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LA ESPECIFICIDAD SEMIÓTICA DEL TEXTO FOTOGRÁFICO

LA ESPECIFICIDAD SEMIÓTICA DEL TEXTO FOTOGRÁFICO

Dra. ÍRIDA GARCÍA DE MOLERO, Profesora Titular Emérita de la Universidad del Zulia, LUZ.
MSc. JENNY FARÍAS DE ESTANY, profesora asociada de LUZ y docente de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

Resumen

En el presente trabajo se ponen en diálogo diversos postulados de teorías semióticas para generar una discusión en torno al hecho fotográfico. En la misma, se describen los tres tiempos ontológicos por los que ha transcurrido el acto fotográfico y se caracteriza a la fotografía desde la tríada: ícono, índice y símbolo (Peirce, 1894; 1987). A su vez se consideran los principios de singularidad, atestiguamiento y designación (Dubois, 1986) para luego reconocer en la dimensión pragmática del hecho fotográfico los interpretantes en su semiosis donde interviene la intersubjetividad y alteridad del autor-lector (Barthes, 1982; Andacht, 2006). Sus resultados ofrecen algunas pautas para describir la transición del hecho fotográfico desde lo analógico a lo digital.

INTRODUCCIÓN

La semiótica como disciplina del saber explica procesos de comunicación en las diversas culturas, evaluando mecanismos, expresiones, soportes, medios y signos que utiliza el ser humano para ello. Uno de estos medios lo constituye la fotografía como superficie significativa que, desde su aparición, marcó una nueva relación con lo visible.

Por otra parte, el hecho fotográfico ha transcurrido por un sinnúmero de abordajes teóricos, técnicos, sociológicos, antropológicos, entre otros, que le ha permitido constituirse como un fenómeno de estudio presente en la comunicación personal, en la de los medios de difusión y en el arte visual.

En esta revisión documental se confrontan diversos autores y fuentes de referencias para generar una discusión de la teoría semiótica en torno a la fotografía.

El objetivo de esta investigación se centra en caracterizar a la fotografía en los tres tiempos ontológicos por los cuales ha transcurrido y relacionarlos con el modelo triádico de clasificación sígnica de Peirce (1894). Es de hacer notar que el modelo de clasificación general del signo de Peirce (1839-1914) es aplicable y aplicado a cualquier situación de significación y por ende de comunicación.

“A la vista de sus fundamentos filosóficos, las clasificaciones y definiciones de los signos que hace Peirce, éstas no aparecerán como clasificaciones stricto sensu, sino como modelo que incluye todos los aspectos ontológicos y epistemológicos del universo de los signos, tales como el problema de la referencia, el de realidad o ficción, el de la cuestión de objetividad, el análisis lógico del significado y el problema de la verdad” (Buczynska-Garewicz en Santaella, 2001).

De igual forma, en el análisis de la fotografía como fenómeno de la comunicación consideramos los principios de singularidad, atestiguamiento y designación  que delinean la relación de la fotografía/comunicación en la cultura (Dubois, 1986), para finalmente fortalecer el diálogo teórico a través de las posiciones reflexivas de Barthes (1982)  y Andacht (2006) sobre los interpretantes, la intersubjetividad y la alteridad en el acto pragmático de la toma fotográfica.

2.- ASPECTOS TEÓRICO-METODOLÓGICOS

2.1.- LAS CATEGORÍAS ONTOLÓGICAS EN PEIRCE

El modelo triádico peirceano permite clasificar los elementos constitutivos del proceso semiótico en el hecho fotográfico.  Estos aspectos ontológicos del signo no están ligados a objetos en sí, sino a funciones que pueden cumplir los signos en semiosis diferentes, en atención a sus posibles estructuras; según el orden de sus elementos; ya sea representamen, objeto o interpretante.

"Un signo, o representamen, es una cosa que está en lugar de otra para alguien, en algún sentido o capacidad. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente, o quizás más desarrollado. Ese signo que crea lo llamo el interpretante del primer signo. El signo está en lugar de algo, su objeto. Está en su lugar no en todos los sentidos, sino en relación a un tipo de idea, que a veces he llamado la base (ground) del representamen" (CP 2.228 en Merrelll, 1998:44).

Esta lógica faneroscópica  introduce  la primeridad, la segundidad y la terceridad del signo. Siguiendo a Merrelll, la primeridad es

“el modo de significación de lo que es tal como es sin referencia a otra cosa (…) la segundidad es el modo de significación de lo que es tal como es con respecto a algo más, pero sin referencia a un tercer elemento (…) y la terceridad es el modo de significación de lo que es tal como es, a medida que trae un segundo y un tercer elemento en relación con el primero” (Merrell, 1998:52).

Cada una de estas categorías es posible dividirlas en otras, también triádicas, y resultan por medio de interrelaciones semióticas. La naturaleza de estas tricotomías  devienen en el cualisigno, sinsigno y legisigno como “distinción trinaria entre cualidades (posibilidades) como signos, entidades o sucesos particulares (actualizaciones) –sean físicas, sensoriales o puramente mentales- y tipos generales (potencialidades) según hábitos y convenciones comunales” (Merrell, 1998:63). 

De esta manera, el signo en sus tres modos de representación se emparenta con los tres elementos de la semiosis y los momentos de toda experiencia de conocimiento.

Entendiendo que el signo es triádico, su expresión debería constituir la denominación de objeto bajo su forma adjetiva a través de lo icónico, indicial o simbólico.

“Un ícono es un signo que poseería el carácter que lo hace significante, aunque su objeto no exista (…) Un índice es un signo que perdería inmediatamente el carácter que hace de él un signo si su objeto fuera suprimido, pero no perdería este carácter si no hubiera interpretante. (…) Un símbolo es un signo que perdería el carácter que hace de él un signo si no hubiera interpretante”. (Deladalle, 1996:98).

La semiosis según Peirce se da por la interacción del objeto, representamen e interpretante, cuyo funcionamiento podemos observar en el diagrama 2  (Peirce, CP 8.133 en Andacht, 2006:7).

El objeto (progenitor del signo) relacionado con lo real está mediado como “indicación” a través del objeto inmediato definido como “el objeto tal como es representado en el contexto de un proceso de semiosis” y diferenciado del objeto dinámico: “el objeto sin considerar ningún aspecto particular suyo, el objeto en tal relación como un estudio ilimitado y final lo mostraría” (Peirce, CP 8.133 en Andacht, 2006:7).

3.- DISCUSIÓN

3.1.- LOS TRES TIEMPOS ONTOLÓGICOS DEL TEXTO FOTOGRÁFICO

La fotografía desde sus inicios se ha paseado por tres momentos que han descrito su estatuto semiótico. Desde el discurso de la mimesis, hasta su carácter indicial transcurriendo por el código fotográfico se describe toda una ontología de la imagen.

El primer tiempo al que nos referimos destaca la afirmación de la fotografía como espejo de la realidad; la imagen verosímil, mimética. “En el caso de la fotografía esta fue sometida a arrastrar en sus inicios la carga de la imagen-espejo que debía –según los primeros beneficiarios y detractores- constituir su naturaleza” (Farías, 2007:2).

En estos inicios, a principios del siglo XIX, la naturaleza técnica de la fotografía la hacía ver como una imitación automática y natural de la realidad. Esta misma característica la separaba del arte, y diversos escritos de Baudelaire  así lo confirman. Para la fotografía quedaba lo documental, la referencia, lo concreto, el resultado objetivo de la neutralidad de un dispositivo, y para la pintura  quedaba lo imaginario, el arte, el producto subjetivo de la sensibilidad humana (Dubois, 1986:27). Según esta postura, la fotografía ni interpretaba, ni seleccionaba, ni jerarquizaba; se enmarcaba en la teoría del realismo, en su ontología mimética. Lotman lo denominó la exactitud del objeto, el sustituto de la naturaleza (Lotman, 2000:139).

El segundo momento característico del siglo XX plantea, por su parte, que hay una transformación de lo real en la fotografía porque es codificada desde el punto de vista técnico, cultural, estético, sociológico, etc. Una fotografía sólo muestra un ángulo de visión, reduce la tridimensionalidad del objeto en un espacio bidimensional, lleva –en el caso del blanco y negro- los colores a sus registros de medios tonos y aísla el momento de la toma del continuum temporal.

Los códigos perceptuales, muchos de ellos producto de la teoría gestáltica aunado a códigos de construcción del espacio, se enmarcan en este segundo tiempo y proporcionaron a la fotografía herramientas teóricas para defender su ontología de lenguaje codificado que se contrapone a la afirmación barthesiana de “mensaje sin código” (Barthes, 1982:154). Lo que apoya Bourdieu al expresar:

“… la fotografía fija un aspecto de lo real que no es otra cosa que el resultado de una selección arbitraria, y, en ese sentido, una trascripción: entre todas las cualidades del objeto, sólo se retienen las cualidades visuales que se dan en el instante y a partir de un punto de vista único… Si la fotografía es considerada como un registro perfectamente realista y objetivo del mundo visible, es porque se le ha asignado (desde el origen) unos usos sociales considerados “realistas” y “objetivos”. Y si se ha presentado inmediatamente con las apariencias de un “lenguaje sin código ni sintaxis”, en resumen de un “lenguaje natural”, es ante todo porque la selección que opera en el mundo visible es totalmente apropiada a su lógica, a la representación del mundo que se impuso en Europa desde el Quatrocento” (Bourdieu citado en Dubois, 1986:37)

A este respecto, refiriéndonos a los postulados peirceanos sobre la realidad y ficción, notamos que se describe a la primera como aquello que es a pesar de lo que opinemos, mientras que la segunda muestra sus características según lo que opinemos sobre ella. Por ello, una toma fotográfica es “real” mientras se encuentra en el acto de su realización, aunque su sustancia (la manifestación de esa imagen) no lo sea.

Más directamente, Fontcuberta afirma:

“Toda fotografía es una ficción que se presenta como verdadera. Contra lo que nos han inculcado, contra lo que solemos pensar, la fotografía miente siempre, miente por instinto, miente porque su naturaleza no le permite hacer otra cosa. Pero lo importante no es esa mentira inevitable. Lo importante es cómo la usa el fotógrafo, a que intenciones sirve. Lo importante, en suma, es el control ejercido por el fotógrafo para imponer una dirección ética a su mentira. El buen fotógrafo es el que miente bien la verdad” (Fontcuberta, 1997: 15).

El tercer tiempo de la fotografía, y el que desarrollamos en nuestros planteamientos posteriores basándonos en el modelo triádico de Peirce, define al hecho fotográfico como huella de la realidad; lo que Barthes denominó “el noema de la fotografía” que no puede salirse del lenguaje deíctico, del referente, de lo que estuvo y que constituye el orden fundador del acto fotográfico, porque toda fotografía “puede mentir sobre el sentido de la cosa, siendo tendenciosa por naturaleza, pero jamás podrá mentir sobre su existencia… toda fotografía es un certificado de presencia” (Barthes, 1982:151).

Ya desde el siglo XIX Charles S. Peirce establecía el estatuto indicial de la fotografía a partir del concepto de índice o index y lo diferencia del ícono (primer elemento) y el símbolo (tercer elemento).

“Un índice es una cosa o hecho real que es un signo de su objeto por estar conectado con éste de hecho… Una fotografía, ej., no sólo estimula una imagen, posee una apariencia, sino que, por su conexión óptica con el objeto, es una evidencia de que la apariencia corresponde  a la realidad” (Peirce, CP 4.447 citado en Andach 2006:21).

La fotografía como objeto visual se transformará en signo indicial, pasando por el signo simbólico e icónico en un recorrido por la tríada peirceana según se manifieste en la situación comunicativa (pragmática).  

“Las fotografías, y en particular las fotografías instantáneas, son muy instructivas porque sabemos que, en ciertos aspectos, se parecen exactamente a los objetos que representan. Pero esta semejanza se debe en realidad al hecho de que esas fotografías han sido producidas en circunstancias tales que estaban físicamente forzadas a corresponder punto por punto a la naturaleza. Desde este punto de vista, pues, pertenecen a nuestra segunda clase de signos, los signos  por conexión física” (Peirce, CP 2.281, 1894:2).

3.2.-  EL ESTATUTO INDICIAL DE LA FOTOGRAFÍA

Los tres tiempos ontológicos de la fotografía y su propia caracterización de signo indicial se explican bajo el modelo triádico de Charles S. Peirce que propone la noción de signo y lo determina por ese algo que está para alguien, en lugar de alguna cosa y bajo algún aspecto (Peirce, CP 2.228, citado en Merrell, 1998:44).

En el primer tiempo ontológico descrito predominó el ícono o signo icónico (propios de sistemas de representación como el dibujo y la pintura) relacionado por analogía con su objeto; en el segundo se imponía el símbolo (sistemas lingüísticos) determinado por el código y su convención y en el tercero por la conexión o contiguidad del referente, es decir el index. La fotografía es principalmente un signo indicial que luego pasa a ser ícono y/o símbolo.

“una fotografía es un índice, pues tuvo que haber existido entre la placa y el objeto, necesariamente, una contigüidad espacio-temporal. Así, los <> son la sustancia del Indice de la cosa contenida en el signo a través de aquél: es el puro  <> en su sustancia dotada de una forma diferencial respecto de otras formas posibles” (Peirce, 1987:13-14).

Peirce, lógico norteamericano, en contraposición al modelo binario saussureano plantea el concepto del index o índice en relación al objeto (referente) dentro de esa otra tríada que se completa con el representamen (expresión) y el interpretante (idea, respuesta o acción que el signo produce en el intérprete) y que explica las tres etapas del proceso cognoscitivo: primeridad, segundidad y terceridad.

“Un Signo, o Representamen, es un Primero que está en tal relación triádica genuina con un Segundo, llamado su Objeto, como para poder determinar un Tercero, llamado su Interpretante, para que asuma la misma relación triádica con su Objeto en la cual el mismo está con el mismo Objeto. La relación triádica es genuina, es decir, sus tres miembros están unidos por ella de un modo que no consiste en ningún conjunto de relaciones diádicas. Esta es la razón por la cual el Interpretante, o Tercero, no puede estar en una mera relación diádica con el Objeto, sino que debe estar en tal  relación con éste como la que el propio Representamen posee. (Peirce, CP 2. 274 en Andacht, 2006:3).

De este modo, el signo indicial, que caracteriza al acto fotográfico, no excluye los otros dos tipos de signos: “el signo fotográfico, por su modo constitutivo (la huella luminosa), pertenece de lleno a la categoría del índex (signos por conexión física), e incluso si los efectos de la imagen foto terminan siendo del orden de la semejanza icónica, o incluso perteneciendo a la categoría de símbolo” (Dubois, 1986: 60).

En este signo indicial se presentan los principios de singularidad, atestiguamiento y designación. La singularidad se remite a esa huella física, a esa marca indicial única que tiene un solo referente. Peirce hablaba de individuos, unidades singulares, colecciones singulares de unidades y continuos singulares, mientras que Barthes lo definía como el particular absoluto. “Este principio de singularidad indicial tiene en realidad su origen en la unicidad misma del referente. Por definición, éste no puede jamás repetirse existencialmente; jamás se atraviesa dos veces el mismo río” (Dubois, 1986: 66).

Por su parte, el principio de atestiguamiento explica que por la naturaleza misma de la fotografía, ésta testimonia, certifica y ratifica la existencia del objeto de su procedencia. Es la evidencia misma de lo que existió.

Finalmente, el principio de designación muestra lo que nos llama la atención en la fotografía, el punctum barthesiano que señala con el dedo hacia algún lugar. En palabras de Peirce, todo lo que llama la atención es un index y en este caso, el index fotográfico es la potencia designadora, vacía de contenido que no afirma nada sólo dice “Allí” (Peirce, CP 8.41 en Andacht, 2006:20). Este index fotográfico amplía su valor a través de la acción proyectiva que menciona Barthes cuando afirma que el punctum tiene más o menos virtualmente, una fuerza de expansión que con frecuencia es metonímica (Barthes, 1982: 90).

El index remite a las referencias que todo perceptor va a conseguir en la fotografía. Nos referimos a las marcas halladas en el texto visual y que ofrecen información sobre el soporte, el dispositivo fotográfico, el fotógrafo y el mundo fotografiado. En este sentido, la referencia al soporte se halla en el uso de las emulsiones sensibles, el papel, películas, efectos, etc (software de la fotografía); la referencia al dispositivo se verifica en el encuadre, numeraciones, y demás elementos que certifiquen la presencia de la cámara (hardware de la fotografía), la referencia al mundo se verifica por los elementos que se reconocen en la imagen y la referencia al fotógrafo por el estilo que impera en las tomas y por las huellas de la acción misma de fotografiar (sombras, reflejos, etc).

