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PABLO EN EL GRAN RÍO DE LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA

PABLO EN EL GRAN RÍO DE LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA

Dr. ROGER RICARDO LUIS,
Profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

"Me quedaré en España, compañero".
me dijiste con gesto enamorado.
Y al fin sin tu edificio tronante de guerrero
en la hierba de España te has quedado.
Miguel Hernández

“… Me voy a España, a ser arrastrado por el gran río de la revolución. A ver un pueblo en lucha. A conocer héroes. A oír el trueno del cañón y sentir el viento de la metralla. A contemplar incendios y fusilamientos. A estar junto al gran remolino silencioso de la muerte…”

Así, con belleza telúrica, Pablo de la Torriente Brau proclamó la determinación que marcó el acto  más trascendental en su vida. Lo hacía parapetado desde la crónica, Me voy a España, lanzando un grito de guerra y esperanza.  Ahí está  el “Pablo periodista, narrador, agitador, combatiente”, como lo definió Juan Marinello en el prólogo de Peleando con los milicianos.

Era España el corazón del mundo para 1936. Entonces tenía 35 años y viajaba no sólo para reportar, escribir de la revolución que allí eclosionaba, sino también para aprender de ella pensando en Cuba.

La vía más expedita para llegar hasta el epicentro del conflicto fue la de agenciarse una corresponsalía. Reputación tenía para ello. Así, cuando tocó a las puertas de la revista New Masses, enseguida le abrieron y “que me pagarán diez pesos por crónica”. Esa publicación, vinculada al Partido Comunista de Estados Unidos, contó con las firmas de Ernest Hemingway, Upton Sinclair, John Dos Passos. La otra publicación fue El Machete, órgano del Partido Comunista de México, del cual era conocido colaborador.

Razones tuvo para marchar a la guerra. Sus cartas a compañeros de lucha y amigos son contentivas de lo extraordinariamente duro que le resultó la estancia en Estados Unidos y el escepticismo que lo embargaba respecto a las condiciones existentes en la isla para impulsar su anhelada revolución. De ello da fe la misiva remitida a Carlos Martínez, con fecha 28 de julio de 1936, donde expresó: “La revolución está en el punto muerto; está como esas ruedas de los camiones atascados, que giran en el aire inútilmente”. Párrafos más adelante subraya: “…ahora me consuelo con la revolución española. Nosotros hemos cometido una pifia al no irnos para allá hace algún tiempo”.

Poco después, en otra epístola donde hablaba de sus gestiones para ir a España, evidenciaría la importancia estratégica que le otorgaba a la decisión: “Allá, aparte de la gran experiencia a mi vista, creo firmemente que puedo hacer por la revolución cubana mucho, pues parece claro que la revolución española tiene en Cuba profundas repercusiones y se le podrá sacar lascas innúmeras, de lección, en beneficio de todo nuestro pueblo”.

La huella periodística de Pablo en ese paso fugaz y trepidante de apenas tres meses por el mapa bélico español fue tan contundente que ha quedado registrado entre los más  importantes y significativos testimonio de la epopeya.

Es importante destacar que la labor como corresponsal de guerra ha de verse orgánicamente vinculada al resto de su actividad política. Él tuvo conciencia del papel de la narración periodística en tanto discurso político, el periodismo fue su trinchera por excelencia por la sencilla razón de que fue su principal forma de comunicación como activista político, un acto que en él se daba natural dado su carisma, cultura  autodidacta, sentido del deber, patriotismo y la capacidad innata para decir.

El joven revolucionario comprendió como pocos en su tiempo el poder de lo simbólico como constructor de conciencia y que el discurso es resultante de un contexto que también puede ser modificado  desde el propio discurso. De ahí la importancia que le concedió al periodismo para la denuncia, para el cambio, y del periodismo como un tipo especial de propaganda como modelador de comportamientos.

Pablo estuvo persuadido de cuánto de cierto hay en la afirmación que hiciera  del general Clausewitz, de que  “… la guerra es la continuación de la política por otros medios”, y, en consecuencia, tomó de partido. Desde esa perspectiva  pudiera decirse que su relato periodístico encontró apoyatura en principios de la guerra psicológica, partiendo de un sincero y riguroso apego a la verdad. En consecuencia, legitimó  la acción de sus compañeros de armas a partir del  empleo hábil y justificado de la heroicidad objetivada en la historia de vida del combatiente, reforzó el ideal de la causa justa que defendían, contribuyó a cohesionarlos y les infundió confianza en la victoria; en fin, toda su labor estuvo direccionada a mantener siempre elevada la moral combativa de los suyos. Al descalificar al enemigo, no lo denostó y mucho menos arremetió con una retórica enajenada, sino demostrando a cada momento y de manera contundente e irrebatible la esencia del fascismo, del peligro que representaba para la humanidad y ejemplificó con los crímenes que cometió contra la población española indefensa.

Su trayectoria como combatiente por la transformación social puede seguirse y estudiarse desde su presencia en los periódicos y en su profusa producción epistolar cuya dimensión contextual rebasó lo íntimo y que, una vez publicada, devino valiosa compilación con evidentes rasgos del comentario periodístico de corte político, comunicación vigorosa por donde discurre el riguroso análisis del momento histórico.

Así, las crónicas de guerra de Peleando con los milicianos tienen su correlato en las cartas de esa etapa. La labor de propagandista político que con altos quilates realizó desde sus crónicas de guerra se ensambla con la valoración sustanciosa y crítica del contexto que hizo en las misivas enviadas a los compañeros de lucha. Ambas formas de comunicación quedaron orgánicamente enlazadas para darnos una visión holística no solo del escenario español, sino del europeo abocado a la segunda guerra mundial y de la Cuba post revolución del treinta.

A Raúl Roa le expresó en misiva con fecha 15 de enero de 1936:”Mis cartas son las actas oficiales de mi pensamiento. No tengo miedo nunca a escribir lo que pienso con vistas al presente y al futuro, porque mis pensamientos no tienen dos filos ni dos intenciones, le bastan con tener un solo filo bien poderoso y tajante el que le brinda la interna y firme convicción de mis actos. No me importa tampoco nada equivocarme en política, porque solo no se equivoca el que no labora, el que no lucha”.

De la Torriente tuvo certidumbre de la capacidad de influencia, de  (des)legitimación de la prensa y de ésta como vehículo de propaganda política desde una postura afiliada al criterio de Lenin, quien planteó: “(…) Necesitamos un periódico; sin él no será posible una labor de propaganda y agitación múltiple, basada en sólidos principios”.

Fue también un adelantado en su época al intuir el desplazamiento irreversible que comenzaba a darse con el espacio público más allá del lugar físico clásico para hacer política; en esa dirección, vislumbró que la naciente industria cultural, encabezadas entonces por la radio y la cine, ensanchaba a demarcaciones insospechadas el tradicional ámbito de la plaza y la tribuna y con ello las posibilidades para influir en la opinión pública.

Bastaría recordar cómo describió el papel del cine en su crónica We are from Madrid, cuando “cinco mil espectadores angustiados, frenéticos, gozosos, triunfantes, exaltados” cantaron La Internacional al ver reflejada la realidad de su Madrid en guerra en la pantalla con la película soviética Los marineros del Kronstadt que recordaba los días del Petrogrado de la revolución bolchevique.

Para el autor de Realengo 18, el periodismo fue consustancial a la labor política en tanto ejercicio de información, reflexión y persuasión. Lo aprendió de Martí, quien lo practicó desde esa comprensión a lo largo de toda su vida política. Fue portador también de un legado histórico que bien conocía; en buena lid fue continuador  excelso de la tradición del periodismo mambí. Él heredó de la prensa independentista su alineación con la causa justa, el compromiso con esa verdad, la prosa vigorosa que, en su caso, devino punto de inflexión en tanto forma narrativa.

La presencia de Martí se advierte también en la obra narrativa de Pablo, martiano raigal.  Del aliento discursivo de Escenas norteamericanas del prócer está impregnada la narrativa periodística del joven que aprendió a leer en la Edad de oro, signo vital de su cubanidad, como él mismo preconizaba. Ambos se unen en el tiempo desde el quehacer e ímpetu revolucionarios y la maestría expresiva; ellos representan dos momentos históricos ensamblados en el devenir del proceso de liberación nacional cubano.

De la Torriente Brau es igualmente en el tiempo expresión de la militancia y línea expresiva  de John Reed, el peregrino de los grandes caminos a inicios del siglo XX. Reed pintaba sus narraciones y era capaz de poner a dialogar de igual a igual a  sus lectores con los héroes terrenales que iba a buscar al centro de la tempestad revolucionaria. Ahí están, por ejemplo, sus clásicos México insurgente y Diez días que conmovieron al mundo.

Cuando escribió Des avions por l´Espagne, registrando con su palabra cinematográfica la efervescencia parisina por la lucha que acontecía en la vecina España, ya Pablo tenía a su haber Cuentos de Batey y Presidio Modelo, narrativas  donde demostró afán de renovación y originalidad y que marcaron un antes y un después en la literatura cubana y dentro de ésta, como es natural, el periodismo. Es decir, a Barcelona llegó con la fibra y la garra del gran periodista que ya había labrado.

Su entrañable amigo Raúl Roa lo vio “directo y ágil, como un reportero moderno”. Ambrosio Fornet dijo que “(…) fue el primero en escribir con el ritmo de la respiración”. Carlos Rafael Rodríguez encuadró su estilo en el testimonio, forma expresiva que define como literatura directa que tiene el valor de la transcripción de lo real, no una literatura que se sobrepone a la realidad para enriquecerla, sino que surge de la realidad misma enriqueciéndola. Juan Marinello subrayó que “(…) para ser periodista cabal posee Pablo de la Torriente capacidades específicas y relevantes. Es un escritor natural de mucha sabiduría. Es distinto y llega a todos. Transmite lo que ve sin artificio ni revoque, pero siempre con acento propio y de modo nuevo”. Alejo Carpentier lo retrata cuando dice  que el periodista es un cronista de su tiempo.

Por demás, encasillar la producción de Pablo en este o aquel género periodístico, resulta un verdadero sacrilegio. Su periodismo fue como él que no admitía estancos ni encierros. Su naturaleza transgresora e irreverente también la hizo sentir en la manera de contar donde la fuerza huracanada del vanguardismo dejó su huella.  Una de las singularidades de su periodismo es que su mirada no es neutra, más bien inquisitiva, busca escrutar lo reportado en movimiento, en su contexto epocal.

Lo expuesto puede encuadrar en la percepción de Gabriel García Márquez quien sostiene que acudir a la crónica es necesario si lo que se quiere es dar cuenta de nuestra realidad compleja, las más de las veces difícil, dura, envuelta en paradojas y contrasentidos.

Él se hizo su propio traje a la medida a partir de un relato periodístico entendido desde la perspectiva de aquel tipo de discurso que cobija, da unidad y coherencia a acontecimientos verdaderos, actuales, de interés humano cuyo significado vital proviene de la experiencia de los protagonistas y que de la mano del autor y su correspondiente socialización se hace socialmente relevante y, por tanto, alcanza entidad significante. En el relato de Pablo pueden convivir diversos tipos de narrativas, de ahí su carácter transgresor al romper con las fronteras genéricas tradicionales del periodismo para dar la posibilidad de brindar horizontes más amplios del hecho reportado y propiciar así un mayor diapasón de referentes  y marcos interpretativos al lector.

Estudiosos de la obra pabliana, como Ana Cairo, coinciden en afirmar que su prosa está cargada de metáforas, símiles, imágenes sensoriales de todo tipo.

El periodismo  del autor de Realengo 18 hizo protagonista a los marginados de siempre, le otorgó la voz negada, acudió al testigo auténtico para desentrañar el entorno, dándole el verdadero sentido histórico a esa realidad otra y provocar con ello la toma de partido. Él, por tanto, no fue un espectador neutro, se involucra e implica con el propósito de encauzar la transformación social revolucionaria. Puede decirse entonces que en el periodismo pabliano habita el análisis social con la singularidad de que lo subjetivo de la historia contada se transforma en memoria colectiva contada desde un estilo donde predomina la hazaña imaginativa, el color.

Esa perspectiva se transparenta desde su condición de corresponsal de guerra, pero desde el relato épico que en su caso no es la transcripción ortopédica de la historia. Todo gran hecho necesita testigos a su nivel y Pablo lo es para el suceso español. De ahí que el autor de Presidio Modelo le dijera a Roa en carta fechada en Nueva York el 18 de agosto de 1936: “Mis ojos se han hecho para ver cosas extraordinarias y mi maquinita para escribirlas”.

La calidad de su testimonio nace de la profunda sustancia de lo vivido y sentido. Con él asistimos a la lectura de un relato a la intemperie poseedor de alma, corazón y vida  desde una imaginación desbordada aferrada sin falta a la realidad.

Palabra urgente, así puede definirse el estilo de Pablo de la Torriente Brau a la hora de reportar la guerra. Su crónica bélica está sensiblemente marcada por el estilo cinematográfico, arte que lo deslumbró y por el cual sentía profunda admiración, y, sobre todo, porque sólo de esta manera, como cámara viviente que capta, siente, oye, recorrió con el apremio  de las veinticuatro imágenes por segundo el drama del campo de batalla. En Francisco Galán, un general de la milicia española, proclamó: “Toda la guerra se ha hecho para que el cine de cuenta de ella”.

No hay rebuscamientos en el decir, redacta con oraciones sencillas, cortas, sustanciosas; va al directo sin descuidar el significado y excelencia de lo expresado con intención manifiesta. Maneja el adjetivo a ráfagas como disparos certeros que definen, exaltan, elogian, conmueven, retratan. Emplea el punto suspensivo para hacer cómplice al lector  en la interpretación de las ideas que expone, para otorgar dinamismo a la lectura, como el soldado que va a la ofensiva y no tiene tiempo para mirar atrás. Gusta del diálogo, la viñeta, de la historia testimonial compacta y participativa de manera que no quede ningún protagonista fuera del relato y pintar así el arco iris de héroes, la tropa, la acción colectiva. Como siempre, el humor, la ironía, la exageración, el sarcasmo, aderezan las historias otorgándoles una actitud lúdica desde certezas inteligentes y agudas. Y para no variar, Pablo es autor implícito sin rubor posible, narrador o actor de primera fila de sus textos.

Como hombre de fibra reporteril, en España también lo obsesionaba el transcurrir inexorable del reloj porque quería hacerse carne, hueso y existencia fecunda en aquella lucha, “Me sobran energías, pero me falta tiempo”, decía.

Su agenda de trabajo como corresponsal quedó bien definida antes de partir a España: “(…) “me acercaré a los líderes para saber lo que piensan. Iré a donde están peleando las milicias, en las montañas y desfiladeros, contra el ejército traidor. Hablaré con la “Pasionaria”, la jefa de las mujeres de corazón de acero. Iré hasta los barcos de la escuadra, mandados por marineros que han salvado la revolución con su lealtad y su valor, impidiendo el paso de los mercenarios de Marruecos. Presenciaré el fusilamiento de los jefes fascistas… Acaso estaré allá, cuando Mussolini y Hitler, no pudiéndose sostenerse más, se lancen a la guerra y vendrá entonces la batalla definitiva entre oprimido y opresores… ¡Y asistiré de todos modos, al gran triunfo de la revolución…”

De todo ello da fe Peleando con los milicianos.

Jorge Ferrer, prologuista de la más reciente edición española de Peleando con los milicianos, compacta la presencia huracanada de Pablo en la España guerrera: “La actividad del cubano ―corresponsal y miliciano; miliciano y corresponsal― es de veras frenética. Lo vemos entrevistándose con el general Álvarez del Vallo, comiendo con Marañón y Menéndez Pidal, visitando a José María Chacón y Calvo ―eminente hispanista a la sazón secretario de la Legación de Cuba en España― o a Lino Novás Calvo. Lo sabemos acudiendo a la sede de la Alianza Intelectual Antifascista, donde le conoce el poeta Miguel Hernández, hablándole al enemigo parapetado al otro lado de la estrecha línea del frente ― ¡Que hable el cubano!, pedían desde el otro lado―, asistiendo a bombardeos en la Sierra, en Barajas, escuchando el tableteo de los cañones a las afueras de Madrid ― “¡Si oyeras cómo truena el cañoneo! Parece que están sacudiendo todas las alfombras de Madrid”―, desentrañando la compleja maraña de fuerzas que formaban el bando republicano, admirando los discursos de Indalecio Prieto, “de corte leniniano por completo”, planeando escribir todo un libro sobre El Campesino y sus hombres que pensaba titular La leche de Buitrago, organizando actividades culturales festivas “para levantar el ánimo a los hombres”…”

“Marxista de firme convicción”, como lo define Marinello, lo primero que resalta en la narrativa épica de Pablo sobre la guerra en España es el internacionalismo. Él tomó como punto de partida el precepto martiano de Patria es humanidad y transita hacia la perspectiva  de la lucha clasista  a nivel internacional. En su relato quedan nítidamente expresados virtudes  y valores éticos como amistad, solidaridad, dignidad, honor, deber, amor, sacrificio en el acto viril de luchar contra el agresor.

