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EL MUNDO NO PUEDE SER UNA FARSA

EL MUNDO NO PUEDE SER UNA FARSA

MSc. ROGER RICARDO LUIS,

Director de Investigaciones del Instituto Internacional de Periodismo José Martí y Profesor Titular de la Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

El antecedente más reciente del actual fenómeno mediático neoliberal está en la derrota de Estados Unidos en Vietnam. El papel de los medios de comunicación de masas y de los periodistas entonces escapó al control del sistema político. Tal situación se convirtió en un factor clave en el cambio de actitud de la opinión pública norteamericana y mundial respecto a la guerra.

De esa experiencia las estructuras de poder sacaron una conclusión que hoy no parece una verdad de Perogrullo: toda estrategia política, económica y social requiere de una estrategia de comunicación para el control de las audiencias.

Tal precepto alcanzó categoría de doctrina de estado a partir de los programas políticos de  

PERIODISMO HISTÓRICO: LA CRIATURA QUE QUIERE VESTIRSE

PERIODISMO HISTÓRICO: LA CRIATURA QUE QUIERE VESTIRSE

Lic. LUIS RAÚL VÁZQUEZ MUÑOZ, 

Periodista del diario Juventud Rebelde

luisraul@enet.cu

A primera instancia, puede que no existan dos palabras que en su esencia se antepongan tanto y, sin embargo, hoy las vemos juntas, tratando de acuñar un género o una modalidad dentro del oficio de los reporteros. Periodismo Histórico. Léase el nombre con detenimiento y de seguro que enseguida se encontrará esa condición de antónimos, en la que Historia, por definición y naturaleza asociativa, es pasado, calma, lo viejo, lo que ya fue; mientras que Periodismo se refiere a todo lo contrario: a actualidad, inmediatez, a preocupación por lo que ocurre ahora, en este minuto, en este momento, en esta época; al punto que lo-que-sucedió-hace-un-tiempo en ocasiones puede ser mirado con cierto rechazo por el editor que escucha la propuesta de su reportero.

No obstante, pese a las diferencias, ambos oficios poseen varios puntos en común, si es que son observados desde ángulos más amplios. En el ejercicio de su profesión, al historiador y al periodista muchas veces los impulsa el esclarecimiento de un misterio o, al menos, responder la pregunta de qué sucedió en hechos que, en ocasiones, son sensibles para las estructuras de poder, por lo que este los oculta o intenta hacerlo. En la práctica, los dos ejercen una vocación de cronista, después de perseguir la comprensión de los hechos antes de someterlos a juicio; ambos se mueven bajo reglas éticas y, a la hora de actuar, tanto el uno como el otro se preocupan de manera enfermiza por la veracidad del dato. Por último, en su bregar diario, historiadores y reporteros comparten un mismo objeto: al hombre y a los grupos y comunidades en los que este se mueve.

Es, en medio de toda esa amalgama, que el término pugna por estar presente. De hecho, en antecedentes gloriosos del oficio, como las investigaciones que realizó Daniel Defoe y que culminaron en 1722 con el Diario del año de la peste , podríamos encontrar esa inquietud en la que reporteros a sueldo o cazadores de noticias por su cuenta miran hacia el pasado y hurgan en él anécdotas, sucesos y datos que puedan despertar el interés del público actual. En el caso de Cuba, esa preocupación ha originado un Concurso Nacional de Periodismo Histórico; aunque, a pesar de ello, si de pronto se le preguntara a un periodista por una corriente nombrada Periodismo Histórico, es muy probable que este arrugue la nariz en un gesto de extrañeza, algo muy difícil que ocurra si lo interrogan por otra modalidad que llaman Periodismo de Investigación.

EL HUECO NEGRO

Jean Lacouture reconoce la convergencia que puede existir entre el oficio del periodista y el del historiador . En su calidad de estudioso del pasado y de reportero que cubrió la guerra de Indochina, Lacouture apunta a esa comunidad que se da en ambas profesiones en su afán por analizar y develar los entretelones de lo ocurrido. Para ello cita a André Malraux, cuando el escritor llamó a los periodistas: "Historiadores del instante".

No obstante, ambas disciplinas tienen delimitadas sus particularidades. La Historia, de inicio, parte de una doble acepción como conocimiento de una materia (el conjunto de hechos ocurridos en el pasado de un grupo humano) y, al mismo tiempo, como materia de ese conocimiento (el cuerpo teórico y la producción bibliográfica sobre lo ocurrido). Como ciencia de lo pretérito, y desde una posición más amplia, ella no solo se encarga de una cronología lo más exacta posible de los hechos, sino también de comprenderlos y analizar los mecanismos que los mueven. El Periodismo, por su parte, hijo de la paulatina configuración de las sociedades de masas y de la consolidación de las relaciones económicas que condujeron al desbanque del feudalismo, cumple, en primera instancia, la función de informar hechos de interés público, teniendo a la actualidad, a la verdad y al ejercicio de la ética como bases principales. Desde estas distinciones, ambas profesiones convergen.

Sin embargo, reflexionar el tema que nos ocupa es acercarse a un problema de identidad. Mientras que el Periodismo de Investigación o el Periodismo Literario gozan de una definición, resulta infructuoso encontrar un concepto que explique ese quehacer de los reporteros cuando se acercan a los materiales de la Historia, además de aportar elementos para entender sus dinámicas, como mismo se hace en las modalidades antes referidas.

El vacío que mencionamos es palpable en Sala de Prensa. Org, uno de los sitios de la web más sobresalientes en el estudio de la comunicación y el periodismo. Una búsqueda en sus números no aportan definición alguna. Similar ocurre con una examen más amplio en Internet. Al introducirle los términos Periodismo Histórico o Periodismo Histórico +definiciones, el metabuscador Kartoom.Com detectó 48 sitios en la red;  pero al revisarlos lo único que se encontraron fueron textos en los que estas palabras aparecían separadas o unidas, a veces sin interconexión, y en otras formando parte de exposiciones con intereses, que, por lo general, no ameritaban ninguna atención para el campo periodístico. Lo más cercano a nuestros propósitos apareció en la web www.periodismohistorico.cjb.net, desarrollada por el catedrático Manuel Leal Cruz. Vista esta situación, parece que nos encontramos ante un escenario semejante al de los Huecos Negros, esas zonas existentes en el espacio; que según los astrónomos son palpables, pero que al adentrarse en ellos se corre el peligro de introducirse en un túnel sin salida y para siempre.

¿Y EXISTE LA CORRIENTE?

Esta es una de las interrogantes que salta ante la ausencia de una definición.  Por ello, lo que desarrollamos aquí es, ante todo, una propuesta. Proposición que surge a partir de observaciones, de intentos por explicar guiños que nos hace la realidad en la cual se mueve la profesión de periodista. Por lo que así debe mirarse: como una proposición y no como criterios definitivos. Es en medio de esa búsqueda que nos asaltaban las preguntas: ¿Existe el Periodismo Histórico? Y si es así, ¿cuáles son sus preocupaciones?, ¿en qué consiste  o cuáles son sus conceptos y límites? Por último, ¿puede llegar el Periodismo Histórico - si es que realmente vive - interrelacionarse con otras tendencias o modos de hacer dentro del oficio reporteril, como el Periodismo de Investigación y el Periodismo Literario? Adelantamos que aquí nos referimos fundamentalmente a la producción periodística reflejada en periódicos, revistas y suplementos, por ser este el medio en que nos desenvolvemos y que más facilidades nos ofrecía para una indagación sobre el tema.

Hechas estas aclaraciones, creemos que, ante la invitación a responder si la corriente existe, cabe hacerse primero la siguiente pregunta: ¿por qué ese interés por mirar la Historia a través del Periodismo?

Ya adelantábamos algo en la introducción: porque en el pasado pueden encontrarse sucesos con la suficiente relevancia y una buena dosis de carga humana, con sus respectivos conflictos, capaces de movilizar por sí solos el interés de las audiencias. Pero ello, en nuestra opinión, no basta y de hacerlo así, sería entender la Historia como un closet en el que se guardan los folclorismos de nuestras familias. La problemática es más compleja.

Al finalizar una conferencia en París, sobre los orígenes del pueblo y la nación cubana, al profesor Eduardo Torres Cuevas, director de la Casa de Altos Estudios Fernando Ortiz de la Universidad de La Habana, le preguntaron por qué parecía una obsesión entre los historiadores de la Isla el tema de la nación y cuál era la razón por la que se reflexionaba tanto sobre el concepto de cubanidad, cuando franceses y alemanes ni siquiera tenían un término semejante. El doctor Torres Cuevas adelantó una respuesta, que luego fue ampliada en un ensayo sobre la necesidad del pueblo de Cuba de autodefinirse ante las problemáticas y desafíos que ha enfrentado a lo largo de su Historia . Entonces señaló que "existen necesidades que se convierten en priorizadas en cada historiografía nacional [y que] en el caso de Cuba, siempre colocada al borde del desarreglo, existe una necesidad vital de autodefinición y autocomprensión".

He ahí, en el subrayado nuestro, lo que consideramos que constituye una de las motivaciones principales a la hora de acercarse a los hechos del pasado con las herramientas del periodismo: si no la urgencia de autodefinirse, al menos la necesidad de los integrantes de las sociedades por conocer y comprender lo que sucedió, como una forma para tener los elementos necesarios y entender un presente, que en ocasiones puede provocar más incertidumbres que serenidades.

Un examen a la prensa cubana durante el 2005 arrojó la publicación de 147 trabajos publicados en distintos medios de prensa. Algunos de ellos, como el caso del periódico Juventud Rebelde, con secciones dedicadas al tratamiento del pasado .

Fuera de Cuba, el año pasado fue interesante para el tema que nos ocupa. Durante ese período se conmemoró el 60 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y, al parecer, el número cerrado del onomástico fue una invitación para que los periodistas se lanzaran a la caza de aquellos sucesos que, dentro del pasado, contenían factores de interés para el público y que podían convertirse en noticia.

Así tenemos la publicación, por parte del MI 5, de las confesiones del general de las SS Gottlieb Berger, quien conversó con Hitler en el búnker y le sugirió el suicidio con un tiro en la cabeza. O el perfil que elaboró el siquiatra Henry Murray sobre la personalidad del Führer, en el que diagnóstica que este era "era rencoroso, con baja tolerancia a la crítica, [y con] tendencia a menospreciar a las personas y de buscar venganza".

Por último, el periódico inglés The Guardian le dedicó una cobertura especial al conflicto. Y dentro de las historias contadas en la misma se encuentra la  entrevista que le hizo el corresponsal Luke Harding a Erna Fliegel, la enfermera que durante seis décadas le calló al mundo, incluso a su familia, de que ella había sido la enfermera de la familia Goebbels y de Hitler dentro del búnker de la Cancillería en las últimas semanas de la guerra. Las declaraciones de Fliegel, hecha a los 93 años,  permite conocer el ambiente del refugio y una parte de las interioridades del matrimonio Goebbels, sin las mediaciones que pueden establecer el analista o el oficial de Inteligencia que le dicta su informe al mecanógrafo. Así, cuando se refiere a Hitler en sus últimos días, reconoce que su autoridad aún era extraordinaria ( "his authority was extraordinary. There was really nothing to object to".), que la esposa del ministro de Propaganda Joseph Goebbels, Magda Goebbels, era, desde su punto de vista, una mujer brillante, que soportaba con boca cerrada las numerosas infidelidades de su marido y que, por el contrario, Eva Braun, la mujer del Führer, era una mujercilla sin ningún encanto y que la muerte de Blondi, el pastor alemán de Hitler, afectó más a los que permanecieron dentro del refugio que el suicidio de la señora Braun (the death of Hitler's wolfhound Blondi affected us more than Braun's suicide).

Este es el ejemplo de Europa. En América Latina, imaginamos que para un chileno o un argentino le resulta vital responder a la pregunta qué sucedió durante un pasado ceñido por dictaduras y desapariciones, y con interrogantes que durante mucho tiempo pugnaron para que no fueran respondidas. O aclarar situaciones en puntos críticos de sus historias nacionales, como las negociaciones en secreto que realizó el general Juan Domingo Perón por establecer una alianza económica entre Argentina, Chile y Brasil  ; o los planes del general argentino Leopoldo Galtieri, jefe de la Junta Militar, para obtener una bomba atómica, unos meses antes de que se iniciara la Guerra de las Malvinas. 

En algunos casos, el acto de acercarse al pasado histórico desde el periodismo tiene urgencias más dramáticas. En marzo de 1993, el periodista Samuel Blixen publicó una serie de reportajes sobre la presencia de la Operación Cóndor en Paraguay. Se fue a los archivos, hurgó, entrevistó, viajó hasta las fosas comunes que se encontraban escondidos los torturados convertidos en despojos y armó con esas vivencias una serie de trabajos que fueron publicadas en el semanario Brecha, de Uruguay. En ellos se develan las misivas de los jefes de Inteligencia de Chile, Argentina, Paraguay, Bolivia y Perú en su trabajo coordinado de la Operación Cóndor. Se hace el recuento, convirtiéndose en el hilo conductor de la serie, de cómo fue la desaparición de Nelson Santana y Gustavo Inzurralde, dos uruguayos pertenecientes al Partido por la Victoria del Pueblo (PVP). Se explica la participación de los oficiales cercanos al dictador Stroessner en las torturas. Y finalmente, entre otras revelaciones, levanta el velo definitivo de la unión entre la policía secreta argentina y la paraguaya en la eliminación de los líderes del Movimiento Popular Colorado.

La mención de textos en los que se aborda el pasado, aparecidos en los medios de comunicación, en este caso, los de la prensa escrita, pudiera ser larga. Y ellos nos indican que, además de seguirle el rastro a informaciones que pueden ser noticia y de participar en el ejercicio de autocomprensión y autodefinición de las naciones, el Periodismo también impulsa la "demanda por conocer algo que forma parte del patrimonio" [de las sociedades]  y que es vital para el conocimiento y la toma de decisiones dentro de las mismas. Por su capacidad de informar y su tradición en revelar hechos que permanecieron ocultos, el oficio de los reporteros es una de las vías más expeditas para acercarse a la Historia con los fines antes mencionados.

Por lo que, a la pregunta de si existe la corriente o la modalidad de Periodismo Histórico, decimos que sí, a juzgar por una práctica en la que se aprecia una manera de acercarse y tratar la Historia mediante el ejercicio periodístico y que se ve plasmado en una producción sistemática, de acuerdo con los intereses de las instituciones informativas, e, inclusive, con secciones fijas o, a veces, con espacios jerarquizados dentro de las publicaciones.

Planteada esta tesis, hacemos la proposición de entender al Periodismo Histórico como la aproximación, bajo los principios, formas y normas del periodismo, de aquellos hechos o realidades, que ya constituyen o puedan constituir preocupación de los historiadores y que contienen los valores de la noticia.

ADVERTENCIAS ANTE LAS TRAMPAS

A la vez que formulamos esta definición, consideramos necesario proponer tres premisas básicas, sobre las que se puede reconocer el campo donde opera y adquiere su identidad el Periodismo Histórico. Estas premisas son:

1.- No todo lo que aparece en los medios o canales de comunicación de masas es Periodismo Histórico.

Partimos del supuesto de que el periodismo constituye un cuerpo definido y posesionado en la práctica de las sociedades. Por ello cabe hacer la diferenciación entre una publicación de carácter académico, en este caso una revista, aun cuando se renueve periódicamente, y la de un medio informativo.

El desarrollo de Internet ha venido a convertir en obsoletos o estremecer conceptos y realidades que antes se encontraban clarificados y eran asumidos con entera serenidad. Según Oscar Jaramillo, una de las particularidades de la red es el grado de accesibilidad que otorga a sus usuarios, al punto que "por primera vez las personas puedan ejercer los derechos de recibir, investigar y difundir mensajes, directamente (al menos en teoría) sin ningún tipo de intermediación". Jaramillo apunta que ese cambio ha venido a desdibujar diferenciaciones, claras y tajantes, que estaban establecidas en los medios tradicionales.

De acuerdo con esa lógica, ese nivel de accesibilidad hace que medios que, antes poseían un carácter restringido, puesto que su información está destinada a satisfacer la demanda de un público o un segmento especializado, ahora se encuentren al alcance del click de cualquier usuario. Por esa razón, y ante el cúmulo grande de informaciones de carácter histórico, creemos necesario precisar que no todo lo que se publica, específicamente en Internet, es Periodismo Histórico, ni  todo texto sobre la Historia llega a clasificar en la dimensión del Periodismo.

Siguiendo uno de los dos elementos básicos establecidos por Umberto Eco para la definición de medios de comunicación de masas, se debe señalar que el oficio de los reporteros obedece a la intención de llegar "no a grupos determinados, sino a un círculo indefinido de receptores en situaciones sociológicas distintas" , lo que obliga a que el periodista configure sus mensajes, de modo que esa accesibilidad sea posible.

A diferencia de lo anterior, lo académico, incluso lo institucional, como pueden ser los boletines o revistas del Archivo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, se preocupan por satisfacer las demandas de información de un grupo específico. Mientras tanto, la intención de lo periodístico por llegar a esa audiencia  indeterminada, ha producido un tipo de discurso y una técnica para su elaboración y presentación, lo que vendría a diferenciarlo no solo de lo emitido por centros especializados, sino también de lo disponible en otros sitios, como los promovidos por veteranos de la Segunda Guerra Mundial, cuyas preocupaciones quizás sean similares a las de un periodista, en cuanto a llegar a los grandes números de lectores.  Por otra parte, la función básica y primordial del Periodismo es informar hechos que contienen los valores de la noticia, por lo que ostentan un interés para los integrantes de la sociedad, quienes los necesitan para su conocimiento y la toma de decisiones dentro de la comunidad en que actúan. Por último, para que un trabajo de corte histórico alcance la dimensión periodística, debe atravesar por un proceso industrial , que en los medios informativos tiene situaciones muy particulares.

