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LA COMUNICACIÓN EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO: DESAFÍOS PARA LA UNIVERSIDAD

LA COMUNICACIÓN EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO: DESAFÍOS PARA LA UNIVERSIDAD

Lic. CARMEN SIMONA MATUTE,
profesora de la Universidad Bolivariana de Venezuela,
Zulia, Maracaibo.

1. COMUNICAR, INFORMAR O PROPAGAR

El debate central y puntual hoy en Venezuela socialista bolivariana, acerca del papel que los medios de comunicación pública han cumplido en estos 50 años del “desarrollo y de la modernización”, toca necesariamente la formación profesional de comunicadoras y comunicadores sociales, por cuanto son ellas y ellos quienes ven, seleccionan, construyen, interpretan y valoran la realidad social para procesar, elaborar, editar y a veces hasta difundir la información de actualidad, ya sea impresa o audiovisual.

También son quienes producen, animan y conducen programas audiovisuales. Asimismo, actúan como entrevistadores, talleristas y facilitadores de procesos sociales comunitarios; son docentes, investigadores sociales, diseñadores y planificadores de acciones de organización popular; técnicos y programadores audiovisuales; diseñadores gráficos, relacionistas, publicistas, responsables de medios y hasta directivos de instituciones públicas o privadas de diferente nivel y capacidad productiva.

Como puede apreciarse, la gama del ejercicio profesional y del oficio es bastante amplia; se entrecruzan ejercicios profesionales de diversos encargos sociales y hasta se disuelven fronteras en el oficio, tanto, que a veces corren paralelas y muy de cerca con quienes tienen a su cargo actividades de propaganda, profesionales o no, en sectores productivos específicos de la sociedad venezolana.

Para la tesis de maestría en Ciencias de la Comunicación –Convenio IPLAC Cuba-Venezuela- y del doctorado de UBV en Comunicación e Información, ambos actualmente en curso, la elección de investigación está dirigida centralmente al estudio de la intencionalidad de los mensajes periodísticos, en seis diarios venezolanos, durante los procesos eleccionarios del 3D-2006; 2D-2007 y 15F-2009, para identificar cómo diversas técnicas redaccionales pueden llegar a constituirse en una poderosa arma de persuasión que responde más a fines propagandísticos que informativos propiamente dichos. El periodista Federico Álvarez (+) la conceptualiza como la información dirigida, la cual tiene como propósito fundamental persuadir al destinatario, provocar en él determinado tipo de comportamiento, incidir en la opinión pública para inducir conductas, actitudes y/ o respuestas concretas, sin que el mensaje revele sus propósitos, lo que Álvarez denomina mensaje instrumental (1).

Ahora bien, ¿quiénes comunican e informan a la sociedad sobre los hechos de actualidad y pertinencia social? ¿Desde cuáles espacios productivos? ¿Quiénes realizan las prácticas sociales de promover la comunicación y la información en todos los sectores de la sociedad? ¿Quiénes impulsan la construcción de espacios y redes de información y comunicación populares? ¿Cómo lo hacen? ¿Con cuáles fines e intereses? ¿Cómo es el proceso de formación, quiénes los actores del mismo y con cuáles instrumentos y herramientas pedagógicas? Y así, una serie de interrogantes relacionadas con ese campo profesional y sus correspondientes áreas. He creído pertinente estudiar ese proceso de formación de grado de los/as profesionales de la comunicación social, pues son quienes tienen la responsabilidad de comunicar e informar a la sociedad para mantener el estatus quo o para estimular procesos de reflexión a fin de que los sujetos piensen y que ese pensar los lleve a transformar su realidad (2).

Esa realidad plantea la necesidad de diagnosticar, a partir de documentos institucionales y de la manifestación práctica de habilidades y conocimientos para la solución de problemas, cómo se forma el profesional de la comunicación social en la Universidad Bolivariana de Venezuela, hacia dónde orienta su desempeño, cuáles son los espacios de producción que le reciben y de qué forma contribuye a transformar la realidad venezolana en momentos históricos de tanta importancia para la construcción de una nueva sociedad de carácter humanista.

En el presente estudio hay una categoría didáctica del currículo (3) que es fundamental en la formación del profesional ubevista, se trata de Proyecto, unidad que, de acuerdo con la teoría curricular de enfoque sistémico, aplicada al presente caso, ofrece los siguientes rasgos:

a) concentra varias de las características del objetivo (“instrumento mediante el cual se dirige la confección del currículo hacia el cumplimiento de lo que la sociedad necesita”);

b) tiene elementos del contenido y el método (“lo que se proyecta que se manifieste en el proceso docente y cuyas características responderán al objetivo”);

c) señala cuestiones del problema, (“como elemento que objetivamente une a la realidad social con la institución docente…con lo cual es el punto de partida para caracterizar” la formación de grado en comunicación social de la Universidad Bolivariana de Venezuela y que “tiene que estar reflejada tanto en el currículo como en el desarrollo del proceso docente educativo que éste modela”).

Para apreciar con mayor claridad ese proceso educativo que conlleva la formación, debería hacerse un estudio comparativo con el perfil del comunicador social que diseñan y proyectan otras instituciones de educación superior en Venezuela. Ese esfuerzo trasciende los límites del presente trabajo y queda planteado para la tesis de maestría y la del doctorado ya enunciadas.

Sin embargo, por ser egresada de la Universidad del Zulia, Maracaibo, y haber ejercido en dicha Institución por más de 20 años, además de labores administrativas, también las de docencia-investigación-extensión, considero mi
deber mencionar los esfuerzos que desde hace 15 años realizan docentes y estudiantes de la Escuela de Comunicación Social para superar las dificultades del currículo, lo que llevó a la creación del Centro de Investigaciones de la Comunicación-CICI- y a plantearse puntualmente la necesidad de superar problemas de formación detectados por los propios egresados, tanto en acciones investigativas como ante el encuentro con la realidad laboral.

II. CÓMO LA REALIDAD SOCIAL SE SOBREPONE A SI MISMA

El 21 de julio de 2009 egresa nacionalmente la primera promoción ubevista de licenciad@s en Comunicación Social. Son 525 mujeres y hombres, de los cuales,196 están en la Sede Zulia (Maracaibo), la cual, hasta ahora, responde también por los Programas de los estados andinos Trujillo y Mérida. El diseño curricular ofrece una salida intermedia de Técnico Superior Universitario en Producción de Medios de Comunicación, a partir del sexto y octavo semestres, según los planes sean de ocho semestres o a través de la Misión Sucre, 10 semestres. Tres grupos han alcanzado ya su formación y egreso de TSU en los años 2006, 2007 y 2008. Son mujeres y hombres que ingresaron a la UBV en el mes de octubre de 2003, realizaron el Programa de Iniciación Universitaria-Piuni y comenzaron regularmente su formación académica entre marzo-abril del año 2004.

En Maracaibo, l@s próxim@s licenciad@s forman parte de las diez mil personas que con título de bachiller (educación secundaria), el gobierno bolivariano de Venezuela censó entre julio-octubre de 2003 para que ingresaran como estudiantes de la UBV. Habían sido excluidas, borradas, por el sistema de selección educativa de la denominada cuarta república. Provistas de una gran fortaleza espiritual y de un deseo inmenso por estudiar, estas personas llegaron desde los sectores populares infinitamente más humildes, donde sólo se atrevían a entrar las misiones de salud Barrio Adentro y las de educación, Robinson, Ribas y Sucre.

Acudieron desde sus 500 años de exclusión y coloniaje los indígenas, afrodescendientes y criollos, creando una bulliciosa y multicolor población estudiantil que por primera vez conoció la igualdad y el derecho al estudio. Surgieron jóvenes, madres solteras, trabajadoras domésticas, buhoneras, vendedores ambulantes de comida y ropa, taxistas, obreros de la construcción, y de innumerables oficios artesanales y manuales que acudieron al llamado de la Revolución Bolivariana para hacerse universitarios desde la inserción social, transformando su conciencia social a través de la praxis social, la reflexión y la acción sociopolítica.

En aquel entonces, como únicos requisitos se solicitaron las calificaciones de bachillerato (5 años) o copia simple del título de bachiller, copia de la cédula de identidad, dos fotografías y la manifestación escrita de querer ser estudiante de la UBV. Fueron tres los Programas de Formación de Grado iniciales: Comunicación Social, Gestión Ambiental y Gestión Social para el Desarrollo Local. Se adoptaron los criterios de establecer un máximo de cinco años entre la fecha de egreso de la secundaria y el ingreso a la UBV; y un límite de 30 años de edad para ingresar. Revisado el censo, 8.000 hombres y mujeres, entre 18 y 30 años, fueron ingresando por oleadas anuales a la educación superior bolivariana.

En octubre de ese mismo año 2003, nació la Misión Sucre y personas de todas las edades llenaron los ambientes educativos de esa Misión –denominados Aldeas Universitarias- que cuenta con el respaldo académico de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

Tres momentos pedagógicos ha vivido la UBV, en particular la Sede Zulia, que se corresponden con enfoques acerca de la formación profesional, el rol de lo administrativo y académico, la creación e inicio de nuevos programas de formación de grado, que ya alcanzan a 11, y la creación y funcionamiento de la municipalización de la educación superior como hecho novedoso en el sistema educativo venezolano que definitivamente universaliza la educación haciendo de toda la Patria una escuela según el ideal bolivariano.

El primer momento desde la aprobación por el Consejo Nacional de Universidades, el 1º de julio de 2003, según acta número 114 y creación por Decreto nº 2517 del Presidente Hugo Chávez, en julio 18/2003, hasta marzo del 2006. El segundo momento se sitúa entre abril 2006 y primer semestre 2008; y el tercero, aún está vigente. Cada momento ha estado signado por principios filosóficos y pedagógicos plasmados en respectivos documentos. El primero, conocido como el documento rector, lleva la firma del entonces ministro del Poder Popular para la Educación Superior, Héctor Navarro, y está inspirado en las ideas sobre la educación y la filosofía del francés Edgar Morin.

Las bases conceptuales del documento rector refieren en lo fundamental a “criterios de orden sociopolítico, ético, pedagógico y epistemológico que deberán sustentar y cobrar expresión en todos los componentes, programas y prácticas, que confluirán en la construcción de la identidad académica de esta universidad: 1. responsabilidad con lo público; 2. equidad social; 3. pertinencia social; 4. democracia participativa; 5. calidad e innovación; 6. autonomía responsable; 7. ejercicio del pensamiento crítico; 8. formación integral; 9. educación humanista y ética; 10.educación a lo largo de toda la vida; 11.complejidad; 12. incertidumbre.

En ese inicio, el Programa de Formación de Grado en Comunicación Social, como unidad académico-administrativa en la cual los estudiantes desarrollarán su trayectoria de formación, relacionada con la carrera universitaria profesional elegida, y bajo los lineamientos de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, planteó lo siguiente:

“Por ser un fenómeno que está en la base de todas las prácticas sociales y por constituir el mundo humano y social desde sus más íntimas dimensiones, la comunicación es un objeto de estudio que se caracteriza él mismo por su propia incertidumbre y complejidad, por lo borroso de sus límites, lo inaprensible de sus contenidos siempre cambiantes e inacabados y por el carácter variable y abierto de sus formas y su desarrollo”. Y más adelante: “Todas estas razones que justifican ampliamente el interés por la comunicación social como objeto de estudio, como campo de formación, y como espacio de desempeño profesional, adquieren un particular carácter en el contexto de sociedades como la nuestra, en donde la comunicación (entendida en sus implicaciones culturales y educativas) adquiere un papel protagónico en la necesidad de un desarrollo humano sustentable, de la construcción de una cultura democrática y ciudadana, y de una sociedad más, libre, justa e igualitaria”.

(La UBV) “…formará un nuevo tipo de profesional preparado teórica y técnicamente para afrontar los nuevos retos que tiene el país, de manera de comprender los complejos procesos culturales y comunicacionales que vienen adelantándose en el mundo durante los últimos años, pero ofreciendo respuestas tanto en la manera como debemos insertarnos en ellos, como en la conformación de nódulos (sic) comunicacionales propios que produzcan información periodística, educativa, artística y cultural y construya una opinión pública democrática e intercultural…(esto obliga a abordarla) “desde un enfoque interdisciplinario y transdisciplinario, y también desde un paradigma que de cuenta de su complejidad, de sus múltiples interrelaciones e interacciones con otros saberes y prácticas sociales y discursivas, sin caer en la tentación de la generalización que disuelve todo saber en el ámbito de la comunicación, sino que es capaz de examinarla integralmente en sus múltiples determinaciones y conexiones, y establecer sus campos específicos”. (UBV Documento Rector 2003, pp. 106 a 110).

Los ámbitos de ejercicio profesional siguen siendo: comunidades, cooperativas, asociaciones civiles, fundaciones, organizaciones no gubernamentales, y otros grupos organizados; instituciones públicas nacionales, regionales y locales; medios de comunicación alternativos y/o comunitarios (impresos, radio, TV, cine), en Internet, agencias alternativas de información locales, regionales, nacionales e internacionales; medios masivos de información; organismos y organizaciones internacionales; empresas y otras instituciones privadas; instituciones educativas y centros de investigación.

Igualmente se describen las competencias profesionales en cada una de las áreas de trabajo y tienen que ver con habilidades, destrezas y conocimientos que impliquen acciones de diseño, desarrollo, identificación de necesidades, planificación, evaluación, monitoreo, gerencia, redacción, producción, conducción, locución, organización. Igualmente, el documento rector enuncia y describe las líneas de investigación del Programa, los requisitos de permanencia y graduación, los títulos a otorgar y el sistema de evaluación.

III. PROYECTO COMO BASE DEL (LA) COMUNICADOR(A) INTEGRAL QUE EXIGE LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA BOLIVARIANA

El programa de estudios de la UBV se estructuró sobre cuatro áreas denominadas Proyecto I, II, III y IV, especie de macro unidad curricular a la cual tributan las unidades curriculares correspondientes a cada período lectivo ( y se mantiene hasta el presente) y alimentó la formación integral ciudadana-profesional organizando tres ejes desde los cuales se distribuían las tres grandes áreas de saberes y prácticas específicas:

Eje profesional, que fungía como unidad de especialización profesional en medios impresos, audiovisuales o electrónicos.

Eje Sociocultural, Ética y Político, constituía una unidad de formación en las problemáticas socioculturales, éticas y/o políticas referidas a los espacios sociales e institucionales de/en la comunicación social.

Eje Estético-Lúdico, cuya finalidad fue la de orientar, con unidades curriculares específicas y en forma sistemática y evaluativa, el desarrollo de la creatividad, la imaginación y la sensibilidad para posibilitar el goce estético del estudiante a través del conocimiento y la práctica de las diversas expresiones del arte y el deporte, familiarizándolo con los valores solidarios presentes en los eventos individuales y colectivos.

Esos ejes desaparecieron durante el segundo momento pedagógico que vivió la Universidad y hasta hoy los esfuerzos se concentran en fortalecer el área de Proyecto, la cual valida y legitima la característica de inserción social en la formación del ciudadano(a)-profesional, propia de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

Para caracterizar Proyecto lo haremos desde lo ontológico: sin Proyecto, la UBV sería una más de las instituciones educativas superiores. Es un área que despierta amores y rencores; sentimientos contradictorios de aceptación y rechazo por el trabajo social in situ; entusiasmo y evasión; liberación de los ambientes enclaustrados y temor al rechazo comunitario; incertidumbre ante el recibimiento de la comunidad; seguridad o inseguridad ante la constancia, la perseverancia, la paciencia, la comprensión, la convicción para el trabajo comunitario, y como es de esperar, todos los respectivos opuestos a estas cualidades que son las que permiten convivir en las temperaturas maracuchas de más de 35º, por ejemplo.

Debería haber una manera de calibrar cualitativamente a estudiantes, comunidades y docentes antes y después de la experiencia vital de Proyecto. Que debe entenderse como el espacio de formación educativa e instructiva- por darle nombres conocidos- con flexibilidad horaria, donde estudiante-comunidad-docente se encuentran para intercambiarse conocimientos, sentimientos, pensamientos, ideas, historias de vida, análisis de sus realidades comunes y particulares, alegrías y hasta pesares, compartir sueños y empujar juntos hacia la utopía realizable de la Patria socialista bolivariana, sin exclusiones ni dogmatismos.

¿Cuáles son los resultados? Nuevos modos sociopolíticos de organización popular y comunitaria; creación de espacios de comunicación e información abiertas y las respectivas redes; formación de investigadores incorporando a los equipos de investigación a los propios habitantes de la comunidad y estudiando directamente sus realidades; promoción del protagonismo comunitario; conciencia de la igualdad social y de los deberes y derechos La comunicación en la sociedad del conocimiento: ciudadanos; incorporación a redes económicas de producción social; ejercicio comunitario de la contraloría social; mejoramiento de la calidad de vida (salud, educación, alimentación, vivienda, seguridad); conciencia de Patria porque se labra; sentido de pertenencia; rescate de la identidad nacional perdida en la globalización y en los cascarones de la modernidad y el “desarrollo”; igualdad de género; respeto a la diversidad y a lo pluricultural…Es decir, hacer realidad la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la Ley de Responsabilidad Civil en Radio y Televisión, la Ley de Telecomunicaciones y el Código de Ética del Periodista Venezolano. ¡Eso es todo!

El enfoque metodológico principal es el de la Investigación Acción Participante y, según el documento Jornada de Reflexión UBV XXI. Momento II. Proyecto como Medio Articulador Social y Eje de la Geometría del Poder (UBV 2007-2008), los principios a considerar en la unidad básica integradora Proyecto, plantean lo siguiente:

“El desarrollo de los proyectos de aprendizaje, forma parte del diseño curricular de cada uno de los Programas de Formación de Grado de la Universidad Bolivariana de Venezuela, en un intento deliberado de eliminar la separación existente la teoría y la práctica. Esta metodología se sustenta en los principios rectores de esta Universidad como son: aprender a aprender y aprender-haciendo…

“El proyecto, asumido como integrador y articulador, tiene su fundamentación en coordenadas políticas y filosóficas que derivan en perspectivas y posturas epistemológicas, axiológicas, pedagógicas, entre otras…

“Se consideran fundamentales las coordenadas políticas que apuntalan la visión colectiuva e integradora latinoamericana, la democratización del conocimiento, la masificación de la universidad como nueva etapa de un concepto antiguo, las reivindicaciones de los pueblos originarios, el pensamiento político bolivariano, robinsoniano, incorporando además las posturas de pensadores latinoamericanos como Martí, Mariátegui, Freire, entre otros, los cuales dan brillo a nuestra identidad y valoran nuestros saberes autóctonos, nuestra concepción del mundo, nuestra dignidad y soberanía, la defensa de nuestras costumbres y recursos, de manera que proyecto es un espacio de desarrollo de la identidad latinoamericana, el espacio de rescate del pensamiento bolivariano, y un cristal de valoración de nuestra producción cognoscitiva…

“Los principios son: Vinculación teoría-práctica; formación de valores; responsabilidad social; pertinencia social; trabajo colectivo; democratización del saber; movilización social”.

Y más todavía, para ser una universidad coherente con la propuesta y la práctica, la respuesta dialéctica de la universidad popular debe estar a tono con la organización popular, “debe ser dada en orgánico contacto con la máxima expresión de la organización comunal, el Consejo Comunal. En Comunicación Social –que proponemos debería ser Comunicación Social Integral- su ámbito de desempeño sociopolítico, cultural, ético y económico es el Comité de Información y Comunicación de los Consejos Comunales. Así encaja perfectamente, Proyecto concebido como la respuesta al movimiento popular: Proyecto y Consejos Comunales.

IV. EL CAMINO DE PROYECTO

Ese título recuerda los versos de Antonio Machado: Caminante no hay camino/se hace camino al andar…Y a nuestro cantautor Alí Primera: Rezando, pero remando hasta llegar a la orilla...

En el PFG Comunicación Social, UBV Zulia, los 52 docentes que allí participamos hacemos camino al andar, rezamos y remamos para ir construyendo ese sueño posible de la mayor suma de felicidad para todos, de la igualdad social, del reino de la libertad que es la conciencia de nuestras necesidades para superarlas en colectivo y convivir en el mundo de la justicia social.

Varios equipos se han constituido para, desde hace más de cinco años, para darle forma programática a Proyecto: hay varias sistematizaciones y conceptos políticos y educativos para caracterizar esa unidad articuladora. En Consejos Nacionales de Comunicación se debate el punto. Además de lo que está explícito e implícito en documentos centrales, contamos con los programas de Proyecto I y Proyecto II, elaborados por la Sede Bolívar, en el sur del país. La Sede Zulia, occidente de Venezuela está trabajando en los programas de Proyecto III y Proyecto IV.

El profesor Rafael Boscán, del Zulia, compendió en un documento de 30 páginas los Criterios generales para la ejecución de Proyecto en Comunicación Social, originados en el debate realizado durante el Consejo Nacional del Táchira, donde se propuso el concepto político de Proyecto: “Es el espacio instituido en la UBV para la construcción y fortalecimiento del poder popular, a través de la educación en la palabra y en la imagen de usuarios libres de la manipulación mediática”.

Las profesoras Adriana Bermúdez y Erika Casanova coordinan actualmente un equipo que integran entre muchos y muchas otras docentes, José Javier León, Sheila Valbuena, Arlenin Aguillón, Jesirée Ramírez y Carmen Simona Matute para sistematizar las experiencias educativas-políticas de Proyecto y conducir la elaboración de los programas III y IV. Este debate continúa abierto por todos los flancos. Citamos a Gramsci en La formación de los intelectuales. (Grijalbo, México, 1967:127): La lucha contra la vieja escuela era justa, pero su reforma no era cosa tan simple como parecía serlo; el problema no era de esquemas programáticos, sino de hombres, y no de maestros, sino de hombres como expresión del complejo social. (Y de mujeres también, decimos desde acá).

En Venezuela socialista y bolivariana estamos intentando hacer una revolución educativa “con nuevos paradigmas metodológicos adaptados a la nueva realidad del país, ajenos a metodologías reproductoras del sistema, funcionalistas y positivistas, enclaustradas en el método científico tradicional. Por tanto, es necesario lograr en lo metodológico una propuesta propia, que de forma coherente y sin eclecticismo pueda tomar elementos positivos de distintos métodos apropiados para una investigación formativa y transformadora”. (Criterios metodológicos)

Y señalamos la importancia del deslinde entre lo que es el aprendizaje por proyecto (como método educativo) más el proyecto de la UBV, que tiene un tiempo académico, finito; y el proyecto de la comunidad de la cual se trate, que es permanente porque es su vida, el cual recibirá el impulso del equipo estudiantil-docente, cierto, y hasta puede llegar a convertirse en el proyecto de estudiantes que vivan en la comunidad o que estén dispuestos a caminar junto con ella durante su estancia vital. No actuar de manera asistencial, benefactora, caritativa, sino desde la ética de lo colectivo, de la corresponsabilidad en construir juntos, en equivocarnos y comenzar de nuevo, en compartir los riesgos, en aprender juntos. Con el maestro Simón Rodríguez: Inventamos o erramos.

Proyecto I: Agenda, estructura y funcionamiento de los medios masivos (crítica de lo mediático).

Proyecto II: Comunicación, cultura política y democracia (comunicación no mediática, experiencias alternativas).

Proyecto III: Discurso de los medios de difusión masiva y opinión pública (formación y organización de usuarios en los Consejos Comunales y otras organizaciones populares).

