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LA CRONICA PERIODISTICA: UN GENERO TAN POLEMICO COMO IMPRESCINDIBLE

LA CRONICA PERIODISTICA: UN GENERO TAN POLEMICO COMO IMPRESCINDIBLE

Dra. MIRIAM RODRÍGUEZ BETANCOURT,
Profesora Titular y Consultante
de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La crónica no nace con el Periodismo sino que este aprovecha una tradición literaria e histórica de largo y espléndido desarrollo para adaptarla a las páginas de la prensa, apunta el profesor español Juan Cantavella al recordarnos  su origen,  huella que  le acompaña a pesar de la amplitud temática de sus objetos de información y la especificidad que ha ido adquiriendo como género periodístico. (1).

No se puede olvidar tampoco que en las primeras décadas del siglo XIX  los periodistas denominaban como crónica a cualquier noticia y que los historiadores así eran   llamados desde la Edad Media. “Cuando el periodismo se convierte justamente en periódico (…) el antiguo cronista, recolector de ‘aquello que pasó’ se traslada a la especialización periodística para convertirse en periodista” (2).

Literatura e Historia son los típicos compañeros de viaje en el  itinerario de un género del cual no pueden prescindir los medios de comunicación no sólo por su maleabilidad estructural y expresiva para abordar lo humano y lo divino, sino también por su capacidad de dar cuenta de los sucesos al tiempo de valorarlos como lo exige el auténtico Periodismo: con la urgencia de la inmediatez, la objetividad  del testimonio y  la calidad literaria de la redacción.

Polémico este género,”abierto, diverso en sus esquemas (3), que continúa mereciendo la atención de los especialistas: en el último número de la revista española “Estudios sobre el mensaje periodístico”,  que edita la Universidad Complutense de Madrid, encontramos cuatro trabajos dedicados a la crónica (4), y en un voluminoso texto publicado en el 2004 ocupa un capítulo firmado por el profesor Juan Cantavella,  uno de sus más importantes estudiosos (5).

De su origen histórico-literario hereda la crónica  periodística atributos que le permiten recrear la realidad sin violar la veracidad de los hechos  De esa herencia se recoge también la exigencia de que el periodista haya presenciado o escuchado de fuentes confiables los hechos que cuenta, elemento  que hasta nuestros días confiere a la crónica determinada jerarquía entre los restantes géneros.  Lo que trasmite el cronista es de primera mano, visto y oído;  la detección de la arista singular, del latido interior de un tema, de un acontecimiento, de una persona.

Pero, como ya se sabe,  no es aconsejable  la afirmación rotunda en materia de géneros periodísticos.  La presencia del cronista en el lugar de los hechos, al igual que en el reportaje, puede ser sustituida por el registro de fuentes orales o documentales irrefutables, y, en todos los casos, con el añadido de la visión personal del narrador.

Cuando no es posible  mantener el supuesto de “la presencia viva del cronista en las escenas que se relatan”, (6) será arte  mayor  hacerlo de modo indirecto  para crear  así una ilusión de realidad.

Pongamos como ejemplo paradigmático el de José Martí,  quien no  siempre estuvo presente en el escenario de los hechos sobre los cuales escribió extraordinarias crónicas  para  periódicos hispanoamericanos de su época , ejercicio notable de su capacidad descriptiva y narrativa, como expresa Pedro Pablo Rodríguez, uno de los más reconocidos estudiosos de la obra martiana, quien califica a las crónicas del Apóstol  sobre Estados Unidos como “uno de los casos más notables en lengua española de ese género enigmáticamente limítrofe entre el periodismo y la literatura.” (7).

Una  de las aristas controversiales que genera la crónica se refiere a su definición y clasificación a lo que se añade la imposibilidad de entenderla igual en cualquier ámbito geográfico y práctica periodística. En el periodismo anglosajón, por ejemplo, la crónica suele equivaler al reportaje de acción (Action story) o al artículo en el que predomina como valor noticioso el llamado interés humano.

