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ACERCA DEL INTERES INFORMATIVO

ACERCA DEL  INTERES  INFORMATIVO

Msc. HUGO RIUS BLEIN,
Premio Nacional de Periodismo José Martí,
Periodista de la Agencia Prensa Latina,
Profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Harto evocado y defendido por los profesionales de la información, el interés informativo corresponde a una de las quintaesencias del ejercicio del periodismo, y más aún, del proceso mismo de la comunicación masiva.

Para conceptualizarlo por vía rápida podría adscribirme a cualquiera de las abundantes definiciones emitidas y santificadas en fuentes institucionales, bibliográficas, manualistas, gremiales y hasta las asumidas por nosotros los periodistas, inmersos hasta el cuello en nuestras rutinas productivas con la intención de ofrecer lo que consideramos de interés informativo.

Pero la duda, esa bendita y poderosa palanca del pensamiento creador de la que se valió Marx para escribir toda su reveladora y  portentosa obra,  y esta vez sin la menor  duda, echando mano a la mayeútica de la Grecia clásica, nos vuelve a recordar que de las incertidumbres se forjan las certezas.

Siempre me he preguntado, si cuando las instituciones mediáticas proclaman una pretendida voluntad de proporcionar información de interés, a qué se refieren en rigor.

Si al de los emisores autocráticos, no exentos de presuntuosidades, o al de los receptores, considerados como sujetos vivos, participativos, interactivos y transformadores.

Entonces otras interrogantes se disparan:

¿Qué es el interés informativo? ¿Una categoría abstracta, o una construcción cultural y mediática? ¿Una necesidad focalizada, o una tendencia incentivada desde los medios?

Por lo pronto reafirmaré algunas convicciones al respecto.
     
A lo largo de toda la historia del periodismo, los medios que representan o se vinculan a las clases sociales dominantes han establecido los intereses informativos de esas clases y de los centros de poder correspondientes.

Esos medios reproductores del sistema social predominante se han empeñado en transferir al público sus intereses informativos, con cierto grado de éxito, de tal manera que han logrado enajenar en mayor o menor medida a las clases oprimidas de sus verdaderos intereses informativos.

El interés informativo, tanto desde el emisor como del receptor, parece presentar una configuración clasista ideológica y un trasfondo político, porque para enojo de Fukuyama el fin de la historia ni remotamente se vislumbra. 

En lo que hoy se denomina sociedad de la información en contexto globalizador, aparentemente los intereses informativos se han hecho comunes, mas en realidad subsisten acentuadas diferencias de intereses que se expresan ya no tanto en el tema mismo sino en los destaques, las frecuencias, las omisiones, los subrayados, angulados y las  lecturas interpretativas a los que se recurren desde distintas posturas políticas.
    
Algo al respecto ha sido apuntado  por McCombs en su hipótesis de la Agenda Setting, pero en mi opinión incompleto, lastrado, toda vez que el poder mediático  estadounidense, al que el autor alude como sujeto de la investigación, no sólo trata de transferir temas hacia la agenda del público, sino sobre todo pretende convertir esos temas en algo de interés masivo, aunque su legitimidad resulte muy discutible.

Por ejemplo, por esa vía se ha fomentado un distorsionador interés informativo en el éxito personal, encarnado en millonarios, aristócratas, figuras de la política, de la farándula y el deporte rentado, presentados como inalcanzables modelos a alcanzar, y a quienes por lo tanto se les tiende un manto de tolerancia, admiración y simpatías, aún cuando se conduzcan con ostentación, excentricidad  y protagonicen sonados escándalos muchas veces al margen de las leyes establecidas.

Enmarcado en buena parte en un periodismo rosa constituye uno de los aspectos más ensoñadores y adormecedores de la reproducción social, que acometen medios de comunicación día tras día en un mundo real signado por desigualdades abismales, hambre, pobreza, y continua devastación ambiental.

Pienso que se debería incluso dirigir una mirada más crítica a lo que la mayoría de los manuales de periodismo de los que hemos bebido y seguimos bebiendo han indicado a lo largo del tiempo como valores-noticias y requisitos simplificadores para que una información mediática adquiera validez y consiguientemente interés.

Al menos me resulta insuficiente, por ejemplo, categorías capsulares y lapidarias como lo actual, lo novedoso, lo anormal, el cambio, lo raro, lo violento, etc., que parecen partir más bien de criterios de mercado competitivo y contemplan la información periodística como una producto para vender antes que un bien social.

En este punto incluyo el llamado interés humano, indiscutiblemente muy atractivo y la vez tramposo porque con bastante frecuencia sesga y manipula la realidad para atraer públicos, fragmenta el hecho del proceso, descontextualiza, dibuja un árbol sin bosque y cuando más produce una emocional anécdota descolgada. De acuerdo con una cultura receptiva forjada por los medios, el destino de una sola persona como la princesa Diana, por ejemplo, puede acaparar más atención que los niños que mueren de hambre como moscas en un país africano, y que se trata de un caso de mucho más  interés humano.  
    
Tampoco estoy muy seguro que todas esas sagradas y consagradas características demasiado formularias respondan a un comprobable interés del público receptor, y que sin embargo, los medios asumen como tal desde su poder actuando como supremos e inapelables intérpretes subjetivos y hasta arbitrarios.

De semejante maniqueísmo ni siquiera se libran nuestros propios medios nacionales, si bien en contextos radicalmente diferentes y socialmente superiores  a los que McCombs toma como referencia., y que merecen, en mi modesto criterio, una reflexión a fondo para que obremos con mayor coherencia y efectividad.

Si partimos de que la comunicación es un proceso entre dos polos bien definidos, sería deseable alcanzar una consensualidad de intereses informativos, sustentado en la construcción de un sentido común, y acorde con la dinámica de las problemáticas, conflictos y desafíos del mundo real de hoy, del que todos y cada uno formamos parte.

Más que adscribirme a repetir requisitos, o inventar otros, preferí  sumirme en un ejercicio de abstracción como consumidor ordinario de mensajes mediáticos, y tratar de establecer qué respuestas o pistas que satisfagan mis intereses desearía encontrar en los medios. Y que el cielo me libre de la presunción de creerme que tuve un éxito total en cambiar de piel, si acaso me permitió incursionar en un ámbito de posibles negociaciones, encuentros y consensos.

Sin darlo como resultado acabado, y nada lo es en esta vida tan dialéctica, identifico un grupo de franjas de interés informativos de amplio espectro, probablemente consensuables para establecer criterios de tematización y enfoque mediáticos. Claro está que siempre sujetas a la comprobación y al análisis, porque apenas son ideas como propuestas. 

1.- La supervivencia humana. Constituye el supremo interés vital. Informativamente se refleja en contenidos relativos a las alarmas, prevención y enfrentamiento de amenazas y peligros de guerras y otras formas de violencia,  catástrofes naturales, destrucción del habitat,  hambrunas, epidemias, enfermedades  y accidentalidades.

2.- La estabilidad y la seguridad sociales.  Atañe a la organización de la sociedad y las condiciones de convivencia grupal.  Informativamente se manifiesta en contenidos tales como el ejercicio de la democracia, los derechos humanos y ciudadanos, el orden  interno, la aplicación de la justicia, el empleo y los sistema de seguridad social.

3.- El progreso y el bienestar. Corresponde al muy humano interés de experimentar una existencia material más llevadera y confortable.  Las pistas para tales expectativas suelen encontrarse en las informaciones económicas y científico-técnicas y como expectativas relativas en promesas, anuncios y decisiones provenientes de fuentes de poder institucional y organizaciones políticas y sociales alternativas. 
 
4.- La adquisición de conocimientos. Los medios de comunicación se han constituido en una de las diversas reconocidas fuentes a las que recurren las personas para mitigar su sed de saber. No sólo por alguna problematización involucrada, sino también por el afán mismo de saber, para orientarse ante el mundo circundante, sus fenómenos y acontecimientos. Abarca a la totalidad de las esferas de coberturas informativas. 

5.- El enriquecimiento ético y estético. Lo que refuerce el  reconocimiento de identidades y pertenencias de conglomerado,  indique valores y pautas morales de comportamiento individual  y social, satisfaga el gusto por el arte y la literatura. De modo predominante se canalizan en contenidos históricos y culturales en su más amplio sentido. 
           .
6.- La realización personal. Toda aquella información que proporcione pistas para alcanzar una más plena expansión de las potencialidades individuales, ya sea mediante consejos o presentación de modelos reales, paradigmáticos.  
         
7.- El percance de los semejantes. Llámese si se quiere, de interés humano. Lo esencial que intento apuntar es la humana e indescifrable necesidad común de reconocerse, identificarse con la experiencia ajena, ya sea halagüeña, trágica, cómica o paradójica,  e incorporarla como lección, moraleja  y advertencia 
           
8.- El esparcimiento. Parece que a todos interesa saber cuándo, dónde, cómo y mediante qué medios reproducir nuestras fuerzas físicas. Las informaciones sobre jornadas de descanso, paseos, excursiones,  recreaciones, prácticas y espectáculos artísticos  y deportivos, entretenimientos y curiosidades reciben una altísima aceptación,  sobre lo cual no hace falta abundar.  

9- El futuro. Interesa mucho todas las informaciones que permitan lidiar con las incertidumbres ya sea para proyectar perspectivas de vida y desarrollo, o para prepararse para las adversidades previsibles o probables. Las preguntas sobre qué puede pasar mañana son de las más cotidianas y acuciantes.

ACLARACIONES  NECESARIAS

1.- Reitero que ni mucho menos pretendo agotar el tema, sino en todo caso abrirlo al debate crítico, siempre más enriquecedor.

2.- Las franjas de interés informativo constituyen lei motiv para que el periodismo efectúe toda la gama de funciones que se les reconoce: informativa, educativa, orientadoras, movilizativa, consensuativa, etc. 

