino la profundidad, y donde el periodista tiene el mismo rol que en la era de Gütenberg: mediar entre el acontecimiento y otros seres humanos, entre la verdad y su espejo, entre la razón y la acción.
 
Lo que quiero decirles es, sencillamente, que estamos ante una disyuntiva similar a la que vivieron nuestros antepasados cuando apareció la rueda, la imprenta, la máquina de vapor o el avión... Estamos ante el dilema de la relación, a veces incestuosa, del hombre y la máquina, de quién domina a quién, pero sobre todo, ante el dilema de la creatividad y de la información.  ¿Para qué nos sirve? ¿Cómo la usamos? ¿Basta con tener una página en Internet? ¿Internet es solo Web? ¿Quién nos asegura que podamos tener un diálogo con otros? ¿Conocemos el universo de nuestros potenciales receptores? ¿Nos hemos puesto a pensar en lo que significa la palabra red? ¿Son computadoras que se enlazan para felicidad de las arcas de la Microsoft, o son seres humanos que intentan darse la mano con otros, que buscan voces y experiencias humanas?
 
El ser humano es lo único que verdaderamente importa, e incluyo en esta consideración a los fabricantes del soporte tecnológico que miran el futuro al ritmo de sus ganancias. El ser humano importa, porque la Internet no es una cosa gigantesca y anárquica, como mucha gente imagina. No es un diálogo de algoritmos. Ni una mera base de datos de contenidos, por más extraordinaria que sea.

Internet son millones y millones de nichos verticales que se suman debajo de ese sombrero, y que pueden hablar entre sí, que dialogan cotidianamente, de manera individual o por grupos. Internet es la primera gran herramienta igualitarista que permite que una empresa grande (una multinacional) pueda parecer pequeña, en tanto que una minúscula semeja a un gigante, y que un medio local se convierte en global, y viceversa. La Internet hay que verla como lo que es: un canal para construir comunidades —de personas en torno a intereses— y de serles útiles; una herramienta que es fruto de un contexto competitivo y que en un 80 por ciento se dirige, no al corazón del ser humano, sino a su víscera más rentable: el bolsillo.
 
Por eso, este canal se transforma a una velocidad vertiginosa —cada 18 meses aparece un producto nuevo— y hace rato dejó de ser solo computadoras conectadas entre sí y mensajería electrónica, para instalarse en casi cualquier objeto que facilite el servicio a una comunidad: un teléfono celular, una terminal de aeropuerto, el quirófano de un hospital, un lapicero... Estamos a las puertas de una Internet sin cables ni fibras: todo a través de ondas hertzianas. Se estima que en el 2004 los usuarios en el mundo de la tecnología de datos inalámbrica sumen 13 000 millones, frente a los 170 millones que la utilizaban en el año 2000.  Pero «la forma de las cosas que vendrán» —parodiando el título de un libro de Eliseo Diego—, no es algo que se decide en un laboratorio, sino en la práctica de la comunicación. Lo deciden las personas. Lo decide el usuario. 

EL USUARIO

Empleo con total responsabilidad la palabra usuario —el sacrosanto target de los analistas de la red—, porque no se trata de un receptor cualquiera, sino de alguien que además de recibir un mensaje y replicarlo, lo usa. Las empresas del mundo digital saben muy bien que Internet, como medio de comunicación, no se guía por la lógica de la radiodifusión para las masas. En el mundo de la Net, los mismos usuarios pueden difundir y son ellos quienes estimulan la aparición de la información que quieren.

Por eso, las empresas de la economía y de la comunicación que han descubierto el gran filón de Internet, antes de gastar un centavo en tecnologías, contratan a expertos en marketing para que estudien el terreno: piensan todo el tiempo, obsesivamente, en la relación con los clientes, y solo se aventuran en productos y servicios que satisfagan necesidades del usuario de Internet, que no es cualquier usuario —el 61 por ciento cuenta con tarjetas de crédito.  El razonamiento es simple: quien puede pagar, manda.
 
Tras esta lógica aparece el concepto de «personalización de masas»: un público masivo, para un producto no masivo, sino personalizado. Esto es muy importante para nosotros, porque estamos habituados a hablarles a todos por igual, a multitudes, sin diferenciar el lenguaje para unos y otros. Ahora mismo está ocurriendo algo sin precedentes: las empresas del mundo digital abordan a las «masas», a la población, de un modo nuevo: se responde a las demandas de información específicas de cada usuario en particular. Es un modelo que tienden por definición a eliminar los referentes comunes, a individualizar, a dirigir el mensaje por perfiles: demográficos, profesionales, culturales, económicos.

Las empresas encaran a la Internet como si fuera clientocéntrica, como un mercado de mercados personales —el mercado de cada uno. Por supuesto, sacándole todo el partido posible a lo que ha sido la regla de oro de la publicidad: la síntesis gráfica. La razón es muy sencilla: en Internet el tiempo vale dinero. La gente mira —le bastan siete segundos—, y si lo que ve no es digno de atención, le quedan todavía 800 millones de páginas por explorar. ¿Adónde emigrará? Allí adonde sienta que le hablan mirándole directamente a los ojos.
 
Por eso, la frase más conocida en la red —atribuida a Picasso— es «Yo no busco, encuentro». El encuentro es, por así decirlo, anterior a la búsqueda: no hay más que conectarse a la Internet y cualquier «home» o portada que incorpore por defecto el navegador ya nos ofrece infinidad de «bits» de información que, muy posiblemente, no nos interesen en absoluto… ¿Qué decide? La creatividad, que en Internet supone un distanciamiento de la manera en que hasta ahora hemos concebido la comunicación. En vez de decirnos constantemente «tenemos una verdad que todo el mundo está esperando», respondámonos una pregunta muy sencilla: ¿qué podemos hacer para satisfacer una necesidad, para ofrecer una solución a un grupo concreto y para ayudar a reducir esa intoxicación por sobredosis de información que es el mayor enemigo del navegante de la red?
 
Visibilidad no es solo presencia en las arañas digitales de la Red, como a veces se piensa. Visibilidad es responder otra pregunta clave: ¿Por qué nos seleccionarían a nosotros entre 800 millones de páginas registradas en los buscadores? ¿Por qué nos leerían a nosotros entre seis billones de caracteres de texto? (Para tener una idea de lo que esta cifra significa, baste decir que la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, con sus 856 kilómetros de estanterías posee 20 billones de caracteres.)
 
El obstáculo técnico cada vez será menor, aunque en nuestra cotidianidad —muchas veces lidiando con la Robotron— esto nos parezca un delirio futurista. Buscar información, filtrarla, contrastarla, editarla y publicarla de acuerdo con su relevancia, oportunidad e interés, era hasta ayer una facultad única de nuestra profesión. Ya esto no permanece en el terreno exclusivo de los comunicadores. Cualquiera puede hacerlo y en la práctica cada día las herramientas se adaptan más y mejor a las exigencias de los usuarios de la Internet, cualesquiera que estos sean. Se pueden encontrar en la red espacios para que una persona diseñe sin costo alguno su página personal, hasta plataformas de Content Manager System (Manager de Administración Remota), a precios millonarios, que pueden personalizarse e incorporar todas las novedades de la red. Y que funcionan con la simplicidad y la eficacia de una diligente secretaria. [2]
 
Uno de los mayores atractivos de Internet es su capacidad para asimilar casi cualquier proyecto de comunicación y diálogo, y esto obliga a un permanente cambio, a la superación inmediata. La novedad cuenta. Las nuevas ideas deciden. Según un estudio reciente realizado por el Departamento de Investigación Económica de Estados Unidos, el ritmo de aparición de nuevas ideas en la Humanidad ha crecido de forma excepcional en los últimos cinco años. Hace 25 mil años, eran necesarias varias décadas para que surgiese y se aplicase una sola idea que fuese capaz de hacer progresar a la humanidad, mientras que en el siglo XIX, con el comienzo de la Revolución industrial, el progreso se aceleró notablemente hasta la media de 3 840 ideas innovadoras al año. La media de ideas en lo que va de siglo XXI fue de unas 110  000 al año, básicamente asociadas a las llamadas nuevas tecnologías.
 
Todo el mundo apuesta a que Internet ayude a incrementar estas estadísticas a un ritmo vertiginoso. El tiempo cuenta y el éxito aquí nunca llega tras la improvisación o el azar. La Red es lógica, método y esfuerzo, aunque desde afuera pueda parecernos anárquica y una invitación al caos cantado por Bob Dylan.  En el océano del mundo virtual, al anarquista nadie lo ve, como no se distingue una ola de otra en un mar encrespado. Prácticamente en todos los foros internacionales relacionados con la Red, se ratifica el concepto de que la comunicación es un hecho histórico y cultural, que puede ser construido. Si usted no lo intenta, no se preocupe: otros lo harán. Cada día se registran en Internet 10 000 nuevos sitios.
 
El caso Google es paradigmático, un clásico de la importancia de llevar a la práctica conceptos y no dejarse deslumbrar (o amilanar)  por la técnica. Dos estudiantes de la Universidad de Standford, Segey Brin (23 años) y Larry Page (24) crearon un sistema de búsqueda casi perfecto, después de estudiar las virtudes y los defectos de todos los buscadores que existían en la red en 1997. Le llamaron Google, por la palabra que en inglés significa «10 elevado a 100». La primera gran diferencia con respecto a los demás buscadores estaba en el diseño: una pequeña ventana, con una gran economía de recursos y ninguna publicidad. En poco menos de un año, el proyecto  terminó convertido en el buscador número uno de la red, con más de 25 000 000 de páginas registradas y ganancias millonarias. Detrás de Google solo hubo una máquina convencional y dos talentosos estudiantes. Hoy tiene una plantilla de ocho personas.
 
NADA HUMANO ME ES AJENO
 
La información solo nos hace más sabios y más sensatos si nos acerca a los humanos. Pero con la posibilidad de acceder a todos los documentos que necesitamos, aumenta el riesgo de la deshumanización. Y de la ignorancia. La clave de la cultura ya no reside en la experiencia y el saber, sino en la aptitud para buscar la información a través de los múltiples canales y yacimientos que ofrece Internet.
 
Se puede ignorar el mundo, no saber en qué universo social, económico y político se vive, y disponer de toda la información posible. La comunicación deja así de ser una forma de comunión. «¿Cómo no lamentar el fin de la comunicación real, directa, de persona a persona?» —se dolía José Saramago. Pronto sentiremos nostalgia de la antigua biblioteca; salir de casa, hacer el trayecto, entrar, saludar, sentarse, pedir un libro, tenerlo entre las manos, sentir el trabajo del impresor, del encuadernador, percibir las huellas de los lectores precedentes, sus manos, palpar los signos de una humanidad que ha paseado su vida por ellas, de generación en generación.» [3] Y en otro memorable ensayo advertía: «No nos olvidemos nunca los escritores —y los periodistas, claro—que sobre el papel en blanco se puede hasta llorar. Pero nunca sobre la pantalla de una computadora.»
 
Internet, como ninguna otra invención moderna, nos pone ante la terrible paradoja de nuestros tiempos: el desarrollo científico vuela, mientras la sociedad sigue viviendo su prehistoria humana. El gran reto de Internet no es tecnológico, sino político y filosófico. Una cuestión ética.
 
Siempre habrá fanáticos del entusiasmo que nos dirán que alcanzamos la ribera de la comunicación total. Mentira. Solo el 10 por ciento de los pobladores del planeta tiene acceso a la computadora [4]. Siempre habrá apocalípticos, pesimistas profesionales, que mirarán la Internet como un engendro diabólico. Démosle su justo lugar a la Red: No es ni una cosa ni la otra. Eso sí, Internet es una esperanza. Internet es en estos momentos la vía más expedita para entablar puentes con las redes sociales que han tejido su propio entramado en la telaraña electrónica, y para catapultar nuestra verdad por encima de los muros de silencio que ha impuesto el pensamiento imperial a todo aquello que se le resista.
 
Y esto es posible, además, por otro elemento del cual no hemos hablado: en la Red no cabe la censura. Se puede vigilar, pero no se puede impedir que alguien navegue por donde quiera en Internet desde un país cualquiera y mande mensajes electrónicos o los deje en páginas Web. No hay manera de impedir que se publique lo que quiera por Internet, salvo que se corten todas las comunicaciones con el exterior. Pero, incluso si se recurre a una medida tan drástica, sería insuficiente con la telefonía móvil, que permite la navegación desde los celulares con una tecnología, la WAP, que se ha desarrollado en muy poco tiempo a un ritmo mucho más acelerado que el llamado protocolo IP (la forma de comunicación básica de la red).
 
Finalmente, aparece Cuba en el horizonte de la posibilidad de una Internet  solidaria.  Su proyecto tiene mucho más que aportarle a la Red, que lo que nosotros mismos hemos sabido ofrecerle. Quiero repetir algo que ya dije en este mismo lugar, cuando inauguramos el sitio Antiterroristas.cu: contrariamente a lo que afirman los ingenuos (todos lo somos alguna vez), no basta decir la verdad. La verdad sirve muy poco en el trato con las personas si no es verosímil, y tal vez debiera ser esa su cualidad principal. La verdad es apenas la mitad del camino, la otra mitad es la credibilidad.  En el caso de Internet, donde las reglas para la comunicación no difieren esencialmente de los medios tradicionales, la credibilidad pasa por la aplicación de esas normas en el contexto de la interactividad. Hay que tener muy claro que se puede estar en la Red y existir solo para quienes diseñan y administran la página Web.
 