Las definiciones varían mucho en este género, quizás como en ningún otro.  “Uno de los géneros más difíciles de definir, dice Evelio Tellería, ya que comparte facetas de otros géneros, y, además, esta muy cerca de los trabajos literarios” (8).

Un somero recuento de caracterizaciones confirmarán tal diversidad y revelarán, a la vez, algunos rasgos propios del género como su carácter vivencial, literario, valorativo e informativo a la par.


Gargurevich  dice que “es un relato de construcción literaria especial”, y alude a su escritura en secuencia (9).

A la misma característica  se refiere Martín  Vivaldi al unir sus atributos literarios e históricos: género literario en virtud del cual el cronista relata hechos históricos, según un orden temporal , y añade que se narra algo al propio tiempo que se juzga lo narrado.(10)  Veamos un ejemplo:

“Apenas el refuerzo de las medidas de seguridad y el aumento del número  de periodistas recordaban ayer en Bagdad el primer aniversario de la invasión de Irak.  Los iraquíes han ignorado la conmemoración, divididos entre la satisfacción por la derrota del dictador y la humillación de la presencia de soldados extranjeros en su suelo.  La violencia política causó dos nuevas muertes en Mosul y Kirkuk” (“Bagdad refuerza la seguridad en el aniversario del ataque”, A. Espinosa, El País, 21 de marzo de 2004, pág. 2)

Julio Garcia Luis apunta que en la crónica  “el relato noticioso puede ser actual (…) o tratarse de hechos pasados, que son actualizados por una circunstancia cualquiera”,  y se refiere a  su  “riqueza y brillo del lenguaje” (11).  
     
El “elemento personal”  y el  “lirismo sutil” son resaltados por Rolando Pérez Betancourt en su libro “La crónica, ese jíbaro” (12) mientras Máximo Simpson  insiste   también  en el  carácter subjetivo  de este género, su lenguaje literario y el orden cronológico a que responde la narración. (l2).

“Producto literario eminentemente latino (…) con “cierta dosis de carga informativa” (13) son las características que destaca el profesor Martínez Albertos para diferenciar  nuestra crónica de la que se ejercita en lengua inglesa.

Carlos Monsivais resume sus criterios al respecto con una delimitación precisa: “Reconstrucción literaria de sucesos o figuras, género donde  el empeño formal domina sobre las urgencias informativas” (14).

Mientras Maria Julia Sierra define a la crónica como “un  género de la literatura periodística eminentemente informativo “(15),  Luis Beltrao se decide por situarla como un género de opinión, y también destaca su íntima relación con la actualidad “y por su tradicional sentido de relato de acontecimientos en orden cronológico”(16).

Obsérvese en la anterior relación la concordancia en cuanto a mantener el orden temporal del suceso: “el tiempo es la primera dimensión que encierra el concepto de crónica” (17), y el predominio de la subjetividad.

La actualidad se menciona también como uno de sus elementos definitorios clave, pero como acota Hugo Rius, ello no basta “puesto que podría argumentarse –y con sobrada razón—que resultaría dificil dar con un género puro (18).

Otro elemento común para  los estudiosos es el comentario del cronista en relación con los hechos expuestos.  Esa valoración no llega a ser la que caracteriza al artículo de opinión: si bien  puede enjuiciar, el propósito de la crónica no es el de convencer, sino el de conmover, el de despertar la sensación de una vivencia compartida, pues como afirma Grijelmo debe valorar “de una manera muy vinculada a la información” (19) sin la oportunidad para la reflexión detenida sobre esos aconteceres.

