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ACERCA DEL INTERES INFORMATIVO

ACERCA DEL  INTERES  INFORMATIVO

Msc. HUGO RIUS BLEIN,
Premio Nacional de Periodismo José Martí,
Periodista de la Agencia Prensa Latina,
Profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Harto evocado y defendido por los profesionales de la información, el interés informativo corresponde a una de las quintaesencias del ejercicio del periodismo, y más aún, del proceso mismo de la comunicación masiva.

Para conceptualizarlo por vía rápida podría adscribirme a cualquiera de las abundantes definiciones emitidas y santificadas en fuentes institucionales, bibliográficas, manualistas, gremiales y hasta las asumidas por nosotros los periodistas, inmersos hasta el cuello en nuestras rutinas productivas con la intención de ofrecer lo que consideramos de interés informativo.

Pero la duda, esa bendita y poderosa palanca del pensamiento creador de la que se valió Marx para escribir toda su reveladora y  portentosa obra,  y esta vez sin la menor  duda, echando mano a la mayeútica de la Grecia clásica, nos vuelve a recordar que de las incertidumbres se forjan las certezas.

Siempre me he preguntado, si cuando las instituciones mediáticas proclaman una pretendida voluntad de proporcionar información de interés, a qué se refieren en rigor.

Si al de los emisores autocráticos, no exentos de presuntuosidades, o al de los receptores, considerados como sujetos vivos, participativos, interactivos y transformadores.

Entonces otras interrogantes se disparan:

¿Qué es el interés informativo? ¿Una categoría abstracta, o una construcción cultural y mediática? ¿Una necesidad focalizada, o una tendencia incentivada desde los medios?

Por lo pronto reafirmaré algunas convicciones al respecto.
     
A lo largo de toda la historia del periodismo, los medios que representan o se vinculan a las clases sociales dominantes han establecido los intereses informativos de esas clases y de los centros de poder correspondientes.

Esos medios reproductores del sistema social predominante se han empeñado en transferir al público sus intereses informativos, con cierto grado de éxito, de tal manera que han logrado enajenar en mayor o menor medida a las clases oprimidas de sus verdaderos intereses informativos.

El interés informativo, tanto desde el emisor como del receptor, parece presentar una configuración clasista ideológica y un trasfondo político, porque para enojo de Fukuyama el fin de la historia ni remotamente se vislumbra. 

En lo que hoy se denomina sociedad de la información en contexto globalizador, aparentemente los intereses informativos se han hecho comunes, mas en realidad subsisten acentuadas diferencias de intereses que se expresan ya no tanto en el tema mismo sino en los destaques, las frecuencias, las omisiones, los subrayados, angulados y las  lecturas interpretativas a los que se recurren desde distintas posturas políticas.
    
Algo al respecto ha sido apuntado  por McCombs en su hipótesis de la Agenda Setting, pero en mi opinión incompleto, lastrado, toda vez que el poder mediático  estadounidense, al que el autor alude como sujeto de la investigación, no sólo trata de transferir temas hacia la agenda del público, sino sobre todo pretende convertir esos temas en algo de interés masivo, aunque su legitimidad resulte muy discutible.

Por ejemplo, por esa vía se ha fomentado un distorsionador interés informativo en el éxito personal, encarnado en millonarios, aristócratas, figuras de la política, de la farándula y el deporte rentado, presentados como inalcanzables modelos a alcanzar, y a quienes por lo tanto se les tiende un manto de tolerancia, admiración y simpatías, aún cuando se conduzcan con ostentación, excentricidad  y protagonicen sonados escándalos muchas veces al margen de las leyes establecidas.

Enmarcado en buena parte en un periodismo rosa constituye uno de los aspectos más ensoñadores y adormecedores de la reproducción social, que acometen medios de comunicación día tras día en un mundo real signado por desigualdades abismales, hambre, pobreza, y continua devastación ambiental.

Pienso que se debería incluso dirigir una mirada más crítica a lo que la mayoría de los manuales de periodismo de los que hemos bebido y seguimos bebiendo han indicado a lo largo del tiempo como valores-noticias y requisitos simplificadores para que una información mediática adquiera validez y consiguientemente interés.

Al menos me resulta insuficiente, por ejemplo, categorías capsulares y lapidarias como lo actual, lo novedoso, lo anormal, el cambio, lo raro, lo violento, etc., que parecen partir más bien de criterios de mercado competitivo y contemplan la información periodística como una producto para vender antes que un bien social.

En este punto incluyo el llamado interés humano, indiscutiblemente muy atractivo y la vez tramposo porque con bastante frecuencia sesga y manipula la realidad para atraer públicos, fragmenta el hecho del proceso, descontextualiza, dibuja un árbol sin bosque y cuando más produce una emocional anécdota descolgada. De acuerdo con una cultura receptiva forjada por los medios, el destino de una sola persona como la princesa Diana, por ejemplo, puede acaparar más atención que los niños que mueren de hambre como moscas en un país africano, y que se trata de un caso de mucho más  interés humano.  
    
Tampoco estoy muy seguro que todas esas sagradas y consagradas características demasiado formularias respondan a un comprobable interés del público receptor, y que sin embargo, los medios asumen como tal desde su poder actuando como supremos e inapelables intérpretes subjetivos y hasta arbitrarios.