En el parapeto,  impercedera crónica de guerra, la polémica con el enemigo relacionada con los ideales del internacionalismo deviene modélica. En ella el comisario político Pablo responde viril a los fascistas: "Con ustedes está la canalla del mundo... A nosotros nos mandan luchadores de la libertad y nos apoya el proletariado del mundo entero... Nosotros, los hispanoamericanos, hemos venido aquí y allá reunimos dinero para la causa del pueblo español, porque estamos contra la España que ustedes quieren prolongar, la vieja España de la explotación de nuestros pueblos, contra la que fue nuestra madrasta y ahora será nuestra hermana mayor, por ser la primera en obtener la libertad..." 

Da testimonio de la ayuda solidaria que llegó a España de diferentes partes del mundo en Polizontes del Magallanes, con los jóvenes mexicanos que atravesaron el Atlántico para  hacerse parte de la epopeya. También lo retrata al describir la corriente de simpatía y solidaridad de los parisinos por la República española a sabiendas que en la tierra vecina se decidía el destino de la Francia antifascista, tal como lo expone en Barcelona bajo el signo de la revolución.

Lo heroico discurre como hilo conductor de sus historias una veces soterrado, otras visible y luminoso: “…Casos de caer quince hombres en fila ante una ametralladora hasta que el número dieciséis en la fila bloquea el fuego y toma la pieza”, así relata en Barcelona bajo el signo de la revolución.  Para Pablo, la heroicidad es “el sacrificio, el valor, el desinterés y la constancia. ¡Y sólo se otorga con la victoria o con la muerte!” . También lo identifica como atributo en el acto colectivo: “El pueblo fue al asalto con escopeta de caza, con hachas, con tubos… Fue inverosímil… Pero ocurrió… Fue la suerte de España.”
El corresponsal de guerra también dibuja con palabras a los héroes, otorgándoles un halo trascendental. Así lo hace en Des avions por l´Espagne, con Dolores Ibárruri: “La Pasionaria famosa, que en un mitin monstruoso en el Velodrome d´Hiver arrebató al  público. Su nombre, su majestad patética, su enrome fuerza moral, su palidez de cansancio, en contraste con su ropa negra, los mechones blancos sobre su cara aún joven, ejercieron una singular fascinación sobre los parisienses que la aclamaron delirantemente”.

La mirada escrutadora  e intencionada del corresponsal de guerra encontró en los jóvenes combatientes españoles una fuente de alegría y heroísmo. Lo describe en Barcelona bajo el signo de la revolución: “Los milicianos son tan jóvenes y tan entusiasta que más parecen estudiantes de vacaciones que hombres que regresan o que van al frente de combate”. También en Campesino y sus hombres: “Son una tropa joven, ardiente, anhelosa siempre de que den los lugares difíciles para demostrar lo que hacen los hombres que tomaron la leche de Buitrago. Son de todas partes de España. Campesino, el comandante, se ríe de sus oficiales porque casi ninguno tiene “pelo de barbas”. Cuando caen heridos, se dan ellos mismos el alta de hospital en contra de la opinión del médico para terminar sus curas en el botiquín del batallón”.

El gigante cubano quiere dejar constancia de la irrupción volcánica de lo heroico que descubrió y admiró en cada trinchera española a la que llegó. Con apenas un epíteto, frase, oración, da fe de vida, registra para el presente y el porvenir a los hombres y mujeres hasta ese momento anónimos. Así habla del Comisario Blindado; de Marina, la muchacha de la ametralladora; del  soldado torero; del maestro combatiente; de Luna, la jefa de pelotón; del Comandante político; de los siete hombres que fueron en medio de la noche a rescatar a tres camaradas heridos que habían quedado en campo enemigo. Trata, en suma, desde el elogio como estímulo, de amasar el heroísmo colectivo.

Para Pablo la actitud ejemplar debe ser motivo de acción educativa. En Francisco Galán, un general de las milicias españolas, al héroe lo proyecta como paradigma de lo que debe ser un jefe militar revolucionario: “(…) Paco Galán, general de milicias a un tiempo militar y político, a la vez estratega y comisario, organizador y táctico, creador de soldados y director de combate.”

El sentido clasista, el optimismo y capacidad transformadora de quienes luchan por la República es savia que corre por la propuesta discursiva pabliana. Lo transparenta en Un alcalde  de la revolución, con el de Buitrago de Lozoya, Víctor Rodrígo: “Yo he sido campesino, pastor, ganadero, carnicero. De todo. La primera carrera que me dieron fue laborar. Y España es rica, España tiene aceite, uvas, naranjas, arroz; tiene ganados numerosos, minas. España tiene de todo, Por muy mal, por muy mal que quedemos, en cuatro años, si nos dejan, la reconstruiremos. Y estará mejor que nunca. Porque hasta ahora España ha sido pobre, porque ha sido para unos cuantos nada más. La energía acumulada en la guerra, el pueblo la aplicará en la paz”.

Lo ético también queda categóricamente asentado como derrotero inevitable del bando desde donde se defiende la causa justa. En el parapeto da fe de ello:

“-  (…) Tenemos que vengar la muerte de Lolita. Como vengan hoy al  parapeto a dejar la prensa, nos lo cargamos”.

- No teniente, no puede ser eso – le atajó muy seriamente un miliciano.

-¿Qué? ¿Lo vamos a dejar llegar? ¿Acaso ellos han respetado nunca los parlamentos? ¿Acaso en Madrid y Barcelona, en Oviedo, y en todas partes, no han usado los parlamentos para ametrallarnos cuando nos acercamos?

-Pues por eso mismo, teniente, porque nosotros no podemos ser como ellos –replicó el miliciano”.

La concepción ético-moral que preconiza el comisario-periodista de la guerra tiene por centro al combatiente. Así queda plasmado en la entrevista que realizó a Francisco Galán, jefe de tropas voluntarias, quien subraya: “La guerra la ganan los hombres y no las armas”. Para Pablo la eticidad pasa inexorablemente por la verdad como factor de concientización y movilización de las fuerzas revolucionarias. Lo pone de relieve en la entrevista  que realiza a José Díaz, secretario general del Partido Comunista de España, cuando el líder enfatiza: “(…) Decir la verdad porque solo con el conocimiento de ella se puede vencer”.

Guerra y muerte, sin afeites, articulan un binomio en la épica española narrada por el internacionalista boricuacubano desde múltiple aristas. En unos casos como compromiso y mandato supremo: “Aquí no venimos a morir, sino a matar. Solo venimos a morir cuando vamos al ataque, cuando vamos a cambiar la vida por un objetivo. La vida que traemos al parapeto no es nuestra. Ya la hemos dado al Partido Comunista. Es de la revolución. Y un muerto no es solo un compañero que cae. Es un rifle menos  para matar fascista”, pone en boca del teniente Ruiz en el vibrante diálogo que sostiene el oficial con sus subordinados En el parapeto.

En ese mismo relato dibujó la muerte desde la metáfora con el fin de subrayar lo heroico y conminar al combate. Aparece al narrar el episodio de la miliciana de 17 años de edad, Lolita Márquez, la aprendiz de modista, quien cae bajo fuego enemigo al cruzar de una trinchera a otra. Pablo le confirió un dramatismo especial a la descripción que hace  cuando rescatan el cuerpo de la muchacha, ya inerme, en el campo de batalla: “(…) llevaba el lívido color de la muerte que se parece al de un canario enfermo”.

En el relato de referencia, el miedo, ese fantasma que ronda a los combatientes en la guerra, fue también abordado con sencillez y honestidad, humor y añoranza desde su propia experiencia: “Me acosté a cielo abierto porque no había espacio en las pocas chabolas que aún habían hecho. Había una clara luna remota, de menguante. Y las estrellas, mis viejas amigas del cielo del Presidio. Tanto tiempo sin verlas. De pronto me entró la duda. ¿Era  Casiopea la constelación que brillaba en mi cabeza? El cuerpo me temblaba por el frío, como si fuera un flan. ¿Tendré yo miedo –pensé- que no me acuerdo bien de lo que sé? Me acordé de Cuba, de Teté Casuso, de mis perros, de mis árboles de Punta Brava. Yo me dije: a lo mejor, en la guerra, cuando uno tiene un recuerdo es porque se siente miedo. Pero no estaba convencido”.

Pablo no concibió la epopeya española y sus  coordenadas heroicas sin la imprescindible participación de la mujer. Lo recogió en Cuatro mujeres en el frente, pero también en otras de sus crónicas. Una de las más elocuentes referencias es la que hace de Julia, La Miliciana, en  Campesino y sus hombres. De ella reconoció su arrojo: “(…) que se mete por donde ningún hombre se mete. Alta y fuerte, una vez llevó a espaldas, bajo fuego enemigo, a un herido desde la avanzadilla hasta el botiquín de la retaguardia. En la trinchera donde ella esté, los hombres se sienten obligados a ser más hombres para ser igual a ella”.

Como propagandista político se apropia visionariamente de la labor  educativa del jefe militar revolucionario para socializarla y pensando, tal vez, en aplicarla en Cuba cuando llegara el momento. El diálogo que sostuvo con Paco Galán, por quien profesara especial admiración, muestra ese interés. El comandante de milicianos le manifestó al periodista: “No mando nunca y razono sobre la conveniencia de hacer las cosas. Además, le he dado  el justo valor al miliciano. He tratado que tenga participación en todo. Nunca le he ocultado nada y le planteo la realidad de la situación, por grave que sea, ofreciéndole, claro está, todas las coyunturas positivas que puedan tener. Pero sobre todo he tratado que la columna sea un vivero de combatientes serenos y expertos, en el que cada uno tiene fe en los demás. Por eso hemos rechazado toda clase de ataques y cada día es más alta la moral de estas tropas”.

Pablo fue capaz de pintar óleos con las palabras e ir más adentro de sus héroes admirados. Así retrató a Valentín González: “Joven, con su barba negrísima, sus dientes que relucen, sus brillantes ojos, su gorro ruso, su capote negro, su desenfado insultante, su cara morena, su lenguaje sincero, violento, burlón, su cuerpo un poco grueso y su satisfacción de ser él mismo, y no nadie más, parecido a un mismo tiempo a un moro o un cosaco. Campesino es hoy un héroe popular de la Revolución española”.

Catorce crónicas revelan el periplo de Pablo. Barcelona, Madrid y Buitrago de Lozoya marcan el mapa bélico del internacionalista antillano. En ese último sitio compartió con la tropa de Paco Galán para finalmente incorporarse a la Brigada de Choque de Valentín González, El Campesino, donde fue nombrado Comisario Político.

Al respecto, De la Torriente Brau  escribió a Roa en carta con fecha 15 de noviembre: “(…) acaso sea un error desde el punto de vista periodístico, puesto que tengo que permanecer alejado de Madrid más tiempo del que debiera, pero, para justificarme plenamente, comprenderás que en estos momentos había que abandonar toda posición que no fuera la más estrictamente revolucionaria”.

De su labor en la primera línea de combate dijo Jorge M. Reverte “(…) que era escritor y periodista, y además un luchador de primera, (...) que no rehuía nunca la primera línea de fuego, a pesar de destacar mucho físicamente, pues tenía 1m 85 cm de estatura, y era muy valiente."

En el número uno de Al Ataque, Antonio Aparicio escribió: "(...) vino Torriente a España para enviar desde aquí sus trabajos literarios sobre la guerra civil española. Pero, ya en España, no se limitó a esa labor. Su temperamento de luchador juvenil y apasionado le exigía un trabajo más duro dónde emplear la energía y tesón de su juventud combativa (...) Los soldados (...) vieron más de una vez a Torriente fijo en su puesto durante los momentos más encarnizados de la pelea, ayudando con su ejemplo a resistir el empuje enemigo. Eran los días dramáticos en que el peligro sobre Madrid aumentaba por instantes (...) Era el comisario que necesitaban los luchadores para conservar sus puestos sin vacilar, sin dejarse ganar por titubeos (....)”.

A Valentín González dedicó el combatiente internacionalista cubano una de sus más viriles crónicas, la última que envió desde el campo de batalla: “Este es Campesino. Un hombre de novela. (…) sus hombres lo admiran y quieren. El enemigo lo odia. Los cobardes le huyen. Los valientes, todos, quieren ser como él”. Tal era la valoración hacia su jefe. Entre ambos hubo una sentida corriente de simpatía, de camaradería. Se dijo que El Campesino, a riesgo de su vida, fue quien rescató el cadáver del subordinado y lo condecoró póstumamente con el grado de Capitán, tras reconocer su ejemplo y su valor. El legendario jefe militar dijo muchos años después que la pluma de Pablo hacía mayores estragos que toda una batería de artillería, pero que estuvo siempre ansioso, desde que llegó a España, de cambiar esa pluma maravillosa por el fusil.

En la tropa de Valentín, el Comisario Político estrechó vínculos con Miguel Hernández: “(…) Un muchacho considerado como uno de los mejores poetas de españoles, que estaba en el cuerpo de zapadores. Lo nombré jefe del Departamento de Cultura, estuvimos trabajando en los planes para publicar el periódico de la brigada y la creación de uno de los periódicos murales”, cuenta en carta fechada en Alcalá de Henares el 28 de noviembre de 1936.

Juan Ramón Jiménez expresó póstumamente de Pablo, “(…) ningún hombre, ni uno solo, que sea del lado y de la cara que fuese, y sea el que fuere, su acuse de destino, se atreverá a dudar ni a sonreír pública ni íntimamente de la fe, la esperanza, la caridad, el noble heroísmo de otro hombre palpitantemente joven y poeta, que deja una hirviente paz y su patria viva para morir con el corazón en la mano, por el mundo que sueña, en otra. (…) Esta vez, la otra patria ha sido España, el héroe, un cubano: Pablo de la Torriente. Yo, como español del mundo que él soñaba, me inclino ante el ejemplo generoso de su muerte”.

En Majadahonda, el capitán Pablo de la Torriente Brau echó caminar definitivamente por la historia como hombre del mundo y para todos los tiempos. (2013)

(Publicado en Pablo de la Torriente Brau. Pasión de contar. Editorial Pablo de la Torriente Brau. La Habana. 2015.)


 

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UN ACERCAMIENTO AL PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN EN CUBA

UN ACERCAMIENTO AL PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN EN CUBA

Dr. DARÍO L. MACHADO RODRÍGUEZ,
Presidente de la Cátedra de Periodismo de Investigación “Enrique de la Osa” y Profesor Principal del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

¿Por qué se habla de “periodismo de investigación”? Hay la creencia, compartida por no pocos, que postula que todo periodismo –si es buen periodismo- es “de investigación”. Y efectivamente, desde que hay un hecho, acontecimiento, asunto de importancia y el periodista va a convertirlo en un producto comunicativo, por ejemplo en noticia, tiene que indagar, preguntar, buscar, conocer, evaluar y en sentido amplio estará también investigando en el empeño de precisar cómo fueron los hechos que quiere narrar.

Sin embargo, hablar de periodismo de investigación propiamente implica otra dimensión y práctica periodística que difiere de la elaboración de una noticia, la redacción de una crónica, o de cualquier otra de las aplicaciones habituales de la labor periodística. Pero si bien no todo periodismo es en rigor “de investigación”, todo periodista adecuadamente calificado puede ejercer  esta modalidad de periodismo, solo debe atenerse a sus reglas y especificidades, dominar las técnicas de investigación y ser un estudioso inconforme e infatigable.

Las cualidades que debe tener un buen periodista valen para el que quiera ser un periodista investigador: honestidad, fidelidad a la verdad y al público que tiene derecho a conocerla, amplia cultura, conocimiento de la historia y de la contemporaneidad, estar familiarizado con los avances de la ciencia y de la tecnología, conocer las leyes, la estructura y funcionamiento del Estado, conocer los fundamentos de la economía del país, estar al tanto de las principales manifestaciones culturales, tener conciencia de los principales problemas que afronta la sociedad, superarse constantemente y, por supuesto, dominar los métodos y técnicas de investigación social.

El periodismo de investigación existe como disciplina particular del periodismo porque en la sociedad hay necesidad de información sobre temas que no son evidentes, que no se conocen, se conocen parcialmente o resulta difícil indagar sobre ellos, o también porque lo que se ha dicho hasta un momento determinado al respecto no es cierto. En esencia, las generatrices de trabajos de periodismo de investigación radican en el derecho de la ciudadanía a estar debidamente informada y en el papel mismo del periodismo como parte del control social.

La no circulación de información sobre un tema dado puede producirse por una o varias causas, entre ellas:

----Porque hay interés en ocultarla.

----Porque no había surgido la necesidad social de conocerse.

----Porque el interés de conocerlo decayó con el tiempo y el tema quedó sepultado.

----Por tratarse de un tema tabú.

----Por ser difícil, incluso peligroso, indagar sobre ello.

----Por haber surgido como tema importante sin tiempo para su divulgación.

Bajo el acápite de “periodismo de investigación” caben desde asuntos de relativa importancia hasta escándalos como el de Watergate en Estados Unidos de Norteamérica que terminó en la destitución de un presidente. Lo más frecuente es que sea el periodista investigador el que escoja el tema, pero en ocasiones este puede ser señalado por los propios lectores, puede levantarse por su propia entidad como asunto social importante y devenir obligadamente objeto de investigación, puede ser por otras vías, pero siempre estarán una o varias de las causas arriba descritas.