Estas precisiones pueden parecer obvias; pero entendemos que, en primera instancia, ellas pueden ayudar a no perder el derrotero frente a análisis posteriores. Uno de ellos aparece al momento de examinar la conceptualización de Periodismo Cultural, y que abordaremos en las consideraciones finales.

2.- El Periodismo Histórico se preocupa por hechos ocurridos en el pasado, aún cuando este sea reciente.

Por esa razón, sería una falacia clasificar, dentro del Periodismo Histórico, a los reportajes sobre el caso Watergate o el golpe de estado dirigido por Augusto Pinochet contra el gobierno socialista de Salvador Allende. Las coberturas de ambos hechos noticiosos, cuando se realizaron, estuvieron marcadas por la urgencia, ocurrieron en el presente, eran noticias de último momento. Mirados desde la distancia, el tiempo podría invitar a mirarlos como Periodismo Histórico cuando lo que sucede, en realidad, es que el producto de esas coberturas (notas informativas, reportajes, comentarios, entrevistas, crónicas) han adquirido el valor de documentos históricos.

La serie sobre las desapariciones de prisioneros políticos en Paraguay, que le otorgaron a Samuel Blixen el Premio Internacional de Periodismo José Martí,  la consideramos dentro del tipo de Periodismo que analizamos, porque ella se encarga de examinar hechos ocurridos trece años atrás de la fecha en que se realizaron las investigaciones; aunque debemos señalar que la técnica narrativa utilizada por Blixen -incorporar planos temporales, en forma de entrevistas y reportajes y que dan la medida del impacto que tienen los descubrimientos en el presente- les otorga un sólido sabor a actualidad. Por su parte, el tiempo transcurrido sobre los episodios que trata Erna Flieguel en su conversación con Luke Harding hacen evidente el porqué incluimos esa entrevista dentro del Periodismo Histórico.

Reconocemos, eso sí, que el periodista no actúa con la misma variable de espera con la que debe trabajar el historiador. Mientras que este se recomienda esperar a que el impacto de los sucesos se sedimenten y así realizar un análisis en frío, el reportero no demora y tampoco puede aguardar por esa dilación temporal, y se acerca a momentos del pasado que todavía son demasiado recientes para que los historiadores otorguen sus veredictos finales. 

Ello nos conduce a una inquietud: ¿hasta qué punto considerar, dentro del Periodismo Histórico, a un material que se interesa por hechos que no se encuentran tan alejados de la fecha en la que el reportero se preocupa por ellos? Por ejemplo: ¿en qué medida considerar como Periodismo Histórico a un reportaje producido en 1998 y que se aproxima a un acontecimiento que ocurrió tan solo tres años atrás, como la crisis de los balseros en Cuba, en agosto de 1995? 

Es una de las trampas que traen consigo las clasificaciones. Consideramos que la respuesta se puede encontrar en el análisis del tiempo informativo que rige el suceso, es decir: en la medida en que el evento afecte a la comunidad en que se desarrolla y esa afectación desate una urgencia noticiosa. Al momento en que se supere esa premura, más se acercará a la definición que proponemos.

3.- El Periodismo Histórico se entrecruza con otras corrientes o modalidades del Periodismo.

La simbiosis aquí puede ser vasta, en la medida en que la preocupación del periodista, al momento de realizar su trabajo, sea examinar el pasado de la sociedad. Nos ceñiremos a tres puntos, fundamentalmente, a modo de ejemplo:

1.- Se mueve dentro del Periodismo de Opinión, en tanto el asunto histórico es abordado por la familia de géneros que integran esa modalidad, en la que el periodista, en vez de "trasladar información, se dedica a analizar y comentar determinado hecho o problema" . Por sus características, el artículo es un género que le es muy afín , junto con la crónica. El profesor Julio García Luis anexa un texto en su libro El Artículo General, que ilustra ese entrecruzamiento. Nos referimos a Manuel de Angola, del historiador cubano Manuel Moreno Fraginals, en el que analiza la trata negrera procedente de esa región de África y su impacto en la Cuba del siglo XIX.

2.- Forma parte del Periodismo Literario en la medida en que la información recogida sea contada a través del manejo de las técnicas narrativas, propias del cuento y la novela. Un ejemplo lo son los reportajes del escritor y periodista cubano Leonardo Padura, publicados en el periódico Juventud Rebelde en los años ochenta del siglo pasado y agrupados más tarde en el libro El Viaje más largo. Dentro de esos materiales, se aprecia el manejo de distintos narradores, el diseño de personajes y procedimientos propios de la literatura, junto al manejo del dato exacto y verificado, como métodos afines del periodismo.

Pero, además, del criterio para entender esa relación desde el punto de vista técnico, se unen, en este caso, otros elementos a tener muy en cuenta. El Periodismo Histórico se entrecruza con el Periodismo Literario por el anecdotario que guarda la Historia, con un potencial de conflictos, relatos y personajes, capaces que tentarían a cualquier periodista a contarlos como si estos ocurrieran de nuevo en la vida real y le transmitieran al lector la sensación de que vive una película.

3.- Por último, se acerca y puede entrecruzarse con el Periodismo de Investigación. Las diferentes definiciones de esta modalidad coinciden en que I) para obtener las informaciones es necesario invertir un tiempo, por encima del empleado normalmente en un trabajo convencional; II) que deben manejarse distintos procedimientos indagatorios y con un nivel de fuentes, superiores a  las que de manera usual se emplean en la rutina común del medio, para obtener los resultados y verificarlos, y III) el carácter oculto que tienen o que se le quiere otorgar a los datos que se buscan.

Una indagación histórica, cuyos resultados después serán publicados en un medio informativo, muchas veces cubre casi o todos los elementos expuestos en el párrafo anterior. Según las características, la trascendencia del hecho y la intencionalidad del periodista en buscar las nuevas aristas, hacen que este se involucre en un nivel de investigación, que muchas veces le consume un tiempo mayor que el ordinario, además de hacerlo sudar con mayor frecuencia en su intento por juntar todos los detalles del pasado y tener a mano el cuadro final. Una lectura más reposada de los reportajes de Leonardo Padura sugeriría de inmediato la amplitud de fuentes de información que debieron consultarse para reconstruir un episodio, algunas veces en sus detalles más ínfimos, lo que pudo implicar, en su momento, un tiempo superior de investigaciones al que normalmente se hubiera empleado para contar esas historias en el modo convencional.

Lo que para muchos constituye la piedra fundamental en la definición del Periodismo de Investigación, el carácter oculto de las informaciones que se procuran, estaría dado en el Periodismo Histórico por los intentos, por ejemplo, de romper con una Historia Oficial, dígase: indagaciones en Chile y Argentina por conocer las conexiones con la Operación Cóndor y que, en ocasiones, han terminado en tragedias para el propio reportero. Al mismo tiempo, periodistas e historiadores pueden dar fe de las nebulosas que se han entretejido alrededor de un objeto de estudio. La periodista Stella Calloni lo vivió cuando, al poco tiempo de la caída del dictador Alfredo Stroessner, se acercó a los papeles secretos de la policía de Paraguay. Entonces escribió: "...debido a que los archivos plantean una amenaza a los hombres que organizaron y llevaron a cabo la represión hemisférica, se están realizando esfuerzos para eliminarlos o depositarlos en manos 'seguras'. Algunos de los documentos ya han desaparecido y existen sutiles maniobras para sustraer a los restantes del control legal y periodístico".

LAS OTRAS PIEZAS DEL TRAJE (O CONSIDERACIONES FINALES)

Pierre Vilar le criticaba a Raymond Aron y a la escuela positivista la posición de encerrar a la Historia y al oficio del historiador en lo exacto de lo acontecido, al punto de conformarse con una relatoría puntual de los acontecimientos más comprobables. Para Vilar, la Historia desborda esa puntualidad y se dirige a comprender un pasado, antes que revivirlo; en escudriñar en los mecanismos de las sociedades y no quedarse solamente en la dimensión de las decisiones políticas; en examinar el estudio del juego recíproco de relaciones entre hechos diferentes y hasta, algunas veces, sin una relación aparente.

Al periodismo y al oficio del reportero también le sería dable ese contrapunteo de posiciones; y, por momentos, podría pensarse que los postulados de Raymond Aron son los más cercanos a nuestra profesión en el sentido de que el periodista se debe atener meramente a los hechos comprobables en busca de una veracidad, que es esencial en la confrontación de la opinión pública. Solo que el devenir de nuestro trabajo ha venido a comprobar que a los reporteros les son más cercanas, más factible y que pueden encontrar mayor provecho en las posturas de Vilar que en las de Aron. Si esto no fuera así, ¿cómo entender entonces a modalidades del oficio muy preocupadas por comprender el cómo y los porqué de la noticia, como es el caso del Periodismo Interpretativo y el de Investigación?

El entrecruzamiento entre Historia y Periodismo puede ser más sutil y fuerte de lo que imaginamos. Las reflexiones sobre las formas en que los medios han tratado el pasado, motivadas muchas veces por inquietudes contestatarias, ha sido uno de los puntos más tratados a la hora de establecer la relación entre prensa, historia y poder. Un ejemplo de ello lo constituye Noam Chomsky, aunque los ejemplos pudieran ser más, a partir de las aproximaciones que se han realizado desde las ciencias históricas y políticas. Esa frecuencia nos hace preguntarnos hasta qué punto resulta novedoso hablar de Periodismo Histórico en el sentido en que lo hemos abordado en el presente texto.

De todos modos, el vacío conceptual es evidente y sobre todo la falta de una sistematización teórica que permita comprender las particularidades del objeto que analizamos, sus posibles leyes, el comportamiento del fenómeno y su interacción con los demás elementos que componen una estructura social.

Una de esas interacciones, que podría conducir a una línea de investigación, podría estar en las construcciones que, desde la prensa, se realizan del pasado por distintos sectores o grupos de acción dentro de la sociedad; junto con el dibujo que con el uso de los medios se quiere hacer de lo sucedido por parte del poder. Es decir, tratar en qué medida se realiza o no lo que Chomsky llamó el asesinato de la Historia, además de revisar cómo se ejecuta el rescate de lo que no estaba incluido en el conocimiento histórico.

Planteado el asunto de esta manera, podría caerse en una reiteración y decirse que se llueve sobre mojado; pero nuestra intención apunta a examinar cómo se ejecuta la construcción de lo Histórico desde los medios y qué origina que las redacciones sientan un interés mayor o menor, según los casos, por abordar lo ocurrido en la memoria de las comunidades. Porque observamos un hecho: en aquellas sociedades, sometidas a tensiones y con una postura de revisar sus modelos de desarrollo o de ajuste de los eslabones sueltos de su pasado, lo histórico es más tratado por el periodismo que en otras naciones, donde ese tratamiento se limita, en ocasiones, al momento de la efeméride y la conmemoración. Una mirada a dos geografías indicarían enseguida ese comportamiento. El periódico español El Mundo, en su edición digital, le dedicó espacio al aniversario de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, llama la atención que, cumplida la efeméride, el acontecimiento histórico más tratado fue el aniversario de la llegada al trono del rey Juan Carlos. Mientras, en Venezuela, resulta significativa la abundancia con que lo histórico es abordado por los medios, sobre todo por aquellos que se proclaman parte del proceso. Ese comportamiento valdría la pena demostrarlo y ser analizado de manera empírica.

Un tercer y último punto, que deseamos abordar en estas consideraciones finales, se encuentra en la naturaleza propia del Periodismo Histórico, de las cuales surgen variadas interrogantes, y más al momento de acercarnos al  Periodismo Cultural. 

En su planteamiento de definiciones, Lucía Villa examina las problemáticas a la hora de conceptuar al Periodismo Cultural y apunta a que el concepto "se aplica a un campo extenso y heterogéneo. (....) y que nos marca la imposibilidad de ser abordado desde una sola perspectiva. Involucra y excluye a los géneros y productos del campo periodístico produciéndose una constante pendulación entre los términos 'periodismo' y 'cultura" . Nos preguntamos entonces: ¿esa pendulación es dable también en el Periodismo Histórico? La respuesta amerita un examen desde la práctica, en el que se diagnostique si el tratamiento de la Historia a través del Periodismo participa de esa complejidad registrada dentro del Periodismo Cultural, en cuanto a la diversidad de modos de tratar los temas y los campos sobre los cuales centra su atención. En otras palabras: ¿hasta qué punto lo académico participa en el Periodismo al momento de abordar la Historia en cuanto a la aportación de géneros, como ocurre con el ensayo, un género de la reflexión cultural por excelencia, pero también presente en el Periodismo Cultural? ¿O es que en esa relación es más dual, al punto de que se pueda construir, como ocurre en la práctica periodística dentro de la cultura, una zona donde coexista lo informativo con el puro análisis histórico?

En sus análisis, Villa nos aporta otra pista para adentrarnos en las dinámicas que puedan mover al Periodismo Histórico. Al referirse a los orígenes y, en cierto modo, al comportamiento, que en la práctica subyace en la legitimización del Periodismo Cultural, expresa:

Sin embargo, en un sentido más restrictivo los productos que se dicen a sí mismos culturales o que por su modo de producción, circulación y recepción fueron reconocidos históricamente en esa franja, responden más a una concepción de cultura ilustrada, letrada y elitista, restringida al campo de las "bellas letras" y "las bellas artes".

De ese criterio se desprende: no todo el mundo se ocupa de la cultura y se interesa por leer los suplementos y secciones culturales. ¿Ocurrirá lo mismo con el Periodismo Histórico? ¿O es que estamos ante un fenómeno escurridizo y móvil, que no se comporta únicamente en una franja reducida; sino que tiene una mayor capacidad de convocatoria en el momento que aborda tópicos que pueden involucrar a numerosas personas por la forma en que pueden ser tratados y por las cuestiones que someten a debate? Parece que esta última pregunta es la que más se acerca a la realidad. Y eso lo pudo constatar Samuel Blixen cuando, en medio de las investigaciones en los archivos de Stroessner, fueron apareciendo los sitios donde ocurrieron los enterramientos de las personas que estuvieron desaparecidas durante casi 20 años. Luego se observar una de esas fosas comunes y ver los cuerpos en descomposición de los torturados, Blixen escribió: "En Paraguay se está rescribiendo la historia de la década trágica de América Latina". Es una oración movida por el sentimiento. Pero es, al mismo tiempo, una prueba más de cómo el Periodismo se entrecruza con los caminos del historiador.

Bibliografía consultada:

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15. García Luis, Julio: Géneros de opinión. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1989.

16. ____: El Artículo General. Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 1987.

17. Harding, Luke. His authority was extraordinary, interview with Hitler's nurse. Disponible en: http://www.guardian.co.uk/secondworldwar/story/0,14058,1474601, 00.htm, consultado el 5 de enero de 2006.

18. Ichikawa Morín, Emilio: Un comentario a La Historia Inmediata. En: Torres Cuevas, Eduardo (compilador): La Historia y el oficio del historiador. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1996, pp 248-254.

19. Kapuscinsky, Ryszard: Reportero del tercer mundo, intervención en la sede de la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano, octubre de 2005. Disponible en: www.fnpi.org/biblioteca/relatoriadetallleres, consultado el 18 de enero de 2006.

20. ____: Con Heredoto en la guerra. En: Sala de Prensa.org, no. 55, mayo 2003. Disponible en: www.saladeprensa.org/archivo/índicedeautores/. , consultado el 15 de enero de 2005.

21. Lacouture, Jean: La Historia inmediata. En: Torres Cuevas, Eduardo (compilador): La Historia y el oficio del historiador. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1996, pp 225 -247. 

22. Marín, Carlos y Leñero, Vicente: Manual de Periodismo. Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 1990.

23. Martín Vivaldi, Gonzalo: Géneros periodísticos. Paraninfo, Madrid, 1973.

24. Padura Fuentes, Leonardo: El Viaje más largo. Ediciones Unión, La Habana, 1994.

25. Santoro, Daniel: El plan de Galtieri para hacer la bomba atómica. Disponible en: http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/01/08/z-03415.htm, consultado el 9 de enero de 2006.

26. Timoteo Álvarez, Jesús: Historia y Modelos de la Comunicación en el siglo XX. Ariel, Barcelona, España, 1992.

27. Torres Cuevas, Eduardo: Pensar el tiempo en busca de la cubanidad. En: Debates americanos, revista semestral de estudios históricos y socioculturales. La Habana, no.1, enero-junio 1995, p 2.

28. Vázquez Montalbán, Manuel: Historia y Comunicación Social. Bruguera, S. A., España, 1980.

29. Vilar, Pierre: Historia. En: Torres Cuevas, Eduardo: La Historia y el oficio del historiador. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1996, p 1- 21. 

30. Wolf, Mauro: La Investigación de la Comunicación de Masas. Piadós, Barcelona, España, 1987, p 109-147.

NOTAS

Para una definición del concepto de Historia y las preocupaciones del historiador, ver: Vilar, Pierre: Historia. En: Torres Cuevas, Eduardo: La Historia y el oficio del historiador. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1996, p 1.  También se puede revisar: Bloch, Marc: Apología de la historia. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971. Una revisión de estos materiales y de cualquier texto o estudio sobre las funciones del periodismo, permitiría distinguir rápidamente las similitudes que existen entre ambos oficios.

Vale recordar que Daniel Defoe tenía cinco años cuando la epidemia de la peste azotó la ciudad de Londres en 1665. Es decir, el acontecimiento se encontraba enraizado en el pasado, su momento de actualidad había sido trascendido y puede que hasta sepultado por hechos más apremiantes del momento, como las consecuencias del triunfo de Rusia sobre Suecia, en 1721, con lo que Inglaterra se agenciaba un rival más poderoso dentro del comercio y la política del mar Báltico.

Para un mayor conocimiento de las propuestas y observaciones, algunas veces polémicas, de Lacouture, Ver: Lacouture, Jean: La Historia inmediata. En: Torres Cuevas, Eduardo (compilador): La Historia y el oficio del historiador. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1996, pp 225 -247. 

Ver Torres Cuevas, Eduardo: Pensar el tiempo en busca de la cubanidad. En: Debates americanos, revista semestral de estudios históricos y socioculturales. La Habana, no.1, enero-junio 1995, p 2.

