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PABLO DE LA TORRIENTE BRAU: EL SECRETO PROFUNDO DE LA EMOCIÓN

PABLO DE LA TORRIENTE BRAU: EL SECRETO PROFUNDO DE LA EMOCIÓN

El destacado periodista y revolucionario dejó incomparables crónicas-retratos de protagonistas de la Revolución del 30 en la Isla.

Lic. JESÚS ARENCIBIA LORENZO, 
Profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La culpa fue de su abuelo Don Salvador, quien lo enseñó a leer en las páginas de La Edad de Oro. O quizá de su hermana Zoe, que a fuerza de competencias lo obligó a aprenderse fragmentos de La Ilíada de memoria. La culpa, pensándolo mejor, fue de Salgari, que le llenó la cabeza de tigres, armas, selvas. Pero, bueno, qué importa la culpa si la enfermedad era incurable. Sí, porque Pablo de la Torriente Brau, el periodista, era un hombre incurablemente enfermo de emoción heroica.

Cuando apenas levantaba unos sueños del suelo, creía más a los libros de aventuras que a su padre, vibraba revisando la historia cubana y latinoamericana y se deslumbraba ante la belleza homérica de los héroes vivos. Vivos como él, que era héroe por salir a defender los derechos de un perro, por desenmascarar a los botelleros de nuestra República en un examen de Gramática o porque se sabía endeudado con cada mérito y continuador de cada hazaña.

¿Cómo no haberse afiebrado con las historias de los grandes hombres si sus ojos se hicieron «para ver las cosas extraordinarias» y su maquinita «para contarlas»?. (1)

¿Acaso existió algo más maravilloso que el torbellino revolucionario de los años 30 en Cuba; aquel collage aciclonado de juventudes y tiros, traiciones y esperanzas, tánganas y frustraciones...? Pablo sabía que el pueblo, la revolución y la historia necesitaban del temblor concentrado en los rostros de sus héroes. Y del racimo de luchadores seleccionó y recreó. Contó para que todos supieran «quién era quién cuando nadie era nadie».

Pero los héroes de Pablo no tenían nada de panteón ni de coronas; nada de solemnidades inquebrantables o tribunas de hierro. Eran héroes irreverentes. Desde la insolencia y el arrojo, tiernos y bellos como muchachos enamorados. Terribles por el ímpetu y la angustia. Soñadores. Luchadores. Hombres. Eso sí —porque él no creía en imparcialidad, objetividad y todos esos cuentos de hadas— dentro de su imperfección sus héroes eran de leyenda, que es «la única historia de los héroes verdaderos».

TREJO: LA ÚLTIMA SONRISA DEL PRIMER MÁRTIR                          

Septiembre de 1930. Víspera del día 30.

«Aquí hace falta una víctima», bromeó Rafael Trejo en la reunión preparatoria final. (2) Horas después, reventaría la primera arteria de la Revolución. En la sangre de aquel día, Pablo de la Torriente Brau y, sarcásticamente, el propio Trejo.

Años después, desde las páginas de Ahora, el héroe sobreviviente recordaba al que no llegó. La ultima sonrisa de Rafael Trejo se titulaba el trabajo, y desde su inicio, el periodista nos auguraba «algo a la par grato, doloroso, inefable y triste»; el «más trascendental» de sus recuerdos.

«La loma de la Universidad – cuenta en imagen exacta – amaneció manchada de azul. Eran patrullas de la policía». Poco a poco el entorno se fue llenado de manifiestos, voces, registros, confusión... «Avisaron que había que irse para el parque Eloy Alfaro», y a partir de aquí el relato se torna más agitado: «Los estudiantes se arremolinaron (...) y los ¡Muera Machado! fueron como una coral desenfrenada y avanzante».

En el turbión Pablo reparte puñetazos, siente gritos, forcejea, adelanta, se estremece y... luego del «estampido de un disparo», cae herido. Después – analiza –, al ver a Trejo llegar a Emergencia se da cuenta de que «aquel disparo que había oído podía ser para otro».

Mas no sobreviene el clímax de la historia sino cuando él escritor comienza a evocar la sentencia terrible de los médicos, que él escuchó en el «vaivén de oleaje» del subconsciente: «“...A ese otro muchacho si no hay quien lo salve. Se muere de todas maneras”».  

Después, cuando los ponen en camas contiguas, y a Pablo comienza a vomitar, Trejo sonríe para darle aliento. Sonríe y ya casi se lo llevan para operarlo. Sonríe y Pablo sabe que quizá no lo vuelva a ver. Sonríe – dice con amargura el periodista amigo –, él que se moría irremediablemente.

¡HASTA DESPUÉS DE MUERTO...!, JULIO ANTONIO

En el sentido estrictamente literario, Pablo no fue un poeta. Según la investigadora Diana Abad, «más bien por excepción transita los caminos de la poesía». Una de esas excepciones que llevó a este hombre a componer versos fue la vida de Julio Antonio Mella. La composición, que a ratos quiere salirse del molde, termina sin embargo con un «pareado profético», como ha dicho el propio cronista: «Tu obra a su tiempo será cierta: la puerta del futuro ya está abierta».

Y a hacer cierta la obra de Julio Antonio están encaminados no pocos de los esfuerzos del gigante Torriente. En Cuba y en el exilio, muchas veces lo evoca. En varias ocasiones solicita datos de él para su proyecto de libro Mella (biografía de una juventud), pero tal vez nunca lo transmitió con más fuerza que cuando escribió su crónica Hasta después de muerto...

El trabajo fue publicado en Línea el 18 de septiembre de 1933, en ocasión del velorio y entierro de las cenizas de Mella. Parte de una frase de Saint-Just «el joven terrible, compañero de Robespierre»: «Para el revolucionario no hay más descanso que el de la tumba».

¡Ah!, pero esa frase estaba incompleta. «Un joven de América, tan impetuoso, tan inflexible y terrible como Saint-Just, le añadió un estrambote de acero: “Hasta después de muertos somos útiles: nuestros cuerpos servirán de trincheras...”».

Definido el aliento que sostendrá su palabra, explica Pablo que cuando «Línea salga a la calle, los restos de aquel joven (...) habrán paseado por las calles habaneras o estarán a punto de hacerlo». Para eso es este artículo, para acompañar en guerra el regreso del héroe.

De aquí en adelante, se refiere Pablo como al galope y valiéndose de la reiteración a las virtudes de Julio Antonio. «Aquel que supo ser precursor, (...) aquel que supo insultar (...) al babeante monstruo senil de Machado»... A renglón seguido, se adelanta a la emoción de las «muchedumbres inmensas» cuando reciban al «arquetipo de atleta de la revolución». Imagina «la fogarada inextinguible de entusiasmo» que habrá en el corazón de los jóvenes. Todos desafiantes, todos enérgicos para abrazar a «nuestro Saint-Just».

Y descendiendo en la curva emocional, ya cuando nuestras pupilas están cargadas para el estrépito, el cronista informa del monumento que le construirán al mártir, para rematar de inmediato en un cierre crepitante. Así, culmina con el título, aplicándole a Mella su mismo concepto de lucha: «Julio Antonio Mella: “hasta después de muerto”».

RUBÉN: EL LIRISMO DE UNA LLAMA

Quien hubiera visto a Rubén Martínez Villena jugando pelota con Pablo en la azotea del bufete de Fernando Ortiz; quien lo hubiera oído hablar de temas literarios y deportivos con aquel muchacho, jamás hubiera imaginado de dónde sacaba tiempo para esas pequeñas cosas. Al menos Pablo se admiraba sobremanera al recordarlo, sobre todo, después de conocer el volcán revolucionario que llevaba adelante aquel ser menudo.

No, no existe otra explicación que la sugerida por Pablo en carta a Raúl Roa: «Era un hombre generoso (...) sentía la necesidad de estimular». Por eso enamoraba. Por eso arrancó de la pluma febril de Torriente una página como El magnetismo personal de Rubén.

Magnetismo, atracción, conquista. Esas son las palabras de esta crónica escrita al día siguiente de la muerte del héroe. Por tanto, Pablo no se dispone a hacer un recuento biográfico. Nada de enumeraciones de hechos. Él solo hablará, y así lo deja sentado desde las primeras líneas, de la «órbita de influencia» villeniana, tan abrazadora que «infinidad de compañeros que ni siquiera sabían su edad, su historia», «hablaban de él con la certeza de quien nos es familiar».

Narra el periodista sus primeros encuentros, «el entusiasmo lírico de Rubén por las cosas bellas del mundo», su amabilidad sin límites... Hasta confesar que «la atracción política» lo dominó.

¿Qué tenía Rubén, que en él se da el magnífico contraste, muy bien recreado por Pablo, entre la pequeñez física y el gigantismo moral? «¿Quién, como él, con su pequeña voz rota por la enfermedad, supo hacerla llegar más lejos...?» ¿Con qué fuerzas logró, según cuenta el periodista en otro artículo, desorbitar con su palabra férrea y sus ojos de llamas al propio Machado y sus ayudantes?

Solo el propio Pablo, dando quizá la mejor definición de sí mismo, aquilató los impulsos del imán Villena: «Tenía Rubén el secreto profundo de la emoción».

LA VIRILIDAD EN AGONÍA: GABRIEL BARCELÓ

En carta a José Antonio Fernández de Castro, confesaba Pablo «...puedo asegurar que lo mejor y más noble de toda mi vida es haber sido amigo, haber merecido el cariño fraternal de dos hombres tales como Rubén y como Gabriel Barceló». Ya había pasado más de un año de la muerte de Gabriel, pero en Pablo seguía crujiendo aquel fulgor de su paso, y de su muerte, cuyo desgarrador transcurrir contó en las páginas del periódico Ahora.

Precisamente, Muerte de Gabriel Barceló titulaba el trabajo, y en él delineaba con pulso dramático toda la agonía del hombre. ¿Quién se llevó a Gabriel? ¿Qué mano cerró su cauce? «La tuberculosis, esa repugnante aliada de las clases explotadoras». La tuberculosis, sobre la que Pablo lanza, en el inicio de su crónica, toda la rabia de la impotencia. La misma enfermedad que extinguió al poeta de la pupila insomne y ahora, «como una atroz burla» venía a alojarse en la «mente sin nubes» de Barceló.

Pero no es de la enfermedad en sí, de lo que más cuenta Pablo, sino del irónico contraste entre el suplicio casi eterno y la vida sísmica que le había antecedido. En imágenes aceleradas escuchamos cada estertor de aquel que «hizo de su presencia en Cuba un arma de agitación»; sentimos «la virilidad inaudita» estremeciéndose entre hipos y gemidos.

Alrededor de la cama, todos sus amigos, entre ellos el periodista, pensando cómo «en el afán agónico de Gabriel Barceló se quejaba toda la clase obrera». Se moría el joven precursor que junto al propio Torriente, en el Presidio Modelo tradujo Manual de materialismo histórico de Bujarin. El romántico muchacho que dejó sus huellas en «una ciudad tan inhospitalaria; tan cruel» como Nueva York, para que Pablo, un año después, se las enviara en tiernas palabras a la madre sufrida.

GUITERAS Y APONTE: HOMBRES DE LA REVOLUCIÓN

Quiso el azar del combate reunir en su última hora al «más completo hombre de acción» de los años 30 cubanos y a quien «como nadie, encarnó la juventud antiimperialista y combativa de la América». Antonio Guiteras y Carlos Aponte. Uno cubano, el otro de Venezuela, ambos alucinados por la independencia.

Pablo, que se encontraba en el exilio aquel 8 de mayo de 1935, no obstante la pesadumbre del momento, evalúa certeramente lo que los hechos demostrarían después. «La situación en Cuba es abrumadora. (...) Desde el punto de vista político, el desastre retarda la revolución hasta fecha indefinida».

Carlos y Antonio, codo con codo hasta el último sueño, «buenos para morir juntos, sobre el suelo suave y dulce, dramático y sangriento de Cuba». Así los recuerda el periodista a un año de su muerte. Pero la crónica va más allá de la catástrofe de El Morrillo. Va más allá de Guiteras y Aponte. Es, desde la vida de dos protagonistas, el ensayo más conmovedor sobre los héroes de aquel pedazo de Historia. La visión más acabada, en la óptica Torriente Brau, sobre La Revolución y sus hombres.

Ellos fueron sencillamente humanos, y así los evoca el cronista. «...Y ni me interesa, ni creo en el “hombre perfecto”. Para eso, para encontrar eso que se llama “el hombre perfecto” basta con ir a ver una película del cine norteamericano». Los bravos de verdad, como el político emprendedor de los Cien Días post Machadato y el peleador sin tregua junto a Augusto César Sandino, tuvieron, al decir de Pablo, «excesos imprudentes y errores graves».

Aponte «no concibió otra cosa que la línea recta». Y se refiere el escritor a los «hombres del Norte» que mató en Nicaragua; a lo «demasiado insolente y clara» que fue su palabra; a lo terrible de su embestida, que se sintetiza en cuatro o cinco trazos violentos. «Fue un turbión. Fue un hombre de la revolución. No tuvo nada de perfecto».

En cuanto a Guiteras, rememora que supo sortear obstáculos «como quien sale vivo de una emboscada». Le atribuye pifias porque «hizo confianza en quien no lo merecía, y llamó su amigo a quien sería traidor y supuso talento en algún cretino». Pero «tenía el secreto de la fe en la victoria final (...) era como un imán de hombres... Tampoco tuvo nada de perfecto».

Carlos y Antonio. Tenían que morir, porque el imperialismo «siempre da en la diana. Nunca pierde un tiro». Pero en lo común de sus legendarias vidas, se hicieron gigantes de una obra monstruosamente bella: la revolución. A esa espiral, como personaje vivo y actuante, dedica Pablo parte notable de su crónica. Define, contornea, esculpe en el aire la silueta apasionante del torbellino. «La revolución no es el sueño de un poeta solitario, sino la canción imponente y sombría de la muchedumbre en marcha».

Notas:

(1) Pablo de la Torriente Brau, citado por Casaus, Víctor (compilador y prologuista): El Periodista Pablo, Letras Cubanas, La Habana, 1989. Salvo en caso que se indique lo contrario, todas las citas pertenecen a trabajos periodísticos o literarios y cartas de Pablo.   

(2) Raúl Roa: La revolución del 30 se fue a bolina, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1969. p.145. 

BIBLIOGRAFÍA:

Abad, Diana: “Un soneto de Pablo a Julio Antonio Mella”, en: Revista Santiago No 23. Universidad de Oriente, Santiago de Cuba, septiembre de 1976.

Casaus, Víctor (Compilador y prologuista): El periodista Pablo. Letras Cubanas, La Habana, 1989.

Roa, Raúl: La Revolución del 30 se fue a bolina. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1969.

Torriente Brau, Pablo de la: Cartas Cruzadas. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1990.

-------------------: Cuentos de Batey. Ediciones Nuevo Mundo, La Habana.

VÍCTOR EGO DUCROT: DOCENCIA, INVESTIGACIÓN, PERIODISMO

VÍCTOR EGO DUCROT: DOCENCIA, INVESTIGACIÓN, PERIODISMO

Lic. JESÚS ARENCIBIA LORENZO,

Profesor de la Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.    

Leer a este hombre o conversar con sus textos es una misma cosa. Periodista, periodista y periodista serían tres buenos vocablos para definirlo. En algunos momentos se viste de docente, en otros de observador de medios, por instantes busca -cual buen cocinero- «los sabores de la historia», pero su verdadera vocación es desentrañar y construir, con las palabras precisas, sentidos e ideologías. Hacer Periodismo.

Eso nos pareció cuando hace poco lo tuvimos entre nosotros, en el Departamento de Periodismo de la Universidad de La Habana. En un pequeño local donde acomodamos algunas sillas y entre expectativas transcurrió la charla. El profesor argentino Víctor Ego Ducrot, director de la Agencia Periodística del MERCOSUR (APM), nos regaló sus cuestionadoras miradas sobre varios temas de la prensa.

Aquí laten aquellos criterios, las valoraciones suyas que luego leímos y algún que otro comentario, que como dice la máxima periodística, «son libres».

ZOZOBRAS DE LA FORMACIÓN

Desde que García Márquez llamó al Periodismo «el mejor oficio del mundo» y mucho antes, la polémica entre Academia - Medios de Comunicación, Profesión - Oficio, Saberes universitarios - Saberes empíricos, ha atravesado nuestro quehacer diario.

