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Periodismo Impreso

UN ACERCAMIENTO AL PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN EN CUBA

UN ACERCAMIENTO AL PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN EN CUBA

Dr. DARÍO L. MACHADO RODRÍGUEZ,
Presidente de la Cátedra de Periodismo de Investigación “Enrique de la Osa” y Profesor Principal del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

¿Por qué se habla de “periodismo de investigación”? Hay la creencia, compartida por no pocos, que postula que todo periodismo –si es buen periodismo- es “de investigación”. Y efectivamente, desde que hay un hecho, acontecimiento, asunto de importancia y el periodista va a convertirlo en un producto comunicativo, por ejemplo en noticia, tiene que indagar, preguntar, buscar, conocer, evaluar y en sentido amplio estará también investigando en el empeño de precisar cómo fueron los hechos que quiere narrar.

Sin embargo, hablar de periodismo de investigación propiamente implica otra dimensión y práctica periodística que difiere de la elaboración de una noticia, la redacción de una crónica, o de cualquier otra de las aplicaciones habituales de la labor periodística. Pero si bien no todo periodismo es en rigor “de investigación”, todo periodista adecuadamente calificado puede ejercer  esta modalidad de periodismo, solo debe atenerse a sus reglas y especificidades, dominar las técnicas de investigación y ser un estudioso inconforme e infatigable.

Las cualidades que debe tener un buen periodista valen para el que quiera ser un periodista investigador: honestidad, fidelidad a la verdad y al público que tiene derecho a conocerla, amplia cultura, conocimiento de la historia y de la contemporaneidad, estar familiarizado con los avances de la ciencia y de la tecnología, conocer las leyes, la estructura y funcionamiento del Estado, conocer los fundamentos de la economía del país, estar al tanto de las principales manifestaciones culturales, tener conciencia de los principales problemas que afronta la sociedad, superarse constantemente y, por supuesto, dominar los métodos y técnicas de investigación social.

El periodismo de investigación existe como disciplina particular del periodismo porque en la sociedad hay necesidad de información sobre temas que no son evidentes, que no se conocen, se conocen parcialmente o resulta difícil indagar sobre ellos, o también porque lo que se ha dicho hasta un momento determinado al respecto no es cierto. En esencia, las generatrices de trabajos de periodismo de investigación radican en el derecho de la ciudadanía a estar debidamente informada y en el papel mismo del periodismo como parte del control social.

La no circulación de información sobre un tema dado puede producirse por una o varias causas, entre ellas:

----Porque hay interés en ocultarla.

----Porque no había surgido la necesidad social de conocerse.

----Porque el interés de conocerlo decayó con el tiempo y el tema quedó sepultado.

----Por tratarse de un tema tabú.

----Por ser difícil, incluso peligroso, indagar sobre ello.

----Por haber surgido como tema importante sin tiempo para su divulgación.

Bajo el acápite de “periodismo de investigación” caben desde asuntos de relativa importancia hasta escándalos como el de Watergate en Estados Unidos de Norteamérica que terminó en la destitución de un presidente. Lo más frecuente es que sea el periodista investigador el que escoja el tema, pero en ocasiones este puede ser señalado por los propios lectores, puede levantarse por su propia entidad como asunto social importante y devenir obligadamente objeto de investigación, puede ser por otras vías, pero siempre estarán una o varias de las causas arriba descritas.

Cuando un periodista o grupo de periodistas se propone investigar sobre un tema determinado, asociado por ejemplo a conductas corruptas de funcionarios o empresarios, a negligencias que provocaron consecuencias sociales graves, a escándalos, sobornos, prevaricación, o a prácticas criminales y mafiosas, lo primero es su determinación de llegar hasta el final, es decir, hasta revelar la verdad. Sin esta disposición no podrá encarar con éxito las eventuales dificultades en el proceso de investigación. Obviamente, si este es el caso, podrá encontrar numerosos obstáculos, golpes bajos e incluso amenazas veladas o explícitas, agresiones verbales y físicas en su empeño de hacer público el conocimiento de los hechos investigados. Entre los escollos que puede encontrar el ejercicio del periodismo de investigación están:

----La renuencia en los organismos y personas encargadas a proporcionar información que pueda derivar en verdades incómodas o amenazadoras de su estatus. La obstaculización del acceso a las fuentes, el ocultamiento de la información más sensible. La tergiversación y ocultamiento de la verdad por las fuentes de información.

----Las presiones por intereses económicos.

----El temor de las eventuales fuentes de información sobre el tema investigado a comprometerse con sus declaraciones.

----El poco estímulo de redacciones y direcciones de los medios hacia esta actividad que resulta  riesgosa, “problemática” para el sistema de relaciones de los directivos con los organismos afectados, especialmente si existen compromisos personales. Las presiones que ejercen personas vinculadas con los directivos y dueños de los medios de comunicación.

----Las amenazas veladas o expresas.

----Los insultos.

----Las agresiones físicas.

----El tiempo necesario para hacer bien la tarea periodística de investigación que conspira contra urgencias y rutinas del medio.

----La escasez de personal profesional dedicado al periodismo de investigación.

----Problemas de recursos para la investigación.

Ahora bien, de igual manera, el propio periodista investigador deber saber cuándo el tema escogido no ofrece suficientes razones para continuar la investigación y en consecuencia debe estar dispuesto a pararla. Nunca será tiempo perdido, porque lo que se haya avanzado hasta ese punto enriquecerá su acervo cultural y profesional.

Pero el periodismo de investigación no se refiere solamente a estos asuntos extremos, de naturaleza delictiva, ni tiene obligadamente una finalidad y estilo denunciatorios. En la literatura en curso en el mundo sobre el periodismo de investigación, los temas escogidos, los estudios de caso y los premios periodísticos que se confieren abundan estos temas. Ocurre en particular también en nuestra  región latinoamericana y caribeña. Y es así por una razón fundamental: la profusión de hechos de este tipo en las sociedades contemporáneas y, visto más profundamente, por la fractura social y los antagonismos que oponen agudamente a sectores de poder, enfrentados por intereses corporativos, la ambición y el egoísmo que profundizan la creciente anomia y crisis civilizatoria.

Hay, sin embargo, muchos otros temas que merecen un enfoque investigativo riguroso en el ejercicio periodístico dirigido a descubrir verdades. Estos se relacionan, por ejemplo, con incógnitas históricas que pueden ser esclarecidas años después mediante investigación retrospectiva, condenas carcelarias injustas, problemas laborales, asuntos relacionados con el medio ambiente, el proceso de aprobación de una ley, temas relacionados con la educación, la salud pública y una interminable etcétera.

Ciertamente, el hecho que prevalezcan hoy en el ejercicio del periodismo de investigación aquellos asuntos que pueden terminar en la pérdida de prestigio de los denunciados, persecución legal y condenas hacen de esta modalidad una de las actividades más riesgosas en el ejercicio periodístico.

Claro está, sería demasiado superficial considerar esto como una simple oposición entre el periodista “bueno” por definición y el denunciado “malo”.

Lo real es que el periodismo de investigación asumido en la conciencia del público como un ejercicio siempre loable, que impone al periodista un mayor esfuerzo y constancia en la búsqueda de esa verdad que tiene derecho a conocer, puede estar viciado por intereses espurios y en estos casos, aun cuando revelen verdades, su esencia ética estará torcida por las motivaciones que lo guían y a menudo sesgado el producto periodístico final.

Es que el periodismo en su relación con el poder en sus disímiles formas de existencia no solo influye en este, sino que recibe también su influencia, llegando incluso a convertirse en su instrumento, con todas las consecuencias para la producción de esta modalidad periodística. La contaminación del periodismo con el poder ha llevado no pocas veces a involucrar al primero en las pugnas del segundo, práctica que se ha extendido al punto que muchos espacios de la comunicación periodística no solo llegan a hacerse eco exageradamente de estos enfrentamientos, sino que alcanzan a constituirse en parciales de uno u otro oponente, en dependencia de los intereses, compromisos, ataduras personales de los periodistas y de los que tienen el poder de veto en los medios.

También está el temor de los periodistas a perder el empleo, a perder amistades, espacios de influencia y relaciones, etc. Estas realidades limitan el ejercicio del periodismo de investigación, tanto la decisión de introducirse a fondo en un tema como en el modo de exponer los resultados. 

Estas deformaciones de la función social que se espera del periodismo conducen al ocultamiento de información, convierte el sesgo en hábito e incluso lleva a presentar en calidad de “periodismo de investigación” cualquier revelación sensacionalista que incline la balanza a favor de un determinado interés. Lo anterior no puede ser calificado desde el punto de vista ético como periodismo, porque desvía su papel y funciones en la sociedad, aunque lo hagan medios periodísticos y personas con el título de periodista y la calificación profesional correspondiente.

Del no-periodismo al periodismo y de este al periodismo de investigación

Como mismo ocurre con la palabra ideología, o con cualquiera otra, la palabra periodismo es también una secuencia de fonemas. Se puede adjudicar a cualquier práctica, a cualquier fenómeno. Ahora bien, surgirán los malos entendidos cuando los participantes en el diálogo no comprendan lo mismo bajo tales términos.

Comunicar noticias, información de actualidad, declaraciones, etc., si bien forma parte de la actividad habitual de los medios es algo que puede no ser realizado por periodistas ni ser en verdad periodismo propiamente dicho. Este último implica siempre una producción, una actividad que va más allá de la reproducción simple de la información, involucrando el ejercicio del pensamiento, la indagación, la proyección social de lo que se comunica, y obviamente, la responsabilidad profesional y cívica.

El periodismo de investigación va más allá; debe ser por definición profundo y riguroso, debe poder informar exhaustivamente no solo las realidades de un hecho o conjunto de hechos, sino sus consecuencias sociales y colocar a disposición del ciudadano  los elementos necesarios y suficientes para que se forme su propio criterio de lo que se está revelando. Es tenue el límite del periodismo de investigación y lo que se conoce como periodismo de profundidad o en profundidad, que tiene como finalidad principal revelar los por qué, las causas de los procesos o acontecimientos investigados.

El periodismo de investigación necesita también de un equipo de personas que participe en la tarea de investigar, cuyas características (tamaño del equipo y especialidades) estará en dependencia de la magnitud y complejidad de la tarea asumida.

El periodismo de investigación, serio y riguroso, tiene sus reglas para obtener la información, para procesarla y para exponerla. Entre ellas están las siguientes:

----Definir claramente el asunto a investigar.

----Conformar el grupo de trabajo.

----Estudiar y precisar las fuentes de información.

----Hacer el plan de búsqueda de información.

----Definir los métodos cuantitativos y cualitativos de investigación.

----Acopiar la información comprobando los informes obtenidos.

----Organizar el material disponible.

----Estudiar a fondo y con rigor.

----No especular con la información.

----Elaborar textos sustantivos.

----Evitar el tremendismo y el sensacionalismo.

----Tener plena seguridad en lo que se va a revelar y en sus posibles consecuencias.

Cada uno de los pasos de este proceso debe ser abordado con el necesario rigor y profundidad, en correspondencia con la complejidad del asunto dado. El tratamiento superficial suele resultar altamente tergiversador de la verdad y tener graves consecuencias.

El periodismo de investigación en Cuba

En Cuba existe la Cátedra de Periodismo de Investigación del Instituto Internacional de Periodismo José Martí y hay una práctica periodística desarrollada en diferentes medios de comunicación, que responde a las características generales de esta modalidad de la labor periodística.

Desde el Instituto Internacional de Periodismo José Martí se han organizado cursos y talleres sobre el tema, así como encuentros para compartir experiencias; pero en rigor, en el periodismo cubano no tenemos aún elaborada una doctrina propia que sistematice íntegramente esta modalidad periodística en correspondencia con las particularidades actuales de la sociedad cubana.

Se emplean textos que recogen experiencias surgidas y sistematizadas en otras realidades culturales y sociopolíticas. Bajo la frase “periodismo de investigación” se comprenden hoy muchas cosas. Obviamente, los límites de su necesaria definición siempre serán aproximados, lo que a su vez, lejos de ser una debilidad constituye una oportunidad, al garantizar la necesaria flexibilidad de cara al desarrollo ulterior del concepto.

Entre los objetivos fundamentales de la Cátedra está precisamente el de: “Promover el desarrollo de un pensamiento cubano sobre el periodismo de investigación, sus principios, prácticas, estilo y finalidades, aprovechando las experiencias latinoamericanas y caribeñas, así como de otras regiones del mundo, y partiendo de las características específicas de la sociedad cubana y del periodismo cubano contemporáneo.”

La tarea de desarrollar una doctrina cubana para el periodismo de investigación que constituya una fuente de inspiración y guía metodológica básica para los profesionales del país que se propongan trabajar con esta modalidad es necesariamente colectiva y solo puede emerger del periodismo vivo que se ejerce hoy en la sociedad cubana, y debe tener asiento en sus raíces prerrevolucionarias, dado que el periodismo cubano a lo largo de su historia ha tenido ejemplos notables de periodistas investigadores, de cuyas cualidades éticas y profesionales es legítimo heredero el periodismo actual.

Hay, sin embargo, algunos ejes fundamentales que pueden ser enunciados como factores influyentes esenciales para proyectar esta modalidad de trabajo periodístico en las condiciones particulares de la sociedad cubana de hoy:

----En Cuba, dadas las características sociopolíticas de la sociedad, no existen grupos de poder económico ni sectores políticos que estén enfrentados entre sí por intereses radicalmente opuestos.

----En Cuba todos los medios de comunicación son de propiedad de todo el pueblo y están al servicio de los intereses generales de la sociedad cubana.

----En Cuba, la sociedad, si bien ha experimentado en los últimos años procesos de diferenciación social, mantiene altos niveles de equidad, las mayorías comparten intereses comunes y la superestructura política responde a esos intereses.

----En Cuba no hay bandas paramilitares.

----En Cuba los profesionales del periodismo, si bien resultan insuficientes para cubrir las necesidades de los medios de comunicación social existentes y los nuevos que se van creando, son personas adecuadamente calificadas y con un gran sentido del deber ciudadano.

----En Cuba las agendas de los medios de comunicación se construyen a partir de objetivos sociales corresponden a los más altos intereses sociales del país, y tienen en cuenta el perfil específico de cada medio y las opiniones de los directivos y los periodistas.

Sin embargo, también:

----En la sociedad cubana hay intereses creados y prácticas burocráticas asociadas que constituyen factores que hacen necesario el periodismo de investigación y a la vez lo obstaculizan.

----Hay temas tabú.

----De igual manera, la existencia de autocensura en los propios periodistas y en los directivos de los medios, conspira contra el ejercicio eficiente de esta modalidad.

----No puede dejar de mencionarse el hecho de que los medios de comunicación cubanos son parte de una realidad en la que ha predominado una psicología de plaza sitiada, no se ha extendido el reconocimiento del conflicto como algo normal, inherente a toda sociedad humana y motor para la superación social, y consecuentemente se ha preferido evidenciar los problemas una vez que han quedado resueltos. La protección de la obra de la revolución como algo de todos, la idea de no “dar munición al enemigo ideológico y político”, también ha empobrecido el ejercicio periodístico en general, no ha contribuido a enriquecer la subjetividad ciudadana y ha servido para esconder deficiencias, errores y arbitrariedades mellando el filo de la investigación periodística.

----Ocurre también que la especialización de los periodistas en la atención a diferentes ámbitos de la actividad social (educación, salud pública, poder popular, ministerios productivos, ciencia y tecnología, etc.) contribuye a crear lazos, puentes de entendimiento e incluso compromisos que pueden debilitar el periodismo en general y el de investigación en especial.

----Se suma a lo arriba señalado, y no en último lugar, la inexistencia de una ley de prensa que establezca las obligaciones respecto del manejo de la información y constituya un respaldo jurídico a la labor periodística en general, realidad que conspira contra el ejercicio eficiente del periodismo de investigación.