3.- Metodológicamente me he ceñido estrictamente al tema solicitado.  Por lo tanto obvio aludir a cómo darle forma a los contenidos, mediante  qué géneros o lenguajes, lo que corresponde de lleno a las estrategias comunicativas.

3.- Tampoco me he referido a la experiencia cubana, para lo que sería recomendable otro acercamiento, con todas la contextualización y las particularidades requeridas, un ejercicio potencialmente interesante y útil.

LA RADIO, ENTRE HISTORIA Y TEORÍAS

LA RADIO, ENTRE HISTORIA Y TEORÍAS

A poco de sus más de 90 años, es necesario el repaso sobre su historia, a ratos, poco conocida y estudiada.

Dra. ANA TERESA BADÍA,
Periodista de Radio Rebelde y
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Fue desde una pequeña cabina de madera, en la ciudad norteamericana de Pittsburgh, que el 2 de noviembre de 1920 comienza a funcionar una de las primeras emisoras de programación regular del mundo: la KDKA. Por sus ondas, el ingeniero Frank Conrad (1874-1941) daba a conocer los resultados de las elecciones entre el republicano Warren Gamaliel Harding (1865-1923) y el demócrata James Middleton Cox (1870-1957). El propio presidente Harding (1921-1923) fue el primero en darle uso propagandístico al pronunciar un discurso en 1923. Nunca antes un mandatario se había dirigido a tantos ciudadanos (Shor, 1998: 46).

La radio empezaba a transformar  la política, con un éxito tal que hacia 1922 era insuficiente la fabricación de receptores para satisfacer la demanda, mientras que al llegar 1924, Estados Unidos contaba ya con 1 400 emisoras (Do Campo, 2000:14).

Dos años antes, a ocho días de haber tomado posesión, Franklin Delano Roosevelt (1882-1945) había bajado a los sótanos de la Casa Blanca e iniciado desde allí sus fireside chats -charlas al calor de la lumbre-. Por entonces, la radio llenaba el espacio que habían perdido otras instituciones, cuando el mundo transitaba por la depresión económica de 1929. En esos años, aún los radioescuchas eran concebidos como clase o como masa inculta impresionable y expuesta a los efectos mediáticos.

Marcadas por esas realidades, no es de extrañar que las primeras corrientes norteamericanas de estudios de la comunicación estuvieran signadas por el conductismo, escuela psicológica que considera a toda conducta humana como una respuesta frente a estímulos externos.

De ese contexto se derivó el interés por el estudio de la recepción radiofónica, en una época singularizada, además, por la difusión de la propaganda nazi a través del éter. Entonces, los investigadores sociales empezaron a preguntarse, qué misterioso “poder” ejercía la radio en su audiencia y por qué tanta gente respondía de la misma manera ante un mismo estímulo. A partir de tales cuestionamientos nació la llamada Teoría de la Aguja Hipodérmica o de la bala mágica, que se puede sintetizar con la afirmación de que “Cada miembro del público de masas es personal y directamente ‘atacado’ por el mensaje” (Wolf, 1987:79). Se hizo evidente la concepción de la audiencia bajo una percepción mecanicista, de cuya esencia fueron expresión algunos estudios realizados a finales de 1920.

La llegada de los años 40 propició la aparición de visiones comunicológicas más elaboradas. Culminada la crisis económica, tanto las nacientes como las antiguas instituciones retoman sus círculos de influencia. Serían tiempos de transformación de las ciencias sociales estadounidenses hacia elaboraciones más científicas. 

Para entonces, el sociólogo Paul Lazarsfeld analizó el papel de los medios en las prácticas electorales en el Condado de Erie, en Ohio, durante la campaña presidencial norteamericana de 1940, en colaboración con otros investigadores como Bernard Berelson y Hazle Gaudet. Los resultados se publicaron en el libro The People's Choice, el primer gran estudio sistemático sobre la formación y evolución de la conducta electoral a lo largo de meses previos a los comicios. En 1946, también Lazarsfeld puso en circulación The People look at Radio. Ambas propuestas contribuyeron a la comprensión de los factores mediadores en la relación de los emisores con sus públicos, a la ubicación de los efectos de la comunicación en el entramado social, y a la consideración del papel de los grupos primarios y el rol diferenciado de sus individuos.

En aquellos tiempos, otra corriente, la psicológica experimental, tuvo como principal exponente al psicólogo norteamericano Carl Hovland, quien presentó una estructura lógica de análisis muy similar al modelo mecanicista hipodérmico, pero sumándole los procesos psicológicos del receptor como factor de mediación. Como crítica general a esos enfoques metodológicos, puede apuntarse que es limitada su aplicación, desconocen que los hombres viven en un entramado complejo, y no toman en cuenta ni las interacciones, ni el rol -sin duda relevante- de los condicionamientos culturales.

Mientras, la radio proseguía su expansión. Con la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en Alemania aparecían clubes y asociaciones, cuyos miembros se reunían para escuchar un único aparato de radio, debido a los altos precios para adquirirlos de manera individual. Los nazis crearían su propio receptor, la Volksempfanger o radio del pueblo, producida en 1933 y vendida a la mitad de lo que costaba una normal. Alemania había estrenado sus servicios de onda corta en 1938. La audiencia creció inesperadamente. Marcados por el uso que el nazismo hizo del medio, los alemanes Max Horkheimer y Theodor Adorno manifiestan en sus textos que “la radio, (…) nos vuelve a todos por igual escuchas, para remitirnos autoritariamente a los programas por completo iguales de las diversas estaciones” (Citado por Hernández, op.cit: 42).

En ese contexto se funda la BBC en Londres, en 1932. Desde sus estudios, varios jefes de las fuerzas aliadas enviaron también mensajes a sus compatriotas, como el general francés Charles de Gaulle (1890-1970). En 1945, la BBC contaba con más de 40 servicios en otros idiomas, mientras que transmitía en inglés a todo el mundo las veinticuatro horas al día. 

Entre tanto, Radio Moscú se había convertido en la más poderosa del mundo. Ya en 1922, Vladimir Ilich Lenin, quien definía a la radio como un periódico “sin papel y sin fronteras” (Lenin en Vidal, 2004: 34),  había concebido una planta transmisora. Ni siquiera la invasión al territorio soviético en 1941 silenció  aquellos micrófonos.

Otros acontecimientos ocurridos durante la conflagración global revelan el empleo del medio como protagonista de diferentes conflictos. En 1943, la radio fue utilizada para que las fuerzas italianas ganaran el sitio a la ciudad de Malta, un importante acontecimiento militar. Benito Mussolini (1883-1945), estrecho aliado de Hitler, llegó a poseer dos estaciones. A la par, en Francia, el medio había contribuido a desarrollar la popularidad del Mariscal Pétain (1856- 1951).  Por último, en Japón, único país asiático donde la radiodifusión se había desarrollado con anterioridad a 1939, las ondas hertzianas resultaron decisivas en la conquista de Indochina, Filipinas (1942), Hong Kong (1942), Guam (1941), Birmania (1942) y las costas de China (1937). El 15 de agosto de 1945, tras el bombardeo nuclear y la entrada de la Unión Soviética en la guerra, el emperador Hirohito (1901-1989)  anunció por radio la rendición.

Durante la guerra mundial, “la información y la cultura, llegaron a convertirse en frentes estratégicos de la geopolítica” (Matelard, 2002:11), al igual que la radio.

Bajo ese precepto nace la Voz de América (VOA) en febrero de 1942. Hacia ese año, la alemana Herta Herzog, quien llegó a ser su primera directora de investigación, comienza a identificar en sus estudios varias de las gratificaciones obtenidas por las amas de casa en el consumo de radionovelas: liberación emocional, búsqueda de ilusiones y consejos para enfrentar problemas cotidianos. Herzog desarrolla el primer trabajo sobre los seriales radiofónicos y la naturaleza de "experiencias prestadas" que el medio introduce en las audiencias, analizando cómo ese producto trasciende la segmentación de las clases sociales y alcanza, en general, al gran público femenino.

Herta Herzog abrió una línea de investigación que siguió Joseph Klapper, uno de sus asesores de la VOA, quien llegó a considerar que “los guerreros psicológicos” de los Estados Unidos deberían estar comprometidos con los medios de comunicación de masas. Correspondería a Klapper elaborar para su época una definición más sintética y precisa sobre la recepción. Este enfoque fue superado por la visión de la Teoría Crítica de la Recepción, cuyos planteamientos exigen un proceso de interpretación de las relaciones de significación de los mensajes.

En la radio, como Klapper, otros exponentes de la Teoría de los Usos y Gratificaciones no tuvieron en cuenta factores estructurales, y sobre todo contextuales, sin los cuales no se puede entender el empleo de los medios. Tampoco exploraron los vínculos existentes entre las gratificaciones y los orígenes psicológicos o sociológicos de las necesidades satisfechas.

La aparición del concepto de efecto cognitivo marcó a mitad de los 70 un giro en las investigaciones. Comienzan entonces a tenerse en cuenta no los efectos puntuales, derivados de la exposición a cada mensaje, sino “los efectos acumulativos, sedimentados en el tiempo” (Wolf, op.cit:158). Las nuevas visiones agrupan ahora sus rumbos en asuntos como el papel que ocupan los medios y las rutinas de sus profesionales en el desarrollo del sistema social. 

Las principales diferencias entre el viejo y el nuevo paradigma se sintetizan en que ya no se priorizan estudios de casos individuales, sino la cobertura global de todo el sistema mediático, centralizada en determinadas áreas temáticas. Ya no se utilizarían datos extraídos principalmente de las entrevistas al público, sino metodologías más integradas y complejas. Tampoco la observación y estimación de los cambios de actitud y de opinión serían el eje principal de las pesquisas, sino la reconstrucción del proceso mediante el cual el individuo modifica su propia representación de la realización social.

Por ese camino, los investigadores de los entonces nacientes Estudios Culturales estrenan sus críticas contra sus predecesores, al reprocharles, con acierto, que esencialmente pasaron por alto las dimensiones sociales e ideológicas de los significados culturales, y el divorcio analítico de la práctica social.