Proyecto IV: Creación y consolidación del poder mediático comunal y socialista (creación de nuevos medios populares, contraloría mediática, espacios para la participación/comunicación no mediática, producción nacional, etc.)

Notas:

(1) ÁLVAREZ, Federico. La información contemporánea. Contexto editores, Caracas, 1978.

(2) KAPLÚN, Mario. Paradigmas y modelos de comunicación. Modelos de educación y modelos de comunicación. Tomado de “Una pedagogía de la comunicación (el comunicador popular)”. Ed. Caminos. La Habana, 2003. En Comunicación social. Selección de textos. Félix Varela, La Habana, Cuba, 2003,p 86.

(3) VARGAS JIMÉNEZ, Antonio. Dr. C. Fundamentos y principios para la elaboración del currículo. Fotoc.maestría Ciencias de la Comunicación, Convenio IPLAC Cuba-Venezuela 2009.

5. BIBLIOGRAFÍA GENERAL

ALVAREZ, Federico. La información contemporánea. Contexto editores, Caracas, Venezuela. 1978.

GRAMSCI, Antonio. La formación de los intelectuales. Editorial Grijalbo, colección 70, 1ª edición en español. México, D.F., 1967.

KAPLÚN, Mario. Paradigmas y modelos de comunicación. Modelos de educación y modelos de comunicación. En “Una pedagogía de la comunicación (el comunicador popular)”. Ed. Caminos, La Habana, Cuba, 2003. Selección de textos de comunicación social. Capítulo 2, pp. 63-86. Compilador: Luis López Viera, Edit. Félix Varela, La Habana, Cuba, 2003.

DOCUMENTOS

Documento Rector de la Universidad Bolivariana de Venezuela., Caracas, 2003.

Jornadas de Reflexión UBV XXI. Momento II. Proyecto como medio articulador social y eje de la geometría del poder.

Programas de Formación de Grado en Comunicación Social, UBV, Carcas, 2003-2009.

Criterios generales para la ejecución de Ptoyecto en Comunicación Social.

Papeles de trabajo de los equipos constituidos en Comunicación Social, UBV 2008-2009 y de reuniones de medios alternativos y medios comunitarios.

LA CULTURA EN TIEMPOS DE GLOBALIZACIÓN

LA CULTURA EN TIEMPOS DE GLOBALIZACIÓN

Dra. EDDA DIZ GARCÉS,
subdirectora del semanario Trabajadores.

“La cultura está situada en el sistema

nervioso central de la civilización,

desempeña en la historia social el
papel sintetizador que en la vida juega el

metabolismo humano. En la cultura hacen

síntesis los elementos necesarios para la

acción, el funcionamiento y la generación de

una vida cada vez más amplia”
 (Armando Hart Dávalos).

Dicen que en 1983,  los Tuareg, tribu nómada del Sahara, detuvo diez días su migración anual para poder ver el final de la  serie televisiva estadounidense Dallas, cuyos 356 capítulos fueron traducidos a 67 lenguas y han sido emitidos en 90 países; en Costa de Marfil muchas mezquitas adelantaron sus horarios de oraciones durante 1999 para permitir a los televidentes disfrutar de la telenovela mexicana Marimar; Mickey Mouse y el Pato Donald se transmitían en China con las voces dobladas en lengua mandarina, y las viejas películas de Cantinflas editadas en México han sido vistas en las pantallas de Marruecos dobladas al árabe (Sonntag y Arenas, 1995).

¿Qué se deduce de estos hechos? Ante todo, que la globalización no se está expresando sólo en la economía, mediante la interconexión global de los mercados y los capitales, sino también y de manera importante, en el plano de la cultura.

Las formas culturales en la sociedad actual están mediadas de manera creciente por el impetuoso desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, sobre las que se han encabalgado las industrias culturales, con tendencia a la conformación de un grupo de megacorporaciones globales que ejercen un indudable poder sobre los dos componentes estratégicos de la comunicación, los vehículos y los contenidos, que de hecho les permite ejercer determinado control sobre la opinión pública mundial e imponer moldes estéticos.

Pero como bien acuña Barbero (2002), la comunicación aparece también como lugar de dos estratégicas oportunidades: aquella que abre la digitalización posibilitando la puesta en un lenguaje común de datos, textos, sonidos, imágenes, videos, y la configuración de un nuevo espacio público y de ciudadanía en y desde las redes de movimientos sociales y de medios comunitarios.

Contrariamente a lo que algunos argumentan, los productos culturales globalizados a través de los medios electrónicos de comunicación han sido incapaces hasta hoy de generar “identidades globales”, por lo que equiparar las ideas de globalización y de homogeneización cultural es una visión simplificadora, como lo ilustran no pocos estudios (García Canclini, 1995, 1998, 2000; Ortiz 1996, 2004, 2005; Moneta 2000; Pineda 2002; Barbero 2002, 2004a; Giménez 2000, 2002; Mato 2000, 2001; Ianni 1999; Díaz-Polanco 2007).

En este contexto, habría que preguntarse cómo y en qué medida los hombres y las culturas se perciben e identifican en sus diferencias y hasta qué punto la autopercepción que se alcance, desde el punto de vista de la sociedad mundial, influencia y modifica su conducta (Moneta (2000: 178).

Este propio autor (1999:29) ya había llegado a la conclusión de que “si la dimensión cultural de nuestras vidas se moviliza fuertemente en los períodos de grandes mutaciones es, sin dudas, porque el espacio simbólico, el de las representaciones que nos proveen un orden posible de las cosas, resulta un espacio decisivo, tanto para la expresión como para la resolución de tensiones”.

En consecuencia, cada vez más las respuestas a los problemas de la sociedad actual están atravesadas/mediadas por la cultura en su sentido más amplio y complejo, como eje de comprensión e interpretación de la diversidad de procesos y transformaciones sociales que en ella tienen lugar.

¿Qué entendemos por cultura?

Para Raymond Williams (1976) cultura es una de las dos o tres palabras más complicadas del lenguaje inglés, lo que se aviene con la conclusión de García Canclini (2000) de que “uno de los pocos consensos que existe hoy en los estudios sobre cultura, es que no hay consenso”, mas, pragmáticamente acepta que ante la necesidad de seguir investigando y hacer políticas culturales, es necesario apropiarse de algunas definiciones operativas, aunque sean provisionales e inseguras.

También Williams, a pesar de su preocupación con este término, sobre lo cual insiste al recordar las inquietudes que le llevarían a la redacción del libro Cultura y Sociedad (1958), pasa de la catarsis conceptual a la reflexión constructiva: “el abanico de significados muchas veces superpuestos de esa palabra garantiza la riqueza de su análisis”.

En 1952 los antropólogos norteamericanos Alfred Kroeber y Clyde K. Klukhohn  reunieron casi 300 maneras de definir la cultura, mientras el antropólogo y sociólogo francés Georges Balandier (citado por Bisbal, 2001) en la década de los años sesenta encontró más de 250.

Históricamente, apareció primero la cultura como tal, después la palabra cultura (en latín), cuya acepción entonces no tenía nada que ver con la cultura, sino con el cultivo del campo y el culto a los dioses, y luego el primer concepto de cultura (cultivarse, especialmente por el culto a los clásicos griegos).

Cultura fue empleada metafóricamente por el orador, político y filósofo romano Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.) en su célebre tratado filosófico y moral Tusculanae disputationes (Disputas tusculanas), donde la utiliza por primera vez como término teórico para comparar el espíritu de un hombre basto o tosco, con un campo sin cultivar, y su educación y formación espiritual como el cultivo de ese campo.

Frente al monismo cultural, es Johann Gottfried Herder quien por primera vez utiliza, en 1791, el significado plural culturas como expresión de las culturas específicas y variables de naciones y períodos diferentes, pero también de grupos sociales y económicos dentro de una nación.

Más tarde este nuevo sentido de "cultura" fue adoptado y elaborado por otros autores en el siglo XIX, como Gustav Klemm y E. B. Tylor, cuyos escritos etnográficos estimularon el desarrollo de la antropología.

El concepto antropológico de cultura

Desde la segunda mitad del siglo XIX la Antropología Cultural comienza a ser considerada una disciplina científica. Uno de sus fundadores, señalado como el padre de la antropología británica, Edward Burnett Tylor (1832-1917), perfeccionando un enunciado de Gustav Klemm, estableció el primer concepto de cultura, que define al principio de su libro Primitive Culture (1871):

“La cultura o civilización, tomada en su sentido etnográfico amplio, es esa totalidad compleja que abarca al conocimiento, las creencias, el arte, la moral, la ley, las costumbres y cualesquiera otras habilidades y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad. La condición de la cultura entre las diversas sociedades de la humanidad, en la medida en que se puede investigar a partir de principios generales, es un tema propicio para el estudio de las leyes del pensamiento y la acción humanas” (Tylor, 1871, citado por Thompson, 1993: 167).

Criticada por enumerativa, descriptiva y abierta, la propuesta tyloriana, inscrita en un contexto teórico evolucionista, además de mantener el mérito de la iniciativa contribuyó a  la consideración de la cultura como materia de estudio sistemático, e indudablemente fue innovadora en muchos sentidos, en tanto rompió con el esquematismo biológico dominante en las ciencias sociales de la época, al tiempo que dejó claro que la transmisión de la cultura pasaba por las relaciones sociales, punto de vista resumido más tarde por los antropólogos en la afirmación de que la cultura es la herencia no biológica de la especie humana. O sea, queda reconocido que es una herencia social, simbólica.

Otro mérito del aporte de Tylor,  retomado y reelaborado posteriormente en Gran Bretaña y Estados Unidos, es que permitió despojar al concepto de un significado elitista, excluyente, aprovechado a su favor por el poder, y abrió la posibilidad de concebir a la cultura como una capacidad compartida por todos los seres humanos.

La etapa fundacional de la antropología cultural culmina con Franz Boas, quien junto a sus discípulos  propone una concepción de la cultura basada en el  particularismo histórico - cada cultura tiene su larga y única historia-,   y establece una de las más influyentes corrientes antropológicas: el relativismo cultural, cuya dimensión ética y moral ha sido posiblemente lo más cuestionado (Sebreli, 1992; García Canclini, 1988; Jarvie, 1983; citados en González Echeverría, 2003: 404), entre otras limitaciones teórico-metodológicas y morales que se le imputan, aunque es justo reconocerle más luces que sombras.

Según el relativismo cultural, todos los sistemas culturales son esencialmente iguales en valor, los rasgos característicos de cada uno tienen que ser evaluados y explicados dentro del sistema en el que aparecen, y las diferencias entre distintas sociedades han sido resultado de sus propias condiciones históricas, sociales y/o geográficas, postura que se enfrenta directamente a la corriente evolucionista y al etnocentrismo.

De acuerdo con Boas, “puede definirse la cultura como la totalidad de las reacciones y actividades mentales y físicas que caracterizan la conducta de los individuos componentes de un grupo social, colectiva e individualmente, en relación a su ambiente natural, a otros grupos, a miembros del mismo grupo y de cada individuo hacia sí mismo También incluye los productos .de estas actividades y su función en la vida de los grupos. La simple enumeración de estos varios aspectos de la vida no constituyen empero, la cultura. Es más que todo esto, pues sus elementos no son independientes, poseen una estructura” (Boas, 1964:166).

Con las contribuciones de Tylor y Boas se inicia un largo proceso de formación histórica del concepto de cultura, que atraviesa por tres fases sucesivas, de acuerdo con la antropóloga italiana Carla Pasquinelli (1993, citada en Giménez, 2006:25): la concreta, la abstracta y la simbólica, cada una identificada mediante un concepto clave, en ese orden: costumbres -elemento extraído de la definición de Tylor-, modelos -la atención se desplaza de las costumbres a los “modelos de comportamiento”-, y significados -el concepto se reduce al ámbito de lo simbólico.

Sin embargo, resulta más funcional la propuesta de J.B.Thompson (1993:167) de englobar las concepciones antropológicas en dos, una descriptiva y otra simbólica. La primera, conformada a partir de lo planteado por Tylor, Malinowski y otros que comparten, total o parcialmente, un punto de vista común de la cultura y del estudio de los fenómenos culturales, que resume así: “la cultura de un grupo o sociedad es el conjunto de creencias, costumbres, ideas y valores, así como los artefactos, objetos e instrumentos materiales, que adquieren los individuos como miembros de ese grupo o esa sociedad”.


La concepción simbólica

Aunque los orígenes de las concepciones simbólicas se remontan al norteamericano Leslie White (1900-1970), estas fueron colocadas en el centro de los debates antropológicos por Clifford Geertz, tras la aparición de su obra maestra: The Interpretation of Cultures, en 1973, en la que plantea un concepto de cultura, como él pretendió, más estrecho, especializado y teóricamente más vigoroso que el de Tylor.

El concepto de cultura de Geertz es esencialmente semiótico y  recae sobre todo en cuestiones del significado, el simbolismo y la interpretación: “Al creer, tal como Max Weber, que el hombre es un animal suspendido en tramas de significación tejidas por él mismo, considero que la cultura se compone de tales tramas y que el análisis de ésta no es, por tanto, una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significado" (Geertz 1973, citado en J.B.Thompson, 1993:171). Esta ciencia interpretativa de la significación es hacer etnografía, en términos de “descripción densa”.

Por un lado, explícitamente busca remediar el agotamiento del vigor teórico de la propuesta de Tylor como ese "todo sumamente complejo", y, por otro, cuestiona el concepto derivado de la Ilustración, por sus implicaciones universalizadoras.

No caben dudas de que el trabajo de Geertz ofrece una de las formulaciones más importantes del concepto de cultura dentro de la literatura antropológica, al reorientar el análisis hacia el estudio del significado y del simbolismo. Sin embargo, sin dejar de ser continuador de su teoría, J. B.Thompson (1993:176)  le hace tres críticas que parecen justas y necesarias: a) usa el término "cultura" de varias maneras diferentes, no todas totalmente consistentes; b) una segunda dificultad se relaciona con la noción del texto [etnográfico], que toma prestada de Paul Ricoeur y desempeña un papel central en su enfoque, pero la emplea de dos maneras diferentes y ambas originan problemas; c) y no presta suficiente atención a los problemas del poder y el conflicto social.

Estos análisis acerca de las diversas concepciones de la cultura, le sirven de “telón de fondo” a J.B.Thompson contra el cual traza un enfoque alternativo propio para el estudio de los fenómenos culturales, basándose en la formulada por Geertz y propone lo que denomina una “concepción estructural de la cultura”, que  más que una alternativa a la concepción simbólica es una modificación y ampliación de ella

De las concepciones de John B. Thompson y Clifford Geertz, en fecha más reciente Gilberto Giménez (2006) aporta una nueva definición/reformulación: “la cultura es la organización social de significados, interiorizados de modo relativamente estable por los sujetos en forma de esquemas o de representaciones compartidas, y objetivados en formas simbólicas, todo ello en contextos históricamente específicos y socialmente estructurados”. Vista de esta manera, la cultura puede ser abordada ya sea como proceso o como configuración presente en un momento determinado.

No obstante, nos parece mucho más abarcadora la visión antropológica del concepto de cultura expuesta por Raymond Williams en su Keywords (1976: 80), quien la definió de tres maneras: «un proceso general de desarrollo intelectual, espiritual y estético; un modo de vida particular, referido a un pueblo, un periodo o un grupo; los trabajos y las actividades intelectuales y artísticas».

Williams, uno de los llamados “padres fundadores” de los Cultural Studies británicos a mediados de los años 50, escapa a una concepción estrecha de cultura y rescata el uso de esta noción como "una forma total de vida".

Su  sistematización más acabada de la cultura está recogida en lo que denomina "materialismo cultural", expuesta en Marxismo y Literatura (1977),  se opone al divorcio de la cultura de su base material, aunque sin atribuirle un papel meramente determinado por las fuerzas económicas. Para él es imposible comprender la totalidad del hecho cultural,  de una manera separada de sus formas materiales de inscripción, difusión, reproducción y recepción. No puede escindirse la producción cultural de las condiciones materiales e institucionales.

Con  su “análisis histórico de la cultura”, el autor se propone demostrar que la producción cultural ha estado siempre estrechamente vinculada a condicionantes materiales e institucionales directamente relacionados con el desarrollo de las fuerzas pro d u c t i vas de la sociedad.


El reto de las industrias culturales

Aunque el concepto de “industria cultural” aparece a mediados del siglo pasado,  en Dialéctica de la Ilustración, de Theodor W. Adorno y Max Horkheimer, renace años después pluralizado, pero es a partir de la década de los 80, con la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, que alcanza su apogeo globalizador.

Sin embargo, ya en 1947 esos filósofos alemanes nos alertaban de sus riesgos, al definir en ese libro las tres dimensiones de la Industria Cultural:

1- La afirmación de la unidad del sistema (el más importante y a la vez más polémico): esquematismo y atrofia de la actividad del espectador. Como prueba de esto se pondrá al cine: pues para seguir el argumento del film, el espectador debe ir tan rápido que no puede pensar, y como además todo está ya dado en las imágenes, no deja dimensión alguna en la que los espectadores puedan moverse por su propia cuenta.

2- La degradación de la cultura en industria de la diversión: la diversión haciendo soportable una vida inhumana, una explotación intolerable. “El Pato Donald en los dibujos animados, como los desdichados en la realidad, reciben sus puntapiés a fin de que los espectadores se habitúen a los suyos. El placer de la violencia hecha al personaje se convierte en violencia contra el espectador, la diversión se convierte en tensión” (Horkheimer y Adorno, 1988)

3- La desublimación del arte: la otra cara de la degradación de la cultura, ya que en un mismo movimiento la industria cultural banaliza la vida cotidiana y positiviza el arte. La industria cultural no sublima, sino que reprime y sofoca.

Amén de su pesimismo, hay mucha objetividad en esta caracterización, pero no se trata de cerrarse a realidades nuevas sino de afrontarlas con creatividad para garantizar la diversidad cultural y preservar la identidad en su sentido más amplio.

La siguiente reflexión del investigador chileno Álvaro Cuadra (2007:85) que citamos in extenso, nos habla de oportunidades pero también de los retos que impone el desarrollo tecnológico en el en el ecosistema comunicativo.

“La hiperindustria cultural, estadio actual de la cultura en el seno de las sociedades tardocapitalistas en proceso de globalización, constituye la cuestión política central de nuestros días, en cuanto hegemonía, administración de los sistemas retencionales terciarios, nuevo espacio material y simbólico donde se juega la visibilidad, la memoria, la posibilidad de acceso, en suma: la posibilidad misma de la existencia de la cultura de pueblos enteros y minorías étnicas o culturales. Como concluye Stiegler: ‘Las industrias de programas, a partir de ahora indisociables de las tecnologías de tratamiento de información y de los servicios de telecomunicaciones, se han convertido en el elemento clave tanto del desarrollo económico y de la influencia internacional como de la relación social y, por lo tanto, del futuro de los grupos nacionales. En la época de la hiperindustrialización de la cultura el reto para Europa y el resto del mundo es límpido: se trata de la perennidad de las industrias de programas no estadounidenses y, al mismo tiempo, de las condiciones generales de producción y de transmisión de los saberes, del ‘nuevo comercio’ y del futuro planetario del proceso de adopción’ (…) En los años venideros se hace imprescindible desarrollar con fuerza una cierta ‘conciencia moral ciudadana’ (…). Una conciencia ciudadana de nuevo cuño, anclada en el nuevo espacio global, sensible a las crecientes amenazas a la paz, el medio ambiente y la dignidad humana. Una conciencia ciudadana global capaz de vivir la diferencia como legítima y necesaria en una comunidad de hombres libres”.

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LUIS RAMIRO BELTRÁN: PATRIARCA DE LAS PALABRAS

LUIS RAMIRO BELTRÁN: PATRIARCA DE LAS PALABRAS

Lic. JESÚS ARENCIBIA LORENZO,
profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
 
Foto: ROBERTO MOREJÓN

Debe ser la Bolivia que lo engendró, tierra de modesta cordialidad, de dignidad aborigen, de amistad en el altiplano... Debe ser América Latina, en su total e irredenta hidalguía, que ha fijado en sus pensamientos la idea del diálogo. Tal vez sea la propia Comunicación, arte y aptitud, oficio y academia, que lo ha ocupado y preocupado por más de seis décadas. O algún cromosoma extraño y utópico que generó en sus hábitos la constancia y bondad de los buenos educadores...

No sé, pero el profesor Luis Ramiro Beltrán (Oruro, 1930), uno de los mayores investigadores de los procesos comunicativos de nuestro continente, es un patriarca de las palabras, la fraternidad y la decencia. Lo supe durante las jornadas del XIII Encuentro Latinoamericano de facultades de Comunicación Social (FELAFACS, 2009), mientras lo escuchaba en los salones y pasillos del habanero Palacio de las Convenciones.

Conocía algunos de sus textos que viraron boca arriba aquellas definiciones verticales de la Comunicación. Pero verlo; oírle disertar y dar las gracias con todo el cuerpo doblado ya de saberes; encontrar nuevos libros suyos y conversar, conversar sobre sus delirios investigativos durante decenas de años... me lo descubrió como un maestro venerable.

Premio MacLuhan (1983), Doctorado Honoris Causa de varias universidades; Premio Nacional de Periodismo (1997); poeta, escritor para cine y teatro, consultor de organismos internacionales: hombre de ciencia... Cuando el profesor Luis Ramiro Beltrán dice: «compañero», parece como si estuviera creando, con el más puro mineral del idioma, aquel sentido de compartir el pan que tuvo ese vocablo.    

—Alguna vez Usted dijo mantenerse al margen del partidismo político, en el terreno de la Academia. Sin embargo, desde que con tres meses sufriera persecución en brazos de sus padres, hasta todas sus batallas por una comunicación más horizontal, más dialógica en América Latina, ha tomado clara posición por los ninguneados de este continente. ¿Se puede hacer comunicación al margen de la política?

Es cierto: No he tenido militancia partidaria activa; sin embargo, estoy entre los primeros investigadores latinoamericanos que se dedicaron a mostrar la relación estrecha entre sociedad, comunicación y política. Por tanto, sí creo en la comunicación política y en que el comunicador tiene derecho y el deber de manifestarse en el sentido de cambiar la realidad cuando la considere injusta.

Al principio no era consciente, pero me siento satisfecho de haber evolucionado. Del 1955 al 65 laboré por toda América Latina en Comunicación para el Desarrollo Educativo. Esta tarea tenía un carácter técnico instrumental, de servicio a la gente campesina que no entendía lo que hablaban, por ejemplo, los agrónomos, en  una jerga especializada. Hasta ese momento no me di cuenta de la naturaleza política del fenómeno en el que estaba inserto.

Paradójicamente, del 65 al 70 me los pasé estudiando para el Master y el Doctorado en la Universidad de Michigan, en Estados Unidos de América; y fue allí donde entendí la realidad latinoamericana. De día estudiaba Comunicación y de noche, Revolución. Por mi cuenta, sin profesor, ni nada. El volumen de información disponible era tan extraordinario que empecé a interesarme. Y luego, en algún viaje a América Latina, comencé a juntar los datos que no había al respecto en la nación norteamericana.

Me gradué para el master en el año 68, con un resumen de la teoría existente, que era elemental y escasa, sobre Comunicación para el Desarrollo: esencialmente aporte de grandes maestros americanos: Wilbur Schramm, Everett Rogers… Más tarde, mi tesis de grado para el Doctorado, que terminé en el 72, es una crítica documentada de la dependencia interna y de la dominación estadounidense sobre nuestros países.