De lo anterior se deriva un  corolario: el periodista que hace un trabajo de periodismo de investigación necesita respaldo. El periodista no es -ni puede pretender serlo- un ente “todopoderoso” que porta una espada flamígera para hacer justicia informativa. Su labor en Cuba debe ser siempre esencialmente constructiva y necesita respaldo ético y legal, en primer lugar el que le puede proporcionar el propio medio de comunicación en el cual ejerce su función.

El periodismo debe contribuir al mejor funcionamiento de la democracia socialista, proteger los derechos de la ciudadanía, en primer lugar el derecho de estar bien informada, estimular, nutrir y contribuir a canalizar la participación social. La modalidad del periodismo de investigación es particularmente importante en este cometido social.

Cuando un periodista (o grupo de periodistas) decide incursionar en algún tema de interés social y de actualidad que amerita ser abordado desde la perspectiva del periodismo de investigación, enfrentará la tarea de insertar en el espacio comunicacional cubano una verdad hasta ese momento desconocida que tendrá efectos en la sociedad en su conjunto, pero también -de diferentes formas e intensidades- en las personas involucradas en el proceso de investigación y en la narración resultante.

Es de esperar que las reacciones durante todo el proceso de estudio del asunto seleccionado y cuando se publiquen los resultados, sean también disímiles en dependencia de los grados de compromiso y de influencia personal que los diferentes actores (fuentes de información) tengan.

Siendo esta una relación entre seres humanos, con intereses diversos, diversas visiones y posiciones en la sociedad, diversos compromisos y obligaciones, pasan a un primer plano las regulaciones que la ética establece y las obligaciones que establezca la ley.

En Cuba, el periodismo de investigación está definido por los mismos principios éticos que fundamentan el deber ser de los periodistas. Su finalidad es servir al pueblo, ser fieles a la verdad, trabajar por bienestar de la sociedad, uno de cuyos componentes consiste en estar adecuadamente informada sobre todos los asuntos de interés público, contribuir a la educación y auto-educarse.

Si bien desde el punto de vista ético, el periodismo cubano tiene definiciones bien precisas y adecuadamente codificadas, hay todavía un importante terreno de elaboración respecto a las particularidades de la ética periodística en el ejercicio específico de su modalidad de investigación.

El periodista, cuando hace periodismo investigación, además de su consecuencia ética y su condición de no hacer compromisos, pone a prueba las cualidades de constancia y perseverancia, sistematicidad, laboriosidad, inconformidad, sagacidad, intuición y rigor.

El arte del periodismo de investigación estriba en sacar a la luz una verdad cuyo conocimiento sea una necesidad pública y que esté velada, por error, por negligencia, por desconocimiento, por ser muy nueva, o por intereses espurios, siempre de tal modo que se respete la vida privada de los posibles implicados y se devele con espíritu constructivo cualquier violación de la ley, de las normas, de los derechos y de la moral pública. Tal incursión profunda se justifica más cuando se trate de personas con responsabilidades públicas, gobernantes, funcionarios, maestros, etc. cuyas faltas hayan ofendido, lastimado o perjudicado a otras personas.

Lo anterior significa que dado el caso en que sea necesario para el esclarecimiento de la verdad aproximarse a la esfera privada de los implicados y se justifique por tratarse de información imprescindible que arroje luz sobre el  o de la ley o por graves violaciones éticas, el periodista debe exponerlo, siempre protegiendo al máximo el espacio íntimo de dichas personas.

Las técnicas de investigación periodística

En esencia puede afirmarse que todas las técnicas de investigación que se emplean en las ciencias sociales, son válidas para la investigación periodística: el estudio de la información documental (informes de investigaciones, estadísticas, estudios de opinión pública, leyes, documentos oficiales, etc.), el análisis de coyuntura, las encuestas, las entrevistas (individuales, grupales) en sus diferentes modalidades, las observaciones (participante y no participante),  los criterios de expertos, entre otras.

El currículum universitario en las facultades cubanas incluye el estudio de estas técnicas, pero solo de modo general aportando los conocimientos básicos. El periodista que se dedique a la investigación tiene que continuar profundizando en el empleo de ellas. No pocas veces ocurre que alguien con insuficiente preparación elabora un instrumento de recogida de información plagado de pequeños o grandes errores de los cuales no es consciente precisamente por falta de experiencia y de conocimientos sobre cómo diseñarlo correctamente, obteniendo una información deficiente que, sin embargo, da por buena.

Más aún, cuando emplea preguntas abiertas continúa sumando errores que deforman los resultados al interpretar de modo sesgado la información recogida por desconocimiento de las técnicas adecuadas para codificarla.

Lo anterior conduce a una conclusión: el periodista investigador necesita estar al día en el dominio de las técnicas de investigación social, trabajar con el rigor correspondiente, mantener una práctica constante que le permita enriquecer sus experiencias y tacto para obtener e interpretar la información.

Un aparte sobre las nuevas tecnologías de informática y comunicación

El avance de las TIC´s amplía cada día más el caudal de información de la que puede servirse el ciudadano de modo directo para conocer sobre cualquier tema de su interés sea o no de actualidad. Un ciudadano medianamente instruido y con acceso a estas fuentes puede llegar en un tiempo relativamente breve a obtener un caudal informativo sobre un tema de actualidad superior al que le ofrecen los medios de comunicación social tradicional a su alcance.

Efectivamente, cuando se enciende la televisión en el canal noticioso seleccionado, o cuando se lee el periódico en la mañana o se escucha la estación matutina de radio preferida, no hay que emplear tiempo en seleccionar fuentes, los equipos especializados de estos medios se encargan de la tarea.

Sin embargo, para que se mantenga vigente esta relación emisor– receptor, debe existir no solo la credibilidad, la confianza del lector, oyente o televidente, sino que la información que ofrecen sature las exigencias y tenga el valor estético esperado. Si estos requisitos se incumplen, se debilitará progresivamente hasta perderse el contacto completamente. Se dirá entonces “ya no leo los periódicos” o “En mi casa ponemos la televisión solo para ver la pelota y las películas”.

Los medios tradicionales suelen tener hoy expresión en la Web, donde conviven con infinidad de páginas, blogs, redes sociales, etc. que allí proliferan. A la inversa es raro: una nueva página informativa en la Web difícilmente comience a salir también como periódico impreso. El espacio mediático tradicional, si bien ve reducida proporcionalmente su presencia en el espacio mediático total por el crecimiento de los medios alternativos no tradicionales, sigue siendo el dominio de los medios tradicionales. Pero lo que en estos medios se publique tiene el desafío de ser sustantivo, oportuno, interesante y atractivo, debe reunir las cualidades informativas y estéticas requeridas.

Lo que vale para el periodismo en general vale también para el de investigación cuyos resultados se comunican a través de los medios tradicionales.

La influencia del periodismo de investigación en el proceso de formación de la opinión pública sobre un tema dado está hoy en función de su capacidad de ser escogido, privilegiado como fuente más segura, aceptada, creíble, en medio de una enorme diversidad de productos informativos lanzados al espacio mediático, especialmente en la Web y sus variaciones resultantes del intercambio comunicacional entre las personas.

Palabras finales

Hay un camino desandado por los profesionales cubanos de la prensa en materia de periodismo de investigación; sin embargo, el periodismo cubano carece aún de una doctrina propia para el desempeño de esta modalidad de la labor periodística, debe precisar las regulaciones éticas para la especialidad y necesita de un cuerpo legal que le de el respaldo imprescindible para poder cumplir cabalmente su función social.

Un papel importante en este propósito pueden desempeñarlo los encuentros, talleres, coloquios y otras formas de interacción entre los profesionales del periodismo cubano que trabajan con esta modalidad.

El ejercicio del periodismo de investigación en Cuba tiene que ver también con el desarrollo de una subjetividad más rica, de una comunicación floreciente que contenga el diálogo en sus formas más activas y socialmente eficientes, necesita del apoyo y estímulo de los directivos de los medios de comunicación, de las instituciones políticas, sociales, estatales y gubernamentales, requiere respaldo en la defensa de las verdades descubiertas cuando ello sea necesario, precisa de una legislación que sustente el derecho de la población a conocer las verdades que descubra el periodismo de investigación y al periodista y grupo de periodistas que las revelen y que a la vez los obligue al cumplimiento de las normas éticas, profesionales y legales correspondientes para el ejercicio de su profesión.

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DE LA NOTICIA FACTUAL A LA INTERPRETATIVA, APROXIMACIÓN EN LA REALIDAD CUBANA

DE LA NOTICIA FACTUAL A LA INTERPRETATIVA, APROXIMACIÓN EN LA REALIDAD CUBANA

Dra. IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ,
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Editora de mesadetrabajo y del blog docente Isla al Sur.

La prensa impresa ha sido declarada en estado de extinción por no pocos prestigiosos autores, incluso algunos señalan la hecatombe para el 2020 -¡apenas restan cinco años!-, ante la avalancha indetenible de la Internet y sus mensajes transmitidos casi o en tiempo real, la posibilidad del ciudadano de ser receptor-emisor, la presencia de destinatarios que cada vez más se apropian de las nuevas tecnologías o ellos mismos forman parte de los denominados “nativos digitales” y las bancarrotas financieras de los medios por la pérdida de suscriptores, anunciantes y patrocinadores.

Sea cual fueren los fundamentos tecnológicos y financieros decisores del anunciado deceso, lo cierto es que la prensa impresa ya enfrentó similares augurios desde el nacimiento de la radio y la televisión y en todos los casos salió airosa porque inteligentemente reconformó su discurso. Este siglo XXI y sus expectativas comunicacionales es el nuevo desafío, y los que amamos los mensajes venidos en papel y peculiar olor a tinta, sabemos que será feroz la prueba si no se toma conciencia de la necesidad de encontrar otras maneras de comunicar los mensajes, hoy aferrados por lo general a registros factuales, fríos, descontextualizados y de escasa densidad informativa, para pasar a construirlos desde una perspectiva tridimensional donde queden armónicos los sustentos que dan cuenta de los hechos, su análisis, interpretación y confluencia de diversas y múltiples fuentes, en el intento de identificar al lector con la situación problémica que se le presenta, hacerlo sentir que es parte del engranaje que llevará a una solución o, al menos, voz que será escuchada y tenida en cuenta.

En ese empeño por fortalecer los saberes desde la esfera educativa y tributar así al ejercicio profesional se empeña el ámbito académico cubano. El presente trabajo, que constituyó tesis doctoral de la autora (Calzadilla, 2012) y seguimiento de la investigación de maestría (Calzadilla, 2006), se acerca a uno de los modos que pudieran contribuir a otra perspectiva en la presentación de los contenidos informativos, en este caso, la nota interpretativa -estadio superior de la noticia o información periodística-, una suerte de género-estilo que responde a las crecientes demandas transformativas para entregar productos comunicativos acordes con las exigencias de la sociedad. Esas miradas múltiples de la Periodística forman parte de los temas de investigación de los profesores de Teorías y Técnicas de los Lenguajes del Periodismo, a nuestro juicio un espacio de estudio que hoy ha mermado en sus seguidores, pues la preponderancia la llevan los más vinculados con la comunicología y las nuevas tecnologías.

El análisis comprendió la etapa de 2008 a 2012 y en él se integraron las conceptualizaciones y visiones de 37 expertos, especialistas, decisores y periodistas de la Isla, así como cuatro prestigiosos teóricos de Venezuela, Bolivia, España-Colombia y Uruguay. También se realizaron encuestas en dos periódicos diarios y dos semanarios, y a periodistas de diferentes medios en cinco provincias del país. Por último, la tesis se asentó en el universo del periódico Granma, el más importante de la Isla, y el semanario Trabajadores, ambos de alcance nacional. El material final hoy se procesa para la realización de un manual destinado a la docencia de alumnos de primer año de Periodismo, dada su actualidad.

El estudio de la nota interpretativa responde a la condición del periodismo como ente vivo que no puede renunciar a la incesante búsqueda de presentar productos comunicativos nuevos, es decir, maneras atractivas de hacer converger contenidos y continentes siempre en la deseable aspiración de atrapar al receptor. El mundo ha cambiado, cada vez más los hombres acceden a las informaciones por disímiles vías y quieren comprender los fenómenos políticos, económicos y sociales que les rodean.

En particular en el contexto cubano, los mensajes cobran su verdadera dimensión en un receptor cuyo grado de instrucción rebasa el nivel medio-superior de la enseñanza general, y es un lector que sabe situarse en el diálogo y la comunicación insertos en un contexto sociocultural, económico y político dado al debate.

Entonces, ya no es posible un destinatario que se conforme con el relato aséptico de los hechos, este de ahora requiere de otras lecturas, de textos que le permitan diseccionar los acontecimientos desde una propuesta explicativa, valorativa y proyectiva. Ello condiciona, además, la toma de otras decisiones, porque la organización de las redacciones debe someterse a una renovación profunda para responder a las expectativas.

El recurso interpretativo en la información periodística

“Las características básicas de la noticia son precisión, interés y actualidad. A esas cualidades se le debe agregar una cuarta, la explicación. ¿Cuál es la ventaja de un noticiero preciso, interesante y actual, si los lectores no lo entienden?”, dice John Hohenberg (1981, p.69). Es en ese propósito que encaja el profesor venezolano y pionero en la introducción de la interpretación en su país, Federico Álvarez (2010, p.161), cuando habla de la misión de servicio público de la información -tan maltratada por la comercialización inherente a la objetividad-, pues entonces aspira a convertirse en herramienta útil para la comprensión del mundo, y el periodista, a su vez, deja de ser un simple proveedor de novedades para ejercer la función de intérprete de la realidad actual. La información, asentemos el concepto, es la base del sistema cognitivo en la prensa.

El también Premio Nacional de Periodismo acota que el tratamiento objetivo, al imponer un enfoque restrictivo de los hechos aislados, dio lugar a la fragmentación del flujo informativo que se origina en un acontecimiento determinado. Habla de una “irracionalidad inherente a esta forma de presentar la realidad y las consecuencias que ella tiene en la imagen que el lector se forja del mundo. El hombre queda así en la misma situación de quien trata de reconstruir su rostro en un espejo roto”  (Álvarez, 2010, p.161).

No son pocos los autores que hablan de la desorientación a la que es sometido el receptor por una prensa aferrada a presentar el mundo desde la parcialidad, desde el hecho visto a partir de una objetividad sublimada por rutinas productivas, por haceres de la práctica que parecen querer borrar de la memoria la capacidad de reinterpretación de la realidad que poseen los públicos y su competencia para saber que no se “juega” limpio en la construcción de los mensajes. En esa “masa” -hoy exigente en la lectura aunque traten de presentárnosla solo como adicta a mensajes breves, a criptografías de la realidad-, operan pilares interiores y exteriores que trascienden el pensamiento lineal para incorporar que existen espacios y modos de relación donde son posibles escuchar las voces de los otros, y es viable el diálogo y la opinión para analizar conflictos bajo el prisma de la responsabilidad social.

La nota interpretativa –no debe llamarse información periodística, noticia, género con diferentes propósitos discursivos y estructura lógica en la disposición de los datos-, es el género-estilo menos empleado en la interpretación. También, el menos estudiado y poco explicitado didácticamente para su comprensión y posterior uso en los medios. Ella constituye, la mayoría de las veces, referencia acerca de que tributa a la interpretación sin dejar de pertenecer al estilo informativo; pero, incluso, en ocasiones queda la duda de si los autores se refieren propiamente a la información como género o como sentido y plataforma elemental del periodismo. A ello se suma que no suele ser despiezada en sus ejes internos, en los soportes que la estructuran, en los contenidos de la que debe ser portadora.