3.3.- LOS INTERPRETANTES EN LA SEMIOSIS FOTOGRÁFICA

En la fotografía transcurren lenguajes y códigos que provienen de otros sistemas productores de sentido y que confluyen en una red para definir a la fotografía como signo y/o texto visual. Como signo cultural donde el contexto y las circunstancias de enunciación son pertinentes para su entendimiento; las fotografías se semantizan, se cargan de contenidos significativos que parte de ese subcódigo técnico (formatos, granos, tonos, etc) y establece relaciones intertextuales con otros códigos como el de la pintura (perspectiva geométrica), el cine (encuadres, narración), la escultura y la arquitectura (la pose y la composición), literatura, comics, etc (otras formas narrativas).

Estas posibles significaciones en el nivel de la terceridad están relacionadas con los tipos de interpretantes: inmediato o emotivo-icónico, dinámico y lógico o final.

En el hecho fotográfico, este primer interpretante se define como la posibilidad semiótica de ser un signo fotográfico y debe ser colocado tanto en el autor (fotógrafo) como en el perceptor. Se incluye aquí el encuadre “mental” que fragmentaría visualmente un objetivo fotográfico, el “feeling” del fotógrafo, esa primeridad, punta del iceberg (cualisigno), a nivel de la iconicidad. Es el modo de asumir una relación con las cosas y objetos del mundo (Mangieri, 2000:65).

El segundo nivel de significación (segundidad) describe el predominio del hecho fotográfico si retomamos al índice y lo relacionamos con la propiedad de “singularidad”. Este interpretante dinámico reclama su conexión con el mundo real o imaginario. “El «lugar» de la fotografía no es ya el espacio de la composición como subcódigo geométrico o la posibilidad de encuadrar como «marco vacío», sino el representamen de un lugar, de un sujeto que reclama su singularidad, su «existencia» como cosa singular en el mundo” (Mangieri, 2000:67).

En el nivel de la terceridad se halla el interpretante final que en ocasiones puede coincidir con el objeto dinámico, pues se trata del estilo, modelo o tendencia establecida en la imagen fotográfica. Es el área de la fotografía que se establece en un tiempo y en un espacio social. Es la expresión del legisigno, lo general, el motivo.

Los tres interpretantes forman una especie de red que provoca lo que se conoce como la semiosis ilimitada. En este sentido, la fotografía se encuentra en la zona del índice y de los interpretantes dinámicos, pero ello no quiere decir que no pertenezca a los niveles del ícono o símbolo. El texto fotográfico va generando la complejidad de sentidos que lo conectan con otros textos visuales y verbales, entre otros. Dentro de esta perspectiva pragmática la imagen permite la conexión entre fotógrafo y lector en un proceso de semiosis ilimitada. Se establece una intersubjetividad  y alteridad en la estructura del texto fotográfico, pues coexisten relaciones entre el sujeto observador y sujeto observado, lo que denomina Mangieri la consciencia semiótica del otro (Mangieri, 2000: 81).

La semiosis ilimitada se emparenta con el concepto de texto en Lotman, pues la fotografía pasa a ser dentro de la cultura un dispositivo intelectual que trasmite información depositada en él desde afuera, transforma mensajes y produce unos nuevos. Esta función socio-comunicativa del texto se resume en varios procesos: el texto lleva la información del portador a un auditorio (destinador-destinatario), el texto cumple la función de memoria cultural colectiva (auditorio y tradición cultural), el texto en su papel de mediador reestructura la personalidad del lector (lector consigo mismo), el texto desarrolla un papel activo en el diálogo entre él y el lector al actuar como una formación intelectual independiente (lector y texto), el texto trasladado de un contexto cultural a otro actúa como un nuevo informante en una nueva situación de comunicación (texto y contexto cultural) (Lotman, 1996:81).

En este contexto, la fotografía utiliza diversos códigos para cumplir su función comunicativa y su función generadora de sentido colocada dentro del eje semiótico de los textos como sistemas poliestructurales (Lotman, 1996:86)

Finalmente, la fotografía cumpliría, como objeto-documento, la función relacionada con la memoria cultural, pues promueve el recuerdo del referente como signo indicial. Al mismo tiempo, que ha de continuar indagando en el presente momento digital, su ontología y especificidad como sistema de comunicación inserto en la dinámica visual que transcurre junto al avance de la técnica, y en la búsqueda de nuevas simulaciones multisensoriales e interactivas que recrean las estructuras de las experiencias totalizadoras de la vida misma.

CONSIDERACIONES FINALES

El texto fotográfico, que contiene en sí al hecho fotográfico, como fenómeno cultural, ha recorrido diversas interpretaciones teóricas que dan cuenta de su naturaleza y caracterizan su proceso de semiosis.

En el abordaje teórico de la fotografía destaca su naturaleza indicial descrita por Peirce, centrada en su característica de huella luminosa que certifica la existencia del referente. Asimismo, dentro del index, la fotografía presenta sus tres principios de singularidad, atestiguamiento y designación que se relacionan con las referencias que se hallan en la fotografía y que ofrecen información sobre el soporte, el dispositivo fotográfico, el fotógrafo y el mundo fotografiado. Pero, la fotografía no puede explicarse sólo como un índice en el nivel de la segundidad, sino que apela a las otras categorías peirceanas para completar su semiosis.

Finalmente, la mezcla de códigos de otros sistemas de signos se emparentan con la fotografía y sus subcódigos para explicar los interpretantes presentes en ella y para determinar el legisigno en la terceridad, objeto de estudio de la semiótica.

Por esto, el texto fotográfico y su funcionamiento como sistema poliestructurado, a decir de Lotman, seguirá siendo motivo de estudio en la dinámica cultural que constantemente transforma la mar de signos por los que navegamos diariamente.

Desde el invento de la fotografía comenzó una nueva etapa en la historia de la cultura: la era de los aparatos y los dispositivos, en la cual el sujeto por la acción de programas tecnosociales tiende a convertirse en un sujeto programador y programable que reúne puntos según programas formulados para diseñar realidades a partir de posibilidades, lo que implica en el actual panorama de la práctica fotográfica una relación diferente con el manejo de la exterioridad, pues ésta en la computadora colapsa en su interior y la realidad pasa a ser virtual. Este trabajo aporta un punto de vista posible para encarar el estudio de la especificidad semiótica del texto fotográfico, con miras a propiciar investigaciones que aborden la transición de la fotografía analógica a la digital en el regreso triunfal del universo numérico propuesto por Pitágoras hace más de 2.500 años.

Bibliografía

ANDACHT, F. 2006. Seminario “Signos de identidad, alteridad y cambio: La representación de lo real y de lo imaginario en la cultura contemporánea”. Universidad del Zulia. Doctorado en Ciencias Humanas. Maracaibo, Venezuela. 26 al 30 de junio de 2006.

BARTHES, R. 1982. La cámara lúcida. Editorial Gustavo Gili, S.A. Barcelona.

DELADALLE, G. 1996. Leer a Peirce hoy. Gedisa Editores. Barcelona.

DUBOIS, P. 1986. El acto fotográfico. De la Representación a la Recepción. Ediciones Paidós. Barcelona.

FARÍAS, J. 2007. “Reflexiones sobre el espectador contemporáneo construido a través de la mirada fotográfica” Revista sobre arte y cultura contemporánea Cañasanta.com. [recuperado 20-06-2007] de http://www.canasanta.com/ensayo/reflexiones-fotografia-contemporanea-00001.html

FONTCUBERTA, J. 1997. El beso de Judas. Fotografía y verdad. Editorial Gustavo Gili S.A. Barcelona.

LOTMAN, I. 1996. La Semiosfera I. Semiótica de la cultura y del texto. Ediciones Cátedra. Madrid.

LOTMAN, I. 2000. La Semiosfera III. Semiótica de las artes y de la cultura. Ediciones Cátedra. Madrid.

MANGIERI, R. 2000. Las fronteras del texto. Universidad de Murcia. Servicio de Publicaciones. Murcia.

MERRELL, F. 1998. Semiótica de C.S. Peirce. Universidad del Zulia. Colección de Semiótica Latinoamericana 1. Maracaibo.

SANTAELLA, L. 2001. “¿Por qué la semiótica de Peirce es también una teoría de la comunicación?” Cuadernos 17, FHYCS-UNJu.

PEIRCE, C. 1987. Obra Lógico Semiótica.Taurus Ediciones. Madrid.

PEIRCE, C. 1894. “¿Qué es un signo?”. Traducción Uxía Rivas. 1999. Original en: MS 404. CP (The Collected Papers of Charles S. Peirce) 2.281, 285 y 297-302. [recuperado 28-01-2007] de http://www.unav.es/gep/Signo.html

 

RASGOS DEL DISCURSO PERIODÍSTICO DE LA OPOSICIÓN VENEZOLANA DURANTE EL REFERENDO CONSTITUCIONAL DE 2007

RASGOS DEL DISCURSO PERIODÍSTICO DE LA OPOSICIÓN VENEZOLANA DURANTE EL REFERENDO CONSTITUCIONAL DE 2007

MSc. YANELA SOLER MÁS,
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El discurso construye realidades y las realidades generan discursos, por tanto, existe una relación dialéctica entre el discurso y la realidad. La manera como percibimos y compartimos nuestra realidad es mediante el uso del lenguaje, pues este tiene dimensiones cognitivas y sociales, por lo que sólo podemos adentrarnos en las mentes de las personas a través de lo que dicen, de las pistas, las huellas o más precisamente, de las evidencias lingüísticas.

En este sentido, las matrices de opinión pueden entenderse como las valoraciones, evaluaciones, los conjuntos de juicios ético-morales y de apreciaciones estéticas en y desde el campo de lo social. En el discurso político, es apreciado saber cómo se construyen los significados constitutivos de la realidad, cómo se decodifican y evalúan los discursos, y sobre todo, evidenciar los propósitos discursivos de los opositores, por dónde y cómo atacan.

Las matrices de opinión se constituyen a partir de la expresión evaluativa de varias voces, en distintos medios y sobre un tópico específico. Varias personas (entiéndanse periodistas) construyen la representación mental de un fenómeno. Esto lo pueden hacer apelando a distintos géneros y medios discursivos, por ejemplo, con la noticia, los artículos de opinión, las entrevistas a expertos y voces autorizadas en determinada materia.

Una matriz de opinión sobre un tema es, sin dudas, importante porque cumple una actividad argumentativa y persuasiva, puesto que nos induce a hacer-creer o a hacer-hacer algo sobre ese aspecto sensible de la realidad de los receptores. En pocas palabras, podríamos resumir que las matrices de opinión generan tendencias a la acción de grupos, a partir de la recreación de actitudes y representaciones sociales.

En este sentido, las matrices de opinión más trabajadas por los medios analizados –diarios El Universal, El Nacional y Últimas Noticias- en torno a la reforma constitucional del 2007 en Venezuela, pueden ubicarse en dos grandes tendencias:

1-Las matrices de opinión ya existentes y que son reforzadas por los medios opositores para lograr efectos a largo plazo, y

2-La generación de nuevas matrices de opinión en función del contexto en que se desarrolla la campaña contra la reforma.

En el primer grupo, donde se ubican las matrices de opinión ya existentes y que son reforzadas por los medios, pueden destacarse la demonización de la figura de Chávez, al presentarlo como un dictador que busca con la reelección indefinida perpetuarse en el poder; el peligro que representa la reforma al buscar la “cubanización” de Venezuela, no solo con la presencia indefinida de Chávez en el poder, sino con los cambios en la geometría de este y el fortalecimiento del poder comunal; de igual manera esta primera tendencia refuerza el carácter antidemocrático de la revolución bolivariana que los medios intentan legitimar en su discurso; la presentación de los chavistas como las personas más pobres e ignorantes de la sociedad, su identificación con los buhoneros y motorizados, es decir, con gente violenta que habita en sectores populares de barrios periféricos también es otra matriz de opinión que se trabaja en la campaña mediática para brindar la supuesta futura imagen caótica de la sociedad venezolana una vez aprobada la reforma.

Es importante tener en cuenta que los medios se aprovechan de los recientes sucesos internacionales para ridiculizar al presidente. La expulsión de Chávez como mediador en el conflicto colombiano con las FARC y el malentendido con el Rey de España fueron aprovechados por los medios nacionales como pretexto para que decayera la popularidad del presidente a pocos días de celebrarse la votación.

Como vimos anteriormente, los medios brindan nuevas opciones sobre las que pensar en torno al cambio constitucional que proponen el presidente y la asamblea. El llamado a la abstención primero y a votar por la opción del No después, es una matriz que se fundamenta en el hecho de que la propuesta es inconstitucional y por tanto todos los sectores populares que no la apoyen deben manifestarse en las calles. A esto se suma el protagonismo que adquieren los universitarios en esta etapa. Se les presenta como los jóvenes intelectuales cuyos niveles de instrucción y conocimientos les brindan la posibilidad de pensar en la reforma como algo nefasto para el futuro del país.

Igualmente inició una campaña paralela en torno a la pérdida de la patria potestad de los padres sobre los hijos, de que las mujeres no podrían ir en traje de baño a la playa, y de que la información sería regulada pues los medios de comunicación pasarían a manos del presidente, para fijar esta matriz se apoyaron en la reciente experiencia del cierre de la concesión pública al canal televisivo RCTV.

Otro aspecto de importancia que se trabajó eficientemente en los medios opositores fue el tema de la propiedad privada. Eso amenazó a parte de la clase media que en un momento logró sumarse al gobierno y de pronto vio la posibilidad de ver perjudicados sus intereses con una Reforma Constitucional.

La idea de fragmentación dentro de los partidos políticos que conformaban la alianza patriótica también es explotada en esta etapa. Los problemas generados por la formación del partido de la unidad primero, al que muchos no deseaban unirse, y el descontento del partido Podemos con la aprobación de la reforma del artículo 337, que promovía la regulación de la información en tiempos de crisis políticas para evitar la reproducción de los sucesos del 2002, son aprovechados en este contexto para brindar una imagen de un chavismo debilitado, con propuestas vagas y que a la larga carecería de apoyo.

¿Puede hablarse de ficcionalización del discurso periodístico en los casos estudiados? ¿De qué manera influye en los lectores de esos medios?

Cada vez que leía esta pregunta y trataba de construir una respuesta coherente, pensaba en el libro de la periodista argentina Stella Martini, Periodismo, noticia y noticiabilidad. En el acápite dedicado a las modalidades discursivas de la noticia, la autora afirma que la noticia es un discurso verosímil, por lo que todo texto verosímil es lo que parece real, y se apoya en Julia Kristeva para plantear que la noticia es lo que "sin ser verdadero, sería el discurso que se asemeja a lo real".

Esa verosimilitud del discurso periodístico, que se encuentra en dependencia de los cambios relativos al contexto donde este se produce, contribuye a reconocer las informaciones emitidas por los medios como reales, y como parte de un proceso natural por el que tienen que atravesar antes de llegar a los públicos.

¿Dónde inicia la ficción y termina la realidad en el discurso periodístico? A mi juicio todo dependiera de los modelos mentales de los receptores. Cuando no solemos creer determinado acontecimiento construido por una noticia, la interpretamos como ficticia o inverosímil, produciéndose falta de confianza en la propuesta presentada por el medio. Sin embargo, cuando un acontecimiento es afín con nuestros modelos mentales, nuestras percepciones y experiencias, entonces se hace creíble. Podría afirmarse que todo depende de la subjetividad de los públicos.

El caso específico de los diarios venezolanos sorprende en este aspecto. La construcción de un discurso periodístico que refleja medias verdades o mentiras completas puede entenderse por quienes lo hemos estudiado a fondo, como ficcionalizado. El uso de estrategias discursivas, a las que ya hemos hecho referencia, como generadoras de matrices de opinión, ofrecen una visión ficticia de la realidad venezolana actual. Sin embargo, para el discurso periodístico de los medios estudiados es conveniente explotar esa presentación ficticia, debido a que van dirigidos a públicos específicos, pero cuyo denominador común es no apoyar la gestión gubernamental.

Los lectores de los medios estudiados, por su parte están adaptados a ese sistema, pues los medios son agentes culturales y se asumen como parte de la identidad nacional. O sea, es un público que está acostumbrado al consumo cultural y masivo mediático.

Como dijera uno de los entrevistados al respecto, el licenciado Dasniel Oliveras, retomando a Canclini, “hay elementos de esa propia cotidianidad mediática, que lo hace ser un público con capacidades desarrolladas y acumuladas para ser parte de ella, incluso llevan su vida de manera tal que tienen capacidad desarrollada para pensar slogans, carteles, dado que viven en una sociedad diseñada para ello.

Por otro lado, esos medios tienen un público muy diverso, que ha elevado en los últimos años el nivel de instrucción alcanzado sobre la base de códigos culturales más nativos, en un contexto donde conviven diferentes etnias; pero que en sentido general en los centros urbanos están occidentalizados. El público venezolano es un público latino, pero mucho más arraigado que en otras partes de América Latina por el hecho de ser un país que ha vivido los dividendos del petróleo aunque las crisis que les han tocado vivir han sido por cuestiones políticas, indiscutiblemente, el petróleo sigue marcando esa forma de vivir, de padecer sobre todo por las grandes corporaciones con intereses en Venezuela.