Ibídem, al final del primer párrafo.

La búsqueda se realizó en los periódicos Granma, Granma Internacional, Trabajadores, Juventud Rebelde, El Habanero y Tribuna de La Habana. Realizada el 30 de enero de 2006, por la especialista de sala Ileana Reyes.

Ver, Agencia EFE: Una universidad de Estados Unidos publica el perfil psicológico de Adolf Hitler que predijo su suicidio. Constata una homosexualidad reprimida. En: http://www.elmundo.es/elmundo/2005/03/31/sociedad/1112300808.html, consultado el 7 de enero de 2006.

Ver, Conde, Carlos: Perón-Vargas: la alianza inconclusa. En: http://ww.clarin.com/suplementos/cultura/ 2005/11/19/u-01092040.htm, consultado el 8 de enero de 2006.

Ver, Santoro, Daniel: El plan de Galtieri para hacer la bomba atómica. En: http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/01/08/z-03415.html, consultado el 10 de enero de 2006.

Fernández Bogado, Benajamín. El acceso a la información pública y el rol del periodismo. En: Sala de Prensa.Org, no. 78, abril 2005.

Por Principios nos referimos al ejercicio de la ética y los valores que entraña la misma; bajo la categoría de Formas englobamos a los géneros periodísticos y el manejo del discurso; mientras que por Normas entendemos, en este caso, a las pautas editoriales que rigen las dinámicas productivas de los medios.

Jaramillo, Oscar: La Web y el derecho a la información, una revisión conceptual. Universidad Complutense de Madrid, Programa doctoral Derecho a la Información en España y América Latina, p 27. En: Sala de Prensa.Org, 

Eco, Umberto: La estructura ausente: introducción a la semiótica. Editorial Lumen, Quinta Ed., España, 1994, p. 20. Citado por: Jaramillo, Oscar, p. 5, ibídem.

Pensamos en esas realidades y dinámicas que se viven en las redacciones informativas y que originaron estudios como los del Newsmaking y la Agenda Setting.

García Luis, Julio: El Artículo General. Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 1987, p 5.

Julio García Luis señala que el artículo, en específico el artículo general, se caracteriza  por el valor permanente de los asuntos que aborda, a diferencia del editorial, el comentario, la reseña o la crónica, que juegan con la variable de actualidad. Ver: García Luis, Ob. Cit,, p 7.

Ver Calloni, Stella: Los Archivos del Horror del Operativo Cóndor. Disponible en: http://www.derechos.org/nizkor/doc/condor/calloni.html,

Ver el concepto de Periodismo Cultural, dado por el periodista e investigador argentino Jorge Rivera y citado por: Villa, María J: Periodismo cultural, reflexiones y aproximaciones. En: Revista Latina de Comunicación Social, La Laguna (Tenerife), junio de 1998, número 6. Disponible en: http:// , consultado el 25 de enero de 2006. Para una mayor información sobre las complejidades del Periodismo Cultural, ver: Navarro Rodríguez, Fidela: La cultura y su periodismo. En: Sala de prensa.Org, febrero de 2004, número 64. Disponible en: www.saladeprensa.org/índicedeartículos/febrero2004/no.64/laculturaysuperiodismo, consultado el 25 de enero de 2006.

Villa, Lucía: Ob. Cit.

 

UN PACTO A FAVOR DE LAS MASAS

UN PACTO  A FAVOR DE LAS MASAS

La prensa en la difusión y comprensión de la cultura. 

Lic. MERCEDES RODRÍGUEZ GARCÍA,

Profesora de la Facultad de Humanidades, especialidad Periodismo, Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas

Si un pueblo goza de experiencia, aún urgida de perfeccionarse en última instancia, en la producción y reproducción de su cultura nacional en los medios de difusión, es el cubano. Sin embargo, cuán distantes están nuestros medios de difusión de alertar, puntualizar y criticar acerca de los principales postulados de la Cultura Cubana.

En este artículo se ofrecen precisiones al respecto, válidas en momentos de cavilación, reclamo, crítica y opinión en defensa de la identidad y el patrimonio alcanzados.

Cuando el 10 de abril de 1999, a las 7:30 p.m. se reabrían las puertas del Amadeo Roldán, escritores, artistas y periodistas de toda Cuba, traspasamos sus umbrales para protagonizar, junto al Comandante en Jefe,  un histórico pacto con la cultura, rubricado esta vez con corazones y oídos en el pergamino de la Música, y con el timbre inconfundible de la Orquesta Sinfónica Nacional.

No se trataba de un concierto más; tampoco, de un programa conformado teniendo solo en cuenta lo selecto del auditorio. La intención -a mi juicio- no fue otra que fundir simbólicamente, en cuerpo y alma, a una poderosa fuerza intelectual imprescindible e insoslayable para acompañar y defender -para salvar- a la Revolución.

Desde entonces he estado meditando mucho sobre lo que se ha dado por llamar masificación de la cultura, -término que no me agrada del todo por cuanto la cultura tendrá siempre su componente elitista- y el papel que en ella le corresponde a la prensa y a la vanguardia intelectual llamada, eso sí, a conectarse con las grandes masas.

Y en este punto permítanme algunas precisiones impostergables por constituir la cultura el rostro único de la sociedad.

Si un pueblo goza de experiencia, aún urgida de perfeccionarse en última instancia, en la producción y reproducción de su cultura nacional en los medios de difusión, es el cubano. No hay que ir muy lejos en el examen de la historiografía del periodismo escrito, radial o audiovisual para hallar muestras elocuentes de importantes momentos de cavilación, reclamo, crítica y opinión válidos en defensa de la identidad y el patrimonio alcanzado desde el nacimiento de la nacionalidad.

Recuérdese en este sentido varios ejemplos: las crónicas costumbristas en El Nuevo Regañón de La Habana, las de Luis Victoriano Betancourt en La Habana Elegante, las aparecidas en El Fígaro -todas en la etapa colonial-, así como las de Carteles, Bohemia, Avance, El Mundo, Hoy, hasta nuestros días. Por supuesto, descuento radio y televisión como medios nacidos en este siglo.

Sin embargo, qué es cultura sino un carácter coherente, unitario, humanitario, independiente que ofrece su variabilidad -en signos positivos de enriquecimiento de las tradiciones de una sociedad-. La cultura, entre todos, es sinónimo de humanidad, de cubanía y encuentro con las particularidades más progresistas del saber y conocimientos universales. Como periodista me siento obligada a reconocer aquí cuán distantes están nuestros medios de difusión de alertar, puntualizar y critica acerca de los principales postulados de la Cultura Cubana, asentada en una tradición nacional, popular, humanista y universal, tal como la quería Martí, cuando esbozaba que ser culto es ser libre, en el constante batallar por la soberanía e identidades de los pueblos.

Años atrás, el profesor González Manet al abordar el tema - sobre todo en el campo en que se mueven los periodistas y comunicadores, incluso artistas e intelectuales, indicó que Cultura "además es información, conocimiento y ejercicio de los valores sociales" hábitos y normas consagradas por prácticas que identifican el modo de vida de una comunidad".

Y podría continuar citando textualmente en torno al tema a personalidades cubanas y extranjeras distantes y cercanas en el tiempo. Más en modo alguno resulta mi intención teorizar al respecto. Si quiero, antes de entrar de lleno en materia y acercarme al rol de la prensa en la difusión y comprensión de la cultura en función de acciones inmediatas que posibiliten de manera atractiva, educar y elevar el nivel cultural de la sociedad cubana, referirme a unas palabras de Fidel Castro el 24 de agosto del pasado año, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Señaló entonces: "Un problema terrible (...) que estamos padeciendo es el de la agresión despiadada a nuestras culturas, como jamás ha ocurrido en la historia, la tendencia a la monocultura universal (...). Se trata de un orden mundial que, por definición, destruye la cultura una globalización que destruye inexorablemente la cultura (...) ¿Qué es Patria, sino una cultura propia? ¿Qué es identidad nacional, sino una cultura propia?"

De este modo, pues, me ubico en el contexto de la contemporaneidad signada por desafíos actuales de la globalización neoliberal que amenaza con imponer de manera hegemónica una uniformidad cultural empobrecedora de las identidades a la vez que se manipulan la información y la noticia utilizando las nuevas tecnologías y poderosos medios de comunicación, asuntos que fueron tratados ampliamente en los últimos congresos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).

En ambos cónclaves Fidel exhortó, tanto a los periodistas como a los escritores y artistas, a unir esfuerzos, talentos y voluntades para contribuir a sembrar ideas que se conviertan en una alternativa real y propia frente a tales amenazas.  

Sin embargo, un tanto al margen de ese intento por universalizar un pensamiento único, un receptor no participativo y acrítico, simple consumidor de la mercancía falsamente noticiosa y seudocultural, debemos reconocer que todavía nuestros medios de difusión masiva no se imbrican consecuentemente en ese contexto culturalizador intrínseco a su naturaleza y funciones.

En tal sentido gran parte de los mensajes -ya sean históricos, artísticos, literarios, filosóficos-,  carecen de la sistematicidad, amenidad, creatividad y sentido para que ese conglomerado heterogéneo y complejo  denominado masa-  por extensión, grandes masas-, lo reciba con real proximidad, de manera que lectores, radioyentes y televidentes se conviertan en receptores activos, ya que de hecho son éstos los más severos jueces a la hora de valorar sus contenidos, en ocasiones vagos, grises, tergiversados, unidireccionales, en pocas palabras, desafortunados e ineficaces.

Se habla de democratizar el discurso en dichos medios, de programas de extensión y promoción cultural. Pues bien. Para ello el hacer periodístico hay que insertarlo dentro del arte y la literatura que, por su esencia intrínseca, interpretan y evalúan las complejas relaciones sociales, abordan las sombras y las luces y suscitan la reflexión y la crítica.

Impostergable, pues, que nuestro periodismo, en el campo del análisis entorno a la cultura cubana, donde no prima uniformidad, ni nivelación estética por el carácter múltiple y diverso, se abra a la crítica, al debate, porque ello acentúa la educación y formas originales y valerosas de pensar juntos a favor de las conquistas revolucionarias. Por otra parte, más allá de lo constreñido del espacio, las salidas y tiradas, urge una revitalización en la cual el modelo institucional refuerce la producción y reproducción de la cultura cubana en cada uno de sus acontecimientos más significativos de comunicación con un público que desde hace muchos años aprendió a pensar por sí solo, sin que medien elementos que contribuyan a aleccionar su conocimiento y conducta social.

De ahí el imperativo de encontrar y poner en práctica una fórmula -pues la noble idea requiere de todos- que, superando escollos y  carencias materiales, coadyuve a la idea de llevar lo mejor del arte y la literatura a todos los cubanos.

Y en esta encomienda estratégica, los medios de difusión constituyen un instrumento fundamental, también contra esa otra fórmula de dominación, que con el aval de la modernidad pretende imponer lo frívolo y banal y usurpar los cánones contemporáneos.

No estoy diciendo nada nuevo, ni siquiera original, simplemente hago cavilaciones en torno a un documento no lo suficientemente estudiado, divulgado, interpretado y, en algunos casos, mal interpretado. Me refiero a la Proyección de Trabajo Conjunta UNEAC-UPEC

Cito la letra: "Si periodistas y artistas, capaces y conscientes de su enorme papel, en estos difíciles años de carencia económica, hemos actuado en favor de la heroica resistencia de nuestro pueblo, no es hora  para que nos quedemos atrás si de consolidar la cultura y la información se trata, exaltando los valores esenciales de la nación, lo que se potencia ahora como fuerza integrada en la actual batalla ideológica."

Y debo ir ya particularizando en el hombre "hacedor" de ideas o mensajes, máximo responsable en última instancias, de explotar las potencialidades que brindan los medios de difusión nacionales y territoriales, para dar a conocer -y no digo publicitar-, el trabajo de artistas e instituciones culturales.

Es mi criterio que, en esta lucha por reafirmarnos, debemos reconocer de manera explícita que los periodistas somos de igual modo "hacedores" de cultura. Y ejemplos de paradigmas sobran: José Martí, Pablo de la Torriente, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén....

No obstante, la realidad dice otra cosa cuando vemos a profesionales, incluso a dirigentes encargados de hacer cumplir la Política Informativa, distanciados por completo de la vida cultural de su entorno -en el más grave de los casos- cuando no del acontecer nacional e internacional, porque simplemente se "han sectorializado" -ni tan siquiera especializado- en las ramas de la economía, la producción o los servicios sobre los cuales escribe, cuando se conforman con el "dominio" del sector que atienden y restringen su universo o el lenguaje al del informe o la reunión cotidiana, cuando de forma escasa leen sus propios escritos o los de sus colegas.

¿Dónde está el columnismo en la prensa como guía para confrontar ideas y promover reflexiones sobre temáticas contemporáneas? ¿Dónde las iniciativas valiosas para afianzar el buen uso de la Lengua Española? ¿Dónde el encendido comentario capaz de levantar la polémica? ¿Dónde la atinada reseña para promocionar un buen libro, una función teatral, una obra de arte? ¿Dónde -y habría que precisar por qué- la colaboración bajo la firma del prestigioso intelectual?

Los avances del proceso de la Educación en Cuba en todos los sistemas de enseñanza y la exclusión del analfabetismo entre la población, determinan el desarrollo cultural alcanzado hasta el presente y obligan a una elevación cualitativa y cuantitativa de los instrumentos comunicativos, tal y como Marinello resaltó al referirse a que: "Nadie, con preocupaciones por las batallas ideológicas o estéticas (...) puede dejar de advertir la significación o interés por el momento cubano".

Y ese momento es "definitorio en la defensa de la identidad cultural y de la cultura nacional, apegadas a las mejores tradiciones, populares, revolucionarias, antimperialistas y martianas." Vitalidad que -como dijo-, "se logra cuando la voluntad de comunicación universal no estorba la singularidad del mensaje", ya que todo mensaje "se entiende y se acoge a su hora, si no contradice los legítimos intereses del hombre. Y cada mensaje cobra altura cuando se tiñe del más firme particularidad nacional, es entonces, cuando entrega al lector lejano el contraste comunicador que acrece su poder".

Han de acelerarse por todas las vías y medios las ideas más avanzadas que se abordaron en sendos congresos y darles continuidad, para que aquellos sustanciosos debates encarnan en políticas permanentes y, como plantea el documento rubricado por Carlos Martí y Tubal Páez, "priorizar la presencia de la Cultura Cubana desde el nivel informativo hasta los de mayor complejidad estética y conceptual e integrar activamente a creadores y periodistas en una relación dialógica que contribuya a establecer coordenadas en torno a los problemas de la cultura y de la actualidad."

De los escritores y artistas necesitamos mucho los periodistas, de los periodistas, junto a otras instituciones estatales, económicas, políticas y sociales necesitan los escritores y artistas, de y todos, necesita ese conjunto heterogéneo y complejo denominado pueblo, al que no pretendemos convertir en profesionales del arte y la literatura, pero sí en una masa culta, informada, actualizada, defensora de la identidad nacional,  no manipulable, capaz de asimilar nuestro mensaje.

 

EDITORIAL Y COLUMNA: APOLOGÍA DEL MATRIMONIO PERFECTO

EDITORIAL Y COLUMNA: APOLOGÍA DEL MATRIMONIO PERFECTO

Lic. EDUARDO MONTES DE OCA, 

Periodista de la Revista Bohemia.

Aún el más cosmopolita de los mortales, el menos provinciano, habrá de reconocerlo, si inteligente y honesto: el mundo es una aldea. Porque todos somos vecinos. Los unos de los otros, al alcance de las manos... o, mejor, del teléfono, el E-mail, el fax, las teleconferencias. Un planeta constituido en desmesurada aldea. Y los aldeanos, con tendencia a homogeneizarnos en una dizque cálida cobija llamada globalización.

Claro, esa ley de la homogeneidad (en el gusto por la hamburguesa repetida ad infinitum, en el llanto tumultuoso por la princesa traicionada y luego víctima fatal de publicitado accidente...) no se cumple cabalmente en todos los planos del inefable fenómeno que nombramos vida. ¡Qué contrastes descubrimos incluso sin tensar el poder de observación!

Rememoremos, sin el pecado de la prolijidad, que el 20 por ciento de los más ricos del orbe acapara el 86 por ciento de los gastos de consumo. Y que al haber del 20 por ciento de la humanidad van a parar el 45 por ciento de la carne y el pescado, el 74 por ciento de las líneas telefónicas, el 84 por ciento del papel, el 87 por ciento los vehículos...

Lógicamente, hay quien intentará ensalzar las presuntas bondades de lo que, con desapego al rigor teórico, hemos llamado ley de la homogeneidad. Y no es que menospreciemos logros de aprehensión generalizada tales como la impronta de griegos, babilonios, egipcios y romanos; de Francia y su arte "esteticista"; de Nueva York y su "ríspido" arte contemporáneo. No. Es que la ley del contraste, de la desigualdad, se impone a la  otra, la de la homogeneidad, en una globalización santificada por algunos, no tan santos precisamente.

Ello, no obstante el enorme condicionamiento intelectual  descrito de manera clara por Ignacio Ramonet: "La comunicación, los medios de comunicación de masas se ligan (...) para, cualquiera que sea su opinión, defender un esquema según el cual la solución neoliberal no sólo es única sino que es la mejor. La idea es hacernos creer que estamos en el mejor de los mundos y, aunque vayamos mal, probablemente en otros países se está peor, y si aplicásemos otra política sería aún peor".

Ese apoltronamiento en que "este es el mejor de los mundos" fue denunciado en su momento por el irreverentísimo Voltaire, quien lo hizo carne y espíritu en un personaje de la novela Cándido o el optimismo que solía mirar a su alrededor, y mucho más allá, con lentes color de rosa. Mas la historia se repite. Si antes drama, ahora farsa. La "gran" prensa acostumbra a  encarnar al doctor Pangloss para persuadirnos de lo mismo. Y en su "descargo" asentemos que para ella este mundo tiene que ser verdaderamente ideal, por la sencilla razón de que, en él, ha devenido gran dueña, multimillonaria. Una multimillonaria vergonzante, escudada en sofismas como la libertad de expresión y la objetividad absoluta.