Antiterroristas.cu y el periódico Vanguardia, de Villa Clara, con su manager de administración creado por estudiantes de la Universidad de Las Villas, prueban que este país puede dialogar, tecnológicamente hablando, con lo más avanzado que se produce hoy para navegar cómodamente en Internet. El Quipus News de los Chasqui es un trasatlántico, un insumergible, y hay talento suficiente en nuestras universidades para hacernos de una flota poderosa y resistente, tan buena o mejor que la que cualquier transnacional pueda proponernos. Conviviendo con la edad de piedra de la comunicación, el futuro de Internet, desde el punto de vista técnico, ya está entre nosotros. El reto sigue siendo el mismo que con la máquina de escribir y la pluma de ganso: comunicar.
 
No es el trasatlántico lo que hace falta, son los navegantes. El desafío está en la marinería y en los timoneles de los barcos. El desafío está en conocer el mar y adivinar sus tormentas, en comunicarnos con esa Torre de Babel que es el mundo y descubrir y enlazar nuevas islas, en rescatar al náufrago y mover, si es preciso, nuestra propia tierra para hacerla navegar mar adentro. El desafío somos nosotros.
 
Citas:

1. Joseph Weizembaum en «Usos y Abusos de la Internet».

2. El problema fundamental no es ni será el acceso a la tecnología digital. Para que se tenga una idea de cómo van las cosas, un estudio de la Universidad de Stanford da cuenta que para llegar a los 50 millones de usuarios, la radio demoró 38 años; la televisión, 14, e Internet, solo 4 años.

3. José Saramago: ¿Para qué sirve la comunicación?

4. DATOS ESTADÍSTICOS DE USUARIOS DE INTERNET EN EL MUNDO:

--Población Mundial: 6 267 262 700

--Usuarios Internet (Dic/2000): 360 942 100

--Usuarios de Internet (15 de julio del 2002): 590 103 094

--Crecimiento de Dic/2000 a Jul/2002: 63.5 %

--Los usuarios pasan un promedio de 10.4 horas en línea semanalmente

--El 76 por ciento accede a Internet desde su casa

--El 13 por ciento se conecta con dispositivos inalámbricos

--La edad promedio del usuario es de 27 años

--El 67 por ciento tiene entre 18 y 34 años, y son mayoritariamente estudiantes y profesionales

--El 78 por ciento pertenece al género masculino

--El 61 por ciento dispone de tarjetas de crédito


 

LAS TICS Y EL REAJUSTE DE LA CULTURA TECNOLÓGICA

LAS TICS Y EL REAJUSTE DE LA CULTURA TECNOLÓGICA

Lic. EDDA DIZ GARCÉS,
Subdirectora del semanario Trabajadores.

La llegada de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) y su “buque insignia”, Internet, han hecho repensar muchas reglas, particularmente en el ambiente de la comunicación pública y sus paradigmas tradicionales.

No es esta una realidad exenta de controversias, alarmas y euforias, pero tanto la actitud tecnófila como la tecnófoba son erróneas y deterministas, pues  Internet (1),  ni constituye un remedio para todos los males ni representa un peligro para la civilización.

El inicio de la “lucha contra las máquinas" puede situarse entre mediados y finales del siglo XVIII en la Inglaterra sacudida por grandes inventos, descubrimientos e innovaciones que dan lugar a la Revolución Industrial.

Aunque estas acciones no eran simplemente un rechazo de los obreros contra el progreso técnico (2), sino contra aquello que amenazaba su estabilidad laboral, el “maquinismo” pudiera considerarse la primera manifestación de tecnofobia, una de las expresiones del determinismo tecnológico, concepto que se instaló con mucha fuerza en la ideología del sistema capitalista, a partir de las corrientes positivistas y utilitaristas que se originaron en los países más avanzados durante el siglo XIX, atribuyéndole un efecto omnímodo sobre el conjunto de la sociedad.

La perspectiva del determinismo tecnológico se caracteriza por considerar la relación entre tecnología (3) y sociedad como unidireccional, mientras que la evolución de la sociedad en sus aspectos económicos, políticos o culturales es consecuencia del desarrollo tecnológico (por lo que está determinada por él),  la tecnología sigue un curso particular de acuerdo con sus propias leyes.

Esa tendencia que se ha extendido hasta la actualidad y parece vivir su máximo esplendor en torno a las tecnologías de la información y la comunicación, ha suscitado importantes contribuciones teóricas desde la tradición marxista, conformando un pensamiento crítico sobre el papel de la tecnología en la sociedad.

Partiendo de una reflexión sobre el desarrollo técnico, los miembros de la Escuela de Frankfurt (4) comienzan a sentar las bases de ese pensamiento crítico sobre la técnica como sistema de dominación. Estos pensadores fundan la “Teoría Critica”, desde la cual no sólo interpretaron los problemas de la mercantilización de la cultura y el arte en su fase de reproducción técnica, industrial y comercial, sino que estaba orientada a un cambio radical de la sociedad.

Los frankfurtianos hacen una crítica a la razón instrumental, a la civilización técnica y a la cultura del sistema capitalista, que denominan “industria cultural”, concepto que exponen y desarrollan Adorno y Horkheimer en Dialéctica de la Ilustración (1947).

Los trabajos de estos autores vivieron una reactualización en los años sesenta a través de Herbert Marcuse. Su obra El Hombre  Unidimensional, escrita en 1964,  constituye una crítica a la cultura y la civilización burguesas, a una sociedad tecnológica considerada totalitaria, en la que las vidas de las personas son completamente determinadas y organizadas por los fines del consumo y la tecnología, sin posibilidad de oponerse.

A pesar de adoptar posiciones elitistas y de su visión pesimista sobre las fuerzas que el hombre posee para enfrentar los mecanismos de dominación, es indiscutible la huella que ha dejado la Teoría Crítica en los enfoques posteriores, y como ha argumentado Vidal (2006:52), hoy nos sirven para comprender muchos de los procesos vinculados al desarrollo de la industria cultural, al impacto social de las TICs, y al actual predominio del mercado (de la razón instrumental).

La escuela de Birmingham inaugura los estudios culturales ingleses en los años sesenta, que comenzaron y se desarrollaron en la crítica a ciertas formas de reduccionismo y economicismo, y contra el determinismo tecnológico.

Raymond Williams, uno de los padres fundadores de los Cultural Studies británicos, se enfrenta al determinismo económico del marxismo autoritario y también al determinismo tecnológico del funcionalismo. Él concibe la tecnología como una mediación práctica entre instituciones y sociedad, y abre un espacio a la reformulación de las relaciones entre tecnología y sociedad, que en la actualidad, y desde los años 60, se abordan mediante una perspectiva interdisciplinaria conocida como Estudios sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS), de carácter crítico respecto a la tradicional imagen esencialista de la ciencia y la tecnología.

En los CTS es frecuente encontrar actitudes muy variadas hacia el marxismo, desde su aceptación hasta su rechazo o ignorancia. Una de las voces más autorizadas en Cuba en este campo, Jorge Núñez Jover (1999), nos recuerda que, sin embargo: “Muchos coinciden (…) en que dentro de sus estudios orientados a la elaboración de una teoría crítica del capitalismo, Marx comprendió claramente la relación de la ciencia y la tecnología con los procesos de acumulación y la influencia decisiva que los rasgos de la formación económico social capitalista ejercen sobre el desarrollo científico técnico. Con ello, Marx, y con él lo mejor de la tradición que le continúa, están indisolublemente vinculados al enfoque social de la ciencia y la tecnología”.

La preocupación por los efectos de la tecnología en la vida social no es nueva. Desde tiempos muy antiguos aparece ante cada innovación o invento, y ha conducido en nuestra época a los estudios de “impacto” social de la tecnología, que en muchos casos resaltan la confrontación tecnología-cultura y entienden que la primera transforma, debilita y puede llegar a ocasionar graves daños a la cultura humana. Uno de los exponentes de este enfoque es Neil Postman (citado en Aibar, 2008:10), para quien en el mundo contemporáneo se produce la sumisión de todas las formas de vida cultural  a la soberanía de la técnica y la tecnología.

Por otro lado, en los orígenes de la reflexión sociológica en torno a la tecnología, el teórico William Ogburn  difundió la noción de “retraso cultural”, que plantea que los valores, los hábitos, las creencias y las estructuras sociales a menudo se transforman a un ritmo considerablemente más lento que las innovaciones tecnológicas materiales que las sustentan o provocan, lo que conduce a pensar, según Aibar (op.cit.:10), que la cultura es un obstáculo para el desarrollo tecnológico, ofreciéndole resistencia.

Esta visión fatalista sobre el “desajuste” entre el cambio tecnológico y el cambio cultural no la compartimos, pues es preciso comprender que los cambios en la representación de la realidad naturalmente requieren un lento proceso de toma de conciencia, en tanto entran en juego el habitus y la hegemonía, pero estos no son inamovibles. Podemos hablar de resistencia al cambio (5), pero no de obstáculo.

Tanto los autores marxistas como los estructuralistas advierten la diferencia de ritmo que existe entre el cambio de las estructuras sociales y la modificación de la concepción del mundo, y esto ocurre, a nuestro juicio, por la resistencia que ejerce la cultura dominante frente al nuevo desafío, pero esto es un proceso, y como tal transcurre en un tiempo determinado, que no puede ser breve, pues se trata de transformar una estructura mental, un sistema de disposiciones duraderas.

Asumimos el enfoque de Núñez Jover (1999) de que la tecnología, más que como un resultado, único e inexorable, debe ser vista como un proceso social, una práctica, que integra factores psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales; siempre influido por valores e intereses, y le añadiríamos el componente científico.

No caben dudas de que ante el nuevo paradigma tecnológico (6), el trabajador intelectual requiere de otra mentalidad. Para ello, el cambio, sea más o menos lento, debe producirse y legitimarse en el propio proceso de producción y apropiación de las tecnologías de la comunicación y la información.

Como explica Pimentel (2004:175), las transformaciones que la Revolución Científico Técnica ocasiona en el sistema de construcción y funcionamiento de la actividad científico-técnica-productiva revolucionan las bases existenciales de la individualidad humana y exigen una nueva conducta y actitud.

La racionalidad de la tecnología en la sociedad

La tecnología, según Pacey (citado en Núñez Jover, 1999: 61), tiene tres dimensiones:

-Técnica: conocimientos, capacidades, destrezas técnicas, instrumentos, herramientas, y maquinarias, recursos humanos y materiales, materias primas, productos obtenidos, desechos y residuos. Esta dimensión se asocia al significado más restringido, pero también más habitual, de la tecnología.

-Organizativa: política administrativa y gestión, aspectos de mercado, economía e industria; agentes sociales; empresarios, sindicatos, cuestiones relacionadas con la actividad profesional productiva, la distribución de productos, usuarios y consumidores, entre otras.

-Ideológico-cultural: finalidades y objetivos, sistemas de valores y códigos éticos; creencia en el progreso, etcétera.

Una cuarta dimensión, añadida a posteriori, es la experiencia personal, que subyace entre las otras.

En toda práctica tecnológica interactúan tres elementos fundamentales: el cultural (valores, tradiciones, códigos éticos, creencias, etc.); el organizacional (actividad económica, usuarios, consumidores), y el técnico (conocimiento, destreza, técnica, recursos, etc.). Para lograr la asimilación de una tecnología es necesario conjugar estos elementos.

Las mediaciones tecnológicas no representan meros instrumentos sino que redefinen los modos de significación. Como sostiene Martín-Barbero (2002:33), el lugar de la cultura en la sociedad cambia “cuando la mediación tecnológica de la comunicación deja de ser puramente instrumental para espesarse, densificarse y convertirse en estructural, pues la tecnología remite hoy no a nuevas máquinas o aparatos sino a nuevos modos de percepción y de lenguaje, a nuevas sensibilidades y escrituras”.

Si alguna duda cabe, basta remitirse al libro Teoría de la Comunicación, de Serrano (2007), para confirmar que la comunicación no sólo requiere de instrumentos (tecnologías), sino del uso eficiente de estos (por Ego y su cultura), como mediadores/mediados del proceso de producción de información.

Para ello es preciso acudir a la propuesta de ese propio autor, de instaurar una única racionalidad que ponga de acuerdo “la explotación de la máquina y la difusión de las luces”. En este contexto, el ajuste entre tecnología y cultura aparece como una variedad de mediación.

“Desde la Modernidad, nuestra cultura evita la aplicación de un ajuste que subordine la tecnología a la cultura, o la cultura a la tecnología. Actúa sobre el soporte humano para reducir la disonancia” (Serrano, 2008:66), lo cual implica reajustes en los comportamientos, las actitudes y las ideas de los individuos involucrados en la situación disonante, o sea, es necesario reajustar su cultura tecnológica, definida esta como “los rasgos que identifican las formas de hacer, pensar y crear de un pueblo, de un grupo o de un individuo, así como la que se despliega y desarrolla en el quehacer de la práctica tecnológica de los hombres, acompañada de hábitos, experiencias, actitudes y valores, que contribuyen a la extensión de las capacidades humanas en función del bienestar y desarrollo de la sociedad y del suyo propio”.

