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A SIMPLE VISTA

A SIMPLE VISTA

Lic. Karen Hernández Rodríguez,

Investigadora del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica, profesora de la Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana. 

El homo sapiens, aquel para nosotros primer "hombre primitivo, se interesó pronto en plasmar su percepción del mundo que lo circundaba; una intención muy ambiciosa: captar la acción, el desplazamiento, la dinámica triunfal de la vida en movimiento (hoy lo "vemos" a través de las imágenes prodigiosamente conservadas en lugares de "culto": la cueva de Lascaux como primer gran museo pictórico). Desde allá nos llegó la necesidad de dar cuenta visualmente de lo que sucede a nuestro alrededor. Todo con un profundo carácter narrativo... la posibilidad de contar a través de la sucesión constante de imágenes.

Así encontramos a lo largo de los años, diferentes maneras de construir historias: mosaicos, pergaminos, la pintura (la Capilla Sextina es una de las secuencias pictóricas más cinematográficas de la historia del arte mundial), la fotografía y más tarde -prácticamente introduciendo el siglo XX- el invento del cinematógrafo por los hermanos Lumière, quienes en ese momento no podían predecir el impacto de su descubrimiento para los siglos venideros, y lo tildaron solamente como un "artefacto de feria".

Es a partir de ese momento que se sella la influencia que tendrá la imagen sobre la construcción de la realidad, tal cual la conocemos los seres humanos hoy. Antes ya habíamos compartido "el ver para creer" de William Randolph Hearst que sellara la guerra hispano-cubano-norteamericana, y demostrara que una imagen, ciertamente, vale más que mil palabras. Ahora se nos prometió que desde salas oscuras, cercanas a nuestras casas, contemplaríamos el mundo sin perdernos un detalle. El ojo se transformó en el sentido que nos permitiría conocer la verdad.

Los cincuenta, también del siglo XX, fueron los años en que se hizo real la maravilla de que el hombre se introdujera dentro de una pequeña caja y pudiera contemplarse cada día más lejos, mejor, más profundo; ver al otro lado de su cotidianidad, descubrir e incluso creer participar en su vida, en sus palabras, en aquello que a cientos de kilómetros ocurría, en las bombas, las protestas, la música, las risas. Pero el mundo no se detuvo allí.

Hoy: cine, televisión, video, DVD, publicidad, Internet, son palabras que se suceden en nuestro diario existir. El ser humano, tal como lo conciben los grandes discursos etnocentristas, occidental-primer mundista-letrado, no se piensa sin la posibilidad que brinda el mundo audiovisual.  Cual Alicia en el país de Maravillas, el tiempo es una abstracción mediática, construida por un emisor desde lejos, desde fuera, desde siempre.

Estos grandes emisores detentan el poder supremo de definir la realidad, la verdad, los buenos y los malos. Las herramientas para lograrlo se han perfeccionado, se han digitalizado, se han miniaturizado y se han abaratado. Los discursos se han homogeneizado y los canales se han multiplicado y expandido. Friends (1) es la percepción de la amistad vendida a escala global, como se vende Coca-Cola.

El lenguaje audiovisual se ha entronizado, entonces, como el lenguaje preferencial de la comunicación. Sus códigos son compartidos y aprehendidos en el mundo entero, sin distinción de idioma o cultura. Las pautas para su lectura se "legalizan", a la vez que esta misma lectura o recepción se fragmenta, enajena y banaliza. Historias que se repiten, imágenes que se espectacularizan, tendencias artísticas que intentan romper con todo ello declarando la muerte del propio arte, de sus autores y sus ideas. El panorama asoma convulso, inacabado, dramático y visualmente caótico, maquillado, verosímil.

Acotación:

(1)Soup-Opera norteamericana con récord de ventas en todo el mundo.

 


 

 

 

 

 

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