Cuando un periodista o grupo de periodistas se propone investigar sobre un tema determinado, asociado por ejemplo a conductas corruptas de funcionarios o empresarios, a negligencias que provocaron consecuencias sociales graves, a escándalos, sobornos, prevaricación, o a prácticas criminales y mafiosas, lo primero es su determinación de llegar hasta el final, es decir, hasta revelar la verdad. Sin esta disposición no podrá encarar con éxito las eventuales dificultades en el proceso de investigación. Obviamente, si este es el caso, podrá encontrar numerosos obstáculos, golpes bajos e incluso amenazas veladas o explícitas, agresiones verbales y físicas en su empeño de hacer público el conocimiento de los hechos investigados. Entre los escollos que puede encontrar el ejercicio del periodismo de investigación están:

----La renuencia en los organismos y personas encargadas a proporcionar información que pueda derivar en verdades incómodas o amenazadoras de su estatus. La obstaculización del acceso a las fuentes, el ocultamiento de la información más sensible. La tergiversación y ocultamiento de la verdad por las fuentes de información.

----Las presiones por intereses económicos.

----El temor de las eventuales fuentes de información sobre el tema investigado a comprometerse con sus declaraciones.

----El poco estímulo de redacciones y direcciones de los medios hacia esta actividad que resulta  riesgosa, “problemática” para el sistema de relaciones de los directivos con los organismos afectados, especialmente si existen compromisos personales. Las presiones que ejercen personas vinculadas con los directivos y dueños de los medios de comunicación.

----Las amenazas veladas o expresas.

----Los insultos.

----Las agresiones físicas.

----El tiempo necesario para hacer bien la tarea periodística de investigación que conspira contra urgencias y rutinas del medio.

----La escasez de personal profesional dedicado al periodismo de investigación.

----Problemas de recursos para la investigación.

Ahora bien, de igual manera, el propio periodista investigador deber saber cuándo el tema escogido no ofrece suficientes razones para continuar la investigación y en consecuencia debe estar dispuesto a pararla. Nunca será tiempo perdido, porque lo que se haya avanzado hasta ese punto enriquecerá su acervo cultural y profesional.

Pero el periodismo de investigación no se refiere solamente a estos asuntos extremos, de naturaleza delictiva, ni tiene obligadamente una finalidad y estilo denunciatorios. En la literatura en curso en el mundo sobre el periodismo de investigación, los temas escogidos, los estudios de caso y los premios periodísticos que se confieren abundan estos temas. Ocurre en particular también en nuestra  región latinoamericana y caribeña. Y es así por una razón fundamental: la profusión de hechos de este tipo en las sociedades contemporáneas y, visto más profundamente, por la fractura social y los antagonismos que oponen agudamente a sectores de poder, enfrentados por intereses corporativos, la ambición y el egoísmo que profundizan la creciente anomia y crisis civilizatoria.

Hay, sin embargo, muchos otros temas que merecen un enfoque investigativo riguroso en el ejercicio periodístico dirigido a descubrir verdades. Estos se relacionan, por ejemplo, con incógnitas históricas que pueden ser esclarecidas años después mediante investigación retrospectiva, condenas carcelarias injustas, problemas laborales, asuntos relacionados con el medio ambiente, el proceso de aprobación de una ley, temas relacionados con la educación, la salud pública y una interminable etcétera.

Ciertamente, el hecho que prevalezcan hoy en el ejercicio del periodismo de investigación aquellos asuntos que pueden terminar en la pérdida de prestigio de los denunciados, persecución legal y condenas hacen de esta modalidad una de las actividades más riesgosas en el ejercicio periodístico.

Claro está, sería demasiado superficial considerar esto como una simple oposición entre el periodista “bueno” por definición y el denunciado “malo”.

Lo real es que el periodismo de investigación asumido en la conciencia del público como un ejercicio siempre loable, que impone al periodista un mayor esfuerzo y constancia en la búsqueda de esa verdad que tiene derecho a conocer, puede estar viciado por intereses espurios y en estos casos, aun cuando revelen verdades, su esencia ética estará torcida por las motivaciones que lo guían y a menudo sesgado el producto periodístico final.

Es que el periodismo en su relación con el poder en sus disímiles formas de existencia no solo influye en este, sino que recibe también su influencia, llegando incluso a convertirse en su instrumento, con todas las consecuencias para la producción de esta modalidad periodística. La contaminación del periodismo con el poder ha llevado no pocas veces a involucrar al primero en las pugnas del segundo, práctica que se ha extendido al punto que muchos espacios de la comunicación periodística no solo llegan a hacerse eco exageradamente de estos enfrentamientos, sino que alcanzan a constituirse en parciales de uno u otro oponente, en dependencia de los intereses, compromisos, ataduras personales de los periodistas y de los que tienen el poder de veto en los medios.

También está el temor de los periodistas a perder el empleo, a perder amistades, espacios de influencia y relaciones, etc. Estas realidades limitan el ejercicio del periodismo de investigación, tanto la decisión de introducirse a fondo en un tema como en el modo de exponer los resultados. 

Estas deformaciones de la función social que se espera del periodismo conducen al ocultamiento de información, convierte el sesgo en hábito e incluso lleva a presentar en calidad de “periodismo de investigación” cualquier revelación sensacionalista que incline la balanza a favor de un determinado interés. Lo anterior no puede ser calificado desde el punto de vista ético como periodismo, porque desvía su papel y funciones en la sociedad, aunque lo hagan medios periodísticos y personas con el título de periodista y la calificación profesional correspondiente.

Del no-periodismo al periodismo y de este al periodismo de investigación

Como mismo ocurre con la palabra ideología, o con cualquiera otra, la palabra periodismo es también una secuencia de fonemas. Se puede adjudicar a cualquier práctica, a cualquier fenómeno. Ahora bien, surgirán los malos entendidos cuando los participantes en el diálogo no comprendan lo mismo bajo tales términos.

Comunicar noticias, información de actualidad, declaraciones, etc., si bien forma parte de la actividad habitual de los medios es algo que puede no ser realizado por periodistas ni ser en verdad periodismo propiamente dicho. Este último implica siempre una producción, una actividad que va más allá de la reproducción simple de la información, involucrando el ejercicio del pensamiento, la indagación, la proyección social de lo que se comunica, y obviamente, la responsabilidad profesional y cívica.

El periodismo de investigación va más allá; debe ser por definición profundo y riguroso, debe poder informar exhaustivamente no solo las realidades de un hecho o conjunto de hechos, sino sus consecuencias sociales y colocar a disposición del ciudadano  los elementos necesarios y suficientes para que se forme su propio criterio de lo que se está revelando. Es tenue el límite del periodismo de investigación y lo que se conoce como periodismo de profundidad o en profundidad, que tiene como finalidad principal revelar los por qué, las causas de los procesos o acontecimientos investigados.

El periodismo de investigación necesita también de un equipo de personas que participe en la tarea de investigar, cuyas características (tamaño del equipo y especialidades) estará en dependencia de la magnitud y complejidad de la tarea asumida.

El periodismo de investigación, serio y riguroso, tiene sus reglas para obtener la información, para procesarla y para exponerla. Entre ellas están las siguientes:

----Definir claramente el asunto a investigar.

----Conformar el grupo de trabajo.

----Estudiar y precisar las fuentes de información.

----Hacer el plan de búsqueda de información.

----Definir los métodos cuantitativos y cualitativos de investigación.

----Acopiar la información comprobando los informes obtenidos.

----Organizar el material disponible.

----Estudiar a fondo y con rigor.

----No especular con la información.

----Elaborar textos sustantivos.

----Evitar el tremendismo y el sensacionalismo.

----Tener plena seguridad en lo que se va a revelar y en sus posibles consecuencias.

Cada uno de los pasos de este proceso debe ser abordado con el necesario rigor y profundidad, en correspondencia con la complejidad del asunto dado. El tratamiento superficial suele resultar altamente tergiversador de la verdad y tener graves consecuencias.

El periodismo de investigación en Cuba

En Cuba existe la Cátedra de Periodismo de Investigación del Instituto Internacional de Periodismo José Martí y hay una práctica periodística desarrollada en diferentes medios de comunicación, que responde a las características generales de esta modalidad de la labor periodística.

Desde el Instituto Internacional de Periodismo José Martí se han organizado cursos y talleres sobre el tema, así como encuentros para compartir experiencias; pero en rigor, en el periodismo cubano no tenemos aún elaborada una doctrina propia que sistematice íntegramente esta modalidad periodística en correspondencia con las particularidades actuales de la sociedad cubana.

Se emplean textos que recogen experiencias surgidas y sistematizadas en otras realidades culturales y sociopolíticas. Bajo la frase “periodismo de investigación” se comprenden hoy muchas cosas. Obviamente, los límites de su necesaria definición siempre serán aproximados, lo que a su vez, lejos de ser una debilidad constituye una oportunidad, al garantizar la necesaria flexibilidad de cara al desarrollo ulterior del concepto.

Entre los objetivos fundamentales de la Cátedra está precisamente el de: “Promover el desarrollo de un pensamiento cubano sobre el periodismo de investigación, sus principios, prácticas, estilo y finalidades, aprovechando las experiencias latinoamericanas y caribeñas, así como de otras regiones del mundo, y partiendo de las características específicas de la sociedad cubana y del periodismo cubano contemporáneo.”

La tarea de desarrollar una doctrina cubana para el periodismo de investigación que constituya una fuente de inspiración y guía metodológica básica para los profesionales del país que se propongan trabajar con esta modalidad es necesariamente colectiva y solo puede emerger del periodismo vivo que se ejerce hoy en la sociedad cubana, y debe tener asiento en sus raíces prerrevolucionarias, dado que el periodismo cubano a lo largo de su historia ha tenido ejemplos notables de periodistas investigadores, de cuyas cualidades éticas y profesionales es legítimo heredero el periodismo actual.

Hay, sin embargo, algunos ejes fundamentales que pueden ser enunciados como factores influyentes esenciales para proyectar esta modalidad de trabajo periodístico en las condiciones particulares de la sociedad cubana de hoy:

----En Cuba, dadas las características sociopolíticas de la sociedad, no existen grupos de poder económico ni sectores políticos que estén enfrentados entre sí por intereses radicalmente opuestos.

----En Cuba todos los medios de comunicación son de propiedad de todo el pueblo y están al servicio de los intereses generales de la sociedad cubana.

----En Cuba, la sociedad, si bien ha experimentado en los últimos años procesos de diferenciación social, mantiene altos niveles de equidad, las mayorías comparten intereses comunes y la superestructura política responde a esos intereses.

----En Cuba no hay bandas paramilitares.

----En Cuba los profesionales del periodismo, si bien resultan insuficientes para cubrir las necesidades de los medios de comunicación social existentes y los nuevos que se van creando, son personas adecuadamente calificadas y con un gran sentido del deber ciudadano.

----En Cuba las agendas de los medios de comunicación se construyen a partir de objetivos sociales corresponden a los más altos intereses sociales del país, y tienen en cuenta el perfil específico de cada medio y las opiniones de los directivos y los periodistas.

Sin embargo, también:

----En la sociedad cubana hay intereses creados y prácticas burocráticas asociadas que constituyen factores que hacen necesario el periodismo de investigación y a la vez lo obstaculizan.

----Hay temas tabú.

----De igual manera, la existencia de autocensura en los propios periodistas y en los directivos de los medios, conspira contra el ejercicio eficiente de esta modalidad.

----No puede dejar de mencionarse el hecho de que los medios de comunicación cubanos son parte de una realidad en la que ha predominado una psicología de plaza sitiada, no se ha extendido el reconocimiento del conflicto como algo normal, inherente a toda sociedad humana y motor para la superación social, y consecuentemente se ha preferido evidenciar los problemas una vez que han quedado resueltos. La protección de la obra de la revolución como algo de todos, la idea de no “dar munición al enemigo ideológico y político”, también ha empobrecido el ejercicio periodístico en general, no ha contribuido a enriquecer la subjetividad ciudadana y ha servido para esconder deficiencias, errores y arbitrariedades mellando el filo de la investigación periodística.

----Ocurre también que la especialización de los periodistas en la atención a diferentes ámbitos de la actividad social (educación, salud pública, poder popular, ministerios productivos, ciencia y tecnología, etc.) contribuye a crear lazos, puentes de entendimiento e incluso compromisos que pueden debilitar el periodismo en general y el de investigación en especial.

----Se suma a lo arriba señalado, y no en último lugar, la inexistencia de una ley de prensa que establezca las obligaciones respecto del manejo de la información y constituya un respaldo jurídico a la labor periodística en general, realidad que conspira contra el ejercicio eficiente del periodismo de investigación.

De lo anterior se deriva un  corolario: el periodista que hace un trabajo de periodismo de investigación necesita respaldo. El periodista no es -ni puede pretender serlo- un ente “todopoderoso” que porta una espada flamígera para hacer justicia informativa. Su labor en Cuba debe ser siempre esencialmente constructiva y necesita respaldo ético y legal, en primer lugar el que le puede proporcionar el propio medio de comunicación en el cual ejerce su función.

El periodismo debe contribuir al mejor funcionamiento de la democracia socialista, proteger los derechos de la ciudadanía, en primer lugar el derecho de estar bien informada, estimular, nutrir y contribuir a canalizar la participación social. La modalidad del periodismo de investigación es particularmente importante en este cometido social.

Cuando un periodista (o grupo de periodistas) decide incursionar en algún tema de interés social y de actualidad que amerita ser abordado desde la perspectiva del periodismo de investigación, enfrentará la tarea de insertar en el espacio comunicacional cubano una verdad hasta ese momento desconocida que tendrá efectos en la sociedad en su conjunto, pero también -de diferentes formas e intensidades- en las personas involucradas en el proceso de investigación y en la narración resultante.

Es de esperar que las reacciones durante todo el proceso de estudio del asunto seleccionado y cuando se publiquen los resultados, sean también disímiles en dependencia de los grados de compromiso y de influencia personal que los diferentes actores (fuentes de información) tengan.

Siendo esta una relación entre seres humanos, con intereses diversos, diversas visiones y posiciones en la sociedad, diversos compromisos y obligaciones, pasan a un primer plano las regulaciones que la ética establece y las obligaciones que establezca la ley.

En Cuba, el periodismo de investigación está definido por los mismos principios éticos que fundamentan el deber ser de los periodistas. Su finalidad es servir al pueblo, ser fieles a la verdad, trabajar por bienestar de la sociedad, uno de cuyos componentes consiste en estar adecuadamente informada sobre todos los asuntos de interés público, contribuir a la educación y auto-educarse.

Si bien desde el punto de vista ético, el periodismo cubano tiene definiciones bien precisas y adecuadamente codificadas, hay todavía un importante terreno de elaboración respecto a las particularidades de la ética periodística en el ejercicio específico de su modalidad de investigación.

El periodista, cuando hace periodismo investigación, además de su consecuencia ética y su condición de no hacer compromisos, pone a prueba las cualidades de constancia y perseverancia, sistematicidad, laboriosidad, inconformidad, sagacidad, intuición y rigor.

El arte del periodismo de investigación estriba en sacar a la luz una verdad cuyo conocimiento sea una necesidad pública y que esté velada, por error, por negligencia, por desconocimiento, por ser muy nueva, o por intereses espurios, siempre de tal modo que se respete la vida privada de los posibles implicados y se devele con espíritu constructivo cualquier violación de la ley, de las normas, de los derechos y de la moral pública. Tal incursión profunda se justifica más cuando se trate de personas con responsabilidades públicas, gobernantes, funcionarios, maestros, etc. cuyas faltas hayan ofendido, lastimado o perjudicado a otras personas.

Lo anterior significa que dado el caso en que sea necesario para el esclarecimiento de la verdad aproximarse a la esfera privada de los implicados y se justifique por tratarse de información imprescindible que arroje luz sobre el  o de la ley o por graves violaciones éticas, el periodista debe exponerlo, siempre protegiendo al máximo el espacio íntimo de dichas personas.

Las técnicas de investigación periodística

En esencia puede afirmarse que todas las técnicas de investigación que se emplean en las ciencias sociales, son válidas para la investigación periodística: el estudio de la información documental (informes de investigaciones, estadísticas, estudios de opinión pública, leyes, documentos oficiales, etc.), el análisis de coyuntura, las encuestas, las entrevistas (individuales, grupales) en sus diferentes modalidades, las observaciones (participante y no participante),  los criterios de expertos, entre otras.

El currículum universitario en las facultades cubanas incluye el estudio de estas técnicas, pero solo de modo general aportando los conocimientos básicos. El periodista que se dedique a la investigación tiene que continuar profundizando en el empleo de ellas. No pocas veces ocurre que alguien con insuficiente preparación elabora un instrumento de recogida de información plagado de pequeños o grandes errores de los cuales no es consciente precisamente por falta de experiencia y de conocimientos sobre cómo diseñarlo correctamente, obteniendo una información deficiente que, sin embargo, da por buena.

Más aún, cuando emplea preguntas abiertas continúa sumando errores que deforman los resultados al interpretar de modo sesgado la información recogida por desconocimiento de las técnicas adecuadas para codificarla.

Lo anterior conduce a una conclusión: el periodista investigador necesita estar al día en el dominio de las técnicas de investigación social, trabajar con el rigor correspondiente, mantener una práctica constante que le permita enriquecer sus experiencias y tacto para obtener e interpretar la información.

Un aparte sobre las nuevas tecnologías de informática y comunicación

El avance de las TIC´s amplía cada día más el caudal de información de la que puede servirse el ciudadano de modo directo para conocer sobre cualquier tema de su interés sea o no de actualidad. Un ciudadano medianamente instruido y con acceso a estas fuentes puede llegar en un tiempo relativamente breve a obtener un caudal informativo sobre un tema de actualidad superior al que le ofrecen los medios de comunicación social tradicional a su alcance.

