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LOS PERIODISTAS CUBANOS Y EL TRATAMIENTO DE LA ECONOMÍA

LOS PERIODISTAS CUBANOS Y EL TRATAMIENTO DE LA ECONOMÍA

 

Este trabajo explica de manera particular las mediaciones que sobre los temas económicos se originan en las rutinas productivas de las redacciones y en el comportamiento profesional de los periodistas cubanos. Es parte de la tesis de la autora, Análisis de las mediaciones que actúan en la elaboración de la agenda sobre temas económicos en medios de prensa escrita cubanos, en opción al grado científico de Doctor en Ciencias de la Comunicación.
 
Lic. CARIDAD CARROBELLO,
Periodista Revista Bohemia.

Introducción:

La necesidad de elevar la cultura integral de los cubanos incluye, necesariamente, la formación de una cultura económica. El país posee “un promedio educacional cercano a 12 grados, casi un millón de graduados universitarios y la posibilidad real de estudio para sus ciudadanos sin discriminación alguna” (Castro F, 2008), lo cual facilita cualquier proceso de aprendizaje.

Pero para desarrollar la cultura económica, de manera que en la población se formen actitudes conscientes ante la producción, distribución y consumo, y se amplíe la participación popular en la construcción del socialismo, no basta con un alto nivel de instrucción.

La cultura económica: entendida como el conjunto de conocimientos y experiencias relacionados con los procesos de producción, distribución, comercialización y consumo de bienes y servicios, en un contexto histórico determinado. La cultura económica se alcanza mediante la educación económica: sistema de influencias que ejerce toda la sociedad con el objetivo de generalizar los conocimientos económicos (Cabrera, 2006: 34)

Para lograr ese conocimiento se requiere de un sistema que abarque  e  integre  todas  las influencias posibles en la formación de las personas, con estrategias para cada segmento poblacional.

Por lo tanto, es preciso:

-Comenzar la educación económica de los individuos desde temprana edad en las aulas, mediante el intercambio maestro alumno (Cabrera, 2006: 12-13);

-Avanzar en el desarrollo de la actividad socioeconómica, organizativa, jurídica-normativa e ideológica-política del país, para sedimentar a su vez la conciencia ciudadana (Machado, 2006: 12);

-Potenciar la participación de los trabajadores en los planes y desempeños productivos de sus centros laborales (Castanedo, entrevista personal 2008);

-Preparar a militantes del Partido y la UJC con mayores argumentos para esta labor político-educativa en su radio de acción (Martínez F, entrevista personal 2008);

-Usar de forma integrada el Sistema de Comunicación Pública (SCP), incluidos los Medios de Comunicación Masiva (MCM).

Desarrollo

En Cuba, dentro del Sistema de Comunicación Pública (SCP), una de las vías más importantes para el tratamiento de los temas económicos es el accionar público de los máximos dirigentes del gobierno cubano. A partir del triunfo revolucionario de 1959, el Comandante en Jefe Fidel Castro fundó el estilo de trasmitir al pueblo las explicaciones sobre los derroteros que tomaba la nación.

Dentro del  Sistema de Comunicación Pública (SCP), los Medios de Comunicación Masiva:

-Constituyen una modalidad de aporte al conocimiento humano ya que pueden lograr a largo plazo un efecto cognitivo acumulativo en sus audiencias.

-Mediante sus agendas fijan la atención de los receptores sobre los temas más importantes, durante un período de tiempo.
 
Por lo tanto, entre otras acciones comunicativas de carácter público e institucional, los MCM pueden contribuir de manera importante en la formación de la educación económica de la población cubana.

Pero es posible que a mediano plazo los medios no puedan apoyar plenamente este propósito de educación económica. Tal afirmación se basa en circunstancias generales que ocurren con este sector en Cuba:

-Escasez  de  personal  periodístico. Hoy tenemos un 79 por ciento de plazas ocupadas en el sector y nuestro gremio envejece; para 2012  se  necesitarán  2, 335 graduados de esta carrera y los cinco centros formadores cubrirán sólo un tercio de la demanda.

-Insuficiente nivel de preparación.

-Dificultades con las fuentes.
 
-Falta  de  eficacia de los productos comunicativos Aspecto señalado antes de 1979, fecha en la cual el IX Pleno del Comité Central del PCC adoptó un acuerdo sobre el fortalecimiento del uso de la crítica en los medios.
 
-Desconocimiento del impacto real que tienen los medios sobre sus públicos. La investigación originada en los años 70 con indagaciones sobre la recepción televisiva, no transitó adecuadamente hacia el resto de la prensa cubana. Algunos medios sondean preferencias, pero son análisis numéricos sin combinar técnicas cualitativas. 

Estos problemas generales de la prensa cubana se agravan en el periodismo económico:

-Poco espacio y falta de sistematicidad en el seguimiento de los temas económicos.

-Insuficiente profundidad en el tratamiento del tema.
 
-Limitado uso de géneros de opinión y de investigación.

-Empleo reducido de fuentes informativas.

-Falta de calidad en su realización.

-Errores en el manejo de cifras y las unidades de medidas.

-Necesita ser más actual y oportuno.
 
-Empleo de términos que limitan la comprensión.
 
Además, en la recepción del periodismo económico se da un fenómeno: esta rama del Periodismo tiene un contenido informativo muy especializado. Sus fuentes, sus autores, sus canales, se ajustan a una materia temáticamente acotada; y por ello convoca habitualmente solo a un público específico, interesado o afectado por estos asuntos.

Por lo tanto, en el periodismo económico se evidencia la existencia de MEDIACIONES manifestadas desde el establecimiento de la agenda temática, durante la  realización de esa misma planificación, en la publicación de los trabajos, así  como en la recepción.

Las mediaciones en comunicación social: procesos estructurantes, constriñentes y/o habilitantes, que resultan de la interrelación de actores y prácticas comunicativas con distintos agentes, instancias y procesos sociales donde se enmarcan, los cuales configuran y dan sentido a la comunicación. (Barbero, 1987: 233; Sánchez Ruíz, 1991 y Orozco, 2002:26).

Según mi estudio de tesis doctoral, sobre nuestro desempeño profesional actúan mediaciones, entre ellas:

-Institucionales:

a) El modo en que las instituciones conciben la información pública bajo condiciones de bloqueo, mediando tanto sus relaciones con los emisores, como el tratamiento de temas en las agendas de prensa.
 
-Cognoscitivas:

a) El limitado conocimiento que sobre la economía tienen los diversos actores de la comunicación (emisores y receptores), media tanto la capacidad de elaborar de forma eficaz los mensajes de este tipo, como la manera en que la información económica es entendida por los públicos.

-Provenientes de los medios:

a) De carácter organizativo, de la preparación y las rutinas productivas en el desempeño profesional.

b) Tecnológicas.

Por su importancia, haremos énfasis en las provenientes de los medios, ya que se conoce que los modelos organizativos en la producción informativa de los medios de comunicación y factores individuales como la profesionalidad, valores y prácticas rutinarias, marcan en importante grado el trabajo periodístico (Alonso y Saladrigas, 2006: 128-136).

-Los modelos organizativos de los medios, que ubican a los redactores en sectores especializados y deciden la colocación de recursos; el editor que impone los criterios de noticiabilidad; el poder del jefe de redacción manifestado “a punta de lápiz” en la corrección editorial, mediatizan el proceso productivo porque los reporteros aprenden qué hecho deben reflejar o qué frase censurable deben omitir. (Shoemaker y Reese, 1994: 97)

-En cuanto a los factores individuales, existe un alto grado de subjetividad presente en la producción informativa: “aunque se dé la percepción directa del hecho por un periodista, éste siempre interpretará la realidad de acuerdo con su enciclopedia” (Alsina, 2005:15)

¿En qué CONTEXTO ECONOMICO y SOCIAL se desarrolla nuestro periodismo?

En primer lugar, la actual crisis mundial influye enormemente sobre la economía cubana: “Porque somos un país pequeño, con una economía muy abierta, altamente dependiente del comercio exterior, y en el contexto mundial globalizado hoy nos afectan fundamentalmente la crisis energética y la alimentaria. Además, estamos bajo una guerra económica, algo que no tiene ningún otro país en el planeta, y eso determina muchas de nuestras realidades”.  (Martínez, O. entrevista personal 2008)

También existen conflictos económicos internos:

-La doble circulación monetaria y la segmentación del mercado nacional en ambas monedas afecta tanto a la economía doméstica como a la empresarial.

-La elevada tasa de cambio entre el CUC y el peso cubano, así como los altos precios en las ofertas comerciales de productos de primera necesidad inciden sobre la disminución del consumo y la calidad de vida de la población.

-El bajo poder adquisitivo del salario ha incidido en el poco interés hacia el trabajo estatal que no recibe estimulación en CUP o CUC.

** Baja producción y productividad originadas en problemas materiales y tecnológicos, pero también en la indisciplina laboral y el poco apego al trabajo de algunos individuos.

** Poca realización de la propiedad social que incide en la falta del sentimiento de dueño colectivo y en el limitado interés por el cuidado de los recursos.

** Problemas en la organización y el control administrativo en nuestras empresas, que propician la ocurrencia de ilegalidades, robos, corrupción.

Asimismo incide la situación social creada a partir de los años 90,  ya que las medidas aplicadas para salir de la crisis económica interna tuvieron aparejadas un impacto social. Aunque la situación no ha llegado a tener el carácter de crisis aguda del sistema, sí se han afectado la vida espiritual y algunos valores ideológicos de nuestra sociedad.

Hoy existe un dilema para el campo de la comunicación de masas. Consiste en la representación  que  el público cubano tiene sobre su realidad social. A pesar de que Cuba posee logros apreciables en los campos de la salud, la educación, la cultura y el deporte, y en otras esferas de la vida, la población no considera su privilegiada situación de progreso social en relación con otras naciones.

La nación ha atravesado adversas situaciones a partir de la caída del campo socialista en los años’90, y además afectan al país la crisis económica internacional y los embates climáticos. Sin embargo, en muchas personas no existe una percepción que vincule la situación nacional y mundial con sus intereses y problemas sociales. En parte se debe a que durante años han disfrutado de gratuidades sufragadas por el estado cubano, permaneciendo alejadas del razonamiento sobre los costos de bienes y servicios; pero también, a que problemas de la economía afectan el modo de pensar y actuar.

¿Cómo los periodistas cubanos reflejamos lo que entendemos como nuestra realidad?

-El periodista utiliza los acontecimientos del mundo real y los encuadra dentro de un mundo referencial que le permite determinar la importancia social del hecho, de acuerdo con su propia experiencia cotidiana, según expresa Miguel Rodrigo Alsina en su obra La construcción de la noticia (2005).
 
-El redactor suma a ello la ideología construida en la sociedad (Ideología de la REVOLUCIÓN CUBANA: Darío Machado, 2000), su cultura profesional, valores, hábitos y prácticas del proceso productivo periodístico, que abarca desde la recogida y discriminación de datos, hasta la publicación. 

¿Estamos satisfechos con los resultados hasta ahora obtenidos por el periodismo económico en Cuba?

Algunos resultados de mi estudio, luego de realizar 41 entrevistas en profundidad entre dirigentes del Partido y del gremio, directivos y periodistas de tres provincias cubanas, apuntan hacia aspectos de carácter general del sistema de comunicación, hacia los procedimientos dentro de los medios y a la responsabilidad que le atañe a los propios periodistas.

Respuestas de carácter general:

-Lo que ocurre es que el periodismo económico está marcado por otras improntas del periodismo cubano: el énfasis de la propaganda por encima de todo.

-Impera el excesivo disciplinamiento de nuestra prensa. 

-Cuando se organizan campañas todo el mundo comienza a hablar de lo mismo en todos los medios, el discurso se vuelve monotemático, y provoca muchas veces rechazo en el lector.

Respuestas que implican a las direcciones de los MCM:

-No es plena la confianza y el respaldo que la dirección de ciertos órganos de prensa depositan en el periodista cuando aborda asuntos espinosos. 

-No todos los jefes de los medios tienen la voluntad de que sus redactores logren el dominio de las herramientas investigativas.

-Es poco el espacio para la temática económica y eso reduce su tratamiento sistemático.

Respuestas sobre la responsabilidad de los periodistas:

-Falta profesionalidad en quienes tratan estos temas. El periodismo económico no puede ser “levantar actas” de lo que digan las personas.
 
-No sabemos  utilizar  la  información de  que  disponemos, estamos  acomodados. Queremos  que venga una fuente oficial, una persona determinada y nos acredite la información, que nos la ofrezca masticada.
 
-No se suele interpretar la información que está detrás del dato estadístico. Hablamos de planes productivos cumplidos o sobrecumplidos, de ventas alcanzadas al no sé cuánto por ciento y la gente dice, bueno, ¿qué hay detrás de esa cifra?

-Somos demasiado positivistas y triunfalistas; no suele establecer una correlación logros- deficiencias.

-Falta la diversidad de criterios.

Conclusiones generales:

-Para alcanzar una cultura económica en nuestra población se requiere de un sistema que abarque todas las influencias posibles en la formación de las personas, con estrategias para cada segmento poblacional: de la enseñanza escolar, laboral, las organizaciones, la comunicación pública, entre otros. Y dentro de esta última vía los medios, con un reflejo más eficaz y fiel de la realidad, pueden contribuir a elevarla.

-Los periodistas debemos aprender a utilizar mejor la información que ya se ha hecho pública -mucha aparece en la propia prensa- y la disponible en centros de investigación y en otras fuentes no oficiales.

-Hay que recurrir al combinado de fuentes y triangular la información obtenida.
 
-Debemos crear nuestros propios archivos e interpretar sus datos.

-Necesitamos incrementar nuestra cultura económica.
 
-Debemos adecuar el discurso al entendimiento del público, lograr actualidad, explicar con argumentos, decodificar los datos, analizar.
 
-El periodismo económico requiere alcanzar un mayor impacto dentro de la visión común, acercándose a la vida de las personas.

Bibliografía:

Alonso, Margarita e Hilda Saladrigas: Teoría de la Comunicación, una introducción a su estudio. Editorial Pablo de la Torriente Brau, 2006, 170 págs.

Berger, Peter L. y Thomas Luckmann.  La construcción social de la realidad.  Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1995.

Cabrera Elejalde, Olga Rosa. La Superación profesional para la apropiación de la cultura económica de los docentes de la Facultad de Profesores para la Enseñanza Media Superior. Tesis en opción del grado científico de doctora en Ciencias Pedagógicas. Tutores Dra. Nancy Chacón y Dr. Antonio Blanco. Dpto. de Humanidades, Facultad de Formación de Profesores para la Enseñanza Media Superior, Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”. Ciudad de La Habana, 2006. 120 páginas.

Castro Ruz, Fidel.  “Mensaje del Comandante en Jefe”, publicado en http://www.granma.cubaweb.cu/

2008/02/19/nacional/artic03.html  (Consultado 9/5/2008).

García Luis, Julio. La regulación de la prensa en Cuba: referentes morales y deontológicos. Tesis presentada en opción al grado de Doctor en Ciencias de la Comunicación. Tutores: Dr. José R. Vidal Valdés y Dr. Armando Chávez Antúnez. Facultad de Comunicación Social, Universidad de La Habana, 2004. 120 páginas.

Machado, Darío. La conciencia económica en el socialismo. Revista Cuba Socialista. Editada por el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, La Habana, No 38: pp. 10-14, enero-marzo de 2006.

Martín-Barbero, Jesús. De los medios a las mediaciones. Ed. Gustavo Gili S.A, Barcelona, 1987. 300 págs.

Martínez, Osvaldo; Félix Martínez y Luis Manuel Castanedo (entrevistas personales 2008), aparecen entre los anexos de la tesis doctoral de la autora de este trabajo, documento que se encuentra en fase de terminación y cuyo título es Análisis de las mediaciones que actúan en la elaboración de la agenda sobre temas económicos en medios de prensa escrita cubanos.

Orozco, Guillermo. Mediaciones tecnológicas y des-ordenamientos comunicacionales. Signo y Pensamiento 41 (XXI): 21-33, 2002.

Rodrigo Alsina, Miguel. La construcción de la noticia. Barcelona.  Ediciones Paidós, 2005.

Sánchez Ruíz, Enrique. Apuntes sobre una metodología histórico-estructural (Con énfasis en el análisis de medios de difusión). Revista Comunicación y Sociedad, núm. 10-11: págs 11-50. Septiembre-abri1 l991.

Shoemaker, Pamela y Stephen D. Reese. La mediatización del mensaje. Teorías de las influencias en el contenido de los medios de comunicación. Ed. Diana, México, 1994.

Vidal, José R. Medios y públicos: un laberinto de relaciones y mediaciones. Paradigmas básicos en la comprensión del proceso de la comunicación. La Habana: Ed. Pablo de la Torriente Brau. 2002


 

A PROPOSITO DE LA CRONICA

A PROPOSITO DE LA CRONICA

Lic. SANTIAGO CARDOSA ARIAS,
Periodista del diario Granma, jubilado. Autor de libros sobre Periodismo.

Por ahí anda en mi papelería, archivada en letras de molde, una aleccionadora anécdota que,  con los años, y  para más de un propósito, he hecho una de mis favoritas.

En aquellos días la revista CASA cumplía un aniversario de su fundación y su director, el ensayista y poeta Roberto Fernández Retamar, solicitó a prestigiosas figuras de la literatura cubana y latinoamericana,  la redacción de un trabajo para ser incluido en un número especial conmemorativo de esa publicación.

Entre los que recibieron la invitación-ruego estaba el cuentero mayor, el inefable Onelio Jorge Cardoso, quien no pudo acompañar a su respuesta el gesto que seguramente hizo ante aquella petición de escribir un cuento para “dentro de unos días”, considerando, le recordaba o le señalaba Retamar, que “la revista tiene un cronograma para su edición e impresión”.

El autor de “Caballo de Coral” y otras pequeñas joyas de la cuentística hispanoamericana, le respondió algo así como lo que sigue y que no hay  poner entrecomillado:

Estimado Roberto:  Agradezco tu distinción de invitarme a figurar en esa edición especial de CASA, pero no sé si podré complacerte. Tú sabes que un cuento uno no lo escribe cuando quiere. Tiene que nacer…

En otro ámbito, con tiempo y marea de por medio, recuerdo siempre aquella especie de incidental, ¿de propuesta amable?, de la experimentada periodista Marta Rojas, devenida Jefe de Información del diario “Granma”, cuando planificaba el trabajo de los reporteros y corresponsales que “cubrirían” determinados actos:

-Si te inspira —solía ella decirnos a cada uno--. Si algo te motiva o impresiona, tratas de escribir una crónica…

Debió pasar el tiempo para que algunos, en especial los más jóvenes, entendieran el  porqué de  aquella manera de solicitar un trabajo, el hacer una crónica, cuando en otros casos se daba simplemente una orden.

Es que Marta Rojas –ella misma, cronista-, como Onelio Jorge Cardoso, había ya comprendido y experimentado que hay cosas de las palabras y de la mente que no fluyen por antojo.

¿Estoy planteando o insinuando que la crónica es un cuento? De ninguna manera.

Tomo ambos géneros de ejemplo para apoyar mi criterio de que la crónica, por sus características, no es aquella que se divorcia de la realidad ni se limita a enumerar hechos, detalles y manifestaciones, como se haría en la nota informativa o el propio reportaje, ese hermano mayor de la crónica.

Para mí, este género es, en cierto sentido, una obra de creación—como el cuento-- por la gracia, lo artístico, la originalidad en lo que queremos decir, donde la narración tiene una fuerte y particular carga de elementos subjetivos, no obstante lo objetivo del hecho tratado.