La argumentación en la crónica no alcanza el rigor característico de otros géneros del denominado periodismo opinativo. El tono del comentario es mas íntimo, un tono de confidencia como lo califica Vivaldi,  totalmente distante del estilo editorializante o de solicitación de opinión, aspecto este en que concuerdan casi todos los estudiosos. Un fragmento de “Mi Hemingway personal”, firmado por García Márquez, lo evidencia:

“Por una fracción de segundo—como me ha ocurrido siempre—me encontré dividido entre mis dos oficios rivales.  No sabía si hacerle una entrevista de prensa o sólo atravesar la avenida para expresarle mi admiración sin reservas.  Para ambos propósitos, sin embargo, había el mismo inconveniente grande: yo hablaba desde entonces el mismo inglés rudimentario que seguí hablando siempre, y no estaba muy seguro de su español de torero (...)  (Gabriel García Márquez, crónica publicada el 26 de julio de 1981 en El Espectador, de Bogotá) 
    
Característica que logra poner a todos de acuerdo es la de su estilo literario.  No puede hablarse de crónica en rigor si no se destaca el particular tratamiento expresivo que este género exige.

A menudo sucede, sin embargo, que se confunde el estilo literario con el empleo de un lenguaje ampuloso, típico de cierta crónica de interés humano que nada tiene que ver con la que describe Gargurevich: “aquella información que tiene por objeto movilizar emociones en el lector apelando a su sensibilidad “(20) sino que toma por objeto cualquier asunto trivial o melodramático de la peor especie con el evidente propósito de emocionar a los lectores.  Por supuesto, tales “descargas líricas” nada aportan ni a la Literatura ni al Periodismo.

De modo que aunque al género le es propio un determinado aliento expresivo y el   abordar temas y asuntos de muy diverso tenor y hasta de poca trascendencia  en cuanto a la actualidad noticiosa, ello no justifica la frecuente tendencia a identificarlo con cualquier desahogo emotivo, simple tanto en lo que se refiere a la forma como al contenido

Julio García Luis apunta al respecto que el objetivo de la crónica  es “iluminar determinado hecho o acontecimiento (...) sin acudir a una argumentación  rigurosa, formal, directa, sino mediante la descripción de la realidad misma, de alguna pincelada valorativa y del manejo de factores de tipo emocional” (21), siendo esta una de las definiciones más certeras sobre el género.

En materia de clasificación, algunos estudiosos la incluyen dentro del periodismo informativo, otros, en el contexto del periodismo de opinión.

Gargurevich, sin ubicarla específicamente dentro del periodismo informativo, afirma que es su antecesora (22), pero María Julia Sierra no duda en hacerlo, pues, para ella, es un género “eminentemente informativo” (23). Difiere de ambos el brasileño Beltrao quien  se decide por colocarla dentro de los géneros de opinión porque destaca, como fin primordial de esta categoría periodística, la expresión del juicio, del criterio del cronista sobre hecho, ideas y estados psicológicos personales o colectivos (24)

También en su  tipología la crónica alcanza divisiones y subdivisiones muy amplias. Veamos: 

Por su enfoque, puede ser general, especializada, analítica, sentimental, humorística, de viajes, de remembranza, histórica.  Por su tema, parlamentaria, judicial, de espectáculos, del extranjero, de sucesos, de interés humano o especial, de sociedad o sociales, taurina, deportiva, costumbrista, local...

Se  añaden  otros tipos: la doctrinal, la artística, biográfica, la descriptiva y la utilitaria. Especial atención recibe en los textos y manuales, la crónica viajera o de viajes, tan vinculada al origen mismo del género.       

Lorenzo Gomis las resume de la mejor manera: en razón del lugar, es decir, a  partir de la locación desde donde el cronista elabora sus impresiones; de corresponsal, de enviados especiales, viajeros; y en razón del tema, grupo en el que caben todas las demás.

En definitiva, como expresa Maria Celia Forneas (...) “los nombres de las clases de textos dependen de las actitudes e interpretaciones  que los lectores hagan de ellos, pues pueden emplearlos para designar referentes cognitivos en momentos históricos diferentes” (25).

