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LA CRÓNICA PERIODÍSTICA COMO HECHO LITERARIO

LA CRÓNICA PERIODÍSTICA COMO HECHO LITERARIO

Dra. MIRIAM RODRÍGUEZ BETANCOURT,
Premio Nacional de Periodismo José Martí,
Profesora de la Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
       

Asumir un género periodístico indiscutido como la crónica en su dimensión literaria obliga siempre a recordar su origen que, como se sabe, está afincado tanto en la Literatura como en la Historia, disciplinas de las que se nutre para ―poco a poco y no sin dificultades― insertarse definitivamente en las páginas de las publicaciones periódicas, de modo particular en la prensa, pero también en la radio, la televisión, y, desde luego, en los medios digitales.

De esos compañeros de viaje, la crónica periodística heredó atributos esenciales: la posibilidad de recrear la realidad y el poder de biografiarla. Para ello, se servirá de la fuerza comunicativa y expresiva de la lengua, sin dejar de responder a exigencias básicas del Periodismo: inmediatez y objetividad testimonial. No se trata, por cierto, de que la crónica periodística sea un “cruce de caminos” donde confluyeron historia, periodismo y literatura, pues su evolución, tanto en objetivos, estructura, y temática, va a propiciarle su autonomía como género, y con ello, diversidad tipológica y amplitud de registros.

Pero la teoría de los géneros, también en el caso del periodismo, se ha caracterizado por su férrea preceptiva encasillada entre la división tajante del ámbito informativo y editorial, y la controversial doctrina de la objetividad, a pesar de los embates teóricos en su contra (Chillón, Cantavella, Van Dijk, Eco, Barthes, Angulo Ruiz) y de los resonantes éxitos de la práctica (Nuevo Periodismo, Periodismo Literario, Periodismo Investigativo). Era de extrañar, por consiguiente, que la crónica, categoría abierta a la subjetividad, navegara apaciblemente en las casi siempre turbulentas aguas clasificatorias, reacias a la heterodoxia de un género híbrido por su propio origen (1).

Durante mucho tiempo, las producciones periodísticas que rompían con lo que era concebido como el lenguaje natural de la prensa, esto es, impersonalidad y concreción factual, eran rechazadas sin discusión. ¿Cómo aceptar, en esa concepción tan estrecha que negaba en definitiva al Periodismo sus relaciones con la Literatura, cualquier género que proyectara al autor y, desde el lenguaje, recreara atmósferas y sucesos?

Por fortuna, el panorama de hoy en este sentido ha cambiado notablemente, aun cuando no se ha desterrado del todo, especialmente en lo que se refiere al llamado periodismo informativo o noticioso al que se le sigue negando posibilidades creativas en el plano expresivo.

Cuando nos remitimos a las definiciones sobre la crónica, encontramos de nuevo en algunas, agazapado en el fondo de la intención que intenta diferenciarla por su ubicación editorial o su praxis, cierto afán de encasillarla en las categorías del periodismo informativo. Con ello se trata de disminuir, cuando no negar, su dimensión literaria, precisada por Monsiváis cuando expresa: “La crónica tiene que ser una visión literaria, una conversación en prosa de los estados de ánimo de quien percibe algo que le parece notable” (2). Su condición literaria no va a impedir, antes al contrario, que deseche o ignore objetivos de naturaleza periodística, como proveer de información específica sobre hechos de la actualidad, comentarlos y valorarlos, sin excluir aquellas funciones o características primigenias que han ido integrándose a su evolución: observar el orden temporal en su secuencia, y dar cuenta de los detalles más significativos. Luis Beltrao alude en este aspecto a su “tradicional sentido de relator de acontecimientos en orden cronológico” (3).

Las características de la información y la valoración periodísticas en la crónica, sin embargo, no alcanzan el rigor observable en otros géneros así clasificados. El tono del comentario es más íntimo, muy distante del estilo editorializante, y los datos informativos pasan por el filtro de la sensibilidad del cronista, “una trasmutación de la realidad a través de la percepción del cronista”, añade Monsiváis (4), en tanto Cantavella también abunda en la subjetividad con que el autor encara su objeto: “El cronista no se comporta como una cámara fotográfica que reproduce un paisaje, sino como el pincel del pintor que interpreta la naturaleza, dándole un matiz personal, del que no puede prescindir, aunque lo pretenda” (5).

