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ACERCA DEL INTERES INFORMATIVO

ACERCA DEL  INTERES  INFORMATIVO

Msc. HUGO RIUS BLEIN,
Premio Nacional de Periodismo José Martí,
Periodista de la Agencia Prensa Latina,
Profesor de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Harto evocado y defendido por los profesionales de la información, el interés informativo corresponde a una de las quintaesencias del ejercicio del periodismo, y más aún, del proceso mismo de la comunicación masiva.

Para conceptualizarlo por vía rápida podría adscribirme a cualquiera de las abundantes definiciones emitidas y santificadas en fuentes institucionales, bibliográficas, manualistas, gremiales y hasta las asumidas por nosotros los periodistas, inmersos hasta el cuello en nuestras rutinas productivas con la intención de ofrecer lo que consideramos de interés informativo.

Pero la duda, esa bendita y poderosa palanca del pensamiento creador de la que se valió Marx para escribir toda su reveladora y  portentosa obra,  y esta vez sin la menor  duda, echando mano a la mayeútica de la Grecia clásica, nos vuelve a recordar que de las incertidumbres se forjan las certezas.

Siempre me he preguntado, si cuando las instituciones mediáticas proclaman una pretendida voluntad de proporcionar información de interés, a qué se refieren en rigor.

Si al de los emisores autocráticos, no exentos de presuntuosidades, o al de los receptores, considerados como sujetos vivos, participativos, interactivos y transformadores.

Entonces otras interrogantes se disparan:

¿Qué es el interés informativo? ¿Una categoría abstracta, o una construcción cultural y mediática? ¿Una necesidad focalizada, o una tendencia incentivada desde los medios?

Por lo pronto reafirmaré algunas convicciones al respecto.
     
A lo largo de toda la historia del periodismo, los medios que representan o se vinculan a las clases sociales dominantes han establecido los intereses informativos de esas clases y de los centros de poder correspondientes.

Esos medios reproductores del sistema social predominante se han empeñado en transferir al público sus intereses informativos, con cierto grado de éxito, de tal manera que han logrado enajenar en mayor o menor medida a las clases oprimidas de sus verdaderos intereses informativos.

El interés informativo, tanto desde el emisor como del receptor, parece presentar una configuración clasista ideológica y un trasfondo político, porque para enojo de Fukuyama el fin de la historia ni remotamente se vislumbra. 

En lo que hoy se denomina sociedad de la información en contexto globalizador, aparentemente los intereses informativos se han hecho comunes, mas en realidad subsisten acentuadas diferencias de intereses que se expresan ya no tanto en el tema mismo sino en los destaques, las frecuencias, las omisiones, los subrayados, angulados y las  lecturas interpretativas a los que se recurren desde distintas posturas políticas.
    
Algo al respecto ha sido apuntado  por McCombs en su hipótesis de la Agenda Setting, pero en mi opinión incompleto, lastrado, toda vez que el poder mediático  estadounidense, al que el autor alude como sujeto de la investigación, no sólo trata de transferir temas hacia la agenda del público, sino sobre todo pretende convertir esos temas en algo de interés masivo, aunque su legitimidad resulte muy discutible.

Por ejemplo, por esa vía se ha fomentado un distorsionador interés informativo en el éxito personal, encarnado en millonarios, aristócratas, figuras de la política, de la farándula y el deporte rentado, presentados como inalcanzables modelos a alcanzar, y a quienes por lo tanto se les tiende un manto de tolerancia, admiración y simpatías, aún cuando se conduzcan con ostentación, excentricidad  y protagonicen sonados escándalos muchas veces al margen de las leyes establecidas.

Enmarcado en buena parte en un periodismo rosa constituye uno de los aspectos más ensoñadores y adormecedores de la reproducción social, que acometen medios de comunicación día tras día en un mundo real signado por desigualdades abismales, hambre, pobreza, y continua devastación ambiental.

Pienso que se debería incluso dirigir una mirada más crítica a lo que la mayoría de los manuales de periodismo de los que hemos bebido y seguimos bebiendo han indicado a lo largo del tiempo como valores-noticias y requisitos simplificadores para que una información mediática adquiera validez y consiguientemente interés.

Al menos me resulta insuficiente, por ejemplo, categorías capsulares y lapidarias como lo actual, lo novedoso, lo anormal, el cambio, lo raro, lo violento, etc., que parecen partir más bien de criterios de mercado competitivo y contemplan la información periodística como una producto para vender antes que un bien social.

En este punto incluyo el llamado interés humano, indiscutiblemente muy atractivo y la vez tramposo porque con bastante frecuencia sesga y manipula la realidad para atraer públicos, fragmenta el hecho del proceso, descontextualiza, dibuja un árbol sin bosque y cuando más produce una emocional anécdota descolgada. De acuerdo con una cultura receptiva forjada por los medios, el destino de una sola persona como la princesa Diana, por ejemplo, puede acaparar más atención que los niños que mueren de hambre como moscas en un país africano, y que se trata de un caso de mucho más  interés humano.  
    
Tampoco estoy muy seguro que todas esas sagradas y consagradas características demasiado formularias respondan a un comprobable interés del público receptor, y que sin embargo, los medios asumen como tal desde su poder actuando como supremos e inapelables intérpretes subjetivos y hasta arbitrarios.

De semejante maniqueísmo ni siquiera se libran nuestros propios medios nacionales, si bien en contextos radicalmente diferentes y socialmente superiores  a los que McCombs toma como referencia., y que merecen, en mi modesto criterio, una reflexión a fondo para que obremos con mayor coherencia y efectividad.

Si partimos de que la comunicación es un proceso entre dos polos bien definidos, sería deseable alcanzar una consensualidad de intereses informativos, sustentado en la construcción de un sentido común, y acorde con la dinámica de las problemáticas, conflictos y desafíos del mundo real de hoy, del que todos y cada uno formamos parte.

Más que adscribirme a repetir requisitos, o inventar otros, preferí  sumirme en un ejercicio de abstracción como consumidor ordinario de mensajes mediáticos, y tratar de establecer qué respuestas o pistas que satisfagan mis intereses desearía encontrar en los medios. Y que el cielo me libre de la presunción de creerme que tuve un éxito total en cambiar de piel, si acaso me permitió incursionar en un ámbito de posibles negociaciones, encuentros y consensos.

Sin darlo como resultado acabado, y nada lo es en esta vida tan dialéctica, identifico un grupo de franjas de interés informativos de amplio espectro, probablemente consensuables para establecer criterios de tematización y enfoque mediáticos. Claro está que siempre sujetas a la comprobación y al análisis, porque apenas son ideas como propuestas. 

1.- La supervivencia humana. Constituye el supremo interés vital. Informativamente se refleja en contenidos relativos a las alarmas, prevención y enfrentamiento de amenazas y peligros de guerras y otras formas de violencia,  catástrofes naturales, destrucción del habitat,  hambrunas, epidemias, enfermedades  y accidentalidades.

2.- La estabilidad y la seguridad sociales.  Atañe a la organización de la sociedad y las condiciones de convivencia grupal.  Informativamente se manifiesta en contenidos tales como el ejercicio de la democracia, los derechos humanos y ciudadanos, el orden  interno, la aplicación de la justicia, el empleo y los sistema de seguridad social.

3.- El progreso y el bienestar. Corresponde al muy humano interés de experimentar una existencia material más llevadera y confortable.  Las pistas para tales expectativas suelen encontrarse en las informaciones económicas y científico-técnicas y como expectativas relativas en promesas, anuncios y decisiones provenientes de fuentes de poder institucional y organizaciones políticas y sociales alternativas. 
 
4.- La adquisición de conocimientos. Los medios de comunicación se han constituido en una de las diversas reconocidas fuentes a las que recurren las personas para mitigar su sed de saber. No sólo por alguna problematización involucrada, sino también por el afán mismo de saber, para orientarse ante el mundo circundante, sus fenómenos y acontecimientos. Abarca a la totalidad de las esferas de coberturas informativas. 

5.- El enriquecimiento ético y estético. Lo que refuerce el  reconocimiento de identidades y pertenencias de conglomerado,  indique valores y pautas morales de comportamiento individual  y social, satisfaga el gusto por el arte y la literatura. De modo predominante se canalizan en contenidos históricos y culturales en su más amplio sentido. 
           .
6.- La realización personal. Toda aquella información que proporcione pistas para alcanzar una más plena expansión de las potencialidades individuales, ya sea mediante consejos o presentación de modelos reales, paradigmáticos.  
         
7.- El percance de los semejantes. Llámese si se quiere, de interés humano. Lo esencial que intento apuntar es la humana e indescifrable necesidad común de reconocerse, identificarse con la experiencia ajena, ya sea halagüeña, trágica, cómica o paradójica,  e incorporarla como lección, moraleja  y advertencia 
           
8.- El esparcimiento. Parece que a todos interesa saber cuándo, dónde, cómo y mediante qué medios reproducir nuestras fuerzas físicas. Las informaciones sobre jornadas de descanso, paseos, excursiones,  recreaciones, prácticas y espectáculos artísticos  y deportivos, entretenimientos y curiosidades reciben una altísima aceptación,  sobre lo cual no hace falta abundar.  

9- El futuro. Interesa mucho todas las informaciones que permitan lidiar con las incertidumbres ya sea para proyectar perspectivas de vida y desarrollo, o para prepararse para las adversidades previsibles o probables. Las preguntas sobre qué puede pasar mañana son de las más cotidianas y acuciantes.

ACLARACIONES  NECESARIAS

1.- Reitero que ni mucho menos pretendo agotar el tema, sino en todo caso abrirlo al debate crítico, siempre más enriquecedor.

2.- Las franjas de interés informativo constituyen lei motiv para que el periodismo efectúe toda la gama de funciones que se les reconoce: informativa, educativa, orientadoras, movilizativa, consensuativa, etc. 

3.- Metodológicamente me he ceñido estrictamente al tema solicitado.  Por lo tanto obvio aludir a cómo darle forma a los contenidos, mediante  qué géneros o lenguajes, lo que corresponde de lleno a las estrategias comunicativas.

3.- Tampoco me he referido a la experiencia cubana, para lo que sería recomendable otro acercamiento, con todas la contextualización y las particularidades requeridas, un ejercicio potencialmente interesante y útil.

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REALIDAD FRAGMENTADA

REALIDAD FRAGMENTADA

Fernando Rivas Hinostroza, profesor de la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile, alerta que al enfrentar un periódico hay que tener en cuenta que éste ofrece una visión parcial de la realidad.

Lic. CIRA URUETA, Lic. MARIELA CHACÓN Y Lic. VÍCTOR CEPEDA,
Profesores de la Universidad Bolivariana
de Venezuela, Sede Monagas (Maturín).

Actualmente los medios de comunicación impresos reproducen informaciones basadas en la visión de una persona o de un grupo, fragmentando la realidad, transmitiendo solo retazos de ella, carentes de sentido de responsabilidad social, medios que enarbolan la objetividad como su bandera para “vender” la noticia, traficando con ideologías y pensamientos con el objetivo de seguir perpetuando su poder hegemónico.

Razón tiene el profesor Fernando Rivas Hinostroza de la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile, cuando alerta que al enfrentar un periódico hay que tener en cuenta que éste ofrece una visión parcial de la realidad.

Es el punto de vista de los dueños de los medios de comunicación el que prevalece por encima de los intereses colectivos. Esta situación en Venezuela ha estado intrínsicamente ligada al poder económico y político, que ha impuesto su discurso liberal.

Esto sin tomar en cuenta que ya, hay cargas de subjetividad en las decisiones que toma el periodista al momento de cubrir el hecho noticioso y luego plasmarlo en cuartillas, donde debe sortear entre las fuentes a elegir, géneros a utilizar, entre lo que es y no es conveniente a la línea editorial del medio.

José Luis Martínez Albertos al respecto señala que: “... (el redactor) es el profesional que dentro de un medio de comunicación periodística tiene habitualmente capacidad de decisión sobre (...) las fuentes que van a ser utilizadas y sobre las formas expresivas concretas en que los mensajes informativos van a ser plasmados (...) clasifican la realidad”.

A esto añadimos que ya se ha hecho una práctica que el periodista no es el que decide qué va a poner o a quitar en una información, es el editor quien lo hace, agregando más subjetividad al discurso concebido bajo lineamientos editoriales.

Ese discurso también va condicionado a las vivencias y formación del redactor -aspectos que moldearon su personalidad, la cual va a dejar un sello particular en lo que escribe-. Tal y como lo señala Slavoj Haskovec: “Aunque se abstenga de formular opiniones personales, todo corresponsal está inevitablemente bajo la influencia de valores prevalecientes en el medio ambiente en el que ha crecido o se le ha educado…La idea de que hay una actividad informativa ideal que no hace más que registrar hechos en forma imparcial, es insostenible”.

Otro de los fundamentos de la doctrina de la objetividad que se nos inculcó en la universidad, era que como periodistas debíamos ser “apolíticos”, no tomar partido, ser “neutrales” y  cuando enfrentamos el campo laboral nos dimos cuenta que los periodistas debíamos situarnos de un lado o del otro, para revisar distintas perspectivas, pero que si estas no satisfacían los intereses del medio tendríamos que renunciar al trabajo por respeto a nuestra ética profesional.

La interpretación juega un papel importante y afianza el carácter parcial que se le imprime a las redacciones periodísticas. Cada reportero a la hora de generar la información transmite fragmentadamente la realidad.

Para Enrique de Aguinaga, “la naturaleza intrínsecamente interpretativa del Periodismo no sólo plasma los valores de la importancia y el interés (…) aprobando y desaprobando la realidad, sino que establece la frontera de lo deseable y lo rechazable, que inevitablemente se trasmite como mentalidad y, en definitiva, como conducta potencial, capaz de generar una nueva realidad.”

Para ejemplificar un hecho totalmente fragmentado de la realidad, Pascual Serrano realizó un análisis de cómo los medios en su mayoría españoles manipularon el tema sobre la compra del Banco Santander por el Estado Venezolano. En una particular sintonía todos titularon “El Santander vende a Chávez su filial en Venezuela”, con palabras más o palabras menos y utilizando sinónimos esta fue la información de primera página para la fecha. Lo que es peor, llegaron a titular “Chávez se convierte en el primer banquero de Venezuela.” Cabe destacar que seis meses antes de que se concretara esta negociación, Bush anunció la compra de acciones en los nueve mayores bancos de su país, claro que, entonces, ya no era el presidente el dueño y titularon “EE.UU. negocia la nacionalización de hasta el 40 por ciento de Citigroup”.

Con este análisis queda demostrada la forma de cómo los medios manipulan e interpretan determinada información, siguiendo la agenda que se les impone.

Ante esta disyuntiva de la formación académica que recibimos y lo que nos encontramos en la práctica, surge la imperiosa necesidad de enfilar  la formación de los futuros comunicadores sociales de la Universidad Bolivariana de Venezuela, con una visión de la parcialidad y subjetividad como formas de aproximarse a la realidad.

Para Jorge Ricardo Masetti, fundador y primer director de la Agencia Prensa Latina, sí es necesario establecer una discusión más amplia sobre la objetividad y la subjetividad, en las universidades,  ya que desde nuestras escuelas de comunicación tradicionales, se viene imponiendo la tesis de la imparcialidad y la objetividad como principio de un buen periodista, los profesores de estas casas de estudio impiden, en algunos casos, discusiones transcendentales para la construcción del nuevo periodismo, crítico y con una concepción nueva de lo que es verdaderamente la responsabilidad social del periodista al enfrentarse al hecho noticioso cuando trabajas para un medio, sea este privado o público.

Nuestro objetivo primordial como docentes es tratar por todos los medios de dar al estudiante de esta casa de estudios una nueva concepción del periodismo, luchar porque ellos estén consustanciados con el deber ser y tengan responsabilidad social  con la colectividad, dejando a un lado el individualismo y los antivalores neoliberales.

Para Carlos Ernesto Espeche, docente, investigador y director de la carrera de Comunicación Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo, Argentina, “es difícil pero no imposible revertir esa enseñanza que nos dejó la universidad tradicional, cuando nos formó como periodistas desde el punto de vista positivista y con un pensamiento liberal”.

Hay que echar por tierra la mercantilización de la profesión y motivar a los estudiantes a que su futuro ejercicio profesional no esté solo por un salario, sino que con sus líneas sean capaces de trascender y darle la significación social que merecen los hechos que ocurren en la sociedad.

Debemos desmontar el discurso que desde muy pequeño al niño se da en sus escuelas, luego pasa por la educación básica y diversificada que el periodismo es veraz, objetivo e imparcial, dicotomía esta que atraviesa nuestro sistema educativo, es aquí donde cabe decir, o más bien impulsar cambios en los currículos educativos y demostrar que el periodismo hoy día se sigue  presentando como independiente o neutral y en el mejor de los casos como un poder.
  