Y, por favor, que no nos vengan con la libertad de expresión. Los grandes medios tienen hasta su propia guerra. O sea, se involucran con ansia irredimible y obsceno desparpajo en otra: la de misiles contra antiaéreas antediluvianas y armamento ligero. Las rapiñas imperialistas no solamente se despliegan en el plano militar, sino, paralelamente y con similar interés, en el  tapiz de la comunicación noticiosa.

¿Alguien consciente habrá olvidado la censura impuesta por los personeros de la Oficina Oval a unos reporteros privados del acceso directo a los centros neurálgicos del conflicto en Afganistán, el de Iraq, y hasta de referirse al monto de las víctimas civiles de las asimétricas arremetidas? ¿Dónde queda la cacareada autonomía de la prensa? ¿Adónde se fue la tradición de pensamiento representada por el filósofo y economista Stuart Mill (1806-1873), celoso propugnador de la libertad individual y los derechos civiles? Tradición de la que siempre se han enorgullecido particularmente los norteamericanos, quienes la han refrendado en la primera enmienda de la Constitución, la cual subraya la libre expresión de las ideas y, por tanto, la libertad de pensamiento.

La "displicencia" respecto al manipulado caso de los cinco cubanos literalmente secuestrados en los Estados Unidos se torna prueba (una más) de la manera desinhibida con que la des-comunicación, más que comunicación, de la gran prensa obvia los pilares en que supuestamente se afinca. Porque ésta -digámoslo abiertamente- a la postre cierra filas con la clase política, y denuncia lo erróneo, lo inhumano, solo hasta tanto, o hasta donde, sus propios intereses no sean perjudicados. Es repulsivo saber que, mientras analistas de valía revelaban que la guerra contra Iraq mandaría a la baja los mercados del mundo y que, de extenderse, como se está extendiendo, causaría estragos incluso en la economía gringa -sector turístico, líneas aéreas, aseguradoras, inversionistas-, se constataba que se beneficiarían, y se benefician, junto con las petroleras, ¡las compañías de los medios de comunicación!

Pero ¡cuidado! Lenin nos lo enseñaba desde 1916, en célebre obra titulada Qué hacer. La propaganda capitalista acumula suficiente oficio como para pasar por objetiva, neutral, a los ojos de gente ávida por encontrar la brújula en un universo en que, paradójicamente, la información tiende a embridar el entendimiento, por desmesurada, y por descontextualizada.

Ese oficio de quienes se han lucido defendiendo el ya viejo régimen atonta al extremo de que una ancha franja de terrícolas se resiste a creer algo que los discípulos de Marx, los periodistas cubanos entre ellos, damos por hecho: objetividad y partidismo pueden ir de brazo todo el camino cuando el partidismo atañe a los grupos sociales premiados por la historia con un futuro cierto. E irán partidismo y objetividad también de brazo en el caso de la filosofía, la ideología, la política  de los mencionados grupos humanos.

Claro que esto resulta sospechoso... para gente acostumbrada al canto de sirenas de la neutralidad que difunden los medios de comunicación del capitalismo. Medios que se regodean, por ejemplo, en la separación, maquiavélica más que metafísica, de periodismo informativo y opinión. Como si la información fuera aséptica, "incontaminada" de una opinión que se decantaría por un partido u otro, por una u otra corriente de pensamiento, por distintos modo de ver la vida.

Y lo hacen bien. Y creo que, de cierto modo, nos superan en el cometido. Porque a menudo nosotros yacemos en la punta contraria de una madeja que habremos de desenredar de una vez por todas si queremos triunfar en la lucha ideológica luego de sonados sismos como el derrumbe del Muro de Berlín y el estrepitoso desbarranco de un ente de augusto nombre -¿recuerdan?-, el socialismo real.

En ese entrecruzar de aceros en el campo de las ideas a que me refiero, el género periodístico que nos convoca tiene una importancia señera. No vengo aquí a contar la historia del editorial. Menos, ante alguien como el conocido conocedor -y valga la cacofonía; pensemos que intenté una benéfica aliteración- que es Julio García Luis, de cuya obra Géneros de opinión me asisto para puntualizar algunos asuntos. "En la prensa socialista, los editoriales no se sustentan en un objetivo y un sentido ético abstractos, no responden a intereses económicos privados, no reflejan posiciones de grupos o minorías sociales dominantes (como en la otra). Se crea, de verdad, la posibilidad de que el editorial sea portador de un análisis más profundo e integral de la realidad, y que sus puntos de vista se correspondan con los objetivos de las grandes mayorías populares. El editorial asume una posición política e ideológica nítidamente definida", en contraste con la asumida allá en el otro sistema.

Pero ¿esa nitidez de estío tropical se reflejará allende los mares, en la opinión pública internacional? Partamos del supuesto de que no, para, incluso en el caso de que nos equivocásemos, bregar por sobrepujarnos a nosotros mismos. Planteándolo de otra guisa: ¿Cómo encauzar las evidentes verdades de nuestros editoriales en ese derrotero proceloso y competitivo de la información internacional, vía Internet, las ondas hertzianas, la TV, o la imprenta? ¿Cómo hacer más creíbles los argumentos?

Bueno, en sobresaliente término, obviamente escribiendo editoriales, de los que carece en la dosis adecuada esta prensa nuestra de cada día, como "caída del cielo", conforme al criterio de un destacado periodista y escritor uruguayo de izquierda, criterio que, en cotarros profesionales vernáculos, comparte más de uno. Y no entramos a discutir si basta con los editoriales de agitación política, movilizadores, que publica Granma, muchos de los cuales, por su importancia, son ampliamente reproducidos. Tampoco pondremos sobre la arena de la polémica la necesidad de un editorial que, en el estilo propio y con el perfil particular del órgano que lo dé a luz, se incorpore a la batalla de razonamientos a que nos convocan los tiempos actuales.

Sentada, y aceptada, la premisa de que resulta harto necesaria la existencia de los editoriales, o de mayor cantidad de editoriales, porque ralean en nuestros medios, sigamos en la cuerda de pensamiento establecida en estos renglones. ¿Cómo hacer más plausibles, creíbles, los editoriales que deberían anidar con más asiduidad en los medios cubanos? ¿Separando, metafísica, maquiavélica, estrictamente información y opinión? Creo que esto sería vitanda falacia en el caso de aquellos para quienes objetividad y partidismo son anverso y reverso de una misma pieza numismática. Para los periodistas cubanos, sí.

Como las posibilidades de insuflar mayor plausibilidad, credibilidad, a lo que escribimos concitarían fuerzas nutridas y gregarias, y se realizarían paulatinamente, sólo me atrevo a anotar que podríamos estar obviando una fructífera hermandad, un insustituible par dialéctico. La pareja de editorial y columna bien podría constituirse en el eslabón hallado. Porque, a todas luces, estamos careciendo de algo más que del editorial en la medida que precisamos.

Admitámoslo: estamos desfasados. Mientras en el mundo la columna se ha convertido en eso mismo: columna. Columna sobre la que descansa la poderosa arquitectura de un diario, en papel o digital, una revista o cualquier otro medio, la prensa cubana -con honrosas excepciones, tales el diario Juventud Rebelde, en el ámbito nacional- se permite el lujo de prescindir de esa vaca sagrada del periodismo que es, y que debe ser, el columnista.

Como la primera ropa oreada debe ser la de casa, y como no deseo que se me acuse de francotirador, o hipercrítico ayuno de visión sobre las faltas propias, tomaré de pábulo para el análisis, de "material de estudio", a mi querida Bohemia, que, por cierto, no se ha hecho del premio de la opinión en ninguna de las ediciones del Festival Nacional de la Prensa, a pesar de ser la publicación periodística de interés general que más de este género desborda, quizás por haber abandonado la saludable práctica de la columna como generalmente se concibe -un espacio personalizado y de habitual aparición.

Tronábamos en el último Festival de la nonagenaria revista. Hasta inquiríamos: ¿Será que aquí la igualdad se ha trocado en su triste remedo, incluso su negación, o sea en el igualitarismo? ¿Tendremos miedo del despegue de alguna que otra individualidad, como si en el subsconciente de este colectivo se pretendiera para cada uno la mezclilla azul que uniformaba a los chinos de la Revolución Cultural?...

Blasfemia política y profesional o no, el hecho a que se refiere permanece incólume. Insistamos en la interrogante: ¿Dónde están los columnistas de Bohemia? Ese gran filósofo que es Perogrullo no dudaría un segundo: Bohemia se ha quedado sin columnistas. (Con su habitual crítica de televisión, Sahily Tabares vendría a ser la golondrina solita en grima, puede que deseosa de que se le unan otras, para hacer verano.) Quizás Perogrullo tense la memoria y evoque algunos de los últimos mohicanos: Mario Kuchilán Sol, quien fustigaba los males de la república burguesa asido de un lenguaje de subido color, donde el neologismo y la arrimazón barroca se codeaban para trasuntar una recia personalidad artística... Fulvio Fuentes, quien, para desnudar al Tío Sam, se servía de proverbiales ironía y cultura.... Luis Sexto, quien se crispaba, en defensa de la Revolución cuando más de uno -quizás furibundo o despistado admirador de la Perestroika- lo tachaba de utopista, de ultraizquierdista miope, sin tomar en cuenta que, con ese su lenguaje señorial, incisivo, era tan abogado de la Revolución como fiscal de los errores de los revolucionarios.

Me distraigo. ¿Dónde están los columnistas? ¿Ya no contamos con nadie capaz de bogar con suerte lo mismo en el piélago de la crónica que en el del comentario? ¿Nadie es capaz del estilo personalísimo que exige la columna? No lo creo. De sobra sabemos que Bohemia dispone de toda una caballería, y no de simples infantes. Y no es que genios de la pluma se hayan confabulado para concurrir a sus predios. No. Es que el relativamente amplio espacio editorial y la frecuencia -salimos cuando los sucesos ya no son noticia, lo que impele a buscar ángulos novedosos y pulir renglones- obligarían a aventajarse a sí mismo al más adocenado redactor, si los hubiera, por supuesto.

¿Escriben igual la docta Elsa Claro; la aguda Maggie Marín; el desenfadado Toni Pradas; la Caridad Carrobello de oficio más sólido que una columna del Partenón -y volvemos a la columna-; el hondo Ariel Terrero ; la lírica Azucena Placencia; o Néstor Núñez, el de la mente pronta, el magín insomne? Ni soñarlo. Cada uno es bien diferente, y diferenciable. Porque tras ellos, y de otros cuya relación haría interminable esta nota, hay lo que muchos tratadistas denominan estilo. Estilo como muestra fehaciente de sí mismo. Estilo como una de las hipóstasis, o apariciones, de la personalidad. Y para ser columnista -ustedes lo saben mejor que yo-  hay que tener estilo. Por consiguiente, ejercer un periodismo llamado literario, el cual, a juicio de un profesor cubano, juicio que comparto, radica mayormente en narrar y no relatar.

En Bohemia, casi siempre se narra. Carlos Piñeiro, el avezado subdirector editorial, no se cansa de proclamarlo. Él puede mostrarnos trozos de textos como copiados de excelentes novelas.

Entonces, hay periodismo literario; entonces, hay estilo, más bien estilos; entonces, hay columnistas. Y ¿dónde están esos columnistas?, me repito. ¿Murieron con Kuchilán y Fulvio? ¿Se marcharon de Bohemia con Luis Sexto? Que no, caramba. Están por aquí, o por allá. Porque Bohemia, considero, es uno de los lugares que han trascendido el manual de técnica periodística de Benítez.

Excelente libro, sí, para leerlo desde una perspectiva dialéctica, pues fue fruto de una concepción válida pero no totalizadora del buen periodismo. Quien atisbe en derredor hallará que, hoy día, la información de diario, de revista, no podrá ser la misma que la de agencia, tan anglosajona ella; y que la crónica, el artículo, el comentario, el reportaje, se han entreverado, se han trenzado de una antes inimaginable manera, al punto  de que ya no se pergeñan con fronteras tan discernibles como antaño. Porque las fronteras de los géneros se difuminan. Los géneros se hibridan, o "bastardean".

Cambian, al compás de la vida. En Cuba, quizás cambien hasta... al compás del son. En Bohemia hay estilos personales, distintos. Por ende, hay columnistas. Y ¿dónde están los columnistas?, me obsesiono. No están como la Ma Teodora, cortando leña. ¿Estarán maniatados por unas normas como venidas de la comba celeste, normas proclives a coartar la libertad de estilo? Quizás un poco. Porque le zumba que uno escriba algo como -y esto es un ejemplo hipotético- "la humanidad tiene la culpa; mientras ríe, bebe, se solaza en el amor, los niños están muriendo allá en Faluya, etc"; le zumba, decía, que alguien se escandalice: "¿La humanidad? ¿Tú tienes la culpa? ¿Yo tengo la culpa?"; y que ese alguien ordene: "No, hermanito; pon ahí que "parte de la humanidad tiene la culpa". Sí, le zumba que ese alguien se escandalice habiendo comprendido -porque nadie es bobo- que lo de la humanidad toda es una hipérbole, exageración propia de un estilo, y de todas maneras se entregue a la censura más trivial, irrisoria.

Triste. ¿Censurar ese tipo de cosas relacionadas más bien con el estilo en nombre de qué? ¿De la decencia? ¿De la corrección política? ¿Del paternalismo? Los medios de prensa dando papilla en lugar de alimentos sólidos para que ese pueblo "ignaro e infantil" no se indigeste. Porque quien piense que al pueblo hay que dar todo masticadito entiende que el pueblo es ignorante, y se considera superior a él. Y adocenará con eso de "escribe sencillo, lo más sencillo", como si no fuera este uno de los pueblos más instruidos.

Y como si en Bohemia la diversidad no hubiera propiciado el desembarco de plumas de vuelo y de adjetivos inusitados, de preeminentes columnistas, tales un Roa que, por cierto, escribía "huesa" y no "osamenta" o "esqueleto", o "huesos"; o un Marinello que no se obligaba a explicar si se refería a una conversación "peripatética". Sacad por el contexto, respetados lectores de Bohemia, podría ser la contestación de esos insignes. Insignes como el Mañach de bruñido lenguaje desde los años 20 ó 30, en medio de tantos y tantos iletrados.

Abogar por la homogenización de los estilos sería como abogar por elcercenamiento de estilos... Pero caigo en el circunloquio, yo que me declaro amigo de los atajos en los viajes y del golpe recto a la cara en el boxeo. Me dispenso una anécdota personal, ya que estoy charlando desde la experiencia más que desde una bibliografía. Tengo una sección -¡caramba, por poco me jacto de ser columnista!- en uno de los más importantes diarios digitales alternativos en Español, Insurgente, nacido de la revista Cádiz Rebelde. Una nota del director y del jefe de redacción nos comunicaba, con otras palabras: En las informaciones, nosotros corregimos como el que más; pero afinad la puntería en la opinión, que apenas tocamos, pues vosotros sois los responsables.

Esto es lo que se debería preceptuar: la responsabilidad de la columna. Si hay confianza. Y ya que estoy pidiendo, pido más, aunque me quemen. Pido que la columna no se restrinja a temas políticos -de suyo, tan encorsetados. Pido que la columna trate de lo humano y lo divino -posible vida extraterrestre; farándula; crónica de remembranzas; costumbrismo a pulso; economía; problemas de resonancias filosóficas, antropológicas, historiográficas, literarias, artísticas, científicas...-, porque "quien sabe sólo de medicina, ni de medicina sabe", dijo un gran hombre; y "quien escribe sólo de política, ni de política escribe", parodio yo, un advenedizo.

Compañeros, esto que apunté sobre la publicación que me cobija, Bohemia, podría repetirlo al respecto de la mayoría de nuestras publicaciones, donde la columna significa desiderátum, que no concreción. Estamos perdiendo un arma de proverbial influencia.

Porque de eso se trata: de influir. Todos hemos escuchado que el New York Times de fin de semana posee el mismo volumen de información que la suma de lecturas de un hombre culto del siglo... XVI o XVII. No comprendo muy bien cómo se mide eso, pero me complazco en reproducir una conclusión científica. Bueno, en un mundo en el que la información amenaza con asfixiarnos con sus miríadas de tentáculos, se ha comprobado, encuestas mediante, que los lectores prefieren recurrir al columnista, figura prodigiosa que ordena en la barahúnda de la información, condensa ésta y la ofrece en el más particular de los estilos. Desafortunadamente, es así. Y subrayo: "desafortunadamente", porque resulta peligrosa esa fe en alguien. A mi mente viene el espectro de la influencia perniciosa de los intelectuales orgánicos de la globalización neoliberal, de la contrarrevolución universal, provistos de las artes y las armas del columnismo. Vade retro, Satán... pero ¡alto ahí! No caigamos en ingenuidades. No osemos eludir la pelea, ni desdeñar sus armas.

Hagámonos de columnistas. De gente que, con su experiencia; su tendencia renacentista en el sentido de espigar en disímiles temas; su propensión a la búsqueda de relaciones, esencias, rasgos distintivos de la realidad; su deseo de servir, y ¡su estilo!, diferenciable y recio, armónico o agudo, frondoso o podado de exuberancias; su estilo único, irrepetible; su estilo con mayúsculas, contribuya en el lector al ascenso espiritual, en política, ideología, ética, conocimientos, así como al ascenso propio, del homo escribiente -y el término será del quechua, porque del latín no es-, por intermedio de la investigación, el esfuerzo, vertidos en unas páginas hirsutas o aterciopeladas, en las que una foto nos mire de hito en hito y nos reafirme en la percepción de que ese columnista es nuestro amigo...