Efectivamente, cuando se enciende la televisión en el canal noticioso seleccionado, o cuando se lee el periódico en la mañana o se escucha la estación matutina de radio preferida, no hay que emplear tiempo en seleccionar fuentes, los equipos especializados de estos medios se encargan de la tarea.

Sin embargo, para que se mantenga vigente esta relación emisor– receptor, debe existir no solo la credibilidad, la confianza del lector, oyente o televidente, sino que la información que ofrecen sature las exigencias y tenga el valor estético esperado. Si estos requisitos se incumplen, se debilitará progresivamente hasta perderse el contacto completamente. Se dirá entonces “ya no leo los periódicos” o “En mi casa ponemos la televisión solo para ver la pelota y las películas”.

Los medios tradicionales suelen tener hoy expresión en la Web, donde conviven con infinidad de páginas, blogs, redes sociales, etc. que allí proliferan. A la inversa es raro: una nueva página informativa en la Web difícilmente comience a salir también como periódico impreso. El espacio mediático tradicional, si bien ve reducida proporcionalmente su presencia en el espacio mediático total por el crecimiento de los medios alternativos no tradicionales, sigue siendo el dominio de los medios tradicionales. Pero lo que en estos medios se publique tiene el desafío de ser sustantivo, oportuno, interesante y atractivo, debe reunir las cualidades informativas y estéticas requeridas.

Lo que vale para el periodismo en general vale también para el de investigación cuyos resultados se comunican a través de los medios tradicionales.

La influencia del periodismo de investigación en el proceso de formación de la opinión pública sobre un tema dado está hoy en función de su capacidad de ser escogido, privilegiado como fuente más segura, aceptada, creíble, en medio de una enorme diversidad de productos informativos lanzados al espacio mediático, especialmente en la Web y sus variaciones resultantes del intercambio comunicacional entre las personas.

Palabras finales

Hay un camino desandado por los profesionales cubanos de la prensa en materia de periodismo de investigación; sin embargo, el periodismo cubano carece aún de una doctrina propia para el desempeño de esta modalidad de la labor periodística, debe precisar las regulaciones éticas para la especialidad y necesita de un cuerpo legal que le de el respaldo imprescindible para poder cumplir cabalmente su función social.

Un papel importante en este propósito pueden desempeñarlo los encuentros, talleres, coloquios y otras formas de interacción entre los profesionales del periodismo cubano que trabajan con esta modalidad.

El ejercicio del periodismo de investigación en Cuba tiene que ver también con el desarrollo de una subjetividad más rica, de una comunicación floreciente que contenga el diálogo en sus formas más activas y socialmente eficientes, necesita del apoyo y estímulo de los directivos de los medios de comunicación, de las instituciones políticas, sociales, estatales y gubernamentales, requiere respaldo en la defensa de las verdades descubiertas cuando ello sea necesario, precisa de una legislación que sustente el derecho de la población a conocer las verdades que descubra el periodismo de investigación y al periodista y grupo de periodistas que las revelen y que a la vez los obligue al cumplimiento de las normas éticas, profesionales y legales correspondientes para el ejercicio de su profesión.

DE LA NOTICIA FACTUAL A LA INTERPRETATIVA, APROXIMACIÓN EN LA REALIDAD CUBANA

DE LA NOTICIA FACTUAL A LA INTERPRETATIVA, APROXIMACIÓN EN LA REALIDAD CUBANA

Dra. IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ,
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Editora de mesadetrabajo y del blog docente Isla al Sur.

La prensa impresa ha sido declarada en estado de extinción por no pocos prestigiosos autores, incluso algunos señalan la hecatombe para el 2020 -¡apenas restan cinco años!-, ante la avalancha indetenible de la Internet y sus mensajes transmitidos casi o en tiempo real, la posibilidad del ciudadano de ser receptor-emisor, la presencia de destinatarios que cada vez más se apropian de las nuevas tecnologías o ellos mismos forman parte de los denominados “nativos digitales” y las bancarrotas financieras de los medios por la pérdida de suscriptores, anunciantes y patrocinadores.

Sea cual fueren los fundamentos tecnológicos y financieros decisores del anunciado deceso, lo cierto es que la prensa impresa ya enfrentó similares augurios desde el nacimiento de la radio y la televisión y en todos los casos salió airosa porque inteligentemente reconformó su discurso. Este siglo XXI y sus expectativas comunicacionales es el nuevo desafío, y los que amamos los mensajes venidos en papel y peculiar olor a tinta, sabemos que será feroz la prueba si no se toma conciencia de la necesidad de encontrar otras maneras de comunicar los mensajes, hoy aferrados por lo general a registros factuales, fríos, descontextualizados y de escasa densidad informativa, para pasar a construirlos desde una perspectiva tridimensional donde queden armónicos los sustentos que dan cuenta de los hechos, su análisis, interpretación y confluencia de diversas y múltiples fuentes, en el intento de identificar al lector con la situación problémica que se le presenta, hacerlo sentir que es parte del engranaje que llevará a una solución o, al menos, voz que será escuchada y tenida en cuenta.

En ese empeño por fortalecer los saberes desde la esfera educativa y tributar así al ejercicio profesional se empeña el ámbito académico cubano. El presente trabajo, que constituyó tesis doctoral de la autora (Calzadilla, 2012) y seguimiento de la investigación de maestría (Calzadilla, 2006), se acerca a uno de los modos que pudieran contribuir a otra perspectiva en la presentación de los contenidos informativos, en este caso, la nota interpretativa -estadio superior de la noticia o información periodística-, una suerte de género-estilo que responde a las crecientes demandas transformativas para entregar productos comunicativos acordes con las exigencias de la sociedad. Esas miradas múltiples de la Periodística forman parte de los temas de investigación de los profesores de Teorías y Técnicas de los Lenguajes del Periodismo, a nuestro juicio un espacio de estudio que hoy ha mermado en sus seguidores, pues la preponderancia la llevan los más vinculados con la comunicología y las nuevas tecnologías.

El análisis comprendió la etapa de 2008 a 2012 y en él se integraron las conceptualizaciones y visiones de 37 expertos, especialistas, decisores y periodistas de la Isla, así como cuatro prestigiosos teóricos de Venezuela, Bolivia, España-Colombia y Uruguay. También se realizaron encuestas en dos periódicos diarios y dos semanarios, y a periodistas de diferentes medios en cinco provincias del país. Por último, la tesis se asentó en el universo del periódico Granma, el más importante de la Isla, y el semanario Trabajadores, ambos de alcance nacional. El material final hoy se procesa para la realización de un manual destinado a la docencia de alumnos de primer año de Periodismo, dada su actualidad.

El estudio de la nota interpretativa responde a la condición del periodismo como ente vivo que no puede renunciar a la incesante búsqueda de presentar productos comunicativos nuevos, es decir, maneras atractivas de hacer converger contenidos y continentes siempre en la deseable aspiración de atrapar al receptor. El mundo ha cambiado, cada vez más los hombres acceden a las informaciones por disímiles vías y quieren comprender los fenómenos políticos, económicos y sociales que les rodean.

En particular en el contexto cubano, los mensajes cobran su verdadera dimensión en un receptor cuyo grado de instrucción rebasa el nivel medio-superior de la enseñanza general, y es un lector que sabe situarse en el diálogo y la comunicación insertos en un contexto sociocultural, económico y político dado al debate.

Entonces, ya no es posible un destinatario que se conforme con el relato aséptico de los hechos, este de ahora requiere de otras lecturas, de textos que le permitan diseccionar los acontecimientos desde una propuesta explicativa, valorativa y proyectiva. Ello condiciona, además, la toma de otras decisiones, porque la organización de las redacciones debe someterse a una renovación profunda para responder a las expectativas.

El recurso interpretativo en la información periodística

“Las características básicas de la noticia son precisión, interés y actualidad. A esas cualidades se le debe agregar una cuarta, la explicación. ¿Cuál es la ventaja de un noticiero preciso, interesante y actual, si los lectores no lo entienden?”, dice John Hohenberg (1981, p.69). Es en ese propósito que encaja el profesor venezolano y pionero en la introducción de la interpretación en su país, Federico Álvarez (2010, p.161), cuando habla de la misión de servicio público de la información -tan maltratada por la comercialización inherente a la objetividad-, pues entonces aspira a convertirse en herramienta útil para la comprensión del mundo, y el periodista, a su vez, deja de ser un simple proveedor de novedades para ejercer la función de intérprete de la realidad actual. La información, asentemos el concepto, es la base del sistema cognitivo en la prensa.

El también Premio Nacional de Periodismo acota que el tratamiento objetivo, al imponer un enfoque restrictivo de los hechos aislados, dio lugar a la fragmentación del flujo informativo que se origina en un acontecimiento determinado. Habla de una “irracionalidad inherente a esta forma de presentar la realidad y las consecuencias que ella tiene en la imagen que el lector se forja del mundo. El hombre queda así en la misma situación de quien trata de reconstruir su rostro en un espejo roto”  (Álvarez, 2010, p.161).

No son pocos los autores que hablan de la desorientación a la que es sometido el receptor por una prensa aferrada a presentar el mundo desde la parcialidad, desde el hecho visto a partir de una objetividad sublimada por rutinas productivas, por haceres de la práctica que parecen querer borrar de la memoria la capacidad de reinterpretación de la realidad que poseen los públicos y su competencia para saber que no se “juega” limpio en la construcción de los mensajes. En esa “masa” -hoy exigente en la lectura aunque traten de presentárnosla solo como adicta a mensajes breves, a criptografías de la realidad-, operan pilares interiores y exteriores que trascienden el pensamiento lineal para incorporar que existen espacios y modos de relación donde son posibles escuchar las voces de los otros, y es viable el diálogo y la opinión para analizar conflictos bajo el prisma de la responsabilidad social.

La nota interpretativa –no debe llamarse información periodística, noticia, género con diferentes propósitos discursivos y estructura lógica en la disposición de los datos-, es el género-estilo menos empleado en la interpretación. También, el menos estudiado y poco explicitado didácticamente para su comprensión y posterior uso en los medios. Ella constituye, la mayoría de las veces, referencia acerca de que tributa a la interpretación sin dejar de pertenecer al estilo informativo; pero, incluso, en ocasiones queda la duda de si los autores se refieren propiamente a la información como género o como sentido y plataforma elemental del periodismo. A ello se suma que no suele ser despiezada en sus ejes internos, en los soportes que la estructuran, en los contenidos de la que debe ser portadora.

Esta situación se agrava cuando se intenta delimitar cómo debe ser su lead, confinándolo a que plantee elementos analíticos inmediatamente, como si en ella no fueran admitidos todos los tipos. Más que imponer ceñidores, habrá que equilibrar la intención hasta llegar a un texto que se proponga el análisis e interpretación de la realidad. Además, la nota interpretativa no solo tiene que dar cuenta de un hecho ya conocido como asevera la casi totalidad de la bibliografía consultada, sino también de una noticia, ¿o acaso no es ella misma la noticia interpretada, como la definió Álvarez? (2010). Este concepto interesante origina dos plataformas apropiables: noticia ya conocida que se analiza e interpreta, y noticia nueva que se analiza e interpreta. Otro tanto ocurre con la estructura del cuerpo en la que se proponen desarrollos argumentales sin suficiente flexibilidad en el  diseño.

Fue propósito de la investigación indagar sobre formas de realización de la nota interpretativa que rompan con el tradicional paradigma, toda vez que ha quedado demostrado desde la docencia en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana que son posibles nuevos enfoques y modos de legitimación, de cara a los retos que imponen las competencias profesionales en un siglo influido y condicionado por el auge de la información a velocidad extrema. Este de hoy es un contexto en que el lector quiere ser informado y también asimilar la persuasión lógica de los mensajes –información y opinión-, pero sobre todo, asume que es hora ya de sacar sus personales conclusiones a partir de la propuesta de las fuentes: desea sentirse un ente participativo, interlocutor, constructor de su realidad dada. Apuesta porque se le deje interpretar.

Desde la Academia no se pretende promover discusiones bizantinas, pues son respetadas las maneras propias de cada país y sociedad para dilucidar y emplear los modos del periodismo. Solo que es necesario, allí donde sea posible, pasar a hacer propuestas trasgresoras asentadas en lo evidenciado y en el compromiso pedagógico y social que compete.

El periodista y teórico brasileño Adelmo Genro Filho sostiene que existe “(…) un “grano de verdad” en que la noticia no debe emitir juicios de valor explícitos, pero es igualmente indiscutible que ese juicio va unido a la propia forma de aprehensión, jerarquización y selección de hechos, así como a la constitución del lenguaje y a la relación espacial y temporal de los fenómenos a través de su difusión” (2010, pp.48-49).

Si ese modo de ver se asienta en la información, la nota interpretativa se constituye, por su propia naturaleza, en una singular forma de acercamiento a lo real, de tal suerte que los acontecimientos sean percibidos, jerarquizados, ordenados, investigados, reconstruidos, explicados y valorados, para que no queden en una envoltura fenoménica y simple, sino que adquieran su valor significativo y hondo. De esa manera, la información deja de ser el hecho solo percibido por el reportero, para convertirse en una creación de múltiples fuentes, dispuestas todas a desempeñar su rol de mirada colectiva.   

Se propone un campo de transformación: los recursos de la interpretación puestos en una información periodística o noticia no repetidora de declaraciones de fuentes, sino que aporte los juicios lógicos y valorativos de “los otros”, la mirada de la sociedad en las palabras de protagonistas, testimoniantes, declarantes, expertos, especialistas, en una lista de tantas significaciones como sean necesarias para el análisis, explicación y valoración del conflicto.

La nota interpretativa empleará, aunque en graduación más contenida que en el reportaje, todos los soportes de la interpretación: hecho, antecedentes, contexto, predicciones, juicios analíticos, lógicos y valorativos, pero si bien el periodista será el conductor de su andamiaje como propuesta comunicativa, nunca aparecerán sus criterios de manera explícita, sino que los discernimientos estarán dados por las fuentes.

Este criterio difiere de no pocos autores que apoyan la interpretación manifiesta del reportero, aunque cuando conceptualizan la desligan de la opinión expedita de éstos. La propuesta de no aparición directa en la nota interpretativa es compartida por varios docentes cubanos, y ancla en la posibilidad de que los públicos sean quienes arriben a sus consideraciones, luego del periodista proporcionarle los elementos. Si el reportero interpreta y valora de manera abierta, está induciendo directamente. Incluso, hasta en el reportaje -género de mayor flexibilidad-, la interpretación y valoración del que escribe debe ser comedida. Es claro que la prensa debe ir hacia un desempeño explicativo de los complejos acontecimientos que se producen y, en esa explicación, el periodista estar atento a no traspasar barreras entre lo expositivo-descriptivo y lo opinático. Ahí, justamente, se sitúa el análisis y la interpretación de los hechos.

Para Enrique Castejón Lara, Premio Nacional de Periodismo en Venezuela, el juicio personal del periodista nunca ha constituido –y nunca lo hará- un “argumento” o prueba demostrativa dentro del proceso de interpretación. Agrega que el periodismo interpretativo representa, por su propia naturaleza, un “escudo” protector para los medios tradicionales frente a la avasallante competencia de los medios audiovisuales y electrónicos, capaces de reducir la inmediatez hasta la instantaneidad: “Frente a esa dura competencia solo queda la opción de la reflexión y explicación del acontecer noticioso” (Calzadilla, 2012, p.48).

Dar a las fuentes la responsabilidad de explicitar sus juicios es posibilitarles a ellas y a los receptores reconocerse y re-conocer su contexto, su momento histórico, darle sentido desde sus propios discernimientos a los conflictos en los que están inmersos, pues definitivamente dejan éstos de ser lejanos, de hallarse al otro lado de sus vidas, para quedar insertos en el universo de lo posible para todos. En ese drama de la búsqueda colectiva de respuestas, de las incorporaciones de razones concordantes o diferentes, está la afirmación de una identidad que se resiste a ser homogénea. El teórico español-colombiano Jesús Martín Barbero (2006, p.57) propone dar paso a una “heterogeneidad que no es mera diversidad, sino algo mucho más fuerte, hecho de inclusiones y exclusiones, de participación segmentada y de descentramiento”.

Ese es el ámbito estratégico que debe ganar la nota interpretativa, un modo de construir la realidad que permite entender con mayor discernimiento el contexto que vivimos y sus transformaciones y reconformaciones permanentes; y posibilitaría, sobre todo, desdibujar la asimetría entre las propuestas que incluyen cada día los medios en sus páginas, y el razonamiento que hacen sobre ellos los públicos desde los referentes que se les aportan y los propios. Esto favorecería el respeto hacia los receptores, algo que, en ocasiones, no suele viabilizar la prensa, sublimada en sí misma y en una verdad que, asumida como suya, pretende que sea universalista.

En ese razonamiento, Martín Barbero (2009, citado por Calzadilla, 2012) comentaba: “Cada país tiene sus propias trabas, sus propias encrucijadas, pero en última, es esto: el periodismo está al servicio de la gente, de un lector al que yo quiero mover, lo pongo a pensar, activo, con su capacidad de lector, de crítico, de cuestionador. Ese es el mundo que yo le estoy trasladando, si no es así, el periodismo se va a acabar porque, además, las nuevas generaciones están encontrando en Internet muchos caminos y otras maneras” (p.84).