El venezolano tiene un estilo de vida signado por los hábitos consumistas. Es un público que si bien por una parte tiene la cultura de la cotidianidad con este sistema mediático, la posibilidad de tener códigos a veces hasta cultos, es por otra parte un público que vive dentro de ese sistema y reproduce esas propias lógicas y que a veces peca de ingenuo en ese sentido”. Toda esa complejidad está presente a la hora de pensar la influencia del discurso periodístico ficcionalizado propuesto por los tres diarios estudiados en el periodo de campaña de la reforma.

Debe tenerse en cuenta, además, que si desde prácticamente los inicios de la revolución bolivariana se trabajan los modelos mentales de los públicos, orientados a una cultura del rechazo al presidente y a sus propuestas, en el periodo de campaña de reforma constitucional era muy fácil lograr en los lectores de los diarios una actitud de rechazo y de ansia de salir a la calle a manifestarse en contra de la moción, porque supuestamente, según la hiperbolización de los medios a los que se exponen, van a perderlo todo si se llegara a aprobar la reforma.

Durante esa etapa los medios estudiados no evidenciaron ninguna frase positiva a favor de los beneficios que traería la reforma; el uso de lexicalizaciones negativas y de frases desesperanzadoras sobre el futuro del país, se insertan como una manera más de promover el terrorismo desde las trincheras mediáticas venezolanas, que responden al discurso periodístico de la oposición.

¿Es “equilibrada” la propuesta discursiva del diario Últimas Noticias?

Quisiera iniciar la respuesta a esta pregunta aludiendo a una experiencia personal. Últimas Noticias fue el primer diario que tuve la oportunidad de leer en Venezuela,  debido a que me atraía su nombre y la comodidad de su formato, mucho mas pequeño que el resto de los periódicos, aunque con similares números de páginas.

Al principio me llamaba la atención que, a diferencia de los restantes, daba un tratamiento un tanto diferente a los acontecimientos relacionados con el chavismo. Confieso que en realidad no profundizaba en el análisis de las noticias, desde el punto de vista discursivo, porque no fue sino hasta que me adentré en el mismo, cuando se rompió el encanto.

Fundado en 1941 por un equipo de periodistas, Últimas Noticias es actualmente el diario de mayor circulación en Venezuela. Su diseño atractivo, el fácil manejo de sus páginas y el estilo de sus periodistas al tratar la noticia, lo hacen que sea de la preferencia de las clases populares, quienes más lo compran.

Perteneciente a la multimillonaria Cadena Capriles, a partir del 2000, con Hugo Chávez en el poder, el diario se presenta ante la sociedad venezolana con una perspectiva distinta, orientado a enfocarse más en los lectores de los estratos populares y en los temas cotidianos.

Aunque desde hace nueve años el diario muestra un punto de vista novedoso. Muchos lo ubican en la centro-izquierda del panorama político-mediático nacional y hay sectores que lo definen como muy cercano al chavismo, a pesar de la polarización política que presenta el país desde la llegada de Chávez al poder.

Esto se debe a que durante el paro petrolero de 2002-2003, cuando los periódicos diarios del país no salen a la calle, Últimas Noticias no lo hace de manera voluntaria. Semejante posición, hace que el diario se convierta en una de las excepciones, junto al Panorama de Zulia, en el compromiso asumido por los restantes medios privados, de declararle la guerra mediática a Chávez.

Sin embargo, este estudio del discurso de Últimas Noticias durante el periodo previo a la reforma constitucional demuestra que todas las suposiciones en torno a su cercanía con el chavismo, son falsas. Intentaré explicar por qué mediante tres ejemplos que fueron trabajados en el cuerpo de la tesis:

Últimas Noticias intenta presentar siempre una nota dedicada a la oposición y otra dedicada al chavismo, en ocasiones aparecen en la misma página, la misma sección, con similar número de párrafos y si nos descuidamos, con igual cantidad de palabras. La persona que pase su vista rápidamente por ambos textos, puede pensar en que es un diario equilibrado o como diríamos en el lenguaje periodístico, objetivo. Sin embargo, cuando se profundiza en el estudio del discurso de la noticia dedicada al chavismo, vemos que no es así.

La macroproposición dedicada a que la inclusión de otros artículos a transformar significa una nueva propuesta de reforma, halla en las páginas de este diario tres noticias, una de ellas solamente da voz a un actor político del chavismo. Existe una aparente ideología chavista de trasfondo, al poner como protagonista de la noticia al Ministro de Finanzas Rodrigo Cabezas; pero el uso de determinados vocablos, llevan a otro tipo de reflexión.

La subjetividad del periodista es notable con el uso del verbo justificar, que denota una argumentación un tanto vaga o paternalista del asunto en cuestión. De la misma forma el verbo suprime, se refiere a que el artículo elimina el derecho al libre proceso y a la libertad de información en situaciones importantes de crisis para el país.

Aunque la polarización no se explicita en el texto, hay elementos que conducen a pensar en ella como un recurso del periodista. Desde el mismo instante en que se habla desde la posición del Estado contra los golpistas y los canales que instigaron al golpe del 2002, se evidencia la contingencia entre NOSOTROS y ELLOS.

Las formas de intervención de la ideología en el discurso se reflejan por medio de la legitimación y la nominalización. En la primera se identifican la racionalización y la narrativización. Uno de los objetivos de los entes gubernamentales es lograr que el pueblo comprenda realmente el propósito de la modificación del 337. Para ello, los chavistas acuden a legitimar el discurso apelando al sentido común del pueblo. Sin embargo, veamos cómo intercede el discurso propio del periodista, donde se evidencia su subjetividad, en este fragmento de la nota de tres párrafos. Dos ideas circundan el párrafo. La idea inicial de la cláusula se separa por comas de una segunda que a través de una subordinada adjetiva, manifiesta la ideología opositora:

“El ministro Cabezas aclaró que con la reforma del artículo 337, que suprime el derecho al libre proceso y a la libertad de información en estado de excepción, se puede garantizar “que el estado pueda meter presos, donde deben estar presos, a los golpistas”.

“El ministro Cabezas aclaró que con la reforma del artículo 337, se puede garantizar “que el estado pueda meter presos, donde deben estar presos, a los golpistas”, señala la idea central del párrafo, sin embargo, la frase “que suprime el derecho al libre proceso y a la libertad de información en estado de excepción”, constituye un valor opositor agregado que no puede faltarle a un producto comunicativo de un diario opositor al chavismo, aunque dé voz a un representante de ese sector político.

Para fundamentar lo declarado sobre el 337, el actor político entrevistado rememora brevemente los sucesos del golpe de Estado del 2002 y las consecuencias de no tener un respaldo constitucional para tomar las medidas oficiales con los protagonistas del golpe, he aquí la estrategia de narrativización.

Puede notarse igualmente que aunque la noticia presenta al Estado como la víctima de los sucesos, existe una tendencia a pensar en el efecto contrario; es decir, el hecho de que se refiera a la detención de personas y al cierre de canales, nos hace pensar en que los medios y los líderes opositores que instaron al golpe de Estado serán las próximas víctimas de aprobarse la reforma constitucional.

En el primer tópico del segundo grupo de noticias agrupadas por temas: ¿Contrapeso?: la campaña por el sí, sólo se encontraron en Últimas Noticias dos notas dedicadas al chavismo. Ambas fueron extraídas del boletín editado por la Agencia Bolivariana de Noticias (ABN) que, como indica su nombre, reproduce el discurso chavista.

La distancia que media entre las noticias y los periodistas es notable en los titulares. Carecen de todo el dinamismo con que atraían la atención del lector en los tópicos anteriores, hacia todo lo que significaba ideología opuesta al chavismo. Se destaca la ausencia de subtitulares y antetitulares para transmitir ideas centrales vertidas en el texto; y el uso de fotografías de archivo, donde se muestran a grupos de hombres y mujeres chavistas con mala presencia personal, reforzando la matriz de opinión ya construida de que los pobres son quienes apoyan las disposiciones gubernamentales.

Los cuerpos de las noticias sólo se limitan a ofrecer información, sin matizarla con elementos atractivos, ni con entrevistas a funcionarios públicos de reconocimiento o prestigio ante el pueblo.

En la primera notica, al minimizar SUS acciones positivas, entra en consideración una de las estrategias más importantes: ELLOS (el oficialismo) no puede ocupar espacio en las páginas del diario, como el héroe de la guerra mediática que día a día se libra en ese frente. Mientras menos acciones suyas sean presentadas, más legitimidad adquiere el discurso opositor, estableciéndose una proporcionalidad inversa.

La otra nota, publicada el día del cierre de la campaña, resulta sorprendente. Esta sí enfatiza en las cualidades positivas de la reforma y en las consecuencias para el pueblo humilde y necesitado del país. Tres de los cinco párrafos juegan ese rol, donde reproducen el discurso oficialista. La nota fue publicada por la ABN, pero aún así es seleccionada para publicarse en una de las páginas del diario.

Esto tiene su lógica. En primer lugar, si desde hace meses los diarios opositores vienen alertando que la reforma era totalmente negativa, y que sólo aportaría más poder al presidente, a largo plazo se forma en el modelo mental del venezolano la ideología del rechazo a la propuesta. Por tanto, para el 26 de noviembre, a menos de una semana de la votación, la aparición de una pequeña columna en un diario que se ha prestado para reproducir la campaña por el No, no cambiará para nada la intención de voto.

 

 

APUNTES SOBRE LA ENSEÑANZA PARTICIPATIVA DEL PERIODISMO

APUNTES SOBRE LA ENSEÑANZA PARTICIPATIVA DEL PERIODISMO

Lic. IVET GONZÁLEZ LEMES,
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Más que una ponencia, las siguientes reflexiones resumen mi visión de periodista y profesora recién estrenada sobre la enseñanza del Periodismo y, los caminos que pueden seguirse para lograr una formación participativa de los estudiantes. Por su puesto, muchas de las siguientes ideas surgieron de la búsqueda de bibliografía sobre temas relacionados con la docencia periodística.

Los momentos de participación de los alumnos en la clase no constituyen una oportunidad que el profesor ofrece, en ocasiones como quien cede terreno o que obliga a intervenir en determinados temas impuestos. De sobra conocemos que las actitudes y disposiciones para construir sentido en conjunto, deben incitarse y propiciarse desde los primeros momentos.

Los rezagos de una educación hegemónica han calado hasta el sentido común y la desidia. No por gusto el refranero popular cubano más actual reza: No pierdas una buena oportunidad para quedarte callado.

Pienso que para llegar a ese punto de encuentro, imprescindible para la participación, el primer paso es lograr una empatía y motivación desde el discurso. Esos avances le hacen la antesala a un clímax de complicidad, propicio para desencadenar los aportes individuales para aprender entre todos.

La influencia de un profesor que deslumbra, que abre las interioridades de la profesión para la que presentan aptitudes e inclinaciones, abre una brecha positiva. Nadie desea hablar de lo que casi no conoce, o que no se le muestra digno de apreciar y debatir. En el caso de las ciencias sociales, el uso de técnicas emancipadoras en los predios universitarios es muy viable: vamos a hablar de elementos cercanos a los estudiantes. Los alumnos viven en SOCIEDAD, han leído LITERATURA, viven la HISTORIA de todos los días, y consumen con determinada regularidad algún medio de COMUNICACIÓN masiva.

El periodismo tiene una función social, discutible o no, apasionante. Sus diatribas entre la literatura, el cine, la sociología, el trabajo de bien público y cuanta especialidad exista, le confieren un atractivo del que pocas profesiones disponen. Imposible obviar el cliché sobre los reporteros extendido por el cine, principalmente el estadounidense:

“Como profesión (el periodismo) constituye el horizonte soñado de miles de jóvenes en universidades de todo el mundo. (...) Las ensoñaciones juveniles, alimentadas, sobre todo, por ciertas formulas narrativas del cine norteamericano, proyectan sobre la figura del periodista el aura de prestigio que le proporcionan factores como la supuesta existencia cosmopolita, una vida llena de emociones y la posibilidad de aclarar misterios insondables de la sociedad, desde un turbio asesinato hasta un caso de corrupción colectiva”. (Ricardo Sanabre en De Aguinaga, 2002: 167).

DEL OFICIO A PROFESIÓN

La Periodística es una ciencia que emana de la consolidación de un oficio. Por desgracia, la concepción de tecnicismo extremo reina entre la mayoría de los periodistas en activo, al menos en Cuba. Esa herencia de algunas de las perspectivas de la primera escuela cubana de Periodismo, Manuel Márquez Sterling, puede contrarrestarse desde la Academia, sobre todo desde la formación de profesionales capaces de aprender a aprender. Solo esa actitud ante la vida garantizaría una verdadera revolución en la profesión periodística.

Las técnicas participativas implican y desarrollan una actitud activa en los estudiantes, necesaria para la labor de selección, imprescindible en estos tiempos de sobresaturación informativa. La sensación que siente el lector moderno de asedio informativo e incapacidad para procesar tal volumen, tendrá su fin en profesionales de la comunicación preparados con herramientas de otras disciplinas, y que parta de una nueva reconcepción de su labor. Requieren de una actitud crítica y de constante preparación para asumir su tarea intelectual, con pautas de rapidez que pueden llegar a la instantaneidad.

El tecleo mecánico y la subyugación a las rutinas productivas, nacidos de la percepción vertebralmente práctica, le restan miras al trabajo periodístico.

“(…) pese a haber mayor número de horas prácticas que teóricas es, precisamente, el compromiso teórico lo que diferencia, en determinadas materias experimentales, la enseñanza universitaria de la puramente técnico-profesional. El excesivo practicismo y el atenimiento a lo concreto e inmediato provoca una miopía cognitiva y niega la condición racional de la Ciencia, saberes y modo de conocer los saberes que encuentran su marco más propicio en la enseñanza superior.” (Moreno, 2000).

El olor a redacción engancha, sugiere, e intenta adentrarlos en los primeros pasos para consolidar un oficio. Pero iniciarlos en las cuestiones filosóficas, éticas e ideológicas que encierra la redacción de la nota más cándida, los impulsa a tomar conciencia de la dimensión de PROFESIÓN del periodismo.

El oficio con práctica se adquiere y, por supuesto, que el ejercicio cotidiano de escribir comienza a fomentarse en las aulas de periodismo. Sin embargo, las inquietudes “intelectuales” y de responsabilidad en la construcción de sentido socialmente compartido no pueden imponerse con la técnica periodística como centro de su futura actividad. Es en las interacciones educativas, con ánimos de horizontalidad, entre los educandos, los profesores y el futuro entorno laboral donde se perfilan estos principios.

Los periodistas son profesionales, abocados históricamente a una raíz popular, a sudar entre la gente y llevarlo a los medios. “Es un intelectual público que debe decidir qué cuenta, cómo lo hace, para qué, cuál es su aportación de auténtico servicio público.” (Casals, 2006: 63).

Desde el proceso de especialización temática y de la explotación de nichos de mercado por parte de los medios, algunos “tipos” de periodistas difieren de ese perfil general. El medio y las redacciones determinan a los periodistas en buena medida.

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y SU PERSPECTIVA EDUCATIVA

Varios autores destacan la endeble frontera entre periodistas y educadores. Después de que cada individuo termina la escuela, la ampliación de los conocimientos necesarios para la interacción social los adquiere de… los medios de comunicación.

Además, la información de actualidad tiene una utilidad social relacionada con la generación de conocimiento. Según el profesor Aguinaga la dimensión científica del periodismo no es otra que la generación de conocimiento.

“Habrá que repetir por enésima vez que la función esencial del Periodismo concebido como periodificación es la clasificación de la realidad y por ende la determinación de contenidos del continente periodístico, para añadir que la finalidad del Periodismo, así concebido, no es la información –el escándalo alcanza su cumbre -sino la trasformación de la información en conocimiento.” (De Aguinaga, 2001: 249-250)

La función de los periodistas también incluye la de “facilitadores y promotores de conocimientos y de relatos de actualidad que puedan ser incorporados a procesos de sentido, racionales y personales o no.” (Raigón, 1999).

De ahí la importancia de propiciar en la academia una educación para toda la vida. Este concepto perfilado por la UNESCO implica la aplicación de métodos participativos, de una interacción educativa en igualdad de condiciones.

“La educación para toda la vida presupone una enseñanza escolar eficaz, es decir, que en ella se aprenda a aprender, lo que significa que los estudiantes adquieran los instrumentos de la comprensión (atención, memoria y pensamiento).” (Raigón, 1999). Algo de educador tienen los emisores de medios de comunicación y desde su formación deben concienciar esa realidad. Para nada se intenta equiparar la actividad profesoral con la periodística.