Mi tutor, el Doctor David Berlo, director de la escuela, jamás me tocó una coma en el trabajo. Al contrario, no diré que celebraba, pero decía: “Mire, está bien planteada. Lo importante es que Usted respete la información segura y que maneje las opiniones separadamente de los datos”.

Desgraciadamente, mi estudio no se publicó —ni en inglés, ni en español—, mas me dio el pie para a partir del 69, comenzar a hacer esa crítica a nivel general, en una reunión en la Sociedad Internacional para el Desarrollo. Y la década del 70 la dediqué completamente a eso.

—Entonces su relación con David Berlo y Everett Rogers le abrió las puertas del conocimiento más profundo y cuestionador...

Imagínese, compañero… Cuando yo era asistente de Rogers —pues fui ayudante de cátedra de ambos— las clases eran de 10 semanas y ¿sabe qué hacía en la última? Se iba y me dejaba solo con el grupo.

No venía más hasta el día final. Previamente me decía: «en las tres jornadas antes del cierre Usted tiene que conseguir que los estudiantes reflexionen por cuenta propia y que me digan en qué no están de acuerdo, qué les parece mal, para que no se conviertan en mecánicos aprendices memorísticos. Yo me esforzaba por que los alumnos lo esperaran con una buena batería crítica. Y el hombre era felicísimo.

Estando yo en Colombia me pidió un artículo para una revista y ese texto mío se llamó: “Premisas, Objetos y Métodos Foráneos”. Era una crítica a los modelos y procedimientos de comunicación impuestos a nosotros por los Estados Unidos, por los expertos de esa nación, que no tenían asideros en nuestra realidad.

Él quedó tan contento con el trabajo, con la crítica que hice —y era tan hidalgo—, que a raíz de eso comenzó a cambiar su teoría de difusión de innovaciones. Un día le preguntaron por qué había modificado sus concepciones y dijo: “Ah, el pensamiento latinoamericano me lo ha inspirado. Y específicamente la visión que tiene del desarrollo Luis Ramiro Beltrán, tan distinta de lo que yo planteé”. ¡Qué entereza tan increíble!

En cuanto al Doctor Berlo, le cuento algo interesante. Mi gran colega paraguayo Juan Díaz Bordenave y yo estábamos en una reunión México, como con unos mil participantes (aún yo estudiaba en Michigan), y en la presidencia del evento se encontraban el Doctor Berlo, el Doctor Rogers y el Doctor Schramm, los tres grandes de la época.

Según cuenta Díaz Bordenave, que estaba a mi lado escuchando a los maestros, Berlo aseguró que las tres personas que más habían influido en su nueva manera de pensar en comunicación eran: Wilbur Scramm, Paulo Freire y yo. ¡Qué gentileza, por Dios! Yo era no más que su asistente. Relata Díaz Bordenave que literalmente me chorreé en el asiento…

—Dice Eduardo Galeano que América Latina es la región de las venas abiertas. ¿Podríamos afirmar también que es la zona del planeta más incomunicada entre sí?

En todo sentido. Yo soy de Bolivia, por ejemplo, y nunca he visto en La Paz un puesto que venda periódicos peruanos. Jamás. Y estamos lado a lado. Argentino a veces llega algo, pero de Perú, nada, y para qué decir de los que no son cercanos. Nunca he visto, por ejemplo, un diario del vecino Paraguay en mi ciudad. No tenemos comunicación entre nosotros.

Pero el problema que me ocupó por mucho fue la incomunicación dentro de casa. La población campesina, por ejemplo, vivía aislada, completamente ignorada, y siempre oprimida, empobrecida por la minoría dominante.

El Sistema de Comunicación —lo que me empeñé en denunciar toda una década— ponía la información como privilegio de los menos. De ahí nace mi trabajo «Adiós a Aristóteles».

La comunicación alternativa surgió con gran vigor en América Latina, a través de las prácticas del pueblo mismo, de hacer comunicación donde no le permitían. Ahí están las radios mineras de Bolivia. Son un antecedente de lo alternativo cuando no existía siquiera la palabra con el sentido que le damos hoy. Trabajaban con la estrategia de micrófono abierto, que consistía en que no solamente hablaran los sindicatos mineros entre ellos e ir a los socavones; sino en llegar a las iglesias, a las plazas, a los mercados, a las escuelas, para oír a todo el mundo, sus problemáticas, su respiración, sus sueños, sus críticas, incluso críticas a los propios sindicatos. Eso es comunicación democrática y la hizo el pueblo con las uñas. Sin un centavito.

Y con aparatos de transmisión muy elementales llegaron a tener 33 emisoras en red, en cadena nacional en los distritos mineros.

—Usted fue de los pioneros en Latinoamérica en tratar de implementar modelos comunicativos basados en el diálogo. Si tuviera que resumir los mayores frutos de esta aspiración que defendió durante la década del 70, ¿qué diría?...

Se hicieron concretamente tres cosas sustantivas. Primero, en el año 73, la UNESCO me contrató como consultor en París. Estuve un mes trabajando allá, porque por mandato de la Asamblea General, como ya se habían definido políticas de Cultura, tocaba el turno a las de Comunicación. Y no había, no digo yo teorías, ni la mínima literatura al respecto.

Me tuve que rascar la cabeza un mes, a golpe de café y de vez en cuando algún vino, hasta producir un documento razonablemente desarrollado. Lo hice sobre todo reuniendo lo poco que había, conversando con amigos, exprimiéndome el coco.

Afortunadamente nos salió bien, tan bien que la UNESCO organizó la primera reunión de expertos sobre políticas de comunicación, en Bogotá, en 1974. Entonces yo fui el co-organizador, junto con el inglés John Willinson, brillante y progresista compañero. En el seminario se repartió como insumo mi documento. Pero el resultado final fue muchísimo mejor. Éramos unas 18 personas. Y logramos un excelente trabajo colaborativo.

¿Qué destino tenía aquel producto? Iba a ser el material básico como agenda de trabajo en la Primera Conferencia Intergubernamental sobre Políticas de Comunicación para Latinoamérica y el Caribe, que se realizaría en Costa Rica, dos años más tarde.

Pues quién le dice que la Asociación Interamericana de Radiodifusión (AIR) y la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) le declararon la guerra a muerte a la iniciativa. Dijeron que era un documento espantoso para fascistas y comunistas. Y si usted ve el texto, lo único que planteaba era la necesidad de consejos pluralistas democráticos, con todos los sectores opinando, para por consenso lograr una legislación que cambiara el panorama comunicativo. Todo  dentro de los límites jurídicos posibles, con discusión política múltiple. No era ninguna propuesta desbordada, radical, loca… sino un documento sensato, académico.

Segundo: el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) que surgió en la propia “década de fuego”, como la he llamado, liderado por Josip Broz (Tito), de Yugoslavia, hizo la propuesta de un Nuevo Orden Mundial de la Economía. Causó un enfurecido ataque de todos los sectores conservadores; pero a pesar de esta resistencia, gracias al talento del colega peruano Germán Carnero, que asistió a las reuniones del MNOAL, se logró que pensaran también en un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC).

El NOMIC comenzó con una declaración escueta, había que ponerle carne. Entonces Mustapha Masmoudi, coordinador de los ministros de Información del MNOAL, nos invitó; le pidió a la UNESCO que mandara a un grupo de especialistas, entre los que estábamos dos latinos: Fernando Reyes Matta, de Chile y yo. Trabajamos durante unos 15 días. Hicimos un documento para explicar en qué consistiría el NOMIC.

Masmoudi formaba parte de la Comisión Mcbride, entidad creada por la UNESCO para los debates del nuevo orden y las nuevas políticas. (Precisamente habían escogido al irlandés Sean Mcbridge porque era Premio Nobel de la Paz y Premio Stalin de la Paz, o sea, alguien insospechablemente neutral, formidable). Con nuestro texto se armó un frente de batalla brutal. Lo que después se conocería como Informe Mcbridge , según se ha analizado, fue inspirado fundamentalmente por el pensamiento latinoamericano.

Finalmente, el tercer aporte sería la crítica a los procedimientos de investigación provenientes de los Estados Unidos, lo que ya le comenté de mi trabajo «Premisas, Objetos»… escrito para “hacer polvo” a mi maestro Rogers. También realicé un primer inventario de situación de la literatura latinoamericana en materia comunicativa. Lo que había en CIESPAL no pasaba de mil textos. Ahora son incontables. Luego trabajé la línea de un nuevo modelo de comunicación para democratizarla y democratizar así la sociedad.

—Y Usted cree que desde la Comunicación podría originarse el cambio que han necesitado nuestras sociedades o primero tendrían que cambiar las estructuras de estas para que se transformara la comunicación.

Bueno, decir cuál fue primero, si el huevo o la gallina, es bastante difícil. Pero mire, compañero, como obviamente no puede existir sociedad sin comunicación, tampoco hay democracia sin comunicación. Así que si queremos verdadera democracia, tiene que haber comunicación para que el pueblo participe.

Yo analicé todos los modelos norteamericanos en Adiós a Aristóteles; igualmente tomé para ello elementos de Reyes Matta, Díaz Bordenave, Rafael Rocangliolo y otros de Latinoamérica; también europeos… En fin, todo lo que pude conseguir está examinado críticamente. A partir de eso propuse bases para un modelo de Comunicación horizontal, palabra derivada del los aportes del gran maestro Paulo Freire, que inspiró a la cabeza de los 70, la insurgencia latinoamericana en el sentido que hablamos.

Creo que desde Latinoamérica se hicieron proposiciones muy creativas en la época. Para mí el modelo naciente tenía tres componentes: Acceso, Participación y Diálogo. Al pretender cambiar la comunicación vertical y monológica, quisimos decir que no hay un emisor dominante y un receptor pasivo, sino que los dos son emisores-receptores y que solo en el diálogo, que supone la participación de los que no tienen el poder político, se alcanza la democracia.

—Este desvelo suyo de hace más de treinta años, por conceptuar y articular políticas de comunicación, ¿cómo ha evolucionado? ¿Se han definido y aunado las políticas en el terreno comunicativo continental? 

Ha sido una calamidad, compañero. Ni siquiera el periodista Guido Grooscors, ministro de información de Venezuela, que fue el que dirigió los trabajos de la Conferencia Intergubernamental en Costa Rica y logró una declaración estupenda y 30 recomendaciones, ni siquiera él pudo aplicarlas. Lo que le dije: la presión de la SIP y la AIR. Cuando Guido le presentó la propuesta al Presidente Carlos Andrés Pérez este le dijo: No, no, mi querido Guido, tú no vas a estar aquí. Fue violentamente nombrado embajador en Colombia. No debemos olvidar que seis meses después había elecciones. Posteriormente hubo varios intentos en otros países, pero nada se abrió paso.

¿Qué se ha producido desde entonces? En primer lugar la desregulación: los políticos conservadores dicen que la mejor política es ninguna. Pero al final ellos hacen y  aplican de manera inconsulta las estrategias que les convienen.

En la era de la sociedad de la información la dependencia externa de nuestros países ha crecido. Nosotros no logramos lo que se propuso en la década del 70, y desde entonces el poderío mediático de los más reaccionarios ha aumentado. El gran desafío de hoy es luchar contra ese enorme poder. Por eso, si los jóvenes comunicadores renuncian a la utopía estaremos perdidos. Yo sigo creyendo en ellos, en ustedes.

—Si tuviera que apuntar en qué erraron ustedes, los primigenios de la horizontalidad...  

Ah, sabe Usted, creo que los soñadores de los 70 fallamos, tal vez de manera involuntaria, en que solo hablábamos entre nosotros. Y ni siquiera con todas las academias de las que había entonces. No éramos una organización con estatutos ni estandartes, sino voces aisladas…

Hubo un movimiento fuerte con Pascuali en Venezuela, Márquez de Melo en Brasil, Mattelart en Chile, yo estaba en Colombia… Se fue juntando una comunidad que quizás nunca excedió de los 200 o 300 investigadores. Los había de distintas tendencias: marxistas ortodoxos, socialdemócratas, demócrata-cristianos, hasta liberales… De todo. El punto de entendimiento era que la comunicación debía contribuir a la justicia, al cambio, al bienestar de los oprimidos.

Pero tampoco tuvimos la posibilidad de acercarnos intensamente a los que tenían alguna participación en el poder. Había que llegar no solo a las universidades, sino también a los sindicatos, a las asociaciones de maestros, a los organismos de la sociedad civil. Y a los políticos, que son, finalmente los que deciden. Si uno no entra a la base ciudadana, se va perdiendo el aporte académico. Fallamos en no saber vender el pesca’o (Sonríe).  

Yo conocí a Mattelart años después de estas batallas, tampoco teníamos mucha plata para viajar y encontrarnos. Además, para la SIP y la AIR éramos un montón de bandidos radicales. Y no había más que una concordancia, no organizada, de fe y pensamiento.

—Me gustaría mencionarle algunos nombres y que usted me hiciera una valoración de ellos…

— José Márquez de Melo.

Un hombre a quien admiro muchísimo, porque es además de un gran investigador, el más sistemático historiador del proceso de evolución de una comunicación democrática en América Latina. Aparte de eso ha contribuido como docente, como investigador… Merece todo el respeto de los comunicólogos de América Latina.

— Antonio Pascuali.

El gran precursor. Ni qué decir cuánto admiro a Antonio Pascuali. En el año 1963 escribió su libro Comunicación y Cultura de masas; y comenzó, aunque no con esas palabras, la crítica a la dominación y la dependencia. Fue el primer investigador científico serio en nuestro campo que tuvo el continente. Todos le debemos mucho.

— Paulo Freire.

Un inspirador. El movimiento democratizante de la Comunicación en Latinoamérica toma muchas de sus enseñanzas. Con su Teología de la Liberación engendró una Comunicología de la Liberación. Mostró cómo se gestaba la dominación mediante la educación. Era un gran pedagogo. Muchos de los escritos sobre estos temas en el continente, parten de sus conceptos.

— Mario Kaplún.

Maravilloso. Un educador de aula que pronto trascendió ese espacio. Creó instrumentos comunicativos como los casettes de ida y vuelta, mediante los cuales una asamblea del pueblo, por ejemplo, se podía compartir por todo el país. Eran técnicas sencillas pero cómo democratizaron la comunicación. Articuló el pensamiento de Freire, que iluminaba la escena, con experiencias prácticas de comunicación alternativa en América Latina.

—Usted ha impartido clases y conferencias en muchas universidades del continente y del mundo… ¿Cuál es a su juicio el ABC de un profesor de Comunicación?

Es muy difícil tener fórmulas matemáticas para estos asuntos, pero le diré qué es para mí un maestro. No es el que enseña con la expectativa de que lo que dice sea repetido por aquellos que le escuchan. Para mí la educación debe poseer el arte de despertar la capacidad crítica y creativa propia de quien es alumno de uno. Si uno es capaz de hacerle sentir que tiene alas, que no tiene que memorizar nada y debe volar por su cuenta, entonces uno es Maestro.

PERIODISMO SIN SOBERBIA

—A los 12 años Usted fue reportero, patrullero, y trabajó incluso en Sanidad. ¿Será que la labor del periodista se emparienta con la del policía y con la del médico?

No, no, compañero (sonríe). Le contaré lo que pasó: Mi padre, Luis Humberto, que murió en la Guerra del Chaco, con Paraguay, cuando yo tenía tres años, era un periodista y crítico literario. Y mi madre, Betshabé, era Jefa de Redacción y co-fundadora de una de las primeras revistas femeninas de Bolivia, Feminiflor, de 1921. Ella me inspiró mucho. Me regaló una imprentita y con este aparato hacía periodiquitos para la casa, luego para el colegio. Vivía jugando con eso.

Finalmente, le rogué que me llevara al periódico La Patria, de Oruro, porque el Director era amigo de ella y de mi padre. Le insistí para que preguntara allí si yo podía ir a ratitos, para comenzar un aprendizaje… 

El Director accedió, de de lo más cordial, medio sonriente. Y al cabo le dijo a mi madre: “Betsha, ni modo, el chico trae la tinta de imprenta en las venas”. Y salí de ahí con mi carné de reportero… Casi me desmayo en las gradas, compañero. Entonces comencé a trabajar. A los 16 años, un nuevo propietario y director  me hizo jefe de Redacción de ese diario.

Ahora, por qué lo de la Medicina. Es una casualidad. En una esquina se encontraba el periódico y en la siguiente la Asistencia Pública. Cuando iba a mi trabajo, me cruzaba a menudo con un caballero que me miraba de arriba abajo. Yo me hacía el loco y seguía. Pero un día me trancó. Pensé: “hijo, hasta aquí llegamos”… “Mire, yo soy René Zabaleta, me dijo, Director de la Sanidad Departamental. Conocí a su padre en la guerra y él me rogó que si no salía con vida, hiciera algo por ayudar a su viuda y a sus hijos. Véngase a trabajar conmigo ya mismo. Será Usted encargado de información de la Sanidad Departamental”.

—Y, como ha contado, a veces hasta iba a buscar las noticias en una de las ambulancias...

(Sonríe). Hubo ocasiones en que así fue. Adentro de la Asistencia trabajábamos con mandril blanco. A veces me avisaban de un suceso y allá iba, así mismo…

Como si eso no fuera suficiente (qué tipo más loco), yo era inspector de colectivos (ómnibus) y bicicletas del poblado. Aún tengo mi libreta de sanciones. “El inspector Beltrán condujo al señor Fulano de Tal por estacionamiento indebido en tal esquina”. Entregaba a los ciudadanos, daba el informe a la autoridad y me retiraba…

Para eso tuve que abandonar el Colegio Alemán que me había conseguido mi madre, el mejor de Oruro, y estar de noche en un colegio nocturno donde redescubrí a mi patria.

La anterior escuela era como vivir en Europa, pero con el cambio recuperé la realidad boliviana, porque mi compañero favorito era un sastre; y el otro, un plomero. Fui un dichoso insertado en la verdadera sociedad nacional. Tal vez todas esas cosas han influido en ir construyéndome una mentalidad progresista.

No me considero ningún genio radical de la Revolución ni mucho menos, pero creo que he contribuido a hacer notar que la comunicación que hoy perpetúa la dominación y la dependencia puede evolucionar, puede transformarse y contribuir al cambio justiciero. Esa ha sido toda mi lucha…    
             
—¿Cuántas angustias pueden atravesarse en la Jefatura de Redacción de un diario cuando uno tiene 16 años, como usted entonces?...

Muchísimas. ¡Todos los periodistas mayores que yo! Imagínese, compañero. Pero con qué respeto me trataban; y yo a ellos, por supuesto. Eran en verdad muy generosos. Nadie tuvo envidias, ni me ponían trampas, ni nada de eso.

Introduje tal vez un poco más de información local, pero en esencia intenté de ajustarme a las normas que ya existían. Me acoplé al funcionamiento del periódico solo como un nuevo coordinador.

De todas formas, no duré mucho allí porque me salió un viaje maravilloso al ganar un concurso del New York Herald Tribune para ir a Estados Unidos. Ese es uno de mis cuentos de hadas, como le he contado a mi querida Marta Paz. Allí conocí a grandes personajes como Nelson Rockefeller, Ingrid Bergman, el líder aprista peruano Víctor Raúl Haya de la Torre… Nos trataban como embajadores.

—Con su experiencia periodística y comunicológica, usted debe detectar, casi de una ojeada las deficiencias de la prensa continental en nuestros días. ¿A cuál de esos problemas dedicaría hoy más esfuerzos?...    

Hay varios. Y necesitan atención urgente. Pero yo anotaría el gran ensoberbecimiento de nuestra prensa. El sistema político post dictaduras militares en buena parte de Latinoamérica, a partir de la década del 80, cuando regresó —aunque sea entre comillas— la democracia, carece de justicia social. Tiene partidos y líderes gastados, desacreditados. En ese vacío de poder, la prensa se ha acercado a lo que auguraba una antigua metáfora inglesa: el cuarto poder.

Muchos periodistas abusan de su fuerza. Se sienten omnímodos, y la gente tiene que creerles cualquier barbaridad solo porque ellos la dicen. La política hoy día, no se hace muchas veces en balcones y plazas, sino en la televisión. En los medios que le han arrebatado parte de su empuje al sistema político.

—Sin embargo, la función que teóricamente se le asignaba a ese cuarto poder, la de ser contrapeso de los otros poderes, en la mayoría de los casos no se cumple; y ocurre, como han señalado muchos especialistas, que la prensa es un aliado más de los dominadores...

Es cierto. Y no se informa de la sociedad como un todo. Pocos se ocupan periodísticamente de los desposeídos, quienes solo llegan a ser noticia cuando “se portan mal”, cuando cometen alguna “barbaridad”. El periodismo comunitario, ciudadano, está intentando cambiar eso. Pero aún es minoritario.

De cualquier forma algunos periodistas han logrado girar un poco hacia una línea, digamos, independiente. Sin embargo, otros continúan muy “banderizados”.

La ética se ha dañado en nuestra profesión casi a la misma velocidad que se han desarrollado las tecnologías de diseño, capacidad de transmisión, calidad fotográfica….Ha aumentado espantosamente la falta de prudencia y decencia entre los periodistas.

—Según ha defendido, tres cosas debían potenciarse en el sector periodístico: la rectitud de la conducta, la idoneidad y la modestia. ¿Cómo las ha cultivado Usted durante tantos años de ejercicio, en los que ha obtenido premios como el Nacional de Periodismo de su país?

No sé. No creo que haya sido un acto muy consciente. Pienso que tuve maestros muy dignos. Y uno imita hasta sin darse cuenta.

Por otra parte, compañero, le quiero aclarar una cosa que ya he dicho otras veces: Yo no sé competir. Nunca he querido ganarle a nadie en nada. Solamente compito conmigo mismo para mejorar alguna de mis mañas y taras… Nunca he buscado ningún galardón.
Desde 1983, cuando, ganándole a finalistas como Schramm y Umberto Eco, me dieron el Premio Mundial de Comunicación McLuhan-Teleglobe de Canadá, de alguna forma misteriosa no han cesado de llegarme los reconocimientos. Doy gracias a Dios día y noche por eso; a mi madre, que me educó como me educó, y a mi esposa, que me cuida como me cuida...

Creo que la soberbia es detestable. Una persona que por haber obtenido uno o varios homenajes, se marea, y se siente grande, y se echa para atrás en el asiento, no me merece ningún respeto. Yo nunca quisiera ser así. Tal vez por eso no lo soy. La gratitud y la humildad son absolutamente lógicas. Y no es una maniobra poética que yo hago, es que si no he pedido nada y las buenas cosas me caen así, cómo no voy a decir: “Gracias, mil gracias, hermanos míos”.

RECUADRO:

La comunicación es el proceso de interacción social democrática que se basa sobre el intercambio de símbolos por los cuales los seres humanos comparten voluntariamente sus experiencias bajo condiciones de acceso libre e igualitario, diálogo y participación. Luis Ramiro Beltrán.

Nota:   
(1) En esa Comisión, que laboró desde diciembre de 1977 y durante tres años,  participaron grandes personalidades del mundo de la información y de la comunicación como Hubert Beuce-Mery, fundador de Le Monde; Gabriel García Márquez, escritor colombiano  y Marshall MacLuhan, sociólogo canadiense.