Unos abogando porque se aprenda en las redacciones y queden abolidas las aulas; otros dándole a la Teoría de la Comunicación un peso preponderante y desligándose de lo que sucede en los medios. Unos terceros luchando porque la profesión posea un cuerpo teórico metodológico intrínseco, pero se conecte todo el tiempo con lo que ocurre en las redacciones, en las calles, en la vida.

Entre estos últimos se inscribe Ego Ducrot, quien a veces habla de convertir las universidades en salas de prensa y por momentos pretende transformar las redacciones en recintos de altos estudios.

Para él, docente en la Universidad de La Plata, la formación de los futuros periodistas allí se torna una «sumatoria de ceros»: Introducción a la Sociología, Introducción a la Economía Política, Introducción a... Y entre tantas introducciones, poca solidez en el conocimiento.

Otra de sus preocupaciones es el peso menor que a veces se otorga a la técnica periodística. «De ahí que quienes acceden al mercado laboral argentino desconocen muchas cosas de la profesión. Luego, estas carreras se convierten en una fábrica de desocupados. Salen teóricos de la comunicación, pero eso de nada sirve a miles de medios que esperan periodistas.»

INTENCIONALIDAD EDITORIAL: UN MODELO                

Pero estar preocupado por asuntos laborales de la prensa, no quita a Ego Ducrot sus angustias académicas. «Las bases teóricas con que hemos dotado a nuestra profesión, parten casi siempre de matrices semiológicas, de Análisis del Discurso.», advierte. «Es  decir,  "hasta  ahora", faltó  el  intento  de  un  marco  teórico  propio  del  Periodismo,  pensado  y  explicado desde el propio campo de conocimiento.»

«Intencionalidad Editorial», así denomina este experimentado profesor al modelo que diseñó para el análisis y la producción de procesos de prensa. Dicho modelo es definido por él como «el  conjunto  de  informaciones  y  de  reflexiones,  fundadas, constatables  y  confirmables,  según  fuentes,  que  a  su  vez  permiten  descubrir  qué discurso de  clase o de grupo se esconde detrás del  discurso con pretensiones de validez universal. Es decir cuál es la  parcialidad transformada en Objetividad.»

Sí, porque para él los ejes Objetividad - Subjetividad, Parcialidad-Imparcialidad, resultan fundamentales en cualquier análisis serio en torno al Periodismo. Sus criterios al respecto son contundentes: «Todo  proceso  periodístico  pertenece,  ineludiblemente,  a  la dialéctica  de  la  lucha  por  el  poder,  ya  sea  para  construirlo,  conservarlo, desconstruirlo, o para  modificar su naturaleza de clase.»

Por tanto, resume este reportero con 35 años de experiencia: nuestro oficio es «objetivo y parcial». ¿Qué entiende entonces Ego Ducrot por Objetividad? «Remisión  a  los  hechos  según  fuentes», o lo que él traduce así: «una  actividad  metódica  conocida  como  crítica.»

APM: ESCRIBIR, INVESTIGAR, CONSTRUIR.     

Pues bien, para escribir e investigar, interpretar los medios y aprender su dinámica, fundar un aula-taller-redacción-tertulia, erigió Víctor, junto a otros compañeros, la Agencia Periodística del MERCOSUR (APM). Algunas computadoras -obtenidas sin esperar «las planillas de la burocracia»-, muy poco espacio y muchas ganas de hacer fueron suficientes para el empeño.

Desde 2005, este medio donde confluyen periodistas, estudiantes y profesores de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata, inserta su visión crítica en la red de redes. «Tenemos la Agencia, un grupo de investigación y el Observatorio, afirma nuestro invitado. ¿Y qué han investigado con el Observatorio?, indagamos.

«Uff...Políticas de militarización en América Latina, la agricultura familiar en Argentina, la gestión gubernamental del presidente boliviano Evo Morales...También hemos indagado escenarios electorales en Chile, Perú, Venezuela, El Salvador...». 

Y nosotros, profesores de La Habana, ya nos imaginamos unidos en alguna aventura exploratoria y analítica con nuestro conferencista al tiempo que él, casi adivinándonos el pensamiento, propone:

«Miren, podríamos estudiar conjuntamente la cobertura al caso de Los Cinco Héroes cubanos o las elecciones en la Isla. Bastante se demonizan fuera del país, pero muy poco se conoce de ellas.»

Definitivamente nos esperan muchas otras conversaciones con este periodista argentino.

LA PEDAGOGÍA DE GUILLERMO

LA PEDAGOGÍA DE GUILLERMO

Apuntes sobre un magisterio que trascendió las aulas.

MSc. ROGER RICARLO LUIS,

Director de Investigaciones del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, y Profesor Titular de la Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

La puerta de la oficina de Guillermo no conoció de cerrojos pasados. Solo había que tocar y su "¡Adelante!", dicho con voz enérgica y serena, se convertía en el salvoconducto para una conversación que podía trascender los parámetros del tiempo e inventarios de temas.

Aquel despacho que un buen amigo bautizó, sorprendido por sus dimensiones, como "el closet", se convirtió en el aula más importante del Instituto Internacional de Periodismo José Martí y, desde su pequeñez física, se erigió la Dirección en un aula sin fronteras.

Y es  que Guillermo  fue un pedagogo nato y excepcional, aunque no lo atestiguara un título universitario. Su paso fecundo por  la vida definitivamente  se lo otorgó.

Admirador de Kapuscinki, siempre repetía del polaco que la primera condición para ser periodista es ser buena persona.

Mientras escribo estas líneas no puedo dejar de pensar en su don de gente, en su sencillez y sinceridad, en su capacidad excepcional para persuadir y convencer con su talento natural y fecundo, unas veces con ternura, otras con  vehemencia, en ocasiones con voz queda, pero si hacía falta sabía alzarse como un huracán o taladrar la vida con su mirada azul y restallante.

Lo recuerdo como el hombre de cultura basta y de raíces profundas que cultivaba sin estridencias,  sin quemar como un sol, prodigada siempre a manos llenas con humildad y cariño.

Su magisterio lo ejerció desde su obra periodística amplia y diversa, como reportero de filas haciendo la cobertura del ciclón Flora o de una  Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York; también fue un agudo articulista y editorialista excepcional. Nos enseñó desde sus libros y la pasión por la investigación histórica; desde el amor a los animales, como cuando fue capaz de compartir a la mitad, cada día, su almuerzo con un perro callejero que llegó a alcanzar entre nosotros el rango cariñoso de "subdirector primero".

Guillermo fue profesor de los primeros corresponsales voluntarios en el país y llegó a impartir clases en la carrera de Periodismo en la Universidad de La Habana. Fue también consultor y tutor de tesis en las áreas de pregrado y postgrado, al punto de convertirse en un referente ineludible a la hora de indagar sobre el quehacer periodístico cubano.

Su  labor como formador de las nuevas generaciones de periodistas la hizo también desde la redacción de Juventud Rebelde durante las prácticas docente; cuando creó la revista Somos Jóvenes, un proyecto editorial que marcó una época por su frescura renovadora,  sentido de la indagación y  la polémica, fraguada  por una mayoría de recién graduados, hecha con mentalidad joven y para los jóvenes.

Lo hizo también desde su despacho como subdirector del periódico Granma, en el mismo taller de caja y linotipo en las largas madrugadas en espera del cierre, a la caza de una errata, o sentado sobre una mesa de trabajo de la redacción señalando con tino y delicadeza un error, proponiendo un título sugerente, sugiriendo la palabra precisa, buscando entre todos un tema novedoso o viendo, tal vez, desde su sensibilidad de escultor postergado, el ángulo de una foto o la  visión integradora del diseño de una plana.

Predicó con el ejemplo, pues para él no podía haber divorcio entre quien da clases de periodismo y la práctica cotidiana de la profesión. Solía decir que enseñar periodismo sin llegar al aula con olor a redacción era como cometer un fraude. Por eso exigía que todos los profesores del Instituto fueran  así y hasta él, desde su condición de director, no dejó un solo día sin redactar una cuartilla periodística. "¡Hay que escribir, flaco!", me decía cuando lo veía posesionado ante la computadora, cuando en silencio trataba de pasar inadvertido a tomar un poco de café o "robarle", ante su vista, un caramelo o un dulce infaltables en su oficina.

Guillermo sentó cátedra en el vínculo con los lectores a quienes consideró siempre una gran familia: sus problemas eran su problema. En busca de respuestas y soluciones empeñó su pluma certera y desafiante; con ella fustigó indolencias, castigó al burócrata insensible, denunció y se buscó también problemas desde Abrecartas, en Granma.

Cuando en 1995 le dieron la tarea de dirigir el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, encontró un inmueble virtualmente en ruinas y una obra pedagógica por reanimar. Como Ave Fénix hizo resurgir un empeño que él potenció, como soñador insomne, con sus ideas ajenas al dogma, ligada, como de costumbre, al cambio y la transformación permanentes, al contagiante empeño colectivo que siempre cultivó bajo la pedagogía de los sueños compartidos.

Pero el Guille, como todos le decíamos con familiaridad, no se quedó enclaustrado entre cuatro paredes y se proyectó con su genio (Fidel lo llamó El Genio) en una obra que lo trasciende y multiplica con su Tecla ocurrente, en Juventud Rebelde.

Desde ahí ejerció su magisterio periodístico mayor. Un periodismo participativo que logró aglutinar  más allá del papel a miles de cubanos, jóvenes y no tan jóvenes, por todo el país bajo la premisa esencial de escucharlos, atenderlos y ponerlos a dialogar, razonar, llorar, reír y compartir desde las sesenta líneas de cada jueves.

Lo hizo con sutileza y elegancia, con mucho amor trashumante, como reparador y hacedor de sueños.  Y es que así pasó Guillermo Cabrera Álvarez por esta vida.

JUAN EMILIO FRÍGULS O LLEVAR DE HÁBITO UNA GUAYABERA

JUAN EMILIO FRÍGULS O LLEVAR DE HÁBITO UNA GUAYABERA

Esta entrevista fue realizada como parte de un trabajo investigativo para la asignatura de Historia de la Prensa en Cuba en mayo del 2006. Tras el fallecimiento reciente del Decano de los periodistas cubanos, hoy la publicamos como homenaje y muestra de respeto a un querido colega.

Lic. IVET GONZÁLEZ LEMES,

Profesora de la Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

En la edición por el aniversario 125 del Diario de la Marina, aparece un joven de lustroso cabello negro y poblado bigote. Su lánguida mirada impide que la pequeña fotografía pase inadvertida. Esa es una de las pocas poses donde su nariz aguileña lo exalta hasta lucir elegante y atractivo. El periodista de la sección Catolicismo inspira una candidez sacerdotal y descubre el tesón que lo llevó a cumplir la máxima de su medio: "El periodismo es en lo externo una profesión, en lo interno un sacerdocio".

Ahora, cuando mantiene el mismo espíritu, pero su cabello ha encanecido, puedo hacerle una entrevista al único periodista cubano con 60 años de vida profesional. Nos conocimos por teléfono, y su voz me anunció a un hombre gentil, de fácil conversación. Yo escuchaba sus pasos suaves y cansados antes de levantar el auricular de la mesa y hablarme, en un español impecable, colmado de  su diplomacia infinita.

Esperaba impaciente en el lobby del Instituto Cubano de Radio y Televisión por la inacabable cola del pase, mientras el reloj me señalaba la tardanza. Solo la insistencia de Fríguls por teléfono pudo convencer a la recepcionista y facilitar el trámite burocrático. La tensión del momento me hizo olvidar mis temores de novata, que agotó innumerables días en bibliotecas oscuras buscando información, y repensando la manera idónea para indagar sobre cuestiones harto delicadas.

La prueba de fuego comienza justo cuando cruzo el umbral de la emisora Radio Reloj y una figura alta me espera con un inusual: "Adelante, las damas primero", que descubre su categoría de caballero. El epíteto de Decano de la Prensa en Cuba no es lo único que lo conecta con el otrora diario de los Rivero: su piel tiene la misma fragilidad y color de las páginas del único periódico con valor editorial, que con curiosidad hojeé tantas veces.

Su extrema delgadez acentúa más su tamaño, sin  hacerlo parecer inaccesible por la jovialidad de su actitud. Las manos de Fríguls reflejan la delicadeza del oficio de la pluma, con sus finos y sedosos dedos. Mientras habla reproduce la costumbre tan cubana de gesticular, siempre desde su alta cultura e intachable educación. Su presencia lo define como una persona meticulosa, pendiente de cada detalle que pueda afectar su imagen persuasiva.

Cuando comienza la conversación me dice: "Hay una pregunta que siempre me hacen en todas las entrevistas: ¿Por qué no me fui de Cuba en el año ´59?, y más adelante te la voy a responder". Solo asiento con la cabeza y pienso, mientras que, discretamente, vuelvo a repasar su rostro: la vida de Fríguls está ligada por nacimiento y obra a nuestra tierra bendita, y lo demuestra con mayúsculas todos los días, cuando cubre su porte distinguido con una cubanísima guayabera blanca. 

"A la ingerencia extraña solo puede responder la virtud doméstica"

Manuel Márquez Sterling.

Juan Emilio Fríguls nació el  30 de Agosto de 1919, en medio de una etapa de transición política y económica. El aumento de los precios del azúcar por la reconstrucción de la Europa tras la Primera Guerra Mundial anunciaba la llamada época de las vacas gordas.  Muy pronto la bonanza económica abandonaría a la Mayor de las Antillas para caer en más crisis que recuperaciones, producidas por la distorsión estructural y el proceso de inversiones norteamericanas en detrimento de los intereses nacionales.

Su niñez transcurrió en un ambiente de inconformidad nacional, cuando disminuyeron los aplausos a la intervención y a la dependencia económica. Su familia de industriales no padeció con tanta crudeza los altibajos de la economía, pero como cubanos (su padre era un catalán aplatanado) y cristianos a ultranza, discordaban con aquella marcha social deprimente.  Fríguls se fue formando dentro de los preceptos de un catolicismo bastante rígido, donde se laureaban valores como la pobreza, la humildad y el tesón.

La prensa cubana de inicios de siglo se había adecuado a los cánones del periodismo moderno, con la amplia empresa periodística que  basará su eficiencia en la publicidad y los dividendos de las ventas de su publicación.  Además los periódicos priorizaron la información en la primera plana y el papel de los grandes titulares.  El primer exponente fue El Mundo y el legendario Diario de la Marina, se  adaptó a iguales pautas. El boom de publicaciones llegó a sobrepasar la demanda y casi todas proponían ideologías diferentes.

Desde pequeño su mundo se alió al mundo del periodismo, cuando leía sus primeras letras en El Diario de la Marina. Después su afición creció junto a su talla y se apasionó por una prensa de larga tradición nacional, continuadora de un hábito endémico: los hombres de pensamiento avanzado se empeñaban en ser periodistas. Las diferentes ideologías que chocaban en la palestra pública traían consigo el encanto de plumas como la de Mañach, Marinello, Rolando Masferrer, Ramón Vasconcelos, Francisco Ichaso, Rubén Martínez Villena, Raúl Roa y José Ignacio Rivero.

La libertad de prensa estaba dada por la diversidad de publicaciones y el público podía elegir qué visión de su realidad deseaba leer o escuchar, pero esta libertad también se menguaba por las intenciones y carácter del presidente de turno y la política estadounidense. La revolución del 30 le mostró un tiempo después, mediante los maravillosos trabajos de Roa, al joven Fríguls que la profesión periodística tenía predestinada la represión por su impacto en la sociedad.

Su inquebrantable fe religiosa lo llevó a desear convertirse en sacerdote y renegar a una vocación de los primeros años. La Iglesia Católica en la Neocolonia, se inauguró con cierta inercia, pero mantuvo el discurso triunfalista desde su llegada a las Américas bajo  las intenciones de la contrarreforma.  Pronto iría dejando atrás esa inactividad para reactivarse y continuar como la religión mayoritaria de la Isla. Fríguls durante su juventud contribuyó al desarrollo de la actividad de su Iglesia. Dirigió la Acción Católica y el desempeño periodístico de publicaciones católicas hasta el triunfo revolucionario.  Jamás realizó vida partidista, sino que tomó su fe como forma de entender su realidad y mejorarla.

