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Entrevistas

EL OTRO LADO DE LA LUNA

EL OTRO LADO DE LA LUNA

Para la profesora Miriam Rodríguez Betancourt, Premio Nacional de Periodismo José Martí 2010, uno de los afanes rectores del oficio de la prensa es hallar el envés de las cosas.

MSc. JESÚS ARENCIBIA LORENZO,
Profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
 

El teléfono no ha dejado de sonar desde la noticia. Ya su hermana Olga no sabe qué decir a los alumnos y amigos de varias generaciones que llaman para felicitar a La Profe. «Gracias, gracias», repite y explica que sí, que ha sido por la vida, por la obra de la vida, el Premio José Martí que le otorgaron.

Miriam sonríe desde un sillón; atiende al que llama, y después dice cualquier cosa para cambiar el tema o burlarse de sí misma, como suele hacer para bajarse a tiempo de los falsos montículos de la vanidad.

Miriam, La Profe, La Infinita, la Doctora Rodríguez Betancourt, es la maestra cubana de Periodismo con más juventud archivada en el ejercicio docente. Pertenece a la generación que inauguró esta carrera universitaria en el país. Y después, aunque practicó con excelentes resultados su oficio en periódicos, revistas y emisoras, entró de lleno a la docencia.

A su talento y constancia se deben no pocos de los textos y selecciones de lectura con que se asoman al Periodismo los principiantes y se deleitan los expertos. Acerca de la entrevista periodística, Acerca de la crónica, Tendencias del periodismo contemporáneo… En cada uno, la dosis de equilibrio, refinamiento y síntesis de una buena conversadora. Eso es ella: la tibieza de un diálogo, la mesura de un consejo, la austeridad de un trabajo.

Pocos hay en nuestro gremio que no le deban palabras, saberes, tiempo. En cuatro décadas en la colina universitaria, desandando los trillos de la tinta impresa, ha aprendido a condensar las ideas de tal forma que sus frases casi no admiten poda.

Me recibió en su cuarto-estudio, en los altos de la casona de Marianao donde la familia ha vivido por más de 60 años. Libros, libros, libros. Recortes de prensa. Poemas. Martí, el Che, el Guernica; fotos familiares, Hemingway. Mafalda y un póster de baile español. La maquinita de escribir y la computadora. Un mapa de Cuba y otro de Tenerife. Charlot y el Chicuelo.

Llega Tati, su sobrina, con el café, y comenzamos la charla; es decir, la clase…

—¿Cuál fue su motivación inicial hacia el Periodismo?

Simplemente una necesidad de expresión. De pequeña yo siempre decía que iba a estudiar para abogada. Me veía —con ciertos delirios de grandeza— como abogada defensora, o periodista. Me halaba mucho la palabra.

De modo que fue primero esa urgencia por decir y después todo lo demás: la cuestión de la enseñanza, la idea de cómo interpretar la realidad, de cómo asistir a los aconteceres… Mis primeras lecturas: Martí. Y eso fue una conmoción.

—En su sentido del humor, en su finura, usted recuerda el mejor espíritu español. ¿Qué le vino a Miriam, junto con sus antecesores, de la tierra de Cervantes?

Lecturas, fundamentalmente. Algo del Siglo de Oro. Algo contemporáneo. Machado, Lorca, Miguel Hernández… Muchos atravesamos en nuestra juventud primera —subráyame primera—, ese estremecimiento con autores que después fueron muy potenciados por la Revolución. También con los latinoamericanos que bebieron en aquella fuente: Vallejo, Neruda, Guillén… Es que todos los que amamos las palabras bebimos de allá. Y nos quedamos con sed.

—¿Cómo vio, con sus 19 años, el Primero de Enero de 1959?

Estaba en mi casa. Recuerdo que mi madre salió a regular la entrada de agua. Era muy temprano y alguien le comentó: «Carmela, dicen que se fue Batista». Cuando escuché eso, sentí lo que muchos cubanos. Fue un deslumbramiento, algo telúrico. Sobre todo, la vuelta a una esperanza. La noción de que ahora comenzaba, otra vez, la Patria.

—Había en la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana dos profesoras símbolo. Se las menciono y me las dibuja: Mirta Aguirre y Camila Enríquez Ureña.

Mirta imponía. No solo por su mirada, sino porque uno sabía qué había detrás, quién era. No fui alumna de ella, pero asistí a sus conferencias. Recuerdo que yo evitaba subir en el elevador con ella. Me sobrecogía su presencia. Camila era un imán. Era familiar. Conquistaba...

Claro, me estoy refiriendo de los aspectos que en lo exterior me llamaban la atención de ambas maestras. De lo demás, ni hablar. Ahí están sus obras monumentales.

—¿Cómo armonizaban las inquietudes juveniles, los afanes culturales y el proceso revolucionario que comenzaba?

Hubo encontronazos, momentos complejos, no solo para los estudiantes de Periodismo. Pero pienso que aún los choques más fuertes fueron oportunidades de enseñanza. Mi grupo venía de una afinidad muy grande con la Revolución, que representaba para nosotros una esperanza satisfecha. Hasta para quienes resultaron golpeados injustamente, fue una etapa de aprendizaje. Dura pero muy importante.

—«El periodismo es en lo externo una profesión, en lo interno un sacerdocio». Esta frase es de sus preferidas. ¿Tuvo conciencia siempre del pesado mandato que encierra?

Absolutamente. Por tener conciencia de ese mandato del que García Márquez después llamaría «el mejor oficio del mundo», es que asumí el reto. Es un sacerdocio en cuanto a vocación de servicio y respeto a la verdad.

—Hábleme de aquella jovencita nerviosa, que fumaba mucho mientras preparaba e impartía sus primeras clases…

(Sonríe). Fumaba por miedo. Me sentía insegura frente a aquel alumnado, que me podía hacer una pregunta para la cual aún no tenía respuesta. Fueron muy buenos conmigo, muy considerados. Pero no te creas, que pasé mis apuros…

—¿De qué forma percibió entonces y percibe hoy las fronteras mutuas entre periodismo y militancia política?

Pienso que no hay fronteras. Si ambas filiaciones se ejercen con honestidad, con sentido de la responsabilidad, con compromiso con lo que uno piensa y con lo que uno es, no existen las fronteras.

—En una profesión de palabras, ¿cuán dañino o loable puede ser el silencio?

Puede ser tan loable como dañino. Hay ocasiones en que, por razones que tal vez el corazón desconoce, hay que guardar silencio. Y existen circunstancias que demandan hablar hasta por los codos.

—Cuando, junto a adelantados como Rafael Rivera Gallardo, «descubrieron» en nuestro patio las Ciencias de la Comunicación…, ¿cómo comenzaron a conjugar el desordenado espíritu periodístico con los preceptos de la Academia?

Creo que éramos personas inteligentes. (Y modestas). Entendimos que la Teoría de la Comunicación, y otros avances del conocimiento, lo que hacían era contribuir a mejorar la práctica periodística. Además, descubrimos caminos de reflexión que antes no habíamos imaginado.

Es que hay que entender el periodismo como una actividad de alta complejidad cultural. Si se entiende como una rutina del pan ganar, no se avanza hacia ningún lado.

—¿Será la entrevista —su especialidad— el arte supremo en el periodismo?

A mi juicio sí. Si quieres una respuesta rotunda, ahí la tienes. Como he dicho, en una buena entrevista entran en juego muchas cosas: el don de gentes, la capacidad de retratar a alguien, la flexibilidad… Concuerdo con Ambrosio Fornet cuando decía que después de los Diálogos de Platón no había nada más fascinante en la búsqueda de la verdad que la entrevista periodística.

—¿Por qué Miriam no podría ser una agresiva Oriana Fallaci, y tampoco se desprende de los libros de esa periodista italiana?

No podría ser tan incisiva como ella por una elemental cuestión de temperamento, de maneras distintas de asumir un diálogo. Y nunca dejaría de admirarla, en el sentido periodístico, precisamente por su incisiva genialidad. Ser periodista, como les repito a mis estudiantes, siempre implica buscar el otro lado de la Luna, hallar el envés de las cosas, dudar de todo. Y en ese afán Oriana es un estilo impresionante.

—¿Qué les falta y les sobra, a su juicio, a nuestras entrevistas de prensa?

Lo primero te lo respondo con una idea de Alfredo Guevara: a muchas les falta arte. Y ¿qué les sobra? Palabras, palabrería.

—¿Y nuestras crónicas, de qué carecen?

No es que carezcan de algo —que carecen—, sino que carecemos de crónicas. No abundan en nuestros medios. Hay buenos cronistas, pero el género está poco cultivado. Y para desarrollarlo hay que hilar fino, porque lo mismo sale una flor que un espantapájaros.

—¿Por qué no dejaría de leer la prensa cubana?

Para conocer los trabajos de algunos buenos periodistas, en primer lugar. Tampoco dejaría de consultar nuestros medios, pues es la única manera de aprehender sus aciertos éticos; y de advertir sus insuficiencias, lo que podrían hacer y no hacen.

—Si tuviera el don de cambiarlos, ¿qué les incorporaría?

Más columnistas. Diversificación de géneros. Más rapidez y profundidad en el abordaje de temas nacionales. Una mayor variedad temática. Mejor interpretación de nuestros problemas. Mucha más polémica.

—Ahora que han unido su nombre al del «más universal de los cubanos»… ¿pesa mucho este Premio?

Figúrate. Ahí puedes poner todos los lugares comunes que se dicen en estas ocasiones. Honor, responsabilidad, compromiso. Son ciertos. Es el premio de mi país, donde tantos buenos periodistas existen. Y lleva el nombre del Maestro. Por eso trato de verlo más allá de lo personal. Es la única forma de que no me abrume.

—¿Qué oficio manual hubiese querido aprender, Usted que ha vivido de emplear sus manos?

Nunca lo he pensado. Será que me he ocupado tanto en escribir, revisar trabajos, dictar clases, que tal vez no he tenido tiempo para pensarles otra ocupación a mis manos.

—¿A qué actriz le hubiese gustado sustituir?

A Ingrid Bergman, en Casablanca.

—¿Cómo se imagina dirigiendo a su admirado equipo de Industriales?

Siempre a la ofensiva. Ganándole a Santiago.

—Si sus alumnos le demandaran una recomendación que los pueda acompañar toda la vida en la prensa, ¿qué les diría?

Chico, es que no me gusta dar recetas. Hay suficientes ejemplos, paradigmas y prevenciones, para que cada periodista encuentre el camino. En eso confío. Mucho.

 

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APUESTAS POR MICROUTOPÍAS: CAMINOS Y DERROTEROS EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

APUESTAS POR MICROUTOPÍAS: CAMINOS Y DERROTEROS EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

Dra. MARIBEL ACOSTA DAMAS,
Jefa de Departamento-Carrera de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El filósofo español Francisco Jarauta, catedrático de la Universidad de Murcia, integrante del grupo Tánger junto a personalidades como Sami Nair e Ignacio Ramonet, es una de las voces más autorizadas del pensamiento europeo. Con un largo recorrido en el análisis de los procesos globalizadores -incluido el lugar que ocupa la comunicación- tiene en su haber numerosos textos sobre las imbricaciones del arte, la cultura y la sociedad contemporánea. Constituye, además, un referente para el estudio de los fenómenos civilizatorios actuales desde América Latina,  por su cercanía a la región en importantes etapas de los estudios teóricos latinoamericanos.

-Usted participó junto a Jesús Martín Barbero

en la fundación de la Escuela de Comunicación

de la Universidad del Valle en Colombia. Me gustaría

rememorara esa etapa y su trascendencia hacia

los estudios de comunicación en Latinoamérica.

Aquellos años coinciden con mi llegada a la Universidad del Valle en Cali en el año 1974 y allí permanecí hasta 1978 cuando nuevamente regresé a Europa. Ese periodo fue probablemente uno de los más efervescentes y espléndidos dentro del debate político cultural en América Latina, con muchos frentes abiertos.

Estábamos muy próximos al mito de la Revolución Cubana -muy alto en aquel momento-, pero al mismo tiempo había otras grandes disponibilidades teóricas para hacer frente a procesos de renovación dentro de las instituciones universitarias. La Universidad del Valle, por otra parte, fue un centro creado dentro de lo que serían los esquemas de la universidad colombiana, con un plus de innovación.

Frente a la Universidad Nacional, y a las universidades, que entre Medellín y Barcelona eran casi hegemónicas, nace la Universidad del Valle, con gran apoyo de la Fundación Rockefeller para determinados programas, fundamentalmente educativos. Junto a ello había un gran programa en la Facultad de Educación, financiado por la Organización de Estados Americanos, la OEA, que atendía la formación de postgrados de personas que después iban a tener responsabilidades políticas en la gestiones de tipo educativo. Venían de todos los  países de América Latina y era un colectivo muy atractivo.

En ese momento Martín todavía no había llegado a la Universidad del Valle, trabajaba en Bogotá, ya tenía un prestigio como teórico de la comunicación y, a través de contactos en el segundo año de mi estancia  en la Facultad de Humanidades, llega él, se incorpora a nuestra área y comienza a diseñarse, en el transcurso de más de un año, el proyecto de la nueva Facultad de Comunicación.

El área de comunicación y lenguaje sufrió en los años 70 un impacto fortísimo en el campo de los nuevos discursos, que procedían fundamentalmente de la cultura francesa y luego trascendieron a la teoría de la comunicación. La semiótica sirvió de matriz general y a partir de ahí comenzaron a domiciliarse una serie de dispositivos teóricos y críticos que relevaron totalmente el discurso de la comunicación. Por otra parte, en un contexto más global- aunque los términos de globalización fueran muy posteriormente utilizados- ya el discurso político sobre la comunicación era emergente. Se daban dos direcciones diferentes, una que podría llamarse la específicamente técnica, que consistía en apropiarse de los instrumentos semióticos para el análisis del discurso, comunicación, publicitario o lo que fuere, y otro aspecto político de la comunicación, que era desde los trabajos del Sur, chilenos y argentinos esencialmente, referencias que progresivamente se irían incorporando.

Era muy interesante el estudio de los años 70 para ver cómo en ámbitos latinoamericanos se daban las manos, se cruzan los dos caminos: el de la renovación del discurso técnico, analítico, semiótico y, la incorporación de los elementos políticos. Una persona clave que precedió a Martín Barbero y con prestigio enorme, es Eliseo Verón, quien genera un modelo de lectura que tiene una legitimación muy alta en los aspectos prácticos de Latinoamérica, fue en ese momento el único intelectual latinoamericano que llega a tener cierto reconocimiento europeo.

En ese contexto local y global se genera el debate sobre crear una nueva Facultad de Comunicación asociada a la Escuela de Humanidades, partiendo del profesorado que tenía esta; y el proyecto se va dibujando con la coordinación de Jesús Martín Barbero, quien se traslada con su familia a Cali y comienza a concebirse un proyecto donde hay que tener en cuenta por le menos tres variables: Uno, se inscribe en el proyecto académico de la ciencias humanas o ciencias sociales, según se hable. En segundo lugar, tiene que ser moderno al plantear los problemas de la comunicación y, tercero, tiene que organizar un modelo académico que ofrezca al estudiante una formación rigurosa pero interdisciplinar. No se iría solamente a tratar tales problemas, si no que había que tener una formación excelente desde la antropología y la economía política, para estar  bien preparados para hacer frente a sus problemas.

En aquel momento el modelo adolece -en los primeros dos años yo atendía la formación teórica- de implementación práctica, laboratorios, pero sé que eso se produjo más tarde.

-¿A su modo de ver esta semilla qué impacto

tendría en el desarrollo de los estudios teóricos de

comunicación en la América Latina de los 80?

No fue tan afortunada esa época. Los 70 reunieron una serie de condiciones muy especiales y, los trastornos políticos, las dictaduras, la congelación de los procesos de cultura democrática, no permitieron que los grandes proyectos que nacieron entre los 60 y los 70 tuvieran un desarrollo posterior, ni FLACSO, la gran madre de todos los proyectos en las ciencias sociales, incluida la arquitectura, cuyos propuestas fueron ejemplares en la implementación de posiciones teóricas importantes, ni aquellas otras que vinieron de la sección chilena, abortada y  donde todos sus miembros tuvieron que exiliarse. Y en los contextos que más de cerca conozco como Brasil, México y Colombia, prevaleció una línea de flotación relativamente modesta. No he seguido esa dirección últimamente, pero me los hubiera encontrado en el camino.

Los 80 para América Latina fue  una década triste desde el punto de vista del desarrollo teórico, con un debate político difícil, y con la emergencia posterior de los programas neoliberales, sobre todo en Chile, se normalizarían otro tipo de orientación académica en los campos de las ciencias sociales, muy al margen de las ideas de los años 60 y 70.

-¿Qué consideraciones le merecen las

investigaciones actuales de Néstor García

Canclini y de Jesús Martín Barbero?

Son dos nombres competentes e inteligentes que han ido evolucionando desde las ideas de los años 60 y 70. En la gran comunidad científica internacional el problema de la comunicación se plantea hoy desde perspectivas diferentes y al mismo tiempo mucho más abiertas y complejas.

Es a partir de los años 80 que se generalizan fenómenos a nivel cosmopolita de grandes innovaciones en los sistemas de comunicación, que atraviesan las fronteras, reglan la historia del planeta y eliminan distancias que prácticamente transforman el mundo. Es necesario entonces cambiar de perspectiva, que significa pensar que los problemas de la comunicación están sometidos a algo que le es previo,  la Sociedad de la Información; y en ese contexto las hipótesis de trabajo que entran son totalmente nuevas.

Una lectura de La era de la Información de Manuel Castells es sintomáticamente un tipo de obra que marca la frontera de los estudios. Ese Castells de los 90- excesivamente  funcionalista- se hace cargo del gran mapa de la cultura contemporánea, de las sociedades de la información y, pero posteriormente prestará más atención a ciertos elementos que son para él a priori políticos y que antes había descartado de su agenda de trabajo. Hoy sus investigaciones en la Universidad de California dirigidas a Comunication and Power, muestran que está queriendo subsanar ciertos límites que tenía su investigación anterior.

No he seguido todos los trabajos de Martín, a Canclini lo sigo más de cerca, pero sus propuestas se pueden situar más en diálogo con las complejidades nuevas que surgen. Los centros de poder se han desplazado, los referentes ya no son locales o regionales y estamos en el gran sistema de la comunicación o de la información que se modifica radicalmente. Una vez que introduces el tema de la Sociedad de la Información, todos los otros problemas deben resituarse.

-Usted sostiene que es necesario construir

hoy una nueva cartografía del mundo.

¿Desde qué coordenadas? ¿Cómo?

Lo he dicho, lo he escrito, lo sigo pensando. Uno de los trabajos más urgentes del pensamiento actual, en el que nos encontramos unos y otros, unas y otras, es justamente construir una nueva cartografía, un nuevo mapa del mundo, pues en primer lugar- desde mi punto de vista- nunca en un periodo tan corto como los últimos 30 años, las transformaciones del planeta han sido tan profundas y  aceleradas.

Cuando en los años 70 comienza a hablarse casi con obsesión de cómo será el año 2000, aparecen en el mundo institutos de prospectivas, por ejemplo, en Osaka y  Houston. Ellos tienen como objeto de sus investigaciones hacer el dibujo del año 2000 y cuando  por fin  llega, ninguno de aquellos informes se edita porque simplemente la realidad había superado la ficción. ¿Cómo es posible que en 1973 no se diga una sola palabra de la posibilidad de la computadora personal? Cuando aparece la palabra computadora está asociada a un proyecto del Departamento de Estado de Estados Unidos titulado Top Secret, es un secreto militar asociado a IBM como proceso de trabajo, donde no se dice tampoco una sola palabra del teléfono móvil.

El último trabajo de Castells sobre los comportamientos e implicaciones antropológicas del uso de la telefonía móvil, son espectaculares. Yo tomo unos 25 vuelos al mes y observo como cuándo uno termina el viaje, inmediatamente la gente abre su teléfono móvil, y veo los rostros de decepción total que aparecen al descubrir que en dos horas en que ha viajado nadie lo ha llamado. ¡Es insoportable esa soledad! ¡Ni siquiera un mensaje comercial! Hay rostros que casi exigen la piedad.