Notas:

(1)  La irrupción de Internet se produjo entre 1993-94, cuando una red que hasta entonces se había dedicado a la investigación académica se convirtió en red de redes abierta a todo el mundo, sin embargo, sus orígenes se hallan en la física y la política de defensa. Funcionó por primera vez en 1968/9, con el indispensable sostén financiero del Gobierno a través del ARPA, la Administración de Investigación de Proyectos Avanzados del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Al comienzo, se trataba de una red limitada (ARPANET) que compartía información entre universidades “de alta tecnología” y otras instituciones de investigación, y dada la naturaleza de esa información era esencial que la red pudiera sobrevivir a la eliminación o destrucción de cualquiera de los ordenadores que formaban parte de ella e incluso a la destrucción nuclear de todas las “infraestructuras” de las comunicaciones. Ese era el punto de vista del Pentágono. El de las universidades era que la Red ofreciera “libre acceso” a los usuarios académicos e investigadores, y que los comunicantes fueran precisamente ellos. (Briggs y Burke, 2006:344)

(2) Marx, en El Capital, sostuvo que el obrero confundía el objeto de su lucha, desviándola hacia los medios materiales de producción en vez de dirigirla contra su forma social de explotación.

(3) Por tecnología se entiende un conjunto de conocimientos de base científica que permiten describir, explicar, diseñar y aplicar soluciones técnicas a problemas prácticos de forma sistemática y racional (Quintanilla, 1998)

(4) Denominación del grupo de filósofos alemanes integrantes del Instituto para la Investigación Social de Frankfurt, fundado en 1923.

(5) El psicosociólogo norteamericano de origen alemán, Kurt Lewin, uno de los mayores estudiosos de los procesos de resistencia al cambio, encontró tres causas comunes:  Interés propio, o sea, las razones personales que afectan o alimentan el deseo de cambio, entre ellas la motivación, la costumbre a desarrollar un proceso definido de trabajo y la capacitación; Cultura organizacional, entendido como la fuerza fundamental que guía la conducta de los trabajadores que, a veces, se sienten amenazados ante cambios radicales en la manera de hacer las cosas en determinadas actividades, y Percepción de las metas y estrategias de la organización, por ejemplo, los miembros de un equipo no entienden que se necesita una meta nueva (un cambio), porque no cuentan con la información que manejan sus directivos.

(6) Las áreas de ese paradigma son la biotecnología, los nuevos materiales, la nueva base energética y las ramas de la electrónica, computación y telecomunicaciones que generan un enorme avance en las tecnologías de la información.

Referencias bibliográficas (en orden de aparición):

Vidal (2006:52), Vidal Valdés, José Ramón: MEDIOS Y PÚBLICOS: un laberinto de    relaciones y mediaciones. Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 2006.

Núñez Jover, Jorge: “La ciencia y la tecnología como procesos sociales”. En Tecnología y Sociedad (VV.AA). Editorial Félix Varela, La Habana, 1999.

Aibar, Eduardo: “Las culturas de Internet: la configuración sociotécnica de la red de redes”. En Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad-   CTS, julio, año/vol.4, número 011, 2008. REDES. Centro de Estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior, Buenos Aires, Argentina. pps.9-21.

Pimentel Ramos, Laubel: “Hombre-técnica: Revolución y cambio social”. En Problemas sociales de la ciencia y la tecnología (VV.AA). Editorial Félix Varela, La Habana 2004. pp.169-182.

Martín-Barbero, Jesús: OFICIO DE CARTÓGRAFO. Travesías latinoamericanas de la comunicación en la cultura. Fondo de Cultura Económica, Santiago, Chile, 2002.

Martín Serrano, Manuel: Teoría de la Comunicación. La comunicación, la vida y la sociedad. Editorial Mc Graw Hill, España, 2007.

---------------------------: La mediación social. Ediciones Akal. Madrid, 1977/2008.

 

ISLA AL SUR EN LA PERSPECTIVA DE APRENDER A APRENDER

ISLA AL SUR EN LA PERSPECTIVA DE APRENDER A APRENDER

Intervención en el Primer Encuentro Nacional de Blogueros Cubanos, auspiciado por el Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

MSc. IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ,
Profesora de la Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana, y del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.
Editora de mesadetrabajo.
http://islalsur.blogia.com 

Estimados blogueros, en medio de tanta experiencia acumulada por ustedes en el hacer, gozar y sufrir de los blogs personales intentando llenarlos periódicamente con trabajos atractivos que definitivamente capturen a un lector tan impalpable como puede ser el del ciberespacio, deseo transmitirles una mirada del mismo desde una configuración colectiva, desarrolladora y de aprendizaje académico: el blog docente, o edublog.

Eso es Isla al Sur, un espacio nacido en octubre de 2006 y cuya experiencia de vida abarca ya varios cursos de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Un espacio con un público-meta muy definido y con la doble característica de ser tan destinatario como constructor de mensajes. Porque esos son los estudiantes de Periodismo desde la misma arrancada de primer año: estudiantes que a la vez que incorporan a su saber todo el bagaje teórico del que está vestido la profesión, también llevan a la práctica esos conocimientos, haciendo del aprendizaje un núcleo formativo y desarrollador. Ellos son los reporteros de Isla al Sur. 

En la época en que estudié Periodismo contábamos con una publicación interna de la carrera. Los duros embates económicos que ha enfrentado el país hacen imposible soñar hoy con tal herramienta. Pero esta es una profesión que necesita tener un espacio socializador, un punto de confluencia donde mostrar qué y cómo hacemos, medirnos y medir a los demás. Y, particularmente, siento que los trabajos de examen tienen vida efímera y estéril si solo quedan en la franja de entendimiento que se propicia entre el profesor y el alumno.

El blog, entonces, propone un cambio de paradigma en la enseñanza de los géneros y estilos periodísticos, que es la materia que imparto en la Facultad de Comunicación y en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Es decir, un cambio que se sostiene en mayor entrega de productos comunicativos que serán publicados, lo cual impone al estudiante de una mayor responsabilidad de lo que construye; y asienta en él, además, desde la Academia, los valores éticos y profesionales del periodismo.

La doctora Marilyn Ferguson expresaba: "En la Educación Trans-personal se incita al aprendiz a que se mantenga despierto y autónomo, a que cuestione y explore todos los rincones y rendijas de la experiencia consciente, a que indague el sentido de todo, a que pruebe los limites de lo externo y compruebe las fronteras y profundidades de su propio ser".

Bajo esa mirada, entonces, el alumno de Periodismo debe ser consciente, desde el primer año, del cómo aprender, del cómo expresar y del cómo construir mensajes que serán información pública; es decir, reconocer los por qué está aprendiendo de esa forma y no de otra y qué tan eficiente está siendo como futuro periodista investido de una responsabilidad social máxima, en tanto los destinatarios validan en él la condición de informar con veracidad y honestidad profesional.

Aprender a aprender, ese es el modelo de formación integral que más se adecua a mis exigencias docentes. Un modelo que nos impone cambios de actitud tanto en los estudiantes como en los docentes, pues estos últimos, pasamos de ser dueños absolutos de la verdad constituida, a “escuchar”, interpretar y asumir lo que pasa por los ojos, las mentes y las vivencias de los alumnos, construyendo ambos nuevos horizontes en el hacer de la profesión.

En el blog siento que se sintetiza la posibilidad de irnos transformando y creciendo mutuamente en la medida que de ambas partes se asumen procesos creativos y espontáneos que ubican la docencia no desde la división que presupone al maestro y su experiencia frente al alumno y su afán de aprender, sino que es el escenario donde confluyen todos a mostrar y demostrar sus capacidades y las maneras de dar solución a cada encomienda.

Es, en suma, un recurso educativo, una valiosa herramienta que las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones ponen en nuestras manos para intentar cada vez más alcanzar la eficiencia pedagógica y favorecer la exploración, la discusión, la discrepancia o el concierto de criterios y el crecimiento del saber entre los alumnos, más allá de los términos del aula.

Y aún más, valida la concepción de taller extramuros al que puede accederse en cualquier momento para aprender en él sobre experiencias ajenas y compararlas con las propias, y para también decidir ser parte de un propósito común e integrador. El blog es un laboratorio en la red pública que privilegia la flexibilidad, la actualización, la revisión permanente y la construcción del conocimiento desde lo personal a lo social e integrador.  

A todo este beneficio se une que el edublog es una base de textos teóricos y prácticos de actualidad para los alumnos que inician la carrera, cual especie de bibliografía realizada por jóvenes de su misma edad, igual experiencia, similar preparación cultural. Ellos, en ese contexto, pueden encontrar los trabajos que realizaron quienes les antecedieron y, por tanto, promueve la sana competencia de querer ser mejores porque ya saben de qué bases parten.

Quienes deseen dar una mirada a Isla al Sur, podrán encontrar trabajos que nos hablan de temas tan variados que diríamos van de lo humano a lo divino, de lo divino a lo humano. Es una mirada a la sociedad, a la trama que les concierne, con la frescura de los 18 años y la valentía de quienes asumen la vida desde todo lo posible.

Ya durante varios cursos nos hemos propuesto, en particular, demostrar que desde la Academia se puede ser realizador de productos comunicativos que tengan incidencia en el área que nos desenvolvemos, que tributen a ella de una manera que perdure en el tiempo.

Es así que en el contexto del aniversario 280 de la Universidad de La Habana se realizaron más de 120 entrevistas a profesores, investigadores y trabajadores destacadísimos de la casa de altos estudios, algunos, incluso, con una trayectoria que trasciende los límites nacionales y, sin embargo, poco divulgados por la prensa. Así surgió el libro Nosotros, los del 280, que ojalá vea su edición en blanco y negro más temprano que tarde, pero que, en lo inmediato, ya circula en la red.

A partir de los resultados de ese trabajo con alumnos del primer semestre de primer año de la carrera, el nuevo propósito fue hacer otro libro con los docentes destacados del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, tomando como pretexto el medio siglo de esa casa de altos estudios. En la red hoy está Rostros del Varona.

Y como somos parte en formación del gremio de la prensa, otro libro se realizó: Premios Nacionales de Periodismo, el cual no solo está en Isla al Sur, sino también en Cubaperiodistas, la web de la UPEC que tan amablemente nos ha hospedado y dado sitio propio.

No hablo de que trabajamos para un público millonario. No somos una publicación nacional, ni tenemos todas las posibilidades de sus accesos. De eso no nos cabe la menor duda. Pero lo que sí ratificamos es que la propuesta de la creación de un blog debe responder al segmento de destinatarios al que queremos llegar, es ahí como se demuestra su efectividad.

Isla al Sur es ahora una herramienta imprescindible en mi trabajo como docente. Una biblioteca virtual a la que los estudiantes pueden acudir para consultar el cómo hacer desde sus mismos referentes, y aprender. Un espacio abierto para el ejercicio de la revisitación profesional.

Estimados blogueros, una intervención a distancia siempre es un gran compromiso de interpretación, aún cuando la exponga mi más fiel seguidor y seguro colaborador, el MSc. Roger Ricardo Luis, profesor también de la FCOM y director de Investigaciones de este Instituto. A él, a mis alumnas Luisa María González y Mónica Baró, quienes tan generosamente han participado en el encuentro, y a ustedes, gracias por escucharla.

Bogotá, Colombia.

LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LAS TENSIONES EN TORNO AL CAMPO DEL PROFESIONAL DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL

LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LAS TENSIONES EN TORNO AL CAMPO DEL PROFESIONAL DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL

Monografía presentada en el Diplomado de Problemas Sociales de la Ciencia y la Tecnología.

Lic. EMILIO ANTONIO BARRETO RAMÍREZ,
profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

I

El montaje del mundo sobre las autopistas de la información está generando tensiones en torno al campo del profesional de la comunicación social. El meollo del problema se gesta en la aparición y extensión vertiginosa de prácticas comunicativas no profesionalizadas localizables en dos ámbitos: en el del periodismo participativo y en las prácticas artísticas. Ambas maneras de hacer constituyen prácticas comunicativas que se producen en los sitios web personales, los mismos que conforman lo que ya conocemos con el nombre de  blogosfera.

II

Es preciso que definamos tres categorías analíticas: campo del profesional de la comunicación social y periodismo participativo. Más adelante nos ocuparemos del concepto prácticas comunicativas no profesionalizadas y de las prácticas artísticas en la Red.

La categoría analítica campo del profesional de la comunicación social  pertenece a la ruta epistémica que seguimos los especialistas en teoría de la comunicación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana con el propósito de avanzar en el sendero a través del cual la comunicología debe conseguir una teoría autónoma de la comunicación social. Con ello, quedaría absolutamente legitimada la existencia de una ciencia de la comunicación social. Al interior de ese afán epistemológico, la comunicación como campo profesional aparece como el segundo gran tema; el primero y el tercero son, respectivamente, la comunicación como proceso complejo y la comunicación como campo académico. (Saladrigas, 2005) Para llegar a una conceptualización del campo del profesional de la comunicación social es inteligente asumir, como primer punto de apoyo, la noción de campo formulada por el filósofo y sociólogo francés Pierre Bourdieu. Dice Bourdieu:

“Un campo –podría tratarse del campo científico– se define, entre otras formas, definiendo aquello que está en juego y los intereses específicos, que son irreductibles a lo que se encuentra en juego en otros campos o a sus intereses propios (no será posible atraer a un filósofo con lo que es motivo de disputa entre geógrafos) y que no percibirá alguien que no haya sido construido para entrar en ese campo (cada categoría de intereses implica indiferencia hacia otros intereses, otras inversiones que serán percibidos como absurdos, irracionales o sublimes y desinteresados). Para que funcione un campo, es necesario que haya algo en juego y gente dispuesta a jugar, que esté dotada de habitus que implican el conocimiento y reconocimiento de las leyes inmanentes al juego, de lo que está en juego, etcétera.”