En esta  materia resulta improcedente adherir rotundamente tal o cual clasificación; a lo que más se pudiera llegar sería a apostar por aquellas que aparecen con mayor frecuencia y que, por ello, adquieren tipicidad.

LA REDACCION

Como expresión caracterizada por la subjetividad, la capacidad del cronista, su estilo, el tema en cuestión, también sería cuando menos inútil asumir  normas absolutas en relación  con su escritura,  en ello concuerdan los especialistas.  No obstante, valdría la pena detenerse en algunas consideraciones formales que parecerían ser las más recomendables y aceptadas para la redacción de este género, sobre todo porque lo definen sustantivamente.

Por supuesto, nada de atarse a estructura en orden descendiente, o a exceso de juicios, o a información noticiosa de imperiosa actualidad.  En este último caso, dice Manuel Graña  que “aunque la crónica sea informativa, (el escritor) suele poner en ella un lirismo sutil, una dialéctica y un tono característico que viene a ser el estilo de su esencia misma” (26).

El cronista debe relatar el hecho o asunto “como él la vea y la sienta”,  pero la percepción personal de los acontecimientos—generalmente en primera persona y con firma autoral-- tiene que pasar por un filtro de responsabilidad  porque nadie tiene el derecho de inundar el tiempo y el espacio con desahogos emotivos por muy sinceros que estos sean.  En cualquier caso, la sobriedad debe ser la primera frontera.

Algunos autores recomiendan emplear la estructura cronológica de narración. Esta indicación  no puede ser tomada al pie de la letra sino que dependerá, en buena medida, del tema abordado, del estilo de cada cronista, entre otros factores. 

Otros, y cito a Martínez Albertos,  proponen que las crónicas se realicen con  “el esquema estructural de los reportajes de acción (Action  Story), tal como se suele hacer en el mundo anglosajón, esto es, comenzar por lo que el periodista considere lo más importante—sería el lead—y después seguir aportando datos “que permitan un completo entendimiento del suceso y su proceso evolutivo en el tiempo” (27).

Las opiniones en cuanto a la estructura más recomendable  pueden ser aceptadas desde un punto de vista didáctico, es decir, para su empleo en la enseñanza , como entrenamiento práctico para los estudiantes.  Desde el ámbito profesional, donde la experiencia y el dominio del oficio convierten a los periodistas en violadores de las definiciones y reinventores, a la par, de nuevos modos de hacer, son discutibles.

          
La narración deviene la forma privilegida y central del discurso en la crónica  y, por tanto, el cronista tiene que prestar atención a los modos más efectivos de contar una historia, un hecho o asunto, en torno a los cuales se articula su objetivo y el lenguaje que empleará.

 La actitud del cronista ante el hecho, sus impresiones, se adaptarán al vocabulario, al lenguaje, a la sintaxis, a la reconstrucción textual de lo visto o vivido.  Esa actitud, esas impresiones, integran el objetivo central de la crónica, conforman su hilo conductor, tributan a su punto de vista o tesis, hacen posible la sintonía autor-receptor.

Ese brillante periodista que fue Pablo de la Torriente Brau, autor de vibrantes crónicas sobre la guerra civil espanola , por mencionar sólo las que escribió como corresponsal de guerra, comprendió  en medio de su febril actividad, que esta modalidad demandaba una actitud especial, diferente, por ejemplo, de cómo se expresa la pura información. Así, advierte en una carta  a su destinatario: “(...) en estos momentos me es extraordinariamente difícil escribir en  tono de crónica.  Por esto te hago estas cartas que espero contendrán (...) el acopio de datos suficientes para sus comentarios en la revista” (28).