Si en una ocasión me pregunté dónde están los columnistas de Bohemia, a estas alturas puedo responderme que ya están. La dirección ha tomado cuenta del reclamo, así como el de los editoriales. Ahora esa misma pregunta, ¿dónde están los columnistas, los editorialistas?, se dirige hacia buena parte de las publicaciones cubanas, con la convicción de que el editorial y la columna se erigen, juntos, en uno de los más apreciados arietes con que derruir los muros de la fortaleza medieval que es el descreimiento en la opinión pública internacional. La aparición de este par contribuiría a que el ciudadano común, el hombre que algún filósofo denominó unidimensional, aquel que escucha el canto de sirenas de la mass media (Falsimedia, la han bautizado), se diga allá, donde debemos conseguir mayor crédito: "Mira para eso: hay columnas y editoriales; al menos los columnistas dirán lo que piensan, pues el editorial refleja el punto de vista de la publicación".

Y ¿dónde están los columnistas y editorialistas de este país? Están, sí que están. Sólo que esperan aldabonazos más vigorosos que estas palabras para apropiarse de las páginas de nuestras publicaciones. ¿Qué dónde están? Esperando despertar de la hibernación para sumarse al festín de un periodismo que vendrá, algún día, indefectiblemente. Al menos, ese es mi credo. Y que venga el debate.

            

¿ESTILOS SIN FRONTERAS?

¿ESTILOS SIN FRONTERAS?

Tendencias en los estilos de las agencias internacionales AP, Reuters, AFP, EFE, IPS y PL

Licenciados IVET GONZÁLEZ LEMES Y LUIS BRIZUELA BRÍNGUEZ,

profesores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

La era digital reformatea las agencias. ¿La gran empresa periodística?, ¿El templo de la objetividad?, ¿La más precisa, rápida y veraz?, ¿Corresponsalías en casi todo el mundo?, preguntas como estas vienen a la mente cuando se mencionan las agencias de noticias internacionales. Si buscamos información de actualidad en Internet, aparecerán muchas de estas siglas, tan conocidas en el mundo entero: AP, AFP, Reuters, EFE, PL, IPS...

Las agencias del siglo XXI realizan, casi exclusivamente, todo el trabajo reporteril y buscan ofrecer un producto comunicativo que satisfaga las necesidades de los medios, sus clientes. Su figura más importante, el corresponsal, todavía representa el símbolo imperecedero de profesional dedicado, perseguidor incansable de la noticia. El heredero de los menanti, novellanti, rapportisti o gazzettanti, recorre innumerables geografías, sin la pluma y el papel de antaño; ahora compite por la premisa armado con celulares, ordenadores y cuanta invención digital, que acorte las distancias y el tiempo con rapidez de conexión.

Desde su surgimiento, los adelantos tecnológicos han influenciado el estilo de las agencias informativas, y a la par, han ampliado sus horizontes comerciales. Si en sus inicios, gracias al telégrafo y los altos precios de su servicio, la agencia norteamericana AP inauguró la estructura de pirámide invertida encabezada por el lead, en los tiempos de Internet puede estar gestándose en las agencias una nueva forma de hacer periodismo.

Previo al comienzo de la era digital, la aparición y desarrollo como Mass Media de la Radio y la Televisión, provocaron un redimensionamiento del trabajo de las agencias y del propio diarismo. Las revistas innovaron en una nueva solución funcional y estilística: el periodismo interpretativo. Tanto la prensa diaria como las agencias noticiosas comenzaron un proceso de apropiación de la nueva forma, que ha alcanzado su auge mayor en nuestros días e impera en los circuitos actuales.

Con la automatización de las transmisiones se han reducido los costos, y los imperativos de concisión, síntesis y precisión que requería la agencia de antes para su eficiencia empresarial, ahora se flexibilizan e influyen en la manera de elaborar la noticia. Aparecen despachos con características nuevas que se salen de los rígidos marcos del estilo informativo tradicional, y se incursiona en la interpretación, hasta violar la frontera con lo editorializante. De la información pura, directa, escueta ha pasado a notas enriquecidas con antecedentes, contextos e incluso, a la evaluación y la estimación de los hechos.     

Breve espacio sobre le estilo cablegráfico

El estilo es la manera de ser, de proyectarse hacia el exterior. Es la identidad, la singularidad que permite la diferenciación. Pero en el caso de las agencias, cabría preguntarse, cuál es su estilo.

"El periodismo de las agencias de noticias tiene una cantidad de aspectos específicos que no han sido tratados aun en el mundo literario de una forma sistemática y comprensiva" (Haskovec y First, 1984: 7). La aseveración de los autores checos describe aún la producción teórica sobre el estilo y otras cuestiones relacionadas con las agencias de noticias.

Las demandas de los clientes influyen en los modos de expresión, en las reglas y normas de selección que condicionan la elaboración de los textos de las agencias. El lenguaje cablegráfico se distingue por la búsqueda de la máxima neutralización expresiva de sus textos, para satisfacer con un producto general las expectativas de los diferentes medios de comunicación.

La actividad de la agencia está enfocada sobre temas actuales de naturaleza informativa. Su trabajo "trata sobre noticias de sucesos de cierta importancia, combinada con la rápida interpretación de eventos políticos y económicos" (Ibíd.: 11). Como las agencias de noticias se dedican principalmente al suministro de información actual, "predominan en ellas aquellos elementos típicos del estilo informativo en general, especialmente presentación de los hechos, brevedad de expresión, énfasis e inteligibilidad" (Ibíd.: 15)

De acuerdo a la visión clásica de las agencias informativas, solo se explota en su cast diario las potencialidades del estilo informativo. Desde los finales del siglo pasado, el estilo interpretativo se posicionó en los medios de comunicación, especialmente en los periódicos y revistas, y hasta influyó en el trabajo de las agencias. Durante la década del ´70, "también las agencias de prensa combinaban el periodismo informativo con el interpretativo, abandonando el monocultivo del primero que tantos días de gloria le había proporcionado"  (Sanmartí, 2003: 334).

La visión de Sanmartí desliza sobre el tapete una realidad sobre las prácticas actuales de las agencias, que no se ha estudiado con el suficiente énfasis: la apropiación que han hecho ellas del estilo interpretativo. De acuerdo a las ideas de este teórico, en la actualidad las tendencias estilísticas de sus textos deben oscilar entre el informativo y el interpretativo.

Los autores checos destierran el estilo ameno o folletinista del trabajo de las agencias; pero puede explotarse dentro de los servicios especiales, que ofrecen todas estas compañías. Lo mismo sucede con el estilo de solicitación de opinión, reservado exclusivamente para los servicios especiales, donde no se evidencia el estilo cablegráfico en toda su propiedad.

Es en el cast diario donde se diferencian las reglas de selección del lenguaje, privativas de las agencias, aquellas que las distinguen de los modos expresivos de los otros media. Sus normas de elección, desde su surgimiento, se establecen y cambian en consonancia con los cambios sociales, muy específicamente los cambios tecnológicos.

La estrecha relación que mantienen los dos estilos permitió que la inclusión del interpretativo no rompiese con las exigencias del lenguaje cablegráfico,  caracterizado por la reducción al máximo de la expresividad de vocabulario. Ambos estilos buscan presentar los hechos de la forma más imparcial y verdadera, aunque el interpretativo se corresponde con un concepto diferente y amplio de la noticia.

Otro factor que permitió la asunción del interpretativo fueron las posibilidades de los adelantos tecnológicos. Con la tecnología digital se abarataron los costos de transmisión y aumentó el alcance y calidad a la hora de enviar los productos de la agencia a los clientes. El soporte digital permite un tratamiento de la información rápido, tanto por parte de las agencias como de los clientes.

Si antaño el reportero debía desechar elementos de las noticias de importancia secundaria o terciaria, ahora pueden ser incluidos, quedando a decisión de los clientes cual elemento usar. La extensión de los despachos ofrece mayor margen al desarrollo de los acontecimientos, y pueden incluirse textos interpretativos, que exigen más espacio que las notas informativas tradicionales.

Para los teóricos checos, el estilo de las agencias posee elementos típicos resumibles en la presentación de los hechos, la brevedad de la expresión y el énfasis en la inteligibilidad. Estos rasgos del estilo cablegráfico mantienen actualidad, pero con otros matices.

La presentación de los hechos ha sufrido transformaciones por la introducción del estilo interpretativo. La agencia ha abierto sus pautas, cubre los anuncios de hechos, y realiza predicciones: los criterios de actualidad son menos rígidos.

Los modos expresivos de estas empresas todavía abogan por la presentación objetiva de los acontecimientos, reflejada en la elección de instrumentos lingüísticos como la prioridad de palabras o frases del lenguaje periodístico, ante otras de estilo literario. Todo esto encaminado a cumplir la función informativa, caracterizada por difundir hechos desconocidos, de la forma más objetiva posible y determinada por la ausencia de juicios, opiniones o apreciaciones personales sobre el hecho.

De todos los medios de comunicación, es la agencia quien opera con el criterio más acérrimo de rapidez. Ella satisface las necesidades de información de los medios que tienen como receptores al público en general. Si una agencia reporta con más rapidez que el resto, alcanzará valor de suministradora eficiente, y aumentará el número de clientes. El estilo cablegráfico subraya la necesidad de una formulación breve, del estilo conciso, que suscite estandarización, para lograr una transmisión rápida.

La claridad es un rasgo del estilo periodístico en general, y en la agencia debe seguirse con mayor rigor. Ella se perfila como expresión al alcance de todos, pensamiento diáfano, conceptos precisos, sintaxis correcta y vocabulario asequible; y se logra cuando "pensamiento del que escribe penetra sin esfuerzo en la mente del receptor" (Marín y Leñero, 1990: 47).

En las agencias de noticias se cultivan los estilos informativo e interpretativo, caracterizados por presentar los hechos de manera objetiva -sin abusar del término-; pero reconocen la imposibilidad humana, y por tanto periodística de aprehender todos los elementos de la realidad. El estilo no constituye garantía de objetividad. Por esta razón se maneja el criterio de intencionalidad, el cual, en el caso de las agencias no debe exceder los límites de lo evitable. Toda intromisión latente y directa de la subjetividad del redactor debe desecharse del despacho cablegráfico.

La intencionalidad constituye "la valoración que realiza el reportero de elementos de la noticia y el ordenamiento en función de esta valoración, llevan implícita una determinada carga ideológica. La omisión o postergación de uno de ellos o, por el contrario, el resaltamiento de otro, da al receptor un mensaje con determinado valor político-ideológico"  (Ibíd.: 49).

Si recordamos lo planteado por los estudiosos sobre la confusión entre estilo interpretativo y de solicitación de opinión en la praxis periodística, en las mismas agencias puede manifestarse la tendencia negativa hacia modos editorializantes, reservados solo para los servicios especiales.

Nuestra investigación no cierra el espectro de posibilidades: el estilo de las agencias puede inclinarse, en la práctica diaria, hacia modos expresivos propios de la información, la interpretación o la opinión.    

El escalpelo frente a las empresas periodísticas

Las incisiones que realice el investigador en su objeto de estudio deben regirse por un profundo conocimiento del tema, así su escalpelo se dirigirá a los lugares más sensibles, y científicamente ricos en resultados. Para lograr una sistematización lo más fidedigna posible de los elementos indicadores de los rasgos estilísticos, nos planteamos los siguientes objetivos:

- Definir las tendencias en el estilo de la producción cablegráfica actual de las agencias informativas internacionales AP, Reuters, AFP, EFE, IPS y PL.

- Estudiar y analizar el discurso periodístico de las agencias teniendo en cuenta algunos componentes lingüísticos.

- Determinar los soportes de mayor empleo en la estructuración de los textos de las agencias.

- Determinar cuáles géneros periodísticos predominan en el cast cablegráfico cotidiano de las agencias internacionales AP, Reuters, AFP, EFE, IPS y PL.

- Analizar en qué medida los libros de estilo tributan, influyen y condicionan las tendencias en el estilo de las agencias.

Después estructuramos una metodología cuali-cuanti que nos permitió adentrarnos desde diferentes ángulos en el objeto de estudio, los cuales enriquecieron y confirmaron las apreciaciones que sobre el estilo de las agencias ofrecemos a continuación. Los instrumentos que estructuramos fueron un análisis de contenido cuantitativo, la investigación bibliográfica-documental y la entrevista en profundidad.

Las incisiones revelan nortes

Los resultados arrojados después de casi un año de pesquisas y análisis nos permitieron indicar toda una serie de nortes que indican el camino de las actuales agencias de información internacional.

A pesar de las transformaciones por la era digital, el estilo predominante en ellas sigue siendo el informativo-interpretativo, el cual ocupa el más vasto volumen de sus elaboraciones diarias.

De esta manera, los postulados del periodismo más tradicional, siguen vigentes después de casi dos siglos de puestos en práctica, demostrando su validez y oportunidades para la descripción noticiosa de los sucesos.

Al mismo tiempo, se está dando un fenómeno nuevo que es la aparición de agencias dedicadas, ya no a proveer de la primicia informativa, sino abocadas a esclarecer, ahondar y proyectar todas las aristas de un hecho noticioso. IPS es un buen ejemplo que nos satisfizo incluir en nuestras pesquisas.

Del resto de las agencias, las que incluyen con un poco más de intensidad los matices interpretativos son AFP y Reuters, aunque prima la tendencia informativa. Esto se avala por la proporción de los soportes explicativos y juicios lógicos, un poco mayor que en EFE, AP y PL, en las cuales los modos expresivos de la fórmula

Times se manifiestan parcamente

No obstante, se aprecia como la interpretación sigue ganando terreno dentro de esta industria noticiosa, concretamente en las empresas de información general que explotan acontecimientos al instante. La introducción considerable de antecedentes, contextos y juicios lógicos reafirman la reflexión anterior, más aún si recordamos la tradición informativa centenaria de las agencias de noticias, inaugurada por la Associated Press.

En la nota informativa, la interpretación se ha colado más bajo los predios de la información, que desgajada de toda actitud descriptiva rectora. Los antecedentes y contextos ganan espacio en las notas informativas, al punto que detectamos juicios lógicos de los reporteros a medida que la información desciende, momento donde cobra auge el background.

La Inter Press Services abandona esta directriz, pues su trabajo solo responde a las estructuras interpretativas. La supeditación de elementos del estilo interpretativo bajo cualidades descriptivas suele manifestarse comúnmente, en las empresas inclinadas hacia la información al minuto.

Sin embargo, esta apuesta por la contextualización y proyección de las noticias, no se corresponde con una utilización amplia de todas las posibilidades y recursos que brinda el estilo interpretativo.

El abundante espectro de razonamientos lógicos, que desde la génesis del periodismo explicativo se ha ensanchado, encuentra un aprovechamiento menguado en la producción cablegráfica general. IPS, aunque se dedica medularmente a la interpretación, concentra su labor en las facilidades explicativas de los analíticos y sintéticos para mantener en menor escala, o nula, la presencia de hipotéticos y disyuntivos.

Reuters, por su parte, emplea en índices bastante altos los juicios hipotéticos, y en un segundo lugar los sintéticos y analíticos. PL y AP abogan por pronosticar y analizar con bajas intensidades, mientras AFP se proyecta hacia el futuro y ahonda en los acontecimientos con porcentajes considerables.

A esto se suma el insuficiente empleo de géneros interpretativos en la producción informativa -sólo relatos en profundidad, y en menor medida reportajes o entrevistas-: estrechez indiscutible del horizonte de posibilidades de los rasgos de ideación. En el caso de IPS solo emitieron relatos en profundidad, aunque su manual estilístico estipula la realización de entrevistas y crónicas, ausentes el día de nuestras pesquisas.

Por ello, nos atrevemos a afirmar que las agencias estudiadas están dejando escapar la posibilidad de ofrecer aristas disímiles de cualquier hecho, profundizarlos en mayor medida y hacer de ellos un faro, que a la vez de ofrecer diferentes luces esclarecedoras, sirvan de punto focal para dilucidar lo anterior, lo presente y las proyecciones de un suceso.

Pero en este singular panorama, comienzan a aparecer en el cast marcas del estilo editorializante, lo cual supone una tendencia hacia la inclusión de valoraciones subjetivas de los periodistas en un flujo que, tradicionalmente, se tuvo como paradigma de "objetividad" y "neutralidad" informativa.

Resulta significativo que, de las diferentes categorías y subcategorías que evidenciaban la presencia del editorialismo, el basamento de su desarrollo dentro de la producción cablegráfica encuentra nicho en el juicio categórico.

Aunque todas de una forma u otra presentan marcas de editorialismo, son PL e IPS son las que más incluyen elementos subjetivos del periodista en la conformación del despacho. Más cercana a las anteriores se presenta EFE, mientras Reuters, AP y AFP manifiestan un poco menos las consideraciones personales de los emisores.

El caso de PL, tiene su raíz en la apropiación del comentario para presentar el hecho noticioso, lo cual se refrenda en su carta estilística. Esta práctica provoca que los rasgos de la solicitación de opinión traspasen los marcos de ese género, y contaminen a los informativos e interpretativos.

IPS, por su parte, demuestra con los altos índices de juicios categóricos que su vocación interpretativa se mezcla regularmente con los modos expresivos de la opinión. Por ende, confirma la idea de los teóricos Martínez Albertos, Emy Armañanzas y Javier Díaz Noci, que ratifican la susceptibilidad de la interpretación para solapar aseveraciones emocionales.

EFE y AFP, agencias de lenguas romances, podrían experimentar ese corrimiento hacia la emisión de juicios categóricos por el empleo de idiomas que, a juicio de Díaz Noci se caracterizan por un alto nivel metafórico y una avocación adjetival múltiple. Los casos de AP y Reuters se encuentran en franca contradicción con lo estipulado por sus libros de estilo, asentados sobre la más recia inclinación informativa directa.

Los manuales más antiguos sobre Redacción Periodística y estilo  gastan innumerables páginas en execrar todo lo que huela a adjetivación e intromisiones del yo-redactor; sin embargo, en la era de la prensa de servicios, donde se mantienen las normativas de separar opinión de información, las calificaciones marcadamente emocionales ocupan un índice considerablemente alto.