En el caso que analizo es necesario subrayar que me estoy refiriendo a un tipo de crónica, en este caso al que cultivé durante años y que Alfredo Guevara, el conocido cineasta, un día calificó de  impresionista, basándose en lo que llamó “fugaz impresión” de lo que reflejé sobre un filme cubano y en otros trabajos que él había leído con mi firma en las páginas de “Granma”.

La observación que queda hecha me libera de aclarar con detalles que ese tipo de crónica se distancia de las crónicas deportivas, las históricas y otras más, cuyos patrones y esquemas, y sus propósitos, son otros.

Creo que deberá entrarse a analizar el calificativo que se da de crónicas a ciertos trabajos hechos en la casa o la redacción; a otros que el autor elabora con citas escogidas de antemano, antes de entrar en contacto con el hecho y, por tal razón, carecen de esa “fugaz impresión” y tienen, a veces, el sabor de un editorial, de un artículo o un comentario.

Fue en el escenario de los hechos donde siempre encontré la motivación para  escribir una crónica. El “chispazo” me lo dio la vida, la gente…Jamás, en los tiempos en que tímidamente me acerqué a este género, planifiqué  qué iba a hacer ni cómo.

Hay quienes, al forzar la realidad, al excederse en la imaginación, han caído en el  ridículo, y, por tanto, en el descrédito, al menos, no se les ha tomado en serio totalmente.

No fue poco el estímulo que recibí el día que oí decir a la novelista, cuentista y periodista Dora Alonso, que en mis crónicas había observado que quedaban atrapados en breve espacio de tiempo, el propio tiempo y el sentir y fisonomía de las personas.

Al leer y releer crónicas de autores de renombre –García Márquez, Benedetti, Cortázar, por citar algunos internacionales—y de algunos del patio de las distintas épocas, se hace marcadamente evidente en su prosa ese lenguaje literario que tanto cautiva y hace de su etilo algo fascinante.

Aquí, al hablar de estilo, no me refiero al uso que hacemos de la sintaxis y de las demás exigencias gramaticales, sino, además, al  empleo de un lenguaje cercano al lirismo, a la prosa liberada de la rigidez que demandan otros géneros y que en la crónica de la que hablo o escribo resultan elementos extraños.

En mi época de estudiante, un día leí algo que prefiero copiar para no abusar de  la mente.  En un manual se expresaba: “La crónica -al decir de muchos estudiosos— es la “aristocracia del periodismo” porque es el género que puede hacer guiños a la erudición y coquetear animosa con la lírica.  Aquí valen todos los recursos estilísticos: la comparación, la metáfora, la ironía, la paradoja incluso, pero siempre dentro de una forma fundamental de claridad comunicativa...”.

Más de una vez se me ha preguntado en qué situaciones o cuándo se debe  utilizar este atractivo género. Mi respuesta la he dado reformulando la interrogante: ¿Por qué se utiliza tan poco hoy día la crónica?  ¿Por qué ceñir su empleo a lo que ha sido tradicional: un acto en la Plaza, inauguración de obras, ceremonias militares y otras pocas ocasiones?

Un género de esta dimensión debía emplearse más a menudo; debía usarse, incluso, en actos funerarios —por ir al extremo.  En la redacción de una crónica valen el estilo, la brevedad, la poesía y, por  supuesto, el talento del periodista.  No menos valiosos son —o deben ser— los ojos, los oídos, la sensibilidad del cronista, de ese artesano de las letras  que es capaz, en la vida, de encontrar y tallar un material que a otros parece intrascendente.

 

URIBE Y LAS COMPUTADORAS EN TIEMPOS DE BOLÍVAR

URIBE Y LAS COMPUTADORAS EN TIEMPOS DE BOLÍVAR

A la memoria de Vidal Chávez López, Premio Nacional de Periodismo en Venezuela. Por su amistad con Cuba. Por su modestia en las aulas de la Maestría de Comunicación, en la Universidad Bolivariana, Sede Zulia. Por su propia Maestría como hacedor de buen periodismo.

VIDAL CHÁVEZ LÓPEZ

Retroceda en la historia. Sitúese en la Guerra de la Independencia contra el Imperio de España. Suponga que habían sido inventadas las computadoras, existía CNN y las agencias internacionales de noticias, empresas de comunicación que, mediante la manipulación y la tergiversación de la información, se alinean con la explotación y la esclavitud impuesta por el imperio español, tal cual como lo hacen actualmente con la potencia estadounidense.

Ubicado en el tiempo y el espacio sugerido, lea entonces esta información  apócrifa, redactada por el periodista colombiano Álvaro Uribe Vélez, corresponsal en Caracas de una agencia internacional de noticias.

Capturan computadora de Simón Bolívar
Caracas, marzo de 1815.
Álvaro Uribe Vélez, Reportero de la Casa de Nariño -RCN-, periodista al servicio del Imperio.

No hay que engañarse. El extremista venezolano Simón Bolívar es un ejemplo valedero del resentimiento de la subversión internacional contra España, reverendísima Madre Patria a la que le debemos admiración, amor y respeto. ¿Cuándo es que estos terroristas de oficio lograrán entender la noción de que estamos comprometidos de por vida a respetar la cultura y la erudición que representa España?

He aquí la prueba de lo que decimos sin ambages. En una rueda de prensa realizada ayer en Caracas, el jefe del gobierno de la Capitanía General de Venezuela, mariscal de campo Pablo Morillo y Morillo, conde de Cartagena conocido como El Pacificador, mostró a los periodistas de los diarios nacionales y corresponsales extranjeros una comprometedora computadora portátil propiedad del terrorista venezolano Simón Bolívar, en la que se encontraron documentos que demuestran la actividad subversiva que realiza este peligroso agente d

CUANDO LOS SATÉLITES NO ALCANCEN…

CUANDO LOS SATÉLITES NO ALCANCEN…

Lic. SONIA PÉREZ SOSA,
Periodista de Verde Olivo.
Lic. JESÚS ARENCIBIA LORENZO,
Periodista y profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana. 

Ha dictado conferencias, ha escrito libros, ha asesorado empresas y sindicatos... pero su verdadero oficio es conversar. Llenar el silencio de palabras y abrir con ellas caminos insospechados. Después de intercambiar con él al menos dos vocablos, su juventud y bonhomía eliminan todas las distancias de la formalidad y establecen el respeto del afecto.

Profesor de la Universidad de la República en su natal Uruguay y docente invitado en varias universidades latinoamericanas, ha trazado y ejercido consecuentemente líneas de continuidad a los principios edu-comunicativos de pedagogos como Paulo Freire y Mario Kaplún, su padre.

Los análisis teóricos de Gabriel, maduros de sonrisa y risueños de reflexión, pueden enamorar a un auditorio y hacerlo perder la noción del tiempo. Escuchar, escuchar y darle maneras de decir a los «nadies» en nuestros países, ha sido una constante en sus angustias. Así lo hemos visto en foros, eventos académicos, experiencias barriales... estudiando y alentando, enseñando y aprendiendo.

A Cuba ha venido solo tres veces. Pero permanece conectado a empeños de esta Isla. Durante el VII Encuentro Internacional de Paradigmas Emancipatorios, lo sentimos en la plenaria, la comisión, el pasillo y las calles de la Habana Vieja. Entonces nos regaló sus minutos. El tiempo útil de esta voz creadora.

«Para mí la Comunicación es la producción de vínculos y sentidos. Esa definición tan corta es bastante compleja. Porque me parece que durante mucho tiempo se ha puesto el acento en pensarla solo desde los contenidos y cómo esos contenidos viajan, por decir así, de unos a otros. Yo creo que hay que pensarla más como vínculo entre personas, entre grupos, entre sociedades, entre culturas. Hay que pensar más si es horizontal, si es autoritario, si es un vínculo fraterno-amoroso, cariñoso, o por el contrario es duro, violento.

«Y junto con eso pensar los sentidos, en el doble sentido, valga la redundancia, del significado, pero también la dirección hacia la cual caminamos. El sentido no se produce solo desde quien emite, sino que se completa y termina siempre donde el otro puede responder, puede interactuar».

-¿Cuándo y cómo se inicia en la Educación y Comunicación popular?   

«Llegué a la Educación Popular en Uruguay, de alguna manera antes que mis padres. A partir de un grupo de origen cristiano llamado Aportes de Emaús, con el que hacíamos lo poco que se podía hacer en la época de la dictadura. Era un trabajo de barrio muy pequeño, esencialmente de promoción de salud.

«En esa labor sabíamos que la Comunicación era importante. Y a mí ese bichito ya me gustaba desde hacía tiempo. En los años ´70, cuando mis padres grababan esos programas radiales que circularon después por toda América Latina, yo fui una de sus voces infantiles. Ahí está mi voz que a veces no sé reconocer. Y también mi pequeña impulsión profesional. Además, había hecho con mi papá  y algunos amigos un curso de Lectura Crítica de los Medios.

«Pues bien, mis padres y uno de mis hermanos se encontraban exiliados en Venezuela. Habían partido hacia allá a fines de los ´70, por la presión de la tiranía,  y yo decidí quedarme en Uruguay.

«En el ´83 ellos organizan el Primer Taller Latinoamericano de Comunicación Popular, donde acudió gente de muchos países. Mario, sabiendo que yo estaba en esas cuestiones de barrio, me preguntó si quería ser uno de los delegados uruguayos. Y lo fui, junto con otro compañero.

«Fue un encuentro muy intenso de tres semanas. De ese taller y de los siguientes en Venezuela, nace el libro tal vez más emblemático de Mario, El Comunicador Popular. Digamos que eso terminó de decidir en mí una vocación ya más clara. Y cuando volví a Uruguay trabajé con muchas de estas cosas.

«Ya en el año ´84 armamos el Primer Taller de Comunicadores Populares en el grupo  en que yo trabajaba. Hicimos la primera convocatoria y vinieron unos 150 compañeros de barrios, sindicatos que se estaban organizando y otras instancias. Entonces, ese movimiento ya no paró.»

-¿Por qué decide quedarse en Uruguay cuando su familia se va?

«Del ´73 al ´78, los primeros cinco años de la dictadura que se extendería hasta el ´85, mis padres se quedaron todavía. Al principio, incluso, en sus labores de siempre: produciendo los programas de radio. Ya después ese trabajo se acaba y tampoco podían hacer televisión; pero aún hicieron unas cuántas cosas, sobre todo el método de Cassette-Foro. En esa época pudo ser descubierto y procesado en Uruguay, en un trabajo más micro con campesinos.

«Pero ya a la altura del ´77 mi padre se da cuenta de que era imposible seguir trabajando. Además, la policía lo buscaba, buscaban a mi hermano mayor… y así no. No tenía sentido.

«En mi caso, tenía 19 años y un amor muy fuerte. Había argumentos para los dos lados. Fui junto con ellos a Venezuela –a visitar y conocer, no a quedarme–, y después fui con la que sería mi mujer, a ver si ella quería. No le gustó. Ni a mí tampoco.

«Mirado en perspectiva, fue una decisión con claroscuros: perdí cosas y gané otras. Entre las que perdí, estuvieron algunas oportunidades de estudiar, por ejemplo, Sociología. En Uruguay estaba cerrada esta licenciatura, porque era “peligrosa” para la dictadura militar.

«Intenté con Economía –me gustaba, pero no la que nos daba el régimen–, y Comunicación ni siquiera existía. En fin, varios intentos; con Educación un poco lo mismo… Esa zona fue un tanto frustrada, digamos.

«Pero en cambio gané otras cosas: un trabajo popular de base, que hacíamos a la luz, pero teníamos que limitarnos a espacios muy pequeños. Para mí fue un aprendizaje único. De hecho, eso permitió –no en lo mío, sino en lo de mucha gente– que cuando salimos de la dictadura, hubiera aires nuevos en Uruguay.

«Yo me siento parte de esa historia, de haber contribuido a hacer surgir cosas en mi país, que tienen mucho que ver con la Educación Popular, en una época en que de eso, casi no se hablaba.»

-¿Qué dejó en usted y sus compañeros servir de «conejillos de Indias» en los primeros experimentos de Mario con la Lectura Crítica de los Medios?

«Eso fue, si mal no recuerdo, en 1976. Él estaba con algunas inquietudes que quería probar, experimentar. “Mira, me gustaría trabajar esto, pero trabajarlo con gente, no solo en teoría. ¿Tiene ganas de reunir algunos compañeros?” Entonces yo convoqué a un grupo de amigos. Éramos todos jóvenes alrededor de los 16, 17 años.

«A algunos de ellos los sigo viendo ahora, son amigos de toda la vida. Carlitos, por ejemplo, no falta ocasión en que me diga: “Esa experiencia a mí me marcó. Ya no pude ver televisión del mismo modo. Ya no pude recibir la publicidad del mismo modo. Ya no pude escuchar la radio de la misma manera…” Porque analizamos los medios juntos, desde adentro de los medios, pero también desde dentro de uno mismo.

«Quizás lo más fuerte en esos talleres, y que mi padre terminó como de descubrir con nosotros, es la complicidad del espectador. Esta idea que después todos los que han trabajado Educación para los Medios, y estudios de recepción conocen, pero que en el momento no estaba tan clara.

«Allí estaba la noción de que los medios trabajan sobre necesidades reales nuestras; y en todo caso, lo que nos ofrecen son lo que algún teórico después llamaría “falsos satisfactores”.»

-Sus padres dedicaron la vida a estudiar y generar procesos comunicativos ¿Cómo los recuerda comunicándose entre sí y con usted y sus hermanos?

«Hay una mezcla ambigua de momentos felices y duros, porque no siempre la comunicación era fácil en el ámbito familiar. De hecho para mí, y lo puedo decir ahora con tranquilidad, permanecer en Uruguay cuando ellos estaban en Venezuela tenía una ventaja: no estar tan a la sombra de mi padre; poder desarrollar cosas propias. Porque él era, digamos, era una figura muy fuerte.

«De hecho, cuando él vuelve, había mucha gente que no lo conocía tanto o que no lo conocía directamente y que más bien hacía el vínculo al revés y le decía: “¡Ah, vos sos el padre de Gabriel!”… Eso también posibilitó otro tipo de mirada mutua. Había un flujo que era en el otro sentido. Él me pedía cosas, vínculos con otra gente, bibliografía de determinados temas. Entonces, ya yo había concluido mi maestría en Educación y él a veces hablaba conmigo no para contarme, sino para pedirme opinión. Para recibir. 

«También para mi mamá la relación era compleja. Tenían una unión entrañable, pero resultaba doloroso que la reconocieran solo como su esposa y no por méritos propios, que los tenía, y muchos. Como actriz, pero también como productora radial. Es bueno decir que de los programas que ellos hicieron en los años ´70 —y ahora están en Internet y en mp3 a disposición de todo el mundo—, más de mitad son de mi madre. Hechos con guiones y dirección de ella.

«Igualmente hay que hablar de su maravilloso trabajo de teatro popular, muy valorado en Venezuela. Sin embargo, era muy grande la figura de Mario, y además  —esto lo evocan sus alumnos—, con juicios a veces cortantes.         

«En los últimos años tuvimos unos lindos domingos familiares, de conversación profunda, intelectual; a ratos complicada, porque estaban mis hijos muy chicos.

«Ellos lo recuerdan con mucho cariño también, pero como una figura a la vez un poco lejana. Era ese abuelo muy especial, que otros compañeros le mencionaban: “¡Ah pero vos sos la nieta de Mario…”. En fin, había una mezcla entre distancia y cercanía.

«Yo tengo un recuerdo singular del momento de su muerte, donde por suerte pudimos despedirnos muy bien. Él hizo una gira que se suponía fuese académica, y no pudo serlo porque desde la partida iba enfermo. Fue a Venezuela, donde vive uno de sus hijos y a España, donde vive el otro. Lo único que logró hacer fue despedirse. Después volvió a Uruguay, ya para morir. Y tuvimos largas conversaciones. Las últimas giraron en torno a libros que quería escribir y ya no podía; o sobre algunas de las vivencias que yo cuento en el artículo “El viajero”: ese empeño suyo de seguir aprendiendo siempre.»

-Hay un tema que él comenzó a vislumbrar en el último momento de su vida, que usted ha retomado y, por supuesto, ha tenido la posibilidad de profundizar: el de la Comunicación y las nuevas tecnologías. Mario se preocupaba mucho, según ha contado usted, por esa persona aislada con su ordenador en frente. ¿Cuáles son los riesgos de aprender y enseñar con Internet?

«Está el riesgo de aislamiento que es el que señalaba mi padre. Está también, en el caso de lo educativo, el riesgo de estandarizar tanto los procesos de enseñanza, que se pierda el aprendizaje. En el sentido de que todo está diseñado por un otro, pero no existe el espacio para que el educando construya el conocimiento, que es la idea fuerte del constructivismo en la educación. Algo bien coincidente además con lo que en otros términos planteó Paulo Freire.

«Muchos de los usos de las nuevas tecnologías y en particular de Internet, han estado vinculados a las teorías conductistas en la Educación. Porque quizás los conductistas vieron antes que otros la potencia de las tecnologías. Pero las vieron en tanto sustituto del docente. Un sustituto que reemplaza al profesor estandarizando procesos.

«En una concepción dialógico-crítica como la de Freire, o constructivista como la de Vigotsky, es importante no solo la presencia del docente, sino la de los otros como espacio de diálogo, aportando sus saberes y lo inesperado. Estos dos elementos no caben en un esquema conductista que tiene todo prediseñado. Yo creo que ese es el otro riesgo junto con la soledad.

«Por cierto, la soledad ha sido un problema típico de la Educación a Distancia. Con la consiguiente desmotivación de muchos estudiantes que no ven a los demás, pues verlos a distancia no siempre es lo mismo. Como bien plantea Vigotsky, se pierde allí la posibilidad de interacción, la oportunidad de generar las zonas de desarrollo próximo, como a él le gusta llamarles.

«Ese eslabón entre lo que sabemos y lo que podemos llegar a saber; entre lo que sabemos hacer y lo que podemos llegar a saber hacer; se construye en el diálogo con el docente y con los compañeros. Si no hay compañeros, es muy difícil edificarlo. Entonces, estar con otros tiene una potencia pedagógica.

«Sin embargo, por suerte, esa no es la única realidad. Hay maneras de usar Internet de otra forma. Hay vías allí para armar el trabajo educativo y el aprendizaje desde otro lugar.

-Y de cierta manera en ese otro lugar se han democratizado las posibilidades individuales de convertirse en emisores…

«Claro, en potencia, eso es posible. Aunque esa potencia todavía está a medio camino, a medio desarrollar. Porque, si uno mira, por ejemplo, una medida cuantitativa simple es lo que conversábamos con la empresa de telecomunicaciones en Uruguay. Ellos hacían una cuenta referida a lo que los uruguayos bajamos de la red y lo que subimos. Resulta que bajamos cien veces más que lo que subimos. Es una primera medida, pero más allá de la cuestión cuantitativa, lo que muestra es que nuestra posibilidad de ser emisores está siendo poco aprovechada.

«Eso explica, incluso, por qué muchas veces las conexiones están hechas con más velocidad de bajada que de subida: porque suponen que mucha gente, la mayor parte de la gente, no sube nada, no produce nada.

«Esta relativamente escasa producción —sobre todo insuficiente desde experiencias tan ricas como los sectores populares—, tiene que ver algunas veces con razones económicas, otras con causas de manejo tecnológico, pero todavía, también, con una dificultad para pensar un medio que tiene esa potencialidad. Ahí el EMIREC está como posibilidad mucho más tecnológicamente viable. Pero nos acostumbramos tanto a ser solo receptores, que nos cuenta pensarnos de otro modo.»

-Un destacado poeta cubano dice que la poesía, aunque la escriban hombres de derecha siempre es de izquierda. ¿De la comunicación se puede pensar igual?

