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MEDIOS Y PERIODISTAS: ¿IMPARCIALIDAD POSIBLE O VIRTUAL?

MEDIOS Y PERIODISTAS: ¿IMPARCIALIDAD POSIBLE O VIRTUAL?

Lic. RICHARD ÁVILA Y Lic. JOSÉ LUIS ZABALETA,
Coordinadores del Programa de
Formación de Comunicación Social,
Universidad Bolivariana de
Venezuela, Sede Monagas.

Algunos autores plantean que el primer rasgo distintivo de la prensa gratuita es la ausencia de confrontación política. Al respecto, Ramón Pedrós, director editorial de Metro Internacional para España, declaró: “Yo no quiero que nadie me rechace el periódico”. 

La referencia de Pedrós es la defensa recurrente de los editores que esgrimen la imparcialidad, la objetividad y la neutralidad como escudo para evitar acusaciones de sesgo, como patente para ser aceptados por la mayoría de los lectores y como garantía de que los anunciantes no los tildarán de tendenciosos.

Sin embargo, la experiencia nos ha dado a los lectores la certeza de que tales argumentos son falaces y siempre muestran sus costuras. Sólo habría que aguzar la vista y ser irreverentes con la vicaría de los medios de comunicación y el periodismo.

Antes de seguir, es pertinente contextualizar las declaraciones del periodista precitado. Nos referimos sustancialmente a lo que significa ser el editor de un periódico gratuito (ese que se regala en la calle y que depende un 100% de la publicidad) y el alcance y la tradición de Metro Internacional.

Un poco de historia

Fue Estados Unidos el país pionero en prensa gratuita, con la publicación, en la década de 1940, del primero de estos periódicos, que en la actualidad se denomina Contra Costa Times. En los años 70 surgieron algunas publicaciones gratuitas más, aunque este tipo de prensa no empezó a ser popular en Norteamérica hasta la década siguiente.

Europa se incorporó a esta corriente con mucho retraso y fue España el país que dio el primer paso, cuando en 1992 apareció el primer ejemplar de Minidiario, en Valencia. Tres años después salió a la luz Metro, un periódico gratuito sueco, que dos años después se había difundido a otros países europeos y ha sido, con su firma Metro Internacional, una de las editoras de periódicos gratuitos con más alcance y más lectores no sólo en Europa, sino igualmente en América y Asia, según la enciclopedia en línea Wikipedia.

La siguiente empresa en lanzar al mercado un periódico gratuito fue la noruega Schibested, que en 1999 publicó desde Zúrich el periódico 20 Minutos.

En América Latina, los países donde más éxito y tiraje han tenido son México, Chile, Ecuador y Argentina. La prensa gratuita llegó a Venezuela a principios de 2004. El primero fue el semanario En Caracas, que se repartía todos los viernes con un tiraje de 50 000 ejemplares, pero salió de circulación el 16 de diciembre de 2005.

Le siguió el diario Primera Hora, en junio de 2005, perteneciente a la C.A Editora El Nacional, que a su vez edita otros medios impresos, entre ellos el tradicional y venido a menos (en tiraje) El Nacional. Por último, El Diario de Caracas, que luego de venderse sin mucho éxito, pasó a ser gratuito a principios de septiembre. Todos estos diarios gratuitos se reparten solamente en la ciudad de Caracas.

Rasgos de la prensa gratuita, según sus defensores

En vista de lo poco conocidos que son estos medios en nuestro ámbito periodístico, acudimos a una caracterización de la prensa gratuita, siempre alertando que -en su mayoría- son rasgos que identifican sus propios defensores y auspiciantes. He aquí algunos de ellos, según Francisco Fernández Beltrán:

-Son tabloides de gran tiraje que se reparten gratuitamente en el metro, otros sistemas de transporte público y en la calle.

-Sus costos no dependen de la venta del periódico sino estrictamente de la publicidad.

-Por depender de la publicidad se fijan una regulación según la cual no deben contener más del 30% ó 40% de ésta en sus páginas.