EN BUSCA DEL FINAL DESCONOCIDO DE AVENTURAS DE PABLO

EN BUSCA DEL FINAL DESCONOCIDO DE AVENTURAS DE  PABLO

MSc. RANDY SABORIT MORA,
periodista de la Agencia Prensa Latina,
profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

A Pablo del Torrente Bravo lo conocí un día de insomnio literario. Un día de esos en los que uno no se aburre de devorar tinta impresa en nombre de la dieta cultural. El siempre despierto reloj movía sus manecillas pasada la una de la madrugada. Y en un pestañazo -¡ZAS!- tuve a Pablo frente a mí. Hombre melenudo y atlético que caminaba en short y camiseta por la calle Perseverancia entre Heroísmo y Co…raje. ¿El lugar exacto? Sé que no era de La Mancha, pero sinceramente, no puedo acordarme.

No podía creer que el Pablo de Aventuras del Soldado Desconocido Cubano  estuviera delante de mí. Yo loco porque él me confesara lo que seguía a la última frase de esa novela: lo que significa… Quería saber qué significaba aquel mutilado final, sin embargo frente a él, los nervios me traicionaban cobardemente.

Este preámbulo no viene a cuento, pero ya está hecho y no me gusta empezar tarea alguna dos veces (1). Me GRITABA Pablo desde la acera de enfrente, mientras me invitaba a tomar asiento en el contén. Allí, bajo el frío de la noche, transcurrió esta conversación  que alcanzó algunos grados Celsius.

De seguro siempre habrá algún escéptico que ponga en tela de juicio mi diálogo con Pablo aquella noche. Y créanme, hasta yo mismo  lo dudaba, pero la Pablística teoría de la aparición espiritual me resultó convincente: el que ha sido vivo antes de estar muerto, ese sale de todas maneras; y el que ha estado muerto antes de morir ese no sale de ningún modo ni a nadie. (2) ¿Alguien discrepa en que Pablo tuviera la enorme y vital virtud de ser exagerado, excesivo, hiperbólico? (3)

Si ni los argumentos de Pablo ni los míos logran convencerlo, está usted en el más soberano derecho de abandonar la lectura, aunque le recuerdo que estoy en el legítimo deber de seguir escribiendo.

Bien, como decíamos ayer…, estábamos sentados sobre el contén de la acera. Tenía el reto periodístico de romper el hielo en aquella  noche congelada. Y lo rompí. Comencé por el principio: el prólogo. Le comenté que me  había parecido genialmente original que lo hubiera escrito con el aliento de sus propios teclazos; un prefacio que es necesario leer para navegar con brújula por las páginas del libro porque…

-¡Sí, el prólogo!- Pablo impidió a tiempo que mis elogios cayeran con esa fuerza menos sobre su novela. El prólogo lo iba a escribir  mi amigo Don Juan Marinello- el maestro incomparable e indiscutible de los prólogos (4), pero imagínate tenía en turno catorce tomos de versos, ocho novelas, siete ensayos, un estudio de geología, dos tratados de uranografía, la tesis de un histólogo, un diccionario de botánica y dos folletos sobre derecho penal… (5) -Por eso se me ocurrió la magnífica idea de redactarlo yo mismo.

Un “cambiemos el tema” me salió del alma. Entonces, le comuniqué que había resultado Vanguardia Nacional por su abnegado trabajo  como escritor de una novela en la que se emplea con maestría la intertextualidad, la doble narración, y armonía de lo real y lo fantástico  en la diégesis…

-¡¿ WHAAAAAT? ¡- me escupi-gritó asombrado.

-Que la crítica considera a Aventuras del Soldado Desconocido Cubano -aclaré más pausado- como uno de los mejores exponentes de la narrativa cubana de vanguardia. Que la tendencia humorística de esa novela constituyó un antecedente de obras universales como Decadencia y Caída del Mundo, de Hill Cuppy o Apócrifos del checo Karel Capeck. Que Aventuras… supera por sus aportes literarios a los narradores cubanos de la década del 30, y que…

-Muchas gracias, pero no siga que va a sacarme el rojo que llevo dentro, me interrumpió apenado. Hombres osados ha tenido la literatura: hay quien ha escrito con minúscula después de punto (…) hay quien ha empleado los signos suspensivos con lo marcial elegancia de regimientos que desfilan… o con la terrible inclemencia de los disparos de una ametralladora… … … y hasta ha habido escritores de vanguardia literaria propietarios de almacenes de tasajo (6), que no es mi caso; lo del tasajo, digo.

-Tu novela -expresé-, es un refrescante batido paródico hecho con frutas de ironía, sátira y choteo cubano. Es muy digerible la transformación humorística del discurso oficial. El lector ríe y reflexiona hasta  donde la cultura se lo permite. ¿Cómo lograste algo así?

-Yo no hice nada, todo fue posible gracias a la imaginación y cultura de Hiliodomiro del Sol. Recuerdo que lo de Napoleón se le ocurrió después de haber visto una película de Greta Garbo, que por aquellos años –1935 exactamente- estrenaban en Nueva York. ¡Había que ver el parecido entre la Garbo y el Napo! ¡Siempre enigmático, silencioso y empeñado siempre en poner cara de inteligente , o de individuo a quien le aprietan los zapatos. (7)

Napoleón tiene muy mala fama en el círculo de los de grandes héroes de la Historia. Te voy a contar lo que se comenta, según el testimonio de Hiliodomiro: Alejandro dice que quiso imitarlo y fracasó en su conquista de Egipto en donde lo  mejor  que hizo fue el discurso de las Pirámides; Aníbal  asegura que su campaña de Italia (…) fue una mala copia de la suya; César asegura cínicamente que lo único que le interesa de Napoleón son sus cuerpos de hermosos y gigantescos granaderos de la Guardia Imperial; Carlos XII de Suecia dice que sus triunfos fueron debidos a que no tuvo contrarios de categoría, sino una partida de “aguantagolpes”. (8)

-La heroicidad –acoté- es un tema recurrente en el libro. Hiliodomiro habla de aquellos héroes con un lenguaje contemporáneo, e incluso con alusiones a categorías marxistas. ¿Hiliodomiro  era un hombre de izquierda?

Pues claro. Nunca lo precisé en la obra porque lo estaba dejando para el final. Pero sí, Hiliodomiro era un hombre de izquierda por convicción natural: su brazo derecho lo había perdido en Ceja del Negro cuando la Guerra del 95. Era todo un héroe de Izquierda. Además, estudió con pelos y señales El Capital, por eso me confesó ideas como estas: La heroicidad, como casi todos los oficios, está en crisis.  Hay “exceso de producción”. Yo, por  muy héroe  que sea, no me ciega la pasión. Los héroes- casi todos, desde luego, porque hay sus excepciones– son como las tiples (…) Tienen furor de publicidad y no se resignan a que otro salga en los periódicos. (9)

-Pablo, si me lo permites, te leo un fragmento de lo que ha escrito una crítica de Literatura sobre tu novela: “La estructura lingüística de Aventuras… se basa en la oralidad a partir de su condición dialógica. En general, el léxico y la sintaxis remiten al español oral de Cuba, reforzado por expresiones coloquiales como “chico”, “no te creas”, “no te ocupes”, “figúrate”, y otras. Ello es importante (…)  (porque) garantiza el punto de vista popular de las proposiciones  semánticas de la novela (y) remite a lo cubano que se ha aludido en el “Prólogo” y en el título; además contribuye al carácter antiépico de los relatos de Hiliodomiro y proyectivamente de la obra.” (10)

-¡No me digas que mi inconclusa novela tiene todo eso ¡Escribí solo lo que mi amigo Hilio me dictó. Por lo demás, él no ha dejado de ser cubano, por muy soldado desconocido que sea, y no puede, por tanto, dejar de tirar a relajo, un poco su alta posición. Y esta es la mejor prueba de la fidelidad de mi interpretación: el que Hiliodomiro, soldado desconocido, no sea otra cosa, en el fondo, que un tipo de relajo. Ni más, ni menos, que cualquiera de nuestras grandes figuras.  (11)

-El hablar a lo cubano de Hiliodomiro le saca las cosquillas a cualquiera.  Aún recuerdo el paralelo entre el matadero y la guerra mundial.

-Sí, esa es una de las confesiones más relevantes y creativas de Hiliodomiro. ¡Qué gracia tenía para pintar con palabras determinadas situaciones! También recuerdo aquella analogía en la que expresaba: ¿Tú conoces la leyenda de algún  buey héroe, que se haya rebelado en el matadero? Pues eso fue lo que pasó. Como la Guerra Mundial no fue más que un matadero en donde el heroísmo revistió una forma negativa, una forma que nunca ha tenido: la resignación, la paciencia, la resistencia a sufrir, a rebelarse, es que podemos decir que en ella no hubo héroes… Tú sabes perfectamente, que el héroe ha sido siempre un impulsivo, un rebelde. (12)

-¿Sabías que el hecho de que Hiliodomiro funja como narrador-testigo y evaluador de los acontecimientos,  que se desarrollan en la historia ha dejado al campo a Dante, Cervantes y a Shakespeare?

-Era de esperar, modestia y aparte. Mi novela no se parece a ninguna de las obras universalmente famosas. Recuerdo que una noche  el Raulo Roa, Mongo Miyar y yo durante una tertulia literaria en el Castillo del Príncipe nos habíamos dado gusto diciendo que el Dante, a quien no hemos leído, era un pesado; que Cervantes era muy inferior a Don Quijote, desde luego, que Shakespeare en definitiva sólo resultaba un matón insoportable… (13)

-Al leer Aventuras…uno siente como si sus cuartillas susurraran un canto artístico a la vida con los pies en la realidad. ¿Qué es para Pablo la vida, la realidad y el arte?

-¡La realidad es solo un sueño pobre, y la vida, si la vida es algo que  quiera valer la pena, es de veras el huracán de sueños de los primeros años impetuosos, locos, vehementes y desaforados! (14) Por otra parte,  el arte no es más que la manifestación de la vida y  el artista, por tanto, no puede ser otra cosa que un intérprete de esta. Por ello (…) no puede haber artista honrado, si no penetra con valor la vida y a ella le arranca los temas de sus obras. (15)

-¿Es por ese particular sentido de ver la vida y el arte que decides marchar al frente español para concluir las páginas de Aventuras…?

Su cabeza dibujó en el aire un  modesto “sí“.

Como la conversación había ido tomando temperatura me animé a preguntarle sobre  lo qué seguía al último  lo que significa  de su novela. Dicho esto… caí de sueño sobre la página 1 022 del Diccionario de la Literatura Cubana. El Pablo retratado en esa cuartilla no vestía igual que el que había hablado conmigo hacía un instante. Este lucía de cuello y corbata, aunque en su mirada se descubría la pícara sonrisa de quien disfruta su vida resumida en columnas informativas en la página vecina. En minutos pasé la vista por aquellas palabras de síntesis biográfica. Leyendo y leyendo sentí como si un vivo que no ha muerto me recomendara leer Cartas y Crónicas desde España.

Pablo “me la ponía difícil” pasada la una de la madrugada. Debía leer Cartas y Crónicas…, el libro  que esperaba su turno en el armario. Tuve ante mí la huella impresa de los teclazos del corresponsal de New Masses y El Machete. Siguiendo línea a línea al retratista de la guerra tropecé con algunas claves que me facilitaron la comprensión de Aventuras...,. Compruébelo usted mismo.

La deuda de los fascistas españoles con Alemania e Italia está  creciendo  de una manera alarmante. Puede llegar a ser tan grande que no haya otra solución que la guerra internacional para cobrarla (16). (Carta del 17 de noviembre de 1936).

Meses antes había escrito en el Prólogo de su novela: Y si alguien alega que es muy tarde para salirse ahora con un libro de la gran guerra, que esto no sea obstáculo, porque la próxima gran guerra está al caerse de la mata, como vulgarmente se dice… “(17) Tres años más tarde la guerra mundial caería como manzana de Newton sobre la Tierra.

Otro párrafo llamó mi atención: Sobre Madrid lanzaron, con un paracaídas, una caja que contenía el cuerpo horriblemente descuartizado de un aviador que cayó en sus filas. Nada comparable con el horror a esto. Ni las tribus de antopófagos hacen esto, pues no hay en ellas el exhibicionismo de la barbarie. (18) (Carta del 17 de noviembre de 1936).

El fragmento anterior concuerda con este de Aventuras…: Uno cayó desde un avión con paracaídas. Con ametralladoras de mano y careta. Animales más extraordinarios jamás se han visto sobre la tierra. Hasta el hombre de Neardhenthal, al contemplarnos, pegó un aullido de pavor y huyó hacia su caverna, soltando el descomunal garrote… (19)

Es impresionante cómo coinciden el Pablo de Aventuras…y el de las Cartas y Crónicas desde España. ¡Oooobvioooo es el miiiismooo¡ Sentí que alguien me gritaba desde alguna parte.

Después de leer estas reveladoras coincidencias novela inconclusa pudiera continuar así: lo que significa que… Pablo exhausto de dar teclazos en su achacosa máquina de escribir se aburrió del frío de New York, y partió en busca del calor de la Guerra Española. Fue dispuesto a dejar su vida colgada en cualquier combate, en nombre de la justicia futura. Pablo tenía la esperanza de hacer el cuento. Creía que, al menos cojo, regresaría.

A decir verdad, Pablo dejó abierto el final de Aventuras… en el más Acá para que cada lector imaginara el suyo. Fue un cierre democrático del periodista y ser humano Pablo. También se dice que apenas puso un pie en el más Allá  buscó una máquina de escribir para terminar su “coña terrible”, como el mismo la calificara en carta a  Raúl Roa del 4 de agosto de 1936 desde New York. Se dice que con una jarra de buen vino español encendió su imaginación y tecleó desaforado el último capítulo de su novela inmortal.

Hace años que Pablo está en un teléfono público del más Allá intentando comunicarse con nosotros, los del más Acá, para darnos la noticia de que su Aventuras del Soldado Desconocido Cubano ya tiene un santo final como Dios manda. Pero las líneas permanecen congestionadas (sí, en el más Allá también).
 
Notas:

(1) Pablo de la Torriente Brau, Aventuras del Soldado Desconocido Cubano y Crítica Artística y Literaria, en Reivindicaciones de Emilio Salgari,  La Habana, Editorial Pablo, 2000, p.113.

(2) Ibídem, p.45.

(3) Ibídem, p.113.

(4) Pablo de la Torriente Brau, Aventuras del Soldado Desconocido Cubano y Crítica Artística y Literaria, en Prólogo a Versos míos de la libreta tuya,  La Habana, Editorial Pablo, 2000, p.121.

(5) Íbidem, p.121.

(6) Ibídem, p.120.

(7) Pablo de la Torriente Brau, Aventuras del Soldado Desconocido Cubano y Crítica Artística y Literaria, La Habana, Editorial Pablo, 2000, p.121.

(8) Ibídem, p. 94.

(9) Pablo de la Torriente Brau, Aventuras del Soldado Desconocido Cubano y  otras páginas,  La Habana, Editorial Pablo, 2000, p.94.

(10) Pablo de la Torriente Brau, Aventuras del Soldado Desconocido Cubano y Crítica Artística y Literaria,  La Habana, Editorial Pablo, 2000, p. 27.

(11) Ibídem, pp 47-48.
 
(12) Ibídem, p.61.

(13) Pablo de la Torriente Brau, Aventuras del Soldado Desconocido Cubano y Crítica Artística y Literaria, en Reivindicaciones de Emilio Salgari,  La Habana, Editorial Pablo, 2000, p.113.

(14) Ibídem, p.114

(15) Pablo de la Torriente Brau, Aventuras del Soldado Desconocido Cubano y Crítica Artística y Literaria, en  Al Congreso de Artistas…,  La Habana, Editorial Pablo, 2000, p.113.

(16) Pablo d e la Torriente Brau,  Cartas y  Crónicas desde España, La Habana, Centro Cultural Pablo, 2005, p.94.

(17) Pablo de la Torriente Brau, Aventuras del Soldado Desconocido Cubano y Crítica Artística y Literaria,  La Habana, Editorial Pablo, 2000, p. 48.

(18) Pablo d e la Torriente Brau,  Cartas y  Crónicas desde España, La Habana, Centro Cultural Pablo, 2005, p.94.

(19) Pablo de la Torriente Brau, Aventuras del Soldado Desconocido Cubano y Crítica Artística y Literaria, La Habana, Editorial Pablo, 2000, p.98.

 

 

PERIODISTA A SECAS

PERIODISTA A SECAS

Educación y periodismo en Julio García Luis, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, autor de libros de consulta obligada para los periodistas, testigo presencial en coberturas de viajes del Comandante en Jefe Fidel Castro: maestro de formación y espíritu.

Lic. IRIS HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ,
Periodista del semanario 26.

En el sector periodístico, al Doctor en Ciencias Julio García Luis, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, lo conocemos desde diversos ángulos. Para algunas generaciones, como el autor del libro de Géneros de Opinión, necesario cuando comenzamos a desandar las maneras de presentar la noticia. Entre otras, el colega que anduvo con Fidel durante años en diferentes coberturas dentro y fuera de Cuba. La mayoría lo tiene sencillamente como un maestro y una excelente persona.

A Las Tunas llegó para impartir el módulo de Ética y Deontología, de la Maestría de Comunicación, a periodistas y profesionales de esta esfera en la provincia. También encontró un momento para conversar con los lectores del semanario 26.

“Yo me gradué de maestro normalista, cuenta. Y, después, como profesor de Historia, en la Universidad Central de Las Villas. En 1966, pasé a trabajar al Comité Central en la Comisión de Orientación Revolucionaria. Al año siguiente ya se había creado el periódico Granma, vino un problema de microfracción allí, como un rebrote del sectarismo de 1962. Un grupo de compañeros fue a reforzar  el diario. No tenía experiencia en el periodismo. Era el jefe de la página ideológica y comencé a redactar los editoriales del periódico.

“A mí me tocó una parte del periodismo que no es exactamente la más reconfortante en cuanto a géneros. Trabajar con los editoriales es lo más duro del periodismo. No por anónimo o menos visible, sino porque no tienes la posibilidad más motivadora en el desempeño del periodista: el contacto con la gente, con las situaciones. El reportero puede disfrutar mucho lo que hace, cuando busca algo; investigar, estar en el terreno. Escribir editoriales no es realmente el lenguaje con el cual a uno le puede gustar escribir, te exige una especie de desdoblamiento.

“No es lo mismo el periodista que hace una crónica, una nota, una entrevista, un reportaje… que cuando uno redacta en nombre de algo, demanda asumir una postura muy oficial. Y esa tarea me tocó desde que empecé en el periódico por cerca de unos 20 años. Después la siguió Félix Pita Astudillo. Ahora se publican mucho menos editoriales en los periódicos. En aquella época había una serie de circunstancias internas... Motivaba que se publicaran, al igual que notas no firmadas. Era algo obligatorio en el momento y no surgía de una motivación personal. Eso es muy desgastador”.

-¿Qué le aportó su formación de profesor de Historia en el Periodismo?

Ha influido, naturalmente. Hubiera sido muy bueno, más fácil, haber tenido una formación periodística. Me hubiera servido mucho para acortar mi propio aprendizaje, he aprendido en el camino dando tropezones. Pero en aquella época había una gran dosis de empirismo en el periodismo. Se había creado la carrera en 1962 con la Reforma Universitaria. Cuando yo me inicié se daban los primeros pasos de la enseñanza.

Realmente nunca dejé el aula, aún cuando estaba en otras responsabilidades. Desde mediados de los  años 70, daba clases en la propia formación de periodistas, titular a los empíricos… se generaban muchos cursos. Lo asumía por etapas, cuando hacía falta. Me gusta la docencia.

-Después vino el momento de las coberturas importantes…

Luego descubrí la parte más sabrosa del periodismo, el reportaje, ese tipo de cosas, dentro de las posibilidades he intentado hacerlo. ¿Las coberturas?… Sí, es interesante.

¿La gran anécdota? Es la experiencia de haber podido estar cerca de Fidel en muchas oportunidades, calibrar sus características tan excepcionales en el plano personal, esa es una experiencia construida de un millón de anécdotas. Lo que más me llama la atención de Fidel es que él nunca le pasa de forma superficial a algo, aunque sea aparentemente insignificante, a todo le dedica una atención profunda. Es su capacidad intelectual para atender con profundidad cualquier cosa o en lo que nadie había pensado.

Fue una fuente de experiencias importantes, vivir esos momentos dentro de Cuba como fuera, en distintos lugares, en distintas circunstancias. Como periodista es muy valioso.

-¿Qué se siente al saber que sus libros son tan recurrentes en la formación de los nuevos periodistas?

Eso uno no se lo espera. Los libros han ido surgiendo por necesidades del trabajo. Estoy aguardando el momento de sentarme a escribir algo que sí me haya dispuesto a ser publicado, por el gusto de hacerlo. Aquellos han sido segundos resultados de materiales hechos originalmente con un propósito más práctico, dar algunos cursos, conferencias, formación. Géneros de opinión surgió de contenidos que les dimos a los primeros angolanos después de la independencia, venían con nivel muy bajo, debían ser preparados rápidamente. De las clases salió ese libro.

Fue un producto circunstancial y otras cosas han sido así por el estilo. Nada de eso es fruto de una determinación de hacer un libro, pero ya vendrá, ya tendré el momento para hacerlo.

Esos criterios publicados tienen bastante de la época. En estos casi 30 años ha habido un desarrollo muy rápido de los medios audiovisuales, apareció Internet. Todo eso le ha presentado una competencia a la prensa escrita y la obliga a reacomodarse. Hay cambios importantes en el estilo de trabajar la opinión en los medios. Y los periódicos están invadidos hoy por una manera cada vez más coloquial, más informal, más personal que es consecuencia de la necesidad de la prensa de buscar fortalezas frente al monstruo que representa la televisión, el desarrollo de Internet, del periodismo digital. Todo eso trae cambios en la forma de escribir, de hacer las cosas. Cada día el periodismo escrito es menos formalista, menos institucionalista.

Ahora las personas le dedican menos tiempo a leer, la lectura de prensa retrocede, se reduce el consumo de periódico en el mundo… Ese fenómeno provoca que se trate de violentar, en cierta forma, los recursos legítimos de la prensa para atraer; también en la audiovisual, se acude a la espectacularización, mezcla de ficción, infoentretenimiento, se trata de captar la atención a todo precio. Eso se traduce en pérdida de credibilidad de la prensa y de los periodistas, no solo en Cuba sino en el mundo.

En general, el periodismo es una profesión sometida a presiones muy fuertes, por el mercado, por la competencia entre los medios. Pero, eso conduce a que el ejercicio del periodismo requiera una revalorización profunda de qué se está haciendo, cómo se está haciendo; los niveles de eficiencia que se logran, en cualquier parte, el crédito del periodista y la eficiencia de periodismo está sometida a muchas presiones adversas.

-¿Qué le corresponde entonces a los periodistas en formación y a quienes ya están en las redacciones?

Hay que pedirles el mismo o más compromiso. Antes, ese compromiso estaba dado por las propias circunstancias o era menos visible esa necesidad de compromiso político, pero es indudable. Esa es la razón primera para cualquiera que quiera ejercer o se gradúe de periodista. En los años anteriores, el compromiso era casi lo único con que se salía a batallar.

También hace falta que los profesionales tengan la habilidad para llevar los mensajes de un modo más atractivo, con un lenguaje en los medios que se parezca a estos tiempos. 

-¿Dónde se siente como pez en el agua: en el aula o en la redacción?

Me gusta ser profesor. No lo puedo negar, tener la escuela, los muchachos; que ellos me vean con cierta condescendencia. Todo eso me alienta mucho. Pero, siempre guardo la idea de que lo más importante para mí es ser periodista, así… a secas.