«No estoy tan seguro, porque todo depende de cómo definamos comunicación. Si la definimos como a algunos nos gusta hacer, fundamentalmente como diálogo, entonces sí. Pues el diálogo tiene siempre una potencialidad revolucionaria. Pero es cierto que muchas veces los diálogos terminan, otra vez, llenos de autoritarismo. Y entonces esa potencia se pierde.

«Quizá la poesía tiene más posibilidades. Parte incluso, porque, pensándolo bien, no toda comunicación apela a la poesía. No toda comunicación es poética en el sentido de explotar la fuerza de la metáfora. Esa posibilidad de dibujar otros mundos, no solo materiales, sino otros imaginarios posibles. La poesía siempre abre esos mundos y por eso, quizá, lo dice el poeta. La comunicación, ojalá que también».

-Según su criterio, las izquierdas han tenido dificultades para definir políticas y estrategias viables de comunicación. ¿Esto no es una contradicción esencial con la razón misma de la izquierda, que debe ser progresista, dialógica, social?

«Creo que muestra, por un lado, una debilidad de la izquierda, que no siempre ha tenido presente lo dialógico. Hay todavía la idea de que “si yo tomo el poder y los medios, desde ahí puedo incidir en los otros”. Sin pensar que en realidad lo importante, tan o más importante que eso, es que los otros tengan para siempre la palabra.

«En mi país, por ejemplo, —y lo he visto en varios—, no existe mucha preocupación por cómo la población se comunica entre sí o cómo accede a los medios, no solo en tanto ciudadanos individuales, sino también como colectivos que se construyen una realidad. Por esa fisura llegamos a complicaciones teóricas y políticas de fondo en muchas de estas izquierdas, y cuya solución pasaría por redefinir, por ejemplo, qué es socialismo. En todo esto radica un primer problema de la izquierda.

«Un segundo problema es la incomprensión del tema “medios y recepción”. Por ejemplo, a los izquierdistas les preocupa mucho la información y muy poco el entretenimiento. Les parece que si controlan los informativos está bien, porque ahí reside la verdad o falsedad que se transmite; cuando en realidad un programa de entretenimiento, una serie policial, una comedia romántica, están siendo decisivos en los modelos de vida que se ofrecen.

«Además, la gente puede que no le crea a la información aunque la mire en la tele. Pero es más complicado con el tema de los paradigmas de vida que se ofertan. Y esto la izquierda lo ve poco.  ¿Por qué no ha ahondado en cómo se produce la ficción?

«Finalmente, en el caso de Uruguay y de otras naciones de América Latina, yo diría que falta por pensar un problema más. Salvo en Cuba, los medios en el continente han sido, en mayoría, privados comerciales. Frente a eso, lo que la izquierda visualiza es oponer medios estatales. Creo que está bien, pero quizá le ha faltado pensar en los medios comunitarios como otro espacio posible. Solo recién empiezan a comprenderlo. Con todo, tengo que decir que, de a poquito, va habiendo avances, tanto en mi país como en otros».

-¿Qué peligros pueden afrontar iniciativas de integración comunicativa regional como Telesur?

«Ahí hay una iniciativa buena, interesante, bien pensada. También, como ellos mismos lo han dicho, difícil. La generación incesante de contenidos de calidad no es nada simple. Como dice su director, Aram Aharonian: «Este es un burro que come galletitas todo el día, y a veces no tenemos qué darle».

«Tanto en Telesur, como en otras iniciativas similares, por ejemplo: TAL (Televisión América Latina) —que arrancó ya aunque no del todo—, existe la idea de un modelo colectivo al estilo de lo que instituciones como ALER (Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica) y otras, venían haciendo: compartir producciones ya realizadas. Una gran cooperativa, digamos. Pues la debilidad mayor de la creación audiovisual en América Latina está esencialmente en su circulación.

«Por eso hay que combinar estas apuestas mayores con otras de televisión comunitaria. Junto con…, no digo contrapuesto a… Es decir, ponerle fuerza simultáneamente a mucha más producción que sea viable, porque hay gente que quiere y puede crear, incluso a nivel de barrio. Ahí sí lo tecnológico ayuda, pues se han abaratado los procesos de grabación, edición, etc.

«No todo tiene la calidad adecuada, pero se puede apoyar. Y de cien producciones barriales, diez son muy buenas para mostrar a nivel nacional; y una a nivel latinoamericano. Si ese tipo de movimiento lo impulsamos más, ahí tenemos una posibilidad grande».

«Claro, esto debe complementarse con distribución. Porque muchas veces no se encuentra quién multiplique la señal en cada país y ahí se bloquea cualquier esfuerzo.

«En materia de cine conocemos lo dramático que es: está monopolizado por unas pocas distribuidoras. En materia de televisión, también. Así, por ejemplo, nuestros canales se ven obligados a comprar enlatados extranjeros, lo cual sale más barato que generar ellos mismos. Y las latas casi siempre están condicionadas al paquete.

«En Uruguay a veces la gente se pregunta, “¿por qué esta película tan mala, notoriamente mala, la han pasado diez veces en la tele?” Porque formaba parte de un paquete, donde venía una buena – la última que ganó el Oscar – y ocho pésimas que había que poner obligado. Filmes que nadie alquilaría en un videoclub, que nadie iría a ver al cine, y sin embargo, terminan en la pantalla doméstica.»

-¿No cree que con el empeño de tener una televisora comunitaria o colocar algo en cine, a veces olvidamos medios tradicionales como un teatro barrial o una simple hoja impresa, que aún  pueden ser efectivos?

«Al contrario; incluso muchas veces se potencian el uno con el otro. Algunas de estas experiencias de televisión y radio comunitarias justamente son combinaciones de medios, son multimediales. Está el grupo de teatro que a su vez trabaja con la emisora y con el periódico. Entonces todos estos espacios viabilizan la ida y vuelta.

«El caso de los medios escritos sí conviene repensarlo, porque uno siente que a veces hay ahí bastante papel tirado en América Latina, quizás menos en Cuba. Empezamos por problemas de alfabetización básicos: la gente lee poco, le cuesta leer; y si el medio escrito es puro texto, tiene una recepción muy baja.

«Yo tuve que hacer un estudio hace pocos meses, entre otras cosas con datos de lectores de prensa en mi país, y aún con la compra del diario el fin de semana, —que es cuando se compra más— y contando que de cada periódico varios leen, no pasa del 20% de la población los que dedican tiempo a la lectura de diarios y semanarios.» 

-En el campo académico hace tiempo se superó aquella visión de los medios omnipotentes manipuladores que inyectan un contenido a las personas. Sin embargo, todavía entre la gente común sobrevive esa idea. ¿Por qué la ruptura entre lo que debaten los estudiosos y lo que las mayorías piensan?

«Por la falta de Educación Popular. Específicamente en este caso, «Lectura Crítica», o alguna de las tantas corrientes que en América Latina se desarrollaron. En el programa de gobierno del Frente Amplio de Uruguay, por ejemplo, incluimos, además de una cantidad de medidas de reformas de los medios, un plan nacional de «Educación para los Medios».

«Estos días justos estoy escribiendo mi tesis de doctorado acerca de las Culturas Juveniles y la Educación. Hay un capítulo sobre Comunicación allí. Trabajamos con los docentes específicamente la Lectura Crítica.

«Un primer ejercicio interesante es preguntarle a cualquiera: “Bueno, está bien, los medios manipulan. ¿A ti te manipulan?”. “No, a mí no”. “Y entonces ¿por qué manipulan a todos los demás? ¿Son tontos y tú no lo eres?...”

«Un segundo ejercicio: “A ver ¿cuántas horas de televisión mira cada quien aquí?”. Dicen: “no, yo apenitas, a veces, muy de vez en cuando”. “Vamos, gente, hagámoslo anónimo y cada uno anote en una hojita cuántas horas de tele mira al día, para empezar a desmontar un poco esto”».

«“Entonces, ¿por qué miramos tanta televisión? O ¿por qué miramos la poca que miremos? ¿Pa’ qué tú la miras?” “Bueno, yo llego a la casa y lo que quiero es desenchufar. Entonces pongo cualquier porquería”. “¡Ah!, entonces no importa mucho el contenido, ¿no?”... ¿Qué es lo que está diciendo este uso del televisor como “ansiolítico”?

«Todo esto requiere un trabajo de construcción que tiene que empezar por uno mismo. Es un poco lo que buscaba mi padre con aquellos intentos de los años 70 cuando decía: “El método tiene que ser vivencial, es decir, no puede ser solo un discurso teórico sobre los medios, sino una reflexión sobre cómo cada uno se relaciona con los medios, y a partir de ahí, comenzar a construir otra relación».

«Ah,  se trata de un esfuerzo delicado de pensar desde uno sin desautorizar al otro, sin empezar con la crítica al otro. Porque si uno dice. “Tú te pasas horas frente al televisor y por eso eres un estúpido que te dejas manipular…” Bueno, nadie quiere empezar por ahí ninguna conversación, ¿no? Y además, no es verdad.»

-En el gremio de los comunicadores y teóricos de la comunicación hay tres conceptos bastante manipulados, de los cuales queríamos nos diera su breve definición:

Lo masivo… «Por un lado está la vieja contraposición con lo popular que planteaba García Canclini y que —estoy de acuerdo con él—, no es exacta. Creo que lo masivo tiene en realidad dos niveles: el local (comunitario), que a veces perdemos de vista, y el nacional.

«La característica tal vez principal de lo masivo es la relación típica del Broadcasting: de un emisor hacia muchos receptores. Quizás lo que tenemos que construir es el masivo no masivo, en el sentido de no masificado. La mayoría de espacios mediáticos son masificados y masificadores. Pues bien, hay una posibilidad de lo masivo en la interacción a través de otros medios a nivel microlocal y de grupo. Se puede y se debe repensar ese espacio.»

Lo contracultural…  «Lo conversábamos en el taller: Contracultura es un concepto que pasó un poco de moda, pero mantiene cierta vigencia en algunos sectores. Por un lado como paralelo a lo contrahegemónico, pero sobre todo, como lo que se contrapone en sentidos y significados a los contenidos de los “grandes medios” y de las expresiones culturales dominantes.

«Creo que es también un concepto a rescatar; aunque con franqueza, a mí no termina de gustarme. Porque siento que hay en él un blanco-negro. Si dicen “esto” decimos “lo contrario”. Y yo creo que el contrario no es realmente el que puede revolucionar al otro, sino lo distinto, lo diferente.

Entraríamos entonces en el tercer concepto: Lo alternativo… «Me parece que apunta al contenido pero además a un modelo de comunicación más horizontal y distinto en términos afectivos, incluso. Por eso creo que una alternativa profunda a lo hegemónico, tiene que ser capaz de captar algunas cosas que en esa hegemonía están presentes porque son parte fuerte de lo dominado; por ejemplo, lo que los medios masivos dominantes han sabido hacer de captar el humor y las historias populares, el relato y las maneras de narrar. Eso no podemos perderlo.

«Pero debemos recuperarlo en un contexto distinto. Entonces alternativo va a ser una nueva narrativa, pero narrativa al fin, y no un discurso dogmático, pesado y aburrido.

«Y en segundo lugar, como decía, la posibilidad de un modelo mucho más participativo de la comunicación. Sabemos que es difícil, sin embargo, también conocemos que desde la Educación Popular, en los espacios chicos comunitarios y en los más grandes que se vienen formando, es viable encontrar estos modos de diálogo».

-Sobre determinados temas como la Educación y Comunicación participativas, a veces se teoriza mucho, pero se hace difícil aplicarlos en la vida personal cotidiana. ¿Cuál sería su estrategia para ser consecuente?

«Sin dudas esto es lo más difícil de todo: la coherencia, una meta utópica, ¿no? Es interesante, por ejemplo, para empezar por el espacio universitario, cómo nos planteamos con nuestro equipo, todos los años, una evaluación fuerte del curso.

«Siempre decimos que nuestro problema es el mismo y cambia: el problema es ser más coherentes. Los estudiantes nos lo dicen también. Y empezamos reconociéndolo: “Aquí vamos a hablar de un modelo pedagógico distinto y sabemos que nuestra pedagogía no es totalmente distinta”. Lo primero es admitir esto: que la coherencia total no es viable.

«Lo segundo es, como bien dice el movimiento feminista, pensar todos los espacios personales, familiares, como espacios políticos. Recuerdo que para mi papá, por ejemplo, fue muy difícil aprender a lavar los platos, y encargarse de eso. Lo hizo finalmente, pero le costó.

«En mi familia eso ha sido relativamente más fácil. Muy parejo con mi mujer, pero a veces muy trabajoso con los hijos. “Está bien, digo, nosotros dos somos muy parejos en quién se ocupa de cocinar, lavar la ropa, los platos, la casa, todo. De acuerdo, pero ¿y los chicos? ¿Cómo es la cosa?” “Bueno, ya tendrán tiempo, cuando sean grandes”, “no, no, ya son bastante grandes. Ya es tiempo de que compartamos las tareas”.

«A veces nuestras reuniones familiares han sido complejas en ese sentido. ¿Cómo lo trabajamos cada día? Con una búsqueda permanente de coherencia».

-Paulo Freire decía que los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, que los hombres debían reunirse para pronunciar el mundo. Lo invitamos a que nos imaginemos el día en que los hombres se reúnan, todos, para pronunciar el mundo. A su juicio ¿cuáles serán las primeras palabras que dirán?

«No lo sé. Pero quisiera responderles también con frases que a mí me gustan. Por ejemplo, esta idea del propio Freire de que hay que ser sanamente locos y locamente sanos para cambiar el mundo. Me parece que por ahí hay una punta.

«Y termino con algo que pusimos en nuestra página web de Comunicación Comunitaria en la universidad. Es de una linda canción de Fito Paéz, muy conocida, que dice: “Cuando los satélites no alcancen, yo vengo a ofrecer mi corazón”.

«Esa idea nos recuerda que más allá de muchas tecnologías, la comunicación humana tiene que ver justamente con lo humano profundo. Con los afectos. Ojalá el día que los hombres se encuentren, en primer lugar estén esos afectos».

LA CRONICA PERIODISTICA: UN GENERO TAN POLEMICO COMO IMPRESCINDIBLE

LA CRONICA PERIODISTICA: UN GENERO TAN POLEMICO COMO IMPRESCINDIBLE

Dra. MIRIAM RODRÍGUEZ BETANCOURT,
Profesora Titular y Consultante
de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La crónica no nace con el Periodismo sino que este aprovecha una tradición literaria e histórica de largo y espléndido desarrollo para adaptarla a las páginas de la prensa, apunta el profesor español Juan Cantavella al recordarnos  su origen,  huella que  le acompaña a pesar de la amplitud temática de sus objetos de información y la especificidad que ha ido adquiriendo como género periodístico. (1).

No se puede olvidar tampoco que en las primeras décadas del siglo XIX  los periodistas denominaban como crónica a cualquier noticia y que los historiadores así eran   llamados desde la Edad Media. “Cuando el periodismo se convierte justamente en periódico (…) el antiguo cronista, recolector de ‘aquello que pasó’ se traslada a la especialización periodística para convertirse en periodista” (2).

Literatura e Historia son los típicos compañeros de viaje en el  itinerario de un género del cual no pueden prescindir los medios de comunicación no sólo por su maleabilidad estructural y expresiva para abordar lo humano y lo divino, sino también por su capacidad de dar cuenta de los sucesos al tiempo de valorarlos como lo exige el auténtico Periodismo: con la urgencia de la inmediatez, la objetividad  del testimonio y  la calidad literaria de la redacción.

Polémico este género,”abierto, diverso en sus esquemas (3), que continúa mereciendo la atención de los especialistas: en el último número de la revista española “Estudios sobre el mensaje periodístico”,  que edita la Universidad Complutense de Madrid, encontramos cuatro trabajos dedicados a la crónica (4), y en un voluminoso texto publicado en el 2004 ocupa un capítulo firmado por el profesor Juan Cantavella,  uno de sus más importantes estudiosos (5).

De su origen histórico-literario hereda la crónica  periodística atributos que le permiten recrear la realidad sin violar la veracidad de los hechos  De esa herencia se recoge también la exigencia de que el periodista haya presenciado o escuchado de fuentes confiables los hechos que cuenta, elemento  que hasta nuestros días confiere a la crónica determinada jerarquía entre los restantes géneros.  Lo que trasmite el cronista es de primera mano, visto y oído;  la detección de la arista singular, del latido interior de un tema, de un acontecimiento, de una persona.

Pero, como ya se sabe,  no es aconsejable  la afirmación rotunda en materia de géneros periodísticos.  La presencia del cronista en el lugar de los hechos, al igual que en el reportaje, puede ser sustituida por el registro de fuentes orales o documentales irrefutables, y, en todos los casos, con el añadido de la visión personal del narrador.

Cuando no es posible  mantener el supuesto de “la presencia viva del cronista en las escenas que se relatan”, (6) será arte  mayor  hacerlo de modo indirecto  para crear  así una ilusión de realidad.

Pongamos como ejemplo paradigmático el de José Martí,  quien no  siempre estuvo presente en el escenario de los hechos sobre los cuales escribió extraordinarias crónicas  para  periódicos hispanoamericanos de su época , ejercicio notable de su capacidad descriptiva y narrativa, como expresa Pedro Pablo Rodríguez, uno de los más reconocidos estudiosos de la obra martiana, quien califica a las crónicas del Apóstol  sobre Estados Unidos como “uno de los casos más notables en lengua española de ese género enigmáticamente limítrofe entre el periodismo y la literatura.” (7).

Una  de las aristas controversiales que genera la crónica se refiere a su definición y clasificación a lo que se añade la imposibilidad de entenderla igual en cualquier ámbito geográfico y práctica periodística. En el periodismo anglosajón, por ejemplo, la crónica suele equivaler al reportaje de acción (Action story) o al artículo en el que predomina como valor noticioso el llamado interés humano.

Las definiciones varían mucho en este género, quizás como en ningún otro.  “Uno de los géneros más difíciles de definir, dice Evelio Tellería, ya que comparte facetas de otros géneros, y, además, esta muy cerca de los trabajos literarios” (8).

Un somero recuento de caracterizaciones confirmarán tal diversidad y revelarán, a la vez, algunos rasgos propios del género como su carácter vivencial, literario, valorativo e informativo a la par.


Gargurevich  dice que “es un relato de construcción literaria especial”, y alude a su escritura en secuencia (9).

A la misma característica  se refiere Martín  Vivaldi al unir sus atributos literarios e históricos: género literario en virtud del cual el cronista relata hechos históricos, según un orden temporal , y añade que se narra algo al propio tiempo que se juzga lo narrado.(10)  Veamos un ejemplo:

“Apenas el refuerzo de las medidas de seguridad y el aumento del número  de periodistas recordaban ayer en Bagdad el primer aniversario de la invasión de Irak.  Los iraquíes han ignorado la conmemoración, divididos entre la satisfacción por la derrota del dictador y la humillación de la presencia de soldados extranjeros en su suelo.  La violencia política causó dos nuevas muertes en Mosul y Kirkuk” (“Bagdad refuerza la seguridad en el aniversario del ataque”, A. Espinosa, El País, 21 de marzo de 2004, pág. 2)

Julio Garcia Luis apunta que en la crónica  “el relato noticioso puede ser actual (…) o tratarse de hechos pasados, que son actualizados por una circunstancia cualquiera”,  y se refiere a  su  “riqueza y brillo del lenguaje” (11).  
     
El “elemento personal”  y el  “lirismo sutil” son resaltados por Rolando Pérez Betancourt en su libro “La crónica, ese jíbaro” (12) mientras Máximo Simpson  insiste   también  en el  carácter subjetivo  de este género, su lenguaje literario y el orden cronológico a que responde la narración. (l2).