Frase corta y párrafo breve, ritmo rápido, grado superior de elaboración  literaria, con  empleo de recursos estilísticos como la metáfora, el símil,  la hipérbole y cierta dosis muy medida de lirismo, aconseja García Luis para escribir  buenas crónicas (29).  Como ejemplo cabal,  un fragmento de  la firmada por Nicolás Guillén, y que ilustra con precisión estas recomendaciones:

“ Insertadas, embutidas en unas fiestas frías, estas  son comparsas modosas  ´que se dan su lugar’.  No las empuja el pueblo con sus brazos poderosos: las canaliza y domestica la autoridad.  A pesar de ello, hay que cuidarlas tiernamente.  Acerquémonos a verlas con simpatía, como a la cama de un niño enfermo, porque si ellas se mueren  habremos perdido para siempre lo poco íntimo, puro, nuestro que ya nos queda de todo el carnaval” (“Cada año es carnaval” en Prosa de Prisa -1929-1972- Tomo 1, Editorial Arte y Literatura,  La Habana, 1975, pág. 422).

LOS TEMAS

Quizás sea este género el que más recursos posea para describir atmósferas, situaciones, asuntos, personas.  “La crónica se resiste a la puntualidad de la información y al marco estricto del artículo, deambula por todos los rumbos y capta los variados matices del humano acontecer en su diversidad de escenarios, asuntos y actos (30).

Un incendio, un accidente, un descubrimiento, un congreso pueden ser temas de crónica igual que un estado de ánimo o un problema social.  La diversidad tipológica antes enunciada da cuenta de que en ella cabe cualquier asunto siempre que este sea tratado con imaginación y sensibilidad

Los siguientes ejemplos muestran esa variedad temática; ningun asunto escapa a la sensibilidad del auténtico cronista:

“Los jueves en la noche, el museo Papalote esta abierto para ‘los niños grandes’, como anuncia un folleto.  El resto de la semana, cuando el grupo dominante está conformado por niños de verdad, el aire que se respira y los grititos entusiastas deben de ser, supongo, más auténticos.  Con todo, una  vez que los adultos han perdido la sensación de ridículo que caracteriza los primeros diez minutos, se echan por los toboganes con una felicidad que parece primigenia—aun las señoras con tacones”. (“Prohibido no tocar”, Roberto Max, revista Viceversa, México. No.47, abril, 1997, pág.56)
  
“Manuel Vázquez Montalbán había visto en la ciudad, encaramados a los alambres de la luz y el teléfono, cientos de pájaros, miles, millones de golondrinas.  Quien sabe si en la última soledad del aeropuerto los ojos de Manolo se hayan volcado en las alturas ‘en busca de un asidero para no caer en el pozo de la muerte’.  Como Carvalho, habrá visto entonces que ‘en el cielo sólo había bandadas de pájaros fugitivos por los disparos de los hombres’” (Amor y muerte en Bangkok, Juan Luis Cebrián, El País, España, 19 de octubre de 2003, pag. 38)

“El banquete-homenaje nos fastidia la noche, porque cuando termina, ya es demasiado tarde para ir a un cine.  Que sería  una recompensa.  Y es demasiado tarde para volver a casa.  Que es una lata.  Nos quedamos un rato vagando por las calles. Sin saber donde arrojar el menú con las firmas de los comensales.  La cortesía nos ha convertido en el más tonto de los coleccionistas de autógrafos.  Porque hemos coleccionado autógrafos de otros coleccionistas de autógrafos.  Además de los García que ya conocíamos, nos han metido otros en el bolsillo.  Todavía llevamos el recuerdo del instante en que el homenajeado se abotonó el saco y se puso de pie para dar las gracias. Y de la timidez con que dejamos caer una moneda en la bandeja de los camareros.  Al repartir los tabacos, los que no fuman piensan en los amigos que fuman”

LO QUE ES, LO QUE NO ES, LO QUE DEBIA SER

A modo de resumen, intentaremos por la vía de las afinidades y diferencias de este género con otros, una caracterización que destaque sus rasgos más típicos sin intentar decir la última palabra ni tampoco echar más leña al fuego de las polémicas  sobre todo si estas se avivan sólo  por disquisiciones taxonómicas en vez de asumir los géneros como lo que estos son: categorías en desarrollo constante.