Esta situación se agrava cuando se intenta delimitar cómo debe ser su lead, confinándolo a que plantee elementos analíticos inmediatamente, como si en ella no fueran admitidos todos los tipos. Más que imponer ceñidores, habrá que equilibrar la intención hasta llegar a un texto que se proponga el análisis e interpretación de la realidad. Además, la nota interpretativa no solo tiene que dar cuenta de un hecho ya conocido como asevera la casi totalidad de la bibliografía consultada, sino también de una noticia, ¿o acaso no es ella misma la noticia interpretada, como la definió Álvarez? (2010). Este concepto interesante origina dos plataformas apropiables: noticia ya conocida que se analiza e interpreta, y noticia nueva que se analiza e interpreta. Otro tanto ocurre con la estructura del cuerpo en la que se proponen desarrollos argumentales sin suficiente flexibilidad en el  diseño.

Fue propósito de la investigación indagar sobre formas de realización de la nota interpretativa que rompan con el tradicional paradigma, toda vez que ha quedado demostrado desde la docencia en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana que son posibles nuevos enfoques y modos de legitimación, de cara a los retos que imponen las competencias profesionales en un siglo influido y condicionado por el auge de la información a velocidad extrema. Este de hoy es un contexto en que el lector quiere ser informado y también asimilar la persuasión lógica de los mensajes –información y opinión-, pero sobre todo, asume que es hora ya de sacar sus personales conclusiones a partir de la propuesta de las fuentes: desea sentirse un ente participativo, interlocutor, constructor de su realidad dada. Apuesta porque se le deje interpretar.

Desde la Academia no se pretende promover discusiones bizantinas, pues son respetadas las maneras propias de cada país y sociedad para dilucidar y emplear los modos del periodismo. Solo que es necesario, allí donde sea posible, pasar a hacer propuestas trasgresoras asentadas en lo evidenciado y en el compromiso pedagógico y social que compete.

El periodista y teórico brasileño Adelmo Genro Filho sostiene que existe “(…) un “grano de verdad” en que la noticia no debe emitir juicios de valor explícitos, pero es igualmente indiscutible que ese juicio va unido a la propia forma de aprehensión, jerarquización y selección de hechos, así como a la constitución del lenguaje y a la relación espacial y temporal de los fenómenos a través de su difusión” (2010, pp.48-49).

Si ese modo de ver se asienta en la información, la nota interpretativa se constituye, por su propia naturaleza, en una singular forma de acercamiento a lo real, de tal suerte que los acontecimientos sean percibidos, jerarquizados, ordenados, investigados, reconstruidos, explicados y valorados, para que no queden en una envoltura fenoménica y simple, sino que adquieran su valor significativo y hondo. De esa manera, la información deja de ser el hecho solo percibido por el reportero, para convertirse en una creación de múltiples fuentes, dispuestas todas a desempeñar su rol de mirada colectiva.   

Se propone un campo de transformación: los recursos de la interpretación puestos en una información periodística o noticia no repetidora de declaraciones de fuentes, sino que aporte los juicios lógicos y valorativos de “los otros”, la mirada de la sociedad en las palabras de protagonistas, testimoniantes, declarantes, expertos, especialistas, en una lista de tantas significaciones como sean necesarias para el análisis, explicación y valoración del conflicto.

La nota interpretativa empleará, aunque en graduación más contenida que en el reportaje, todos los soportes de la interpretación: hecho, antecedentes, contexto, predicciones, juicios analíticos, lógicos y valorativos, pero si bien el periodista será el conductor de su andamiaje como propuesta comunicativa, nunca aparecerán sus criterios de manera explícita, sino que los discernimientos estarán dados por las fuentes.

Este criterio difiere de no pocos autores que apoyan la interpretación manifiesta del reportero, aunque cuando conceptualizan la desligan de la opinión expedita de éstos. La propuesta de no aparición directa en la nota interpretativa es compartida por varios docentes cubanos, y ancla en la posibilidad de que los públicos sean quienes arriben a sus consideraciones, luego del periodista proporcionarle los elementos. Si el reportero interpreta y valora de manera abierta, está induciendo directamente. Incluso, hasta en el reportaje -género de mayor flexibilidad-, la interpretación y valoración del que escribe debe ser comedida. Es claro que la prensa debe ir hacia un desempeño explicativo de los complejos acontecimientos que se producen y, en esa explicación, el periodista estar atento a no traspasar barreras entre lo expositivo-descriptivo y lo opinático. Ahí, justamente, se sitúa el análisis y la interpretación de los hechos.

Para Enrique Castejón Lara, Premio Nacional de Periodismo en Venezuela, el juicio personal del periodista nunca ha constituido –y nunca lo hará- un “argumento” o prueba demostrativa dentro del proceso de interpretación. Agrega que el periodismo interpretativo representa, por su propia naturaleza, un “escudo” protector para los medios tradicionales frente a la avasallante competencia de los medios audiovisuales y electrónicos, capaces de reducir la inmediatez hasta la instantaneidad: “Frente a esa dura competencia solo queda la opción de la reflexión y explicación del acontecer noticioso” (Calzadilla, 2012, p.48).

Dar a las fuentes la responsabilidad de explicitar sus juicios es posibilitarles a ellas y a los receptores reconocerse y re-conocer su contexto, su momento histórico, darle sentido desde sus propios discernimientos a los conflictos en los que están inmersos, pues definitivamente dejan éstos de ser lejanos, de hallarse al otro lado de sus vidas, para quedar insertos en el universo de lo posible para todos. En ese drama de la búsqueda colectiva de respuestas, de las incorporaciones de razones concordantes o diferentes, está la afirmación de una identidad que se resiste a ser homogénea. El teórico español-colombiano Jesús Martín Barbero (2006, p.57) propone dar paso a una “heterogeneidad que no es mera diversidad, sino algo mucho más fuerte, hecho de inclusiones y exclusiones, de participación segmentada y de descentramiento”.

Ese es el ámbito estratégico que debe ganar la nota interpretativa, un modo de construir la realidad que permite entender con mayor discernimiento el contexto que vivimos y sus transformaciones y reconformaciones permanentes; y posibilitaría, sobre todo, desdibujar la asimetría entre las propuestas que incluyen cada día los medios en sus páginas, y el razonamiento que hacen sobre ellos los públicos desde los referentes que se les aportan y los propios. Esto favorecería el respeto hacia los receptores, algo que, en ocasiones, no suele viabilizar la prensa, sublimada en sí misma y en una verdad que, asumida como suya, pretende que sea universalista.

En ese razonamiento, Martín Barbero (2009, citado por Calzadilla, 2012) comentaba: “Cada país tiene sus propias trabas, sus propias encrucijadas, pero en última, es esto: el periodismo está al servicio de la gente, de un lector al que yo quiero mover, lo pongo a pensar, activo, con su capacidad de lector, de crítico, de cuestionador. Ese es el mundo que yo le estoy trasladando, si no es así, el periodismo se va a acabar porque, además, las nuevas generaciones están encontrando en Internet muchos caminos y otras maneras” (p.84).

El periodista Manuel Leguineche advertía (1992, s/p) en el diario español El País, que “los de la galaxia Gutenberg debemos aprender en estos tiempos a ajustar el tiro, porque la televisión en directo lo ha trastocado todo. ¿Para qué repetir lo que se ha dicho en la CNN? Cada vez pasan más siglos entre la transmisión de la CNN y tu artículo en el periódico y no digamos en la revista. Hay que decir adiós a la narración escenográfica de los hechos y escudriñar allí donde los objetivos de la televisión no llegan, descubrir antecedentes y consecuentes, atmósferas, ambientes, secretos”.

Confluencias y diferencias entre la información o noticia y la nota interpretativa

La información periodística o noticia y la nota interpretativa guardan puntos de contactos tanto de contenido como estructurales. En ambas confluye la necesidad de una noticia –ya sea inédita en el caso de la información, o inédita o conocida en la interpretación, como se explicó anteriormente-. Esa materia prima es su génesis.

Ambas parten de un lead, visto como elemento situado más allá del beneficio de la rápida lectura del hecho, connotación que tradicionalmente se le ha dado. Esta investigadora considera que el lead debe ser insertado en la dinámica de la singularidad del evento que se comunica, de manera que sea referencial para el contexto dado.

En cuanto al cuerpo, sostiene que existen tantos como sean necesarios para construir la información, someterlo a los moldes de la pirámide invertida sería proponer las consabidas redacciones estandarizadas que pululan en los medios y que desaniman la creatividad y el aliento personal de los periodistas. El cuerpo no puede ser la suma de datos de mayor a menor importancia. Más oportuna será una mirada que lo apropie desde el enfoque de la singularidad del hecho -su esencia-, a su generalidad, de manera que se ofrezcan datos necesarios para la situacionalidad de un tema. En el caso de la nota interpretativa, el cuerpo solo respetará las lógicas de un discurso holista, para ser entendido en toda su magnitud. Es un continente más adaptable, más plural.

El lenguaje es punto de mayor confluencia al continuar la tiranía de la tercera persona, la no intervención explícita del periodista, el alejamiento de adjetivos y adverbios. Es decir, hay una plataforma narrativa con un tono distanciado que no renuncia a su precisión, claridad y contención. En los verbos se produce una separación, pues mientras en la información o noticia serán más rígidos, exactos, en la nota interpretativa habrá mayor flexibilidad, plasticidad, indicarán posibilidad en no pocos casos.               

Si en la información las fuentes tienen una proyección más declarativa, en la nota pasan de declarantes a protagonistas situados en diversos niveles de percepción del hecho. Ellos, desde sus juicios y desde su colectividad como parte de un acontecimiento que se despieza y recompone armónicamente, muestran un rostro ideológico-humano, una persona, una historia. Las fuentes se convierten en personajes reales con los que el receptor puede decidir identificarse o no. Mientras en la información la fuente es una identificación que hace creíble el dato, en la nota alcanza su esplendor, pues suma y supera esa condición.

Sobre los juicios en la interpretación, María Jesús Casals (2010) los agrupa en analíticos, sintéticos, hipotéticos y disyuntivos, y también relaciona los juicios opináticos dividiéndolos en: de hechos, de intenciones y de valor. Esta categorización resulta interesante toda vez que los juicios lógicos relacionados son inherentes al análisis y la interpretación y pueden estar total o parcialmente en una nota, dependiendo de las exigencias del mensaje. En el caso de los juicios categóricos, solo estarán en voz de las fuentes.

En suma, si en la información periodística o noticia la realidad queda atomizada, en la nota interpretativa se va a las interioridades del cómo, para qué y por qué ocurrieron los hechos, y en ellos están presentes elementos de detalles, es decir, la noticia se muestra como un proceso integrado, con significados universales en su contenido en tanto producida por cosmovisiones múltiples, pero integradoras del fenómeno del que da cuenta. 

Aproximaciones a la nota interpretativa en Cuba

Para acercarnos al empleo de la nota interpretativa en Cuba, primero es necesario un recorrido por lo que los expertos consideran han sido las génesis de la interpretación como estilo en la Isla. Hablamos entonces de esas raíces que asentaron el ejercicio de un periodismo en profundidad en un contexto determinado, para luego ir evolucionando hasta la asunción de la escuela norteamericana de la década del 20 del pasado siglo y la irrupción de la Fórmula Time, hasta finalmente acercarse a estructuras más contemporáneas y armónicas con las particularidades del periodismo nacional.

Una pesquisa realizada con este fin en el 2011-2012 a académicos, expertos, especialistas y periodistas vinculados con la materia en diferentes momentos del decursar de una carrera ya cincuentenaria, advierte más discordancias que convergencias, lo cual no es necesariamente un resultado negativo sino, antes bien, una muestra de diversidad de opiniones tendientes a escudriñar responsablemente en el pasado.

Así, tomando como referencia un grupo de respuestas (Calzadilla, 2012) a modo de pautas, los orígenes transitan un diapasón tan vasto que incluye tanto la tradición ensayística cubana que apelaba a la información multilateral y de antecedentes para tratar de influir sobre los destinatarios del mensaje, hasta la aparición del diario El Mundo a principios del siglo XX y la influencia que en cierta medida tuvo de la revista Times y su célebre fórmula que da origen al periodismo interpretativo.

Manuel Martín Serrano (2006) afirma que las teorías avanzan o se detienen, derivan por unos u otros caminos impulsados o frenados por circunstancias históricas. Tomando esta referencia para el entorno cubano, justo hay que decir que en el gremio se desarrolla escasamente la interpretación y menos aún la nota interpretativa, y ésta casi siempre de manera intuitiva, sin que la mayoría de los periodistas –sobre todo los menos jóvenes- puedan conceptualizar qué es y cuáles son sus propósitos. Realmente es un espacio poco menos que virgen en su asimilación.

Desde el análisis de esta autora, el contemporáneo que más se aproximó a conceptualizarla fue José Antonio Benítez (2006), en lo que llamó la noticia integral. Para él, integralidad quiere decir incorporar elementos –antecedentes, relaciones, repercusiones, referencias geográficas e históricas, ambiente histórico, político, psicológico, educativo, cultural, crítico- que permitan comprender en toda su importancia y trascendencia los hechos que se narran. El teórico, formado en la escuela norteamericana de la objetividad e imparcialidad, también debió beber de las corrientes de la interpretación; sin embargo, no asume esta postura para la redacción o estructura de la información o noticia, haciendo mucho énfasis en la concreción de los leads tradicionales y la pirámide invertida. No obstante, la plataforma  reflexiva que expone es muy similar y avanzada para su tiempo, tanto, que es uno de los clásicos cubanos más referenciados por estudiosos iberoamericanos.

Resultados

Desde la experiencia docente de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, los profesores que imparten la asignatura de Periodismo Impreso II concuerdan en que en la nota interpretativa el juicio y la intención del periodista va siempre de una manera implícita y no explícita, pues es el autor quien, en definitiva, lleva las riendas de su construcción y tiene un propósito definido. Decir que en la nota interpretativa no está presente de ese modo la opinión del periodista, es tanto como preservar el mito de que somos objetivos e imparciales en la nota informativa.

En cuanto al estilo interpretativo en general, hay consenso en que continuar avecinando la comprensión de la interpretación en el camino intermedio entre la información y la opinión es seguirla disminuyendo como estilo con objetivos propios, con metodologías de la investigación que le son consustanciales y que se deslindan de los recursos empleados en los dos estilos más consolidados, el informativo y el opinático. Es perpetuarla en la indefinición que da pie a que no pocos afirmen que ella propicia la manipulación del mensaje, cuando antes bien, contribuye a otorgarle credibilidad y verificabilidad, en tanto va sostenido de fuentes correctamente inidentificables.

A partir de los resultados de cinco años de investigación, extendidos hasta la actualidad para determinar posibles tendencias de evolución, involución o estancamiento, es posible considerar:

----Aunque la interpretación es un estilo que tributa al género de la información o noticia, esta no se explicita y ejemplifica suficientemente en la literatura consultada. Queda más bien en el entorno de lo referencial que en lo conceptual y práctico.

----La información periodística o noticia, en su estadio superior, la nota interpretativa, trasciende el mensaje factual, privilegia los significados, valora los sucesos a partir de múltiples miradas que proporcionan las fuentes, y el periodista actúa como conductor de un mensaje intencional desde una posición implícita, para ofrecer la realidad en su amplia dimensión; pretende que el lector arribe a reflexiones propias, fomentando el análisis en un deseable modelo de periodismo dialógico.

----En Cuba, el estudio realizado y el seguimiento que al mismo se da desde la Academia, permite considerar que la nota interpretativa podría ser una propuesta comunicativa que rebasara los apuntes datísticos, y la unidireccional del mensaje para dar acceso a las interioridades del cómo, para qué y por qué ocurrieron los hechos.

----Hoy, en la prensa cubana es escaso el empleo de la interpretación en los medios impresos diarios y, en particular la nota interpretativa, casi inexistente.

----Entre los factores principales que gravitan en la  no realización de la nota interpretativa como práctica generalizada en Cuba, en este caso en el periodismo impreso, están el uso instrumental que con frecuencia se hace de la prensa, la no comprensión de su estructura por parte de decisores de medios, y la tendencia a la no ejercitación y empleo de determinadas técnicas de la investigación.