-¿Qué denota esto?

Los implícitos antropológicos al entrar en escena un medio como es el teléfono móvil cambian, todo nuestro comportamiento se adapta a la nueva comunicación, a las nuevas deudas que la comunicación implica, con una relación de dependencia absoluta. La correspondencia entre mundo exterior e interior, entre subjetividad y sistema, se adaptan a través de un perverso régimen que obliga a ser carne de obsesión, en un ritual devastador. Sin embargo, eso no se descubre en las previsiones de los años 70, no aparece siquiera la palabra Internet.

Los cambios han sido tan profundos, que es necesario situarse en un umbral del cual se pueda ver con cierta lucidez la agenda de lo que ha pasado y nos ubique en una perspectiva de futuro, de cuya instancia tenemos que hacer una mínima carta. La cartografía actual es deudora y tiene que remitirse a aspectos hondamente geopolíticos, hacerse cargo de cuál es el mapa político del mundo de hoy, pues han pasado 20 años desde la caída del Muro de Berlín.

Es una situación de emergencias sucesivas de altas velocidades que nos han convertido en observadores globales con una potentísima información. Caen ante nosotros cataratas de datos, depurados o no, muchísimo Spam, cae de todo, y nosotros estamos construyendo una especie de ente fatal que no tiene criterio de análisis. No hay disección, y en consecuencia lo que ocurre ante nosotros es una especie de zona viscosa que podemos llamar no identificada, que es nuestra imagen del mundo. Sobre esa zona hay que construir un mapa. Primero hay que construir los conceptos que permitan crearlo, instrumentalizar sistemas educativos que sean eficaces, que es lo único que nos va a permitir anticipar el futuro. Es una de las tareas actuales más urgentes: anticipar el futuro. Esta crisis generalizada del sistema mundial, no solamente el sistema capitalista, sino del sistema global, nos obliga precisamente a postular un trabajo cuyo objetivo principal sea exactamente responder a eso. ¿Cómo será el futuro?

-Refiriéndose a este mundo que usted ha

descrito, ¿dónde situar el pensamiento,

la cultura y la comunicación?

Los primeros años del Siglo XXI no han sido felices, han precipitado fuera de agenda pronósticos -que fueron considerados pesimistas- sobre la viabilidad de un modelo de crecimiento permanente que garantizaba un enriquecimiento cada vez más alto de las sociedades industriales, y en cuyo horizonte nunca aparecía el término crisis. Sin embargo, la realidad es que el sistema está profundamente agrietado e incapaz de subsanar sus propias heridas. El escenario actual resulta inquietante e inédito, pues no hay en la historia de la economía internacional situaciones paralelas, ni la crisis del 29, ni las crisis regionales como la del 92 para Europa. Esta crisis de hoy acumula una gran incertidumbre a la hora de identificar mejor cuáles podrían ser las soluciones para hacerle frente. Nadie sabe nada, en la administración norteamericana inversiones colosales del estado en las grandes empresas en quiebra, no garantizan la solución ni a mediano ni a corto plazo. ¿Hacia dónde vamos?

El futuro es realmente complicado al desestabilizarse el modelo con el que se ha operado en los últimos 30 años, y esta situación de reflujo altera los referentes de bienestar  de protección social conseguidos en países como los de Europa, fruto de las ideas, las luchas sociales y el pragmatismo político, y hoy pueden estallar. Nos encontramos en un momento de incertidumbre, sin identificación de los instrumentos y las mediaciones que nos permitirían hacer frente a la crisis y sin saber cómo será ese futuro.

Este escenario no es solo es complejo, sino global. Hoy todo hay que pensarlo globalmente, no podemos enrocarnos en un lugar protegido, hay que soportar la intemperie de la época y abrirnos a situaciones totalmente nuevas. Es cierto que ahí entran en juego todos los subsistemas como cultura y comunicación y, una y otra, que nunca son autónomas sino inscritas en ese global sistem, obligan a que la cultura se retire de los rituales del espectáculo y vuelva a ser más realistamente social, más cercana y en diálogo con ello. Me posiciono  frontalmente contra  las ideas de una cultura autónoma. Esta tiene que tener una profunda inscripción social, tiene que ser memoria, historia y al mismo tiempo creación e innovación,  tener un meridiano claro en que los anclajes de una y otra tensión se resuelvan.

-¿Y la comunicación?

La comunicación es un caso todavía más embarazoso porque en el gran proceso de tendencia a la homologación global que hemos podido observar en los últimos 20 años, los dos instrumentos más poderosos han sido, en primer lugar la comunicación mediática y en segundo lugar, el mercado. La homologación es el resultado de la efectividad de los procesos que se expresan de la homologación al mercado. ¿Pues, quién tiene el poder de los medios en este momento? Entonces la creación de la opinión pública internacional pasa fundamentalmente por sugerir una independencia con respecto a los medios. Soy de los que no abdican y por ello estoy convencido de que hay que reivindicar y crear la opinión pública. Por ejemplo, he viajado a Rusia sistemáticamente en los últimos tiempos y he observado aterrorizado que no existe opinión pública, pero al mismo tiempo tampoco hay demanda de ella. Los rusos hasta 1904 fueron sometidos a la férula del emperador, en una situación casi medieval, después llegó la Revolución pero el estalinismo eliminó todos los espacios de libertad de opinión; los rusos han querido tener siempre un buen padre- aunque les haya salido un padrastro tantas veces- y ahora hay graves problemas sociales.

Así pues, crear la opinión pública conlleva a modificar los sistemas de trabajo, dar voz a lo social, a la emergencia social, crear espacios para la democracia, la participación y, la comunicación.

-¿Hasta dónde han cuajado o no los

procesos socioculturales que venían

desde finales del  Siglo XX?

En los finales del Siglo XX tenemos que hacer algunas precisiones: Los años 80, caracterizados o titulados como los de la cultura posmoderna, representaron un laboratorio muy interesante desde el punto de vista del pensamiento, pusieron en escena instrumentos de lectura nuevos, dentro de la deconstrucción que permitió otra aproximación a los fenómenos de la cultura, que abrió el espacio a los Estudios Culturales, a los Estudios poscoloniales, con gran validez también en América Latina. Todos esos elementos que fueron acumulándose y plantearon problemas serios, en un momento determinado dejaron de ser eficaces porque  orientaron el trabajo hacia una estatización de la cultura, con el predominio de los valores estéticos y de la legitimación de los mundos individuales.

A finales de los años 80 se genera un giro ético muy importante de la cultura que produce un distanciamiento de los modelos anteriores y se replantea la importancia de lo social por encima de lo individual, la relevancia de lo colectivo ante lo subjetivo y, comienzan a expresarse una serie de lecturas que van abordando al mismo tiempo la reivindicación de las diferencias, lo genérico, la sexualidad, y  de otros referentes que han tenido a los años 90 como el espacio de la gran teatralización- en el sentido más interesante del concepto-  o sea, dramaturgias completas de elementos que han visibilizado la individualidad homosexual, los problemas de género, la violencia, el SIDA, todos grandes mares con sus propios sus ruidos y, ha habido un significativo esfuerzo por interpretarlos.

La diferencia y la identidad se han convertido en la pareja más perturbadora, en que no llegamos a saber si somos un 25 por ciento de identidad y un 75 por ciento de diferencia, nadie lo explica bien.  Somos  definitivamente y al mismo tiempo identidades transeúntes, nómadas, mestizas. En esa dirección fueron enormes los resultados que se acumularon en  los años 90 y en los primeros años del siglo XXI.

Creo que en este momento la situación es diferente, hay circunstancias que cambian la orientación. La crisis actual está generando un espacio nuevo y complejo, donde hay una jerarquía en los problemas, que resulta necesario pensarlos desde la totalidad y  la globalidad, donde aparecen en algunos grupos de trabajo ideas sobre- no digo el final del capitalismo- pero sí su crisis en términos eficaces. Nos encontramos ante un hecho tremendo, que es un déficit político, en un mundo complejo por definición y con unas instituciones políticas totalmente insuficientes para la gestión de ese mundo. El déficit, que califico de dramático, erosiona a las instituciones internacionales como la Organización de Naciones Unidas y a todas las demás y, esa usurpación del poder lleva a una situación preocupante donde no es fácil sustituirlas, dada la configuración del poder estratégico que se produce en el mundo. No sabría indicar en cuál dirección vamos a andar, pero sí confirmo que debemos pensar más desde lo global.

-¿Qué lugar ocupa el ser

humano en este escenario?

¡Pobre del ser humano! Su lugar puede plantearse en términos de paradoja: Ocupa el centro…

-¿Sin embargo…?

No lo ocupa. Siempre ha habido una ilusión mítica de la modernidad: El hombre como medida de las cosas. Sin embargo, hace tiempo que dejó de serlo. Hay algo inconmensurable y, los grandes filósofos modernos, de Kant a Marx, siempre hablaban de pensar en términos de humanidad, y  hay que tener un concepto fuerte de ella aunque luego cuando tomemos un café dialoguemos de nosotras o de nosotros. Pensar en representaciones de humanidad es la lectura, la elección de Marx en términos rotundos. Implica otra dialéctica en la perspectiva del pensamiento: Pensar cada instancia individual del mundo como microcosmos y cada microcosmos como demandas del mundo global. Tengo en mi clase 50 alumnas y alumnos y, cada una, cada uno son diferentes. ¿Pensamos  desde las diferencias radicales que comienzan por el nombre, o podemos sostener que al margen de ellas, del universo de cada quien, somos lo mismo? Somos seres humanos, ciudadanos, depende de por dónde comiences a pensar. Yo prefiero, cuando se aborda la temática personal, recordar una campanita que diga: Reconócete antes en la humanidad. Sin embargo, esto produce una gran fatiga porque ese concepto ha decepcionado mucho. Pero debemos entonces volver a construirlo, desde la complejidad, las derivas, desde esa especie de fuga permanente que se produce entre unos y otros.

-¿Entonces hoy ya no tendría

vigencia el concepto de utopía?

Ese es mi concepto preferido y, afirmo que nunca como hoy es más necesaria la recuperación de la idea de la utopía y de sus proyectos. Alguien ha dicho que nuestra época puede reconocerse como posutópica. No estoy de acuerdo. La utopía nace precisamente de la propia raíz de la experiencia humana, que siempre será insatisfecha y, por ello hay que postular ese lugar de los sueños y de los deseos, del proyecto político y del amor. Posiblemente ha habido épocas que han pensado la utopía en términos globales, como el comunismo. Siempre he dicho- para escándalo de más de uno- que es el concepto más avanzado, éticamente hablando, que ha construido la época moderna,  pero los resultados no se corresponden con lo podríamos haber soñado. Entonces hay que volver a empezar.

Pensar en grandes utopías es absolutamente difícil, yo soy partidario de apostar por microutopías, tener muchos frentes abiertos, realizar diariamente pequeñas utopías liberadoras, emancipatorias, que nos permitan poner en escena la verdad y el compromiso con ella, más que el compromiso con la belleza que es deudora de una restauración preocupante. Hay apostar por eso y crear las condiciones, tal vez en la utopía de la ciudad, o del barrio, del vecino, esa confraternización es meritoria. En cada una de las acciones nuestras ese proceso utópico  puede  inscribirse, con los añadidos negociables de la igualdad, la libertad, y de la creación de lo social.

-¿En la denominada por Manuel Castells

Sociedad en red, qué desafíos

tiene la humanidad?

Hemos entrado en un periodo en que la Sociedad de la Información y sus efectos estructurales, la sociedad en red, han alterado toda la geografía en la que nos habíamos situado en el planeta. Cada vez más el mundo es menos físico en una situación que afecta nuestro sistema de relaciones y  de pertenencia  a él. Todos estamos más cerca en una estructura en red,  se  afecta nuestro método de aprendizaje y, la ignorancia no está causada por la lejanía donde todo está más cerca. Estamos también en un tipo de relaciones geopolíticas distintas donde las fronteras han caído: Desde la computadora del hotel en La Habana hago el mismo trabajo que desde mi casa en Murcia, España. El mundo de la comunicación está operando potente delante de nosotros, asistiendo a todas las transformaciones del mundo actual. Resulta muy curiosa la valoración que se ha hecho de Barak Obama, es como si al tratar a Obama entráramos de nuevo en lo que Levy Strauss llamó el pensamiento mágico: No tenemos capacidad de… No somos inteligentes para…No tenemos salida…. Pero tenemos a Obama. ¿Qué quiere decir esto? Expresa que Obama no puede fallar, pero si sucede, muchas garantías y sueños que se han depositado en él se frustran, porque sin haberlo elegido la mayoría del planeta, hemos cambiado de lugar físico para empezar a actuar en una unidad virtual en la que las relaciones lo atraviesan todo, trazando permanentemente esa red virtual. Pero evidentemente no podemos eliminar el componente material de la existencia individual, uno es real, sin embargo, las soluciones, permanencias y resistencias deben ser pensadas de otra manera.

-¿Cómo se altera entonces

la comunicación de masas?

La comunicación de masas es el grandísimo salto que se ha producido en la segunda mitad del siglo XX. La homogeneización del mundo ha conllevado al concepto de masas, que es un concepto delicado, nacido en los años 20, pero al que luego sigue la masa anónima, silenciosa, de los que a las cinco de la tarde están sentados delante del televisor: Una sociedad de masas supeditada a una cultura de masas. En este paradigma lo que importa es si vas a un museo, no preguntarte qué haces en él, es impresionante el perfil de curiosidad del usurario del museo, del nuevo espectador. La cultura de masas y la sociedad de masas son correlativas y este es un fenómeno que transita a través de la comunicación, y este es el punto político importante, porque desde ella se produce la inducción de aquellos procesos que generan la homogeneización de las formas de la vida, estilos que terminan siendo comunes, no importa en qué lugar del planeta vivan los seres humanos. Y los estilos de vida son cada vez más próximos, y la comunicación es la maestra encargada de esa gran escuela. Un pensamiento crítico que intercepte, detenga y haga no fácil la homologación es un capítulo muy interesante del trabajo teórico.

-¿Es posible desde el escenario de la

Sociedad de la Información construir

una comunicación contrahegemónica?

Es posible y ya existe. Reconozco muchas redes de jóvenes que comparten tipos de comunicación ajenos a lo que podemos llamar el discurso hegemónico. Existen en Madrid, por ejemplo, redes extraordinariamente activas, que pueden calificarse por algunos de insignificantes, irrelevantes, no al nivel del proceso de homologación. ¿Por ello evaluarlas de anecdóticas? No, yo amo las intensidades, los lugares en los que se crea algo nuevo, sus emergencias. ¿Cómo se hace? Surgen por afinidades electivas, de pensamiento, de trabajo, y me emocionan. Crean no desde la pretensión del gran proyecto si no desde lo modesto, lo pequeño.

-¿Y cómo desde la comunicación institucional,

desde la televisión, desde los informativos

de televisión, incorporar y contaminarse

de este discurso contrahegemónico

que viene emergiendo?

Lo veo casi imposible. Personas cercanas a mí trabajan en Televisión española, excelentes profesionales, quienes han luchado duro por mantener o crear espacios con estos conceptos. Pero la resistencia del sistema es insuperable por la prevalencia de criterios de audiencia y de mercado. Sin embargo, no hay que esperar que la innovación se produzca en los medios institucionalizados, tengo una experiencia muy crítica al respecto.

-¿Esas experiencias que pueden nacer

de la comunicación comunitaria podrían llegar

a dinamizar a las grandes instituciones?

Podrían - a mi modo de ver- tener una relación en la doble dirección, en el sentido de convertirse en la sombra de la comunicación hegemónica y generar dinámicas autónomas, creando su propia red. Así el fenómeno adquiriría una relevancia social.

-¿Este análisis tiene el mismo valor hacia

la televisión pública que la privada?

La televisión privada -desde mi punto de vista- está supeditada a mayores hipotecas y en el caso de las cadenas privadas del estado español están sometidas a criterios fundamentalmente comerciales. En cambio, las redes comunitarias tienen una autonomía distinta y allí se producen fenómenos generacionales donde los que intervienen son jóvenes con un presencia distinta, con más libertad de opinión, que generan dinámicas diferentes.

-¿Qué nichos podrían encontrarse en América

Latina en la Sociedad de la Información, por sus

peculiaridades de búsqueda hoy de

modelos más participativos?

El sector informal ligado a los medios de comunicación en América Latina es muy alto y existen experiencias más ricas que las que se pueden encontrar en Europa. América Latina siempre ha tenido un margen mayor para ese tipo de emergencias ligadas a los medios y a su trabajo. ¿De qué manera fomentarlo? Es complejo, pero confirmo que este es un gran espacio abierto, que ustedes conocen mejor que yo. El reto está en descubrirlo y potenciarlo.

-Una  pregunta inevitable para un filósofo,

¿desde dónde se mira hoy, hacia dónde?

A mis alumnos, a quienes dedico la mejor parte de mi vida, les digo: Hay que atreverse a pensar históricamente, pero a su vez, tener una relación ética con el conocimiento para dotar al saber de una tensión que arroja hacia el futuro. Platón escribe en su testamento, que es la famosa Carta Séptima, que el objeto de la filosofía es salvar la polis. Cada época enuncia qué entiende por salvar, o qué interpreta por polis: Ciudad, sociedad, o comunidad, pero la tensión es construir las condiciones de esa liberación. Me he definido siempre como un escéptico apasionado, por eso soy utópico. Creo invariablemente en las posibilidades del sujeto humano.

 

“UN PROCESO CONTINUO DE CONSTRUCCIÓN”

“UN PROCESO CONTINUO DE CONSTRUCCIÓN”

Reflexiones de Hugo Rius Blein, Premio Nacional de Periodismo José Martí (2008), acerca de los géneros periodísticos.

Lic. JUSTO PLANAS CABREJAS,
Periodista y especialista de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños.

Hacia 1987 Hugo Rius Blein, imparte una conferencia a los periodistas matanceros no titulados, quienes asistían a la Universidad con ese propósito.

“Para entonces gozaba de cierto prestigio en las aulas de los cursos regulares y por encuentros —recuerda—, y además había conducido desde 1980 la evaluación nacional de los periodistas de la denominada prensa escrita. Esos dos factores apuntados explican la masiva asistencia y la receptividad de la que pude disfrutar en aquel encuentro inolvidable”.

La falta de textos docentes aplicados a la realidad periodística cubana decidió a la UPEC matancera a publicar aquella conferencia con el título de Géneros periodísticos. Aunque, en efecto, Hugo Rius los recorre someramente, e incluso menciona algunos problemas de corte teórico como la naturaleza de los géneros, sus funciones, la validez de sus criterios de clasificación; el peso del folleto recae sobre el artículo y sus modalidades.

Interesa en especial su análisis acerca del proceso previo a la escritura de estos géneros, tan proclives a reducciones cuando se trata de pasos de elaboración. En este momento, penetra en los procesos psicológicos, de creación que intervienen; y los estudia desde las posibilidades cubanas. Evalúa, además, la práctica del artículo en el país, sus errores más frecuentes y posibles aplicaciones.

-¿Dónde recibe las primeras nociones de periodismo? ¿Cómo le explicaron los géneros en aquel entonces?

Cursé mis primeros estudios de periodismo hacia finales de los años cincuenta en la desaparecida Escuela Profesional de Periodismo Manuel Marques Sterling, a la que accedí mediante dispensa, ya que era menor de 18 años de edad. Era un plantel de nivel secundario superior, que recogía las experiencias del ejercicio periodístico cubano de la primera mitad del siglo pasado, con profesionales en ejercicio que transmitían su oficio, pero carentes de profundos basamentos teóricos y, por supuesto, de metodologías docentes, buena parte de ellos de pensamientos políticos conservadores y reaccionarios. Se enseñaban principios básicos y mañas, ilustradas anecdóticamente, para abordar los géneros predominantes: la nota informativa, la entrevista, el reportaje y el artículo.