Desde hace algún tiempo, los estudios sobre Periodística reconocen la inevitable intromisión subjetiva del redactor; pero abogan por cercarla a la inevitable selección de fuentes, colocación y jerarquía de los elementos que conforman el relato. Ese adjetivo fuerte, moralizador y casi inevitable en la cultura latina, puede evitarse al máximo, así lo demuestran una buena cantidad de despachos balanceados y bien pulidos, presentes ese mismo día.

Ese cuidado por evitar la adjetivación se ha relajado un poco en la práctica: única explicación que encontramos a las alarmantes cifras de juicios categóricos.

¿Hacia dónde camina el estilo de las agencias internacionales de noticias, principales reporteras, entes presenciales de la realidad filtrada y transportada que llega al público receptor? Si los espacios se abren a la interpretación de noticias, no es para abogar por la más ligera y tendiente a la solicitación de opinión, sino para ofrecer un análisis cuidado, con predicciones variadas y fuentes de disímiles signos políticos.

Los devaneos entre interpretación y opinión hace varios años que quedaron resueltos, a favor de la unidad estilística con la información directa de la fórmula Times; sin embargo, las entrevistas con los corresponsales denotaron rezagos de la asociación errónea entre interpretación y opinión, a excepción solo de los periodistas de AFP.

Muchos despachos padecen consecuencias de la hibridación entre los estilos: se inician con el lead y mantienen la pirámide invertida durante buena parte del relato, hasta que el conglomerado de antecedentes y contextos en función analítica, la truncan, a la par que se suavizan las defensas y aparecen los juicios categóricos.

Los servicios especiales de las agencias pueden aportar todo tipo de textos. La oferta de artículos o comentarios no tiene por qué romper con la misión de estas empresas, siempre y cuando se dirijan a clientes específicos. Al menos eso está ocurriendo con IPS, según el testimonio de la jefa de su corresponsalía en La Habana.

La confirmación de nuestra tercera hipótesis, nos induce a especular que esta hibridación puede resultar negativa toda vez que la confusión entre el campo interpretativo y opinativo desvirtúa el esfuerzo exegético del relato, poniendo en duda la ética del redactor y de la propia agencia.

Con el desarrollo de este trabajo, pudimos constatar que los libros de estilo se pronuncian con relación al tema estilo de forma diferente: IPS asume su inclinación interpretativa abiertamente; AP no se adhiere a una tendencia específica, pero proscribe el opinativo toda vez que desecha el género comentario de su cast.

El resto de las agencias no explicita en sus cartas por cual estilo se inclinan, aunque lo dedujimos por los rasgos de ideación que manejan. PL incluye géneros propios de cada uno de los estilos periodísticos; Reuters junto con EFE incluyen la nota y varios interpretativos. Solo en el caso de AFP no podemos precisar si define explícitamente por cual estilo se inclina, aunque los géneros del digesto y las entrevistas arrojaron que  interpretan e informan.

La no delimitación y explicación pertinente de los estilos periodísticos que explota su agencia, podría estar repercutiendo en la calidad y univocidad expresiva de los despachos.

Creemos que la existencia de cada estilo es una razón suficiente para no mezclarlos, pues cada uno tiene su razón de ser e indica, la disposición que se adopta frente al hecho noticioso. La combinación de estos indistintamente, empaña y confunde los objetivos informativos de toda agencia, que busca la credibilidad a toda costa.

Todas las fronteras no se erigieron para violarlas, cruzarlas o vilipendiarlas. Sabemos que toda reja es una invitación en ciernes al cruce, a experimentar la grata sensación que resulta conquistar lo prohibido.

Más allá de valladares infranqueables, los límites que impone cada estilo es la premisa fundamental para que el relato dimane toda la información, sin entropías ni dislates que afecten su entendimiento. Cada relato trasluce las intenciones y fines de quien los escribió: eso es el estilo; por eso la necesidad de utilizarlo juiciosamente, sin dobleces.

Más allá del obligado y útil conocimiento, nos queda la posibilidad de incorporar a nuestra futura profesión, las mejores y más adecuadas formas de presentar un hecho, teniendo en cuenta la responsabilidad que como difusores de información y reflexiones, tenemos.

Si algo carece de límites es el respeto por la profesión, la honestidad y la superación constantes que cada profesional debe asumir, sin importar el medio al cual pertenece. Ese es el verdadero estilo del periodista y afortunadamente, no tiene ni tendrá fronteras.

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---------: Géneros Periodísticos, Ed. Paraninfo, Madrid, 1973b.

Martínez Albertos, José Luis: Curso General de Redacción Periodística, Empresa Nacional de Producción del Ministerio de Educación Superior, s/c, T I y II, 1991.

Núñez Ladevéze, Luis: Métodos de redacción. Periodística y fundamentos del estilo, Ed. Síntesis, Madrid, 1993.

Rangel Hinojosa, Mónica: El debate y la argumentación. Teoría, técnicas y estrategias, Ed. Trillas, México, 1997.

Rivadeneira Prada, Raúl: Periodismo y la teoría general de los sistemas y la ciencia de la comunicación, Ed. Trillas, México, 1977.

Rivas Troitiño, José Manuel: Géneros periodísticos en las agencias de prensa, s/e, s/c, 1999.

Sanmartí, José María: Más allá de la noticia en Redacción para periodistas: informar e interpretar, Ariel Comunicación, Barcelona, 2003.

Santamaría Suárez, Luisa; María de Jesús, Casals Carro: La opinión periodística. Argumentos y géneros para la persuasión, Ed. Fraga, Madrid, 2000.

Libros de estilo:

Normas de estilo de la agencia EFE (versión digital).

Normas de estilo de la agencia AFP (versión digital)

Normas de estilo de la agencia Reuters (versión digital)

Normas de estilo de la agencia IPS (versión digital)

Normas de estilo de la agencia PL (versión digital)

VICIOS DEL LENGUAJE EN LA REDACCIÓN PERIODÍSTICA

VICIOS DEL LENGUAJE EN LA REDACCIÓN PERIODÍSTICA

Lic. JUAN MORALES AGÜERO, 

Periodista del diario Juventud Rebelde y profesor de la carrera de Comunicación Social en la Sede Universitaria Municipal de Las Tunas.

morales@enet.cu

La redacción periodística escrita suele ser muy a menudo un auténtico ejercicio de tormento profesional. "¡Mi reino por un caballo!", dicen que exclamó, desesperado, el rey inglés Ricardo III en un célebre drama de Shakespeare, cuando estaba a punto de morir a manos de las tropas de Enrique IV. "¡Mi vida por un primer párrafo!", exclamamos, angustiados, los cronistas de la cotidianidad cuando el intelecto se resiste a tomar la arrancada frente los apremios de una cuartilla en blanco.

En efecto, tributar para un periódico es para nosotros los profesionales de la prensa como cruzar aceros con la exigencia técnica y con la rigurosidad editorial. Se trata de que la prosa de prisa, como agudamente llamó al periodismo ese gran periodista que fue Nicolás Guillén, no está solo concebida para llegar de una manera directa, sencilla, sucinta y completa a sus lectores potenciales, sino  también -y eso no es menos importante- con un nivel decoroso de factura estilística. Redactar es más que poner una palabra detrás de la otra: es escribir con apego a las normas del idioma y enunciar con claridad, elegancia y concisión lo que se pretende  decir.

Son numerosos y heterogéneos los "virus" que contaminan hoy al discurso periodístico escrito a todos los niveles. Entre ellos, tal vez uno de los más nocivos sea el  llamado lugar común, locución acuñada por Aristóteles en la época de oro de la oratoria griega y suerte de plaga léxica conocida también por las denominaciones de frase hecha, cliché idiomático y estereotipo semántico. Por estos giros debemos entender el uso indiscriminado de argumentos, análisis y juicios que, aunque  fueron inicialmente precisos y justos para definir fenómenos y situaciones determinadas,  gastaron  toda su capacidad de sugerencia de tanto repetirse y repetirse. Ninguna es capaz de ofrecer ya  una visión objetiva sobre un tema. Como funcionan en cualquier contexto, tampoco ayudan a comprender bien aquello de lo que se habla, pues su simpleza aburre al lector culto y confunde al lector ocioso.

Comenzaré con un ejemplo bastante frecuente en nuestra prensa escrita: masivo acto. ¿Dice realmente algo tan simplista y ambigua manera de describir una reunión de cierta cantidad de personas? ¿Logra alguien  hacerse una idea más o menos exacta de si fueron cien o mil los individuos participantes? Definitivamente, no. ¿Y saben por qué? Pues porque nos hemos acostumbrado a emplear la frase con análogos propósitos tanto cuando cubrimos una graduación estudiantil de secundaria como cuando reseñamos una Tribuna Abierta de la Revolución.

Otro caso notorio es el de merecidas vacaciones. Decimos: Fulano de Tal no pudo estar presente en la actividad porque se encuentra disfrutando de unas merecidas vacaciones. El lector avezado se pregunta al vuelo, suspicaz: "¿le consta al periodista que esas vacaciones son realmente merecidas? ¿Por qué las califica con esa seguridad absoluta? ¿No sería más sensato para él limitarse a decir que la persona en cuestión está, sencillamente, de vacaciones... y punto?"

Podría citar un rosario de ejemplos de parecido corte. Todos, sin excepción, padecen el mal de la pobreza léxica y del acomodamiento estilístico. Miren: personalmente, he dejado de tener en cuenta al entrevistado que ciertos colegas pretenden vender en titulares como... un digno ejemplo. Sí, asumo el riesgo de que tal vez esa persona lo sea. Pero, ¿acaso no se le endilgan esos mismos epítetos a cuanto interlocutor más o menos destacado aparece en las páginas de nuestras publicaciones? ¿Por qué abusar de un enunciado cuyo empleo  debe reservarse solo para casos excepcionales? Quien se limite a cumplir con sus deberes puede quizás ser un buen ejemplo, pero no necesariamente un digno ejemplo, que es un calificativo de talla mayor. Digno ejemplo desborda lo común. Y, como calificamos  a tanta gente de digno ejemplo, pues para el lector ya casi ninguno lo es. 

Pregunto: ¿a quiénes de ustedes se les activan las papilas gustativas cuando leen aromático grano en un material periodístico referido al café?  ¿Alguien siente deseos de tomarse un vaso guarapo cuando la letra impresa insiste hasta el cansancio en  imponernos el giro dulce gramínea en alusión a la caña de azúcar?  ¿Quién le concede ahora más importancia al agua, solo porque los periodistas nos referimos a ella como al líquido vital? ¿Acaso alguno de ustedes ha experimentado sudoraciones al posar la mirada sobre la frase ingentes esfuerzos? ¿Cuántos no hemos criticado el eufemismo larga y penosa enfermedad con que hacen referencia las notas necrológicas a algo que se llama simple y llanamente cáncer?

Y así combativa demostración, éxito extraordinario, conducta íntegra, trabajador incansable, sentida demostración de duelo, impecable hoja de servicios, fervor patriótico, merecido homenaje,  combativo acto, luctuosa ceremonia, cálidos elogios, sentido pésame, hazaña inigualable... Vale en primera instancia acuñar frases que rompan con la monotonía lingüística y contribuyan a darle color y variedad al idioma. Pero, ¿hasta cuándo vamos recurrir a su uso para describir siempre similares circunstancias? ¿Hasta cuando les vamos a dar voz para después, en un acto de cruel lengüicidio, condenarlos a la mudez semántico?

Un vicio consanguíneo con el lugar común es la adjetivación. "Los adjetivos son las arrugas del estilo", ha dicho Saramago en un lúcido ensayo sobre el idioma. Cuando los insertamos sin razones justificadas, abruman y confunden. El buen periodismo se caracteriza por la parquedad en su uso, y solo apela a ellos para escoger los más concretos, simples, directos y definidores. ¿Por qué obligar a un sustantivo a viajar por texto y contexto del brazo de un adjetivo que no necesita o le viene grande? Si calificamos a cualquiera de excelso, fantástico, eminente, incomparable, ilustre, insigne, notable, magnífico..., ¿qué dejamos después para las personalidades de primera línea? Como dijo una colega en la página cultural  del semanario Trabajadores,  "... ¿qué le decimos  entonces a Pavarotti?"

Las llamadas muletillas también se las traen.  Son frases improductivas, inútiles que no le aportan absolutamente nada ni a las ideas desarrolladas en la cuartilla ni al discurso periodístico propiamente. Todos los que ejercemos la profesión hemos incurrido alguna que otra vez en su nefasto uso. Les pondré algunos ejemplos: asimismo, en otro orden de cosas, por otra parte, ahora bien... Pruebe a eliminarlas y advertirá, sorprendido, que la redacción adquiere más fuerza y más elegancia sin la presencia de semejantes rémoras. Debemos estar siempre alertas contra ellas, pues, a pesar de someterlas a vigilancia, suelen  deslizarse  muy fácilmente.

Pero existen mucho más que lugares comunes, adjetivación y muletillas en nuestras redacciones actuales. Otros vicios acechan y conquistan desde los teclados. Hay que eludir la redacción ampulosa, tan pedante cuando la dicta una mala regulación de la autoestima. El auténtico estilo periodístico se pule no con extravagancias ni exhibicionismos, sino con mucho trabajo y con un conocimiento profundo del lenguaje,  la gramática, la ortografía, la sintaxis, y el léxico. El periodista debe evitar expresarse de una forma excesivamente literaria o excesivamente coloquial y recurrir a un vocabulario variado pero comprensible para el lector. Toda utilización del lenguaje que dificulte este propósito resultará un fracaso.

En fin, quien aspire a tener lectores debe respetarlos, y eso solo se consigue cuando se pulimenta el estilo y se conciben textos aspirantes a modelos de limpieza, claridad, exactitud y elegancia en el uso del idioma. Al final, si no amamos nuestra  lengua y no respetamos a los lectores, tampoco podemos exigirles que nos lean.

Sobre tal asunto me parecen magistrales estas palabras dichas por Gabriel García Márquez en su célebre artículo El mejor oficio del mundo: "Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente."    

 

EL MÁS HUMANO DE LOS GÉNEROS

EL MÁS HUMANO DE LOS GÉNEROS

Lic. LUIS SEXTO,

Profesor de la Facultad de Comunicación, de la Universidad de La Habana.

José Alejandro Rodríguez definió la crónica como "el más humano de los géneros". Su sensibilidad y su experiencia de cronista le han facilitado componer una frase capsular de sugerente certeza, en la que reúne  los valores típicos de ese género y la filosa brevedad del ingenio. A mi parecer, no creo que haya que seguir aduciendo argumentos para determinar qué es, en fin, la crónica. Definidamente, al clasificarla como el más humano de los géneros periodísticos estamos asumiendo que está dentro y no fuera de la subjetividad y que, al palpitar entre las fibras humanas, admitimos que se conecta con lo más íntimo, entrañable, lancinante del Hombre.

Ya por esa ruta vamos siguiendo el hilo que nos conducirá a clarificar la esencia de la crónica. Aun tropezamos teóricamente, y lo que es peor, prácticamente, cuando vamos a determinar cómo se integra o se frustra una crónica. Hemos visto -y este autor lo ha indicado en algún texto- que  se empieza a definir o a componer desde una actitud melosa, patética. Sin flores o palomas, sin arrobos o suspiros parece que nunca se escribirá o  se aprehenderá una crónica. Recientemente, viendo un documento televisivo al que clasificaban de crónica, me percaté que había confusión, no mezcla, de géneros. Confusión, que es caos. No mezcla, que combina los aportes exógenos con los endógenos preservando el principio primordial. El  material era, en puridad, un testimonio: el peso del relato recaía sobre los protagonistas de la historia. Pero los realizadores intentaron "cronicar" a través de la voz meliflua del locutor y la música casi fúnebre que discurría por debajo de la evocación que aquellos dos hombres hacían de su participación en la guerra de Angola.

No niego que  había en ese testimonio pasión, dolor, nostalgia, todos los valores que signan las acciones humanas al momento de ejecutarse y, sobre todo, en el instante de recordarlas. Pero el autor del texto televisual -imagen, sonido y palabra- se mantenía al margen. Y, por tanto, el resultado no era el eco que la historia de aquellos dos personajes suscitaba en el cronista, sino la resonancia en ellos mismos, testimoniantes de la historia.

Pienso, pues, que la crónica empieza a ser el más humano de los géneros, porque comienza siendo el más personal de los géneros. Y cuando digo "personal"no me refiero al uso de la primera persona del singular. Sé de enunciados escritos en "yo" y sin embargo no son personales: faltan el vigor, la clarividencia, la prestidigitación verbal, el original enfoque, el toque de creatividad que singularizan el estilo. Ante textos tan deslucidos, la primera persona del singular enturbia la expresión, la ridiculiza evidenciando que allí falta la personalidad fuerte, culta, que puede, en legítima apropiación, escribir metiéndose en la historia o las ideas. La crónica, pues, es el más personal de los géneros, porque predominan los efectos que el tema, la realidad, producen en el cronista.  El acercamiento, el reflejo, se concilia en el "yo", en la emotividad del cronista de modo que componga una visión amable de la vida y la gente. 

La imbricación personal no significa -como a veces estima algún criterio en un banquete de simpleza- que el cronista se erija en el ombligo del texto, o "hable de sí mismo" en lo que resultaría el más vanidoso de los géneros. El cronista es solo el pretexto para delinear lo más humano de un acontecimiento o un proceso. Y para reflejarlo intenta convertirse en el espejo que refracte los valores sensibles de la noticia. Por ello, una crónica nunca presentará panoramas, paisajes abarcadores; por el contrario, necesita de lo soterrado, lo oscuro, lo particular, allí, donde se revuelven los sentimientos más carnales -carnales por hondos-  de los seres humanos. Si la nota informativa relaciona los datos primordiales, los físicos y sociales, de un choque de trenes, y el reportaje lo narra en sus causas y acciones menos evidentes, la crónica hurgara entre los hierros retorcidos buscando la muñeca, o la fotografía familiar,  la carta nunca enviada, el reloj roto, entre el amasijo metálico salpicado en algún sitio por gotas de sangre. Esos hallazgos mínimos facilitarán el ingreso en una historia, en una felicidad, un sueño truncos por el accidente que nadie pudo anticipar aquel día, en que, como lo más humano y natural del mundo decenas de personas se acomodaron en los coches dispuestos a proseguir su vida, sin obstáculos, en un viaje a través de la noche.