----La nota interpretativa posibilitaría realizar productos comunicativos que ofrezcan los fenómenos en su dimensión argumentativa, deslindándose,  de presentaciones reduccionistas, directas y descriptivas, sin contextualizaciones sólidas, como ocurre aún en la Isla. Permitiría mayores grados de satisfacción en cuanto al conocimiento de la realidad, en tanto brinda análisis que parten de la documentación, seguimiento informativo, diversidad de puntos de vista, cruces de fuentes mezcladas intencionalmente. La nota interpretativa se constituye en mensaje concebido desde la horizontalidad; es un periodismo que reconstruye el pasado, sitúa el hecho en su presente y se atreve a dar señales futuras.

----La consumación de este estilo-género todavía no consigue constancia. Sobre ello hay que subrayar también la influencia de las limitaciones de espacio en los medios, la pereza y el facilismo con los que se reproducen notas oficiales e institucionales sin incorporarles al menos elementos de la interpretación.

----La nota interpretativa precisa de técnicas, de metodologías, de investigación; de una disposición del reportero para saber contenerse en aras de que las lógicas emerjan en los textos, que nada quede en la ensambladura de lo impuesto por una u otra voz, y que no existan cabos sueltos en la indagación. 

----Los periodistas consultados no suelen realizar notas interpretativas, pero reconocen que los elementos interpretativos son fundamentales en el quehacer actual, pues no deben limitarse a informar y describir, sino que deben enfocar el trabajo a dar el sentido y el contexto en el que se producen las situaciones.

----Uno de los aportes principales del trabajo es contribuir a fomentar el interés tanto por el estudio como por la puesta en práctica de un estilo-género llamado a desempeñar un protagonismo en la prensa impresa periódica, toda vez que ese soporte mediático perdió la inmediatez y el resto de las plataformas contemporáneas del periodismo le imponen dar espacio a productos comunicativos que indaguen en las causas y expliquen los acontecimientos que ocurren y los ciudadanos necesitan conocer en amplitud.

Conclusiones

En el acontecer actual de los medios cubanos se percibe un sustrato de no conocimiento cabal acerca de la nota interpretativa. Para los reporteros, quizás el freno mayor sea la no claridad de definiciones académicas, la falta de interés por no considerar justamente su valor, la tendencia a la no ejercitación y empleo de determinadas técnicas de la investigación y cuestiones de espacio.

La nota interpretativa es en los medios impresos cubanos una rara ave que de vez en cuando asoma, casi siempre desde las cimentaciones de la lógica del buen hacer periodístico y no desde la conciencia de que ella existe como una forma integradora de construir mensajes más sólidos y complejos en su propuesta para entender el mundo.

Pero para arribar a determinados resultados en el campo del saber académico y el hacer práctico en la Periodística, también hubo que apropiarse del camino de las mediaciones que intervienen en la construcción de la nota interpretativa y que van desde las internas como las condicionantes estructurales, organizativas y también las cognitivas, hasta  mediaciones externas desde las visiones de los decisores de políticas informativas y la propias fuentes.

No puede entonces realizarse un estudio cabal sin que se deslindasen las múltiples condicionantes y articulaciones que se dan en la creación periodística y son consustanciales a todo el periodismo como sistema integrado. Separar un aspecto de otro, priorizar fenómenos, no pareció válido, pues los agentes mediadores del proceso comunicativo conforman una interrelación de escenarios externos e internos que se permutan de forma interminable y también por momentos puntuales, siempre de manera dinámica.

Entonces, y aunque no es objeto de este artículo, es válido aclarar que tras del acto de la nota interpretativa como suceso concreto, como elaboración de producto periodístico para ser entregado al lector, existe una suerte de ADN que lista condicionantes estructurales y organizativas vinculadas, entre otras, con la organización del proceso, perfil editorial, red de fuentes, determinación de la agenda temática, establecimiento de los acontecimientos noticiables, selección de la información, fijación del tratamiento informativo o interpretativo y documentación; hasta condicionantes cognitivas que incluyen ideología y cultura profesionales, competencia profesional, posibilidades de los reporteros para instituir en el medio de forma cotidiana su hacer, y regulación y autorregulación; como también condicionantes externas vinculadas con decisores de políticas informativas, orientaciones y fuentes.

De ahí que esta investigación hizo hincapié en esos aspectos desde una ruta que en el primer momento los analizó desde una perspectiva general hasta la valorización particular, y después, ya en el análisis de los resultados, se acercó a lo particular para concluir en lo general y universalizar los resultados.
Sin la comprensión de ese macrouniverso, la construcción de la nota interpretativa quedaría solo en referentes factuales de técnicas y habilidades aprendidas desde el instrumentalismo de las prácticas y no desde las visiones cosmogónicas de una profesión transversalizada por mediaciones.

Referencias:

Álvarez, F. (2010). La información contemporánea. Caracas: Agencia Venezolana de Noticias.

Benítez, J. A. (2006).La noticia integral. La Habana: Pablo de la Torriente.

Calzadilla Rodríguez, I. (2006). La nota. Tesis en opción al grado de Máster en Ciencias de la Comunicación Social. Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Calzadilla Rodríguez, I. (2012). La nota: de informar a explicar. Estudio acerca del empleo de la nota interpretativa en los medios de comunicación impresos cubanos Granma y Trabajadores. Tesis doctoral no publicada. Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Cuba.

Casals, M. J. (2010). El arte de la realidad: prospectivas sobre la racionalidad periodística. En Revista Estudios sobre el Mensaje Periodístico, no. 5, 37-62.  Recuperado de: http//revistas.ucm.es/index.php/

 ESMP/article/view/ESMP9999110037A

Castejón Lara, E. (2010). Entrevista personal. En: La nota: de informar a explicar. Estudio acerca del empleo de la nota interpretativa en los medios de comunicación impresos cubanos Granma y Trabajadores (2012). Tesis doctoral no publicada. Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Cuba.

Genro Filho, A. (2010). El secreto de la pirámide. Para una teoría marxista de periodismo. Caracas: Agencia Venezolana de Noticias.

Hohenberg, J. (1981).El periodista profesional. Río de Janeiro: Editorial Interamericana.

Leguineche, M. (1992).Galaxia Gutenberg. En Diario El País. 4 de mayo, s/p. Madrid, España.

Martín Barbero, J. (1998).Euforia tecnológica y malestar en la teoría. Colectivo de autores. En: Comunicología. Temas actuales (2006). La Habana: Félix Varela.

Martín Barbero, J. (2009). Entrevista personal. En: La nota: de informar a explicar. Estudio acerca del empleo de la nota interpretativa en los medios de comunicación impresos cubanos Granma y Trabajadores (2012). Tesis doctoral no publicada. Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Cuba.

Martín Serrano, M. (1990).La epistemología de la comunicación a cuarenta años de su nacimiento. Colectivo de autores. En: Comunicología. Temas actuales (2006). La Habana: Félix Varela.

TITULAR AL LÍMITE DE LO POSIBLE

TITULAR AL LÍMITE DE LO POSIBLE

Lic. IVÁN MORALES MORALES,
Periodista de Radio Rebelde,
Cuba.

¿Son adecuados o no los títulos Genéricos y los Llamativos para todos los géneros, o se establece diferenciaciones en su empleo? Esta es la disyuntiva siempre presente a la hora de las definiciones en el área de la Periodística y en la investigación Titular al límite de lo posible (tesis en opción a Licenciatura), no solo hacemos referencia a la propuesta que defienden varios autores nacionales y profesores como Tomás Lapique, Julio García Luis e Iraida Calzadilla, sino que también construimos el marco conceptual a partir de que asumimos criterios de expertos extranjeros como José Manuel Zorrilla Barroso, Emilio Alarcos Llorach, José Luis Martínez Albertos, Antonio López Hidalgo, entre otros. Este último se aventuró a concertar una categorización que agrupa a las restantes.

En consonancia con nuestro interés investigativo (aplicado en las páginas deportivas de los medios de comunicación Granma, Juventud Rebelde y Trabajadores), resultó oportuno considerar –entre tantas- la variante formulada por el profesor de la Universidad de Sevilla, Antonio López Hidalgo. La misma puede resumirse en: expresivos, apelativos, informativos, enunciativos o temáticos, creativos o llamativos y de actos de habla.

La definición de denominaciones genéricas se enmarca aquí en los enunciativos o temáticos. Diferente enunciación, pero mismo significado. En tanto, los llamativos sí tienen puntos de contacto en las aportaciones de cada uno de los autores consultados.

En el periodismo no existen camisas de fuerzas o esquemas llegado el momento de titular. No es menos cierto que algunas clasificaciones encuentran mayor respaldo en unos géneros por sobre otros. Pero esto no indica necesariamente que sean líneas inquebrantables. Los márgenes de los distintos tipos se tornan difusos cuando de enmarcar un título se trata, sobre todo, porque en el bregar constante los redactores no suelen tomar en cuenta qué categoría utilizar.

López Hidalgo plantea al respecto que los géneros informativos pueden contener denominaciones de diferentes clasificaciones. “Los encabezados enunciativos o temáticos en lugar de identificar el contenido del texto como si fuera un nombre propio de la secuencia temporal a la que el trabajo se refiere, enuncian o mencionan genéricamente los temas sobre los que versa el escrito. O sea, son a su vez informativos”. Sirven para identificar artículos editoriales y reportajes especiales, aunque en este último caso también se pueden emplear los llamativos, afirmaba en 1973 Lapique.

Mientras, los creativos o llamativos “conquistan el interés, despiertan la curiosidad, incitan para que se avance en la lectura”, sostiene Calzadilla, para quien la titulación, en tanto cumpla su cometido de puesta en escena de la información que encontrará el lector en el texto, pueden estar presentes todas sus manifestaciones en cualquiera de los géneros periodísticos, siempre que respondan justamente a los contenidos.

A su vez, Lapique reafirma que algunas veces en forma jocosa, otras sarcástica o, simplemente con una imagen atrayente y sugestiva, los creativos o llamativos son usuales en las informaciones o reportajes especiales, sobre todo de las revistas que no pueden destacar una noticia ya divulgada por los periódicos.

Julio García Luis (2002) brinda sus consideraciones en torno a las distintas clasificaciones de acuerdo a los géneros que encabezan. A la noticia, y también en muchas ocasiones al reportaje y a la entrevista, le corresponde un título informativo. Aunque, pueden estar dotados a su vez de otras tipologías. No existen fórmulas cerradas al respecto. Todo se encuentra en el interés del redactor por captar la atención de la audiencia y sus habilidades creativas para lograrlo: “Al artículo, por el contrario, le corresponde un título más plástico, más variado, más libre en la estructura y orden de sus elementos que, como norma, podría clasificarse en alguna y a veces en más de una de estas tres categorías: llamativo, enunciativo y exhortativo”. López Hidalgo (2001) añade que “la crónica, por su parte, puede poseer una denominación informativa, creativa u opinativa”.

En nuestro entorno mediático, los títulos enunciativos o temáticos muchas veces aparecen atados a textos informativos. La línea discursiva que propugna la publicación y los públicos a quienes dirigen sus mensajes juegan un papel determinante en este aspecto. Mientras que los llamativos se asocian a las entrevistas, las columnas o los reportajes. No necesariamente se deben establecer diferenciaciones marcadas, pese a que algunos autores abogan por ello.

En el caso particular de los medios impresos de circulación nacional observados, hay divergencias notables para asumir los criterios de titulación. Mientras unos abogan por rehuir a las denominaciones netamente informativas, aquellas del estilo clásico que comienzan con el verbo y resultan una salida fácil cuando el tiempo apremia, en otros halla profusión la creatividad y el ingenio, pese que anuncian relatos noticiosos.

Los genéricos poseen una encomienda más establecida, acorde a los géneros informativos e interpretativos que denominan. Para los opinativos existen otras categorizaciones más factibles. Mientras que los llamativos sí pueden ser utilizados indistintamente. Las distancias entre unos y otros no son insalvables, sino más bien movibles y de fácil ajuste de acuerdo con la intención del creador.

Epígrafe, Título, Bajante

Otro aspecto a analizar dentro del contexto del título es la propia titulación del trabajo tomando en consideración sus integrantes básicos de Epígrafe, Título y Bajante. Cada uno de los componentes que conforma el encabezamiento tipográfico debe estar construido de forma que no dependa sintácticamente del resto y que su supresión no afecte el contenido del conjunto, como apunta López Hidalgo.

Epígrafe, Título y Sumario constituyen una tríada de elementos que se erigen para el redactor como instrumentos donde se exponen otras ideas fundamentales que no pueden ser incluidas en el encabezado, y le permiten al lector una comprensión más exacta de todo cuanto encontrará desarrollado posteriormente en el relato.

Para Calzadilla, el epígrafe es el texto que antecede al título, casi siempre con menos palabras que este. Constituye lo temático o lo genérico del hecho que se narra. Sintácticamente no debe estar ligado al titular. López Hidalgo sostiene que el titular es el elemento más importante del encabezamiento alrededor del cual giran el resto de los componentes, aquellos que complementan su función dentro del producto comunicativo. Debe contener lo esencial de la noticia y resumir los elementos fundamentales de la entrada del trabajo. Y para Miriam Rodríguez Betancourt e Irene Trelles, mientras el sumario o bajante se utiliza para “facilitar la comprensión de informaciones complejas. Subraya tanto elementos propios de la noticia como otros relacionados. Posee independencia conceptual con el resto del trabajo”.

La totalidad de las propuestas teóricas consultadas concuerdan en la necesaria independencia que debe existir entre estas tres unidades, y resaltan la importancia de no repetir términos o ideas en cada uno de ellos para evitar ser redundantes.

La posible dependencia entre título y sumario en ocasiones en la prensa nacional cubana tiene que ver con el rol que se le asigna a estos elementos. Es una relación de ambos entre líneas, donde el segundo sea el complemento necesario del primero, sin que ello ponga en juego su obligada autonomía en la estructuración del contenido. 

Consideramos que esta tríada no debe conformarse como módulos supeditados unos a otros, tal y como sucede en algunos casos. Sus distancias obedecen a aspectos sintácticos y de estilos, debido a que su exclusión de la plana por cuestiones de espacio no ponga en riesgo la visión del cronista sobre los hechos. Entre ellos debe existir un vínculo cómplice, imperceptible ante la revisión minuciosa del receptor más avezado.   

Contexto-hipertextualidad en la comprensión del título

La apropiación de elementos de la realidad cotidiana es uno de las estrategias más utilizadas por los redactores para contextualizar sus titulares y hacerlos más asequibles –que no necesariamente es sinónimo de comprensible- a sus lectores. Esto se aviene sobre todo a los titulares llamativos.

En relación con las taxonomías temáticas de esta clasificación algunos autores incluyen otras categorías al interior de dichos grupos. Lapique segmenta el título llamativo atendiendo a diversos parámetros en: “jocoso, sarcástico, novelesco o de película, frase popular antigua o de actualidad, expresión de duda, sorpresa o interrogación”. García Luis añade el retruécano y la paronimia, y una frase o exclamación, tanto histórica como de actualidad.

Encabezar los relatos periodísticos para un público especializado brinda ciertas libertades, fundamentalmente lingüísticas. La audiencia maneja determinados códigos que permiten al periodista apoyarse de vocablos técnicos. Es por ello que en ocasiones, en busca de una creatividad que se diluye en construcciones vacuas y sin sentido, sostienen sus ideas sobre la base de estructuras elaboradas a partir de fragmentos de canciones de moda, nombres de películas u obras literarias, o la parodia a frases populares. Bien utilizadas resultan de mucha utilidad. De lo contrario, pueden provocar la desatención a un texto noticioso relevante.