El primer atributo propio, diferenciado, reside en el sentido temporal con que el cronista aborda su objeto no importa si este es un hecho, un sentimiento o un paisaje, una persona, un proceso.  En este sentido, coinciden la mayoría de los especialistas: la crónica observa un orden cronológico, incluso  aun cuando  no se relate en orden secuencial estricto.

Otro rasgo bastante acusado en ella: la actualidad, que puede ser de fiel apego a la ocurrencia en el aquí y el ahora de los hechos, como de creación de ese tiempo a partir de un relato en presente.

La crónica cuenta una historia, relata.  Esa historia se convierte en  el núcleo de su eje narrativo, viene a ser algo así como su tesis.

La crónica se parece mucho a la información, al comentario y al reportaje.   A la información  porque, al igual que esta, se nutre de los hechos.  Al comentario, ya que también valora y emite opinión; al reportaje, en tanto ofrece testimonio personal e integral de un acontecimiento.

Las diferencias con estas otras formas periodísticas radica en que su apropiación factual, juicios y vivencias pasan por la impresión personal del cronista, por su sensibilidad y particular modo de expresión. “La diferencia gráfica entre un reportaje y una crónica es la misma que entre una fidedigna fotografia y una personalísima pintura impresionista” (31).

No se puede negar que también en un reportaje, por ejemplo, se necesita la mirada personal del reportero.  Pero esa visión no es exactamente la misma que la del cronista.  La de aquel se centra en la explicacion, en el análisis, en la interpretacion de lo que expone, sean datos o hechos, mientras que la de este es una mirada al interior de lo que ha seleccionado, de lo que ve, escucha o vive, para entregárnosla como descubrimiento de esa realidad.

Por eso, el cronista suele acudir a formas más elaboradas para trasmitir sus impresiones y valoraciones: necesita del lenguaje tropológico: “un lenguaje lírico (...) supone el vehículo perfecto para introducir datos, sensaciones, descripciones, ideas” (32).

El comentario del cronista tiene asimismo un enfoque peculiar, afincado en la proposición y menos en la opinión  acabada o en la interpretación que deriva del análisis.  Un cronista prefiere matizar los hechos antes que concluir sobre ellos.

Y por fin ¿cómo debía ser la cronica? Siguiendo el espíritu de las anteriores reflexiones, se ha de preferir el ejemplo que sugiera la respuesta antes que  las prescripciones desde la supuesta cátedra, y para ello hemos escogido esta crónica informativa que Alejo Carpentier escribió, aún conmovido, para dar a conocer a sus compatriotas sus impresiones y los detalles de un suceso artístico memorable:

EL EXTRAORDINARIO TRIUNFO DE JORGE LUIS PRATS

Algo insólito ocurrió en el “Teatro de los Campos Elíseos” el sábado pasado.  Había terminado un largo concierto en que habíamos escuchado tres “Concertos” (Schumann, Lizt y Chopin y el “Emperador” de Bethoven) y el público que llenaba la sala permanecía en sus asientos a pesar de la temible advertencia del maestro Tony Aubin, presidente del jurado reunido para otorgar los premios del concurso “Margueritte Long 1977:
     
--Nos retiramos a deliberar.....en el mejor de los casos, nuestra reunión durará una hora...pero si hay discusión o controversia, es muy probable que no podrá conocerse el veredicto antes de unas dos horas largas.