“Producto literario eminentemente latino (…) con “cierta dosis de carga informativa” (13) son las características que destaca el profesor Martínez Albertos para diferenciar  nuestra crónica de la que se ejercita en lengua inglesa.

Carlos Monsivais resume sus criterios al respecto con una delimitación precisa: “Reconstrucción literaria de sucesos o figuras, género donde  el empeño formal domina sobre las urgencias informativas” (14).

Mientras Maria Julia Sierra define a la crónica como “un  género de la literatura periodística eminentemente informativo “(15),  Luis Beltrao se decide por situarla como un género de opinión, y también destaca su íntima relación con la actualidad “y por su tradicional sentido de relato de acontecimientos en orden cronológico”(16).

Obsérvese en la anterior relación la concordancia en cuanto a mantener el orden temporal del suceso: “el tiempo es la primera dimensión que encierra el concepto de crónica” (17), y el predominio de la subjetividad.

La actualidad se menciona también como uno de sus elementos definitorios clave, pero como acota Hugo Rius, ello no basta “puesto que podría argumentarse –y con sobrada razón—que resultaría dificil dar con un género puro (18).

Otro elemento común para  los estudiosos es el comentario del cronista en relación con los hechos expuestos.  Esa valoración no llega a ser la que caracteriza al artículo de opinión: si bien  puede enjuiciar, el propósito de la crónica no es el de convencer, sino el de conmover, el de despertar la sensación de una vivencia compartida, pues como afirma Grijelmo debe valorar “de una manera muy vinculada a la información” (19) sin la oportunidad para la reflexión detenida sobre esos aconteceres.

La argumentación en la crónica no alcanza el rigor característico de otros géneros del denominado periodismo opinativo. El tono del comentario es mas íntimo, un tono de confidencia como lo califica Vivaldi,  totalmente distante del estilo editorializante o de solicitación de opinión, aspecto este en que concuerdan casi todos los estudiosos. Un fragmento de “Mi Hemingway personal”, firmado por García Márquez, lo evidencia:

“Por una fracción de segundo—como me ha ocurrido siempre—me encontré dividido entre mis dos oficios rivales.  No sabía si hacerle una entrevista de prensa o sólo atravesar la avenida para expresarle mi admiración sin reservas.  Para ambos propósitos, sin embargo, había el mismo inconveniente grande: yo hablaba desde entonces el mismo inglés rudimentario que seguí hablando siempre, y no estaba muy seguro de su español de torero (...)  (Gabriel García Márquez, crónica publicada el 26 de julio de 1981 en El Espectador, de Bogotá) 
    
Característica que logra poner a todos de acuerdo es la de su estilo literario.  No puede hablarse de crónica en rigor si no se destaca el particular tratamiento expresivo que este género exige.

A menudo sucede, sin embargo, que se confunde el estilo literario con el empleo de un lenguaje ampuloso, típico de cierta crónica de interés humano que nada tiene que ver con la que describe Gargurevich: “aquella información que tiene por objeto movilizar emociones en el lector apelando a su sensibilidad “(20) sino que toma por objeto cualquier asunto trivial o melodramático de la peor especie con el evidente propósito de emocionar a los lectores.  Por supuesto, tales “descargas líricas” nada aportan ni a la Literatura ni al Periodismo.

De modo que aunque al género le es propio un determinado aliento expresivo y el   abordar temas y asuntos de muy diverso tenor y hasta de poca trascendencia  en cuanto a la actualidad noticiosa, ello no justifica la frecuente tendencia a identificarlo con cualquier desahogo emotivo, simple tanto en lo que se refiere a la forma como al contenido

Julio García Luis apunta al respecto que el objetivo de la crónica  es “iluminar determinado hecho o acontecimiento (...) sin acudir a una argumentación  rigurosa, formal, directa, sino mediante la descripción de la realidad misma, de alguna pincelada valorativa y del manejo de factores de tipo emocional” (21), siendo esta una de las definiciones más certeras sobre el género.

En materia de clasificación, algunos estudiosos la incluyen dentro del periodismo informativo, otros, en el contexto del periodismo de opinión.

Gargurevich, sin ubicarla específicamente dentro del periodismo informativo, afirma que es su antecesora (22), pero María Julia Sierra no duda en hacerlo, pues, para ella, es un género “eminentemente informativo” (23). Difiere de ambos el brasileño Beltrao quien  se decide por colocarla dentro de los géneros de opinión porque destaca, como fin primordial de esta categoría periodística, la expresión del juicio, del criterio del cronista sobre hecho, ideas y estados psicológicos personales o colectivos (24)

También en su  tipología la crónica alcanza divisiones y subdivisiones muy amplias. Veamos: 

Por su enfoque, puede ser general, especializada, analítica, sentimental, humorística, de viajes, de remembranza, histórica.  Por su tema, parlamentaria, judicial, de espectáculos, del extranjero, de sucesos, de interés humano o especial, de sociedad o sociales, taurina, deportiva, costumbrista, local...

Se  añaden  otros tipos: la doctrinal, la artística, biográfica, la descriptiva y la utilitaria. Especial atención recibe en los textos y manuales, la crónica viajera o de viajes, tan vinculada al origen mismo del género.       

Lorenzo Gomis las resume de la mejor manera: en razón del lugar, es decir, a  partir de la locación desde donde el cronista elabora sus impresiones; de corresponsal, de enviados especiales, viajeros; y en razón del tema, grupo en el que caben todas las demás.

En definitiva, como expresa Maria Celia Forneas (...) “los nombres de las clases de textos dependen de las actitudes e interpretaciones  que los lectores hagan de ellos, pues pueden emplearlos para designar referentes cognitivos en momentos históricos diferentes” (25).

En esta  materia resulta improcedente adherir rotundamente tal o cual clasificación; a lo que más se pudiera llegar sería a apostar por aquellas que aparecen con mayor frecuencia y que, por ello, adquieren tipicidad.

LA REDACCION

Como expresión caracterizada por la subjetividad, la capacidad del cronista, su estilo, el tema en cuestión, también sería cuando menos inútil asumir  normas absolutas en relación  con su escritura,  en ello concuerdan los especialistas.  No obstante, valdría la pena detenerse en algunas consideraciones formales que parecerían ser las más recomendables y aceptadas para la redacción de este género, sobre todo porque lo definen sustantivamente.

Por supuesto, nada de atarse a estructura en orden descendiente, o a exceso de juicios, o a información noticiosa de imperiosa actualidad.  En este último caso, dice Manuel Graña  que “aunque la crónica sea informativa, (el escritor) suele poner en ella un lirismo sutil, una dialéctica y un tono característico que viene a ser el estilo de su esencia misma” (26).

El cronista debe relatar el hecho o asunto “como él la vea y la sienta”,  pero la percepción personal de los acontecimientos—generalmente en primera persona y con firma autoral-- tiene que pasar por un filtro de responsabilidad  porque nadie tiene el derecho de inundar el tiempo y el espacio con desahogos emotivos por muy sinceros que estos sean.  En cualquier caso, la sobriedad debe ser la primera frontera.

Algunos autores recomiendan emplear la estructura cronológica de narración. Esta indicación  no puede ser tomada al pie de la letra sino que dependerá, en buena medida, del tema abordado, del estilo de cada cronista, entre otros factores. 

Otros, y cito a Martínez Albertos,  proponen que las crónicas se realicen con  “el esquema estructural de los reportajes de acción (Action  Story), tal como se suele hacer en el mundo anglosajón, esto es, comenzar por lo que el periodista considere lo más importante—sería el lead—y después seguir aportando datos “que permitan un completo entendimiento del suceso y su proceso evolutivo en el tiempo” (27).

Las opiniones en cuanto a la estructura más recomendable  pueden ser aceptadas desde un punto de vista didáctico, es decir, para su empleo en la enseñanza , como entrenamiento práctico para los estudiantes.  Desde el ámbito profesional, donde la experiencia y el dominio del oficio convierten a los periodistas en violadores de las definiciones y reinventores, a la par, de nuevos modos de hacer, son discutibles.

          
La narración deviene la forma privilegida y central del discurso en la crónica  y, por tanto, el cronista tiene que prestar atención a los modos más efectivos de contar una historia, un hecho o asunto, en torno a los cuales se articula su objetivo y el lenguaje que empleará.

 La actitud del cronista ante el hecho, sus impresiones, se adaptarán al vocabulario, al lenguaje, a la sintaxis, a la reconstrucción textual de lo visto o vivido.  Esa actitud, esas impresiones, integran el objetivo central de la crónica, conforman su hilo conductor, tributan a su punto de vista o tesis, hacen posible la sintonía autor-receptor.

Ese brillante periodista que fue Pablo de la Torriente Brau, autor de vibrantes crónicas sobre la guerra civil espanola , por mencionar sólo las que escribió como corresponsal de guerra, comprendió  en medio de su febril actividad, que esta modalidad demandaba una actitud especial, diferente, por ejemplo, de cómo se expresa la pura información. Así, advierte en una carta  a su destinatario: “(...) en estos momentos me es extraordinariamente difícil escribir en  tono de crónica.  Por esto te hago estas cartas que espero contendrán (...) el acopio de datos suficientes para sus comentarios en la revista” (28).

Frase corta y párrafo breve, ritmo rápido, grado superior de elaboración  literaria, con  empleo de recursos estilísticos como la metáfora, el símil,  la hipérbole y cierta dosis muy medida de lirismo, aconseja García Luis para escribir  buenas crónicas (29).  Como ejemplo cabal,  un fragmento de  la firmada por Nicolás Guillén, y que ilustra con precisión estas recomendaciones:

“ Insertadas, embutidas en unas fiestas frías, estas  son comparsas modosas  ´que se dan su lugar’.  No las empuja el pueblo con sus brazos poderosos: las canaliza y domestica la autoridad.  A pesar de ello, hay que cuidarlas tiernamente.  Acerquémonos a verlas con simpatía, como a la cama de un niño enfermo, porque si ellas se mueren  habremos perdido para siempre lo poco íntimo, puro, nuestro que ya nos queda de todo el carnaval” (“Cada año es carnaval” en Prosa de Prisa -1929-1972- Tomo 1, Editorial Arte y Literatura,  La Habana, 1975, pág. 422).

LOS TEMAS

Quizás sea este género el que más recursos posea para describir atmósferas, situaciones, asuntos, personas.  “La crónica se resiste a la puntualidad de la información y al marco estricto del artículo, deambula por todos los rumbos y capta los variados matices del humano acontecer en su diversidad de escenarios, asuntos y actos (30).

Un incendio, un accidente, un descubrimiento, un congreso pueden ser temas de crónica igual que un estado de ánimo o un problema social.  La diversidad tipológica antes enunciada da cuenta de que en ella cabe cualquier asunto siempre que este sea tratado con imaginación y sensibilidad

Los siguientes ejemplos muestran esa variedad temática; ningun asunto escapa a la sensibilidad del auténtico cronista:

“Los jueves en la noche, el museo Papalote esta abierto para ‘los niños grandes’, como anuncia un folleto.  El resto de la semana, cuando el grupo dominante está conformado por niños de verdad, el aire que se respira y los grititos entusiastas deben de ser, supongo, más auténticos.  Con todo, una  vez que los adultos han perdido la sensación de ridículo que caracteriza los primeros diez minutos, se echan por los toboganes con una felicidad que parece primigenia—aun las señoras con tacones”. (“Prohibido no tocar”, Roberto Max, revista Viceversa, México. No.47, abril, 1997, pág.56)
  
“Manuel Vázquez Montalbán había visto en la ciudad, encaramados a los alambres de la luz y el teléfono, cientos de pájaros, miles, millones de golondrinas.  Quien sabe si en la última soledad del aeropuerto los ojos de Manolo se hayan volcado en las alturas ‘en busca de un asidero para no caer en el pozo de la muerte’.  Como Carvalho, habrá visto entonces que ‘en el cielo sólo había bandadas de pájaros fugitivos por los disparos de los hombres’” (Amor y muerte en Bangkok, Juan Luis Cebrián, El País, España, 19 de octubre de 2003, pag. 38)

“El banquete-homenaje nos fastidia la noche, porque cuando termina, ya es demasiado tarde para ir a un cine.  Que sería  una recompensa.  Y es demasiado tarde para volver a casa.  Que es una lata.  Nos quedamos un rato vagando por las calles. Sin saber donde arrojar el menú con las firmas de los comensales.  La cortesía nos ha convertido en el más tonto de los coleccionistas de autógrafos.  Porque hemos coleccionado autógrafos de otros coleccionistas de autógrafos.  Además de los García que ya conocíamos, nos han metido otros en el bolsillo.  Todavía llevamos el recuerdo del instante en que el homenajeado se abotonó el saco y se puso de pie para dar las gracias. Y de la timidez con que dejamos caer una moneda en la bandeja de los camareros.  Al repartir los tabacos, los que no fuman piensan en los amigos que fuman”

LO QUE ES, LO QUE NO ES, LO QUE DEBIA SER

A modo de resumen, intentaremos por la vía de las afinidades y diferencias de este género con otros, una caracterización que destaque sus rasgos más típicos sin intentar decir la última palabra ni tampoco echar más leña al fuego de las polémicas  sobre todo si estas se avivan sólo  por disquisiciones taxonómicas en vez de asumir los géneros como lo que estos son: categorías en desarrollo constante.

El primer atributo propio, diferenciado, reside en el sentido temporal con que el cronista aborda su objeto no importa si este es un hecho, un sentimiento o un paisaje, una persona, un proceso.  En este sentido, coinciden la mayoría de los especialistas: la crónica observa un orden cronológico, incluso  aun cuando  no se relate en orden secuencial estricto.

Otro rasgo bastante acusado en ella: la actualidad, que puede ser de fiel apego a la ocurrencia en el aquí y el ahora de los hechos, como de creación de ese tiempo a partir de un relato en presente.

La crónica cuenta una historia, relata.  Esa historia se convierte en  el núcleo de su eje narrativo, viene a ser algo así como su tesis.

La crónica se parece mucho a la información, al comentario y al reportaje.   A la información  porque, al igual que esta, se nutre de los hechos.  Al comentario, ya que también valora y emite opinión; al reportaje, en tanto ofrece testimonio personal e integral de un acontecimiento.

Las diferencias con estas otras formas periodísticas radica en que su apropiación factual, juicios y vivencias pasan por la impresión personal del cronista, por su sensibilidad y particular modo de expresión. “La diferencia gráfica entre un reportaje y una crónica es la misma que entre una fidedigna fotografia y una personalísima pintura impresionista” (31).

No se puede negar que también en un reportaje, por ejemplo, se necesita la mirada personal del reportero.  Pero esa visión no es exactamente la misma que la del cronista.  La de aquel se centra en la explicacion, en el análisis, en la interpretacion de lo que expone, sean datos o hechos, mientras que la de este es una mirada al interior de lo que ha seleccionado, de lo que ve, escucha o vive, para entregárnosla como descubrimiento de esa realidad.

Por eso, el cronista suele acudir a formas más elaboradas para trasmitir sus impresiones y valoraciones: necesita del lenguaje tropológico: “un lenguaje lírico (...) supone el vehículo perfecto para introducir datos, sensaciones, descripciones, ideas” (32).

El comentario del cronista tiene asimismo un enfoque peculiar, afincado en la proposición y menos en la opinión  acabada o en la interpretación que deriva del análisis.  Un cronista prefiere matizar los hechos antes que concluir sobre ellos.

Y por fin ¿cómo debía ser la cronica? Siguiendo el espíritu de las anteriores reflexiones, se ha de preferir el ejemplo que sugiera la respuesta antes que  las prescripciones desde la supuesta cátedra, y para ello hemos escogido esta crónica informativa que Alejo Carpentier escribió, aún conmovido, para dar a conocer a sus compatriotas sus impresiones y los detalles de un suceso artístico memorable:

EL EXTRAORDINARIO TRIUNFO DE JORGE LUIS PRATS

Algo insólito ocurrió en el “Teatro de los Campos Elíseos” el sábado pasado.  Había terminado un largo concierto en que habíamos escuchado tres “Concertos” (Schumann, Lizt y Chopin y el “Emperador” de Bethoven) y el público que llenaba la sala permanecía en sus asientos a pesar de la temible advertencia del maestro Tony Aubin, presidente del jurado reunido para otorgar los premios del concurso “Margueritte Long 1977:
     
--Nos retiramos a deliberar.....en el mejor de los casos, nuestra reunión durará una hora...pero si hay discusión o controversia, es muy probable que no podrá conocerse el veredicto antes de unas dos horas largas.

Y lo más extraordinario fue que apenas veinte espectadores abandonaron el teatro ante la poco grata perspectiva de una tediosa espera.  Pero grande era la expectación que reinaba en el ambiente musical de París, y era grande porque esta vez el jurado se había mostrado particularmente implacable en las pruebas eliminatorias.  Al cabo de la primera, de 57 candidatos, representantes de trece países, sólo habían quedado once, reduciéndose esa cifra a ocho después de la segunda.  Y entre las altas personalidades encargadas de seleccionar a los posibles vencedores figuraban artistas y profesores de la talla de Magda Tagliaferro, Maria de Freitas Branco, Badura Skoda y Witold Malcuzinsky.  Pero, a pesar de que siguiera el público resignado a esperar hasta la hora que fuera, al cabo de un poco más de media hora reaparecieron en su palco los miembros del jurado leyendo el veredicto que es conocido ya en el mundo entero:

El Primer Gran premio Margueritte Long había sido ganado por nuestro compatriota Jose Luis Prats, quien “como si esto hubiese sido poco” –segunda fórmula admirativa usada por varios críticos de París- obtenía igualmente los premios Chevillon-Bonnaud, dado al “Mejor Intérprete” y el premio Mauricio Ravel, “Por la mejor interpretación de una obra de Ravel” –debido este al hecho de que José Luis Prats había tocado magistralmente el temible “Scarbó” en una prueba anterior...pueden estar orgullosos sus maestros Frank Fernández y Margot Rojas.

Ahora que es conocido el veredicto, puede revelarse que este fue acordado por unanimidad-cosa que muy pocas veces se ha dado en este concurso- y también se sabe que, desde la primera audición de los candidatos, la personalidad de Jorge Luis Prats impresionó poderosamente al jurado.  “Es probable –dijo un muy famoso pianista de esta época que más arriba menciono- que esta vez asistamos a algo más que a un brillante concurso; acaso podamos propiciar los inicios de la carrera mundial de un talento absolutamente excepcional”.

Otro formuló, desde el comienzo, este juicio prometedor: “No se trata de un pianista más, sino de un temperamento musical fuera de lo común”...Debo decir que, al cabo de la segunda prueba, que incluía las muy difíciles “Danzas Rituales”, de Andres Jolivet, muerto recientemente, la viuda del compositor, autora de un notable libro sobre Edgar Varese, me había confiado: “Al  escuchar a su compatriota creía oir la propia interpretación del autor...Consejera del jurado, dije a sus miembros que, para mí, el ganador estaba senalado ya...y eran muchos los que compartían mi parecer”.                                                     

El lunes pasado, ante un teatro nuevamente repleto (dos días antes se habían agotado las localidades), con presencia de todo el mundo musical de París y la guardia de honor republicana y con la asistencia de madame Giscard  d’Estaing, esposa del Presidente de la República de Francia, tuvo lugar el acto solemne de la entrega de los premios. Jorge Luis Prats que, como ganador de los tres máximos galardones había de cerrar el concierto con la ejecución del  “Concerto No. 1”, de Liszt, pudo escuchar una de las ovaciones más cálidas y prolongadas que haya prodigado desde hace mucho tiempo el público de París (particularmente parco, por lo general, en demostración de entusiasmo) a un artista.  Nueve llamadas a escenas y tantas aclamaciones que el director de la orquesta, Rober Boutry, se vio invitado a repetir íntegramente, a modo de bis, el final del “Concerto”.  Y, luego de conceder breves entrevistas a la prensa y a la radio, y de ser felicitado por madame Giscard d’Estaing, quien le hizo el obsequio personal de una valiosísima porcelana de Sevres, Jorge Luis Prats se vio rodeado de directores de organizaciones musicales deseosos de contar con su actuación en  próximos conciertos y festivales: uno de ellos con la orquesta Pasdeloup, ya prevista para la temporada 1978-79.