“El periodismo consiste en la elaboración de diferentes mensajes que narren, expliquen, muestren y juzguen la realidad seleccionada según criterios de relevancia pública (interés general e interés público), en una tensión que produzca una visión equilibrada del mundo. El mensaje es el centro de todo y se adapta a todos los medios de comunicación.” (Casals, 2006: 68).

DESDE EL EDUCADOR

A la luz de las nuevas tecnologías cualquier labor parece fácil. La capacidad e ingenio humano de los grandes creadores de la automática y la informática parece suplantar la necesidad del tesón de otros. Un gran error: las tecnologías son herramientas no fines (Casals, 2006). Pueden ser tan democráticas como hegemónicas y  transmisivas. Es el ser humano quien puede conferirle ese matiz, a una nueva herramienta con potencialidades para transformar los procesos educativos.

Se impone remarcar que la pedagogía es interacción (Casals, 2006) y la “educación es desarrollo, despliegue de fuerzas interiores.” (Moreno, 1998). La computación e Internet les permiten a los profesores de Periodismo comenzar a introducir a sus estudiantes, que tal vez ya lo están, en los usos más provechosos para la profesión. Cuidado. Internet tiene también la posibilidad de crear sistemas anti-educativos, solo prevenibles con los valores: el plagio. Plagio, al punto de que hay estudiantes que han creado comunidades en Internet para intercambiar trabajos terminados sobre asignaturas comunes como Historia de la Filosofía.

Ya el alumno no se adapta a las condiciones del educador. Los pactos para aunar intereses y lograr una mayor satisfacción se imponen. Debe lograrse una “adaptación de la enseñanza al aprendizaje. Este principio implica la adaptación de los objetivos, contenidos y métodos a las necesidades, posibilidades e intereses del alumno, así como a su estilo cognitivo o de aprendizaje. Con este fin se analiza y evalúa la situación concreta y se ofrecen diversos procedimientos de enseñanza. La contextualización de que hemos hablado cobra aquí pleno sentido.” (Moreno, 1998)

Para nada deja de sopesarse el inevitable fin lógico y preconcebido de la educación: “la idea de educación lleva incluido el concepto de intencionalidad. La determinación del fin y objetivos de la educación es la primera tarea del educador.” (Moreno, 1998)

Según la profesora Pastora Moreno, “en relación con la actividad de sus alumnos, las tareas del profesor se pueden resumir en las siguientes:

1. Enseñanza en sentido estricto en la que se incluye la motivación de los alumnos y la información (de contenidos y de técnicas de trabajo).

2. Programación del trabajo y toma de decisiones para su realización.

3. Establecimiento de relaciones con los alumnos a fin de conocer sus necesidades, intereses, dificultades y aptitudes con el fin de guiarles en su proceso educativo.

4. Proacción y retroacción del discente, es decir, replanteamiento del trabajo de tal suerte que los alumnos más capaces puedan seguir ampliando o profundizando su aprendizaje, mientras que los que no hayan alcanzado los objetivos puedan volver sobre los mismos, aunque con materiales distintos que eviten el tedio y la rutina de la repetición.

5. Control de rendimiento de cada estudiante y del grupo en conjunto. Ayuda individual a los alumnos, es decir, orientación subsiguiente para la realización más eficaz de su trabajo.” (Moreno, 2000)

Esa perspectiva, aunada a métodos participativos desarrollados por autores como el brasileño Paulo Freire, puede ajustarse a las necesidades de los docentes de Periodismo. El concepto de educación popular, con su perspectiva emancipadora y dialógica, permite formar al periodista crítico y multifacético que requiere las sociedades del siglo XXI.

Colocar toda la fuerza creativa y rectora en el profesor, no concuerda con las pautas de estos tiempos. El profesor guía, propone, comparte, aprende; el alumno adquiere conocimientos, deber tener un espacio para procesarlos críticamente y hacer preguntas. Ese espacio debe estar en el momento de la clase como en actividades extractase. La creación de ejercicios con buena dosis de creatividad del alumno también abren las puertas a formar un ser independiente, capaz de interactuar con su entorno dialécticamente.

La figura del profesor debe conservar la elevada dosis de ejemplo del nuevo profesional que se quiere construir. Si hablamos de crítica, tolerancia, capacidad de escuchar, dialogar, entender, el primer paso para incorporarlos no es la mimesis impuesta.

Viñetas como conclusiones:

-La mezcla de paradigmas educativos parece funcionar en la enseñanza del periodismo, profesión sujeta a debate. Etapas de familiarización con los contenidos, aprendizaje y procesamiento crítico de ellos.

-Incitar a la discusión de alternativas ante elementos y formas de actuar consensuadas en la actividad periodística.

-No mostrar las técnicas periodísticas como reglas invariables, sino en su riqueza innovadora. Estrategia similar a la enseñanza de la plástica: se debe conocer el dibujo a cabalidad antes de innovar con lo abstracto.

-Crear situaciones ideales y debatir las posibles formas de actuar, sus inconvenientes y facilidades.

-Dejar la ejemplificación de las teorías de su parte, o la aportación de contextos históricos en la parte de historia de los medios, por ejemplo, ayuda a crear sentido entre todos y sentar reglas de interacción. Eso desarrolla el pensamiento abstracto y la extrapolación a la práctica. No es otra cosa que la dirección (de teoría a práctica) de los estudios académicos

-Elaborar ejercicios con indicaciones generales que potencien su creatividad. Buscar motivos para crear productos comunicativos desde una perspectiva propia. Prepararse para realizar entrevistas sobre temas teóricos a invitados a la clase.

ALGUNAS TÉCNICAS PARTICIPATIVAS ADECUADAS A LA ENSEÑANZA PERIODÍSTICA

Las técnicas participativas están encaminadas a la generación dialéctica de conocimientos y en grupo. Ellas dependen mucho de las dinámicas y necesidades del grupo. Su uso no puede ser arbitrario y esquemático, porque pueden parecer tan impuestas como el modelo educativo que hace énfasis en los contenidos. El profesor debe tener mucho tacto, sobre todo con aquellas dirigidas a unificar a los alumnos, para no crear mayores conflictos.

Si recordamos herramientas de la psicología, los grupos universitarios son arbitrarios: no se reúnen por empatía de caracteres, alguien decidió que tuvieran que recibir clases juntos. Por eso, en las técnicas participativas deben enfocarse en el aspecto común de los futuros periodistas. Lo único que los une es el interés incipiente por una futura profesión.

Algunas de las mencionadas técnicas sistematizadas por los teóricos suelen estar dirigidas a alumnos muy jóvenes, por eso deben adaptarse a las características del estudiante universitario, y no extremar su uso, porque le resta utilidad y seriedad a la docencia.

El Equipo de Educación Popular del Centro Martin Luther King propone una serie de técnicas, algunas de ellas muy adaptables a las necesidades de la enseñanza del Periodismo, particularmente las asignaturas de redacción periodística. Tomando como base ese texto, realicé las variaciones pertinentes de algunas de ellas o las cito totalmente:

1-Técnicas de presentación: Deben usarse preferiblemente en alumnos que se encuentran por primera vez. En el caso de que ya se conozcan, pueden adaptarse para que el nuevo profesor se presente a los alumnos y ellos sepan pensamientos, sentimientos, deseos o características nuevas de sus compañeros.

a- Cada miembro debe decir su nombre y una característica suya que todavía el grupo desconoce, pero él cree necesario compartirla. Cada uno puede pasarle la palabra al otro usando una pelota, un globo, haciendo una telaraña con un cordel, etc.

2-Técnicas de animación: Cambian el ritmo de la clase y elevan la motivación de los educandos.

a- Los participantes deben sentarse en círculo. El profesor comienza contando una historia con valor noticioso, y señala a uno de los miembros para que continúe el relato. Uno de los miembros debe escribir la historia completa, para luego de ahí, cada uno debe redactar un producto comunicativo, como una nota informativa. Ver  El cuento vivo en (EEPCLMK, 1999: 31).

b- Puede dividirse el aula en dos o más grupos para que se hagan preguntar relacionadas con el contenido de la clase, que comiencen siempre ¿Qué pasaría si…? Cada equipo debe realizarle las preguntas a otro y responder las que le hagan a cada uno de sus integrantes. Ver  ¿Qué pasaría si…? en (EEPCLMK, 1999: 31).

c- Se llevan a la clase varios lead, de géneros periodísticos conocidos por los alumnos, de forma que se sugieran varios títulos para cada uno. Pueden hacerse varias rondas, y especificar qué tipo de título debe crearse en cada una. El profesor puede llevar los lead u orientar de tarea que los estudiantes lo recorten de la prensa, sin título, por supuesto. Ver Póngale título en (EEPCLMK, 1999: 32).

3-Técnicas para la formación de grupos: Permiten hacer más dinámica la conformación de grupo y que durante el curso, o en la misma clase, todos hayan interactuado entre sí. Puede ser difícil de realizar en grupo casi al graduarse, donde generalmente se segmentan mucho y les cuesta trabajo interactuar.

a- Se buscan conceptos o categorías estudiadas en clase y un número igual de elementos antónimos, para que quede el grupo dividido en dos. Después uno lee su concepto y quien tenga el antónimo, queda como su pareja, en caso de que esté correcta la relación. Si se necesita dividir en subgrupos con otras cantidades, puede incluirse categorías que engloben a las ya empleadas. Pueden usarse también nombres de periodistas conocidos y los medios a que pertenecen. Ver Pareja refranera en (EEPCLMK, 1999: 46).

4-Técnicas de análisis: persiguen generar reflexión y conocimiento sobre un asunto determinado.

a- Se colocan en un cesto tarjetas que tengan escrito en el dorso clichés periodísticos, como la objetividad igualada a calco de la realidad. Se divide el grupo en dos y cada uno toma una, la analiza en su grupo, y la responde de forma competitiva. Ver La pesca de los clichés en (EEPCLMK, 1999: 51).

b- Muy adecuada para introducir el concepto de intencionalidad periodística: “La noticia”. Se analizará en equipo una noticia reportada por diferentes órganos de prensa, la orientación que cada uno le aporta, los argumentos que se utilizan, la visión de la realidad que dan, a fin de comprender el por qué de sus diferentes enfoques. Posteriormente, pudiera intentarse la redacción de una noticia sobre los hechos que se reportan desde el ángulo en que la observa el grupo”. (EEPCLMK, 1999: 51).

c- Se lee una situación creada por el profesor donde se cometan errores conceptuales, relacionados con las técnicas periodísticas, los procesos de producción y flujos de trabajo de los medios, etc. No deben ser demasiado evidentes, debe incitarse el análisis profundo y la búsqueda de alternativas novedosas. Ver Puro cuento en (EEPCLMK, 1999: 58).

d- Cada alumno escribe en una hoja como es posible redactar mal un texto periodístico, o que el público no consuma algún medio de comunicación. Debe ser el mismo tema para todos. Después se exponen y se reflexiona en conjunto, se clasifican y jerarquizan las formas de destrucción. Ver  El juego de la autodestrucción en (EEPCLMK, 1999: 61).

e- A partir de una foto o fragmento audiovisual, los alumnos deben redactar una nota descriptiva o perfil del protagonista del elemento visual o audiovisual. Ellos tienen libertad para crear soportes periodísticos como fuentes, antecedentes y contextos, que les sirvan para realizar el texto. Los resultados se deben comentar y contrastar en grupo. Ver Historia de una foto en (EEPCLMK, 1999: 77).

5-Técnicas para la integración: se emplean cuando los integrantes del grupo ya se conocen. El objetivo de estas de técnicas es fomentar los sentimientos de pertenencia, solidaridad, y compromiso de los miembros del grupo.

a- El profesor comienza escribiendo una línea de un relato periodístico en un papel, papelógrafo o en la pizarra. Cada estudiante debe crear rápidamente la línea que le sigue y así sucesivamente. Eso fortalece el trabajo grupal e implica un acercamiento a la característica de colectividad que tiene realización de mensajes periodísticos en la realidad. Es aconsejable aplicarlo en grupo pequeños, entre muchos alumnos puede causar aburrimiento mientras los últimos esperan su turno.

BIBLIOGRAFÍA

CASALS CARRO, MARÍA JESÚS: La enseñanza del periodismo y las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación,  Estudios sobre el Mensaje Periodístico, No.12, 2006: 59-70.

DE AGUINAGA, ENRIQUE: El periodista en el umbral del siglo XXI, Estudios sobre el Mensaje Periodístico, No. 8, 2002: 157-170.

DE AGUINAGA, ENRIQUE: Hacia una teoría del periodismo, Estudios sobre el Mensaje Periodístico, No. 7, 2001: 241-255.

Equipo de Educación Popular del Centro Martin Luther King (comp) Técnicas de Participación. La Habana: Caminos, 1999.

Guillermo Raigón Pérez de la Concha, 1999; El periodismo educativo: objetivos, en Revista Latina de Comunicación Social, número 15, de marzo de 1999, La Laguna (Tenerife), en http://www.ull.es/publicaciones/latina/a1999c/115raigon.htm

Pastora Moreno, 1998; Principios didáctico-pedagógicos de la redacción periodística, en Revista Latina de Comunicación Social, número 12, de diciembre de 1998, La Laguna (Tenerife), en: http://www.lazarillo.com/latina/a/02bpastora.htm

Pastora Moreno, 2000; El profesor universitario en Ciencias de la Información (Periodismo) y sus actitudes, en Revista Latina de Comunicación Social, número 29, de mayo de 2000, La Laguna (Tenerife), en: http://www.ull.es/publicaciones/latina/aa2000rmy/103pastora.html

 

 

CAMBIÓ LA TECNOLOGÍA, NOSOTROS NO

CAMBIÓ LA TECNOLOGÍA, NOSOTROS NO

Lic. ROBERTO CARLOS DELGADO,
Periodista del Invasor.

En el siglo pasado transcurrieron décadas sin cambios significativos en el panorama de los medios de comunicación. En los años ’30 la radio tenía la primacía hasta que la televisión saltó a la escena en los ’50 y ’60. No mucho más sucedió hasta que la Web lo estremeció todo a finales de los ’90.

Internet sacudió los cimientos de los medios tradicionales, pero, además, abrió a la sociedad, en general, y a los periodistas, en particular, nuevas posibilidades y formas de contar historias. De paso, ha roto el paradigma de la comunicación unidireccional de “nosotros hablamos, ustedes escuchan”. Pero esas nuevas formas de contenido requieren el desarrollo de habilidades.

Si usted es un reportero, seguro puede transcribir las mejores citas, pero ¿proporciona realmente un informe completo y exhaustivo? Una de sus fuentes dio más explicaciones de un tema importante, que usted luego parafraseó para evitar una cita larga, otra dijo algo con emoción o sentimiento o una singularidad que no se transfiere al texto, ¿qué hacer?

La mayoría de los trabajos periodísticos pueden ser mejorados a partir de la hipertextualidad y la adición de fragmentos de audio o video. Nunca hubo una época que ofreciera tantas formas poderosas de contar historias y entregar información a los lectores. Si ama el periodismo, tiene que estar encantado con tener más herramientas a su disposición, más interacción con su audiencia y la proximidad de la desaparición de las tradicionales limitaciones de tiempo y espacio.

Así, mientras existen nuevas oportunidades, estas compiten actualmente con muchas de las tradiciones que los editores de noticias han abrazado por mucho tiempo. Quizá ninguna en igual medida que el rol de guardián de la información que el periodismo ha desempeñado durante la mayor parte de su existencia.

Mantener un diario, un semanario o un canal de televisión resulta costoso, lo cual limita el número de fuentes de información y permite que los periodistas se consideren a sí mismos los árbitros finales sobre lo que el público debe saber, pero Internet lo cambió todo.

Entonces ¿cómo adaptarse y evolucionar para servir a una audiencia siempre cambiante? Experimente, examine y supérese.

Esta es una de las razones por las cuales pienso que nunca hubo una mejor época para el periodismo. Trabajar en un periódico significaba que usted tenía dos formas de servir a sus lectores: palabras impresas en una página y fotografías. Hoy, podemos tomar una historia y usar tantas herramientas y tecnologías para contarla y presentarla de la forma y en el momento en que queramos. Incluso, podemos discutir y considerar métodos que nunca se utilizaron antes. Y esa es la mejor parte.

¿Qué hacer cuando su reportero quiere escribir una historia, pero usted no tiene el espacio suficiente para publicarla en el medio impreso o el tiempo necesario para radiarla o televisarla? ¿Por qué no pensar en su sitio Web?

Es difícil abandonar los bordes del campo y meterse en el juego.

A menudo, en la Redacción donde trabajo, alguien viene con una nueva idea de lo que deberíamos hacer, pero, incluso, las buenas ideas no pueden surgir y llevarse a la práctica si no existe el personal necesario y preparado. Somos solo cinco personas trabajando exclusivamente en el sitio, además de los reporteros que, junto al resto del personal, como principio, priorizan la edición impresa.

