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EL CAMBIO SOCIAL ANTE LOS INTERSTICIOS EN LA FORMACIÓN PROFESIONAL DE PERIODISTAS

EL CAMBIO SOCIAL ANTE LOS INTERSTICIOS EN LA FORMACIÓN PROFESIONAL DE PERIODISTAS

“Apruebo la teoría si sienta sus bases en los acontecimientos y deduce sus conclusiones de acuerdo con los fenómenos.”
Hipócrates

“En la actualidad hay sobre todo orden donde no hay nada. Es un fenómeno ausente.”
Brecht

Lic. YOHENIA GRANT URGELLÉS, 
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Al leer Tratado contra el método de Paul Feyerabend, confieso que la idea de considerar al anarquismo como una medicina excelente para la epistemología y la filosofía me sedujo. Quizás, porque mi inexperiencia investigativa y científica me predispone a ser consecuente con lo liberador y altamente racional que resulta no restringir la construcción del conocimiento a un conjunto de normas, o a una metodología estricta en términos académicos. Las vivencias de la realidad circundante resultan mucho más enriquecedoras.

A la vez, la especificidad del periodismo, profesión que asumo desde la enseñanza y la investigación de sus procesos y mediaciones histórico-lógicas, me condicionan desde mis días de estudiante, a cuestionarme las relaciones que se establecen entre la Academia y la realidad socio-profesional a la que debe responder, el equilibrio que debe establecerse entre la conformación y las demandas del campo profesional (entiéndase intereses a lo interno y externo de sus procesos), y los retos en la consolidación del campo investigativo y académico. El mito de la articulación entre Academia y realidad, entre teoría y práctica, entre pensamiento crítico y pensamiento instrumental, entre investigación e implementación, son retos que asume hoy la enseñanza del Periodismo y su representación profesional en la sociedad.

Por otra parte, la gestión del conocimiento, su organización y difusión dentro de las universidades implica compromisos con la realidad, ya sea en la propia conformación y sustento de imaginarios sociales, en las transformaciones en aras de un desarrollo social sostenible y en la formación de un profesional que responda a demandas cada vez más crecientes.

En el contexto cubano contemporáneo, caracterizado en los últimos años por un profundo reconocimiento del cambio social y sus implicaciones a todos los niveles como única alternativa posible en el mantenimiento de las conquistas del sistema, se hace un llamado a la prensa y sus actores  para complementar de acuerdo con el establecimiento de reformas económicas, políticas y sociales el llamado cambio de mentalidad tan necesario para enfrentar las nuevas condiciones emergentes.

Es por esta razón, que resulta vital analizar no solo el cambio social visto a través de las modificaciones originadas recientemente, sino entenderlas como una sucesión en espiral, en el que la Academia y sus procesos sustantivos pueden mediar en las formas de entender la cotidianidad. He aquí el desafío, desde la enseñanza del Periodismo.

Entendamos pues, que en medio de transformaciones de índole no solo objetivas sino subjetivas y complejas a nivel de mentalidad y representaciones sociales, la elaboración de mensajes, estructuración de programas informativos, el papel tanto del emisor como del receptor se complejizan; y por tanto, las demandas que le conciernen a la actividad profesional en cuestión deben estar orientadas hacia la interpretación, análisis y valoración de la sociedad en busca del consenso, el diálogo y la participación ciudadana.

Al analizar las mediaciones inherentes al periodismo en su manifestación, y al periodista en su carácter de mediador entre los diferentes públicos y la información que requiere ser procesada y difundida, se entiende el carácter social de la prensa en las sociedades contemporáneas; y exige a la vez, volver la mirada hacia valores y cualidades sustantivas de la formación de periodistas que no estamos acostumbrados a reconocer.

Estas relaciones, no pueden verse desligadas del impacto que sobre los medios de comunicación ejercen la conciencia moral, las normas, ideologías, hábitos y mitos, que constituyen a su vez mediaciones sistémicas. La comunicación periodística, ya sea global, regional o nacional, constituye a su vez un mediador social, determinando características entre los sistemas que confluyen a la par del sistema de medios, influyen en él y a la vez son determinados por sus cargas ideológicas y sociales.

Coincido al entender las funciones de la prensa en estrecha relación entre sociedad-individuo-opinión pública-medios de prensa. De ahí, la mediación que se establece en la legitimación del poder al cual tribute y el consenso social en aras de patentizar su carga ideológica. Las funciones de la prensa, contribuyen a la necesidad que tiene el ser humano de entender los procesos sociales que determinan su condición de ser social.

Jesús Martín Barbero (2009), teórico de la comunicación, ha dicho en relación con la enseñanza de la comunicación al asumirse como objeto de estudio del periodismo que “al no estar integrado  por una disciplina sino por un conjunto de saberes y prácticas pertenecientes a diversas disciplinas y campos (…) presenta dispersión y amalgama, especialmente visible entre la relación entre las ciencias sociales y adiestramientos técnicos. De ahí la tentación tecnocrática de superar esa amalgama fragmentando el estudio y especializando las prácticas por oficios siguiendo los requerimientos del mercado laboral”.

