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DE LOS MEDIOS A LA MEDIAMORFOSIS. ¿QUÉ SIGNIFICA NOTICIAR?

DE LOS MEDIOS A LA MEDIAMORFOSIS. ¿QUÉ SIGNIFICA NOTICIAR?

Dra. YAMILE HABER GUERRA,
Jefa de Departamento-Carrera de Comunicación Social,
Universidad de Oriente.

Hay que empezar por volver a una visión
del mundo mucho más modesta del papel
de los periodistas. ¿Qué está realmente en
su poder? Entre las cosas que dependen de
ellos está el manejo de las palabras.
Pierre Bourdieu, 1992

El siglo XXI será antropológico, porque la
esperanza del entendimiento mutuo y de la
acción común ya no dependen de ideologías
universales, de credos atemporales, de
religiones o fundamentalismos omniabarcadores,
de posturas políticas infalibles y homogeneizadoras,
sino de la cabeza de cada uno de nosotros, de cada una
de nuestras microprácticas ordinarias, de la capacidad
individual y colectiva de integrarnos y vivir un mundo
trazado sobre una diversidad de alternativas y
posiciones que escapan a una probable
comprensión totalizadora.
Ramfis Ayús, 1997

Resumen

Este artículo es un acercamiento heterónomo a los procesos de escritura y re-escritura (lectura) de la noticia en el concierto de la sinergia mediática y el des-orden informativo mundial. Las nuevas tecnologías son de la información y no para la información: de Gutenberg hacia acá lo que nos ha sobrevivido como periodistas es la palabra escrita.

Y ya que colocar una palabra por otra es cambiar la visión del mundo y, por tanto, contribuir a transformarlo, asumamos las autopistas de la información como autopistas del lenguaje en función de una teleología: nueva noticia, nuevo discurso periodístico en (para) nuevos receptores, nuevos espacios y nuevos tiempos informativos.

Del palo periodístico al periodismo como yunque

Si las ventas de periódicos en el mundo, para mayor ironía, principalmente en los países en vías de desarrollo, no dejan de aumentar, y la Asociación Mundial de Periódicos se jacta de ello, ¿por qué, cada vez de modo más recurrente, en espacios académicos o cotidianos, se continúa anunciando la desaparición de los periódicos?

¿Por qué, mientras no pocos puristas siguen aferrados a la veracidad de las fuentes y a la credibilidad de la noticia como condiciones sine qua non de la información periodística, cualquiera con acceso a las herramientas tecnológicas de producción, reproducción y distribución de información, informa? Grabar con la cámara de un teléfono móvil y “colgar” el video resultante, de relativo impacto social, en YouTube, o intercambiar comentarios desde un blog, ¿es hacer periodismo?

No es el caso tratar nuevas censuras ni sutiles manipulaciones; ni la larguísima lista de periodistas reprimidos, asesinados, silenciados o desaparecidos; ni la urgencia de reformular la ética y la deontología periodísticas a la luz de las nuevas formas de producción, transmisión y recepción de la noticia.

Sería demasiado pretencioso, asimismo, pronunciarse por reformar la prensa como arte-facto, sistema, estructura, organización y poder, o por cambios en el ámbito académico respecto a la formación de periodistas —de esto ya se tienen razones en muchas escuelas de periodismo del mundo—, o por un mejor periodismo imitando los patrones clásicos de calidad y referencia dominantes.

Urge, sí, acercarse de una manera más heterónoma a los procesos de escritura y re-escritura (lectura) de la noticia en el concierto de la sinergia mediática y el des-orden informativo mundial, cuando todo el periodismo es escrito, y cuando difusión y eficacia en los enunciatarios son, cada vez más, inversamente proporcionales: fast making, fast writting vs. fast reading, en aras de un nuevo discurso sobre el discurso periodístico, y ya que somos profesionales de la palabra autorizada (Bourdieu, 2004, p. 511).

Al fin y al cabo, ya había señalado el profesor Enrique de Aguinaga (2001) que la antítesis del periodismo concebido como sistema es el periodismo concebido como estilo. Paralelamente a la tesis del periodismo como ciencia corresponde la antítesis del periodismo como arte, al periodismo concebido como modo clasificatorio corresponde el periodismo como modo narrativo. En consecuencia, como sugiere también el decano de los Cronistas de la Villa “hace falta un esfuerzo especulativo para depurar el concepto de periodismo, liberándolo de sus aspectos formales o de sus encarnaciones”.