Cursó sus primeros estudios en los colegios católicos de las Hermanos Maristas de la Víbora y los Escolásticos, cuyos sacerdotes en su mayoría eran catalanes como el padre del pupilo.  Su familia se dedicaba a negocios industriales y el primogénito decidió cambiar el buró de propietario por la máquina de escribir portátil. De su hogar recibió el apoyo para los estudios y  de  sus profesores toda aquella información que exigía incansablemente.

Estudiaba ya en el Seminario de Derecho Diplomático, cuando una página de diario le relevó la fundación de la segunda Escuela de Periodismo en América Latina, superada solo en tiempo por la academia argentina, la cual llevaría el nombre de un periodista sin par en estilo y en cubanía:  Manuel Márquez Sterling.

La Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling constituyó el triunfo del concepto de periodista como una profesión aprendida y no innata. El periodismo había alcanzado logros importantísimos desde los inicios de la República con la creación en 1902 de la Asociación de Reporters de La Habana. La novel organización se trazó grandes metas que le llevaron varios años para cumplirlas como el descanso dominical para trabajadores de periódicos (1934), medidas que condujeron a las contratas de trabajo, salarios mínimos, la creación de la escuela y la colegiación de periodistas para regular y permitir el ejercicio de la profesión solo a aquellos graduados de la Márquez Sterling.

A la incipiente academia deseó asistir el joven Fríguls de 24 años, y si para muchos intelectuales significó un fracaso, para él era la posibilidad de seguir una vocación, hasta el momento, varada.

Juan Emilio Fríguls: Para el primer año se iban a conceder 50 plazas: 15 para graduados universitarios, 15 para bachilleres y 20 para candidatos sin título pero con vocación. Mi grupo era de bachilleres y tuvimos que ir a oposición, pues se presentaron más de treinta. Yo tuve la suerte de entrar en primer lugar.

Periodista: Antes de entrar a la Márquez Sterling  usted era un ferviente lector de periódicos y un joven deseoso de convertirse en reportero. ¿Qué concepción tenía de la misión de un periodista?

JEF: Yo tenía la idea de un periodismo siempre al servicio de su Patria y de aquellos valores que reconozca uno como fundamentales del hombre. A eso me he dedicado yo exclusivamente.

P: ¿Cómo cuál periodista de aquel entonces usted deseaba ser?

JEF: Uno, José Ignacio Rivero, no el que estaba frente al Diario cuando el Triunfo de la Revolución, sino el padre. Él hizo una crónica sobre el día de los Reyes Magos, que está entre las cien mejores crónicas en lengua española del siglo XIX.

P: Para entrar en la academia usted llevó una carta de recomendación firmada por el obispo de Cienfuegos, Monseñor Martínez Dalmau y el representante de la familia Rivero, Ramiro Sánchez. ¿Qué finalidad cumplían esas cartas de recomendación para la entrada a la escuela?

JEF: Se usaban para recomendar en cuanto a la moral, la ética, nunca  desde el punto de vista ideológico. Claro, lo que realmente valía eran las firmas. Yo volví con la diplomacia y le pedí la firma a Monseñor Martínez Dalmau, un obispo contrario al fascismo y reconocido académicamente, y a Ramiro Sánchez, el asesor de la familia Rivero, los dueños del Diario de la Marina.

P: En "El Periodismo moderno, escuela americana" (1942), Manuel Fariñas demuestra la influencia positiva del periodismo norteamericano en la práctica cubana. ¿Esta influencia también se mantuvo en la formación académica de futuros periodistas?

JEF: Sí. En primer lugar influía en la técnica de estudio. Cuando yo fui en 1951 a la Universidad de Columbia, el profesor que nos dirigió el recorrido nos dijo: Tienen suerte, porque hoy podrán ver un examen de uno de mis grupos. Nos llevaron al comedor, a la biblioteca, al área de deportes, hasta que un uruguayo preguntó cuando íbamos a ver el examen. El guía le respondió que lo habíamos pasado: en la biblioteca había como 60 estudiantes con los libros abiertos haciéndalo. Así mismo eran las calificaciones nuestras. Se consideraba que el estudiante solo debía conocer la fuente. También influía el pensamiento mercantilista de la sociedad norteamericana. Pobre del periodista de mi época que nada más leyera textos norteamericanos y no conociera el pensamiento francés, el español. A pesar de todo eso, en la escuela prevalecía entre el profesorado un sentimiento nacionalista.

P: La Márquez Sterling se inauguró con mucho bombo y platillo, pero en la práctica, ¿logró brindar una calidad profesoral tan alta como la que promocionaba?

JEF: Los alumnos de la primera promoción, la segunda y parte de la tercera, tuvieron una suerte extraordinaria, que no tienen los estudiantes ahora: todos los profesores eran eminentes periodistas: Ramón Vasconcelos, Guillermo Martínez Márquez, Raúl Maestre, Francisco Ichaso y José Zacarías Tallet.

P: Los profesores tenían ideologías diversas... ¿Alguno le mostró la realidad cubana por una óptica diferente, osada?

JEF: La primera conferencia que yo escuché en contra del imperialismo me la dio José Zacarías Tallet, quien nos impartía Historia y no Literatura. Y teníamos otra gran ventaja: a veces Ramón Vasconcelos, que vivía al lado de  la escuela, nos invitaba después de clase a su casa a tomar café y seguir hablando de periodismo. Y sin darte cuenta te ibas empapando de lo que era realmente el periodismo, además del conocimiento técnico como tipografía y gramática.

P: En cuanto a la libertad de prensa que proclamaba el sistema político cubano, ¿la escuela confirmaba su existencia o rebatía la afirmación oficial?

JEF: Las primeras promociones tuvimos la enseñanza de la libertad de prensa. Ahora para decirte que no existe, argumentan con una verdad: la poca libertad individual del periodista, quien sufre limitaciones por su medio. Los estados democráticos dan la libertad de prensa mediante la diversidad de publicaciones, y el público puede escoger entre varias versiones de un hecho. Si tú eras conservador leías el Diario de la Marina donde se decía que el valor económico de un pueblo lo tenían los patrones. El periódico Hoy decía lo contrario, pues era comunista. El Mundo seguía las doctrinas liberales y decía que había patrones buenos y malos, y obreros buenos y malos. Si no estabas de acuerdo con nada de eso, El Crisol, El País o Avance proponían otros puntos de vista.

P: Después de la fundación de la escuela solo podían ejercer la profesión periodística quienes ostentaran el título de graduación. ¿Qué solución pusieron en práctica para aquellos periodistas talentosos y otros no tan capaces que ejercían sin formación intelectual?

JEF: Después que se funda la Escuela solo podían ejercer el periodismo los graduados de ella. A los miles de periodistas, y una buena parte eminentes, que no tenían título, se les otorgó un Certificado de Actitud Periodística que los avalaba. Estos certificados solo se  darían en esa oportunidad.

P: ¿Qué expectativas con respecto al periodismo manifestaban los estudiantes de la Márquez Sterling.?

JEF: La mayoría pensaba que iba a seguir el periodismo cubano como hasta entonces. Sin un gran esfuerzo te hacías de buenas entradas mediante las llamadas botellas o garrafones. Cuando te llamaban para cubrir, por ejemplo, cultura, el director del medio te daba un sueldo mínimo de 32 pesos a la semana y tres cartas: una para el director del Museo Nacional, otra para el Ministro de Cultura y otra para la Unión de Escritores y Artistas. Cada uno te iba a dar un cargo mensualmente de 300 pesos más o menos, que bajaría o subiría de acuerdo a tu capacidad y los servicios que prestases. Entonces apareció un caso único en el periodismo cubano que es el mío.

P: ¿Sintió Juan Emilio Fríguls que estaba formando parte de un experimento durante su carrera en la Márquez Sterling?

JEF: Claro que sí. Lo fue para los alumnos y para los profesores que no lo habían sido nunca. Si había alguna carencia en alguno de los profesores era que no tenían el sentido pedagógico. Ellos estaban acostumbrados a escribir todos los días, y de  buenas a primeras tuvieron que impartir clases, asumir una asignatura. En algunos pocos, nosotros notábamos alguna laguna, pero todos eran especialistas en sus materias.

P: En su comentario ¨La Escuela Profesional de Periodismo¨ (1947), el profesor de Geografía e Historia, Juan Luis Martín, afirmó sobre los primeros graduados. ´´Hay quienes se lo niegan todo, hay quienes se lo conceden todo´´. ¿A cuál de los dos grupos perteneció usted?

JEF: A mí me lo dieron todo. Me dieron permiso para trabajar en Información, firmando todos mis trabajos cuando estaba todavía en tercer año. Yo entré en Información el 13 de febrero de 1945, y el día 14 salió mi primer trabajo. El día 24 de ese mes era de fiesta nacional y yo estaba jugando tenis cuando mi madre me avisó por teléfono porque el director del periódico me estaba buscando como loco. Cuando llegué estaba hecho una fiera, con mi trabajo del día 25 en la mano y me decía: Yo no le dije que no se metiera con los protestantes, ¿cómo usted los llama aquí un gran rebaño? Vaya, director- le respondí-, la palabra rebaño es técnica dentro de la Iglesia, por eso le dicen a los obispos pastores. Al hombre se le iluminó el rostro y llamó a Juan David, el célebre caricaturista, para que hiciera una para mí, y desde ese día salí en la misma página de Suárez Solís, Baquero y Luis Amado Blanco. Y para eso hubo que pedir permiso a la escuela y al Ministerio de Educación.

P: ¿Qué significó para usted la clausura de la Márquez Sterling?

JEF: Me dolió que se cerrara. Durante todos los años que estuvo allí, todos los 9 de diciembre íbamos a su tumba y hablaba un profesor y un alumno. ¿Por qué el nombre de Manuel Márquez Sterling ni se menciona hoy? Uno de los hombres que más luchó contra la Enmienda Platt, y firmó su abolición el 24 de marzo de 1934. ¿Qué pasó con las nuevas generaciones de periodistas, que ni se les habla de Márquez Sterling, ni de la significación de la escuela, ni de otros temas relacionados con el periodismo?

                        "¿Y que cosa es un periódico sino un niño que nace todos los días"

Gastón Baquero

Los primeros trabajos de Juan Emilio Fríguls vieron la luz en la prensa plana. Como ha declarado en otras ocasiones, todavía hoy mantiene ese amor por el periodismo escrito, aunque desde 1968 no lo ejerce en un  diario.  Desde sus inicios, se ha caracterizado por ser un periodista encantado por los géneros más inmediatos como la nota informativa. Sus comentarios, reportajes y crónicas se adaptan a la rapidez requerida por el tema, y escoge hechos que deben publicarse al otro día, y no tras muchas jornadas de redacción y trabajo de estilo.  Fríguls se inserta en la rutina más tradicional y dinámica, y en correspondencia desarrolla un estilo claro, que acoge también las características del lenguaje del tema abordado, como por ejemplo en la página católica del Diario de La Marina.

P: Cuando aún era estudiante usted trabajaba como periodista del Diario más voluminoso de la República: Información. ¿Cómo llegó a publicar en un periódico tan importante?

JEF: Un día, en la clase de Organización Periodística, el profesor Jiménez Perdomo nos aconsejó especializarnos en un tema porque un buen periodista no es aquel que solo domina la técnica, sino quien domina determinado tema. Agregó que su director (Santiago Claret), estaba buscando un periodista que tratase temas de sociología religiosa. Ese mismo día le envié un telegrama a Claret donde le pedía una audiencia. Me llegó la respuesta con una cita para el otro día. Cuando me vio tan joven, me hizo redactar el mismo artículo tres veces. Le gustó mi trabajo y me aceptó con las siguientes pautas: Usted puede escribir todo lo que usted quiera, menos de cuatro cosas: contra los comunistas, porque le meten una huelga a cualquiera, y yo no quiero una en el periódico; no se meta con los judíos que tienen mucho dinero y nos quitan los anuncios; no se meta con los protestantes en asuntos religiosos; y por último, no se meta con los masones porque yo soy Grado 33 de la Masonería.

P: ¿Con las pautas que le marcó Claret podía usted escribir algún trabajo crítico?

JEF: Sí, por ejemplo, cuando muere Elliot, ex primer ministro de Francia, un hombre que toda su vida fue protestante en contra de la Iglesia Católica y durante su último año de vida se convirtió al catolicismo. Yo destaco su cambio, pero lo explico por su cultura, su experiencia política y su conocimiento sobre algunas personalidades importantes de la Iglesia. Si hubiera tenido total libertad, hubiera resaltado la importancia del cambio religioso desde un punto de vista teológico.

P: En aquella época solo usted se dedicaba a cultivar el tema de la sociología religiosa en Información. ¿Por qué en 1947 pasa al Diario de la Marina?

JEF: El Diario de la Marina comienza a sentir celos de mi trabajo para Información, y tratan por todos los medios de llevarme con ellos. Yo había aprendido a leer con mucho amor en el Diario de la Marina; pero como dirigente católico me molestaba mucho que defendieran a los patrones y no a los obreros, y se autoproclamaran un periódico cristiano. Primero me llamó Gastón Baquero, después mediante la embajada española quisieron presionar a mi padre y muchas personas más, y yo siempre decía que no. Mi padre un día me aconsejó: Si tú quieres seguir en el periodismo no te busques problemas con el Diario de la Marina. Hablé con mi consejero, el obispo Dalmau, y me dijo que fuera a la cita, dijera que para mi era todo un honor y les pusiera condiciones muy grandes. Antes de subir me tomé un daiquirí y les pedí un salario de 100 pesos semanales, porque yo no aceptaba botellas, libertad dentro de mi sección y que se anunciara mi llegada al diario con una foto y una biografía realizada por mí. Eso fue el 24 de junio de 1947 y el 26 me llamaron para pedirme la foto y la biografía.

P: Entre las peticiones que usted le hizo a la dirección del Diario estaba la de libertad plena en su sección. ¿Qué carácter tenía esta libertad?

JEF: La libertad era esencialmente doctrinal, aunque yo podía valorar una encíclica desde el punto de vista del Diario o como la pensaba yo, que pertenecía al grupo de jóvenes católicos de tendencias liberales dentro de la Iglesia. Ese grupo se reunía en la Acción Católica y algunos como Andrés Valdespino y Ángel del Cerro se separaron de ella para ocupar cargos en el gobierno. Yo decidí permanecer en la dirigencia de Acción Católica.

P: ¿Alguna vez sufrió la censura de algún trabajo suyo en el Diario de la Marina?

JEF: Como cualquier director o jefe de información, tenían total libertad para censurar o corregir cualquier trabajo. El deber del periodista era hacer su trabajo, si después no lo  publicaban, no era problema suyo. Particularmente, yo no creo que el Diario me censurara o reformara algún trabajo, y siempre respetaron mis colaboraciones con otros medios.

P: El Diario de la Marina se vanagloriaba de ser el órgano oficial de la Iglesia Católica Cubana. ¿Dicha alianza era real?

JEF: Uno de los errores de la Iglesia Católica fue no preocuparse por la propaganda fuera de la Iglesia. Influyó que nunca se sintió atacada verdaderamente por nadie y todos los periódicos la respetaban. El Diario de la Marina siempre quiso tomar la Iglesia como uno de los medios para justificar sus criterios sociales. Trató por todas las vías que la Iglesia lo viera como su defensor. Para aparentar que tenían una hermandad con la jerarquía, nombró al Cardenal Arteaga miembro del Consejo de Dirección, y el Cardenal en su vida asistió a ninguno. Una prueba fue mi propio caso: el Diario tuvo que hacer lo imposible para captarme, si realmente hubiera existido esa relación, el arzobispado les habría nombrado a un sacerdote. Además, a nivel personal, excepto Silvia Hernández, la viuda de Pepín y Pepinillo, ninguno tenía el cumplimiento católico.

P: Cada vez que alguien realiza un currículum suyo menciona su trabajo para la Catholic Welfare, Conferencia de Washintong. ¿Cómo obtuvo tal empleo y hasta cuándo fungió en el?

JEF: Ese fue el antecedente de la actual ZENIT del Vaticano. A raíz de mi trabajo en Información, me nombraron para colaborar con ella. Pasé un curso de tres semanas en Washintong sobre las orientaciones para la realización de las notas informativas. Trabajé para ellos hasta noviembre del año 1947, pues tenía mucho trabajo y nombraron como sustituto al padre Biaín.

P: Usted también colaboró con Bohemia en la misma época de la osada sección En Cuba, dirigida por Enrique de la Osa y para la que tributaban clandestinamente periodistas como Martha Rojas. ¿Colaboró alguna vez para esa sección?