Pensamientos encontrados se cruzan por la mente de quienes se han enfrentado a la realidad periodística, al analizar la acertada posición del profesor Hinostroza, frente a la falsa doctrina de la objetividad que aún esgrimen medios impresos y ante lo cual dijo: “Quienes se enfrentan a un diario deben estar conscientes que están frente al discurso de una persona”. (Entrevista realizada por Denisse Lassnibatt , publicada en ucv.altavoz.net)

Este docente investigador con ello deja por sentado la parcialidad que caracteriza a los diarios, alertando sobre el cuidado que se debe tener a la hora de consultarlos como fuente histórica.

Asimismo, Hinostroza apunta que los medios son el reflejo de “intereses particulares, de poderes fácticos, de intenciones determinadas, y siempre desde un punto de vista subjetivo”, por tanto apunta que tal objetividad no existe, pues se trata de transmitir la línea editorial que dictan los intereses de los dueños de los medios.

El ejercicio profesional nos habla de experiencias que corroboran esto. En el caso de Maturín, estado Monagas, Venezuela, los periódicos han estado bajo el poder de contrarrevolucionarios, activistas de Acción Democrática y del Partido Popular Copei, los cuales le han hecho el juego al imperio transmitiendo los antivalores del capitalismo al valorar las noticias como una mercancía, para vender sus tabloides, mercadeando con las personas, sus sentimientos, y apostando a una sociedad que no se quiere a sí misma, antinacionalista.

Riszard Kapunscinki, en una entrevista realizada por Edgar Cherubini Lecuna, advierte que cuando el capital llegó al Periodismo “configuró redes masivas de información dirigidas por personas que no eran periodistas, que la veían como mercancía, destinada a obtener una rentabilidad máxima, donde no importa si es verdadera lo que interesa es si es interesante y vende”.

Para los periódicos monaguenses lo que interesa y vende es el dolor humano, puesto de manifiesto en sus páginas de sucesos, donde brotan altas cargas de sensacionalismo y amarillismo en titulares y fotografías, que muestran insensibilidad hacia el dolor de familiares al exponer los cuerpos de sus seres queridos e irrespeto al público que los sigue día a día, con la premisa de ser objetivos.

Hinostroza a su vez dice que al leer los diarios es imprescindible saber interpretarlos, decodificarlos y conocer los discursos que traen consigo.

Al enfrentar estos periódicos también salta a la vista la poca profundización y contextualización en los temas, la insistencia desmedida en fragmentar la realidad, en tratar los hechos sin sus causales como lo señala el profesor venezolano Federico Álvarez Olivares, en su libro “La Información Contemporánea” (1978), el cual fue citado por Siglic Gutiérrez en saladeprensa.org.: “el periodista debe buscar hechos aislados, rehuir de todo aquello que pueda desvirtuar la pureza del hecho bruto. Esta manera metafísica de reflejar la realidad conduce necesariamente a fragmentarla o disecarla, a despojar los sucesos de su verdadera naturaleza, al privarlos de su contexto y de sus causales.”

No hay entonces en los tabloides locales investigación en los hechos y textos significativos que puedan ser de gran valor para las comunidades y sociedad en la que viven los ciudadanos.

El Apóstol cubano, José Martí, reflexiona sobre la importancia de no convertir a la prensa en “mero vehículo de noticias” (Palabra Ardiente, monografías.com), darle el carácter  humano que merece, de estar al servicio de la sociedad y del desarrollo de las naciones. Para ello Martí  da gran valor a lo que como periodistas día a día podamos escribir,  “el arte de escribir no es reducir”. Y añadía que a la palabra había que darle ala y color.

Sin duda, la tarea que nos toca emprender a los comunicadores   sociales es la de profundizar, crear textos significativos a través de la contextualización de los hechos, recrear las situaciones, haciendo aproximaciones a la realidad y ejerciendo la objetividad como apego a la verdad, darle una significación, color a las redacciones, logrando que sean amenas, que contengan las vivencias, lamentos, desafíos y triunfos de personas comunes, igual a todos, a la mayoría.

Martí, dijo que el periodismo no abarcaba  la verdad absoluta para significar que lo que dice un periodista está supeditado a la subjetividad, a sus valores, costumbres, y al momento histórico y social que vive. Esto, sin tomar en cuenta la carga de subjetividad que agregan al mensaje los intereses de los dueños de los medios.

En Venezuela hay mucho camino por recorrer y pasa por reformar la constitución en su artículo 58 que expresa  “...toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial, sin censura “, lo que deja al descubierto que desde el punto de vista legal se licencia el ejercicio de la objetividad, la imparcialidad, banderas de los medios privados de comunicación social que con sus intereses mantienen su influencia en la población.

No podemos seguir concibiendo nuestras sociedades y a los sujetos como simples espectadores, debemos hacernos partícipes de las transformaciones, no puede haber revolución sin revolucionarios ni cambios sin actores, tal como lo señala  Martín Barbero en líneas de Oficio de Cartógrafo: “…modernos e intelectuales siguen reproduciendo la vieja dicotomía al concebir prácticas sin sujeto, la historia sin acontecimientos y la ideología sin proceso”.

Entonces es tarea nuestra revelar al mundo que el periodismo como lo exponemos y transmitimos, cuenta con su propia parcialidad, y que cada sociedad es capaz de trascender su realidad a su desarrollo, partiendo de la discusión de la objetividad y subjetividad para desmitificar las ideologías del discurso transmitido por los dueños de los medios.

Fuentes bibliográficas:

Víctor Ego Ducrot,  artículo “Objetividad y Subjetividad” como mito del periodismo hegemónico, en: http://www.visionesalternativas.com/index.php?

option=com_deeppockets&task=contShow&id=85262

(consultado 28/03/2010)

Víctor Ego Ducrot, artículo Coca-Cola “NO refresca mejor” en:

http://www.prensamercosur.com.ar/

apm/nota_completa.php?idnota=324

(consultado 28/03/2010)

Enrique de Aguinaga, Dimensión científica del periodismo, Madrid, 2.001
en:

http://www.saladeprensa.org/art185.htm

(consultado 29/03/2010)

Denisse Lassnibat, Entrevista  a Fernando Rivas Hinostroza, en:

http://www.ucv.altavoz.net.

(Consultado 29/03/2010)

Sandra Russo, artículo: Cómo los medios ocultan el mundo, en:

http://www.saladeprensa.org/art847.htm

(consultado 28/03/2010)

Jesús Martín Barbero, “Oficio de Cartógrafo” Fondo de Cultura Económica, Chile, 2.002, p. 72

Edgar Cherubini Lecuna, entrevista a Riszard Kapunscinki En:

(http://www.analitica.com/va/arte/documentos/2737729.asp

(consultado 28/03/2010)

Carlos Ernesto Espeche, “El periodismo es siempre objetivo y parcial” en:

http://elsolonline.com/noticias/viewold/

---el-periodismo-es-siempre-objetivo-y-parcial---

(consultado 27/03/2010)

Siglic Gutiérrez, Objetividad, interpretación e Internet y sus paradigmas ante la historia del periodismo, en:

http://www.saladeprensa.org/art742.htm

(consultado 28/03/2010)

Karen Padrón Gato, Lázaro González González, Guillermo Cid y Dat Pham Tuan, Objetividad e Imparcialidad. Tema Polémico,

en:http://islalsur.blogia.com/

2009/112503-objetividad-e-imparcialidad-tema-polemico.php

(consultado 28/03/2010)

José Martí, Palabra y pluma ardiente, en:http://www.monografias.com

/trabajos23/palabra-pluma-marti/

palabra-pluma-marti.shtml

Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, artículo 58.

 

EL ANÁLISIS Y LA INTERPRETACIÓN PARA ENTENDER EL MUNDO

EL ANÁLISIS  Y LA INTERPRETACIÓN PARA ENTENDER EL MUNDO

MSc. IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ,
profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana, y del
Instituto Internacional de Periodismo José Martí.
Editora de mesadetrabajo.
islalsur@yahoo.es

Un cuarto de siglo después de John Müller haber publicado sus preocupaciones sobre el periodismo interpretativo en tanto contrabando ideológico que se propicia mediante ese estilo, y la convicción de muchos reporteros de que pueden difundir sus propias opiniones o perjuicios disfrazándolos de forma adecuada en la construcción de los mensajes (1986), tal problemática sigue en pie.

Incluso, me atrevo a comentar que la dificultad del cómo interpretar está hoy aún más arraigada en las prácticas profesionales, toda vez que el periodismo parece subsistir en la desprofesionalización de un gremio peligrosamente mediatizado por imposiciones externas y rutinas internas, con escasos deseos de retroalimentarse por las vías de la Academia y apegado a un decir y dividir penosos que se reducen a la conocida frase de “deberes y haceres”. 

En su momento, Müller llamó “motivos distintos” al poco interés de los periodistas por asumir las exigencias del periodismo interpretativo, la actuación de manipular deliberadamente la información, y la propia naturaleza del estilo en ese lugar intermedio entre la información y la opinión que aporta su buena dosis de desconcierto (1986).

De esos aspectos medulares planteados por el teórico, me declaro partidaria. Pero el tono de esta indagación se deslinda hacia los campos del análisis dentro del periodismo interpretativo y que constituye uno de los conflictos fundamentales en la intríngulis ya casi sempiterna que no deja asentar en los medios –sobre todo impresos-, un estilo llamado a catapultar al periodismo de la inmediatez a lo trascendente, del trazado descriptivo al reconocimiento humano, del frío registro de los hechos, a la suma de los aconteceres que los hicieron posibles. Todos juntos construyeron una historia, en medio de tanta información superficial y descontextualizada que termina por confundir al receptor y hasta lo amilana, ante la incomprensión del universo en el que se inserta.

Entrando en mayor segmentación, intentamos también tratar de desentrañar las mediaciones que ejerce el análisis en la nota interpretativa, un género que todos los autores coinciden en afirmar que el periodismo interpretativo le tributa, pero que pocos han dejado registros teóricos y priorizado las aristas del cómo hacer, en manuales orientadores que agradecerían la Academia, los estudiantes y los reporteros. 

Esa insistencia viene porque, en mi opinión, el análisis en el periodismo interpretativo rebasa estilo y técnica para asentarse en una de las vías que más puede propender al conocimiento, toda vez que la mayor aspiración del periodismo debiera ser ir desde el informar-saber, hasta el conocer-comprender de los públicos, de manera que los mensajes alcancen la máxima efectividad.

En ese sentido, la posibilidad del análisis desde los haceres profesionales y desde las consideraciones que los destinatarios logren hacer terminada la lectura, es contribuir al aprendizaje, al pensamiento profundo, a la reflexión acerca de las decisiones que se toman, ya apartadas de la emotividad, entusiasmo, o de la propia rutina que consciente e inconscientemente impone un modo de percibir el mundo.

El análisis de los acontecimientos facilita al lector la riqueza de datos y las múltiples voces que devienen invitación permanente a sacar conclusiones propias sobre los fenómenos de los que da cuenta la prensa. De él deriva la interpretación que, en cualquiera de sus niveles, valida la labor y la intencionalidad del periodismo. 

Este será, entonces, el hilo conductor para abordar el análisis, modo psicológico y técnica de trabajo que ayuda a entender la realidad como una construcción intersubjetiva, elaborada a partir de procesos de interacción y comunicación mediante los cuales los seres humanos comparten y experimentan mutuamente. Una realidad que se expresa como conocimiento dado, naturalizado, por referirse a un mundo que es común a muchos hombres, tal como asentaron Berger y Luckman (1991: 39), y que sitúa al acontecer en el devenir de muchas voces y no la de un solo gurú destinado a predecir el mundo de los otros que no es más que el de todos.

Aproximaciones al análisis

Según el académico cubano Julio García Luis, el análisis supone un proceso cognoscitivo consistente en separar las partes constitutivas de un fenómeno, a fin de estudiarlas, descomponerlas, y luego regresar mediante la síntesis a una nueva visión, más profunda, de la totalidad (2010). Los autores y expertos consultados coinciden que es la piedra angular de la interpretación. Sin él, ésta no cobra vida.

Los análisis diseccionan los sucesos, los temas, asuntos o procesos en un intento por explicar qué está sucediendo o qué sucederá en el futuro y al mismo tiempo deben tratar de ahondar en la importancia de los hechos y sus contextos, afirma David Randall, quien también asevera que esos textos deben presentar datos e interpretaciones sobre la información y que estas últimas pueden ser las del propio periodista o, preferentemente, de autoridades o expertos cuyos nombres se faciliten (1999: 204-205). Randall nos sitúa en una de las dos caras del análisis, la explicativa.

Paul White, por otra parte, ahonda al describir al análisis como muy apegado al periodismo interpretativo a partir de la presentación de los antecedentes y el material tangencial que permita al lector llegar a sus propias conclusiones, una vez en poder de los elementos de juicios necesarios. El autor delimita la valoración entendiéndola como la explicación personal y subjetiva de lo que una persona cree que significa la noticia (citado por Charnley, 1971: 436). En esta apreciación encuadra la segunda cara del análisis, vista desde la evaluación y valoración personal del autor o las fuentes.

Sin embargo, ¿qué ocurre hoy, por lo general? Sucede que la opinión gana de manera drástica en el análisis, ya sea de forma explícita o encubierta. Con avidez, ocupa un espacio que ya no se limita a los juicios de valor que puedan aportar las fuentes dentro de un trabajo interpretativo, o el propio periodista, pero en menor proporción. Con más frecuencia que lo deseado se suelen encontrar en los medios impresos trabajos que lindan en la seudointerpretación y en los que el tufo opinático, de orientación marcadamente sesgada por la valoración directa, lo percibe el lector menos avezado en técnicas de periodismo, pero escarmentado de tanta frase hecha, de palabras construidas desde el simbolismo maniqueísta y consignas que a fuerza de trazar un único camino, dejan de surtir efecto.

Alex Grijelmo considera que en tanto el editorialista dice qué debería hacerse o haberse hecho, el analista debe explicar lo que alguien ha hecho y razonar el por qué, desapasionadamente (1997: 119), y esa tesis la apoya Martínez Albertos cuando sostiene que si el texto se desarrolla apoyándose en razones probatorias objetivas, entonces tendremos un análisis interpretativo, en tanto si es con razones probatorias de carácter persuasivo y puntos de vista personales, se está ante un comentario periodístico (1997: 206).

En esa voluntad de analizar las causas de los hechos, sus implicaciones y relaciones contextuales se inserta todo análisis que pretenda ver el mundo en la totalidad de los acontecimientos, como de alguna manera nos induce a reflexionar Ludwing Wittgenstein (online); es decir, el mundo visto a partir de todos los datos que circundan al hecho noticioso, lo enriquecen y aclaran, de forma tal que el receptor sienta que se respeta su inteligencia para asir y entender la realidad que se le propone.

Cuando así no ocurre, cuando al análisis se le adiciona copiosa valoración –encubierta o no-, se niega su sustancia nutricia para explicar los hechos. Luisa Santamaría plantea al respecto que “el fundamental punto de contacto se da cuando el análisis se basa en razones probatorias de carácter persuasivo para sustentar una tesis. En este caso, el análisis es prácticamente un artículo de opinión” (citada por Benito, 1991: 636). 

Cabe preguntarse, ¿qué ocurre cuando se disminuye la importancia de la vestidura de los hechos y solo se entregan en versiones inmediatas, informativas, factuales, descriptivas, apenas contextualizadas y generalmente desde una sola voz? ¿O cuando están sesgados los acontecimientos por opiniones personales del reportero que, en tanto acto individual, los hace portadores de su ideología, concepción del mundo, cultura, en una interminable lista de representaciones subjetivas que son inevitables en el periodismo, mediador de su sociedad, del mundo en su conjunto?

Es el largo dilema de la interpretación: buscar el punto del equilibrio, el espacio exacto en que confluyan todas las miradas, todas las voces, todos los criterios en busca de una balanza que no margine los acontecimientos al “toma o deja” del blanco y negro. La interpretación está llamada a potenciar ese análisis que aún es un “deber ser”, un desideratum, en tanto no logre liberarse de la carga editorializante que la mayoría de los periodistas se sienten en la necesidad de aportar.

Ahí está presente, visible y áspero, el angosto camino que aún se reserva en los medios a la interpretación, un estilo todavía marginado a pesar de su nacimiento periodístico hace más de medio siglo, un estilo que debería redimirse –sobre todo en los impresos- cuando el acontecer se da a conocer con velocidad vertiginosa de YA y AHORA. Es ese medio término que no se acaba de demarcar y requiere afincar sus límites, hoy conceptualizado por los teóricos, pero no abrazados por los hacedores con total integridad. 