Esos nuevos e importantes aportes se traducen en la radio en la aparición de reflexiones de corte hermenéutico-culturalista, cuyos senderos abarcaron la consideración de la arqueología del receptor (Schiffer 1992), la antropología del sonido (Thorn, 1998), la etnomusicología (Martínez, 2001), la semiótica radiofónica (Shingler y Wieringa, 1998; Fernández, 1999; Balsebre, 2000) y la antropología de la recepción (Winocur, 2002). En la actualidad, la totalidad de las nuevas corrientes ofrecen miradas renovadas al medio radial, al considerar el mundo sensorial del sonido-con-sentido, el ambiente acústico de la cultura, la construcción del mensaje y la idea de la transmisión cultural radiofónica, entre otros aspectos, que se preocupan por la construcción de significados en la comunicación radiofónica, mediante la asociación texto, sonido y cultura.

Bibliografía.

Do Campo Otero, Gustavo. La radio antigua. Barcelona. Editorial Marcombo Boixareu. 2000.

Fernández Bogado, Benjamín. "La radio en los tiempos de la democracia, la globalización y la digitalización". [on line]. Disponible en: www.razonypalabra.org.mx/.../bfernandez.html. Consultado: 25-10-2009.

Klapper, Joseph. “Los medios de comunicación colectiva y la persuasión”. [on line]. Disponible en: http//wwwmedioscomunicacionkaplerarchives. Consultado: 27-10-2009.

Mattelart, Armand. Geopolítica de la cultura. Santiago de Chile. Trilce. 2002.

Pizarroso Quintero, Alejandro y Aguilera Castillo, César. Historia de la prensa. Madrid.

Sohr, Raúl. Historia y poder de la prensa. Santiago de Chile. Editorial Andrés Bello, 1998.

 

BREVES APUNTES SOBRE LA RELACIÓN “DISCURSO” Y “DISCURSO PERIODÍSTICO”

BREVES APUNTES SOBRE LA RELACIÓN “DISCURSO” Y “DISCURSO PERIODÍSTICO”

Dr. ROGER RICARDO LUIS,
Director de Investigaciones del Instituto
Internacional de Periodismo José Martí.
Profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Al hablar de discurso es dable definirlo como el producto oral o escrito generado por todo acto comunicativo, nacido de la práctica social, o lo que es lo mismo, crea la vida social y a la vez es producto de la vida social.

Por la naturaleza social del hombre es a partir del lenguaje que él mantiene relación con otros y mediante prácticas comunes socializa valores, creencias y normas que determinan la forma de relacionarse, de actuar y pensar en comunidad.

Fairclough y Wodak (1) la identifican como una relación en dos direcciones: “Las situaciones, las instituciones y las estructuras sociales dan forma al evento discursivo, pero también el evento les da formas a ellas. Dicho de otra manera: el discurso es socialmente constitutivo así como está socialmente constituido: constituye situaciones, objetos de conocimiento, identidades sociales y relaciones entre las personas y grupo de personas. Es constitutivo tanto en el sentido de que ayuda a mantener y reproducir el status quo social, como en el sentido de que contribuye a transformarlo”.

Sin embargo, Van Dijk (2) no ve una relación dialógica; según él, la relación es trilógica, forma una especie de triángulo: discurso-sociedad-cognición. Al respeto, señala: “El discurso y sus dimensiones mentales (tales como los significados) están  insertos en situaciones y estructuras sociales. Y, a la inversa, las representaciones sociales, con frecuencia se constituyen, validan y normalizan, evalúan y legitiman en y por el texto y el habla”.

La centralidad que hoy tiene la información en la vida de los seres humanos refuerza el criterio de Van Dijk. El hombre de ayer se bastaba de su experiencia directa para comunicarse con otro, hoy para lograrlo necesita de la intermediación de factores externos que le propicien el contacto con la sociedad que su experiencia propia no es capaz de ofrecerle.

Desde su perspectiva evolutiva, el conocimiento y el afán de saber del otro hizo cada vez más amplio el horizonte  del espacio comunicativo y la necesidad de buscar nuevas formas de hacerlo. Así, los medios de comunicación de masas vinieron a ser los instrumentos facilitadores y/o controladores por excelencia de la interacción humana. Es por ello que podemos decir que el discurso periodístico es una muestra de la evolución del discurso tanto desde su alcance como de su complejidad.

El discurso periodístico es el que emite la prensa entendido en su sentido más amplio, cuyo significado permite a la audiencia constituirse una imagen de la realidad. Dicho discurso, según Héctor Borrat (3), se caracteriza por ser polifónico y continuo, ya que abarca una multiplicidad de voces y se va haciendo temario en cada una de las publicaciones. Así se supone que el discurso periodístico debe ser el espacio público en el cual se relacionen todos los actores sociales y a partir de ese encuentro se construya la interpretación de la realidad y se configure la acción social.

Sin embargo, el discurso periodístico, por ejemplo, se articula de acuerdo con la política editorial del medio. Se trata del cuerpo normativo y procedimental que rige la orientación informativa, de opinión, publicitaria y el funcionamiento de la empresa periodística, cuya orientación y control recae en el director del medio de prensa. Así, la política editorial delimitará el límite y el alcance de la agenda, determinará los actores sociales que visibilizará y el tipo de prácticas discursivas  que emita cada día el diario.

Debido a ello, Borrat considera que el periódico, más que un actor social que permite la interacción entre los diferentes elementos de la sociedad, de mediador, es un actor político que influye y afecta la toma de decisiones en el sistema político, lo que le atribuye la condición de participante.

Este propio autor llega a la conclusión de que el mensaje de la prensa es un discurso político, caracterizado por hacer uso del lenguaje político. La prensa no sólo reproduce este lenguaje sino que lo emplea por cuento es un actor político más. Equipara entonces al periódico con cualquier actor político, con la diferencia de que la actuación del periódico se concentra en su discurso; de manera que estudiando el discurso del periódico podemos conocer su actuación política.

Recordemos que Weber sentencia que la política implica “toda posibilidad de hacer triunfar la propia voluntad en el seno de una relación social, incluso a pesar de las resistencias”. En este sentido, el discurso político está al servicio de un fin último de la política, la construcción de la hegemonía y del poder desde su capacidad articuladora y legitimadora.

Es por ello que uno de los atributos esenciales del discurso político sea la capacidad argumentativa para convencer, persuadir, mostrando los aspectos positivos de las razones presentadas y los negativos del contrario.

El discurso periodístico, por ser político, cumple las funciones propias del lenguaje político. Borrat las resume así: diseminar información, interpretar y conectar, proyectar al futuro y volver al pasado, implantar la agenda pública, estimular para la acción y desinformar. Es decir, en el discurso periodístico se reconocen funciones estratégicas del discurso político: legitimación, deslegitimación, polarización y coerción. 

Ahora bien, la actuación política del medio y, por tanto de, su discurso es generalmente ocultada tras una imagen de neutralidad y objetividad. Para ello aparenta dar un trato justo y equilibrado a la información y pluralismo a la opinión, ya que le confiere credibilidad y le permite persuadir o disuadir a quienes influye.

El problema se presenta cuando ese discurso periodístico busca imponer los significados que deben atribuírseles a la realidad social, desconociendo otras formas de interpretación de la realidad. Si los medios sólo incluyen determinados temas y actores, excluyendo otros, lo que percibimos de la realidad será el fragmento que éstos nos ofrezcan. De esa manera se expresa un acto de poder.

Así, cuando se nos impone una visión del mundo, podemos hablar de un tipo de dominación que no es ejercida por la fuerza, sino mediante la manipulación ideológica que se realiza a partir de las prácticas discursivas; es decir, el discurso periodístico más que ser  el mediador y transmisor del discurso sociopolítico de la sociedad es su constructor.

En esa dirección, Bonilla Vélez (4) habla de una conversión de la comunicación en práctica política, un criterio base en la cosmovisión de la mediatización de la política. Y al respecto  señala: “El mediador, en este caso, interfiere para implantar, construir e imponer un modelo de control de la realidad. Para Venegas (5), las prácticas sociales y políticas y las prácticas discursivas hoy se conjugan con las prácticas comunicacionales para construir/deconstruir, borrar, difuminar, ensombrecer u ocultar lo que a través del discurso discurre. Es así que  a través de los medios y de su discurso se legitima un orden.

De manera que el poder que tiene el periódico es el poder que le da su discurso. Ese poder del discurso periodístico mantiene en el centro de los debates la cuestión de los efectos de los medios sobre las audiencias.

La tradición crítica, tanto en su vertiente de la teoría cultural crítica (Gramsci, Althusser, Hall, Horkheimer y Adorno), como los de la economía política de la comunicación (Mosco, Murdock y Golding) han tomado como premisa teórica que la clase dominante necesita asegurar el control de las ideas para asegurar la dominación  y ello se logra fundamentalmente por la vía del control del discurso. Como se sabe, lo antes expuesto tiene como premisa lo plantado por Marx en la Ideología Alemana que las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época.

Más allá de las discrepancias, lo que sí parece quedar claro que la ruta de los efectos tiene por brújula el contenido del discurso periodístico que  visibilizan los medios.

Ahora bien, el discurso periodístico es el resultado final de una maquinaria muy compleja que se denomina proceso periodístico. Para Espeche (6), es el resultado de una relación dinámica entre: “(…) un conjunto de características de su propio hacer (práctica), un campo simbólico (los discursos, las imágenes) y un campo de la materialidad (la estructura empresarial, económica, financiera y laboral del medio)”. Y como afirma Víctor Ego Ducrot (6): “No hay proceso periodístico que se produzca y difunda al margen de la disputa del poder”.