JEF: Yo trabajé para la sección En Cuba. Lo primero que te pedía Enrique de la Osa era total secreto. Yo atendía los temas de diplomacia y religión. Seguía a las personas, escuchaba lo que decía y preguntaba lo que me interesaba sin entrevistar, sin levantar sospechas.

P: En la entrevista que le realizó Kathy Rojas, usted declaró: "Supongo que aún sigo prefiriendo la prensa plana, pues allí se insinúan más los valores del periodismo como escritura". ¿Por qué después del cierre de El Mundo no trabajó más en prensa plana?

JEF: ¿En dónde? Bueno, sí, continué en Bohemia, pero diariamente no. Eso es lo que más me duele, porque a mí lo que me gusta de verdad es la prensa plana.

                 "Pon tu pensamiento en mí /

y verás que en ese momento, /

mi fuerza de pensamiento /

hará el bien sobre tí"

Clavelito

El encanto de la radio también sedujo a Fríguls. Cuando el joven periodista se estrenó en ella, había entrado en su fase monopolista, y Cuba vivía la disputa de la audiencia entre el magnate Goar Mestre y el ingenioso Gaspar Pumarejo. A pesar de que dominaban los anuncios publicitarios que sostenían el negocio, las radionovelas al estilo de la muy popular "El derecho de nacer", los programas de los líderes partidistas, musicales y espacios tan locos y manipuladores como el de Clavelito, quedaba espacio para realizar un buen periodismo.

El original radioperiódico La Palabra de Unión Radio, con sus experimentaciones en el uso de efectos originales para separar las noticias, y la cobertura de Germán Pinelli, transmitida en vivo desde el suelo del lugar donde se enfrentaban dos bandas de policías, constituyen ejemplos del tipo de periodismo radiofónico de entonces. El 6 de octubre de 1946, los mejores cinco expedientes de la primera graduación de la Márquez Sterling, inauguraron el tan esperado noticiero de Unión Radio.

JEF: Pumarejo tenía su propio carácter de inventar cosas, y él vio en seleccionar lo cinco mejores expedientes de la Marquez Sterling para inaugurar el noticiero de Unión Radio, una novedad. Otros medios quisieron copiar la experiencia, pero se dieron con la puerta porque los expedientes 14, 29 ó 30 no dieron los mismos frutos.

P: Todavía hoy se recuerda por su originalidad el  noticiero de Unión Radio. ¿Durante el tiempo que lo realizaron, sintieron que hacían un periodismo diferente?

JEF: En parte, porque todo lo que hizo Pumarejo estaba ya inventado. El tenía un gran dominio sobre la radio y quiso experimentar en la nueva emisora, que no tuvo éxito enseguida. El éxito mayor lo alcanzó cuando entró Pardo Llada como jefe de información en Unión Radio. Su editorial de la una de la tarde, y repetido a las 7 de la noche, lo oía toda Cuba. Sus trabajos eran de oposición total al gobierno, fuera el que fuera.

P: ¿Cuáles temas cubría para Unión Radio?

JEF: Yo cubría lo mismo que ahora: todo lo relacionado con cultura y relaciones internacionales, y para que Unión Radio cobrara un buen cheque del Ministerio de la Agricultura, de cuando en cuando hacía algunas cosas de agricultura.

P: Uno de los grandes palos periodísticos de su carrera fue la noticia de la muerte de Chibás para la radio. ¿Cómo pudo adelantársele a los demás periodistas?

JEF: La misma noche que murió Chibás, yo fui al cine  y cuando íbamos a regresar, sentí como una corazonada y le dije al chofer: Vamos un momentico a ver cómo está Chibás. Al llegar, una enfermera y el doctor Trigo me aseguraron que estaba muy bien. En ese mismo momento llamaron de la habitación y Trigo subió. Cuando regresó, me dice que Chibás no se encuentra muy bien y tiene dolor en el tórax. Le avisó al doctor Rodríguez Díaz, un eminente cirujano, que lo llevó al quirófano. Yo entré con ellos, gracias a que un enfermero me facilitó una bata blanca. Al poco rato, Rodríguez Díaz hizo un gesto con las manos en señal de muerte. Yo había mandado a buscar mi máquina Oliver y envié la primicia a Unión Radio. Al otro día, todos los periódicos a las 5 de la mañana salieron con la noticia y el Diario de la Marina con un reporte especial mío.

P: En varias ocasiones usted ha reconocido su desencuentro con la Televisión. ¿Qué circunstancias lo llevaron a conducir el programa Telecierre en los años ´70?

JEF: Por aquella época, el ICRT innovó con la dirección central de prensa. Había que realizar las informaciones de manera que sirviesen para la radio y la televisión. Allí estuve como dos años y pico, pero no me acabó de gustar la Televisión, porque me tenía que dedicar solo a ella.

En 1959, Unión Radio estuvo entre los primeros medios cerrados por el gobierno revolucionario, dada la vinculación directa de su dueño con el régimen anterior. Fríguls pasó a la emisora de la Central de Trabajadores Cubanos para cubrir los asuntos internacionales. Después de la clausura del Diario de la Marina en 1961, sus talleres se convirtieron en la Imprenta Nacional, y el propio Armando Hart le pidió que trabajase en la recién nacida empresa. Alejo Carpentier dejó a su cargo Ediciones Juveniles, hasta que su vocación lo llamó: pidió la reinsersión en algún medio.

Radio Habana Cuba le abrió sus puertas y los asuntos culturales. Allí realizó una ardua labor y aumentó su curriculum en el sector de la cultura, que le proporcionaría más tarde el premio de periodismo cultural "José Antonio Fernández de Castro". En 1970, pasó a Radio Reloj, donde todavía hoy se le ve siempre apurado y cultivando el mismo periodismo de calidad de antaño; pero ahora con el merecido lauro del Premio Nacional de la Radio desde el 2003.

"La mayoría de la gente es demasiado perezosa para pensar por su propia cuenta,

y está pronta a aceptar las opiniones que los periodistas dan"

Rafael Fariñas Rojas en El periodismo moderno, escuela americana.

"No hay cetro mejor que un buen periódico".

José Martí

Las seis décadas de profesión periodística de Juan Emilio Fríguls han transcurrido en momentos cruciales  de la historia cubana. Durante la República el termómetro de nuestra actividad periodística era la homóloga norteamericana. Esta profesión en los Estados Unidos ha manifestado desde su fundación como país un nivel de calidad y justa función dentro del entramado social; pero todo calco trae consigo consecuencias negativas. A través de la prensa norteamericana que llegaba a la Isla, se importaba también su way of life e ideología subyugadora. Si resultó positiva la influencia de la técnica periodísta, la tendencia extranjerizante provocó distorsiones, incluso en el desplazamiento de palabras en español por su equivalente en inglés.

El sistema de comunicación cubano estaba organizado a la usanza del país vecino: la constitución amparaba la libertad de prensa y expresión, y la práctica cotidiana la violaba. Al calor del trópico y la costumbre latinoamericana dictatorial, la constitución representaba una formalidad sobre la que se erigía el presidente de turno.

Su etapa de novato en la prensa se correspondió al poderío auténtico: la guerra fría, desatada después de la Segunda Conflagración Mundial, contra las corrientes más radicales de la izquierda, extendió una oleada a la Mayor de las Antillas por el canal de la metrópoli. El ataque directo lo recibieron las organizaciones cubanas de dichas ideologías. En 1952, toda libertad o derecho recibió el golpe de gracia con la usurpación de la silla presidencial por Batista. La prensa se dedicó, salvo escasas excepciones, a alabar al dictador.

El primero de enero de 1959 provocó un giro de 180 grados en la prensa cubana. Fríguls vio derrumbarse la práctica tradicional del periodismo, y comenzar a erigirse en su lugar un sistema centralizado, donde todos los medios pertenecían a instituciones de masas o políticas, se ampliaban los valores noticia y ponían en práctica diferentes mecanismos para interactuar con las fuentes y obtener la información. En Palabras a los intelectuales (1961), Fidel enfatizó en la generalizadora frase que regiría la labor intelectual cubana hasta la actualidad: "Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada".

P: ¿Qué funciones debe desempeñar la prensa dentro cualquier sociedad?

JEF: El papel de la prensa debe asumirse con un alto sentido de la ética (que salva a un periodista de cometer muchos errores), de la profesionalidad, desde el punto de vista de ofrecer una información bien realizada, y de cuanto representa tu labor para el país. Hay periodistas que llevan 25 años trabajando y no se han percatado de que puede ser un granito de arena para la superación de su Patria. No llevan dentro de su vocación el criterio de que están haciendo Patria.

P: Ni periodistas ni literatos acaban de lograr un consenso sobre la antiquísima polémica entre periodismo y literatura. ¿Es o no el periodismo, literatura?

JEF: El periodismo no es más que un género de la literatura. La verdadera crónica tiene un 50% de literatura y un 50% de periodismo. A veces se enriquece una crónica con un verso de X, o se inicia con él. Cuando se hace periodismo no se crea, se difunde, y en una crónica se crea, se inventa sobre la base de la realidad, o específicamente de un hecho noticioso. No es menos cierto que una información por muy bien escrita que este nunca será literatura.

P: Las exigencias del periodismo actual equidistan  de aquel donde usted se formó. ¿Se ha adaptado completamente a las nuevas demandas de la profesión?

JEF: No sé si sería esa característica de la juventud que se cree conocedor de todo, pero yo he perdido esa seguridad de mis primeros años en el periodismo frente a la máquina. Ahora con la computadora temo no captar las exigencias del periodismo actual.

P: ¿Existe para Juan Emilio Fríguls la objetividad?

JEF: ¡Cómo no va a existir! Lo que puede ser que determinado periodista no tenga el talento o el conocimiento para saber dónde está, o qué cosa es. La objetividad no la da la carrera periodística, sino tu conciencia personal, y tratar cada día de ser más objetivo. Esa es la ventaja que tiene el hombre de fe religiosa, le sirve para superarse y ser mejor persona cada día.

P: Después de tantos años de profesión debe atesorar muchos trucos y consejos para los que se inician en el periodismo...

JEF: Algo muy importante en el periodismo es que no se puede hacer nada en solitario. El periodista tiene que estar inmerso en su sociedad, ser actor, para poder obtener noticias de ella.

El verdadero periodista es aquel que le da luz inmediatamente a la información, y más se valora si se hace para la radio, que lleva intrínseco el valor de la inmediatez.

El buen periodista siempre puede encontrar una parte efectiva de su trabajo, sin que eso le afecte su ética profesional.

Hay periodistas que creen que las relaciones públicas se establecen solo con personas importantes. Cualquier persona puede proporcionar una información o un acceso a una fuente. Y muy importantes y difíciles son las relaciones con los propios colegas, que se niegan muchas veces a verificarte un dato. Hay que ayudar a todo el mundo porque tú no sabes si el compañero más pesado te salva en algún momento.

Un sabio español me recomendó una vez, que para revisar una información la leyera en voz alta, la musicalizara; y donde no sonara bien había algún error de sintaxis, de adjetivación. Eso nunca falla.

"La prensa es Vincio y Angelo, creadora del nuevo templo magno e invisible,

del que es hombre puro y trabajador, el bravo sacerdote".

José Martí

El diarismo ha consumido casi todo el tiempo de su vida profesional, aunque Fríguls siempre ha sido un hombre de varias redacciones y alternativas para sus palabras e ideas. Durante su juventud respondió a cinco redacciones diferentes, y buscaba por sí mismo todas sus fuentes y contactos. Sus superiores nunca pudieron proferir queja: el periodista cumplía a cabalidad las pautas de cada medio y se formaba un sello personal.

Cuando se escucha su nombre viene a la mente la premisa de noticias inolvidables para la historia nacional. Su gran mérito radica en el trabajo del día a día, en sacar a la luz con la rapidez de la profesionalidad, las noticias que hacen cada jornada diferente de la anterior. Sin embargo, un espacio de tiempo para trabajos más profundos, ha encontrado cabida en su apretada agenda: "Los catalanes en Cuba", "Las Iglesias de La Habana", un libro sobre Gaspar Pumarejo y un estudio de la obra de Juan Ramón Jiménez. La suerte lo ha abandonado cuando decide publicar algún libro; pero su espíritu jovial olvida esos momentos desagradables para recordar su presencia durante la presentación de Fidel en Santiago de Cuba. Su misión consistía en interceder por los moncadistas, y había sido asignada por el Cardenal Arteaga a un grupo de devotos y sacerdotes. Por supuesto que el periodista regresó con un trabajo para el Diario de la Marina, que sufriría un triste final.

JEF: El trabajo que yo realicé sobre la presentación de Fidel en Santiago de Cuba para el Diario de la Marina, antes de publicarlo lo tomó el censor asignado por Batista que estaba en la redacción para mostrárselo al Presidente. Lo devolvió lleno de tachaduras en rojo y ampliaciones del puño y letra de Batista. En una de esas ampliaciones llamaba a Fidel insurrecto y el Diario no lo publicó con ese calificativo, siempre mantuvo respeto, aún para sus propios enemigos.

P: ¿Cómo lograba obtener primicias tan codiciadas por los diferentes medios?

JEF: Casi siempre de casualidad, o mediante alguna relación importante, por ejemplo, en el año 1953, el ex asesor del General Marshall, William Poll, viene a Cuba para invertir en el negocio del cambio de tranvías por autobuses. Todos los medios estaban esperando coger a Poll para una foto y una entrevista, cuando saliera de su habitación en el Hotel Nacional. Yo le hacía las relaciones públicas a Julio Lobo, el azucarero, sin que nadie lo supiera porque después vendrían otros a pedirme el mismo servicio; y él me presentó a  William Poll para que yo le realizara la publicidad. A los diez días ya tenía el permiso para iniciar la propaganda, con la condición de que el reportaje fuera revisado por él.

El domingo yo llevaba mis colaboraciones a Bohemia y me encontré a Quevedo, el director, con un tremendísimo dolor de cabeza porque le iban a dar el palo y su periodista no había podido entrevistar a mister Poll.  Llamé a la secretaria de William Poll y este me dio la autorización de iniciar la propaganda sin cambiar el reportaje. Y Bohemia dio el palo con un reportaje enorme y muchas fotos.

La persistencia es el don principal de un periodista y gracias a él, Fríguls ha obtenido valiosas informaciones que engalanan su curriculum y  se convierten en nuevas historias para contar. La prensa revolucionaria de un tiempo a esta parte, mantiene el sistema de acreditación, desempeñado por la Agencia de Información Nacional. Su fino olfato, las relaciones de antaño y las que no deja de establecer todos los días, le han proporcionado nuevas buenas, amén de los impedimentos.

Bibliografía

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Baquero, Gastón: El periodismo como espejo de nuestro tiempo, La Habana, Ediciones del Ministerio de Educación, 1950.

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Diario de la Marina, El. Cuba. Enero de 1948, febrero de 1949, mayo de 1952

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Fariñas Rojas, Rafael: El periodismo moderno, escuela americana, La Habana, Talleres El Fígaro, 1942.

Gómez Treto, Raúl: La Iglesia Católica durante la construcción del socialismo, s.ed., 1989.

Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias: Diccionario de la Literatura Cubana, La Habana, Ed. Letras Cubanas, 1984.

Marrero, Juan: Dos siglos de periodismo en Cuba, La Habana, Ed. Letras Cubanas, 1998.

Mota, Francisco: Para la historia del Periodismo en Cuba: un aporte bibliográfico, Santiago de Cuba, Ed. Oriente, 1985.

Suarée, Octavio de la: Por una facultad de Ciencia de la Prensa que doctore el periodismo, La Habana, s.ed., 1955.

 

 

PERFIL EDITORIAL: SER LO QUE QUEREMOS Y PODEMOS SER

PERFIL EDITORIAL: SER LO QUE QUEREMOS Y PODEMOS SER

Dr. JULIO GARCÍA LUIS, 

Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

En mi registro Guinness personal del ridículo tengo archivado lo que se publicó en un órgano de nuestra prensa, no hace tanto tiempo, si mal no recuerdo en un mes de diciembre.  El país, en su expansión de la industria sin humo, había logrado alcanzar en ese momento, antes de fin de año, la cifra de dos millones de turistas.  Era una muy buena noticia.