Mientras algunos autores prefieren que las personas lean un encabezamiento que se apoya en títulos de novelas o libros, y fragmentos de canciones que están en la preferencia popular, antes de extraerlo de alguna frase del discurso, otros señalan como uno de los valores básicos del título su contextualización. No solo sitúa al receptor sobre el tópico a tratar, sino que hace las denominaciones más atractivas e incita a su lectura. No obstante, Joel García, periodista y profesor cubano, manifiesta que “en ocasiones se abusa de lo simplista. Estos trucos pueden funcionar, pero no deben traerse por los pelos al contexto, pues denotan falta de preparación de su creador”.
Sin duda, apropiarse de elementos del contexto le otorga realce a las denominaciones y la hacen más asequible a todos los públicos. Empero, algunas de las redacciones analizadas trastocan el camino y disminuyen el nivel de su discurso. Enriquecer el lenguaje no es permearlo de frases hechas o facilistas, sino concebirlo como un poderoso elemento que influye notablemente en las habilidades expresivas de la audiencia. El cronista deportivo –y todos en general- debe tomar en cuenta el público para el cual escribe y no menospreciarlo. Aprovechar correctamente las bondades del idioma y mezclarlo con ingenio y chispa hacen de la hipertextualidad una delicia, e incitan a degustar el relato de principio a fin.   

 

LA CRONICA PERIODISTICA: AMPLITUD Y DIVERSIDAD

LA CRONICA PERIODISTICA: AMPLITUD Y DIVERSIDAD

Dra. MIRIAM RODRÍGUEZ BETANCOURT,
Premio Nacional de Periodismo José Martí,
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En mis acercamientos al estudio de la crónica periodística he notado una tendencia dañina para su propio desarrollo y ejercicio en nuestro Periodismo, y que, creo, parte de una concepción  esquemática: considerar como crónica, en puridad, solamente a un tipo de ella: la que aborda un hecho o personaje  que conmueve al periodista quien expresará, entonces, su sentimiento con un cuidado  estético mayor del  lenguaje en el que prima la emoción.

Considero que esa tendencia se basa, en primer lugar, en el  origen del género el cual “aprovecha una tradición literaria e histórica de largo y espléndido desarrollo para adaptarla a las páginas de la prensa”, como apunta el profesor español Juan Cantavella (1), huella que  le acompaña a pesar de la amplitud temática de sus objetos de información y la especificidad que ha ido adquiriendo como género periodístico (1).

El  uso recurrente del yo, como presencia implícita o explícita del narrador, del testigo, del protagonista también; el colorido, la emotividad, la evocación, que están inscritos en la  crónica desde su aparición en la historia, son atributos que no perdió en su sucesivo desarrollo y adaptación al  periodismo, aunque por la diversidad de objetivos, enfoques y  teorías para la comunicación periodística,  encontramos  crónicas  más apegadas a los hechos noticiosos.  Pero aún así,  el género mantiene ese tono personal, emotivo, subjetivo en cualquiera de sus tipos, aunque no con el mismo grado de intensidad.

Otro factor causal sería la  indefinición de las definiciones sobre crónica periodística. Un somero recuento  al respecto  nos llevaría a dar la razón al colega Rolando Pérez Betancourt  cuando la calificó como un género jíbaro, es decir, escurridizo, inatrapable.

No en balde, uno de sus más acuciosos estudiosos, el ya mencionado Juan Cantavella, apunta “la notable  amplitud del campo semántico del término crónica y la diversidad de conceptos que de él se desprende”, lo malo, dice él, es que dentro del periodismo no se han llegado a establecer exactamente sus características y aplicaciones, con lo que crece la confusión (2).

Veamos algunas  definiciones que, en mi opinión, esclarecen bastante el concepto, por su  precisión y alcance y, sobre todo por su enfoque integral:

Según el profesor Jesús Arencibia, “la crónica es el género periodístico-literario con antecedentes en la historiografía que destaca por su complejidad y libertad estilística, en el cual pueden confluir la narración de hechos, la visión emocional de la realidad, y la capacidad analítico-descriptiva para valorar los fenómenos (3).  Y Julio García Luis dice que ella ilumina determinado hecho o acontecimiento “(...) sin acudir a una argumentación rigurosa, formal, directa, sino mediante la descripción de la realidad misma, de alguna pincelada valorativa y del manejo de factores de tipo emocional” (4).

El venezolano Earle Herrera, brillante periodista y escritor, en su libro "La magia de la crónica", coincide con su colega cubano en cuanto a la flexibilidad con que hay que abordarla,  precisamente por su tránsito periodístico que rompe con pautas y normas rígidas no sólo para este género, sino para todos: “(...) hoy  (la crónica) no es una simple narración cronológica ni tampoco la pura versión informativa de un hecho.  Pudiendo contener ambas cosas (...) ha de tener otras características para ser considerada propiamente crónica: ambientación, fuerza expresiva, cierta atmósfera que puede ser poética, evocativa o sugerente de algún estado de ánimo; tono humorístico o irónico y algo que le da el talento y el estilo de cada autor.“ (5).
 
Los estudiosos de la crónica concuerdan en que si la definición de este género es bien controvertible, su tipología y consecuente clasificación lo son más aún.  El olvido, desconocimiento o subestimación  de tal variedad, influye también en el empleo recurrente de un solo tipo de crónica.

 
Según el tema, la crónica puede ser deportiva, parlamentaria,  judicial, de espectáculos, de enviado especial,  policíaca , religiosa,  de guerra, política, de ambiente, literaria, y siguen muchísimas más, que, a su vez, se subdividen, como es el caso de la crónica de sucesos; la de sociedad o social.

Se  añaden  otros tipos: la doctrinal, la artística, biográfica, la descriptiva y la utilitaria. Especial atención recibe en los textos y manuales, la crónica viajera o de viajes, tan vinculada al origen mismo del género. Por su enfoque, puede ser general, especializada, analítica, sentimental, humorística, de remembranza, histórica, de interés humano, costumbrista, local.

Julio García Luis, con la lucidez que le fue habitual, lo expresó claramente: “acometerla (la  clasificación) con empeño ortodoxo es un ejercicio estéril porque, de  acuerdo con el ángulo que  se adopte, ya sea el tema, el estilo, la forma de presentación  en el periódico las conclusiones pueden ser muy diversas”(6).

No pocos autores coinciden en que existen tantos tipos de crónicas como cronistas en el ancho mundo periodístico (7). Tampoco en cuanto a su estructura se pueden consignar criterios unánimes.   Algunos recomiendan emplear la estructura cronológica de narración,  pero  esta indicación no puede ser tomada al pie de la letra, todo dependerá, en buena medida, del tema abordado y del estilo de cada cronista.


Otros, y cito a Martínez Albertos,  proponen que las crónicas se realicen con  “el esquema estructural de los reportajes de acción (Action  Story), tal como se suele hacer en el mundo anglosajón, esto es, comenzar por lo que el periodista considere lo más  importante y después seguir aportando datos que permitan un completo entendimiento del suceso y su proceso evolutivo en el tiempo” (8).

Cuando pensamos en la crónica como el único o el más privilegiado género en que es posible emplear con más libertad recursos literarios, estamos privando a los restantes de posibilidades  creativas, lo que responde también a otro criterio dogmático, en tanto se niega, de hecho, la  variedad de registros que constituyen la realidad de la comunicación lingüística, como apunta Angulo Ruiz (9) y, en consecuencia, ello disminuye al periodista en su integralidad desde el punto de vista expresivo.

En resumen, cualquier tipo de crónica debía atender a los siguientes principios, recomendados por la mayoría de los estudiosos del género:

Relatar con apego al orden temporal.  Lo recuerda Gargurevich: “el tiempo es la primera dimensión que encierra el concepto de crónica” (10).

En este sentido, coinciden los expertos: la crónica observa un orden cronológico, incluso  aún cuando  no se relate en orden secuencial estricto.

Conservar el matiz personal, y cuidar el tratamiento expresivo. Estas son, justamente, características sobre las que hay mayor consenso, aunque no unanimidad, que ya se sabe lo difícil que resulta en lo que se refiere a los géneros periodísticos.

No importa si el cronista trata un asunto pasado o actual, si su lenguaje es de alto vuelo poético o de rasante dimensión informativa, lo que describe y comenta, lo que se traslada en fin, surgirá de íntima visión como del pincel del pintor que interpreta la naturaleza, prestándole un acusado matiz subjetivo, sentencia  el maestro Vivaldi.

Es cierto, como he venido afirmando, que no todas las crónicas exigen el mismo grado de tratamiento literario ni de subjetividad, pero el periodista no puede olvidar que él no es una simple taquígrafo de la realidad, sino su intérprete, y que tiene que disponer, precisamente, de los más variados recursos expresivos para, con mayor o menor calidad literaria, con mayor o menor acierto,  dar cuenta de esa realidad  en cualquier género.

A MODO DE CONCLUSIÓN 

Algunos autores afirman que  la crónica no es un género para empezar con él en cuanto se llega a una redacción, pero  tampoco hay que temerlo ni dejarlo a un lado porque se piense que sólo se halla al alcance de los muy veteranos o “literatos”. No es fácil   porque demande mayor rigor en el tratamiento expresivo sino porque no se limita a informar, sino a interpretar y explicar los sucesos sobre los que está dando noticia,  desde la observación, la reflexión y la experiencia (11).

Por su confluencia con otros géneros como la información o noticia, el reportaje, y el comentario, se hace necesario encontrar el punto de encuentro entre todos estos que es, justamente, en el que ella se sitúa.

En cuanto a su enseñanza, presenta similares dificultades a las que afrontamos con otros géneros; en definitiva, sus  exigencias no son tan radicalmente diferentes.  En todos hay que saber contar una historia, describir un ambiente, desarrollar la observación, expresar las ideas con claridad.

La estructura de la crónica goza de mucha libertad para su conformación. Se pueden enseñar -y aprender- las técnicas narrativas, de redacción, las elegancias del lenguaje, y los elementos que conducen a la síntesis. Lo que no se puede enseñar es el talento, la creatividad, que son “materias” de otro tipo (aunque sí hay métodos para estimularlas, porque a veces están dormidas y no siempre por falta de talento sino por el simple hecho de no ponerlas a prueba).

En fin, el problema  no es tratar a la crónica, por su ambivalencia  y amplitud, como un cajón de sastre, ni tampoco recluirnos en la rigidez de una clasificación limitada, sino entrar en ese bosque a encontrar las múltiples especies que, en su diversidad, enriquecen los senderos. Y estudiarlas con una mirada crítica, ajena a cualquier camisa de fuerza apriorística, y argumentar, estudiar y opinar.  Así es como se adelanta, en este ámbito y en cualquier otro, aunque se  rectifique, polemice o disiente que,  por cierto, es lo mejor que puede pasar.

Notas:

(1) Cantavella, Juan: “La crónica en el Periodismo: explicación de hechos actuales” en Redacción para periodistas: informar e interpretar”, Cantavella, J. y Serrano, José F. (compiladores) Ariel, Barcelona, 2004, pag. 395.

(2) Ibídem, p.396.

(3) Arencibia Lorenzo, Jesús “El borrador del futuro”. Tesis de maestría,  Biblioteca de la Facultad de Comunicación, 2012.

(4) García Luis, Julio, c.f. Rodríguez Betancourt, Miriam en Acerca de la crónica periodística, Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 1990.

(5) Herrera, Earle.  “La magia de la crónica” Universidad Central de Venezuela. 2da. Edición.  Caracas, 1991  p.112.

(6) García Luis, Julio, “Géneros de opinión”, 1ra.edición, Organización Internacional de Periodistas, Praga, 1987, p.133.

(7) Earle Herrera, Julio García Luis, Luis Sexto, Juan Cantavella, entre otros.

(8) Martínez Albertos, José Luis  “Curso General de Redacción Periodística pp.349  350.

(9) Angulo Ruiz, Luis  ¿Existe un lenguaje periodístico? En Gargurevich, Juan, “Géneros Periodísticos”, Editorial Pablo de la Torriente, La Habana.        

(10) Cantavella, J. ob.cit., p.397.      

 

 

¿SUCUMBIRÁ EL PERIODISMO IMPRESO?

¿SUCUMBIRÁ EL PERIODISMO IMPRESO?

El profesor español José Luis Martínez Albertos asegura que ante la aparición de las nuevas tecnologías, el periodismo tradicional -con énfasis el impreso- podría morir hacia el año 2020. Otras visiones aseguran que el último de los impresos estaría viendo la luz en el 2048, al menos en Estados Unidos.

Dra. IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ,
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana, y del Instituto
Internacional de Periodismo José Martí.
Editora de mesadetrabajo.

La prensa impresa periódica en los últimos 90 años ha vivido en permanente profecía de holocausto. Uno de los detonantes más dramáticos y cercano, que movilizó a tirios y troyanos empeñados en el oficio de oráculos, se dio el 1 de enero de 2007, cuando el periódico sueco Post Och Inrikes Tidningar –el más viejo del mundo en circulación ininterrumpida desde 1645-, cerró su versión en papel y abrazó, acaso definitivamente, la era hipermedia.

Pero el periodismo impreso, que gozó por más de cuatro siglos de reinado absoluto desde que vio la luz el primigenio Nuremberg Zeitung en 1457, Alemania, desde que la radio en 1922 irrumpió poderosa en su vertiente comercial e inundó con voces y sonidos los espacios del hogar acompañando ya para siempre a los públicos, comenzó el vía crucis de premoniciones de muertes. Pero con la radio, el periodismo impreso negoció estrategias discursivas y reajustó paradigmas tradicionales para emerger nuevamente como medio comunicativo necesario al hombre moderno.

Otro susto le llegó en 1927 con las primeras apariciones públicas de la televisión. Y si la radio atrajo en su vocación permanente de compañía a despecho de casi toda circunstancia, la televisión fue la eclosión de imágenes y sonidos cual si se percibiera la realidad misma y pareciera vivirse los hechos desde el propio protagonismo. Pero la prensa impresa, sabia, veterana columna del periodismo, volvió a replanteos que la llevaron otra vez a ser uno de los medios marcadamente diferentes en la manera de ofrecer sus mensajes.

Detrás de cada una de estas apariciones, los agoreros hablaron de su muerte por la supuesta superación del mensaje que propiciaba la naciente plataforma. Y detrás, siempre fantasmales, siempre presentes, el basamento económico y el basamento tecnológico estuvieron como barreras recurrentes y al parecer infranqueables.

Otro desafío ha nacido en las postrimerías del siglo XX y la aparición de Internet en la década de los 90. Internet, que ha barrido paradigmas, pone la información al alcance del destinatario gratuita y casi en tiempo real; y lo que es más, lo convierte no solo en gestor de la información que necesita, sino también, productor de ella desde el espacio personal y libre de ataduras que desde la honestidad profesional rigen el comportamiento de los hombres y mujeres de la prensa.

Entonces, cabe otra vez preguntarse qué reordenamiento intentará la prensa impresa para pervivir en la era de la instantaneidad y la gratuidad, y volver a la vieja convicción de que no se trata de desaparecer, sino de complementarse en las propuestas comunicativas, de buscar otras cotas de protagonismo y pasar de la seducción tecnológica que presume la hipermedia y de la crisis económica que ciertamente avasalla los estrados escritos, a la adecuación de los contenidos porque, perdido el YA y el AHORA de la noticia, es el momento de ofrecer a los públicos desde las páginas impresas la consolidación del mensaje, su valoración, interpretación y reflexión.  

Es el escenario donde la propiedad intelectual de los hacedores se tornará imprescindible para replantearse y recodificar sus haceres porque de todos los medios embestidos por Internet, son los periódicos los más perjudicados. Es el momento de un nuevo guión.

Vayamos a algunos ejemplos de devastación en los Estados Unidos, donde la premonición habla del 2048 como el año fatal:

• En el 2007 desaparecieron 2 400 empleos; en el 2008 la cifra ascendió a 5 900, y en el 2009 hubo un comportamiento similar. Ahora se habla de una suma general que supera los 35 000 puestos de trabajo cancelados.