Lo expuesto encuentra fundamento y explicación en el marxismo desde la fetichización que experimenta toda actividad y producto en una sociedad capitalista a partir de la lógica de la mercancía. Es decir, la forma mercantil de la comunicación se legitima mediante su “naturalización”, una actividad que se desempeña sin que los receptores puedan sospechar su carácter de instrumento de dominación. Al respecto, Mattelart considera: “El medio es un mito en la medida en que se considera como una entidad dotada de autonomía, de una voluntad y un alma propia, una especie de epifenómeno que trasciende la sociedad en que se inscribe”.

En el caso específico del periodismo, el “producto comunicativo” (mercancía-noticia) resultante del proceso periodístico busca borrar todo estructura de diferenciación clasista y como expone Mattelart, a modo de ejemplo: “Los medios convierten a la  opinión pública en actor imaginario, en apoyo de los intereses de una clase, que le permite traspasar una opinión privada como si fuera pública, un actor al que se le adjudicará alternativamente roles positivos y negativos. (…) Es el juego simbólico de la falsa dialéctica donde el protagonista por ser indiferenciado no está dotado de autonomía y se genera en tanto proyección unívoca de la clase dominante”. De esta manera, el individuo se inserta de forma “natural” dentro del sistema y su reproducción, pues el proceso ideológico, en tanto ideología dominante, tiende a borrar o minimizar toda diferenciación social de forma tal que ese orden forme parte del sentido común.

A manera de  resumen, el proceso periodístico tiene su objetivización en el  discurso periodístico, mensaje que elabora como producto final, de ahí que autores como Julio García Luis (7) consideren al periodismo como un tipo especial de discurso cuya función estratégica se dirige a  inducir y formar opinión desde cualesquiera de sus estilos y géneros.

Bibliografía

(1) Fairclough, N. y Wodak, R.: Análisis crítico del discurso, en T. van Dijk (comp.): Estudios del Discurso II. Ed. Gidesa. Barcelona. (2000).

(2) Van Dijk, T.: La noticia como discurso. Comprensión,  estructura y producción de la información. Ed. Paidos. Barcelona. (1990).

(3) Borrat, H.: El periódico como actor político. Ed. Gustavo Gili. Barcelona. 1989.

(4) Bonilla Vélez, Jorge I. (comp.) Comunicación y Política. Viejos conflictos, nuevos desafíos. /Jorge I. Bonilla Vélez y Gustavo Patino Díaz. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2001.

(5) Venegas, A.: El discurso: una lectura política. En: Anuario Ininco, Investigaciones de la Comunicación, No. 8. Caracas. (1996-1997)

(6) Ego, V. (comp.): Sigilo y nocturnidad en las prácticas periodísticas hegemónicas. Una introducción al modelo teórico y metodológico Intencionalidad Editorial.  Ediciones del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Goroni. Buenos Aires. 2009.

(7) García, J.: Géneros de opinión. Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 2001.

PROCESOS GLOCALES Y MEDIOS EN TIEMPOS DE GLOBALIZACIÓN

PROCESOS GLOCALES Y MEDIOS EN TIEMPOS DE GLOBALIZACIÓN

Las aldeas están en el mundo, pero
el mundo no es una única “aldea”.
Miquel de Moragas

MSc. DAGMAR HERRERA,
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hablar de medios de comunicación en el siglo XXI parece ser, inevitablemente, un camino que conduce a referencias obligadas: globalización, nuevas tecnologías y su impacto en las comunicaciones, enfrentamientos entre lo local y lo global, complementariedad, exclusión, cambios, concentración, expansión; grandes compañías que se fusionan y pequeñas comunidades que potencian el valor de los microespacios: procesos opuestos y complementarios, que coexisten. 

La tendencia, “doble y simultánea” de lo global-local, denominada por algunos autores como glocal para expresar a la vez ambos fenómenos, es una de las características fundamentales del escenario actual (1).

Mientras la globalización, llevada al campo de las comunicaciones, se distingue por el espectacular desarrollo de las tecnologías de la información, la creación de redes mundiales que ponen fin a los territorios y los convierte en espacios continuos, sin fronteras ni límites y propicia la aparición de conglomerados a escala mundial en los sectores de la informática, las telecomunicaciones, el audiovisual y el ocio, la “localización”, en cambio, se presenta como un redescubrimiento y revalorización de lo local, como la vuelta a la comunidad y a lo próximo, al rescate y preservación de lo que nos diferencia y homogeniza.

El fenómeno de la globalización ha potenciado la regionalización de los medios desde y hacia áreas de cobertura geográfica más precisas y la focalización de públicos e intereses diversos. Es por ello que los medios regionales y locales, más que un fenómeno marginal o aislado dentro del panorama mediático internacional, deben ser considerados como un proceso simultáneo y complementario.

Los catedráticos españoles Carmelo Garitaonandía y Miquel de Moragas Spá, señalan sobre el tema: “la nueva sociedad de la información no es tan sólo una sociedad transnacional, sino más bien una sociedad que es al mismo tiempo local y global, y que puede ser descrita como simultáneamente transnacional, nacional, regional y local” (en López, 2006, p.4).

Tecnologías y medios locales

En el actual escenario mediático, las relaciones glocales adquieren nuevas dimensiones y se reconfiguran. El continuo desarrollo tecnológico que posibilita nuevos formatos y servicios, amplía las capacidades y calidades de las transmisiones y permite la consolidación y expansión de los grandes medios, favorece también la creación de mecanismos de comunicación en los microespacios, a la vez que muchos procesos de comunicación local se convierten en mundiales por su difusión.

Ante la aparición de nuevos canales de comunicación, dinámicas sociales y de producción y públicos emergentes, los medios locales ganan con la reconversión tecnológica un ahorro importante de tiempo, una simplificación del sistema de comunicaciones y una mejora en las condiciones de aprovisionamiento de la información que facilita la estrategia de las publicaciones territorializadas e introduce sistemas informáticos avanzados para la redacción, edición y transmisión (López, Galindo y Villar, 1998, pp. 3).

Los diarios, semanarios y gran parte de las publicaciones de periodicidad más escasa, cuentan en la actualidad con otra forma de ofrecer sus ediciones a través de versiones electrónicas, con una fuerza audiovisual incorporada, sin precedentes.

La televisión no escapa a los cambios introducidos por la generalización de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información. A los avances registrados en la producción, transporte y difusión de la imagen se suma la digitalización que, además de elevar los estándares técnicos y las posibilidades de conservación, permite multiplicar su difusión a través de paquetes de programas y servicios accesibles directamente al espectador: programas a la carta, difusión múltiple, canales telemáticos y nuevas ofertas interactivas como la telecompra o los videojuegos, son algunas de las nuevas promesas.

Pero, si por un lado este desarrollo ha posibilitado la simplificación y abaratamiento de las tecnologías que equiparan cada vez más lo doméstico a los estándares profesionales y por tanto amplía las posibilidades de acceso y uso, por otro trae aparejado un cambio en los códigos audiovisuales y en el caso de los canales regionales, mayor dependencia a las casas matrices que llevan el control del proceso tecnológico.

Además, la novedad es costosa. Ante esta situación, países del primer mundo o en vías de desarrollo pueden sufragar la innovación y asumir las tecnologías como prioritarias en un supuesto camino al progreso. Mientras, otros ni siquiera disponen de los recursos necesarios para hacer frente a la presión de los grandes y continuos cambios.

Frente a este escenario, se crean iniciativas que luchan por constituirse como vías alternativas de comunicación desde los espacios locales, como formas de descentralizar los mensajes, ser reflejos de las realidades inmediatas y tribunas desde las que se promueven el debate y la reflexión. Los medios locales –comunitarios, de proximidad–, cobran fuerza.

Medios locales y su espacio de acción

Hablar de medios locales nos convida a un acercamiento a su espacio de acción. Definido de formas diversas y con significados que a veces escapan de la geografía, el conocimiento de la localidad, lo local, nos ayuda a comprender nuestro objeto de estudio.

La investigación nos conduce por dos caminos: uno que indica a lo geográfico y la delimitación espacial, según el cual local podría ser la vivienda, el barrio, la ciudad, la región (Rusconi, s/a, p.2) y, por oposición, hasta la nación; otro, reconocido como un “lugar antropológico” (Auge, 1993) que se caracteriza por ser fuente de identidad individual, de relaciones sociales y de historia común.

Lo local, según Alain Mons, “está tanto construido por delimitaciones visibles, espaciales, como por instituciones o relaciones sociales, hábitos o creencias que tejen la adhesión localizada, específica”, con un marcado significado sociológico (1992, p.129).

Un espacio de arraigo donde perduran los valores y en el que se conforma una identidad propia, ligada a rituales que involucran ámbitos y personas “que contribuyen a la definición de una historia común, de nuestras relaciones con los otros y dan identidad al lugar” (Rusconi, s/a, p.3).

Entorno mediático local

Es precisamente este territorio más próximo, con interacciones e identidad particulares, el que asumen para su desarrollo los medios locales, en un área que por lo general involucra a una ciudad y sus alrededores –un municipio, o parte de él en el caso de Cuba–, y que va a tener como receptor a una comunidad con intereses y necesidades comunicativas definidas y por lo general más o menos homogéneas, que no necesariamente coinciden con los de la nación en su conjunto. 

El medio local será en gran medida un reflejo de ese espacio de acción, asumirá de él rasgos y características que lo distinguirán de otros, a la vez que le conferirán semejanzas con su localidad.