 

 

LA DIMENSIÓN ÉTICA DE LA COMUNICACIÓN

LA DIMENSIÓN ÉTICA DE LA COMUNICACIÓN

Palabras pronunciadas por la Doctora Miriam Rodríguez Betancourt, Premio Nacional de Periodismo José Martí y Profesora Titular de la Facultad de Comunicación, en la graduación del curso 2009-2010, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.

Compañeros de la presidencia:

Queridos graduandos:

Una vez más, en este año pródigo en honores, se me otorga otro que me desborda: dirigirme a esta nueva hornada de comunicadores, y hacerlo, además, en este recinto emblemático, poblado de símbolos y voces que forman parte ineludible de la cultura cubana.

Permítanme, pues, cumplir este encargo compartiendo algunas ideas en torno a las nuevas tareas que, como profesionales, deberán encarar de ahora en adelante cuando las aulas, los maestros, los condiscípulos que, hasta hoy, integraron sus vidas, comienzan a dibujarse como recuerdos, pero de esos que no naufragan en las oscuras aguas del olvido.

Quiero referirme a un aspecto de ese futuro inmediato que, creo, crucial: la dimensión ética de la comunicación, cuyos problemas no sólo se nos presentan desde la acción individual, aun reconociendo la extraordinaria  importancia de la conciencia privada. 

La dimensión ética de la comunicación involucra a la sociedad en su conjunto, a los procesos y a los entes decisores, a los emisores y a los receptores, y si en el Periodismo se nos revela con gran nitidez especialmente en el establecimiento de las políticas editoriales, también  en la Comunicación Organizacional e Institucional,  en la Publicidad, en las Relaciones Públicas, la responsabilidad de trabajar con valores ocupa un espacio esencial.

El hecho de que nuestra sociedad se defina en una política comprometida con las aspiraciones más nobles y justas del ser humano, no nos exime del destino común que a nuestra especie puede depararle los gravísimos problemas del mundo de hoy donde no se perciben ni siquiera a mediano plazo soluciones globales.   Los comunicadores cubanos estamos obligados a asumir conscientemente los riesgos que corremos en un contexto de globalización casi total, a reconocer cómo nos afectan la unipolaridad de fuerzas del mundo actual y el control, también unipolar, de la información, y a encontrar las vías idóneas para enfrentarlo con eficacia, es decir, con capacidad de respuesta inteligente.

No finalizan nuestras responsabilidades en el sentido ético porque en nuestra sociedad la información no se valore como mercancía, objeto de consumo, sino como valor cultural, ni porque nuestras empresas e instituciones se fundamenten en el objetivo de servir con eficiencia y honestidad al público. 

Las contradicciones no desaparecen, porque el hacer profesional se inscribe en el día a día, en el ancho y complejo campo de la praxis. Y he ahí donde la responsabilidad individual entra en juego. Por ejemplo, cuando seleccionamos, ordenamos, contextualizamos, interpretamos y redactamos  una noticia, cuando la construimos, nuestra acción decisiva pasa, en primer lugar, por la enciclopedia ética que hasta ese minuto de gloriosa soledad, hayamos atesorado. Cuando elaboramos una información publicitaria para un producto comercial y ponderamos sus cualidades, con creatividad, pero sin añadirle atributos falsos en busca de ventas más fáciles, lo determinante resulta de los valores que hayamos incorporado al trabajo.  Y da lo mismo, como decía el ensayista Salvador Alsius, si a la observación de estas normas deontológicas sin proponérselo uno, le llamemos ética o calidad profesional, “porque posiblemente una cosa y otra son en el fondo una misma”. (1) Catorce dudas sobre el Periodismo en TV, pag. 16. 

Los conflictos en este terreno no sólo pasan por los enfrentamientos más o menos serios, universales y, al parecer,  eternos entre las políticas editoriales o empresariales y nuestros criterios profesionales, sino por las acechanzas que otros actores tienden sobre los comunicadores en forma de sobornos, sutiles o desembozados, para preservar sus intereses, o en el ocultamiento, o falseamiento, incluso, de datos que las fuentes pueden hacer, por las mismas razones.

Cabe al comunicador plantearse el dilema ético en sus múltiples manifestaciones, tanto las que corresponden al ámbito nacional como al internacional, entre ellas las que se expresan en la significación que para los países subdesarrollados tiene la desigualdad en el acceso a las nuevas tecnologías y la monopolización de la información en entidades ajenas, cuando no totalmente contrarias a las realidades, expectativas y necesidades de los pueblos.

El debate en lo que respecta a la ética de la comunicación no puede soslayar el análisis a fondo de los peligros que representa para nuestra cultura la pretendida uniformación de las mentalidades y el monopolio lingüístico contrario al desarrollo de las peculiaridades culturales de cada país, que en la publicidad comercial alcanza sus cotas más altas,  esa suerte de “catecismo del mercado” como lo ha bautizado Ignacio Ramonet.

Pero tampoco el debate puede excluir el desconocimiento y falta de interpretación crítica acerca del sistema de valores, las preferencias, los consumos, y la opinión sobre la comunicación que hacemos, de nuestro propio receptor. Esa discusión debería ser objeto de análisis en todas partes, y muy especialmente, en los medios de comunicación, las empresas e instituciones, gremios profesionales y en las universidades donde se forman nuestros comunicadores.  Re-pensar sistemáticamente la ética de la Comunicación y la Comunicación misma. Como recordaba Paulo Freire, refiriéndose a la Educación: “En el verdadero proceso de educación, nadie educa a nadie, nadie se educa solo tampoco, los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo”.

La del Comunicador es una de las profesiones que exhiben una articulación tan orgánica con la Ética que se pueden fusionar con ella las propias funciones y modos de hacer comunicativos. Esta es una fortaleza indudable; otra, la fuerte tradición del pensamiento ético cubano que en José Martí tiene punto de culminación y arranque de continuidad hasta nuestros días. El profesor Julio García Luis, titular de la asignatura de Ética Periodística, destaca, como sustento de nuestra eticidad,  el apotegma martiano: Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.

Añade en este sentido, el Doctor Armando Hart: “Contamos, en el pensamiento de José Martí, con un paradigma de humanismo raigal e integrador, portador de una identidad definida, una vocación universal y una propuesta civilizadora”. (Identidad, universalidad y civilización.  El vórtice del ciclón.  Juventud Rebelde, 21-.8-94, pág. 13)

Queridos graduandos, cuasi colegas:

Arriban ustedes al escenario comunicativo nacional en momentos de los más complejos vividos en el ya largo camino de la Revolución Cubana que, por experiencia y convicción, continuará perfeccionando su proyecto de nación independiente, socialista, culta, “con todos y para el bien de todos”.

A ese objetivo irrenunciable han de sumarse ustedes con el bagaje de sus conocimientos, su actitud ética, su espíritu crítico y transformador en consonancia con la profesión elegida: la de comunicadores revolucionarios.

Les deseamos muchos éxitos en tan difícil y noble empeño.  Muchas gracias.

 

MEDIOS Y PERIODISTAS: ¿IMPARCIALIDAD POSIBLE O VIRTUAL?

MEDIOS Y PERIODISTAS: ¿IMPARCIALIDAD POSIBLE O VIRTUAL?

Lic. RICHARD ÁVILA Y Lic. JOSÉ LUIS ZABALETA,
Coordinadores del Programa de
Formación de Comunicación Social,
Universidad Bolivariana de
Venezuela, Sede Monagas.

Algunos autores plantean que el primer rasgo distintivo de la prensa gratuita es la ausencia de confrontación política. Al respecto, Ramón Pedrós, director editorial de Metro Internacional para España, declaró: “Yo no quiero que nadie me rechace el periódico”. 

La referencia de Pedrós es la defensa recurrente de los editores que esgrimen la imparcialidad, la objetividad y la neutralidad como escudo para evitar acusaciones de sesgo, como patente para ser aceptados por la mayoría de los lectores y como garantía de que los anunciantes no los tildarán de tendenciosos.

Sin embargo, la experiencia nos ha dado a los lectores la certeza de que tales argumentos son falaces y siempre muestran sus costuras. Sólo habría que aguzar la vista y ser irreverentes con la vicaría de los medios de comunicación y el periodismo.

Antes de seguir, es pertinente contextualizar las declaraciones del periodista precitado. Nos referimos sustancialmente a lo que significa ser el editor de un periódico gratuito (ese que se regala en la calle y que depende un 100% de la publicidad) y el alcance y la tradición de Metro Internacional.

Un poco de historia

Fue Estados Unidos el país pionero en prensa gratuita, con la publicación, en la década de 1940, del primero de estos periódicos, que en la actualidad se denomina Contra Costa Times. En los años 70 surgieron algunas publicaciones gratuitas más, aunque este tipo de prensa no empezó a ser popular en Norteamérica hasta la década siguiente.

Europa se incorporó a esta corriente con mucho retraso y fue España el país que dio el primer paso, cuando en 1992 apareció el primer ejemplar de Minidiario, en Valencia. Tres años después salió a la luz Metro, un periódico gratuito sueco, que dos años después se había difundido a otros países europeos y ha sido, con su firma Metro Internacional, una de las editoras de periódicos gratuitos con más alcance y más lectores no sólo en Europa, sino igualmente en América y Asia, según la enciclopedia en línea Wikipedia.

La siguiente empresa en lanzar al mercado un periódico gratuito fue la noruega Schibested, que en 1999 publicó desde Zúrich el periódico 20 Minutos.

En América Latina, los países donde más éxito y tiraje han tenido son México, Chile, Ecuador y Argentina. La prensa gratuita llegó a Venezuela a principios de 2004. El primero fue el semanario En Caracas, que se repartía todos los viernes con un tiraje de 50 000 ejemplares, pero salió de circulación el 16 de diciembre de 2005.

Le siguió el diario Primera Hora, en junio de 2005, perteneciente a la C.A Editora El Nacional, que a su vez edita otros medios impresos, entre ellos el tradicional y venido a menos (en tiraje) El Nacional. Por último, El Diario de Caracas, que luego de venderse sin mucho éxito, pasó a ser gratuito a principios de septiembre. Todos estos diarios gratuitos se reparten solamente en la ciudad de Caracas.

Rasgos de la prensa gratuita, según sus defensores

En vista de lo poco conocidos que son estos medios en nuestro ámbito periodístico, acudimos a una caracterización de la prensa gratuita, siempre alertando que -en su mayoría- son rasgos que identifican sus propios defensores y auspiciantes. He aquí algunos de ellos, según Francisco Fernández Beltrán:

-Son tabloides de gran tiraje que se reparten gratuitamente en el metro, otros sistemas de transporte público y en la calle.

-Sus costos no dependen de la venta del periódico sino estrictamente de la publicidad.

-Por depender de la publicidad se fijan una regulación según la cual no deben contener más del 30% ó 40% de ésta en sus páginas.

-Son escrupulosos para diferenciar la publicidad de la información.

-Evitan la confrontación y el sesgo político.

-Tratamiento informativos más ligeros y menos profundos que obligan al lector a buscar más información en otros medios.

-Mucha utilización de fotografías y otros recursos gráficos que lo hacen menos textual.

-Son empresas multinacionales de grandes cadenas que mantienen formatos similares y las mismas pautas de acuerdo a cada región.

-Están diseminados por toda Europa y en América Latina son muy populares en México, Chile y Ecuador.

Para quienes han tratado el impacto de la prensa gratuita en el ámbito editorial, la llegada de la estos periódicos supone una nueva competencia para la prensa tradicional o de pago, por alcanzar un mayor número de lectores. En muchos casos está en juego la subsistencia de los medios, lo que hace pensar que la pelea no se libra sólo en la preferencia de los lectores sino con mayor fiereza en la cartera de anunciantes. Sin embargo, notamos -como en el caso de las grandes editoras venezolanas, caso El nacional- que los periódicos gratuitos se han convertido en complementos del negocio impreso de la prensa paga.

Sus defensores muestran una cara romántica e ideal de la prensa gratuita, al punto que llegan a hacer esta apología, publicada por López Lita R., luego de hacer un trabajo de postgrado para la Universidad de Barcelona:

“Independientemente de que se dirijan a los mismos lectores, o a otros, y de que pugnen diariamente por la inversión de iguales o diferentes anunciantes, lo cierto es que la prensa gratuita que se ha desarrollado en los últimos años en Europa lo ha hecho a partir de un modelo ciertamente diferenciado de la de pago. El primer rasgo distintivo es la ausencia de confrontación política. Se trata de un periodismo que pone el acento en el interés humano de los acontecimientos, más allá de las meras declaraciones partidistas y que busca sobre todo la difusión de informaciones cercanas al lector, algunas de las cuales no tienen cabida normalmente en la prensa de pago”.

A continuación, listamos algunas “peculiaridades” de estilo que López Lita le asigna a esta “novedad” complementaria del mainstream:

-Un modelo informativo basado en la concisión.

-Un periódico con todas las secciones que no ocupa más allá de 28 a 32 páginas.

-Está pensado para ser leído rápidamente, entre 20 a 25 minutos.

-Obliga a los periodistas a una labor de condensación muy importante.

-Pero también obliga al lector a cambiar algunos de sus hábitos de lectura.

Obviamente que esta declaración y estas “peculiaridades” nos hacen inferir que tal modalidad de no-pago lleva implícita la vieja doctrina de la objetividad, maquillada ahora para un producto derivado de los medios mercantiles del siglo XX.

Objetividad, imparcialidad, neutralidad informativa

La prensa mercantil de la primera mitad del siglo XX se esforzó por conquistar públicos y anunciantes. Esto, debido a los grandes tirajes provocados por el uso de novedades tecnológicas que potenciaron la capacidad de producir muchos periódicos y por el aumento de la alfabetización.

El elemento de la ecuación que faltaba era la accesibilidad a todos los públicos, blancos y negros, pobres y ricos, sin distingos religiosos ni ideológicos. Fue así como nació la doctrina de la objetividad, que se esmeraba por convencer a los públicos de que los medios y los periodistas tenían la capacidad -y la voluntad- de transmitir los hechos sin intervenciones, sin sesgos, “sin contaminación”.

“Esta prensa, al contrario de su antecesora, necesitaba presentar un rostro neutro, imparcial, no comprometido, para que fuera aceptada y creída por personas de diferentes posiciones ideológicas y políticas. Se requería, también, presentar una postura sin compromisos con los sectores de poder, especialmente gubernamentales” (Dragnic, Olga; 2006).

Pero ¿qué es lo que se entiende en las ciencias sociales como objetividad? Abbagnano la define como “El carácter de la consideración  que intenta ver el objeto tal como es,  prescindiendo de las preferencias y de los  intereses del que los considera y basándose solamente en procedimientos intersubjetivos de comprobación y de control... La objetividad es el ideal de la investigación  científica, ideal al que se acerca en la medida en que dispone de procedimientos  adecuados”.

Sin embargo, esta tal objetividad no es dable en los seres humanos, es decir, en tanto sujetos, las personas no pueden aspirar a tener la capacidad de las máquinas, de robots, que reciben y emiten información o conocimiento sin interpretarlas. Así lo sostiene Adam Schaff en su obra “Historia y Verdad”, en la cual denuncia la pretendida neutralidad de la historia y reivindica la condición subjetiva de los investigadores, de los historiadores, lo que podríamos traspolar a los periodistas:

“El sujeto desempeña en el conocimiento histórico un papel activo, y la  objetividad de este conocimiento siempre contiene una dosis de subjetividad. De lo  contrario, este conocimiento sería ahumano  o super-humano”.

Para Dragnic, en el periodismo mercantil y positivista del siglo pasado, la objetividad es tenida como La cualidad que debe tener la información al ser el reflejo fiel de la realidad de la cual se ocupa, mientras que el periodismo objetivo vendría a ser en esta parafernalia funcionalista el Tipo de tratamiento de la actualidad que pretende presentar los hechos tal y como ocurrieron.

Como vemos, se trata de una apreciación acientífica de la relación entre sujeto-objeto en el proceso de conocer y que queda bien explicado en la teoría materialista del conocimiento.

Al respecto, el periodista y catedrático venezolano Federico Álvarez sostiene que “nuestra versión de lo que percibimos está condicionada por nuestros prejuicios, nuestros sentimientos, nuestros valores, nuestras fobias, ideas, etc. Es decir, el sujeto que percibe o, lo que es lo mismo, el sujeto que conoce, es un elemento activo que contamina con sus contenidos de conciencia todo aquello que capta (...) La objetividad no sólo es insostenible a la luz de los conocimientos científicos contemporáneos, sino que además no es consecuente con su pretensa independencia de compromisos políticos o ideológicos”.

Talvez, en el mismo orden, podría ilustrarnos lo que se pretende cuando en periodismo se habla de imparcialidad y neutralidad, según el Diccionario de Comunicación Social de Olga Dragnic:

Imparcialidad: La ausencia de posición preconcebida a favor o en contra de personas, ideas, hechos o cosas, al estudiarlas o tratarlas. En el periodismo, el concepto se aplica en este mismo sentido, a la forma como el redactor y el medio masivo perciben, juzgan y representan los acontecimientos y las personas.

Neutralidad: La actitud de una persona que no toma partido en ningún sentido, ni a favor ni en contra, sea de una idea, acción, grupo social o sectores en conflicto.

En el periodismo, tales preceptos tratan de justificar que el periodista y los medios pueden mantener un respeto a los hechos y al libre albedrío de los lectores. Al respecto, Federico Álvarez apuntilla: “Respeto a la materialidad de los hechos y respeto al libre albedrío del lector, dos caballos de batalla del periodismo industrial”.

¿Y cómo son los periódicos gratuitos?

Basta con hacer una somera revisión a las ediciones impresas que sobre estos periódicos gratuitos están en la web para desmontar la pretendida imparcialidad o “ausencia de confrontación política” en su tratamiento informativo.

La cita de arriba, de Ramón Pedrós, parece emanada de un conspicuo ideólo de la imparcialidad en los medios, de un sofista de la doctrina de la objetividad. Sin embargo, fue precisamente Pedrós, editor del Metro, quien fuera suspendido por los propietarios de Metro International porque bajo su responsabilidad salió a la luz una primera página falsa en una edición de 2006, que contenía informaciones traídas de los pelos como que en Madrid se estaba construyendo un muro con la ayuda de Estados Unidos y otras menudencias.

La seriedad de sus palabras tal vez hayan sido medidas por sus productos periodísticos, pero lo cierto es que la formalidad de los diarios gratuitos tiene “patas cortas” a juzgar por el episodio de Metro y que se convirtió en noticia de farándula de los medios españoles, ya de por sí dados al espectáculo permanente.

Y se pueden encontrar otras sorpresas. Por ejemplo, que en un diario como Publimetro, de México, podemos notar estos rasgos en nada rigurosos:

-Más del 60% de las páginas es dedicado a la publicidad.

-Las páginas impares (la de mayor visibilidad y costo) se reservan casi exclusivamente a la publicidad.

-Hay publicidades que por su presentación, sus características gráficas y su ubicación se confunden con la información.

En la edición del 26 de marzo de 2010 de Publimetro, podemos observar que la noticia con foto destacada de primera página remite a una información interna que recoge el análisis de un grafólogo “imparcial” sobre las firmas de varios mandatarios mundiales. Vale decir que los grafólogos hacen un perfil de la personalidad de un sujeto, estudiando su firma.

Éstos fueron algunos de los resultados de la grafóloga imparcial:

Barack Obama, presidente de Estados Unidos (“Ojo Alegre”): Se trata de una persona de procesos mentales ágiles. Siempre tiene una respuesta rápida para todo. Tiende a ser ’ojo alegre’ (coqueto). Es capaz de sacrificarse por sus ideales. Hiperactivo e inflexible. Nervioso. Puede llegar a magnificar los problemas. No le gusta ver hacia atrás. Para él, el fin sí justifica los medios.

Felipe Calderón Hinojosa, presidente de México (“Agresivo secundario”): Se trata de una persona para la que es muy importante su imagen y siempre procura dar una buena impresión. Es sociable y práctico. Por el número ’6’ intermedio (en la firma), se deduce que el aspecto económico le es muy importante. Es tenaz, de ’agresividad secundaria’, es decir, responde a la agresividad, pero no tomaría la iniciativa. Al momento de escribir estaba estresado. Se concentra fácilmente. Trabaja bien en equipo.

Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina (“Se autoagrede”): Se trata de una persona que se siente muy apegada a su pasado, inclusive le pesa. No ve mucho al presente y va con todo al futuro. Le gusta llamar la atención y necesita constantemente reafirmaciones, a manera de cumplidos. Tiene problemas de hipertensión y gastritis. Es sumamente práctica, decidida y no se arriesga fácilmente. Es poco tolerante y se autoagrede.

Hugo Chávez, presidente de Venezuela (“Cruel”): Es un hombre fuerte, de carácter y estricto, impulsivo, enérgico y cruel, así como autocontrolador. Estresado y observador. Quisiera dejar atrás el pasado y no puede. Es ’cuadrado’, inflexible y drástico. Tiene problemas en la columna vertebral. Su educación fue muy estricta. Apto para la milicia; es mejor jefe que subalterno.

Se trata, entonces, de una de las tantas muestras de cómo, desde la concepción de “cero confrontación política”, un diario puede hacer un tratamiento sesgado y tendencioso de la cuestión política, usando para ello algunos productos periodísticos “frescos, inocuos y llamativos”.

El periodismo como instrumento del poder y como poder para el cambio

Harto ha sido dicho que las representaciones de la realidad siempre son utilizadas por el poder para mantener su preeminencia y su hegemonía. Una de esas representaciones es el lenguaje, materia prima del periodismo y la comunicación.

Sería ingenuo pensar, entonces, en que los medios actuales, llámense pagos o gratuitos, impresos o audiovisuales, llevan consigo la semilla de la discordia en una sociedad dividida en clases sociales, y con ello señalamos la división internacional del trabajo, también.

En un sistema social en el cual la ideología dominante es la de las clases dominantes, denota también la expresión de la explotación de un grupo de hombres sobre la mayoría.

Alexis Márquez Rodríguez trata en su libro “La Comunicación Impresa” in extenso sobre este asunto del condicionamiento ideológico del lenguaje y su traspolación hacia el periodismo, y nos dice: “... así como en una sociedad clasista la conciencia -es decir, las ideas- dominante es la de la clase dominante, también es el lenguaje de ésta el que predomina”.

Y cita a Armand Mattelart para ratificar que “toda actividad y todo producto en la sociedad capitalista participan del mundo y de la lógica de la mercancía. El lenguaje mismo que permite transmitir al público el sentido de dicha actividad y de dicho producto -cualquiera que sea- es el lenguaje del hombre de la mercancía que se transforma en amo de todo lenguaje”.

¿Cómo podemos pensar entonces en medios imparciales, neutrales, objetivos, cuando en la sociedad lo que se da es una cruenta lucha de clases que se manifiesta en todos los ámbitos del quehacer humano, sobre todo en el periodismo, una de las herramientas creadoras del consenso y de estereotipos de toda clase y en todos los niveles.

Con precisión, nos refiere Márquez Rodríguez: “Como es obvio, los empresarios de los medios de comunicación, conspicuos representantes de la burguesía y del capitalismo, no pueden limitar su actividad, dado el carácter específico de tal tipo de empresa, solamente al lucro monetario. Es inevitable que también se maneje el negocio con un propósito de defensa y preservación del sistema capitalista dentro del cual la empresa privada tiene sentido y se justifica”.