Sólo recuerdo un texto disponible que era el de Oscar F. Rego sobre reportaje. Visto a la distancia no me ha quedado nada muy valioso que se deba retomar para la enseñanza. Ya cuando en 1965 ingreso en la Escuela de Periodismo, adscripta a la Facultad de Letras de la Universidad de La Habana, la situación mejora considerablemente, aunque sin llegar a los niveles de preparación que se alcanzan hoy.

-¿Qué bibliografía utilizaban para estudiar?

Por entonces contábamos con un texto que fue fundamental, y todavía constituye una referencia importante, me refiero al libro Técnica periodística, de José A. Benítez, uno de los nombres inevitables para aludir a profesionales cultos e integrales.

La obra de Benítez se convirtió en la principal guía para caracterizar los principales géneros y las técnicas a emplear para sus respectivas construcciones: la nota informativa, con fuerte énfasis en el lead y la pirámide invertida, la entrevista, el reportaje, el artículo y la crónica. Los programas fueron evolucionando y mejorándose en los años sucesivos, y en buena parte debido a integrantes de las tres o cuatro primeras promociones que se incorporaron al ejercicio docente, con visiones más frescas.

De esta manera, en las décadas de los setenta y los ochenta los géneros pasaron a enseñarse como asignaturas separadas que permitían profundizar en cada uno de ellos. Resultó un acierto que en la última fecha referida, se captaran como profesores adjuntos a periodistas con trayectorias profesionales para los géneros en los cuales habían demostrado notables resultados, y si bien no siempre les acompañaba una destreza docente, el alumnado los recibió con gratitud, porque podían comunicarles experiencias concretas del oficio.

Esas primeras hornadas de recién graduados incorporados a la docencia consiguieron acopiar cierta cantidad de textos, reproducidos en ediciones rústicas, que ampliaron hasta donde se podía la todavía escasa bibliografía y no del todo actualizada para la época, pero era el inicio de un camino.

-¿Cuáles son las principales influencias teóricas que recaen sobre el pensamiento cubano acerca de periodismo?

Pienso que por esas mismas limitaciones, las derivadas también del bloqueo mismo, no hubo una influencia consistente de autores extranjeros importantes, fuera del campo socialista de la época, que constituyen fuentes fundamentales para estructurar programas de enseñanzas del género más al día, lo que sí comienza a manifestarse, aunque lentamente, a partir de la segundad mitad de los años ochenta, cuando también profesores que habían sedimentado investigaciones, produjeron sus propios textos.

Tenemos que mencionar a modo de ejemplo, a Miriam Rodríguez Betancourt, toda una sólida experta en la entrevista, Julio García Luis en el artículo, o María de los Ángeles González en los correspondientes a las agencias de noticias, y mi propia incursión en la crónica.

-¿Qué asignaturas ha impartido a los estudiantes de Periodismo?

Les he impartido, periodismo radiofónico, introducción a la carrera, la nota informativa, los géneros de opinión, el reportaje y seminarios facultativos sobre el periodismo internacional y el ensayo periodístico, y ya como módulo de maestría las tendencias contemporáneas del periodismo.

En el caso del periodismo radiofónico se debió a que mientras hacia la carrera, nunca dejé de ejercer la profesión y al graduarme en 1969 ya tenía una experiencia acumulada en radio y televisión, por lo que impartí esa asignatura desde 1970 hasta 1972. Hacia 1981, la entonces directora del departamento, Irene Trelles, en cumplimiento de una política del Partido de reforzar el cuerpo docente con profesionales reconocidos, me convocó, y me hice cargo de la enseñanza del artículo, un género que había cultivado con mucho éxito en la revista Bohemia, donde me desempeñé primero como comentarista de las páginas internacionales y luego como jefe de información. En un momento en que la colega que se ocupaba del reportaje, decidió abandonar, me tuve que ocupar de esa asignatura, sólo durante un curso, el tercero. Después asumí la enseñanza de la nota informativa en el primer año, sin dejar el artículo.

Así transcurrió mi ejercicio docente, hasta 1988, que pasé a desempeñarme como corresponsal de Prensa Latina en África durante seis años. El seminario facultativo sobre periodismo internacional lo emprendí en 2005 con un nuevo programa que diseñé y en 2006 me hice cargo del ensayo periodístico. En 2008 reasumí la enseñanza de géneros de opinión en el primer año.

-¿Cuáles son las dimensiones del periodismo que subraya durante sus clases?

Destaco el dominio del concepto y las estructura de los géneros, pero que sin que se asuma como catecismos rígidos ni camisas de fuerza, que entorpezcan la creatividad profesional-personal, porque todo se mueve, se solapa, se fusiona, y doy más importancia a los géneros como estrategias comunicativas para transmitir con la mejor eficacia la construcción de la realidad, los pensamientos y las emociones.

En cuanto a la bibliografía, me apoyo en el libro de Juan Gargurevich, que me parece fundamental, por supuesto en Benítez, ya referido, el de Julio García Luis, el que compartí con él sobre la crónica, Acerca de la entrevista, de Miriam Rodríguez Betancourt, así como de los aportes notables de Martínez Alberto en Curso general de redacción periodística, en Martín Vivaldi en aquello que acepto válido, Las raíces de los géneros periodísticos interpretativos del profesor vasco Javier Díaz Noci y otras diversas miradas de los géneros insertados en los lenguajes periodísticos, sin dejar de nutrirme de los criterios de encuadres de la perspectiva del establecimiento de la agenda.

-¿Cuáles son las ventajas y desventajas de estudiar el periodismo en una Facultad de Comunicación?

Más que la pertenencia o no a la Facultad de Comunicación me preocupa la calidad y la consistencia de los programas de formación de los futuros periodistas. Desde luego que el hecho de que se considere como un departamento diluye o al menos disminuye el carácter único y la jerarquía que tiene, —y debe potenciarse—, el periodismo en la sociedad, su relevante papel dirigente y organizador como constructor de realidades, como hacedor de significados políticos.

-¿Qué circunstancias permitieron que impartiera aquella conferencia sobre los géneros periodísticos que se convirtió luego en un libro?

En primer lugar, fue un hermoso momento de afán de superación en el sector, en el que se abrieron las puertas para que los periodistas no titulados alcanzaran un nivel universitario. La provincia de Matanzas, vibraba con ese espíritu.

-¿En qué condiciones académicas se encontraba la enseñanza del periodismo y sus géneros en aquella región?

Recuérdese que en la fecha sólo se enseñaba Periodismo en las universidades de La Habana y Santiago de Cuba. Unos pocos seleccionados en las pruebas de ingresos se becaban como estudiantes regulares, y los periodistas en ejercicio asistían a La Habana a sus encuentros periódicos.

Aunque hay que decir que los matanceros no partían de cero. En el pasado llegaron a tener una escuela de Periodismo privada, y además siempre hubo en la región una respetable tradición cultural.

-¿Cuáles son los puntos de su conferencia que en ese momento no se habían tratado con la amplitud debida? ¿Cuáles aún continúan sin desarrollarse?

El conocimiento no es estático, por el contrario es un proceso continuo de construcción, y nadie en este mundo puede dar por seguro que lo domina todo. En aquel momento proyecté lo que entonces conocía y pienso que en lo fundamental mantiene un considerable nivel de vigencia.

Sin embargo, a la luz de otras informaciones y enfoques aprehendidos en los años transcurridos, le incorporaría otras miradas angulares. Por ejemplo, el del encuadre de los newsmaking para transmitir agendas, o los lenguajes y la remarcada tendencia a las hibridaciones en el empleo de los géneros, para ser consecuente con la dialéctica del desarrollo de los saberes y las prácticas.

-¿Qué factores (editoriales, necesidades académicas, políticas) posibilitaron la publicación del texto?

Creo que la falta de alguna reflexión sobre los géneros, insertados en la práctica concreta de la prensa cubana, la necesidad de esclarecer la conceptualización de los géneros, en los que se puso particular atención en el mencionado proceso de evaluación profesional, y que tuvieron un peso en el otorgamiento de una u otra categoría. La UPEC matancera consideró pertinente para fines docentes y académicos reproducir la comparecencia y contó con recursos para materializarlo.

-También redacta por esos años un trabajo acerca de la crónica…

Siempre consideré la crónica como un género muy especial, un tanto misterioso, que cruza fronteras, en el que las más de las veces se entremezclan la información pretendida objetiva y la más plena subjetividad personal, y por lo tanto, un género lleno de riesgos, en el que una sola palabra exacta o infeliz es capaz de hacer un texto sublime o ridículo.

Yo mismo había incursionado con frecuencia en la crónica, con emoción, pero también con temor, y me animé a partir de mi propia experiencia y sobre todo la de otros, a reflexionar, conceptualizar y ejemplificar. La ausencia de textos desde la práctica cubana fue el principal factor que posibilitó su publicación, ya con las condiciones creadas por la editorial Pablo de la Torriente.

COMUNICACIÓN, CONTRAHEGEMONÍA Y RESISTENCIA CULTURAL

COMUNICACIÓN, CONTRAHEGEMONÍA Y RESISTENCIA CULTURAL

Entrevista al filósofo español Francisco Jarauta.

Dra. MARIBEL ACOSTA DAMAS,
Jefa de Departamento-Carrera de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El filósofo español Francisco Jarauta, catedrático de la Universidad de Murcia, integrante del grupo Tánger junto con personalidades como Sami Nair e Ignacio Ramonet, es una de las voces más autorizadas del pensamiento europeo. Con un largo recorrido en el análisis de los procesos globalizadores -incluido el lugar que ocupa la comunicación- tiene en su haber numerosos textos sobre las imbricaciones del arte, la cultura y la sociedad contemporánea. Constituye, además, un referente para el estudio de los fenómenos civilizatorios actuales desde América Latina,  por su cercanía a la región en importantes etapas de los estudios teóricos latinoamericanos.

-Usted sostiene que es necesario construir hoy una nueva cartografía del mundo. ¿Desde qué coordenadas? ¿Cómo?

Lo he dicho, lo he escrito, lo sigo pensando. Uno de los trabajos más urgentes del pensamiento actual es justamente construir una nueva cartografía, un nuevo mapa del mundo, pues en primer lugar nunca en un periodo tan corto como los últimos 30 años, las transformaciones del planeta han sido tan profundas y  aceleradas.

Cuando en los años 70 comienza a habarse casi con obsesión de cómo será el año 2000, aparecen en el mundo institutos de prospectivas, por ejemplo, en Osaka y Houston. Ellos tienen como objeto de sus investigaciones hacer el dibujo del año 2000 y cuando  por fin llega, ninguno de aquellos informes se edita porque simplemente la realidad había superado la ficción. ¿Cómo es posible que en 1973 no se diga una sola palabra de la posibilidad de la computadora personal o el teléfono móvil?

El último trabajo de Manuel Castells sobre los comportamientos  e implicaciones antropológicas del uso de la telefonía móvil, es espectacular. Yo tomo unos 25 vuelos al mes y observo como cuando uno termina el viaje, inmediatamente la gente abre su teléfono móvil, y veo los rostros de decepción total que aparecen al descubrir que en dos horas de viaje nadie lo ha llamado. ¡Es insoportable esa soledad! ¡Ni siquiera un mensaje comercial! Algunos rostros exigen casi piedad.

-¿Qué denota esto?

Los implícitos antropológicos al entrar en escena un medio como es el teléfono móvil cambian. Todo nuestro comportamiento se adapta a las nuevas deudas que la comunicación implica, con una relación de dependencia absoluta. La correspondencia entre mundo exterior e interior, entre subjetividad y sistema, se adaptan a través de un perverso régimen que obliga a ser carne de obsesión, en un ritual devastador. Sin embargo, eso no se descubre en las previsiones de los años 70, no aparece siquiera la palabra Internet.

Los cambios han sido tan profundos, que es necesario situarse en un umbral del cual se pueda ver con cierta lucidez la agenda de lo que ha pasado y nos ubique en una perspectiva de futuro, de cuya instancia tenemos que hacer una mínima carta. La cartografía actual es deudora y tiene que remitirse a aspectos hondamente geopolíticos, hacerse cargo de cuál es el mapa político del mundo de hoy, pues han pasado más de 20 años desde la caída del Muro de Berlín.

Es una situación de emergencias sucesivas, de altas velocidades que nos han convertido en observadores globales con una potentísima información. Caen ante nosotros cataratas de datos, depurados o no, muchísimo spam, cae de todo, y nosotros estamos construyendo una especie de ente fatal que no tiene criterio de análisis. No hay disección y, en consecuencia, lo que ocurre ante nosotros es una especie de zona viscosa que podemos llamar no identificada, que es nuestra imagen del mundo. Sobre esa zona hay que construir un mapa.

Primero hay que construir los conceptos que permitan crearlo, instrumentalizar sistemas educativos que sean eficaces, es lo único que nos va a permitir anticipar el futuro. Es una de las tareas actuales más urgentes: anticipar el futuro. Esta crisis generalizada del sistema mundial, no solamente el sistema capitalista, sino del sistema global, nos obliga precisamente a postular un trabajo cuyo objetivo principal sea exactamente responder a eso. ¿Cómo será el futuro?

-Refiriéndose a este mundo que usted ha descrito, ¿dónde situar el pensamiento, la cultura y la comunicación?

Los primeros años del siglo XXI no han sido felices, han precipitado fuera de agenda pronósticos -que fueron considerados pesimistas- sobre la viabilidad de un modelo de crecimiento permanente que garantizaba un enriquecimiento cada vez más alto de las sociedades industriales, y en cuyo horizonte nunca aparecía el término crisis.

Sin embargo, la realidad es que el sistema está profundamente agrietado e incapaz de subsanar sus propias heridas. El escenario actual resulta inquietante e inédito, pues no hay en la historia de la economía internacional situaciones paralelas, ni la crisis del 29, ni las crisis regionales como la del 92 para Europa. Esta crisis de hoy acumula una gran incertidumbre a la hora de identificar mejor cuáles podrían ser las soluciones para hacerle frente. ¿Hacia dónde vamos?

El futuro es realmente complicado. Nos encontramos en un momento de incertidumbre, sin identificación de los instrumentos y las mediaciones que nos permitirían hacer frente a la crisis, y sin saber cómo será ese futuro.

Este escenario no es solo complejo, sino global. Hoy todo hay que pensarlo globalmente, no podemos enrocarnos en un lugar protegido, hay que soportar la intemperie de la época y abrirnos a situaciones totalmente nuevas. Es cierto que ahí entran en juego todos los subsistemas como cultura y comunicación y, una y otra, que nunca son autónomas sino inscritas en ese global sistem, obligan a que la cultura se retire de los rituales del espectáculo y vuelva a ser más realistamente social, más cercana y dialógica. Me posiciono frontalmente contra las ideas de una cultura autónoma. Esta tiene que tener una profunda inscripción social, tiene que ser memoria, historia y al mismo tiempo creación e innovación,  tener un meridiano claro en que los anclajes de una y otra tensión se resuelvan.

-¿Y la comunicación?

La comunicación es un caso todavía más embarazoso porque en el gran proceso de tendencia a la homologación global que hemos podido observar en los últimos 20 años, los dos instrumentos más poderosos han sido, en primer lugar, la comunicación mediática y, en segundo lugar, el mercado.

La homologación es el resultado de la efectividad de los procesos que se expresan de la homologación al mercado. ¿Pues, quién tiene el poder de los medios en este momento? Entonces la creación de la opinión pública internacional pasa fundamentalmente por sugerir una independencia con respecto a los medios. Soy de los que no abdican y por ello estoy convencido de que hay que reivindicar y crear la opinión pública.

Así pues, crear la opinión pública conlleva a modificar los sistemas de trabajo, dar voz a lo social, a la emergencia social, crear espacios para la democracia, la participación y, la comunicación.

-¿En la denominada por Manuel Castells Sociedad en red, qué desafíos tiene la humanidad?

Hemos entrado en un periodo en que la Sociedad de la Información y sus efectos estructurales, la sociedad en red, han alterado toda la geografía en la que nos habíamos situado en el planeta. Cada vez más el mundo es menos físico en una situación que afecta nuestro sistema de relaciones y  de pertenencia a él. Todos estamos más cerca en una estructura en red, se afecta nuestro método de aprendizaje y, la ignorancia no está causada por la lejanía donde todo está más cerca. Pero, evidentemente, no podemos eliminar el componente material de la existencia individual, uno es real, sin embargo, las soluciones, permanencias y resistencias deben ser pensadas de otra manera.

-¿Cómo se altera entonces la comunicación de masas?

La comunicación de masas es el grandísimo salto que se ha producido en la segunda mitad del siglo XX. La homogeneización del mundo ha conllevado al concepto de masas, que es un concepto delicado, nacido en los años 20; al que luego sigue la masa anónima, silenciosa, de los que a las cinco de la tarde están sentados delante del televisor. Una sociedad de masas supeditada a una cultura de masas.

En este paradigma lo que importa es si vas a un museo, no preguntarte qué haces en él, es impresionante el perfil de curiosidad del usuario del museo, del nuevo espectador. La cultura de masas y la sociedad de masas son correlativas y este es un fenómeno que transita a través de la comunicación, y este es el punto político importante, porque desde ella se produce la inducción de aquellos procesos que generan la homogeneización de las formas de la vida, estilos que terminan siendo comunes, no importa en qué lugar del planeta vivan los seres humanos. Los estilos de vida son cada vez más próximos, y la comunicación es la maestra encargada de esa gran escuela. Un pensamiento crítico que intercepte, detenga y haga no fácil la homologación es un capítulo muy interesante del trabajo teórico.

-¿Es posible desde el escenario de la Sociedad de la Información construir una comunicación contrahegemónica?

Es posible y ya existe. Reconozco muchas redes de jóvenes que comparten tipos de comunicación ajenos a lo que podemos llamar el discurso hegemónico. Existen en Madrid, por ejemplo, redes extraordinariamente activas, que pueden calificarse por algunos de insignificantes, irrelevantes, no al nivel del proceso de homologación. ¿Por ello evaluarlas de anecdóticas? No, amo las intensidades, los lugares en los que se crea algo nuevo, sus emergencias. ¿Cómo se hace? Surgen por afinidades electivas, de pensamiento, de trabajo, y me emocionan. Crean no desde la pretensión del gran proyecto, sino desde lo modesto, lo pequeño.

-¿Y cómo desde la comunicación institucional, desde la televisión, desde los informativos de televisión, incorporar y contaminarse de este discurso contrahegemónico que viene emergiendo?

Lo veo casi imposible. Personas cercanas a mí trabajan en Televisión Española, excelentes profesionales, quienes han luchado duro por mantener o crear espacios con estos conceptos. Pero la resistencia del sistema es insuperable por la prevalencia de criterios de audiencia y mercado. Sin embargo, no hay que esperar que la innovación se produzca en los medios institucionalizados, tengo una experiencia muy crítica al respecto.

-¿Esas experiencias que pueden nacer de la comunicación comunitaria podrían llegar a dinamizar a las grandes instituciones?

Podrían tener una relación en la doble dirección, en el sentido de convertirse en la sombra de la comunicación hegemónica y generar dinámicas autónomas, creando su propia red. Así el fenómeno adquiriría una relevancia social.

-¿Este análisis tiene el mismo valor hacia la televisión pública que la privada?

La televisión privada está supeditada a mayores hipotecas y en el caso de las cadenas privadas del estado español están sometidas a criterios fundamentalmente comerciales. En cambio, las redes comunitarias tienen una autonomía distinta, y allí se producen fenómenos generacionales donde los que intervienen son jóvenes con un presencia distinta, con más libertad de opinión, que generan dinámicas diferentes.

-¿Qué nichos podrían encontrarse en América Latina en la Sociedad de la Información, por sus peculiaridades de búsqueda hoy de modelos más participativos?

El sector informal ligado a los medios de comunicación en América Latina es muy alto y existen experiencias más ricas que las que se pueden encontrar en Europa. América Latina siempre ha tenido un margen mayor para ese tipo de emergencias ligadas a los medios y a su trabajo. ¿De qué manera fomentarlo? Es complejo, pero confirmo que este es un gran espacio abierto, que ustedes conocen mejor que yo. El reto está en descubrirlo y potenciarlo.