Tempranamente había advertido el también profesor Robert Escarpit (1977, pp.170-171) que escritura y reescritura son actos independientes uno del otro, que redactor y lector, lejos uno del otro, están en situaciones históricas diferentes, tanto desde el punto de vista de su historia personal como desde el punto de vista de su contexto histórico, social y cultural, en virtud de lo cual introducen en la relación significante-significado connotaciones diferentes, aportaciones informativas objeto de emparejamiento o de transacción. Insistía, asimismo, en que la lectura es un proceso concurrente y no simplemente simétrico de la escritura.

Otras dos perspectivas apuntan hacia la relación escritura-reescritura. El clásico Wilbur Scramm habla de condiciones para tener éxito en la comunicación: el mensaje debe formularse y entregarse de modo que obtenga la atención del destinatario; debe emplear signos que se refieran a la común experiencia de la fuente y el destinatario, a fin de poder transmitir el significado; debe despertar necesidades de la personalidad del destinatario y sugerir algunas maneras de satisfacer esas necesidades, y el mensaje debe sugerir, para la satisfacción de tales necesidades, una manera que sea adecuada a la situación del grupo en que se encuentra el destinatario en el momento en que es impulsado a dar la respuesta deseada.

Más acá en el tiempo, analistas del discurso (Casalmiglia y Tusón, 1999, p. 75) se refieren a las características de la enunciación escrita prototípica en los siguientes términos: la actuación independiente y autónoma de las personas que se comunican a través del texto, emisores y receptores se llaman más precisamente escritores y lectores; la comunicación tiene lugar in absentia: sus protagonistas no comparten ni el tiempo ni el espacio, el momento y el lugar de la escritura no coinciden con los de la lectura; al tratarse de una interacción diferida, el texto debe contener las instrucciones necesarias para ser interpretado.

Ya que los textos periodísticos pueden constituir una unidad semántica con un significado superficial totalmente coherente y, al mismo tiempo, tener uno más profundo, conviene no pasar por alto la existencia de una memoria común, según la cual, y siguiendo a Lotman, el texto elige al público a su imagen y semejanza.

Vino nuevo en odres viejos

Hay “nuevas” noticias, nuevos medios, nuevos soportes, nuevos receptores. Sin embargo, no existe un nuevo discurso periodístico ni un nuevo texto periodístico, en un escenario en el que los periodistas sólo tendríamos, en el mejor de los casos, la posibilidad de alcanzar una subalternidad decorosa.

Entre el hecho noticioso (o noticiable) y la presentación impresa de la información periodística continúa actuando el lenguaje. Los consabidos factores tecnológicos, económicos, políticos, ideológicos y culturales caracterizan esta presentación que, sin embargo, sólo se realiza mediante el lenguaje.

Para contar la noticia hacen falta dos condiciones: percibir el hecho noticioso y convertirlo lingüísticamente en texto periodístico. Para leer un texto periodístico hay que apropiárselo lingüísticamente; para estar informados hay que, al menos, leer (escuchar, ver), sentir (percibir) la noticia. En la manera de percibir el enunciatario confluyen su capacidad de percepción y su capacidad lingüística.

El lenguaje del periodismo ha sido utilizado por periodistas y no periodistas, pero con un fin siempre periodístico y sobre la base de patrones periodísticos (géneros, técnicas) más o menos universales, diferenciables, representativos y típicos (infor¬ma¬ciones, entrevistas, artículos, reportajes), para comunicar una realidad que es, ante todo, extralingüística, la cual habrá de conformarse primero lingüísticamente, es decir, adaptarse a las categorías de contenido: palabras, formas flexivas, tipos de frases.

El problema del estilo periodístico —un estilo funcional de la lengua, definido como la selección consciente o inconsciente y la composición de los recursos lingüísticos para estructurar los contenidos con un fin expresivo informativo—, es parte del problema pragmático de cómo y con qué finalidades funciona la lengua; tiene que ver con la adaptabilidad de los medios lingüísticos a la naturaleza del enunciado. Es esencialmente pragmático.

De tal suerte, el discurso periodístico como dispositivo de los mass-media en cuanto ritual operativo de producción y consumo, articulación de materias y sentidos, aparatos de base y puesta en escena, códigos de montaje, de percepción y de reconocimiento se articula entre la ideología y la lingüística (Martín Barbero, 1987, p. 48).

