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LA FOTO INFORMATIVA

LA FOTO INFORMATIVA

Juvenal Balán Neyra,

fotorreportero del periódico Granma. 

El primer documento fotográfico conocido fue logrado por el químico francés Nicéforo Niepce en 1822 y fue una mesa servida, la cual para reproducirla empleó ocho horas de exposición. Nació la fotografía y con ella la posibilidad de eternizar acontecimientos y personajes, perpetuar recuerdos y emociones. 

Desde tiempos remotos el ser humano ha sentido la necesidad de registrar de forma gráfica, el mundo que le rodea. Recordemos nuestros antepasados convertidos en oscuros dibujantes quienes decoraban sus cuevas con el mundo y la realidad circundante. 

El fotógrafo desde siglos pasados, siempre ha estado presente en los acontecimientos sociales. Este es un artista que se dedica a plasmar en el celuloide la belleza de cuanto le rodea, sin más pretensiones que esa: registrar para la historia hechos aislados que interesan a un grupo de personas. 

En la actualidad, cuando la fotografía aumenta su uso social con la introducción de las cámaras digitales, estas pretensiones aumentan más aún cuando en el mundo abundan los teléfonos celulares y con ellos la posibilidad de captar una imagen digital y desde él transmitirla a cualquier parte. 

El fotoperiodista, por el contrario, trabaja para millones de personas porque es aquel que con los conocimientos técnicos necesarios y una cultura universal, es capaz de captar imágenes de interés general, trasladarlas al lector a través de las páginas de los medios impresos o por la gran red de redes y lograr por medio de la fotografía, informar sobre un acontecimiento noticioso determinado. Es el periodista que utiliza el lenguaje de la gráfica para expresarse.

La fotografía permite al lector regresar a la forma más natural de información: la visual. 

El lector ya no es lector. No necesita leer nada. Ahora es espectador, lo que vivió el fotoperiodista lo está viendo con sus propios ojos. Él también está presente en el escenario noticioso.

La fotografía periodística, y en especial la foto informativa, es un medio visual que habla su propio lenguaje y ese lenguaje es universal. Lo que expresa una buena fotografía informativa no necesita que lo traduzcan, todo el mundo lo entiende. 

No es lo mismo accionar el obturador para congelar una imagen dada, que registrar una noticia persiguiendo un fin determinado, interpretándola con profundidad de acuerdo con su desarrollo social, político y cultural. 

El fotoperiodista cuando está en un escenario realizando su trabajo, tiene que ser muy cuidadoso en seleccionar el espacio de la realidad que está viviendo, la cual quedará congelada e interpretada por sí mismo y después compartida por miles de lectores. Cuando nuestro ojo organiza visualmente el momento a fotografiar, debemos pensar que son los ojos de quienes recibirán nuestro mensaje gráfico. A ellos hay que transmitirle vivencias, impresiones; pero para despertar emociones en los demás con esas fotos, debemos comenzar por emocionarnos nosotros mismos ante la realidad que estamos interpretando. 

La foto informativa puede transmitir un mensaje completo, con capacidad de expresión, de descripción y de información insuperables, a los cuales, a veces, la palabra no puede llegar. Una buena fotografía es más que una fugaz mirada a la realidad, porque es organización de la realidad por un cerebro humano. 

La fotografía no debe ser solo bella, sino comunicar lo que se propone sin dejar lugar a dudas. Para lograr este objetivo hay que ser inquieto en el escenario noticioso, siempre en la búsqueda de nuevos ángulos, explotando los primeros planos, darle dinamismo, buscando un lenguaje sencillo y directo para establecer la correcta comunicación con el receptor de nuestro mensaje gráfico. 

La foto informativa debe poseer fuerza descriptiva, es decir, la facultad de llamar la atención por sí misma, por sus cualidades técnicas y artísticas, por el uso adecuado de la luz y las sombras en interés del mensaje a transmitir y para lograrlo, hay que concentrarse en el tema a fotografiar, liberándolo de cosas superfluas que lo rodean y buscar el mayor detalle posible que permita que la imagen se exprese por sí sola. 

Además debe englobar en el mensaje gráfico la mayor información posible que responda a las preguntas clásicas de qué, quién, cuándo, cómo, dónde, por qué o para qué. 

Lo primero que suele determinarse antes de apretar el obturador es el punto de vista, la posición de la cámara en relación con el sujeto en el momento de la exposición; la selección del objetivo a usar, así como el adecuado aprovechamiento de la luz en el escenario, nos referimos a la composición, que sin duda contribuye a un impacto más efectivo del mensaje gráfico. 

Recordemos que una solución vertical genera sentimiento de dignidad, de potencia; mientras una composición horizontal nos sugiere sentimiento de calma y las diagonales en cambio aportan un efecto dinámico. 

Explotar los primeros planos utilizando los grandes angulares, acercando al visor el hecho noticioso y apretando el obturador en el momento preciso, así como buscar un detalle de la acción con un teleobjetivo hace mucho más llamativa e informativa a una foto que una vista general. 

Henri Cartier-Bresson, uno de los grandes maestros de la fotografía en el siglo XX, cronista, pensador de imágenes que se convirtió en ojos, mente y corazón de toda la especie humana cuando creó un nuevo concepto de reportaje, aconsejaba olvidarse, olvidar el aparato, estar vivo, observar. Cuando hacía «clic» era porque sus neuronas ya habían dibujado en su cerebro la imagen perfecta. De esa forma reproducía la realidad este cronista. 

La introducción de la tecnología digital en la fotografía ha revolucionado el mundo periodístico. En la actualidad una foto de un acontecimiento recorre el mundo en tiempo real. Con las posibilidades de las nuevas técnicas es importante que el fotoperiodista esté consciente de su papel ético y social en aras de ser fiel a la realidad. 

Los momentos son irrepetibles y los que enfrentamos la cotidianidad de la vida, cámara en mano, debemos estar prestos para que estos no nos sorprendan, siempre con la premisa de mirar y mirar bien para estar en el lugar adecuado, en el momento oportuno y hacer «clic» en el instante preciso.  

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