La perspectiva académica en este sentido, no ha logrado sobreponerse. La articulación de la carrera de Periodismo, dentro de los contextos universitarios, se realiza de forma espontánea si se tiene en cuenta que la interdisciplinariedad inherente a esta, presenta terrenos confusos en el proceso de enseñanza aprendizaje de las técnicas propias del saber periodístico, al no existir una didáctica particular que determine estilos de aprendizaje específicos de acuerdo con sus peculiaridades.

En el caso específico de Cuba, desde la creación de la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Marques Sterling, en 1942, la organización de la enseñanza del Periodismo atravesó por varias etapas de perfeccionamiento desde su inclusión en la universidad en 1962 como parte de la Reforma Universitaria, los disímiles debates en este sentido a raíz de los Congresos de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), la modificación de sus planes de estudio en aras del perfeccionamiento de la Educación Superior Cubana, y el proceso de masificación universitaria, al abrirse facultades de Periodismo en otra provincias del país en función de las necesidades crecientes de los medios de prensa cubanos.

Sin embargo, a partir del precepto de la formación integral que sustenta uno los principios de la Universidad Cubana y la relación con la idea de la cultura del aprendizaje, expresada en los pilares de la educación, expuestos en el Informe de la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI (1992), donde se hace énfasis en la necesidad de aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser, aprender a vivir juntos y aprender a desaprender; “la especialidad del periodismo  necesita adquirir status científico en tanto se constituya como un espacio interdisciplinar” (Martín Barbero, J., (2009) desde el currículo de la carrera y su proyección social en directa vinculación con la necesidad de una “nueva pedagogía” que asegure la calidad profesional de los egresados.

Como se evidencia, la enseñanza del Periodismo, necesita replantear sus procesos de formación profesional, los cuales parten de una didáctica específica en el condicionamiento de una carrera con requisitos adicionales. El proceso de enseñanza aprendizaje, a partir de la estructuración del currículo específico de la profesión, no puede conformarse dada las singularidades del contexto y las características sui géneris del desempeño profesional del periodista, con el desarrollo de habilidades profesionales a partir objetivos generales declarados en planes de estudios vigentes.

Al entender la comunicación, en este caso la producción de símbolos y significados que emanan de la actividad periodística, como un fenómeno que requiere la consolidación de su especialidad en aras de su determinación socio profesional, es válido reconocer que como proceso continuo la Academia debe redimensionar sus fronteras y plantearse la necesidad constante y vital de repensarse, refundarse, reinventarse y reconsiderar su viabilidad en las propuestas que ofrece a la sociedad.

Este también puede ser uno de los caminos a transitar hacia el cambio social que todos demandamos, pues es la universidad la que empodera el saber y lo eleva como fenómeno trascendental y supremo. Y la que debe, a la vez, devolverlo hacia su matriz de origen, lo pedestre, lo mundano, lo común, lo verdaderamente funcional que es la realidad.

Estamos ante una sociedad compleja, plural y multicultural que necesita para evaluar sus propuestas novedosas entender  que sin conocimiento no hay progreso posible. Sin embargo, el cambio añorado se sigue esperando de forma vertical a merced de disposiciones, editoriales en periódicos, despachos de ministros, cambios supra, infraestructurales. ¿Y la investigación y sus resultados acaso no deben dialogar con la toma de decisiones? ¿Las políticas científicas y los sistemas de enseñanza no deben someterse a escrutinio público? ¿O resulta que la práctica cotidiana no le concierne a la ciencia y por tanto sus canales de comunicación aún sobreviven en una comunicación lineal experto-experto?

Es por eso que la idea del anarquismo investigativo me parece fabulosa para entender sobre todas las cosas, la responsabilidad individual que le corresponde al investigador, al académico, al profesor universitario, al confrontar las contradicciones y las interacciones de la realidad ante escenarios impredecibles y verdaderamente transformarlos. De ahí que el análisis, en un primer momento debe volver su mirada hacia la calidad en la formación profesional, que se manifiesta de acuerdo con la legitimación que alcance como profesión en una sociedad determinada.

La Academia, en este sentido, debe mostrarse como posibilitadora del cambio social requerido, desde las estrechas relaciones con el mundo laboral y los empleadores, sus necesidades y su adecuación a un modelo profesional eficiente que responda a esas demandas en aras del desarrollo social.

Y me atrevo a plantear entonces la interrogante vigente desde mis días de estudiante, en un contexto para nada neutral, en el que intenta confluir el estatus científico del campo académico de la comunicación cubano, su consolidación, entiéndase corpus teórico propio y el propio campo profesional que subyace al interior de este, y las posibilidades reales de transformación social que puede brindar la Academia en este sentido.

¿La construcción del conocimiento puede subsistir solo al margen de la aprobación de la comunidad científica? ¿O es que los actores involucrados dotados de sus propias creencias, valores y sistemas de conocimientos como seres sociales necesitan transgredir la norma y ponerse al servicio de la comunidad más que al de jueces decisores? ¿Para qué sirve en fin investigar y vivir de la utopía del cambio?