El periodista Manuel Leguineche advertía (1992, s/p) en el diario español El País, que “los de la galaxia Gutenberg debemos aprender en estos tiempos a ajustar el tiro, porque la televisión en directo lo ha trastocado todo. ¿Para qué repetir lo que se ha dicho en la CNN? Cada vez pasan más siglos entre la transmisión de la CNN y tu artículo en el periódico y no digamos en la revista. Hay que decir adiós a la narración escenográfica de los hechos y escudriñar allí donde los objetivos de la televisión no llegan, descubrir antecedentes y consecuentes, atmósferas, ambientes, secretos”.

Confluencias y diferencias entre la información o noticia y la nota interpretativa

La información periodística o noticia y la nota interpretativa guardan puntos de contactos tanto de contenido como estructurales. En ambas confluye la necesidad de una noticia –ya sea inédita en el caso de la información, o inédita o conocida en la interpretación, como se explicó anteriormente-. Esa materia prima es su génesis.

Ambas parten de un lead, visto como elemento situado más allá del beneficio de la rápida lectura del hecho, connotación que tradicionalmente se le ha dado. Esta investigadora considera que el lead debe ser insertado en la dinámica de la singularidad del evento que se comunica, de manera que sea referencial para el contexto dado.

En cuanto al cuerpo, sostiene que existen tantos como sean necesarios para construir la información, someterlo a los moldes de la pirámide invertida sería proponer las consabidas redacciones estandarizadas que pululan en los medios y que desaniman la creatividad y el aliento personal de los periodistas. El cuerpo no puede ser la suma de datos de mayor a menor importancia. Más oportuna será una mirada que lo apropie desde el enfoque de la singularidad del hecho -su esencia-, a su generalidad, de manera que se ofrezcan datos necesarios para la situacionalidad de un tema. En el caso de la nota interpretativa, el cuerpo solo respetará las lógicas de un discurso holista, para ser entendido en toda su magnitud. Es un continente más adaptable, más plural.

El lenguaje es punto de mayor confluencia al continuar la tiranía de la tercera persona, la no intervención explícita del periodista, el alejamiento de adjetivos y adverbios. Es decir, hay una plataforma narrativa con un tono distanciado que no renuncia a su precisión, claridad y contención. En los verbos se produce una separación, pues mientras en la información o noticia serán más rígidos, exactos, en la nota interpretativa habrá mayor flexibilidad, plasticidad, indicarán posibilidad en no pocos casos.               

Si en la información las fuentes tienen una proyección más declarativa, en la nota pasan de declarantes a protagonistas situados en diversos niveles de percepción del hecho. Ellos, desde sus juicios y desde su colectividad como parte de un acontecimiento que se despieza y recompone armónicamente, muestran un rostro ideológico-humano, una persona, una historia. Las fuentes se convierten en personajes reales con los que el receptor puede decidir identificarse o no. Mientras en la información la fuente es una identificación que hace creíble el dato, en la nota alcanza su esplendor, pues suma y supera esa condición.

Sobre los juicios en la interpretación, María Jesús Casals (2010) los agrupa en analíticos, sintéticos, hipotéticos y disyuntivos, y también relaciona los juicios opináticos dividiéndolos en: de hechos, de intenciones y de valor. Esta categorización resulta interesante toda vez que los juicios lógicos relacionados son inherentes al análisis y la interpretación y pueden estar total o parcialmente en una nota, dependiendo de las exigencias del mensaje. En el caso de los juicios categóricos, solo estarán en voz de las fuentes.

En suma, si en la información periodística o noticia la realidad queda atomizada, en la nota interpretativa se va a las interioridades del cómo, para qué y por qué ocurrieron los hechos, y en ellos están presentes elementos de detalles, es decir, la noticia se muestra como un proceso integrado, con significados universales en su contenido en tanto producida por cosmovisiones múltiples, pero integradoras del fenómeno del que da cuenta. 

Aproximaciones a la nota interpretativa en Cuba

Para acercarnos al empleo de la nota interpretativa en Cuba, primero es necesario un recorrido por lo que los expertos consideran han sido las génesis de la interpretación como estilo en la Isla. Hablamos entonces de esas raíces que asentaron el ejercicio de un periodismo en profundidad en un contexto determinado, para luego ir evolucionando hasta la asunción de la escuela norteamericana de la década del 20 del pasado siglo y la irrupción de la Fórmula Time, hasta finalmente acercarse a estructuras más contemporáneas y armónicas con las particularidades del periodismo nacional.

Una pesquisa realizada con este fin en el 2011-2012 a académicos, expertos, especialistas y periodistas vinculados con la materia en diferentes momentos del decursar de una carrera ya cincuentenaria, advierte más discordancias que convergencias, lo cual no es necesariamente un resultado negativo sino, antes bien, una muestra de diversidad de opiniones tendientes a escudriñar responsablemente en el pasado.

Así, tomando como referencia un grupo de respuestas (Calzadilla, 2012) a modo de pautas, los orígenes transitan un diapasón tan vasto que incluye tanto la tradición ensayística cubana que apelaba a la información multilateral y de antecedentes para tratar de influir sobre los destinatarios del mensaje, hasta la aparición del diario El Mundo a principios del siglo XX y la influencia que en cierta medida tuvo de la revista Times y su célebre fórmula que da origen al periodismo interpretativo.

Manuel Martín Serrano (2006) afirma que las teorías avanzan o se detienen, derivan por unos u otros caminos impulsados o frenados por circunstancias históricas. Tomando esta referencia para el entorno cubano, justo hay que decir que en el gremio se desarrolla escasamente la interpretación y menos aún la nota interpretativa, y ésta casi siempre de manera intuitiva, sin que la mayoría de los periodistas –sobre todo los menos jóvenes- puedan conceptualizar qué es y cuáles son sus propósitos. Realmente es un espacio poco menos que virgen en su asimilación.

Desde el análisis de esta autora, el contemporáneo que más se aproximó a conceptualizarla fue José Antonio Benítez (2006), en lo que llamó la noticia integral. Para él, integralidad quiere decir incorporar elementos –antecedentes, relaciones, repercusiones, referencias geográficas e históricas, ambiente histórico, político, psicológico, educativo, cultural, crítico- que permitan comprender en toda su importancia y trascendencia los hechos que se narran. El teórico, formado en la escuela norteamericana de la objetividad e imparcialidad, también debió beber de las corrientes de la interpretación; sin embargo, no asume esta postura para la redacción o estructura de la información o noticia, haciendo mucho énfasis en la concreción de los leads tradicionales y la pirámide invertida. No obstante, la plataforma  reflexiva que expone es muy similar y avanzada para su tiempo, tanto, que es uno de los clásicos cubanos más referenciados por estudiosos iberoamericanos.

Resultados

Desde la experiencia docente de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, los profesores que imparten la asignatura de Periodismo Impreso II concuerdan en que en la nota interpretativa el juicio y la intención del periodista va siempre de una manera implícita y no explícita, pues es el autor quien, en definitiva, lleva las riendas de su construcción y tiene un propósito definido. Decir que en la nota interpretativa no está presente de ese modo la opinión del periodista, es tanto como preservar el mito de que somos objetivos e imparciales en la nota informativa.

En cuanto al estilo interpretativo en general, hay consenso en que continuar avecinando la comprensión de la interpretación en el camino intermedio entre la información y la opinión es seguirla disminuyendo como estilo con objetivos propios, con metodologías de la investigación que le son consustanciales y que se deslindan de los recursos empleados en los dos estilos más consolidados, el informativo y el opinático. Es perpetuarla en la indefinición que da pie a que no pocos afirmen que ella propicia la manipulación del mensaje, cuando antes bien, contribuye a otorgarle credibilidad y verificabilidad, en tanto va sostenido de fuentes correctamente inidentificables.

A partir de los resultados de cinco años de investigación, extendidos hasta la actualidad para determinar posibles tendencias de evolución, involución o estancamiento, es posible considerar:

----Aunque la interpretación es un estilo que tributa al género de la información o noticia, esta no se explicita y ejemplifica suficientemente en la literatura consultada. Queda más bien en el entorno de lo referencial que en lo conceptual y práctico.

----La información periodística o noticia, en su estadio superior, la nota interpretativa, trasciende el mensaje factual, privilegia los significados, valora los sucesos a partir de múltiples miradas que proporcionan las fuentes, y el periodista actúa como conductor de un mensaje intencional desde una posición implícita, para ofrecer la realidad en su amplia dimensión; pretende que el lector arribe a reflexiones propias, fomentando el análisis en un deseable modelo de periodismo dialógico.

----En Cuba, el estudio realizado y el seguimiento que al mismo se da desde la Academia, permite considerar que la nota interpretativa podría ser una propuesta comunicativa que rebasara los apuntes datísticos, y la unidireccional del mensaje para dar acceso a las interioridades del cómo, para qué y por qué ocurrieron los hechos.

----Hoy, en la prensa cubana es escaso el empleo de la interpretación en los medios impresos diarios y, en particular la nota interpretativa, casi inexistente.

----Entre los factores principales que gravitan en la  no realización de la nota interpretativa como práctica generalizada en Cuba, en este caso en el periodismo impreso, están el uso instrumental que con frecuencia se hace de la prensa, la no comprensión de su estructura por parte de decisores de medios, y la tendencia a la no ejercitación y empleo de determinadas técnicas de la investigación.

----La nota interpretativa posibilitaría realizar productos comunicativos que ofrezcan los fenómenos en su dimensión argumentativa, deslindándose,  de presentaciones reduccionistas, directas y descriptivas, sin contextualizaciones sólidas, como ocurre aún en la Isla. Permitiría mayores grados de satisfacción en cuanto al conocimiento de la realidad, en tanto brinda análisis que parten de la documentación, seguimiento informativo, diversidad de puntos de vista, cruces de fuentes mezcladas intencionalmente. La nota interpretativa se constituye en mensaje concebido desde la horizontalidad; es un periodismo que reconstruye el pasado, sitúa el hecho en su presente y se atreve a dar señales futuras.

----La consumación de este estilo-género todavía no consigue constancia. Sobre ello hay que subrayar también la influencia de las limitaciones de espacio en los medios, la pereza y el facilismo con los que se reproducen notas oficiales e institucionales sin incorporarles al menos elementos de la interpretación.

----La nota interpretativa precisa de técnicas, de metodologías, de investigación; de una disposición del reportero para saber contenerse en aras de que las lógicas emerjan en los textos, que nada quede en la ensambladura de lo impuesto por una u otra voz, y que no existan cabos sueltos en la indagación. 

----Los periodistas consultados no suelen realizar notas interpretativas, pero reconocen que los elementos interpretativos son fundamentales en el quehacer actual, pues no deben limitarse a informar y describir, sino que deben enfocar el trabajo a dar el sentido y el contexto en el que se producen las situaciones.

----Uno de los aportes principales del trabajo es contribuir a fomentar el interés tanto por el estudio como por la puesta en práctica de un estilo-género llamado a desempeñar un protagonismo en la prensa impresa periódica, toda vez que ese soporte mediático perdió la inmediatez y el resto de las plataformas contemporáneas del periodismo le imponen dar espacio a productos comunicativos que indaguen en las causas y expliquen los acontecimientos que ocurren y los ciudadanos necesitan conocer en amplitud.

Conclusiones

En el acontecer actual de los medios cubanos se percibe un sustrato de no conocimiento cabal acerca de la nota interpretativa. Para los reporteros, quizás el freno mayor sea la no claridad de definiciones académicas, la falta de interés por no considerar justamente su valor, la tendencia a la no ejercitación y empleo de determinadas técnicas de la investigación y cuestiones de espacio.

La nota interpretativa es en los medios impresos cubanos una rara ave que de vez en cuando asoma, casi siempre desde las cimentaciones de la lógica del buen hacer periodístico y no desde la conciencia de que ella existe como una forma integradora de construir mensajes más sólidos y complejos en su propuesta para entender el mundo.

Pero para arribar a determinados resultados en el campo del saber académico y el hacer práctico en la Periodística, también hubo que apropiarse del camino de las mediaciones que intervienen en la construcción de la nota interpretativa y que van desde las internas como las condicionantes estructurales, organizativas y también las cognitivas, hasta  mediaciones externas desde las visiones de los decisores de políticas informativas y la propias fuentes.

No puede entonces realizarse un estudio cabal sin que se deslindasen las múltiples condicionantes y articulaciones que se dan en la creación periodística y son consustanciales a todo el periodismo como sistema integrado. Separar un aspecto de otro, priorizar fenómenos, no pareció válido, pues los agentes mediadores del proceso comunicativo conforman una interrelación de escenarios externos e internos que se permutan de forma interminable y también por momentos puntuales, siempre de manera dinámica.

Entonces, y aunque no es objeto de este artículo, es válido aclarar que tras del acto de la nota interpretativa como suceso concreto, como elaboración de producto periodístico para ser entregado al lector, existe una suerte de ADN que lista condicionantes estructurales y organizativas vinculadas, entre otras, con la organización del proceso, perfil editorial, red de fuentes, determinación de la agenda temática, establecimiento de los acontecimientos noticiables, selección de la información, fijación del tratamiento informativo o interpretativo y documentación; hasta condicionantes cognitivas que incluyen ideología y cultura profesionales, competencia profesional, posibilidades de los reporteros para instituir en el medio de forma cotidiana su hacer, y regulación y autorregulación; como también condicionantes externas vinculadas con decisores de políticas informativas, orientaciones y fuentes.

De ahí que esta investigación hizo hincapié en esos aspectos desde una ruta que en el primer momento los analizó desde una perspectiva general hasta la valorización particular, y después, ya en el análisis de los resultados, se acercó a lo particular para concluir en lo general y universalizar los resultados.
Sin la comprensión de ese macrouniverso, la construcción de la nota interpretativa quedaría solo en referentes factuales de técnicas y habilidades aprendidas desde el instrumentalismo de las prácticas y no desde las visiones cosmogónicas de una profesión transversalizada por mediaciones.

Referencias:

Álvarez, F. (2010). La información contemporánea. Caracas: Agencia Venezolana de Noticias.

Benítez, J. A. (2006).La noticia integral. La Habana: Pablo de la Torriente.

Calzadilla Rodríguez, I. (2006). La nota. Tesis en opción al grado de Máster en Ciencias de la Comunicación Social. Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Calzadilla Rodríguez, I. (2012). La nota: de informar a explicar. Estudio acerca del empleo de la nota interpretativa en los medios de comunicación impresos cubanos Granma y Trabajadores. Tesis doctoral no publicada. Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Cuba.

Casals, M. J. (2010). El arte de la realidad: prospectivas sobre la racionalidad periodística. En Revista Estudios sobre el Mensaje Periodístico, no. 5, 37-62.  Recuperado de: http//revistas.ucm.es/index.php/

 ESMP/article/view/ESMP9999110037A

Castejón Lara, E. (2010). Entrevista personal. En: La nota: de informar a explicar. Estudio acerca del empleo de la nota interpretativa en los medios de comunicación impresos cubanos Granma y Trabajadores (2012). Tesis doctoral no publicada. Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Cuba.

Genro Filho, A. (2010). El secreto de la pirámide. Para una teoría marxista de periodismo. Caracas: Agencia Venezolana de Noticias.

Hohenberg, J. (1981).El periodista profesional. Río de Janeiro: Editorial Interamericana.

Leguineche, M. (1992).Galaxia Gutenberg. En Diario El País. 4 de mayo, s/p. Madrid, España.

Martín Barbero, J. (1998).Euforia tecnológica y malestar en la teoría. Colectivo de autores. En: Comunicología. Temas actuales (2006). La Habana: Félix Varela.

Martín Barbero, J. (2009). Entrevista personal. En: La nota: de informar a explicar. Estudio acerca del empleo de la nota interpretativa en los medios de comunicación impresos cubanos Granma y Trabajadores (2012). Tesis doctoral no publicada. Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Cuba.

Martín Serrano, M. (1990).La epistemología de la comunicación a cuarenta años de su nacimiento. Colectivo de autores. En: Comunicología. Temas actuales (2006). La Habana: Félix Varela.

EL OTRO LADO DE LA LUNA

EL OTRO LADO DE LA LUNA

Para la profesora Miriam Rodríguez Betancourt, Premio Nacional de Periodismo José Martí 2010, uno de los afanes rectores del oficio de la prensa es hallar el envés de las cosas.

MSc. JESÚS ARENCIBIA LORENZO,
Profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
 

El teléfono no ha dejado de sonar desde la noticia. Ya su hermana Olga no sabe qué decir a los alumnos y amigos de varias generaciones que llaman para felicitar a La Profe. «Gracias, gracias», repite y explica que sí, que ha sido por la vida, por la obra de la vida, el Premio José Martí que le otorgaron.

Miriam sonríe desde un sillón; atiende al que llama, y después dice cualquier cosa para cambiar el tema o burlarse de sí misma, como suele hacer para bajarse a tiempo de los falsos montículos de la vanidad.

Miriam, La Profe, La Infinita, la Doctora Rodríguez Betancourt, es la maestra cubana de Periodismo con más juventud archivada en el ejercicio docente. Pertenece a la generación que inauguró esta carrera universitaria en el país. Y después, aunque practicó con excelentes resultados su oficio en periódicos, revistas y emisoras, entró de lleno a la docencia.