Podrá también la crónica que nos ocupa desentenderse de técnicas periodísticas típicas como el lead (primer párrafo de la información noticiosa); la estructura de pirámide invertida (orden descendiente de los datos informativos), y la introducción de elementos de consecuencia y de criterios de expertos, entre otras.

“La crónica se resiste a la puntualidad de la información y al marco estricto del artículo, deambula por todos los rumbos y capta los variados matices del humano acontecer, diversidad de escenarios, asuntos y actos” (6). Y para lograrlo, tiene que acudir, necesariamente, a un grado superior de elaboración literaria, con empleo de recursos estilísticos muy diversos, y cierta dosis muy medida de lirismo, como apunta Julio García Luis (7). Gracias justamente a la factura literaria de su discurso, y fiel al principio periodístico de la veracidad, la crónica permitirá “un completo entendimiento del suceso y su proceso evolutivo en el tiempo” (8).

Difiere de otros géneros del Periodismo porque la mirada del cronista se dirige no tanto a los hechos para explicarlos como al interior de lo que ve, escucha o vive, en un nuevo descubrimiento. Su enfoque no es el del comentarista que analiza e interpreta; el cronista recurre a la proposición, a la matización, a formas más elaboradas: necesita del lenguaje tropológico.

En muchos de sus variados tipos ―de viajes, costumbrista, deportiva, cultural― el cronista aplica una voluntad de estilo, según la profesora María Celia Forneas, que trasciende la mera relación informativa de datos y documentos (9). Tal “voluntad de estilo” ―la cual, en mi opinión, debe entenderse como “voluntad de estilo literario”― hace decir a Albert Chillón que la vigencia de la crónica en el periodismo es notoria, a pesar del predominio indiscutible que ejercen hoy los géneros informativos interpretativos (noticia, información, entrevista y reportaje) (10).

Otros autores se refieren a la apertura estética que la crónica ha significado en los medios periodísticos, ofreciendo a los receptores oportunidades de acceso a la información desde ángulos nuevos, distintos, para vivir y sentir los aconteceres. Tal vez ello explique también la vigencia de la crónica a la que alude Chillón.

En cualquier caso, las virtudes de la crónica periodística residen “en el empleo del lenguaje metafórico, la imagen y símiles, la concreción de lo abstracto, que le dan un cierto encantamiento más allá del contenido” (11), sin olvidar que en el Periodismo la finalidad estética es muy importante, pero siempre secundaria, como recuerda José Francisco Sánchez (12), por lo que ninguna producción en este ámbito puede ignorar su finalidad primaria: la de informar.

Si bien es cierto que no en todo tipo de crónica periodística se reclama un lenguaje de vuelo literario, pues también cuenta el público al que se dirigen, escudarse en la naturaleza del tema o las expectativas del receptor, resulta casi siempre una excusa demasiado obvia para justificar una prosa gris, meramente reproductiva o cargada de tecnicismos.

Cuando los editores rechazan una obra con el pretexto de su “literaturización”, a menudo la razón no estriba en la creencia de que se “traiciona” el canon del lenguaje periodístico, sino en el hecho, menos conceptual, de que el trabajo en cuestión demanda mayor atención, y, por ende, rompe con esquemas rutinarios, rápidos y esquemáticos de revisión. Es entonces cuando se acude a la lapidaria y expedita fórmula: “Eso no es periodismo, es literatura.” Desde luego, tampoco son pocas las veces en que se pretende pasar como crónica una suerte de “descarga lírico-emotiva” que quiere sobreponerse a la narración y valoración de los asuntos que trata.

Como refiere Luis Angulo Ruiz (13), las clasificaciones de lenguaje y estilo periodísticos que se basan en la noción de periodismo objetivo no dan cuenta exacta de la realidad pues sostienen, por ejemplo, que el lenguaje usado en el Periodismo es exclusivamente denotativo. Por supuesto, sentencia el ensayista venezolano, el territorio lingüístico es mucho más vasto de lo que tales clasificaciones designan. Desde semejantes presupuestos, se afirma también que la subjetividad autoral puede tergiversar la verdad de los hechos o asuntos tratados cuando, en realidad, lo que no se acepta es que el cronista deseche fórmulas y esquemas preconcebidos.