Un grupo de investigadores que desde la Universidad de Santiago de Compostela, España, se ha dedicado a estudiar con detenimiento el tema, plantea: “Un medio local existe en relación con un espacio social, con el que mantiene una relación de retroalimentación mutua. El público se reconoce como identificado, se ve reflejado como si estuviese ante un espejo; esa imagen reflejada responde al deseo de protagonismo de cada uno de los usuarios.” (López et all, 1998, p.2)

Por su parte, el profesor universitario español Juan Maciá Mercadé, se refiere al lugar en el que se desarrollan los medios locales como “(…) ese ámbito humanamente más abarcable, donde periodistas y receptores conviven a diario, en el que los primeros suelen ser no solo cronistas, sino también partícipes de muchas de las actividades, es decir “hacedores de noticias” además de sus redactores e intérpretes; en ese ámbito donde coinciden, incluso físicamente, unos y otros, la retroalimentación, la interactividad no es solo funcional, sino, más aún, vivencial.” (en Rodríguez (comp.), 2005, pp.43)

En estas propuestas, el receptor es continuamente interpelado no ya como consumidor pasivo, sino como ciudadano que puede intervenir en la concepción y gestión del medio y que, en buena parte, es protagonista de las informaciones que en él se transmiten, por lo que se articulan nuevos mecanismos de participación en el proceso comunicativo.

La coparticipación y la proximidad permiten que tanto emisor como receptor, posean una mayor cantidad de elementos de juicio para analizar los mensajes, hecho que propicia un acercamiento más efectivo a todo aquello que sucede en el espacio local y, por consiguiente, una mayor identificación con lo que se transmite.

Es por ello que, a pesar de que los formatos y géneros que conforman un medio local son la mayoría de las ocasiones similares a los empleados por los tradicionales, su puesta en marcha es, en sí misma, un hecho trascendental. Sus objetivos, la voluntad por crear una oferta alternativa con contenidos, protagonistas e ideas que son parte de la cotidianidad de los espectadores y próximas a su realidad, y la oportunidad de que éstos intervengan en su gestación, lo van diferenciar, desde sus raíces, de cualquier otro proyecto. 

Si bien el espacio local ha encontrado en el modelo de los medios tradicionales de comunicación una vía para mantenerse informado sobre aquello más cercano que no encuentra frecuentemente en la “gran prensa”, los medios tradicionales han reenfocado sus potencialidades hacia estos microespacios, descubren la posibilidad de crear ofertas comunicativas que contribuyan al desarrollo local y establecen nuevas fórmulas de interacción con el público. La televisión, como fenómeno más reciente, ha aprovechado de forma especial estas potencialidades.

Frente a este panorama, –y a la par–, los hábitos y necesidades del consumidor de los medios han ido evolucionando y ya no solo busca la actualidad nacional o internacional, sino que se interesa por estar informado sobre lo que ocurre en su entorno inmediato y por tener datos cercanos y útiles, aplicables a cualquier aspecto de su cotidianidad.

Nota (1): El término Glocal resume lo que Mauro Wolf denominó “La coexistencia de lo contradictorio”.

Bibliografía:

Fernández Soriano, Emelina (comp). Identidades regionales y locales en la era de la comunicación transnacional. Universidad de Málaga. Debates, s/a. pp. 83 – 92.

Moragas Spà, Miquel de: Televisiones y regiones en desarrollo. Posibilidades en la era digital. En: Vacas Aguilar, Francisco (Coord.): Televisión y desarrollo. Las regiones en la era digital, Serie Sociedad de la Información, Junta de Extremadura, Badajoz, 2000, p. 26.

_______; Carmelo Garitaonandía; Bernat López (eds.): Television on your  Doorstep: decentralization experiencies in the European Union, Luton (Regne Unit). Luton Press. 1999.

Musso, Pierre: Régions d’Europe et télévision. Lille: Miroirs. 1991
López, Bernat: Televisión de proximidad y culturas minoritarias: complejidades de una relación. Disponible en URL: http://www.comminit.com/

la/pensamientoestrategico/lasth/lasld-07.html Consultado en línea en febrero de 2007.

López, Xosé, Fermín Galindo y Manuel Villar: El valor social de la información de proximidad. En: Revista Latina de Comunicación Social número 7, de julio de 1998; La Laguna (Tenerife), Disponible en URL: http://www.lazarillo.com/latina/a/68xose.htm Consultado en línea en junio de 2007.

López, Xosé: La información de proximidad en la sociedad global. En: Revista Latina de Comunicación Social, número 13, de enero de 1999, La Laguna (Tenerife), Disponible en URL: http://www.lazarillo.com/

latina/a1999c/140xose.htm    Consultado en línea en junio de 2007. Consultado en línea en mayo 2007.

___________: Estrategias locales en tiempos de globalización. En: Revista Latina de Comunicación Social número 21, de septiembre  de 1999,  La Laguna (Tenerife), Disponible en URL: http://www.ull.es/

publicaciones/latina/a1999dse/40xose.htm Consultado en línea en junio de 2007. Consultado en línea en mayo 2007.

Rodríguez, Miriam, Tendencias del Periodismo Contemporáneo. Selección de lecturas, Edit. Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2005, pp.38-49.

Rusconi, Carlos: Un lugar en el mundo. Significados y valoraciones de lo local. Ponencia presentada en III Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación. Comunicación: campos de investigación y practicas. Disponible en el URL: www.geocities.com/

CollegePark/5025/mesa2e.htm Consultado en línea en febrero de 2008. Consultado en línea en junio 2007.

PERIODISMO AMBIENTAL: PAPELES SECUNDARIOS

PERIODISMO AMBIENTAL: PAPELES SECUNDARIOS

Lic. IRAMIS ALONSO PORRO,
Directora de la Revista Juventud Técnica,
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Que los medios de comunicación son capitales para crear una cultura ambiental es una idea que nadie discute.  Mas, del dicho al hecho, lamentablemente, hay un trecho. Y así, surgen incomprensibles dicotomías entre los procesos de construcción de los mensajes ambientales y la promoción del modelo de desarrollo sostenible que se proclama deseable.

Es posible constatar el aumento de la cantidad de materiales periodísticos que abordan la protección del patrimonio natural, con énfasis en temas relevantes en las agendas multilaterales de debate a nivel mundial, digamos el agujero en la capa de ozono.

Sin embargo, si comparamos la relevancia de los problemas ambientales y su impacto en la vida diaria con la cualidad de su abordaje en los medios, veremos que este es insuficiente, no sistemático e, incluso, superficial. La información considerada ambiental aún camina muy por detrás de la deportiva, económica y/o política, entre otras razones porque se muestra desligada de aquellas…, y viceversa.

En la prensa escrita son cortas las publicaciones de temática exclusivamente ambiental. Con destinatarios muy específicos y exigua tirada puede citarse la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre; existen folletos de proyectos comunitarios y periódicos locales, como los vinculados con el Plan Turquino Manatí, que abordan algunas aristas. Ningún impreso nacional le dedica espacios fijos; el tópico suele aparecer en las secciones de ciencia y tecnología, donde compite con el bagaje de información científica que se genera dentro y fuera de la Isla.

La televisión cubana ha incluido nuevos espacios de corte naturalista y habría que agradecer a Mundo Latino y su “Naturaleza secreta de Cuba”. Mas…, de un lado mucho material Discovery de excelente factura, casi todo sobre fauna y con fuertes matices conservacionistas; del otro, algunos de producción nacional, de temática variada y científicamente fundamentados, pero de estética y capacidad de comunicación cuestionable. La presencia de los conflictos ambientales del país en espacios noticiosos es bien escasa.

También se presentan asuntos de carácter global, desligados de la cotidianidad. Es frecuente mencionar las evidencias científicas del carácter antropogénico del actual cambio climático, desconectadas de la esfera de actuación del ciudadano, pese a que sus comportamientos cotidianos representan gran parte del problema.

Esto explicaría por qué, aunque el esquema cubano de desarrollo es conceptualmente diferente del modelo predador a ultranza de los recursos naturales, subsisten actitudes -bastante frecuentes- que suscriben modos de vida antropocéntricos, consumistas, que subvaloran el patrimonio ambiental o solo le dan valor de uso, asociado al turismo, por ejemplo.

Hacer una buena investigación sobre un asunto ambiental requiere, además, de tiempo y recursos. Para el periodista se hace muy complejo llegar a un distante bosque para presenciar un hecho. Siempre podrá entrevistar al científico, pero las historias serán menos vivaces, matizadas y profundas.

La información ambiental debe ofrecerse con garantías de rigor científico, lo cual no está exento de dificultades por el gran volumen de datos que se genera, la multiplicidad de fuentes de procedencia, y su resistencia a ofrecer información que pudiera ser comprometedora, así como la complejidad de los procesos, susceptibles de interpretaciones distintas.

Problema asociado es la archicomentada especialización de los periodistas. ¿Existen redactores especializados en los temas medio ambientales o solo estamos acostumbrados?

Lo habitual es que la especialización se adquiera por acudir siempre a un tipo de acontecimiento informativo con contenido similar. ¿Será el periodista capaz así de tener los elementos de juicio como para comprender lo que le dicen las fuentes e interpretar el contexto en el que lo dicen? Esa puede ser causa de que, al menos en el contexto cubano, escaseen los textos de opinión (comentarios, artículos) sobre temática ambiental.

Los medios de comunicación, obviamente, no son el bálsamo a todos los problemas de la información y cultura ambiental. Pero aún faltan coherencia, iniciativa y agresividad en aras de abrir nuevos espacios de diálogo en el proceso de construcción de una ciudadanía ambientalmente responsable.

REALIDAD FRAGMENTADA

REALIDAD FRAGMENTADA

Fernando Rivas Hinostroza, profesor de la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile, alerta que al enfrentar un periódico hay que tener en cuenta que éste ofrece una visión parcial de la realidad.

Lic. CIRA URUETA, Lic. MARIELA CHACÓN Y Lic. VÍCTOR CEPEDA,
Profesores de la Universidad Bolivariana
de Venezuela, Sede Monagas (Maturín).

Actualmente los medios de comunicación impresos reproducen informaciones basadas en la visión de una persona o de un grupo, fragmentando la realidad, transmitiendo solo retazos de ella, carentes de sentido de responsabilidad social, medios que enarbolan la objetividad como su bandera para “vender” la noticia, traficando con ideologías y pensamientos con el objetivo de seguir perpetuando su poder hegemónico.

Razón tiene el profesor Fernando Rivas Hinostroza de la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile, cuando alerta que al enfrentar un periódico hay que tener en cuenta que éste ofrece una visión parcial de la realidad.