A su talento y constancia se deben no pocos de los textos y selecciones de lectura con que se asoman al Periodismo los principiantes y se deleitan los expertos. Acerca de la entrevista periodística, Acerca de la crónica, Tendencias del periodismo contemporáneo… En cada uno, la dosis de equilibrio, refinamiento y síntesis de una buena conversadora. Eso es ella: la tibieza de un diálogo, la mesura de un consejo, la austeridad de un trabajo.

Pocos hay en nuestro gremio que no le deban palabras, saberes, tiempo. En cuatro décadas en la colina universitaria, desandando los trillos de la tinta impresa, ha aprendido a condensar las ideas de tal forma que sus frases casi no admiten poda.

Me recibió en su cuarto-estudio, en los altos de la casona de Marianao donde la familia ha vivido por más de 60 años. Libros, libros, libros. Recortes de prensa. Poemas. Martí, el Che, el Guernica; fotos familiares, Hemingway. Mafalda y un póster de baile español. La maquinita de escribir y la computadora. Un mapa de Cuba y otro de Tenerife. Charlot y el Chicuelo.

Llega Tati, su sobrina, con el café, y comenzamos la charla; es decir, la clase…

—¿Cuál fue su motivación inicial hacia el Periodismo?

Simplemente una necesidad de expresión. De pequeña yo siempre decía que iba a estudiar para abogada. Me veía —con ciertos delirios de grandeza— como abogada defensora, o periodista. Me halaba mucho la palabra.

De modo que fue primero esa urgencia por decir y después todo lo demás: la cuestión de la enseñanza, la idea de cómo interpretar la realidad, de cómo asistir a los aconteceres… Mis primeras lecturas: Martí. Y eso fue una conmoción.

—En su sentido del humor, en su finura, usted recuerda el mejor espíritu español. ¿Qué le vino a Miriam, junto con sus antecesores, de la tierra de Cervantes?

Lecturas, fundamentalmente. Algo del Siglo de Oro. Algo contemporáneo. Machado, Lorca, Miguel Hernández… Muchos atravesamos en nuestra juventud primera —subráyame primera—, ese estremecimiento con autores que después fueron muy potenciados por la Revolución. También con los latinoamericanos que bebieron en aquella fuente: Vallejo, Neruda, Guillén… Es que todos los que amamos las palabras bebimos de allá. Y nos quedamos con sed.

—¿Cómo vio, con sus 19 años, el Primero de Enero de 1959?

Estaba en mi casa. Recuerdo que mi madre salió a regular la entrada de agua. Era muy temprano y alguien le comentó: «Carmela, dicen que se fue Batista». Cuando escuché eso, sentí lo que muchos cubanos. Fue un deslumbramiento, algo telúrico. Sobre todo, la vuelta a una esperanza. La noción de que ahora comenzaba, otra vez, la Patria.

—Había en la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana dos profesoras símbolo. Se las menciono y me las dibuja: Mirta Aguirre y Camila Enríquez Ureña.

Mirta imponía. No solo por su mirada, sino porque uno sabía qué había detrás, quién era. No fui alumna de ella, pero asistí a sus conferencias. Recuerdo que yo evitaba subir en el elevador con ella. Me sobrecogía su presencia. Camila era un imán. Era familiar. Conquistaba...

Claro, me estoy refiriendo de los aspectos que en lo exterior me llamaban la atención de ambas maestras. De lo demás, ni hablar. Ahí están sus obras monumentales.

—¿Cómo armonizaban las inquietudes juveniles, los afanes culturales y el proceso revolucionario que comenzaba?

Hubo encontronazos, momentos complejos, no solo para los estudiantes de Periodismo. Pero pienso que aún los choques más fuertes fueron oportunidades de enseñanza. Mi grupo venía de una afinidad muy grande con la Revolución, que representaba para nosotros una esperanza satisfecha. Hasta para quienes resultaron golpeados injustamente, fue una etapa de aprendizaje. Dura pero muy importante.

—«El periodismo es en lo externo una profesión, en lo interno un sacerdocio». Esta frase es de sus preferidas. ¿Tuvo conciencia siempre del pesado mandato que encierra?

Absolutamente. Por tener conciencia de ese mandato del que García Márquez después llamaría «el mejor oficio del mundo», es que asumí el reto. Es un sacerdocio en cuanto a vocación de servicio y respeto a la verdad.

—Hábleme de aquella jovencita nerviosa, que fumaba mucho mientras preparaba e impartía sus primeras clases…

(Sonríe). Fumaba por miedo. Me sentía insegura frente a aquel alumnado, que me podía hacer una pregunta para la cual aún no tenía respuesta. Fueron muy buenos conmigo, muy considerados. Pero no te creas, que pasé mis apuros…

—¿De qué forma percibió entonces y percibe hoy las fronteras mutuas entre periodismo y militancia política?

Pienso que no hay fronteras. Si ambas filiaciones se ejercen con honestidad, con sentido de la responsabilidad, con compromiso con lo que uno piensa y con lo que uno es, no existen las fronteras.

—En una profesión de palabras, ¿cuán dañino o loable puede ser el silencio?

Puede ser tan loable como dañino. Hay ocasiones en que, por razones que tal vez el corazón desconoce, hay que guardar silencio. Y existen circunstancias que demandan hablar hasta por los codos.

—Cuando, junto a adelantados como Rafael Rivera Gallardo, «descubrieron» en nuestro patio las Ciencias de la Comunicación…, ¿cómo comenzaron a conjugar el desordenado espíritu periodístico con los preceptos de la Academia?

Creo que éramos personas inteligentes. (Y modestas). Entendimos que la Teoría de la Comunicación, y otros avances del conocimiento, lo que hacían era contribuir a mejorar la práctica periodística. Además, descubrimos caminos de reflexión que antes no habíamos imaginado.

Es que hay que entender el periodismo como una actividad de alta complejidad cultural. Si se entiende como una rutina del pan ganar, no se avanza hacia ningún lado.

—¿Será la entrevista —su especialidad— el arte supremo en el periodismo?

A mi juicio sí. Si quieres una respuesta rotunda, ahí la tienes. Como he dicho, en una buena entrevista entran en juego muchas cosas: el don de gentes, la capacidad de retratar a alguien, la flexibilidad… Concuerdo con Ambrosio Fornet cuando decía que después de los Diálogos de Platón no había nada más fascinante en la búsqueda de la verdad que la entrevista periodística.

—¿Por qué Miriam no podría ser una agresiva Oriana Fallaci, y tampoco se desprende de los libros de esa periodista italiana?

No podría ser tan incisiva como ella por una elemental cuestión de temperamento, de maneras distintas de asumir un diálogo. Y nunca dejaría de admirarla, en el sentido periodístico, precisamente por su incisiva genialidad. Ser periodista, como les repito a mis estudiantes, siempre implica buscar el otro lado de la Luna, hallar el envés de las cosas, dudar de todo. Y en ese afán Oriana es un estilo impresionante.

—¿Qué les falta y les sobra, a su juicio, a nuestras entrevistas de prensa?

Lo primero te lo respondo con una idea de Alfredo Guevara: a muchas les falta arte. Y ¿qué les sobra? Palabras, palabrería.

—¿Y nuestras crónicas, de qué carecen?

No es que carezcan de algo —que carecen—, sino que carecemos de crónicas. No abundan en nuestros medios. Hay buenos cronistas, pero el género está poco cultivado. Y para desarrollarlo hay que hilar fino, porque lo mismo sale una flor que un espantapájaros.

—¿Por qué no dejaría de leer la prensa cubana?

Para conocer los trabajos de algunos buenos periodistas, en primer lugar. Tampoco dejaría de consultar nuestros medios, pues es la única manera de aprehender sus aciertos éticos; y de advertir sus insuficiencias, lo que podrían hacer y no hacen.

—Si tuviera el don de cambiarlos, ¿qué les incorporaría?

Más columnistas. Diversificación de géneros. Más rapidez y profundidad en el abordaje de temas nacionales. Una mayor variedad temática. Mejor interpretación de nuestros problemas. Mucha más polémica.

—Ahora que han unido su nombre al del «más universal de los cubanos»… ¿pesa mucho este Premio?

Figúrate. Ahí puedes poner todos los lugares comunes que se dicen en estas ocasiones. Honor, responsabilidad, compromiso. Son ciertos. Es el premio de mi país, donde tantos buenos periodistas existen. Y lleva el nombre del Maestro. Por eso trato de verlo más allá de lo personal. Es la única forma de que no me abrume.

—¿Qué oficio manual hubiese querido aprender, Usted que ha vivido de emplear sus manos?

Nunca lo he pensado. Será que me he ocupado tanto en escribir, revisar trabajos, dictar clases, que tal vez no he tenido tiempo para pensarles otra ocupación a mis manos.

—¿A qué actriz le hubiese gustado sustituir?

A Ingrid Bergman, en Casablanca.

—¿Cómo se imagina dirigiendo a su admirado equipo de Industriales?

Siempre a la ofensiva. Ganándole a Santiago.

—Si sus alumnos le demandaran una recomendación que los pueda acompañar toda la vida en la prensa, ¿qué les diría?

Chico, es que no me gusta dar recetas. Hay suficientes ejemplos, paradigmas y prevenciones, para que cada periodista encuentre el camino. En eso confío. Mucho.

 

HERENCIAS PARA LA ÉPICA

HERENCIAS PARA LA ÉPICA

Lic. ALINE MARIE RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ,
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Al ocurrir el triunfo de enero de 1959, las instantáneas captadas por los fotógrafos en aquellos convulsos días se convirtieron en símbolo, no solo de un nuevo proceso social, sino también de una época. Instantes decisivos que testimoniaron la alegría y el fervor de una nación que era por fin verdaderamente libre.

“No fue hasta la Revolución Cubana que una nueva imagen de América Latina recorrió el mundo en fotografías: la barba de Fidel Castro y de sus hombres, los barbudos revolucionarios. Si la imagen de la Revolución Mexicana es el producto de fotos tanto como de grabados, la Revolución Cubana se ha reproducido en París, Nueva York, Pekín, Nueva Delhi casi exclusivamente a través de imágenes fotográficas. El enorme sombrero de los zapatistas y el rebelde barbudo están firmemente revelados e impresos en la memoria del hombre contemporáneo. Son imágenes fotográficas diseminadas en libros, revistas y periódicos a través de todo el mundo” (Desnoes, 1966, p. 69).

Para logar comprender el alcance y trascendencia de esa fotografía y de qué manera transformó el quehacer fotoperiodístico, hasta entonces desarrollado en la Isla, es necesario analizar los presupuestos ideo-estéticos que la definen, así como los creadores y las visiones que marcan esa nueva mirada.

La fotografía que comienza a realizarse a partir del triunfo revolucionario era, en buena medida, heredera de la que se había gestado, en la Isla, desde finales de la década del treinta. En agosto de 1933 algunos fotorreporteros pudieron retratar la huelga general revolucionaria que derrocó la dictadura de Gerardo Machado. Las imágenes de Amador Vales y Rafael Pegudo Gallardo aparecerían en la revista Carteles, mientras que las de Emilio Molina Cuervo, Generoso Funcasta y Vales saldrían a la luz en Bohemia.

“A la caída del machadato, aunque por breve tiempo, la imagen del pueblo ocupó las páginas principales de las publicaciones de la época y cobraron importancia las revistas con una temática más general y popular, como Carteles y Bohemia. Molina, Pegudo, Vales, Funcasta, Domenech, entre otros, recogieron testimonios muy hermosos, especialmente Molina logró una imagen muy completa de aquellos años. Funcasta, siempre presente en los acontecimientos importantes, puede ser considerado el cronista por excelencia. Trabajó muchos años en Carteles y vinculó a las exigencias del fotorreportaje criterios formales muy acertados” (Haya, 1980, p. 50).

El departamento de fotografía de la revista Carteles reúne a un singular grupo de artistas del lente, quienes realizan un trabajo creativo sin precedentes en la Isla. En las páginas de la publicación coinciden las instantáneas de José Agraz, Generoso Funcasta, y Newton Estapé, junto a las colaboraciones de Raúl Corrales y Alberto Díaz (Korda) (1).

“José Agraz había inventado una cámara robot que tiraba en secuencia  —recuerda Ernesto Fernández, quien desde los doce años trabajaba en Carteles— para fotografiar los deportes, fundamentalmente la pelota y algunas funciones de teatro. Eso nadie lo había logrado. Para hacerla le cortó el muelle a una cámara de cine belanhowar  y en vez de tirar 24 cuadros por segundo tiraba ochenta o noventa. Con ella tomó la famosa foto de la carrera del trágico accidente en la carrera del II Gran Premio Automovilístico de Cuba, el 24 de febrero de 1958, y también las fotos de la explosión del vapor La Coubre, pues la cámara sincronizó con el estallido”.

Según María Eugenia Haya (1980), la fotografía de mayor trascendencia en el país entre las décadas del cuarenta y del cincuenta fue la de carácter documental-social, difundida principalmente por la Cuba Sono Films, agencia de servicios y propaganda creada por el Partido Socialista Popular (PSP) en 1938. El trabajo de fotógrafos como José Tabío y Raúl Corrales servía para crear conciencia política en las masas. 

La estricta censura que Batista había impuesto a las publicaciones periódicas impidió que las instantáneas de Constantino Arias fueran difundidas. Sus fotografías componen “la imagen más completa de la increíble composición de la sociedad habanera de los años cuarenta y cincuenta” (Ídem., p. 52). Pese a la represión, en 1957, Tirso Martínez pudo fotografiar el cadáver de José Antonio Echeverría durante el asalto al Palacio Presidencial, mientras, en la Sierra Maestra, Raúl Rodríguez captaba las primeras imágenes de Fidel en su encuentro con el periodista estadounidense Herbert Matthews.

“Otros fotógrafos dejan testimonio de la lucha clandestina, de las crónicas policíacas, de las incidencias de las tropas rebeldes (…) desde Nueva York Osvaldo Salas enviará materiales por los que conoceremos sobre la visita de Fidel a esa ciudad promoviendo actividades de apoyo al Movimiento 26 de Julio, sin abandonar el tratamiento de retratos trabajados en el estudio. Con él aprende su hijo Salitas (Roberto Salas) que ya trabajaba en Nueva York para el periódico clandestino El Imparcial” (Vent Dumois, 2007).

El trabajo del Club Fotográfico de Cuba, aunque en menor medida, es otra de las influencias que recibiría la fotografía de la Revolución. Fundado en 1935 e integrado por cerca de trescientos aficionados y profesionales, en su mayoría relacionados con la fotografía comercial publicitaria y con el PSP. Además publicaron revistas como Boletín Fotográfico, Foto Cine y Fotografía Popular, convocaron concursos e impartieron talleres.

El Club logró fundar en un “sector fotográfico el gusto depurado por la técnica, la composición y los temas clásicos; mas fuera de ese grupo logró irradiar la persistencia, el desafío por el acto creativo” (Morell Otero, 2010, p. 41).

Otro de los grandes paradigmas ideo-estéticos de la épica, que abarca desde los planos, los ángulos, la composición, los encuadres hasta el montaje de las imágenes en la plana de diarios y revistas, es la fotografía que se realiza en Estados Unidos en la década del cuarenta. La revista Life es una de las protagonistas del fotoperiodismo norteamericano de aquella época.

La publicación se distinguió de sus contemporáneas, no solo por llenar sus páginas con imágenes, sino por la teoría de una “cámara guiada por la mente”. El ensayo gráfico es el trabajo por excelencia de periodistas y fotógrafos del equipo. Para su elaboración se hacía un fuerte trabajo de investigación y se preparaba una nota de antecedentes, que junto a una especie de guión se le entregaba al fotógrafo, con el propósito de que comprendiera a cabalidad el tema. Luego se seleccionaban más fotos de las que saldrían publicadas y los editores —previa consulta al creador— seleccionaban las mejores para ilustrar la nota (Newhall, 2002, p. 260).

Inspirada en Life por petición de Fidel, quien por aquel entonces desempeñaba el cargo de Primer Ministro y de presidente del INRA, se creó la revista INRA. Las instantáneas de Alfred Eisenstaedt, W. Eugene Smith, Peter Stackpole, Thomas D. McAvoy y Margaret Bourke-White, entre otros, servirían de leitmotiv para la producción fotográfica que, con una óptica diferente a la de sus antecesores, comenzaba en la Isla. Otra de las grandes publicaciones que inspiró e incentivó la creación gráfica nacional fue la revista brasileña O Cruzeiro, fundada en 1928, en la cual se mostraba la obra de grandes del lente como José Medeiros.

“La épica cubana —asegura la curadora y artista Lesbia Vent Dumois— también está influenciada por el trabajo de la Farm Security Administration (FSA) (2), entidad fundada, en abril de 1935, en Estados Unidos, que durante la Gran Depresión combatió la pobreza rural norteamericana. Fotógrafos como Dorothea Lange, Walker Evans y Arthur Rothstein estuvieron vinculados a la FSA y son quienes comienzan el fotoperiodismo norteamericano, que en aquella época era conocido como documentalismo. Ese grupo influye en casi toda la fotografía de prensa de este continente”.

El propósito de la organización, creada bajo el gobierno de Franklin Delano Roosevelt, era estudiar los problemas de la población rural. El trabajo de los fotógrafos era retratar la desidia  y luego publicarla en los medios de comunicación. Sus instantáneas sirvieron para denunciar la crítica situación existente, pero a la vez ayudaron a millones de campesinos.