-Son escrupulosos para diferenciar la publicidad de la información.

-Evitan la confrontación y el sesgo político.

-Tratamiento informativos más ligeros y menos profundos que obligan al lector a buscar más información en otros medios.

-Mucha utilización de fotografías y otros recursos gráficos que lo hacen menos textual.

-Son empresas multinacionales de grandes cadenas que mantienen formatos similares y las mismas pautas de acuerdo a cada región.

-Están diseminados por toda Europa y en América Latina son muy populares en México, Chile y Ecuador.

Para quienes han tratado el impacto de la prensa gratuita en el ámbito editorial, la llegada de la estos periódicos supone una nueva competencia para la prensa tradicional o de pago, por alcanzar un mayor número de lectores. En muchos casos está en juego la subsistencia de los medios, lo que hace pensar que la pelea no se libra sólo en la preferencia de los lectores sino con mayor fiereza en la cartera de anunciantes. Sin embargo, notamos -como en el caso de las grandes editoras venezolanas, caso El nacional- que los periódicos gratuitos se han convertido en complementos del negocio impreso de la prensa paga.

Sus defensores muestran una cara romántica e ideal de la prensa gratuita, al punto que llegan a hacer esta apología, publicada por López Lita R., luego de hacer un trabajo de postgrado para la Universidad de Barcelona:

“Independientemente de que se dirijan a los mismos lectores, o a otros, y de que pugnen diariamente por la inversión de iguales o diferentes anunciantes, lo cierto es que la prensa gratuita que se ha desarrollado en los últimos años en Europa lo ha hecho a partir de un modelo ciertamente diferenciado de la de pago. El primer rasgo distintivo es la ausencia de confrontación política. Se trata de un periodismo que pone el acento en el interés humano de los acontecimientos, más allá de las meras declaraciones partidistas y que busca sobre todo la difusión de informaciones cercanas al lector, algunas de las cuales no tienen cabida normalmente en la prensa de pago”.

A continuación, listamos algunas “peculiaridades” de estilo que López Lita le asigna a esta “novedad” complementaria del mainstream:

-Un modelo informativo basado en la concisión.

-Un periódico con todas las secciones que no ocupa más allá de 28 a 32 páginas.

-Está pensado para ser leído rápidamente, entre 20 a 25 minutos.

-Obliga a los periodistas a una labor de condensación muy importante.

-Pero también obliga al lector a cambiar algunos de sus hábitos de lectura.

Obviamente que esta declaración y estas “peculiaridades” nos hacen inferir que tal modalidad de no-pago lleva implícita la vieja doctrina de la objetividad, maquillada ahora para un producto derivado de los medios mercantiles del siglo XX.

Objetividad, imparcialidad, neutralidad informativa

La prensa mercantil de la primera mitad del siglo XX se esforzó por conquistar públicos y anunciantes. Esto, debido a los grandes tirajes provocados por el uso de novedades tecnológicas que potenciaron la capacidad de producir muchos periódicos y por el aumento de la alfabetización.

El elemento de la ecuación que faltaba era la accesibilidad a todos los públicos, blancos y negros, pobres y ricos, sin distingos religiosos ni ideológicos. Fue así como nació la doctrina de la objetividad, que se esmeraba por convencer a los públicos de que los medios y los periodistas tenían la capacidad -y la voluntad- de transmitir los hechos sin intervenciones, sin sesgos, “sin contaminación”.

“Esta prensa, al contrario de su antecesora, necesitaba presentar un rostro neutro, imparcial, no comprometido, para que fuera aceptada y creída por personas de diferentes posiciones ideológicas y políticas. Se requería, también, presentar una postura sin compromisos con los sectores de poder, especialmente gubernamentales” (Dragnic, Olga; 2006).

Pero ¿qué es lo que se entiende en las ciencias sociales como objetividad? Abbagnano la define como “El carácter de la consideración  que intenta ver el objeto tal como es,  prescindiendo de las preferencias y de los  intereses del que los considera y basándose solamente en procedimientos intersubjetivos de comprobación y de control... La objetividad es el ideal de la investigación  científica, ideal al que se acerca en la medida en que dispone de procedimientos  adecuados”.