Omar Valenzuela juzga acerca de cómo se manipula la información en beneficio del poder dominante y de los efectos que producen los medios masivos dentro de la sociedad. Para el autor, los medios masivos de comunicación reflejan una visión del mundo que con el transcurrir del tiempo se transforma en “historia oficial”. Está reafirmando así que los medios también contribuyen a la normativización pública, a garantizar el status quo de lo que para la hegemonía debe ser noticiable (online).

Es justo en ese entramado donde el análisis de los hechos -desde su perspectiva interpretativa-, puede molestar a esa hegemonía porque va a ser un análisis plural y la pluralidad contiene los juicios lógicos y los juicios de valor que provengan de múltiples y diversas fuentes. Ya no se trata de relatar un hecho o de exteriorizar desde la persuasión comunicativa sobre cómo debe enfrentarse. Ahora el nudo gordiano está en abordar y dar el suceso en toda su complejidad, en su maderamen profundo, lejos de la institucionalidad de los procesos de construcción social de la realidad.

Manuel Ángel Vázquez subraya que el periodismo siempre enmascaró otras redes de intereses de control y prevalencia social que han permanecido, si no del todo ocultas, por lo menos solapadas y en segundo plano; e insiste en que no hay una noticia sin punto de vista, por lo que se deriva que el periodista es un intermediario social que mira, observa, analiza, donde los demás no pueden, y difunde mediante la palabra, hechos que consiguen formar parte del escenario mental del colectivo (online). Para él, por definición, toda realidad es construida, y dirime ese hacer de puente entre el acontecer y el público al plantear que el periodista reconstruye claves para aclarar los hechos que la limitada competencia interpretativa de los receptores no es capaz de alcanzar, al no conocerlos en toda su magnitud.

¿Y cómo explicar esas claves si éstas no provienen de diversas vías? Unas parcializadas, otras más especializadas, unas directas, otras apenas sensibilizadas, pero todas tributando miradas, razonamientos, en un percibir que contribuirá a que esa realidad construida se acerque lo más posible a la realidad dada, o lo que es lo mismo: lograr una equiparación entre la realidad y la realidad objetivada o realidad construida.

Si siguiéramos el pensamiento lacaniano acerca de lo que distingue “la realidad” y “lo real”, nos acercaríamos en términos interpretativos a que la primera, para el teórico, es “el conjunto de cosas tal cual son percibidas por el ser humano”, en tanto lo real son “las cosas, sean percibidas o no por el ser humano” (online), aunque siempre las personas tendrán algo que decir, incluso cuando callen o se abstengan,  en su condición de sujetos activos capaces de discernir ante las mediaciones sociales. 

Si bien los medios desde su nacimiento han pretendido y logrado mostrar, de cierta manera, el mundo,  también es cierto que en esa narración consciente lo han reconstruido ajustado a sus concepciones, respondiendo a cada período histórico, político, económico y social en el que se haya desenvuelto la clase hegemónica. Hoy, en un planeta cada vez más globalizado, donde lo local y universal parecen querérnoslo fundir en los mismos fuegos o deslizar por idénticas aguas borrando las raíces que hacen auténticos a los pueblos, el desafío está en emplear los medios para renovar el mundo que habitamos desde nuestro personal espacio que es la prensa: la palabra puesta en el oficio de lo útil y de lo bello, quintaesenciada en función de esos yo otros que existen y tienen también algo que decir. Como nos convocó Kapuchinski, nuestro oficio consiste en dar voz a los otros.

El análisis en la nota interpretativa

El periodista y profesor cubano Hugo Ríus afirma que la nota interpretativa fomenta y ayuda al análisis en un deseable modelo de periodismo dialógico: “Puede constituirse en espacio de análisis primario o de primer nivel, que encuadre y contextualice los hechos relatados. Pero por sus propios límites, no creo que llegue al reconocido análisis a fondo, donde el periodista debe realizar un estudio del fenómeno y proceso que se propone develar o desmontar, según el caso, aproximándose a una tesis, en la que emite, mediante la estructura de un artículo o ensayo periodístico juicios de valor de su propia cosecha, y aquí la información funciona sólo como fuente o pretexto (2011). En esa misma cuerda moderada transita García Luis, para quien la nota interpretativa puede aportar algunos elementos informativos que sirvan a la capacidad de análisis del lector en relación con un tema, pero no puede proponerse ella misma constituir un análisis completo de éste, pues su propósito primordial es informar, con mayor riqueza y contexto, pero sin desbordar ese límite (2010).

Ya se declaró antes el desabrigo conceptual que soporta la nota interpretativa, apenas mencionada por los teóricos, y no explicitada ni siquiera desde las prácticas profesionales. Por tanto, es un campo en construcción donde se presentan con fuerza asunciones diferentes, encontradas, similitudes, convergencias, en gran calidoscopio de entendimientos para tratar de llegar a criterios con densidad reflexiva. Por eso, tras una práctica continuada desde la docencia, el primer razonamiento se acerca demasiado a la tesis del análisis como proceso opinático, en tanto el segundo escinde en parte a la información, dejándola solo en su utilidad de conocimiento primario y no en sus legítimas potencialidades para explicar los hechos en su real magnitud y aún con pronósticos de posibles desenlaces.

Desde la experiencia de la docencia se ha intentado demostrar más ampliamente la utilidad del análisis y la interpretación en notas que rebasen los límites de la factualidad, a partir de una construcción donde el análisis quede explícito en el desmontaje del hecho –enfoque explicativo-, e implícito en el balance y propuesta final de la lectura –enfoque valorativo-. En ella, el periodista será el hilo conductor de su arquitectura y los juicios lógicos y de valor manifiestos estarán en boca de fuentes variadas, heterogéneas, disímiles.

Si bien el teórico venezolano Enrique Castejón no comparte este criterio, pues para él, si el periodista no interpreta y esa labor la realizan las fuentes, entonces no habrá nota interpretativa, sólo habrá una nota informativa (2011), para la mayoría de los expertos y periodistas cubanos sí es una fórmula viable en el hacer de las redacciones y una solución seria a la problemática que enfrenta el género de la información en medios impresos, a los que la competencia de la radio, la televisión e Internet apenas dejan lugar para salir en las mañanas con alguna noticiosa realmente propia. Estos profesionales discurren que la nota interpretativa y en ella el análisis de los hechos a partir de disímiles fuentes, es otra manera de respetar al receptor al ponerlo a pensar, a repensar con sentido común los acontecimientos por encima de sus registros fríos.

“La interpretación es básicamente un análisis; es decir, el despiece de un acontecimiento estructurado de modo que produzca una inevitable y determinada interpretación”, apunta el periodista y profesor cubano Luis Sexto al validar su presencia en la nota (2010). También cubano, el periodista y profesor Joel García León reconoce que es posible el análisis en la nota interpretativa, aunque sea en menor escala que en el reportaje: “De hecho, al presentar el periodista antecedentes y la documentación adecuada, el lector podrá formar su propia opinión o componer las predicciones que correspondan. Eso sí, siempre deberá estar fundado en fuentes u observaciones citadas correctamente. Las notas interpretativas sirven también para resaltar informaciones de calidad escritas por expertos o por alguien relevante en el tema al que se refieran, y en ellas habrá siempre análisis” (2011).

El análisis proporciona a la nota interpretativa su sostén, el equilibrio informativo que la hace inteligentemente trascender y no morir con la siguiente edición de un diario. En esas notas y en esos análisis habrá una vocación interna del periodista por aprender a pensar –él y sus receptores- desde el conocimiento, y a evitar rutinas instrumentales consagradas por el uso. Si la información es poder, entonces hoy –muy en especial en la prensa impresa y sin desestimar lo puramente noticioso que siempre tendrá espacio en los diarios- es forzoso estimarla en su verdadera dimensión, con todos sus datos, con todas sus fuentes, con todos los soportes de hechos, antecedentes, contextos, fuentes, que la hagan ser el registro de una realidad que se propone explicar y proyectar.

“De hecho, el análisis en sus más diversas densidades está presente a lo largo de la construcción de todo mensaje periodístico, y el interpretativo, por ser un estadio superior, adquiere una sustanciación mayor dada las formas y procederes  que la dan idea y vida. En la nota interpretativa el análisis es ineludible, lo que en este caso el periodista queda en una segunda dimensión, implícito, respetando las propias leyes de la nota informativa. Serán las fuentes las encargadas de desarrollarlo, de aportar los datos y las validaciones que lleven después al lector a sacar sus propias deducciones. Hay una visible diferencia en el empleo del análisis en la nota, en el reportaje, en la entrevista, cada género le imprime sus propias características, sus signos vitales. Pero negarlo sería continuar condenando a la información a su vertiente factual”, sostiene Roger Ricardo Luis, periodista, profesor y director de Investigaciones del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

Si en la producción de mensajes interpretativos –y recalco, en la nota- se conjuga el relacionar, confrontar, cotejar, concertar, asimilar y dilucidar en un proceso que se completa en el acto de interpretar la información ofrecida por los medios, estamos asistiendo a una genuina construcción de conocimientos que incluye desde la aportación de datos hasta la comparación de estos que harán los receptores a partir de sus experiencias. No podemos creer, a estas alturas del siglo XXI y sus alucinaciones de era de la información y las comunicaciones, que podemos contribuir al crecimiento de una sociedad más equilibrada, más íntegra, más plena, si no entendemos desde nuestra pequeña posición ciertamente influyente y no determinante, que debemos a los públicos el respeto ante su capacidad de análisis y de producir conocimiento autóctono. La teoría hipodérmica de públicos pasivos es hora ya de desterrarla de las redacciones. Ellos nos toman o nos dejan, nos consideran o no, en la misma medida en que sientan que están en una doble vía de reconocimiento.  

Y he ahí una cuestión redundante en cualquier espacio de debate profesional: más de lo deseado hoy se entregan a los públicos mensajes unidireccionales: o duramente informativos, o latosamente editorializantes. Es infrecuente esa media salvadora que proporcionan el análisis y la interpretación con su carga explicativa y valorativa, las dos en equilibrio, las dos consustanciadas, las dos portadoras de conocimientos, significados, alternativas.

Nos referimos a un análisis y una interpretación que propicien tres momentos básicos al receptor: su antes, durante y después del mensaje, de forma tal que asimile éste como un continuo reflexivo que se asienta en lo que esperó, en lo que encontró y en lo que valoró y expandió en otros estadios sociales con los que se relaciona. Estamos hablando de procesos que, provocando el pensamiento, contribuyan a repensar el espacio y el tiempo de la sociedad en que vivimos y en cómo insertarse a ella de manera fructífera e innovadora.     

Al dictado de los ángeles hay que ayudarlo

La interpretación -y la nota interpretativa en particular por la contención que requiere en tanto sigue los cauces de la información en el lenguaje, tono y espacio disponible aún cuando sea más amplio-, es una manera de enfrentar el periodismo desde una dimensión que demanda entrega, estudio, investigación, por parte del reportero. No son fáciles los caminos que llevan a esclarecer conflictos que están conviviendo en la sociedad y toca a la prensa explicarlos y proyectarlos hacia el futuro.

Pero para esa tarea no solo se requiere de un “querer hacer”, de una inspiración, de una voluntad empirista. El periodismo interpretativo precisa de técnicas, de metodologías, de capacidad para soportar los rigores de la investigación con sus altas y bajas proporcionadas por las fuentes y sus amparos o abandonos; de una disposición para saber persistir y contenerse en aras de que las lógicas emerjan en los textos, que nada quede en la ensambladura de lo impuesto por una u otra voz, y muchos menos que cabos sueltos en la indagación hagan sentir a los lectores que faltó información oportuna.

A ello se suma un requisito indispensable del buen periodismo: que cualquier trabajo no solo exponga fehacientemente los hechos, sino que también sean portadores de un lenguaje y una estética de largo alcance. Es decir, tiene que haber una disciplina, un orden, unas pautas conductuales en las que la ética también esté presente como brújula consejera.

Pese a lo que muchos decisores piensan, para formar a un periodista competente no basta solo con la voluntad o la necesidad de integrarlos de inmediato a una redacción. Se requiere de una acertada capacitación técnica y profesional que desde finales del siglo XX y ya en el XXI, no surge del empirismo de los diarios urgidos de pirámides invertidas, de las horas nocturnas en cafetines bohemios debatiendo el presente y el porvenir de la sociedad, o de lógicas instrumentalistas del cómo hacer. El periodista de hoy precisa de una sólida preparación cultural, de una cosmovisión holística del  mundo en que vive si aspira entenderlo y colaborar en su mejoramiento. 

El hecho periodístico, afirma el brasileño Adelmo Genro, no es una objetividad tomada aisladamente, fuera de sus relaciones históricas y sociales, sino que, por el contrario, es la interiorización de esas relaciones en la reconstitución objetiva del fenómeno descrito. Este teórico plantea que no se trata de reducir la noticia a mercancía y el periodismo a manipulación. Tampoco apuesta por la visión técnico-empirista que considera el periodismo como una actividad neutra, imparcial y capaz de revelar la auténtica “objetividad de los hechos” (2010: 131-146).

Sobre esa base, el análisis, entonces, aparece como expresión del conjunto de conocimientos que se han ido adquiriendo de una manera, la mayor de las veces ordenada, pues la interpretación se constituye en un estilo periodístico que por más contraproducente y compleja que sea la información a diseccionar, debe ofrecerse de manera que contribuya a la reflexión del problema que plantea. Y un conflicto requiere preguntarse acerca de cuál es el tema en cuestión que se quiere abordar, su propósito o problema, viabilidad, objetivos primarios y colaterales, las fuentes que pueden tributar al esclarecimiento del mismo, los juicios lógicos y de valor que se buscan o suponen puedan aparecer en el transcurso de la investigación. Si estas cuestiones no están claras en el intervalo de la búsqueda -de manera que sea la arquitectura pensada del trabajo-, difícilmente se llegará a entregar el mensaje en su entera madurez. 

La interpretación a partir del análisis –ya sea este último exhaustivo como puede darse en el reportaje, o más sucinto en el caso de la nota interpretativa-, es trabajar en función de lo que seriamente se debe demostrar y no quedarse en las medias tintas de lo que se pudo lograr. Este aspecto requiere de muchas condicionantes, entre ellas y rememorando a Eduardo Ulibarri, preguntarse el periodista si realmente es un tema que pueda interesar a los demás, cuál es la intención esencial del relato, cuál es puntualmente el problema, hasta dónde puede influir en la vida de sus públicos, qué efectos en el razonamiento y en la emotividad desea recabar, qué presencia en el texto exigen las fuentes en cualquiera de sus niveles –ellas son determinantes toda vez que otorgan credibilidad o no a lo que se expone-, cómo se ha abordado el asunto en ocasiones precedentes y lo nuevo que se puede aportar; si la historia es suficientemente veraz como para que los receptores se impliquen en ella o involucren en la misma a personas conocidas que atraviesan semejantes circunstancias, si es una historia que termina o continúa con otras aristas contextuales. 

Como puede observarse, para analizar e interpretar en el periodismo no basta  con desear hacer un buen trabajo. Realmente hay que apoderarse de técnicas y estilos propios que permitan desarrollar la investigación de manera oportuna, segura, conveniente y eficaz, hasta evaluar la profundidad de los asuntos que necesitan ser develados y expuestos a la mirada de los públicos. Pero en esta línea, es doloroso reconocerlo, también andan los déficits de la interpretación y con ella del análisis, más agravado aún en la nota interpretativa, apenas conocida y cuando más asumida como “nota ampliada”, “nota comentada”, “nota cronicada”, “nota de datos adicionales”, entre otras denominaciones que intentan acercarse al fundamento del asunto, pero que no lo contienen en su esplendor.  A lo que más se llega de manera recurrente es a aproximaciones parciales en el abordaje del género.   

Entonces, una vez más, hay que insistir en la necesidad de un periodista provisto con técnicas adecuadas y cultura, no un repetidor de declaraciones. Se requieren hoy profesionales que indaguen y contrasten hasta la saciedad, pues el mejor proyecto de nota interpretativa perdería validez si sus basamentos no son sólidos, no se saben comunicar, no hay exactitudes y precisiones, en fin, si la sustentabilidad de la información carece de juicios, fuentes, antecedentes, contexto, hechos colaterales.

Y este aspecto se articula con la credibilidad de los públicos hacia el trabajo de la prensa, eje capital para la permanencia de los medios como mediadores de la sociedad y portadores de los valores establecidos en ella. Cabe destacar en este orden, que cada vez más los índices de apreciación acerca de lo que se comunica son más altos en los destinatarios, pues ellos ya no dependen de uno u otro medio, sino que la combinación de vías con que retroalimentar el conocimiento informativo sobre un suceso alcanza posibilidades ilimitadas y complejas.