“El documental es un enfoque y no una técnica; es una afirmación y no una negación –explicaba Roy Emerson Stryker a los fotógrafos. La actitud documental no es el rechazo de elementos plásticos, que deben seguir siendo criterios esenciales en toda obra. Solamente da a esos elementos su limitación y su dirección. Así, la composición se transforma en un énfasis, y la precisión de línea, el foco, el filtro, la atmósfera –todos esos componentes que se incluyen en la ensoñada penumbra de la «calidad»–, son puestos al servicio de un fin: hablar, con tanta elocuencia como sea posible, de aquello que debe ser dicho en el lenguaje de las imágenes” (cit. por Newhall, 2002, p. 245).

La simbiosis entre el documentalismo norteamericano —embrión de lo que un tiempo después sería bautizado como el fotorreporterismo— y la concepción gráfica de las grandes revistas ilustradas, junto a la fotografía de denuncia social desarrollada en la Isla y la labor creativa del equipo de fotografía de la revista Carteles, se convierten en puntos cardinales para la construcción del nuevo discurso fotográfico.

Al referirse a la obra de los fotógrafos cubanos de los años cuarenta y cincuenta, María Eugenia Haya, aseguraba que su trascendencia radicaba “en el hecho de haber logrado reflejar la verdad con la intensidad de quien la vive y la sufre en carne propia” (1980, p. 52). Sentimiento compartido por los que comenzaban a tomar imágenes del nuevo proceso social. “Ya no sería más la Cuba de la ‘very nice typical mulata’ o del ‘negrito servicial’, ahora sería el barbudo, la miliciana, el campesino, el obrero, quienes conformarán desde esta primera época una abundante y elocuente iconografía popular (Ídem., pp. 53-54).

Notas:

(1) Junto a Luis Peirce Byers, en los años cincuenta, había fundado los Studios Korda, que marcaron pauta en la realización de imágenes publicitarias.

(2) Fundada en abril de 1935, bajo el nombre de Resettlement Administration, en 1937 cambia su nombre por el de Farm Security Administration y siguió funcionando hasta 1943. Luego sería  incorporada al Office of War Information.

Bibliografía:

Desnoes, Edmundo. 1966. “La imagen fotográfica del subdesarrollo”. Casa de las Américas, Año VI, pp. 62-82.

Fernández, Ernesto. 2013. Entrevista personal. Fecha de realización: 10.04.2013.

Haya, María Eugenia. 1980. “Sobre la fotografía cubana”. Revista Revolución y Cultura. pp. 41-60.

Morell Otero, Grethel. 2010. “Absolut Revolution: Revisitando la fotografía cubana (1959-1969)”. Arte Cubano. No. 2 Año. 15. pp. 40-47. 

Newhall, Beaumont. 2002. Historia de la fotografía. Barcelona: Gustavo Gilí, S.A.

Vent  Dumois, Lesbia. 2007. “Los sesenta y el instante decisivo”. La Jiribilla. Disponible en: http://www.lajiribilla.cu/2008/n364_04/364_22.html. Consultado: 13.09.2010.

Vent  Dumois, Lesbia. 2013. Entrevista personal. Fecha de realización: 16.05.2013.

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LA PALABRA Y LA SOCIALIDAD DE LA LENGUA EN CONSONANCIA CON EL LENGUAJE Y LA PARTICIPACIÓN DEL SER

LA  PALABRA  Y  LA  SOCIALIDAD  DE  LA  LENGUA  EN  CONSONANCIA  CON  EL  LENGUAJE  Y  LA PARTICIPACIÓN  DEL  SER

George Gusdorf, filósofo y epistemólogo francés, plantea que llegar al  mundo es  tomar la palabra, transfigurar la experiencia en un  universo del discurso y  concluye  en que la palabra,  al ser parte del  ser, refleja al ser de quien la pronuncia.

Lic. ALDRIN SOLANO Y Lic. FERNANDO SIFONTES,
Profesores de la Universidad Bolivariana
de Venezuela, Sede Monagas.

La  diferencia  entre  la  palabra  acertada  y 
la  palabra   casi  acertada  es  la  que  hay 
entre  la  luz  de  un  rayo  y  una  luciérnaga.
MARK  TWAIN

Etimológicamente, la palabra comunicación se refiere a común-acción.  En este sentido, proponemos entender la comunicación como la coordinación de acciones. Así, la comunicación será más que el intercambio de información,  por  lo  tanto,  la  Comunicación es el eje central en la vida del ser humano. Las personas jamás han podido vivir aisladas, necesitan comunicarse, relacionarse unas con otras. Somos seres que necesitamos intercambiar constantemente nuestras ideas, puntos de vistas, alegrías, inquietudes, deseos, preocupaciones. La Comunicación es un proceso dinámico en el que las personas cumplen las funciones de emisores y receptores en forma alterna. Este constante intercambio de ideas es lo que nos permite hacernos entender, y entender a los demás.

Según Warren Weaver, en Matemáticas de la Comunicación, La Comunicación Humana, (pág. 61), plantea: “Un sistema inmenso de señales, movimientos, íconos, signos y símbolos se conjuntan y permiten al ser humano interpretar la realidad, orientar su existencia e interactuar con los demás”.

En el  caso  específico  de  los  seres  humanos, se  comunican entre sí mediante uno de los códigos  más elementales usados  por  éstos  y  no es otro que la palabra,  en  tal  sentido,  las  relaciones  existentes  entre las palabras son,  a  la  vez,  un  espejo y modelo de nuestras  propias relaciones con el universo.

Por  lo  tanto, al llegar al mundo los seres humanos no tienen otra  opción que emitir sonidos en función de hacerse sentir, dejarse oír, y  en general ponerse en contacto con los demás seres que lo rodean, la  palabra es lo que identifica al hombre como ser pensante y de  facultades especiales que  lo diferencian de otros seres vivientes.

Nuestra palabra es la capacidad de nombrar correctamente la realidad de estructuras. A partir de la palabra compartimos lo que somos, nos decimos a nosotros mismos y tendemos un puente con el otro con el que aquel puede acceder a la verdad de nuestro ser, de nuestro pensar, de nuestro sentir.

Según Ivonne Bordelois, “La Palabra Amenazada” (Pág. 4, 2004), “entre  el  uso de la palabra y la  escucha de la palabra media una distancia semejante a la que separa el amor de la prostitución,  piénsese  en  la  ridícula  paradoja  que  encierra  la común  expresión, “dominar una lengua”; las lenguas son ellas mismas dominios  inmensos de tradiciones, vastos léxicos que se nos escapan, reglas  gramaticales subterráneas de las que apenas alcanzamos a atisbar  los mecanismos.”

En  este  sentido,  es  necesario  recordar  a  Martí: “La  lengua  no  es  el caballo  del  pensamiento,  sino su  jinete”. No es una coincidencia  el hecho de que Martí fuera poeta,  ya que son los poetas y los niños los que primero advierten las posibilidades más abiertas y secretas  del  lenguaje y  juegan o se dejan jugar con ellas.

También  podemos decir que las Lenguas no sólo se emplean, no son sólo valores  de  comunicación,  expresión  personal  o  uso  colectivo:  contienen la experiencia  de  los  pueblos  y  nos la transmiten, pero  sólo en la medida en que estamos dispuestos a reconocer su  capacidad de poder hablarnos. La expresión común que decimos a  diario, “usar la lengua”,  reduce la lengua a un instrumento, cuando  en  realidad  la  lengua  es  un  proceso  que nos  trasciende. Como lo  dice Guillermo  Boido: “La  poesía  es  el  intento  de preguntarle  a  las  palabras  qué  somos”, entonces vale afirmar  que si  la  palabra sabe  más de nosotros que nosotros mismos es porque viene de una  tradición de experiencia humana que nos supera en el tiempo y el  espacio.

Siguiendo con el criterio de  Bordelois. “las  palabras que hoy día  pronunciamos son sobrevivientes de catástrofes históricas donde el  latín pereció, pero  éstas  palabras  nos  preceden, nos  presencian y  se prolongarán mucho más allá de nosotros en el  tiempo (...)”.

La palabra la pone el hombre en uso como elemento de comunicación  para dar a entender su mundo interior y construir con sus congéneres  el mundo exterior en una relación de contexto y de comprensión  social de la realidad compartida. Para Bacon, según Graciela  Reyes en “La Pragmática Lingüística” (Pág. 13, 1994): “Los  hombres  conversan por medio del lenguaje, pero las palabras se forman a  voluntad de las mayorías”, ya que las relaciones de entendimiento se  dan por una convencionalidad del lenguaje donde las palabras forman  vínculos de igualdad de convivencia entre los seres. 

Citando al  Diccionario de Lingüística Moderna: “Hoy, sin embargo, la palabra sigue siendo una unidad  básica de la lingüística; la unidad  limite (o  al  menos,  zona  de  transición)  entre  sintaxis  y  morfología con entidad suficiente para construir sobre su estructura  una  teoría”, e imprescindible  para llevar a cabo  un compás  armónico  por  medio  de la formación sintáctica, que es lo que permite hacer  la historia, la  autobiografía entre otras teorías indispensables para la subsistencia  en grupo  como fortaleza social.

En los  encuentros sociales  del hombre se encuentran fenómenos  trascendentales como es la transfiguración, en líneas anteriores  expresamos que el hombre modifica o transforma al mundo exterior.  Tal planteamiento resulta muy humilde y sencillo para lo  indescriptible que suele ser una metáfora tan significativa y tan relevante como es la  de hacer mundo con las palabras. Aunado a  esta visión, tenemos que  reconocer que los grupos humanos al hacer uso de la palabra  también usan la lengua y el lenguaje por el cual construyen y  pronuncian un discurso cargado de subjetividad y relevancia,  pertinente en el compartir de los encuentros y,  por ende, el hombre  requiere de patrones específicos de la comunidad y  darle, de  este  modo,  sentido de pertenencia a sus condiciones de ser humano.

La  lengua es un sistema de signos que el hombre por naturaleza  adquiere y desarrolla, haciendo uso de un sistema  orgánico (aparato fonador), que le permite articular  sonidos, valga la construcción del  sistema para conocerse, comprenderse y  comprender a los demás. 

Para Ferdinand Saussre, “Curso de Lingüística General” (Pág. 50. 1945): “No se  puede, pues, reducir la lengua al sonido, ni superar el  sonido de la articulación bucal”,  porque sin ella no fluirían las  palabras como prendas del poder mágico con que se enseña y con  que se persuade.  Para Saussre (Pág. 58): “La lengua es la parte  social del lenguaje exterior al  individuo, que por sí solo no puede ni  crearla ni modificarla; no  existe más que en virtud en  na especie de control establecido entre los miembros  e  la  comunidad”. 

En  este  sentido, el  hombre  hace  gala  de  sus conocimientos para  estar en consonancia existencial. La lengua encierra un mundo de  saberes, que para Saussre, citándolo nuevamente, es un  sistema de  signos que expresan ideas,  y por eso comparables a la  escritura, al  alfabeto de los sordomudos, a  los ritos simbólicos, a  las formas de  cortesía, a las señales militares, etc. Sólo que es el más importante  de todos esos sistemas”. Un sistema que está en el primer orden  dentro de la grandeza de las facultades. Tomemos en cuenta cuando  Saussre se refiere a que la lengua tiene como funcionamiento las  ideas y  los  sonidos. 

Saussre se refiere a que: “La lengua es también comparable a una  hoja de papel: el pensamiento es el anverso y el sonido es el reverso:  no se puede cortar uno sin cortar el otro; así como tampoco, la  lengua  se podría aislar del sonido y del pensamiento: porque con este es que  se identifican las ideas que se  constituyen a través de  las palabras.

En  otro  sentido,  por medio de la lengua el hombre se hace un  ser  de mundo  y  de  participación colectiva; por  consiguiente, podemos  hablar o  referirnos al lenguaje.  El lenguaje como elemento para la  expresión, para la libertad,  del  habla  y  de  los  fundamentos sociales   es  la  comunicación  humana,  tomando  en  cuanta  a  Graciela  Reyes (Pág. 18.  1994):  “El  significado  que  se  produce  al  usar  el  lenguaje  es  mucho  más  que  el  contenido  de las  proposiciones  enunciadas. Abordando este planteamiento se puede incluir, también,  que el lenguaje es mucho más que los gestos, los sonios de voces,  articulaciones de voces; el lenguaje es un enramado de  complejidades del habla del ser humano.

Según  el  autor  George Gusdorf, “la  palabra  al  ser  parte  del  ser, refleja al ser de quien  la pronuncia”, analizando este planteamiento  y  reforzando lo expuesto por los autores antes citados, la palabra es el  reflejo de quien la pronuncia, es decir, como seres humanos que establecemos unos códigos lingüísticos, para desarrollar el acto de la  comunicación, nos encontramos que la palabra le da vista al  discurso,  es decir, le da realce a lo planteado, como sujeto social estamos en  capacidad  de  desarrollar la  palabra con elegancia y  distinción. En  otro orden de ideas, dar nuestra palabra simboliza comunicar, es expresar. Dar nuestra palabra es darnos en una dimensión de nuestro ser.

Desde  el  punto de  vista  periodístico,  nos  encontramos en medio  de la comunicación radial, donde la palabra es un  don y un poder  de  convencimiento,  ya  que es por éste medio por donde nuestros  radioescuchas se  enteran de los acontecimientos,  y por supuesto,  somos nosotros los que pronunciamos la palabra para un colectivo y tenemos el deber de brillar en el discurso, porque nuestra palabra  será trasmitida en vivo y  será escuchada por toda  una  masa.

Una palabra clave es comprenderla en su plena expresión. Nos ayudará a entender el proceso de la comunicación. Cuando las personas interactúan, cada una se coloca en el lugar de la otra. Ambas tratan de percibir el mundo de la misma forma. La interacción implica asumir recíprocamente un rol y emplear una mutua empatía. Es decir, la proyección de cada quién, en el estado interior o en la personalidad de los demás. La Comunicación es el eje central en la vida del ser humano. Las personas jamás han podido vivir aisladas, necesitan comunicarse, relacionarse unas con otras. Somos seres que necesitamos intercambiar constantemente nuestras ideas, puntos de vistas, alegrías, inquietudes, deseos, preocupaciones.

BIBLIOGRÁFIA:

Alcaraz, Enrique; (2004).  Diccionario de  Lingüística  Moderna. Barcelona. Editorial Ariel S.A.  Segunda  edición.

Bordelois, Ivonne: (2004).  La Palabra Amenazada. Caracas. Editorial Monte Ávila Editores Latinoamericana S.A.

http://www.google.com.ve/

http://www.monagrafías.com/

Reyes,  Graciela: (1994). La  Pragmática Lingüística. Barcelona: Editorial Montesinos Editor. Segunda edición.

Saussure, Ferdinand: (1945). Curso  de  Lingüística  General.  Buenos Aires: Editorial Losada S.A.

Weaver Warren,  Matemáticas  de la Comunicación", La Comunicación Humana.

TITULAR AL LÍMITE DE LO POSIBLE

TITULAR AL LÍMITE DE LO POSIBLE

Lic. IVÁN MORALES MORALES,
Periodista de Radio Rebelde,
Cuba.

¿Son adecuados o no los títulos Genéricos y los Llamativos para todos los géneros, o se establece diferenciaciones en su empleo? Esta es la disyuntiva siempre presente a la hora de las definiciones en el área de la Periodística y en la investigación Titular al límite de lo posible (tesis en opción a Licenciatura), no solo hacemos referencia a la propuesta que defienden varios autores nacionales y profesores como Tomás Lapique, Julio García Luis e Iraida Calzadilla, sino que también construimos el marco conceptual a partir de que asumimos criterios de expertos extranjeros como José Manuel Zorrilla Barroso, Emilio Alarcos Llorach, José Luis Martínez Albertos, Antonio López Hidalgo, entre otros. Este último se aventuró a concertar una categorización que agrupa a las restantes.

En consonancia con nuestro interés investigativo (aplicado en las páginas deportivas de los medios de comunicación Granma, Juventud Rebelde y Trabajadores), resultó oportuno considerar –entre tantas- la variante formulada por el profesor de la Universidad de Sevilla, Antonio López Hidalgo. La misma puede resumirse en: expresivos, apelativos, informativos, enunciativos o temáticos, creativos o llamativos y de actos de habla.

La definición de denominaciones genéricas se enmarca aquí en los enunciativos o temáticos. Diferente enunciación, pero mismo significado. En tanto, los llamativos sí tienen puntos de contacto en las aportaciones de cada uno de los autores consultados.

En el periodismo no existen camisas de fuerzas o esquemas llegado el momento de titular. No es menos cierto que algunas clasificaciones encuentran mayor respaldo en unos géneros por sobre otros. Pero esto no indica necesariamente que sean líneas inquebrantables. Los márgenes de los distintos tipos se tornan difusos cuando de enmarcar un título se trata, sobre todo, porque en el bregar constante los redactores no suelen tomar en cuenta qué categoría utilizar.

López Hidalgo plantea al respecto que los géneros informativos pueden contener denominaciones de diferentes clasificaciones. “Los encabezados enunciativos o temáticos en lugar de identificar el contenido del texto como si fuera un nombre propio de la secuencia temporal a la que el trabajo se refiere, enuncian o mencionan genéricamente los temas sobre los que versa el escrito. O sea, son a su vez informativos”. Sirven para identificar artículos editoriales y reportajes especiales, aunque en este último caso también se pueden emplear los llamativos, afirmaba en 1973 Lapique.