 

LUIS RAMIRO BELTRÁN: PATRIARCA DE LAS PALABRAS

LUIS RAMIRO BELTRÁN: PATRIARCA DE LAS PALABRAS

Lic. JESÚS ARENCIBIA LORENZO,
profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
 
Foto: ROBERTO MOREJÓN

Debe ser la Bolivia que lo engendró, tierra de modesta cordialidad, de dignidad aborigen, de amistad en el altiplano... Debe ser América Latina, en su total e irredenta hidalguía, que ha fijado en sus pensamientos la idea del diálogo. Tal vez sea la propia Comunicación, arte y aptitud, oficio y academia, que lo ha ocupado y preocupado por más de seis décadas. O algún cromosoma extraño y utópico que generó en sus hábitos la constancia y bondad de los buenos educadores...

No sé, pero el profesor Luis Ramiro Beltrán (Oruro, 1930), uno de los mayores investigadores de los procesos comunicativos de nuestro continente, es un patriarca de las palabras, la fraternidad y la decencia. Lo supe durante las jornadas del XIII Encuentro Latinoamericano de facultades de Comunicación Social (FELAFACS, 2009), mientras lo escuchaba en los salones y pasillos del habanero Palacio de las Convenciones.

Conocía algunos de sus textos que viraron boca arriba aquellas definiciones verticales de la Comunicación. Pero verlo; oírle disertar y dar las gracias con todo el cuerpo doblado ya de saberes; encontrar nuevos libros suyos y conversar, conversar sobre sus delirios investigativos durante decenas de años... me lo descubrió como un maestro venerable.

Premio MacLuhan (1983), Doctorado Honoris Causa de varias universidades; Premio Nacional de Periodismo (1997); poeta, escritor para cine y teatro, consultor de organismos internacionales: hombre de ciencia... Cuando el profesor Luis Ramiro Beltrán dice: «compañero», parece como si estuviera creando, con el más puro mineral del idioma, aquel sentido de compartir el pan que tuvo ese vocablo.    

—Alguna vez Usted dijo mantenerse al margen del partidismo político, en el terreno de la Academia. Sin embargo, desde que con tres meses sufriera persecución en brazos de sus padres, hasta todas sus batallas por una comunicación más horizontal, más dialógica en América Latina, ha tomado clara posición por los ninguneados de este continente. ¿Se puede hacer comunicación al margen de la política?

Es cierto: No he tenido militancia partidaria activa; sin embargo, estoy entre los primeros investigadores latinoamericanos que se dedicaron a mostrar la relación estrecha entre sociedad, comunicación y política. Por tanto, sí creo en la comunicación política y en que el comunicador tiene derecho y el deber de manifestarse en el sentido de cambiar la realidad cuando la considere injusta.

Al principio no era consciente, pero me siento satisfecho de haber evolucionado. Del 1955 al 65 laboré por toda América Latina en Comunicación para el Desarrollo Educativo. Esta tarea tenía un carácter técnico instrumental, de servicio a la gente campesina que no entendía lo que hablaban, por ejemplo, los agrónomos, en  una jerga especializada. Hasta ese momento no me di cuenta de la naturaleza política del fenómeno en el que estaba inserto.

Paradójicamente, del 65 al 70 me los pasé estudiando para el Master y el Doctorado en la Universidad de Michigan, en Estados Unidos de América; y fue allí donde entendí la realidad latinoamericana. De día estudiaba Comunicación y de noche, Revolución. Por mi cuenta, sin profesor, ni nada. El volumen de información disponible era tan extraordinario que empecé a interesarme. Y luego, en algún viaje a América Latina, comencé a juntar los datos que no había al respecto en la nación norteamericana.

Me gradué para el master en el año 68, con un resumen de la teoría existente, que era elemental y escasa, sobre Comunicación para el Desarrollo: esencialmente aporte de grandes maestros americanos: Wilbur Schramm, Everett Rogers… Más tarde, mi tesis de grado para el Doctorado, que terminé en el 72, es una crítica documentada de la dependencia interna y de la dominación estadounidense sobre nuestros países.

Mi tutor, el Doctor David Berlo, director de la escuela, jamás me tocó una coma en el trabajo. Al contrario, no diré que celebraba, pero decía: “Mire, está bien planteada. Lo importante es que Usted respete la información segura y que maneje las opiniones separadamente de los datos”.

Desgraciadamente, mi estudio no se publicó —ni en inglés, ni en español—, mas me dio el pie para a partir del 69, comenzar a hacer esa crítica a nivel general, en una reunión en la Sociedad Internacional para el Desarrollo. Y la década del 70 la dediqué completamente a eso.

—Entonces su relación con David Berlo y Everett Rogers le abrió las puertas del conocimiento más profundo y cuestionador...

Imagínese, compañero… Cuando yo era asistente de Rogers —pues fui ayudante de cátedra de ambos— las clases eran de 10 semanas y ¿sabe qué hacía en la última? Se iba y me dejaba solo con el grupo.

No venía más hasta el día final. Previamente me decía: «en las tres jornadas antes del cierre Usted tiene que conseguir que los estudiantes reflexionen por cuenta propia y que me digan en qué no están de acuerdo, qué les parece mal, para que no se conviertan en mecánicos aprendices memorísticos. Yo me esforzaba por que los alumnos lo esperaran con una buena batería crítica. Y el hombre era felicísimo.

Estando yo en Colombia me pidió un artículo para una revista y ese texto mío se llamó: “Premisas, Objetos y Métodos Foráneos”. Era una crítica a los modelos y procedimientos de comunicación impuestos a nosotros por los Estados Unidos, por los expertos de esa nación, que no tenían asideros en nuestra realidad.

Él quedó tan contento con el trabajo, con la crítica que hice —y era tan hidalgo—, que a raíz de eso comenzó a cambiar su teoría de difusión de innovaciones. Un día le preguntaron por qué había modificado sus concepciones y dijo: “Ah, el pensamiento latinoamericano me lo ha inspirado. Y específicamente la visión que tiene del desarrollo Luis Ramiro Beltrán, tan distinta de lo que yo planteé”. ¡Qué entereza tan increíble!

En cuanto al Doctor Berlo, le cuento algo interesante. Mi gran colega paraguayo Juan Díaz Bordenave y yo estábamos en una reunión México, como con unos mil participantes (aún yo estudiaba en Michigan), y en la presidencia del evento se encontraban el Doctor Berlo, el Doctor Rogers y el Doctor Schramm, los tres grandes de la época.

Según cuenta Díaz Bordenave, que estaba a mi lado escuchando a los maestros, Berlo aseguró que las tres personas que más habían influido en su nueva manera de pensar en comunicación eran: Wilbur Scramm, Paulo Freire y yo. ¡Qué gentileza, por Dios! Yo era no más que su asistente. Relata Díaz Bordenave que literalmente me chorreé en el asiento…

—Dice Eduardo Galeano que América Latina es la región de las venas abiertas. ¿Podríamos afirmar también que es la zona del planeta más incomunicada entre sí?

En todo sentido. Yo soy de Bolivia, por ejemplo, y nunca he visto en La Paz un puesto que venda periódicos peruanos. Jamás. Y estamos lado a lado. Argentino a veces llega algo, pero de Perú, nada, y para qué decir de los que no son cercanos. Nunca he visto, por ejemplo, un diario del vecino Paraguay en mi ciudad. No tenemos comunicación entre nosotros.

Pero el problema que me ocupó por mucho fue la incomunicación dentro de casa. La población campesina, por ejemplo, vivía aislada, completamente ignorada, y siempre oprimida, empobrecida por la minoría dominante.

El Sistema de Comunicación —lo que me empeñé en denunciar toda una década— ponía la información como privilegio de los menos. De ahí nace mi trabajo «Adiós a Aristóteles».

La comunicación alternativa surgió con gran vigor en América Latina, a través de las prácticas del pueblo mismo, de hacer comunicación donde no le permitían. Ahí están las radios mineras de Bolivia. Son un antecedente de lo alternativo cuando no existía siquiera la palabra con el sentido que le damos hoy. Trabajaban con la estrategia de micrófono abierto, que consistía en que no solamente hablaran los sindicatos mineros entre ellos e ir a los socavones; sino en llegar a las iglesias, a las plazas, a los mercados, a las escuelas, para oír a todo el mundo, sus problemáticas, su respiración, sus sueños, sus críticas, incluso críticas a los propios sindicatos. Eso es comunicación democrática y la hizo el pueblo con las uñas. Sin un centavito.

Y con aparatos de transmisión muy elementales llegaron a tener 33 emisoras en red, en cadena nacional en los distritos mineros.

—Usted fue de los pioneros en Latinoamérica en tratar de implementar modelos comunicativos basados en el diálogo. Si tuviera que resumir los mayores frutos de esta aspiración que defendió durante la década del 70, ¿qué diría?...

Se hicieron concretamente tres cosas sustantivas. Primero, en el año 73, la UNESCO me contrató como consultor en París. Estuve un mes trabajando allá, porque por mandato de la Asamblea General, como ya se habían definido políticas de Cultura, tocaba el turno a las de Comunicación. Y no había, no digo yo teorías, ni la mínima literatura al respecto.

Me tuve que rascar la cabeza un mes, a golpe de café y de vez en cuando algún vino, hasta producir un documento razonablemente desarrollado. Lo hice sobre todo reuniendo lo poco que había, conversando con amigos, exprimiéndome el coco.

Afortunadamente nos salió bien, tan bien que la UNESCO organizó la primera reunión de expertos sobre políticas de comunicación, en Bogotá, en 1974. Entonces yo fui el co-organizador, junto con el inglés John Willinson, brillante y progresista compañero. En el seminario se repartió como insumo mi documento. Pero el resultado final fue muchísimo mejor. Éramos unas 18 personas. Y logramos un excelente trabajo colaborativo.

¿Qué destino tenía aquel producto? Iba a ser el material básico como agenda de trabajo en la Primera Conferencia Intergubernamental sobre Políticas de Comunicación para Latinoamérica y el Caribe, que se realizaría en Costa Rica, dos años más tarde.

Pues quién le dice que la Asociación Interamericana de Radiodifusión (AIR) y la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) le declararon la guerra a muerte a la iniciativa. Dijeron que era un documento espantoso para fascistas y comunistas. Y si usted ve el texto, lo único que planteaba era la necesidad de consejos pluralistas democráticos, con todos los sectores opinando, para por consenso lograr una legislación que cambiara el panorama comunicativo. Todo  dentro de los límites jurídicos posibles, con discusión política múltiple. No era ninguna propuesta desbordada, radical, loca… sino un documento sensato, académico.

Segundo: el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) que surgió en la propia “década de fuego”, como la he llamado, liderado por Josip Broz (Tito), de Yugoslavia, hizo la propuesta de un Nuevo Orden Mundial de la Economía. Causó un enfurecido ataque de todos los sectores conservadores; pero a pesar de esta resistencia, gracias al talento del colega peruano Germán Carnero, que asistió a las reuniones del MNOAL, se logró que pensaran también en un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC).

El NOMIC comenzó con una declaración escueta, había que ponerle carne. Entonces Mustapha Masmoudi, coordinador de los ministros de Información del MNOAL, nos invitó; le pidió a la UNESCO que mandara a un grupo de especialistas, entre los que estábamos dos latinos: Fernando Reyes Matta, de Chile y yo. Trabajamos durante unos 15 días. Hicimos un documento para explicar en qué consistiría el NOMIC.

Masmoudi formaba parte de la Comisión Mcbride, entidad creada por la UNESCO para los debates del nuevo orden y las nuevas políticas. (Precisamente habían escogido al irlandés Sean Mcbridge porque era Premio Nobel de la Paz y Premio Stalin de la Paz, o sea, alguien insospechablemente neutral, formidable). Con nuestro texto se armó un frente de batalla brutal. Lo que después se conocería como Informe Mcbridge , según se ha analizado, fue inspirado fundamentalmente por el pensamiento latinoamericano.

Finalmente, el tercer aporte sería la crítica a los procedimientos de investigación provenientes de los Estados Unidos, lo que ya le comenté de mi trabajo «Premisas, Objetos»… escrito para “hacer polvo” a mi maestro Rogers. También realicé un primer inventario de situación de la literatura latinoamericana en materia comunicativa. Lo que había en CIESPAL no pasaba de mil textos. Ahora son incontables. Luego trabajé la línea de un nuevo modelo de comunicación para democratizarla y democratizar así la sociedad.

—Y Usted cree que desde la Comunicación podría originarse el cambio que han necesitado nuestras sociedades o primero tendrían que cambiar las estructuras de estas para que se transformara la comunicación.

Bueno, decir cuál fue primero, si el huevo o la gallina, es bastante difícil. Pero mire, compañero, como obviamente no puede existir sociedad sin comunicación, tampoco hay democracia sin comunicación. Así que si queremos verdadera democracia, tiene que haber comunicación para que el pueblo participe.

Yo analicé todos los modelos norteamericanos en Adiós a Aristóteles; igualmente tomé para ello elementos de Reyes Matta, Díaz Bordenave, Rafael Rocangliolo y otros de Latinoamérica; también europeos… En fin, todo lo que pude conseguir está examinado críticamente. A partir de eso propuse bases para un modelo de Comunicación horizontal, palabra derivada del los aportes del gran maestro Paulo Freire, que inspiró a la cabeza de los 70, la insurgencia latinoamericana en el sentido que hablamos.

Creo que desde Latinoamérica se hicieron proposiciones muy creativas en la época. Para mí el modelo naciente tenía tres componentes: Acceso, Participación y Diálogo. Al pretender cambiar la comunicación vertical y monológica, quisimos decir que no hay un emisor dominante y un receptor pasivo, sino que los dos son emisores-receptores y que solo en el diálogo, que supone la participación de los que no tienen el poder político, se alcanza la democracia.

—Este desvelo suyo de hace más de treinta años, por conceptuar y articular políticas de comunicación, ¿cómo ha evolucionado? ¿Se han definido y aunado las políticas en el terreno comunicativo continental? 

Ha sido una calamidad, compañero. Ni siquiera el periodista Guido Grooscors, ministro de información de Venezuela, que fue el que dirigió los trabajos de la Conferencia Intergubernamental en Costa Rica y logró una declaración estupenda y 30 recomendaciones, ni siquiera él pudo aplicarlas. Lo que le dije: la presión de la SIP y la AIR. Cuando Guido le presentó la propuesta al Presidente Carlos Andrés Pérez este le dijo: No, no, mi querido Guido, tú no vas a estar aquí. Fue violentamente nombrado embajador en Colombia. No debemos olvidar que seis meses después había elecciones. Posteriormente hubo varios intentos en otros países, pero nada se abrió paso.

¿Qué se ha producido desde entonces? En primer lugar la desregulación: los políticos conservadores dicen que la mejor política es ninguna. Pero al final ellos hacen y  aplican de manera inconsulta las estrategias que les convienen.

En la era de la sociedad de la información la dependencia externa de nuestros países ha crecido. Nosotros no logramos lo que se propuso en la década del 70, y desde entonces el poderío mediático de los más reaccionarios ha aumentado. El gran desafío de hoy es luchar contra ese enorme poder. Por eso, si los jóvenes comunicadores renuncian a la utopía estaremos perdidos. Yo sigo creyendo en ellos, en ustedes.

—Si tuviera que apuntar en qué erraron ustedes, los primigenios de la horizontalidad...  

Ah, sabe Usted, creo que los soñadores de los 70 fallamos, tal vez de manera involuntaria, en que solo hablábamos entre nosotros. Y ni siquiera con todas las academias de las que había entonces. No éramos una organización con estatutos ni estandartes, sino voces aisladas…

Hubo un movimiento fuerte con Pascuali en Venezuela, Márquez de Melo en Brasil, Mattelart en Chile, yo estaba en Colombia… Se fue juntando una comunidad que quizás nunca excedió de los 200 o 300 investigadores. Los había de distintas tendencias: marxistas ortodoxos, socialdemócratas, demócrata-cristianos, hasta liberales… De todo. El punto de entendimiento era que la comunicación debía contribuir a la justicia, al cambio, al bienestar de los oprimidos.

Pero tampoco tuvimos la posibilidad de acercarnos intensamente a los que tenían alguna participación en el poder. Había que llegar no solo a las universidades, sino también a los sindicatos, a las asociaciones de maestros, a los organismos de la sociedad civil. Y a los políticos, que son, finalmente los que deciden. Si uno no entra a la base ciudadana, se va perdiendo el aporte académico. Fallamos en no saber vender el pesca’o (Sonríe).  

Yo conocí a Mattelart años después de estas batallas, tampoco teníamos mucha plata para viajar y encontrarnos. Además, para la SIP y la AIR éramos un montón de bandidos radicales. Y no había más que una concordancia, no organizada, de fe y pensamiento.

—Me gustaría mencionarle algunos nombres y que usted me hiciera una valoración de ellos…

— José Márquez de Melo.

Un hombre a quien admiro muchísimo, porque es además de un gran investigador, el más sistemático historiador del proceso de evolución de una comunicación democrática en América Latina. Aparte de eso ha contribuido como docente, como investigador… Merece todo el respeto de los comunicólogos de América Latina.

— Antonio Pascuali.

El gran precursor. Ni qué decir cuánto admiro a Antonio Pascuali. En el año 1963 escribió su libro Comunicación y Cultura de masas; y comenzó, aunque no con esas palabras, la crítica a la dominación y la dependencia. Fue el primer investigador científico serio en nuestro campo que tuvo el continente. Todos le debemos mucho.

— Paulo Freire.

Un inspirador. El movimiento democratizante de la Comunicación en Latinoamérica toma muchas de sus enseñanzas. Con su Teología de la Liberación engendró una Comunicología de la Liberación. Mostró cómo se gestaba la dominación mediante la educación. Era un gran pedagogo. Muchos de los escritos sobre estos temas en el continente, parten de sus conceptos.

— Mario Kaplún.

Maravilloso. Un educador de aula que pronto trascendió ese espacio. Creó instrumentos comunicativos como los casettes de ida y vuelta, mediante los cuales una asamblea del pueblo, por ejemplo, se podía compartir por todo el país. Eran técnicas sencillas pero cómo democratizaron la comunicación. Articuló el pensamiento de Freire, que iluminaba la escena, con experiencias prácticas de comunicación alternativa en América Latina.

—Usted ha impartido clases y conferencias en muchas universidades del continente y del mundo… ¿Cuál es a su juicio el ABC de un profesor de Comunicación?

Es muy difícil tener fórmulas matemáticas para estos asuntos, pero le diré qué es para mí un maestro. No es el que enseña con la expectativa de que lo que dice sea repetido por aquellos que le escuchan. Para mí la educación debe poseer el arte de despertar la capacidad crítica y creativa propia de quien es alumno de uno. Si uno es capaz de hacerle sentir que tiene alas, que no tiene que memorizar nada y debe volar por su cuenta, entonces uno es Maestro.

PERIODISMO SIN SOBERBIA

—A los 12 años Usted fue reportero, patrullero, y trabajó incluso en Sanidad. ¿Será que la labor del periodista se emparienta con la del policía y con la del médico?

No, no, compañero (sonríe). Le contaré lo que pasó: Mi padre, Luis Humberto, que murió en la Guerra del Chaco, con Paraguay, cuando yo tenía tres años, era un periodista y crítico literario. Y mi madre, Betshabé, era Jefa de Redacción y co-fundadora de una de las primeras revistas femeninas de Bolivia, Feminiflor, de 1921. Ella me inspiró mucho. Me regaló una imprentita y con este aparato hacía periodiquitos para la casa, luego para el colegio. Vivía jugando con eso.

Finalmente, le rogué que me llevara al periódico La Patria, de Oruro, porque el Director era amigo de ella y de mi padre. Le insistí para que preguntara allí si yo podía ir a ratitos, para comenzar un aprendizaje… 

El Director accedió, de de lo más cordial, medio sonriente. Y al cabo le dijo a mi madre: “Betsha, ni modo, el chico trae la tinta de imprenta en las venas”. Y salí de ahí con mi carné de reportero… Casi me desmayo en las gradas, compañero. Entonces comencé a trabajar. A los 16 años, un nuevo propietario y director  me hizo jefe de Redacción de ese diario.