• Los diarios perdieron en el 2009 el 10 por ciento de difusión. Se asegura por el Audit Bureau of Circulations que fue la cota más baja desde 1940, cuando se disminuyeron 44 millones de ejemplares cada día.

• The New York Times enfrentó en el 2008 la más aguda crisis financiera y tuvo que acudir a publicar en sus primeras planas anuncios comerciales inusuales a su línea editorial.

• En el 2009, el San Francisco Chronicle, el más importante diario del norte de California, cerró la versión en papel a punto de cumplir 150 años de permanencia.

• Ese mismo año, The Rocky Mountaen News, entre los más leídos de Denver y también con casi 150 años de fundado, clausuró arrastrando pérdidas por más de 16 millones de dólares y sus propietarios decidieron ponerlo en venta; sin embargo, nadie se interesó en comprarlo.

• Según estadísticas aportadas por Shaping the Future of the Mewspaper y World Association of Newspapers and News Publishers, desde el 2008 a la fecha unos 166 periódicos finiquitaron a causa de la depresión económica.

• No obstante, en Estados Unidos se venden a diario casi 56 millones de periódicos, y seis de cada 10 personas dicen que leen un periódico todos los días, afirman Stanley J. Baran y Jorge Hidalgo en su texto Comunicación masiva en Hispanoamérica.

Estamos, sin duda, ante un nuevo iceberg impuesto a la prensa impresa por el océano de la recesión financiera que galopa mundialmente y la aparición de una tecnología que desplaza fronteras y globaliza el conocimiento a una velocidad de espasmo y con una asequibilidad en su uso cada vez más expedita.

Sin embargo, ¿es este el problema en toda su dimensionalidad? ¿Es solo el modelo económico y el modelo tecnológico el monstruo de dos cabezas que amenaza a la prensa impresa? ¿O es que también a esa corriente perversa de muerte no se arriman los propios medios, aferrados a un trascendido modelo de hacer periodismo?

John Nichols y Robert Mc Chesney, en su libro Vida y muerte del periodismo estadounidense: la revolución de los medios que hará que el mundo vuelva a empezar, aseguran que antes que la irrupción de Internet o la recesión global, la principal causa de la crisis de los medios impresos está en la pérdida de la calidad periodística, motivada por la concentración empresarial iniciada en la década de los años 70 del pasado siglo.

A su vez, el periodista, politólogo y ensayista peruano Álvaro Vargas Llosa escribió en El Economista que el gran error que han cometido los diarios de Estados Unidos, Europa y América Latina en respuesta al nuevo contexto es haber encarado esta tendencia como un desafío financiero y tecnológico, en vez de un fenómeno cultural, y que lo que ocurre es que la información, que acostumbraba a fluir de arriba hacia abajo, comienza ahora a fluir de abajo hacia arriba.

Es decir, asistimos a un nuevo-viejo dilema de la prensa impresa: desafíos financieros y desafíos de soportes tecnológicos, lo que lleva a replanteos en la organización del proceso periodístico en la concepción de cómo ahora ofrecer los mensajes desde sus atributos profundos y no desde los andamiajes formarles de una narratología distante e hierática, y la responsabilidad de continuar como referentes de credibilidad para los públicos.

Aún cuando no compartamos su tendencia a usar los medios para favorecer sus posiciones políticas, es válida la declaración realizada en 2006 por el controvertido presidente de News International, Rupert Murdoch: “La prensa tiene mucha vida por delante, pero debe saber que será solo uno de los canales para llegar al público. El reto para los medios tradicionales es cómo atraer a la nueva audiencia”.

Los que nos dedicamos a la prensa impresa somos una especie que va de transmutación en transmutación, de transfiguración en transfiguración de acuerdo con los retos que trae cada tiempo en su propuesta superior y trasgresora, tiempo en el espacio histórico de las sociedades como seres vivos y, por tanto, demandantes de satisfacción ante sus crecientes necesidades.

Quedar desfasados y poner resistencia a cada cambio que signifique un peldaño cualitativamente superior, es poner retrancas al mismo proceso de desarrollo de la profesión, específicamente del periodismo impreso. Ya lo dijo Fernando del Paso en su novela José Trigo: “Es el tren. El tren que viene, que pasa, que fue”.

El periodismo impreso hoy necesita crecer cualitativa y cuantitativamente, poner brida al fárrago de notas que por defecto produce insuficiencia informativa, desgajarse de la tendencia a escribir registros fríos de la vida que solo producen visiones desobjetivizantes y de escasa densidad sustantiva. Requiere interpretar la realidad desde posturas más estratégicas, que evalúen a los géneros en sus propias esencias y tengan en cuenta la finalidad y función de cada uno.

Si la radio es la compañía, la televisión el entretenimiento, Internet la gratuidad y la instantaneidad, la prensa impresa –sin desestimar de sus páginas aquellos acontecimientos de trascendencia que requieren de un tratamiento informativo e inmediato-, debe abrazar prioritariamente y como nunca antes, el análisis, la reflexión, la interpretación y la opinión, todo ello tributando a colaborar con el lector para encauzarle el discurso fragmentado que suele recibir por otras vías y entregarle un corpus en el que sienta reflejado un contenido con el que pueda coincidir o disentir, pero que, incuestionablemente, lo hace meditar y sentir un actor participante en tanto se le valora como ser pensante y crítico.

Se impone abandonar los límites del reduccionismo que da cuenta de lo blanco y de lo negro, para sumergirse en la policromía de los acontecimientos. Posesionarnos definitivamente de los cómo y por qué y presentarlos en su tridimensionalidad experencial. Asumo, entonces, que el periodismo impreso no puede estar condenado a la errancia del limbo alighiérico.

Desde el muy lejano 490 antes de Jesucristo, el periodista-génesis ha sido la vanguardia en el peregrinar del tiempo. Habrá que imaginar aquel regocijo a punto de muerte por fatiga del soldado griego Filípides, el cronista-atleta que venció el maratón de 42 kilómetros para anunciar el triunfo de Melcíades contra los persas en la batalla sostenida en la llanura de Maratón. Habrá que revisar el examen histórico que nos legaron cientos de hombres aferrados a la responsabilidad individual y colectiva de contar el transcurrir de su época, como monumental tributo del devenir social. Todos ellos, ahí permanecen en la perpetuidad del registrador de su tiempo.

Y si los dinosaurios desaparecieron porque como especies aclimatadas a un hábitat no tuvieron capacidad de readaptarse a los cambios de la naturaleza y los ciclos de la vida, aquellos de sus similares más dados a la metamorfosis devinieron hoy feroces cocodrilos y diminutos lagartos. Ahora apenas son un referente de su mayestático pasado. Pero están ahí, firmes e inconmovibles, renovados, readaptados, formando parte del presente y siendo imprescindibles en la vital diversidad biológica. De ellos, que pudieron mutar y sobrevivir para seguir siendo útiles y referenciales, aprendamos la lección.

 

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CRISIS EN LOS GÉNEROS

CRISIS EN LOS GÉNEROS

Joseph María Casasús y Luis Núñez Ladevéze, profesores españoles, acotan que en la actualidad los géneros tradicionales de periodismo han entrado en una nueva crisis como consecuencia tanto de su propia evolución como de la aparición de nuevos medios de comunicación.

MSc. EVELYN LUGO,
Profesora de la Universidad Bolivariana
de Venezuela, Sede Maturín.

Para algunos teóricos como Lorenzo  Gomis  y Mar de Fontcuberta, los géneros periodísticos son considerados categorías básicas en las que se fundamenta la expresión del mensaje comunicacional de masas. Desde este punto de vista, producen orden en el material informativo y los medios de comunicación hacen uso de ellos para recoger la complejidad de lo que acontece y exponerlo a los receptores.

Algunas teorías clasificatorias de los géneros periodísticos

En medio de la incertidumbre ante la diversidad de clasificaciones de los géneros periodísticos, surgen diversas teorías entre las que destacan:

-La poética de Aristóteles y/o teoría de los géneros: considerados categorías básicas (Lorenzo  Gomis  y Mar de Fontcuberta; 1989). “…Cada género tiene una forma y cada género trata de producir efectos. Y gracias a los diferentes géneros el diario multiplica el uso de recursos”.

-Teoría de los esquemas del discurso, planteada por el profesor Teun A. van Dijk, se divide en dos grupos narrativos y argumentativos. Postura criticada por algunos investigadores del periodismo por manejo de esquema reduccionista y simplista. Sin embargo, Van Dijk insiste en el análisis del proceso de producción de la noticia.

-Teoría normativa de los géneros periodísticos. José Luis Martínez Albertos la desarrolló en 1989, definiéndola como “una construcción teórica que surge por la extrapolación de la teoría clásica de los géneros literarios”. Opinan sus críticos que el no distinguir bien lo que es información de lo que es opinión, puede llevar a transmitir al lector una idea incorrecta de los hechos. Pero Martínez Albertos no concibe una correcta enseñanza del Periodismo sin la existencia de una teoría precisa. Así, dividir los textos periodísticos obedecería a la necesidad metodológica de clasificar determinados productos culturales.

-Teoría del sistema de textos, formulada por Héctor Borrat, quien propuso en 1981 una clasificación de los géneros periodísticos muy similar a la del resto de la doctrina española, formada por textos narrativos, descriptivos y argumentativos. Según este criterio, el predominio de unos tipo en los géneros narrativos y de otros en los argumentativos conlleva la aparición de textos mixtos. (Casasús e Núñez Ladevéze, 1991: 90). (El debate en torno a los géneros periodísticos en la prensa: nuevas propuestas de clasificación, por Sonia Fernández Parratt).

Si bien es cierto que los géneros periodísticos son de gran utilidad como instrumento pedagógico del ejercicio profesional porque proporcionan al alumno modelos y esquemas de referencia, desde hace varios años  tropezamos con la hibridez del mismo, la cual se hace necesaria ante la evolución del tiempo y de la sociedad. En este sentido, no debemos perder de vista las teorías aquí expuestas ya que nos encaminan hacia la interpretación de la realidad plasmada en textos mixtos.

Es por ello que en estos tiempos de cambios y apoyándonos en el diálogo de autores españoles -investigadores de los géneros periodísticos- es notable resaltar que el periodismo es algo que crece y vive y está en constante movimiento, motivo por el cual no podemos encasillarlos en viejas estructuras, abriendo así nuestra mente y ofreciéndole al público la armonía y coherencia de los hechos relatada desde diversos estilos.

En líneas generales, académicamente se hace necesario establecer la importancia y diferencia de cada uno de ellos; clasificados de la siguiente manera: noticia, reportaje, entrevista y crónica, y comentario-critica, carta al director, artículo, columna, editorial y viñeta de humor, entre otros.

¿Los géneros periodísticos van desapareciendo hasta perder vigencia en la actualidad?

En este caso, para Joseph María Casasús y Luis Núñez Ladevéze, piensan al igual que Fontcuberta y Gomis, que han sufrido varias crisis y transformaciones con el paso del tiempo. A continuación señalamos algunas de ellas:

-Entre 1920–1930: influencia de la literatura de vanguardia en la prensa.

-Los años 80: factores de competitividad con otros medios, aparición de nuevas tecnologías y factores ideológicos como la crisis de la postmodernidad.

-Aparición de nuevos medios de comunicación. Por ejemplo, el periodismo multimediático.

Tendencias en la reestructuración del mensaje

Entre otras vertientes, los géneros clásicos se enfrentan al periodismo de precisión, donde día tras día se actualizan con trabajos más elaborados de alta calidad e hibridez. Motivo por el cual, Casasús y Ladevéze consideran que una teoría moderna de los géneros periodísticos deberá asentarse en los siguientes criterios:

-Entender la teoría de los géneros como una proyección analítica y crítica de la práctica periodística.

-Ordenar el sistema de los géneros según la división que distingue entre el objetivo o formal y subjetivo o temático. Combinación de ambas dimensiones ejemplo: crónica deportiva, reportaje político, información científica, crítica musical.

-Clasificar los géneros según las siguientes categorías: informativos, o narrativos, interpretativos, evaluativos o descriptivos, argumentativos para el comentario y la opinión o evaluativos y los instrumentales denominados prácticos.

-Géneros igual a instrumento pedagógico que permite desarrollar una crítica de los textos, según los principios del profesor Lorenzo Gomis (1989: 129-141).

-Apoyan el carácter interpretativo, pero creen que este afecta los textos informativos, caracterizados por su naturaleza persuasiva más que objetiva o imparcial. En http://www.ehu.es/zer/zer11web/sferparrat.htm

Nuevas propuestas - Tipología

Entre las nuevas propuestas tenemos el reporterismo y/o género de autor, donde se abandona el clásico criterio de objetividad, subjetividad e intencionalidad, proporcionándole un punto de vista absolutamente personal.

Vivimos en un mundo acelerado y así como cambia el clima, cambian los modelos tradicionales de la vida, en este caso abordamos la raíz del periodismo - “la tipología clásica”- la cual no admite en la actualidad la gran cantidad de adornos que aparecen continuamente fruto de su propia transformación. Ya que bien sea que vivimos tiempos de cambios, o se cuenta con menos preparación en las universidades para nuestros jóvenes o en definitiva la existencia de mucha creatividad en cada comunicador, el cual tiende hacia la hibridez del género.

Si bien es cierto, nos abordan infinitas interrogantes, y no sólo describir o relatar los hechos es la clave, estudiamos este oficio para aclarar el sentido de las noticias aparentemente dispersas, ofreciéndole a nuestro lector o audiencia la secreta armonía de los hechos, diciéndole del por qué ocurrieron los acontecimientos, lo cual se logra con prácticas que requieren de buena formación e investigación.

“La sociedad actual, compleja y globalizada, requiere un periodismo que logre traducirla adecuadamente. Esto implica, entre otras cosas, comprender la interrelación de las noticias y asumir nuevas estructuras de pauta. Frente al ‘periodismo mosaico’, que disgrega y desinforma, la autora propone el “periodismo sistema”, que articula y dota de sentido a los contenidos” (Fontcuberta, Mar de: La noticia, Barcelona. Paidós, 1993, pp. 102-108).

Los Medios digitales

Tanto la competencia de los medios de comunicación audiovisual como los de la nueva tecnología están cambiando radicalmente las formas de trabajo, los medios a través de los cuales las personas acceden al conocimiento, se comunican y aprenden, y los mecanismos con que acceden a los servicios que les ofrecen sus comunidades. Su incidencia en los medios de comunicación plantea la posibilidad de transformar a los sujetos desde pasivos consumidores y espectadores a partícipes activos de este proceso.

Si bien somos dueños del poder de la escritura, por lo general trabajamos en función de la emotividad del lenguaje aprovechándonos en infinitas ocasiones de los sentimientos ajenos. Tampoco es un secreto para nadie que el ser periodistas abre una brecha de apego a las empresas corporativas donde se fijan claramente los intereses económicos y políticos de la firma en cuestión, asumiendo una tendencia hacia la agenda mundial, cayendo en más de una ocasión en lo superficial.

Los progresivos cambios en el modo de redactar las informaciones a menudo supusieron a Fontcuberta la ruptura de las fronteras entre los diversos géneros y llevaron a incrementar la tipología de géneros y subgéneros en un intento de abarcar todas las posibilidades expresivas que se encuentran en los medios de comunicación.

Durante decenios se mantuvo la idea de que los modelos establecidos eran permanentes y que las normas debían seguirse de manera estricta y a medida que se modificó la relación entre la prensa naciente y un público creciente, fueron conformándose los géneros periodísticos.

Los géneros reflejan la evolución del periodismo y se van modificando a la vez que las demandas sociales y los objetivos de la profesión periodística van cambiando, de manera que pueden ser entendidos como un método de interpretación sucesiva de la realidad social, inclinándose hacia la independencia, ética, acceso y respeto a las fuentes y recursos, sin obviar la premisa del lenguaje claro, preciso y sencillo en toda comunicación social.