Esta noción de campo la concretó Bourdieu en 1976, cuando le habló sobre el tema a un grupo de filólogos reunidos en la Escuela Normal Superior de París. Posteriormente, esta conferencia formó parte del libro Sociología y cultura, del propio Bourdieu. Dentro de esta definición, Bourdieu introduce el concepto de habitus. En Bourdieu se aprecia un sentido tan alto como nítido de la eticidad de todas las prácticas sociales. Por esa razón considera el habitus “un ‘oficio’, un cúmulo de técnicas, de referencias, un conjunto de ‘creencias’, como la propensión a conceder tanta importancia” a la disciplina (Bourdieu, 1990).

Visto así, al interior del campo profesional de la comunicación social, el concepto de habitus es espiritualidad identitaria: una inmanencia de la gremialización. La gremialización, a juzgar por la obra sociológica de Herbert Spencer (referenciada por Georges Ritzer en Teoría Sociológica Clásica) es consustancial al mundo profesional. Las profesiones no pueden crecer si no procuran una forja más allá de la actividad productiva. Ese más allá son las asociaciones profesionales: destinadas a crear las ideologías profesionales y a velar por el comportamiento del mercado laboral ante las ideologías profesionales, y viceversa, con el objetivo de cuidar a los profesionales asociados y por ende a las profesiones. Los gremios profesionales se esmeran en la labor de acogida, es decir, de recepción de nuevos miembros llegados al campo profesional al cual, por supuesto, han arribado después de resultar egresados de las aulas universitarias.

Existe una mediación más para delinear al profesional: se trata de la vocación, un término que invita a la disquisición limítrofe entre la filosofía y la teología. La vocación, como noción, aparece dibujada en la sociología de Max Weber, sobre todo en dos textos de factura memorable: La ética protestante y el “espíritu” del capitalismo y La política como vocación. Weber llegó a conceptualizar la vocación traduciendo a Martín Lutero, el fundador del protestantismo. Max Weber tradujo al Lutero traductor de La Biblia. Para ello detuvo fijamente tanto la mirada como la conciencia en un pasaje de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios (Cor. 7-29). Dice un fragmento del pasaje bíblico según la traducción de Martín Lutero:

“... Que todos permanezcan en la profesión en la que han sido llamados. Si eres llamado como siervo, no te preocupes por ello; pues puedes ser libre y mejor que aproveches mucho de esto. Pues quien haya sido llamado como siervo, es un liberto del Señor; y lo mismo, quien es llamado libre es un siervo de Cristo. Cada cual queridos hermanos, que se quede con Dios allí donde haya sido llamado”. (Cor. 27-29)

A partir de su labor como traductor, Martín Lutero deslizó una mirada amorosa a la unión entre la faena como sentido no sólo de progreso social, también de vida, de espiritualidad individual. Luego, el trabajo adquiere en Lutero un sentido religioso, o sea, se constituye en llamamiento divino. Algo parecido sucede en la espiritualidad de Max Weber quien, jubilosamente, acepta y concluye el trabajo iniciado por Lutero. Para Max Weber, Martín Lutero enarbola una dimensión religiosa del trabajo cotidiano, porque se trata de algo sagrado, o sea, del compromiso ante los deberes que le son consustanciales a los oficios o profesiones profanas. El gran aporte de esta consideración busca asidero en un estandarte luterano: la asunción responsable del trabajo abre senderos para la vida en santidad. En otras palabras: las labores productivas son fuente de virtud. Y las virtudes, por tanto, son un modo de llevar una existencia cristiana cada vez más perfectible. (Abellán: 2007)

En medio de esta explanación he introducido dos términos que pudieran ser considerados categorías analíticas: el oficio y la profesión. Qué es un oficio y qué una profesión es interrogante a responder después de culminar con el concepto de vocación diseñado por Max Weber, pues la diferencia entre ambos términos es un aporte de la Modernidad.

En La ética protestante y el “espíritu” del capitalismo Max Weber arriba al siguiente juicio: el llamamiento a la profesión, visto según la traducción luterana de La Biblia, es la que se halla a la base del modo de la vida racional. Y el racionalismo es, a la postre, ingrediente fundamental de la espiritualidad en el capitalismo. De modo que, para Weber, la mentalidad del ser social en el capitalismo muestra su origen en ese criterio acerca de la profesión según el  protestantismo –especialmente el protestantismo ascético, visible en el calvinismo. El trabajo profesional en la Modernidad tiende a mostrársenos, nos diría Weber, con un carácter ascético. El ascetismo, en la sociedad moderna, se hace manifiesto por medio de la aparición de ese todopoderoso entramado de la economía en el capitalismo que determina los puntos del comportamiento individual y social. Entonces, la idea moderna de profesión tiene un carácter ascético, de autoabandono a la impostergable especialización del trabajo. Esto no es más que el acto de renuncia definitiva al ideal griego de que el hombre puede realizar todas las dimensiones humanas: una dimensión cuya génesis, de algún modo, pudiera atisbarse en lo que me atrevería a llamar una concepción socrática del saber.

Más o menos por el mismo sendero nos topamos de frente con la diferencia entre el oficio y la profesión. El trabajador que desempeña un oficio, amén de que pueda experimentar placer en su labor productiva, es un jornalero: produce únicamente por dinero. Sólo razones estrictamente personales –tales como la antipatía por un contratador, o la escasez de tiempo para determinadas jornadas laborales– pudieran eximirlo de la aceptación de un acuerdo de trabajo. La acumulación de dinero para una vida más confortable es el resorte que suele movilizar a la persona que desempeña un oficio no profesionalizado. El trabajador de oficio, esto es, el obrero, no asiste a las aulas universitarias y se mueve por la sociedad como un electrón suelto. Como no posee formación universitaria no precisa de un capital cultural específico (otra noción bourdieuana a la que también me aproximaré) y, por consiguiente, el habitus que lo identifica no está conformado precisamente por un corpus articulado desde la cultura.

Para que una labor pueda ser considerada profesión debe cumplir tres requisitos. Primero, se debe acceder a ella por medio de la adquisición de un grupo de saberes superiores, o sea, legitimado curricularmente por la universidad. Segundo, esos mismos saberes también es preciso sean legitimados por el mercado laboral, el cual impone un cierre social a las ideologías profesionales. Y tercero, como apunté anteriormente, los profesionales tienen que aspirar a la gremialización, al asociacionismo, a la institucionalización que vela por ellos, los guía y sirve de enlace entre el mercado laboral y la superación académica (Freidson, Evetts, Svensson, 2003).

La vocación aparece aquí como una mediación de los ambientes profesionales porque se erige en espiritualidad. Esa espiritualidad busca asentarse y al mismo tiempo activarse en las ideologías profesionales. Veámoslo de manera muy sucinta: un profesional no trabaja exactamente por dinero. Porque hay labores cuya importancia, significación o dimensión espiritual es mucho más tentadora que el pago monetario. A esas labores pudiera acceder un profesional responsable y perfectamente identificado con su vocación.

Al mismo tiempo, para un profesional de vocación, existen también proyectos laborales que no producen desvelo aunque el pago sea todo el dinero del mundo. Estimo que al concepto de ideologías profesionales (que aquí no he citado en toda su dimensión, pues no es necesario) se le puede inyectar la noción de capital cultural, de Bourdieu. Pierre Bourdieu se refiere a un capital específico que ha sido atesorado después de que las asociaciones profesionales libraran porfías anteriores dentro del campo, y que sirve de guía para el diseño de proyectos futuros.

Hacer referencia al capital específico equivale a reconocer que el capital –digámoslo con palabras de Bourdieu– “vale en relación con un campo determinado, es decir, dentro de los límites de este campo, y que solo se puede convertir en otra especie de capital dentro de ciertas condiciones”. Para ilustrar esta noción, Bourdieu apelaba con gran exactitud al fracaso de Pierre Cardin cuando se empeñó en llevar a la alta cultura un capital específico de la alta costura. El resultado fue que hasta el menos talentoso de los críticos de arte se halló en la necesidad inaplazable de patentizar el privilegio de pertenecer a un campo legitimado como de superior dentro de la sociedad. Para la clase intelectual más alta, la propuesta de Cardin era una intromisión pésima que dejaba como saldo –otra vez con palabras de Bourdieu– “la tasa de cambio más desfavorable” para los miembros de la alta cultura. (Bourdieu, 1990).

El profesional, finalmente, a diferencia del trabajador que desempeña un oficio, casi nunca concluye su labor a las cuatro, cinco o seis de la tarde, máxime cuando se sabe que, más allá de esas horas, puede ser visitado por la inspiración y las nuevas ideas, incluso a altas horas de la noche, más exactamente durante el sueño. No son pocos los profesionales que con frecuencia ocupan el horario nocturno, que es de descanso, para atender esas visitaciones.

¿Cómo pudiéramos, entonces, conformar el campo del profesional de la comunicación social? Tal vez sea atinado ofrecer antes un concepto de comunicación. En su raíz etimológica, comunicación viene de la voz latina communis, que significa comunión, que no es otra cosa que una común unión, un hacer en común, una mutualidad de intereses. Por tanto, la comunicación, apreciada holísticamente, trasciende la visión de la comunicación como transmisión de información unidireccionalizada o verticalizada, esto es, el proceso de comunicación compuesto por un emisor, un mensaje que transita por un canal, y un receptor que, además de proceder a la decodificación del mensaje, pudiera tener o no la facultad de resemantizarlo  para de inmediato convertirse en emisor (Saladrigas, 2005).

Sostengo que pudiera tener o no la facultad de resemantizarlo porque hay procesos de comunicación que son estrictamente informativos, tales como la inmensa mayoría de todos los diálogos militares intracuartelarios, así como también muchas de las relaciones comunicativas que establecen los medios masivos de comunicación con los públicos, sobre todo aquellas instituidas para divulgar propaganda política y publicidad comercial.

Entonces, tomando como eje el concepto de comunicación, podemos enumerar varios actores –quizá los más representativos– que intervienen y conviven en el campo profesional de la comunicación social. Siguiendo a Bourdieu en la noción de campo –dentro de la cual se hallan el habitus y el capital específico–, al concepto de vocación de Max Weber (mediado por Martín Lutero), a las afirmaciones de la sociología de las profesiones y al concepto de comunicación que acabo de enunciar, en este campo entran en juego aquellos comunicadores sociales que ejercen su labor desempeñando las prácticas comunicativas profesionalizadas que no pugnan entre ellas mismas sino que conviven y dialogan animosamente porque están sancionadas como válidas por las aulas universitarias, aparecen reconocidas dentro de las instituciones gremiales profesionales y, por tanto, se someten a los procesos de cierre social y credencialismo profesional que realiza el mercado laboral. Estos actores profesionales son: el periodista, el relacionista público, el publicista, el especialista en marketing, el docente, el investigador, el gestor de información, el editor, el fotógrafo, el diseñador… Hay otras figuras, pero la no aparición de ellas aquí no afecta en lo más mínimo al objeto de estudio.

III

En torno al campo se están produciendo intervenciones no profesionalizadas que llegan con distintos habitus, capital cultural y sin formación académica. Esas intervenciones se producen como consecuencia de eso que el teórico español José Luis Brea define como la estetización difusa de la posmodernidad y la muerte tecnológica del arte en dos ensayos memorables: El tercer umbral y La era postmedia, amén de que analiza el tema con mucho rigor precisamente en el ensayo breve intitulado precisamente así: La estetización difusa de la posmodernidad –y la muerte tecnológica del arte. A la estetización que, de la vida y las prácticas sociales, enarbola el debate de la posmodernidad, me acercaré un poco más adelante.

Quizá ya va siendo el instante de enunciar un concepto de prácticas comunicativas no profesionalizadas. ¿Cómo se pueden definir las prácticas comunicativas? La respuesta la ofrece la doctora Rayza Portal, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, en su tesis presentada en opción del grado de Doctora en Ciencias de la Comunicación Social, intitulada Por los caminos de la utopía. Un estudio de las prácticas comunicativas de los Talleres de Transformación Integral del Barrio en la Ciudad de La Habana. Dice la doctora Portal:

“La categoría analítica práctica comunicativa la hemos definido como aquellas prácticas sociales en las que intervienen al menos dos actores sociales con funciones comunicativas diferenciadas de acuerdo a las circunstancias en que se desarrollan y que generalmente reproducen las regularidades de sus condiciones de existencia. Están sujetas a una serie de mediaciones (culturales, territoriales, históricas) que dejan en mayor o menor medida su impronta en la forma en que se desarrollan, el alcance que pueden tener, pero también en sus posibilidades de modificación ante cambios en el contexto que signifiquen la apertura de circunstancias diferentes”. (Portal, 2003:10)

Una vez conocido el concepto de prácticas comunicativas, es menester definir la categoría analítica periodismo participativo para, finalmente, imbricar todas estas nociones. El término periodismo participativo aparece bien bosquejado en el pensamiento del sociólogo francés Jean-Louis Missika, especializado en medios de comunicación. Missika se ha esmerado en el análisis del impacto del declive de los medios clásicos, estos son, el cine, la radio y la televisión, y el auge de las nuevas tecnologías de la información sobre la vida política. Dice Missika:

“El debilitamiento del papel político de los medios de comunicación favorece la aparición de un periodismo participativo. Antes, los medios de masas, en particular la televisión, favorecían y tenían como objetivo expresar una exigencia compartida por el mayor número de personas, el pueblo, el ‘demos’. Hoy, con las nuevas tecnologías, cada cual tiene los medios necesarios para expresarse, y es la palabra individual de un mayor número de personas la que entra en el debate, con el riesgo de hacerlo caótico y sin ritmo.” (Missika, 2007:34)

De modo que la tenencia de los medios necesarios, esto es, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, en manos de cada cual y de todo el mundo viene a tensar, a jalonar el campo del profesional de la comunicación social. Las prácticas comunicativas profesionalizadas se adquieren dotadas de un arropamiento ético que es constitutivo de la educación superior. A las prácticas empíricas no le son consustanciales –por desconocimiento del comunicador de facto– los arbitrios bien meditados de los códigos deontológicos de la comunicación social, mucho más los del periodismo. Pero tal vez sea recomendable pisar el terreno que resulta propicio para el ejercicio de estas prácticas.