Pero ese día el periódico trajo... ¿se recuerdan ustedes?  Trajo nada más y nada menos que una nota oficial del Ministerio del Turismo, en la consabida prosa, anunciando en primera plana que a Cuba había llegado el turista número 2 millones.  Un turista sin nombre.  Un turista sin país ni nacionalidad ni sexo ni edad ni rostro.  Un turista sin un ramo de flores y un trago de bienvenida.  Un turista sin una sonrisa que nos saludara desde la prensa, y que llegara con esa alegría al mundo, vía Internet, para decirle que acababa de arribar a una tierra a la cual era una felicidad viajar.  Esa oportunidad se perdió.  Su lugar la ocupó la nota de un organismo.

Comienzo por esta anécdota, y por la moraleja que ella encierra, para recordarnos a todos que no podemos esperar por que los factores externos a la prensa contribuyan a que haya periodismo y a que éste realice el perfil editorial que corresponde a cada órgano.

Si alguno lo hace, perfecto.  Si podemos ayudar a que otros lo entiendan, o a que avancen en su comprensión, claro está que debemos hacerlo.   Pero siendo hermanos de una misma causa, hemos de reconocer que nuestras percepciones e ideales sobre lo que debe hacerse en la prensa son a menudo diferentes.  Eso, a fin de cuentas, es típico de toda prensa y no solo de la socialista.

Yo sé lo que ustedes están pensando ahora mismo.  Están pensando que, en esa disparidad, el poder y la capacidad de decisión la mayoría de las veces están del otro lado y no del lado nuestro.  ¿Correcto?

Bien, ese es un hecho.  Pero si nosotros queremos que este tema, que hemos debatido tantas veces y que vuelve por sus fueros al Festival, tenga alguna utilidad y no se disuelva en una catarsis estéril, debiéramos proponernos un ejercicio mental que separe, aunque sea un poco artificialmente, lo que nos corresponde internamente a periodistas y directivos para realizar un perfil que nos identifique, que tenga personalidad, que cumpla objetivos propios, que ofrezca variedad y que dé respuesta a los intereses diversos de públicos distintos.

Las claves de lo que se pudiera hacer, o continuar haciendo, o fortalecer en el plano interno son a mi juicio las siguientes:

1.  Ser proactivos y no abandonarnos a la espontaneidad.

Como ya vimos, y conocemos por experiencia, la presión que viene de nuestras fuentes, del entorno institucional, tiende muchas veces hacia la homogenización y la instrumentalización de la prensa.  Nosotros no debiéramos limitarnos a reaccionar frente a ese discurso, con el que a veces no podemos hacer nada.  Es preciso actuar y salir ante la opinión pública, en todos los espacios donde esto sea posible, como órganos de la sociedad y del Partido que saben lo que hacen, que tienen sus propios planes, sus propios objetivos y un discurso mucho más efectivo que aquél burocrático.  Esto es estratégico.  Es nuestra mejor arma para persuadir y educar a los organismos y a la sociedad sobre cómo encaminar las relaciones con la prensa.  Aquí es fundamental el papel de los cuadros y de los colectivos.  Hay que desarrollar nuestras fortalezas, ante todo la autoridad que surge de un trabajo serio, de calidad, sin equivocaciones.  Hay que tener un sistema de trabajo interno, en particular de planificación, que potencie esos elementos.  Hay que elaborar y utilizar herramientas como los perfiles editoriales y las cartas de estilo.  Si nos dejamos llevar por la espontaneidad, o la confundimos con la disciplina, está claro que nuestras aspiraciones en cuanto a perfil se las llevará la corriente.

2.  Abrir espacio a una mayor participación de los periodistas.

Esto es política establecida, como todos conocemos.  Está incluso reconocido en nuestro Código deontológico.  Los periodistas, individual y colectivamente, representados por la UPEC, tenemos derecho a participar en la elaboración, la ejecución y el control de las políticas editoriales.  Estimular esa fuerza de contrapartida interna, sumar todo ese talento y capacidad crítica en función de la realización del perfil que nos corresponde, puede ser una fuente de eficacia y de búsqueda de ideas de trabajo muy útiles. 

3.  Estimular al grupo de periodistas que puede marcar la diferencia con trabajos de sello más personal.

En todo periódico o revista existe, como sabemos, un cierto número de periodistas que, por su nivel de desarrollo profesional, por los temas que habitualmente tratan y por su reconocimiento público son los que deciden que ese órgano de prensa logre, en su conjunto, los contenidos, el estilo, el tono, la imagen visual y el balance que componen el perfil editorial.  No importa que uno esté en la información nacional, otro en el deporte u otro en la cultura: hay que buscar un mecanismo que potencie el efecto de ese grupo.   El resto de los periodistas son desde luego importantes y se debe trabajar con todos ellos, aunque no marcan la diferencia.  Estos, sí.  Se les debiera alentar a que desplieguen un sello más personal y a que fortalezcan sus espacios.  Hay muy sólidos ejemplos en algunos periódicos y revistas que se pudiera citar.  Una buena firma a veces cambia por completo la imagen de una edición.

4. Mover con más frecuencia el arsenal de recursos que posee la prensa, entre ellos el humor y la ironía.

La impresión de que "todos los periódicos dicen lo mismo" o de que "este periódico parece escrito por una sola persona", en muchas ocasiones no responde a ninguna presión externa ni a nada semejante.  Es resultado de la inercia, de la rutina, del arraigo de un estilo periodístico que busca imitar el discurso político y asimilarse a él.  Esto último requiere que le dediquemos al menos dos frases.  Nosotros, como revolucionarios y militantes, compartimos la política y luchamos por ella.  Pero nuestra forma de hacerlo y nuestro discurso debieran ser distintos.  Es un vicio burocrático que nos invade.  Todos somos por eso demasiado serios y demasiado editorialistas. Se nos olvida que existe el humor, la burla, el sarcasmo, y que la prensa en sí misma dispone de muchos recursos para tratar de modo variado los temas de la realidad.

5. Jerarquizar en su justo medio el valor amenidad.

Hace ya casi un siglo que los primeros teóricos de la comunicación definieron las 4 ó 5 funciones principales de la prensa, y ellos incluyeron entre ellas, casi siempre al final, la de entretener.  Me atrevería a afirmar que no hay realización de un perfil editorial ni autorreconocimiento de un público en un periódico o revista, si estos no están mediados por la capacidad de éste para brindad amenidad a quienes lo leen.  No es un ingrediente menor ni se resuelve tampoco poniendo un crucigrama o un acertijo en una esquinita de la última página.  Tiene que estar sustanciada en la masa de la publicación.  En sus materiales fundamentales.  El ser humano, en definitiva, no es solo el "animal político" de que habló Aristóteles, es también un ser psicológico que posee sentimientos, curiosidad y motivaciones.  Cada lector, en fin, necesita a un Luis Hernández Serrano, y no digo más.

6. Darles voz y presencia a los que nos leen.

Si presumimos un público, al cual nos dirigimos, ¿por qué no dejarlo que él se vea y se reconozca en la palabra de sus integrantes?  El logro del perfil editorial no es un fenómeno unilateral, que se cumpla con la acción y la intención de los que emiten los mensajes.  Esa sería una visión esquemática o voluntarista.  El perfil tiene que surgir de la comunicación y del intercambio activo entre la publicación y sus lectores.  Los lectores, la gente, tienen que construir junto con nosotros el perfil editorial, en un vínculo que se debiera reproducir día a día.  Existen múltiples formas de lograr esto, como todos conocemos, pero yo diría que el uso que hacemos de ellas en la prensa impresa es todavía bastante limitado.  Hay ocasiones en que los lectores pueden decir las cosas incluso de un modo mejor, más oportuno y más convincente que nosotros mismos.  Este es otro aspecto en el que tenemos que insistir desde la labor de dirección si queremos arraigar los distintos perfiles editoriales.

7. Arriesgarnos a trabajar sobre el borde y empujarlo con actuaciones limpias y contundentes.

Este punto, el último que quería proponerles, en cierto modo resume todos los demás.  Recordemos la vieja historia del caballo del general.  En las sociedades institucionalizadas, jerárquicas -y la nuestra es una de ellas- es habitual que cada escalón se reserve una distancia de protección respecto al peldaño superior.  Esto encierra el peligro del conservadurismo y se puede dar en cualquier esfera de la sociedad.  La prensa, sin embargo, tiene una posición muy peculiar.  Ella funciona "hacia arriba", como parte que es del sistema político, al cual responde, pero a diferencia de otros aparatos y organismos, funciona sobre todo "hacia abajo", hacia la calle y el pueblo.  No debiera haber contradicción entre una cosa y la otra.  Pero lo determinante ha de ser siempre el servicio público.   Es inadmisible que una actitud conservadora nos haga quedarnos por debajo de las expectativas y necesidades de la gente.  Ahí es donde se deciden los límites del perfil que hemos asumido.  Y por eso hablamos de trabajar sobre el borde de ese perfil, no tres pasos atrás, lo que no es aventurerismo ni exige en nuestra sociedad ningún valor personal exagerado, sino solo responsabilidad, profesionalidad y propósitos limpios y constructivos.

LA CRISIS DE LOS DISCURSOS RADIOFÓNICOS

LA CRISIS DE LOS DISCURSOS RADIOFÓNICOS

Dr. RAÚL GARCÉS,

Jefe del Departamento de Periodismo, Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Apelando a los mismos términos que empleara Umberto Eco hace varias décadas para definir la reacción de los críticos ante la cultura de masas, podría decirse que la radio cuenta hoy con más apocalípticos que integrados. Lo anterior no pretende ser una advertencia fatalista, sino el reconocimiento sin cortapisas de importantes señales de alarma, cuya desaparición o retroceso dependería en gran medida de una transformación radical en los discursos narrativos del medio y en muchas de las prácticas profesionales de sus hacedores.

Claro que el desarrollo de la radio comunitaria o la rápida evolución experimentada por una gran cantidad de emisoras en Internet podrían invocarse como contrapeso alentador, sobre todo en medio del avance cada vez más extendido en el mundo de una cultura audiovisual. Pero aun así los criterios apocalípticos resonarían impenitentes en los oídos de los radialistas, desde diferentes perspectivas. Para algunos, las audiencias de la radio se han reducido y continuarán reduciéndose en proporción dramática; para otros, las pérdidas financieras de las empresas radiofónicas han conspirado tanto contra el ejercicio del periodismo, que permiten pronosticar la muerte casi inminente de géneros como el radiorreportaje. El español Ángel Faus Belau, por ejemplo, al analizar estos y otros fenómenos, formula sus conclusiones en términos categóricos: "La radio, los radiofonistas, su empresa y sus gentes sufren de aburrimiento letal, desinterés total por el producto, la programación, el contenido y la audiencia. La radio está ayuna de investigación y ciencia propias, desheredada de ideadores, abandonada de creadores, magra en inventores y encadenada por la cuenta de resultados. Estamos ante la caducidad de un sistema y de unas fórmulas históricas de narración, contenido, programación y concepto radiofónico" (1)

Cuba, pionera en la transmisión de señales sonoras dentro del contexto latinoamericano, acumula una larga tradición en la producción de múltiples géneros y formatos radiales. El hecho de que en 1948 -cuando Félix B. Caignet estrenara a través del circuito CMQ su célebre novela El Derecho de Nacer-la Isla comprara el 25% de los receptores exportados por los Estados Unidos a América Latina, ilustra el alcance que para entonces había logrado la industria radiofónica nacional (2). Más de medio siglo después, la radio cubana sigue expandiendo el número de sus estaciones y oyentes, pero su evolución no es totalmente ajena a algunas de las tendencias internacionales arriba descritas. Junto a la creciente modernización tecnológica de las emisoras y la creatividad de un significativo número de realizadores, coexisten fórmulas rutinarias en el diseño de las programaciones, esquemas narrativos demasiado predecibles y un estilo de comunicación que, a fuerza de repetirse de un lado a otro del dial, tiende a perder su potencialidad dialógica.

SEÑALES DE ALARMA GLOBAL

Cualquier discusión sobre cómo revitalizar la capacidad sugestiva e innovadora de este medio debiera despojarse de miradas triunfalistas y empezar reconociendo los peligros que, más allá de la situación concreta de determinadas emisoras o contextos, acechan a la radio a nivel global. Como punto de partida de este análisis señalaría por lo menos cinco alarmas:

1.- Una económica, asociada a drásticos recortes presupuestarios en un escenario de disminución del número de oyentes y, por tanto, del financiamiento a las programaciones por concepto de publicidad. Es una realidad evidente la proliferación de emisoras que, lejos de generar informaciones con sus propios recursos, dependen cada vez más de consorcios oligopólicos de noticias. En los Estados Unidos, por ejemplo, de diez mil estaciones comerciales existentes hace algunos años a lo largo de toda la nación, sólo alrededor de unas 15 contaban con staffs periodísticos destinados a satisfacer las demandas de una programación informativa continua (3).

La imposibilidad de muchas empresas pequeñas de sobrevivir como proyectos económicamente autónomos, ha favorecido en la radio los mismos procesos de concentración mediática verificados a nivel global. Vuelve a ser el caso norteamericano en este sentido paradigmático, teniendo en cuenta que el 33% de los 13,6 miles de millones de dólares reportados anualmente como ganancia por el negocio radial de ese país,  van a parar a las arcas de cuatro grandes corporaciones: CBS; Hicks, Muse, Tate and Furst; Jacor y Clear Channel Communications (4).

Pero si tales tendencias fueron siempre presumibles dentro de un sistema comunicativo predominantemente comercial, cuesta más trabajo admitirlas en la especificidad del contexto europeo. Sin embargo, la radio de servicio público -- históricamente prestigiada por la calidad de su programación informativa y cultural-ha cruzado al tercer milenio reconociéndose en el espejo del modelo occidental, a partir de las privatizaciones iniciadas en los años 80 y acentuadas en la década siguiente. La competencia desenfrenada por aumentar el número de oyentes ha terminado generando, también en Europa, una programación de recetas que busca multiplicar sin grandes esfuerzos los índices de audiencia. Así por ejemplo, en Francia, los talk shows sobre sexo han invadido el espectro radiofónico y figuran entre los espacios más escuchados por los jóvenes. En el Reino Unido, una Ley de Telecomunicaciones aprobada en el 2003 privilegia el objetivo de atraer capitales para los medios, por encima de la misión de servicio público, tradicionalmente representada en la BBC. En España, según Mariano Cebrián Herreros, la radio ha perdido capacidad para generar obras creativas, dentro de la creciente comercialización y competitividad que enfrentan los medios de ese país.  

2.- Una alarma tecnológica, derivada de la Revolución digital del sonido y de la ampliación de los servicios de la radio a través de INTERNET.  Sin dudas, el uso de computadoras en la producción y trasmisión de mensajes radiales ha permitido mejorar ostensiblemente la calidad de la señal emitida, ampliar las potencialidades de las empresas radiofónicas a tono con la evolución actual de los medios y agilizar el proceso productivo de elaboración de noticias, aprovechando las ventajas ofrecidas por la edición no lineal. Pero tales avances, acontecidos en un lapso de tiempo histórico extremadamente breve, demandan de los radialistas nuevas habilidades en su formación profesional y un cambio de mentalidad en las lógicas que tradicionalmente sirvieron para concebir y estructurar las programaciones radiofónicas.

Si antaño era común que la realización de un espacio se compartiera entre guionistas, efectistas, musicalizadores, editores y directores, hoy es habitual que todas esas funciones se concentren en una sola persona. Si históricamente la radio fue un medio reservado para quienes tenían buena voz y sabían improvisar, a esas destrezas habría que adicionar ahora, por lo menos,  conocimientos de edición digital, lenguaje multimedia, diseño y actualización de sitios web...Si hasta hace pocos años las opciones de consumo radial de las audiencias dependían de la oferta contenida en la programación de las emisoras, hoy cualquier oyente con acceso a INTERNET puede diseñar su programación "a la carta", descargando de la red los espacios de su preferencia.

En suma --y tal como ocurre con otros medios de comunicación-las transformaciones tecnológicas están sustituyendo lo tradicionalmente específico de la radio, por una convergencia acelerada de los lenguajes y por nuevas lógicas en la producción y recepción de mensajes. Como ha dicho algún teórico, no es extraño que en poco tiempo se escuchen los periódicos y las revistas, o se lean las radios y la televisión.

