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“UN PROCESO CONTINUO DE CONSTRUCCIÓN”

“UN PROCESO CONTINUO DE CONSTRUCCIÓN”

Reflexiones de Hugo Rius Blein, Premio Nacional de Periodismo José Martí (2008), acerca de los géneros periodísticos.

Lic. JUSTO PLANAS CABREJAS,
Periodista y especialista de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños.

Hacia 1987 Hugo Rius Blein, imparte una conferencia a los periodistas matanceros no titulados, quienes asistían a la Universidad con ese propósito.

“Para entonces gozaba de cierto prestigio en las aulas de los cursos regulares y por encuentros —recuerda—, y además había conducido desde 1980 la evaluación nacional de los periodistas de la denominada prensa escrita. Esos dos factores apuntados explican la masiva asistencia y la receptividad de la que pude disfrutar en aquel encuentro inolvidable”.

La falta de textos docentes aplicados a la realidad periodística cubana decidió a la UPEC matancera a publicar aquella conferencia con el título de Géneros periodísticos. Aunque, en efecto, Hugo Rius los recorre someramente, e incluso menciona algunos problemas de corte teórico como la naturaleza de los géneros, sus funciones, la validez de sus criterios de clasificación; el peso del folleto recae sobre el artículo y sus modalidades.

Interesa en especial su análisis acerca del proceso previo a la escritura de estos géneros, tan proclives a reducciones cuando se trata de pasos de elaboración. En este momento, penetra en los procesos psicológicos, de creación que intervienen; y los estudia desde las posibilidades cubanas. Evalúa, además, la práctica del artículo en el país, sus errores más frecuentes y posibles aplicaciones.

-¿Dónde recibe las primeras nociones de periodismo? ¿Cómo le explicaron los géneros en aquel entonces?

Cursé mis primeros estudios de periodismo hacia finales de los años cincuenta en la desaparecida Escuela Profesional de Periodismo Manuel Marques Sterling, a la que accedí mediante dispensa, ya que era menor de 18 años de edad. Era un plantel de nivel secundario superior, que recogía las experiencias del ejercicio periodístico cubano de la primera mitad del siglo pasado, con profesionales en ejercicio que transmitían su oficio, pero carentes de profundos basamentos teóricos y, por supuesto, de metodologías docentes, buena parte de ellos de pensamientos políticos conservadores y reaccionarios. Se enseñaban principios básicos y mañas, ilustradas anecdóticamente, para abordar los géneros predominantes: la nota informativa, la entrevista, el reportaje y el artículo.

Sólo recuerdo un texto disponible que era el de Oscar F. Rego sobre reportaje. Visto a la distancia no me ha quedado nada muy valioso que se deba retomar para la enseñanza. Ya cuando en 1965 ingreso en la Escuela de Periodismo, adscripta a la Facultad de Letras de la Universidad de La Habana, la situación mejora considerablemente, aunque sin llegar a los niveles de preparación que se alcanzan hoy.

-¿Qué bibliografía utilizaban para estudiar?

Por entonces contábamos con un texto que fue fundamental, y todavía constituye una referencia importante, me refiero al libro Técnica periodística, de José A. Benítez, uno de los nombres inevitables para aludir a profesionales cultos e integrales.

La obra de Benítez se convirtió en la principal guía para caracterizar los principales géneros y las técnicas a emplear para sus respectivas construcciones: la nota informativa, con fuerte énfasis en el lead y la pirámide invertida, la entrevista, el reportaje, el artículo y la crónica. Los programas fueron evolucionando y mejorándose en los años sucesivos, y en buena parte debido a integrantes de las tres o cuatro primeras promociones que se incorporaron al ejercicio docente, con visiones más frescas.

De esta manera, en las décadas de los setenta y los ochenta los géneros pasaron a enseñarse como asignaturas separadas que permitían profundizar en cada uno de ellos. Resultó un acierto que en la última fecha referida, se captaran como profesores adjuntos a periodistas con trayectorias profesionales para los géneros en los cuales habían demostrado notables resultados, y si bien no siempre les acompañaba una destreza docente, el alumnado los recibió con gratitud, porque podían comunicarles experiencias concretas del oficio.

Esas primeras hornadas de recién graduados incorporados a la docencia consiguieron acopiar cierta cantidad de textos, reproducidos en ediciones rústicas, que ampliaron hasta donde se podía la todavía escasa bibliografía y no del todo actualizada para la época, pero era el inicio de un camino.

-¿Cuáles son las principales influencias teóricas que recaen sobre el pensamiento cubano acerca de periodismo?

Pienso que por esas mismas limitaciones, las derivadas también del bloqueo mismo, no hubo una influencia consistente de autores extranjeros importantes, fuera del campo socialista de la época, que constituyen fuentes fundamentales para estructurar programas de enseñanzas del género más al día, lo que sí comienza a manifestarse, aunque lentamente, a partir de la segundad mitad de los años ochenta, cuando también profesores que habían sedimentado investigaciones, produjeron sus propios textos.

Tenemos que mencionar a modo de ejemplo, a Miriam Rodríguez Betancourt, toda una sólida experta en la entrevista, Julio García Luis en el artículo, o María de los Ángeles González en los correspondientes a las agencias de noticias, y mi propia incursión en la crónica.

-¿Qué asignaturas ha impartido a los estudiantes de Periodismo?

Les he impartido, periodismo radiofónico, introducción a la carrera, la nota informativa, los géneros de opinión, el reportaje y seminarios facultativos sobre el periodismo internacional y el ensayo periodístico, y ya como módulo de maestría las tendencias contemporáneas del periodismo.