Ello, no obstante, no ha pasado de ser una pre-ocupación de minorías; una historia de libros de estilo más o menos aceptados; la suma de restricciones, prohibiciones, reglas más o menos arbitrarias; el objeto de denuncias y acusaciones de lingüistas y semiólogos.

Advertencias que ya adelantaba a fines de los años setenta el profesor Ordóñez Andrade, por entonces director de Ciespal, y describía como la vieja tradición que pretendía fundamentar la comunicación solamente en la praxis del periodismo y que quería convertir la teoría y el método de las ciencias sociales aplicadas a la comunicación, en recetarios dogmáticos e inviolables, destinados más bien a transmitir una ideología de dominación que un conocimiento crítico, con la seguridad que da la tautología.

La objetividad informativa, insostenible ya en la época dorada de la teoría de la información, se quiebra en la actualidad cuando el referente objetivo es cada vez más inseguro.

Históricamente, desde diferentes perspectivas teóricas y metodológicas, y ante la más pasmosa indiferencia de los implicados, ha sido cuestionada la ortodoxia objetivista informativa en cuyo nombre se han aplicado acríticamente instrumentos y concepciones. En virtud de ello, “estar allí”, bajo la bomba, entre los escombros dejados por el terremoto, justo en el acto de asunción presidencial o en el ojo del ciclón, se enseña en muchas aulas como garantía de una información objetiva y/o veraz.

Pero, ¿y si aún estando allí, el periodista se equivoca? La objetividad no garantiza la fiabilidad informativa, un texto periodístico errado puede ser expresión de una noticia objetiva.

Neutralidad axiológica no es objetividad científica (informativa): estar allí implica, además de observación, una reconstrucción discursiva y hermenéutica de índole antropológica que en el léxico lógico se traduce como inferencia.

Por otro lado, ¿qué correspondencia existe entre la capacidad narrativa del reportero —capacidad descriptiva, abducción e información—, su intención, y lo que realmente aconteció?

En un interés etnográfico, ¿puede el lenguaje periodístico captar la simultaneidad y sutileza de muchos actos noticiados? Retomando el párrafo anterior, ¿cómo puedo corroborar ya no el carácter objetivo de los hechos informados sino la precisión de las inferencias del periodista, cuando el instante, el sucedido, el gesto, la palabra, son apenas momentos, eslabones de la larga cadena informativa?

Es que el periodista ha sido considerado, antes que otra cosa, un ordenador de informaciones y opiniones.

Si revisamos su génesis, constatamos que el periodismo se origina precisamente en el establecimiento de los primeros sistemas de prensa periódica y regular. El término incluso procede de ahí, de la periodicidad, como característica fundamental del acto informativo, en sus inicios manuscrito o impreso.

El lenguaje periodístico se realiza, entonces, desde sus orígenes, mediante la escritura; aparece con el surgimiento de la prensa periódica. En consecuencia, su primer rasgo general y diferenciador sería su regularidad, su periodicidad.

Los años noventa, empero, anunciaban el advenimiento de una nueva era para la noticia.

La hipertinencia informativa generada por los nuevos instrumentos para el procesamiento de la información, y la hipertextualidad; la transdiscursividad-transversalidad-intersubjetividad que superan la polidiscursividad e interdiscursividad (Haber Guerra, 2006 y el paradigma informacional; los nuevos espacios y tiempos de la información; el periodismo 3.0; los nuevos paradigmas como la pirámide tumbada (Canavilhas, 2007) e invertida horizontal (Franco, 2008), apuntan hacia nuevas esencias.

De la refuncionalización a la reenunciación. Sinexión frente a sinergia

¿Qué necesita el periodismo en el siglo XXI?

Un nuevo paradigma universalis, como metadiscurso generador de metalenguajes:

--Que dé espacio al sujeto y a la realidad irrepresentables.

--Que llene el vacío de lo indecible y lo innombrable.

--Que no considere la noticia de cierta parte del mundo como la noticia del mundo.

--Que defienda, más que la explicación y la interpretación del hecho noticioso, la comprensión de la realidad a la que éste corresponde.

--Que respete las diferentes maneras de representación individual y colectiva de la noticia y de la información.

--Que oponga una ficción documental a la ficción del directo y la utopía del tiempo real.

--Una verdad resultado de la relación concordante entre lo sucedido (el hecho noticioso), la evidencia de lo percibido (independientemente de la parcialidad de las percepciones), lo representado, y lo contado (noticiado, informado).

Como teoría:

--La construcción de una teoría crítica de lo discursivo que conduzca del espacio del signo al de las prácticas discursivas.