3.- Una alarma intelectual, acentuada -como se sugirió antes-- por la imposición generalizada de patrones comerciales más destinados a maximizar las ganancias de los medios, que a proveerlos de un verdadero sentido cultural. En un contexto internacional marcado por el boom del infoentretenimiento, el triunfo de la televisión basura reivindicado en espacios como big brother, o la resurrección del periodismo amarillo en tabloides al estilo de los publicados por William Randolph Hearst a fines del siglo XIX, sería ingenuo pretender en la radio un comportamiento de excepción.

Así, el crecimiento del número de emisoras acontecido en las últimas décadas a nivel global, lejos de significar un incremento en la diversidad de los discursos,  ha representado en realidad la clonación indiscriminada de conceptos muy similares de programaciones.

Posiblemente sean los programas informativos uno de los géneros donde mejor se advierta esa clonación. Resulta cuando menos curioso que lo dicho por Mariano Cebrián Herreros para describir el periodismo radiofónico español, pueda adaptarse sin grandes riesgos a otras realidades culturalmente distintas:

"la radio es cuestión de intimidad, casi como una relación pasional entre emisor y oyente. Este pálpito lo hemos sustituido por la rutina informativa, la narración fosilizada y el contenido predeterminado (...) Cada día la narración es más rígida, más escueta, menos fresca. Hay mucha gente que "habla por la radio" y muy poca que hace radio al hablar.

Hemos perdido gran parte de la capacidad de sorprender, de impulsar la imaginación, de medir el tiempo del relato, de entretejer la realidad y la emoción del verbo, la actualidad y la estética, el esencial informativo... y lo hemos sustituido por el monótono dar en el mismo clavo durante horas, cada día de la semana. Información a golpe de rueda de prensa y notas de los gabinetes de comunicación" (5).

4.- Una alarma investigativa, constatada en el escaso número de estudios sobre radio disponibles, si se compara con el volumen amplísimo de investigaciones de medios generadas en el mundo de hoy. Temas como la formación profesional del periodista, la configuración de nuevos escenarios mediáticos en el entorno de la actual Revolución digital, o los efectos de la televisión sobre determinados tipos de públicos  -por sólo mencionar algunos--, aparecen desarrollados con mucha más frecuencia en revistas iberoamericanas de Comunicación, que los concernientes al desarrollo de la radio.

Cierto que, fundamentalmente las estaciones comerciales,  continúan demandando estudios de mercado, sondeos de audiencia, análisis evaluativo de las programaciones, pero el carácter instrumental de tales acercamientos no tiene nada que ver con una comprensión más profunda de la radio, como hecho político y cultural que es, a la vez,  centro y periferia de relaciones y prácticas sociales complejas. Comparto con María Cristina Mata la idea de ciertos "saberes (todavía) negados" a la investigación de este medio, que siguen presentándolo ante nuestros ojos como un gran desconocido.

5.- Una alarma ocupacional, verificada en la insuficiente cantidad de profesionales con que cuenta generalmente la radio para ejecutar el grueso de sus proyectos. En el caso cubano, por ejemplo, aunque la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y otros centros homólogos gradúan cada año a decenas de periodistas y comunicadores sociales, la realidad indica que pocos van a parar a las emisoras.

Privada de la posibilidad de trascendencia en el tiempo que otorga a sus informadores la prensa plana y de la notoriedad que casi siempre ofrece la televisión, la radio suele ser vista por los estudiantes como un medio menos atractivo o, en todo caso, como un trampolín hacia otros medios dentro del mercado laboral. Probablemente, un estudio científico sobre la composición generacional de los trabajadores actuales de la radio cubana demostraría un vacío de varios años en la recepción de nuevos graduados.

Tal situación, sin embargo, no parece presentarse como un destino incambiable. La experiencia evidencia que la vinculación de la teoría con la práctica a lo largo de la formación profesional de los futuros graduados contribuye a eliminar muchos prejuicios. Una vez que los estudiantes descubren por sí mismos las potencialidades de la relación cotidiana entre los radialistas y sus públicos, las ventajas del medio para fomentar con desenfado conversaciones sociales a gran escala y la posibilidad de ejercitar la investigación, aun dentro de rutinas productivas consagradas muchas veces a la inmediatez, empiezan casi automáticamente a revalorizar a la radio dentro de sus aspiraciones profesionales.

En estas circunstancias, promover el vínculo de los jóvenes con el medio más allá de sus prácticas curriculares e instrumentar una política de empleo que otorgue determinadas jerarquías al mercado laboral de la radio, ayudaría a evitar un proceso de envejecimiento que, si bien no es todavía generalizado en nuestras emisoras, podría serlo a mediano o largo plazo.

CUBA: ¿LA RADIO COMO PROTAGONISTA?

A diferencia de lo acontecido con la prensa y la televisión cubanas en los años 90, cuyos contenidos se vieron drásticamente reducidos en medio de la aguda crisis que atravesó la Isla, los vientos que soplaron para la radio no fueron siempre tormentosos.  Si bien algunas emisoras recortaron el horario de sus trasmisiones y casi todas debieron soportar sin recursos los embates de la obsolescencia  tecnológica,  al mismo tiempo asimilaron a un significativo número de profesionales excedentes de la prensa escrita -2 diarios nacionales y la totalidad de los provinciales pasaron de la noche a la mañana a semanarios-y generaron soluciones para intentar paliar el déficit informativo sobrevenido entonces.

La radiorrevista Rebelde en Rebelde, por ejemplo, fue una de las fórmulas que encontraron periodistas del diario Juventud Rebelde para sobrellevar la falta de espacio y la tirada reducida de su publicación, amplificando sus noticias y artículos a través de Radio Rebelde, una de las emisoras más escuchadas de la Isla.  El 6 de enero de 1992 salió al aire por primera vez el Noticiero Nacional de Radio, trasmitido en cadena para todo el país y que, andando el tiempo, se convertiría en el espacio informativo más importante de la radio nacional.

Catorce años después, la infraestructura mediática cubana muestra signos indiscutibles de recuperación, ilustrados con el surgimiento de dos nuevos canales nacionales de televisión, ambos con perfil educativo, la reaparición de publicaciones que se habían extinguido o debilitado en la década anterior y la multiplicación del número de emisoras -fundamentalmente municipales y comunitarias-distribuidas por toda la Isla.

Los finales del siglo XX e inicios del XXI atestiguaron también un proceso acelerado de renovación tecnológica que, en el caso específico de la radio, implicó la digitalización de la producción y las trasmisiones, junto a un crecimiento exponencial del número de páginas web, tanto de emisoras de alcance nacional como regional. Sin embargo, la radio cubana en INTERNET deberá sortear todavía fuertes limitaciones para insertarse competitivamente en los actuales escenarios digitales a nivel global. Sin ánimos de analizar a profundidad el tema, apuntaría con premura los obstáculos siguientes:

--Infraestructura todavía pobre, evidenciada sobre todo en la baja disponibilidad de computadoras modernas para generar y actualizar los contenidos lo mismo en la radio tradicional que en la web. Razones tecnológicas impiden igualmente la presencia en audio real de un número significativo de emisoras dentro de la red de redes o la accesibilidad de sus programas grabados, a pesar de la evolución experimentada en los últimos años por las páginas digitales.

--Una cultura profesional digital aún muy incipiente, que suele considerar a los sitios web como apéndices de las estaciones de radio y no como estructura armónicamente integrada a su programación. Aunque cada vez más se diseñan y producen mensajes destinados específicamente a tales sitios, suele abundar también la trascripción inadaptada de materiales sonoros y la reproducción textual de noticias publicadas por la prensa escrita y las agencias de noticias.

--La necesidad de una mayor capacitación para webmasters y periodistas digitales, caracterizados hoy en muchos casos por una formación profesional empírica y por un escaso dominio de herramientas y habilidades distintivas de su trabajo. Las potencialidades expresivas de la comunicación multimediática, la interactividad propiciada por espacios como foros de discusión y chats, la lógica de información encadenada -- consustancial a la hipertextualidad--, por sólo mencionar algunos ejemplos, no prevalecen, como regla, en la propuesta actual de los sitios digitales radiales de la Isla.

A la radio hertziana se le vienen encima también múltiples desafíos, en un contexto donde, fundamentalmente la televisión, ha recuperado mucho del terreno perdido y ocupa un lugar cada vez más notorio como fuente de educación, entretenimiento e información de los cubanos. Tomando como referente mi interacción sistemática con estudiantes universitarios y audiencias jóvenes, arriesgaría la hipótesis de que en Cuba, como en otras partes del mundo, el público joven tiende a ser más "audiovisual" que oyente de radio o lector de las noticias de los periódicos. A la carrera de Periodismo arriban cada año alumnos cuya relación previa con la radio es inconstante, casual o, en el peor de los casos, nula. Más de una evidencia sugiere que, hacia el futuro, una prioridad para muchas emisoras podría ser la de trascender el círculo vicioso de los mismos públicos receptores y conquistar nuevas audiencias.

Obviamente, alcanzar ese objetivo no constituye una empresa fácil, ni depende de fórmulas invariables que puedan aplicarse por igual a todas las emisoras y contextos. Pero, de cualquier manera, algunas claves parecen emerger de comparar a la radio con otros medios de comunicación, en cuanto a sus potencialidades para relacionarse directamente con las audiencias. Traer los oyentes a la radio -lo mismo a través de llamadas telefónicas, que de programas de debate, que promoviendo su participación real en el diseño de las barras programáticas- y llevar la radio a los oyentes -ya sea para discutir la propia oferta radial o para contribuir a la transformación social generando comunicación desde los espacios locales (barrios, centros de trabajo y educación, etc), depende más de la voluntad de los realizadores que de la inversión de cuantiosos recursos. Probablemente, la naturaleza crecientemente competitiva del entorno mediático cubano devele para muchas emisoras la necesidad de articular estrategias de socialización más agresivas, en lugar de esperar porque nuevos oyentes "caigan" dentro del círculo de sus receptores habituales.

Potenciar la búsqueda de audiencias pasa también por revalorizar la figura del comunicador radial. Desde tiempos en que Kate Smith, a través de un programa de radio, vendía bonos para financiar la participación de soldados norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial -e incluso desde antes-se conoce el sentimiento de acceso personal que la radio promueve hacia sus comunicadores. Valdría la pena discutir, sin embargo, si no ha proliferado entre nosotros un modo de comunicación que, a fuerza de repetir reportes meteorológicos,  dar la hora y añadir noticias de dudosa trascendencia, simplifican a niveles caricaturescos el complejo acto de hablar frente al micrófono.

El auge global de los talk shows, justo cuando han desaparecido o languidecido múltiples géneros y formatos tradicionales, ilustra la vigencia de una comunicación cada vez más personalizada, que pudiera proponerse encantar al público no sobre la base de facilismos y retóricas vacías, sino mezclando creatividad, conocimiento y cultura. Ahora que el número de emisoras promete seguirse expandiendo por toda la Isla, recordar a Bertolt Brecht ayudaría a alejar el peligro de la clonación de los discursos a través del dial: "mal está la radio que no encuentra oyentes -decía el dramaturgo alemán-pero peor están los oyentes que no encuentran quien tenga algo que decirles".

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

1.- Faus Belaus, Angel: Reinventar la radio. Revista Chasqui No. 74, 2001.

2.- En 1948 la Isla logró importar exactamente 113 400 receptores, más o menos una cuarta parte de lo que Estados Unidos exportaba para entonces a América Latina. Ver: Garcés Corra, Raúl: Los dueños del aire, un acercamiento comunicológico a la radio cubana de los años 40. Versión digital de la Editorial Pablo de la Torriente Brau, 2004.

3.- Grossman, Lawrence: The death of Radio-reporting. Columbia Journalism Review, septiembre-octubre de 1998.

4.- ibidem.

5.- El debate sobre los espacios informativos radiales cubanos en múltiples eventos teóricos, ha sugerido, también en nuestro contexto, la pertinencia de recuperar el concepto primigenio de lo noticioso (asociándolo a lo realmente inesperado y trascendente), explorar nuevas formas de ideación de la noticia teniendo en cuenta las especificidades del lenguaje radiofónico y vigorizar géneros interpretativos como el reportaje dentro de los noticieros y otros espacios informativos. La homogeneización de un tipo de noticiero que excluye de  de noticias cortas ha consolidado estructuras y dinámicas instantaneístas, que destierran casi como norma de la práctica periodística la investigación y el análisis, y despojan a los reporteros de la complejidad interpretativa de su oficio para convertirlos en meros "facilitadores".

 

GÉNEROS PERIODÍSTICOS: PARA ARROPAR SU HIBRIDEZ

GÉNEROS PERIODÍSTICOS: PARA ARROPAR SU HIBRIDEZ

El presente artículo aparece publicado también en: Rodríguez Betancourt, Miriam. 2004, Estudios sobre el mensaje periodístico, vol. 10, Servicio de Publicaciones de la Universidad Complutense, Madrid, pp. 319-328.

Dra. MIRIAM RODRÍGUEZ BETANCOURT,

Profesora Consultante de la Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana

A despecho de lo que el título de estas reflexiones pudiera dar a entender, ellas no se encaminan a expresar desacuerdo alguno en relación con la legitimidad y utilidad de la enseñanza de los géneros periodísticos.

Los géneros existen y son necesarios, más que necesarios imprescindibles; si no existieran habría que inventarlos. Como bien dice Mijail Batjin en relación con los géneros de habla, "si  tuviéramos que crearlos durante el proceso de habla y construir cada realización lingüística a voluntad, por primera vez, la comunicación sería casi imposible" (Sánchez 1998, p. 17).

Los géneros son útiles porque, en efecto, devienen normas para elaborar textos diferenciados; facilitar el entendimiento en las redacciones para organizar coherentemente el trabajo; hacer posible que el medio pueda cumplir lo que se denomina el juego limpio o pacto de lectura con los receptores: "los géneros forman parte de ese segundo lenguaje, no verbal, que envuelve a las palabras y trasmite al lector datos relevantes sobre lo que está leyendo" (Echeverría 1998, p. 10).

Tampoco se pretende impugnar  la validez de las taxonomías, corolario en definitiva de cualquier reflexión teórica, ni proponer, en cambio,  una sustitución de las existentes. De lo que se trata es, sencillamente, de adherirnos a quienes proponen no sólo un sistema de géneros más abierto sino una posición académica que abogue por mantener una constructiva crítica de ellos, lo que además de abrir cauce de legitimidad a las transgresiones creativas, significa, de hecho, asumirlos como categorías en desarrollo constante.

Los géneros tienen una naturaleza cultural, se crean, y como tal construcción, cambian, evolucionan. "Ningún género tiene garantizada la eternidad",  afirma el profesor José Francisco Sánchez (1998, p. 17).

Las vertiginosas transformaciones en la producción y circulación de productos comunicativos, derivadas de las tecnologías de la información y la comunicación, ponen una vez más al "rojo vivo" la polémica en torno a la continuidad, ruptura, obsolescencia o vigencia de los géneros periodísticos tal como los identificamos hoy.

La fusión y hasta confusión de métodos, estructuras y estilos procedentes de diversos ámbitos creadores que se manifiestan en las expresiones periodísticas contemporáneas, realidad "agravada" por la irrupción acelerada de las TIC -que las potencian y transforman- constituye la esperanza más rotunda de la pervivencia de los géneros; sólo habría que reparar brevemente en la influencia  que sobre ellos han ejercido antes la fotografía, los recursos sonoros y visuales y otros procedimientos y técnicas.

Es la mezcla, el entrecruzamiento, la aparición de las formas que llegan para imbricarse con otras y abrir nuevos caminos, con la consecuente declinación o desaparición súbita de las intrascendentes que se olvidan tan fácilmente como las tramas de los culebrones, rasgo característico de la escrituración periodística; "como si estuviéramos buscando permanentemente -acota Juan Cantavella- formas nuevas, originales y más productivas para comunicarnos con los lectores" (1999, p. 64)

Aún en los géneros clásicos, es decir, aquellos que se han mantenido de modo más o menos permanente entre las formas empíricas, se advierten cambios tanto en sus estructuras como en su devenir histórico.

La nota informativa o información, por ejemplo, al inicio se redactaba en primera persona y no era firmada por el reportero y la crónica acusó etapas de subestimación u olvido en muchos espacios periodísticos hasta que volvió por sus fueros en la década de los cuarenta.

La entrevista, escenario tradicionalmente reservado para el realce del entrevistado, cede espacios importantes de protagonismo al periodista en la denominada entrevista creativa, no sólo como conductor del diálogo sino como sujeto activo del discurso.