La caracterización que hace Missika puede conducirnos al siguiente panorama: el encanto de la televisión continúa su enseñoreamiento aunque, ciertamente, se halla muy debilitado. Hace aproximadamente cuatro décadas la televisión realizaba una misión cuasi profesoral a la vez que política. Este esquema comenzó a evidenciar un proceso de difuminación a inicios de la década de los años 80, precisamente cuando apareció en los ambientes académicos el debate sobre la posmodernidad y se comenzó a reflexionar en torno a la banalización de la cultura. Las primeras señales de la pérdida de terreno de la televisión llegaron con las cadenas temáticas de pago. Ya en años más recientes esos signos se han hecho más visibles con la voluntad de hacer más diversa la oferta de la televisión y, por supuesto, con el impacto y la irradiación de la televisión digital (la Internet y los blogs). Así es que la información televisiva –que bien podemos llamar clásica o tradicional– se ha visto lanzada a un ruedo competitivo desventajoso frente al empuje arrollador de las nuevas fuentes de información con sus modelos tan nuevos como novedosos.

Una de las consecuencias de toda esa avalancha ha sido la desarticulación del estatus mismo del periodista experto: el columnista, el cual ha sido ubicado, por las circunstancias originadas como consecuencia del impacto de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, en una zona ambigua, más bien de duda, que no termina hasta conseguir la banalización de quien toma la palabra. Esta evolución (¡más bien involución ética!) presenta, lógicamente, tres derivaciones nefastas que se dirigen, escalonadamente, al mismo centro de las relaciones que mantienen los medios de comunicación digitales con los políticos, en primer lugar; con los medios tradicionales, en segundo, y con la opinión pública, en tercero. De esa forma es que el periodismo impreso ha comenzado a experimentar primero la merma y más tarde la caída de los ingresos monetarios por concepto de publicidad, al tiempo que la disminución de lectores se ha hecho también patente, porque la gratuidad de la Internet ha escalado al primer lugar de preferencia en varias clases de público.

Las prácticas comunicativas no profesionalizadas que se gestan en la Red han venido a convertirse en mediaciones promocionales y de vulnerabilidad ética dentro de las culturas organizacionales de las instituciones que generan prensa. Esta afirmación requiere de un desmontaje. El periodismo es una práctica comunicativa que se debate entre la necesidad y la capacidad de crear productos comunicativos tanto informativos como de opinión desde las habilidades individuales.

O, lo que es igual, la prensa es el ejercicio de la información y el de la opinión. Por eso, ad intra del periodismo, los géneros son informativos primero y de opinión después. Dentro de los géneros informativos se hallan la noticia, la entrevista y el reportaje. En los géneros de opinión están contenidos: el artículo (en cada una de sus variantes o modalidades) y la crónica. Históricamente, dentro de las organizaciones de prensa, ningún joven egresado de la universidad ha podido ejercer, de inmediato, el periodismo de opinión. Eso quiere decir, de entrada, que el periodismo es una actividad –como ya avancé hace unas líneas: de habilidades individuales adquiridas con la mediación del trabajo y la superación constantes–, en la cual la eficacia, más otros atributos obtenidos en buena lid, conducen por el camino de la promoción. Primero, es preciso permanecer varios años haciendo mucho y buen periodismo informativo: dándole cobertura a eventos sobre los cuales lo pertinente es escribir noticias impersonales y objetivas. Luego viene la posibilidad de contar historias al modo reporteril. Hasta que llega el momento de incursionar en los géneros de opinión al modo de los columnistas, a quienes ya se les puede llamar expertos en determinados temas, sobre los cuales escriben artículos de opinión. A estos periodistas ya se les considera aptos para establecer y dirimir polémicas periodísticas frente a colegas de otras publicaciones. El periodismo de opinión requiere de mucha prudencia, responsabilidad, experiencia y, sobre todo, de un notable desapasionamiento, cualidad que no es posible percibir durante la primera y la segunda juventud.

Los actuales jóvenes periodistas posiblemente no ejerzan mucho el periodismo de opinión en sus respectivos órganos de prensa, pero sí lo hacen desde sus sitios web personalizados: los blogs. En la blogosfera no hay jefes de redacción, ni de información, ni editores, ni correctores de estilo. Hay, en cualquier caso, un alud de participaciones repletas de juicios de todo tipo y de revelaciones poco menos que discretas. Ciertamente, están las prácticas de los periodistas muy jóvenes, sin camino andado ni experiencias ganadas.

Pero mucho más acá de esas también se dan las de los ciudadanos neófitos que igualmente han realizado la apertura de sus sitios web. Se trata del periodismo participativo, ese que pone en igualdad de condiciones a todos los actores de la comunicación, aunque éstos se hallen muy lejos de ser estimados como especialistas y conozcan poco o nada en relación con el tema sobre el cual se decidan a escribir. Existe muy poco blindaje en las prácticas comunicativas dentro de la Red. De ahí que Jean-Louis Missika estigmatice estas prácticas como debate “caótico y sin ritmo”. Caótico porque tiende a la anarquía semántica; sin ritmo porque el exceso de estilos y en muchos casos la ausencia de éstos le confiere a los procesos comunicativos una marcha zigzagueante, cuando no de empantanamiento o de retroceso.

Sin embargo, aclaro, no todo es malo. Y en este caso nada es originariamente dañino. Pero también es sensato arrojar luz sobre la intención que persiguen las prácticas comunicativas dentro de la blogosfera. Porque si el resultado todavía no ha dado suficientes muestras de participación desde la responsabilidad y la prudencia, lo cierto es que la intención de facilitar esas participaciones es señal de un altruismo saludable. Con el éxito de Internet, de los chats y de los blogs, los ciudadanos comunes tienen la posibilidad de entrar en un ruedo conversacional que los promueve como emisores de información. O sea, el público es elevado a un grado de igualdad desde el cual se le hace más fácil intercambiar –o interactuar– con el periodista profesional, con el político de profesión, es decir, con la persona pública que realiza un servicio desde un cargo estatal. Todo eso puede ejecutarse en la Red en tiempo real. Con estas modalidades participativas se ha podido subsanar el gran problema histórico de la prensa: el espacio insondable que separaba a los receptores de la comunicación (los públicos) de la élite periodística (los emisores). Esta distancia también se veía matizada por una mediación muy visible: la distancia, igualmente lejana, entre los actores de las diversas políticas públicas y los ciudadanos comunes.

IV

Esta bifurcación de las prácticas comunicativas que se protagonizan en la Red es merecedora de ejercicios, en primer lugar, para una sociología del trabajo y, en segundo, ya en busca de una visión más holística, para una sociología de la cultura. La génesis de esa bifurcación se localiza en la posmodernidad, cuyo debate se ha propuesto la desacralización de todo cuanto instituyó como sagrado la filosofía griega de la Antigüedad. Dentro de esa desacralización lo primero que resalta son los conceptos de cultura y arte. El primero ya ha sido arrancado de los contenes de la cultura vista como espacio privado de las bellas artes (el teatro, las artes plásticas, la música, la literatura, y el cine, más recientemente). Hoy entendemos por cultura todas las prácticas individuales que se socializan. Luego tenemos otro testimonio: el estado del arte desde la conceptualización hasta el proceso de creación.

Por arte se entendió como absolutamente legítima la noción aristotélica de techné: el arte es un instrumento para la reproducción fiel de la realidad, un recurso para conseguir la mimesis y, sobre todo, un arte moral, tal y como Sócrates pidió a los artistas de su tiempo. Platón fue consecuente con ese ideal socrático y, aunque no escribió una sola línea sobre cuestiones de la estética, sí creo una obra pletórica de lirismo que le ha valido un lugar dentro del canon aristotélico de la Belleza. El arte, para Aristóteles, no podía ser sino Bello, Bueno y Verdadero. La Belleza era preciso llegase avalada por la utilidad, por la bondad, por la verdad. Pero los procesos de preautonomía y autonomía del arte, en camino hacia la Modernidad, fueron transformando el canon tradicional de inspiración aristotélico hasta conseguir que, en las disquisiciones en materia de Estética, convivan tanto las tres categorías tradicionales (lo Bello, lo Bueno y lo Verdadero) con las intenciones y prácticas más desligadas o distanciadas de la mimesis, el gusto, la techné. (Sánchez, 2006) Es la sociedad postindustrial: muy apegada a un nuevo canon: el de la desacralización que genera las actitudes desenfadadas y relativistas: la era del “todo vale”, que de tanto ser permisiva termina por banalizar quizá más de la cuenta muchos de los puntos del comportamiento individual y social.

Si el arte ya dejó de ser techné pues es necesario ver qué cosa es el arte, cómo se le puede definir. A fines del ochocientos, con la irrupción del Aufklarung (Iluminismo), Kant atisbó el proceso de desdefinición del arte. Para Kant, el arte había dejado de ser un instrumento de reproducción de la realidad para convertirse en una “finalidad sin fin”. O sea, una práctica a la cual se arriba, pero sin un fin determinado. La aseveración llevó a Hegel a pronunciarse por una filosofía del arte. Más tarde, en la clausura del siglo XIX y durante el primer tercio del siglo XX, las vanguardias artísticas propiciaron una ruptura epistemológica. Fue necesario salirse de la historia del arte –tal y como sugirió Pablo Picasso– para volver a entrar en ella, luego de las experiencias vanguardistas. (Sánchez, 2006)

La posmodernidad ha sido consecuente con esa ruptura epistemológica; las nuevas prácticas artísticas no pueden estar más lejanas de la Academia y, por otra parte, se distancian cada vez más del mercado. Este nuevo modo de hacer arte se halla mediado por las normas de la Internet: es el net-art, cuyo proceso de estandarización ha significado un desvelo para el teórico español José Luis Brea en el libro El tercer umbral. Dice José Luis Brea en torno a una redefinición de las prácticas artísticas:

“No existen más los ‘artistas’, como tal. Tan sólo hay productores, gente que produce. Tampoco hay propiamente ‘autores’, cualquier idea de autoría ha quedado desbordada por la lógica de circulación de las ideas en las sociedades contemporáneas. Incluso cuando decimos que sólo hay productores sentimos la necesidad de hacer una puntualización: hay productores, sí, pero también ellos (nosotros) mismos son en cierta forma ‘productos’.”

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación no ofrecen seriedad en materia de blindaje identitario; por tanto, mucho menos en lo que concierne al tema del derecho de autor. Por la Internet, más que producirse trabajo circulan ideas, productos que se recepcionan, se resemantizan y, con ello, se procede a otra clase de producción: la del hombre-masa que tanto preocupaba a C.R. Mills. La condición de autor, con mayúsculas, es un linaje perdido, “trasnochado”, para decirlo al modo de José Luis Brea. En la Red no hay marchantes, ni curadores, ni galeristas, ni museólogos que seleccionen un rasero para evitar que las prácticas “artísticas” no pongan en igualdad de condiciones tanto al pintor egresado de la academia como al apasionado y empírico debutante.

Una de las prácticas artísticas que más se resiente con esta realidad es la del artista gráfico (el diseñador). La negociación al interior del mundo de la gráfica, es decir, el mercado del arte, parece no requerir mucho de los conocimientos académicos. Hoy, al menos al nivel de lo popular, cuantiosos acuerdos de trabajo se establecen con personas sin conocimientos de diseño gráfico, pero que manejan muy bien las herramientas de software, tales como el Photoshop, el Corel Draw, el Page Maker, el Adobe InDesign, etcétera. Basta un poco de buen gusto, más una buena realización (mediada por la exactitud que concede la tecnología) y ya se hace posible incursionar en el vastísimo universo de las artes gráficas.

Lo anterior va en asuntos de semejanza con el periodismo participativo. Pero también hay una diferencia. En el caso de las artes gráficas la realidad nos ubica frente a la ya posible inexistencia del producto material que siempre hemos conocido como obra de arte. El que circula por la Red es un trabajo conformado a partir de unas prácticas que tal vez podamos y debamos llamar artísticas. Sin embargo, estos ejercicios parecen tener una relación de notable laxitud con la producción que históricamente hemos conocido de excelente grado como cultural porque nos disponía frente a una obra material: propagadora de afectos y de un sinnúmero de significaciones. Las nuevas “prácticas artísticas” desempeñan una tarea acaso muy específica para los creadores de experiencia, así como para los receptores igualmente experimentados. Pero como se desentienden de la producción de objetos y son dedicadas casi por entero a la publicitación desmesurada de signos, símbolos, ritualizaciones y sistemas de representación, pues viajan con más facilidad hasta las conciencias desprovistas del talante, de la distinción, del glamour y de la clase. De ahí que, en tiempo quizá muy breve, en asuntos de campo, a pesar de la diferencia de habitus y de capital específico, pudiera ser necesario dialogar con las prácticas comunicativas no profesionalizadas.