Sin embargo, esta tal objetividad no es dable en los seres humanos, es decir, en tanto sujetos, las personas no pueden aspirar a tener la capacidad de las máquinas, de robots, que reciben y emiten información o conocimiento sin interpretarlas. Así lo sostiene Adam Schaff en su obra “Historia y Verdad”, en la cual denuncia la pretendida neutralidad de la historia y reivindica la condición subjetiva de los investigadores, de los historiadores, lo que podríamos traspolar a los periodistas:

“El sujeto desempeña en el conocimiento histórico un papel activo, y la  objetividad de este conocimiento siempre contiene una dosis de subjetividad. De lo  contrario, este conocimiento sería ahumano  o super-humano”.

Para Dragnic, en el periodismo mercantil y positivista del siglo pasado, la objetividad es tenida como La cualidad que debe tener la información al ser el reflejo fiel de la realidad de la cual se ocupa, mientras que el periodismo objetivo vendría a ser en esta parafernalia funcionalista el Tipo de tratamiento de la actualidad que pretende presentar los hechos tal y como ocurrieron.

Como vemos, se trata de una apreciación acientífica de la relación entre sujeto-objeto en el proceso de conocer y que queda bien explicado en la teoría materialista del conocimiento.

Al respecto, el periodista y catedrático venezolano Federico Álvarez sostiene que “nuestra versión de lo que percibimos está condicionada por nuestros prejuicios, nuestros sentimientos, nuestros valores, nuestras fobias, ideas, etc. Es decir, el sujeto que percibe o, lo que es lo mismo, el sujeto que conoce, es un elemento activo que contamina con sus contenidos de conciencia todo aquello que capta (...) La objetividad no sólo es insostenible a la luz de los conocimientos científicos contemporáneos, sino que además no es consecuente con su pretensa independencia de compromisos políticos o ideológicos”.

Talvez, en el mismo orden, podría ilustrarnos lo que se pretende cuando en periodismo se habla de imparcialidad y neutralidad, según el Diccionario de Comunicación Social de Olga Dragnic:

Imparcialidad: La ausencia de posición preconcebida a favor o en contra de personas, ideas, hechos o cosas, al estudiarlas o tratarlas. En el periodismo, el concepto se aplica en este mismo sentido, a la forma como el redactor y el medio masivo perciben, juzgan y representan los acontecimientos y las personas.

Neutralidad: La actitud de una persona que no toma partido en ningún sentido, ni a favor ni en contra, sea de una idea, acción, grupo social o sectores en conflicto.

En el periodismo, tales preceptos tratan de justificar que el periodista y los medios pueden mantener un respeto a los hechos y al libre albedrío de los lectores. Al respecto, Federico Álvarez apuntilla: “Respeto a la materialidad de los hechos y respeto al libre albedrío del lector, dos caballos de batalla del periodismo industrial”.

¿Y cómo son los periódicos gratuitos?

Basta con hacer una somera revisión a las ediciones impresas que sobre estos periódicos gratuitos están en la web para desmontar la pretendida imparcialidad o “ausencia de confrontación política” en su tratamiento informativo.

La cita de arriba, de Ramón Pedrós, parece emanada de un conspicuo ideólo de la imparcialidad en los medios, de un sofista de la doctrina de la objetividad. Sin embargo, fue precisamente Pedrós, editor del Metro, quien fuera suspendido por los propietarios de Metro International porque bajo su responsabilidad salió a la luz una primera página falsa en una edición de 2006, que contenía informaciones traídas de los pelos como que en Madrid se estaba construyendo un muro con la ayuda de Estados Unidos y otras menudencias.

La seriedad de sus palabras tal vez hayan sido medidas por sus productos periodísticos, pero lo cierto es que la formalidad de los diarios gratuitos tiene “patas cortas” a juzgar por el episodio de Metro y que se convirtió en noticia de farándula de los medios españoles, ya de por sí dados al espectáculo permanente.