En esta su función de imposición de ideas, creación de consenso y otras menudencias, los medios han diversificado sus tareas. Y no sólo los programas destinados al entretenimiento, sino que las mismas noticias se han convertido en herramientas de evasión e irreflexión de los ciudadanos.

Héctor Mojica, quien igualmente critica la separación que la prensa industrial hizo de las opiniones y de las noticias, lo recoge de esta manera: “La llamada ’gran prensa’ no sólo informa y opina (insistiremos en esta falsa dicotomía), sino que tiene una función evasora: el entretenimiento clásico ha devenido en evasión. De allí la importancia, creciente, de los features. Con razón un periodista francés decía que Le Parisien Liberé tiene por misión la de ’liberar’ a sus lectores de toda preocupación, así como ahorrarles la de reflexionar. En Les maitres de la presse puede leerse esta regla, casi ley, de la gran prensa: “La desgracia de los otros os ayuda a creeros feliz”.

Por su parte, Armand Mattelart, en su obra Medios de Comunicación: Mito burgués vs Lucha de clases, rescata el término marxista de fetiche, el cual acuña a los medios burgueses con la derivación creada por Roland Barthes de mito. Por lo que a las acciones y efectos que los medios producen en la sociedad les llama mitología.

“El medio de comunicación de masas es un mito -dice Mattelart- en la medida en que se le considera una entidad dotada de autonomía, una especia de epifenómeno que trasciende la sociedad donde se inscribe. Así, la entidad medios de comunicación de masas se ha convertido en un actor en la escenografía de un mundo regido por la racionalidad tecnológica. Es la versión actualizada de “las fuerzas naturales”.

También aborda Mattelart el lenguaje de los medios y su discurso, un discurso plano, integrador, que desvanece las diferencias y los antagonismos sociales mediante conceptos fabricados, consensuados en la gran prensa e impuestos a la mayoría. Y nos dice: “... este concepto apunta a borrar todo esquema de estratificación social y a ofrecer a los receptores la imagen de una sociedad sometida al mismo determinismo indiferenciador. Junto a él, ha surgido la serie de los conceptos del amorfismo social, tales como: sociedad de consumo, sociedad de abundancia, sociedad de masas, sociedad moderna, opinión pública, etc. En todos estos términos-comodines se esfuma el soporte de la dominación social”.

Tener conciencia del papel que ha jugado y sigue jugando la prensa y el periodismo para la sociedad burguesa es, entonces, sólo el primer paso para avanzar en la transformación. Como Mattelart,  decimos: “Descifrar la ideología de los medios de comunicación de masas en poder de la burguesía constituyó la primera etapa de un quehacer que incorporaba dichos instrumentos en la dinámica de la acción revolucionaria. Hoy aquella fase debe ser superada o por lo menos aprehendida sólo como un peldaño en la tarea de creación de un medio de comunicación identificado con el contexto revolucionario”.

 

LA PALABRA EN EL AIRE

LA PALABRA EN EL AIRE

…Yo dejo mi palabra en el aire, para que todos la vean,
la palpen, la estrujen o la expriman.
Nada hay en ella que no sea yo misma;
pero en ceñirla como cilicio y no como manto
 pudiera estar toda mi ciencia.
Dulce María Loynaz
 

MSc. RANDY SABORIT MORA,
Periodista de Prensa Latina, y
Lic. JESÚS ARENCIA LORENZO,
Periodista de Juventud Rebelde,
profesores de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hubiéramos deseado que estas líneas sobre oralidad y oratoria se esparcieran  oralmente, pero  hemos optado por la letra impresa a falta de discos compactos suficientes. Por tanto, cuando los del otro lado de la cuartilla consulten este artículo, nosotros no podremos aclarar las dudas ni con la voz ni con el gesto. Ojalá estas palabras alcanzaran la altura de la imagen para que pudiera visualizarse mejor lo que pretendemos comunicar.

La oralidad es un «sistema simbólico de expresión o acto de significado dirigido de un ser humano a otro u otros» que  ha marcado la convivencia social. «La vida en sociedad ha requerido de un sistema eficiente de comunicación y ha sido precisamente el lenguaje lo que ha promovido la socialización». (1)

En el principio fue el grito. Esa es la entrada de todo humano en el reino de este mundo. El alarido en los orígenes de la existencia nos recuerda la conexión genética con los primates que se devoraban o se enamoraban con sus aullidos. La historia de la oralidad se parece a la historia de un sólo hombre. El grito original va evolucionando en lenguaje articulado con el transcurso del tiempo. A cada uno se le asigna una cuota de buenas, y otra de malas lenguas.

Según se guarda en los archivos históricos, los inicios de la oralidad se remontan a unos dos millones de años atrás cuando los homínidos decidieron, después de haber chillado hasta el cansancio, sacar al sol los vocablos que los quemaban por dentro. Así comenzaron a llamar las cosas por su nombre, para que lo relacionado con el excedente quedara como cuentas claras, y se conservaran las amistades.

El suceso de sacar las voces interiores como lenguaje articulado llegó después de que el hombre caminara erguido y confeccionara sus instrumentos. Esto produjo en la historia de la humanidad un cambio significativo. Ya el hombre podía decir si la cena primitiva sabía a gloria o a poco. Podía hablar, incluso,  con los pies en la Tierra o en el Cielo. Así hablaba de sus cosas mientras construía sus casas.

La primera cultura del hombre fue la oral. La invención de la escritura se remonta a los sumerios asentados en Mesopotamia a mediados del cuarto milenio a.n.e. La revolución quirográfica o manuscrita fue la primera gran revolución de la escritura o palabra silenciosa, y la revolución gutembergniana o tipográfica hizo circular a partir del siglo XV, profusamente, los discursos estampados en letra de molde y convertidos en objeto de muy apetecido y solicitado consumo.

En la actualidad aún existen comunidades humanas que transmiten su acervo cultural por vía oral exclusivamente. Se sabe que en los páramos andinos en Venezuela, o en las culturas indígenas del país es de esa manera. Otro dato interesante es que los habitantes de la ciudad transfieran el saber culinario oralmente a pesar de haber innumerables libros dedicados a la enseñanza de la cocina.

Poseer el código de la escritura, en las sociedades donde subsiste el analfabetismo, es signo de poder sobre los que no lo tienen porque, entre otras cosas, no poseen acceso a la información que se transmite por vía escrita. «Según Kress, este uso “activo” de la lengua escrita —escribirla antes que leerla— solamente lo tienen los miembros de los grupos socioeconómicos más altos. Es posible también que esos grupos lean apreciablemente más que los grupos más bajos, y aún que lean más de lo que escriben». (2)

La oralidad pudiera asociarse con la audición solamente. El profesor universitario cubano José Rojas Bez se pregunta si siempre fue más bien oralidad-gestualidad, oralidad-escenificación, oralidad-visualidad, en síntesis: audiovisualidad rudimentaria o no. ¿Acaso pervive la oralidad, de algún modo, en muchas manifestaciones tenidas como ejemplos de audiovisualidad? (3)

La oralidad es secuencialidad sonora, una línea en el tiempo que se transmite entre hablante y oyente, una línea de sonidos que se desvanecen al desaparecer la emisión. Al igual que la música, su vida es efímera, a menos que se traduzca al medio escrito o se conserve por medio de los métodos de grabación.

LOS VOCABLOS NOS RETRATAN

“Dime con quién andas y te diré quién eres”, hemos escuchado por aquí. Por allá. Acullá. A la savia popular de este refrán, aún a la moda, debiera añadírsele “dime de qué y cómo hablas para saber quién eres”. Las palabras, y el modo en que se dicen, van construyendo el retrato hablado de cada cual a su la imagen y semejanza.

Los que escuchan pueden aplaudir o rechazar según el contenido y la forma en que se digan las cosas. Ser escuchado es un derecho, pero no gratuito. Hay que saber domesticar lo que se expone y el cómo se expresa porque las costuras de la improvisación saltan a la vista del auditorio. Mientras más vanas sean las palabras más lejos se las lleva el viento.

Según ha señalado el estudioso Abel Cortese: «Hablar con orden, con claridad, con entusiasmo, con persuasión, en resumidas cuentas, con eficacia, no es un lujo sino una necesidad. El 90 por ciento de nuestra vida de relación consiste en escuchar o hablar; sólo el 10 por ciento en leer y escribir». (4)
 
Tan cotidiano es el  ejercicio de hablar que pudiera pensarse que es algo muy sencillo, sin embargo, discursar coherentemente es un arte bien complejo. Hablar mucho no significa convencer ni persuadir. Hay quienes son muy locuaces (los que hablan en exceso), pero no son elocuentes (los que emplean el tiempo justo y las frases precisas).

El hablante transmite un mensaje que debe modularse con una melodía, estar acompañado de un cierto ritmo y seccionarse con espacios libres, también al igual que la música. La lengua hablada acompaña su mensaje musical con la entonación, el ritmo y la pausa, de forma muy semejante que la voz que canta. (5)

DEL LENGUAJE

El lingüista Saussure, para hablar del lenguaje, distingue entre lengua y habla: la primera, social en su esencia e independiente del individuo; y la segunda, individual. La primera, un producto que el individuo interioriza pasivamente, y la segunda, un acto de voluntad y de inteligencia, de creación. (6)

Noam Chomsky, por su parte, define el uso de la lengua como inacabado con respecto a su conocimiento, debido al cúmulo de hesitaciones y errores que cometemos. Distingue así entre la competencia, el conocimiento que el hablante-oyente tiene de su lengua y la performancia, el verdadero uso del lenguaje en situaciones concretas. Solamente en casos ideales, sería la performancia reflejo ideal de la competencia. (7)
 
La escritura, por estar despojada de una serie de características que provienen del sonido, como son por ejemplo la entonación, el ritmo, las pausas y otros que forman parte del sistema de la lengua, se interpreta como lo perfecto, y la oralidad en lo imperfecto, problemático y difícil de estudiar. (8)

MEMORIAS DE LA POLIS Y EL  ÁGORA

Según se ha definido existen tres artes esenciales en la vida. Uno relacionado con la naturaleza de las cosas: para los griegos físicas y para los latinos, naturales; las referidas a la corrección de las costumbres, éticas para los griegos y morales para los latinos;  y las que estudian el discurso y reglas del decir, nombradas por los griegos lógicas y por los latinos, racionales.

Desde la antigüedad era conocido el arte oratorio: en el Antiguo Egipto, Asiria, Babilonia, India y China. La Retórica antigua surgió como la «artesana de la persuasión», en la Grecia del siglo V a.n.e.  A partir del terreno que había ido abonando la oralidad, se funda una retórica política, que se ejercitaba en la polis o ciudad-estado, y una Retórica de Ágora, al aire libre.

José Martí, orador cubano de excelencia, afirmaba que «cuando se asciende a la tribuna (...) truécase el hombre en numen y anonada, convence, reivindica, destruye, reconstruye, exalta, quema» (9). La oratoria refiere el profesor cubano Salomón Sussi Safarti, es el arte de hablar con elocuencia, es decir, la facultad de poder expresar las ideas con eficacia para deleitar, conmover y persuadir. (10)

Después  que el alfabeto y la lengua escrita quedaron establecidos, la retórica se convirtió en objeto de estudio. «Por tanto, el acto de hablar, se transformó en audible, visible, analizable y programable. La retórica, reflexión sobre el hablar, tiene estrechos lazos con la lengua escrita, aunque Ramírez advierte que la lengua hablada es el uso directo de una facultad humana  (…) mientras que la escritura alfabética inventada 700 años antes de Cristo es una tecnología». (11)

Las ciudades helénicas como Atenas, Esparta o Tebas  fueron escenario del arte de la retórica traducido en debates políticos y filosóficos liderados por Gorgias, Lisias, Isócrates, Platón, Demóstenes y Aristóteles, entre los más importantes.

Los estudios literarios comenzaron por ser sobre oratoria. De Grecia pasaron a Roma. En ambos países alcanzaron un gran nivel, que difícilmente ha podido ser superado en los siglos posteriores. Se habla de retórica porque orador en griego antiguo se escribía «réthor». De manera que esta es la ciencia que estudia el discurso, y la oratoria es el propio proceso de dirigirse a un público acerca de un tema determinado. (12)

Según ha expresado el profesor Luis Álvarez, «el nacimiento de la oratoria, como instrumento político, es un aporte de la democracia ateniense y luego de la romana. Su alcance social fue (…) relativamente limitado, pero aún así constituyó un verdadero legado sociocultural que ha llegado, con pocas variaciones, hasta nuestros días». (13)

«La oratoria es una acción comunicativa sociocolectiva oral, dice Álvarez, de un hablante individual a un oyente colectivo, destinada, en lo esencial, a convencer de una manera intensa para que el auditorio asuma una actitud determinada frente a una cuestión específica». (14) 

APUNTES SOBRE ORADORES ILUSTRES

Se dice que Demóstenes, (384–322 a.n.e) tenía graves problemas de dicción y poca fuerza en su hablar. Para vencer esa dificultad se ejercitaba constantemente con piedrecillas en la boca a la orilla del mar. Allí trataba de imponer su voz a la fuerte sonoridad  de las olas. Llegó a convertirse en modelo de valor por la fuerza de su oratoria.

El profesor Salomón señala como dotes características de su oratoria: «la convicción profunda, el ansia de comunicarla, el arte de obtenerla, la solidez de su argumentación, el lenguaje enérgico y rápido, pero poco fluido». (15) Varios autores coinciden en que fue el más grande orador político de la Antigua Grecia. Llevó la técnica oratoria hasta la perfección. Sus discursos se sustentaban en el análisis profundo de  los métodos oratorios y la psicología de sus oyentes.

Pericles fue uno de los oradores más ilustres de la historia de Atenas. Describió de manera especial la democracia en aquella ciudad estado en un discurso a los atenienses que recordaba los caídos en una de las guerras más cruentas. En aquella lucha participaba el verdadero «demos» y «cratos», gobierno del pueblo. Lo más profundo en aquel discurso era que la persona era lo más importante. «Atenas era grande por su gente, por el respeto entre los individuos, por el orgullo que cada uno de sus ciudadanos sentía (…) por ser individuos completos y activos». (16)
 
Para Platón a la retórica y la verdad las unía la misma esencia. Verdad proviene de la raíz latina «veritas», que significa «conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente. Tenía conciencia que el uso de la retórica, si no estaba enmarcado en valores positivos, era peligroso para todos». (17)
 
Aristóteles (384 — 322 a.n.e) enseñó filosofía y retórica en el Liceo de Atenas. Acostumbraba a caminar mientras enseñaba. A partir del nivel analítico de sus obras se ha podido sentar las bases de otras materias como Lógica, Metafísica, Física, Historia Natural, Moral, Economía, Retórica y Poética. Fue el primero en dar una fundamentación científica del arte oratorio.

Con la publicación de «La Retórica de Aristóteles» en el siglo IV a.n.e esta disciplina entra en el círculo intelectual de la antigüedad clásica. Tomando en consideración las características del público, sus creencias y sus sentimientos es que puede definir la retórica. Además, establece las siguientes categorías: el concepto de discurso; los géneros de oratoria; las acciones del orador y las funciones de los oyentes.

Marco Tulio Cicerón (106 – 43 a.n.e) fue el más destacado orador en los tiempos de la Roma republicana. Político, estadista, filósofo y literato. Según han precisado  estudiosos de sus discursos, su oratoria se caracterizaba por la viva imaginación y la ardiente sensibilidad, de estilo  preciso y abundante vocabulario. Sus cuatro Catilinarias, contra Catilina, son consideradas como modelos de discursos.

HACER CAMINO AL ORAR

Durante el feudalismo primaba la ideología que unía la concepción teológica de la Iglesia Cristiana con la inmutabilidad del orden existente y la predeterminación divina de la desigualdad feudal. Las tradiciones de Demóstenes, Aristóteles y Cicerón, que concebían el arte oratorio como medio de convicción política, resultan discordantes con los dogmas cristianos de resignación y de fe absoluta.

El orador medieval se enfocaba en relatar las creencias de la fe e interpretar los pasajes bíblicos. El predicador religioso, no se veía obligado a componer sus propios discursos. «En primer plano aparecía la forma, la grandilocuencia y la belleza ficticia, reforzadas por la música, los colores y las fragancias». (18)

A partir del surgimiento y desarrollo de las relaciones capitalistas al interior de la sociedad feudal se renovaban los pilares económicos; así como todo el sistema de criterios ideológicos y culturales de la Edad Media. Con el Renacimiento se concluyeron célebres piezas artísticas del humanismo. Así, según destacan varios autores, el orador tuvo la posibilidad de referirse a los problemas terrestres de actualidad y contra la moral estética del Medioevo.

Los humanistas del Renacimiento  italiano colocan  a la cultura antigua como centro de sus obras. La oratoria laica de los siglos XIV y XV en Italia y en otros países se encuentra bajo la influencia de la retórica antigua. Sobre el desarrollo de la teoría del arte oratorio influyen las ideas de grandes artistas de la época: Campanela y Tomás Moro, Petrarca y Dante, Rabelais y Shakespeare, Cervantes y Lope de Vega.  La oratoria comienza a ser, en todos los países europeos, un elemento inseparable de la cultura de los nuevos tiempos y expresa los intereses de clase de la burguesía en ascenso. (19)

En la época de la Gran Revolución Industrial  de 1770 a 1780 la elocuencia sirve de medio para convencer al pueblo de las bondades de la ideología democrático–burguesa en países como Francia, Inglaterra y los Estados Unidos. «En este período se desarrolla activamente en los países de Europa la elocuencia forense y la parlamentaria» (20).

La retórica, en tanto disciplina científica, se ha ocupado, a lo largo de los siglos, precisamente de cómo se construyen mensajes con signos lingüísticos; pero los que ocupan su atención son (…) los mensajes de carácter literario y oratorio. «Hay menos oradores buenos que poetas», decía Marco Tulio Cicerón.

LAS PALABRAS EN LA CIVILIZACIÓN DE LA IMAGEN

Hay quienes siguen el criterio de que una imagen vale más que mil palabras, en cambio,  otros son defensores de que una palabra puede superar el valor de mil imágenes. Desde ambos puntos de vista se tiene parte de la razón, pero todo depende de cómo se enfoque el asunto. Lo cierto es que por mucho que hablen las imágenes, jamás se podrá convalidar el poder de las palabras. 

Un vocablo es elemento propiamente humano y la Retórica, también. Parafraseando a Horacio se pudiera decir que así como los árboles mudan las hojas viejas cada año; de esa misma manera  acaba la vida de las palabras gastadas, mientras florecen las recién nacidas. El uso -árbitro, juez y dueño en cuestiones de la lengua- es quien determina. (21)

La cultura de la comunicación eléctrica y electrónica es hija del telégrafo inventado por Samuel Morse. Desde entonces los mensajes superaron en velocidad al mensajero. Así se revolucionó el vínculo que existía entre las vías comunicativas. Con el mencionado aparato se entró en el mundo moderno donde los conceptos de espacio y tiempo se desdibujan hasta convertirse en la «aldea global» de hoy.

«Con la cultura electrónica la Tierra se ha convertido en una “aldea planetaria”, por decirlo con McLuhan, y el ojo ya es demasiado lento para la moderna información en la que se entremezclan el espacio visual y el acústico. En esta cultura, el ojo y el oído actúan al unísono, la oralidad y la escritura están al mismo nivel, la comunicación se confunde con la información». (22)

La televisión ha entremezclado el mundo textual  y el de las imágenes. Los rasgos de la palabra escrita apuntan a la lógica, las inferencias, la objetividad o a las relaciones de sucesión histórica. En la comunicación televisiva existen particularidades de la oralidad reforzados «por las imágenes visuales que acompañan al texto y por la naturaleza misma del medio, como la desbordante fantasía, la minuciosa y atractiva narración, la contemporaneidad, la simultaneidad, la intimidad, la gratificación inmediata y la rápida respuesta emotiva». (23)
 
Según ha afirmado McLuhan «el medio es el mensaje». Para él ni la tribu ni la nación son ya conceptos lo suficientemente amplios para articular en este nuevo tipo de comunicación. « (…) Para la nueva Retórica el discurso sobre soporte electrónico admite lo verbal y lo no verbal, lo oral y lo escrito, y se difunde a través de diferentes medios de comunicación». (24)
 
El discurso que se impone actualmente se transmite por poderosas máquinas de comunicación que desafían el espacio y el tiempo para difundir con inmediatez  signos lingüísticos -orales y escritos- y signos no lingüísticos de diferentes códigos que van conformando el nuevo discurso multimediático. La comunicación retórica es al mismo tiempo interactiva y socio-política que supone una adaptación total a los medios y circunstancias socio-políticas del momento histórico.

En las sociedades actuales, altamente complejas  por la especialización y el aislamiento que propician las tecnologías modernas, se resiente el equilibrio emocional del individuo por la disminución de la comunicación oral que precisa la persona en su condición de tal. (26)

La necesidad de estudiar el fenómeno de lo oral por sí en el individuo, la sociedad, la historia y la cultura sólo se hace patente en la década del 80 del pasado siglo XX. Este nuevo acercamiento  a la expresión oral, a su transmisión y a la memoria histórica conservada de viva voz, que incluye características, radio de acción, procesos de transmisión y alcance social, ha puesto sobre la mesa la estructuración de una naciente disciplina dentro de las ciencias sociales: la oralidad. ((26)

ORALIDAD Y  PLANIFICACIÓN DISCURSIVA

Según Ong la escritura  y la oralidad son dos formas de producción del lenguaje que se distinguen profundamente la una de la otra. La primera es un sistema secundario de la segunda porque la expresión oral existe sin la escritura, pero la segunda no lo es sin la primera. Ong señala la diferencia que se deriva entre la formulareidad que posee una y la otra no. (27)
 
Por lo general el lector no espera encontrar fragmentos repetidos, salvo en algunos estilos de poesía escrita o quizás en cierto tipo de documentos, como en las cartas, en los escritos jurídicos. (28)
 
Por otra parte Brown y Yule refieren que la reiteración influye en la memoria. Tanto en radio como en televisión se leen textos escritos que implican una intromisión de la oralidad en la escritura porque se inicia con los titulares, después se desarrolla la noticia,  y antes de concluir reiteran los titulares más importantes. También, a través de la escritura,  como en artículos científicos, el resumen inicial y las conclusiones cumplen en gran medida la función de recapitular. (29)
 
El hablante puede controlar lo que acaba de decir y determinar si concuerda con sus intenciones, al mismo tiempo que enuncia la expresión en curso, la controla y plantea simultáneamente su siguiente enunciado para ajustarlo al patrón general de lo que quiere decir, mientras vigila, además, no sólo su propia actuación, sino su recepción por parte del oyente. No posee un registro permanente de lo que ha dicho antes, y sólo en circunstancias especiales puede tener notas que le recuerden lo que va a decir a continuación. (30)
 
La escritura nace sobre todo por la dificultad que significa para la memoria la retención de grandes segmentos, para su retención exacta. La cita textual es un invento tardío en la historia de la humanidad, antes mucho más generosa en compartir su propiedad intelectual que ahora. (31)

De manera general suele asociarse lo escrito con lo planificado, por ejemplo, un artículo sometido a varias revisiones tanto de contenido como de estilo. Por otra parte en el extremo de la oralidad y lo no planificado está la conversación informal. No obstante, asimismo como en lo escrito está lo menos planificado como una nota personal o un mensaje  electrónico, lo oral puede planificarse hasta el punto de preverse la entonación: desde un discurso político hasta una oración fúnebre.