Incluso, uno de los géneros más reconocidos históricamente en las clasificaciones ortodoxas, el reportaje, es justamente ejemplo máximo de mixtura: "tiene (el reportaje) algo de noticia cuando produce revelaciones, de crónica cuando emprende   el relato de un fenómeno, de entrevista  cuando trasmite con amplitud opiniones de las fuentes  o fragmentos de diálogo con ellas" (Ulibarri 1994, p. 82)

Refiriéndose a una de las ediciones del Premio Latinoamericano de Periodismo "José Martí", al que concurren cada año en La Habana cientos de obras, el destacado periodista uruguayo Carlos Fazio ha hecho notar cómo "cada vez más periodistas manejan distintos géneros en forma simultánea para elaborar un trabajo" (1998) lo que en su opinión constituye un notable enriquecimiento. ¿De qué otra forma, sino acudiendo a la fragmentación, han podido los autores de reportajes narrativos trasladar "la complejidad fragmentada e integrante que tienen ante sí"? (Bottiglieri 2002, p. 9).

A tenor de lo anterior, cabe dudar que los géneros sean otra de las especies en extinción, y lo que parece más verdadero es que la crisis se opera en la teoría periodística de los géneros a causa de su "tozudo carácter prescriptivo" (Chillon 2002, p. 17) más que por el embate tecnológico, los "inventos" ilícitos o la incapacidad de los realizadores.

En cualquier caso, la teoría de los géneros debía pasar por la revisión y actualización de la Teoría del Periodismo, especialmente en lo que concierne a uno de sus contenidos medulares, esto es, a partir de considerar el Periodismo no como mero reflejo de la realidad, sino como método de interpretación y construcción simbólica de ella.

¿Periodismo o Literatura?

La homogeneización del lenguaje periodístico, el negarle registros más amplios en virtud de supuestos límites de comprensión y determinarle esquemáticamente los auditorios -ignorando de paso el papel activo del receptor- son aspectos que han influido considerablemente en las debilidades conceptuales de la teoría de los géneros periodísticos, una de cuyas expresiones más recurrentes se concentra en el famoso dictamen de rechazo emitido por profesores y editores recalcitrantes: "Eso no es Periodismo, es Literatura".

Tuvieron que transcurrir seis décadas del pasado siglo -y defino como momento clave el resurgimiento del Nuevo Periodismo- para que el reportaje y la novela fueran aceptados por tirios y troyanos como categorías intercambiables; para que se comprendiese que la conexión ficcional no obligaba a abjurar de la fidelidad a la base testimonial y documental verídicas; para que se les considerara, en fin, caras de la misma moneda que comparten similar rango. El mero hecho de dirigirse a lectores aparentemente distintos cuando no opuestos, acrecentó los criterios excluyentes, hasta que llegó a verse con claridad que tanto en sus estilos como en sus técnicas y lenguajes, ambos se servían de similares recursos para cumplir su fin último y definitorio: la comunicación, y que, sin dejar de informar, era posible que "en cada nota, en cada crónica, en cada reportaje, pudiera alentar una vibración estética" (Pereira 1987, p. 3).

En el área latinoamericana no era frecuente encontrar en manuales de redacción, definiciones de los géneros que aceptaran  su relación con la Literatura, excepción hecha del libro "Géneros Periodísticos", de Juan Gargurevich, en el que se les reconocía atributo creativo al llamárseles claramente, "formas periodístico-literarias" (Gargurevich 1989, p. XVII)

Añádase a la situación antes descrita el hecho de que durante muchos años la mayoría de los textos de Periodismo con los que se trabajó en América Latina, o eran traducciones de obras de autores norteamericanos o, si propios,  seguían con bastante fidelidad sus huellas. Sólo en los años setenta comenzó a cambiar el panorama; aparecieron Reyes Matta, Hernán Uribe, el ya citado Gargurevich y otros que intentaron, y en varios casos lograron, una aproximación más auténtica, culturalmente hablando, superando aquellos textos que en la doctrina de la objetividad y el respeto sacrosanto a la división entre hechos y comentarios descartaban la subjetividad del periodista, ignoraban la más mínima contaminación literaria y reducían el lenguaje periodístico a una función meramente especular y a una dimensión tan unívoca como imposible.

Durante largo tiempo, además, escudándose en supuestos canónicos inamovibles, muchos ignoraron las modificaciones operadas en la capacidad receptora de los destinatarios.

Hoy en día, una de las tendencias del periodismo es la práctica del denominado periodismo ciudadano o cívico desde dos vertientes: la primera relacionada con el tratamiento de temas cercanos al ciudadano con los cuales éste se pueda identificar, y la segunda con la participación de la comunidad a  través de espacios otorgados por los medios que permitan escuchar la voz del público cerrándose así el ciclo comunicativo.

Encuestas, cartas del lector, correo electrónico, entre otras vías, convierten al receptor en elemento dinámico del proceso y le permiten ejercer influencia decisiva en la creación de mensajes.

Todavía hoy es precario -y no sólo en esta región- el panorama crítico respecto al Periodismo,  sobre todo en la temática de lenguajes y géneros, lo que  parece deberse, según algunos autores, a la separación tajante entre saberes teóricos y saberes aplicados. (Los saberes aplicados, huelga decirlo, los de la enseñanza del hacer periodístico, es decir, de los géneros periodísticos, llevan la peor parte).

Los géneros: qué estudiar

Resulta indispensable abandonar el abordaje tradicional de los textos periodísticos y  asumir también la perspectiva de la teoría del discurso cuyas investigaciones revelan características estructurales de la sociedad y no sólo pertinencias lingüísticas.

El análisis del discurso ha enriquecido el saber sobre los procesos empíricos de la comprensión y la interpretación, apunta Van Dyck, y esos hallazgos donde más pueden observarse es, precisamente, "en los procesos de producción, en las estructuras y en la recepción de los mensajes de los medios masivos" (Van Dyck 1997, p. 173).

En definitiva, como se ha dicho, estudiar los géneros, su origen y evolución, sus procedimientos, su tipología y sus perspectivas significa estudiar el Periodismo que se hace en los medios.

No es una cuestión formal que se resuelve en seguir la disciplina de unas normas determinadas; como dice Luisa Santamaría, estudiar los géneros "es comprender  la función de un texto, de un medio de información" (Santamaría 1994, p. 45).

Y aún debía añadirse una ventaja más; aprender bien los géneros, conocer sus funciones y elaborarlos en consecuencia, viabiliza el camino mejor  para "romperlos" y encontrar la voz propia, porque siendo estos la gramática del lenguaje periodístico deviene, por tanto, la base del estilo propio.

Hay que enseñar los géneros, de acuerdo totalmente; son ellos "las aptitudes más vigorosas e impactantes del elaborador de contenidos" (Calvimontes 1983, p. 10).  Pero si admitimos pertinente la parcelación de géneros por razones de orden metodológico, igualmente adecuado nos parece la sistemática conceptualización al interior de ellos para revelar y revelarnos en una dimensión más profunda su potencialidad,  que no puede reducirse a una relación  de reglas acabadas, deterministas, surgidas de un recetario que certifica el producto como válido aun en situaciones y contextos diferentes.

La clasificación de los géneros periodísticos es hoy día muy amplia, tanto por géneros como por sub-géneros, pero, en general, en cualquier tipología al uso, más allá de las diferencias clasificatorias, se parte del esquema hechos-opinión según lo cual en el  área factual no cabría la interpretación, la opinión del periodista, como si fuera posible reducir la información a un mero acto de trasmisión neutra carente de intencionalidad.

Si bien es deseable mantener niveles de gradación opinática en las áreas de la transmisión noticiosa, la delimitación per se entraña un esquema tan peligroso como el que, al parecer, se pretendiera evitar.

Recordaba en ese sentido la Dra. Pastora Moreno al intervenir en ICOM 2002, que "la puesta en práctica  del axioma ‘los hechos son sagrados y las opiniones libres', rara vez se materializa en una práctica profesional más o menos continuada"  (Moreno 2002).

A la llevada y traída doctrina de la objetividad se adecuó la tesis de que al Periodismo le corresponde un lenguaje estandar, justificándose tal supuesto, sobre todo, en condicionamientos económicos de la industria mediática dados de una vez y para siempre.

Así las cosas, se ha pretendido que la denominación de lenguaje periodístico abarque todo el entramado de modos expresivos, de géneros e incluso de medios, cuando en verdad, y con reservas ciertamente, pudiera admitirse un lenguaje más estandarizado u homogéneo sólo para la información noticiosa y sólo para algunos tipos de ella.

Atribuir a la información de actualidad, sin otros deslindes,  la "cualidad" de objetividad intrínseca resulta cuando menos, caprichoso. Al respecto, escribe Rosario  León,  de la Universidad de Sevilla: "La información de actualidad por sí sola aporta muchas veces un conocimiento superficial de la información contextualizada  que, según los cánones, no es información en sentido puro, estricto, pero sirve sin duda para esa función interpretativa" (León 1995, p. 82). Por su parte, Gomis sentencia que los géneros son "fórmulas para la interpretación" (Sánchez y López 1998, p. 26).

De igual modo, bajo el frágil ropaje de lenguaje periodístico, se pretende abarcar también, sin distingos, los lenguajes del periodismo radiofónico, audiovisual y de la prensa escrita.  Como anota el venezolano Luis Angulo Ruiz, el paisaje lingüístico del Periodismo es variado y complejo por lo que "no es posible encasillar un fenómeno de esta índole en una expresión singular" (Angulo 1989, p. 46).

Muchas veces, desde las aulas, caemos en la tentación de conducir a los estudiantes a  que,  pertrechados de dictámenes normativos, salgan en busca de la realidad para, en ellos y con ellos, comprimirla, ajustarla a tales nociones. El camino puede ser  y debe ser radicalmente distinto: que la realidad imponga los géneros y que el lenguaje, para captarla en toda su grandeza y complejidad, sea un auténtico reto: sólo así sería posible ratificar si las prescripciones fueron válidas o no.

Teoría, práctica, renovación

Desde el ámbito de la enseñanza,  me permito algunas proposiciones, ya que no parece prudente aventurar respuestas rotundas en materia tan polémica y, paradójicamente, poco estudiada de modo científico.

Creo que la enseñanza de los géneros debe reforzar, en primer lugar, la capacidad crítica y autocrítica del estudiante. Es importante que los estudiantes reconozcan la presencia e influencia de las rutinas productivas y las ideologías profesionales en la construcción de los relatos periodísticos y, en la medida de lo posible, reflexionen sobre las posibilidades de cambio con  el adecuado empleo y dominio de ellos.

Más que aprender a hacer, los estudiantes de Periodismo tienen que aprender a ser, permítaseme el involuntario juego de palabras. Lo que quiero decir se remite a sustituir el aprendizaje mimético por el aprendizaje verdadero, a privilegiar que los estudiantes escuchen su propia voz, descubran sus propias capacidades de lectura y aprehensión de la realidad, busquen los porqués, aprendan más que acierten.

Propiciar y estimular los cuestionamientos inteligentes de todo tipo de concepto prehecho, predeterminado, en relación con los géneros, el lenguaje y el estilo periodístico, para así contribuir, sin duda, a su constante y enriquecedora renovación. Porque, no lo podemos olvidar, son las innovaciones, las rupturas creativas, las que han elevado la categoría del  lenguaje periodístico, las que marcan hitos, a pesar del silencio o del descontento de la crítica y de la propia academia.

De obligado estudio en cualquier curso de  Redacción y  Lenguaje   son -debían ser- las obras periodísticas de Eduardo Galeano, García Márquez, Muñoz Molina, Horacio Verbitsky, Maruja Torres, Miguel Bonaso, Kapuscinsky, Alberto Moravia y Oriana Fallaci entre tantos y tantos otros que,  con el legado de sus producciones, han aliviado la orfandad crítica que padece la enseñanza con calidad de los haceres profesionales.

La enseñanza rigurosa de los géneros, junto con el espacio abierto a la investigación, la experimentación, la invención y la creatividad. Como recomienda Angulo Ruiz: "al lado de un aprendizaje de unas técnicas para elaborar textos de acuerdo con los géneros, debería haber la discusión de los géneros mismos" (Angulo 1989, p. 55).

Re-evaluar  la teoría de los géneros periodísticos que parte de  las funciones asignadas a los tres grandes macrogéneros: informativo, interpretativo y de opinión, y preguntarse si esa clasificación no dicta compartimientos estancos y refuerzan la creencia en la utópica objetividad periodística.

Articular la enseñanza de los géneros con el resto de las materias relacionadas con la Comunicación y con la formación general humanística, desde una perspectiva multidisciplinaria que privilegie y halle su concreción en el ejercicio periodístico, en el hacer,  porque es en ese terreno donde conceptualizaciones , teorías y metodologías se validan, cobran utilidad y vida.

Re-pensar, asimismo, el sistema de habilidades que sería más aconsejable diseñar para entrenar a los estudiantes, preferentemente en talleres dedicados a la exposición de ideas y discusión de proyectos creativos más que en el ejercicio, generalmente lento y aburrido, de elaborar trabajos, bajo techo docente, con el fin de desarrollar destrezas redaccionales.

Pero saber escribir, dominar técnicas y habilidades para trasmitir y analizar acontecimientos de la Historia  que se gesta todos los días, con toda la importancia profesional que ello reviste, no constituye el quid del problema.

La enseñanza del hacer tiene que colocar en su justo lugar la profesión periodística como una actividad intelectual, elemento conceptual clave tanto para la Teoría del Periodismo como para la Teoría de los Géneros.

De modo excelente lo ha expresado Albert Chillon: "La comunicación periodística en cualesquiera medios, soportes, géneros o estilos (...) debe ser considerada como una mediación cultural de elevada complejidad conceptual, expresiva y técnica" (Chillon 1999, p.  431).

Desde la academia, en resumen,   estar siempre dispuestos a admitir  la hibridez cuando ella logre articular aportes recíprocos, modos y técnicas que sirvan a los géneros para testimoniar e interpretar la realidad -o fragmentos de ella- con el mayor grado de autenticidad y belleza.

Conclusiones:

1. Los géneros periodísticos son útiles para los medios, los periodistas, los receptores, los profesores y los estudiantes de Periodismo porque operan como modelos, contribuyen a la organización de los materiales y responden a las expectativas del público.

2. No existen géneros químicamente puros: el entrecruzamiento de formas y estilos, necesarios para testimoniar e interpretar el mundo que nos rodea, fomenta su hibridez.

3. Las modernas transformaciones tecnológicas en la producción y transmisión periodística aceleran la evolución de los géneros tradicionales y posibilitan la aparición de otros que corresponden al nuevo ámbito comunicacional.

4. El lenguaje periodístico tiene amplios registros. Públicos, medios, temáticas, perfiles editoriales y realizadores determinan diferentes estilos y lenguajes.

5. La clasificación tradicional de géneros que aún prevalece, contribuye a reforzar el mito de la objetividad periodística.

6. El Periodismo y la Literatura intercambian recursos expresivos en sus respectivos modos de aproximarse a la realidad.

7. La enseñanza de los géneros debe estimular la creatividad basada en el rigor y la experimentación.

Bibliografía.

Angulo Ruiz, Luis. 1989, "¿Existe un lenguaje periodístico?" en Lenguaje, Ética y Comunicación, Editorial Pablo, La Habana.

Bottiglieri, Nicola. 2002, "El viaje en la época de su reproducción narrativa", La Gaceta de Cuba, julio-agosto, La Habana.

Calvimontes, Jorge. 1983, Géneros Periodísticos, Cuadernos del Centro de Estudios de Comunicación, UNAM, México.

Cantavella, Juan. 1995, "Textos dinámicos y atractivos para un periodismo cambiante", Estudios sobre el mensaje periodístico, Servicios de Publicaciones de la  Universidad Complutense, no. 5, Madrid.

Chillon, Albert. 1999, Literatura y Periodismo. Una tradición de relaciones promiscuas, Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona.

Echeverría, Begoña. 1998, "Por qué hablar hoy de géneros periodísticos", Revista de Ciencias de la Información, no. 8, CEU San Pablo, Valencia.

Fazio, Carlos. 1998, Periodismo Urgente, Ediciones Prensa Latina, La Habana.

Gargurevich, Juan. 1989, Géneros Periodísticos, Editorial Pablo de la Torriente, La Habana.

León, Rosario. 1995, "La nota de prensa: un género periodístico", Pliegos de Información, no. 2, Universidad de Sevilla, Sevilla.