Es el punto de vista de los dueños de los medios de comunicación el que prevalece por encima de los intereses colectivos. Esta situación en Venezuela ha estado intrínsicamente ligada al poder económico y político, que ha impuesto su discurso liberal.

Esto sin tomar en cuenta que ya, hay cargas de subjetividad en las decisiones que toma el periodista al momento de cubrir el hecho noticioso y luego plasmarlo en cuartillas, donde debe sortear entre las fuentes a elegir, géneros a utilizar, entre lo que es y no es conveniente a la línea editorial del medio.

José Luis Martínez Albertos al respecto señala que: “... (el redactor) es el profesional que dentro de un medio de comunicación periodística tiene habitualmente capacidad de decisión sobre (...) las fuentes que van a ser utilizadas y sobre las formas expresivas concretas en que los mensajes informativos van a ser plasmados (...) clasifican la realidad”.

A esto añadimos que ya se ha hecho una práctica que el periodista no es el que decide qué va a poner o a quitar en una información, es el editor quien lo hace, agregando más subjetividad al discurso concebido bajo lineamientos editoriales.

Ese discurso también va condicionado a las vivencias y formación del redactor -aspectos que moldearon su personalidad, la cual va a dejar un sello particular en lo que escribe-. Tal y como lo señala Slavoj Haskovec: “Aunque se abstenga de formular opiniones personales, todo corresponsal está inevitablemente bajo la influencia de valores prevalecientes en el medio ambiente en el que ha crecido o se le ha educado…La idea de que hay una actividad informativa ideal que no hace más que registrar hechos en forma imparcial, es insostenible”.

Otro de los fundamentos de la doctrina de la objetividad que se nos inculcó en la universidad, era que como periodistas debíamos ser “apolíticos”, no tomar partido, ser “neutrales” y  cuando enfrentamos el campo laboral nos dimos cuenta que los periodistas debíamos situarnos de un lado o del otro, para revisar distintas perspectivas, pero que si estas no satisfacían los intereses del medio tendríamos que renunciar al trabajo por respeto a nuestra ética profesional.

La interpretación juega un papel importante y afianza el carácter parcial que se le imprime a las redacciones periodísticas. Cada reportero a la hora de generar la información transmite fragmentadamente la realidad.

Para Enrique de Aguinaga, “la naturaleza intrínsecamente interpretativa del Periodismo no sólo plasma los valores de la importancia y el interés (…) aprobando y desaprobando la realidad, sino que establece la frontera de lo deseable y lo rechazable, que inevitablemente se trasmite como mentalidad y, en definitiva, como conducta potencial, capaz de generar una nueva realidad.”

Para ejemplificar un hecho totalmente fragmentado de la realidad, Pascual Serrano realizó un análisis de cómo los medios en su mayoría españoles manipularon el tema sobre la compra del Banco Santander por el Estado Venezolano. En una particular sintonía todos titularon “El Santander vende a Chávez su filial en Venezuela”, con palabras más o palabras menos y utilizando sinónimos esta fue la información de primera página para la fecha. Lo que es peor, llegaron a titular “Chávez se convierte en el primer banquero de Venezuela.” Cabe destacar que seis meses antes de que se concretara esta negociación, Bush anunció la compra de acciones en los nueve mayores bancos de su país, claro que, entonces, ya no era el presidente el dueño y titularon “EE.UU. negocia la nacionalización de hasta el 40 por ciento de Citigroup”.

Con este análisis queda demostrada la forma de cómo los medios manipulan e interpretan determinada información, siguiendo la agenda que se les impone.

Ante esta disyuntiva de la formación académica que recibimos y lo que nos encontramos en la práctica, surge la imperiosa necesidad de enfilar  la formación de los futuros comunicadores sociales de la Universidad Bolivariana de Venezuela, con una visión de la parcialidad y subjetividad como formas de aproximarse a la realidad.

Para Jorge Ricardo Masetti, fundador y primer director de la Agencia Prensa Latina, sí es necesario establecer una discusión más amplia sobre la objetividad y la subjetividad, en las universidades,  ya que desde nuestras escuelas de comunicación tradicionales, se viene imponiendo la tesis de la imparcialidad y la objetividad como principio de un buen periodista, los profesores de estas casas de estudio impiden, en algunos casos, discusiones transcendentales para la construcción del nuevo periodismo, crítico y con una concepción nueva de lo que es verdaderamente la responsabilidad social del periodista al enfrentarse al hecho noticioso cuando trabajas para un medio, sea este privado o público.

Nuestro objetivo primordial como docentes es tratar por todos los medios de dar al estudiante de esta casa de estudios una nueva concepción del periodismo, luchar porque ellos estén consustanciados con el deber ser y tengan responsabilidad social  con la colectividad, dejando a un lado el individualismo y los antivalores neoliberales.

Para Carlos Ernesto Espeche, docente, investigador y director de la carrera de Comunicación Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo, Argentina, “es difícil pero no imposible revertir esa enseñanza que nos dejó la universidad tradicional, cuando nos formó como periodistas desde el punto de vista positivista y con un pensamiento liberal”.

Hay que echar por tierra la mercantilización de la profesión y motivar a los estudiantes a que su futuro ejercicio profesional no esté solo por un salario, sino que con sus líneas sean capaces de trascender y darle la significación social que merecen los hechos que ocurren en la sociedad.

Debemos desmontar el discurso que desde muy pequeño al niño se da en sus escuelas, luego pasa por la educación básica y diversificada que el periodismo es veraz, objetivo e imparcial, dicotomía esta que atraviesa nuestro sistema educativo, es aquí donde cabe decir, o más bien impulsar cambios en los currículos educativos y demostrar que el periodismo hoy día se sigue  presentando como independiente o neutral y en el mejor de los casos como un poder.
  
Pensamientos encontrados se cruzan por la mente de quienes se han enfrentado a la realidad periodística, al analizar la acertada posición del profesor Hinostroza, frente a la falsa doctrina de la objetividad que aún esgrimen medios impresos y ante lo cual dijo: “Quienes se enfrentan a un diario deben estar conscientes que están frente al discurso de una persona”. (Entrevista realizada por Denisse Lassnibatt , publicada en ucv.altavoz.net)

Este docente investigador con ello deja por sentado la parcialidad que caracteriza a los diarios, alertando sobre el cuidado que se debe tener a la hora de consultarlos como fuente histórica.

Asimismo, Hinostroza apunta que los medios son el reflejo de “intereses particulares, de poderes fácticos, de intenciones determinadas, y siempre desde un punto de vista subjetivo”, por tanto apunta que tal objetividad no existe, pues se trata de transmitir la línea editorial que dictan los intereses de los dueños de los medios.

El ejercicio profesional nos habla de experiencias que corroboran esto. En el caso de Maturín, estado Monagas, Venezuela, los periódicos han estado bajo el poder de contrarrevolucionarios, activistas de Acción Democrática y del Partido Popular Copei, los cuales le han hecho el juego al imperio transmitiendo los antivalores del capitalismo al valorar las noticias como una mercancía, para vender sus tabloides, mercadeando con las personas, sus sentimientos, y apostando a una sociedad que no se quiere a sí misma, antinacionalista.

Riszard Kapunscinki, en una entrevista realizada por Edgar Cherubini Lecuna, advierte que cuando el capital llegó al Periodismo “configuró redes masivas de información dirigidas por personas que no eran periodistas, que la veían como mercancía, destinada a obtener una rentabilidad máxima, donde no importa si es verdadera lo que interesa es si es interesante y vende”.

Para los periódicos monaguenses lo que interesa y vende es el dolor humano, puesto de manifiesto en sus páginas de sucesos, donde brotan altas cargas de sensacionalismo y amarillismo en titulares y fotografías, que muestran insensibilidad hacia el dolor de familiares al exponer los cuerpos de sus seres queridos e irrespeto al público que los sigue día a día, con la premisa de ser objetivos.

Hinostroza a su vez dice que al leer los diarios es imprescindible saber interpretarlos, decodificarlos y conocer los discursos que traen consigo.

Al enfrentar estos periódicos también salta a la vista la poca profundización y contextualización en los temas, la insistencia desmedida en fragmentar la realidad, en tratar los hechos sin sus causales como lo señala el profesor venezolano Federico Álvarez Olivares, en su libro “La Información Contemporánea” (1978), el cual fue citado por Siglic Gutiérrez en saladeprensa.org.: “el periodista debe buscar hechos aislados, rehuir de todo aquello que pueda desvirtuar la pureza del hecho bruto. Esta manera metafísica de reflejar la realidad conduce necesariamente a fragmentarla o disecarla, a despojar los sucesos de su verdadera naturaleza, al privarlos de su contexto y de sus causales.”

No hay entonces en los tabloides locales investigación en los hechos y textos significativos que puedan ser de gran valor para las comunidades y sociedad en la que viven los ciudadanos.

El Apóstol cubano, José Martí, reflexiona sobre la importancia de no convertir a la prensa en “mero vehículo de noticias” (Palabra Ardiente, monografías.com), darle el carácter  humano que merece, de estar al servicio de la sociedad y del desarrollo de las naciones. Para ello Martí  da gran valor a lo que como periodistas día a día podamos escribir,  “el arte de escribir no es reducir”. Y añadía que a la palabra había que darle ala y color.

Sin duda, la tarea que nos toca emprender a los comunicadores   sociales es la de profundizar, crear textos significativos a través de la contextualización de los hechos, recrear las situaciones, haciendo aproximaciones a la realidad y ejerciendo la objetividad como apego a la verdad, darle una significación, color a las redacciones, logrando que sean amenas, que contengan las vivencias, lamentos, desafíos y triunfos de personas comunes, igual a todos, a la mayoría.

Martí, dijo que el periodismo no abarcaba  la verdad absoluta para significar que lo que dice un periodista está supeditado a la subjetividad, a sus valores, costumbres, y al momento histórico y social que vive. Esto, sin tomar en cuenta la carga de subjetividad que agregan al mensaje los intereses de los dueños de los medios.