Y se pueden encontrar otras sorpresas. Por ejemplo, que en un diario como Publimetro, de México, podemos notar estos rasgos en nada rigurosos:

-Más del 60% de las páginas es dedicado a la publicidad.

-Las páginas impares (la de mayor visibilidad y costo) se reservan casi exclusivamente a la publicidad.

-Hay publicidades que por su presentación, sus características gráficas y su ubicación se confunden con la información.

En la edición del 26 de marzo de 2010 de Publimetro, podemos observar que la noticia con foto destacada de primera página remite a una información interna que recoge el análisis de un grafólogo “imparcial” sobre las firmas de varios mandatarios mundiales. Vale decir que los grafólogos hacen un perfil de la personalidad de un sujeto, estudiando su firma.

Éstos fueron algunos de los resultados de la grafóloga imparcial:

Barack Obama, presidente de Estados Unidos (“Ojo Alegre”): Se trata de una persona de procesos mentales ágiles. Siempre tiene una respuesta rápida para todo. Tiende a ser ’ojo alegre’ (coqueto). Es capaz de sacrificarse por sus ideales. Hiperactivo e inflexible. Nervioso. Puede llegar a magnificar los problemas. No le gusta ver hacia atrás. Para él, el fin sí justifica los medios.

Felipe Calderón Hinojosa, presidente de México (“Agresivo secundario”): Se trata de una persona para la que es muy importante su imagen y siempre procura dar una buena impresión. Es sociable y práctico. Por el número ’6’ intermedio (en la firma), se deduce que el aspecto económico le es muy importante. Es tenaz, de ’agresividad secundaria’, es decir, responde a la agresividad, pero no tomaría la iniciativa. Al momento de escribir estaba estresado. Se concentra fácilmente. Trabaja bien en equipo.

Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina (“Se autoagrede”): Se trata de una persona que se siente muy apegada a su pasado, inclusive le pesa. No ve mucho al presente y va con todo al futuro. Le gusta llamar la atención y necesita constantemente reafirmaciones, a manera de cumplidos. Tiene problemas de hipertensión y gastritis. Es sumamente práctica, decidida y no se arriesga fácilmente. Es poco tolerante y se autoagrede.

Hugo Chávez, presidente de Venezuela (“Cruel”): Es un hombre fuerte, de carácter y estricto, impulsivo, enérgico y cruel, así como autocontrolador. Estresado y observador. Quisiera dejar atrás el pasado y no puede. Es ’cuadrado’, inflexible y drástico. Tiene problemas en la columna vertebral. Su educación fue muy estricta. Apto para la milicia; es mejor jefe que subalterno.

Se trata, entonces, de una de las tantas muestras de cómo, desde la concepción de “cero confrontación política”, un diario puede hacer un tratamiento sesgado y tendencioso de la cuestión política, usando para ello algunos productos periodísticos “frescos, inocuos y llamativos”.

El periodismo como instrumento del poder y como poder para el cambio

Harto ha sido dicho que las representaciones de la realidad siempre son utilizadas por el poder para mantener su preeminencia y su hegemonía. Una de esas representaciones es el lenguaje, materia prima del periodismo y la comunicación.

Sería ingenuo pensar, entonces, en que los medios actuales, llámense pagos o gratuitos, impresos o audiovisuales, llevan consigo la semilla de la discordia en una sociedad dividida en clases sociales, y con ello señalamos la división internacional del trabajo, también.

En un sistema social en el cual la ideología dominante es la de las clases dominantes, denota también la expresión de la explotación de un grupo de hombres sobre la mayoría.

Alexis Márquez Rodríguez trata en su libro “La Comunicación Impresa” in extenso sobre este asunto del condicionamiento ideológico del lenguaje y su traspolación hacia el periodismo, y nos dice: “... así como en una sociedad clasista la conciencia -es decir, las ideas- dominante es la de la clase dominante, también es el lenguaje de ésta el que predomina”.