-“Hoy ha nacido un pianista fenomenal”-me dijo el gran violinista Henryk Szeryng, quien, de paso, me comunicó su proyecto de ir a La Habana el año próximo.

 “Pianista fenomenal”.  Esa es la expresión unánime de una crítica que, desde el primer momento, ha estado tan unánime como el jurado en hacer el elogio de nuestro compatriota...y se asombraban todos (y se advertía esto también en las conversaciones de pasillos durante las pruebas iniciales) de que nuestro artista se haya formado en Cuba y nunca hubiese salido, hasta ahora, de su país.
 
 A esto último podríamos responder que Jorge Luis Prats tiene 20 años y nació prácticamente, con la Revolución Cubana, y creció y se formó en el ambiente cultural que nuestra Revolución  ha sabido crear.  Es un representante magnífico de la primera generación artística revolucionaria que empieza a dar ahora frutos de tal calidad, en un ambiente donde el hombre joven encuentra, desde que se manifiesta su vocación, todos los estímulos y apoyo necesarios al desarrollo y afirmación de su personalidad.  Triunfos como el logrado por Jorge Luis Prats auguran grandes satisfacciones a nuestro Ministerio de Cultura, demostrando la validez y eficiencia de los métodos de formación artística aplicados en nuestra patria en función del espíritu, debido al impulso creador que, en todos los sectores del quehacer humano, anima la Revolucion Cubana.(Periódico Granma, La Habana, 22 de junio de 1977).

NOTAS BIBLIOGRAFICAS

(1) Cantavella, Juan: “La crónica en el Periodismo: explicación de hechos actuales” en Redacción para periodistas: informar e interpretar”, Cantavella, J. y Serrano, José F. (compiladores) Ariel, Barcelona, 2004, pag. 395.

(2) Gargurevich, Juan: “Géneros Periodísticos”, Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 1987, pág. 60

(3)  Sexto, Luis: “Estrictamente personal. Notas de clase sobre el periodismo literario”. Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 2005, pág. 6l

(4)  -------------- Estudios sobre el mensaje periodístico, vol. 11, Madrid, 2005

(5) Cantavella, Juan: ob.cit.

(6) Simpson, Máximo c.f.  Rodríguez  Betancourt, Miriam en “Acerca de la crónica periodística”, Editorial Pablo, La Habana, 1999.

(7) Rodríguez, Pedro Pablo: “Las crónicas norteamericanas de José Martí para La Opinión  Nacional” en El Periodismo como misión, Editorial Pablo, La Habana, 2002

(8) Tellería, Evelio: Diccionario Periodístico, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1986, pág. 84

(9)  Gargurevich, Juan: ob.cit. pág. 159

(10) Rodríguez Betancourt, Miriam op. cit.  Pág. 17

(11) ibidem pp.l7 y l8

(12) ibidem pág. 20

(13) ibidem pág.20

(14) ibidem pág. 2l

(15) ibidem pág. 22

(16) Gargurevich, J. op.cit. pág.6l

(17) ibidem pág. 6l

(l8) Rius, Hugo (compilador): “Géneros de opinión”, Editorial Pablo de la Torriente,  La Habana, 1988, pág. 76

(19) Grijelmo, Alex c.f. Cantavella,  J op.cit. pág.404

(2O) Gargurevich, J op.cit. pág. 64

(21) Rodríguez Betancourt, M op.cit. pág. 8

(22) Gargurevich, J op.cit. pág. 59

(23) ibidem pág. 6l

(24) ibidem pág. 61

(25) Forneas Fernández, María Celia: “El artículo de costumbres: crónica, crítica, literatura y periodismo” en Estudios sobre el mensaje periodístico, vol. 11, 2005, pág. 306

(26)  Rodríguez Betancourt, M  op.cit. pág. 18,19

(27)  Martínez Albertos, José Luis  “Curso General de Redacción Periodística  pp.349 y 350

(28) De la Torriente Brau, Pablo  “Cartas y Crónicas de España”, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana. 1999, pág. 141

(29)  Rodríguez Betancourt, M. op. cit. pág. 28

(30) ibidem, pag. 5

(31) Rius, Hugo op. cit. pág. 77

(32)  Chivite Fernández, Javier: “José Luis Castillo-Puche: con el viaje al hombro. Análisis de sus crónicas de viajes” en Estudios sobre el mensaje periodístico No. 11, 2005,  Madrid. Pág. 249.

LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LAS TENSIONES EN TORNO AL CAMPO DEL PROFESIONAL DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL

LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LAS TENSIONES EN TORNO AL CAMPO DEL PROFESIONAL DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL

Monografía presentada en el Diplomado de Problemas Sociales de la Ciencia y la Tecnología.

Lic. EMILIO ANTONIO BARRETO RAMÍREZ,
profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

I

El montaje del mundo sobre las autopistas de la información está generando tensiones en torno al campo del profesional de la comunicación social. El meollo del problema se gesta en la aparición y extensión vertiginosa de prácticas comunicativas no profesionalizadas localizables en dos ámbitos: en el del periodismo participativo y en las prácticas artísticas. Ambas maneras de hacer constituyen prácticas comunicativas que se producen en los sitios web personales, los mismos que conforman lo que ya conocemos con el nombre de  blogosfera.

II

Es preciso que definamos tres categorías analíticas: campo del profesional de la comunicación social y periodismo participativo. Más adelante nos ocuparemos del concepto prácticas comunicativas no profesionalizadas y de las prácticas artísticas en la Red.

La categoría analítica campo del profesional de la comunicación social  pertenece a la ruta epistémica que seguimos los especialistas en teoría de la comunicación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana con el propósito de avanzar en el sendero a través del cual la comunicología debe conseguir una teoría autónoma de la comunicación social. Con ello, quedaría absolutamente legitimada la existencia de una ciencia de la comunicación social. Al interior de ese afán epistemológico, la comunicación como campo profesional aparece como el segundo gran tema; el primero y el tercero son, respectivamente, la comunicación como proceso complejo y la comunicación como campo académico. (Saladrigas, 2005) Para llegar a una conceptualización del campo del profesional de la comunicación social es inteligente asumir, como primer punto de apoyo, la noción de campo formulada por el filósofo y sociólogo francés Pierre Bourdieu. Dice Bourdieu:

“Un campo –podría tratarse del campo científico– se define, entre otras formas, definiendo aquello que está en juego y los intereses específicos, que son irreductibles a lo que se encuentra en juego en otros campos o a sus intereses propios (no será posible atraer a un filósofo con lo que es motivo de disputa entre geógrafos) y que no percibirá alguien que no haya sido construido para entrar en ese campo (cada categoría de intereses implica indiferencia hacia otros intereses, otras inversiones que serán percibidos como absurdos, irracionales o sublimes y desinteresados). Para que funcione un campo, es necesario que haya algo en juego y gente dispuesta a jugar, que esté dotada de habitus que implican el conocimiento y reconocimiento de las leyes inmanentes al juego, de lo que está en juego, etcétera.”

Esta noción de campo la concretó Bourdieu en 1976, cuando le habló sobre el tema a un grupo de filólogos reunidos en la Escuela Normal Superior de París. Posteriormente, esta conferencia formó parte del libro Sociología y cultura, del propio Bourdieu. Dentro de esta definición, Bourdieu introduce el concepto de habitus. En Bourdieu se aprecia un sentido tan alto como nítido de la eticidad de todas las prácticas sociales. Por esa razón considera el habitus “un ‘oficio’, un cúmulo de técnicas, de referencias, un conjunto de ‘creencias’, como la propensión a conceder tanta importancia” a la disciplina (Bourdieu, 1990).

Visto así, al interior del campo profesional de la comunicación social, el concepto de habitus es espiritualidad identitaria: una inmanencia de la gremialización. La gremialización, a juzgar por la obra sociológica de Herbert Spencer (referenciada por Georges Ritzer en Teoría Sociológica Clásica) es consustancial al mundo profesional. Las profesiones no pueden crecer si no procuran una forja más allá de la actividad productiva. Ese más allá son las asociaciones profesionales: destinadas a crear las ideologías profesionales y a velar por el comportamiento del mercado laboral ante las ideologías profesionales, y viceversa, con el objetivo de cuidar a los profesionales asociados y por ende a las profesiones. Los gremios profesionales se esmeran en la labor de acogida, es decir, de recepción de nuevos miembros llegados al campo profesional al cual, por supuesto, han arribado después de resultar egresados de las aulas universitarias.

Existe una mediación más para delinear al profesional: se trata de la vocación, un término que invita a la disquisición limítrofe entre la filosofía y la teología. La vocación, como noción, aparece dibujada en la sociología de Max Weber, sobre todo en dos textos de factura memorable: La ética protestante y el “espíritu” del capitalismo y La política como vocación. Weber llegó a conceptualizar la vocación traduciendo a Martín Lutero, el fundador del protestantismo. Max Weber tradujo al Lutero traductor de La Biblia. Para ello detuvo fijamente tanto la mirada como la conciencia en un pasaje de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios (Cor. 7-29). Dice un fragmento del pasaje bíblico según la traducción de Martín Lutero:

“... Que todos permanezcan en la profesión en la que han sido llamados. Si eres llamado como siervo, no te preocupes por ello; pues puedes ser libre y mejor que aproveches mucho de esto. Pues quien haya sido llamado como siervo, es un liberto del Señor; y lo mismo, quien es llamado libre es un siervo de Cristo. Cada cual queridos hermanos, que se quede con Dios allí donde haya sido llamado”. (Cor. 27-29)

A partir de su labor como traductor, Martín Lutero deslizó una mirada amorosa a la unión entre la faena como sentido no sólo de progreso social, también de vida, de espiritualidad individual. Luego, el trabajo adquiere en Lutero un sentido religioso, o sea, se constituye en llamamiento divino. Algo parecido sucede en la espiritualidad de Max Weber quien, jubilosamente, acepta y concluye el trabajo iniciado por Lutero. Para Max Weber, Martín Lutero enarbola una dimensión religiosa del trabajo cotidiano, porque se trata de algo sagrado, o sea, del compromiso ante los deberes que le son consustanciales a los oficios o profesiones profanas. El gran aporte de esta consideración busca asidero en un estandarte luterano: la asunción responsable del trabajo abre senderos para la vida en santidad. En otras palabras: las labores productivas son fuente de virtud. Y las virtudes, por tanto, son un modo de llevar una existencia cristiana cada vez más perfectible. (Abellán: 2007)

En medio de esta explanación he introducido dos términos que pudieran ser considerados categorías analíticas: el oficio y la profesión. Qué es un oficio y qué una profesión es interrogante a responder después de culminar con el concepto de vocación diseñado por Max Weber, pues la diferencia entre ambos términos es un aporte de la Modernidad.

En La ética protestante y el “espíritu” del capitalismo Max Weber arriba al siguiente juicio: el llamamiento a la profesión, visto según la traducción luterana de La Biblia, es la que se halla a la base del modo de la vida racional. Y el racionalismo es, a la postre, ingrediente fundamental de la espiritualidad en el capitalismo. De modo que, para Weber, la mentalidad del ser social en el capitalismo muestra su origen en ese criterio acerca de la profesión según el  protestantismo –especialmente el protestantismo ascético, visible en el calvinismo. El trabajo profesional en la Modernidad tiende a mostrársenos, nos diría Weber, con un carácter ascético. El ascetismo, en la sociedad moderna, se hace manifiesto por medio de la aparición de ese todopoderoso entramado de la economía en el capitalismo que determina los puntos del comportamiento individual y social. Entonces, la idea moderna de profesión tiene un carácter ascético, de autoabandono a la impostergable especialización del trabajo. Esto no es más que el acto de renuncia definitiva al ideal griego de que el hombre puede realizar todas las dimensiones humanas: una dimensión cuya génesis, de algún modo, pudiera atisbarse en lo que me atrevería a llamar una concepción socrática del saber.

Más o menos por el mismo sendero nos topamos de frente con la diferencia entre el oficio y la profesión. El trabajador que desempeña un oficio, amén de que pueda experimentar placer en su labor productiva, es un jornalero: produce únicamente por dinero. Sólo razones estrictamente personales –tales como la antipatía por un contratador, o la escasez de tiempo para determinadas jornadas laborales– pudieran eximirlo de la aceptación de un acuerdo de trabajo. La acumulación de dinero para una vida más confortable es el resorte que suele movilizar a la persona que desempeña un oficio no profesionalizado. El trabajador de oficio, esto es, el obrero, no asiste a las aulas universitarias y se mueve por la sociedad como un electrón suelto. Como no posee formación universitaria no precisa de un capital cultural específico (otra noción bourdieuana a la que también me aproximaré) y, por consiguiente, el habitus que lo identifica no está conformado precisamente por un corpus articulado desde la cultura.

Para que una labor pueda ser considerada profesión debe cumplir tres requisitos. Primero, se debe acceder a ella por medio de la adquisición de un grupo de saberes superiores, o sea, legitimado curricularmente por la universidad. Segundo, esos mismos saberes también es preciso sean legitimados por el mercado laboral, el cual impone un cierre social a las ideologías profesionales. Y tercero, como apunté anteriormente, los profesionales tienen que aspirar a la gremialización, al asociacionismo, a la institucionalización que vela por ellos, los guía y sirve de enlace entre el mercado laboral y la superación académica (Freidson, Evetts, Svensson, 2003).

La vocación aparece aquí como una mediación de los ambientes profesionales porque se erige en espiritualidad. Esa espiritualidad busca asentarse y al mismo tiempo activarse en las ideologías profesionales. Veámoslo de manera muy sucinta: un profesional no trabaja exactamente por dinero. Porque hay labores cuya importancia, significación o dimensión espiritual es mucho más tentadora que el pago monetario. A esas labores pudiera acceder un profesional responsable y perfectamente identificado con su vocación.

Al mismo tiempo, para un profesional de vocación, existen también proyectos laborales que no producen desvelo aunque el pago sea todo el dinero del mundo. Estimo que al concepto de ideologías profesionales (que aquí no he citado en toda su dimensión, pues no es necesario) se le puede inyectar la noción de capital cultural, de Bourdieu. Pierre Bourdieu se refiere a un capital específico que ha sido atesorado después de que las asociaciones profesionales libraran porfías anteriores dentro del campo, y que sirve de guía para el diseño de proyectos futuros.

Hacer referencia al capital específico equivale a reconocer que el capital –digámoslo con palabras de Bourdieu– “vale en relación con un campo determinado, es decir, dentro de los límites de este campo, y que solo se puede convertir en otra especie de capital dentro de ciertas condiciones”. Para ilustrar esta noción, Bourdieu apelaba con gran exactitud al fracaso de Pierre Cardin cuando se empeñó en llevar a la alta cultura un capital específico de la alta costura. El resultado fue que hasta el menos talentoso de los críticos de arte se halló en la necesidad inaplazable de patentizar el privilegio de pertenecer a un campo legitimado como de superior dentro de la sociedad. Para la clase intelectual más alta, la propuesta de Cardin era una intromisión pésima que dejaba como saldo –otra vez con palabras de Bourdieu– “la tasa de cambio más desfavorable” para los miembros de la alta cultura. (Bourdieu, 1990).

El profesional, finalmente, a diferencia del trabajador que desempeña un oficio, casi nunca concluye su labor a las cuatro, cinco o seis de la tarde, máxime cuando se sabe que, más allá de esas horas, puede ser visitado por la inspiración y las nuevas ideas, incluso a altas horas de la noche, más exactamente durante el sueño. No son pocos los profesionales que con frecuencia ocupan el horario nocturno, que es de descanso, para atender esas visitaciones.

¿Cómo pudiéramos, entonces, conformar el campo del profesional de la comunicación social? Tal vez sea atinado ofrecer antes un concepto de comunicación. En su raíz etimológica, comunicación viene de la voz latina communis, que significa comunión, que no es otra cosa que una común unión, un hacer en común, una mutualidad de intereses. Por tanto, la comunicación, apreciada holísticamente, trasciende la visión de la comunicación como transmisión de información unidireccionalizada o verticalizada, esto es, el proceso de comunicación compuesto por un emisor, un mensaje que transita por un canal, y un receptor que, además de proceder a la decodificación del mensaje, pudiera tener o no la facultad de resemantizarlo  para de inmediato convertirse en emisor (Saladrigas, 2005).

Sostengo que pudiera tener o no la facultad de resemantizarlo porque hay procesos de comunicación que son estrictamente informativos, tales como la inmensa mayoría de todos los diálogos militares intracuartelarios, así como también muchas de las relaciones comunicativas que establecen los medios masivos de comunicación con los públicos, sobre todo aquellas instituidas para divulgar propaganda política y publicidad comercial.

Entonces, tomando como eje el concepto de comunicación, podemos enumerar varios actores –quizá los más representativos– que intervienen y conviven en el campo profesional de la comunicación social. Siguiendo a Bourdieu en la noción de campo –dentro de la cual se hallan el habitus y el capital específico–, al concepto de vocación de Max Weber (mediado por Martín Lutero), a las afirmaciones de la sociología de las profesiones y al concepto de comunicación que acabo de enunciar, en este campo entran en juego aquellos comunicadores sociales que ejercen su labor desempeñando las prácticas comunicativas profesionalizadas que no pugnan entre ellas mismas sino que conviven y dialogan animosamente porque están sancionadas como válidas por las aulas universitarias, aparecen reconocidas dentro de las instituciones gremiales profesionales y, por tanto, se someten a los procesos de cierre social y credencialismo profesional que realiza el mercado laboral. Estos actores profesionales son: el periodista, el relacionista público, el publicista, el especialista en marketing, el docente, el investigador, el gestor de información, el editor, el fotógrafo, el diseñador… Hay otras figuras, pero la no aparición de ellas aquí no afecta en lo más mínimo al objeto de estudio.

III

En torno al campo se están produciendo intervenciones no profesionalizadas que llegan con distintos habitus, capital cultural y sin formación académica. Esas intervenciones se producen como consecuencia de eso que el teórico español José Luis Brea define como la estetización difusa de la posmodernidad y la muerte tecnológica del arte en dos ensayos memorables: El tercer umbral y La era postmedia, amén de que analiza el tema con mucho rigor precisamente en el ensayo breve intitulado precisamente así: La estetización difusa de la posmodernidad –y la muerte tecnológica del arte. A la estetización que, de la vida y las prácticas sociales, enarbola el debate de la posmodernidad, me acercaré un poco más adelante.