En Venezuela hay mucho camino por recorrer y pasa por reformar la constitución en su artículo 58 que expresa  “...toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial, sin censura “, lo que deja al descubierto que desde el punto de vista legal se licencia el ejercicio de la objetividad, la imparcialidad, banderas de los medios privados de comunicación social que con sus intereses mantienen su influencia en la población.

No podemos seguir concibiendo nuestras sociedades y a los sujetos como simples espectadores, debemos hacernos partícipes de las transformaciones, no puede haber revolución sin revolucionarios ni cambios sin actores, tal como lo señala  Martín Barbero en líneas de Oficio de Cartógrafo: “…modernos e intelectuales siguen reproduciendo la vieja dicotomía al concebir prácticas sin sujeto, la historia sin acontecimientos y la ideología sin proceso”.

Entonces es tarea nuestra revelar al mundo que el periodismo como lo exponemos y transmitimos, cuenta con su propia parcialidad, y que cada sociedad es capaz de trascender su realidad a su desarrollo, partiendo de la discusión de la objetividad y subjetividad para desmitificar las ideologías del discurso transmitido por los dueños de los medios.

Fuentes bibliográficas:

Víctor Ego Ducrot,  artículo “Objetividad y Subjetividad” como mito del periodismo hegemónico, en: http://www.visionesalternativas.com/index.php?

option=com_deeppockets&task=contShow&id=85262

(consultado 28/03/2010)

Víctor Ego Ducrot, artículo Coca-Cola “NO refresca mejor” en:

http://www.prensamercosur.com.ar/

apm/nota_completa.php?idnota=324

(consultado 28/03/2010)

Enrique de Aguinaga, Dimensión científica del periodismo, Madrid, 2.001
en:

http://www.saladeprensa.org/art185.htm

(consultado 29/03/2010)

Denisse Lassnibat, Entrevista  a Fernando Rivas Hinostroza, en:

http://www.ucv.altavoz.net.

(Consultado 29/03/2010)

Sandra Russo, artículo: Cómo los medios ocultan el mundo, en:

http://www.saladeprensa.org/art847.htm

(consultado 28/03/2010)

Jesús Martín Barbero, “Oficio de Cartógrafo” Fondo de Cultura Económica, Chile, 2.002, p. 72

Edgar Cherubini Lecuna, entrevista a Riszard Kapunscinki En:

(http://www.analitica.com/va/arte/documentos/2737729.asp

(consultado 28/03/2010)

Carlos Ernesto Espeche, “El periodismo es siempre objetivo y parcial” en:

http://elsolonline.com/noticias/viewold/

---el-periodismo-es-siempre-objetivo-y-parcial---

(consultado 27/03/2010)

Siglic Gutiérrez, Objetividad, interpretación e Internet y sus paradigmas ante la historia del periodismo, en:

http://www.saladeprensa.org/art742.htm

(consultado 28/03/2010)

Karen Padrón Gato, Lázaro González González, Guillermo Cid y Dat Pham Tuan, Objetividad e Imparcialidad. Tema Polémico,

en:http://islalsur.blogia.com/

2009/112503-objetividad-e-imparcialidad-tema-polemico.php

(consultado 28/03/2010)

José Martí, Palabra y pluma ardiente, en:http://www.monografias.com

/trabajos23/palabra-pluma-marti/

palabra-pluma-marti.shtml

Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, artículo 58.

 

PERIODISMO Y COMUNICACIÓN: MATRIMONIO INSEPARABLE

PERIODISMO Y COMUNICACIÓN: MATRIMONIO INSEPARABLE

Consideramos de muy necesario para un periodista el conocer los Fundamentos de la Comunicación, como forma  de comprender los procesos de intercambio que entre los públicos se dan dentro de la empresa  moderna actual.

MSc. ANTONIO F. MEDINA LAMCHONG,
Profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
profesormedina@rect.uh.cu

Una muy buena noticia acaba de filtrase de la última reunión de la Comisión Nacional de la carrera de Periodismo, cuando se logró, que en el próximo curso escolar 2013-2014 se restituya en el programa del Plan D y ahora en tercer año la asignatura obligatoria  de Fundamentos de la Comunicación que subsistía como optativa en 5to año.

El hecho que los periodistas se preparen en perfiles fundamentalmente de medios, incluidos los digitales, no creo le sea una “carga pesada” el conocer las aristas principales y los perfiles ocupacionales de los comunicadores sociales. 

Dicha materia, que había dejado  existir en el currículo, quedó  como una rama optativa para 5to año, en el primer semestre, lo cual  nos parecía  un poco inadecuado, y le vemos más lógica que esté en un grado inferior, como acaba de ser aprobado.

Fundamentos de la Comunicación pretende dar un breve recorrido por diferentes áreas y los perfiles profesionales del comunicador, léase comunicación y cultura institucional, relaciones públicas, fundamentos de mercadotecnia, marketing social, identidad e imagen corporativa, gestión de proyectos y sus respectivos diagnósticos y elaboración de manuales y estrategias preponderantes en el subsistema de comunicación del Decreto Ley 281 y la importancia que tiene dentro del perfeccionamiento empresarial, en aras de la búsqueda de herramientas contemporáneas que sirvan cual especie de motor impulsor de la economía nacional y doméstica y pongan a nuestras producciones en la avanzada de la competitividad internacional.

No creemos que los periodistas en formación puedan ignorar entonces el lugar que ocupa el propio periodismo dentro de los subsistemas sociales y el entramado de las empresas nacionales y foráneas, en un mundo donde la comunicación es una especie de llave maestra, o engrasador de muchas funciones de la producción de los productos y servicios.

Al respecto, la  Dra. Maribel Acosta Damas, Jefa del Departamento-Carrera de Periodismo, la misma que nos dio la buena nueva de la inclusión de la materia otra vez, contaba hace un tiempo que en su opinión “dicha especialidad nunca debió haber salido del programa, pues es imprescindible para el conocimiento global y la cultura de los periodistas”,  y estamos muy de acuerdo con los criterios de esta especialista.

Tal como había quedado Fundamentos de la Comunicación en su variante de optativa en 5to año, era una especie de visión actualizada de la especialidad, pues no se pretende que en una sola asignatura se cubra todo el espectro de la comunicación con sus diferentes disciplinas, como institucional, metodología e  investigación, comunicación y sociedad, comunicación comunitaria, entre otras ramas, sino de tener una visión general del asunto y su incidencia en el sistema de comunicación cubano y en especial en el  empresarial.

En el actual curso, con un nuevo programa renovado en una se  tiene como objetivos generales que los estudiantes se familiaricen con los fundamentos y rasgos generales de los campos de actuación profesional de la comunicación social, en su visión más contemporánea del escenario cubano, Además, que valoren la importancia de la comunicación en cualquiera de sus ámbitos y niveles y su influencia en el buen desempeño de las organizaciones.

Como sistema de contenidos están: La comunicación social y su importancia y aplicación en nuestro país; sistemas de comunicación social: Comunicación Institucional. Principios y conceptos más importantes. Perspectivas de Comunicación Institucional. Valores intangibles de la empresa contemporánea. Públicos y actores de la comunicación. Flujos de comunicación y mensajes más frecuentes; Fundamentos de Mercadotecnia. Importancia y particularidades de su ejercicio en Cuba. El mix de mercadotecnia; El mix de comunicación. La Publicidad Comercial, las Relaciones Públicas y la Propaganda. Particularidades de su aplicación en nuestro país; Comunicación Educativa y Comunicación Comunitaria. Conceptos fundamentales; La docencia y la investigación en Comunicación Social y sus particularidades en nuestro país; La Gestión de Proyectos y la Identidad e Imagen Corporativas, su necesidad en la empresa cubana con vistas a su competitividad internacional y cerrando con la comunicación dentro del sistema del perfeccionamiento empresarial cubano y su reflejo en los Lineamientos de la Política Económica y Social del PCC.

Una de sus principales bonanzas, a nuestro modo de ver,  es que la impartición correspondería a varios especialistas de las diferentes ramas de la comunicación, pues se trata de las miradas actuales y autorizadas del propio Departamento-Carrera de Comunicación de la FCOM, y de esta forma se daría un recorrido inmediato de lo último que se está haciendo en diferentes ámbitos profesionales de la especialidad, en boca de personalidades reconocidas, la mayoría con doctorados y maestrías en Ciencias de la Comunicación y con amplia experiencia docente y profesional.

La asignatura estaría conformada por ocho temas, a saber:

Tema I: La comunicación social y su importancia. Influencia de la comunicación en el mejor desempeño de las organizaciones. Perfil de la carrera y ámbitos de su aplicación en el mundo y en nuestro país. Conferencista: Dra. Magda Rivero, Jefa Departamento-Carrera de Comunicación de la FCOM.

Tema II: La comunicación Institucional. Surgimiento y desarrollo. Enfoques y campos que abarcan. Públicos y actores de la comunicación. Flujos de comunicación y tipos de mensajes. Conferencista: MSc Victoria Torres, jefa de disciplina de Comunicación Institucional del Departamento-Carrera de Comunicación de la FCOM.

Tema III. Fundamentos del marketing y su desarrollo desde su creación hasta nuestros días. El entorno de mercadotecnia en Cuba y sus peculiaridades de aplicación. El mix de marketing. Conferencista: MSc. Nelson Francisco Varona Rodríguez, segundo jefe del Departamento-Carrera de Comunicación de la FCOM.

Tema IV. El Mix de comunicación de Marketing. Definiciones de La Publicidad Comercial, Las Relaciones Públicas y la Propaganda. Las acciones de las RR.PP. Principios de la propaganda revolucionaria. Conferencista: MSc. Antonio Medina Lamchong, profesor del Departamento-Carrera de Comunicación de la FCOM

Tema V. La comunicación educativa y comunitaria. Su aplicación en ámbitos de la praxis social. Espacios educativos formales e informales. Esferas de actuación y funciones del comunicador en este campo. Conferencista: Dra. Raysa Portal Moreno, jefa de disciplina en el Departamento-Carrera de Comunicación de la FCOM.