Mientras, los creativos o llamativos “conquistan el interés, despiertan la curiosidad, incitan para que se avance en la lectura”, sostiene Calzadilla, para quien la titulación, en tanto cumpla su cometido de puesta en escena de la información que encontrará el lector en el texto, pueden estar presentes todas sus manifestaciones en cualquiera de los géneros periodísticos, siempre que respondan justamente a los contenidos.

A su vez, Lapique reafirma que algunas veces en forma jocosa, otras sarcástica o, simplemente con una imagen atrayente y sugestiva, los creativos o llamativos son usuales en las informaciones o reportajes especiales, sobre todo de las revistas que no pueden destacar una noticia ya divulgada por los periódicos.

Julio García Luis (2002) brinda sus consideraciones en torno a las distintas clasificaciones de acuerdo a los géneros que encabezan. A la noticia, y también en muchas ocasiones al reportaje y a la entrevista, le corresponde un título informativo. Aunque, pueden estar dotados a su vez de otras tipologías. No existen fórmulas cerradas al respecto. Todo se encuentra en el interés del redactor por captar la atención de la audiencia y sus habilidades creativas para lograrlo: “Al artículo, por el contrario, le corresponde un título más plástico, más variado, más libre en la estructura y orden de sus elementos que, como norma, podría clasificarse en alguna y a veces en más de una de estas tres categorías: llamativo, enunciativo y exhortativo”. López Hidalgo (2001) añade que “la crónica, por su parte, puede poseer una denominación informativa, creativa u opinativa”.

En nuestro entorno mediático, los títulos enunciativos o temáticos muchas veces aparecen atados a textos informativos. La línea discursiva que propugna la publicación y los públicos a quienes dirigen sus mensajes juegan un papel determinante en este aspecto. Mientras que los llamativos se asocian a las entrevistas, las columnas o los reportajes. No necesariamente se deben establecer diferenciaciones marcadas, pese a que algunos autores abogan por ello.

En el caso particular de los medios impresos de circulación nacional observados, hay divergencias notables para asumir los criterios de titulación. Mientras unos abogan por rehuir a las denominaciones netamente informativas, aquellas del estilo clásico que comienzan con el verbo y resultan una salida fácil cuando el tiempo apremia, en otros halla profusión la creatividad y el ingenio, pese que anuncian relatos noticiosos.

Los genéricos poseen una encomienda más establecida, acorde a los géneros informativos e interpretativos que denominan. Para los opinativos existen otras categorizaciones más factibles. Mientras que los llamativos sí pueden ser utilizados indistintamente. Las distancias entre unos y otros no son insalvables, sino más bien movibles y de fácil ajuste de acuerdo con la intención del creador.

Epígrafe, Título, Bajante

Otro aspecto a analizar dentro del contexto del título es la propia titulación del trabajo tomando en consideración sus integrantes básicos de Epígrafe, Título y Bajante. Cada uno de los componentes que conforma el encabezamiento tipográfico debe estar construido de forma que no dependa sintácticamente del resto y que su supresión no afecte el contenido del conjunto, como apunta López Hidalgo.

Epígrafe, Título y Sumario constituyen una tríada de elementos que se erigen para el redactor como instrumentos donde se exponen otras ideas fundamentales que no pueden ser incluidas en el encabezado, y le permiten al lector una comprensión más exacta de todo cuanto encontrará desarrollado posteriormente en el relato.

Para Calzadilla, el epígrafe es el texto que antecede al título, casi siempre con menos palabras que este. Constituye lo temático o lo genérico del hecho que se narra. Sintácticamente no debe estar ligado al titular. López Hidalgo sostiene que el titular es el elemento más importante del encabezamiento alrededor del cual giran el resto de los componentes, aquellos que complementan su función dentro del producto comunicativo. Debe contener lo esencial de la noticia y resumir los elementos fundamentales de la entrada del trabajo. Y para Miriam Rodríguez Betancourt e Irene Trelles, mientras el sumario o bajante se utiliza para “facilitar la comprensión de informaciones complejas. Subraya tanto elementos propios de la noticia como otros relacionados. Posee independencia conceptual con el resto del trabajo”.

La totalidad de las propuestas teóricas consultadas concuerdan en la necesaria independencia que debe existir entre estas tres unidades, y resaltan la importancia de no repetir términos o ideas en cada uno de ellos para evitar ser redundantes.

La posible dependencia entre título y sumario en ocasiones en la prensa nacional cubana tiene que ver con el rol que se le asigna a estos elementos. Es una relación de ambos entre líneas, donde el segundo sea el complemento necesario del primero, sin que ello ponga en juego su obligada autonomía en la estructuración del contenido. 

Consideramos que esta tríada no debe conformarse como módulos supeditados unos a otros, tal y como sucede en algunos casos. Sus distancias obedecen a aspectos sintácticos y de estilos, debido a que su exclusión de la plana por cuestiones de espacio no ponga en riesgo la visión del cronista sobre los hechos. Entre ellos debe existir un vínculo cómplice, imperceptible ante la revisión minuciosa del receptor más avezado.   

Contexto-hipertextualidad en la comprensión del título

La apropiación de elementos de la realidad cotidiana es uno de las estrategias más utilizadas por los redactores para contextualizar sus titulares y hacerlos más asequibles –que no necesariamente es sinónimo de comprensible- a sus lectores. Esto se aviene sobre todo a los titulares llamativos.

En relación con las taxonomías temáticas de esta clasificación algunos autores incluyen otras categorías al interior de dichos grupos. Lapique segmenta el título llamativo atendiendo a diversos parámetros en: “jocoso, sarcástico, novelesco o de película, frase popular antigua o de actualidad, expresión de duda, sorpresa o interrogación”. García Luis añade el retruécano y la paronimia, y una frase o exclamación, tanto histórica como de actualidad.

Encabezar los relatos periodísticos para un público especializado brinda ciertas libertades, fundamentalmente lingüísticas. La audiencia maneja determinados códigos que permiten al periodista apoyarse de vocablos técnicos. Es por ello que en ocasiones, en busca de una creatividad que se diluye en construcciones vacuas y sin sentido, sostienen sus ideas sobre la base de estructuras elaboradas a partir de fragmentos de canciones de moda, nombres de películas u obras literarias, o la parodia a frases populares. Bien utilizadas resultan de mucha utilidad. De lo contrario, pueden provocar la desatención a un texto noticioso relevante.

Mientras algunos autores prefieren que las personas lean un encabezamiento que se apoya en títulos de novelas o libros, y fragmentos de canciones que están en la preferencia popular, antes de extraerlo de alguna frase del discurso, otros señalan como uno de los valores básicos del título su contextualización. No solo sitúa al receptor sobre el tópico a tratar, sino que hace las denominaciones más atractivas e incita a su lectura. No obstante, Joel García, periodista y profesor cubano, manifiesta que “en ocasiones se abusa de lo simplista. Estos trucos pueden funcionar, pero no deben traerse por los pelos al contexto, pues denotan falta de preparación de su creador”.
Sin duda, apropiarse de elementos del contexto le otorga realce a las denominaciones y la hacen más asequible a todos los públicos. Empero, algunas de las redacciones analizadas trastocan el camino y disminuyen el nivel de su discurso. Enriquecer el lenguaje no es permearlo de frases hechas o facilistas, sino concebirlo como un poderoso elemento que influye notablemente en las habilidades expresivas de la audiencia. El cronista deportivo –y todos en general- debe tomar en cuenta el público para el cual escribe y no menospreciarlo. Aprovechar correctamente las bondades del idioma y mezclarlo con ingenio y chispa hacen de la hipertextualidad una delicia, e incitan a degustar el relato de principio a fin.   

 

LO LITERARIO, ¿UN RETO EN EL EJERCICIO PERIODÍSTICO?

LO LITERARIO, ¿UN RETO EN EL EJERCICIO PERIODÍSTICO?

En el periodismo literario el autor no solo reporta los hechos, sino que lo reconstruye, trata de encontrar sus significados. Es decir, se pasa de un periodismo tradicional agresivo, técnico y de objetividad balanceada, a una manera de contar la historia más artística, más reflexiva, con una subjetividad más marcada y una intencionalidad analítica. Hoy el asunto pasa por creer en que en el futuro el lenguaje periodístico perderá su sentido objetivista e imparcial como meta suprema, o que perderá el lenguaje literario frente a la reticencia de los profesionales al estudio y asimilación de nuevos saberes y técnicas. 

Lic. JAIRO A. CORONEL MORILLO,
profesor de la Universidad Bolivariana
de Venezuela, Sede Falcón (Punto Fijo).

El nuevo periodismo -periodismo literario- como lo define Gabriel García Márquez, está logrando hoy día cautivar a muchos lectores de los distintos diarios del mundo, todo debido a la incorporación de elementos literarios (metáfora, símil, humanización, onomatopeyas, adjetivación, el epíteto, entre otros) que permiten darle emotividad y plasmar la realidad de los hechos con estilo novelesco, atractivo, sin apartarse de la veracidad. 

Para el venezolano Alexis Márquez Rodríguez en su obra La comunicación impresa, dice que la finalidad de la descripción literaria es estética, y su carácter, por tanto, predominante expresivo, y por ello mismo subjetivo. En cuanto a lo primero, es necesario mirarlo desde diversos ángulos. En primer término, la descripción literaria, y en general todo texto literario, cumple una finalidad estética en tanto satisface una impulsión artística del autor. Visto el fenómeno estrictamente desde este punto de vista, no hay en ese autor, al menos en una primera fase, que es precisamente la fase real creadora, un propósito comunicativo. De aquí que digamos que se trata de un fenómeno  predominante expresivo, en el cual, además, prevalece lo subjetivo. Es decir, los sentimientos, las emociones, las pasiones, los criterios personales del autor.

Lo que se da por entendido que en este nuevo periodismo se respeta mucho el aspecto vivencial y emocional  tanto de las fuentes como del autor a la hora de ponerlo en práctica para relatar de una manera real e impactante los hechos y acontecimientos suscitados. Es una forma  muy peculiar de narrar estéticamente sin renunciar a la realidad.

Por su parte, Márquez explica que el “texto literario cumple una finalidad estética visto también desde el punto de vista del lector. Es decir, cumplida aquella fase, en que la obra escrita se limita a satisfacer una impulsión artística del creador, se inicia una segunda fase, con la lectura del texto, en el cual la finalidad de este se resuelve en una reacción igualmente estética del lector: esta vez son los sentimientos, las emociones, las pasiones de dicho lector los que resultan afectados. Y en esta afectación entra en juego de nuevo la subjetividad, solo que ahora trata de la del lector”.

La finalidad del periodismo literario no está solo en resaltar lo estético y artístico de sus elementos, sino también de transmitir emociones por parte del autor al lector, de despertar el interés por una lectura placentera y que al mismo tiempo se informe del acontecer o la realidad del contexto. 

Al respecto, Luis Sexto en su artículo un Bizancio contemporáneo, de la página www.jrebelde.cubaweb.cu, opina que “hay que hacer notar que tanto literatura como periodismo buscan, como fin supremo, captar el interés del lector. La primera lo consigue enfatizando en lo estético; el segundo en lo informativo. Pero se topan con el mismo desafío: interesar, gustar. Debo insistir. Desde el ángulo de la estética, literatura y periodismo ejercen funciones similares: educativas, cognoscitivas, etcétera. Pero las funciones primordiales los separan. La función estética caracteriza esencialmente a la literatura, formación estilística de arte, y seguidamente las demás, entre ellas, la informativa. Al periodismo, formación estilística de trabajo la distingue, precisamente, la función que comunica el acontecer de actualidad, esto es, la informativa”.

Con lo antes expuesto el ejercicio del periodismo hoy día amerita de más complementación literaria y cultural por parte del periodista, de una formación más documentaria de los hechos y acontecimientos, pero sobre todo, de escribir para impactar y  trascender en el tiempo con algún trabajo reporteril; logrando dejar atrás ese tipo de periodismo limitado en el diarismo, tecnicidad a la hora de redactar y de objetividad balanceada, donde en cierta forma solo informa, se reproducen las declaraciones, pero no se despierta esa otra parte sentimental, expresiva y hasta vivencial. En definitiva, el periodismo literario hace despertar en el lector esa imaginación como si estuviera leyendo una novela en especial. 

Por tanto, para  Sexto,  “el periodismo, no obstante todos sus vínculos con la realidad noticiosa, halla su dimensión más duradera e influyente cuando se aproxima a lo literario-estético mediante el trabajo del estilo y las técnicas narrativas.”

Ahora bien, el hecho de introducir algunos aspectos literarios en los trabajos periodísticos no producirá un deterioro en el sentido objetivista e imparcial y esto porque cuando se narra los hechos siguen siendo reales, con la única diferencia que se consiguen palabras o argumentos más adjetivados, metafóricos, con verosimilitud, pero apegados siempre a la realidad, lo que lleva a fijar posición de que más bien podría enriquecer los textos periodísticos, haciéndolos más atractivos y educativos al lector.

Muchas oposiciones fuertes contra este nuevo periodismo se han presentado, por el hecho de que el autor debe profundizar más y ahondar en la literatura, amerita de más tiempo para concebir algún trabajo;  pero, desde mi punto de vista, se puede obtener un equilibrio o una equidad al momento de redactar una nota  o hacer un trabajo periodístico, usando elementos de orden estético y literario en conjunto  con lo técnico del periodismo, logrando pues, un trabajo mixto, nutrido de literatura, argumentación, profundización, cultura general, con declaraciones, vivencias, actualidad, veracidad y búsqueda de objetividad de hechos.  

De manera semejante, Sexto puntualiza que “la práctica de la narración literaria como alternativa periodística puede adaptarse al espacio disponible. Agotada espacialmente o adecuada al espacio disponible, enriquece el reportaje y la crónica –géneros claves del periodismo impreso- incorporándoles un toque de vigor, realce, y vigencia”.

Se observa claramente que más que escribir de una manera poética, es darle vida y vistosidad  a las palabras para enriquecer cada uno de los géneros periodísticos e innovar la forma de mostrar la realidad de los acontecimientos, siguiendo su sentido objetivo y coherente en todas sus dimensiones. 

Con lo antes expuesto, para Teresa Imízcoz, en su Manual para cuentistas, publicado en la página www.unav.es, el periodismo literario no es un instrumento para falsear la realidad, ni para inventarla. Y tampoco es un pretexto para reemplazar la información con metáforas. No es la poetización gratuita, aquella que se regodea detallando los pétalos de un geranio visto a través de la ventana, justo en el momento en que el protagonista de la historia acaba de machacarse un dedo con el martillo, sino más bien, es como advierte Julio Villanueva – “es más un sello de honestidad, desnudez y precariedad frente al disfraz de neutralidad de esa voz institucional con la que lo público no alcanza ninguna sensación de intimidad”.

En el mismo orden de ideas, Imízcoz opina que el periodismo literario no es solo hacer sentir placer a la hora de estar frente a una excelente escritura, ni mucho menos llevar el periodismo a un salón de belleza, sino que “es un sentido de lo estético que va más allá de la mera forma. Es captar el fondo de las situaciones que vemos. Es comprender que las acciones de los hombres, aún las más importantes, no conforman toda la realidad: hay que explorar también sus estados de ánimo, la interacción con el entorno, los motivos profundos y los antecedentes de su comportamiento. De modo que hay que dedicarle tiempo a la descripción de los espacios por los cuales se mueven los personajes”.

Igualmente manifiesta la autora que “este sentido tan amplio de la realidad demanda un trabajo de campo más ambicioso. Hay que sumergirse durante períodos mayores en el tema que nos ocupa, para poder buscar la información necesaria y además captar lo que está más allá de lo evidente. Es lo que se conoce con el nombre de “periodismo de inmersión”.

De igual manera, la venezolana Virginia Riquelme en su artículo Periodismo y Literatura, publicado en la página web  www.relectura.org/../80 en fecha del 14 de agosto 2009, opina que  “en el periodismo literario debe haber, por parte del periodista, más inmersión y más compromiso. Además, debe tener una riqueza narrativa capaz de rozar la literatura, pero sin apartarse de la sencillez y la precisión del estilo periodístico”.

Lo que nos demuestra que el periodismo literario en líneas generales amerita de más compromiso, entrega, pero sobre todo, vocación para poder escribir y profundizar en los temas, logrando un periodista más documentado, arriesgado a escribir de acuerdo con lo que ve, escucha, percibe y siente en el sitio de los hechos y dejando  a un lado lo superficial, monótono, relato de fuentes, que en sí deterioran el verdadero periodismo y desmotiva la lectura asidua  del público que exige con el avance de las tecnologías un ejercicio vanguardista de impacto a la sociedad.  

Bibliografía:

Márquez A. (1976). La comunicación impresa, teoría y práctica del leguaje periodístico. Ediciones Centauro.

Sexto Luis. Un bizancio contemporáneo. Juventud Rebelde. La Habana, Cuba. www.jrebelde.cubaweb.cu

Imízcoz Teresa. Manual para cuentistas. Editorial Península. http://www.unav.es/fcom/comunicacionysociedad/es/resena.php?art_id=190

Riquelme Virginia Riquelme. Periodismo y Literatura, www.relectura.org/../80/ fecha 14 de agosto de 2009. 

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