Esteban Ramírez Alonso, director de la Agencia de Información Nacional, en una intervención el 11 de diciembre de 2002 en el Festival Nacional de la Prensa Escrita, reflexionaba acerca de  cómo insertar los medios digitales cubanos en el mundo, algo en lo que hemos ganando con el tiempo, sin embargo, hay tres interrogantes que vale la pena retomar si hablamos de perfeccionar lo que hacemos en nuestros medios para priorizar, más allá del discurso, el trabajo de los sitios Web:

-¿Somos un semanario con una publicación online, o un periódico online que tiene semanalmente una edición impresa?

-¿Contamos con una emisora de radio y un periódico online, o con una emisora que tiene simplemente una página Web?

-¿Están nuestras redacciones organizadas en función de estos conceptos?

Las respuestas a estas preguntas constituyen un reto que pone a prueba la sagacidad de quienes tienen el poder de organizar las rutinas productivas de nuestros medios, las que, atadas muchas veces al periodismo convencional nos entorpecen. Varios años después de su aparición, los medios online siguen buscando su identidad y lejos de haber alcanzado la madurez continúan dominados por el medio del cual surgieron.

Si le preguntáramos a nuestros reporteros para qué medios trabajan, pocos se referirían al sitio Web. Y no los culpo, las rutinas productivas los lleva a pensar así.

Laborar para un sitio Web no es solo escribir un texto, proponer una foto, en fin, lo que la mayoría hace, es imprescindible, además, utilizar las herramientas puestas a nuestra disposición, utilizar un lenguaje universal y tratar temas que les interesen a la aldea global, de ahí la necesidad de contar con redacciones exclusivas para la Web, con profesionales especializados.

No podemos pensar que continuamos escribiendo para un grupo reducido de personas cuyo conocimiento de nuestra realidad nos permite obviar algunos detalles. Los nuevos usuarios habitan, en muchas ocasiones, en sitios donde ni siquiera se habla de Cuba, mucho menos de la provincia y la localidad.

Asuma que el lector que visitará su sitio no sabe nada del tema del que usted habla. Con esa idea en mente elimine la jerga del contenido. Al hablar de jerga en este contexto me refiero a los términos y expresiones que el público en general no tiene por qué saber, dado que son específicos a una disciplina o a un grupo de expertos. Elimine también las siglas no conocidas y los clichés. Las siglas no tienen significado para aquellos que están fuera de la organización o grupo familiarizado con el tema y los clichés le restan originalidad a su texto.

El lenguaje claro y sencillo —correcto ortográfica y gramaticalmente— es esencial para todas las comunicaciones con el público e, incluso, más importante al escribir para la Web, dado que el objetivo básico del usuario al visitar su sitio es obtener información. Comunique su mensaje de manera directa, sencilla y precisa. Un lenguaje ambiguo puede frustrar al lector.

Nos afecta con frecuencia el desconocimiento sobre los receptores, pensamos que lo saben todo, y allá van los trabajos cargados de localismos, olvidándonos así del lenguaje que debemos utilizar en un medio como este.

Otro elemento importante son los títulos. No es lo mismo escribir titulares para la Web que para textos impresos. La cantidad de información disponible en una pantalla es limitada, a diferencia del periódico que le permite ver al mismo tiempo el titular, la fotografía, la leyenda, el sumario y el cuerpo del trabajo. Así, de una sola ojeada el lector tiene una visión más completa para interpretar el mensaje del titular.

Cuando leemos en línea, con frecuencia solo tenemos el titular para guiarnos. Aún en los casos en que el titular trae un breve resumen son pocos los que se detienen a leerlo. Por eso es tan importante que los titulares sean directos y exactos cuando se escribe para la Web.

La interactividad es otra de las limitaciones. Los foros, las encuestas, el canal RSS y la opción de permitir que los lectores comenten nuestros textos permanecen ausentes de muchos de nuestros sitios, y en el mejor de los casos, están, pero no se explota adecuadamente. Lejos estamos de cumplir con los requerimientos que hoy nos impone el periodismo digital.

La Red es un medio de publicación instantánea. En teoría, se publica según ocurre el hecho noticioso, pero en la práctica no siempre es así. Actuamos con la visión de semanario, y lo que pudo ser un palo periodístico queda reducido a fiambre.

Es cierto que la mayoría de quienes trabajamos en el área online de los periódicos somos autodidactas. Teníamos un interés y lo alimentamos. Utilizamos esa curiosidad que conduce a muchos al periodismo y la usamos para desarrollar nuevas habilidades.

Pero hay un secreto: no hay que esperar a que alguien nos enseñe sobre este punto. Podemos aprender por nosotros mismos.

Se acabaron los días de los especialistas en una sala de Redacción con solo una habilidad. Resulta evidente que la escritura y la fotografía no están muertas —ni siquiera próximas a morir—, pero,  simplemente, son insuficientes para el periodismo digital.

PREPÁRENSE A VIVIR

PREPÁRENSE A VIVIR

 

Palabras de presentación en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, del libro de crónicas de Cuito Cuanavale, del periodista y profesor Roger Ricardo Luis, director de Investigaciones del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

 

MSc. IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ,
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Solo hace pocos días, escribí a Roger, y cito: “Acabo de llegar de Verde Olivo con la inmensa emoción de tocar y oler tu libro. Te confieso que, ante los dos alumnos que me acompañaron para cargar los ejemplares que te reservaron, sentí quebrarse mi voz, pues de golpe reviví esa etapa indeleble de nuestras vidas, y aquella anécdota del militar que me traía tus cartas, pero, recuerda la época, eran tiempos en que cuando un oficial tocaba a la puerta de la casa, era porque traía la chapilla de un héroe. Hoy nos puede causar risa, pero yo, entonces llorando, solo le decía: Dígame todo, dígamelo ya.

“Ahora estoy sola y lloro desconsoladamente recordando a Cuito y a Nicaragua, recordando también el desastre de Vargas. Nada podrá hacerme olvidar esas experiencias traumáticas en mi vida, pues si bien de los protagonistas es la gloria, la valentía, el coraje de estar en lo más bravo de los acontecimientos y sobreponerse a cualquier humano miedo, no es menos cierto que quienes quedamos en la retaguardia sufrimos con creces y solo la convicción de los ideales nos hizo ser fuertes”. Fin de la cita.

Amigos, desde mi personal experiencia de Penélope repetida, estoy convencida de que un corresponsal cubano cuando va a la guerra no piensa en escribir libros; piensa, sí, en la enorme responsabilidad de reportar sucesos irrepetibles de los cuales no será testigo aséptico, sino partícipe del fuego que puede a él mismo darle pasaporte sin regreso. He ahí la enorme grandeza del corresponsal cubano: desinterés, bravura, ideales que defiende a riesgo de su vida, pero pensando en ella para vivirla plenamente. Un corresponsal de guerra cubano lleva siempre en su mochila el compromiso con lo que le es más sagrado.

Hoy, veo una y otra vez Prepárense a vivir, una hermosa segunda edición de la Editorial Verde Olivo, en cuyas páginas Roger adicionó trabajos inéditos y sus evocaciones de 20 años después de la gesta cubana en Angola. Fueron crónicas escritas con la premura por revelar hechos recientes, hablar sobre el coraje de los compatriotas, gente sencilla que no pidió nada a cambio, como signo meritorio de su humana solidaridad.

Con alma y corazón puestos en cada línea enmarañada de letra hirsuta -que hacía que desde el periódico Granma las enviaran a nuestra casa para descifrarlas-, Roger escribió aquellas crónicas, muchas de ellas al pie de una trinchera. Así, el periódico expandía por la Isla la autenticidad de cuanto ocurría en la difícil etapa en que Sudáfrica y la UNITA intentaron socavar la seguridad del proceso revolucionario angolano.

En esas crónicas está la visión de un hombre con profunda sensibilidad humana, capaz de asumir riesgos sin jamás jactarse de protagonismos ni esperar elogios, sino con el único interés de que su pueblo conociera la grandeza de sus hombres defendiendo paradigmas universales.

Roger hoy está entre ustedes, casi recién llegado de otras nuevas tareas. Estuvo donde el deber le necesitó, como antes en Nicaragua y Angola y muchos años después en Venezuela y sus cerros en apoteosis. Siempre que se le ha convocado, su mochila sempiterna está presta a cargar las armas amadas del periodista revolucionario: bolígrafo y agenda. Quizás ese sea su mejor legado a quienes forma desde las entrañables aulas de la carrera de Periodismo, su otro espacio infinito.

Muchas gracias.

 

SEPULTAR LOS MONSTRUOS DE LA RAZÓN TECNOLÓGICA

SEPULTAR LOS MONSTRUOS DE LA RAZÓN TECNOLÓGICA

Necesidad de hallar nuevas bases para una ética pluralista e intercultural de la comunicación social.

Dr. JULIO GARCÍA LUIS,

Decano de la Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

El tema de la comunicación intercultural, serio e importante como es, constituye también un tema de moda.  Hace recordar un relato que el héroe nacional cubano, José Martí, incluyó en su revista para los niños latinoamericanos, La edad de oro, a finales del siglo XIX. Se trata de cuatro ciegos que son llevados a conocer por primera vez a un elefante. Cada uno de ellos se acerca al animal y toca la parte que le queda más próxima, y así uno lo describe como la trompa, el  otro como la pata y otro más como la cola que ha palpado; incluso el cuarto, que se desvía y toca el asa de una fuente cercana, afirma que el elefante es redondo e inmóvil.

No es que nosotros seamos ciegos, pero somos seres y colectivos humanos mediados por muchas circunstancias, y así las percepciones que tenemos de la interculturalidad resultan sumamente variadas.

Hay una visión light de este fenómeno que lo reduce a un simple esfuerzo educativo, en el sentido de la tolerancia o de la competencia lingüística.  Y no es que estas facetas no sean capitales.  Pero se trata, a nuestro juicio, de que la perspectiva del determinismo tecnológico, omnipresente hoy, ignora o subestima los factores socioeconómicos y culturales, y en su lugar potencia el papel de las redes y los medios digitales, como herramientas dotadas de automatismo para superar las barreras culturales, en unos casos, o como condicionante fatal, en otros, para que las culturas hegemónicas dispongan del patrimonio cultural de comunidades nacionales o locales más débiles.

Hay una visión desde la dominación y hay una visión desde la resistencia, en la que se enfrentan a menudo los globalofílicos y los globalofóbicos.  A este autor le gustaría asumir un enfoque que pudiéramos llamar crítico de este problema.

Las relaciones interculturales son tan viejas como el mundo.  ¿Por qué, al cabo de miles de años, este problema ha adquirido la preeminencia actual?  Ello obedece posiblemente a: 1) la internacionalización vertiginosa de la vida en el planeta, debida al proceso de globalización neoliberal y al cambio tecnológico que lo acompaña, 2) las formas hegemónicas agresivas que adquieren las relaciones culturales a nivel mundial, y también, hasta cierto punto,  3) por la presencia de un discurso sobre derechos humanos, que obliga a tomar en cuenta las nociones de identidad, derecho de los grupos minoritarios, asimetrías de desarrollo, invasión cultural y otras.

Vivimos dentro de una cultura que trata de hallar sus respuestas, desde hace más de tres siglos, en el paradigma de la racionalidad.  Y la racionalidad, como han destacado numerosos pensadores (Zeitlin, 1997), busca su lógica en apresar el todo.  Il n'y a qu'un individu sur la terre: c'est le tout  (No hay sino un ser sobre la tierra: es el todo), dijo Rousseau.  Ese concepto tuvo luego eco en el sistema enciclopédico de Hegel:  La verdad es el todo.  La esencia del método que Marx descubre después en el sabio prusiano, y que sustenta sobre nuevas bases, es justamente la dominación, determinante y en todos los dominios, del todo sobre las partes.  José Martí, el cubano eminente, se detuvo fascinado ante la arquitectura del universo, esa fusión de lo uno y lo diverso, ensamblada en el orden cósmico:  El Universo es lo universo.  Y lo universo, lo uni-vario, es lo vario en lo uno... (T.XI.  164)  Todo, ascendiendo, se generaliza.  Todo, descendiendo, se hace múltiple... (T.XII.  441).

Los artífices de la Ilustración del siglo XVIII, forjadores de la modernidad, se plantearon como regla una cultura-mundo.  La razón no debía conocer fronteras de ningún tipo.  El hombre es un ser esencialmente racional y esa racionalidad es la que podía llevarlo hacia la libertad.  La filosofía de la historia de Hegel constituyó el fundamento de la racionalidad para las ciencias sociales modernas y contemporáneas (Obenga: 282).  A ese paradigma son comunes, entre otras, las ideas de la historia y el mundo como una totalidad y la del progreso lineal de esa totalidad-mundo, como realización de la razón  y como prueba del sentido de la historia.

Pero los iluministas llevaban implícito en su discurso el desgarramiento entre lo formal y lo real, que lastra hasta hoy el punto de vista burgués.  La burguesía logra su hegemonía porque hace ver sus intereses como intereses generales, de toda la sociedad (Acanda, 2002: 305).  Su pretendido universalismo deviene así en la práctica estrecho nacionalismo burgués.  Su idea de la cultura-mundo se convierte bajo este prisma en eurocentrismo hegemónico.  La visión igualitaria formal de los seres humanos encierra, por otro lado, un enfoque  instrumental de la relación sujeto-objeto. El sujeto, protagonista histórico, representado por la minoría rectora que dirige el proceso, y el objeto pasivo, los pueblos, que son ilustrados y conducidos. Con ello la Ilustración se traiciona a sí misma; divide a los hombres en dos grupos: los educadores y los educados...  la educación, concebida como ilustración, se configura bajo el signo de la dominación...  (Acanda, 2004: 24)

Ese punto de vista, como sabemos, conduciría directamente a estructurar la ideología del colonialismo y el racismo, y serviría para sustentar la idea de la misión civilizadora  de las potencias europeas en Africa, América Latina y Asia.  Conocemos demasiado bien lo que ha ocurrido con las relaciones interculturales en nuestra región en los últimos quinientos años para tener que detenernos a hacer un recuento.

La cultura ha sido definida como el conjunto de sistemas simbólicos que sirve no solo para definir e identificar las estructuras culturales y sociales, sino para articular la síntesis de dos partes esenciales de la cultura humana: el ethos y la visión del mundo  (Geertz en Kluver, 2003).  En ella cobra forma la construcción de consenso en que descansa una parte esencial del poder y su ejercicio.  Esa parte, ya advertida y categorizada por Gramsci desde su celda antifascista, crece cada vez más en nuestro tiempo; estamos tentados a decir que a ritmo exponencial, al compás de la revolución tecnológica, sin que por otra parte el poder renuncie en modo alguno a sus atributos de violencia física organizada.  Y ese proceso de hegemonización simbólica transcurre en la comunicación social.  Como ha señalado Armand Mattelart (1998: 9): La internacionalización de la comunicación es el fruto de dos universalismos: la Ilustración y el liberalismo.  Unas veces en oposición, y otras en convergencia, son dos proyectos de construcción de un espacio mundial sin trabas que buscan su concreción.

Todos nacemos, crecemos y nos formamos en una comunidad de sentido.  Esa cultura, que recibimos ya formada, y a la cual nos incorporamos, como sujetos y objetos, es una comunidad simbólica.  Ella permanece y existe en la comunicación.  Es en la comunicación entre las personas que esa cultura vive y se manifiesta como tal.  Las comunidades culturales son comunidades lingüísticas  (Rodrigo Alsina, 2003).

¿Cuál es aquí la relación entre lo global y lo local?  Pudiera decirse que la humanidad, como un todo, en tanto resultado de una historia única, posee también una cultura única, por más que ella sea asimétrica y diversa.  Sobran las evidencias de que entre todas las culturas hay rasgos unificadores, valores comunes y temas humanos universales.  La multiculturalidad es, pues, la forma de existir la unidad cultural humana.  Toda cultura, a su vez, por su contenido y su evolución diacrónica, es esencialmente pluricultural.  No hay culturas puras.  Lo sabemos.  Cada comunidad cultural depende y necesita de las otras.  Se ha formado en la historia en intercambio con ellas.  Su forma de existir debiera ser la interacción respetuosa mutuamente enriquecedora.

De lo anterior se desprende, además, una conclusión ética esencial. Desde el punto de vista objetivo puede haber muchas diferencias, pero como formas particulares de la cultura humana, todas las comunidades culturales son iguales, todas merecen la misma dignidad y respeto, pues expresan el derecho humano de quienes las vivencian y construyen a ser ellos mismos.

Cada comunidad cultural tiene también su propia comunicación intracultural, y eso lo vemos en países que, como Cuba, poseen una cultura nacional muy fuerte, unitaria, sin variaciones étnicas de peso, y donde sin embargo hay comunicaciones intraculturales básicas entre las regiones, entre la capital y las provincias, entre las generaciones que coexisten en la sociedad, entre  los géneros, los sectores, capas y grupos humanos de todo tipo.  Pudiera añadirse que la capacidad para el diálogo intercultural está como regla en proporción directa a la capacidad para el diálogo intracultural.  Sólo desde la identidad propia se puede hallar, o construir, las identidades comunes.  Una globalización que no implique el respeto, y el cuidado, por esa diversidad intrínseca del ser cultural universal  -se pudiera añadir-  no es una verdadera globalización humana, sino un proyecto de hegemonía, de violencia simbólica y de homogenización cultural.  Tal es la realidad que nos toca vivir en nuestra época.