Es por esto que los patrones establecidos como únicos en la evaluación de la ciencia y las fragmentaciones al interior del conocimiento, ralentizan el necesitado cambio y lo convierten en una mera repetición de postulados. Simplificar la ciencia a determinados conocimientos aislados, o a disciplinas parceladas se manifiesta en la interpretación de los hechos científicos, que muchas veces se cree pueden estar desprovistos del sistema de creencia, valores y puntos de vista del que investiga.

La dimensión ontológica, deontológica, epistemológica y metodológica solo trasciende verdaderamente ante la interacción real en el escenario cambiante y fluctuante que es la realidad. Ante esto surgen nuevas apreciaciones y aprehensiones del mundo que parten de una lógica inmanente en cada ser humano, pues la ciencia -dice Moscovici- estuvo, en otro tiempo basada en el sentido común e hizo que el sentido común fuera menos común; pero, ahora, el sentido común, es la ciencia hecha común (citado en Marcos, A. 2006).

Vale la pena ante esta situación preguntarse cómo imaginamos el cambio al interior de la Academia. Cambio estructurado en el sistema de enseñanza universitario que pretende renovar las profesiones desde la universidad y entregar un profesional integral en términos de competencias para su desempeño, y a la vez responder a las demandas de la sociedad, que se traducen en progreso, desarrollo, propuestas de cambio, específicamente dentro de las ciencias sociales quienes estudian al hombre y los complejos procesos que definen su conformación psico-socio-cultural.

Los enfoques cualitativos, fenomenológicos, hermenéuticos, psicológicos, sociológicos y comunicológicos permiten integrar, no fragmentar. Y es de ahí precisamente donde debe partir el cambio en la formación profesional de periodistas. Una apertura hacia las nuevas concepciones, un llamado a la organicidad de la intelectualidad que ocupa los claustros, una responsabilidad que no recae en el otro sino en nosotros mismos.

Si aceptamos que la cualidad suprema del hombre después de existir es pensar, entonces el estado del arte del académico e investigador cubano debe revolucionarse. Es momento de clamar por la lucidez del intelectual, por la transformación desde la inquietud de la existencia, por el cuestionamiento hacia toda forma de dominación, por legitimar la libertad y las responsabilidades que nos conlleva a ser verdaderamente autónomos y racionales. Así valoro el cambio social desde la Academia y sus funciones en la formación de un profesional competente, comprometido y sobre todo que entienda la investigación como creación constante en la construcción de realidades. El saber qué queremos y cómo debemos lograrlo ayudará de a poco en el perfeccionamiento de nuestra sociedad plural.

Referencias Bibliográficas:

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-Araujo Medina, Cremilda. El rol del periodista. Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, Cuba. 1989.

-Benítez, José Antonio. La formación integral del periodista. Revista UPEC. No. 2, marzo-abril. 1981.

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-Colectivo de autores. Tendencias pedagógicas en la realidad educativa actual. Curso: Estrategias de aprendizaje en la Nueva Universidad Cubana (material digital). CEPES. Universidad de La Habana. Editorial Universitaria. 2009.

-Fuentes González, Homero. La formación de los profesionales de la Educación Superior. Una alternativa holística, compleja y dialéctica en la construcción del conocimiento científico. Centro de Estudios de la Educación Superior Manuel F. Gran. Santiago de Cuba, Cuba. 2010.

-García Luis, Julio. ¿Qué es el periodismo? Conferencia ofrecida a los alumnos venezolanos del I Curso introductorio de Periodismo Audiovisual. La Habana, Cuba. 2009.

-García Luis, Julio. Teoría del periodismo, problemas básicos, modelos de prensa. Grupo de doctorado para periodistas (material inédito). La Habana, Cuba. 2009.

-González Maura, Viviana. La profesionalidad del docente universitario desde una perspectiva humanista de la educación (material digital). SF.

-Hudec, Vladimir. El periodismo: esencia, funciones sociales, desarrollo. Editorial Oriente. Santiago de Cuba. 1988.

-Márquez, Fernando. El Nuevo Orden Mundial de la Comunicación en la era de la Sociedad de la Información (material digital). SF.

-Marcos, Alfredo. La comunicación de la ciencia en una sociedad libre. Conferencia magistral en Sociedad del conocimiento y diversidad cultural. UNAM. México 14-17 noviembre, 2006.

-Martín Barbero, Jesús. Conferencia Magistral XIII FELAFACS. Encuentro con profesores, estudiantes y profesionales del periodismo en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. La Habana, Cuba, octubre 2009.

-Martín Barbero, Jesús. Teoría/investigación/producción en la enseñanza de la comunicación. Diálogos de la comunicación (en línea). No. 28, noviembre, 1990, pag. 73. (Consultado 11 de enero del 2011). Disponible en: http://www.felafacs.org/dialogos-28

-Tembrás, Rudens. La Escuela Cubana de Periodistas en la Hora Crucial del Periodismo Nacional. Tesis presentada en opción al título de licenciatura en Periodismo. Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana, Cuba. 2006.

 

 

 

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