Bibliografía consultada

Brea, José Luis: “La estetización difusa de las sociedades actuales –y la muerte tecnológica del arte”. En: revista Criterios. La Habana, 2007.

Abellán, Javier: “Estudio preliminar al ensayo La política como profesión”. pp.: 11-43. En: Max Weber. La política como profesión. Edit. Biblioteca Nueva. Colección Clásicos del Pensamiento. Madrid, 2007. pp. 164.

Sánchez Medina, Mayra y Antoinette Torres Soler: “Aproximación al estudio de las vanguardias artísticas del siglo XX”. En: Colectivo de autores: Estética. Enfoques actuales. Edit. Félix Varela, La Habana, 2006.

Saladrigas Medina, Hilda: Coordenadas cubanas para un fenómeno complejo: Fundamentos para un enfoque teórico-metodológico de la investigación de la comunicación organizacional. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctora en Ciencias de la Comunicación Social. Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana, Noviembre de 2005.

Sánchez Martínez, Mariano, Juan Sáez Carreras y Lennart Svensson: Sociología de las profesiones. Pasado, presente y futuro. Edición a cargo de Diego Marín Librero. Murcia, España, 2003.

Portal Moreno, Rayza: Por los caminos de la utopía. Un estudio de las prácticas comunicativas de los Talleres de Transformación Integral del Barrio en la Ciudad de La Habana. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctora en Ciencias de la Comunicación Social. Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana, 2003.

Ritzer, Georges: Teoría Sociológica Contemporánea. Tercera Parte. La Habana. Año: ¿?

Brea, José Luis: “El tercer umbral. Estatuto de las prácticas artísticas en las sociedades del capitalismo cultural”. En: revista Criterios. La Habana, 2007.

Sánchez Vázquez, Adolfo: “Modernidad, vanguardia y posmodernismo”. En: A tiempo y destiempo. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 2004.

Colectivo de Autores: Comunicología. Temas a debate. Edit. Félix Varela. La Habana, 2005.

Barreto, Emilio: El Mayo del 68 francés y el desenfreno de la estetización difusa de la posmodernidad. Año 2008. Conferencia inédita.

Barreto, Emilio: Apuntes breves para una propuesta de Introducción a la Teoría de la Investigación y la Comunicación en Cuba. Año 2005. Ensayo inédito.

Bibliografía citada

Bourdieu, Pierre: Sociología y Cultura. Año 1990.

Brea, José Luis: La era postmedia. En: revista Criterios. La Habana, 2007.

Weber, Max: La ética protestante y la “espiritualidad” del capitalismo.

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EL RETO DE LA CONVERGENCIA DE REDACCIONES EN CUBA

EL RETO DE LA CONVERGENCIA DE REDACCIONES EN CUBA

MSc. MIGUEL ERNESTO GÓMEZ MASJUÁN,
Profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
masjuan@fcom.uh.cu

El estudio de la convergencia entre la redacción tradicional y la digital de los medios de comunicación parece ser uno de los retos más complejos y a la vez interesantes que deben abordar, con la mayor celeridad posible, directivos y teóricos.
 
En los últimos quince años una de las tendencias más analizadas en el mundo del periodismo es la imparable concentración empresarial llevada a cabo por algunos de los grupos de medios más importantes. Las empresas que antaño se limitaban a editar un periódico han multiplicado sus intereses mediáticos con la adquisición de emisoras de radio, televisoras y el lanzamiento de publicaciones en Internet. Esta tendencia hacia la diversificación multimedia ha acarreado importantes consecuencias al periodismo como profesión. Quizás la principal sea que los medios ya no actúan de forma aislada, sino que deben tener en cuenta la colaboración con sus hermanos en otros soportes (Salaverría, 2005: 37). La convergencia de redacciones entre medios de una misma empresa aparece como otro resultado directo de esta concentración.

Los usuarios también han cambiado. Los medios, para seguir sirviendo a su audiencia de manera satisfactoria, con calidad, acierto, rentabilidad, deben reflexionar sobre sus productos, sus formatos, su lenguaje, sus plataformas de publicación y sus métodos de trabajo. Más allá de tener una visión, han de desarrollar una estrategia y ponerla en marcha, si quieren seguir siendo un actor de peso en un mundo cada vez más competitivo y en el contexto de la era digital (IFRA, 2007).

Al periodista también se le pedía cambiar, casi al mismo ritmo en que aparecían los adelantos tecnológicos y el “periodista multimedia” tuvo que reacomodar o incluso crear nuevas rutinas productivas.

“Los periodistas se ven igualmente sometidos a esta espiral de la convergencia, ya que tienden a acumular labores profesionales: redacción, edición, documentación, fotografía, grabación que antes eran coto privado de especialistas en cada disciplina” (García y Salaverrría, 2008: 3).

El nuevo perfil de los usuarios obligó a los profesionales a contar historias no solo escritas, también con galerías de fotos, audio, vídeos, infografías. El “periodista multimedia” ha sido la respuesta del sistema ante el impacto de Internet en el modelo tradicional de comunicación, aunque muchos lo consideran un híbrido que aún está por definir (García, 2006).

La figura del periodista multimedia, incluido o no en una redacción unificada, puede dividirse en, al menos, dos interpretaciones: el multitarea y multiplataforma. Por lo general los multitareas son aquellos profesionales más jóvenes, capacitados para cubrir un mismo hecho mediante diversos géneros y, al mismo tiempo, tomar fotografías, filmar vídeos e incluso editarlos.

Mientras, el multiplataforma se relaciona más con aquellas empresas que han integrado las redacciones de sus diferentes medios. Un profesional de prestigio aprovecha la multiplicidad de canales para difundir sus contenidos, ajustándolos a las características propias de cada medio.

“Ya es habitual que un periodista, tras asistir a un acontecimiento, envíe un avance informativo de urgencia para la edición digital, elabore a continuación una crónica extensa para el periódico impreso, participe después en una tertulia radiofónica sobre ese tema y converse con los lectores a través de un foro de Internet” (Salaverría, 2002).

DOS CAMINOS PARA LAS REDACCIONES INTEGRADAS

La aparición de las redacciones digitales fue un paso que a muchos pareció enorme; sin embargo, apenas una década después, las distinciones entre las redacciones podrían desaparecer.

Para la Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana, Milena Recio, el surgimiento y estructuración de la redacción digital como modelo productivo entrañó transformaciones en algo tan o más primordial que las rutinas de trabajo: la ideología profesional, la mentalidad del periodista o comunicador digital, el conjunto de ideas o modos de pensar que lo distinguen. El verdadero cambio no está supeditado a tener a nuestro alcance una nueva infraestructura, una moderna dotación tecnológica. La real transformación, y esta es otra premisa, siempre se da en la cultura profesional (Rosete, 2007).

Esta transformación de las rutinas profesionales en las redacciones digitales se traslada al proceso de convergencia, identificado como la unión del esfuerzo creativo y de producción de redacciones tradicionales y digitales que antes estaban separadas (Álvarez, 2003).

Pero el proceso de la convergencia trasciende a una fusión entre la redacción tradicional y la digital y varias de las grandes empresas de medios han apostado por la integración de las redacciones de sus periódicos, emisoras radiales y televisivas, con el fin de aprovechar al máximo no solo las capacidades tecnológicas, sino también los recursos humanos.

La convergencia de redacciones implica un rediseño de la estructura física y organizativa de la redacción, además de introducir cambios de mentalidad por parte de los periodistas y directivos, junto a un uso intensivo de la tecnología multimedia en el trabajo periodístico. A estas características se agrega la presencia de Internet como la principal fuerza horizontal integradora (Álvarez, 2003).

Una de las cualidades más apreciadas en la convergencia entre las redacciones de periódicos, televisoras y emisoras radiales es la labor de forma conjunta en la producción de contenidos. En esta redacción unificada, los periodistas han de ser capaces de trabajar en línea y manejar los múltiples lenguajes y herramientas. Además, se plantea una redefinición de los roles, con la aparición de una nueva figura: el editor multimedia. Las competencias profesionales de los editores y periodistas se amplían porque tienen que dominar el arte de escribir, también cuáles sonidos y vídeos funcionarían mejor en el producto comunicativo que están preparando.

Similares características acompañan a la convergencia de la redacción tradicional con la digital de un único medio.

Las redacciones integradas se benefician de diferentes formas. Por ejemplo, comparten fuentes informativas y documentales, además de temas e ideas; en los casos de convergencia entre redacciones de medios de una misma empresa, el nivel de credibilidad y prestigio de los más antiguos favorece a los que se inician. A todo esto se suma que se emplean las mismas instalaciones. El motivo económico es un factor a tener en cuenta para comprender mejor los grandes intereses detrás de la convergencia, sobre todo porque al ampliarse las audiencias, entonces también aumentan las ganancias por la publicidad (Luft, 2006).
 
El resultado de la convergencia, al menos desde el punto de vista teórico, sería la aparición de la redacción multimedia. Esta se concibe como el ámbito en el que se centralizan todos los mensajes, se imparten instrucciones y se reparte el flujo de información para editar las versiones impresas, audiovisuales y online de unos contenidos cada vez más personalizados, en función de los destinatarios y del soporte de difusión (García, 2003).

En Estados Unidos, el Poynter Institute recomienda una serie de pasos para llegar hasta la convergencia en los medios, entre los que se encuentran:

-Proceder con una política de transparencia al explicar los cambios y los beneficios que traerá la creación de una redacción integrada.

-Educar e informar a ambas áreas.

-Establecer un objetivo claro de acción, de acción, concediendo especial importancia a la definición que se haga del “éxito”.

-Proporcionar a cada empleado una descripción clara de sus funciones.

-Crear auténticos equipos de trabajo.

-Propiciar la presencia de un representante de la redacción digital en las reuniones de planificación de contenidos y presupuestos.
(Álvarez, 2003).

Todavía la convergencia de redacciones tiene que desandar un largo camino lleno de interrogantes, vencer reticencias y demostrar que es viable para que otros decidan seguir el ejemplo de aquellos que ya dieron el primer paso.

La primera gran dificultad, tanto para la convergencia de redacciones de varios medios como para la unificación de la redacción tradicional y digital, es llegar a un consenso sobre qué resulta más provechoso: mantener la estructura actual y propiciar un mayor diálogo y cooperación entre las otras redacciones que incluya la parte tecnológica y los contenidos o integrarlas completamente.

No todos han recibido con los brazos abiertos a la convergencia. Algunos directivos continúan pensando que la integración no es relevante para ellos, pero están cometiendo un gran error, más temprano que tarde las audiencias irán a cualquier otro lugar donde puedan obtener lo que necesitan, advirtió Dietmar Schantir, director de Ifra Newsplex (Luft, 2006).

Frente a la opción de la convergencia, los periodistas se dividen entre aquellos resistentes al cambio porque lo valoran como una readaptación en sus rutinas productivas y que produciría un reducción en la calidad de los contenidos y los que la promueven, no solo como una oportunidad para mejorar su situación financiera; también porque consideran que esa colaboración propiciaría la elaboración de contenidos más completos.

Las diferencias generacionales entre los profesionales han encontrado en la integración una nueva manera de expresarse. Los periodistas de más experiencia, formados en una etapa anterior a la introducción de las nuevas tecnologías, observan con recelo los conceptos relacionados con “multimedia” porque ante los más jóvenes se sienten en desventaja. Vencer este recelo no es una tarea fácil.

Otro problema son los distintos lenguajes que deberán manejar los periodistas de la redacción integrada, sobre todo por el hecho de que los usuarios no son los mismos. Aquel profesional que solo había trabajado en la versión impresa de un periódico ahora se vería elaborando un reportaje multimedia, como parte de equipo de trabajo multidisciplinar. El concepto del periodista sentado frente a su máquina de escribir—primero— y su ordenador después, cambia hacia una filosofía más cooperativa. Esto tampoco es fácil de asimilar.

Un tercer conflicto tendría que ver con la imagen del periodista, aunque esto afectaría más a la integración de las redacciones de un único medio. Los periodistas que trabajan en las redacciones digitales son subestimados, tanto social como económicamente. En muchas ocasiones su labor se reduce apenas a reelaborar los contenidos ya publicados. Supuestamente no hay lugar para la creación y su remuneración salarial también dista mucho de los “otros” periodistas. Esto no ocurre en todos los sitios, pero sí es una visión que se ha generalizado y que pudiera desaparecer o al menos atenuarse en pocos años cuando ocurra la convergencia de redacciones.

LENTO AVANCE EN LA INTEGRACIÓN

El esperado aumento de los medios con redacciones integradas no ha mantenido un ritmo constante en los últimos años.
 