Martínez Albertos, José L. 1998, Curso General de Redacción Periodística, 4ta Ed, Editorial Paraninfo, Madrid.

Moreno, Pastora. 2002, Intervención en la mesa redonda sobre Géneros de Opinión, Encuentro de Investigadores de la Comunicación (ICOM). Diciembre de 2002, La Habana.

Pereira, Manuel. 1987, La prisa sobre el papel, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

Sánchez, José Francisco y López Pan, Fernando. 1998, "Tipologías de géneros periodísticos en España. Hacia un nuevo paradigma", Revista de Ciencias de la Información, no. 8, CEU San Pablo, Valencia.

Santamarina, Luisa. 1994, "Estado actual de la investigación sobre la teoría de los géneros periodísticos", Estudios sobre el mensaje periodístico, no. 1, Servicio de Publicaciones de la Universidad Complutense, Madrid.

Ulibarri, Eduardo. 1994, Idea y vida del reportaje, Editorial Trillas, México.

Van Dijk, Teun. 1997, Estructura y funciones del discurso, Ed. Siglo XXI, México.

INTERPRETAR LOS SABORES Y OLORES DE LA VIDA MISMA

INTERPRETAR LOS SABORES Y OLORES DE LA VIDA MISMA

Conferencia sobre Periodismo Interpretativo. IV Festival Imagen de la Naturaleza "Rosa Elena Simeón In Memoriam", evento anual auspiciado por el Museo Nacional de Historia Natural de Cuba, la Productora Mundo Latino y la Asociación Cubana de la Imagen y la Naturaleza.

MSc. IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ,

Editora de mesadetrabajo y Profesora Auxiliar de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

blog docente: http://islalsur.blogia.com/

islalsur@yahoo.es

No es este, precisamente, un espacio donde venga a disertar como me lo han pedido los anfitriones. No es posible tal altisonancia entre colegas de valía que ejercen la profesión de manera consecuente e inspiradora. Yo prefiero venir a conversar sobre temas que nos preocupan... y ocupan, porque estamos convencidos y urgidos de la necesidad de un salto cualitativo en los modos de hacer de nuestro periodismo.

El tema en cuestión es la validez o no del periodismo interpretativo ante la avalancha de informaciones que recibe el receptor de cualquiera de los soportes mediáticos. La necesidad de reconstruir y recodificar nuestra propia actitud ante la construcción de los mensajes porque, inevitablemente, debemos aceptar que recibir información no es equivalente en todos los casos a poseer conocimientos, a tener elementos que nos permitan la contextualización de los acontecimientos. En no pocas ocasiones esa sobreabundante y masiva información de que se dispone se vuelve anodina al no saber cómo interpretarla.

El hombre del siglo XXI tiene acceso a la información casi en tiempo real, casi al momento de producirse los hechos: ahí están los noticieros de la radio y la televisión haciendo perenne gala de inmediatez; y, si algo podría faltar, la irrupción de Internet ha puesto al mundo al alcance del mundo a una velocidad de vértigo y con una apoyatura que trasciende a los profesionales del sector para dar paso también, cada vez más, a los dominios del paisano común que puede transmitir, desde su particular perspectiva, lo que ve y oye.

Este es el eje central que motiva la charla. Lo sabemos: la prensa escrita ha perdido los dominios del qué, quién, cuándo y dónde que la hacían imprescindible a la sociedad informada. El receptor ya no está interesado en que le "anunciemos" mañana lo que conoció hoy. La prensa escrita, entonces, está abocada a sustentar el por qué, para qué y cómo de los acontecimientos, y definitivamente aceptar que ya no es la primigenia de los titulares voceados al amanecer o el atardecer.

Sin embargo, lejos de considerar perdido lo que ha sido el sentido de vida de la profesión -dar primero la noticia-, la prensa impresa debiera arrimarse más a la perspectiva de consolidar la explicación de los hechos, a proporcionar a su público-meta los elementos necesarios para que conforme su propia opinión acerca del acontecer en el que se inserta.

Ya en 1992, el periodista Manuel Leguineche advertía en el diario español El País: "Los de la galaxia Gutenberg debemos aprender en estos tiempos a ajustar el tiro, porque la televisión en directo lo ha trastocado todo. ¿Para qué repetir lo que se ha dicho en la CNN? Cada vez pasan más siglos entre la transmisión de la CNN y tu artículo en el periódico y no digamos en la revista. Hay que decir adiós a la narración escenográfica de los hechos y escudriñar allí donde los objetivos de la televisión no llegan, descubrir antecedentes y consecuentes, atmósferas, ambientes, secretos".

Pero, un paréntesis. También el resto de los soportes mediáticos debían detenerse en este análisis, pues va resultando cada vez más agotador ser "bombardeados" por noticieros en los que prevalece o bien la nota escueta, desprovista de contexto, notas que parecen salir de la nada y nada decir, ni aportar, ni informar ni orientar; o la opinión que más que persuasiva es impositiva, y con ello se convierte en puente roto en el camino hacia el entendimiento. Opinión que más de las veces se rechaza por su verborrea expositiva y apocalíptica, sin que medie balanza alguna ni ofrezca oportunidad al público para disentir. En ambos casos, cuando desvestimos las circunstancias de explicación y equilibrio, estamos construyendo mensajes incompletos.

Hoy, trabajos periodísticos que den cuenta no solo de lo que sucede, sino también que expliquen por qué ocurren los hechos, que sean profundos en sus contenidos, contextualicen, indaguen en las causas y pronostiquen su futuro desenvolvimiento, es una necesidad sentida tanto por los hacedores de la información -los periodistas-, como por los receptores. Y este es, justamente, la trama donde se desenvuelve el periodismo interpretativo.

El catedrático Abraham Santibáñez ha manifestado: "Interpretar, desde el punto de vista periodístico, consiste en buscar el sentido de los hechos noticiosos que llegan de forma aislada. Situarlos en su contexto, darles un sentido y entregárselo al lector no especializado. Por exigencia profesional, además, esta interpretación debe tratar de prescindir de opiniones personales, debe basarse en hechos concretos y opiniones responsables y que sean pertinentes y debe ser presentada en forma amena y atractiva".

Y generalmente en nuestros medios, salvo excepciones, hay que admitir que existe reticencia a cambiar los modos de contar las historias y prevalece el apego, diría casi enfermizo, a la escuela norteamericana del periodismo informativo y sus rígidas leyes que asientan la información "objetiva" -aún cuando el término de la objetividad periodística ha sido ampliamente superado y desde hace mucho se habla de honestidad profesional-, y la estructura de contar los hechos en orden descendente de importancia para el periodista o el medio -es decir, la pirámide invertida como estructura meta de cualquier género-. Se une también el predominio del relato de los hechos y los trabajos de opinión.

Se desestima así la posibilidad del híbrido, del periodismo interpretativo que permite establecer el puente entre el relato del hecho como tal -la noticia-, y la visión que se tiene acerca de ella -el comentario-. Periodismo interpretativo que posibilita abordar la actualidad informativa no solo en sus contenidos más complejos, sino también, en su diversidad de aristas, muchas de las cuales suelen permanecer ocultas y requieren del reportero un finísimo olfato para descubrirlas y sacarlas a la luz pública.

Este es un periodismo que requiere de vasta información, de antecedentes, contexto, bakgraound, valoraciones y pronósticos. Un rastreo verdadero de los conflictos, un desentenderse de nada, una posición inquisidora. Es decir, una fórmula "explosiva" en la que el periodista proporciona, a partir de la puesta en escena de todo cuanto ha investigado, argumentos suficientes que emergen desde fuentes decisorias, implicadas, expertas, testigos, documentales..., cual calidoscopio que permita evaluar el significado de los hechos presentados de manera tal que, sin explicitar su opinión, solo dejándola implícita en los juicios aportados, el periodista deje al lector el protagonismo de llegar a su particular conclusión.   

El profesor norteamericano Walter Lippman hace más de medio siglo acotó: "...por ser el mundo moderno tan complicado y difícil de comprender, se ha vuelto necesario no solo informar acerca de las noticias, sino explicarlas e interpretarlas".

Más reciente, María Jesús Casals Carro, profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid, señala: "...Un relato explicativo (reportajes y crónicas) busca la orientación del lector por medio del análisis y síntesis de hechos, aporta datos y antecedentes, contextualiza y explica conceptos. La base es narrativa con un tono distanciado pero preciso. Busca la eficacia de la explicación clara y no se detiene en posibilidades retóricas. Las fuentes suelen ser numerosas y no contiene juicios de valor aunque puede plantear hipótesis o mostrar una realidad disyuntiva. Las fuentes consultadas le sirven para justificar todo este contenido explicativo".

Ahora bien, ¿qué nos está faltando para el abrazo definitivo con el periodismo interpretativo? Creo que los escollos externos están dados, fundamentalmente, por la premura con que trabajamos, las decisiones de los editores que apuestan generalmente por lo expedito, por el ya y el ahora, y también la precariedad del espacio. Esos son los vórtices del triángulo maléfico de la profesión.

Sin embargo, justo es que también interioricemos en nuestras propias faltas, aquellas que arrastramos a veces hasta sin darnos cuenta de nuestra ineficacia. En más ocasiones que las deseadas entregamos los trabajos carentes de fuentes, de contrastación, contrapunteo, verificación exhaustiva. Padecemos de insuficiente búsqueda, contacto sistemático con las fuentes para apoyar los enfoques, observación directa, análisis de estadísticas y encuestas e investigación permanente que nos permitan recolectar datos copiosos y principales. Y lo que aún es peor: no siempre poseemos una cabal preparación acerca del tema que abordamos; otras, en cambio, desaprovechamos el caudal cognitivo.

A ello se suma que en ocasiones desestimamos los valores noticiables al abordar un tema que elevamos a la categoría no de noticia, sino de información, porque interesa a la fuente o al medio donde laboramos, pero no porque tenga realmente connotación para ser socializado. Realmente, ¿cuántas veces en nuestro trabajo de fuego cerrado nos preguntamos para qué sirve o a quién va dirigida esta o aquella información? ¿Qué valores-noticias la respaldan?

Repasemos un momento estos valores que permiten que un suceso pueda tener relevancia para la sociedad, importancia para los públicos: actualidad, inmediatez, oportunidad; interés colectivo, humano, emoción; repercusión o consecuencia; prominencia de los protagonistas; originalidad, rareza, curiosidad, novedad o singularidad; proximidad o cercanía; humorismo; dramatismo; impacto; suspenso; conflicto; progreso..., en una extensa lista que puede estar presente de manera íntegra o parcial al recolectar, seleccionar y presentar datos y hechos y determinar si un acontecimiento merece ser publicado o no.  

Quizás, entonces, la cosecha de la papa no tendría expresión solo en cifras de caballerías que importan a los organismos responsabilizados con su producción, pero nada dicen en concreto al público medio. Y no es que no interese, no es que no sea relevante. Se trata de que al ofrecer la información también tengamos presentes que la tierra no se siembra para complacencia administrativa, sino para que su producto final tenga una expresión concreta en la sociedad. Así, términos como "esfuerzo y sacrificio de los trabajadores" quedan vacíos de contenido si no se explica cuál ha sido, objetivamente, el esfuerzo y el sacrificio. La cifra de caballerías nada dice si no se le compara con lo que su producción significa en la mesa de la población, y se le contrasta con antecedentes o con lo que realmente pudo o no haberse recolectado. La información requiere tanto de importancia macrosocial como personal. Es decir, construirla de manera que el receptor la asimile desde su importancia general hasta la particular y se sienta hasta cierto punto comprometido con ella. Se trata, entonces, de privilegiar el por qué, para qué y cómo del hecho noticioso y situarlo en su auténtica perspectiva.

¿Cuál es el quid del asunto? Tras una experiencia de 30 años como reportera de filas, sé cuán difícil es armonizar un entramado que incluye ir al acontecimiento principal y no desviarnos con superficialidades, buscar antecedentes, circunstancias y actores, emplear fuentes documentales y no documentales y sus interpretaciones acerca de lo acontecido y ofrecer análisis valorativos que integren proyecciones. Bien sé de este complejo asunto, sobre todo, cuando las fuentes no están dadas a colaborar, o cuando el trabajo se nos encomienda en brevísimas líneas.

Pero aún con estas realidades, todo pasa por lo que llamo Fórmula Ulibarri y que este teórico asentó en su libro Idea y vida del reportaje. Es decir, indagar en el presente sobre: qué significan los hechos, si surgen aislados o forman parte de otros y cómo se vinculan a ellos, si introducen cambios significativos, a quiénes afectan de inmediato, si contienen elementos polémicos, y cuáles fueron los factores más cercanos que precipitaron su aparición.

En ese mismo orden, Ulibarri nos llama a no dejar preguntas sin hacer, a indagar hasta la saciedad. Por tanto, el catedrático insiste, en el pasado, en sostener el por qué ocurrió el hecho, sus antecedentes, con qué acontecimientos anteriores está vinculado, si pueden identificarse causas relevantes, qué ha ocurrido con causas similares en otras épocas o lugares, y si existen analogías relevantes.

Y en un tercer bloque de preguntas, Ulibarri propone que, en el futuro, hay que aventurarse en las posibilidades de desarrollo del acontecimiento, con qué otros factores puede relacionarse y en qué o quiénes repercutirá.

Por tanto, hablamos de no obviar los planos temáticos en un trabajo periodístico: presente, pasado y futuro. Un presente que parte del elemento motivador del trabajo y en el que está reflejada su actualidad e importancia, sus implicaciones inmediatas, conexión con la actualidad y los significados; un pasado en el que habrá que retomar antecedentes y causas; y un futuro en el que se situarán proyecciones y repercusiones. Estos planos generalmente los teóricos los ubican más en la concepción del reportaje interpretativo, pero soy de la opinión que cualquiera sea el estilo seleccionado para presentar nuestro trabajo, será más sólido en la medida en que tratemos de darlo en todas sus facetas.

Visto así, cabría suponer que respondiendo a estas interrogantes todo queda resuelto para entregar mejores productos comunicativos, mensajes que acerquen al lector a la comprensión de los fenómenos que se suceden en la sociedad que vive. Mas no es así. Hoy uno de los problemas fundamentales que enfrentamos los periodistas es que estamos perdiendo terreno como contadores de historias, nuestra misión primera, y nos estamos convirtiendo en contadores de declaraciones. O sea, los teóricos coinciden en afirmar que como fenómeno general, ahora los dichos sobre los hechos parecen ser más importantes. Es decir, interesa más quien ha manifestado algo que lo que ha sucedido.

Otra importante cuestión está relacionada con el aprendizaje continuo de las herramientas y la evolución de la profesión, pues un periodista no es un mero transmisor de información, sino una persona que al escribir, o comunicar en general, muestra su cultura y cosmovisión del mundo.

La catedrática española Concha Fagoaga lo ha descrito estupendamente: "Los periodistas no solo reproducen lo que ven y oyen, ejercen también una investigación sobre lo acontecido porque los hechos no se producen descontextualizados de una situación económica, social y política concreta. Los hechos no surgen aislados de una realidad más amplia, se insertan en ella...". Comprender esa realidad en toda su dimensión requiere, entonces, de una vasta preparación que no se resume en el criterio reduccionista de atender un sector y especializarse a tal punto que parezcamos divulgadores institucionales. Hay que pensar en un receptor que merece le proporcionemos las herramientas necesarias para que piense y reflexione a partir de las historias contadas.

Y, en ese camino, admitámoslo, aún debemos encontrar pistas equivalentes a un periodismo que por su misma condición de propio se revele universal, que redima la génesis del periodismo interpretativo en los años 20 del pasado siglo, de manera que en los albores del XXI retome su poder de explicación y su deber de orientación. Un periodismo interpretativo que reproduzca de manera exacta el contexto de los hechos, realice una rigurosa investigación en cada tema a tratar y asuma plena responsabilidad ante lo escrito. Un periodismo interpretativo que proporcione todos los elementos de manera que el receptor pueda juzgar y encontrar el valor relativo de la información por sí mismo. En suma, un periodismo interpretativo que permita ahondar en el contexto, en los antecedentes, el significado y la explicación de los hechos.

Un periodismo interpretativo que muestre la realidad desde una perspectiva amplia, contada, además, no solo con el preciosismo de las técnicas de la profesión, de la redacción y la gramática, sino también, con los sabores y olores de la vida misma.