Vivimos en un espacio y tiempo donde no basta informar sobre lo que aconteció. Ahora el receptor necesita el análisis del fenómeno dado por un profesional de la información que cuenta con las técnicas, teorías y métodos necesarios para ello. Darle todas las miradas posibles, hacerlo sentir que forma parte del entramado en cuestión,  que se ha contado con él porque se identifica con las voces que emiten juicios, es otra manera de ir arrimándonos a la deseable doble vía a la que siempre aspiran los periodistas con sus públicos; es decir, que su mensaje no solo interese y llame la atención, sino que sea capaz de fomentar el diálogo si no de manera personal, al menos el diálogo de los otros a partir de una determinada propuesta periodística. Así, el mensaje se vuelve efectivo en su dimensión de crear matrices de opinión acerca de determinados temas de la agenda pública.

Esa es también la responsabilidad interna del periodista y los medios al difundir mensajes, y la responsabilidad externa que pone en manos del ciudadano, ahora convocado a repensar sobre lo que se le dice, a tomar partido, a motivarlo hacia una responsabilidad social porque él es también parte de un entorno, de un tiempo, de una época histórica. Y esto no puede hacerse solo desde la descripción factual del reportero o desde la opinión personal marcadamente subjetiva del editorialista. Ambos modos siempre van a subsistir en un medio porque son necesarios y porque ningún estilo en el periodismo barre a otro, sino que se juntan para hacer más rica y diversa la comunicación. Pero más se logra cuando, respetando las inteligencias, se provoca un impacto a partir de análisis e interpretaciones concienzudas, plurales y complejas, que preparan a los públicos para comprender su entorno, y les ayudan a ampliar su capacidad de discernimiento.

La pregunta de David Livingstone cuando en 1871 fue encontrado en el lago Tanganica, en la ciudad de Ujiji, por el periodista Henry Stanley, del New York Herald: ¿Qué pasa en el mundo?, ahora parece variar la tónica en los millones de receptores agobiados de tanta información descontextualizada, disgregada, por momentos banal. Ellos, ante ese universo disperso y contradictorio, hoy parecen exigirnos: ¿Cómo entender el mundo?

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MEDIOS Y PERIODISTAS: ¿IMPARCIALIDAD POSIBLE O VIRTUAL?

MEDIOS Y PERIODISTAS: ¿IMPARCIALIDAD POSIBLE O VIRTUAL?

Lic. RICHARD ÁVILA Y Lic. JOSÉ LUIS ZABALETA,
Coordinadores del Programa de
Formación de Comunicación Social,
Universidad Bolivariana de
Venezuela, Sede Monagas.

Algunos autores plantean que el primer rasgo distintivo de la prensa gratuita es la ausencia de confrontación política. Al respecto, Ramón Pedrós, director editorial de Metro Internacional para España, declaró: “Yo no quiero que nadie me rechace el periódico”. 

La referencia de Pedrós es la defensa recurrente de los editores que esgrimen la imparcialidad, la objetividad y la neutralidad como escudo para evitar acusaciones de sesgo, como patente para ser aceptados por la mayoría de los lectores y como garantía de que los anunciantes no los tildarán de tendenciosos.

Sin embargo, la experiencia nos ha dado a los lectores la certeza de que tales argumentos son falaces y siempre muestran sus costuras. Sólo habría que aguzar la vista y ser irreverentes con la vicaría de los medios de comunicación y el periodismo.

Antes de seguir, es pertinente contextualizar las declaraciones del periodista precitado. Nos referimos sustancialmente a lo que significa ser el editor de un periódico gratuito (ese que se regala en la calle y que depende un 100% de la publicidad) y el alcance y la tradición de Metro Internacional.

Un poco de historia

Fue Estados Unidos el país pionero en prensa gratuita, con la publicación, en la década de 1940, del primero de estos periódicos, que en la actualidad se denomina Contra Costa Times. En los años 70 surgieron algunas publicaciones gratuitas más, aunque este tipo de prensa no empezó a ser popular en Norteamérica hasta la década siguiente.

Europa se incorporó a esta corriente con mucho retraso y fue España el país que dio el primer paso, cuando en 1992 apareció el primer ejemplar de Minidiario, en Valencia. Tres años después salió a la luz Metro, un periódico gratuito sueco, que dos años después se había difundido a otros países europeos y ha sido, con su firma Metro Internacional, una de las editoras de periódicos gratuitos con más alcance y más lectores no sólo en Europa, sino igualmente en América y Asia, según la enciclopedia en línea Wikipedia.

La siguiente empresa en lanzar al mercado un periódico gratuito fue la noruega Schibested, que en 1999 publicó desde Zúrich el periódico 20 Minutos.

En América Latina, los países donde más éxito y tiraje han tenido son México, Chile, Ecuador y Argentina. La prensa gratuita llegó a Venezuela a principios de 2004. El primero fue el semanario En Caracas, que se repartía todos los viernes con un tiraje de 50 000 ejemplares, pero salió de circulación el 16 de diciembre de 2005.

Le siguió el diario Primera Hora, en junio de 2005, perteneciente a la C.A Editora El Nacional, que a su vez edita otros medios impresos, entre ellos el tradicional y venido a menos (en tiraje) El Nacional. Por último, El Diario de Caracas, que luego de venderse sin mucho éxito, pasó a ser gratuito a principios de septiembre. Todos estos diarios gratuitos se reparten solamente en la ciudad de Caracas.

Rasgos de la prensa gratuita, según sus defensores

En vista de lo poco conocidos que son estos medios en nuestro ámbito periodístico, acudimos a una caracterización de la prensa gratuita, siempre alertando que -en su mayoría- son rasgos que identifican sus propios defensores y auspiciantes. He aquí algunos de ellos, según Francisco Fernández Beltrán:

-Son tabloides de gran tiraje que se reparten gratuitamente en el metro, otros sistemas de transporte público y en la calle.

-Sus costos no dependen de la venta del periódico sino estrictamente de la publicidad.

-Por depender de la publicidad se fijan una regulación según la cual no deben contener más del 30% ó 40% de ésta en sus páginas.

-Son escrupulosos para diferenciar la publicidad de la información.

-Evitan la confrontación y el sesgo político.

-Tratamiento informativos más ligeros y menos profundos que obligan al lector a buscar más información en otros medios.

-Mucha utilización de fotografías y otros recursos gráficos que lo hacen menos textual.

-Son empresas multinacionales de grandes cadenas que mantienen formatos similares y las mismas pautas de acuerdo a cada región.

-Están diseminados por toda Europa y en América Latina son muy populares en México, Chile y Ecuador.

Para quienes han tratado el impacto de la prensa gratuita en el ámbito editorial, la llegada de la estos periódicos supone una nueva competencia para la prensa tradicional o de pago, por alcanzar un mayor número de lectores. En muchos casos está en juego la subsistencia de los medios, lo que hace pensar que la pelea no se libra sólo en la preferencia de los lectores sino con mayor fiereza en la cartera de anunciantes. Sin embargo, notamos -como en el caso de las grandes editoras venezolanas, caso El nacional- que los periódicos gratuitos se han convertido en complementos del negocio impreso de la prensa paga.

Sus defensores muestran una cara romántica e ideal de la prensa gratuita, al punto que llegan a hacer esta apología, publicada por López Lita R., luego de hacer un trabajo de postgrado para la Universidad de Barcelona:

“Independientemente de que se dirijan a los mismos lectores, o a otros, y de que pugnen diariamente por la inversión de iguales o diferentes anunciantes, lo cierto es que la prensa gratuita que se ha desarrollado en los últimos años en Europa lo ha hecho a partir de un modelo ciertamente diferenciado de la de pago. El primer rasgo distintivo es la ausencia de confrontación política. Se trata de un periodismo que pone el acento en el interés humano de los acontecimientos, más allá de las meras declaraciones partidistas y que busca sobre todo la difusión de informaciones cercanas al lector, algunas de las cuales no tienen cabida normalmente en la prensa de pago”.

A continuación, listamos algunas “peculiaridades” de estilo que López Lita le asigna a esta “novedad” complementaria del mainstream:

-Un modelo informativo basado en la concisión.

-Un periódico con todas las secciones que no ocupa más allá de 28 a 32 páginas.

-Está pensado para ser leído rápidamente, entre 20 a 25 minutos.

-Obliga a los periodistas a una labor de condensación muy importante.

-Pero también obliga al lector a cambiar algunos de sus hábitos de lectura.

Obviamente que esta declaración y estas “peculiaridades” nos hacen inferir que tal modalidad de no-pago lleva implícita la vieja doctrina de la objetividad, maquillada ahora para un producto derivado de los medios mercantiles del siglo XX.

Objetividad, imparcialidad, neutralidad informativa

La prensa mercantil de la primera mitad del siglo XX se esforzó por conquistar públicos y anunciantes. Esto, debido a los grandes tirajes provocados por el uso de novedades tecnológicas que potenciaron la capacidad de producir muchos periódicos y por el aumento de la alfabetización.

El elemento de la ecuación que faltaba era la accesibilidad a todos los públicos, blancos y negros, pobres y ricos, sin distingos religiosos ni ideológicos. Fue así como nació la doctrina de la objetividad, que se esmeraba por convencer a los públicos de que los medios y los periodistas tenían la capacidad -y la voluntad- de transmitir los hechos sin intervenciones, sin sesgos, “sin contaminación”.

“Esta prensa, al contrario de su antecesora, necesitaba presentar un rostro neutro, imparcial, no comprometido, para que fuera aceptada y creída por personas de diferentes posiciones ideológicas y políticas. Se requería, también, presentar una postura sin compromisos con los sectores de poder, especialmente gubernamentales” (Dragnic, Olga; 2006).

Pero ¿qué es lo que se entiende en las ciencias sociales como objetividad? Abbagnano la define como “El carácter de la consideración  que intenta ver el objeto tal como es,  prescindiendo de las preferencias y de los  intereses del que los considera y basándose solamente en procedimientos intersubjetivos de comprobación y de control... La objetividad es el ideal de la investigación  científica, ideal al que se acerca en la medida en que dispone de procedimientos  adecuados”.

Sin embargo, esta tal objetividad no es dable en los seres humanos, es decir, en tanto sujetos, las personas no pueden aspirar a tener la capacidad de las máquinas, de robots, que reciben y emiten información o conocimiento sin interpretarlas. Así lo sostiene Adam Schaff en su obra “Historia y Verdad”, en la cual denuncia la pretendida neutralidad de la historia y reivindica la condición subjetiva de los investigadores, de los historiadores, lo que podríamos traspolar a los periodistas:

“El sujeto desempeña en el conocimiento histórico un papel activo, y la  objetividad de este conocimiento siempre contiene una dosis de subjetividad. De lo  contrario, este conocimiento sería ahumano  o super-humano”.

Para Dragnic, en el periodismo mercantil y positivista del siglo pasado, la objetividad es tenida como La cualidad que debe tener la información al ser el reflejo fiel de la realidad de la cual se ocupa, mientras que el periodismo objetivo vendría a ser en esta parafernalia funcionalista el Tipo de tratamiento de la actualidad que pretende presentar los hechos tal y como ocurrieron.

Como vemos, se trata de una apreciación acientífica de la relación entre sujeto-objeto en el proceso de conocer y que queda bien explicado en la teoría materialista del conocimiento.

Al respecto, el periodista y catedrático venezolano Federico Álvarez sostiene que “nuestra versión de lo que percibimos está condicionada por nuestros prejuicios, nuestros sentimientos, nuestros valores, nuestras fobias, ideas, etc. Es decir, el sujeto que percibe o, lo que es lo mismo, el sujeto que conoce, es un elemento activo que contamina con sus contenidos de conciencia todo aquello que capta (...) La objetividad no sólo es insostenible a la luz de los conocimientos científicos contemporáneos, sino que además no es consecuente con su pretensa independencia de compromisos políticos o ideológicos”.

Talvez, en el mismo orden, podría ilustrarnos lo que se pretende cuando en periodismo se habla de imparcialidad y neutralidad, según el Diccionario de Comunicación Social de Olga Dragnic:

Imparcialidad: La ausencia de posición preconcebida a favor o en contra de personas, ideas, hechos o cosas, al estudiarlas o tratarlas. En el periodismo, el concepto se aplica en este mismo sentido, a la forma como el redactor y el medio masivo perciben, juzgan y representan los acontecimientos y las personas.

Neutralidad: La actitud de una persona que no toma partido en ningún sentido, ni a favor ni en contra, sea de una idea, acción, grupo social o sectores en conflicto.

En el periodismo, tales preceptos tratan de justificar que el periodista y los medios pueden mantener un respeto a los hechos y al libre albedrío de los lectores. Al respecto, Federico Álvarez apuntilla: “Respeto a la materialidad de los hechos y respeto al libre albedrío del lector, dos caballos de batalla del periodismo industrial”.

¿Y cómo son los periódicos gratuitos?

Basta con hacer una somera revisión a las ediciones impresas que sobre estos periódicos gratuitos están en la web para desmontar la pretendida imparcialidad o “ausencia de confrontación política” en su tratamiento informativo.

La cita de arriba, de Ramón Pedrós, parece emanada de un conspicuo ideólo de la imparcialidad en los medios, de un sofista de la doctrina de la objetividad. Sin embargo, fue precisamente Pedrós, editor del Metro, quien fuera suspendido por los propietarios de Metro International porque bajo su responsabilidad salió a la luz una primera página falsa en una edición de 2006, que contenía informaciones traídas de los pelos como que en Madrid se estaba construyendo un muro con la ayuda de Estados Unidos y otras menudencias.

La seriedad de sus palabras tal vez hayan sido medidas por sus productos periodísticos, pero lo cierto es que la formalidad de los diarios gratuitos tiene “patas cortas” a juzgar por el episodio de Metro y que se convirtió en noticia de farándula de los medios españoles, ya de por sí dados al espectáculo permanente.

Y se pueden encontrar otras sorpresas. Por ejemplo, que en un diario como Publimetro, de México, podemos notar estos rasgos en nada rigurosos:

-Más del 60% de las páginas es dedicado a la publicidad.

-Las páginas impares (la de mayor visibilidad y costo) se reservan casi exclusivamente a la publicidad.

-Hay publicidades que por su presentación, sus características gráficas y su ubicación se confunden con la información.

En la edición del 26 de marzo de 2010 de Publimetro, podemos observar que la noticia con foto destacada de primera página remite a una información interna que recoge el análisis de un grafólogo “imparcial” sobre las firmas de varios mandatarios mundiales. Vale decir que los grafólogos hacen un perfil de la personalidad de un sujeto, estudiando su firma.

Éstos fueron algunos de los resultados de la grafóloga imparcial:

Barack Obama, presidente de Estados Unidos (“Ojo Alegre”): Se trata de una persona de procesos mentales ágiles. Siempre tiene una respuesta rápida para todo. Tiende a ser ’ojo alegre’ (coqueto). Es capaz de sacrificarse por sus ideales. Hiperactivo e inflexible. Nervioso. Puede llegar a magnificar los problemas. No le gusta ver hacia atrás. Para él, el fin sí justifica los medios.

Felipe Calderón Hinojosa, presidente de México (“Agresivo secundario”): Se trata de una persona para la que es muy importante su imagen y siempre procura dar una buena impresión. Es sociable y práctico. Por el número ’6’ intermedio (en la firma), se deduce que el aspecto económico le es muy importante. Es tenaz, de ’agresividad secundaria’, es decir, responde a la agresividad, pero no tomaría la iniciativa. Al momento de escribir estaba estresado. Se concentra fácilmente. Trabaja bien en equipo.

Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina (“Se autoagrede”): Se trata de una persona que se siente muy apegada a su pasado, inclusive le pesa. No ve mucho al presente y va con todo al futuro. Le gusta llamar la atención y necesita constantemente reafirmaciones, a manera de cumplidos. Tiene problemas de hipertensión y gastritis. Es sumamente práctica, decidida y no se arriesga fácilmente. Es poco tolerante y se autoagrede.

Hugo Chávez, presidente de Venezuela (“Cruel”): Es un hombre fuerte, de carácter y estricto, impulsivo, enérgico y cruel, así como autocontrolador. Estresado y observador. Quisiera dejar atrás el pasado y no puede. Es ’cuadrado’, inflexible y drástico. Tiene problemas en la columna vertebral. Su educación fue muy estricta. Apto para la milicia; es mejor jefe que subalterno.

Se trata, entonces, de una de las tantas muestras de cómo, desde la concepción de “cero confrontación política”, un diario puede hacer un tratamiento sesgado y tendencioso de la cuestión política, usando para ello algunos productos periodísticos “frescos, inocuos y llamativos”.

El periodismo como instrumento del poder y como poder para el cambio

Harto ha sido dicho que las representaciones de la realidad siempre son utilizadas por el poder para mantener su preeminencia y su hegemonía. Una de esas representaciones es el lenguaje, materia prima del periodismo y la comunicación.