Uno de los iniciadores fue el periódico británico Financial Times quien desde 1999 unificó a las redacciones de su versión impresa y digital. De acuerdo con el director Paul Maidment, el único modo de que las empresas valoren al mismo nivel a sus periodistas del periódico de papel y del digital es que compartan las condiciones laborales y el sistema de retribución. “Hemos creado una redacción completamente integrada que trabaja tanto en prensa como en Internet. No tenemos periodistas del punto com ni del papel”, declaró Maidment. En diciembre de 2005, USA Today también decidió unificar las redacciones del periódico de papel y el digital, con la finalidad de “crear una sola empresa informativa de 24 horas. La nueva redacción diseña y planifica la cobertura como una única entidad, con una estrategia más provechosa para desplegar los recursos informativos en un mundo en el que la información se ha convertido en una mercancía a demanda del usuario”, según el editor del diario, Ken Paulson (García, 2006).

En Estados Unidos, el caso paradigmático de convergencia de varios medios es el proyecto Tampa News Center, desarrollado en la Florida, por el grupo Media Center, a partir de marzo de 2000. Esta compañía inauguró un edificio que daba cabida a sus tres medios locales: el diario Tampa Tribune, la emisora de televisión WFLA-TV, afiliada a la cadena NBC, y el sitio web TBO.com (Tampa Bay Online). La peculiaridad del Tampa News Center era que, en lugar de aislar la redacción de cada medio, apostaba por una novedosa distribución arquitectónica y un sistema tecnológico común de gestión editorial que posibilitaba la colaboración simultánea (Salaverría, 2005: 38).

El diario español El Mundo integró desde 2007 a los periodistas de las secciones de Comunicación, Deportes y Ciencia y allí ellos trabajan para el periódico y la edición online; mientras, El País fundió en 2009 su edición impresa con la de Internet que hasta ese momento dependía de otra empresa del grupo, Prisacom. “Esta integración no se limita a un nivel periodístico, sino que constituye también una fusión de operaciones económicas. Así, se creará una empresa de contenidos de calidad bajo la marca de El País en la que trabajaran alrededor de medio millar de profesionales”, aclaró Juan Luis Cebrián, consejero delegado del grupo Prisa (El País, 20 de enero, 2009).

Dos de los medios de la llamada gran prensa norteamericana, The New York Times y el Washington Post también integraron sus redacciones de papel y digital.

Sin embargo, el periódico gratuito 20 minutos que había integrado sus redacciones decidió, a finales de 2008, separarlas nuevamente. “No puedes tener una empresa para el papel y otra para la red y al mismo tiempo una redacción unificada, no tiene sentido. La división tiene que llegar hasta sus últimas consecuencias. Y lo que es una necesidad jurídica o legal también es una necesidad operativa en estos momentos. Los redactores del papel harán solo eso y los de la web se ocuparán únicamente de la edición online. Lo que sí vamos a pedir es la colaboración entre los dos medios, porque de ahí salen cosas muy positivas y no vamos a perder la posibilidad de apoyarnos unos en otros”, declaró Joan Domene, director de 20minutos.es (Periodistas 233 grados).

No obstante las críticas y reticencias, la mayoría de los periódicos digitales latinoamericanos piensa fusionar en el futuro sus redacciones para expandir sus operaciones online.

A esta conclusión llegaron Guillermo Franco y Julio César Guzmán, del sitio colombiano Eltiempo.com, quienes realizaron una encuesta en 43 medios online, considerados entre los más importantes de Latinoamérica. Las conclusiones, llevadas a cifras, mostraron que:

-El 74% de los medios planea integrar sus redacciones online e impresa en el corto, mediano o largo plazo. De hecho, un 4% ya están integradas.

-El 42% de los sitios web funciona con 3 periodistas o menos. El 24% cuenta para su operación web con entre 4 y 8 periodistas. Un caso excepcional emplea a cerca de 35 periodistas.

-En el 61% de los sitios web, la mayoría del contenido es el de su edición impresa. Solo en el 27% de ellos, la mayoría es contenido propio.
 (Rost, 2007)

¿CONVERGENCIA EN CUBA?

Ya en 1995 existía en Internet un sitio cubano de noticias, llamado Cubaweb (www.cubaweb.cu), que utilizaba un servidor ubicado en Canadá. En ese sitio aparecían las principales informaciones publicadas por los periódicos nacionales. Las noticias se trasladaban hacia allá de diferentes formas, por lo que el proceso de actualización era muy lento.

Un año después, a finales de 1996 ocurrió el acceso pleno de Cuba a Internet. El primer medio de comunicación que colocó su versión digital en la Red fue el periódico Granma Internacional, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, en 1997. Los inicios resultaron muy complicados porque en el país casi no se conocía sobre Internet y los periodistas no poseían amplios conocimientos tecnológicos, ni manejaban conceptos cercanos a las teorías sobre el periodismo digital que ya se producían.

Los hechos noticiosos fueron desencadenando la aparición en Internet de los correlatos online de periódicos, emisoras de radio y televisoras, tanto de alcance nacional como local. La visita del Papá Juan Pablo II a Cuba, en enero de 1998, marcó un punto de cambio, porque la necesidad de obtener noticias sobre lo que acontecía, impulsó a los directivos de medios y la dirección del país a invertir para lograr colocar el mensaje cubano en la red. Durante los tres días de visita papal, los medios ya insertados en Internet recibieron miles de visitantes, de casi todas las partes del mundo y los servidores arrojaron una cifra récord de accesos.

Desde aquel momento hasta la actualidad, todos los medios cubanos cuentan con una versión online y se han creado otros medios solo digitales; sin embargo, la cantidad no garantiza, necesariamente, la calidad de los contenidos que se publican.

Los periodistas en Cuba tropiezan a diario con obstáculos que atentan contra el carácter multimedial en sus productos: pobres recursos tecnológicos y un ancho de banda que genera conexiones lentas, razón por la cual algunos productores restringen o anulan el uso de la multimedia dentro de sus sitios. La complementa una débil preparación de los profesionales. Si bien es cierto que las carencias materiales limitan el ejercicio de la profesión, son los usos que los seres humanos hacen de la tecnología los que marcan el éxito o fracaso de la empresa. La tecnología, bien utilizada, ahorrará costes y viabilizará el surgimiento de rutinas productivas acordes con las exigencias del espacio digital (Comellas, 2005).

En Cuba, la labor de volcado de los contenidos de los medios tradicionales a los digitales, se ha hecho extensiva a los flujos de producción, y estos han heredado las mismas trabas que antes impedían la construcción de materiales acordes con el paradigma digital. Las redacciones digitales son prácticamente inexistentes e incluso, en los medios que sí cuentan con este espacio físico definido, con periodistas y diseñadores que laboran solo para la versión digital, las rutinas productivas de la web encuentran múltiples puntos de contacto con sus versiones tradicionales que impiden que los contenidos se acerquen a las características del periodismo para y con Internet.

Ante estas realidades, la convergencia de redacciones se plantea como un gran reto para el periodismo cubano. Una integración de diferentes medios no luce como una opción posible; sin embargo, la unificación de las redacciones digitales y tradicionales sí pudiera encontrar oídos receptivos, tanto entre los periodistas como directivos; pero para llegar hasta allí resulta imprescindible no solo la necesaria inversión en la parte tecnológica, sino también la preparación de un profesional dotado de conocimientos más profundos y cercanos a las competencias que hoy se exigen de un comunicador.

En las siete universidades del país donde existen estudios superiores de Periodismo—con la Universidad de La Habana como centro rector—, los cursos de Periodismo Digital han ganado un mayor espacio y este tema ya se imparte en la maestría de Ciencias de la Comunicación, así como en cursos de postgrado para los profesionales que ejercen el trabajo diario. Esta parece una vía interesante para acercar al futuro periodista o aquel que ya se encuentra en los medios con las tendencias más modernas de una profesión que no puede resignarse a vivir de espaldas a la producción teórica.

De acuerdo con Pelayo Terry, subdirector del diario Juventud Rebelde, el segundo de más tirada en la Isla, la unificación de la redacción tradicional con la digital es una realidad que no puede dejar de analizarse en Cuba, ya que la generación de contenidos hacia la web no puede seguir estando supeditada a la cobertura que haga el periodista de la redacción principal (Terry, 2009).

Además, agrega Terry, quienes primero deben y tienen la responsabilidad de cambiar para lograr una verdadera integración son los directivos de los medios de prensa. Si ahí no se produce la transformación, difícilmente abajo pueda obtenerse algo.

CONCLUSIONES

La integración multimedia en todas sus dimensiones reclama esencialmente tres cosas: planificación, innovación y formación. La planificación resulta particularmente necesaria en el plano editorial y no solo en el administrativo o gerencial. La innovación debe apuntar a los aspectos tecnológicos, pero también a los comunicativos. Y la formación ha de fomentar el uso profesional de los recursos digitales por parte de los periodistas, al tiempo que les invita a experimentar con nuevas formas interactivas y multimediales de presentar la información (Salaverría, 2002).

Aplicar una sola regla para lograr la convergencia sería un error. Cada medio la realiza de acuerdo con sus posibilidades e intereses. Según Ricardo Roa, editor general adjunto del diario argentino El Clarín, la fusión se adecua al tamaño de los medios, la madurez de su presencia en los mercados y la decisión y características de quienes la llevan adelante (El Clarín, 2007).

Aunque las cifras indican que la tendencia es hacia la convergencia, algunos medios impresos y audiovisuales todavía mantienen reservas ante la unificación de sus redacciones y los directivos en ocasiones ni siquiera han adoptado estrategias ni calendarios definidos y es que cada medio es diferente, por lo que las soluciones también deberían serlo.

Más que el elemento económico, pesa el factor humano y esta es una realidad muy cercana al entorno cubano. Antes de tomar la decisión se necesitan varios estudios, en especial de los usuarios, para no dar un paso en falso. Una redefinición del trabajo de la redacción y de los periodistas que en ella trabajan puede ser muy complicada; sin embargo, el aumento de la productividad y la elaboración de contenidos cada vez más completos aparecen como elementos de mucho peso. 

Coincidimos con Terry (2009) cuando este asegura: “El camino hacia la unificación de las redacciones de los medios de prensa parece el más indicado, de acuerdo con las investigaciones realizadas, pues la tendencia mundial no puede desconocerse en un ámbito en el que Cuba inicia sus primeras experiencias. Pero independientemente de que se llegue a la convergencia de redacciones, se necesitan grupos de especialistas que le brinden soporte a la versión web, lo que pudiera lograrse con la creación de equipos de desarrollo integrados por profesionales graduados de especialidades afines con el mundo de Internet y las nuevas tecnologías y más específicamente el periodismo digital.”

Darle la espalda a la convergencia sería un error, al igual que considerarla la salvadora de todas las dificultades. El escepticismo ante lo nuevo luce como una constante dentro del periodismo. El “periodista multimedia” levanta suspicacias porque al utilizar a un profesional capaz de desenvolverse en varios lenguajes y, por tanto, con un mayor nivel de competencias que su predecesor “tradicional”, entonces los directivos pudieran optar por reducir las plantillas y así abaratar los costos. Una mayor tasa de desempleo no es un resultado agradable.

La convergencia de las redacciones es una tendencia que continúa creciendo; pero podría tardar mucho más tiempo porque el proceso de aprendizaje no es cuestión de días; no obstante, parece irreversible y ya pocos se atreven a no considerarla un factor importante en las transformaciones por las que atraviesa el periodismo.

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CAMBIÓ LA TECNOLOGÍA, NOSOTROS NO

CAMBIÓ LA TECNOLOGÍA, NOSOTROS NO

Lic. ROBERTO CARLOS DELGADO,
Periodista del Invasor.

En el siglo pasado transcurrieron décadas sin cambios significativos en el panorama de los medios de comunicación. En los años ’30 la radio tenía la primacía hasta que la televisión saltó a la escena en los ’50 y ’60. No mucho más sucedió hasta que la Web lo estremeció todo a finales de los ’90.

Internet sacudió los cimientos de los medios tradicionales, pero, además, abrió a la sociedad, en general, y a los periodistas, en particular, nuevas posibilidades y formas de contar historias. De paso, ha roto el paradigma de la comunicación unidireccional de “nosotros hablamos, ustedes escuchan”. Pero esas nuevas formas de contenido requieren el desarrollo de habilidades.

Si usted es un reportero, seguro puede transcribir las mejores citas, pero ¿proporciona realmente un informe completo y exhaustivo? Una de sus fuentes dio más explicaciones de un tema importante, que usted luego parafraseó para evitar una cita larga, otra dijo algo con emoción o sentimiento o una singularidad que no se transfiere al texto, ¿qué hacer?

La mayoría de los trabajos periodísticos pueden ser mejorados a partir de la hipertextualidad y la adición de fragmentos de audio o video. Nunca hubo una época que ofreciera tantas formas poderosas de contar historias y entregar información a los lectores. Si ama el periodismo, tiene que estar encantado con tener más herramientas a su disposición, más interacción con su audiencia y la proximidad de la desaparición de las tradicionales limitaciones de tiempo y espacio.

Así, mientras existen nuevas oportunidades, estas compiten actualmente con muchas de las tradiciones que los editores de noticias han abrazado por mucho tiempo. Quizá ninguna en igual medida que el rol de guardián de la información que el periodismo ha desempeñado durante la mayor parte de su existencia.

Mantener un diario, un semanario o un canal de televisión resulta costoso, lo cual limita el número de fuentes de información y permite que los periodistas se consideren a sí mismos los árbitros finales sobre lo que el público debe saber, pero Internet lo cambió todo.

Entonces ¿cómo adaptarse y evolucionar para servir a una audiencia siempre cambiante? Experimente, examine y supérese.