Ahora, por qué lo de la Medicina. Es una casualidad. En una esquina se encontraba el periódico y en la siguiente la Asistencia Pública. Cuando iba a mi trabajo, me cruzaba a menudo con un caballero que me miraba de arriba abajo. Yo me hacía el loco y seguía. Pero un día me trancó. Pensé: “hijo, hasta aquí llegamos”… “Mire, yo soy René Zabaleta, me dijo, Director de la Sanidad Departamental. Conocí a su padre en la guerra y él me rogó que si no salía con vida, hiciera algo por ayudar a su viuda y a sus hijos. Véngase a trabajar conmigo ya mismo. Será Usted encargado de información de la Sanidad Departamental”.

—Y, como ha contado, a veces hasta iba a buscar las noticias en una de las ambulancias...

(Sonríe). Hubo ocasiones en que así fue. Adentro de la Asistencia trabajábamos con mandril blanco. A veces me avisaban de un suceso y allá iba, así mismo…

Como si eso no fuera suficiente (qué tipo más loco), yo era inspector de colectivos (ómnibus) y bicicletas del poblado. Aún tengo mi libreta de sanciones. “El inspector Beltrán condujo al señor Fulano de Tal por estacionamiento indebido en tal esquina”. Entregaba a los ciudadanos, daba el informe a la autoridad y me retiraba…

Para eso tuve que abandonar el Colegio Alemán que me había conseguido mi madre, el mejor de Oruro, y estar de noche en un colegio nocturno donde redescubrí a mi patria.

La anterior escuela era como vivir en Europa, pero con el cambio recuperé la realidad boliviana, porque mi compañero favorito era un sastre; y el otro, un plomero. Fui un dichoso insertado en la verdadera sociedad nacional. Tal vez todas esas cosas han influido en ir construyéndome una mentalidad progresista.

No me considero ningún genio radical de la Revolución ni mucho menos, pero creo que he contribuido a hacer notar que la comunicación que hoy perpetúa la dominación y la dependencia puede evolucionar, puede transformarse y contribuir al cambio justiciero. Esa ha sido toda mi lucha…    
             
—¿Cuántas angustias pueden atravesarse en la Jefatura de Redacción de un diario cuando uno tiene 16 años, como usted entonces?...

Muchísimas. ¡Todos los periodistas mayores que yo! Imagínese, compañero. Pero con qué respeto me trataban; y yo a ellos, por supuesto. Eran en verdad muy generosos. Nadie tuvo envidias, ni me ponían trampas, ni nada de eso.

Introduje tal vez un poco más de información local, pero en esencia intenté de ajustarme a las normas que ya existían. Me acoplé al funcionamiento del periódico solo como un nuevo coordinador.

De todas formas, no duré mucho allí porque me salió un viaje maravilloso al ganar un concurso del New York Herald Tribune para ir a Estados Unidos. Ese es uno de mis cuentos de hadas, como le he contado a mi querida Marta Paz. Allí conocí a grandes personajes como Nelson Rockefeller, Ingrid Bergman, el líder aprista peruano Víctor Raúl Haya de la Torre… Nos trataban como embajadores.

—Con su experiencia periodística y comunicológica, usted debe detectar, casi de una ojeada las deficiencias de la prensa continental en nuestros días. ¿A cuál de esos problemas dedicaría hoy más esfuerzos?...    

Hay varios. Y necesitan atención urgente. Pero yo anotaría el gran ensoberbecimiento de nuestra prensa. El sistema político post dictaduras militares en buena parte de Latinoamérica, a partir de la década del 80, cuando regresó —aunque sea entre comillas— la democracia, carece de justicia social. Tiene partidos y líderes gastados, desacreditados. En ese vacío de poder, la prensa se ha acercado a lo que auguraba una antigua metáfora inglesa: el cuarto poder.

Muchos periodistas abusan de su fuerza. Se sienten omnímodos, y la gente tiene que creerles cualquier barbaridad solo porque ellos la dicen. La política hoy día, no se hace muchas veces en balcones y plazas, sino en la televisión. En los medios que le han arrebatado parte de su empuje al sistema político.

—Sin embargo, la función que teóricamente se le asignaba a ese cuarto poder, la de ser contrapeso de los otros poderes, en la mayoría de los casos no se cumple; y ocurre, como han señalado muchos especialistas, que la prensa es un aliado más de los dominadores...

Es cierto. Y no se informa de la sociedad como un todo. Pocos se ocupan periodísticamente de los desposeídos, quienes solo llegan a ser noticia cuando “se portan mal”, cuando cometen alguna “barbaridad”. El periodismo comunitario, ciudadano, está intentando cambiar eso. Pero aún es minoritario.

De cualquier forma algunos periodistas han logrado girar un poco hacia una línea, digamos, independiente. Sin embargo, otros continúan muy “banderizados”.

La ética se ha dañado en nuestra profesión casi a la misma velocidad que se han desarrollado las tecnologías de diseño, capacidad de transmisión, calidad fotográfica….Ha aumentado espantosamente la falta de prudencia y decencia entre los periodistas.

—Según ha defendido, tres cosas debían potenciarse en el sector periodístico: la rectitud de la conducta, la idoneidad y la modestia. ¿Cómo las ha cultivado Usted durante tantos años de ejercicio, en los que ha obtenido premios como el Nacional de Periodismo de su país?

No sé. No creo que haya sido un acto muy consciente. Pienso que tuve maestros muy dignos. Y uno imita hasta sin darse cuenta.

Por otra parte, compañero, le quiero aclarar una cosa que ya he dicho otras veces: Yo no sé competir. Nunca he querido ganarle a nadie en nada. Solamente compito conmigo mismo para mejorar alguna de mis mañas y taras… Nunca he buscado ningún galardón.
Desde 1983, cuando, ganándole a finalistas como Schramm y Umberto Eco, me dieron el Premio Mundial de Comunicación McLuhan-Teleglobe de Canadá, de alguna forma misteriosa no han cesado de llegarme los reconocimientos. Doy gracias a Dios día y noche por eso; a mi madre, que me educó como me educó, y a mi esposa, que me cuida como me cuida...

Creo que la soberbia es detestable. Una persona que por haber obtenido uno o varios homenajes, se marea, y se siente grande, y se echa para atrás en el asiento, no me merece ningún respeto. Yo nunca quisiera ser así. Tal vez por eso no lo soy. La gratitud y la humildad son absolutamente lógicas. Y no es una maniobra poética que yo hago, es que si no he pedido nada y las buenas cosas me caen así, cómo no voy a decir: “Gracias, mil gracias, hermanos míos”.

RECUADRO:

La comunicación es el proceso de interacción social democrática que se basa sobre el intercambio de símbolos por los cuales los seres humanos comparten voluntariamente sus experiencias bajo condiciones de acceso libre e igualitario, diálogo y participación. Luis Ramiro Beltrán.

Nota:   
(1) En esa Comisión, que laboró desde diciembre de 1977 y durante tres años,  participaron grandes personalidades del mundo de la información y de la comunicación como Hubert Beuce-Mery, fundador de Le Monde; Gabriel García Márquez, escritor colombiano  y Marshall MacLuhan, sociólogo canadiense.

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PERIODISTA A SECAS

PERIODISTA A SECAS

Educación y periodismo en Julio García Luis, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, autor de libros de consulta obligada para los periodistas, testigo presencial en coberturas de viajes del Comandante en Jefe Fidel Castro: maestro de formación y espíritu.

Lic. IRIS HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ,
Periodista del semanario 26.

En el sector periodístico, al Doctor en Ciencias Julio García Luis, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, lo conocemos desde diversos ángulos. Para algunas generaciones, como el autor del libro de Géneros de Opinión, necesario cuando comenzamos a desandar las maneras de presentar la noticia. Entre otras, el colega que anduvo con Fidel durante años en diferentes coberturas dentro y fuera de Cuba. La mayoría lo tiene sencillamente como un maestro y una excelente persona.

A Las Tunas llegó para impartir el módulo de Ética y Deontología, de la Maestría de Comunicación, a periodistas y profesionales de esta esfera en la provincia. También encontró un momento para conversar con los lectores del semanario 26.

“Yo me gradué de maestro normalista, cuenta. Y, después, como profesor de Historia, en la Universidad Central de Las Villas. En 1966, pasé a trabajar al Comité Central en la Comisión de Orientación Revolucionaria. Al año siguiente ya se había creado el periódico Granma, vino un problema de microfracción allí, como un rebrote del sectarismo de 1962. Un grupo de compañeros fue a reforzar  el diario. No tenía experiencia en el periodismo. Era el jefe de la página ideológica y comencé a redactar los editoriales del periódico.

“A mí me tocó una parte del periodismo que no es exactamente la más reconfortante en cuanto a géneros. Trabajar con los editoriales es lo más duro del periodismo. No por anónimo o menos visible, sino porque no tienes la posibilidad más motivadora en el desempeño del periodista: el contacto con la gente, con las situaciones. El reportero puede disfrutar mucho lo que hace, cuando busca algo; investigar, estar en el terreno. Escribir editoriales no es realmente el lenguaje con el cual a uno le puede gustar escribir, te exige una especie de desdoblamiento.

“No es lo mismo el periodista que hace una crónica, una nota, una entrevista, un reportaje… que cuando uno redacta en nombre de algo, demanda asumir una postura muy oficial. Y esa tarea me tocó desde que empecé en el periódico por cerca de unos 20 años. Después la siguió Félix Pita Astudillo. Ahora se publican mucho menos editoriales en los periódicos. En aquella época había una serie de circunstancias internas... Motivaba que se publicaran, al igual que notas no firmadas. Era algo obligatorio en el momento y no surgía de una motivación personal. Eso es muy desgastador”.

-¿Qué le aportó su formación de profesor de Historia en el Periodismo?

Ha influido, naturalmente. Hubiera sido muy bueno, más fácil, haber tenido una formación periodística. Me hubiera servido mucho para acortar mi propio aprendizaje, he aprendido en el camino dando tropezones. Pero en aquella época había una gran dosis de empirismo en el periodismo. Se había creado la carrera en 1962 con la Reforma Universitaria. Cuando yo me inicié se daban los primeros pasos de la enseñanza.

Realmente nunca dejé el aula, aún cuando estaba en otras responsabilidades. Desde mediados de los  años 70, daba clases en la propia formación de periodistas, titular a los empíricos… se generaban muchos cursos. Lo asumía por etapas, cuando hacía falta. Me gusta la docencia.

-Después vino el momento de las coberturas importantes…

Luego descubrí la parte más sabrosa del periodismo, el reportaje, ese tipo de cosas, dentro de las posibilidades he intentado hacerlo. ¿Las coberturas?… Sí, es interesante.

¿La gran anécdota? Es la experiencia de haber podido estar cerca de Fidel en muchas oportunidades, calibrar sus características tan excepcionales en el plano personal, esa es una experiencia construida de un millón de anécdotas. Lo que más me llama la atención de Fidel es que él nunca le pasa de forma superficial a algo, aunque sea aparentemente insignificante, a todo le dedica una atención profunda. Es su capacidad intelectual para atender con profundidad cualquier cosa o en lo que nadie había pensado.

Fue una fuente de experiencias importantes, vivir esos momentos dentro de Cuba como fuera, en distintos lugares, en distintas circunstancias. Como periodista es muy valioso.

-¿Qué se siente al saber que sus libros son tan recurrentes en la formación de los nuevos periodistas?

Eso uno no se lo espera. Los libros han ido surgiendo por necesidades del trabajo. Estoy aguardando el momento de sentarme a escribir algo que sí me haya dispuesto a ser publicado, por el gusto de hacerlo. Aquellos han sido segundos resultados de materiales hechos originalmente con un propósito más práctico, dar algunos cursos, conferencias, formación. Géneros de opinión surgió de contenidos que les dimos a los primeros angolanos después de la independencia, venían con nivel muy bajo, debían ser preparados rápidamente. De las clases salió ese libro.

Fue un producto circunstancial y otras cosas han sido así por el estilo. Nada de eso es fruto de una determinación de hacer un libro, pero ya vendrá, ya tendré el momento para hacerlo.

Esos criterios publicados tienen bastante de la época. En estos casi 30 años ha habido un desarrollo muy rápido de los medios audiovisuales, apareció Internet. Todo eso le ha presentado una competencia a la prensa escrita y la obliga a reacomodarse. Hay cambios importantes en el estilo de trabajar la opinión en los medios. Y los periódicos están invadidos hoy por una manera cada vez más coloquial, más informal, más personal que es consecuencia de la necesidad de la prensa de buscar fortalezas frente al monstruo que representa la televisión, el desarrollo de Internet, del periodismo digital. Todo eso trae cambios en la forma de escribir, de hacer las cosas. Cada día el periodismo escrito es menos formalista, menos institucionalista.

Ahora las personas le dedican menos tiempo a leer, la lectura de prensa retrocede, se reduce el consumo de periódico en el mundo… Ese fenómeno provoca que se trate de violentar, en cierta forma, los recursos legítimos de la prensa para atraer; también en la audiovisual, se acude a la espectacularización, mezcla de ficción, infoentretenimiento, se trata de captar la atención a todo precio. Eso se traduce en pérdida de credibilidad de la prensa y de los periodistas, no solo en Cuba sino en el mundo.

En general, el periodismo es una profesión sometida a presiones muy fuertes, por el mercado, por la competencia entre los medios. Pero, eso conduce a que el ejercicio del periodismo requiera una revalorización profunda de qué se está haciendo, cómo se está haciendo; los niveles de eficiencia que se logran, en cualquier parte, el crédito del periodista y la eficiencia de periodismo está sometida a muchas presiones adversas.

-¿Qué le corresponde entonces a los periodistas en formación y a quienes ya están en las redacciones?

Hay que pedirles el mismo o más compromiso. Antes, ese compromiso estaba dado por las propias circunstancias o era menos visible esa necesidad de compromiso político, pero es indudable. Esa es la razón primera para cualquiera que quiera ejercer o se gradúe de periodista. En los años anteriores, el compromiso era casi lo único con que se salía a batallar.

También hace falta que los profesionales tengan la habilidad para llevar los mensajes de un modo más atractivo, con un lenguaje en los medios que se parezca a estos tiempos. 

-¿Dónde se siente como pez en el agua: en el aula o en la redacción?

Me gusta ser profesor. No lo puedo negar, tener la escuela, los muchachos; que ellos me vean con cierta condescendencia. Todo eso me alienta mucho. Pero, siempre guardo la idea de que lo más importante para mí es ser periodista, así… a secas.

 

 

CUANDO LOS SATÉLITES NO ALCANCEN…

CUANDO LOS SATÉLITES NO ALCANCEN…

Lic. SONIA PÉREZ SOSA,
Periodista de Verde Olivo.
Lic. JESÚS ARENCIBIA LORENZO,
Periodista y profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana. 

Ha dictado conferencias, ha escrito libros, ha asesorado empresas y sindicatos... pero su verdadero oficio es conversar. Llenar el silencio de palabras y abrir con ellas caminos insospechados. Después de intercambiar con él al menos dos vocablos, su juventud y bonhomía eliminan todas las distancias de la formalidad y establecen el respeto del afecto.

Profesor de la Universidad de la República en su natal Uruguay y docente invitado en varias universidades latinoamericanas, ha trazado y ejercido consecuentemente líneas de continuidad a los principios edu-comunicativos de pedagogos como Paulo Freire y Mario Kaplún, su padre.

Los análisis teóricos de Gabriel, maduros de sonrisa y risueños de reflexión, pueden enamorar a un auditorio y hacerlo perder la noción del tiempo. Escuchar, escuchar y darle maneras de decir a los «nadies» en nuestros países, ha sido una constante en sus angustias. Así lo hemos visto en foros, eventos académicos, experiencias barriales... estudiando y alentando, enseñando y aprendiendo.

A Cuba ha venido solo tres veces. Pero permanece conectado a empeños de esta Isla. Durante el VII Encuentro Internacional de Paradigmas Emancipatorios, lo sentimos en la plenaria, la comisión, el pasillo y las calles de la Habana Vieja. Entonces nos regaló sus minutos. El tiempo útil de esta voz creadora.

«Para mí la Comunicación es la producción de vínculos y sentidos. Esa definición tan corta es bastante compleja. Porque me parece que durante mucho tiempo se ha puesto el acento en pensarla solo desde los contenidos y cómo esos contenidos viajan, por decir así, de unos a otros. Yo creo que hay que pensarla más como vínculo entre personas, entre grupos, entre sociedades, entre culturas. Hay que pensar más si es horizontal, si es autoritario, si es un vínculo fraterno-amoroso, cariñoso, o por el contrario es duro, violento.

«Y junto con eso pensar los sentidos, en el doble sentido, valga la redundancia, del significado, pero también la dirección hacia la cual caminamos. El sentido no se produce solo desde quien emite, sino que se completa y termina siempre donde el otro puede responder, puede interactuar».

-¿Cuándo y cómo se inicia en la Educación y Comunicación popular?   

«Llegué a la Educación Popular en Uruguay, de alguna manera antes que mis padres. A partir de un grupo de origen cristiano llamado Aportes de Emaús, con el que hacíamos lo poco que se podía hacer en la época de la dictadura. Era un trabajo de barrio muy pequeño, esencialmente de promoción de salud.

«En esa labor sabíamos que la Comunicación era importante. Y a mí ese bichito ya me gustaba desde hacía tiempo. En los años ´70, cuando mis padres grababan esos programas radiales que circularon después por toda América Latina, yo fui una de sus voces infantiles. Ahí está mi voz que a veces no sé reconocer. Y también mi pequeña impulsión profesional. Además, había hecho con mi papá  y algunos amigos un curso de Lectura Crítica de los Medios.

«Pues bien, mis padres y uno de mis hermanos se encontraban exiliados en Venezuela. Habían partido hacia allá a fines de los ´70, por la presión de la tiranía,  y yo decidí quedarme en Uruguay.

«En el ´83 ellos organizan el Primer Taller Latinoamericano de Comunicación Popular, donde acudió gente de muchos países. Mario, sabiendo que yo estaba en esas cuestiones de barrio, me preguntó si quería ser uno de los delegados uruguayos. Y lo fui, junto con otro compañero.

«Fue un encuentro muy intenso de tres semanas. De ese taller y de los siguientes en Venezuela, nace el libro tal vez más emblemático de Mario, El Comunicador Popular. Digamos que eso terminó de decidir en mí una vocación ya más clara. Y cuando volví a Uruguay trabajé con muchas de estas cosas.

«Ya en el año ´84 armamos el Primer Taller de Comunicadores Populares en el grupo  en que yo trabajaba. Hicimos la primera convocatoria y vinieron unos 150 compañeros de barrios, sindicatos que se estaban organizando y otras instancias. Entonces, ese movimiento ya no paró.»

-¿Por qué decide quedarse en Uruguay cuando su familia se va?

«Del ´73 al ´78, los primeros cinco años de la dictadura que se extendería hasta el ´85, mis padres se quedaron todavía. Al principio, incluso, en sus labores de siempre: produciendo los programas de radio. Ya después ese trabajo se acaba y tampoco podían hacer televisión; pero aún hicieron unas cuántas cosas, sobre todo el método de Cassette-Foro. En esa época pudo ser descubierto y procesado en Uruguay, en un trabajo más micro con campesinos.

«Pero ya a la altura del ´77 mi padre se da cuenta de que era imposible seguir trabajando. Además, la policía lo buscaba, buscaban a mi hermano mayor… y así no. No tenía sentido.

«En mi caso, tenía 19 años y un amor muy fuerte. Había argumentos para los dos lados. Fui junto con ellos a Venezuela –a visitar y conocer, no a quedarme–, y después fui con la que sería mi mujer, a ver si ella quería. No le gustó. Ni a mí tampoco.

«Mirado en perspectiva, fue una decisión con claroscuros: perdí cosas y gané otras. Entre las que perdí, estuvieron algunas oportunidades de estudiar, por ejemplo, Sociología. En Uruguay estaba cerrada esta licenciatura, porque era “peligrosa” para la dictadura militar.