Sería ingenuo pensar, entonces, en que los medios actuales, llámense pagos o gratuitos, impresos o audiovisuales, llevan consigo la semilla de la discordia en una sociedad dividida en clases sociales, y con ello señalamos la división internacional del trabajo, también.

En un sistema social en el cual la ideología dominante es la de las clases dominantes, denota también la expresión de la explotación de un grupo de hombres sobre la mayoría.

Alexis Márquez Rodríguez trata en su libro “La Comunicación Impresa” in extenso sobre este asunto del condicionamiento ideológico del lenguaje y su traspolación hacia el periodismo, y nos dice: “... así como en una sociedad clasista la conciencia -es decir, las ideas- dominante es la de la clase dominante, también es el lenguaje de ésta el que predomina”.

Y cita a Armand Mattelart para ratificar que “toda actividad y todo producto en la sociedad capitalista participan del mundo y de la lógica de la mercancía. El lenguaje mismo que permite transmitir al público el sentido de dicha actividad y de dicho producto -cualquiera que sea- es el lenguaje del hombre de la mercancía que se transforma en amo de todo lenguaje”.

¿Cómo podemos pensar entonces en medios imparciales, neutrales, objetivos, cuando en la sociedad lo que se da es una cruenta lucha de clases que se manifiesta en todos los ámbitos del quehacer humano, sobre todo en el periodismo, una de las herramientas creadoras del consenso y de estereotipos de toda clase y en todos los niveles.

Con precisión, nos refiere Márquez Rodríguez: “Como es obvio, los empresarios de los medios de comunicación, conspicuos representantes de la burguesía y del capitalismo, no pueden limitar su actividad, dado el carácter específico de tal tipo de empresa, solamente al lucro monetario. Es inevitable que también se maneje el negocio con un propósito de defensa y preservación del sistema capitalista dentro del cual la empresa privada tiene sentido y se justifica”.

En esta su función de imposición de ideas, creación de consenso y otras menudencias, los medios han diversificado sus tareas. Y no sólo los programas destinados al entretenimiento, sino que las mismas noticias se han convertido en herramientas de evasión e irreflexión de los ciudadanos.

Héctor Mojica, quien igualmente critica la separación que la prensa industrial hizo de las opiniones y de las noticias, lo recoge de esta manera: “La llamada ’gran prensa’ no sólo informa y opina (insistiremos en esta falsa dicotomía), sino que tiene una función evasora: el entretenimiento clásico ha devenido en evasión. De allí la importancia, creciente, de los features. Con razón un periodista francés decía que Le Parisien Liberé tiene por misión la de ’liberar’ a sus lectores de toda preocupación, así como ahorrarles la de reflexionar. En Les maitres de la presse puede leerse esta regla, casi ley, de la gran prensa: “La desgracia de los otros os ayuda a creeros feliz”.

Por su parte, Armand Mattelart, en su obra Medios de Comunicación: Mito burgués vs Lucha de clases, rescata el término marxista de fetiche, el cual acuña a los medios burgueses con la derivación creada por Roland Barthes de mito. Por lo que a las acciones y efectos que los medios producen en la sociedad les llama mitología.

“El medio de comunicación de masas es un mito -dice Mattelart- en la medida en que se le considera una entidad dotada de autonomía, una especia de epifenómeno que trasciende la sociedad donde se inscribe. Así, la entidad medios de comunicación de masas se ha convertido en un actor en la escenografía de un mundo regido por la racionalidad tecnológica. Es la versión actualizada de “las fuerzas naturales”.

También aborda Mattelart el lenguaje de los medios y su discurso, un discurso plano, integrador, que desvanece las diferencias y los antagonismos sociales mediante conceptos fabricados, consensuados en la gran prensa e impuestos a la mayoría. Y nos dice: “... este concepto apunta a borrar todo esquema de estratificación social y a ofrecer a los receptores la imagen de una sociedad sometida al mismo determinismo indiferenciador. Junto a él, ha surgido la serie de los conceptos del amorfismo social, tales como: sociedad de consumo, sociedad de abundancia, sociedad de masas, sociedad moderna, opinión pública, etc. En todos estos términos-comodines se esfuma el soporte de la dominación social”.

Tener conciencia del papel que ha jugado y sigue jugando la prensa y el periodismo para la sociedad burguesa es, entonces, sólo el primer paso para avanzar en la transformación. Como Mattelart,  decimos: “Descifrar la ideología de los medios de comunicación de masas en poder de la burguesía constituyó la primera etapa de un quehacer que incorporaba dichos instrumentos en la dinámica de la acción revolucionaria. Hoy aquella fase debe ser superada o por lo menos aprehendida sólo como un peldaño en la tarea de creación de un medio de comunicación identificado con el contexto revolucionario”.

 

UNA MIRADA A LA HISTORIA DESDE INVASOR

UNA MIRADA A LA HISTORIA DESDE INVASOR

Lic. JOSÉ ANTONIO QUINTANA GARCÍA
Y Lic. HÉCTOR PAZ ALOMAR,
periodistas del Invasor, Ciego de Ávila.

La divulgación de la historia mediante la prensa impresa tiene una larga tradición en Ciego de Ávila. En las primeras décadas del siglo XX en las páginas de El Pueblo, fundado en 1905 y decano de la prensa avileña en la etapa de la República Neocolonial publicó la sección “Próceres trochanos”, que divulgó las biografías de las principales personalidades de la localidad que lucharon contra el colonialismo español.

La influencia de Antonio Benedico, quien fue el primer historiador de la Ciudad de los Portales, y a la vez,  redactor y editorialista de este medio de comunicación contribuyó a que se incluyera en su línea de editorial trabajos sobre temas históricos. Es lamentable que, debido a la destrucción de los periódicos, no podamos precisar toda la labor que desempeñó este historiador y periodista que se inició en el periodismo en Las Avispas en el primer lustro del siglo XX, en 1914 fundó la revista Para ti y el periódico La Luz y fue Jefe de Redacción de El Baluarte y de La Región. Director propietario de El Heraldo. Colaboró en casi todos los periódicos de la ciudad. 

Fue precisamente Benedico quien en la revista Alma Ilustrada  publica el primer trabajo que analiza el origen del nombre de Ciego de Ávila, texto que aparece en el número correspondiente al mes de noviembre de 1921. (1)

La Voz del Magisterio, fundado por el educador y periodista Dr. Eleododo Ruíz Orozco en el mes de diciembre de 1954 tuvo el acierto de dar a conocer en fragmentos la tesis de grado de Paulino Urbieta: “Ciego de Ávila. Estudios estadísticos de sus recursos económicos” valiosa fuente para el conocimiento de la evolución histórica del término municipal avileño.

Los primeros libros y folletos de  historia regional y local publicados fueron escritos por periodistas. Enrique García, director y dueño de La Región y de la de la imprenta La Avileña, dio a conocer en 1920 Bosquejo Histórico y Geográfico de Ciego de Ávila, en 1929 de Álbum Rojo,  y en 1955  Ciego de Ávila.

Pedro G. Subirats, historiador, narrador y periodista moronense, colaborador frecuente de numerosos periódicos en 1929 publicó el libro Historia de Morón, acompañararon a este autor en la divulgación del pasado en la prensa en la Villa del Gallo, Benito Llanes, quien redactaba una sección titulada «Del Morón antiguo» en el periódico Renovación, y Federico Naranjo Moronta y Rodrigo Aguilar.

Después del triunfo de la Revolución como sabemos hubo un extenso período de silencio en la prensa plana. La falta de recursos para subvencionar algunos de los periódicos que circulaban y la confiscación de otros creó un impasse que se extendió hasta 1979. Entre aquellos periódicos que tuvieron vida efímera, en 1959, se encuentra Clamor Revolucionario (2), fundado el 9 de marzo de ese año en la ciudad de Ciego de Ávila. En la primera página publicaba la sección “Galería de mártires”, donde daba a conocer las biografías de los combatientes revolucionarios avileños caídos durante la tiranía batistiana.

Evocar el pasado heroico del pueblo cubano, sus luchas contra el colonialismo español y las dictaduras de Machado y Batista; las hazañas de los combatientes en el enfrentamiento a los bandidos y en las misiones internacionalistas constituyeron desde el 26 de Julio de 1979, fecha en que se funda Invasor,  temas recurrentes que están en correspondencia con uno de los objetivos del periódico: la formación de valores como el patriotismo y el internacionalismo  en los lectores.

En la década del 80 publicó una sección muy popular en su edición dominical titulada “Una ojeada a nuestra historia”, escrita por el historiador Arnaldo Aguilar Couso y en la que también colaboró Álvaro Armengol, investigadores autodidactas, sin dominio del oficio periodístico, pero a quien todos agradecemos la información que aportaron en el esclarecimiento de sucesos, destacándose entre otros, la rectificación sobre fecha en que Máximo Gómez asaltó  Ciego e Ávila en 1875, hasta ese momento divulgada como ocurrida en el mes de abril cuando en realidad aconteció en mayo. 

En aquel período como las ediciones eran diarias había más posibilidades de darle  cobertura a los temas históricos nacionales, internacionales y regionales.

En los noventa, con la disminución a una tirada mensual, como es lógico esta situación favorable cambió, aunque se mantuvo la decisión de priorizar la publicación de trabajos históricos. La sección “Avileñitas” a cargo de Ángel Cabrera divulgó curiosidades históricas. En esta década dos campañas nacionales impulsaron la presencia de la historia: el centenario de la Guerra del 95 y el 30 aniversario de la Revolución.  Además de divulgar las biografías de los combatientes y sucesos más importantes en la lucha contra Batista, también se dio a conocer aspectos novedosos como el impacto de la reconcentración en territorio avileño y el accionar de Máximo Gómez y otros jefes mambises en la región.

Desde el año 2003 para darle tratamiento a los temas históricos en Invasor elaboramos un plan en coordinación con la Unión de Historiadores de Cuba y la Oficina de Asuntos Históricos del Comité Provincial del Partido que incluye no solo las efemérides más relevantes del año, sino también resultados científicos de los investigadores, quienes tienen su espacio como colaboradores.

Por supuesto que como la realidad supera a veces la teoría, se suman otros hechos que no estaban concebidos en el plan.

Cuando hay algún acontecimiento extraordinario, por ejemplo un aniversario cerrado del natalicio o el fallecimiento de una de las principales personalidades del proceso revolucionario, elaboramos un suplemento especial, hemos dedicado a Martí, Máximo Gómez y el Che este tipo de impresiones especiales. 

A veces por su magnitud el tema ha desbordado las páginas del semanario. Así sucedió con el 80 cumpleaños de Fidel, el periódico constituyó un grupo de trabajo que confeccionó una cronología de la presencia del Comandante en Jefe en Ciego de Ávila, se rescataron hechos, e imágenes mediante búsquedas en fondos documentales de la provincia y de Camagüey; además la investigación fue el soporte de un álbum especial que el gobierno provincial, en nombre del pueblo avileño, hizo llegar a Fidel.

Invasor ha publicado trabajos que luego han formado parte de los libros Venezuela y la independencia de Cuba (1868-1898), Ciego de Ávila del cacicazgo al siglo XIX, El Che y los que abrieron la senda, Con el arcón acuestas, A paso vivo. Carlos Aponte en Cuba, entre otros. La presencia de los avileños en Girón y del comandante Camilo Cienfuegos en Ciego de Ávila durante años ha tenido un seguimiento por el periodista Héctor Paz, compilados estos textos integran dos libros en preparación.

El  reconocimiento a la labor de quienes investigan y escriben la historia no ha dejado de estar presente en el plan editorial del semanario.

En Invasor el tratamiento a la Historia no tiene una página fija, aunque lo más frecuente es dedicarle un espacio de la Tres. Mas, también se han publicado trabajos históricos en la portada, en la cultural o en la deportiva. No hay dogmatismos al respecto.

Sin embargo, a nuestro juicio, la divulgación de temas históricos relacionados con la cultura y el deporte reciben menos atención que los políticos. Igual ocurre con la historia de las comunidades, las leyendas y la presencia de los diferentes componentes étnicos de nuestra población, temáticas muy atrayentes.

Al respecto existen experiencias relevantes en el país, recordemos los reportajes de Leonardo Padura, Emilio Surí y el moronense Ángel Tomás González en Juventud Rebelde, en la década de los ochenta, o los textos del florenciano Jayme Saruski, Premio Nacional del Literatura, en Bohemia, trabajos que han sido compilados en libros y que constituyen modelos de periodismo de investigación con elevada calidad literaria.

Como toda modalidad periodística, en el periodismo histórico es válido el empleo de cualquier género para tratar un tema. Predominan, en el caso de Invasor, el reportaje, la entrevista,  la crónica y el artículo.

En relación con el aspecto formal, con la escritura, queda mucho camino por andar, pues el periodismo histórico permite el empleo de recursos propios de la ficción literaria que por falta de tiempo, o de conocimientos y oficio en el caso de los colaboradores que nos son periodistas no se utilizan. Por ejemplo, la recreación del ambiente, de la época, a veces es obviada. Sabemos cuánto contribuye esto a que el relato sea ameno, sin que por ello  deje de ser objetivo.

Finalmente, me permito varias recomendaciones: 1-Organizar un taller de técnicas periodistas para los investigadores que colaboran con el periódico. 2-Mejorar el titulaje. 3-Emplear los recursos de la literatura de ficción en la redacción de los trabajos de temas históricos. 4- Aumentar la publicación de trabajos sobre temas históricos relacionados con la cultura artística literaria y el deporte.

Notas:

(1) Ángel Cabrera, Álvaro Armengol y Mayda Pérez: Ciego de Ávila, del  cacicazgo al siglo XIX, Ediciones Ávila, Ciego de Ávila, 2006, pág. 29. La revista comenzó a circular el 15 de septiembre de 1921.

(2) Fue su director Marcelo Tier Pérez y redactores Raúl Hernández Báez, Manuel Payán Zubulet y Pedro Enrique García Carmenate. También colaboró el abogado español de ideas republicanas Félix Martínez Barberán. Circulaba los lunes y en los talleres de la imprenta La Nacional, ubicada en Libertad, no. 12 tenía su redacción y administración, esta última  a cargo de María Teresa. Pérez. 

Bibliografía:

Machado Ordetx, Luis: «Intervención ante periodistas cubanos en ocasión del aniversario 110 del matutino La Correspondencia, de Cienfuegos, Cuba», enero de 2009, consultado en http://cubanosdekilates.blogia.com

Periódico Invasor, 1979-2009.

Quintana García, José Antonio: “La prensa avileña. Sucesos y personalidades”, trabajo inédito.

Vázquez Muñoz, Luis Raúl: Periodismo Histórico: la criatura que quiere vestirse, consultado en www.latecla.cu.


 

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LOS PERIODISTAS CUBANOS Y EL TRATAMIENTO DE LA ECONOMÍA

LOS PERIODISTAS CUBANOS Y EL TRATAMIENTO DE LA ECONOMÍA

 

Este trabajo explica de manera particular las mediaciones que sobre los temas económicos se originan en las rutinas productivas de las redacciones y en el comportamiento profesional de los periodistas cubanos. Es parte de la tesis de la autora, Análisis de las mediaciones que actúan en la elaboración de la agenda sobre temas económicos en medios de prensa escrita cubanos, en opción al grado científico de Doctor en Ciencias de la Comunicación.
 
Lic. CARIDAD CARROBELLO,
Periodista Revista Bohemia.

Introducción:

La necesidad de elevar la cultura integral de los cubanos incluye, necesariamente, la formación de una cultura económica. El país posee “un promedio educacional cercano a 12 grados, casi un millón de graduados universitarios y la posibilidad real de estudio para sus ciudadanos sin discriminación alguna” (Castro F, 2008), lo cual facilita cualquier proceso de aprendizaje.

Pero para desarrollar la cultura económica, de manera que en la población se formen actitudes conscientes ante la producción, distribución y consumo, y se amplíe la participación popular en la construcción del socialismo, no basta con un alto nivel de instrucción.

La cultura económica: entendida como el conjunto de conocimientos y experiencias relacionados con los procesos de producción, distribución, comercialización y consumo de bienes y servicios, en un contexto histórico determinado. La cultura económica se alcanza mediante la educación económica: sistema de influencias que ejerce toda la sociedad con el objetivo de generalizar los conocimientos económicos (Cabrera, 2006: 34)

Para lograr ese conocimiento se requiere de un sistema que abarque  e  integre  todas  las influencias posibles en la formación de las personas, con estrategias para cada segmento poblacional.