Quizá ya va siendo el instante de enunciar un concepto de prácticas comunicativas no profesionalizadas. ¿Cómo se pueden definir las prácticas comunicativas? La respuesta la ofrece la doctora Rayza Portal, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, en su tesis presentada en opción del grado de Doctora en Ciencias de la Comunicación Social, intitulada Por los caminos de la utopía. Un estudio de las prácticas comunicativas de los Talleres de Transformación Integral del Barrio en la Ciudad de La Habana. Dice la doctora Portal:

“La categoría analítica práctica comunicativa la hemos definido como aquellas prácticas sociales en las que intervienen al menos dos actores sociales con funciones comunicativas diferenciadas de acuerdo a las circunstancias en que se desarrollan y que generalmente reproducen las regularidades de sus condiciones de existencia. Están sujetas a una serie de mediaciones (culturales, territoriales, históricas) que dejan en mayor o menor medida su impronta en la forma en que se desarrollan, el alcance que pueden tener, pero también en sus posibilidades de modificación ante cambios en el contexto que signifiquen la apertura de circunstancias diferentes”. (Portal, 2003:10)

Una vez conocido el concepto de prácticas comunicativas, es menester definir la categoría analítica periodismo participativo para, finalmente, imbricar todas estas nociones. El término periodismo participativo aparece bien bosquejado en el pensamiento del sociólogo francés Jean-Louis Missika, especializado en medios de comunicación. Missika se ha esmerado en el análisis del impacto del declive de los medios clásicos, estos son, el cine, la radio y la televisión, y el auge de las nuevas tecnologías de la información sobre la vida política. Dice Missika:

“El debilitamiento del papel político de los medios de comunicación favorece la aparición de un periodismo participativo. Antes, los medios de masas, en particular la televisión, favorecían y tenían como objetivo expresar una exigencia compartida por el mayor número de personas, el pueblo, el ‘demos’. Hoy, con las nuevas tecnologías, cada cual tiene los medios necesarios para expresarse, y es la palabra individual de un mayor número de personas la que entra en el debate, con el riesgo de hacerlo caótico y sin ritmo.” (Missika, 2007:34)

De modo que la tenencia de los medios necesarios, esto es, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, en manos de cada cual y de todo el mundo viene a tensar, a jalonar el campo del profesional de la comunicación social. Las prácticas comunicativas profesionalizadas se adquieren dotadas de un arropamiento ético que es constitutivo de la educación superior. A las prácticas empíricas no le son consustanciales –por desconocimiento del comunicador de facto– los arbitrios bien meditados de los códigos deontológicos de la comunicación social, mucho más los del periodismo. Pero tal vez sea recomendable pisar el terreno que resulta propicio para el ejercicio de estas prácticas.

La caracterización que hace Missika puede conducirnos al siguiente panorama: el encanto de la televisión continúa su enseñoreamiento aunque, ciertamente, se halla muy debilitado. Hace aproximadamente cuatro décadas la televisión realizaba una misión cuasi profesoral a la vez que política. Este esquema comenzó a evidenciar un proceso de difuminación a inicios de la década de los años 80, precisamente cuando apareció en los ambientes académicos el debate sobre la posmodernidad y se comenzó a reflexionar en torno a la banalización de la cultura. Las primeras señales de la pérdida de terreno de la televisión llegaron con las cadenas temáticas de pago. Ya en años más recientes esos signos se han hecho más visibles con la voluntad de hacer más diversa la oferta de la televisión y, por supuesto, con el impacto y la irradiación de la televisión digital (la Internet y los blogs). Así es que la información televisiva –que bien podemos llamar clásica o tradicional– se ha visto lanzada a un ruedo competitivo desventajoso frente al empuje arrollador de las nuevas fuentes de información con sus modelos tan nuevos como novedosos.

Una de las consecuencias de toda esa avalancha ha sido la desarticulación del estatus mismo del periodista experto: el columnista, el cual ha sido ubicado, por las circunstancias originadas como consecuencia del impacto de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, en una zona ambigua, más bien de duda, que no termina hasta conseguir la banalización de quien toma la palabra. Esta evolución (¡más bien involución ética!) presenta, lógicamente, tres derivaciones nefastas que se dirigen, escalonadamente, al mismo centro de las relaciones que mantienen los medios de comunicación digitales con los políticos, en primer lugar; con los medios tradicionales, en segundo, y con la opinión pública, en tercero. De esa forma es que el periodismo impreso ha comenzado a experimentar primero la merma y más tarde la caída de los ingresos monetarios por concepto de publicidad, al tiempo que la disminución de lectores se ha hecho también patente, porque la gratuidad de la Internet ha escalado al primer lugar de preferencia en varias clases de público.

Las prácticas comunicativas no profesionalizadas que se gestan en la Red han venido a convertirse en mediaciones promocionales y de vulnerabilidad ética dentro de las culturas organizacionales de las instituciones que generan prensa. Esta afirmación requiere de un desmontaje. El periodismo es una práctica comunicativa que se debate entre la necesidad y la capacidad de crear productos comunicativos tanto informativos como de opinión desde las habilidades individuales.

O, lo que es igual, la prensa es el ejercicio de la información y el de la opinión. Por eso, ad intra del periodismo, los géneros son informativos primero y de opinión después. Dentro de los géneros informativos se hallan la noticia, la entrevista y el reportaje. En los géneros de opinión están contenidos: el artículo (en cada una de sus variantes o modalidades) y la crónica. Históricamente, dentro de las organizaciones de prensa, ningún joven egresado de la universidad ha podido ejercer, de inmediato, el periodismo de opinión. Eso quiere decir, de entrada, que el periodismo es una actividad –como ya avancé hace unas líneas: de habilidades individuales adquiridas con la mediación del trabajo y la superación constantes–, en la cual la eficacia, más otros atributos obtenidos en buena lid, conducen por el camino de la promoción. Primero, es preciso permanecer varios años haciendo mucho y buen periodismo informativo: dándole cobertura a eventos sobre los cuales lo pertinente es escribir noticias impersonales y objetivas. Luego viene la posibilidad de contar historias al modo reporteril. Hasta que llega el momento de incursionar en los géneros de opinión al modo de los columnistas, a quienes ya se les puede llamar expertos en determinados temas, sobre los cuales escriben artículos de opinión. A estos periodistas ya se les considera aptos para establecer y dirimir polémicas periodísticas frente a colegas de otras publicaciones. El periodismo de opinión requiere de mucha prudencia, responsabilidad, experiencia y, sobre todo, de un notable desapasionamiento, cualidad que no es posible percibir durante la primera y la segunda juventud.

Los actuales jóvenes periodistas posiblemente no ejerzan mucho el periodismo de opinión en sus respectivos órganos de prensa, pero sí lo hacen desde sus sitios web personalizados: los blogs. En la blogosfera no hay jefes de redacción, ni de información, ni editores, ni correctores de estilo. Hay, en cualquier caso, un alud de participaciones repletas de juicios de todo tipo y de revelaciones poco menos que discretas. Ciertamente, están las prácticas de los periodistas muy jóvenes, sin camino andado ni experiencias ganadas.

Pero mucho más acá de esas también se dan las de los ciudadanos neófitos que igualmente han realizado la apertura de sus sitios web. Se trata del periodismo participativo, ese que pone en igualdad de condiciones a todos los actores de la comunicación, aunque éstos se hallen muy lejos de ser estimados como especialistas y conozcan poco o nada en relación con el tema sobre el cual se decidan a escribir. Existe muy poco blindaje en las prácticas comunicativas dentro de la Red. De ahí que Jean-Louis Missika estigmatice estas prácticas como debate “caótico y sin ritmo”. Caótico porque tiende a la anarquía semántica; sin ritmo porque el exceso de estilos y en muchos casos la ausencia de éstos le confiere a los procesos comunicativos una marcha zigzagueante, cuando no de empantanamiento o de retroceso.

Sin embargo, aclaro, no todo es malo. Y en este caso nada es originariamente dañino. Pero también es sensato arrojar luz sobre la intención que persiguen las prácticas comunicativas dentro de la blogosfera. Porque si el resultado todavía no ha dado suficientes muestras de participación desde la responsabilidad y la prudencia, lo cierto es que la intención de facilitar esas participaciones es señal de un altruismo saludable. Con el éxito de Internet, de los chats y de los blogs, los ciudadanos comunes tienen la posibilidad de entrar en un ruedo conversacional que los promueve como emisores de información. O sea, el público es elevado a un grado de igualdad desde el cual se le hace más fácil intercambiar –o interactuar– con el periodista profesional, con el político de profesión, es decir, con la persona pública que realiza un servicio desde un cargo estatal. Todo eso puede ejecutarse en la Red en tiempo real. Con estas modalidades participativas se ha podido subsanar el gran problema histórico de la prensa: el espacio insondable que separaba a los receptores de la comunicación (los públicos) de la élite periodística (los emisores). Esta distancia también se veía matizada por una mediación muy visible: la distancia, igualmente lejana, entre los actores de las diversas políticas públicas y los ciudadanos comunes.

IV

Esta bifurcación de las prácticas comunicativas que se protagonizan en la Red es merecedora de ejercicios, en primer lugar, para una sociología del trabajo y, en segundo, ya en busca de una visión más holística, para una sociología de la cultura. La génesis de esa bifurcación se localiza en la posmodernidad, cuyo debate se ha propuesto la desacralización de todo cuanto instituyó como sagrado la filosofía griega de la Antigüedad. Dentro de esa desacralización lo primero que resalta son los conceptos de cultura y arte. El primero ya ha sido arrancado de los contenes de la cultura vista como espacio privado de las bellas artes (el teatro, las artes plásticas, la música, la literatura, y el cine, más recientemente). Hoy entendemos por cultura todas las prácticas individuales que se socializan. Luego tenemos otro testimonio: el estado del arte desde la conceptualización hasta el proceso de creación.

Por arte se entendió como absolutamente legítima la noción aristotélica de techné: el arte es un instrumento para la reproducción fiel de la realidad, un recurso para conseguir la mimesis y, sobre todo, un arte moral, tal y como Sócrates pidió a los artistas de su tiempo. Platón fue consecuente con ese ideal socrático y, aunque no escribió una sola línea sobre cuestiones de la estética, sí creo una obra pletórica de lirismo que le ha valido un lugar dentro del canon aristotélico de la Belleza. El arte, para Aristóteles, no podía ser sino Bello, Bueno y Verdadero. La Belleza era preciso llegase avalada por la utilidad, por la bondad, por la verdad. Pero los procesos de preautonomía y autonomía del arte, en camino hacia la Modernidad, fueron transformando el canon tradicional de inspiración aristotélico hasta conseguir que, en las disquisiciones en materia de Estética, convivan tanto las tres categorías tradicionales (lo Bello, lo Bueno y lo Verdadero) con las intenciones y prácticas más desligadas o distanciadas de la mimesis, el gusto, la techné. (Sánchez, 2006) Es la sociedad postindustrial: muy apegada a un nuevo canon: el de la desacralización que genera las actitudes desenfadadas y relativistas: la era del “todo vale”, que de tanto ser permisiva termina por banalizar quizá más de la cuenta muchos de los puntos del comportamiento individual y social.

Si el arte ya dejó de ser techné pues es necesario ver qué cosa es el arte, cómo se le puede definir. A fines del ochocientos, con la irrupción del Aufklarung (Iluminismo), Kant atisbó el proceso de desdefinición del arte. Para Kant, el arte había dejado de ser un instrumento de reproducción de la realidad para convertirse en una “finalidad sin fin”. O sea, una práctica a la cual se arriba, pero sin un fin determinado. La aseveración llevó a Hegel a pronunciarse por una filosofía del arte. Más tarde, en la clausura del siglo XIX y durante el primer tercio del siglo XX, las vanguardias artísticas propiciaron una ruptura epistemológica. Fue necesario salirse de la historia del arte –tal y como sugirió Pablo Picasso– para volver a entrar en ella, luego de las experiencias vanguardistas. (Sánchez, 2006)

La posmodernidad ha sido consecuente con esa ruptura epistemológica; las nuevas prácticas artísticas no pueden estar más lejanas de la Academia y, por otra parte, se distancian cada vez más del mercado. Este nuevo modo de hacer arte se halla mediado por las normas de la Internet: es el net-art, cuyo proceso de estandarización ha significado un desvelo para el teórico español José Luis Brea en el libro El tercer umbral. Dice José Luis Brea en torno a una redefinición de las prácticas artísticas:

“No existen más los ‘artistas’, como tal. Tan sólo hay productores, gente que produce. Tampoco hay propiamente ‘autores’, cualquier idea de autoría ha quedado desbordada por la lógica de circulación de las ideas en las sociedades contemporáneas. Incluso cuando decimos que sólo hay productores sentimos la necesidad de hacer una puntualización: hay productores, sí, pero también ellos (nosotros) mismos son en cierta forma ‘productos’.”

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación no ofrecen seriedad en materia de blindaje identitario; por tanto, mucho menos en lo que concierne al tema del derecho de autor. Por la Internet, más que producirse trabajo circulan ideas, productos que se recepcionan, se resemantizan y, con ello, se procede a otra clase de producción: la del hombre-masa que tanto preocupaba a C.R. Mills. La condición de autor, con mayúsculas, es un linaje perdido, “trasnochado”, para decirlo al modo de José Luis Brea. En la Red no hay marchantes, ni curadores, ni galeristas, ni museólogos que seleccionen un rasero para evitar que las prácticas “artísticas” no pongan en igualdad de condiciones tanto al pintor egresado de la academia como al apasionado y empírico debutante.

Una de las prácticas artísticas que más se resiente con esta realidad es la del artista gráfico (el diseñador). La negociación al interior del mundo de la gráfica, es decir, el mercado del arte, parece no requerir mucho de los conocimientos académicos. Hoy, al menos al nivel de lo popular, cuantiosos acuerdos de trabajo se establecen con personas sin conocimientos de diseño gráfico, pero que manejan muy bien las herramientas de software, tales como el Photoshop, el Corel Draw, el Page Maker, el Adobe InDesign, etcétera. Basta un poco de buen gusto, más una buena realización (mediada por la exactitud que concede la tecnología) y ya se hace posible incursionar en el vastísimo universo de las artes gráficas.

Lo anterior va en asuntos de semejanza con el periodismo participativo. Pero también hay una diferencia. En el caso de las artes gráficas la realidad nos ubica frente a la ya posible inexistencia del producto material que siempre hemos conocido como obra de arte. El que circula por la Red es un trabajo conformado a partir de unas prácticas que tal vez podamos y debamos llamar artísticas. Sin embargo, estos ejercicios parecen tener una relación de notable laxitud con la producción que históricamente hemos conocido de excelente grado como cultural porque nos disponía frente a una obra material: propagadora de afectos y de un sinnúmero de significaciones. Las nuevas “prácticas artísticas” desempeñan una tarea acaso muy específica para los creadores de experiencia, así como para los receptores igualmente experimentados. Pero como se desentienden de la producción de objetos y son dedicadas casi por entero a la publicitación desmesurada de signos, símbolos, ritualizaciones y sistemas de representación, pues viajan con más facilidad hasta las conciencias desprovistas del talante, de la distinción, del glamour y de la clase. De ahí que, en tiempo quizá muy breve, en asuntos de campo, a pesar de la diferencia de habitus y de capital específico, pudiera ser necesario dialogar con las prácticas comunicativas no profesionalizadas.

Bibliografía consultada

Brea, José Luis: “La estetización difusa de las sociedades actuales –y la muerte tecnológica del arte”. En: revista Criterios. La Habana, 2007.

Abellán, Javier: “Estudio preliminar al ensayo La política como profesión”. pp.: 11-43. En: Max Weber. La política como profesión. Edit. Biblioteca Nueva. Colección Clásicos del Pensamiento. Madrid, 2007. pp. 164.

Sánchez Medina, Mayra y Antoinette Torres Soler: “Aproximación al estudio de las vanguardias artísticas del siglo XX”. En: Colectivo de autores: Estética. Enfoques actuales. Edit. Félix Varela, La Habana, 2006.

Saladrigas Medina, Hilda: Coordenadas cubanas para un fenómeno complejo: Fundamentos para un enfoque teórico-metodológico de la investigación de la comunicación organizacional. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctora en Ciencias de la Comunicación Social. Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana, Noviembre de 2005.

Sánchez Martínez, Mariano, Juan Sáez Carreras y Lennart Svensson: Sociología de las profesiones. Pasado, presente y futuro. Edición a cargo de Diego Marín Librero. Murcia, España, 2003.

Portal Moreno, Rayza: Por los caminos de la utopía. Un estudio de las prácticas comunicativas de los Talleres de Transformación Integral del Barrio en la Ciudad de La Habana. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctora en Ciencias de la Comunicación Social. Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana, 2003.

Ritzer, Georges: Teoría Sociológica Contemporánea. Tercera Parte. La Habana. Año: ¿?

Brea, José Luis: “El tercer umbral. Estatuto de las prácticas artísticas en las sociedades del capitalismo cultural”. En: revista Criterios. La Habana, 2007.

Sánchez Vázquez, Adolfo: “Modernidad, vanguardia y posmodernismo”. En: A tiempo y destiempo. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 2004.

Colectivo de Autores: Comunicología. Temas a debate. Edit. Félix Varela. La Habana, 2005.

Barreto, Emilio: El Mayo del 68 francés y el desenfreno de la estetización difusa de la posmodernidad. Año 2008. Conferencia inédita.

Barreto, Emilio: Apuntes breves para una propuesta de Introducción a la Teoría de la Investigación y la Comunicación en Cuba. Año 2005. Ensayo inédito.

Bibliografía citada

Bourdieu, Pierre: Sociología y Cultura. Año 1990.

Brea, José Luis: La era postmedia. En: revista Criterios. La Habana, 2007.

Weber, Max: La ética protestante y la “espiritualidad” del capitalismo.

CONSTRUCCIÓN DE LA NOTA INTERPRETATIVA: DE LO FACTUAL A LOS SIGNIFICADOS

CONSTRUCCIÓN DE LA NOTA INTERPRETATIVA: DE LO FACTUAL A LOS SIGNIFICADOS

Conferencia impartida  en el IX Festival de la Prensa Escrita, Ciego de Ávila, octubre de 2009.

MSc. IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ,
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana, y del Instituto
Internacional de Periodismo José Martí.
http://islalsur.blogia.com

Para iniciar esta intervención, me parece oportuno traer varias perspectivas de análisis desde diferentes áreas intelectuales, pero que a mi juicio poseen vasos comunicantes en el tema que nos convoca que es el de la construcción de una nota informativa que trascienda los límites referenciales de lo factual y produzca en los destinatarios tanto la recepción de la información como la comprensión de los significados de los hechos. Es decir, hablo de la nota interpretativa, tan desconocida, poco estudiada y menos aplicada en nuestros medios de prensa.

Una de las referencias es de Fidel Álvarez Causil, artista colombiano de la plástica: “Todo individuo es testigo deficiente de la realidad, en tanto da fe de la porción de universo que le pertenece. (…) Nuestras representaciones son derivaciones de lo real, de cómo las cosas deben concordar con la imagen que nos hemos construido de ellas. Así, las representaciones mismas construyen el objeto. Por tanto, construir un objeto es representarlo, negarlo es representarlo, conocerlo es representarlo, teniendo en cuenta la realidad a partir de la construcción del conocimiento, donde las cosas que contienen ese conocimiento tienen tantas realidades como intérpretes que la representan. Estamos expuestos entonces al más ‘inofensivo’ de los simulacros: el de la conciencia creadora”.

Las restantes, proceden de textos de Natividad Abril Vargas,  Gaye Tuchman,  Enrique Aguinaga y Concha Fagoaga, quienes plantean, en esencia:

-Todo acto periodístico es un acto de interpretación y, por tanto, un acto subjetivo.

-Los medios informativos (…) no son meros transmisores de la realidad, sino que mediante diferentes mecanismos y operaciones profesionales, participan activamente en la construcción de distintas ‘versiones’ de la realidad”.

-El acto de producir la noticia es el acto de construir la realidad misma, más que una imagen de la realidad. Las prácticas y rutinas profesionales certifican tal manera de hacer.

-La información, como producto de la selección y la valoración, ya es inicialmente un producto interpretativo. No hay información inocente.

Simplificando el universo al que nos estamos refiriendo -al del periodismo, la realidad en el que se produce y su construcción-, el discurso periodístico no es un discurso cualquiera, sino uno que responde a una clasificación, ordenamiento, selección y jerarquización de los hechos y datos susceptibles a formar parte de la actualidad mediática.