De semejante maniqueísmo ni siquiera se libran nuestros propios medios nacionales, si bien en contextos radicalmente diferentes y socialmente superiores  a los que McCombs toma como referencia., y que merecen, en mi modesto criterio, una reflexión a fondo para que obremos con mayor coherencia y efectividad.

Si partimos de que la comunicación es un proceso entre dos polos bien definidos, sería deseable alcanzar una consensualidad de intereses informativos, sustentado en la construcción de un sentido común, y acorde con la dinámica de las problemáticas, conflictos y desafíos del mundo real de hoy, del que todos y cada uno formamos parte.

Más que adscribirme a repetir requisitos, o inventar otros, preferí  sumirme en un ejercicio de abstracción como consumidor ordinario de mensajes mediáticos, y tratar de establecer qué respuestas o pistas que satisfagan mis intereses desearía encontrar en los medios. Y que el cielo me libre de la presunción de creerme que tuve un éxito total en cambiar de piel, si acaso me permitió incursionar en un ámbito de posibles negociaciones, encuentros y consensos.

Sin darlo como resultado acabado, y nada lo es en esta vida tan dialéctica, identifico un grupo de franjas de interés informativos de amplio espectro, probablemente consensuables para establecer criterios de tematización y enfoque mediáticos. Claro está que siempre sujetas a la comprobación y al análisis, porque apenas son ideas como propuestas. 

1.- La supervivencia humana. Constituye el supremo interés vital. Informativamente se refleja en contenidos relativos a las alarmas, prevención y enfrentamiento de amenazas y peligros de guerras y otras formas de violencia,  catástrofes naturales, destrucción del habitat,  hambrunas, epidemias, enfermedades  y accidentalidades.

2.- La estabilidad y la seguridad sociales.  Atañe a la organización de la sociedad y las condiciones de convivencia grupal.  Informativamente se manifiesta en contenidos tales como el ejercicio de la democracia, los derechos humanos y ciudadanos, el orden  interno, la aplicación de la justicia, el empleo y los sistema de seguridad social.

3.- El progreso y el bienestar. Corresponde al muy humano interés de experimentar una existencia material más llevadera y confortable.  Las pistas para tales expectativas suelen encontrarse en las informaciones económicas y científico-técnicas y como expectativas relativas en promesas, anuncios y decisiones provenientes de fuentes de poder institucional y organizaciones políticas y sociales alternativas. 
 
4.- La adquisición de conocimientos. Los medios de comunicación se han constituido en una de las diversas reconocidas fuentes a las que recurren las personas para mitigar su sed de saber. No sólo por alguna problematización involucrada, sino también por el afán mismo de saber, para orientarse ante el mundo circundante, sus fenómenos y acontecimientos. Abarca a la totalidad de las esferas de coberturas informativas. 

5.- El enriquecimiento ético y estético. Lo que refuerce el  reconocimiento de identidades y pertenencias de conglomerado,  indique valores y pautas morales de comportamiento individual  y social, satisfaga el gusto por el arte y la literatura. De modo predominante se canalizan en contenidos históricos y culturales en su más amplio sentido. 
           .
6.- La realización personal. Toda aquella información que proporcione pistas para alcanzar una más plena expansión de las potencialidades individuales, ya sea mediante consejos o presentación de modelos reales, paradigmáticos.  
         
7.- El percance de los semejantes. Llámese si se quiere, de interés humano. Lo esencial que intento apuntar es la humana e indescifrable necesidad común de reconocerse, identificarse con la experiencia ajena, ya sea halagüeña, trágica, cómica o paradójica,  e incorporarla como lección, moraleja  y advertencia 
           
8.- El esparcimiento. Parece que a todos interesa saber cuándo, dónde, cómo y mediante qué medios reproducir nuestras fuerzas físicas. Las informaciones sobre jornadas de descanso, paseos, excursiones,  recreaciones, prácticas y espectáculos artísticos  y deportivos, entretenimientos y curiosidades reciben una altísima aceptación,  sobre lo cual no hace falta abundar.  

9- El futuro. Interesa mucho todas las informaciones que permitan lidiar con las incertidumbres ya sea para proyectar perspectivas de vida y desarrollo, o para prepararse para las adversidades previsibles o probables. Las preguntas sobre qué puede pasar mañana son de las más cotidianas y acuciantes.

ACLARACIONES  NECESARIAS

1.- Reitero que ni mucho menos pretendo agotar el tema, sino en todo caso abrirlo al debate crítico, siempre más enriquecedor.

2.- Las franjas de interés informativo constituyen lei motiv para que el periodismo efectúe toda la gama de funciones que se les reconoce: informativa, educativa, orientadoras, movilizativa, consensuativa, etc. 

3.- Metodológicamente me he ceñido estrictamente al tema solicitado.  Por lo tanto obvio aludir a cómo darle forma a los contenidos, mediante  qué géneros o lenguajes, lo que corresponde de lleno a las estrategias comunicativas.

3.- Tampoco me he referido a la experiencia cubana, para lo que sería recomendable otro acercamiento, con todas la contextualización y las particularidades requeridas, un ejercicio potencialmente interesante y útil.

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