«Intenté con Economía –me gustaba, pero no la que nos daba el régimen–, y Comunicación ni siquiera existía. En fin, varios intentos; con Educación un poco lo mismo… Esa zona fue un tanto frustrada, digamos.

«Pero en cambio gané otras cosas: un trabajo popular de base, que hacíamos a la luz, pero teníamos que limitarnos a espacios muy pequeños. Para mí fue un aprendizaje único. De hecho, eso permitió –no en lo mío, sino en lo de mucha gente– que cuando salimos de la dictadura, hubiera aires nuevos en Uruguay.

«Yo me siento parte de esa historia, de haber contribuido a hacer surgir cosas en mi país, que tienen mucho que ver con la Educación Popular, en una época en que de eso, casi no se hablaba.»

-¿Qué dejó en usted y sus compañeros servir de «conejillos de Indias» en los primeros experimentos de Mario con la Lectura Crítica de los Medios?

«Eso fue, si mal no recuerdo, en 1976. Él estaba con algunas inquietudes que quería probar, experimentar. “Mira, me gustaría trabajar esto, pero trabajarlo con gente, no solo en teoría. ¿Tiene ganas de reunir algunos compañeros?” Entonces yo convoqué a un grupo de amigos. Éramos todos jóvenes alrededor de los 16, 17 años.

«A algunos de ellos los sigo viendo ahora, son amigos de toda la vida. Carlitos, por ejemplo, no falta ocasión en que me diga: “Esa experiencia a mí me marcó. Ya no pude ver televisión del mismo modo. Ya no pude recibir la publicidad del mismo modo. Ya no pude escuchar la radio de la misma manera…” Porque analizamos los medios juntos, desde adentro de los medios, pero también desde dentro de uno mismo.

«Quizás lo más fuerte en esos talleres, y que mi padre terminó como de descubrir con nosotros, es la complicidad del espectador. Esta idea que después todos los que han trabajado Educación para los Medios, y estudios de recepción conocen, pero que en el momento no estaba tan clara.

«Allí estaba la noción de que los medios trabajan sobre necesidades reales nuestras; y en todo caso, lo que nos ofrecen son lo que algún teórico después llamaría “falsos satisfactores”.»

-Sus padres dedicaron la vida a estudiar y generar procesos comunicativos ¿Cómo los recuerda comunicándose entre sí y con usted y sus hermanos?

«Hay una mezcla ambigua de momentos felices y duros, porque no siempre la comunicación era fácil en el ámbito familiar. De hecho para mí, y lo puedo decir ahora con tranquilidad, permanecer en Uruguay cuando ellos estaban en Venezuela tenía una ventaja: no estar tan a la sombra de mi padre; poder desarrollar cosas propias. Porque él era, digamos, era una figura muy fuerte.

«De hecho, cuando él vuelve, había mucha gente que no lo conocía tanto o que no lo conocía directamente y que más bien hacía el vínculo al revés y le decía: “¡Ah, vos sos el padre de Gabriel!”… Eso también posibilitó otro tipo de mirada mutua. Había un flujo que era en el otro sentido. Él me pedía cosas, vínculos con otra gente, bibliografía de determinados temas. Entonces, ya yo había concluido mi maestría en Educación y él a veces hablaba conmigo no para contarme, sino para pedirme opinión. Para recibir. 

«También para mi mamá la relación era compleja. Tenían una unión entrañable, pero resultaba doloroso que la reconocieran solo como su esposa y no por méritos propios, que los tenía, y muchos. Como actriz, pero también como productora radial. Es bueno decir que de los programas que ellos hicieron en los años ´70 —y ahora están en Internet y en mp3 a disposición de todo el mundo—, más de mitad son de mi madre. Hechos con guiones y dirección de ella.

«Igualmente hay que hablar de su maravilloso trabajo de teatro popular, muy valorado en Venezuela. Sin embargo, era muy grande la figura de Mario, y además  —esto lo evocan sus alumnos—, con juicios a veces cortantes.         

«En los últimos años tuvimos unos lindos domingos familiares, de conversación profunda, intelectual; a ratos complicada, porque estaban mis hijos muy chicos.

«Ellos lo recuerdan con mucho cariño también, pero como una figura a la vez un poco lejana. Era ese abuelo muy especial, que otros compañeros le mencionaban: “¡Ah pero vos sos la nieta de Mario…”. En fin, había una mezcla entre distancia y cercanía.

«Yo tengo un recuerdo singular del momento de su muerte, donde por suerte pudimos despedirnos muy bien. Él hizo una gira que se suponía fuese académica, y no pudo serlo porque desde la partida iba enfermo. Fue a Venezuela, donde vive uno de sus hijos y a España, donde vive el otro. Lo único que logró hacer fue despedirse. Después volvió a Uruguay, ya para morir. Y tuvimos largas conversaciones. Las últimas giraron en torno a libros que quería escribir y ya no podía; o sobre algunas de las vivencias que yo cuento en el artículo “El viajero”: ese empeño suyo de seguir aprendiendo siempre.»

-Hay un tema que él comenzó a vislumbrar en el último momento de su vida, que usted ha retomado y, por supuesto, ha tenido la posibilidad de profundizar: el de la Comunicación y las nuevas tecnologías. Mario se preocupaba mucho, según ha contado usted, por esa persona aislada con su ordenador en frente. ¿Cuáles son los riesgos de aprender y enseñar con Internet?

«Está el riesgo de aislamiento que es el que señalaba mi padre. Está también, en el caso de lo educativo, el riesgo de estandarizar tanto los procesos de enseñanza, que se pierda el aprendizaje. En el sentido de que todo está diseñado por un otro, pero no existe el espacio para que el educando construya el conocimiento, que es la idea fuerte del constructivismo en la educación. Algo bien coincidente además con lo que en otros términos planteó Paulo Freire.

«Muchos de los usos de las nuevas tecnologías y en particular de Internet, han estado vinculados a las teorías conductistas en la Educación. Porque quizás los conductistas vieron antes que otros la potencia de las tecnologías. Pero las vieron en tanto sustituto del docente. Un sustituto que reemplaza al profesor estandarizando procesos.

«En una concepción dialógico-crítica como la de Freire, o constructivista como la de Vigotsky, es importante no solo la presencia del docente, sino la de los otros como espacio de diálogo, aportando sus saberes y lo inesperado. Estos dos elementos no caben en un esquema conductista que tiene todo prediseñado. Yo creo que ese es el otro riesgo junto con la soledad.

«Por cierto, la soledad ha sido un problema típico de la Educación a Distancia. Con la consiguiente desmotivación de muchos estudiantes que no ven a los demás, pues verlos a distancia no siempre es lo mismo. Como bien plantea Vigotsky, se pierde allí la posibilidad de interacción, la oportunidad de generar las zonas de desarrollo próximo, como a él le gusta llamarles.

«Ese eslabón entre lo que sabemos y lo que podemos llegar a saber; entre lo que sabemos hacer y lo que podemos llegar a saber hacer; se construye en el diálogo con el docente y con los compañeros. Si no hay compañeros, es muy difícil edificarlo. Entonces, estar con otros tiene una potencia pedagógica.

«Sin embargo, por suerte, esa no es la única realidad. Hay maneras de usar Internet de otra forma. Hay vías allí para armar el trabajo educativo y el aprendizaje desde otro lugar.

-Y de cierta manera en ese otro lugar se han democratizado las posibilidades individuales de convertirse en emisores…

«Claro, en potencia, eso es posible. Aunque esa potencia todavía está a medio camino, a medio desarrollar. Porque, si uno mira, por ejemplo, una medida cuantitativa simple es lo que conversábamos con la empresa de telecomunicaciones en Uruguay. Ellos hacían una cuenta referida a lo que los uruguayos bajamos de la red y lo que subimos. Resulta que bajamos cien veces más que lo que subimos. Es una primera medida, pero más allá de la cuestión cuantitativa, lo que muestra es que nuestra posibilidad de ser emisores está siendo poco aprovechada.

«Eso explica, incluso, por qué muchas veces las conexiones están hechas con más velocidad de bajada que de subida: porque suponen que mucha gente, la mayor parte de la gente, no sube nada, no produce nada.

«Esta relativamente escasa producción —sobre todo insuficiente desde experiencias tan ricas como los sectores populares—, tiene que ver algunas veces con razones económicas, otras con causas de manejo tecnológico, pero todavía, también, con una dificultad para pensar un medio que tiene esa potencialidad. Ahí el EMIREC está como posibilidad mucho más tecnológicamente viable. Pero nos acostumbramos tanto a ser solo receptores, que nos cuenta pensarnos de otro modo.»

-Un destacado poeta cubano dice que la poesía, aunque la escriban hombres de derecha siempre es de izquierda. ¿De la comunicación se puede pensar igual?

«No estoy tan seguro, porque todo depende de cómo definamos comunicación. Si la definimos como a algunos nos gusta hacer, fundamentalmente como diálogo, entonces sí. Pues el diálogo tiene siempre una potencialidad revolucionaria. Pero es cierto que muchas veces los diálogos terminan, otra vez, llenos de autoritarismo. Y entonces esa potencia se pierde.

«Quizá la poesía tiene más posibilidades. Parte incluso, porque, pensándolo bien, no toda comunicación apela a la poesía. No toda comunicación es poética en el sentido de explotar la fuerza de la metáfora. Esa posibilidad de dibujar otros mundos, no solo materiales, sino otros imaginarios posibles. La poesía siempre abre esos mundos y por eso, quizá, lo dice el poeta. La comunicación, ojalá que también».

-Según su criterio, las izquierdas han tenido dificultades para definir políticas y estrategias viables de comunicación. ¿Esto no es una contradicción esencial con la razón misma de la izquierda, que debe ser progresista, dialógica, social?

«Creo que muestra, por un lado, una debilidad de la izquierda, que no siempre ha tenido presente lo dialógico. Hay todavía la idea de que “si yo tomo el poder y los medios, desde ahí puedo incidir en los otros”. Sin pensar que en realidad lo importante, tan o más importante que eso, es que los otros tengan para siempre la palabra.

«En mi país, por ejemplo, —y lo he visto en varios—, no existe mucha preocupación por cómo la población se comunica entre sí o cómo accede a los medios, no solo en tanto ciudadanos individuales, sino también como colectivos que se construyen una realidad. Por esa fisura llegamos a complicaciones teóricas y políticas de fondo en muchas de estas izquierdas, y cuya solución pasaría por redefinir, por ejemplo, qué es socialismo. En todo esto radica un primer problema de la izquierda.

«Un segundo problema es la incomprensión del tema “medios y recepción”. Por ejemplo, a los izquierdistas les preocupa mucho la información y muy poco el entretenimiento. Les parece que si controlan los informativos está bien, porque ahí reside la verdad o falsedad que se transmite; cuando en realidad un programa de entretenimiento, una serie policial, una comedia romántica, están siendo decisivos en los modelos de vida que se ofrecen.

«Además, la gente puede que no le crea a la información aunque la mire en la tele. Pero es más complicado con el tema de los paradigmas de vida que se ofertan. Y esto la izquierda lo ve poco.  ¿Por qué no ha ahondado en cómo se produce la ficción?

«Finalmente, en el caso de Uruguay y de otras naciones de América Latina, yo diría que falta por pensar un problema más. Salvo en Cuba, los medios en el continente han sido, en mayoría, privados comerciales. Frente a eso, lo que la izquierda visualiza es oponer medios estatales. Creo que está bien, pero quizá le ha faltado pensar en los medios comunitarios como otro espacio posible. Solo recién empiezan a comprenderlo. Con todo, tengo que decir que, de a poquito, va habiendo avances, tanto en mi país como en otros».

-¿Qué peligros pueden afrontar iniciativas de integración comunicativa regional como Telesur?

«Ahí hay una iniciativa buena, interesante, bien pensada. También, como ellos mismos lo han dicho, difícil. La generación incesante de contenidos de calidad no es nada simple. Como dice su director, Aram Aharonian: «Este es un burro que come galletitas todo el día, y a veces no tenemos qué darle».

«Tanto en Telesur, como en otras iniciativas similares, por ejemplo: TAL (Televisión América Latina) —que arrancó ya aunque no del todo—, existe la idea de un modelo colectivo al estilo de lo que instituciones como ALER (Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica) y otras, venían haciendo: compartir producciones ya realizadas. Una gran cooperativa, digamos. Pues la debilidad mayor de la creación audiovisual en América Latina está esencialmente en su circulación.

«Por eso hay que combinar estas apuestas mayores con otras de televisión comunitaria. Junto con…, no digo contrapuesto a… Es decir, ponerle fuerza simultáneamente a mucha más producción que sea viable, porque hay gente que quiere y puede crear, incluso a nivel de barrio. Ahí sí lo tecnológico ayuda, pues se han abaratado los procesos de grabación, edición, etc.

«No todo tiene la calidad adecuada, pero se puede apoyar. Y de cien producciones barriales, diez son muy buenas para mostrar a nivel nacional; y una a nivel latinoamericano. Si ese tipo de movimiento lo impulsamos más, ahí tenemos una posibilidad grande».

«Claro, esto debe complementarse con distribución. Porque muchas veces no se encuentra quién multiplique la señal en cada país y ahí se bloquea cualquier esfuerzo.

«En materia de cine conocemos lo dramático que es: está monopolizado por unas pocas distribuidoras. En materia de televisión, también. Así, por ejemplo, nuestros canales se ven obligados a comprar enlatados extranjeros, lo cual sale más barato que generar ellos mismos. Y las latas casi siempre están condicionadas al paquete.

«En Uruguay a veces la gente se pregunta, “¿por qué esta película tan mala, notoriamente mala, la han pasado diez veces en la tele?” Porque formaba parte de un paquete, donde venía una buena – la última que ganó el Oscar – y ocho pésimas que había que poner obligado. Filmes que nadie alquilaría en un videoclub, que nadie iría a ver al cine, y sin embargo, terminan en la pantalla doméstica.»

-¿No cree que con el empeño de tener una televisora comunitaria o colocar algo en cine, a veces olvidamos medios tradicionales como un teatro barrial o una simple hoja impresa, que aún  pueden ser efectivos?

«Al contrario; incluso muchas veces se potencian el uno con el otro. Algunas de estas experiencias de televisión y radio comunitarias justamente son combinaciones de medios, son multimediales. Está el grupo de teatro que a su vez trabaja con la emisora y con el periódico. Entonces todos estos espacios viabilizan la ida y vuelta.

«El caso de los medios escritos sí conviene repensarlo, porque uno siente que a veces hay ahí bastante papel tirado en América Latina, quizás menos en Cuba. Empezamos por problemas de alfabetización básicos: la gente lee poco, le cuesta leer; y si el medio escrito es puro texto, tiene una recepción muy baja.

«Yo tuve que hacer un estudio hace pocos meses, entre otras cosas con datos de lectores de prensa en mi país, y aún con la compra del diario el fin de semana, —que es cuando se compra más— y contando que de cada periódico varios leen, no pasa del 20% de la población los que dedican tiempo a la lectura de diarios y semanarios.» 

-En el campo académico hace tiempo se superó aquella visión de los medios omnipotentes manipuladores que inyectan un contenido a las personas. Sin embargo, todavía entre la gente común sobrevive esa idea. ¿Por qué la ruptura entre lo que debaten los estudiosos y lo que las mayorías piensan?

«Por la falta de Educación Popular. Específicamente en este caso, «Lectura Crítica», o alguna de las tantas corrientes que en América Latina se desarrollaron. En el programa de gobierno del Frente Amplio de Uruguay, por ejemplo, incluimos, además de una cantidad de medidas de reformas de los medios, un plan nacional de «Educación para los Medios».

«Estos días justos estoy escribiendo mi tesis de doctorado acerca de las Culturas Juveniles y la Educación. Hay un capítulo sobre Comunicación allí. Trabajamos con los docentes específicamente la Lectura Crítica.

«Un primer ejercicio interesante es preguntarle a cualquiera: “Bueno, está bien, los medios manipulan. ¿A ti te manipulan?”. “No, a mí no”. “Y entonces ¿por qué manipulan a todos los demás? ¿Son tontos y tú no lo eres?...”

«Un segundo ejercicio: “A ver ¿cuántas horas de televisión mira cada quien aquí?”. Dicen: “no, yo apenitas, a veces, muy de vez en cuando”. “Vamos, gente, hagámoslo anónimo y cada uno anote en una hojita cuántas horas de tele mira al día, para empezar a desmontar un poco esto”».

«“Entonces, ¿por qué miramos tanta televisión? O ¿por qué miramos la poca que miremos? ¿Pa’ qué tú la miras?” “Bueno, yo llego a la casa y lo que quiero es desenchufar. Entonces pongo cualquier porquería”. “¡Ah!, entonces no importa mucho el contenido, ¿no?”... ¿Qué es lo que está diciendo este uso del televisor como “ansiolítico”?

«Todo esto requiere un trabajo de construcción que tiene que empezar por uno mismo. Es un poco lo que buscaba mi padre con aquellos intentos de los años 70 cuando decía: “El método tiene que ser vivencial, es decir, no puede ser solo un discurso teórico sobre los medios, sino una reflexión sobre cómo cada uno se relaciona con los medios, y a partir de ahí, comenzar a construir otra relación».

«Ah,  se trata de un esfuerzo delicado de pensar desde uno sin desautorizar al otro, sin empezar con la crítica al otro. Porque si uno dice. “Tú te pasas horas frente al televisor y por eso eres un estúpido que te dejas manipular…” Bueno, nadie quiere empezar por ahí ninguna conversación, ¿no? Y además, no es verdad.»

-En el gremio de los comunicadores y teóricos de la comunicación hay tres conceptos bastante manipulados, de los cuales queríamos nos diera su breve definición:

Lo masivo… «Por un lado está la vieja contraposición con lo popular que planteaba García Canclini y que —estoy de acuerdo con él—, no es exacta. Creo que lo masivo tiene en realidad dos niveles: el local (comunitario), que a veces perdemos de vista, y el nacional.

«La característica tal vez principal de lo masivo es la relación típica del Broadcasting: de un emisor hacia muchos receptores. Quizás lo que tenemos que construir es el masivo no masivo, en el sentido de no masificado. La mayoría de espacios mediáticos son masificados y masificadores. Pues bien, hay una posibilidad de lo masivo en la interacción a través de otros medios a nivel microlocal y de grupo. Se puede y se debe repensar ese espacio.»

Lo contracultural…  «Lo conversábamos en el taller: Contracultura es un concepto que pasó un poco de moda, pero mantiene cierta vigencia en algunos sectores. Por un lado como paralelo a lo contrahegemónico, pero sobre todo, como lo que se contrapone en sentidos y significados a los contenidos de los “grandes medios” y de las expresiones culturales dominantes.

«Creo que es también un concepto a rescatar; aunque con franqueza, a mí no termina de gustarme. Porque siento que hay en él un blanco-negro. Si dicen “esto” decimos “lo contrario”. Y yo creo que el contrario no es realmente el que puede revolucionar al otro, sino lo distinto, lo diferente.

Entraríamos entonces en el tercer concepto: Lo alternativo… «Me parece que apunta al contenido pero además a un modelo de comunicación más horizontal y distinto en términos afectivos, incluso. Por eso creo que una alternativa profunda a lo hegemónico, tiene que ser capaz de captar algunas cosas que en esa hegemonía están presentes porque son parte fuerte de lo dominado; por ejemplo, lo que los medios masivos dominantes han sabido hacer de captar el humor y las historias populares, el relato y las maneras de narrar. Eso no podemos perderlo.

«Pero debemos recuperarlo en un contexto distinto. Entonces alternativo va a ser una nueva narrativa, pero narrativa al fin, y no un discurso dogmático, pesado y aburrido.

«Y en segundo lugar, como decía, la posibilidad de un modelo mucho más participativo de la comunicación. Sabemos que es difícil, sin embargo, también conocemos que desde la Educación Popular, en los espacios chicos comunitarios y en los más grandes que se vienen formando, es viable encontrar estos modos de diálogo».

-Sobre determinados temas como la Educación y Comunicación participativas, a veces se teoriza mucho, pero se hace difícil aplicarlos en la vida personal cotidiana. ¿Cuál sería su estrategia para ser consecuente?