Y cita a Armand Mattelart para ratificar que “toda actividad y todo producto en la sociedad capitalista participan del mundo y de la lógica de la mercancía. El lenguaje mismo que permite transmitir al público el sentido de dicha actividad y de dicho producto -cualquiera que sea- es el lenguaje del hombre de la mercancía que se transforma en amo de todo lenguaje”.

¿Cómo podemos pensar entonces en medios imparciales, neutrales, objetivos, cuando en la sociedad lo que se da es una cruenta lucha de clases que se manifiesta en todos los ámbitos del quehacer humano, sobre todo en el periodismo, una de las herramientas creadoras del consenso y de estereotipos de toda clase y en todos los niveles.

Con precisión, nos refiere Márquez Rodríguez: “Como es obvio, los empresarios de los medios de comunicación, conspicuos representantes de la burguesía y del capitalismo, no pueden limitar su actividad, dado el carácter específico de tal tipo de empresa, solamente al lucro monetario. Es inevitable que también se maneje el negocio con un propósito de defensa y preservación del sistema capitalista dentro del cual la empresa privada tiene sentido y se justifica”.

En esta su función de imposición de ideas, creación de consenso y otras menudencias, los medios han diversificado sus tareas. Y no sólo los programas destinados al entretenimiento, sino que las mismas noticias se han convertido en herramientas de evasión e irreflexión de los ciudadanos.

Héctor Mojica, quien igualmente critica la separación que la prensa industrial hizo de las opiniones y de las noticias, lo recoge de esta manera: “La llamada ’gran prensa’ no sólo informa y opina (insistiremos en esta falsa dicotomía), sino que tiene una función evasora: el entretenimiento clásico ha devenido en evasión. De allí la importancia, creciente, de los features. Con razón un periodista francés decía que Le Parisien Liberé tiene por misión la de ’liberar’ a sus lectores de toda preocupación, así como ahorrarles la de reflexionar. En Les maitres de la presse puede leerse esta regla, casi ley, de la gran prensa: “La desgracia de los otros os ayuda a creeros feliz”.

Por su parte, Armand Mattelart, en su obra Medios de Comunicación: Mito burgués vs Lucha de clases, rescata el término marxista de fetiche, el cual acuña a los medios burgueses con la derivación creada por Roland Barthes de mito. Por lo que a las acciones y efectos que los medios producen en la sociedad les llama mitología.

“El medio de comunicación de masas es un mito -dice Mattelart- en la medida en que se le considera una entidad dotada de autonomía, una especia de epifenómeno que trasciende la sociedad donde se inscribe. Así, la entidad medios de comunicación de masas se ha convertido en un actor en la escenografía de un mundo regido por la racionalidad tecnológica. Es la versión actualizada de “las fuerzas naturales”.

También aborda Mattelart el lenguaje de los medios y su discurso, un discurso plano, integrador, que desvanece las diferencias y los antagonismos sociales mediante conceptos fabricados, consensuados en la gran prensa e impuestos a la mayoría. Y nos dice: “... este concepto apunta a borrar todo esquema de estratificación social y a ofrecer a los receptores la imagen de una sociedad sometida al mismo determinismo indiferenciador. Junto a él, ha surgido la serie de los conceptos del amorfismo social, tales como: sociedad de consumo, sociedad de abundancia, sociedad de masas, sociedad moderna, opinión pública, etc. En todos estos términos-comodines se esfuma el soporte de la dominación social”.

Tener conciencia del papel que ha jugado y sigue jugando la prensa y el periodismo para la sociedad burguesa es, entonces, sólo el primer paso para avanzar en la transformación. Como Mattelart,  decimos: “Descifrar la ideología de los medios de comunicación de masas en poder de la burguesía constituyó la primera etapa de un quehacer que incorporaba dichos instrumentos en la dinámica de la acción revolucionaria. Hoy aquella fase debe ser superada o por lo menos aprehendida sólo como un peldaño en la tarea de creación de un medio de comunicación identificado con el contexto revolucionario”.

 

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