Es innegable que en el mundo unipolar prevaleciente hoy se ha agudizado con fuerza la crisis de valores, normas y prácticas.  Se exacerba la deshumanización. La cultura de masas y la industria mediática que la monopoliza están arrasando con sus contenidos-basura, mecánicamente, sin síntesis orgánica, la diversidad cultural que tardó milenios en forjarse.  Estamos presenciando, con mayor o menos impasibilidad, políticas de violencia, racismo, tortura y degradación, implementada precisamente por estados que debían guardar una especial responsabilidad ante la humanidad.

Cultura de masas y medios de comunicación pasan a ocupar lo que Esteinou (1992) llama las puntas de hegemonía, las cuales desplazan, al menos hasta cierto punto, el papel clásico desempeñado por las instituciones educativas y en menor medida por las iglesias y otros agentes socializadores.  En esta apreciación coincide como Bourdieu (2002: 372):  A través del dominio casi absoluto que tienen sobre los nuevos instrumentos de comunicación, los nuevos amos del mundo tienden a concentrar todos los poderes, económicos, culturales y simbólicos, y están así en condiciones de imponer muy ampliamente una visión del mundo conforme a sus intereses...

Antes bien que una crisis en la ética de la comunicación, la cual indudablemente existe, estamos asistiendo a la crisis general de un sistema --el capitalismo mundial y su cabeza visible: Estados Unidos y el resto de exclusivo club de la OCDE--,  que, a la vez que aparece como victorioso en la arena internacional, muestra síntomas de agotamiento tanto material como moral.  Sobre todo moral.

El enfoque de mercado de los medios es funcional con estas realidades y entra en crisis junto con ellas.  Como apunta Cebrián (2003):  lo comercial se ha impuesto a lo cultural.  Se comercializa la cultura, pero no se vislumbra que se culturice lo comercial.  Dicho en los términos de Michael Traber (1997: 332), una ética social de la comunicación es absolutamente opuesta a la racionalidad económico-industrial que es comúnmente aplicada a los medios de masas.

Este es el momento para reflexionar en qué punto del camino se perdió la ruta y bajo qué circunstancias hemos llegado a esta situación.

Un análisis histórico y cultural podría mostrarnos que al menos una de las fuentes de esta sociedad unidimensional, que agrava los problemas globales en lugar de resolverlos, se halla en el momento en que la naciente y vigorosa civilización industrial europea se apartó del eje de la tradición cultural y ética occidental, simbolizada en nombres como Sócrates, Platón, Aristóteles, Tomas de Aquino y Kant  --quienes siempre divisaron el carácter único y la integralidad del hombre, la sociedad y la humanidad toda--, y se extravió por el camino del utilitarismo, la simplificación de los valores y el rechazo del conocimiento trascendental.

Un ilustre pensador venezolano, Antonio Pasquali (1991), se refirió hace ya años a este fenómeno, en el que las moralidades de corte hobbesiano, positivista y pragmatista han venido desplazando a las de raíz greco-judía-cristiana (353).  El advertía en otro de sus libros (1990), que la aberrante reducción del fenómeno comunicación humana al fenómeno medios de comunicación constituye un caso de perversión intencional de la razón, de tosco artificio ideológico.  Llegaba así a establecer la relación entre aquella pérdida del eje filosófico humanista de la cultura occidental y la atribución reduccionista a la tecnología de un poder incontrastable.  Las nuevas tecnologías son inventadas y exhibidas como si se tratase de productos independientes y autónomos capaces de generar luego, por irreversible y espontánea evolución, nuevas sociedades y nuevas condiciones humanas (12).  El insomnio de la razón tecnológica, no temperado por una racionalidad de los fines, produce monstruos (14).

El sistema hegemónico actual, limitado desde su origen por las contradicciones socioclasistas -léase, su dependencia de la explotación- no puede convertirse en un sistema-mundo con respuestas humanas y solidarias a los problemas de la sociedad.  Por eso no tiene en realidad solución al tema de las relaciones interculturales.  No puede armonizar lo global y lo local en la cultura, porque tampoco lo puede lograr en la política y la economía.  Está condenado, como aquel personaje shakesperiano, a matar y destruir, y en este caso a aplastar las culturas más débiles.  En estos tiempos de globalización, revolución científico-técnica y creciente conflicto con el medio natural, el sistema hegemónico unipolar llega por esta vía a un callejón sin aparente salida.

Tampoco, en honor a la verdad, la versión soviética del socialismo, centralista y autoritaria, pudo hallar una solución democrática y por ende perdurable al problema de la comunicación intercultural.

El pretendido "choque de civilizaciones" respalda y oculta hoy enfoques políticos dirigidos a mantener las inequidades e injusticias prevalecientes en el planeta.  Parte del nuevo "orden mundial" es la imposición de una virtual dictadura sobre la información y la vida espiritual, llevada a cabo en gran medida por los medios dominantes, como parte de un intento por establecer una cultura única, en correspondencia con un ambicionado sistema único a escala mundial en los campos político, económico y jurídico.

El sistema hegemónico mundial actual, liderado de modo casi hermético por Estados Unidos, dispone de un vasto y eficaz aparato ideológico-cultural, incluido un enorme sistema académico y universitario, que le permite asimilar a su punto de vista, y generalizar para el mundo, cualquier área potencial de conflicto.

Así está ocurriendo hoy con la comunicación intercultural.  Basta asomarse a un texto como el de Chen y Starosta (1998) para advertir cómo el problema es reducido casi por completo a las asimetrías y disfunciones que pueden aparecer en la comunicación interpersonal entre sujetos provenientes de diferentes culturas.

Kluver (2003) señala por su parte que sociedades y comunidades no tienen otra alternativa sino participar en este "Nuevo Orden Internacional de la información", pero el carácter de su participación esta conformada por condiciones especificas de tipo social, cultural, económico y político. 

En Bennet y Bennett (1993) hallamos una metodología para desarrollar de forma gradual las competencias para la comunicación intercultural, mediante un cambio evolutivo de los paradigmas.  El programa de educación o entrenamiento diseñado por ellos descansa en que las personas, de acuerdo con sus experiencias culturales, pueden tener una visión etnocéntrica o etnorrelativa acerca de las otras culturas.   En el primer caso, esas percepciones giran en torno a la cultura propia y pueden generar tres actitudes fundamentales:  1) Negación.  La cultura propia es vivenciada como la única real  2) Defensa.  La cultura propia es considerada la única buena, y se percibe a las otras culturas como una amenaza, y 3) Minimización.  Los elementos de la cultura propia son considerados universales.  Se minimizan las diferencias con otras culturas.  Las personas en un estadio cultural etnorrelativo, más avanzado, pueden transitar a su vez por tres peldaños básicos: 1)  Aceptación.  La cultura propia es vista como una más, a título de igual, en el mundo.  2)  Adaptación.  La experiencia de otras culturas es recibida como apropiadas y se aceptan esas otras visiones del mundo, y 3)  Integración.  Cuando la persona se halla en un estado en que es capaz de expandir la experiencia propia e incluirla dentro de otros puntos de vista culturales.

Los Bennett construyeron, a partir de este esquema, un método de entrenamiento ajustado a cada uno de estos seis estadios, a fin de mover las competencias y actitudes comunicativas de los individuos al peldaño siguiente.  Su tesis de partida, tomada de una alegoría de Friedman, es que una rana puede teóricamente llegar a ser hervida en una cazuela, si se le coloca primero en el agua fría y luego se le calienta lentamente. 

Es un ejemplo.  En él se pueden apreciar, en nuestro criterio, las ventajas y limitaciones del enfoque positivista.  Las primeras pueden consistir en su concreción y su sentido práctico, traducible en acciones.  Las segundas las vemos en la fragmentación de la realidad, en la reducción de un fenómeno sociocultural y económico muy complejo, como el de la marginación de minorías y pueblos, a una metodología educativa.  Como trasfondo general, se aprecia la ausencia de una perspectiva filosófica que permita comprender a la sociedad y la cultura como un todo.  Se trata, en resumen, de una vieja mutilación intelectual que hunde sus raíces en Auguste Comte y John Stuart-Mill.  Puede ayudar en algo, en un enfoque muy cortoplacista; pero si levantamos algo la vista, ya no nos puede llevar a parte alguna.

La poderosa escuela de pensamiento de Frankfurt nos dio herramientas de análisis crítico desde la primera mitad del pasado siglo.  Ya sabemos lo que ella significó para la formación de nuestra propia pléyade de pensadores latinoamericanos de la comunicación, tal como subraya Martín Barbero (1993: 49), no solo en términos de adherencia entusiasta, sino sobre todo de debate controversial.

Clifford Christians (1997) destaca que esta Escuela desde Herbert Marcuse ha demostrado elocuentemente que la moderna tecnología, lejos de ser neutral, materializa valores incompatibles con los compromisos centrales de la democracia  (192).  La tecnología actúa como una guillotina espiritual, decapitando otros valores (...)  La marea de información, lejos de permitir a la gente hacer sus juicios y formar opiniones, realmente los paraliza (193).  Los gigantes mediáticos se organizan libremente en una cultura del silencio y en un vacío moral, sin resistencia.  El reto es crear centros de conciencia crítica, un mosaico de pluralismo basado en principios, que reinvente el discurso moral de la diversidad cultural...  (194).

La comunicación intercultural tiene este sello ético, liberador, crítico, o no es tal comunicación intercultural.  No puede haber un verdadero compromiso con la pluralidad cultural, sin asumir la prioridad del ser humano y la igualdad de las comunidades culturales.  Y esto implica reconocer la existencia de determinados valores universales, que le sirven de sustento. Christians (1997: 23-24) identifica ante todo estos valores con la solidaridad universal  (dada la unicidad de la especie humana, la solidaridad universal es el principio básico de la ética y puede ser mostrado como el núcleo normativo de toda la comunicación humana), añadiendo el apego a decir la verdad, la no violencia y el compromiso con la paz.

Los herederos de Frankfurt en nuestros días, en el contexto postsocialista, se distancian del análisis crítico de la realidad, es decir, de la industria cultural, de los sistemas de medios, y dirigen su obra al campo formalista de la ética del discurso.  Enrique Dussel (2000), desde la perspectiva latinoamericana de la Etica de la Liberación, destaca la lógica vacía de lo postulado por Habermas y Appel y les imputa asumir las funciones legitimadoras del poder, hasta aquí ejercidas por la conciencia positivista reinante (258).

Un problema teórico que se presenta ante nosotros es si la cultura utilitaria e individualista modeló este orden político, social, económico y comunicativo hoy dominante, tal como lo afirma Max Weber, o si ocurrió precisamente lo contrario.  Este autor sostiene esta última perspectiva.  Sin embargo, esto no significa que la cultura, y particularmente la conciencia moral, no sean capaces de cumplir un papel activo y esencial en la producción y reproducción del propio sistema, y en la movilización de las fuerzas de cambio.

Este papel es ciertamente tan importante, que sólo desde la lucha de ideas, desde la política y la ética, es posible promover y llevar a cabo los cambios que con tanta urgencia necesita toda la humanidad.

El reto teórico y metodológico, como apunta Christians (2000) es reemplazar el eje eurocéntrico de la ética de la comunicación por un modelo de ética comparativa

No es casual que ante un Frankfurt europeo de bajo perfil, el enfoque crítico en el terreno de la comunicación intercultural provenga hoy, fundamentalmente, de la ética de la liberación latinoamericana y de algunos sectores de la intelectualidad religiosa intensamente preocupados por lo que ocurre en el mundo.

Clifford Christians, un jesuita norteamericano de la Universidad de Urbana, algunas de cuyas ideas ya hemos presentado, lidera desde hace décadas a profesores e investigadores de universidades de la Compañía de Jesús en Missouri, California e Illinois.  El ha defendido como tesis central la necesidad de devolver a la cultura occidental su eje ético y filosófico, basado en el hombre como objetivo supremo.  Sin esos principios, dice, el razonamiento moral cae en una regresión infinita que termina en la nada (1997: 12) 

Si los derechos individuales -señala Christians (1997: 21)-  son el eje alrededor del cual giran los medios del sistema, la más radical alternativa a los derechos individuales sería la solidaridad humana universal.  En lugar de la sociedad concebida por los pensadores de la Ilustración en base a John Locke, es decir, personas separadas que solo por contrato acuerdan vivir en comunidad, el opuesto radical es obviamente la raza humana entera.  La última cota de todo individualismo es la unicidad global.  El universalismo contradice al individualismo en sus raíces, y el centro de la ética comunitaria no es la comunidad por sí misma, sino la solidaridad humana como un todo.

En este mismo sentido hallamos los pronunciamientos del escolapio José Segalés (2004), en el evento que la Cátedra Calasanz organizó en la universidad veracruzana Cristóbal Colón.  Allí se recordó, a propósito de la interculturalidad, que en el mundo hay registradas 6 809 lenguas distintas (Hall, 2004).  Podría añadirse también que hay unas 20 000 comunidades culturales situadas al margen de la llamada cultura del mainstream.  El neoliberalismo, señala el padre Segalés, ha conseguido colonizar nuestra vida y nuestra inteligencia con un pensamiento humanista engañoso.  Fomentando la sensación de ser hombres libres.  (...) Se trata de sentirse libre porque no se piensa en las causas de lo que ocurre (69).  En toda América Latina vivimos la agonía cercana a la muerte ya de todos los idiomas nativos, llamados despectivamente "dialectos", se espera que el totonaca, el tojolabal, el tzotzil, el náhuatl o el otomí mueran, para llenar páginas y páginas de revistas especializadas y salones de museos  (70).

Piedra angular del pensamiento crítico intercultural son las ideas del pensador lituano Enmanuel Levinas, cuya dimensión ética halló continuidad en la filosofía y la pedagogía del brasileño Paulo Freire (1993):  Yo no puedo existir si un No-Yo.  A su vez, el No-Yo depende de tal existencia.  (...) Ya no hay más el ‘yo pienso', sino el ‘nosotros pensamos' (...) La comunicación implica una reciprocidad que no puede ser rota.  La comunicación es un proceso -yo-tú o yo-ello- pero nunca un solo elemento aislado.  La comunicación no es la transferencia de conocimiento, sino un encuentro dialógico de sujetos que la crean juntos. 

Sobre ese cimiento humanista se ha erigido la obra de Pasquali, Rebellato, Boff, Betto, Martín Barbero, Orozco y muchos otros.  En ella se anuncia una nueva dimensión de la comunicación y la cultura, sin la cual no podría haber emancipación real ni un posible mundo mejor.

Al igual que la Ilustración del siglo XVIII despejó el camino hacia la eliminación del absolutismo, aunque perdiera sus alas muy pronto en una cultura materialista, eurocentrista y utilitaria, esta nueva ilustración es indispensable ahora para preceder y sustentar el paso hacia una sociedad realmente humana.  Los medios debieran ser actores eficaces de este cambio.  Si aquellos medios monopolizados por el poder no pueden ocupar ese lugar, hay posibilidades crecientes para la alternatividad.  El papel que desempeñaron los panfletos y los libros excomulgados del siglo XVIII lo podrían ocupar ahora la Internet y los nuevos sistemas digitales.  La diferencia a establecer es de orden moral.  La ética de la comunicación siempre contempla la justicia social  (Traber, 1997).

A fin de cuentas, la humanidad nunca se plantea un objetivo sin que al mismo tiempo posea, o esté desarrollando, las ideas y las fuerzas que lo pueden alcanzar.

Un nuevo universalismo será necesario, como síntesis de los mejores y más avanzados principios en la experiencia de la lucha por un mundo de amplia libertad política, plena realización del ser humano, justicia social, equidad, cooperación y solidaridad.  Un lugar prominente en este enfoque ecuménico será ocupado por la tradición patriótica y humanista de cada nación, al igual que la ética y aspiraciones de las grandes religiones universales.

Frente a esta tarea se levantan, ciertamente, formidables obstáculos.  Se puede enumerar algunos de ellos, tal vez los más evidentes:

1-Es una lucha de ideas, precisamente en el terreno donde más fuerte es el poder hegemónico, sobre todo el norteamericano: el dominio del capital simbólico.  Recordemos la advertencia de Herbert Schiller (1976: 106-107):  Los modelos culturales, una vez establecidos, son interminablemente persistentes.

2-Se trata de un empeño que, en las condiciones modernas, resulta inseparable del empleo de las tecnologías de la información y la comunicación, las cuales, si bien abren hoy espacios democráticos y oportunidades sin precedentes, están sometidas en última instancia al capital monopólico global.