BIBLIOGRAFIA:

Casasús, Joseph María y Núñez Ladevéze, Luis: Estilo y géneros periodísticos. Barcelona, Ariel, 1991, pp 87-88.

El debate en torno a los géneros periodísticos en la prensa: nuevas propuestas de clasificación. Por Sonia Fernández Parrat.
En: http://www.ehu.es/zer/zer11web/sferparrat.htm consultado 01/04/2010.

Fontcuberta, Mar de: la noticia, Barcelona. Paidós, 1993, pp. 102-108.

Fontcuberta, Mar: http://www.comminit.com/es/node/149895/37
http://www.comminit.com/es/node/149895/37

Géneros periodísticos. Por: Abraham Santibáñez.
En:  related:creal.upla.cl/humanidades/departamentos/comuncaioninformacion/
documentos/programa/PERIODISMO%20DE%20OPINION%20E%
20INTERPRETATIVO.doc Santibáñez. Consultado 01/04/2010.

Internet y los medios masivos. En:
http://www.educ.ar/educar/site/educar/resultados

Introducción al reportaje: antecedentes, actualidad y perspectivas. Por Sonia F. Parratt.
En: http://books.google.co.ve/books?id=6Pu1zgCt2woC&pg=PA23&lpg=PA23&dq=
jose+luis+nuñez+ladeveze,+generos+periodisticos+tradicionales+
en+crisis&source=bl&ots=sem1AF2m. consultado 01/04/2010.

Las tendencias del periodismo actual: En: http://www.periodismoglobal.cl/2005/01/
las-tendencias-del-periodismo-actual.html Consultado 01/04/2010.

Lorenzo  Gomis. Generes leteraris y generes periodistics. Periodistica, num 1, Barcelora, 1989 pp 129-141

Márquez R, Alexis. La comunicación Impresa: Teoría y Práctica del Lenguaje Periodístico. Ediciones Centauro. Caracas 1976-1985.

 

LA CRÓNICA PERIODÍSTICA COMO HECHO LITERARIO

LA CRÓNICA PERIODÍSTICA COMO HECHO LITERARIO

Dra. MIRIAM RODRÍGUEZ BETANCOURT,
Premio Nacional de Periodismo José Martí,
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
       

Asumir un género periodístico indiscutido como la crónica en su dimensión literaria obliga siempre a recordar su origen que, como se sabe, está afincado tanto en la Literatura como en la Historia, disciplinas de las que se nutre para ―poco a poco y no sin dificultades― insertarse definitivamente en las páginas de las publicaciones periódicas, de modo particular en la prensa, pero también en la radio, la televisión, y, desde luego, en los medios digitales.

De esos compañeros de viaje, la crónica periodística heredó atributos esenciales: la posibilidad de recrear la realidad y el poder de biografiarla. Para ello, se servirá de la fuerza comunicativa y expresiva de la lengua, sin dejar de responder a exigencias básicas del Periodismo: inmediatez y objetividad testimonial. No se trata, por cierto, de que la crónica periodística sea un “cruce de caminos” donde confluyeron historia, periodismo y literatura, pues su evolución, tanto en objetivos, estructura, y temática, va a propiciarle su autonomía como género, y con ello, diversidad tipológica y amplitud de registros.

Pero la teoría de los géneros, también en el caso del periodismo, se ha caracterizado por su férrea preceptiva encasillada entre la división tajante del ámbito informativo y editorial, y la controversial doctrina de la objetividad, a pesar de los embates teóricos en su contra (Chillón, Cantavella, Van Dijk, Eco, Barthes, Angulo Ruiz) y de los resonantes éxitos de la práctica (Nuevo Periodismo, Periodismo Literario, Periodismo Investigativo). Era de extrañar, por consiguiente, que la crónica, categoría abierta a la subjetividad, navegara apaciblemente en las casi siempre turbulentas aguas clasificatorias, reacias a la heterodoxia de un género híbrido por su propio origen (1).

Durante mucho tiempo, las producciones periodísticas que rompían con lo que era concebido como el lenguaje natural de la prensa, esto es, impersonalidad y concreción factual, eran rechazadas sin discusión. ¿Cómo aceptar, en esa concepción tan estrecha que negaba en definitiva al Periodismo sus relaciones con la Literatura, cualquier género que proyectara al autor y, desde el lenguaje, recreara atmósferas y sucesos?

Por fortuna, el panorama de hoy en este sentido ha cambiado notablemente, aun cuando no se ha desterrado del todo, especialmente en lo que se refiere al llamado periodismo informativo o noticioso al que se le sigue negando posibilidades creativas en el plano expresivo.

Cuando nos remitimos a las definiciones sobre la crónica, encontramos de nuevo en algunas, agazapado en el fondo de la intención que intenta diferenciarla por su ubicación editorial o su praxis, cierto afán de encasillarla en las categorías del periodismo informativo. Con ello se trata de disminuir, cuando no negar, su dimensión literaria, precisada por Monsiváis cuando expresa: “La crónica tiene que ser una visión literaria, una conversación en prosa de los estados de ánimo de quien percibe algo que le parece notable” (2). Su condición literaria no va a impedir, antes al contrario, que deseche o ignore objetivos de naturaleza periodística, como proveer de información específica sobre hechos de la actualidad, comentarlos y valorarlos, sin excluir aquellas funciones o características primigenias que han ido integrándose a su evolución: observar el orden temporal en su secuencia, y dar cuenta de los detalles más significativos. Luis Beltrao alude en este aspecto a su “tradicional sentido de relator de acontecimientos en orden cronológico” (3).

Las características de la información y la valoración periodísticas en la crónica, sin embargo, no alcanzan el rigor observable en otros géneros así clasificados. El tono del comentario es más íntimo, muy distante del estilo editorializante, y los datos informativos pasan por el filtro de la sensibilidad del cronista, “una trasmutación de la realidad a través de la percepción del cronista”, añade Monsiváis (4), en tanto Cantavella también abunda en la subjetividad con que el autor encara su objeto: “El cronista no se comporta como una cámara fotográfica que reproduce un paisaje, sino como el pincel del pintor que interpreta la naturaleza, dándole un matiz personal, del que no puede prescindir, aunque lo pretenda” (5).

Podrá también la crónica que nos ocupa desentenderse de técnicas periodísticas típicas como el lead (primer párrafo de la información noticiosa); la estructura de pirámide invertida (orden descendiente de los datos informativos), y la introducción de elementos de consecuencia y de criterios de expertos, entre otras.

“La crónica se resiste a la puntualidad de la información y al marco estricto del artículo, deambula por todos los rumbos y capta los variados matices del humano acontecer, diversidad de escenarios, asuntos y actos” (6). Y para lograrlo, tiene que acudir, necesariamente, a un grado superior de elaboración literaria, con empleo de recursos estilísticos muy diversos, y cierta dosis muy medida de lirismo, como apunta Julio García Luis (7). Gracias justamente a la factura literaria de su discurso, y fiel al principio periodístico de la veracidad, la crónica permitirá “un completo entendimiento del suceso y su proceso evolutivo en el tiempo” (8).

Difiere de otros géneros del Periodismo porque la mirada del cronista se dirige no tanto a los hechos para explicarlos como al interior de lo que ve, escucha o vive, en un nuevo descubrimiento. Su enfoque no es el del comentarista que analiza e interpreta; el cronista recurre a la proposición, a la matización, a formas más elaboradas: necesita del lenguaje tropológico.

En muchos de sus variados tipos ―de viajes, costumbrista, deportiva, cultural― el cronista aplica una voluntad de estilo, según la profesora María Celia Forneas, que trasciende la mera relación informativa de datos y documentos (9). Tal “voluntad de estilo” ―la cual, en mi opinión, debe entenderse como “voluntad de estilo literario”― hace decir a Albert Chillón que la vigencia de la crónica en el periodismo es notoria, a pesar del predominio indiscutible que ejercen hoy los géneros informativos interpretativos (noticia, información, entrevista y reportaje) (10).

Otros autores se refieren a la apertura estética que la crónica ha significado en los medios periodísticos, ofreciendo a los receptores oportunidades de acceso a la información desde ángulos nuevos, distintos, para vivir y sentir los aconteceres. Tal vez ello explique también la vigencia de la crónica a la que alude Chillón.

En cualquier caso, las virtudes de la crónica periodística residen “en el empleo del lenguaje metafórico, la imagen y símiles, la concreción de lo abstracto, que le dan un cierto encantamiento más allá del contenido” (11), sin olvidar que en el Periodismo la finalidad estética es muy importante, pero siempre secundaria, como recuerda José Francisco Sánchez (12), por lo que ninguna producción en este ámbito puede ignorar su finalidad primaria: la de informar.

Si bien es cierto que no en todo tipo de crónica periodística se reclama un lenguaje de vuelo literario, pues también cuenta el público al que se dirigen, escudarse en la naturaleza del tema o las expectativas del receptor, resulta casi siempre una excusa demasiado obvia para justificar una prosa gris, meramente reproductiva o cargada de tecnicismos.

Cuando los editores rechazan una obra con el pretexto de su “literaturización”, a menudo la razón no estriba en la creencia de que se “traiciona” el canon del lenguaje periodístico, sino en el hecho, menos conceptual, de que el trabajo en cuestión demanda mayor atención, y, por ende, rompe con esquemas rutinarios, rápidos y esquemáticos de revisión. Es entonces cuando se acude a la lapidaria y expedita fórmula: “Eso no es periodismo, es literatura.” Desde luego, tampoco son pocas las veces en que se pretende pasar como crónica una suerte de “descarga lírico-emotiva” que quiere sobreponerse a la narración y valoración de los asuntos que trata.

Como refiere Luis Angulo Ruiz (13), las clasificaciones de lenguaje y estilo periodísticos que se basan en la noción de periodismo objetivo no dan cuenta exacta de la realidad pues sostienen, por ejemplo, que el lenguaje usado en el Periodismo es exclusivamente denotativo. Por supuesto, sentencia el ensayista venezolano, el territorio lingüístico es mucho más vasto de lo que tales clasificaciones designan. Desde semejantes presupuestos, se afirma también que la subjetividad autoral puede tergiversar la verdad de los hechos o asuntos tratados cuando, en realidad, lo que no se acepta es que el cronista deseche fórmulas y esquemas preconcebidos.

A pesar de ciertas objeciones que dimanan de un enfoque eminentemente taxativo, muchos profesionales y estudiosos de la teoría de los géneros aceptan la condición literaria del género no como valor añadido a la prosa periodística sino como elemento integral del fin último de la Literatura y el Periodismo: la comunicación, más allá de los sujetos autorales y las identidades de cada manifestación.

Estas consideraciones sobre la crónica periodística en tanto hecho literario pudieran ser también extrapoladas a otros géneros que, como este, apuestan por ser no sólo legibles sino también apetecibles, como dice el lingüista Bernardino M. Hernando. Con sus acertadas palabras, queremos concluir las nuestras:

“La obsoleta, aunque paradójicamente permanente polémica sobre las relaciones entre literatura y periodismo, parece querer ocultar el hecho evidente de que mejor escritor de noticias se es cuanto mejor escritor, sin más, se sea. Dominar la palabra, saber sacar de ella todo el jugo, combinar las palabras con maestría y buen gusto, sorprender al lector con novedosas angulaciones verbales, metáforas que vengan al caso, y, de vez en cuando, muy de vez en cuando, con palabras desconocidas, pero útiles… todo eso, bien administrado, es captación del lector” (14).

Notas:

(1) En un artículo en torno a las divisiones más comúnmente aceptadas de géneros periodísticos, me preguntaba si no era hora de “re-evaluar la teoría en el sentido de cuestionar si la clasificación de las funciones asignadas a los tres grandes macrogéneros: informativo, interpretativo y de opinión, no dictaba compartimientos estancos y reforzaban la creencia en la utópica objetividad periodística”. “Géneros Periodísticos: para arropar su hibridez”, en Estudios sobre el mensaje periodístico, Publicaciones Universidad Complutense de Madrid, Vol.10, 2004, pp. 325-326.

(2) Monsiváis, Carlos cf. Zelán Cheleche, Las cartas sobre la mesa. Entrevistas en Rocinante, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2009, p. 316.

(3) Beltrao, Luis, cf. Juan Gargurevich, Géneros Periodísticos, Editorial Félix Varela, La Habana, 2006, p.61.

(4) Monsiváis, C. op.cit. p. 316.

(5) Cantavella, Juan. “La crónica en el periodismo: explicación de hechos actuales” en Cantavella Juan y Serrano, Francisco (coord.), Redacción para periodistas: informar e interpretar, lra.ed, Editorial Ariel S.A., Barcelona, 2004, p. 403.

(6) Díaz de la Nuez, Leovigildo, cf. Miriam Rodríguez Betancourt, Acerca de la crónica periodística, Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2005, p. 55.

(7) García Luis, Julio cf. Miriam Rodríguez Betancourt, “La crónica periodística: un género tan polémico como imprescindible”, revista Universidad de La Habana. Números 263-264, 2006, p. 138.

(8) Martín Vivaldi, Gonzalo cf. José Luis Martínez Albertos, Curso General de Redacción Periodística, 5ta. Edición, Thomson Editores, Editorial Paraninfo, Madrid, 2004, p. 349.

(9) Forneas Fernández, María Celia “¿Periodismo o Literatura de Viajes?”, en Estudios sobre el mensaje periodístico, Vol. 10, Universidad Complutense de Madrid, 2004, p. 223.

(10) Chillon, Albert, Literatura y Periodismo. Una tradición de relaciones promiscuas. Universidad Autónoma de Barcelona, 1999, p. 121.

(11) Herrera, Earle. La magia de la crónica. 2da. edición. Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1991, p. 75.

(12) Sánchez, José Francisco. “La narración periodística” en Redacción para periodistas: informar e interpretar. lra. Ed, Editorial Ariel S.A., Barcelona, 2004, p. 228.

(13) Angulo Ruiz, Luis. “¿Existe un lenguaje periodístico?” en Lenguaje, Ética y Comunicación, Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 1989, pp. 4l-54.

(14) Hernando, Bernandino, “Lenguaje periodístico”, en Cantavella Juan y Serrano, Francisco (coord.), Redacción para periodistas: informar e interpretar, lra.ed, Editorial Ariel S.A., Barcelona, 2004, p. 134.

 

DE LOS MEDIOS A LA MEDIAMORFOSIS. ¿QUÉ SIGNIFICA NOTICIAR?

DE LOS MEDIOS A LA MEDIAMORFOSIS. ¿QUÉ SIGNIFICA NOTICIAR?

Dra. YAMILE HABER GUERRA,
Jefa de Departamento-Carrera de Comunicación Social,
Universidad de Oriente.

Hay que empezar por volver a una visión
del mundo mucho más modesta del papel
de los periodistas. ¿Qué está realmente en
su poder? Entre las cosas que dependen de
ellos está el manejo de las palabras.
Pierre Bourdieu, 1992

El siglo XXI será antropológico, porque la
esperanza del entendimiento mutuo y de la
acción común ya no dependen de ideologías
universales, de credos atemporales, de
religiones o fundamentalismos omniabarcadores,
de posturas políticas infalibles y homogeneizadoras,
sino de la cabeza de cada uno de nosotros, de cada una
de nuestras microprácticas ordinarias, de la capacidad
individual y colectiva de integrarnos y vivir un mundo
trazado sobre una diversidad de alternativas y
posiciones que escapan a una probable
comprensión totalizadora.
Ramfis Ayús, 1997

Resumen

Este artículo es un acercamiento heterónomo a los procesos de escritura y re-escritura (lectura) de la noticia en el concierto de la sinergia mediática y el des-orden informativo mundial. Las nuevas tecnologías son de la información y no para la información: de Gutenberg hacia acá lo que nos ha sobrevivido como periodistas es la palabra escrita.