Esta es una de las razones por las cuales pienso que nunca hubo una mejor época para el periodismo. Trabajar en un periódico significaba que usted tenía dos formas de servir a sus lectores: palabras impresas en una página y fotografías. Hoy, podemos tomar una historia y usar tantas herramientas y tecnologías para contarla y presentarla de la forma y en el momento en que queramos. Incluso, podemos discutir y considerar métodos que nunca se utilizaron antes. Y esa es la mejor parte.

¿Qué hacer cuando su reportero quiere escribir una historia, pero usted no tiene el espacio suficiente para publicarla en el medio impreso o el tiempo necesario para radiarla o televisarla? ¿Por qué no pensar en su sitio Web?

Es difícil abandonar los bordes del campo y meterse en el juego.

A menudo, en la Redacción donde trabajo, alguien viene con una nueva idea de lo que deberíamos hacer, pero, incluso, las buenas ideas no pueden surgir y llevarse a la práctica si no existe el personal necesario y preparado. Somos solo cinco personas trabajando exclusivamente en el sitio, además de los reporteros que, junto al resto del personal, como principio, priorizan la edición impresa.

Esteban Ramírez Alonso, director de la Agencia de Información Nacional, en una intervención el 11 de diciembre de 2002 en el Festival Nacional de la Prensa Escrita, reflexionaba acerca de  cómo insertar los medios digitales cubanos en el mundo, algo en lo que hemos ganando con el tiempo, sin embargo, hay tres interrogantes que vale la pena retomar si hablamos de perfeccionar lo que hacemos en nuestros medios para priorizar, más allá del discurso, el trabajo de los sitios Web:

-¿Somos un semanario con una publicación online, o un periódico online que tiene semanalmente una edición impresa?

-¿Contamos con una emisora de radio y un periódico online, o con una emisora que tiene simplemente una página Web?

-¿Están nuestras redacciones organizadas en función de estos conceptos?

Las respuestas a estas preguntas constituyen un reto que pone a prueba la sagacidad de quienes tienen el poder de organizar las rutinas productivas de nuestros medios, las que, atadas muchas veces al periodismo convencional nos entorpecen. Varios años después de su aparición, los medios online siguen buscando su identidad y lejos de haber alcanzado la madurez continúan dominados por el medio del cual surgieron.

Si le preguntáramos a nuestros reporteros para qué medios trabajan, pocos se referirían al sitio Web. Y no los culpo, las rutinas productivas los lleva a pensar así.

Laborar para un sitio Web no es solo escribir un texto, proponer una foto, en fin, lo que la mayoría hace, es imprescindible, además, utilizar las herramientas puestas a nuestra disposición, utilizar un lenguaje universal y tratar temas que les interesen a la aldea global, de ahí la necesidad de contar con redacciones exclusivas para la Web, con profesionales especializados.

No podemos pensar que continuamos escribiendo para un grupo reducido de personas cuyo conocimiento de nuestra realidad nos permite obviar algunos detalles. Los nuevos usuarios habitan, en muchas ocasiones, en sitios donde ni siquiera se habla de Cuba, mucho menos de la provincia y la localidad.

Asuma que el lector que visitará su sitio no sabe nada del tema del que usted habla. Con esa idea en mente elimine la jerga del contenido. Al hablar de jerga en este contexto me refiero a los términos y expresiones que el público en general no tiene por qué saber, dado que son específicos a una disciplina o a un grupo de expertos. Elimine también las siglas no conocidas y los clichés. Las siglas no tienen significado para aquellos que están fuera de la organización o grupo familiarizado con el tema y los clichés le restan originalidad a su texto.

El lenguaje claro y sencillo —correcto ortográfica y gramaticalmente— es esencial para todas las comunicaciones con el público e, incluso, más importante al escribir para la Web, dado que el objetivo básico del usuario al visitar su sitio es obtener información. Comunique su mensaje de manera directa, sencilla y precisa. Un lenguaje ambiguo puede frustrar al lector.

Nos afecta con frecuencia el desconocimiento sobre los receptores, pensamos que lo saben todo, y allá van los trabajos cargados de localismos, olvidándonos así del lenguaje que debemos utilizar en un medio como este.

Otro elemento importante son los títulos. No es lo mismo escribir titulares para la Web que para textos impresos. La cantidad de información disponible en una pantalla es limitada, a diferencia del periódico que le permite ver al mismo tiempo el titular, la fotografía, la leyenda, el sumario y el cuerpo del trabajo. Así, de una sola ojeada el lector tiene una visión más completa para interpretar el mensaje del titular.

Cuando leemos en línea, con frecuencia solo tenemos el titular para guiarnos. Aún en los casos en que el titular trae un breve resumen son pocos los que se detienen a leerlo. Por eso es tan importante que los titulares sean directos y exactos cuando se escribe para la Web.

La interactividad es otra de las limitaciones. Los foros, las encuestas, el canal RSS y la opción de permitir que los lectores comenten nuestros textos permanecen ausentes de muchos de nuestros sitios, y en el mejor de los casos, están, pero no se explota adecuadamente. Lejos estamos de cumplir con los requerimientos que hoy nos impone el periodismo digital.

La Red es un medio de publicación instantánea. En teoría, se publica según ocurre el hecho noticioso, pero en la práctica no siempre es así. Actuamos con la visión de semanario, y lo que pudo ser un palo periodístico queda reducido a fiambre.

Es cierto que la mayoría de quienes trabajamos en el área online de los periódicos somos autodidactas. Teníamos un interés y lo alimentamos. Utilizamos esa curiosidad que conduce a muchos al periodismo y la usamos para desarrollar nuevas habilidades.

Pero hay un secreto: no hay que esperar a que alguien nos enseñe sobre este punto. Podemos aprender por nosotros mismos.

Se acabaron los días de los especialistas en una sala de Redacción con solo una habilidad. Resulta evidente que la escritura y la fotografía no están muertas —ni siquiera próximas a morir—, pero,  simplemente, son insuficientes para el periodismo digital.

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TIEMPO DE BLOGUEO

TIEMPO DE BLOGUEO

Intervención en el V Taller Experiencias Didácticas en la Integración de Contenidos. Universidad de La Habana. Facultad de Artes y Letras. Temática: Las tecnologías de la información y las comunicaciones y la integración de contenidos.

MSc. IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ,
Profesora Auxiliar de la Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana, y del Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Editora de mesadetrabajo.

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Desde que decidí abrir mi puerta personal hacia el ciberespacio –a la que llamo Isla al Sur en evocación perpetua a esta tierra imperfecta y querida en la que vivo-, de vez en cuando los desvelos me acosan y las madrugadas se extienden insertando este o aquel material, imaginando la alegría de los estudiantes cuando abran la página y estén ahí sus trabajos periodísticos, paridos con tinta joven, con visiones del hoy y el ahora cubanos. Pero he de ser sincera: ningún dolor de cabeza ha sido tan fuerte como para menguar mis satisfacciones como docente.

Y de eso precisamente se trata esta breve intervención ante profesores de nuestra Universidad de La Habana. De transmitirles, con la modestia de un sueño que crece, mis experiencias como bloguera desde octubre del 2006. Empeño que, es justo hoy aquí reconocerlo, también fue posible gracias a la colaboración del colega villaclareño Antonio García Acuña, quien “descubrió” el continente para el futuro contenido del blog, en medio de la multiplicidad de formatos que ofrece la red.

Mi público-meta posee características muy particulares: es emisor y destinatario. Son los futuros periodistas que a la vuelta de cinco escasos años estarán en los medios de comunicación como hacedores de noticias. Pero son, ya desde el primer curso académico de la carrera de Periodismo de la Facultad de Comunicación, entes constructores de ellas en un proceso de formación, preparación y superación permanentes.

Y son, es lo fundamental, principales protagonistas del blog, sus reporteros, los encargados de que esa página permanezca en la red con materiales de actualidad informativa, interpretativa y opinática. Isla al Sur es “su” periódico.

El blog les permite, ante la escasez de espacio en las publicaciones “de papel” o en “blanco y negro” como las llamamos en el gremio, contar con un medio que socialice sus trabajos y estos tengan el fin público que caracteriza a las producciones periodísticas. Entonces, los trabajos que entregan en las asignaturas correspondientes a los géneros periodísticos trascienden la revisión del profesor, que deja de ser el único destinatario, pues los materiales ahora están asequibles a un público que puede seleccionar, objetar, valorar, discernir o confraternizar acerca de la propuesta comunicativa que lee.

Estoy hablando de un blog docente, o como se le conoce internacionalmente: un edublog, valiosa herramienta que las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones ponen en manos de los profesores y que ha demostrado ser una excelente aliada para alcanzar la eficiencia pedagógica y favorecer el análisis, el debate, la confrontación de criterios y el crecimiento del conocimiento entre los alumnos, más allá de los límites del aula.

Digo más: valida el concepto de taller extramuros al que se puede acceder en cualquier momento para tomar de él experiencias ajenas y compararlas con las propias, y para también decidir ser parte de un proyecto común e integrador de las materias.

Ahora bien, la experiencia no debe tener límites para ningún profesor de cualquier carrera. O, al menos, no deben ser límites infranqueables. Requiere, sí, de adecuaciones a las materias que se imparten.

Contar con una página académica le permite al docente realizar una gestión comunicativa de doble vía con los estudiantes, en tanto se produce una retroalimentación desde lo interno (el aula) y desde lo externo (el blog) a un mismo tiempo; encauza a los jóvenes hacia la lectura actualizada, pues ahí están sus experiencias y las de sus compañeros y ellos quieren medirse, compararse, ser entes competitivos y capaces; se convierte el espacio en una tribuna de ideas para nuevas creaciones; y contribuye a formar y consolidar en los jóvenes el sentido de identidad y responsabilidad como autores que publicitan sus trabajos y de ellos dan cuenta cierta como fuente generadora.

A todo lo anterior se suma que ayuda a la contextualización de lo que, en la materia que se imparte, están abordando, profundizando, construyendo, el resto de los compañeros. Este último aspecto nos parece muy interesante como canalizador de reflexiones en un proyecto abierto, colaborativo y desarrollador, en el que el conocimiento se cimienta ininterrumpidamente. Es un espacio de punto de partida para el debate.

En esta tarea es vital el rol del profesor como mediador en el proceso de comunicación, expansión, socialización y construcción del conocimiento en los estudiantes. Él es un punto de equilibrio, una mirada madura, aguda y estratégica en el progreso docente. En este aspecto, además, es necesario que el profesor valide su condición de autor en las mismas materias de las que pide excelencia a sus estudiantes.

Así, el docente no solo adquiere mayor relevancia profesional delante de su alumnado, sino también, se convierte en un modelo referencial para los futuros periodistas. Es, además, un reconocimiento para los estudiantes, pues pueden compartir un espacio en que todos tendrán un objetivo común: la calidad de las propuestas, el sentido de responsabilidad, pertenencia y ética, y la confiabilidad de lo que se expone, garante de credibilidad.

Todo puede sintetizarse en un aprendizaje desarrollador que transita entre lo individual y lo colectivo o, en su máxima expresión: aprendizaje colaborativo, directo y emprendedor. Un laboratorio en la red pública que privilegia la flexibilidad, la actualización, la revisión permanente y la construcción del conocimiento desde lo personal a lo social e integrador.  

Pero el blog docente tiene aún un mayor alcance en el tiempo: es una base de textos teóricos y prácticos de actualidad para los alumnos que inician la carrera, cual especie de bibliografía realizada por jóvenes de su misma edad, igual experiencia, similar preparación cultural. Ellos en ese contexto pueden encontrar los trabajos que realizaron quienes les antecedieron y, por tanto, promueve la sana competencia de querer ser mejores porque ya saben de qué bases parten.

Desde mi experiencia en estos meses de trabajo, puedo mostrar la utilidad del blog, herramienta que me ha permitido no solo publicar decenas de trabajos de los estudiantes de primer año de Periodismo, y de los diplomados que para la especialidad ofrece la Unión de Periodistas de Cuba y el Instituto Internacional de Periodismo José Martí tanto en Ciudad de La Habana como en diversas provincias.

Al proyecto se han unido estudiantes de años superiores de la carrera y otros de Comunicación Social, así como alumnos de cuatro sedes universitarias municipales de la capital, quienes han participado con sus trabajos de examen en la asignatura de Fundamentos del Periodismo, con artículos de diversas temáticas y ya se preparan para enviar resúmenes de sus tesis de licenciatura algunos recién graduados de Comunicación Social de la SUM Felipe Poey del municipio de Plaza de la Revolución.

El blog se convierte también en una base de trabajos para los medios de prensa, que pueden publicarlos tanto en su edición en papel como digital. Y a ello se suma que no son pocos los colegas convertidos en asiduos lectores de los trabajos de los estudiantes, y así lo han expresado. Para ellos están abiertas las puertas de Isla al Sur. Es más, he requerido para mis clases de determinados trabajos referenciales y con prontitud han respondido enviándolos.

Creo que la mejor manera de ejemplificar la validez del proyecto es que hoy las visitas ya sobrepasan la cifra de las 9 200, considerada entre las más altas en el contexto de los blogueros cubanos.

Todo ello me hace ser una bloguera convencida. No desconozco las partes menos positivas que pueden asociarse a este tipo de publicación, pero creo que son de las buenas de las que debemos apropiarnos con fuerza.

Y, por sobre todo, creo sinceramente que el éxito de cualquier proyecto también depende de la honestidad, el fervor y la entrega con que se abrace. Valga, entonces, este tiempo de blogueo.

 

 

 

 

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