Eso, quizá, sea lo más humano del Hombre. Y ninguna cámara fotográfica podrá captarlo, ni ningún otro esquema, como lo apresa y reproduce la óptica de un cronista que suele observar la realidad  con la luz microscópica de un género periodístico -también literario- que solo admite, como etiqueta, los signos líricos de  la poesía.

 

COMPETENCIA EN EL AIRE

COMPETENCIA EN EL AIRE

Un estudio del impacto de la televisión sobre la radiodifusión comercial cubana en el periodo de 1950- 1955.

Lic. YANELA SOLER,

Profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Según cuentan nuestros ancianos, a la altura de los años cuarenta del siglo pasado es todo un espectáculo observar una familia tradicional cubana. Si se refleja ese hecho en un lienzo, el resultado deviene en un clásico de la imagen familiar de entonces: las abuelas sentadas frente a la caja de madera que emana sonidos; que saca más de una lágrima tanto a la señora como a su sirvienta, en las mansiones; que vuelve locos a los niños en sus barrios, tras oír a su héroe vencer a los villanos una vez más; y hace a la mujer del campo imaginar a su galán de la gran ciudad, mientras plancha por encargo aquella montaña de ropas que casi la sobrepasa.

Los programas de las emisoras son escuchados a cualquier hora del día, gracias -en muchos casos- a las cadenas nacionales, que llevan la señal a lugares distantes en la Isla.

Los "ratings" o niveles de recepción son bastante elevados, y las curvas de audiencia ascienden en los horarios vespertinos, sin descontar otros momentos importantes de acogida, como la mañana y las primeras horas de la tarde. Hasta los primeros meses de 1950, la radio surca el éter con gran popularidad.

Mientras en Cuba la radio y la prensa escrita comparten el público, desde hace algunos años en Estados Unidos, la televisión se ha posesionado. El pueblo cubano conoce de la existencia de la televisión y especula cómo es ese aparato, que combina la imagen y el sonido, sin necesidad para el receptor de ir al cine o al teatro a disfrutar de un  espectáculo dramático.

Una mañana de enero, apenas comenzado el año 1950, los diarios anuncian las pretensiones que tiene Goar Mestre de introducir la televisión en Cuba.

Goar Mestre es el dueño del importante emporio "Radiocentro". Este hombre posee un sentido muy agudo del olfato para descubrir cuanto puede representar considerables ganancias. Graduado en 1932 de la Academia Chesnut Hill, y en 1936, de la Universidad de Yale, en Business Administration, decide poner a prueba todo lo aprendido del pragmático sistema estadounidense. A fines de la década del cuarenta viaja a los Estados Unidos para conocer del nuevo acontecimiento tecnológico.

Goar no es el único con la idea de traer las "cajas mágicas" a Cuba. Otro emprendedor, Gaspar Pumarejo, dueño de la emisora Unión Radio, decide lo mismo. Quiere hacer algo más atrevido: adelantársele a los propósitos del radiócrata Goar.

Pumarejo compra los equipos a la RCA Víctor en el Norte -con torre incluida-, y los manda a instalar en Mazón No.52, esquina a San Miguel. Pero si Mestre piensa inaugurar la televisión para diciembre de 1950, Pumarejo lo adelanta en dos meses: octubre.

El martes 24 de octubre de 1950 a las 12:30 p.m., el presidente de la República, Carlos Prío Socarrás, estrena desde el Palacio Presidencial la primera emisora de televisión cubana: Unión Radio Televisión, Canal 4 (1), tras algunos experimentos en días anteriores. Para diciembre del año 1950, lo hace el sobrio Mestre con CMQ-TV (Canal 6); aunque no inaugura oficialmente su emisora sino hasta el 11 de marzo de 1951. Cuba se convierte en el tercer país de Latinoamérica en poseer televisión, después de México (XHTV) y Brasil (PRF3-TV).

Pero, ¿qué repercusión tuvo la introducción del medio televisivo para el desarrollo de la radio cubana en la primera mitad de la década de los cincuenta? Esta pregunta fue punto de partida para iniciar una investigación que constituyó mi tesis de licenciatura en el año 2004. Para ello me propuse investigar las afectaciones que las rutinas productivas de la televisión produjeron en la radio comercial en el periodo de 1950 a 1955; estudiar la consecuencias que trajo para la radio el desplazamiento de algunos de sus actores y anunciantes para la televisión y determinar la relación existente entre ambos medios, y el sistema socio-político del momento.

La hipótesis planteada aseguraba que el impacto provocado en el ámbito social por la introducción de la televisión en Cuba, hizo languidecer, en la primera mitad de la década de los cincuenta, el desarrollo que venía experimentando la radiodifusión de nuestro país. El desarrollo de la investigación demostró que no solo ocurrió un proceso inverso, sino que ambos medios se reajustaron con el fin de sobrevivir como lo hacen hasta la actualidad.

Esta investigación ameritó una profunda búsqueda bibliográfica. Fueron analizados los resultados arrojados por las investigaciones de audiencia de la época, artículos aparecidos en la prensa sobre el tema a tratar, así como datos de interés económico, político y social. Además, se usó el método de la entrevista y del testimonio ofrecido por personalidades del mundo radial y/o televisivo. El estudio incluyó las relaciones entre los integrantes de los medios, y sus niveles de implicación con el entorno sociopolítico.

Se tomó como referencia la propuesta del catedrático español Manuel Martín Serrano -de un Modelo Dialéctico para el estudio de la comunicación-, al ser la más afín a nuestra manera de comprender los fenómenos sociales y de enfrentar el proceso de investigación científica. Su teoría sirvió para analizar la infraestructura, estructura y superestructura, tanto de la empresa periodística radial como de la televisiva.

Por lo compleja que resulta esta época en cuanto a acontecimientos importantes, que a través del desarrollo del trabajo el lector podrá conocer o recordar, se dosificó la revisión: tres meses por cada uno de los cinco años a investigar, para analizar el comportamiento de ambos medios en distintos momentos del año: enero (inicios); julio (mitad del año) y diciembre (resumen anual).

Así comenzó el descubrimiento de una de las etapas más importantes que contó con admiradores y retractores; pero finalmente demostró las potencialidades de la presencia de la televisión para el desarrollo tecnológico-social cubano.

COMPETENCIA EN EL AIRE

Entrada la quinta década del siglo XX, la llegada de la televisión cambia las cosas hasta el momento equilibradas de los medios de comunicación en el país. Si bien llega a algunos hogares en 1950, tienen que pasar muchos años para generalizar su uso de forma masiva. La situación económica de la familia media cubana no permite que durante esa época exista un televisor en casa como en la actualidad.

El nuevo medio se introduce en la isla en un momento de desgaste desde el punto de vista económico y político.

Hacia 1951, las fuerzas políticas fundamentales están compuestas por grupos segmentados. Por una parte el gobierno corrupto de los auténticos, y los tres hermanos Prío Socarrás -Carlos, Paco y Antonio- (2), en alianzas con los partidos Liberal, Demócrata y Republicano. Una segunda agrupación -desprendimiento del autenticismo- encabezada por el Viejo Grau (3), quien desde la oposición aspira otra vez a alcanzar el poder. La tercera fuerza, representada por el partido Ortodoxo; aunque esta agrupación también presenta grandes contradicciones: en muchos lugares del país su dirección se encuentra en manos de políticos tradicionales y terratenientes. (4)

Las otras fuerzas son el partido marxista, acosado y perseguido. Junto a este  ha sido también reprimido el otrora movimiento sindical cubano. La izquierda revolucionaria en Cuba no está en condiciones de presentar resistencia organizada a cualquier arreglo de los partidos tradicionales, incluyendo un golpe de Estado.

Ante semejante situación, los electores reaccionarios de Cuba desean la caída del partido favorito, los Ortodoxos. La oligarquía pro imperialista encuentra en Fulgencio Batista al hombre ideal para librar al país de las vacilaciones de Prío y evitar el éxito del pueblo en las elecciones que se celebrarían en 1952. Finalmente, en la madrugada del 10 de Marzo, se produce el golpe previsto.

Unido a esto, la inestabilidad de la economía cubana, provoca que el capital privado oriente su inversión hacia la fabricación de inmuebles en las urbes. El problema de la vivienda se agrava debido al costo de los alquileres. La población, como es natural, crece por la gran corriente migratoria, producto de la desigualdad salarial existente entre el campo y las ciudades, que estimula su concentración en los centros urbanos. (5)

La discriminación de la mujer llega a tal punto, que en los burdeles son empleadas meseras como disfraz de la prostitución. La población negra protagoniza la gran hueste de desempleados, que constituyen reserva para la mano de obra barata y con baja calificación técnica. El analfabetismo se hace mayor en la misma medida en que aumentan las distancias entre la capital y regiones del interior cubano.

Ante la situación de fines de 1949, la introducción de la televisión en Cuba cuenta con el apoyo del entonces presidente de la República Carlos Prío Socarrás. La ganancia que el nuevo medio traerá al tesoro público serán muchas. Previendo el progreso que significa la implantación de la televisión, Prío da licencia a Goar para que obre según se propuso.

Desde el punto de vista comunicativo, la radio ha generado una situación muy particular: las imágenes mentales creadas por el oyente, a diferencia de otras ofrecidas por el cine y la fotografía hasta ese momento, no están limitadas por espacios, ni por pantallas, ni colores ni sonidos.

Casi la totalidad de las emisoras cubren sus espacios radiofónicos desde la mañana hasta la medianoche, con programas de los más disímiles géneros y con variadas propuestas.

La televisión modifica los horarios de mayor audiencia radial y, por tanto, los de las transmisiones de espacios. Si antes los importantes momentos de recepción radiofónica eran los de la noche (de 6:00pm a 10:00pm), tras la colocación de la televisión en el éter, los programadores radiales hacen concesiones ante el nuevo competidor, y refuerzan las transmisiones en el horario de las primeras horas de la mañana (informativos), luego las primeras de la tarde (novelas), y finalmente, la noche (espacios de espectáculos).

La programación televisiva también es diversa. Coexisten novelas, aventuras, humorísticos, policíacos, noticiarios... Todos con sus menciones intermedias de publicidad. En muchos casos es fácil determinar qué firma patrocina un programa, pues éste lleva el "apellido" de su dueño: A bailar con Colgate, Cabaret Regalías, El Programa Westinghouse, La Familia Pilón, El Álbum Musical Phillips, Atracciones Partagás, Jueves de Moda Camay, Cabalgata Deportiva Gillette.

Ofrece pocos espacios de superación cultural, infantiles, deportivos (6)... No es de extrañar este orden de prioridades, si se entiende que el principal interés de los anunciantes es vender sus productos. Y cuál mejor manera, que el estimular programas donde los públicos pueden ser amas de casa, lavanderas, jovencitas ávidas de lucir y oler bien... Gente que pueda pagar por los productos que los anunciantes publicitan.

En sus inicios, la televisión no es lo suficientemente experta en estas cuestiones. Sin embargo, esos fallos son bien aprovechados por los anunciantes de la radio, quienes sí poseen una vasta experiencia en el tema.

El nuevo medio es inexperto. Sus hacedores tratan de llevarlo adelante desoyendo sugerencias, pronto se dan cuenta de la necesidad de nutrirse del conocimiento de los "hombres de la Radio".

En muchos casos la televisión se sirve de los estilos de programas radiales de éxito para montar espacios similares, con el valor añadido de la imagen. Los dueños de UR y CMQ lo son también de las nacientes televisoras,  y deciden experimentar con fórmulas de triunfo ya confirmadas en la radio.

Así ocurre con A Bailar con Colgate, que se transmite los viernes de 8:00 a 8:27 de la noche por CMQ-TV  y se convierte en el más sintonizado en toda La Habana, en el mes de agosto de 1951. En ese mismo mes, el programa humorístico Garrido y Piñero, sale al aire los martes y jueves, también a las 8:00pm, es el mejor ubicado de UR-TV en la investigación de audiencia. (7)

Aunque se emiten en días diferentes, el horario es similar, lo que demuestra que decir 8:00pm, es decir "horario estelar". Antes de aparecer la televisión, la radio es dueña absoluta de los horarios estelares de transmisión. Pero al introducir experiencias de la industria radiofónica, la televisión penetra en su momento de mayor audiencia nocturna, y lo hace para no retirarse nunca más.

Debido a sus bajos costos -y porque para 1952 ya Cuba cuenta con un millón y medio de radiorreceptores, contra poco más de 17 mil aparatos de video (8)-, la programación de la radio llega a todos los rincones del país, lo que permite cubrir un espectro mayor de territorios y de tiempo de transmisiones. La radio comienza desde horas tempranas de la mañana, mientras las grandes cadenas televisivas lo hacen desde las 10:30.

Poco a poco la radio se acomoda en los momentos de la mañana y en las iniciales horas de la tarde. De esta manera recupera en parte lo que le fuera arrebatado por la televisión.

RADIO, TELEVISIÓN Y LA CÚPULA DE PODER

  • Radio Cubana y Partidos Políticos

Cuando aún no existen la radio ni la televisión, las campañas políticas deben realizarse a través de la  prensa escrita.

La historia cuenta que los métodos de propaganda radiofónica de Goebbels, en la Alemania nazi, comienzan a despertar cierta inquietud en los observadores y a plantear una nueva expectativa: cuál es el poder y la influencia de la radio, en términos políticos. Muchos comienzan a preguntarse, en este contexto, si la radio sirve para algo más que para dar la hora o vender gaseosas, y tratan de encontrar respuestas a través de los métodos de indagación.

El tiempo se encarga de demostrar las trascendencias y limitantes de la radio desde el punto de vista político, y Cuba no es la excepción.

Los programas radiales que constituyen críticas abiertas al gobierno de la república en aquella época, resultan muchos respecto a los ofrecidos por la TV. El número de emisoras existentes, facilita la transmisión de humorísticos capaces de tocar el tema político de forma costumbrista o de explotar más las especificidades del medio para las emisiones pertenecientes a partidos políticos. Los dueños de televisoras prefieren utilizar las ventajas de la imagen en programas de corte musical, dramatizados e informativos, por eso son escasas -aunque no nulas- las transmisiones dedicadas a la política de actualidad. Programas de debates como La  Mesa Redonda y Ante la Prensa, de CMQ, en el horario nocturno, debido a las polémicas surgidas a lo largo de sus emisiones, resultan más difícil ser radiados.

En medio de la ensarta de partidos políticos que se disputan el poder de la nación, los micrófonos radiales pasan a ser centro de tales acontecimientos. Cada partido político cuenta con espacios radiales en determinadas emisoras. Si mayor es el protagonismo de la entidad en la vida política del país, dispondrá de un espacio en una estación de prestigio o muy escuchada a nivel nacional. (9)

Los auténticos hacia 1950 poseen tres programas radiales. Uno en CMQ, y dos en la CMW-Cadena Roja de la Señora Flor Ángel Cañizo de Trinidad. (10) El de CMQ sale al aire los domingos, a las 12 del mediodía, con el nombre de La Tribuna Programática Antonio Alcalde. La prensa la define como "Tribuna Priísta", puesto que Antonio, es ex - Ministro de Hacienda en disfrute de licencia electoral y hermano del Presidente Carlos Prío, y se está postulando para alcalde de La Habana. La audición cuenta con entrevistas, charlas y un editorial final. Esto impide que el público se aburra, sobre todo porque usan un lenguaje comprensible para los radioescuchas.

Por CMW- Cadena Roja, los viernes a las 8: 30 PM se escucha La hora auténtica de Castellanos, otro aspirante a alcalde de la capital por el mismo partido (11), y por tanto, doble rival de Antonio Prío. Inmediatamente después, sale al aire por esas ondas una conga en propaganda a favor de Antonio Prío, y acto seguido otra emisión radiofónica que responde a los intereses de la otra ala del autenticismo donde se exaltan las ventajas si Prío gana las elecciones.

En aquel tiempo, uno de las transmisiones más escuchadas de la emisora Unión Radio es La Palabra, dirigido y conducido por el periodista, representante del Partido Ortodoxo, José Pardo Llada, quien alcanza  tanta popularidad como Chibás. La Palabra goza de aceptación en el público, pues critica a los auténticos.

En agosto de 1951, Gaspar Pumarejo abandona Unión Radio y Unión Radio Televisión. Manolo Alonso, uno de los cineastas más reconocidos de la época, es quien paga $ 1 600 000 por el valor de ambas empresas. Los rumores apuntan a que ese dinero pertenece a Carlos, Antonio y Paco Prío.

Ante esos comentarios, Pardo Llada renuncia a transmitir por las frecuencias de Unión Radio. Da a entender una vez más que el gobierno de Prío ha dado el dinero para obstaculizar uno de los canales más oídos pues para el Partido de Gobierno es idóneo buscar un método silenciar la labor realizada hasta el momento por la emisión.

Manolo Alonso, por su parte, asevera que en la operación solo han participado entidades industriales (La Polar, Partagás, Humara y Lastra, RCA- Víctor) y que le ha ofrecido Pardo Llada media hora por día para transmitir con entera libertad, propuesta que no acepta.

Días después, desde la tribuna de Chibás, en la CMQ, José Pardo Llada asegura la implicación del gobierno en los hechos. El escándalo llega a tal grado, que Alonso se ve obligado a retarlo para que demuestre tales afirmaciones, y asegura que  quienes trabajan con él pueden pertenecer al partido que deseen, pues su negocio es fuera de política. 

Por mucho que habla el famoso comentarista, no le es posible demostrar la implicación de los Prío en la compra-venta de la emisora y la televisora; y La Palabra desaparece del aire.

En 1952, Amado Trinidad vende la RHC- Cadena Azul a un norteamericano llamado Bed Marving, quien es un representante de Batista. Entonces recibe el nombre de Cadena Azul de Cuba. En realidad la emisora está comprada por Batista para garantizar más efectividad en sus campañas políticas. Más tarde, cuando se sabe todo, la Cadena Azul de Cuba es cerrada y abren el Circuito Nacional Cubano. En el fondo esta estación también pertenece al dictador.