Por lo tanto, es preciso:

-Comenzar la educación económica de los individuos desde temprana edad en las aulas, mediante el intercambio maestro alumno (Cabrera, 2006: 12-13);

-Avanzar en el desarrollo de la actividad socioeconómica, organizativa, jurídica-normativa e ideológica-política del país, para sedimentar a su vez la conciencia ciudadana (Machado, 2006: 12);

-Potenciar la participación de los trabajadores en los planes y desempeños productivos de sus centros laborales (Castanedo, entrevista personal 2008);

-Preparar a militantes del Partido y la UJC con mayores argumentos para esta labor político-educativa en su radio de acción (Martínez F, entrevista personal 2008);

-Usar de forma integrada el Sistema de Comunicación Pública (SCP), incluidos los Medios de Comunicación Masiva (MCM).

Desarrollo

En Cuba, dentro del Sistema de Comunicación Pública (SCP), una de las vías más importantes para el tratamiento de los temas económicos es el accionar público de los máximos dirigentes del gobierno cubano. A partir del triunfo revolucionario de 1959, el Comandante en Jefe Fidel Castro fundó el estilo de trasmitir al pueblo las explicaciones sobre los derroteros que tomaba la nación.

Dentro del  Sistema de Comunicación Pública (SCP), los Medios de Comunicación Masiva:

-Constituyen una modalidad de aporte al conocimiento humano ya que pueden lograr a largo plazo un efecto cognitivo acumulativo en sus audiencias.

-Mediante sus agendas fijan la atención de los receptores sobre los temas más importantes, durante un período de tiempo.
 
Por lo tanto, entre otras acciones comunicativas de carácter público e institucional, los MCM pueden contribuir de manera importante en la formación de la educación económica de la población cubana.

Pero es posible que a mediano plazo los medios no puedan apoyar plenamente este propósito de educación económica. Tal afirmación se basa en circunstancias generales que ocurren con este sector en Cuba:

-Escasez  de  personal  periodístico. Hoy tenemos un 79 por ciento de plazas ocupadas en el sector y nuestro gremio envejece; para 2012  se  necesitarán  2, 335 graduados de esta carrera y los cinco centros formadores cubrirán sólo un tercio de la demanda.

-Insuficiente nivel de preparación.

-Dificultades con las fuentes.
 
-Falta  de  eficacia de los productos comunicativos Aspecto señalado antes de 1979, fecha en la cual el IX Pleno del Comité Central del PCC adoptó un acuerdo sobre el fortalecimiento del uso de la crítica en los medios.
 
-Desconocimiento del impacto real que tienen los medios sobre sus públicos. La investigación originada en los años 70 con indagaciones sobre la recepción televisiva, no transitó adecuadamente hacia el resto de la prensa cubana. Algunos medios sondean preferencias, pero son análisis numéricos sin combinar técnicas cualitativas. 

Estos problemas generales de la prensa cubana se agravan en el periodismo económico:

-Poco espacio y falta de sistematicidad en el seguimiento de los temas económicos.

-Insuficiente profundidad en el tratamiento del tema.
 
-Limitado uso de géneros de opinión y de investigación.

-Empleo reducido de fuentes informativas.

-Falta de calidad en su realización.

-Errores en el manejo de cifras y las unidades de medidas.

-Necesita ser más actual y oportuno.
 
-Empleo de términos que limitan la comprensión.
 
Además, en la recepción del periodismo económico se da un fenómeno: esta rama del Periodismo tiene un contenido informativo muy especializado. Sus fuentes, sus autores, sus canales, se ajustan a una materia temáticamente acotada; y por ello convoca habitualmente solo a un público específico, interesado o afectado por estos asuntos.

Por lo tanto, en el periodismo económico se evidencia la existencia de MEDIACIONES manifestadas desde el establecimiento de la agenda temática, durante la  realización de esa misma planificación, en la publicación de los trabajos, así  como en la recepción.

Las mediaciones en comunicación social: procesos estructurantes, constriñentes y/o habilitantes, que resultan de la interrelación de actores y prácticas comunicativas con distintos agentes, instancias y procesos sociales donde se enmarcan, los cuales configuran y dan sentido a la comunicación. (Barbero, 1987: 233; Sánchez Ruíz, 1991 y Orozco, 2002:26).

Según mi estudio de tesis doctoral, sobre nuestro desempeño profesional actúan mediaciones, entre ellas:

-Institucionales:

a) El modo en que las instituciones conciben la información pública bajo condiciones de bloqueo, mediando tanto sus relaciones con los emisores, como el tratamiento de temas en las agendas de prensa.
 
-Cognoscitivas:

a) El limitado conocimiento que sobre la economía tienen los diversos actores de la comunicación (emisores y receptores), media tanto la capacidad de elaborar de forma eficaz los mensajes de este tipo, como la manera en que la información económica es entendida por los públicos.

-Provenientes de los medios:

a) De carácter organizativo, de la preparación y las rutinas productivas en el desempeño profesional.

b) Tecnológicas.

Por su importancia, haremos énfasis en las provenientes de los medios, ya que se conoce que los modelos organizativos en la producción informativa de los medios de comunicación y factores individuales como la profesionalidad, valores y prácticas rutinarias, marcan en importante grado el trabajo periodístico (Alonso y Saladrigas, 2006: 128-136).

-Los modelos organizativos de los medios, que ubican a los redactores en sectores especializados y deciden la colocación de recursos; el editor que impone los criterios de noticiabilidad; el poder del jefe de redacción manifestado “a punta de lápiz” en la corrección editorial, mediatizan el proceso productivo porque los reporteros aprenden qué hecho deben reflejar o qué frase censurable deben omitir. (Shoemaker y Reese, 1994: 97)

-En cuanto a los factores individuales, existe un alto grado de subjetividad presente en la producción informativa: “aunque se dé la percepción directa del hecho por un periodista, éste siempre interpretará la realidad de acuerdo con su enciclopedia” (Alsina, 2005:15)

¿En qué CONTEXTO ECONOMICO y SOCIAL se desarrolla nuestro periodismo?

En primer lugar, la actual crisis mundial influye enormemente sobre la economía cubana: “Porque somos un país pequeño, con una economía muy abierta, altamente dependiente del comercio exterior, y en el contexto mundial globalizado hoy nos afectan fundamentalmente la crisis energética y la alimentaria. Además, estamos bajo una guerra económica, algo que no tiene ningún otro país en el planeta, y eso determina muchas de nuestras realidades”.  (Martínez, O. entrevista personal 2008)

También existen conflictos económicos internos:

-La doble circulación monetaria y la segmentación del mercado nacional en ambas monedas afecta tanto a la economía doméstica como a la empresarial.

-La elevada tasa de cambio entre el CUC y el peso cubano, así como los altos precios en las ofertas comerciales de productos de primera necesidad inciden sobre la disminución del consumo y la calidad de vida de la población.

-El bajo poder adquisitivo del salario ha incidido en el poco interés hacia el trabajo estatal que no recibe estimulación en CUP o CUC.

** Baja producción y productividad originadas en problemas materiales y tecnológicos, pero también en la indisciplina laboral y el poco apego al trabajo de algunos individuos.

** Poca realización de la propiedad social que incide en la falta del sentimiento de dueño colectivo y en el limitado interés por el cuidado de los recursos.

** Problemas en la organización y el control administrativo en nuestras empresas, que propician la ocurrencia de ilegalidades, robos, corrupción.

Asimismo incide la situación social creada a partir de los años 90,  ya que las medidas aplicadas para salir de la crisis económica interna tuvieron aparejadas un impacto social. Aunque la situación no ha llegado a tener el carácter de crisis aguda del sistema, sí se han afectado la vida espiritual y algunos valores ideológicos de nuestra sociedad.

Hoy existe un dilema para el campo de la comunicación de masas. Consiste en la representación  que  el público cubano tiene sobre su realidad social. A pesar de que Cuba posee logros apreciables en los campos de la salud, la educación, la cultura y el deporte, y en otras esferas de la vida, la población no considera su privilegiada situación de progreso social en relación con otras naciones.

La nación ha atravesado adversas situaciones a partir de la caída del campo socialista en los años’90, y además afectan al país la crisis económica internacional y los embates climáticos. Sin embargo, en muchas personas no existe una percepción que vincule la situación nacional y mundial con sus intereses y problemas sociales. En parte se debe a que durante años han disfrutado de gratuidades sufragadas por el estado cubano, permaneciendo alejadas del razonamiento sobre los costos de bienes y servicios; pero también, a que problemas de la economía afectan el modo de pensar y actuar.

¿Cómo los periodistas cubanos reflejamos lo que entendemos como nuestra realidad?

-El periodista utiliza los acontecimientos del mundo real y los encuadra dentro de un mundo referencial que le permite determinar la importancia social del hecho, de acuerdo con su propia experiencia cotidiana, según expresa Miguel Rodrigo Alsina en su obra La construcción de la noticia (2005).
 
-El redactor suma a ello la ideología construida en la sociedad (Ideología de la REVOLUCIÓN CUBANA: Darío Machado, 2000), su cultura profesional, valores, hábitos y prácticas del proceso productivo periodístico, que abarca desde la recogida y discriminación de datos, hasta la publicación. 

¿Estamos satisfechos con los resultados hasta ahora obtenidos por el periodismo económico en Cuba?

Algunos resultados de mi estudio, luego de realizar 41 entrevistas en profundidad entre dirigentes del Partido y del gremio, directivos y periodistas de tres provincias cubanas, apuntan hacia aspectos de carácter general del sistema de comunicación, hacia los procedimientos dentro de los medios y a la responsabilidad que le atañe a los propios periodistas.

Respuestas de carácter general:

-Lo que ocurre es que el periodismo económico está marcado por otras improntas del periodismo cubano: el énfasis de la propaganda por encima de todo.

-Impera el excesivo disciplinamiento de nuestra prensa. 

-Cuando se organizan campañas todo el mundo comienza a hablar de lo mismo en todos los medios, el discurso se vuelve monotemático, y provoca muchas veces rechazo en el lector.

Respuestas que implican a las direcciones de los MCM:

-No es plena la confianza y el respaldo que la dirección de ciertos órganos de prensa depositan en el periodista cuando aborda asuntos espinosos. 

-No todos los jefes de los medios tienen la voluntad de que sus redactores logren el dominio de las herramientas investigativas.

-Es poco el espacio para la temática económica y eso reduce su tratamiento sistemático.

Respuestas sobre la responsabilidad de los periodistas:

-Falta profesionalidad en quienes tratan estos temas. El periodismo económico no puede ser “levantar actas” de lo que digan las personas.
 
-No sabemos  utilizar  la  información de  que  disponemos, estamos  acomodados. Queremos  que venga una fuente oficial, una persona determinada y nos acredite la información, que nos la ofrezca masticada.
 
-No se suele interpretar la información que está detrás del dato estadístico. Hablamos de planes productivos cumplidos o sobrecumplidos, de ventas alcanzadas al no sé cuánto por ciento y la gente dice, bueno, ¿qué hay detrás de esa cifra?

-Somos demasiado positivistas y triunfalistas; no suele establecer una correlación logros- deficiencias.

-Falta la diversidad de criterios.

Conclusiones generales:

-Para alcanzar una cultura económica en nuestra población se requiere de un sistema que abarque todas las influencias posibles en la formación de las personas, con estrategias para cada segmento poblacional: de la enseñanza escolar, laboral, las organizaciones, la comunicación pública, entre otros. Y dentro de esta última vía los medios, con un reflejo más eficaz y fiel de la realidad, pueden contribuir a elevarla.

-Los periodistas debemos aprender a utilizar mejor la información que ya se ha hecho pública -mucha aparece en la propia prensa- y la disponible en centros de investigación y en otras fuentes no oficiales.

-Hay que recurrir al combinado de fuentes y triangular la información obtenida.
 
-Debemos crear nuestros propios archivos e interpretar sus datos.

-Necesitamos incrementar nuestra cultura económica.
 
-Debemos adecuar el discurso al entendimiento del público, lograr actualidad, explicar con argumentos, decodificar los datos, analizar.
 
-El periodismo económico requiere alcanzar un mayor impacto dentro de la visión común, acercándose a la vida de las personas.

Bibliografía:

Alonso, Margarita e Hilda Saladrigas: Teoría de la Comunicación, una introducción a su estudio. Editorial Pablo de la Torriente Brau, 2006, 170 págs.

Berger, Peter L. y Thomas Luckmann.  La construcción social de la realidad.  Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1995.

Cabrera Elejalde, Olga Rosa. La Superación profesional para la apropiación de la cultura económica de los docentes de la Facultad de Profesores para la Enseñanza Media Superior. Tesis en opción del grado científico de doctora en Ciencias Pedagógicas. Tutores Dra. Nancy Chacón y Dr. Antonio Blanco. Dpto. de Humanidades, Facultad de Formación de Profesores para la Enseñanza Media Superior, Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”. Ciudad de La Habana, 2006. 120 páginas.

Castro Ruz, Fidel.  “Mensaje del Comandante en Jefe”, publicado en http://www.granma.cubaweb.cu/

2008/02/19/nacional/artic03.html  (Consultado 9/5/2008).

García Luis, Julio. La regulación de la prensa en Cuba: referentes morales y deontológicos. Tesis presentada en opción al grado de Doctor en Ciencias de la Comunicación. Tutores: Dr. José R. Vidal Valdés y Dr. Armando Chávez Antúnez. Facultad de Comunicación Social, Universidad de La Habana, 2004. 120 páginas.

Machado, Darío. La conciencia económica en el socialismo. Revista Cuba Socialista. Editada por el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, La Habana, No 38: pp. 10-14, enero-marzo de 2006.

Martín-Barbero, Jesús. De los medios a las mediaciones. Ed. Gustavo Gili S.A, Barcelona, 1987. 300 págs.

Martínez, Osvaldo; Félix Martínez y Luis Manuel Castanedo (entrevistas personales 2008), aparecen entre los anexos de la tesis doctoral de la autora de este trabajo, documento que se encuentra en fase de terminación y cuyo título es Análisis de las mediaciones que actúan en la elaboración de la agenda sobre temas económicos en medios de prensa escrita cubanos.

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A PROPOSITO DE LA CRONICA

A PROPOSITO DE LA CRONICA

Lic. SANTIAGO CARDOSA ARIAS,
Periodista del diario Granma, jubilado. Autor de libros sobre Periodismo.

Por ahí anda en mi papelería, archivada en letras de molde, una aleccionadora anécdota que,  con los años, y  para más de un propósito, he hecho una de mis favoritas.

En aquellos días la revista CASA cumplía un aniversario de su fundación y su director, el ensayista y poeta Roberto Fernández Retamar, solicitó a prestigiosas figuras de la literatura cubana y latinoamericana,  la redacción de un trabajo para ser incluido en un número especial conmemorativo de esa publicación.

Entre los que recibieron la invitación-ruego estaba el cuentero mayor, el inefable Onelio Jorge Cardoso, quien no pudo acompañar a su respuesta el gesto que seguramente hizo ante aquella petición de escribir un cuento para “dentro de unos días”, considerando, le recordaba o le señalaba Retamar, que “la revista tiene un cronograma para su edición e impresión”.

El autor de “Caballo de Coral” y otras pequeñas joyas de la cuentística hispanoamericana, le respondió algo así como lo que sigue y que no hay  poner entrecomillado:

Estimado Roberto:  Agradezco tu distinción de invitarme a figurar en esa edición especial de CASA, pero no sé si podré complacerte. Tú sabes que un cuento uno no lo escribe cuando quiere. Tiene que nacer…

En otro ámbito, con tiempo y marea de por medio, recuerdo siempre aquella especie de incidental, ¿de propuesta amable?, de la experimentada periodista Marta Rojas, devenida Jefe de Información del diario “Granma”, cuando planificaba el trabajo de los reporteros y corresponsales que “cubrirían” determinados actos:

-Si te inspira —solía ella decirnos a cada uno--. Si algo te motiva o impresiona, tratas de escribir una crónica…

Debió pasar el tiempo para que algunos, en especial los más jóvenes, entendieran el  porqué de  aquella manera de solicitar un trabajo, el hacer una crónica, cuando en otros casos se daba simplemente una orden.

Es que Marta Rojas –ella misma, cronista-, como Onelio Jorge Cardoso, había ya comprendido y experimentado que hay cosas de las palabras y de la mente que no fluyen por antojo.

¿Estoy planteando o insinuando que la crónica es un cuento? De ninguna manera.

Tomo ambos géneros de ejemplo para apoyar mi criterio de que la crónica, por sus características, no es aquella que se divorcia de la realidad ni se limita a enumerar hechos, detalles y manifestaciones, como se haría en la nota informativa o el propio reportaje, ese hermano mayor de la crónica.

Para mí, este género es, en cierto sentido, una obra de creación—como el cuento-- por la gracia, lo artístico, la originalidad en lo que queremos decir, donde la narración tiene una fuerte y particular carga de elementos subjetivos, no obstante lo objetivo del hecho tratado.