«Sin dudas esto es lo más difícil de todo: la coherencia, una meta utópica, ¿no? Es interesante, por ejemplo, para empezar por el espacio universitario, cómo nos planteamos con nuestro equipo, todos los años, una evaluación fuerte del curso.

«Siempre decimos que nuestro problema es el mismo y cambia: el problema es ser más coherentes. Los estudiantes nos lo dicen también. Y empezamos reconociéndolo: “Aquí vamos a hablar de un modelo pedagógico distinto y sabemos que nuestra pedagogía no es totalmente distinta”. Lo primero es admitir esto: que la coherencia total no es viable.

«Lo segundo es, como bien dice el movimiento feminista, pensar todos los espacios personales, familiares, como espacios políticos. Recuerdo que para mi papá, por ejemplo, fue muy difícil aprender a lavar los platos, y encargarse de eso. Lo hizo finalmente, pero le costó.

«En mi familia eso ha sido relativamente más fácil. Muy parejo con mi mujer, pero a veces muy trabajoso con los hijos. “Está bien, digo, nosotros dos somos muy parejos en quién se ocupa de cocinar, lavar la ropa, los platos, la casa, todo. De acuerdo, pero ¿y los chicos? ¿Cómo es la cosa?” “Bueno, ya tendrán tiempo, cuando sean grandes”, “no, no, ya son bastante grandes. Ya es tiempo de que compartamos las tareas”.

«A veces nuestras reuniones familiares han sido complejas en ese sentido. ¿Cómo lo trabajamos cada día? Con una búsqueda permanente de coherencia».

-Paulo Freire decía que los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, que los hombres debían reunirse para pronunciar el mundo. Lo invitamos a que nos imaginemos el día en que los hombres se reúnan, todos, para pronunciar el mundo. A su juicio ¿cuáles serán las primeras palabras que dirán?

«No lo sé. Pero quisiera responderles también con frases que a mí me gustan. Por ejemplo, esta idea del propio Freire de que hay que ser sanamente locos y locamente sanos para cambiar el mundo. Me parece que por ahí hay una punta.

«Y termino con algo que pusimos en nuestra página web de Comunicación Comunitaria en la universidad. Es de una linda canción de Fito Paéz, muy conocida, que dice: “Cuando los satélites no alcancen, yo vengo a ofrecer mi corazón”.

«Esa idea nos recuerda que más allá de muchas tecnologías, la comunicación humana tiene que ver justamente con lo humano profundo. Con los afectos. Ojalá el día que los hombres se encuentren, en primer lugar estén esos afectos».

JUAN EMILIO FRÍGULS O LLEVAR DE HÁBITO UNA GUAYABERA

JUAN EMILIO FRÍGULS O LLEVAR DE HÁBITO UNA GUAYABERA

Esta entrevista fue realizada como parte de un trabajo investigativo para la asignatura de Historia de la Prensa en Cuba en mayo del 2006. Tras el fallecimiento reciente del Decano de los periodistas cubanos, hoy la publicamos como homenaje y muestra de respeto a un querido colega.

Lic. IVET GONZÁLEZ LEMES,

Profesora de la Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

En la edición por el aniversario 125 del Diario de la Marina, aparece un joven de lustroso cabello negro y poblado bigote. Su lánguida mirada impide que la pequeña fotografía pase inadvertida. Esa es una de las pocas poses donde su nariz aguileña lo exalta hasta lucir elegante y atractivo. El periodista de la sección Catolicismo inspira una candidez sacerdotal y descubre el tesón que lo llevó a cumplir la máxima de su medio: "El periodismo es en lo externo una profesión, en lo interno un sacerdocio".

Ahora, cuando mantiene el mismo espíritu, pero su cabello ha encanecido, puedo hacerle una entrevista al único periodista cubano con 60 años de vida profesional. Nos conocimos por teléfono, y su voz me anunció a un hombre gentil, de fácil conversación. Yo escuchaba sus pasos suaves y cansados antes de levantar el auricular de la mesa y hablarme, en un español impecable, colmado de  su diplomacia infinita.

Esperaba impaciente en el lobby del Instituto Cubano de Radio y Televisión por la inacabable cola del pase, mientras el reloj me señalaba la tardanza. Solo la insistencia de Fríguls por teléfono pudo convencer a la recepcionista y facilitar el trámite burocrático. La tensión del momento me hizo olvidar mis temores de novata, que agotó innumerables días en bibliotecas oscuras buscando información, y repensando la manera idónea para indagar sobre cuestiones harto delicadas.

La prueba de fuego comienza justo cuando cruzo el umbral de la emisora Radio Reloj y una figura alta me espera con un inusual: "Adelante, las damas primero", que descubre su categoría de caballero. El epíteto de Decano de la Prensa en Cuba no es lo único que lo conecta con el otrora diario de los Rivero: su piel tiene la misma fragilidad y color de las páginas del único periódico con valor editorial, que con curiosidad hojeé tantas veces.

Su extrema delgadez acentúa más su tamaño, sin  hacerlo parecer inaccesible por la jovialidad de su actitud. Las manos de Fríguls reflejan la delicadeza del oficio de la pluma, con sus finos y sedosos dedos. Mientras habla reproduce la costumbre tan cubana de gesticular, siempre desde su alta cultura e intachable educación. Su presencia lo define como una persona meticulosa, pendiente de cada detalle que pueda afectar su imagen persuasiva.

Cuando comienza la conversación me dice: "Hay una pregunta que siempre me hacen en todas las entrevistas: ¿Por qué no me fui de Cuba en el año ´59?, y más adelante te la voy a responder". Solo asiento con la cabeza y pienso, mientras que, discretamente, vuelvo a repasar su rostro: la vida de Fríguls está ligada por nacimiento y obra a nuestra tierra bendita, y lo demuestra con mayúsculas todos los días, cuando cubre su porte distinguido con una cubanísima guayabera blanca. 

"A la ingerencia extraña solo puede responder la virtud doméstica"

Manuel Márquez Sterling.

Juan Emilio Fríguls nació el  30 de Agosto de 1919, en medio de una etapa de transición política y económica. El aumento de los precios del azúcar por la reconstrucción de la Europa tras la Primera Guerra Mundial anunciaba la llamada época de las vacas gordas.  Muy pronto la bonanza económica abandonaría a la Mayor de las Antillas para caer en más crisis que recuperaciones, producidas por la distorsión estructural y el proceso de inversiones norteamericanas en detrimento de los intereses nacionales.

Su niñez transcurrió en un ambiente de inconformidad nacional, cuando disminuyeron los aplausos a la intervención y a la dependencia económica. Su familia de industriales no padeció con tanta crudeza los altibajos de la economía, pero como cubanos (su padre era un catalán aplatanado) y cristianos a ultranza, discordaban con aquella marcha social deprimente.  Fríguls se fue formando dentro de los preceptos de un catolicismo bastante rígido, donde se laureaban valores como la pobreza, la humildad y el tesón.

La prensa cubana de inicios de siglo se había adecuado a los cánones del periodismo moderno, con la amplia empresa periodística que  basará su eficiencia en la publicidad y los dividendos de las ventas de su publicación.  Además los periódicos priorizaron la información en la primera plana y el papel de los grandes titulares.  El primer exponente fue El Mundo y el legendario Diario de la Marina, se  adaptó a iguales pautas. El boom de publicaciones llegó a sobrepasar la demanda y casi todas proponían ideologías diferentes.

Desde pequeño su mundo se alió al mundo del periodismo, cuando leía sus primeras letras en El Diario de la Marina. Después su afición creció junto a su talla y se apasionó por una prensa de larga tradición nacional, continuadora de un hábito endémico: los hombres de pensamiento avanzado se empeñaban en ser periodistas. Las diferentes ideologías que chocaban en la palestra pública traían consigo el encanto de plumas como la de Mañach, Marinello, Rolando Masferrer, Ramón Vasconcelos, Francisco Ichaso, Rubén Martínez Villena, Raúl Roa y José Ignacio Rivero.

La libertad de prensa estaba dada por la diversidad de publicaciones y el público podía elegir qué visión de su realidad deseaba leer o escuchar, pero esta libertad también se menguaba por las intenciones y carácter del presidente de turno y la política estadounidense. La revolución del 30 le mostró un tiempo después, mediante los maravillosos trabajos de Roa, al joven Fríguls que la profesión periodística tenía predestinada la represión por su impacto en la sociedad.

Su inquebrantable fe religiosa lo llevó a desear convertirse en sacerdote y renegar a una vocación de los primeros años. La Iglesia Católica en la Neocolonia, se inauguró con cierta inercia, pero mantuvo el discurso triunfalista desde su llegada a las Américas bajo  las intenciones de la contrarreforma.  Pronto iría dejando atrás esa inactividad para reactivarse y continuar como la religión mayoritaria de la Isla. Fríguls durante su juventud contribuyó al desarrollo de la actividad de su Iglesia. Dirigió la Acción Católica y el desempeño periodístico de publicaciones católicas hasta el triunfo revolucionario.  Jamás realizó vida partidista, sino que tomó su fe como forma de entender su realidad y mejorarla.

Cursó sus primeros estudios en los colegios católicos de las Hermanos Maristas de la Víbora y los Escolásticos, cuyos sacerdotes en su mayoría eran catalanes como el padre del pupilo.  Su familia se dedicaba a negocios industriales y el primogénito decidió cambiar el buró de propietario por la máquina de escribir portátil. De su hogar recibió el apoyo para los estudios y  de  sus profesores toda aquella información que exigía incansablemente.

Estudiaba ya en el Seminario de Derecho Diplomático, cuando una página de diario le relevó la fundación de la segunda Escuela de Periodismo en América Latina, superada solo en tiempo por la academia argentina, la cual llevaría el nombre de un periodista sin par en estilo y en cubanía:  Manuel Márquez Sterling.

La Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling constituyó el triunfo del concepto de periodista como una profesión aprendida y no innata. El periodismo había alcanzado logros importantísimos desde los inicios de la República con la creación en 1902 de la Asociación de Reporters de La Habana. La novel organización se trazó grandes metas que le llevaron varios años para cumplirlas como el descanso dominical para trabajadores de periódicos (1934), medidas que condujeron a las contratas de trabajo, salarios mínimos, la creación de la escuela y la colegiación de periodistas para regular y permitir el ejercicio de la profesión solo a aquellos graduados de la Márquez Sterling.

A la incipiente academia deseó asistir el joven Fríguls de 24 años, y si para muchos intelectuales significó un fracaso, para él era la posibilidad de seguir una vocación, hasta el momento, varada.

Juan Emilio Fríguls: Para el primer año se iban a conceder 50 plazas: 15 para graduados universitarios, 15 para bachilleres y 20 para candidatos sin título pero con vocación. Mi grupo era de bachilleres y tuvimos que ir a oposición, pues se presentaron más de treinta. Yo tuve la suerte de entrar en primer lugar.

Periodista: Antes de entrar a la Márquez Sterling  usted era un ferviente lector de periódicos y un joven deseoso de convertirse en reportero. ¿Qué concepción tenía de la misión de un periodista?

JEF: Yo tenía la idea de un periodismo siempre al servicio de su Patria y de aquellos valores que reconozca uno como fundamentales del hombre. A eso me he dedicado yo exclusivamente.

P: ¿Cómo cuál periodista de aquel entonces usted deseaba ser?

JEF: Uno, José Ignacio Rivero, no el que estaba frente al Diario cuando el Triunfo de la Revolución, sino el padre. Él hizo una crónica sobre el día de los Reyes Magos, que está entre las cien mejores crónicas en lengua española del siglo XIX.

P: Para entrar en la academia usted llevó una carta de recomendación firmada por el obispo de Cienfuegos, Monseñor Martínez Dalmau y el representante de la familia Rivero, Ramiro Sánchez. ¿Qué finalidad cumplían esas cartas de recomendación para la entrada a la escuela?

JEF: Se usaban para recomendar en cuanto a la moral, la ética, nunca  desde el punto de vista ideológico. Claro, lo que realmente valía eran las firmas. Yo volví con la diplomacia y le pedí la firma a Monseñor Martínez Dalmau, un obispo contrario al fascismo y reconocido académicamente, y a Ramiro Sánchez, el asesor de la familia Rivero, los dueños del Diario de la Marina.

P: En "El Periodismo moderno, escuela americana" (1942), Manuel Fariñas demuestra la influencia positiva del periodismo norteamericano en la práctica cubana. ¿Esta influencia también se mantuvo en la formación académica de futuros periodistas?

JEF: Sí. En primer lugar influía en la técnica de estudio. Cuando yo fui en 1951 a la Universidad de Columbia, el profesor que nos dirigió el recorrido nos dijo: Tienen suerte, porque hoy podrán ver un examen de uno de mis grupos. Nos llevaron al comedor, a la biblioteca, al área de deportes, hasta que un uruguayo preguntó cuando íbamos a ver el examen. El guía le respondió que lo habíamos pasado: en la biblioteca había como 60 estudiantes con los libros abiertos haciéndalo. Así mismo eran las calificaciones nuestras. Se consideraba que el estudiante solo debía conocer la fuente. También influía el pensamiento mercantilista de la sociedad norteamericana. Pobre del periodista de mi época que nada más leyera textos norteamericanos y no conociera el pensamiento francés, el español. A pesar de todo eso, en la escuela prevalecía entre el profesorado un sentimiento nacionalista.

P: La Márquez Sterling se inauguró con mucho bombo y platillo, pero en la práctica, ¿logró brindar una calidad profesoral tan alta como la que promocionaba?

JEF: Los alumnos de la primera promoción, la segunda y parte de la tercera, tuvieron una suerte extraordinaria, que no tienen los estudiantes ahora: todos los profesores eran eminentes periodistas: Ramón Vasconcelos, Guillermo Martínez Márquez, Raúl Maestre, Francisco Ichaso y José Zacarías Tallet.

P: Los profesores tenían ideologías diversas... ¿Alguno le mostró la realidad cubana por una óptica diferente, osada?

JEF: La primera conferencia que yo escuché en contra del imperialismo me la dio José Zacarías Tallet, quien nos impartía Historia y no Literatura. Y teníamos otra gran ventaja: a veces Ramón Vasconcelos, que vivía al lado de  la escuela, nos invitaba después de clase a su casa a tomar café y seguir hablando de periodismo. Y sin darte cuenta te ibas empapando de lo que era realmente el periodismo, además del conocimiento técnico como tipografía y gramática.

P: En cuanto a la libertad de prensa que proclamaba el sistema político cubano, ¿la escuela confirmaba su existencia o rebatía la afirmación oficial?

JEF: Las primeras promociones tuvimos la enseñanza de la libertad de prensa. Ahora para decirte que no existe, argumentan con una verdad: la poca libertad individual del periodista, quien sufre limitaciones por su medio. Los estados democráticos dan la libertad de prensa mediante la diversidad de publicaciones, y el público puede escoger entre varias versiones de un hecho. Si tú eras conservador leías el Diario de la Marina donde se decía que el valor económico de un pueblo lo tenían los patrones. El periódico Hoy decía lo contrario, pues era comunista. El Mundo seguía las doctrinas liberales y decía que había patrones buenos y malos, y obreros buenos y malos. Si no estabas de acuerdo con nada de eso, El Crisol, El País o Avance proponían otros puntos de vista.

P: Después de la fundación de la escuela solo podían ejercer la profesión periodística quienes ostentaran el título de graduación. ¿Qué solución pusieron en práctica para aquellos periodistas talentosos y otros no tan capaces que ejercían sin formación intelectual?

JEF: Después que se funda la Escuela solo podían ejercer el periodismo los graduados de ella. A los miles de periodistas, y una buena parte eminentes, que no tenían título, se les otorgó un Certificado de Actitud Periodística que los avalaba. Estos certificados solo se  darían en esa oportunidad.

P: ¿Qué expectativas con respecto al periodismo manifestaban los estudiantes de la Márquez Sterling.?

JEF: La mayoría pensaba que iba a seguir el periodismo cubano como hasta entonces. Sin un gran esfuerzo te hacías de buenas entradas mediante las llamadas botellas o garrafones. Cuando te llamaban para cubrir, por ejemplo, cultura, el director del medio te daba un sueldo mínimo de 32 pesos a la semana y tres cartas: una para el director del Museo Nacional, otra para el Ministro de Cultura y otra para la Unión de Escritores y Artistas. Cada uno te iba a dar un cargo mensualmente de 300 pesos más o menos, que bajaría o subiría de acuerdo a tu capacidad y los servicios que prestases. Entonces apareció un caso único en el periodismo cubano que es el mío.

P: ¿Sintió Juan Emilio Fríguls que estaba formando parte de un experimento durante su carrera en la Márquez Sterling?

JEF: Claro que sí. Lo fue para los alumnos y para los profesores que no lo habían sido nunca. Si había alguna carencia en alguno de los profesores era que no tenían el sentido pedagógico. Ellos estaban acostumbrados a escribir todos los días, y de  buenas a primeras tuvieron que impartir clases, asumir una asignatura. En algunos pocos, nosotros notábamos alguna laguna, pero todos eran especialistas en sus materias.

P: En su comentario ¨La Escuela Profesional de Periodismo¨ (1947), el profesor de Geografía e Historia, Juan Luis Martín, afirmó sobre los primeros graduados. ´´Hay quienes se lo niegan todo, hay quienes se lo conceden todo´´. ¿A cuál de los dos grupos perteneció usted?

JEF: A mí me lo dieron todo. Me dieron permiso para trabajar en Información, firmando todos mis trabajos cuando estaba todavía en tercer año. Yo entré en Información el 13 de febrero de 1945, y el día 14 salió mi primer trabajo. El día 24 de ese mes era de fiesta nacional y yo estaba jugando tenis cuando mi madre me avisó por teléfono porque el director del periódico me estaba buscando como loco. Cuando llegué estaba hecho una fiera, con mi trabajo del día 25 en la mano y me decía: Yo no le dije que no se metiera con los protestantes, ¿cómo usted los llama aquí un gran rebaño? Vaya, director- le respondí-, la palabra rebaño es técnica dentro de la Iglesia, por eso le dicen a los obispos pastores. Al hombre se le iluminó el rostro y llamó a Juan David, el célebre caricaturista, para que hiciera una para mí, y desde ese día salí en la misma página de Suárez Solís, Baquero y Luis Amado Blanco. Y para eso hubo que pedir permiso a la escuela y al Ministerio de Educación.

P: ¿Qué significó para usted la clausura de la Márquez Sterling?

JEF: Me dolió que se cerrara. Durante todos los años que estuvo allí, todos los 9 de diciembre íbamos a su tumba y hablaba un profesor y un alumno. ¿Por qué el nombre de Manuel Márquez Sterling ni se menciona hoy? Uno de los hombres que más luchó contra la Enmienda Platt, y firmó su abolición el 24 de marzo de 1934. ¿Qué pasó con las nuevas generaciones de periodistas, que ni se les habla de Márquez Sterling, ni de la significación de la escuela, ni de otros temas relacionados con el periodismo?

                        "¿Y que cosa es un periódico sino un niño que nace todos los días"

Gastón Baquero

Los primeros trabajos de Juan Emilio Fríguls vieron la luz en la prensa plana. Como ha declarado en otras ocasiones, todavía hoy mantiene ese amor por el periodismo escrito, aunque desde 1968 no lo ejerce en un  diario.  Desde sus inicios, se ha caracterizado por ser un periodista encantado por los géneros más inmediatos como la nota informativa. Sus comentarios, reportajes y crónicas se adaptan a la rapidez requerida por el tema, y escoge hechos que deben publicarse al otro día, y no tras muchas jornadas de redacción y trabajo de estilo.  Fríguls se inserta en la rutina más tradicional y dinámica, y en correspondencia desarrolla un estilo claro, que acoge también las características del lenguaje del tema abordado, como por ejemplo en la página católica del Diario de La Marina.

P: Cuando aún era estudiante usted trabajaba como periodista del Diario más voluminoso de la República: Información. ¿Cómo llegó a publicar en un periódico tan importante?