La oración parece ser la unidad básica del lenguaje escrito, no del lenguaje hablado. Según Halliday, citado por Kress, las unidades apropiadas de información están dadas por la entonación, o sea los movimientos de tono significativos de la voz humana. La unidad estructural pertinente para la oralidad es la unidad de información que a menudo coincide con una cláusula, rara vez con una oración. (32)
 
Según Ángel Pulido los oyentes de Castelar se alzaban “con tempestades de aplausos y orgasmos frenéticos que solamente viéndolos se podían concebir”. Artiga lo resumió así: «Y es tanta la simpatía/ Que entre los hombres tenemos/ Que si vemos reír, reímos/ Lloramos, si llorar vemos». (33)
 
El orador debe saber manejar los afectos, los sentimientos de manera despejada, variada, clara y cuidadosa, pero sobre todo vigorosa. De los afectos dice Artiga: «Mas han de ser tan ardientes/ Que en tu voz estén ardiendo/ Porque un carbón apagado/ Nunca da a los otros fuegos». (34)

Existen dos maneras  para establecer la expresión oral: el discurso y la conversación. Tanto en el primero como el segundo acuden a dos modalidades o estilos: informal y formal.

Se afirma que la expresión oral propicia en casi todos los casos la comunicación por excelencia. La de tipo conversacional esencialmente ofrece el ámbito más democrático para el intercambio de ideas de toda índole por su interrelación más circular. No ocurre así en la expresión del tipo discursivo que tiene un sentido más direccional -de expositor a receptor- en diferentes niveles de interrelación. (35)
 
ESENCIAS MARTIANAS SOBRE ORATORIA

-(El discurso patriótico) «Era una conversación fogosa entre todos aquellos corazones» (36)

-«Lo mejor del actor, como lo mejor del orador, está en el público». (37)

-«La palabra hablada, además funde a los hombres mejor que la palabra escrita» (38)

-«Orador sin instrucción es palmera sin aire. ¿De qué le sirven las hojas de la palma si benévolo alisio no las mueve? ¿De qué le sirve el cauce al río si no tiene nutrición en el intelecto que corresponda a la facilidades de los labios? (...) Cuando no se piensa claro, no se habla claro. Ni basta conocer una materia sola. Cuando se asciende a la tribuna, -que la tribuna es una iluminada majestad- no se miden los rayos de este sol, no se cuentan las ondas de este mar; tiende el alma de su vuelo poderoso, lo único que pesa se hace ave que vuela; calienta la lengua en una especie de fuego sibilítico: truécase el hombre en numen, y anonada, convence, reivindica, destruye, reconstruye, exalta, quema». (39)

-«Cada hombre debe ser un orador, así serán los hombres menos esclavos de los oradores» (40)

-«La Tierra tiene sus cráteres, la especie humana, sus oradores. Nacen de un gran dolor, de un gran peligro o de una gran infamia…» (41)

-«Y desde la tribuna vi a un extraño que sufría con el éxito de mis palabras, me afligí de manera, y me conturbó su pena de tal modo, que estuve a punto de acabar balbuceando mi discurso. Ya –interrumpido por esta nota discordante, y para mi alma muy hiriente, el concierto de amor que necesito- sentí que mis ideas, apenadas por aquella pesadumbre, no podían volar a sus mansiones altas». (42)

ESTRUCTURA DEL DISCURSO

Cuatro partes esenciales tiene todo discurso. El exordio o introducción  es el momento inicial del discurso donde el orador intenta captar la simpatía del público. Si desde el comienzo no se logra interesar a los oyentes con lo que se va a exponer, entonces será muy difícil persuadirlos con la argumentación posterior.

Después sigue la exposición o narración, en la que el orador anuncia  un resumen de las ideas principales que se desarrollarán durante el discurso, es la presentación de los puntos de vistas fundamentales que  serán argumentados seguidamente.

La argumentación, la parte siguiente,  es el núcleo de la pieza oratoria porque en ella el orador sustenta sus opiniones a partir de lo expuesto anteriormente. La argumentación, varía según el orador o el discurso. Lo principal es el sentido lógico, es decir la orgánica construcción de las ideas: nada debe sobrar ni faltar, pues se trata de la fundamentación del criterio del hablante.

Y finalmente en la peroración o cierre del discurso se sintetizan el tema y el punto de vista del orador con toda la intensidad posible: «tiene dos finalidades. Refrescar la memoria e influir en los afectos». (43)

EXORDIO Y APARTE

Según  Álvarez un orador debe reflexionar acerca de si necesita realmente un exordio o no, pues «ante un auditorio especializado, poco numeroso, y donde todos conocen al disertante -según el caso- no es necesario. Sin embargo, donde el auditorio sea más amplio, y no todos los presentes cuenten con un conocimiento profundo o especializado del tema que se va a tratar, suele ser preferible utilizar un exordio, sobre todo porque significa, ante todo un acto de cortesía con el auditorio». (44)

Como señalara Alfonso Reyes: «...No siempre será indispensable, pero es falta de tacto entrar en materia sin precauciones, y en las ocasiones solemnes, el suprimirlo o abreviarlo parece desairado. Un error en materia de exordio es fatal». (45)

En el exordio debe tener en cuenta la índole y circunstancias del tema, las características del auditorio, y la relación que existe entre el público y el propio orador. Esto hace que haya variantes importantes en cuanto al modo de construirlos.


Ejemplos de exordio:

«”Atenienses:

Desde que la República, después de haber decretado estos funerales en honor de los que han sido en la guerra víctimas de su denuedo, me eligió para pronunciar el panegírico que la ley ordena, no he cesado de discurrir el elogio mas paraban altos merecimientos. Pero mis inútiles esfuerzos me han hecho comprender que un lenguaje digno de los que descansan en esta tumba es imposible. Haber despreciado la vida, cuyo amor es innato en todos los corazones; haber preferido morir noblemente, más bien que conservar la existencia para ser testigos de las calamidades de la patria, ¿no es acreditar una virtud superior a todo género de alabanzas? Espero, sin embargo, poder expresarme siguiendo el ejemplo de los oradores que otras veces desempeñaron el encargo que se me confía”». (46)

«“Señoras y señores:

Como en andas de flores se levanta, colgada de granadillas e hipotemas, la tierra de esmeralda y plumas, donde, al espejo de sus lagos y al incensario de sus volcanes, crecen en el combate y en la fatigas según lo manda la naturaleza, las cinco repúblicas de Centroamérica como un solo hogar.

Por aquellos ríos han apagado la sed, en la cuenca de una hoja, muchos viadores de la libertad: de aquellos arriates ha tomado mucha flor para el pasajero doloroso la niña de la casa, para la vida y la poesía ha sacado fuerzas mucho peregrino de aquel aire purificado por el fuego; de debajo de un apagavelas salen, desperezándose y tundiéndose, cinco países cuyo parentesco será más poderosos que la pócima de ira de aquellos con los que les alborotó las venas el conquistador...”». (47) 

El Che Guevara en la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba: «“Tengo que pedir disculpas al calificado público asistente por la demora en la iniciación de este acto, que es culpa mía y del tiempo que ha estado muy mal en todo este camino, y hemos tenido que parar en Bayamo. Es muy interesante para mí venir a hablar de de uno de los problemas que ha tocado más de cerca de las juventudes estudiosas de todo el mundo; venir a hablar aquí en la Universidad revolucionaria, y precisamente en una de las más revolucionarias ciudades de Cuba.”» (48)

CONSEJOS AL AIRE (49)

-El lenguaje constituye la principal herramienta de trabajo para toda persona que emplee la palabra oral ante un auditorio.

-Una buena intervención requiere, ante todo, de algo que decir y decirlo bien. Con la correcta entonación y el gesto preciso en el momento oportuno.  Estos elementos le confieren unidad al discurso.

-Aunque cada orador posee un estilo vivamente individualizado que denota determinados rasgos de su personalidad, debe utilizar un lenguaje coloquial.

-La sencillez, la brevedad y la claridad en su exposición son requisitos indispensables para hacerse asequible ante quienes le escuchan.

-El trasmitir el mensaje de esta forma le asegura que llegue correctamente a la conciencia de los oyentes, hace que influyan los sentimientos sobre ellos y los mueva a adoptar una correcta actitud ante la vida.

-El orador revela su maestría pedagógica al establecer una comunicación diáfana, profunda y lógica con su auditorio, al ser capaz de explicar cualquier tema por complejo y difícil que sea. 

-La utilización de barbarismos –escribir, acentuar o pronunciar mal las palabras- y de solecismos -ordenar mal los elementos de la oración y quebrantar sus leyes intrínsecas- provoca rechazo, desconfianza y pérdida de prestigio hacia el hablante.


II

A estas alturas o bajíos de nuestra conversación escrita, les proponemos una travesía sui generis. Un viaje al centro de la voz. Pero para llegar allí debemos atravesar varias «aduanas»; la primera: el miedo. Sí, no ponga usted cara de valiente, que su primer obstáculo como orador es el pánico que produce hablar en público. Se supone que si nos toca es porque tenemos la capacidad y disposición para hacerlo, sin embargo, casi nadie puede evitar el nerviosismo.

Sudoraciones. Intranquilidad. Angustia. La sensación amarga de que nos trabaremos, de que todo se nos olvidará… Los síntomas son muchos, pero apuntan a lo mismo: somos humanos y por eso tememos el juicio de los otros. (50) Si los escritores sufren el horror ante la página vacía, a todo orador le sobreviene el pánico por el auditorio lleno.

Allí está la fuente posible de un ridículo mayúsculo. «La burla presentida, la mofa supuesta, la mueca de desprecio que creemos adivinar, la risa que hace pedazos la propia estima» (51)

¿Cómo vencer esta circunstancia? 

No existen fórmulas infalibles. En lo que más coinciden quienes han abordado el espinoso asunto es en la importancia de la preparación.       

«Preparar el tema del discurso —explica el profesor Luis Álvarez— significa algo muy distinto de aprender de memoria lo que se va a decir, una práctica que, suele conducir al desastre. Preparar el tema del discurso significa, ante todo, comprenderlo de manera esencial, tener una interpretación propia acerca de él —sin la cual no puede construirse la argumentación—». (52)

En su criterio, resulta muy útil responderse «una serie estereotipada de preguntas» casi tan antiguas como la curiosidad humana misma: «por qué, para qué, dónde, cuándo, con qué instrumentos, con qué colaboración, con qué condicionantes…» (53)
      
Y una vez con el tema en el bolsillo (de la mente) decidirse con firmeza a realizar el mejor discurso del mundo.

Claro, también resultan muy útiles acciones de distensión como las siguientes:

-…Unos momentos antes de pronunciar el discurso, si hay condiciones para ello, (…) sentarse normalmente en una silla, con los brazos a lo largo del cuerpo, en posición colgante; (…) tratar de poner su mente en blanco, y respirar de manera acompasada, ni muy rápido ni muy lento, mientras procura que todos los músculos de su cuerpo, desde los pies hasta el cuello, se relajen. (54)

-«…Serenarse mediante un esfuerzo de la voluntad. En este caso, el mismo orador podría plantearse: “Estoy preparado, me leí el discurso, conozco las tesis y cómo las voy a argumentar, debo mirar al auditorio…” (55)

-«…Mover la caja de fósforo, el bolígrafo o cualquier objeto que esté sobre la mesa (un libro, los apuntes, fichas).  Esto, por supuesto, en forma moderada, antes de realizar la intervención».

En la medida que avance el discurso, se irá logrando confianza. Y mientras más intervenciones se hagan, menor será la inhibición. Como apunta el maestro López Vigil:  «La segunda vez (…) saldrá mejor que la primera. Y la tercera, mejor que la segunda. Todo es cuestión de práctica». «En poco tiempo, le habrás “perdido el respeto” al micrófono. Ya no lo verás como una pistola que te encañona... sino como un apetitoso helado de chocolate.» (56)

DESDE EL OTRO LADO. EL AUDITORIO 
 
Sin duda una de las premisas imprescindibles para el orador es el conocimiento de su público. Del otro lado de la tribuna laten expectativas, dudas, añoranzas, que debe observar quien pretende impulsar y conmover. 
 
No es lo mismo hablar ante científicos que ante obreros, ante campesinos que ante universitarios. Con un público mayoritariamente joven se emplearán términos que tal vez resultarían escandalosos a un grupo de veteranos. De igual forma con religiosos se harán referencias que no tienen por qué estar presentes cuando nos dirigimos a ateos.
 
Hay tantos matices como tipos de auditorio. El estilo de la intervención debe partir, paradójicamente, de quienes la recibirán. Quien toma la palabra ha de documentarse previamente de: 

-«la estructura social-demográfica de su auditorio, es decir, la pertenencia clasista, el tipo de trabajo que realiza, el partidismo, la provincia en que pronuncia la intervención, la edad, el nivel de instrucción y otros factores que considere necesarios.

-«la estructura social-psicológica de los oyentes, (…) el sistema de estimulación o motivos de la conducta y de la actividad, las necesidades sociales, los intereses, las orientaciones, los sentimientos, las convicciones…» (57) 
 
Igualmente, no debe perderse de vista el hecho de que en el grupo receptor: «de una forma u otra las personas mantienen un contacto directo entre sí, (…) rápidamente se comunican tocándose los codos, mediante una seña o por cualquier otra vía.» «…Todos están unidos aunque medie cierta distancia entre ellos: los aplausos, la risa y otros medios son el vínculo ideal en este sentido.» (58)
 
Aparece, según explica el profesor Salomón, «la emoción conjunta», en virtud de la cual «uno ríe, el del lado también, el resto los imita; uno aplaude, el del lado lo secunda, el resto aplaude, es decir, hay contacto psíquico.» (59)
 
Conocidos los otros, hay un buen tramo recorrido en el camino para conquistarlos. 
 
¿LECTURA O IMPROVISACIÓN?

¿Qué resulta más adecuado o efectivo en un discurso, leer, improvisar o combinar ambas? Aquí los criterios se dividen. Algunos apuestan por la fluida improvisación, otros por la certera lectura, y unos terceros creen mejor combinar indistintamente ambas, en dependencia de las circunstancias.  

El español Félix Martí Ibáñez, Premio Vasconcelos (1970), defiende el brote natural de las ideas: «“La conferencia literaria, lírica o histórica (…) no debe ser leída, pues la cortina de papel aísla al conferenciante del público, ni tampoco debe ser recitada de memoria, porque entonces pierde su calor y espontaneidad. Debe estar minuciosamente preparada en cuanto al contenido y a la forma, pero no en cuanto a las palabras que se van a emplear. (…) Este es el único modo de convertir la conferencia en auténtico acto creador…”» (60)

Claro, el propio Ibáñez señala que «“…solo el orador sabe las interminables semanas de lectura, escritura, meditación y desvelo que exige cada improvisación”». (61) A tal punto que la organización previa puede llegar a ser tan metodológica que se convierta en una verdadera grafía en las neuronas. Recuérdese si no a «los poetas somalíes, creadores orales, que primero componen in mente y solo dan a conocer su obra cuando la consideran acabada». (62)

Y hablando de poetas, el cubano Alexis Díaz Pimienta, desde su experiencia de repentista e investigador del verso oral aporta criterios interesantes a los fines oratorios: «…La improvisación es el único arte en el que los errores tienen una connotación estética positiva: equivocarse demuestra lo difícil que es no equivocarse. El improvisador, a diferencia del novelista, publica sus manuscritos, los enseña y comparte. El novelista, generalmente, los esconde, los desaparece, y enseña el libro acabado, limpio. A mí ser repentista me ha ayudado mucho a escribir novelas. Primero, porque el ejercicio de la improvisación me enseñó a crear, a fabular «sin nada», sin más herramientas que las palabras, sin más fuente de documentación que mi memoria, y sin más referencias que las circunstancias». (63)

Ah, pero improvisar un discurso también tiene sus horrores. ¿Cuántas veces sucede que por no guiarse por un texto los oradores se extienden innecesariamente, redundando sobre el mismo tema? ¿Qué pasa cuando se ofrecen datos inconexos o equivocados? ¿O cuando se emplean palabras poco conocidas de manera incorrecta?...

Por otra parte, «escribir un discurso y entonces tratar de aprenderlo de memoria para luego decirlo, es una práctica peligrosa, pues la memoria puede fallar y producirse entonces el desconcierto…» (64)

Parece ser un consenso la recomendación de que el orador-improvisador tenga siempre a mano una guía con los tópicos que abordará a fin de no perderse por vericuetos baldíos. De esta manera se salva el color y el calor de la palabra hablada, pero no se dispersan objetivos ni quedan flojos los puntos de la argumentación planificada. 

En determinados casos, sin embargo, las características del público, las condiciones de la intervención o incluso las cualidades del orador demandan que todo el discurso sea escrito (65). Esta modalidad garantiza en primera instancia una mejor organización de las ideas, el seguimiento consecuente de un hilo argumentativo y el mayor aprovechamiento del tiempo. Además permite utilizar más concienzudamente el vocabulario. ¿Cómo afrontar el discurso redactado y sacar buenos dividendos?

Primeramente «debe mantenerse un estilo «oral», hacer que las palabras (…), leídas con voz y dicción puras y claras, resuenen como parte del diálogo espiritual sostenido en la sala entre el conferenciante y cada individuo del público.» (66)

 De la misma manera habría que seguir una serie de principios elementales (67):

-Utilizar un lenguaje coloquial (…).  No es necesario “buscar palabras difíciles” para “impresionar”.

-Las frases deben ser cortas, pues son más fáciles de leer y más fáciles de entender.  No abuse de ellas.

-La puntuación debe ayudar al orador y no ser su enemigo.  Una o dos comas cambian por completo el significado de una frase.

-Una oración subordinada o algo entre paréntesis pudiera confundir a los oyentes.  ¿No habrá otra forma más fácil y natural para decir lo mismo?

-El discurso deberá escribirse a máquina, a doble o triple espacio para que sea de fácil lectura, lo cual facilita el insertar correcciones y adiciones sin borrar la parte que debe quedar como está.

-Todas las páginas deben ser escritas con párrafos claramente separados, para indicar distintas ideas.

-No debe empezar una frase al final de una hoja para terminarla en la siguiente.  Es preferible terminar cada hoja con un punto.

-El orador debe comprender lo que está leyendo.  Si no ha captado completamente su sentido, no se puede esperar que logre una comunicación eficaz.

En cualquier caso, guiándose totalmente por un papel o escribiendo el discurso en el viento, el orador debe conversar con su público. De la intensidad de ese diálogo suelen venir los mejores frutos.

LA POSTURA

Como los amores de leyenda, el vínculo del orador con los receptores comienza «a primera vista». La sabiduría popular, nos recuerda el profesor Luis Álvarez, aconseja desconfiar de quienes no te miran cuando hablan. «Por eso mismo es necesario que el orador domine una técnica sencilla que sugiera, por la dirección de la mirada, que los tiene en cuenta a todos. (…) (68)

Debe dirigir entonces la atención visual, sucesivamente, a «zonas distintas de su auditorio. Si solo mira el micrófono, o dirige su vista a un sector (…), los demás, de manera consciente o inconsciente, disminuyen el umbral de su atención.» (69)

El profesor Álvarez recomienda entonces un movimiento en espiral que vaya paneando la zona a la que se dirige quien emplea la palabra.

En cuanto a la relación orador-micrófono, hay varios aspectos dignos de señalar. Como apunta el profesor Susi Safarti, estamos hablando del «elemento auxiliar más importante» en una intervención pública. (70) Precisamente, es el que logra en gran medida que sea pública la intervención.

«Muchas personas se enfrentan por primera vez a él sin siquiera haber realizado algún tipo de ejercicio que les brinde determinada habilidad o usándolo en más de una ocasión, desconocen ciertas particularidades y recomendaciones provechosas.

«Al situarse en la tribuna, el orador no comenzará de inmediato, sino que realizará una pausa inicial con una duración de 10 a 15 segundos.  En ese tiempo, tratando de no hacer ruido y de una manera natural, deberá:

-colocar los micrófonos a una altura tal que se sienta cómodo para hablar;

-situar los apuntes adecuadamente (quitar presillas, abrir el file, etc.);

-buscar los ojos de los presentes, con lo que tendrá el primer contacto con el auditorio -visual en este caso- para adaptarse uno al otro en forma recíproca;

-establecer puntos de referencia (a la izquierda, al centro y a la derecha), para determinar las distintas reacciones durante su intervención. (71)

También, añade el profesor Safarti, resulta innecesario, y contraproducente golpear la tribuna, abrazarse a ella o alejarse tanto que parezca se le teme. «Aunque no es una norma rígida, lo mejor será mantener una distancia aproximada de 35 a 50 centímetros, para tener cierta libertad de movimientos y aplicar debidamente el recurso de los gestos y la mímica.» (72)

Ahora bien, dirigirse al público requiere desde un inicio de una estrategia para economizar energías. Por tanto, la postura ha de garantizar la mayor comodidad y soltura.

«La cabeza y el cuello deben estar ligeramente inclinados hacia delante, la espalda recta, las manos extendidas libremente a lo largo del cuerpo, con la finalidad de que puedan ser utilizadas convenientemente cuando lo considere oportuno y las rodillas deben estar sin tensión.

«Un papel importante corresponde a los pies, los cuales de acuerdo con la estatura del orador deben estar separados de 15 a 20 centímetros, uno ligeramente delante del otro, repartido el peso del cuerpo.

«Al colocar un pie delante del otro, el orador puede realizar los movimientos requeridos:

-cambiar varias veces la posición, si el discurso es largo;

-girar a la izquierda, a la derecha, colocarse de lado para mirar a la presidencia, etc.;

-en los pasajes más expresivos de la intervención podría elevarse apoyándose en la punta de los pies (y no sobre los talones, porque podría caerse);

-dar un paso hacia delante o hacia atrás, de acuerdo con el pasaje del discurso:

-hacia adelante corresponde a un momento significativo, ya que concentra la atención del auditorio, se acerca al micrófono, se puede quedar en esa posición unos instantes, con lo que logra cierto contacto o intimidad con los oyentes;

-hacia atrás corresponde a un momento distensivo, ya que traslada la atención hacia otra parte del discurso; el orador se aleja del micrófono, el auditorio trata de escuchar, los que aplaudían o hablaban son obligados a callarse por los demás, etc.

«Adoptar la postura descrita permite balancear correctamente el peso del cuerpo y presenta sus ventajas, aparte de las (…) enunciadas, ya que si el orador tuviera nerviosismo en los movimientos y las rodillas le temblaran, no se movería de esa posición y el auditorio no lo notaría.» (73)

¿Y qué sucede cuando no hay podio, y se trata solo de un micrófono de pie? Pues se aplican las mismas reglas, con la agravante de que entonces todo el cuerpo del orador está en el campo visual del público.   

«Si el discurso estuviera escrito, es preferible no utilizar apoyo, ya que un file u otro material pudiera ocasionar dificultades al pasar las hojas o al realizar la lectura del mismo.

«El texto debe estar presillado en la parte superior izquierda, las hojas se pasarán normalmente y no quedarán “en el aire”, flotando, sino que las leídas pasarán al final.