En el caso que analizo es necesario subrayar que me estoy refiriendo a un tipo de crónica, en este caso al que cultivé durante años y que Alfredo Guevara, el conocido cineasta, un día calificó de  impresionista, basándose en lo que llamó “fugaz impresión” de lo que reflejé sobre un filme cubano y en otros trabajos que él había leído con mi firma en las páginas de “Granma”.

La observación que queda hecha me libera de aclarar con detalles que ese tipo de crónica se distancia de las crónicas deportivas, las históricas y otras más, cuyos patrones y esquemas, y sus propósitos, son otros.

Creo que deberá entrarse a analizar el calificativo que se da de crónicas a ciertos trabajos hechos en la casa o la redacción; a otros que el autor elabora con citas escogidas de antemano, antes de entrar en contacto con el hecho y, por tal razón, carecen de esa “fugaz impresión” y tienen, a veces, el sabor de un editorial, de un artículo o un comentario.

Fue en el escenario de los hechos donde siempre encontré la motivación para  escribir una crónica. El “chispazo” me lo dio la vida, la gente…Jamás, en los tiempos en que tímidamente me acerqué a este género, planifiqué  qué iba a hacer ni cómo.

Hay quienes, al forzar la realidad, al excederse en la imaginación, han caído en el  ridículo, y, por tanto, en el descrédito, al menos, no se les ha tomado en serio totalmente.

No fue poco el estímulo que recibí el día que oí decir a la novelista, cuentista y periodista Dora Alonso, que en mis crónicas había observado que quedaban atrapados en breve espacio de tiempo, el propio tiempo y el sentir y fisonomía de las personas.

Al leer y releer crónicas de autores de renombre –García Márquez, Benedetti, Cortázar, por citar algunos internacionales—y de algunos del patio de las distintas épocas, se hace marcadamente evidente en su prosa ese lenguaje literario que tanto cautiva y hace de su etilo algo fascinante.

Aquí, al hablar de estilo, no me refiero al uso que hacemos de la sintaxis y de las demás exigencias gramaticales, sino, además, al  empleo de un lenguaje cercano al lirismo, a la prosa liberada de la rigidez que demandan otros géneros y que en la crónica de la que hablo o escribo resultan elementos extraños.

En mi época de estudiante, un día leí algo que prefiero copiar para no abusar de  la mente.  En un manual se expresaba: “La crónica -al decir de muchos estudiosos— es la “aristocracia del periodismo” porque es el género que puede hacer guiños a la erudición y coquetear animosa con la lírica.  Aquí valen todos los recursos estilísticos: la comparación, la metáfora, la ironía, la paradoja incluso, pero siempre dentro de una forma fundamental de claridad comunicativa...”.

Más de una vez se me ha preguntado en qué situaciones o cuándo se debe  utilizar este atractivo género. Mi respuesta la he dado reformulando la interrogante: ¿Por qué se utiliza tan poco hoy día la crónica?  ¿Por qué ceñir su empleo a lo que ha sido tradicional: un acto en la Plaza, inauguración de obras, ceremonias militares y otras pocas ocasiones?

Un género de esta dimensión debía emplearse más a menudo; debía usarse, incluso, en actos funerarios —por ir al extremo.  En la redacción de una crónica valen el estilo, la brevedad, la poesía y, por  supuesto, el talento del periodista.  No menos valiosos son —o deben ser— los ojos, los oídos, la sensibilidad del cronista, de ese artesano de las letras  que es capaz, en la vida, de encontrar y tallar un material que a otros parece intrascendente.

 

LA CRONICA PERIODISTICA: UN GENERO TAN POLEMICO COMO IMPRESCINDIBLE

LA CRONICA PERIODISTICA: UN GENERO TAN POLEMICO COMO IMPRESCINDIBLE

Dra. MIRIAM RODRÍGUEZ BETANCOURT,
Profesora Titular y Consultante
de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La crónica no nace con el Periodismo sino que este aprovecha una tradición literaria e histórica de largo y espléndido desarrollo para adaptarla a las páginas de la prensa, apunta el profesor español Juan Cantavella al recordarnos  su origen,  huella que  le acompaña a pesar de la amplitud temática de sus objetos de información y la especificidad que ha ido adquiriendo como género periodístico. (1).

No se puede olvidar tampoco que en las primeras décadas del siglo XIX  los periodistas denominaban como crónica a cualquier noticia y que los historiadores así eran   llamados desde la Edad Media. “Cuando el periodismo se convierte justamente en periódico (…) el antiguo cronista, recolector de ‘aquello que pasó’ se traslada a la especialización periodística para convertirse en periodista” (2).

Literatura e Historia son los típicos compañeros de viaje en el  itinerario de un género del cual no pueden prescindir los medios de comunicación no sólo por su maleabilidad estructural y expresiva para abordar lo humano y lo divino, sino también por su capacidad de dar cuenta de los sucesos al tiempo de valorarlos como lo exige el auténtico Periodismo: con la urgencia de la inmediatez, la objetividad  del testimonio y  la calidad literaria de la redacción.

Polémico este género,”abierto, diverso en sus esquemas (3), que continúa mereciendo la atención de los especialistas: en el último número de la revista española “Estudios sobre el mensaje periodístico”,  que edita la Universidad Complutense de Madrid, encontramos cuatro trabajos dedicados a la crónica (4), y en un voluminoso texto publicado en el 2004 ocupa un capítulo firmado por el profesor Juan Cantavella,  uno de sus más importantes estudiosos (5).

De su origen histórico-literario hereda la crónica  periodística atributos que le permiten recrear la realidad sin violar la veracidad de los hechos  De esa herencia se recoge también la exigencia de que el periodista haya presenciado o escuchado de fuentes confiables los hechos que cuenta, elemento  que hasta nuestros días confiere a la crónica determinada jerarquía entre los restantes géneros.  Lo que trasmite el cronista es de primera mano, visto y oído;  la detección de la arista singular, del latido interior de un tema, de un acontecimiento, de una persona.

Pero, como ya se sabe,  no es aconsejable  la afirmación rotunda en materia de géneros periodísticos.  La presencia del cronista en el lugar de los hechos, al igual que en el reportaje, puede ser sustituida por el registro de fuentes orales o documentales irrefutables, y, en todos los casos, con el añadido de la visión personal del narrador.

Cuando no es posible  mantener el supuesto de “la presencia viva del cronista en las escenas que se relatan”, (6) será arte  mayor  hacerlo de modo indirecto  para crear  así una ilusión de realidad.

Pongamos como ejemplo paradigmático el de José Martí,  quien no  siempre estuvo presente en el escenario de los hechos sobre los cuales escribió extraordinarias crónicas  para  periódicos hispanoamericanos de su época , ejercicio notable de su capacidad descriptiva y narrativa, como expresa Pedro Pablo Rodríguez, uno de los más reconocidos estudiosos de la obra martiana, quien califica a las crónicas del Apóstol  sobre Estados Unidos como “uno de los casos más notables en lengua española de ese género enigmáticamente limítrofe entre el periodismo y la literatura.” (7).

Una  de las aristas controversiales que genera la crónica se refiere a su definición y clasificación a lo que se añade la imposibilidad de entenderla igual en cualquier ámbito geográfico y práctica periodística. En el periodismo anglosajón, por ejemplo, la crónica suele equivaler al reportaje de acción (Action story) o al artículo en el que predomina como valor noticioso el llamado interés humano.

Las definiciones varían mucho en este género, quizás como en ningún otro.  “Uno de los géneros más difíciles de definir, dice Evelio Tellería, ya que comparte facetas de otros géneros, y, además, esta muy cerca de los trabajos literarios” (8).

Un somero recuento de caracterizaciones confirmarán tal diversidad y revelarán, a la vez, algunos rasgos propios del género como su carácter vivencial, literario, valorativo e informativo a la par.


Gargurevich  dice que “es un relato de construcción literaria especial”, y alude a su escritura en secuencia (9).

A la misma característica  se refiere Martín  Vivaldi al unir sus atributos literarios e históricos: género literario en virtud del cual el cronista relata hechos históricos, según un orden temporal , y añade que se narra algo al propio tiempo que se juzga lo narrado.(10)  Veamos un ejemplo:

“Apenas el refuerzo de las medidas de seguridad y el aumento del número  de periodistas recordaban ayer en Bagdad el primer aniversario de la invasión de Irak.  Los iraquíes han ignorado la conmemoración, divididos entre la satisfacción por la derrota del dictador y la humillación de la presencia de soldados extranjeros en su suelo.  La violencia política causó dos nuevas muertes en Mosul y Kirkuk” (“Bagdad refuerza la seguridad en el aniversario del ataque”, A. Espinosa, El País, 21 de marzo de 2004, pág. 2)

Julio Garcia Luis apunta que en la crónica  “el relato noticioso puede ser actual (…) o tratarse de hechos pasados, que son actualizados por una circunstancia cualquiera”,  y se refiere a  su  “riqueza y brillo del lenguaje” (11).  
     
El “elemento personal”  y el  “lirismo sutil” son resaltados por Rolando Pérez Betancourt en su libro “La crónica, ese jíbaro” (12) mientras Máximo Simpson  insiste   también  en el  carácter subjetivo  de este género, su lenguaje literario y el orden cronológico a que responde la narración. (l2).

“Producto literario eminentemente latino (…) con “cierta dosis de carga informativa” (13) son las características que destaca el profesor Martínez Albertos para diferenciar  nuestra crónica de la que se ejercita en lengua inglesa.

Carlos Monsivais resume sus criterios al respecto con una delimitación precisa: “Reconstrucción literaria de sucesos o figuras, género donde  el empeño formal domina sobre las urgencias informativas” (14).

Mientras Maria Julia Sierra define a la crónica como “un  género de la literatura periodística eminentemente informativo “(15),  Luis Beltrao se decide por situarla como un género de opinión, y también destaca su íntima relación con la actualidad “y por su tradicional sentido de relato de acontecimientos en orden cronológico”(16).

Obsérvese en la anterior relación la concordancia en cuanto a mantener el orden temporal del suceso: “el tiempo es la primera dimensión que encierra el concepto de crónica” (17), y el predominio de la subjetividad.

La actualidad se menciona también como uno de sus elementos definitorios clave, pero como acota Hugo Rius, ello no basta “puesto que podría argumentarse –y con sobrada razón—que resultaría dificil dar con un género puro (18).

Otro elemento común para  los estudiosos es el comentario del cronista en relación con los hechos expuestos.  Esa valoración no llega a ser la que caracteriza al artículo de opinión: si bien  puede enjuiciar, el propósito de la crónica no es el de convencer, sino el de conmover, el de despertar la sensación de una vivencia compartida, pues como afirma Grijelmo debe valorar “de una manera muy vinculada a la información” (19) sin la oportunidad para la reflexión detenida sobre esos aconteceres.

La argumentación en la crónica no alcanza el rigor característico de otros géneros del denominado periodismo opinativo. El tono del comentario es mas íntimo, un tono de confidencia como lo califica Vivaldi,  totalmente distante del estilo editorializante o de solicitación de opinión, aspecto este en que concuerdan casi todos los estudiosos. Un fragmento de “Mi Hemingway personal”, firmado por García Márquez, lo evidencia:

“Por una fracción de segundo—como me ha ocurrido siempre—me encontré dividido entre mis dos oficios rivales.  No sabía si hacerle una entrevista de prensa o sólo atravesar la avenida para expresarle mi admiración sin reservas.  Para ambos propósitos, sin embargo, había el mismo inconveniente grande: yo hablaba desde entonces el mismo inglés rudimentario que seguí hablando siempre, y no estaba muy seguro de su español de torero (...)  (Gabriel García Márquez, crónica publicada el 26 de julio de 1981 en El Espectador, de Bogotá) 
    
Característica que logra poner a todos de acuerdo es la de su estilo literario.  No puede hablarse de crónica en rigor si no se destaca el particular tratamiento expresivo que este género exige.

A menudo sucede, sin embargo, que se confunde el estilo literario con el empleo de un lenguaje ampuloso, típico de cierta crónica de interés humano que nada tiene que ver con la que describe Gargurevich: “aquella información que tiene por objeto movilizar emociones en el lector apelando a su sensibilidad “(20) sino que toma por objeto cualquier asunto trivial o melodramático de la peor especie con el evidente propósito de emocionar a los lectores.  Por supuesto, tales “descargas líricas” nada aportan ni a la Literatura ni al Periodismo.

De modo que aunque al género le es propio un determinado aliento expresivo y el   abordar temas y asuntos de muy diverso tenor y hasta de poca trascendencia  en cuanto a la actualidad noticiosa, ello no justifica la frecuente tendencia a identificarlo con cualquier desahogo emotivo, simple tanto en lo que se refiere a la forma como al contenido

Julio García Luis apunta al respecto que el objetivo de la crónica  es “iluminar determinado hecho o acontecimiento (...) sin acudir a una argumentación  rigurosa, formal, directa, sino mediante la descripción de la realidad misma, de alguna pincelada valorativa y del manejo de factores de tipo emocional” (21), siendo esta una de las definiciones más certeras sobre el género.

En materia de clasificación, algunos estudiosos la incluyen dentro del periodismo informativo, otros, en el contexto del periodismo de opinión.

Gargurevich, sin ubicarla específicamente dentro del periodismo informativo, afirma que es su antecesora (22), pero María Julia Sierra no duda en hacerlo, pues, para ella, es un género “eminentemente informativo” (23). Difiere de ambos el brasileño Beltrao quien  se decide por colocarla dentro de los géneros de opinión porque destaca, como fin primordial de esta categoría periodística, la expresión del juicio, del criterio del cronista sobre hecho, ideas y estados psicológicos personales o colectivos (24)

También en su  tipología la crónica alcanza divisiones y subdivisiones muy amplias. Veamos: 

Por su enfoque, puede ser general, especializada, analítica, sentimental, humorística, de viajes, de remembranza, histórica.  Por su tema, parlamentaria, judicial, de espectáculos, del extranjero, de sucesos, de interés humano o especial, de sociedad o sociales, taurina, deportiva, costumbrista, local...

Se  añaden  otros tipos: la doctrinal, la artística, biográfica, la descriptiva y la utilitaria. Especial atención recibe en los textos y manuales, la crónica viajera o de viajes, tan vinculada al origen mismo del género.       

Lorenzo Gomis las resume de la mejor manera: en razón del lugar, es decir, a  partir de la locación desde donde el cronista elabora sus impresiones; de corresponsal, de enviados especiales, viajeros; y en razón del tema, grupo en el que caben todas las demás.

En definitiva, como expresa Maria Celia Forneas (...) “los nombres de las clases de textos dependen de las actitudes e interpretaciones  que los lectores hagan de ellos, pues pueden emplearlos para designar referentes cognitivos en momentos históricos diferentes” (25).

En esta  materia resulta improcedente adherir rotundamente tal o cual clasificación; a lo que más se pudiera llegar sería a apostar por aquellas que aparecen con mayor frecuencia y que, por ello, adquieren tipicidad.

LA REDACCION

Como expresión caracterizada por la subjetividad, la capacidad del cronista, su estilo, el tema en cuestión, también sería cuando menos inútil asumir  normas absolutas en relación  con su escritura,  en ello concuerdan los especialistas.  No obstante, valdría la pena detenerse en algunas consideraciones formales que parecerían ser las más recomendables y aceptadas para la redacción de este género, sobre todo porque lo definen sustantivamente.

Por supuesto, nada de atarse a estructura en orden descendiente, o a exceso de juicios, o a información noticiosa de imperiosa actualidad.  En este último caso, dice Manuel Graña  que “aunque la crónica sea informativa, (el escritor) suele poner en ella un lirismo sutil, una dialéctica y un tono característico que viene a ser el estilo de su esencia misma” (26).

El cronista debe relatar el hecho o asunto “como él la vea y la sienta”,  pero la percepción personal de los acontecimientos—generalmente en primera persona y con firma autoral-- tiene que pasar por un filtro de responsabilidad  porque nadie tiene el derecho de inundar el tiempo y el espacio con desahogos emotivos por muy sinceros que estos sean.  En cualquier caso, la sobriedad debe ser la primera frontera.

Algunos autores recomiendan emplear la estructura cronológica de narración. Esta indicación  no puede ser tomada al pie de la letra sino que dependerá, en buena medida, del tema abordado, del estilo de cada cronista, entre otros factores. 

Otros, y cito a Martínez Albertos,  proponen que las crónicas se realicen con  “el esquema estructural de los reportajes de acción (Action  Story), tal como se suele hacer en el mundo anglosajón, esto es, comenzar por lo que el periodista considere lo más importante—sería el lead—y después seguir aportando datos “que permitan un completo entendimiento del suceso y su proceso evolutivo en el tiempo” (27).

Las opiniones en cuanto a la estructura más recomendable  pueden ser aceptadas desde un punto de vista didáctico, es decir, para su empleo en la enseñanza , como entrenamiento práctico para los estudiantes.  Desde el ámbito profesional, donde la experiencia y el dominio del oficio convierten a los periodistas en violadores de las definiciones y reinventores, a la par, de nuevos modos de hacer, son discutibles.