3-El entorno de esta lucha, matizado por conflictos políticos, violencia, ingobernabilidad, deterioro social, crisis energética, agotamiento de recursos naturales básicos y destrucción de la biosfera, nutre con irrefutables argumentos a los abanderados del cambio, pero también desata en el poder global tendencias fascistas extremas orientadas hacia el empleo preferente de la fuerza militar y la propaganda del terror.

4-Como ya advirtieron Chomsky y Herman (1990: 21), resulta mucho más difícil combatir a un sistema propagandístico cuando éste formalmente no actúa en un marco totalitario, sino que se presenta en nombre de la libertad individual y el placer, es decir, cuando los medios de comunicación son privados y no existe censura formal (...)  cuando tales medios compiten activamente, atacan y exponen con cierta periodicidad los errores del gobierno y de las corporaciones.  

Nuestras culturas latinoamericanas, rezagadas en cuanto a desarrollo tecnológico y productivo, y a determinadas ramas de la ciencia, poseen sin embargo una profunda tradición humanista y tienen, además, el enorme potencial de su esencial unidad.  Ellas pueden ser una fuerza extraordinaria en la remodelación del mundo del futuro.  Nosotros tenemos ideas y valores que han sido sepultados por la cultura anglosajona dominante, pero persisten como brasas bajo las cenizas frías, en espera de su hora.

Un punto clave está en no hacer tabla rasa con el pasado, sino, por el contrario, restablecer el centro de nuestra tradición cultural y ética, afirmar todas las conquistas valiosas de la civilización occidental, a fin de resideñar sobre esa base un nuevo orden mundial, el cual se podría expresar con las palabras de Juan Pablo II:  "Globalicemos la solidaridad".

Intentemos, para finalizar, una recapitulación sumaria de diez ideas fundamentales:

1-Una auténtica y universal comunicación intercultural, que preserve todo lo valioso de la diversidad cultural del mundo, y la sintetice en lo global, no es viable bajo el actual orden mundial.

2-La comunicación intercultural, sin embargo, no es una meta: es una construcción cultural, y por ella se debe luchar cada día, en todo espacio y por todas las vías, sin esperar condiciones favorables, como parte de la lucha por la trasformación del mundo.

3-La dimensión esencial de la comunicación intercultural es ética: se trata de un problema fundamental de solidaridad, igualdad y justicia entre los seres humanos, y no puede ser reducida a un tema de tecnologías y medios.

4-La comunicación intercultural es condición de desarrollo para todos los pueblos del mundo, ricos y pobres, industrializados y subdesarrollados, en tanto significa disponer de la herencia y la obra común de la humanidad.

5-La lógica de la tecnología que sustenta los procesos de la globalización económica y cultural puede y debe ser empleada por los pueblos, en sentido inverso, como oportunidades para ampliar la democratización de la comunicación. 

6-Lo global y lo local no son dos perspectivas excluyentes.  Sólo un sistema irracional y antihumano puede enfrentarlas.  Cada comunidad cultural se fortalece en el reconocimiento, el intercambio y la integración con las demás culturas. 

7-La emancipación de las relaciones culturales de su actual signo hegemónico es inseparable de la lucha por la transformación de las relaciones económicas, políticas, sociales y ecológicas del sistema vigente.  Se puede y debe utilizarlas para "construir poder desde abajo", pero sigue siendo indispensable, en determinado momento del proceso, "ejercer el poder, desde el poder mismo, para cambiar a fondo las realidades".

8-Instrumento y soporte teórico en la construcción de la comunicación intercultural debe ser un nuevo pensamiento ecuménico, que recupere el centro filosófico y humanista de nuestra cultura.

9-Los pueblos de América Latina, con su cultura variada, única y rica, pueden hacer un aporte decisivo a la regeneración de los flujos comunicativos hoy dominantes, cargados de mercantilismo e inhumanidad.

10-Hombres y mujeres críticos, sujetos de su propia emancipación, participantes activos del diálogo cultural, estarán en el centro de una  construcción intercultural que tendrá como valor supremo la solidaridad universal.

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UNA APROXIMACIÓN A LA ENTREVISTA DE SERVICIO A LA POBLACIÓN

UNA APROXIMACIÓN A LA ENTREVISTA DE SERVICIO A LA POBLACIÓN

Dra. MIRIAM RODRÍGUEZ BETANCOURT,

Profesora Titular de la Facultad de Comunicación

de la Universidad de La Habana.

La entrevista, como término, y en su acepción más conocida,  puede ser definida en lo esencial por cualquier persona: una conversación entre dos.  Pero no es tan sencillo, porque una somera inmersión en este ámbito, desde el intercambio que caracteriza a la del  Periodismo hasta la  que se practica en la Comunicación Institucional, nos revela su importancia, su complejidad y las razones de su extensa y variada  utilización en diversas actividades y disciplinas

Examinemos,  brevemente, algunas de las definiciones clásicas:

Puesta en relación de dos personas; conversación con el propósito de obtener información  válida y apropiada; momento en el cual se produce el encuentro de dos individuos dentro del contexto de la intersubjetividad  de persona a persona; campo en el cual los fenómenos que acontecen adquieren su significado en virtud de las relaciones que guardan entre sí.

Todas apuntan a una característica esencial: que se trata de una forma de comunicación interpersonal.  También a que es una situación de conversación con diversos grados de estructura.

Partiendo de la entrevista periodística se observa que ella ha experimentado una serie de cambios creativos.  Se ha ido  modificando paulatinamente pasando a ser, de una simple información de lo escuchado, a una pesquisación de la manera de pensar, a una indagación que va a descubrir el interior de la gente, sus opiniones, sus convicciones.  Y por ello se convierte en un importante método de investigación.

Como obtención de  información, que es por antonomasia su función principal, sigue siendo un método válido, realmente irrenunciable, pero también como testimonio, como expresión cultural que tiene incidencia en la comunidad.

Esa transformación  es el resultado de las apropiaciones de este género, de cómo se ha interrelacionado con otros tipos de entrevista, la sicológica, la dedicada a obtener empleo, la judicial, la policíaca...

Sin embargo,  en el sector profesional y en la propia reflexión teórica  son insuficientes todavía tanto el conocimiento como el tratamiento sistemático y científico de las técnicas y principios de la entrevista desde el punto de vista  técnico-profesional y psicológico.  No son pocos los que creen que se trata sólo de una técnica que puede ser mejorada y perfeccionada mediante la práctica continua.   Pero, entre otros muchos, Ana María Robles apunta:

"La entrevista es un hecho complejo, una situación de interacción donde están presentes aspectos de la psicología individual, de la comunicación interpersonal y aspectos de tipo técnico" (1).

Por su parte, Daphne M. Keats recuerda el vasto  entramado de procesos cognoscitivos que esta forma de comunicación personal pone en juego, por ejemplo, observación, memoria, inferencia lógica, adquisición de conceptos, categorización y reciprocidad  (2) 

Variada es la tipología de las entrevistas, y según  cada clase difieren también en cuanto a especificidad y formalidad,  entre ellas las que se emplean para la contratación de personal (llamadas de selección);   las de evaluación del personal,  las de investigación y las que pertenecen  al amplio campo de  los medios de comunicación masiva.  A su vez,  se registran subdivisiones en cada una de ellas, como en las de selección, que se bifurcan en paneles de selección y en grupo, y las periodísticas, que pueden ser informativas, de opinión, de personalidad o biográficas, individuales, de grupo.  Como señala Alejandro Acevedo,  "dado el carácter dinámico y desarrollante de las entrevistas, cualquier intento de clasificación (...) resulta demasiado restringido" (3)

A la entrevista hay que acudir en cualquier entidad. "De una u otra manera, en las organizaciones hay momentos en los que es imprescindible impartir información, y momentos en los que es indispensable recoger información.  De la precisión con que estos diferentes momentos se lleven a cabo, depende en gran medida el desarrollo y el crecimiento de las empresas y/o instituciones". (4)

Una de las entrevistas más singulares  es la que denominamos "Entrevista de servicio a la población" (E.S.P.) y que, con distintas variantes según la actividad concreta,  se realiza cotidianamente en las instituciones, de modo muy especial en aquellas que brindan servicios, o en las entidades dedicadas a atender quejas y problemas en cualquier esfera de la realidad social como son, por ejemplo, las oficinas o departamentos de Atención a la Población del Poder Popular.

Resulta curioso que a este tipo de entrevista, que se practica tan frecuentemente,  no se hayan dedicado estudios particulares, tal vez porque rompe patrones en cuanto a una de las regularidades del género al invertirse la gestión de solicitud.  Con excepción de la entrevista clínica, "el tipo más flexible de entrevista, puesto que permite muchas variaciones en estilo y acercamiento" (5) no se asemeja a ninguna otra.

Su singularidad radica en la diferencia de roles que los interlocutores asumen en ella,  los objetivos de cada uno y las  exigencias que deben cumplirse para su realización,  lo que la distinguen de casi todos los demás tipos de entrevista

Se le puede definir, básicamente, como el intercambio de información que se produce entre dos interlocutores, con lo cual se parecería mucho a la periodística si nos detenemos en que también se cumple en esta el traspaso de información.  Pero tampoco es tan sencillo, pues de entrada cambian los roles: uno  de los dos dialogantes no es el que brinda información al otro, más o menos espontáneamente, sino que, por el contrario, es quien solicita el diálogo, ya que requiere plantear un problema, el que puede consistir en una queja, una crítica o una inquietud casi siempre relacionadas con sus intereses individuales. Es a este a quien se denomina, por lo menos en la experiencia cubana, "el reclamante" y, en otros casos, el cliente.

Es importante destacar que aunque esta entrevista sea pedida por el usuario, cliente o reclamante, no es él quien conducirá el diálogo, ni observará técnicas ni recursos especiales durante la conversación.

A su vez, el  que  accede a la solicitud,  un funcionario designado generalmente para cumplir  esta actividad,  no es el que interroga como método básico de obtener información- aunque formulará preguntas también con ese fin en el desarrollo de la conversación--pues su tarea fundamental es  responder y orientar a su interlocutor con el objetivo final de solucionar el asunto en cuestión.

La solución a la que nos referimos no significa, por cierto, que el reclamante obtenga siempre del  funcionario respuesta conducente a resolver su problema, pero una E.S.P. puede considerarse exitosa si  el reclamante queda complacido con  la atención, las explicaciones y las orientaciones recibidas. 

Debido a estas características, la E.S.P. requiere de condiciones especiales para su desarrollo, tanto desde el punto de vista técnico -habilidades, capacidad comunicativa, observancia de principios sicológicos- como de aquellas, a  veces subestimadas, que se relacionan con el entorno, locales, presencia personal, etc.

En resumen,  podemos conceptualizar  a la entrevista de servicio a la población   como una modalidad especial de entrevista problémica, solicitada a una entidad  para exigir soluciones a un problema determinado.

Entre los procedimientos  rectores de este tipo de entrevista, destacaremos algunos en particular,  aunque ellos no agotan el repertorio de procedimientos, recursos y habilidades a los que se puede acudir  para intentar garantizar su   éxito.

Refiriéndonos a las técnicas, habría que referirse en lugar preferente al par preguntar-escuchar,  binomio inseparable. Hablar y escuchar  constituyen el corazón del repertorio de habilidades del entrevistador (6).  Sin saber preguntar bien, sin saber escuchar bien, no es posible que la entrevista -ninguna, por cierto-cumpla su cometido.  Y mucho menos en esta a la que nos referimos.

En muchas entrevistas, uno tiene la oportunidad de prepararse, de conocer el tema y sus antecedentes. En la E.S.P. generalmente no es así;  los conocemos cuando tenemos al reclamante frente a frente. Esto quiere decir que el funcionario está obligado a un conocimiento vasto de los problemas de la entidad o entidades que representa, de modo que sea capaz de sintonizar rápidamente con el asunto que se le plantea y formular, consecuentemente, las preguntas necesarias.

Una regla de oro en las entrevistas de servicio a la población es evitar hacer preguntas capciosas,  o que pongan en tela de juicio las opiniones, informaciones o quejas de los reclamantes.  Hay que preguntar de modo directo, específico y breve, pues ello da al interlocutor la sensación de que su planteamiento interesa.  Tampoco se deben hacer varias preguntas a la vez o una sola donde se aborden  varios puntos al mismo tiempo; el otro puede optar por responder solamente a una de las cuestiones, perdiéndose información.

También en la E.S.P. hay que evitar formular preguntas que puedan responderse con sí o no, salvo que ese sea un propósito o una necesidad del funcionario, porque en ocasiones se consideran  agresivas o irónicas.  Las respuestas tajantes derivadas usualmente  rompen la posibilidad de continuar determinada  estrategia. Así, en vez de decirle al reclamante o cliente ¿Usted  no sabía  que esa ley existía?, es  preferible preguntar ¿Por qué no denunció antes este problema?, lo que lleva  a que la persona reflexione, busque causas, razones.

No se considera adecuado tampoco la pregunta hipotética, digamos: ¿Qué cree usted que pudiera pasar si plantea su caso en Fiscalía?  El funcionario o representante está para orientar, no para plantear dudas.

Según avance la entrevista, es correcto apoyarse en las respuestas para ir logrando encauzar la conversación,  confirmando, de paso, las informaciones al tiempo de involucrar al interlocutor en el problema.

Igualmente es recomendable concentrar toda la atención en la persona a quien atendemos, hay que evitar por todos los medios cualquier tipo de distracción o interrupción.  La escucha tiene que ser activa, nunca abandonar demasiado el contacto visual con el interlocutor cuando estemos anotando asuntos que llamen la atención o que sean necesarios para gestiones posteriores.  Es mucho más difícil escuchar como se debe, que hablar, porque escuchar requiere una cierta dosis de sacrificio.

El punto de vista del entrevistado -un entrevistado muy peculiar que ha pedido serlo-tiene que ser escuchado, respetado.  No se puede partir de la premisa, tan recurrente, de que hay puntos de vista incorrectos, sino de que son diferentes   Y si una respuesta no parece clara, es preferible pedir que nos la expliquen pues ello contribuye a elevar la responsabilidad del otro en la información que se le está solicitando.

Al  tradicional entendimiento de  que "la mejora en la calidad del servicio de atención al ciudadano se debe fundamentar (...) en tres aspectos prioritarios: la organización del trabajo, las herramientas de gestión y las instalaciones"(7 ) bien pudiera añadirse esta modalidad de entrevista  porque, desarrollada con acierto, contribuye sin duda a mejorar, consolidar y ratificar la imagen de la entidad.

Notas:

1-Robles, Ana Virginia, La entrevista como una forma de comunicación interpersonal y su utilización en el periodismo. Cuadernos de Periodismo No. 5. agosto, l980, Caracas, pág. 20.

2-Keats, Daphne M ,  La entrevista  perfecta, Editorial Pax, México, l992, pág.13

3-Acevedo L, Alejandro, El proceso de la entrevista, conceptos y modelos, Editorial  Limusa, México, 2OOO, p. 25

4-Acevedo, L. A. ibidem

5-Keats, D  op.cit. p.28

6-ibidem , pp. 66-67

7-García de Sola, Pablo  "La atención al ciudadano" en periódico El País, Madrid,  febrero 8, 1998, p.29

   

LA CRÓNICA DE VIAJE. INDAGACIÓN Y DESLINDE

LA CRÓNICA DE VIAJE. INDAGACIÓN Y DESLINDE

Lic. LUIS SEXTO,

Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

Habrá que regresar al pasado, al más remoto pasado, para deducir que las crónicas de viaje pudieron tener su origen en el andar consciente del hombre que no huye ni camina al azar. Nuestra especie ha experimentado desde sus estadios más humanizados las urgencias de vivir y contar lo vivido. De ahí, podríamos suponer, dimana la vocación literaria y periodística de los seres humanos. Vivir para contar lo vivido. Y esa frase nos hace recordar el último libro de un narrador ejemplar, García Márquez. Por lo cual uno ha de aceptar que de ese afán de fijar la experiencia y de compartirla, parten los orígenes de la civilización, la plenitud del Hombre que, impuesto de sus necesidades colectivas, las comunica en un servicio implícitamente solidario.

Los más célebres viajeros de la Historia tributan, por lo común, a los bancos de conocimientos sobre la antigüedad o siglos posteriores; sirvieron en su momento, incluso, para ahuyentar las dudas, los miedos, para tentar las ambiciones que globalizaron el mundo. Pocos, si algunos son tan temerarios, negarán la influencia de los textos de Pausanias, finales del siglo II después de Cristo; de Marco Polo (1254-1324); del italiano Antonio de Pigafetta 1491-1534), con su Relación del primer viaje alrededor del mundo; del ruso Nicolai Mijáilovich Karamzin(1766-1826); de los cronistas de Indias, que componen fuentes de primera mano más o menos fiables de la conquista y la colonización del llamado Nuevo Mundo al que trasplantaron el Viejo: entre ellos Bernal Díaz del Castillo, autor fundamental, a quien en un libro titulado Periodismo y literatura: el arte de las alianzas, le adjudico el crédito de ser un antecedente del periodismo literario, como también he sabido más tarde que lo hizo el ensayista venezolano Mariano Picón Salas. Más próximo a la actualidad podemos enumerar al francés Pierre Loti,  fallecido en 1923, autor de varios libros de "andar y ver", según la terminología usada por Ortega y Gasset,  que leídos hoy nos dan antecedentes y detalles cotidianos que facilitan enjuiciar diferendos y conflictos étnicos, geográficos y políticos.