Y lo más extraordinario fue que apenas veinte espectadores abandonaron el teatro ante la poco grata perspectiva de una tediosa espera.  Pero grande era la expectación que reinaba en el ambiente musical de París, y era grande porque esta vez el jurado se había mostrado particularmente implacable en las pruebas eliminatorias.  Al cabo de la primera, de 57 candidatos, representantes de trece países, sólo habían quedado once, reduciéndose esa cifra a ocho después de la segunda.  Y entre las altas personalidades encargadas de seleccionar a los posibles vencedores figuraban artistas y profesores de la talla de Magda Tagliaferro, Maria de Freitas Branco, Badura Skoda y Witold Malcuzinsky.  Pero, a pesar de que siguiera el público resignado a esperar hasta la hora que fuera, al cabo de un poco más de media hora reaparecieron en su palco los miembros del jurado leyendo el veredicto que es conocido ya en el mundo entero:

El Primer Gran premio Margueritte Long había sido ganado por nuestro compatriota Jose Luis Prats, quien “como si esto hubiese sido poco” –segunda fórmula admirativa usada por varios críticos de París- obtenía igualmente los premios Chevillon-Bonnaud, dado al “Mejor Intérprete” y el premio Mauricio Ravel, “Por la mejor interpretación de una obra de Ravel” –debido este al hecho de que José Luis Prats había tocado magistralmente el temible “Scarbó” en una prueba anterior...pueden estar orgullosos sus maestros Frank Fernández y Margot Rojas.

Ahora que es conocido el veredicto, puede revelarse que este fue acordado por unanimidad-cosa que muy pocas veces se ha dado en este concurso- y también se sabe que, desde la primera audición de los candidatos, la personalidad de Jorge Luis Prats impresionó poderosamente al jurado.  “Es probable –dijo un muy famoso pianista de esta época que más arriba menciono- que esta vez asistamos a algo más que a un brillante concurso; acaso podamos propiciar los inicios de la carrera mundial de un talento absolutamente excepcional”.

Otro formuló, desde el comienzo, este juicio prometedor: “No se trata de un pianista más, sino de un temperamento musical fuera de lo común”...Debo decir que, al cabo de la segunda prueba, que incluía las muy difíciles “Danzas Rituales”, de Andres Jolivet, muerto recientemente, la viuda del compositor, autora de un notable libro sobre Edgar Varese, me había confiado: “Al  escuchar a su compatriota creía oir la propia interpretación del autor...Consejera del jurado, dije a sus miembros que, para mí, el ganador estaba senalado ya...y eran muchos los que compartían mi parecer”.                                                     

El lunes pasado, ante un teatro nuevamente repleto (dos días antes se habían agotado las localidades), con presencia de todo el mundo musical de París y la guardia de honor republicana y con la asistencia de madame Giscard  d’Estaing, esposa del Presidente de la República de Francia, tuvo lugar el acto solemne de la entrega de los premios. Jorge Luis Prats que, como ganador de los tres máximos galardones había de cerrar el concierto con la ejecución del  “Concerto No. 1”, de Liszt, pudo escuchar una de las ovaciones más cálidas y prolongadas que haya prodigado desde hace mucho tiempo el público de París (particularmente parco, por lo general, en demostración de entusiasmo) a un artista.  Nueve llamadas a escenas y tantas aclamaciones que el director de la orquesta, Rober Boutry, se vio invitado a repetir íntegramente, a modo de bis, el final del “Concerto”.  Y, luego de conceder breves entrevistas a la prensa y a la radio, y de ser felicitado por madame Giscard d’Estaing, quien le hizo el obsequio personal de una valiosísima porcelana de Sevres, Jorge Luis Prats se vio rodeado de directores de organizaciones musicales deseosos de contar con su actuación en  próximos conciertos y festivales: uno de ellos con la orquesta Pasdeloup, ya prevista para la temporada 1978-79.

-“Hoy ha nacido un pianista fenomenal”-me dijo el gran violinista Henryk Szeryng, quien, de paso, me comunicó su proyecto de ir a La Habana el año próximo.

 “Pianista fenomenal”.  Esa es la expresión unánime de una crítica que, desde el primer momento, ha estado tan unánime como el jurado en hacer el elogio de nuestro compatriota...y se asombraban todos (y se advertía esto también en las conversaciones de pasillos durante las pruebas iniciales) de que nuestro artista se haya formado en Cuba y nunca hubiese salido, hasta ahora, de su país.
 