          
La narración deviene la forma privilegida y central del discurso en la crónica  y, por tanto, el cronista tiene que prestar atención a los modos más efectivos de contar una historia, un hecho o asunto, en torno a los cuales se articula su objetivo y el lenguaje que empleará.

 La actitud del cronista ante el hecho, sus impresiones, se adaptarán al vocabulario, al lenguaje, a la sintaxis, a la reconstrucción textual de lo visto o vivido.  Esa actitud, esas impresiones, integran el objetivo central de la crónica, conforman su hilo conductor, tributan a su punto de vista o tesis, hacen posible la sintonía autor-receptor.

Ese brillante periodista que fue Pablo de la Torriente Brau, autor de vibrantes crónicas sobre la guerra civil espanola , por mencionar sólo las que escribió como corresponsal de guerra, comprendió  en medio de su febril actividad, que esta modalidad demandaba una actitud especial, diferente, por ejemplo, de cómo se expresa la pura información. Así, advierte en una carta  a su destinatario: “(...) en estos momentos me es extraordinariamente difícil escribir en  tono de crónica.  Por esto te hago estas cartas que espero contendrán (...) el acopio de datos suficientes para sus comentarios en la revista” (28).

Frase corta y párrafo breve, ritmo rápido, grado superior de elaboración  literaria, con  empleo de recursos estilísticos como la metáfora, el símil,  la hipérbole y cierta dosis muy medida de lirismo, aconseja García Luis para escribir  buenas crónicas (29).  Como ejemplo cabal,  un fragmento de  la firmada por Nicolás Guillén, y que ilustra con precisión estas recomendaciones:

“ Insertadas, embutidas en unas fiestas frías, estas  son comparsas modosas  ´que se dan su lugar’.  No las empuja el pueblo con sus brazos poderosos: las canaliza y domestica la autoridad.  A pesar de ello, hay que cuidarlas tiernamente.  Acerquémonos a verlas con simpatía, como a la cama de un niño enfermo, porque si ellas se mueren  habremos perdido para siempre lo poco íntimo, puro, nuestro que ya nos queda de todo el carnaval” (“Cada año es carnaval” en Prosa de Prisa -1929-1972- Tomo 1, Editorial Arte y Literatura,  La Habana, 1975, pág. 422).

LOS TEMAS

Quizás sea este género el que más recursos posea para describir atmósferas, situaciones, asuntos, personas.  “La crónica se resiste a la puntualidad de la información y al marco estricto del artículo, deambula por todos los rumbos y capta los variados matices del humano acontecer en su diversidad de escenarios, asuntos y actos (30).

Un incendio, un accidente, un descubrimiento, un congreso pueden ser temas de crónica igual que un estado de ánimo o un problema social.  La diversidad tipológica antes enunciada da cuenta de que en ella cabe cualquier asunto siempre que este sea tratado con imaginación y sensibilidad

Los siguientes ejemplos muestran esa variedad temática; ningun asunto escapa a la sensibilidad del auténtico cronista:

“Los jueves en la noche, el museo Papalote esta abierto para ‘los niños grandes’, como anuncia un folleto.  El resto de la semana, cuando el grupo dominante está conformado por niños de verdad, el aire que se respira y los grititos entusiastas deben de ser, supongo, más auténticos.  Con todo, una  vez que los adultos han perdido la sensación de ridículo que caracteriza los primeros diez minutos, se echan por los toboganes con una felicidad que parece primigenia—aun las señoras con tacones”. (“Prohibido no tocar”, Roberto Max, revista Viceversa, México. No.47, abril, 1997, pág.56)
  
“Manuel Vázquez Montalbán había visto en la ciudad, encaramados a los alambres de la luz y el teléfono, cientos de pájaros, miles, millones de golondrinas.  Quien sabe si en la última soledad del aeropuerto los ojos de Manolo se hayan volcado en las alturas ‘en busca de un asidero para no caer en el pozo de la muerte’.  Como Carvalho, habrá visto entonces que ‘en el cielo sólo había bandadas de pájaros fugitivos por los disparos de los hombres’” (Amor y muerte en Bangkok, Juan Luis Cebrián, El País, España, 19 de octubre de 2003, pag. 38)

“El banquete-homenaje nos fastidia la noche, porque cuando termina, ya es demasiado tarde para ir a un cine.  Que sería  una recompensa.  Y es demasiado tarde para volver a casa.  Que es una lata.  Nos quedamos un rato vagando por las calles. Sin saber donde arrojar el menú con las firmas de los comensales.  La cortesía nos ha convertido en el más tonto de los coleccionistas de autógrafos.  Porque hemos coleccionado autógrafos de otros coleccionistas de autógrafos.  Además de los García que ya conocíamos, nos han metido otros en el bolsillo.  Todavía llevamos el recuerdo del instante en que el homenajeado se abotonó el saco y se puso de pie para dar las gracias. Y de la timidez con que dejamos caer una moneda en la bandeja de los camareros.  Al repartir los tabacos, los que no fuman piensan en los amigos que fuman”

LO QUE ES, LO QUE NO ES, LO QUE DEBIA SER

A modo de resumen, intentaremos por la vía de las afinidades y diferencias de este género con otros, una caracterización que destaque sus rasgos más típicos sin intentar decir la última palabra ni tampoco echar más leña al fuego de las polémicas  sobre todo si estas se avivan sólo  por disquisiciones taxonómicas en vez de asumir los géneros como lo que estos son: categorías en desarrollo constante.

El primer atributo propio, diferenciado, reside en el sentido temporal con que el cronista aborda su objeto no importa si este es un hecho, un sentimiento o un paisaje, una persona, un proceso.  En este sentido, coinciden la mayoría de los especialistas: la crónica observa un orden cronológico, incluso  aun cuando  no se relate en orden secuencial estricto.

Otro rasgo bastante acusado en ella: la actualidad, que puede ser de fiel apego a la ocurrencia en el aquí y el ahora de los hechos, como de creación de ese tiempo a partir de un relato en presente.

La crónica cuenta una historia, relata.  Esa historia se convierte en  el núcleo de su eje narrativo, viene a ser algo así como su tesis.

La crónica se parece mucho a la información, al comentario y al reportaje.   A la información  porque, al igual que esta, se nutre de los hechos.  Al comentario, ya que también valora y emite opinión; al reportaje, en tanto ofrece testimonio personal e integral de un acontecimiento.

Las diferencias con estas otras formas periodísticas radica en que su apropiación factual, juicios y vivencias pasan por la impresión personal del cronista, por su sensibilidad y particular modo de expresión. “La diferencia gráfica entre un reportaje y una crónica es la misma que entre una fidedigna fotografia y una personalísima pintura impresionista” (31).

No se puede negar que también en un reportaje, por ejemplo, se necesita la mirada personal del reportero.  Pero esa visión no es exactamente la misma que la del cronista.  La de aquel se centra en la explicacion, en el análisis, en la interpretacion de lo que expone, sean datos o hechos, mientras que la de este es una mirada al interior de lo que ha seleccionado, de lo que ve, escucha o vive, para entregárnosla como descubrimiento de esa realidad.

Por eso, el cronista suele acudir a formas más elaboradas para trasmitir sus impresiones y valoraciones: necesita del lenguaje tropológico: “un lenguaje lírico (...) supone el vehículo perfecto para introducir datos, sensaciones, descripciones, ideas” (32).

El comentario del cronista tiene asimismo un enfoque peculiar, afincado en la proposición y menos en la opinión  acabada o en la interpretación que deriva del análisis.  Un cronista prefiere matizar los hechos antes que concluir sobre ellos.

Y por fin ¿cómo debía ser la cronica? Siguiendo el espíritu de las anteriores reflexiones, se ha de preferir el ejemplo que sugiera la respuesta antes que  las prescripciones desde la supuesta cátedra, y para ello hemos escogido esta crónica informativa que Alejo Carpentier escribió, aún conmovido, para dar a conocer a sus compatriotas sus impresiones y los detalles de un suceso artístico memorable:

EL EXTRAORDINARIO TRIUNFO DE JORGE LUIS PRATS

Algo insólito ocurrió en el “Teatro de los Campos Elíseos” el sábado pasado.  Había terminado un largo concierto en que habíamos escuchado tres “Concertos” (Schumann, Lizt y Chopin y el “Emperador” de Bethoven) y el público que llenaba la sala permanecía en sus asientos a pesar de la temible advertencia del maestro Tony Aubin, presidente del jurado reunido para otorgar los premios del concurso “Margueritte Long 1977:
     
--Nos retiramos a deliberar.....en el mejor de los casos, nuestra reunión durará una hora...pero si hay discusión o controversia, es muy probable que no podrá conocerse el veredicto antes de unas dos horas largas.

Y lo más extraordinario fue que apenas veinte espectadores abandonaron el teatro ante la poco grata perspectiva de una tediosa espera.  Pero grande era la expectación que reinaba en el ambiente musical de París, y era grande porque esta vez el jurado se había mostrado particularmente implacable en las pruebas eliminatorias.  Al cabo de la primera, de 57 candidatos, representantes de trece países, sólo habían quedado once, reduciéndose esa cifra a ocho después de la segunda.  Y entre las altas personalidades encargadas de seleccionar a los posibles vencedores figuraban artistas y profesores de la talla de Magda Tagliaferro, Maria de Freitas Branco, Badura Skoda y Witold Malcuzinsky.  Pero, a pesar de que siguiera el público resignado a esperar hasta la hora que fuera, al cabo de un poco más de media hora reaparecieron en su palco los miembros del jurado leyendo el veredicto que es conocido ya en el mundo entero:

El Primer Gran premio Margueritte Long había sido ganado por nuestro compatriota Jose Luis Prats, quien “como si esto hubiese sido poco” –segunda fórmula admirativa usada por varios críticos de París- obtenía igualmente los premios Chevillon-Bonnaud, dado al “Mejor Intérprete” y el premio Mauricio Ravel, “Por la mejor interpretación de una obra de Ravel” –debido este al hecho de que José Luis Prats había tocado magistralmente el temible “Scarbó” en una prueba anterior...pueden estar orgullosos sus maestros Frank Fernández y Margot Rojas.

Ahora que es conocido el veredicto, puede revelarse que este fue acordado por unanimidad-cosa que muy pocas veces se ha dado en este concurso- y también se sabe que, desde la primera audición de los candidatos, la personalidad de Jorge Luis Prats impresionó poderosamente al jurado.  “Es probable –dijo un muy famoso pianista de esta época que más arriba menciono- que esta vez asistamos a algo más que a un brillante concurso; acaso podamos propiciar los inicios de la carrera mundial de un talento absolutamente excepcional”.

Otro formuló, desde el comienzo, este juicio prometedor: “No se trata de un pianista más, sino de un temperamento musical fuera de lo común”...Debo decir que, al cabo de la segunda prueba, que incluía las muy difíciles “Danzas Rituales”, de Andres Jolivet, muerto recientemente, la viuda del compositor, autora de un notable libro sobre Edgar Varese, me había confiado: “Al  escuchar a su compatriota creía oir la propia interpretación del autor...Consejera del jurado, dije a sus miembros que, para mí, el ganador estaba senalado ya...y eran muchos los que compartían mi parecer”.                                                     

El lunes pasado, ante un teatro nuevamente repleto (dos días antes se habían agotado las localidades), con presencia de todo el mundo musical de París y la guardia de honor republicana y con la asistencia de madame Giscard  d’Estaing, esposa del Presidente de la República de Francia, tuvo lugar el acto solemne de la entrega de los premios. Jorge Luis Prats que, como ganador de los tres máximos galardones había de cerrar el concierto con la ejecución del  “Concerto No. 1”, de Liszt, pudo escuchar una de las ovaciones más cálidas y prolongadas que haya prodigado desde hace mucho tiempo el público de París (particularmente parco, por lo general, en demostración de entusiasmo) a un artista.  Nueve llamadas a escenas y tantas aclamaciones que el director de la orquesta, Rober Boutry, se vio invitado a repetir íntegramente, a modo de bis, el final del “Concerto”.  Y, luego de conceder breves entrevistas a la prensa y a la radio, y de ser felicitado por madame Giscard d’Estaing, quien le hizo el obsequio personal de una valiosísima porcelana de Sevres, Jorge Luis Prats se vio rodeado de directores de organizaciones musicales deseosos de contar con su actuación en  próximos conciertos y festivales: uno de ellos con la orquesta Pasdeloup, ya prevista para la temporada 1978-79.

-“Hoy ha nacido un pianista fenomenal”-me dijo el gran violinista Henryk Szeryng, quien, de paso, me comunicó su proyecto de ir a La Habana el año próximo.

 “Pianista fenomenal”.  Esa es la expresión unánime de una crítica que, desde el primer momento, ha estado tan unánime como el jurado en hacer el elogio de nuestro compatriota...y se asombraban todos (y se advertía esto también en las conversaciones de pasillos durante las pruebas iniciales) de que nuestro artista se haya formado en Cuba y nunca hubiese salido, hasta ahora, de su país.
 
 A esto último podríamos responder que Jorge Luis Prats tiene 20 años y nació prácticamente, con la Revolución Cubana, y creció y se formó en el ambiente cultural que nuestra Revolución  ha sabido crear.  Es un representante magnífico de la primera generación artística revolucionaria que empieza a dar ahora frutos de tal calidad, en un ambiente donde el hombre joven encuentra, desde que se manifiesta su vocación, todos los estímulos y apoyo necesarios al desarrollo y afirmación de su personalidad.  Triunfos como el logrado por Jorge Luis Prats auguran grandes satisfacciones a nuestro Ministerio de Cultura, demostrando la validez y eficiencia de los métodos de formación artística aplicados en nuestra patria en función del espíritu, debido al impulso creador que, en todos los sectores del quehacer humano, anima la Revolucion Cubana.(Periódico Granma, La Habana, 22 de junio de 1977).

NOTAS BIBLIOGRAFICAS

(1) Cantavella, Juan: “La crónica en el Periodismo: explicación de hechos actuales” en Redacción para periodistas: informar e interpretar”, Cantavella, J. y Serrano, José F. (compiladores) Ariel, Barcelona, 2004, pag. 395.

(2) Gargurevich, Juan: “Géneros Periodísticos”, Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 1987, pág. 60

(3)  Sexto, Luis: “Estrictamente personal. Notas de clase sobre el periodismo literario”. Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 2005, pág. 6l

(4)  -------------- Estudios sobre el mensaje periodístico, vol. 11, Madrid, 2005

(5) Cantavella, Juan: ob.cit.

(6) Simpson, Máximo c.f.  Rodríguez  Betancourt, Miriam en “Acerca de la crónica periodística”, Editorial Pablo, La Habana, 1999.

(7) Rodríguez, Pedro Pablo: “Las crónicas norteamericanas de José Martí para La Opinión  Nacional” en El Periodismo como misión, Editorial Pablo, La Habana, 2002

(8) Tellería, Evelio: Diccionario Periodístico, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1986, pág. 84

(9)  Gargurevich, Juan: ob.cit. pág. 159

(10) Rodríguez Betancourt, Miriam op. cit.  Pág. 17

(11) ibidem pp.l7 y l8

(12) ibidem pág. 20

(13) ibidem pág.20

(14) ibidem pág. 2l

(15) ibidem pág. 22

(16) Gargurevich, J. op.cit. pág.6l

(17) ibidem pág. 6l

(l8) Rius, Hugo (compilador): “Géneros de opinión”, Editorial Pablo de la Torriente,  La Habana, 1988, pág. 76

(19) Grijelmo, Alex c.f. Cantavella,  J op.cit. pág.404

(2O) Gargurevich, J op.cit. pág. 64

(21) Rodríguez Betancourt, M op.cit. pág. 8

(22) Gargurevich, J op.cit. pág. 59

(23) ibidem pág. 6l

(24) ibidem pág. 61

(25) Forneas Fernández, María Celia: “El artículo de costumbres: crónica, crítica, literatura y periodismo” en Estudios sobre el mensaje periodístico, vol. 11, 2005, pág. 306

(26)  Rodríguez Betancourt, M  op.cit. pág. 18,19

(27)  Martínez Albertos, José Luis  “Curso General de Redacción Periodística  pp.349 y 350

(28) De la Torriente Brau, Pablo  “Cartas y Crónicas de España”, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana. 1999, pág. 141

(29)  Rodríguez Betancourt, M. op. cit. pág. 28

(30) ibidem, pag. 5

(31) Rius, Hugo op. cit. pág. 77

(32)  Chivite Fernández, Javier: “José Luis Castillo-Puche: con el viaje al hombro. Análisis de sus crónicas de viajes” en Estudios sobre el mensaje periodístico No. 11, 2005,  Madrid. Pág. 249.

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