El primer problema que se nos presenta en este estudio, es de precisar el concepto de crónica. Hoy es excesivamente polisémico. Incluso se ha convertido en un comodín para clasificar todo texto cuyo género se desconoce o se resiste a ser precisado. Pero afortunadamente la teoría periodística intenta dilucidar los principios esenciales de la crónica. El primer aspecto se concentra en su etimología que proviene del griego cronos: tiempo. De modo que cronista viene siendo aquel que lleva el tiempo. ¿Eran cronistas desde ese punto de vista los españoles de los siglos XV y XVII que recorrieron América y contaron cuanto vieron y oyeron?  Quizás algunos sumamente prolijos y minuciosos, como exigían las cartas de relación. Cronistas, como redactores de anales -leí a veces coronistas- eran tal vez aquellos escribanos que anotaban las incidencias de la corte. El Diario de Navegación de Colón puede incluirse en esa intención de "llevar el tiempo" y sus incidencias en la travesía. Pero lo distingue una detalle que lo convierte en algo más: en un documento literario, en una crónica de viaje: el papel central que cobran las impresiones y juicios del marino que lo ha apostado todo a regresar a bordo del ridículo o en la nave almiranta de la gloria.

Hemos de convenir en que crónica, hoy, es el enunciado periodístico literario donde predomina la subjetividad. Es un género híbrido; se mezcla con el reportaje, la remembranza, el lirismo de la poesía. Pero impresiones y emociones integran la sustancia de la crónica: sigue perdurando la exaltación romántica del yo. Puede el autor incluso escribir en tercera persona, pero siempre estará presente la primera del autor como eco doliente o jubiloso del texto, voz que conduce el relato y lo teje con el vellón de las impresiones y la emotividad. De la crónica ha de salir un cuadro eminentemente personal, mediante el protagonismo de los sentimientos. Habitualmente la realidad no aparecerá solo como es, sino, además, cómo se refleja en la sensibilidad del cronista.

El libro de Marco Polo, que fue leído y subrayado por Colón y por tantos aventureros más,  no compone  una crónica de viaje. Marco Polo es un adelantado de la naciente burguesía; está imbuido del espíritu de la época: expandir el mercado. Vive en una ciudad marítima,  uno de cuyos lemas es: vivir no es necesario; viajar es necesario. Su intención fue describir las riquezas del gran Khan e informar sobre rutas y caminos para habilitar el comercio. Podría ser el precursor de la actual inteligencia empresarial. O anticipador de los turoperadores. No es, pues, estrictamente, un cronista de viaje. Y si nos puede parecer así, es por los elementos de fantasía que añadió Rustichello, el escribano oriundo de Pisa, a quien el viajero veneciano le contó en la cárcel los pormenores de su recorrido por el Oriente.  Y esto último lo ha señalado la doctora Claudia E. Méndez, de la Universidad de Pennsylvania, cuyo texto: Alfonsina Storni: escritora y periodista. Análisis de dos crónicas de viaje publicadas en La Nación, he consultado para esta conferencia.

Es decir, en los relatos de Pausanias, Marco Polo y otros viajadores que veían, preguntaban, como más modernamente hizo Humboltd, la intención superaba un prurito de expresión personal; más bien sus textos propiciaban recoger información y conocimientos. Dictaba en ellos un afán de historiadores, demógrafos, geógrafos, comerciantes, políticos, memorialistas. Y así sus documentos son libros o documentos de viajes; no crónicas de viajes. Detengámonos en Pausanias: su relato titulado Descripción de Grecia sirve hoy por su exactitud como guía de turistas y arqueólogos. O veamos el libro de un autor alemán del siglo XVIII, que Ortega y Gasset  estudia en Viajes y países, aunque reproduzco un fragmento de las memorias de Juan Everardo Zetzner  sólo para ilustrar las diferencias estilísticas con respecto de las crónicas de viaje, pues, en cuanto al contenido,  su juicio más bien parece un prejuicio:

Las mujeres  de España no se pintan sólo el semblante, sino también los hombros... Jamás un español exigirá el menor trabajo de su esposa, porque todas, ricas y pobres, le responderían: "no hemos venido al mundo para trabajar, sino para agradar a los hombres y hacerles placer". Por lo demás suelen ser las españolas de muy buen talle, aun cuando sus teces sean de ordinarios cetrinas y su temperamento muy ardiente. Un extranjero que se preocupe algo de su salud hará bien manteniéndose  en guardia, así frente a las pasiones del bello sexo como frente a los vinos de este país.

En la contemporaneidad,  el poeta norteamericano Langston Hughes narra sus viajes como marinero de un mercante; también sus vivencias como corresponsal en España durante la guerra civil, pero su intención en Inmenso mar, publicado en 1940, persigue más lo autobiográfico que la impresión de la crónica de viajes. Esa es la separación axiológica de unos y otros textos: los divide la intención y, por supuesto, el resultado que se deriva del propósito de autor. Ahora bien, en el ya mencionado Pierre Loti, uno de los cultores de la "poética de viajes" (introduzco el término "poética" para diferenciarla de la literatura de viajes, que puede no ser artística, porque sea "aplicada", de acuerdo con la nomenclatura de Alfonso Reyes en Apolo o De la Literatura). Loti matiza sus libros con ciertos colores impresionistas, a pesar de su intención de anotar objetivamente cuando ve y oye.

Este es uno de los párrafos en  su libro Galilea:

Es una impresión singular lo que se experimenta penetrando aquí, bajo el pesado sol de la tarde, convertido insensiblemente en más caluroso que sobre las vaporosas alturas de Hattin, en sus calles, en sus suburbios, al borde mismo de las aguas centelleantes.

Hoy precisamente es el día del gran sábado, el día de la Pascua, y esto le da un aire de melancolía dominguera, de fiesta triste, en medio de sus barrios muertos.

Desde el prefacio, Loti muestra la  tensión emocional de su relato:

Yo he recorrido la triste Galilea durante la primavera y la he hallado muda bajo un inmenso manto de flores. Los aguaceros de abril caían aún sobre ella, y aquello no era más que un desierto de hierbas, un mundo de ligeras gramíneas que adquirían nueva vida arrulladas por el cántico de innumerables pájaros. Los grandes recuerdos, los despojos, las osamentas, parecían dormitar allí más profundamente bajo el silencio de renovación de las plantas, y en mi relato he querido removerlas apenas. En las proximidades de Nazareth y del mar de Tiberíades, la inefable visión de Cristo mostróseme dos o tres veces, errante, casi inasequible, sobre el tapiz infinito de los linos rosados y de las pálidas margaritas de oro, y la he dejado huir entre la balumba de mis palabras demasiado groseras...

El concepto de crónica  generalmente vigente en América Latina, Cuba incluida,  proviene de los escritores modernistas de finales del siglo XIX y el primer cuarto del XX. Los modernistas -Rubén Darío, Gutiérrez Nájera, Amado Nervo, Enrique Gómez Carrillo- tomaron de los franceses el enunciado leve, lírico, espolvoreado por las artificios de la estética, que reconocemos como crónica. Muchos de ellos escribieron crónicas de corresponsal, también de viajes, y todos las matizaron con el predominio de las impresiones personales. Incluso José Martí, ligado por  la conciencia renovadora de la lengua a los modernistas, pero distanciado de ellos  en espíritu y acción, dotó a sus crónicas de calidez artística, sobre todo a las que podríamos llamar de viajes,  a pesar de las síntesis políticas y éticas que distinguen sus textos. ¿Cómo calificar su Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos si no de una extensas crónica de viaje desde su salida de La Española hasta el sitio de su muerte?

La mañana en el campamento. -Mataron ayer una res y al salir el sol ya están los grupos de calderos. Domitila, ágil y buena, con su pañuelo egipcio, salta al monte y trae un acopio de tomates, culantro y orégano. Uno me da un chopo de malanga. Otro, en taza caliente, guarapos y hojas. -Muelen un mazo de cañas. Al fondo de la casa, la vertiente con sus sitieríos cargados de cocos y plátanos, de algodón y tabaco silvestre. Al fondo, por el río, el cuajo de potreros; y por los claros, naranjos, alrededor los montes, redondos, apacibles: y el infinito azul arriba con esas nubes blancas, y surcan perdidas, detrás la noche. -Libertad en lo azul.-

Coincidentemente,  Alfonsina Storni escribe una crónica de viaje en La Nación, y notamos una resonancia del estilo cortante, rápido, pictórico, a base de oraciones breves, nominales, incluso unimenbres, que Martí emplea en el Diario citado. La poetisa argentina, en 1930, describe su entrada en Río de Janeiro:

Azul ceñidor de mar. Pardo de montañas. Blanco de espumas. Verde de enredaderas. Laderas sembradas de viviendas. Rosa. Edificios grises. Rejas negras. Trajes amarillos. Palabras musicales. Vehículos afiebrados. Cuerpos bellos semidesnudos. Negros estupendos. Mujeres embriagadoras. Playas de oro anchas, largas, infinitas. Arrollados de olas esmeraldas destorciéndose en las orillas. Sol. Sol. Más sol. Arcos de dientes salpicando de nieve el torbellino azul, el torbellino verde, el torbellino dorado.

Hamaca el cuerpo, hamaca los sueños, hamaca las ideas.

No está fija, no. Se balancea con su mar, sus montañas, sus casas, sus árboles y sus hombres.

Continúa:

Junto al portal, en la vereda, un joven irreprochablemente vestido de blanco. La piel aceitunada. Los ojos negros. La boca muelle. Bello. Quieto. Miraba y no veía. La curva fina de su figura espejaba la voluptuosidad de la sombreada calle que se extendía ante él, e iba a morir al mar. Una palabra rezumaba todo su ser:

-Amo.

Durante los años que discurren entre l960 y l970 y algunos más adelante, Carlos E. Mesa, miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, publicaba crónicas de viajes en la revista mexicana Ábside, dirigida por el polígrafo Alfonso Junco, de quien también leí un largo texto acerca de unos meses pasados en Madrid. Carlos E. Mesa, artífice de un estilo castizo -¿ha de extrañar si proviene de un colombiano?-, pintaba en sus crónicas nuevos y antiguos viajes por España, en una prosa fina, trabajada sabiamente hasta rondar con los linderos del amaneramiento, sin conspirar contra la naturalidad. Sensible, culto, Mesa nos hacía ver el detalle con una lucidez que, sin deslumbrar, encantaba.

A las tres de esta esplendorosa tarde de mayo ha entrado en Becerril de Campos el peregrino de Colombia. Uno, adrede, sobre caso pensado, se llama peregrino. Porque la tierra que pisa es sagrada y aquí debe llegarse con la unción del peregrino y no con la superficial novelería del turista.

Uno ha entrado en un pequeño, limpio restaurante. En la estantería hay botellas de licores de varias marcas antiguas; hay vinos oscuros, amarillentos, rosados. Debajo del mostrador, en ancha nevera, hay cervezas, naranjadas, limonadas. Tres tertulios añosos alternan la conversación y lo  sorbos de un vinillo fresco. Uno de ellos, alto, enjuto, canoso, con algo de figura del Greco, está contando anécdotas de Alfonso XIII. Los dos restantes oyen, mueven la cabeza, se miran. No se han dado cuenta, al parecer,  de los dos forasteros que en este momento rehúyen el resistero de la calle y añoran la perdida siesta.

Más recientemente, la mexicana Alma Guillermoprieto ha dado una versión original de la crónica de viaje. En  Al pie de un volcán te escribo (Plaza & Janes, 2000) la autora habla de sus impresiones y hallazgos informativos sobre diversas capitales de América Latina. Elige lo más vigente,  que es  a veces lo más sórdido; informa, interpreta. Pero, aunque los textos fueron escritos en inglés para publicaciones norteamericanas, incluso con los resortes ágiles y objetivistas del periodismo de los Estados Unidos,  uno nota el temblor de lo más humano de la crónica: la sensibilidad angustiada del que, queriendo ser solo testigo, no puede rehuir la conciencia de la compasión o de la solidaridad. 

En una noche así es posible creer que Medellín está a punto de ahogarse en su propia sangre. Desde la década pasada, el nivel de violencia ha rebasado de tal forma lo racionalmente concebible -incluso en un país tan violento como Colombia- que las estadísticas no tienen sentido: ¿Qué significa, por ejemplo, el hecho de que el año pasado, el más violento de la historia de Medellín, fueran asesinados más de 300 policías, junto con unos tres mil jóvenes entre los 14 y los 25 años? (...) Hubo el caso del representante de la izquierda radical en el Concejo municipal -un hombre cortés y trajinador al que también entrevisté alguna vez- que fue asesinado en su despacho por un joven que traspasó sin problemas los controles de seguridad de la entrada. Hablé con un hombre que había sufrido seis atentados  y que estaba esperando el séptimo refundido en un chaleco antibalas, no muy seguro de sobrevivir.

En Cuba, según mi breve registro, no se han clasificado muchos cronistas de viajes. En el siglo XIX, Cirilo Villaverde compuso Excursión a Vuelta Abajo. En la década de 1920, también un poco antes, Víctor Muñoz publicaba una columna titulada Junto al Capitolio y la firmaba con el seudónimo de Attaché. Escribía desde Cuba sobre gente y cosas norteamericanas como un corresponsal o un viajero en los Estados Unidos. Y el resultado me pareció tan correcto e interesante como el resto del periodismo de Muñoz. A él también le gustaron y las encuadernó en un libro llamado como su espacio: Junto al Capitolio, con prólogo de Manuel Sanguily. Muy a principios del siglo XX, el cardenense Emilio Bobadilla, Fray Candil, escribía sobre sus viajes en el estilo ácido y bullente que distinguió a su genio y a... su mal genio.  Jorge Mañach  publicó en 1926 algunas crónicas de viajes por el interior de Cuba, en su columna Glosario, de los periódicos El País y Diario de la Marina; igualmente, otro ensayista, Francisco Ichaso. Además, el narrador Enrique Serpa, la poetisa Ofelia Rodríguez Acosta y el historiador Gerardo Castellanos.

Verano en Tenerife (1958), de Dulce María Loynaz, puede conceptuarse en principio como  una crónica de viaje que le ha dado nombradía a la renombrada poetisa. Y es más: trasciende la superficialidad  de la primera capa de escritura descriptiva, trabajada durante casi seis años, para descubrir sucesivas capas de significación poética, como lo ha hecho notar Ramón de la Portilla

Cuba se destaca, en particular, por haber inspirado, entre 1493 y 1943 unos 630 libros, según la bibliografía del doctor Rodolfo Tro compilada en 1950. Varios han sido publicados en las últimas décadas de modo que hemos podido enterarnos de cuánto interés suscitó nuestra Isla en extranjeros de diversa procedencia. Sobresalen el titulado Cartas, del pastor norteamericano Abiel Abbot (1828), y Notas sobre Cuba, de  Jonh G. Wurdemann (1844), médico de la misma nacionalidad. En el mismo siglo XIX, el español Jacinto Salas y Quiroga nos dejó un volumen con notables apuntes y observaciones. Estos, y posiblemente la mayoría de los títulos, no pueden ser clasificados como crónicas de viaje; predominan los empeños científicos, historiográficos, periodísticos y autobiográficos. Me parece que Viaje a La Habana, de la francesa de origen cubano, Condesa de Merlin (1789-1852), y el libro de la sueca Frédika Bremer (1801-1865)  y La Tierra del Mambí, publicado en inglés en 1874), del irlandés James O'Kelly, destacan por sus calidades literarias, rasgos que los incluyen entre las crónicas o la poética de viajes. O'Kelly, en lo particular, es un antecedente preclaro del periodismo literario.

Lo último con valores memorables que recuerdo escrito por cubano, desde el punto de vista periodístico literario, se publico con el epígrafe de Cro-nicas: el novelista Manuel Pereira, las remitió desde Nicaragua al diario Granma, en la década de 1980.

En estos días he leído textos en sitios de Internet, bajo el título genérico de "crónicas de viajes". Y cuanto he visto ha sido la enumeración fría, deslucida de un recorrido por ciudades o países. Uno luego de la lectura queda vacío, indiferente, entre una multitud de frivolidades. Echamos de menos, al menor contacto, el trabajo de estilo, la emotividad, la impresión, la humanización, propios de la voluntad consciente de "andar y ver".