Y toda esta introducción aclaratoria es para, una vez más, dinamitar los conceptos de objetividad e imparcialidad que nos imponen los modelos liberales ya trascendidos, para como públicos hacernos creer que sus productos comunicativos son portadores de toda la verdad. No hay nada fuera de la subjetividad. Sin embargo, esta vieja escuela sigue siendo acuñada en los medios de prensa cubanos como paradigma inamovible.

Entonces, y porque el tiempo es corto para derivar en una y otra cita teórica, pregunto: ¿a partir del análisis de los productos periodísticos que entregamos, qué construcción de la realidad estamos realizando? Más específicamente: si la información es el género base del periodismo, ¿qué tipos de noticias damos, toda vez que los hechos no se producen aislados, sino que forman parte de una realidad más vasta y se incluyen en ella?

Hoy, cuando estamos hostigados de tanta información que llega a través de disímiles soportes, ¿qué función desempeña la prensa en el propósito de trascender el mensaje factual, el hecho en sí descontextualizado de la realidad que lo circunda? ¿Por qué no replantearnos una nueva dimensión de la noticia y poner de realce lo que ella significa?   

Una noticia que privilegie el cómo y el por qué del suceso. Quizás esa sea la vía para entender que es importante un determinado cumplimiento del plan de producción, una actitud, la entrega de una distinción, entre los cientos de hechos-ejemplos que cubrimos los periodistas y solo lo socializamos a nivel de caricatura entendible en el entorno referencial en los que se produjeron y, aún así –no olvidar este aspecto del asunto-, cuestionados, dado que los conocedores -los protagonistas y testigos de sus verdaderas dimensiones-, son los críticos más agudos de nuestra entrega informativa.

En consecuencia, estamos hablando de por qué no dar un tratamiento interpretativo a la información, de manera que esta no solo sea portadora del quién, qué, cuándo y dónde ocurrieron los sucesos, sino también, que proporcione una estimación de ellos a partir de las múltiples voces y miradas que se propicien desde las fuentes y donde el periodista actúe como conductor de un mensaje intencional e ideológico que se adentre en el cómo, el por qué y para qué.

Esta revisitación de los hechos tiene una mejor cobertura desde el reportaje interpretativo, o en profundidad, o investigativo; sin embargo, en nuestro país apenas se concede importancia desde la información, al no ser contadas excepciones como es el caso de la Agencia Prensa Latina.

La prensa impresa, me atrevería a afirmar, prácticamente la desconoce en sus presupuestos teóricos y los acercamientos a esta manera de hacer se dan empíricamente más de lo deseado… o no se dan. En el caso de la radio y la televisión, se clasifica en otros géneros y se aduce falta de tiempo para acometerla, olvidando que cada soporte mediático tiene sus especificidades y, respetándolas, todo es factible de ser adaptado.

¿Qué puede estar sucediendo hacia el interior de los medios, de los periodistas y los decisores?

-Que la interpretación es el derrotero más joven del periodismo, y antecedido por los estilos informativos y opináticos, éstos cuentan con un arraigo muy sólido.

-A pesar de contar con más de medio siglo de nacido, el estilo interpretativo continúa siendo el gran desconocido en Cuba. Tan es así, que lo que se hace hoy bajo ese espíritu, recibe tantas denominaciones como creativos sean los colectivos donde se producen.

-La balanza tiende a inclinarse hacia la idea de concebir la información solo desde la obsoleta posición de objetividad e imparcialidad, ya suficientemente desmontada por los teóricos, pero que en la práctica continúa prevaleciendo en los modos simbólicos de pensar.

-Y lo peor: la desestimación desde las prácticas profesionales a quienes, conocedores de las actualizaciones teóricas a partir de estudios académicos, tratan de introducirlo como necesaria rutina productiva.

En este aspecto, aclaro que en lo particular no temo a las subjetividades porque ella está presente en todo acto creativo y que a lo más que se puede aspirar es a la honestidad y ética profesional, y voto por dar a los públicos la realidad en toda su dimensión, en sus diversas aristas, con las muchas miradas de los actores de un fenómeno y, solo entonces, poner al lector en disposición de llegar a sus personales conclusiones y reflexiones.

Castejón señala que, en su esencia, la labor interpretativa se basa en los principios generales de la noticia como concepto periodístico básico. Incluso, el trabajo resultante es, estrictamente hablando, información, aún cuando sea más amplia, más densa y con un nivel mayor de participación del intelecto del reportero. Y termina abogando por considerar la interpretación como objetivo de los medios de comunicación y relacionarla estrechamente con la información.

¿Qué grande es el mundo y cómo lo interpretamos desde nuestras propias percepciones y experiencias, ideologías y compromisos? ¿Qué es ese público al que muchas veces queremos obligar a leer notas que nada le dice y las más de las veces parecen extraídas de informes administrativos?

Es áspero decirlo, pero los periodistas en no pocas ocasiones olvidamos que somos contadores de historias. En consecuencia, el rumbo lo torcemos a contar declaraciones que es la forma más fácil de desentenderse del compromiso de explicar el acontecer de la realidad a los públicos necesitados de esa mediación para la cual nos valida como profesionales. Pero contarles las historias desde sus particularidades, contextos, antecedentes y proyecciones, es decir, desde miradas holísticas, es posición poco asumida.

En ese amplio universo que está ante nosotros, nos corresponde informar sobre los aconteceres desde las perspectivas de considerar al público como una masa heterogénea e inteligente que evaluará el producto final desde la criticidad, pues desafortunadamente, a veces se piensa en el receptor como una masa homogénea que no juzga, al que impunemente le ofrecemos mensajes mal cosidos como si estuviera obligado a consumirlos.
 
Eduardo Ulibarri deja claro que ante cualquier hecho nos preguntemos:

-¿Es actual o, al menos, trata aspectos que tienen vigencia?

-¿Es interesante? ¿En qué sentido?

-¿Es relevante o importante?

-¿Posee detalles irónicos o curiosos?

-¿Es novedosa, o tiene posibilidades de serlo?

-¿Es útil? ¿Para quién?

-¿Es original en las posibles orientaciones que pueden dársele?

-¿Es de interés físico o psicológico para el público?

-¿Es llamativa, debido al potencial de denuncia que contiene?

-¿Es sólida en sus elementos?

Y ante estas inquietantes, ¿cómo, entonces, la prolijidad que hoy encontramos de espacios informativos con noticias sin otro valor que el relato directo y hermético de los acontecimientos?  

Si hacemos un examen de conciencia y profesionalidad, tendremos que confesarnos que en no pocas ocasiones nos despreocupamos de cuestiones consustanciales al ejercicio de informar a los públicos como pueden ser el ámbito, los propósitos, el proceso de razonamiento, la utilización de las fuentes y el tener sentido de la actualidad u oportunidad que debe acompañar todo acto creativo.

En ese entramado, cabe cuestionarse que si bien los hechos ocurren en un tiempo y espacio determinados, también es oportuno inscribir los aconteceres que alrededor de ellos se producen y merecen ser divulgados para dar una mayor comprensión y complejidad y eleve el acontecimiento de un nivel factual y temporal, a una dimensión de mayor alcance, el del conocimiento que de la posibilidad al receptor de recodificar el mensaje a partir de la información que estamos aportando.  

Explicar, interpretar, relacionar y valorar los fenómenos se vuelve un imperativo en tiempos en que el fárrago de informaciones es un bumerang que lejos de proporcionar conocimientos, deja a los receptores sin asideros de a qué brasa sumarse.

Esa mirada coordinadora y amplia, le corresponde a la prensa: encauzar, orientar, desde la información profunda que propicien protagonistas, expertos, testigos, en una multiplicidad de fuentes y visiones que confluyan en el propósito de que el receptor pueda arribar por sí mismo a conclusiones.

Es importante adentrarse en los juicios que ofrezcamos. A continuación les expongo definiciones que pueden encontrarse en cualquier manual: Juicios analíticos, resultan de la percepción de un problema y con ellos se llama la atención sobre determinados asuntos e implican al lector en esa preocupación. Ellos no tienen por qué manifestarse explícitamente, sino que se dan en la propia construcción del relato.

Los sintéticos, conocidos en las redacciones como pronósticos, están basados en la experiencia y, por tanto, permiten predecir determinadas realidades. En tanto los juicios hipotéticos quedan abiertos a una o varias hipótesis que se formulan como resultado del análisis realizado.

Otros juicios que también pueden integrar la nota interpretativa son los disyuntivos cuando plantean una alternativa con sus dos opciones opuestas de o esto o lo otro. Y, por último, los juicios de valor, a partir de criterios de fuentes responsables, sólidas, no necesariamente especializadas, pero sí, desde su posición, totalmente creíbles.

Como se puede apreciar, en la nota interpretativa la fuente deja de ser una –con su consiguiente absoluta parcialización del acontecimiento, siempre arrimando las futuras conclusiones del lector a su punto de vista, lo cual hace absolutamente subjetivo el mensaje-, para convertirse en múltiple, y esa diversidad confiere una mayor credibilidad a la entrega, más cuando le otorga la emoción y el color del periodismo latinoamericano.

Y acá me permito un paréntesis: si el periodismo es un reflejo de cada sociedad en particular, ¿quién puede imponernos que escribamos desde un pensamiento  con etiqueta  de flema británica o pragmatismo norteamericano o aspereza española? Respondemos a una cultura, una identidad, una praxis, una pertenencia latinoamericana y caribeña; entonces, nuestro periodismo ha de reconocer ese latir en el que inevitablemente lo sesgará el color y la emoción. Asumirlos se vuelve también un acto liberador y una reafirmación de autenticidad. 

Estamos ante un nuevo escenario para la información: el de la interpretación, sin que con ello estemos abogando por la muerte de lo puramente informativo, honestamente “impersonal y objetivo” en la medida que se reconstruye la realidad a partir de símbolos. De manera sincera pienso que ningún estilo suplanta a otro, sino que pueden ambos crecer y convivir de forma armónica en tanto se empleen en su justa dimensión.
 
Retomando el contorno de lo interpretativo en la nota, ahora con ella es necesario poder generalizar, predecir, adelantar los fenómenos a partir de una fundamentación cuyas raíces sean pruebas identificables.
 
Esta manera de construir la realidad desde la información interpretativa, Fagoaga y Ulibarri concuerdan en que no puede desestimar tampoco los efectos de los sucesos sobre el receptor, el valor que él le confiere, la relación con el debate público que acerca del acontecimiento se esté produciendo y la vinculación con otros hechos que enriquezcan la comprensión del mismo. 

Es por ello que, una y otra vez, habrá que retomar lo que llamo Fórmula Ulibarri, de tanta recurrencia para lograr textos más acabados.

El teórico plantea sobre el abordaje de un tema:

-Del presente: ¿qué significa?, ¿surge aislado o forma parte de otros?, ¿cómo se vincula con ellos?, ¿introduce algún cambio significativo?, ¿a quiénes afecta en lo inmediato?, ¿contiene elementos polémicos?, ¿cuáles fueros los factores más cercanos que precipitaron su aparición?

-Del pasado: ¿por qué ocurrió?, ¿cuáles son sus antecedentes?, ¿con qué otros acontecimientos se relaciona?, ¿se pueden identificar causas relevantes?, ¿qué ha ocurrido con situaciones similares en otras épocas y lugares?, ¿existen analogías relevantes?, ¿puedo documentar su desarrollo?

-Del futuro: ¿qué posibilidades de desarrollo tiene?, ¿es posible proyectarlo?, ¿con qué otros factores podrán relacionarse?, ¿en qué o quiénes repercutirá?

Javier Ibarrola propone:

-La interpretación significa brindar al lector todos los antecedentes posibles del suceso.

-No dejar nada sin resolver. No dejar cabos sueltos.

-Debe complementarse con valoración avalada por antecedentes y contextos.

Gonzalo Martín Vivaldi argumenta:

-La interpretación es una valoración objetiva basada en antecedentes, análisis, consecuencias y exposición comprensiva de los acontecimientos.

Santamaría y Casals apuntan:

-Está admitido que la interpretación forma parte vital de las noticias porque es un juicio objetivo apoyado en los antecedentes, el conocimiento de la situación y el análisis de un acontecimiento.

La mayoría de los autores:

-Consideran a la interpretación como procedimiento privativo del trabajo periodístico; pero no todos la colocan como segundo nivel del estilo informativo.

José Antonio Zarzalejos, director de El Correo Español-El Pueblo Vasco, señala que cada vez se camina hacia un periodismo más interpretativo de las noticias, que los lectores ya no se conforman con la información efímera, y que cada vez se hace más patente la necesidad por parte de los periódicos de recuperar el protagonismo de géneros como la entrevista, la crónica o el reportaje, además de incorporar profesionales de calidad que permitan a la prensa cumplir con sus funciones adecuadamente.

Y Sebastián Bernall Chillón acota: “El abandono efectivo de su primigenia función informativa en manos de los mass-media audiovisuales y de los futuros medios basados en el desarrollo de la telemática conducirá irremediablemente a la prensa hacia la adopción de funciones de profundización, contextualización y argumentación de las noticias “duras” servidas a través de aquellos canales”.

Esto conlleva a replantearnos las maneras de hacer desde el punto de vista de un razonamiento apreciativo que indague en los hechos, antecedentes, contextos y proyecciones, de manera que se sume a la información cuantitativa lo cualitativamente y aportador del mensaje. Es decir, en no pocas ocasiones cuando ofrecemos a los destinatarios hechos sin pasado, sin circunstancias que los acompañen y sin atisbos de futuro, le estamos dando paso a la posibilidad de incertidumbres en su credibilidad.

Especialmente importante en la nota interpretativa es el empleo de las múltiples fuentes, con el propósito de que expresen juicios que profundicen en el hecho noticioso, ofrezcan varias miradas al receptor y se adentren en la percepción del problema.

En resumen, en la nota interpretativa hay una implicación del hecho con su historia, alcance, causas, impacto, contracorrientes y futuro, de manera que sean respondidas las preguntas vinculadas al significado de los acontecimientos, cómo entenderlo en su integralidad, qué representa, por qué ocurrió y para qué sirve conocer su significación, cómo nos involucrará, su repercusión en la vida cotidiana, y posibles consecuencias.

En nuestros medio un criterio muy difundido es que la nota interpretativa es, en suma, un reportaje informativo, razonamiento que no comparto en tanto: 

-La nota interpretativa continúa manteniendo el estilo redaccional informativo: directo, conciso, preciso, sin adjetivación, sin intromisiones del “yo” del periodista.

-La objetividad como aspiración suprema la preside. La remisión a fuentes para lograrla es una constante, es imprescindible.

-Su estructura continúa siendo la de las notas: es decir, mantiene el lead y el cuerpo, aunque ya no en la clásica pirámide invertida, sino en las diferentes variantes que posibilitan tanto los leads y cuerpos clásicos, como los leads y cuerpos no convencionales.

-No hay entrada, cuerpo o conclusión al estilo de los reportajes, más creativos, más flexibles. La nota interpretativa presenta desde el lead el tema a abordar en su problemática.

-El lector siente todo el tiempo un estilo en el que se le “informa”, no que se le “cuenta una historia”.

En este punto, válido es que abordemos en el estilo informativo e interpretativo sus semejanzas y diferencias; es decir:

-En ambos estilos los modos expresivos de los periodistas ofrecen una visión lo más cercana a la realidad.

-Sin embargo, en la nota interpretativa se plasma la noticia en toda su pluralidad, asociada a otros hechos del pasado, el presente y se atisban consecuencias probables.

-El estilo informativo se distingue por la descripción del hecho; en tanto, el interpretativo propone aristas heterogéneas para entender y alcanzar el conocimiento integral de la noticia.

-Mientras los textos informativos narran un acontecimiento de forma “objetiva” e “imparcial” y se asientan en contenidos factuales, los interpretativos proponen valoraciones y análisis que el receptor toma o excluye, es decir, hay en ellos una voluntad de trascender.

En contraposición a lo que se discurre en muchas redacciones, particularmente pienso que la nota interpretativa no es una noticia ampliada ni “hinchada” y sin efectividad, sino sustanciada de elementos que la contextualicen, que den sus antecedentes e, incluso, se arriesgue en proyecciones, que es lo más semejante a la información integral preconizada por el periodista y profesor cubano José Antonio Benítez.

En este nuevo entablado que se nos propone, volvamos la vista ante ese cada vez más agotador bombardeo de espacios noticiosos en los que prevalece o bien la nota escueta, desprovista de contexto, notas que parecen salir de la nada y nada decir, ni aportar, ni informar ni orientar; o la opinión que más que persuasiva es impositiva, y con ello se convierte en puente roto en el camino hacia el entendimiento. Opinión que se rechaza por su verborrea expositiva y apocalíptica, sin que medie balanza alguna ni ofrezca oportunidad al público para disentir.

En ambos casos, cuando desvestimos las circunstancias de explicación y equilibrio, estamos construyendo mensajes incompletos y privamos al receptor de mensajes construidos con sentidos venidos desde distintas voces para que él, con su inteligencia y cosmovisión del mundo y desde su heterogeneidad, pueda llegar a conclusiones lógicas y no impositivas.

Sostengo, por tanto, que en los medios impresos, en especial los diarios y semanarios, el paso de la nota informativa tradicional -que solo da cuenta del hecho factual y descontextalizado, sin asimientos a la realidad más amplia en la que se inserta-, a la nota interpretativa -en su complejidad y multiplicidad de voces para entender los fenómenos-, resulta estratégico para el inevitable reacomodo informativo y de conocimientos. Y digo más: es impostergable para la supervivencia de estos soportes enfrentados a una competencia indiscutible con la radio, la televisión, la hipermedia, en un mundo globalizado donde predomina el tiempo real.

Para cerrar esta ponencia, una afirmación de Juan Cantavella: “La abundancia de noticias, afirma el español, es tan sobrecogedora que el lector buscará en los medios impresos una valoración y una complementariedad de lo que se le ofrece. No basta con situarle frente a la complejidad de un problema los primeros días en que estalla un determinado conflicto, sino que es necesario volver una y otra vez cuando se trata de una situación que se prolonga en el tiempo, con el fin de aportar elementos de utilidad para los lectores que se incorporan o para los olvidadizos, que son los más.”

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EL RETO DE LA CONVERGENCIA DE REDACCIONES EN CUBA

EL RETO DE LA CONVERGENCIA DE REDACCIONES EN CUBA

MSc. MIGUEL ERNESTO GÓMEZ MASJUÁN,
Profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
masjuan@fcom.uh.cu

El estudio de la convergencia entre la redacción tradicional y la digital de los medios de comunicación parece ser uno de los retos más complejos y a la vez interesantes que deben abordar, con la mayor celeridad posible, directivos y teóricos.
 
En los últimos quince años una de las tendencias más analizadas en el mundo del periodismo es la imparable concentración empresarial llevada a cabo por algunos de los grupos de medios más importantes. Las empresas que antaño se limitaban a editar un periódico han multiplicado sus intereses mediáticos con la adquisición de emisoras de radio, televisoras y el lanzamiento de publicaciones en Internet. Esta tendencia hacia la diversificación multimedia ha acarreado importantes consecuencias al periodismo como profesión. Quizás la principal sea que los medios ya no actúan de forma aislada, sino que deben tener en cuenta la colaboración con sus hermanos en otros soportes (Salaverría, 2005: 37). La convergencia de redacciones entre medios de una misma empresa aparece como otro resultado directo de esta concentración.

Los usuarios también han cambiado. Los medios, para seguir sirviendo a su audiencia de manera satisfactoria, con calidad, acierto, rentabilidad, deben reflexionar sobre sus productos, sus formatos, su lenguaje, sus plataformas de publicación y sus métodos de trabajo. Más allá de tener una visión, han de desarrollar una estrategia y ponerla en marcha, si quieren seguir siendo un actor de peso en un mundo cada vez más competitivo y en el contexto de la era digital (IFRA, 2007).