A pesar de ciertas objeciones que dimanan de un enfoque eminentemente taxativo, muchos profesionales y estudiosos de la teoría de los géneros aceptan la condición literaria del género no como valor añadido a la prosa periodística sino como elemento integral del fin último de la Literatura y el Periodismo: la comunicación, más allá de los sujetos autorales y las identidades de cada manifestación.

Estas consideraciones sobre la crónica periodística en tanto hecho literario pudieran ser también extrapoladas a otros géneros que, como este, apuestan por ser no sólo legibles sino también apetecibles, como dice el lingüista Bernardino M. Hernando. Con sus acertadas palabras, queremos concluir las nuestras:

“La obsoleta, aunque paradójicamente permanente polémica sobre las relaciones entre literatura y periodismo, parece querer ocultar el hecho evidente de que mejor escritor de noticias se es cuanto mejor escritor, sin más, se sea. Dominar la palabra, saber sacar de ella todo el jugo, combinar las palabras con maestría y buen gusto, sorprender al lector con novedosas angulaciones verbales, metáforas que vengan al caso, y, de vez en cuando, muy de vez en cuando, con palabras desconocidas, pero útiles… todo eso, bien administrado, es captación del lector” (14).

Notas:

(1) En un artículo en torno a las divisiones más comúnmente aceptadas de géneros periodísticos, me preguntaba si no era hora de “re-evaluar la teoría en el sentido de cuestionar si la clasificación de las funciones asignadas a los tres grandes macrogéneros: informativo, interpretativo y de opinión, no dictaba compartimientos estancos y reforzaban la creencia en la utópica objetividad periodística”. “Géneros Periodísticos: para arropar su hibridez”, en Estudios sobre el mensaje periodístico, Publicaciones Universidad Complutense de Madrid, Vol.10, 2004, pp. 325-326.

(2) Monsiváis, Carlos cf. Zelán Cheleche, Las cartas sobre la mesa. Entrevistas en Rocinante, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2009, p. 316.

(3) Beltrao, Luis, cf. Juan Gargurevich, Géneros Periodísticos, Editorial Félix Varela, La Habana, 2006, p.61.

(4) Monsiváis, C. op.cit. p. 316.

(5) Cantavella, Juan. “La crónica en el periodismo: explicación de hechos actuales” en Cantavella Juan y Serrano, Francisco (coord.), Redacción para periodistas: informar e interpretar, lra.ed, Editorial Ariel S.A., Barcelona, 2004, p. 403.

(6) Díaz de la Nuez, Leovigildo, cf. Miriam Rodríguez Betancourt, Acerca de la crónica periodística, Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2005, p. 55.

(7) García Luis, Julio cf. Miriam Rodríguez Betancourt, “La crónica periodística: un género tan polémico como imprescindible”, revista Universidad de La Habana. Números 263-264, 2006, p. 138.

(8) Martín Vivaldi, Gonzalo cf. José Luis Martínez Albertos, Curso General de Redacción Periodística, 5ta. Edición, Thomson Editores, Editorial Paraninfo, Madrid, 2004, p. 349.

(9) Forneas Fernández, María Celia “¿Periodismo o Literatura de Viajes?”, en Estudios sobre el mensaje periodístico, Vol. 10, Universidad Complutense de Madrid, 2004, p. 223.

(10) Chillon, Albert, Literatura y Periodismo. Una tradición de relaciones promiscuas. Universidad Autónoma de Barcelona, 1999, p. 121.

(11) Herrera, Earle. La magia de la crónica. 2da. edición. Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1991, p. 75.

(12) Sánchez, José Francisco. “La narración periodística” en Redacción para periodistas: informar e interpretar. lra. Ed, Editorial Ariel S.A., Barcelona, 2004, p. 228.

(13) Angulo Ruiz, Luis. “¿Existe un lenguaje periodístico?” en Lenguaje, Ética y Comunicación, Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 1989, pp. 4l-54.

(14) Hernando, Bernandino, “Lenguaje periodístico”, en Cantavella Juan y Serrano, Francisco (coord.), Redacción para periodistas: informar e interpretar, lra.ed, Editorial Ariel S.A., Barcelona, 2004, p. 134.

 

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