En el caso del periodismo radiofónico se debió a que mientras hacia la carrera, nunca dejé de ejercer la profesión y al graduarme en 1969 ya tenía una experiencia acumulada en radio y televisión, por lo que impartí esa asignatura desde 1970 hasta 1972. Hacia 1981, la entonces directora del departamento, Irene Trelles, en cumplimiento de una política del Partido de reforzar el cuerpo docente con profesionales reconocidos, me convocó, y me hice cargo de la enseñanza del artículo, un género que había cultivado con mucho éxito en la revista Bohemia, donde me desempeñé primero como comentarista de las páginas internacionales y luego como jefe de información. En un momento en que la colega que se ocupaba del reportaje, decidió abandonar, me tuve que ocupar de esa asignatura, sólo durante un curso, el tercero. Después asumí la enseñanza de la nota informativa en el primer año, sin dejar el artículo.

Así transcurrió mi ejercicio docente, hasta 1988, que pasé a desempeñarme como corresponsal de Prensa Latina en África durante seis años. El seminario facultativo sobre periodismo internacional lo emprendí en 2005 con un nuevo programa que diseñé y en 2006 me hice cargo del ensayo periodístico. En 2008 reasumí la enseñanza de géneros de opinión en el primer año.

-¿Cuáles son las dimensiones del periodismo que subraya durante sus clases?

Destaco el dominio del concepto y las estructura de los géneros, pero que sin que se asuma como catecismos rígidos ni camisas de fuerza, que entorpezcan la creatividad profesional-personal, porque todo se mueve, se solapa, se fusiona, y doy más importancia a los géneros como estrategias comunicativas para transmitir con la mejor eficacia la construcción de la realidad, los pensamientos y las emociones.

En cuanto a la bibliografía, me apoyo en el libro de Juan Gargurevich, que me parece fundamental, por supuesto en Benítez, ya referido, el de Julio García Luis, el que compartí con él sobre la crónica, Acerca de la entrevista, de Miriam Rodríguez Betancourt, así como de los aportes notables de Martínez Alberto en Curso general de redacción periodística, en Martín Vivaldi en aquello que acepto válido, Las raíces de los géneros periodísticos interpretativos del profesor vasco Javier Díaz Noci y otras diversas miradas de los géneros insertados en los lenguajes periodísticos, sin dejar de nutrirme de los criterios de encuadres de la perspectiva del establecimiento de la agenda.

-¿Cuáles son las ventajas y desventajas de estudiar el periodismo en una Facultad de Comunicación?

Más que la pertenencia o no a la Facultad de Comunicación me preocupa la calidad y la consistencia de los programas de formación de los futuros periodistas. Desde luego que el hecho de que se considere como un departamento diluye o al menos disminuye el carácter único y la jerarquía que tiene, —y debe potenciarse—, el periodismo en la sociedad, su relevante papel dirigente y organizador como constructor de realidades, como hacedor de significados políticos.

-¿Qué circunstancias permitieron que impartiera aquella conferencia sobre los géneros periodísticos que se convirtió luego en un libro?

En primer lugar, fue un hermoso momento de afán de superación en el sector, en el que se abrieron las puertas para que los periodistas no titulados alcanzaran un nivel universitario. La provincia de Matanzas, vibraba con ese espíritu.

-¿En qué condiciones académicas se encontraba la enseñanza del periodismo y sus géneros en aquella región?

Recuérdese que en la fecha sólo se enseñaba Periodismo en las universidades de La Habana y Santiago de Cuba. Unos pocos seleccionados en las pruebas de ingresos se becaban como estudiantes regulares, y los periodistas en ejercicio asistían a La Habana a sus encuentros periódicos.

Aunque hay que decir que los matanceros no partían de cero. En el pasado llegaron a tener una escuela de Periodismo privada, y además siempre hubo en la región una respetable tradición cultural.

-¿Cuáles son los puntos de su conferencia que en ese momento no se habían tratado con la amplitud debida? ¿Cuáles aún continúan sin desarrollarse?

El conocimiento no es estático, por el contrario es un proceso continuo de construcción, y nadie en este mundo puede dar por seguro que lo domina todo. En aquel momento proyecté lo que entonces conocía y pienso que en lo fundamental mantiene un considerable nivel de vigencia.

Sin embargo, a la luz de otras informaciones y enfoques aprehendidos en los años transcurridos, le incorporaría otras miradas angulares. Por ejemplo, el del encuadre de los newsmaking para transmitir agendas, o los lenguajes y la remarcada tendencia a las hibridaciones en el empleo de los géneros, para ser consecuente con la dialéctica del desarrollo de los saberes y las prácticas.

-¿Qué factores (editoriales, necesidades académicas, políticas) posibilitaron la publicación del texto?

Creo que la falta de alguna reflexión sobre los géneros, insertados en la práctica concreta de la prensa cubana, la necesidad de esclarecer la conceptualización de los géneros, en los que se puso particular atención en el mencionado proceso de evaluación profesional, y que tuvieron un peso en el otorgamiento de una u otra categoría. La UPEC matancera consideró pertinente para fines docentes y académicos reproducir la comparecencia y contó con recursos para materializarlo.

-También redacta por esos años un trabajo acerca de la crónica…

Siempre consideré la crónica como un género muy especial, un tanto misterioso, que cruza fronteras, en el que las más de las veces se entremezclan la información pretendida objetiva y la más plena subjetividad personal, y por lo tanto, un género lleno de riesgos, en el que una sola palabra exacta o infeliz es capaz de hacer un texto sublime o ridículo.

Yo mismo había incursionado con frecuencia en la crónica, con emoción, pero también con temor, y me animé a partir de mi propia experiencia y sobre todo la de otros, a reflexionar, conceptualizar y ejemplificar. La ausencia de textos desde la práctica cubana fue el principal factor que posibilitó su publicación, ya con las condiciones creadas por la editorial Pablo de la Torriente.

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