Tema VI. La docencia y la investigación en la comunicación social. Características y tendencias internacionales. Particularidades de su aplicación en Cuba. Esferas de acción y funciones del comunicador en este campo. Conferencista: Dra Hilda Saladrigas Medina, jefa de disciplina en el Departamento-Carrera de Comunicación de la FCOM

Tema VII. La gestión de proyectos y la Identidad e imagen corporativa, la importancia de sus aplicaciones en la Empresa cubana actual, buscando una mayor competitividad en el área  internacional. Conferencista: MSc. Glenda García Zumalacárregui, vicedecana de Universalización de la FCOM.

Tema VIII. El subsistema de comunicación dentro del Decreto Ley 281 como parte del perfeccionamiento empresarial. Luces y sombras de su aplicación en estos momentos. Papel de la comunicación institucional dentro de los Lineamientos de la Política Económica y Social del PCC. Conferencista: MSc. Antonio Medina Lamchong, profesor del Departamento-Carrera de Comunicación de la FCOM.

El cierre de la misma sería por medio de la modalidad de trabajo de curso y consistiría en el elegir uno dentro de  uno de los ocho temas impartidos y realizar una ponencia escrita sobre el desarrollo teórico del mismo, la cual deberá discutirse ante un Tribunal conformado a tales efectos.

De esta rama relacionada con la Comunicación Social como bibliografía principal  y la complementaria a emplear  sugerimos:

--Colectivo de autores. Manual de Relaciones Publicas. Editorial Félix Varela. La Habana 2002.

--De la Propaganda y algo más. Selección de lecturas. Editora Política. La Habana, 1983.

--El comunicador popular. La Habana. Edit. Caminos, 2002.

--Freire Pablo. Pedagogía del oprimido. Buenos Aires. Siglo XXI. 1972.

--Kaplun Mario. Una pedagogía de la comunicación.

--Packard Vance. Las formas ocultas de la propaganda. Editora Política. La Habana, 1978.

--Toirac García Yanet y Rosa Muñoz (compiladoras). Selección de lecturas de Fundamentos de la Publicidad. Editorial Félix Varela. La Habana, 2005.

--Trelles Rodríguez, Irene. Comunicación Organizacional. Selección de lecturas. Editorial  Félix Varela. La Habana 2001.

En fin, que tendríamos que valorar si esta opción o su modificación quizás en un mayor extensión en contenidos y horas, podría ser el punto de partida para volver a ofertar la materia de Fundamentos de la Comunicación, ahora en el tercer año de la carrera, donde quizás, usando la variante propuesta para actual optativa u otra que se diseñe, puedan darse la mayor gama posible de los contenidos y su respectiva vinculación con el trabajo en los medios masivos.

 

OPUS HABANA Y LA EXALTACIÓN DE LA BELLEZA

OPUS HABANA Y LA EXALTACIÓN DE LA BELLEZA

MSc. EMILIO BARRETO RAMÍREZ,
Profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Desde que el debate de la postmodernidad insufla todos los resquicios productores de sentido, es ciertamente insólito hallar en la prensa cultural una declaración de principios que reivindique la belleza con un carácter programático. En la sociedad postindustrial muchos valores culturales de la Modernidad agonizan; otros se diluyen. El marcaje cultural de la postmodernidad está constituido por la iniciativa de los mass-media en tiempos de las autopistas de la información. Y ese marcaje cultural es la estetización difusa que publicita el universo del audiovisual: los vídeo clip, los reality shows, las top models, los top shows, alguna que otra vez los vídeo arte, la carnavalización de la imagen incluso frente al marketing político...

En fin, asistimos al reinado de la comunicación mediática sobre la base del todo vale, el hedonismo y la desacralización a ultranza. Ejemplos sobran. Traeré dos a colación: el empleo de la silicona como recurso para un presupuesto teórico del ideal del cuerpo femenino y la decisión de familias y amistades de dirimir rencillas, encontronazos y desacuerdos frente a las cámaras de televisión. Ya casi nadie quiere hablar de la belleza, de lo que es bueno y de cuánto tiene de verdadera la humildad para el recto andar por la vida.

Sin embargo, en el volumen X, número 2, correspondiente al bimestre noviembre 2006-enero de 2007, la revista Opus Habana, órgano de la Oficina del Historiador de la Ciudad, hace pública la siguiente afirmación: “Además de la restitución de los valores dañados por el tiempo, la obra de la Oficina del Historiador contempla la necesidad de la belleza, en la certeza de que ella reinsertará a la comunidad ante una nueva dimensión del futuro, como parte de un pueblo que ha perfilado sus signos de identidad y que los reconoce”. El fragmento reproducido es una porción de un gran dossier colocado en la sección “Plan Maestro”. A esta publicación me referiré en las líneas que siguen, siempre con la mediación del fragmento del texto, con naturaleza de programa, citado en el primer párrafo.

La cita en cuestión nos ubica ante un interrogante que, una vez respondido, fundamentará, más allá del regodeo visual que el lector pueda experimentar ante las páginas renacentistas de Opus Habana, el perfil editorial de esta publicación. La pregunta es la siguiente: ¿por qué es necesario afirmar, categóricamente, que la Oficina del Historiador de la Ciudad contempla la necesidad de la belleza en el resultado de la obra que realiza?

Primeramente, es imprescindible definir y sublimar el concepto belleza al modo de los tratados filosóficos que, en acuerdo de rectitud con la Estética, vista como disciplina académica, históricamente han enaltecido la triangulación de las categorías fundamentales: lo bello, lo bueno y lo verdadero. Pienso en autores como Lessing, Baumgarten, Kant, Hegel, Krause, Urs Von Balthasar, Adorno, Horkheimer, Banfi, Marchan Fiz, Bayer, Lotman, Mukarovski, Moravski, Kagan… Para estos instantes de definición de la conciencia estética es preciso sublimar todo el esplendor de las disquisiciones sobre el buen gusto, la belleza y el asidero ético que, en mi opinión, debe corresponderse con el acto de formular el juicio estético a la manera de una convicción existencial que contemple el goce estético no como una cosa del azar, sino en armonía con las relaciones sociales esplendentes y abiertas al universo-mundo, o sea, como un acto lúdico para canalizar el disfrute de los juegos, los hábitos, el entorno.

Opus Habana reconoce y redimensiona la necesidad de la belleza en relación directa con lo bueno que constituye la enseñanza y la divulgación del buen gusto. Opino, además, que interpreta lo verdadero en las raíces identitarias de un pueblo que está consciente de ellas. Esas raíces –afirma bien la revista en lo que, considero, es la declaración de un principio ético-estético que conmina a estas dilucidaciones–, se han perfilado un poco más en cuanto a signos, a sistemas de representación. El rescate, transfigurado por el aliento de una política cultural anclada en el talante de la Modernidad, nos ha devuelto la genuina Plaza Vieja, la Iglesia de Paula en todo su alcance comunitario y capitalino, y, más recientemente, el Colegio Universitario San Jerónimo: summun de lo bello, lo bueno y lo verdadero. Pudiera –y quizás debiera– extenderme en la ejemplificación.

Acaso con ese referente –propongo–, debe hojearse cada edición de Opus Habana. En ella el lector apreciará la uniformidad de un estilo gráfico de elegancia, de realce, de glamour poético que se concreta en el inteligente empleo del color, en la experimentación tipográfica y en el uso nada abusivo de las ilustraciones. Al mismo tiempo, se dará cuenta de la delicia que con toda seguridad constituye para la totalidad del colectivo editorial la exquisita aventura ecléctica que entraña la intención de procurar la conjugación armoniosa entre los diferentes estilos prosódicos, cuyas fronteras, en no pocas ocasiones, son francamente borrosas. Ello es buena muestra del concepto de armonía que predicaban los pitagóricos debía regir al mundo.

En las páginas de Opus Habana se revela una pluralidad de estilos muy armónica por la comunión de intereses. Y la comunión de intereses es, a no dudar, una operación matemática exenta de toda laxitud, esto es, con resultado exacto. O sea, Opus Habana o es una comunión de intereses o sencillamente no es. La comunión de intereses es la fórmula matemática de organización que se hace tangible primero desde la visión y después desde la experiencia. La visión es conceptualización; la experiencia nos remite directamente a lo sensorial. Es, en resumidas cuentas, la fórmula misión-visión.

Aquí se juntan, se funden, se complementan, por una vertiente, la energía altruista y lírica de un cubano de buena voluntad y probada clase intelectual: el doctor Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad, director de la publicación, con la letra viva de Emilio Roig de Leuchsenring; por la otra, las ingeniosas taxonomías periodísticas sobre los ímpetus arqueológicos en el Centro Histórico, narrados con mucha amenidad por los redactores. El acompañamiento reporteril al rastreo arqueológico en la praxis, imagino se convierta siempre en un evento profesional preñado de plenitud y diversión, pues seguramente cada prioridad es pensada y decidida en la propia mesa de reuniones del Equipo Editorial.

De igual forma, con júbilo desbordante, celebro la agilidad, la eficiencia y la riqueza del periodismo cultural que practica el grupo de redactores de “Breviario”, sección de reseñas y comentarios: pieza periodística que se irradia por los ambientes artísticos, culturales y académicos para testimoniar la Belleza como convicción, como legitimación absoluta y perfecta de cuanto es menester para la magna obra que entraña el rescate del entorno, tarea –bien lo sabemos–, que busca colaborar en el encumbramiento de la vida y la geografía capitalina que es, para mayor importancia, el enclave en donde se soñó la nación cubana.

Bibliografía:

Estética. Enfoques actuales. Colectivo de autores. Editorial Félix Varela, La Habana, 2006.