--Estudio del texto periodístico con una perspectiva inferencial, id est, un estudio pragmalingüístico del metarrelato más allá de la frase e incluso del párrafo, con objeto en las implicaciones y los desdoblamientos del discurso; en otros términos, una reconstrucción discursiva y hermenéutica de lo dicho (informado). Ello pasaría por el reconocimiento de un laberinto de campos semánticos, y de las llamadas presuposiciones pragmáticas: lo que tanto el enunciador como el enunciatario saben o se supone que saben acerca de la noticia como fenómeno más o menos codificado.

--Análisis fenomenológico y hermenéutico de los datos simbólicos y una matriz de interpretación de la noticia.

--Articulación de los niveles tecnológico —cómo se hace—, metodológico —por qué se hace así—, y epistemológico —para qué y para quién se hace—.

--Contrastación y sistematización de conocimientos, y legitimización de un universal múltiple, diverso y reticular.

--Una nueva axiología que desestime la velocidad como valor y defienda el principio de proximidad intercultural y el valor pragmático de la noticia.

--Un enfoque integrador, electivo (Hart, 2007), heredero de la tradición filosófica cubana y el postulado de Luz y Caballero: todas las escuelas y ninguna escuela, he ahí la escuela, y sinérgico.

--Una perspectiva antropológica que responda a los problemas de la alteridad y de la diversidad.

--Otra episteme del periodismo.

Como práctica:

--Reconocer el carácter eventual y contingente de los hechos noticiables, cada uno de los cuales es presente o co-presente sólo mediante un aspecto o perspectiva, lo que entraña cierto grado cognitivo y de compresencia del que se informa.

--Discernir entre sentimiento inmediato del tiempo y el concepto sistemático de tiempo.

--Construir una base material informativa que permita nuevos montajes y proyectos de relato del hecho noticioso.

--Diseñar nuevas estrategias de construcción simbólica.

--Una mayor correspondencia entre el orden del discurso (periodístico) y el orden de lo real (el mundo noticiable), entre lo representado (la información), y el hecho noticioso.

--Un lenguaje que permita el reemplazo del concepto tradicional de género periodístico como etiqueta, por la categoría de forma estilística periodística o formación funcional estilística periodística.

--Un modelo de texto periodístico multidimensional, híbrido e intertextual, encaminado a aumentar el conocimiento conceptual, cuestionar verdades establecidas y sugerir otros análisis de los contenidos.

--Una objetividad no en los objetos y hechos noticiados, sino en los sentidos; una verdad que integre la objetividad de las subjetividades.

--Un tiempo y un espacio para escribir y para leer la noticia.

Como técnica:

--Ni fórmulas ni normas.

--Una pirámide donde lo que se diga primero no sea lo más importante; que sintetice percepción-representación-significación-explicación-interpretación-comprensión.

Como arte:

--Una real dimensión filológica, cultural y autorreflexiva.

De la pirámide invertida al péndulo invertido, un moribundo saludable

A pesar de la mediamorfosis, noticiar significa, ante todo, decir: una relación enunciación-enunciado informativos con su correspondiente dimensión implícita.

Noticiar es una negociación entre macrotexto y microtexto, mediante procesos de restitución (transposiciones, modulaciones, adecuaciones culturales) en un entorno pragmático: intención, situación, función, cotexto, intertexto, hipertexto, y en una dimensión estilística y retórica.

Noticiar es un recorrido de la palabra a la frase marcado por la situación prediscursiva, la incertidumbre, la permanencia y renovación del discurso, y el sentido.

Las nuevas tecnologías son de la información y no para la información, por lo tanto no podemos seguir pensando el periodismo en términos de dispositivos tecnológicos: de Gutenberg hacia acá lo que nos ha sobrevivido como periodistas es la palabra escrita.

Un hecho puede calificarse con una imagen (electrónica), pero esa imagen se ha traducido previamente en un adjetivo. Una emoción puede transmitirse con una imagen, con un sonido, pero esa imagen y ese sonido tomaron forma ya antes en un adverbio. Una acción puede darse hasta con el silencio, pero se da, más que todo, con un verbo.

Y ya que colocar una palabra por otra es cambiar la visión del mundo y, por tanto, contribuir a transformarlo, asumamos las autopistas de la información como autopistas del lenguaje en función de una teleología: nueva noticia, nuevo discurso periodístico en (para) nuevos receptores, nuevos espacios y nuevos tiempos informativos.

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