 A esto último podríamos responder que Jorge Luis Prats tiene 20 años y nació prácticamente, con la Revolución Cubana, y creció y se formó en el ambiente cultural que nuestra Revolución  ha sabido crear.  Es un representante magnífico de la primera generación artística revolucionaria que empieza a dar ahora frutos de tal calidad, en un ambiente donde el hombre joven encuentra, desde que se manifiesta su vocación, todos los estímulos y apoyo necesarios al desarrollo y afirmación de su personalidad.  Triunfos como el logrado por Jorge Luis Prats auguran grandes satisfacciones a nuestro Ministerio de Cultura, demostrando la validez y eficiencia de los métodos de formación artística aplicados en nuestra patria en función del espíritu, debido al impulso creador que, en todos los sectores del quehacer humano, anima la Revolucion Cubana.(Periódico Granma, La Habana, 22 de junio de 1977).

NOTAS BIBLIOGRAFICAS

(1) Cantavella, Juan: “La crónica en el Periodismo: explicación de hechos actuales” en Redacción para periodistas: informar e interpretar”, Cantavella, J. y Serrano, José F. (compiladores) Ariel, Barcelona, 2004, pag. 395.

(2) Gargurevich, Juan: “Géneros Periodísticos”, Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 1987, pág. 60

(3)  Sexto, Luis: “Estrictamente personal. Notas de clase sobre el periodismo literario”. Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 2005, pág. 6l

(4)  -------------- Estudios sobre el mensaje periodístico, vol. 11, Madrid, 2005

(5) Cantavella, Juan: ob.cit.

(6) Simpson, Máximo c.f.  Rodríguez  Betancourt, Miriam en “Acerca de la crónica periodística”, Editorial Pablo, La Habana, 1999.

(7) Rodríguez, Pedro Pablo: “Las crónicas norteamericanas de José Martí para La Opinión  Nacional” en El Periodismo como misión, Editorial Pablo, La Habana, 2002

(8) Tellería, Evelio: Diccionario Periodístico, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1986, pág. 84

(9)  Gargurevich, Juan: ob.cit. pág. 159

(10) Rodríguez Betancourt, Miriam op. cit.  Pág. 17

(11) ibidem pp.l7 y l8

(12) ibidem pág. 20

(13) ibidem pág.20

(14) ibidem pág. 2l

(15) ibidem pág. 22

(16) Gargurevich, J. op.cit. pág.6l

(17) ibidem pág. 6l

(l8) Rius, Hugo (compilador): “Géneros de opinión”, Editorial Pablo de la Torriente,  La Habana, 1988, pág. 76

(19) Grijelmo, Alex c.f. Cantavella,  J op.cit. pág.404

(2O) Gargurevich, J op.cit. pág. 64

(21) Rodríguez Betancourt, M op.cit. pág. 8

(22) Gargurevich, J op.cit. pág. 59

(23) ibidem pág. 6l

(24) ibidem pág. 61

(25) Forneas Fernández, María Celia: “El artículo de costumbres: crónica, crítica, literatura y periodismo” en Estudios sobre el mensaje periodístico, vol. 11, 2005, pág. 306

(26)  Rodríguez Betancourt, M  op.cit. pág. 18,19

(27)  Martínez Albertos, José Luis  “Curso General de Redacción Periodística  pp.349 y 350

(28) De la Torriente Brau, Pablo  “Cartas y Crónicas de España”, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana. 1999, pág. 141

(29)  Rodríguez Betancourt, M. op. cit. pág. 28

(30) ibidem, pag. 5

(31) Rius, Hugo op. cit. pág. 77

(32)  Chivite Fernández, Javier: “José Luis Castillo-Puche: con el viaje al hombro. Análisis de sus crónicas de viajes” en Estudios sobre el mensaje periodístico No. 11, 2005,  Madrid. Pág. 249.

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