JEF: Un día, en la clase de Organización Periodística, el profesor Jiménez Perdomo nos aconsejó especializarnos en un tema porque un buen periodista no es aquel que solo domina la técnica, sino quien domina determinado tema. Agregó que su director (Santiago Claret), estaba buscando un periodista que tratase temas de sociología religiosa. Ese mismo día le envié un telegrama a Claret donde le pedía una audiencia. Me llegó la respuesta con una cita para el otro día. Cuando me vio tan joven, me hizo redactar el mismo artículo tres veces. Le gustó mi trabajo y me aceptó con las siguientes pautas: Usted puede escribir todo lo que usted quiera, menos de cuatro cosas: contra los comunistas, porque le meten una huelga a cualquiera, y yo no quiero una en el periódico; no se meta con los judíos que tienen mucho dinero y nos quitan los anuncios; no se meta con los protestantes en asuntos religiosos; y por último, no se meta con los masones porque yo soy Grado 33 de la Masonería.

P: ¿Con las pautas que le marcó Claret podía usted escribir algún trabajo crítico?

JEF: Sí, por ejemplo, cuando muere Elliot, ex primer ministro de Francia, un hombre que toda su vida fue protestante en contra de la Iglesia Católica y durante su último año de vida se convirtió al catolicismo. Yo destaco su cambio, pero lo explico por su cultura, su experiencia política y su conocimiento sobre algunas personalidades importantes de la Iglesia. Si hubiera tenido total libertad, hubiera resaltado la importancia del cambio religioso desde un punto de vista teológico.

P: En aquella época solo usted se dedicaba a cultivar el tema de la sociología religiosa en Información. ¿Por qué en 1947 pasa al Diario de la Marina?

JEF: El Diario de la Marina comienza a sentir celos de mi trabajo para Información, y tratan por todos los medios de llevarme con ellos. Yo había aprendido a leer con mucho amor en el Diario de la Marina; pero como dirigente católico me molestaba mucho que defendieran a los patrones y no a los obreros, y se autoproclamaran un periódico cristiano. Primero me llamó Gastón Baquero, después mediante la embajada española quisieron presionar a mi padre y muchas personas más, y yo siempre decía que no. Mi padre un día me aconsejó: Si tú quieres seguir en el periodismo no te busques problemas con el Diario de la Marina. Hablé con mi consejero, el obispo Dalmau, y me dijo que fuera a la cita, dijera que para mi era todo un honor y les pusiera condiciones muy grandes. Antes de subir me tomé un daiquirí y les pedí un salario de 100 pesos semanales, porque yo no aceptaba botellas, libertad dentro de mi sección y que se anunciara mi llegada al diario con una foto y una biografía realizada por mí. Eso fue el 24 de junio de 1947 y el 26 me llamaron para pedirme la foto y la biografía.

P: Entre las peticiones que usted le hizo a la dirección del Diario estaba la de libertad plena en su sección. ¿Qué carácter tenía esta libertad?

JEF: La libertad era esencialmente doctrinal, aunque yo podía valorar una encíclica desde el punto de vista del Diario o como la pensaba yo, que pertenecía al grupo de jóvenes católicos de tendencias liberales dentro de la Iglesia. Ese grupo se reunía en la Acción Católica y algunos como Andrés Valdespino y Ángel del Cerro se separaron de ella para ocupar cargos en el gobierno. Yo decidí permanecer en la dirigencia de Acción Católica.

P: ¿Alguna vez sufrió la censura de algún trabajo suyo en el Diario de la Marina?

JEF: Como cualquier director o jefe de información, tenían total libertad para censurar o corregir cualquier trabajo. El deber del periodista era hacer su trabajo, si después no lo  publicaban, no era problema suyo. Particularmente, yo no creo que el Diario me censurara o reformara algún trabajo, y siempre respetaron mis colaboraciones con otros medios.

P: El Diario de la Marina se vanagloriaba de ser el órgano oficial de la Iglesia Católica Cubana. ¿Dicha alianza era real?

JEF: Uno de los errores de la Iglesia Católica fue no preocuparse por la propaganda fuera de la Iglesia. Influyó que nunca se sintió atacada verdaderamente por nadie y todos los periódicos la respetaban. El Diario de la Marina siempre quiso tomar la Iglesia como uno de los medios para justificar sus criterios sociales. Trató por todas las vías que la Iglesia lo viera como su defensor. Para aparentar que tenían una hermandad con la jerarquía, nombró al Cardenal Arteaga miembro del Consejo de Dirección, y el Cardenal en su vida asistió a ninguno. Una prueba fue mi propio caso: el Diario tuvo que hacer lo imposible para captarme, si realmente hubiera existido esa relación, el arzobispado les habría nombrado a un sacerdote. Además, a nivel personal, excepto Silvia Hernández, la viuda de Pepín y Pepinillo, ninguno tenía el cumplimiento católico.

P: Cada vez que alguien realiza un currículum suyo menciona su trabajo para la Catholic Welfare, Conferencia de Washintong. ¿Cómo obtuvo tal empleo y hasta cuándo fungió en el?

JEF: Ese fue el antecedente de la actual ZENIT del Vaticano. A raíz de mi trabajo en Información, me nombraron para colaborar con ella. Pasé un curso de tres semanas en Washintong sobre las orientaciones para la realización de las notas informativas. Trabajé para ellos hasta noviembre del año 1947, pues tenía mucho trabajo y nombraron como sustituto al padre Biaín.

P: Usted también colaboró con Bohemia en la misma época de la osada sección En Cuba, dirigida por Enrique de la Osa y para la que tributaban clandestinamente periodistas como Martha Rojas. ¿Colaboró alguna vez para esa sección?

JEF: Yo trabajé para la sección En Cuba. Lo primero que te pedía Enrique de la Osa era total secreto. Yo atendía los temas de diplomacia y religión. Seguía a las personas, escuchaba lo que decía y preguntaba lo que me interesaba sin entrevistar, sin levantar sospechas.

P: En la entrevista que le realizó Kathy Rojas, usted declaró: "Supongo que aún sigo prefiriendo la prensa plana, pues allí se insinúan más los valores del periodismo como escritura". ¿Por qué después del cierre de El Mundo no trabajó más en prensa plana?

JEF: ¿En dónde? Bueno, sí, continué en Bohemia, pero diariamente no. Eso es lo que más me duele, porque a mí lo que me gusta de verdad es la prensa plana.

                 "Pon tu pensamiento en mí /

y verás que en ese momento, /

mi fuerza de pensamiento /

hará el bien sobre tí"

Clavelito

El encanto de la radio también sedujo a Fríguls. Cuando el joven periodista se estrenó en ella, había entrado en su fase monopolista, y Cuba vivía la disputa de la audiencia entre el magnate Goar Mestre y el ingenioso Gaspar Pumarejo. A pesar de que dominaban los anuncios publicitarios que sostenían el negocio, las radionovelas al estilo de la muy popular "El derecho de nacer", los programas de los líderes partidistas, musicales y espacios tan locos y manipuladores como el de Clavelito, quedaba espacio para realizar un buen periodismo.

El original radioperiódico La Palabra de Unión Radio, con sus experimentaciones en el uso de efectos originales para separar las noticias, y la cobertura de Germán Pinelli, transmitida en vivo desde el suelo del lugar donde se enfrentaban dos bandas de policías, constituyen ejemplos del tipo de periodismo radiofónico de entonces. El 6 de octubre de 1946, los mejores cinco expedientes de la primera graduación de la Márquez Sterling, inauguraron el tan esperado noticiero de Unión Radio.

JEF: Pumarejo tenía su propio carácter de inventar cosas, y él vio en seleccionar lo cinco mejores expedientes de la Marquez Sterling para inaugurar el noticiero de Unión Radio, una novedad. Otros medios quisieron copiar la experiencia, pero se dieron con la puerta porque los expedientes 14, 29 ó 30 no dieron los mismos frutos.

P: Todavía hoy se recuerda por su originalidad el  noticiero de Unión Radio. ¿Durante el tiempo que lo realizaron, sintieron que hacían un periodismo diferente?

JEF: En parte, porque todo lo que hizo Pumarejo estaba ya inventado. El tenía un gran dominio sobre la radio y quiso experimentar en la nueva emisora, que no tuvo éxito enseguida. El éxito mayor lo alcanzó cuando entró Pardo Llada como jefe de información en Unión Radio. Su editorial de la una de la tarde, y repetido a las 7 de la noche, lo oía toda Cuba. Sus trabajos eran de oposición total al gobierno, fuera el que fuera.

P: ¿Cuáles temas cubría para Unión Radio?

JEF: Yo cubría lo mismo que ahora: todo lo relacionado con cultura y relaciones internacionales, y para que Unión Radio cobrara un buen cheque del Ministerio de la Agricultura, de cuando en cuando hacía algunas cosas de agricultura.

P: Uno de los grandes palos periodísticos de su carrera fue la noticia de la muerte de Chibás para la radio. ¿Cómo pudo adelantársele a los demás periodistas?

JEF: La misma noche que murió Chibás, yo fui al cine  y cuando íbamos a regresar, sentí como una corazonada y le dije al chofer: Vamos un momentico a ver cómo está Chibás. Al llegar, una enfermera y el doctor Trigo me aseguraron que estaba muy bien. En ese mismo momento llamaron de la habitación y Trigo subió. Cuando regresó, me dice que Chibás no se encuentra muy bien y tiene dolor en el tórax. Le avisó al doctor Rodríguez Díaz, un eminente cirujano, que lo llevó al quirófano. Yo entré con ellos, gracias a que un enfermero me facilitó una bata blanca. Al poco rato, Rodríguez Díaz hizo un gesto con las manos en señal de muerte. Yo había mandado a buscar mi máquina Oliver y envié la primicia a Unión Radio. Al otro día, todos los periódicos a las 5 de la mañana salieron con la noticia y el Diario de la Marina con un reporte especial mío.

P: En varias ocasiones usted ha reconocido su desencuentro con la Televisión. ¿Qué circunstancias lo llevaron a conducir el programa Telecierre en los años ´70?

JEF: Por aquella época, el ICRT innovó con la dirección central de prensa. Había que realizar las informaciones de manera que sirviesen para la radio y la televisión. Allí estuve como dos años y pico, pero no me acabó de gustar la Televisión, porque me tenía que dedicar solo a ella.

En 1959, Unión Radio estuvo entre los primeros medios cerrados por el gobierno revolucionario, dada la vinculación directa de su dueño con el régimen anterior. Fríguls pasó a la emisora de la Central de Trabajadores Cubanos para cubrir los asuntos internacionales. Después de la clausura del Diario de la Marina en 1961, sus talleres se convirtieron en la Imprenta Nacional, y el propio Armando Hart le pidió que trabajase en la recién nacida empresa. Alejo Carpentier dejó a su cargo Ediciones Juveniles, hasta que su vocación lo llamó: pidió la reinsersión en algún medio.

Radio Habana Cuba le abrió sus puertas y los asuntos culturales. Allí realizó una ardua labor y aumentó su curriculum en el sector de la cultura, que le proporcionaría más tarde el premio de periodismo cultural "José Antonio Fernández de Castro". En 1970, pasó a Radio Reloj, donde todavía hoy se le ve siempre apurado y cultivando el mismo periodismo de calidad de antaño; pero ahora con el merecido lauro del Premio Nacional de la Radio desde el 2003.

"La mayoría de la gente es demasiado perezosa para pensar por su propia cuenta,

y está pronta a aceptar las opiniones que los periodistas dan"

Rafael Fariñas Rojas en El periodismo moderno, escuela americana.

"No hay cetro mejor que un buen periódico".

José Martí

Las seis décadas de profesión periodística de Juan Emilio Fríguls han transcurrido en momentos cruciales  de la historia cubana. Durante la República el termómetro de nuestra actividad periodística era la homóloga norteamericana. Esta profesión en los Estados Unidos ha manifestado desde su fundación como país un nivel de calidad y justa función dentro del entramado social; pero todo calco trae consigo consecuencias negativas. A través de la prensa norteamericana que llegaba a la Isla, se importaba también su way of life e ideología subyugadora. Si resultó positiva la influencia de la técnica periodísta, la tendencia extranjerizante provocó distorsiones, incluso en el desplazamiento de palabras en español por su equivalente en inglés.

El sistema de comunicación cubano estaba organizado a la usanza del país vecino: la constitución amparaba la libertad de prensa y expresión, y la práctica cotidiana la violaba. Al calor del trópico y la costumbre latinoamericana dictatorial, la constitución representaba una formalidad sobre la que se erigía el presidente de turno.

Su etapa de novato en la prensa se correspondió al poderío auténtico: la guerra fría, desatada después de la Segunda Conflagración Mundial, contra las corrientes más radicales de la izquierda, extendió una oleada a la Mayor de las Antillas por el canal de la metrópoli. El ataque directo lo recibieron las organizaciones cubanas de dichas ideologías. En 1952, toda libertad o derecho recibió el golpe de gracia con la usurpación de la silla presidencial por Batista. La prensa se dedicó, salvo escasas excepciones, a alabar al dictador.

El primero de enero de 1959 provocó un giro de 180 grados en la prensa cubana. Fríguls vio derrumbarse la práctica tradicional del periodismo, y comenzar a erigirse en su lugar un sistema centralizado, donde todos los medios pertenecían a instituciones de masas o políticas, se ampliaban los valores noticia y ponían en práctica diferentes mecanismos para interactuar con las fuentes y obtener la información. En Palabras a los intelectuales (1961), Fidel enfatizó en la generalizadora frase que regiría la labor intelectual cubana hasta la actualidad: "Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada".

P: ¿Qué funciones debe desempeñar la prensa dentro cualquier sociedad?

JEF: El papel de la prensa debe asumirse con un alto sentido de la ética (que salva a un periodista de cometer muchos errores), de la profesionalidad, desde el punto de vista de ofrecer una información bien realizada, y de cuanto representa tu labor para el país. Hay periodistas que llevan 25 años trabajando y no se han percatado de que puede ser un granito de arena para la superación de su Patria. No llevan dentro de su vocación el criterio de que están haciendo Patria.

P: Ni periodistas ni literatos acaban de lograr un consenso sobre la antiquísima polémica entre periodismo y literatura. ¿Es o no el periodismo, literatura?

JEF: El periodismo no es más que un género de la literatura. La verdadera crónica tiene un 50% de literatura y un 50% de periodismo. A veces se enriquece una crónica con un verso de X, o se inicia con él. Cuando se hace periodismo no se crea, se difunde, y en una crónica se crea, se inventa sobre la base de la realidad, o específicamente de un hecho noticioso. No es menos cierto que una información por muy bien escrita que este nunca será literatura.

P: Las exigencias del periodismo actual equidistan  de aquel donde usted se formó. ¿Se ha adaptado completamente a las nuevas demandas de la profesión?

JEF: No sé si sería esa característica de la juventud que se cree conocedor de todo, pero yo he perdido esa seguridad de mis primeros años en el periodismo frente a la máquina. Ahora con la computadora temo no captar las exigencias del periodismo actual.

P: ¿Existe para Juan Emilio Fríguls la objetividad?

JEF: ¡Cómo no va a existir! Lo que puede ser que determinado periodista no tenga el talento o el conocimiento para saber dónde está, o qué cosa es. La objetividad no la da la carrera periodística, sino tu conciencia personal, y tratar cada día de ser más objetivo. Esa es la ventaja que tiene el hombre de fe religiosa, le sirve para superarse y ser mejor persona cada día.

P: Después de tantos años de profesión debe atesorar muchos trucos y consejos para los que se inician en el periodismo...

JEF: Algo muy importante en el periodismo es que no se puede hacer nada en solitario. El periodista tiene que estar inmerso en su sociedad, ser actor, para poder obtener noticias de ella.

El verdadero periodista es aquel que le da luz inmediatamente a la información, y más se valora si se hace para la radio, que lleva intrínseco el valor de la inmediatez.

El buen periodista siempre puede encontrar una parte efectiva de su trabajo, sin que eso le afecte su ética profesional.

Hay periodistas que creen que las relaciones públicas se establecen solo con personas importantes. Cualquier persona puede proporcionar una información o un acceso a una fuente. Y muy importantes y difíciles son las relaciones con los propios colegas, que se niegan muchas veces a verificarte un dato. Hay que ayudar a todo el mundo porque tú no sabes si el compañero más pesado te salva en algún momento.

Un sabio español me recomendó una vez, que para revisar una información la leyera en voz alta, la musicalizara; y donde no sonara bien había algún error de sintaxis, de adjetivación. Eso nunca falla.

"La prensa es Vincio y Angelo, creadora del nuevo templo magno e invisible,

del que es hombre puro y trabajador, el bravo sacerdote".

José Martí

El diarismo ha consumido casi todo el tiempo de su vida profesional, aunque Fríguls siempre ha sido un hombre de varias redacciones y alternativas para sus palabras e ideas. Durante su juventud respondió a cinco redacciones diferentes, y buscaba por sí mismo todas sus fuentes y contactos. Sus superiores nunca pudieron proferir queja: el periodista cumplía a cabalidad las pautas de cada medio y se formaba un sello personal.

Cuando se escucha su nombre viene a la mente la premisa de noticias inolvidables para la historia nacional. Su gran mérito radica en el trabajo del día a día, en sacar a la luz con la rapidez de la profesionalidad, las noticias que hacen cada jornada diferente de la anterior. Sin embargo, un espacio de tiempo para trabajos más profundos, ha encontrado cabida en su apretada agenda: "Los catalanes en Cuba", "Las Iglesias de La Habana", un libro sobre Gaspar Pumarejo y un estudio de la obra de Juan Ramón Jiménez. La suerte lo ha abandonado cuando decide publicar algún libro; pero su espíritu jovial olvida esos momentos desagradables para recordar su presencia durante la presentación de Fidel en Santiago de Cuba. Su misión consistía en interceder por los moncadistas, y había sido asignada por el Cardenal Arteaga a un grupo de devotos y sacerdotes. Por supuesto que el periodista regresó con un trabajo para el Diario de la Marina, que sufriría un triste final.

JEF: El trabajo que yo realicé sobre la presentación de Fidel en Santiago de Cuba para el Diario de la Marina, antes de publicarlo lo tomó el censor asignado por Batista que estaba en la redacción para mostrárselo al Presidente. Lo devolvió lleno de tachaduras en rojo y ampliaciones del puño y letra de Batista. En una de esas ampliaciones llamaba a Fidel insurrecto y el Diario no lo publicó con ese calificativo, siempre mantuvo respeto, aún para sus propios enemigos.

P: ¿Cómo lograba obtener primicias tan codiciadas por los diferentes medios?

JEF: Casi siempre de casualidad, o mediante alguna relación importante, por ejemplo, en el año 1953, el ex asesor del General Marshall, William Poll, viene a Cuba para invertir en el negocio del cambio de tranvías por autobuses. Todos los medios estaban esperando coger a Poll para una foto y una entrevista, cuando saliera de su habitación en el Hotel Nacional. Yo le hacía las relaciones públicas a Julio Lobo, el azucarero, sin que nadie lo supiera porque después vendrían otros a pedirme el mismo servicio; y él me presentó a  William Poll para que yo le realizara la publicidad. A los diez días ya tenía el permiso para iniciar la propaganda, con la condición de que el reportaje fuera revisado por él.

El domingo yo llevaba mis colaboraciones a Bohemia y me encontré a Quevedo, el director, con un tremendísimo dolor de cabeza porque le iban a dar el palo y su periodista no había podido entrevistar a mister Poll.  Llamé a la secretaria de William Poll y este me dio la autorización de iniciar la propaganda sin cambiar el reportaje. Y Bohemia dio el palo con un reportaje enorme y muchas fotos.

La persistencia es el don principal de un periodista y gracias a él, Fríguls ha obtenido valiosas informaciones que engalanan su curriculum y  se convierten en nuevas historias para contar. La prensa revolucionaria de un tiempo a esta parte, mantiene el sistema de acreditación, desempeñado por la Agencia de Información Nacional. Su fino olfato, las relaciones de antaño y las que no deja de establecer todos los días, le han proporcionado nuevas buenas, amén de los impedimentos.

Bibliografía

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