Y ya que colocar una palabra por otra es cambiar la visión del mundo y, por tanto, contribuir a transformarlo, asumamos las autopistas de la información como autopistas del lenguaje en función de una teleología: nueva noticia, nuevo discurso periodístico en (para) nuevos receptores, nuevos espacios y nuevos tiempos informativos.

Del palo periodístico al periodismo como yunque

Si las ventas de periódicos en el mundo, para mayor ironía, principalmente en los países en vías de desarrollo, no dejan de aumentar, y la Asociación Mundial de Periódicos se jacta de ello, ¿por qué, cada vez de modo más recurrente, en espacios académicos o cotidianos, se continúa anunciando la desaparición de los periódicos?

¿Por qué, mientras no pocos puristas siguen aferrados a la veracidad de las fuentes y a la credibilidad de la noticia como condiciones sine qua non de la información periodística, cualquiera con acceso a las herramientas tecnológicas de producción, reproducción y distribución de información, informa? Grabar con la cámara de un teléfono móvil y “colgar” el video resultante, de relativo impacto social, en YouTube, o intercambiar comentarios desde un blog, ¿es hacer periodismo?

No es el caso tratar nuevas censuras ni sutiles manipulaciones; ni la larguísima lista de periodistas reprimidos, asesinados, silenciados o desaparecidos; ni la urgencia de reformular la ética y la deontología periodísticas a la luz de las nuevas formas de producción, transmisión y recepción de la noticia.

Sería demasiado pretencioso, asimismo, pronunciarse por reformar la prensa como arte-facto, sistema, estructura, organización y poder, o por cambios en el ámbito académico respecto a la formación de periodistas —de esto ya se tienen razones en muchas escuelas de periodismo del mundo—, o por un mejor periodismo imitando los patrones clásicos de calidad y referencia dominantes.

Urge, sí, acercarse de una manera más heterónoma a los procesos de escritura y re-escritura (lectura) de la noticia en el concierto de la sinergia mediática y el des-orden informativo mundial, cuando todo el periodismo es escrito, y cuando difusión y eficacia en los enunciatarios son, cada vez más, inversamente proporcionales: fast making, fast writting vs. fast reading, en aras de un nuevo discurso sobre el discurso periodístico, y ya que somos profesionales de la palabra autorizada (Bourdieu, 2004, p. 511).

Al fin y al cabo, ya había señalado el profesor Enrique de Aguinaga (2001) que la antítesis del periodismo concebido como sistema es el periodismo concebido como estilo. Paralelamente a la tesis del periodismo como ciencia corresponde la antítesis del periodismo como arte, al periodismo concebido como modo clasificatorio corresponde el periodismo como modo narrativo. En consecuencia, como sugiere también el decano de los Cronistas de la Villa “hace falta un esfuerzo especulativo para depurar el concepto de periodismo, liberándolo de sus aspectos formales o de sus encarnaciones”.

Tempranamente había advertido el también profesor Robert Escarpit (1977, pp.170-171) que escritura y reescritura son actos independientes uno del otro, que redactor y lector, lejos uno del otro, están en situaciones históricas diferentes, tanto desde el punto de vista de su historia personal como desde el punto de vista de su contexto histórico, social y cultural, en virtud de lo cual introducen en la relación significante-significado connotaciones diferentes, aportaciones informativas objeto de emparejamiento o de transacción. Insistía, asimismo, en que la lectura es un proceso concurrente y no simplemente simétrico de la escritura.

Otras dos perspectivas apuntan hacia la relación escritura-reescritura. El clásico Wilbur Scramm habla de condiciones para tener éxito en la comunicación: el mensaje debe formularse y entregarse de modo que obtenga la atención del destinatario; debe emplear signos que se refieran a la común experiencia de la fuente y el destinatario, a fin de poder transmitir el significado; debe despertar necesidades de la personalidad del destinatario y sugerir algunas maneras de satisfacer esas necesidades, y el mensaje debe sugerir, para la satisfacción de tales necesidades, una manera que sea adecuada a la situación del grupo en que se encuentra el destinatario en el momento en que es impulsado a dar la respuesta deseada.

Más acá en el tiempo, analistas del discurso (Casalmiglia y Tusón, 1999, p. 75) se refieren a las características de la enunciación escrita prototípica en los siguientes términos: la actuación independiente y autónoma de las personas que se comunican a través del texto, emisores y receptores se llaman más precisamente escritores y lectores; la comunicación tiene lugar in absentia: sus protagonistas no comparten ni el tiempo ni el espacio, el momento y el lugar de la escritura no coinciden con los de la lectura; al tratarse de una interacción diferida, el texto debe contener las instrucciones necesarias para ser interpretado.

Ya que los textos periodísticos pueden constituir una unidad semántica con un significado superficial totalmente coherente y, al mismo tiempo, tener uno más profundo, conviene no pasar por alto la existencia de una memoria común, según la cual, y siguiendo a Lotman, el texto elige al público a su imagen y semejanza.

Vino nuevo en odres viejos

Hay “nuevas” noticias, nuevos medios, nuevos soportes, nuevos receptores. Sin embargo, no existe un nuevo discurso periodístico ni un nuevo texto periodístico, en un escenario en el que los periodistas sólo tendríamos, en el mejor de los casos, la posibilidad de alcanzar una subalternidad decorosa.

Entre el hecho noticioso (o noticiable) y la presentación impresa de la información periodística continúa actuando el lenguaje. Los consabidos factores tecnológicos, económicos, políticos, ideológicos y culturales caracterizan esta presentación que, sin embargo, sólo se realiza mediante el lenguaje.

Para contar la noticia hacen falta dos condiciones: percibir el hecho noticioso y convertirlo lingüísticamente en texto periodístico. Para leer un texto periodístico hay que apropiárselo lingüísticamente; para estar informados hay que, al menos, leer (escuchar, ver), sentir (percibir) la noticia. En la manera de percibir el enunciatario confluyen su capacidad de percepción y su capacidad lingüística.

El lenguaje del periodismo ha sido utilizado por periodistas y no periodistas, pero con un fin siempre periodístico y sobre la base de patrones periodísticos (géneros, técnicas) más o menos universales, diferenciables, representativos y típicos (infor¬ma¬ciones, entrevistas, artículos, reportajes), para comunicar una realidad que es, ante todo, extralingüística, la cual habrá de conformarse primero lingüísticamente, es decir, adaptarse a las categorías de contenido: palabras, formas flexivas, tipos de frases.

El problema del estilo periodístico —un estilo funcional de la lengua, definido como la selección consciente o inconsciente y la composición de los recursos lingüísticos para estructurar los contenidos con un fin expresivo informativo—, es parte del problema pragmático de cómo y con qué finalidades funciona la lengua; tiene que ver con la adaptabilidad de los medios lingüísticos a la naturaleza del enunciado. Es esencialmente pragmático.

De tal suerte, el discurso periodístico como dispositivo de los mass-media en cuanto ritual operativo de producción y consumo, articulación de materias y sentidos, aparatos de base y puesta en escena, códigos de montaje, de percepción y de reconocimiento se articula entre la ideología y la lingüística (Martín Barbero, 1987, p. 48).

Ello, no obstante, no ha pasado de ser una pre-ocupación de minorías; una historia de libros de estilo más o menos aceptados; la suma de restricciones, prohibiciones, reglas más o menos arbitrarias; el objeto de denuncias y acusaciones de lingüistas y semiólogos.

Advertencias que ya adelantaba a fines de los años setenta el profesor Ordóñez Andrade, por entonces director de Ciespal, y describía como la vieja tradición que pretendía fundamentar la comunicación solamente en la praxis del periodismo y que quería convertir la teoría y el método de las ciencias sociales aplicadas a la comunicación, en recetarios dogmáticos e inviolables, destinados más bien a transmitir una ideología de dominación que un conocimiento crítico, con la seguridad que da la tautología.

La objetividad informativa, insostenible ya en la época dorada de la teoría de la información, se quiebra en la actualidad cuando el referente objetivo es cada vez más inseguro.

Históricamente, desde diferentes perspectivas teóricas y metodológicas, y ante la más pasmosa indiferencia de los implicados, ha sido cuestionada la ortodoxia objetivista informativa en cuyo nombre se han aplicado acríticamente instrumentos y concepciones. En virtud de ello, “estar allí”, bajo la bomba, entre los escombros dejados por el terremoto, justo en el acto de asunción presidencial o en el ojo del ciclón, se enseña en muchas aulas como garantía de una información objetiva y/o veraz.

Pero, ¿y si aún estando allí, el periodista se equivoca? La objetividad no garantiza la fiabilidad informativa, un texto periodístico errado puede ser expresión de una noticia objetiva.

Neutralidad axiológica no es objetividad científica (informativa): estar allí implica, además de observación, una reconstrucción discursiva y hermenéutica de índole antropológica que en el léxico lógico se traduce como inferencia.

Por otro lado, ¿qué correspondencia existe entre la capacidad narrativa del reportero —capacidad descriptiva, abducción e información—, su intención, y lo que realmente aconteció?

En un interés etnográfico, ¿puede el lenguaje periodístico captar la simultaneidad y sutileza de muchos actos noticiados? Retomando el párrafo anterior, ¿cómo puedo corroborar ya no el carácter objetivo de los hechos informados sino la precisión de las inferencias del periodista, cuando el instante, el sucedido, el gesto, la palabra, son apenas momentos, eslabones de la larga cadena informativa?

Es que el periodista ha sido considerado, antes que otra cosa, un ordenador de informaciones y opiniones.

Si revisamos su génesis, constatamos que el periodismo se origina precisamente en el establecimiento de los primeros sistemas de prensa periódica y regular. El término incluso procede de ahí, de la periodicidad, como característica fundamental del acto informativo, en sus inicios manuscrito o impreso.

El lenguaje periodístico se realiza, entonces, desde sus orígenes, mediante la escritura; aparece con el surgimiento de la prensa periódica. En consecuencia, su primer rasgo general y diferenciador sería su regularidad, su periodicidad.

Los años noventa, empero, anunciaban el advenimiento de una nueva era para la noticia.

La hipertinencia informativa generada por los nuevos instrumentos para el procesamiento de la información, y la hipertextualidad; la transdiscursividad-transversalidad-intersubjetividad que superan la polidiscursividad e interdiscursividad (Haber Guerra, 2006 y el paradigma informacional; los nuevos espacios y tiempos de la información; el periodismo 3.0; los nuevos paradigmas como la pirámide tumbada (Canavilhas, 2007) e invertida horizontal (Franco, 2008), apuntan hacia nuevas esencias.

De la refuncionalización a la reenunciación. Sinexión frente a sinergia

¿Qué necesita el periodismo en el siglo XXI?

Un nuevo paradigma universalis, como metadiscurso generador de metalenguajes:

--Que dé espacio al sujeto y a la realidad irrepresentables.

--Que llene el vacío de lo indecible y lo innombrable.

--Que no considere la noticia de cierta parte del mundo como la noticia del mundo.

--Que defienda, más que la explicación y la interpretación del hecho noticioso, la comprensión de la realidad a la que éste corresponde.

--Que respete las diferentes maneras de representación individual y colectiva de la noticia y de la información.

--Que oponga una ficción documental a la ficción del directo y la utopía del tiempo real.

--Una verdad resultado de la relación concordante entre lo sucedido (el hecho noticioso), la evidencia de lo percibido (independientemente de la parcialidad de las percepciones), lo representado, y lo contado (noticiado, informado).

Como teoría:

--La construcción de una teoría crítica de lo discursivo que conduzca del espacio del signo al de las prácticas discursivas.

--Estudio del texto periodístico con una perspectiva inferencial, id est, un estudio pragmalingüístico del metarrelato más allá de la frase e incluso del párrafo, con objeto en las implicaciones y los desdoblamientos del discurso; en otros términos, una reconstrucción discursiva y hermenéutica de lo dicho (informado). Ello pasaría por el reconocimiento de un laberinto de campos semánticos, y de las llamadas presuposiciones pragmáticas: lo que tanto el enunciador como el enunciatario saben o se supone que saben acerca de la noticia como fenómeno más o menos codificado.

--Análisis fenomenológico y hermenéutico de los datos simbólicos y una matriz de interpretación de la noticia.

--Articulación de los niveles tecnológico —cómo se hace—, metodológico —por qué se hace así—, y epistemológico —para qué y para quién se hace—.

--Contrastación y sistematización de conocimientos, y legitimización de un universal múltiple, diverso y reticular.

--Una nueva axiología que desestime la velocidad como valor y defienda el principio de proximidad intercultural y el valor pragmático de la noticia.

--Un enfoque integrador, electivo (Hart, 2007), heredero de la tradición filosófica cubana y el postulado de Luz y Caballero: todas las escuelas y ninguna escuela, he ahí la escuela, y sinérgico.

--Una perspectiva antropológica que responda a los problemas de la alteridad y de la diversidad.

--Otra episteme del periodismo.

Como práctica:

--Reconocer el carácter eventual y contingente de los hechos noticiables, cada uno de los cuales es presente o co-presente sólo mediante un aspecto o perspectiva, lo que entraña cierto grado cognitivo y de compresencia del que se informa.

--Discernir entre sentimiento inmediato del tiempo y el concepto sistemático de tiempo.

--Construir una base material informativa que permita nuevos montajes y proyectos de relato del hecho noticioso.

--Diseñar nuevas estrategias de construcción simbólica.

--Una mayor correspondencia entre el orden del discurso (periodístico) y el orden de lo real (el mundo noticiable), entre lo representado (la información), y el hecho noticioso.

--Un lenguaje que permita el reemplazo del concepto tradicional de género periodístico como etiqueta, por la categoría de forma estilística periodística o formación funcional estilística periodística.

--Un modelo de texto periodístico multidimensional, híbrido e intertextual, encaminado a aumentar el conocimiento conceptual, cuestionar verdades establecidas y sugerir otros análisis de los contenidos.

--Una objetividad no en los objetos y hechos noticiados, sino en los sentidos; una verdad que integre la objetividad de las subjetividades.

--Un tiempo y un espacio para escribir y para leer la noticia.

Como técnica:

--Ni fórmulas ni normas.

--Una pirámide donde lo que se diga primero no sea lo más importante; que sintetice percepción-representación-significación-explicación-interpretación-comprensión.

Como arte:

--Una real dimensión filológica, cultural y autorreflexiva.

De la pirámide invertida al péndulo invertido, un moribundo saludable

A pesar de la mediamorfosis, noticiar significa, ante todo, decir: una relación enunciación-enunciado informativos con su correspondiente dimensión implícita.

Noticiar es una negociación entre macrotexto y microtexto, mediante procesos de restitución (transposiciones, modulaciones, adecuaciones culturales) en un entorno pragmático: intención, situación, función, cotexto, intertexto, hipertexto, y en una dimensión estilística y retórica.

Noticiar es un recorrido de la palabra a la frase marcado por la situación prediscursiva, la incertidumbre, la permanencia y renovación del discurso, y el sentido.

Las nuevas tecnologías son de la información y no para la información, por lo tanto no podemos seguir pensando el periodismo en términos de dispositivos tecnológicos: de Gutenberg hacia acá lo que nos ha sobrevivido como periodistas es la palabra escrita.

Un hecho puede calificarse con una imagen (electrónica), pero esa imagen se ha traducido previamente en un adjetivo. Una emoción puede transmitirse con una imagen, con un sonido, pero esa imagen y ese sonido tomaron forma ya antes en un adverbio. Una acción puede darse hasta con el silencio, pero se da, más que todo, con un verbo.

Y ya que colocar una palabra por otra es cambiar la visión del mundo y, por tanto, contribuir a transformarlo, asumamos las autopistas de la información como autopistas del lenguaje en función de una teleología: nueva noticia, nuevo discurso periodístico en (para) nuevos receptores, nuevos espacios y nuevos tiempos informativos.

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