Política y vida social a través de los espacios humorísticos y dramatizados de la Radio Cubana

No solo los partidos hacen uso del medio para hablar y hacer reflexionar al pueblo sobre política mediante la persuasión. Todos los lunes, miércoles, viernes y sábados, sale al aire Cascabeles Candado, espacio humorístico escrito por Enrique Núñez Rodríguez y Francisco Vergara, y dirigido por Enrique Iñigo y Celestino García. El personaje principal, Mamacusa Alambrito, una solterona y dueña de La Mansión Candado, se proclama candidata a la Presidencia de la República. En su programa político, lleva leyes y orientaciones para mejorar el país.

Cada noche los oyentes disfrutan al enterarse de qué medios se vale Mamacusa para vencer a sus enemigos de la lid electoral, y cómo la defienden y buscan votos los huéspedes de su mansión: Pirolo, Martica, La Cansadita, Tachuela y Pompilonia.

Antes de la desaparición de RHC-Cadena Azul, se radiaba La Marquesa, un programa escrito por Arturo Liendo y protagonizado por Rita Montaner, con gran aceptación por parte del público. Uno, porque Rita es  muy popular y querida por todos; dos, porque en boca de ella se pone la actualidad nacional, con el final del chiste populachero. El clímax llega cuando en el mes de julio de 1951, el simpático personaje comenta temas como la polémica Aureliano- Chibás (12). También por la misma emisora se radia a la 1:04 minutos de la tarde el programa  La bodeguita de Liborio, donde abundan las críticas sobre los políticos y sus actividades. (13)

Candelaria Candela, de Unión Radio primero y de Cadena Azul de Cuba un año después, es otro espacio muy bien recibido. Candelaria es una chismosa que salpica con comentarios políticos las cosas ocurridas en un solar.

Un hecho significativo ocurre también en la CMQ el 4 de mayo de 1952. El programa Universidad del Aire, transmite su curso Saldo del Cincuentenario, pues en ese año se conmemoran los cincuenta años de República. El profesor Elías Entralgo se refiere, en su conferencia, a la Constitución de 1940. La emisión es interrumpida por elementos del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) y miembros del Partido Acción Unitaria (PAU). Resultan heridos numerosos asistentes. Semejante hecho tiene gran repercusión social, pues surge una ola de protesta popular.

Pero la radiodifusión participa también de la convulsión social. Sucedió en Cuba y Última Noticia, de RHC- Cadena Azul; La Guantanamera, de la Q; y El drama real de la una, de Radio Progreso, escenifican sucesos de la crónica roja, y son ejemplos de los espacios más representativos dedicados a los problemas sociales.

Muchos de los asesinatos narrados, tienen un trasfondo económico: un padre mata a su hija a martillazos porque no tienen dinero y es una boca menos para alimentar; una jovencita se prostituye para ayudar a su familia pobre, y resulta asesinada por uno de sus clientes; o la historia de un descuartizador, cuyas proezas asustan a todos.

Muchos oyentes protestan. Mas los mecanismos de venta orientan que esos programas deben seguir, para ello las agencias de publicidad siempre tienen contratados a pedagogos y psicólogos dispuestos a dar cualquier tipo de justificaciones para que semejantes espacios continúen en el aire, pues venden... y bastante.

Política y sociedad en la televisión cubana

Otro hecho de relevancia, seguido paso a paso por el público a través de los tres medios de comunicación existentes, es la polémica Aureliano-Chibás. Una batalla librada en especial desde las ondas radiales, teniendo como testigos a los millones de cubanos que cada noche dominical esperan el programa.

Las magnitudes alcanzadas por el problema de los Ortodoxos y el Ministerio de Educación no se queda solo a nivel de la radio y la prensa escrita. La televisión también es usada como tribuna para discutir en torno a ese tema.

El sábado 23 de julio de 1951, los diarios nacionales anuncian que las cámaras y micrófonos de los dos canales se trasladarán a la sede del citado ministerio para transmitir el debate entre Aureliano y Chibás. Este último llevará las pruebas en contra de Sánchez Arango; pero como no las consigue, no puede ir. El Mundo, en su edición del día siguiente, describe la desilusión con mayor detalle: "Nunca se había televisado un programa con mayor rating (...) Todos los aparatos de televisión se encontraban sintonizados en los canales 4 y 6 (...). Nadie quería perderse la pelea entre ambos gladiadores. Pero al fin nada ocurrió y el Ministro de Educación se vio solo ante las cámaras y micrófonos. Perdió el 50% de espectacularidad el show." (14)

Otro programa que transmite CMQ-TV es Ante la prensa. El Dr. Jorge Mañach entrevista a personas relevantes en la vida política del país para instruir al pueblo en esos tópicos.

El espacio de la Mesa Redonda, cuyo moderador es también el Dr. Jorge Mañach, es aprovechado para traer a políticos o abogados, profesores universitarios, periodistas, y a veces, representantes del pueblo. Debaten sobre un determinado tema, que puede ir desde la producción azucarera cubana hasta las repercusiones del caso Perón en Argentina. En ocasiones la Mesa Redonda de CMQ- TV es sacada del aire, pues los participantes, que por lo general son cinco, no logran ponerse de acuerdo en cuanto a las ideas. Esto trae como consecuencia que alteren la voz y terminen discutiendo, perdiendo toda ética, a pesar de estar frente a las cámaras de un canal nacional.

Un hecho histórico ocurrido por estos años es el asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba. Como ese 26 de julio es domingo, las noticias en la CMQ se reciben hasta las once de la mañana. El corresponsal del Noticiero CMQ  en esa ciudad llama antes de la hora del cierre y da la noticia. Sin embargo, los Mestre, por temor a la censura, prefirieren no decirlo en sus espacios noticiosos.                                                   

El camarógrafo de esa televisora logra filmar parte de los acontecimientos. Ese mismo día la envía con un oficial del ejército. Hace pasar el paquete como medicinas para un amigo que las esperaría en el aeropuerto. La película llega a CMQ; pero tampoco la transmiten por las represalias que puede tomar el dictador.

El canal 2 lleva al pueblo la noticia a través del Ministro de Información Ernesto de la Fe, quien llama a Telemundo para hacer unas declaraciones sobre ciertos sucesos ocurridos en Oriente. Se informa que un grupo de bandidos ha atacado el cuartel Moncada. Las imágenes tomadas son de impactos de balas y ataúdes de los fallecidos en la acción.

La televisión tiene otro espacio llamado  La Hora del Partido Ortodoxo y sale al aire los domingos por la noche a través del canal 4. Ahí concurre Fidel Castro cuando sale del Presidio Modelo de Isla de Pinos el 15 de Mayo de 1955 y de inmediato es cerrado el programa.

A pesar de que en la radio y en la televisión existen numerosos programas de denuncias contra los gobiernos de turno y los políticos corruptos, escritos e interpretados por quienes se han ganado un espacio en el gusto popular, para analizar los contactos de sus dueños con la cúpula gubernamental, hay que ir más lejos.

Los dueños de las televisoras, al igual que los radialistas, tienen relaciones muy cordiales con los políticos de turno, pues ambos están regidos por un sinfín de intereses nacionales y extranjeros.

Los grupos de poder imperantes -la superestructura- poseen a su vez, estrechos vínculos con el Crimen Organizado o la conocida Mafia. Son famosas las relaciones sostenidas por Batista (y en su momento Prío y otros "auténticos") con el capo Meyer Lansky, apodado "el financiero de la Mafia", creador y jefe del "Imperio de La Habana". (15)

En La Habana están radicadas cuatro familias, dirigidas por el propio Lansky, Amleto Battisti y Lora, Santo Trafficante (padre) y por Amadeo Barletta Barletta.  Controlan importantes casinos, los más lujosos hoteles de la época, numerosos prostíbulos, y otros negocios de importancia.

Es Barletta quien posee mayor número de intereses en los medios de comunicación cubanos. El italiano es accionista o dueño de dos canales de televisión y una emisora de radio. Si el dinero que Barletta necesita para financiar sus proyectos en los medios siempre está ahí, ¿de dónde proviene? Para Mestre, levantar Radiocentro, significó pedir préstamos y convencer a más de un inversionista sobre lo "factible" de apoyar la construcción.

Quizás a la altura de estos tiempos suene fácil analizar a esta figura controvertida dentro de los medios y la sociedad cubana de dicha época. Pues bien, veamos cómo lo relata, en el año '55, un cronista del periódico Pueblo. Lo hace de una manera muy cubana y hasta jocosa, que es como mejor llegan este tipo de críticas. Este fragmento del artículo, con destaques en negritas hechos por el propio autor, resume un poco cuanto de Barletta se puede hablar:

"(...) Barletta es otro de los casos típicos de la televisión. Se hizo radioemisor por un berrinche con Goar Mestre. Se puso bravo porque Vaillant -primo de Mestre-, había conseguido arrebatarle la representación de los automóviles "Buick" en la General Motors, y se metió a radioemisor.

-Si el Mestre me quiere perjodicare con los automobile, Io no sonno bobo ni nada de eso. Lo va a fastidiarle, e Io compra una planta de televisione per fastidiarlo... ¡Questa e una vendetta siciliana!

Y Barletta compró acciones en el Canal 4, en el canal 2 y en el canal 11. Estuvo a punto de hundir el canal 4, embarcando a sus socios, ha hundido el canal 2, y ha secuestrado el canal 11.

Barletta es el típico hombre de garra, que gobierna sus negocios a leñazo limpio. Lo mismo embarca a un capitalista, que encabeza una "mafia" para asaltar un periódico. Se viste de etiqueta para ir a palacio (16), o se enfunda un pullover para ciertas entrevistas en alta mar.

Barletta se ha dado abrazos con todos los gobernantes buenos y malos de Cuba. Es amigo de Lucky Luciano y protector de los italianos que caen en desgracia con la Ley norteamericana.

Barletta es una joya.

Así anda la televisión en Cuba. Dos canales -el 2 y el 11- están en manos del signore Amadeo Barletta, un italiano con más agallas que cualquier personaje de su paisano Emilio Salgari (...)." (17)

Aunque se ha hablado de otros "hombres de los medios" que tienen también vínculos con el crimen organizado (entre ellos, se menciona a Pumarejo), es a través de la figura de Barletta que más se muestra.

Las relaciones de los medios con los gobiernos tradicionales del momento, no son simplemente las de autorizos de frecuencias y censura de espacios. Se trata de dueños de emisoras implicados con la cúpula de mando, quienes reciben sumas de dinero, como se demuestra posteriormente al triunfar el movimiento revolucionario del Primero de Enero de 1959.

Directivos de estaciones se reúnen con el embajador norteamericano, en suntuosas cenas ofrecidas por el diplomático, que incluyen "acuerdos" mutuamente ventajosos. Norteamérica utiliza nuestras estaciones de manera experimental, para realizar pruebas tecnológicas y de nuevas ideologías (el tradicional traspatio latinoamericano); mientras los dueños de medios masivos criollos reciben cantidades significativas de dinero y facilidades en equipamientos, en detrimento de programas que satisfagan el interés cultural del público nacional.

RADIO Y TELEVISIÓN: COEXISTENCIA Y COMPLEMENTACIÓN

A inicios de los cincuenta ya Cuba cuenta con televisores traídos por  prestigiosas marcas extranjeras, en especial las procedentes de los EE.UU., país que en 1954 fabricó 11 millones 841 mil radios. Además, existen en Cuba cerca de 45 millones de radios de automóvil, así como un millón y medio de radios en uso.

Indiscutiblemente, la aparición de la televisión significa para la radio una disminución de sus ingresos por conceptos de publicidad. Además, pierde clientes que jamás puede recuperar de manera tan sencilla. No es lo mismo escuchar un partido de pelota, que verlo. Y eso lo saben los grandes patrocinadores, quienes trasladan mayores sumas monetarias para el video, que para la radiodifusión.

En 1953, estudiosos norteamericanos coinciden en las ventajas de la radio frente a la naciente industria televisiva:

  • 1. La mujer que trabaja no puede ver... tiene que oír.
  • 2. Los niños prefieren el escenario maravilloso de su imaginación, al escenario limitado de la televisión. Prefieren imaginarse a sus héroes.
  • 3. La televisión cansa mental y físicamente.
  • 4. La televisión acaba con la vista.
  • 5. Las mismas caras llegan a cansar. La radio no cansa nunca pues cada oyente imagina a su héroe como quiere.
  • 6. La televisión no piensa... la radio comienza a pensar.
  • 7. Es costosa la televisión, mantener un aparato cuesta mucho dinero. (18)

Pero a pesar de los estudios teóricos foráneos que abogan por su superioridad frente a la naciente televisión, la radio cubana para aquellos días, ya ha brindado un servicio identificado con el pueblo, ha pasado por etapas de progreso y adaptación.

Las oportunidades económicas que brinda la radio para las familias cubanas, son considerables respecto a las ofrecidas por la televisión.

No es un secreto que la ventaja de la imagen clarifica el concepto de venta pretendido por el vendedor, pues ya no debe ufanarse en describir al pie de la letra un producto que debe imaginárse el comprador; pero al mismo tiempo se pierde la magia que solo la radio es capaz de crear en los oyentes. Esta magia, indiscutiblemente, ha funcionado con sus altibajos hasta la introducción de la televisión.

El desplazamiento de artistas de un medio hacia el otro no resulta tan traumático en un principio. CMQ-TV corresponde al conglomerado Mestre, y UR-TV a su homóloga radial.

Artistas radiales de CMQ se trasladan para la estación de televisión de su propia emisora - en el mismo edificio-. Otro tanto ocurre con los de Unión Radio.

Las alteraciones comienzan cuando Barletta funda el Canal 2, y tras el surgimiento de los canales 7 y 11. Se inicia una carrera por acaparar a las figuras  de la radio, y llevárselas para la televisión, fueran o no de la misma estación de radio y TV. Igual sucede con los técnicos, ingenieros, locutores...

Afirmar que la televisión desplaza a la radio en Cuba, es un absurdo. La primera prueba la tenemos en que nunca cesan las estaciones, y sí en cambio muchas televisoras aparecen y desaparecen por períodos.

Ocurre un acomodo, un reajuste dentro del espectro de los medios de comunicación en la Cuba de los ‘50. Esta situación sucede desde antes: es el resultado de una lógica en el desarrollo de los medios masivos de comunicación.

Con la aparición de la radio, la prensa escrita se reajusta a las nuevas exigencias impuestas por la radiofonía. Se pasa de la simple información, a los grandes análisis, a la orientación, la opinión y, definitivamente, coexisten y aún lo hacen. Lo mismo acontece con el surgimiento de la TV.

Y, aunque no es menester entrar en grandes detalles -pues significa salir del momento histórico analizado-, otro tanto ocurre en la actualidad con Internet. Acapara en sí misma el compendio de lo hasta ahora salido del ingenio de los técnicos de la comunicación y la información, y sin embargo, no ha provocado la desaparición de ningún predecesor.

Nada de lo ocurrido en aquel período lejano en el tiempo, provoca afectaciones considerables en ninguno de los dos medios analizados. Más que un impacto negativo, ocurre una complementación de ambos. La suerte corrida por la radio, se debe en gran medida a la televisión, pero también la savia nutriente de la radio, contribuye a la superación y perfección.

Notas:

(1) Oscar Luis López, "La radio en Cuba". Ed. Letras Cubanas, Tercera Edición, La Habana, 2002, p. 288.

(2) Cuando se introduce la televisión en Cuba, el Partido Auténtico figura en el poder, con Carlos Prío a la cabeza.

(3) Ramón Grau San Martín es presidente de la Isla en el período 1944-1948. Carlos Prío es su discípulo en ese momento pero por problemas de incomprensiones políticas se convierten en enemigos luego de que Prío asuma el poder.

(4) Informe Central al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, Ed. DOR, La Habana, 1975, p. 21.

(5) Antecedentes socioeconómicos de la Revolución de 1959", Carlos del Toro González. En: Revista Temas, No. 16-17. 1999.

(6) Cuando Pumarejo decide comenzar las emisiones, lo hace motivado por las transmisiones de la pelota. UR-TV llega a ser toda una especialista en lo relacionado con la difusión del béisbol por control remoto. CMQ-TV, a principios de octubre de 1955, asume la transmisión de la Serie Mundial de Béisbol desde los Estados Unidos, en vivo.

(7) Circuito CMQ-Lib.Cit.: periódico "Pueblo", 10-8-51, sección "Radio Alegre... Televisión."

(8) Resultado de una investigación realizada por el Departamento de Publicidad de CMQ, en el año 1952.

(9) Reynaldo González, "Llorar es un placer", Ed. Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1988, p. 308.

(10) Flor Ángel Cañizo de Trinidad es la esposa de Amado Trinidad, dueño de  RHC-Cadena Azul, emisora que protagonizó junto a la CMQ a fines de los años cuarenta, la mayor rivalidad entre emisoras de la radio cubana, conocida como "La Guerra del Aire". La emisora que esta señora dirige, va orientada a un público femenino.

(11) Recordemos que el Partido Auténtico está dividido en dos: los seguidores de Grau y los de Prío.

(12) Más adelante se desarrollará el protagonismo de la radio y la televisión sobre esta famosa polémica entre Chibás y el Ministerio de Educación.

(13) Circuito CMQ-Lib.Cit.: periódico "Mañana", 10-I-52, sección "Radio Alegre... Televisión."

(14) Circuito CMQ, Lib. Cit, periódico "El Mundo", 24-VII-51, sección "Telemundo".

(15) Para este tema se pueden consultar los capítulos II y IV del libro "El Imperio de La Habana", de Enrique Cirules, La Habana, 1993.

(16) Se refiere al Palacio Presidencial.

(17) Circuito CMQ-Lib. Cit.: periódico "Pueblo", 22-I-55, sección "Extra!"

(18) Circuito CMQ-Lib. Cit.: periódico "Avance", 22-VII-53.