Al periodista también se le pedía cambiar, casi al mismo ritmo en que aparecían los adelantos tecnológicos y el “periodista multimedia” tuvo que reacomodar o incluso crear nuevas rutinas productivas.

“Los periodistas se ven igualmente sometidos a esta espiral de la convergencia, ya que tienden a acumular labores profesionales: redacción, edición, documentación, fotografía, grabación que antes eran coto privado de especialistas en cada disciplina” (García y Salaverrría, 2008: 3).

El nuevo perfil de los usuarios obligó a los profesionales a contar historias no solo escritas, también con galerías de fotos, audio, vídeos, infografías. El “periodista multimedia” ha sido la respuesta del sistema ante el impacto de Internet en el modelo tradicional de comunicación, aunque muchos lo consideran un híbrido que aún está por definir (García, 2006).

La figura del periodista multimedia, incluido o no en una redacción unificada, puede dividirse en, al menos, dos interpretaciones: el multitarea y multiplataforma. Por lo general los multitareas son aquellos profesionales más jóvenes, capacitados para cubrir un mismo hecho mediante diversos géneros y, al mismo tiempo, tomar fotografías, filmar vídeos e incluso editarlos.

Mientras, el multiplataforma se relaciona más con aquellas empresas que han integrado las redacciones de sus diferentes medios. Un profesional de prestigio aprovecha la multiplicidad de canales para difundir sus contenidos, ajustándolos a las características propias de cada medio.

“Ya es habitual que un periodista, tras asistir a un acontecimiento, envíe un avance informativo de urgencia para la edición digital, elabore a continuación una crónica extensa para el periódico impreso, participe después en una tertulia radiofónica sobre ese tema y converse con los lectores a través de un foro de Internet” (Salaverría, 2002).

DOS CAMINOS PARA LAS REDACCIONES INTEGRADAS

La aparición de las redacciones digitales fue un paso que a muchos pareció enorme; sin embargo, apenas una década después, las distinciones entre las redacciones podrían desaparecer.

Para la Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana, Milena Recio, el surgimiento y estructuración de la redacción digital como modelo productivo entrañó transformaciones en algo tan o más primordial que las rutinas de trabajo: la ideología profesional, la mentalidad del periodista o comunicador digital, el conjunto de ideas o modos de pensar que lo distinguen. El verdadero cambio no está supeditado a tener a nuestro alcance una nueva infraestructura, una moderna dotación tecnológica. La real transformación, y esta es otra premisa, siempre se da en la cultura profesional (Rosete, 2007).

Esta transformación de las rutinas profesionales en las redacciones digitales se traslada al proceso de convergencia, identificado como la unión del esfuerzo creativo y de producción de redacciones tradicionales y digitales que antes estaban separadas (Álvarez, 2003).

Pero el proceso de la convergencia trasciende a una fusión entre la redacción tradicional y la digital y varias de las grandes empresas de medios han apostado por la integración de las redacciones de sus periódicos, emisoras radiales y televisivas, con el fin de aprovechar al máximo no solo las capacidades tecnológicas, sino también los recursos humanos.

La convergencia de redacciones implica un rediseño de la estructura física y organizativa de la redacción, además de introducir cambios de mentalidad por parte de los periodistas y directivos, junto a un uso intensivo de la tecnología multimedia en el trabajo periodístico. A estas características se agrega la presencia de Internet como la principal fuerza horizontal integradora (Álvarez, 2003).

Una de las cualidades más apreciadas en la convergencia entre las redacciones de periódicos, televisoras y emisoras radiales es la labor de forma conjunta en la producción de contenidos. En esta redacción unificada, los periodistas han de ser capaces de trabajar en línea y manejar los múltiples lenguajes y herramientas. Además, se plantea una redefinición de los roles, con la aparición de una nueva figura: el editor multimedia. Las competencias profesionales de los editores y periodistas se amplían porque tienen que dominar el arte de escribir, también cuáles sonidos y vídeos funcionarían mejor en el producto comunicativo que están preparando.

Similares características acompañan a la convergencia de la redacción tradicional con la digital de un único medio.

Las redacciones integradas se benefician de diferentes formas. Por ejemplo, comparten fuentes informativas y documentales, además de temas e ideas; en los casos de convergencia entre redacciones de medios de una misma empresa, el nivel de credibilidad y prestigio de los más antiguos favorece a los que se inician. A todo esto se suma que se emplean las mismas instalaciones. El motivo económico es un factor a tener en cuenta para comprender mejor los grandes intereses detrás de la convergencia, sobre todo porque al ampliarse las audiencias, entonces también aumentan las ganancias por la publicidad (Luft, 2006).
 
El resultado de la convergencia, al menos desde el punto de vista teórico, sería la aparición de la redacción multimedia. Esta se concibe como el ámbito en el que se centralizan todos los mensajes, se imparten instrucciones y se reparte el flujo de información para editar las versiones impresas, audiovisuales y online de unos contenidos cada vez más personalizados, en función de los destinatarios y del soporte de difusión (García, 2003).

En Estados Unidos, el Poynter Institute recomienda una serie de pasos para llegar hasta la convergencia en los medios, entre los que se encuentran:

-Proceder con una política de transparencia al explicar los cambios y los beneficios que traerá la creación de una redacción integrada.

-Educar e informar a ambas áreas.

-Establecer un objetivo claro de acción, de acción, concediendo especial importancia a la definición que se haga del “éxito”.

-Proporcionar a cada empleado una descripción clara de sus funciones.

-Crear auténticos equipos de trabajo.

-Propiciar la presencia de un representante de la redacción digital en las reuniones de planificación de contenidos y presupuestos.
(Álvarez, 2003).

Todavía la convergencia de redacciones tiene que desandar un largo camino lleno de interrogantes, vencer reticencias y demostrar que es viable para que otros decidan seguir el ejemplo de aquellos que ya dieron el primer paso.

La primera gran dificultad, tanto para la convergencia de redacciones de varios medios como para la unificación de la redacción tradicional y digital, es llegar a un consenso sobre qué resulta más provechoso: mantener la estructura actual y propiciar un mayor diálogo y cooperación entre las otras redacciones que incluya la parte tecnológica y los contenidos o integrarlas completamente.

No todos han recibido con los brazos abiertos a la convergencia. Algunos directivos continúan pensando que la integración no es relevante para ellos, pero están cometiendo un gran error, más temprano que tarde las audiencias irán a cualquier otro lugar donde puedan obtener lo que necesitan, advirtió Dietmar Schantir, director de Ifra Newsplex (Luft, 2006).

Frente a la opción de la convergencia, los periodistas se dividen entre aquellos resistentes al cambio porque lo valoran como una readaptación en sus rutinas productivas y que produciría un reducción en la calidad de los contenidos y los que la promueven, no solo como una oportunidad para mejorar su situación financiera; también porque consideran que esa colaboración propiciaría la elaboración de contenidos más completos.

Las diferencias generacionales entre los profesionales han encontrado en la integración una nueva manera de expresarse. Los periodistas de más experiencia, formados en una etapa anterior a la introducción de las nuevas tecnologías, observan con recelo los conceptos relacionados con “multimedia” porque ante los más jóvenes se sienten en desventaja. Vencer este recelo no es una tarea fácil.

Otro problema son los distintos lenguajes que deberán manejar los periodistas de la redacción integrada, sobre todo por el hecho de que los usuarios no son los mismos. Aquel profesional que solo había trabajado en la versión impresa de un periódico ahora se vería elaborando un reportaje multimedia, como parte de equipo de trabajo multidisciplinar. El concepto del periodista sentado frente a su máquina de escribir—primero— y su ordenador después, cambia hacia una filosofía más cooperativa. Esto tampoco es fácil de asimilar.

Un tercer conflicto tendría que ver con la imagen del periodista, aunque esto afectaría más a la integración de las redacciones de un único medio. Los periodistas que trabajan en las redacciones digitales son subestimados, tanto social como económicamente. En muchas ocasiones su labor se reduce apenas a reelaborar los contenidos ya publicados. Supuestamente no hay lugar para la creación y su remuneración salarial también dista mucho de los “otros” periodistas. Esto no ocurre en todos los sitios, pero sí es una visión que se ha generalizado y que pudiera desaparecer o al menos atenuarse en pocos años cuando ocurra la convergencia de redacciones.

LENTO AVANCE EN LA INTEGRACIÓN

El esperado aumento de los medios con redacciones integradas no ha mantenido un ritmo constante en los últimos años.
 
Uno de los iniciadores fue el periódico británico Financial Times quien desde 1999 unificó a las redacciones de su versión impresa y digital. De acuerdo con el director Paul Maidment, el único modo de que las empresas valoren al mismo nivel a sus periodistas del periódico de papel y del digital es que compartan las condiciones laborales y el sistema de retribución. “Hemos creado una redacción completamente integrada que trabaja tanto en prensa como en Internet. No tenemos periodistas del punto com ni del papel”, declaró Maidment. En diciembre de 2005, USA Today también decidió unificar las redacciones del periódico de papel y el digital, con la finalidad de “crear una sola empresa informativa de 24 horas. La nueva redacción diseña y planifica la cobertura como una única entidad, con una estrategia más provechosa para desplegar los recursos informativos en un mundo en el que la información se ha convertido en una mercancía a demanda del usuario”, según el editor del diario, Ken Paulson (García, 2006).

En Estados Unidos, el caso paradigmático de convergencia de varios medios es el proyecto Tampa News Center, desarrollado en la Florida, por el grupo Media Center, a partir de marzo de 2000. Esta compañía inauguró un edificio que daba cabida a sus tres medios locales: el diario Tampa Tribune, la emisora de televisión WFLA-TV, afiliada a la cadena NBC, y el sitio web TBO.com (Tampa Bay Online). La peculiaridad del Tampa News Center era que, en lugar de aislar la redacción de cada medio, apostaba por una novedosa distribución arquitectónica y un sistema tecnológico común de gestión editorial que posibilitaba la colaboración simultánea (Salaverría, 2005: 38).

El diario español El Mundo integró desde 2007 a los periodistas de las secciones de Comunicación, Deportes y Ciencia y allí ellos trabajan para el periódico y la edición online; mientras, El País fundió en 2009 su edición impresa con la de Internet que hasta ese momento dependía de otra empresa del grupo, Prisacom. “Esta integración no se limita a un nivel periodístico, sino que constituye también una fusión de operaciones económicas. Así, se creará una empresa de contenidos de calidad bajo la marca de El País en la que trabajaran alrededor de medio millar de profesionales”, aclaró Juan Luis Cebrián, consejero delegado del grupo Prisa (El País, 20 de enero, 2009).

Dos de los medios de la llamada gran prensa norteamericana, The New York Times y el Washington Post también integraron sus redacciones de papel y digital.

Sin embargo, el periódico gratuito 20 minutos que había integrado sus redacciones decidió, a finales de 2008, separarlas nuevamente. “No puedes tener una empresa para el papel y otra para la red y al mismo tiempo una redacción unificada, no tiene sentido. La división tiene que llegar hasta sus últimas consecuencias. Y lo que es una necesidad jurídica o legal también es una necesidad operativa en estos momentos. Los redactores del papel harán solo eso y los de la web se ocuparán únicamente de la edición online. Lo que sí vamos a pedir es la colaboración entre los dos medios, porque de ahí salen cosas muy positivas y no vamos a perder la posibilidad de apoyarnos unos en otros”, declaró Joan Domene, director de 20minutos.es (Periodistas 233 grados).

No obstante las críticas y reticencias, la mayoría de los periódicos digitales latinoamericanos piensa fusionar en el futuro sus redacciones para expandir sus operaciones online.

A esta conclusión llegaron Guillermo Franco y Julio César Guzmán, del sitio colombiano Eltiempo.com, quienes realizaron una encuesta en 43 medios online, considerados entre los más importantes de Latinoamérica. Las conclusiones, llevadas a cifras, mostraron que:

-El 74% de los medios planea integrar sus redacciones online e impresa en el corto, mediano o largo plazo. De hecho, un 4% ya están integradas.

-El 42% de los sitios web funciona con 3 periodistas o menos. El 24% cuenta para su operación web con entre 4 y 8 periodistas. Un caso excepcional emplea a cerca de 35 periodistas.

-En el 61% de los sitios web, la mayoría del contenido es el de su edición impresa. Solo en el 27% de ellos, la mayoría es contenido propio.
 (Rost, 2007)

¿CONVERGENCIA EN CUBA?

Ya en 1995 existía en Internet un sitio cubano de noticias, llamado Cubaweb (www.cubaweb.cu), que utilizaba un servidor ubicado en Canadá. En ese sitio aparecían las principales informaciones publicadas por los periódicos nacionales. Las noticias se trasladaban hacia allá de diferentes formas, por lo que el proceso de actualización era muy lento.

Un año después, a finales de 1996 ocurrió el acceso pleno de Cuba a Internet. El primer medio de comunicación que colocó su versión digital en la Red fue el periódico Granma Internacional, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, en 1997. Los inicios resultaron muy complicados porque en el país casi no se conocía sobre Internet y los periodistas no poseían amplios conocimientos tecnológicos, ni manejaban conceptos cercanos a las teorías sobre el periodismo digital que ya se producían.

Los hechos noticiosos fueron desencadenando la aparición en Internet de los correlatos online de periódicos, emisoras de radio y televisoras, tanto de alcance nacional como local. La visita del Papá Juan Pablo II a Cuba, en enero de 1998, marcó un punto de cambio, porque la necesidad de obtener noticias sobre lo que acontecía, impulsó a los directivos de medios y la dirección del país a invertir para lograr colocar el mensaje cubano en la red. Durante los tres días de visita papal, los medios ya insertados en Internet recibieron miles de visitantes, de casi todas las partes del mundo y los servidores arrojaron una cifra récord de accesos.

Desde aquel momento hasta la actualidad, todos los medios cubanos cuentan con una versión online y se han creado otros medios solo digitales; sin embargo, la cantidad no garantiza, necesariamente, la calidad de los contenidos que se publican.

Los periodistas en Cuba tropiezan a diario con obstáculos que atentan contra el carácter multimedial en sus productos: pobres recursos tecnológicos y un ancho de banda que genera conexiones lentas, razón por la cual algunos productores restringen o anulan el uso de la multimedia dentro de sus sitios. La complementa una débil preparación de los profesionales. Si bien es cierto que las carencias materiales limitan el ejercicio de la profesión, son los usos que los seres humanos hacen de la tecnología los que marcan el éxito o fracaso de la empresa. La tecnología, bien utilizada, ahorrará costes y viabilizará el surgimiento de rutinas productivas acordes con las exigencias del espacio digital (Comellas, 2005).

En Cuba, la labor de volcado de los contenidos de los medios tradicionales a los digitales, se ha hecho extensiva a los flujos de producción, y estos han heredado las mismas trabas que antes impedían la construcción de materiales acordes con el paradigma digital. Las redacciones digitales son prácticamente inexistentes e incluso, en los medios que sí cuentan con este espacio físico definido, con periodistas y diseñadores que laboran solo para la versión digital, las rutinas productivas de la web encuentran múltiples puntos de contacto con sus versiones tradicionales que impiden que los contenidos se acerquen a las características del periodismo para y con Internet.

Ante estas realidades, la convergencia de redacciones se plantea como un gran reto para el periodismo cubano. Una integración de diferentes medios no luce como una opción posible; sin embargo, la unificación de las redacciones digitales y tradicionales sí pudiera encontrar oídos receptivos, tanto entre los periodistas como directivos; pero para llegar hasta allí resulta imprescindible no solo la necesaria inversión en la parte tecnológica, sino también la preparación de un profesional dotado de conocimientos más profundos y cercanos a las competencias que hoy se exigen de un comunicador.

En las siete universidades del país donde existen estudios superiores de Periodismo—con la Universidad de La Habana como centro rector—, los cursos de Periodismo Digital han ganado un mayor espacio y este tema ya se imparte en la maestría de Ciencias de la Comunicación, así como en cursos de postgrado para los profesionales que ejercen el trabajo diario. Esta parece una vía interesante para acercar al futuro periodista o aquel que ya se encuentra en los medios con las tendencias más modernas de una profesión que no puede resignarse a vivir de espaldas a la producción teórica.

De acuerdo con Pelayo Terry, subdirector del diario Juventud Rebelde, el segundo de más tirada en la Isla, la unificación de la redacción tradicional con la digital es una realidad que no puede dejar de analizarse en Cuba, ya que la generación de contenidos hacia la web no puede seguir estando supeditada a la cobertura que haga el periodista de la redacción principal (Terry, 2009).

Además, agrega Terry, quienes primero deben y tienen la responsabilidad de cambiar para lograr una verdadera integración son los directivos de los medios de prensa. Si ahí no se produce la transformación, difícilmente abajo pueda obtenerse algo.

CONCLUSIONES

La integración multimedia en todas sus dimensiones reclama esencialmente tres cosas: planificación, innovación y formación. La planificación resulta particularmente necesaria en el plano editorial y no solo en el administrativo o gerencial. La innovación debe apuntar a los aspectos tecnológicos, pero también a los comunicativos. Y la formación ha de fomentar el uso profesional de los recursos digitales por parte de los periodistas, al tiempo que les invita a experimentar con nuevas formas interactivas y multimediales de presentar la información (Salaverría, 2002).

Aplicar una sola regla para lograr la convergencia sería un error. Cada medio la realiza de acuerdo con sus posibilidades e intereses. Según Ricardo Roa, editor general adjunto del diario argentino El Clarín, la fusión se adecua al tamaño de los medios, la madurez de su presencia en los mercados y la decisión y características de quienes la llevan adelante (El Clarín, 2007).

Aunque las cifras indican que la tendencia es hacia la convergencia, algunos medios impresos y audiovisuales todavía mantienen reservas ante la unificación de sus redacciones y los directivos en ocasiones ni siquiera han adoptado estrategias ni calendarios definidos y es que cada medio es diferente, por lo que las soluciones también deberían serlo.

Más que el elemento económico, pesa el factor humano y esta es una realidad muy cercana al entorno cubano. Antes de tomar la decisión se necesitan varios estudios, en especial de los usuarios, para no dar un paso en falso. Una redefinición del trabajo de la redacción y de los periodistas que en ella trabajan puede ser muy complicada; sin embargo, el aumento de la productividad y la elaboración de contenidos cada vez más completos aparecen como elementos de mucho peso. 

Coincidimos con Terry (2009) cuando este asegura: “El camino hacia la unificación de las redacciones de los medios de prensa parece el más indicado, de acuerdo con las investigaciones realizadas, pues la tendencia mundial no puede desconocerse en un ámbito en el que Cuba inicia sus primeras experiencias. Pero independientemente de que se llegue a la convergencia de redacciones, se necesitan grupos de especialistas que le brinden soporte a la versión web, lo que pudiera lograrse con la creación de equipos de desarrollo integrados por profesionales graduados de especialidades afines con el mundo de Internet y las nuevas tecnologías y más específicamente el periodismo digital.”

Darle la espalda a la convergencia sería un error, al igual que considerarla la salvadora de todas las dificultades. El escepticismo ante lo nuevo luce como una constante dentro del periodismo. El “periodista multimedia” levanta suspicacias porque al utilizar a un profesional capaz de desenvolverse en varios lenguajes y, por tanto, con un mayor nivel de competencias que su predecesor “tradicional”, entonces los directivos pudieran optar por reducir las plantillas y así abaratar los costos. Una mayor tasa de desempleo no es un resultado agradable.

La convergencia de las redacciones es una tendencia que continúa creciendo; pero podría tardar mucho más tiempo porque el proceso de aprendizaje no es cuestión de días; no obstante, parece irreversible y ya pocos se atreven a no considerarla un factor importante en las transformaciones por las que atraviesa el periodismo.

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