(…)

«Con relación al micrófono y para que no tropiecen con él y produzcan un sonido discordante, las hojas del texto deberán inclinarse ligeramente hacia la izquierda.» (74)

VOCES CRUZADAS
 
Y ahora sí llegamos a la voz. Al aire y vibración que integran esta maravilla. Soplo que parte de los pulmones, pasa por la laringe y mueve levemente las cuerdas vocales. Cualidad armonizada por el pensamiento con la que nos comunicamos los seres humanos. Sí, porque esta asombrosa sencillez «como sonido articulado es privativa del hombre». (75). Según el profesor de locución Frank Guevara: «muchos animales emiten sonidos», pero la pronunciación clara, distinta y racional de palabras, está reservada al Homo sapiens. (76)
 
Entre las características intrínsecas en cuanto a su sonoridad se encuentran el tono, el timbre, la intensidad y la duración. Pero en el caso humano, donde lo intelectivo es una condicionante permanente, es oportuno detenerse en otros aspectos complementarios como la fluidez, la naturalidad o el ritmo. 
 
En la medida en que el orador domine todas estas cualidades en función de sus objetivos de comunicación, alcanzará una mayor efectividad en las intervenciones. O sea, conquistará el oído, la inteligencia y la acción de quienes lo escuchan.
 
Pues bien ¿cómo se debe hablar? Bueno, hablar común y corrientemente todo el mundo sabe, o al menos, así lo cree. Sin embargo, hablar en público, «proyectar las palabras», como nos recuerdan los maestros de locución u oratoria, implica otros saberes.

«La emisión de la voz requiere una cavidad de resonancia que amplifique el sonido», explica Luis Álvarez. «Hay tres cavidades de resonancia: el estómago, el espacio en que se encuentran las cuerdas vocales y el cráneo. De ellas, la ideal para la emisión adecuada de la voz es el cráneo. Hay personas que por y malos hábitos, utilizan como resonador la cavidad donde se encuentran las cuerdas vocales: esto produce una voz que no se proyecta bien hacia los oyentes y, a la larga, ocasiona serios problemas de “callosidades” (nódulos)…». (77)

Ah, pero ¿cómo determinar si estamos usando el espacio de amplificación adecuado? «Basta que otra persona (con adiestramiento puede hacerlo uno mismo) coloque su mano sobre la parte superior de su cráneo mientras habla: una emisión de voz satisfactoria hace vibrar ligera pero perceptiblemente esa parte (...) mientras se habla; en caso contrario, la vibración es casi imperceptible: esto último indica que hay problemas y se requerirán ejercicios específicos para corregirlos.

«Uno de ellos es pronunciar una “p” (…), solo ese sonido, sin ninguna vocal de apoyo. (…) Es, por así decirlo, “explosivo” y su repetición sistemática (unas diez veces cada vez que se hace el ejercicio y al menos tres veces por día) contribuye a proyectar la voz, en su resonancia, “fuera” de las cuerdas vocales, y hacia arriba, hacia el cráneo. Otro ejercicio puede ser, con los labios cerrados por completo, la mandíbula inferior colgante, emitir un sonido que aproximadamente se parece a una “m”...». (78)

Se trata de que la voz, con su cuerpo etéreo llene todo el espacio del público al que nos dirigimos; se extienda, clara y precisa, hasta el último oído. Que venza la barrera espacial para convencer la del pensamiento.

LA RESPIRACIÓN
 
Aprender a hablar implica necesariamente aprender a respirar. Como los órganos que producen el sonido tienen la primera función de oxigenarnos, hemos de conjugar ambas «misiones». Porque cada discurso puede ser más intenso, armónico y diáfano si logra la sincronía con el ritmo respiratorio.
 
«Es importante conocer qué tipo de respiración emplea cada uno. Así, el orador pudiera empezar con un ejercicio simple: colocar sus manos sobre su estómago e inspirar profundamente. Si se respira como la mayoría de las personas sus manos, probablemente, no se moverán mucho, porque es un respirador torácico.
 
«Acto seguido puede inspirar como si estuviera hinchando la barriga de aire.  Si siente que la región del estómago aumenta de tamaño, después la parte superior de su abdomen y finalmente su tórax, deje relajar su abdomen.
 
«Con esta respiración abdominal el orador procura inspirar el aire y espirarlo por la boca. (…) Exige una energía comparativamente pequeña y conserva las fuerzas del orador, asegurando la sonoridad y la vigorización de la voz, incluso cuando se hace necesario hablar durante largo tiempo». (79)
 
Por supuesto, entrenar la respiración no se logra de la noche a la mañana. Es precisa una ejercitación sin prisa, pero sin pausa.
 
INTENSIDAD, TONO, TIMBRE  

El aire contenido en los pulmones «puede ser impulsado con mayor o menor energía hacia las cuerdas vocales». La presión sobre ellas determina la amplitud vibratoria, y por ende, la intensidad del sonido. En dependencia de que sea más o menos intenso, más o menos excitable y veloz, el aire alcanzará una determinada altura o tono. (80)

La onda sonora que se produce así cuando vibran las cuerdas vocales se denomina tono fundamental. Este es común a toda persona, pero tiene peculiaridades que dependen de condiciones fisiológicas individuales. (81)

Por cierto, si al discursar empleamos un tono desmesurado, el público rechazará la gritería; si por el contrario casi decimos un secreto «muy pronto se oirá en la sala el clásico  “¡no se oye!”.» (82)

«Lo óptimo será buscar un tono medio, ni muy alto, ni muy bajo, con lo que la voz resultará más agradable al auditorio y cuando el discurso lo requiera, podrá alzarse o bajarse, para lograr una mayor expresividad y mantener estable la atención.» (83)      
 
Cuando al tono fundamental se unen las distintas resonancias, o sea, los armónicos, se conforma el timbre del sonido. Casi pudiera decirse que estamos ante el color único de cada voz.

ENTONACIÓN

¿Con cuántos matices puede ser dicha una frase? ¿Qué variedad de sentimientos pueden acompañar a una misma palabra? Probemos por ejemplo con el monosílabo «SÍ». ¿Acaso de la forma en que lo digamos cada vez no se desprenden dudas, aburrimientos, nostalgias, odios….? La modulación de la voz en función del significado que intentemos transmitir, o sea, la entonación, orienta nuestros vocablos. Denota y connota (84). Proyecta y regula. Activa mecanismos de aceptación o rechazo en nuestros interlocutores.

Cada inflexión, cada variación en el tono o pausa en la lectura, cada acción para entonar implica nuevos sentidos de la cadena hablada. Comunica.                      

Según el profesor Frank Guevara, «el gusto, el arte y la personalidad del locutor, de acuerdo siempre con la tolerancia del registro vocal…» influyen significativamente en las variantes entonacionales, esto es, los «lapsos que se diferencian entre sí», marcados por las paradas, disminuciones o aumentos de la voz. (85)              

«Utilice frases cortas —recomienda el profesor Safarti—, sin abusar de ellas, ya que de esta forma se captan mejor las ideas y le sería más fácil modular… y valerse de los matices de la entonación para enfatizar en los aspectos esenciales.

«Trate de elevar o bajar el tono de la voz según el sentido de la frase y su acentuación lógica para fijar la atención de los oyentes, lo cual le permitirá evitar la monotonía de la intervención y, por supuesto, el tratamiento impersonal a situaciones emotivas o viceversa.» (86)

Ahora bien, ya que mencionamos las pausas, sería bueno detenernos un poco en este subvalorado elemento del discurso. Si todas las energías y conocimientos de un orador están en función de hablar, gran parte de su inteligencia se mide por lo que calla.

El investigador Abel Cortese llega a afirmar que «el elemento más difícil, de mayor utilidad y menos apreciado en el arte de la oratoria, es el silencio. La pausa correctamente medida, demuestra confianza y reflexión. A la inversa: los presentadores de cualquier medio que se despachan con demasiada velocidad, llegarán los últimos. Las pausas son un excelente recurso para enfatizar. Permiten también mantener y controlar la atención.» (87)

Existen dos tipos de pausas: las fisiológicas y las lingüísticas. Las primeras, como su nombre lo indica, permiten mantener el ritmo respiratorio, mientras que las segundas, marcadas por los signos de puntuación, están enfiladas hacia intenciones comunicativas. Se produce una pausa lingüísticas cuando se llega al fin de una expresión. «Pueden ser absolutas y transitorias, y están marcadas ortográficamente por los signos de puntuación» (88).

«El conjunto de signos lingüísticos o palabras entre dos pausas constituye lo que se denomina grupo fónico, que no puede romperse e interrumpirse ni con una pausa potencial sin afectar el sentido completo de la idea. Ejemplo: “No puedo decirte una mentira”.» (89).

Resulta casi una perogrullada recalcar lo imprescindible de un buen manejo entonacional para la comprensión del auditorio. Si a alguien le queda duda de ello, revise en su memoria cuántas veces ha sufrido escuchando a un orador caer en estos dos defectos que refiere el profesor Sarfati:       

-Monorritmia: Consiste en leer o pronunciar el discurso sin utilizar debidamente las pausas. El orador emplea un solo ritmo con pausas arbitrarias, lo que le impide entonar y enfatizar correctamente.

-Monotonía: Incurre en ella el orador mediante dos vías: lee o pronuncia el discurso en un mismo tono o por limitación del lenguaje su vocabulario es pobre y repite los mismos vocablos.

RITMO

Llegamos a un componente esencial en la compleja armazón oratoria. Al igual que las funciones fisiológicas de nuestro cuerpo o el movimiento de los astros tienen un ritmo, la oratoria necesita de él de manera imprescindible.

Decía Cicerón al respecto: «“No hay ninguna idea que sea provechosa al orador si no está expuesta de una forma armoniosa y acabada; y no aparece el brillo de las palabras, si no están cuidadosamente colocadas; y una y otra cosa es realzada por el ritmo..."». (90)

Pero, bueno, a fin de cuentas ¿cómo definimos al ritmo? Según la Real Academia Española es el «orden acompasado en la sucesión o acaecimiento de las cosas»; la «grata y armoniosa combinación y sucesión de voces y cláusulas y de pausas y cortes en el lenguaje poético y prosaico».

Por tanto, de esta cualidad depende el equilibrio discursivo de nuestra intervención, la rapidez —o el atropellamiento— con que intentemos hacernos entender y, en gran medida, el interés de quienes nos escuchan. 
 
Según apunta el profesor Sarfati el ritmo óptimo del discurso es aproximadamente de 120 palabras por minuto, no osbstante, esto puede variar en dependencia de las cualidades del orador, el contenido del discurso y el contexto en que se produce la intervención. (91)
 
Entonces ¿qué es más recomendable: acelerar o ir pausado? Probablemente ninguna de las dos cosas pueda recetarse a priori. Evaluar nuestras potencialidades, no perder de vista la necesidad de mover público, y recordar que este debe procesar la información que le «enviamos». Por ahí anda la ruta para mantener un ritmo ideal.          
 
También valdría la pena que educáramos musicalmente nuestro oído, pues, como asegura la investigadora Martha Esquenazi, el canto, que «nace junto a la palabra, marca su ritmo y su entonación». Y para ejemplificarlo explica la autora que «el desarrollo de algunas lenguas, como el chino y el kikongo, lleva aparejado el desarrollo del canto, de tal manera que en lugar de hablar de fonemas, debemos hablar de tonemas…». (92)
 
EL MINUTO PRECISO   
 
Conocidos y controlados los aspectos anteriores, nos enfrentamos al momento de la verdad. El minuto donde se materializa el arte y la técnica oratoria o se fracasa definitivamente: la pronunciación del discurso. 
 
Alto y claro: así debe escucharse. Y además debe resultar seguro, fluido, natural. Vamos a convencer con la palabra. Y sin estos atributos difícilmente lo logremos.
 
Comencemos por decir que hay que pronunciar todos los vocablos, articularlos completamente y dejar que fluyan bajo el dominio de la razón pero con el impulso casi autónomo del habla. 
 
Varios autores coinciden en que se debe prestar singular atención para evitar cambios de letras, como por ejemplo «l» por «r», u omisión de otras como las «s» finales. Además, la armonía, la musicalidad general de lo que digamos también ayudará a que entre suavemente por la puerta del entendimiento prójimo. 
 
¿Cómo ser seguros? Primero: conociendo al dedillo el tema y las posibles interpretaciones que de él se deriven. Y después, convenciéndose de que no hay nadie en el mundo más capacitado que uno mismo para llevar este conocimiento a los interlocutores. Se trata de una conversación. Planificada, estudiada, rigurosa, pero conversación al fin, en la cual hay que atraer, seducir, conquistar.
 
En aras de la naturalidad «no deben emplearse afectaciones, exageraciones, rebuscamientos…» (93). Por el contrario, debemos ser —sin llegar a extremos de vulgaridad— lo más parecidos posible a como somos fuera del escenario. Que la puesta en escena no lo parezca, que las costuras no se vean.                                  
 
¿Y qué hay con la fluidez? No es nada sencillo. «Se logra después de años de trabajo y constante práctica, que se materializa en la lectura cotidiana en voz alta. (…) Es necesario también acostumbrarse a leer con bastante celeridad sin que se atropellen los fonemas (…) Cuando se improvisa, es preciso seleccionar con rapidez, destreza y precisión, el vocablo que nos ayude a la enunciación del juicio o concepto, sin caer en titubeos o vacilaciones que deslucen por completo el trabajo…» (94)                   
 
El profesor Safarti resume algunos consejos para que este acto final de ejecución de la pieza oratoria sea todo un éxito. (95)
 
1) Si está leyendo el texto, trate de no equivocarse de manera frecuente, pero si le ocurre muestre el aplomo necesario, no se perturbe, no haga gestos que denoten su inconformidad.

2) Durante la improvisación no tema equivocarse, porque le hace perder fluidez y el ritmo necesario. Trate de no repetir palabras ni reiterar muletillas.

3) Lo anterior no quiere decir, por supuesto, que pueda cometer errores gramaticales imperdonables. De ocurrir esto podría perder la atención de los oyentes, provocar la risa, el desconcierto, el comentario y otras situaciones embarazosas.

4) Imprima su sello característico a la intervención.

5) No ofrezca la sensación de autosobrestimación, inmodestia, prepotencia ni sobreactuación. Realice todo con la mayor naturalidad posible, como si conversara con el auditorio.

6) No muestre nerviosismo, ni indecisión, ni indiferencia.  Todos deben pensar y ver en usted a la persona que les va a trasmitir una información importante y que ellos necesitan recibir.

7) Practique la lectura de la intervención. Trate de leer de forma enfática las ideas y palabras claves.
 
Hasta aquí nuestros palabras sobre esta inexacta ciencia. Que con rigor y paciencia, las puertas del aire abras. Si en la persuasión que labras en cada convocatoria, conquistas pasión, euforia, pensamiento decidido; entonces habrán valido estas notas de Oratoria.

Notas:

(1) Álvarez Muro, Alexandra: Análisis de la Oralidad: una poética del habla cotidiana. Universidad de Los Andes. Grupo de Lingüística Hispánica, Mérida, Venezuela. s.p.i. (En formato digital)         

(2) Álvarez Muro, Alexandra: Ídem. 

(3) Rojas Bez, José: «De la Telenovela a la Oralidad» (Ponencia presentada en el Taller Internacional de Comunicación y  Oralidad de la Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, Cuba, julio 16-18 de 1992. En formato digital).       

(4) Álvarez Álvarez, Luis: Hablar es persuadir: el arte de la oratoria. Colección Biblioteca Familiar, La Habana, 2007, p.3.

(5) Álvarez Muro, Alexandra: Ídem.  
 
(6) Álvarez Muro, Alexandra: Ídem.  
 
(7) Citado por Álvarez Muro, Alexandra: Ídem.   
 
(8) Álvarez Muro, Alexandra: Ídem. (Ver anexos)   

(9)  Martí, José: «Notas sobre la Oratoria».  Obras completas, tomo XIX, La Habana. Editora Nacional de Cuba, 1964, p. 449.
 
(10) Sussi Safarti, Salomón: La Oratoria. s.p.i (En formato digital).    
 
(11) Hormazábal Sánchez, Ricardo: Manual de Retórica, Oratoria y Liderazgo democrático. Universidad de Chile, s/e, s/f, p.15. 

(12) Álvarez Álvarez, Luis: Ob. Cit. p.8.    
 
(13) Ibídem. p.9.    
 
(14) Ibídem. p.10.  

(15) Sussi Safarti, Salomón: La Oratoria. s.p.i (En formato digital).
 
(16) Hormazábal Sánchez, Ricardo: Ob.cit. p.76 
 
(17) Ibídem, p.33.

(18) Sussi Safarti, Salomón: Ob. Cit.

(19) Ibídem. 
 
(20) Ibídem.
 
(21) Hormazábal Sánchez, Ricardo: Ob. Cit. p.14  

(22) López Eire, Antonio: «Retórica y Oralidad», en: Logo. Revista de Retórica y Teoría de la Comunicación. Año I, nº 1, España,  2001,  p. 112 
 
(23) Ídem. 
 
(24) Ibídem, p.112 y 113.  
 
(25) Víctori Ramos, María del Carmen: «Lo oral en la encrucijada», en: Vera Estrada, Ana (comp.): La Oralidad. ¿Ciencia o sabiduría popular? Centro de Investigacion y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2004, p. 17            

(26) Víctori Ramos, María del Carmen: «Lo oral en la encrucijada», en: Vera Estrada, Ana (comp.): La Oralidad. ¿Ciencia o sabiduría popular? Centro de Investigacion y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2004, p. 17            

(27)  Ibídem, p.19
 
(28) Álvarez Muro, Alexandra: Ob. Cit.
 
(29) Ídem.
 
(30)  Ídem.
 
(31) Ibídem. 
 
(32) Ídem.

(33) Artiga, Francisco José: Epitome de la eloquencia española (Ed. Facsimilar). Frente de Afirmación Hispánica, México, D.F, 1992. p.X y XI
 
(34)  Ibídem, p. XI-XII
 
(35) Víctori Ramos, María del Carmen: «Lo oral en la encrucijada», en: Vera Estrada, Ana (comp.): Ob. Cit. p.16

(36)  Martí, José: Ob. Cit. tomo II, p.31
 
(37) Ibídem, tomo XII, p.6 
 
(38) Ibídem, tomo XI, p.263
 
(39) Ibídem, tomo XIX, p.449
 
(40) Ibídem, tomo XXII, p.280
 
(41) Ibídem, tomo XIII, p.57
 
(42) Ibídem, tomo XXI, p.147

(43) Lausberg citado por Álvarez Álvarez, Luis: Ob. Cit. p.53
 
(44) Álvarez Álvarez, Luis: Ob. Cit. p.35
 
(45) Ídem.

(46) Gómez citado por Álvarez Álvarez, Luis: Ob. Cit. p.37
 
(47) Martí, José, citado por Álvarez Álvarez, Luis: Ob. Cit. p.37.

(48)  Álvarez Álvarez, Luis: Ob. Cit. p.53 p.38.
 
(49) Sussi Safarti, Salomón: Ob. Cit.

(50)  «En una encuesta realizada en los Estados Unidos, investigando las diez cosas que más temor le producen a la gente, se obtuvo el siguiente resultado (en orden ascendente): los perros, la soledad, el avión, la muerte, la enfermedad, las aguas profundas, los problemas económicos, los insectos, las sabandijas, las alturas y, el primero de la lista, hablar en público» Abel Cortese, citado por Álvarez Álvarez, Luis: Ob. Cit. p.62
 
(51) López Vigil, José Ignacio: Manual urgente para radialistas apasionados. Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, s/p (copia digital).
 
(52) Álvarez Álvarez, Luis: Ob. Cit. p.63

(53) Álvarez Álvarez, Luis: Ob. Cit. p.64

(54) Álvarez Álvarez, Luis: Ob. Cit. p.62
 
(55) Sussi Safarti, Salomón: Ob. Cit.
 
(56) López Vigil, José Ignacio: Ob. Cit.

(57) Sussi Safarti, Salomón: Ob. Cit.
 
(58) Ídem.
 
(59) Ídem.

(60) Martí Ibáñez en el prólogo a: Artiga, Francisco José: Ob. Cit. p. XVIII

(61) (XVII)
 
(62) Lozada Guevara, Jesús: «Máscara, persona, personalidad», en: Vera Estrada, Ana (comp.): Ob. Cit. p.236
 
(63) Riverón, Rogelio: «Es un acto de rebeldía ser un poeta oral». Entrevista con Alexis Díaz-Pimienta, en: La Jiribilla (revista digital) no. 244, Año VI, La Habana, enero 2006. Disponible en URL: http://www.lajiribilla.cu/

2006/n244_01/244_06.html, consultada en enero de 2008.

(64)  Álvarez Álvarez, Luis: Ob. Cit. p 72
 
(65)El Comandante en Jefe Fidel Castro considera que puede utilizarse en «... eventos internacionales, alguna intervención en Naciones Unidas, en el Movimiento de No Alineados, la simple necesidad de que las palabras deben ser traducidas a numerosos idiomas (...) en un evento histórico de mucha importancia que se realiza en el país u otras comparecencias en que haya que utilizar muchos datos...», citado por Sussi Safarti, Salomón: Ob. Cit.
 
(66) «Sigmund Freud, (…) brillante orador, pronunciaba sus conferencias sin leerlas y después, en la soledad de su despacho, ornamentado como una salita romántica de principios del siglo XIX, las escribía, recordando exactamente cuanto había dicho. De ahí la claridad “oratoria” de sus escritos, su vocabulario “popular” y preciso y su estilo “verbal”, que hace que cuando leemos en realidad le estemos escuchando». Habría que lograr que las conferencias escritas tuvieran tanta oralidad como aquellas de Freud. Véase: Artiga, Francisco José: Ob. Cit. p. XIX.y XX
 
(67) Sussi Safarti, Salomón: Ob. Cit.

(68)  Álvarez Álvarez, Luis: Ob. Cit. p.66 

(69) Ídem. 
 
(70) Sussi Safarti, Salomón: Ob. Cit.

(71) Ídem.  
 
(72) Ídem.  

(73) Ídem.

(74)  Ídem
 
(75) Guevara, Frank: La locución: técnica y práctica. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1984, p.49
 
(76) Agrega Guevara que este sonido humano es «...el resultado, la síntesis del trabajo de una serie de órganos fisiológicos, que tienen originariamente otros fines: respirar, triturar, deglutir, etcétera, pero además es producto, en última instancia del cerebro humano. Ob. Cit. p.50 

(77)  Álvarez Álvarez, Luis: Ob. Cit. p.65
 
(78) Ídem.

(79)  Sussi Safarti, Salomón: Ob. Cit.
 
(80) Guevara, Frank: Ob. Cit. p.70, 71 y 72
 
(81) Ídem
 
(82) Sussi Safarti, Salomón: Ob. Cit.

(83) Ídem.

(84)  García Riverón, Raquel: «Entonación y oralidad», en: Vera Estrada, Ana (comp.): Ob. Cit. p.73
 
(85) Guevara, Frank: Ob. Cit. p.135 
 
(86) Sussi Safarti, Salomón: Ob. Cit.

(87)  Citado por: Álvarez Álvarez, Luis: Ob. Cit. p.71
 
(88) Guevara, Frank: Ob. Cit. p.136.
 
(89) Ídem.

(90) Citado por Álvarez Muro, Alexandra: Ob. Cit.
 
(91) Sussi Safarti, Salomón: Ob. Cit.

(92) Esquenazi Pérez, Marta: «Relaciones poético-musicales en la tradición oral», en: Vera Estrada, Ana (comp.): Ob. Cit. p. 108. 

(93) Guevara, Frank: Ob. Cit. p. 104.

(94)  Ibídem. p.106
 
(95) Sussi Safarti, Salomón: Ob. Cit.